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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 159

 

Alvarito trató de insistir una vez más con Rosa Angélica para que lo perdonara, pero ella prefirió ser clara y confesarle que estaba interesada en iniciar una nueva vida con Juan Carlos, Alvarito estaba decepcionado del amor, por eso pensó que era el mejor momento para iniciar su venganza contra Alfredo, conquistando a su sobrina Dorita. Pero también pensó en rescatar a Tenerife de las garras de don Alfredo para tratar de recuperar lo que había iniciado con ella. Rosa Angélica se reunió con Alvarito para firmar los documentos de la anulación de su matrimonio. Ella alegó que él se había casado motivado por unas oscuras intenciones de venganza y por eso no se podía continuar con esa unión. Ella esperaba poder quedar libre para empezar una nueva vida al lado de Juan Carlos, quien siempre había sido sincero con ella y le había demostrado lo que era el verdadero amor.  Alvarito veía a Juan Carlos como un hermano menor, por eso comprendió que debía hacerse a un lado para que ellos dos pudieran ser felices ya que él definitivamente le había hecho mucho daño. Nana Fela se sorprendió de la actitud de su niño Alvarito, y solo esperaba que su hijo Juan Carlos pudiera ser feliz con Rosa Angélica, aunque sabía que ella seguía amando era a Alvarito.

 

María Victoria fue a la iglesia en busca del padre Pedro Julio, pero como no había nadie, decidió investigar entre sus cosas para ver si encontraba la carta. En eso sintió que llegaba el Arzobispo Plutarco acompañado de doña Irma Ramírez. María Victoria decidió ocultarse para no ser vista, y sin querer escuchó la conversación de doña Irma con el Arzobispo, quien le exigía a doña Irma el pago de su parte de la fortuna de Claudio, por haberla ayudado a conspirar en su contra. Irma le recordó el gran secreto que sabía sobre él, pero lo que más le preocupaba ahora era la existencia de una carta donde estaba el nombre de todos los Legionarios de la Santa Cruz, y al parecer esa carta andaba rondando por todos lados y había sido la tal María Victoria quien la había encontrado, pero debían obligarla a decir donde estaba. El Arzobispo sabía que la carta la tenía Pedro Julio oculta en algún lado, pero al ver que Irma estaba preocupada por la carta, decidió seguirle el juego para amenazarla con esa carta. En eso María Victoria tropezó una silla y fue descubierta de inmediato por doña Irma y el Arzobispo. Ellos sabían que María Victoria había escuchado todo, por eso no la podían dejar ir tan fácilmente. Doña Irma pensó que no había nada más que hacer con ella, solo eliminarla. Pero el Arzobispo se opuso pues María Victoria era pariente del Virrey y su muerte causaría un gran escándalo. Doña Irma pensó entonces en mantenerla oculta en algún lugar y si la guerra tocaba estas tierras, la eliminarían y la harían pasar como una víctima del ataque de los rebeldes. Al Arzobispo le gustó más esa idea.

 

Doña Beatriz se llevó una sorpresa al encontrarse de frente con César, ella vio que los guardias estaban inconscientes, y no pensaba permitir que César escapara, por eso tomó un arma de los guardias y le apuntó a César dispuesta a disparar, pero Elvira se lanzó sobre ella. Entre las dos comenzaron a forcejear hasta que el arma se disparó. Claudia Patricia apareció en ese momento y se encontró con la terrible escena. Jacobito y don Jacobo también aparecieron al oír el disparo y vieron a doña Beatriz tirada en el suelo mal herida y a Elvira a su lado con el arma en la mano. Jacobito entró en pánico al ver a su madre mal herida. Wilfredo llegó y al ver lo sucedido, gritó para que llegaran los guardias. Amarilis tomó el arma que tenía Elvira y agarró a Jacobito para tomarlo como rehén y así evitar que su amado César regresara al calabozo. Beatriz le exigió a los guardias que le hicieran caso a la esclava Amarilis, para evitar poner en riesgo la vida de su hijo. De esa forma, Amarilis, César y don Jacobo pensaban regresar al campamento. Doña Celestina y Ana Gregoria se irían con ellos. César le pidió a Claudia que se marchara con ellos, pero ella le dijo que su lugar estaba al lado de Jacobito. Cuando ya estaban a punto de huir, apareció Lilibeth como loca con un cuchillo dispuesta a defender a su hombre, y se lanzó sobre Amarilis, apuñalándola por la espalda.

Maurice aprovechó que todos dormían para liberar a Violeta Dolores, y de inmediato se dio a la fuga con ella. Maurice sospechaba que Carrao planeaba venderla a su familia, pero Maurice no lo permitiría, él mismo pensaba entregarla sin esperar nada a cambio. Maurice logró sacar a Violeta Dolores del cambuche donde la tenían amarrada, así que Maurice comenzó a huir por el bosque, para tratar de llegar lo más lejos que pudiera antes que se dieran cuenta que se había robado a Violeta Dolores. Maurice necesitaba llegar lo más lejos posible y pedir ayuda en algún lugar para cambiar la apariencia de Violeta. Abelino y Marcela entraron al cambuche donde tenían encerrada a Violeta Dolores, y descubrieron que no estaba, así que dieron la voz de alarma. Maku se dio cuenta que Maurice tampoco estaba, por lo que llegaron a la conclusión de que Maurice la había ayudado.

 

Doña Irma había notado muy extraño el comportamiento de los últimos días de su hijo Erwin, como si ya no quisiera hacerle caso en nada, y eso no le gustaba en lo absoluto ya que ella en el fondo siempre había tenido un sentimiento obsceno e incestuoso hacia su hijo. Doña Irma sabía perfectamente  que su hijo se sentía atraído por María Victoria y por Liseth, pero ninguna de ellas era capaz de quitarle su control sobre él, y mucho menos alguien sin cerebro como María Beatriz, así que solo quedaba Elida Margarita, y de ser así, tendría que eliminarla. Doña Irma siguió a su hijo Erwin hasta la casa donde había instalado a Elida Margarita y su nana Enelvia. Irma aprovechó para esconderse junto con su fiel Paropa. Erwin le prometió a Elida Margarita que muy pronto se desharía de su esposa María Beatriz para quedar libre para ella. Pero antes de eso debía asegurar su futuro. Elida Margarita le prometió que iba a esperar el tiempo que fuera necesario. Cuando Erwin se marchó de la casa de su amada Elida Margarita, su madre doña Irma y su fiel Paropa aparecieron para atacar a Elida Margarita. Paropa la agarró fuertemente mientras que doña Irma le reclamó por no haberse alejado de su hijo cuando se lo advirtió, ahora se vería obligada a eliminarla por entrometida, pues no le iba a permitir que arruinara los planes de su hijo. Elida Margarita le prometió que si le daba una última oportunidad, se alejaría para siempre de Erwin, pero doña Irma no pensaba confiar más en ella, así que le dio la orden a Paropa para que la asesinara, pero cuando Paropa se disponía a asesinarla, apareció la nana Enelvia  quien le ordenó a Molingo que atacara a Paropa. A pesar de que Paropa trató de defenderse, Molingo era mucho más fuerte que él, por eso logró vencerlo rápidamente. Cuando Erwin se enteró que su propia madre había mandado matar a su amada Elida, entró en furia y se dirigió hacia la hacienda de su madre a reclamarle.

 

César tomó a Amarilis en sus brazos y se la llevó junto con los otros protegidos, Celestina, Ana Gregoria, doña Elvira y don Jacobo. Jacobito estaba muy aturdido por todo lo que había sucedido, pero Liliguty estaba feliz de haber evitado que se lo llevaran secuestrado. Jacobito entró nuevamente al palacio para saber qué había sucedido con su madre, quien había perdido mucha sangre. El galeno del pueblo la valoró y la herida era de gravedad, y solo se salvaría si lograba resistir y detener el sangrado interno, aunque no tenía muchas esperanzas. Beatriz fue conducida a sus habitaciones y Jacobito esperaba que su madre iba a ser fuerte y a mantenerse viva. César y su grupo lograron llegar al campamento de los rebeldes. César le pidió al galeno que revisara las heridas de Amarilis, pero ella había perdido mucha sangre, no había nada que hacer. Amarilis le pidió a César que la abrazara fuerte y le recordó lo mucho que lo amaba. La pobre Amarilis murió en los brazos de César como una heroína por haber sido quien lo había liberado. Pero César juró que su muerte no sería en vano. César y Orlandito recibieron noticias de que habían capturado al general Epifanio y que ahora era prisionero de los rebeldes. Ante esa noticia, no podían esperar más tiempo para atacar la región, así que ambos dieron la orden de tomarse las poblaciones de alrededor, pero sobretodo, de capturar al Virrey Jacobito para hacerle un juicio y de esa forma, enviarle un mensaje a la Corona Española. El pánico y el terror se tomó toda la región, nuevamente con muerte y destrucción a su alrededor, ahora con un ejército español debilitado y un grupo rebelde fortalecido.

Elisina aprovechó un momento en que su hermana Liseth se había marchado con Luzdarda al pueblo a buscar provisiones, para intentar seducir a Mario Rafael. Pero él le aclaró que no estaba interesado en ella y que lo mejor era evitar malos entendidos. Elisina le reclamó por rechazarla y le exigió que la hiciera suya o se arrepentiría el resto de sus días, sin embargo Mario Rafael la dejó sola. Milena Margarita decidió ir a visitar a Mario Rafael y Liseth en la hacienda con el fin de que Mario Rafael conociera a su hijo. Liseth siempre había tratado muy bien a Milena Margarita, sobre todo cuando descubrió que Erwin había abusado de ella, por eso entre ellas no había rencor. Milena Margarita tomó con tranquilidad la noticia de que Liseth también estaba esperando un hijo de Mario Rafael y que pensaban casarse. Mario Rafael cargó a su hijo entre sus brazos y estaba muy feliz de tenerlo, y le aseguró a Milena Margarita que siempre velaría por su hijo. Liseth no tenía problemas con eso, y le prometió que jamás se interpondría entre Mario y su hijo.

 

El ataque de los rebeldes era inminente, ya no había manera de detenerlos puesto que Jacobito había desaprovechado la oportunidad para aniquilar al líder de la rebelión en esta región. El Inquisidor Woltman sabía perfectamente que si los rebeldes se tomaban nuevamente el poder, él sería el primer ejecutado por haber cometido tantas injusticias contra los esclavos en el nombre del Señor, así que el Inquisidor prefirió huir a tiempo. Las tropas de los rebeldes ya tenían rodeado toda la región esperando la orden para atacar, pero César quería darle una última oportunidad a Jacobito de que se salvara con su familia. Solo que Jacobito se mantenía en el palacio del Virrey protegido por su guardia personal, creyendo que con eso era suficiente. En una de las habitaciones del palacio, doña Beatriz se mantenía agonizante, luchando contra la muerte, sin poder hablar ni expresarse. Claudia Patricia aprovechó que la habían dejado a solas para entrar a conversar con ella. Doña Beatriz estaba extrañada de ver que Claudia entraba a verla a sus aposentos. Claudia Patricia comenzó a hablarle y decirle que había aprendido a conocerla en todo este tiempo pero que jamás se había llegado a imaginar que su ambición fuera tanta como para planear la muerte de su propio esposo con la ayuda de su amante, y mucho menos que ordenar la muerte de su sobrino César. Por esa y todas sus maldades se alegraba de verla postrada en esa cama moribunda, y aunque podría matarla si así lo deseaba, no lo haría pues lo dejaba en las manos del Señor, sin embargo no quería que muriera sin antes confesarle un secreto, y era que el hijo que llevaba en su vientre, el que sería el heredero universal de toda la inmensa fortuna Galende, en realidad no era hijo de Jacobito, sino era hijo de la persona que más odiaba y que deseaba ver muerta, su sobrino César, así que su mayor temor que era que César se quedara con toda la herencia, tal vez no lo lograría, pero el hijo de César si aprovecharía toda esa fortuna.

Erwin le reclamó a su madre doña Irma por haberle ordenado a Paropa que se deshiciera de Elida Margarita. Doña Irma admitió que sí había dado esa orden porque se había dado cuenta que esa mujer lo tenía dominado y podía ser su perdición, ya que podía provocar que María Beatriz lo echara de su lado y quedar sin nada. Erwin le dijo que ella no tenía derecho sobre sus sentimientos, que tal vez en el pasado cuando él era un niño, ella pudo haber sido muy amorosa con él, y él no supo ver en su momento que era un abuso de su parte, pero ahora se daba cuenta de su enfermedad y la odiaba por eso, porque por su culpa él era el monstruo que era hoy en día y deseaba terminar de raíz con su problema. Doña Irma trató de calmarlo y consentirlo, pero Erwin la tomó por el cuello dispuesto a estrangularla. Doña Zoraida observaba con asombro, sin ser vista, cómo Erwin estrangulaba a su propia madre, la malvada doña Irma. En ese momento apareció Darío, quien no se daba por vencido en la búsqueda de su amada María Victoria, y se encontró con la escena de Erwin asesinando a su propia madre y Doña Zoraida no hacía nada por impedirlo. Darío trató de hacer algo, pero su madre le dio un golpe en la cabeza para impedírselo. Doña Irma alcanzó a ver a Zoraida, y le pidió ayuda, pero Zoraida hizo caso omiso a sus súplicas, y poco a poco, doña Irma fue perdiendo las fuerzas hasta quedar sin aliento, asesinada por su propio hijo.

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