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La Esclava Virgen por sergiog30

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LaEsclava Virgen                                                                                                                           Capítulo 155


 


El Capitán Celedonio no entendía por qué Milena del Carmen pensaba que él había ordenado que la asesinaran, pero lo que era cierto era que alguien lo había ordenado, solo faltaba ver quien había sido. Tal vez su hija Kathy, pero ella estaba huyendo de las autoridades, solo quedaba doña Carmen, quien nunca había aceptado a Milena del Carmen por nuera. Celedonio pensaba desenmascarar a doña Carmen. La tía Maritza se encargó de prepararle un bebedizo a Celedonio para que muriera envenenado esta misma noche, antes de que le tocara un solo pelo a su sobrina Milena del Carmen. El Capitán Celedonio estaba convencido de que doña Carmen había sido quien habría ordenado el asesinato de Milena del Carmen cuando lo acordado había sido solo que se alejara de la región para siempre, por eso Celedonio pensó en sacarle la información a la fuerza. Pero al acercarse a los aposentos de doña Carmen, escuchó una conversación de ella con la tía Maritza. Doña Carmen estaba preocupada por la suerte de su hijo Fabio, ella no sabía si se había pasado de dosis o si había sido engañada por Maritza, quien trató de tranquilizarla y pedirle paciencia a que Fabio reaccionara cuando el efecto de la droga pasara. Celedonio le reclamó a ambas por lo que le había sucedido a Fabio y no podía creer que doña Carmen fuera capaz de poner en peligro la vida de su propio hijo. Doña Carmen había quedado extrañada ante la acusación de Celedonio, pero Celedonio fue muy severo con ella y le exigió que dijera la verdad pues él sabía perfectamente de lo que ella era capaz. Celedonio comenzó a beber el elixir preparado por la tía Maritza, hasta que comenzó a hacer efecto. Celedonio sintió que se asfixiaba, y fue en ese momento cuando doña Carmen comprendió que estaba surtiendo efecto el veneno de Maritza. Por eso doña Carmen se armó de valor para confesarle en su cara a Celedonio que sí había sido ella la que había ordenado que mataran a Milena del Carmen. Celedonio de la rabia que sentía, la tomó por el cuello dispuesto a ahorcarla. Celedonio trataba de ahorcar con sus manos a doña Carmen, ante la mirada atónita de Milena del Carmen, pero en ese momento, Fabio despertaba del estado en que había quedado después de beber el elixir de Maritza, y alcanzó a escuchar los gritos de su madre, por eso reaccionó a buscarla. Fabio se encontró con la escena de Celedonio tratando de ahorcar a su madre, por eso se lanzó sobre él para defenderla, pero a Celedonio le comenzó a hacer efecto el veneno que le había preparado Maritza y cayó al suelo desplomado. Kathy llegó en ese instante y se dio cuenta que su padre estaba botando espuma por la boca. Fabio de inmediato se dio cuenta que Celedonio había sido envenenado. Kathy acusó a Milena del Carmen de haberlo envenenado. Fabio estaba sorprendido al saber que se había casado con Celedonio, por eso no entendía nada de lo que estaba pasando. La tía Maritza no pensó que las cosas iban a suceder de esta forma, y ahora había sido evidente que Celedonio había sido envenenado. Doña Carmen decidió apoyar a Kathy, acusando a Milena del Carmen de haber envenenado a su esposo.


 


Elvira estaba encerrada en el calabozo por orden del General Epifanio, pero ella aún estaba bajo los efectos del licor, sin embargo, sentada en el suelo, encontró una carta escrita sobre papel con membrete Real, así que la observó y decidió leerla. Elvira se dio cuenta que se trataba de una lista de traidores de la corona, encabezada por el General Epifanio entre otros traidores como don Pompilio y don Claudio. Elvira sabía que su vida correría peligro si alguien se llegara a enterar que ella tenía en su poder esa carta, y nadie le creería si llegaba a acusar al general. Pero en eso apareció María Victoria, quien había decidido ir a despedirse de su verdadera madre. María Victoria le dijo a su madre que la perdonaba a pesar de que nunca había tenido ninguna demostración de afecto de su parte. Elvira le pidió que se dejara de estupideces y solo escondiera esa carta que contenía información de vida o muerte, Elvira le confesó que era una lista de los traidores que habían asesinado al virrey don Jacobo, su tío.


Doña Meryl estaba feliz de haber reunido nuevamente a sus hijos a su lado. Doña Meryl tenía la esperanza de que Mario sentara cabeza con Liseth quien parecía una buena muchacha. Doña Meryl también le aconsejó a Rosa Angélica que se olvidara del pasado y tratara de ser feliz con don Alvarito, quien se veía arrepentido, pero Rosa Angélica había sufrido mucho por su culpa y por eso no pensaba perdonarlo. A su hermana Catalina si pudo perdonarla a pesar de haberla lastimado mucho. Catalina pensó que ya era hora de cambiar y ser una buena persona. Ahora que nada se lo impedía, doña Meryl pensaba ser feliz con Angel David, sin importarle lo que pensara la gente por ser ella mucho mayor que él.


 


El General Epifanio le exigió a su esposa Viviana que le cumpliera como mujer. Viviana no quería pues por él solo sentía desprecio, así que se negó a entregarse a él. Epifanio no pensaba permitir que su propia esposa lo rechazara, así que comenzó a golpearla fuertemente. Viviana trató de defenderse pero Epifanio era mucho más fuerte. Sady escuchó los gritos de su hija y no podía permitir que el maldito Epifanio la lastimara, así que entró a los aposentos y al ver como lastimaba a su hija, sin pensarlo dos veces, Sady le clavó un puñal por la espalda a Epifanio dejándolo mal herido.  Viviana se sorprendió al ver a su madre y le dijo que ahora debían huir antes de ser condenadas por haber asesinado al general. Viviana logró robarle las llaves del calabozo a su marido Epifanio. Al tratar de salir, fueron sorprendidas por el Inquisidor. El Inquisidor no podía creer que el general Epifanio hubiera casi matado a su hija Viviana, por eso dejó que su hija huyera en compañía de su madre Sady, y también ayudó a que Orlandito escapara con ellas para que las protegiera. Viviana estaba contenta por el acto de bondad que había tenido su padre, el Inquisidor, al dejarlas ir y liberar a Orlandito. Orlandito, Viviana y Sady finalmente lograron llegar al campamento principal de los abolicionistas, quienes se preparaban para la guerra para enfrentarse a los españoles en conjunto con los Independentistas. César había sido nombrado comandante de un grupo de rebeldes, y Orlandito sería de otro. A don Juan Bautista le agradó mucho volver a ver a Sady.


 


Claudia Patricia estaba decepcionada de Haroldo, no solo la había vuelto a dejar plantada, sino que además le había ocultado que había encontrado a su verdadero hijo. Claudia pensó que Haroldo no había sido capaz de darle la cara para enfrentarla, en cambio doña Odila sí había salido a ponerle un punto final a Claudia Patricia. Odila le inventó que Haroldo había ido a buscar a su gran amor, Norela, y que además, el hijo que tenían en su poder no era el hijo de ella sino el hijo que Elida Margarita había dado en adopción a la difunta doña Hemilda, y eso lo podría confirmar con Amarildo.


 


Los galenos le dieron pocas esperanzas de recuperarse a Karina, quien había quedado cuadripléjica, y solo podía realizar algunos gestos con los ojos. De resto no podía mover ningún otro músculo ni pronunciar palabra. Ella pensaba que todo esto era un castigo por todos sus pecados. Karina ya había alistado todo para huir con Aquilito a disfrutar del mundo, así que todos en la hacienda tenían conocimiento de que Aquilito era el amante de Karina. Aquilito decidió tomar las riendas de la hacienda. La esclava Arlenis no podía creer que Karina hubiera planeado abandonarla a su suerte después de todo lo que habían hecho juntas, por eso ahora Arlenis pensaba cobrárselas todas.


 


María Victoria tenía la carta con los nombres de los traidores en su poder, pero no sabía a quién podría entregársela, así que antes de marcharse del palacio, pasó a despedirse de María Beatriz. María Victoria le dijo que no le guardaba rencor, a pesar de ser primas, pero si le tenía lástima por tener que soportar a Erwin, quien era un ser despreciable que había abusado de muchas mujeres y también había tratado de abusar de ella. María Beatriz le confesó que estaba arrepentida de haberse comportado mal en toda su vida, ahora estaba pagando todo lo malo que había hecho en manos de Erwin. María Beatriz le pidió perdón por todo el mal que le había hecho.


Doña Beatriz había ido a visitar al general sin que nadie se enterara. Beatriz en el fondo aún estaba enamorada de Epifanio, a pesar de que él se hubiera casado con otra. Beatriz le preguntó si él había sido el culpable de la muerte de su marido don Jacobo. El virrey don Jacobito también había ido a visitar al general Epifanio para evaluar cuales habían sido los daños sufridos y saber si necesitaban un nuevo general que los defendiera, pero escuchó que su madre estaba en los aposentos de Epifanio, así que se quedó afuera a escuchar, pues era extraño que su madre visitara los aposentos del general. Epifanio le respondió a Beatriz que él había dado la orden de ejecutar a don Jacobo aprovechando que estaba desprotegido sin su perro guardián César, pero solo para que ella quedara libre y así poder casarse con él, todo lo que había hecho, lo había hecho por los dos. Beatriz le dijo que estaba de acuerdo con que se hubiera deshecho de Jacobo, pero aun así, ella estaba convencida de que él solo la estaba utilizando para llegar al poder. Epifanio le juró que no era cierto, que él aun la amaba a pesar del tiempo y solo deseaba estar con ella. En ese momento Jacobito los interrumpió y ordenó a sus guardias que detuvieran a Epifanio y a su propia madre, acusados del asesinato de su padre, el virrey don Jacobo.


 


Elida Margarita se pudo dar cuenta de la caja de cerillas que guardaba celosamente Candelaria, por eso pensó que tal vez debía sacrificarse ella y provocar a Candela con el fin de ver si era capaz de iniciar un incendio en el manicomio y poder escapar. Así que Elida provocó la furia de Candela al tratar de robarle las cerillas. Ante la provocación, Candela reaccionó agrediendo a todas las que se encontraban a su alrededor y tomó sus cerillas iniciando un incendio. Sor Elpidia le exigió a Eccelina que mantuviera el orden y evitara revuelos entre las internas. Pero cuando Eccelina llegó a imponer el orden, se encontró con que todas las internas estaban descontroladas y era casi imposible contenerlas, eso sumado al incendio provocado por Candela. Eccelina no sabía si abrir las puertas para que las internas no murieran víctimas de las llamas, o tratar de contenerlas a todas para que ayudaran a extinguir el fuego. Sor Elpidia se dio cuenta que la situación se le había salido de las manos, así que sor María Adestrudiz se le acercó para exigirle que dejara salir a las internas antes que fuera demasiado tarde y le tocara cargar con sus muertes en su conciencia. Mientras las internas se aglutinaban para salvarse de las llamas, en el calabozo de alta seguridad, Betsy había logrado derribar la reja que la separaba de Violeta Dolores, quien al ver a Betsy, reaccionó y evitó que la golpeara fuertemente. Betsy le arrebató el muñeco a Violeta de sus brazos y eso provocó la furia de Violeta, quien contraatacó para recuperar su muñeco. De inmediato las dos comenzaron a forcejear y Betsy amenazó a Violeta Dolores con cobrarle por todas  las lesiones que había sufrido por su culpa. Pero Violeta logró zafarse de las manos de Betsy y la empujó hacia un lado. Cuando Violeta se levantó, la pared se desmoronó cayéndole a Betsy encima. Violeta trató de ayudarla y de recuperar su muñeco, pero Betsy había muerto con el golpe de la pared, por lo que Violeta no pudo recuperar su muñeco pero escuchó el llanto de un bebé y pensó que se trataba de su hijo, así que decidió ir en busca de su hijo.


 


Doña Meryl tenía planeado iniciar su venganza contra don Alfredo, y el mejor momento sería ahora que él estaba enfermo. Durante su temporada en el campo, doña Meryl había conocido una señora que tenía un hijo de la edad de Mario, y la sorpresa era que tenía un gran parecido con don Alfredo. Doña Meryl había decidido indagar al respecto y descubrió que el joven era hijo de un hermano de don Alfredo, quien había sido igual de desgraciado que él. El plan de doña Meryl era hacer pasar al joven por hijo de don Alfredo, aprovechándose que tenía el lunar de la familia. El joven se llamaba Alfredito, y era muy ambicioso, por eso aceptó llevar a cabo el plan de doña Meryl. Ahora que su madre había muerto, él pensaba sacar provecho de su parentesco con don Alfredo.


 

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