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La Esclava Virgen por sergiog30

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LaEsclavaVirgen                                                                                                                           Capítulo128


 


Con el retiro del Padre Sierra como sacerdote de la región, el Arzobispo nombró a Fray Jimmy como nuevo sacerdote. El se había regresado de las tierras de cimarrones luego de realizar su labor de catequesis. El padre Sierra se sentía muy cansado y por eso prefirió tomar su retiro para descansar lejos en donde vivían sus familiares. El Arzobispo solo esperaba que Fray Jimmy no se metiera en asuntos que no le interesaban porque le podría ir muy mal.


 


Viviana sentía que la empleada Sady se comportaba de una forma muy especial con ella. Viviana también había sido muy amable con ella sin sospechar que se trataba de su madre. Viviana le había tomado mucha confianza a Sady y por eso ambas se habían contado muchas confidencias. Sady había tratado de aconsejarla como una verdadera madre. Viviana le confesó que siempre le hubiera gustado haber tenido una madre, pero solo tuvo un padre autoritario, el inquisidor.


 


Claudia Patricia se sentía muy triste y sola, no tenía a nadie que se preocupara por ella, aparte de su madre doña Emigdia y de Nana Gigio, pero ambas estaban ya muy viejas, por eso solo contaba con la amistad sincera de María Teotistes. Pero María Teotistes estaba mal interpretando esa necesidad de cariño de Claudia Patricia, por eso, esa noche, Claudia Patricia volvió a pedirle que se quedara para hacerle compañía. Las dos dormían en la misma cama, y María Teotistes no lograba conciliar el sueño, por más que trataba de luchar contra ese sentimiento impuro no lograba apartarlo de su mente, en cambio veía como Claudia Patricia dormía en un sueño profundo como quien duerme sin ningún remordimiento en su conciencia. María Teotistes pensó que Claudia Patricia jamás sentiría alguna caricia de su parte, así que comenzó a acariciar su rostro. En vista que Claudia Patricia no reaccionaba, María Teotistes se atrevió a rozar con sus dedos los senos de Claudia Patricia. En ese momento Claudia Patricia despertó, pero María Teotistes fingió que no estaba haciendo nada. Claudia Patricia quedó un poco extrañada.


 


Alexandra había comenzado a sentirse mal por causa de las gotas que le estaba dando su suegra, doña Odila. Por eso a Haroldo le preocupaba mucho que le fuera a pasar algo al bebé. Haroldo necesitaba alguien que cuidara de Alexandra, aunque no tenían con que pagarle por ahora.


 


Elisina veía en Milena Margarita un obstáculo para acercarse a Mario Rafael. Por eso Elisina estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de hacerlo suyo. Elisina le ordenó a Milena Margarita que le buscara en el campo un tipo de flores que quería para decorar su habitación. Eso la mantendría lejos por un buen rato, y Elisina aprovecharía ese momento para seducir a Mario Rafael. Milena Margarita fue a cumplir con la orden de Elisina, mientras que Elisina aprovechaba el tiempo que tenía para metérsele en los aposentos a Mario Rafael. El se sorprendió al verla allí pues apenas él se preparaba para su día laboral. Elisina le inventó que se había confundido y estaba perdida, pero que él la podía ayudar a encontrar lo que buscaba. Mario Rafael le pidió que se retirara de sus aposentos pues alguien podría verlos y se meterían en problemas. Pero Elisina le recordó que ella era la patrona y que él debía obedecer en todo lo que ella quisiera, y ahora quería que la hiciera suya, que hiciera con ella lo que le diera la gana. Mario Rafael la tomo en sus brazos y la sacó de sus aposentos.


 


Don Aminabad había pensado en la mejor forma de alejar a Mario Rafael. Para él era evidente que Mario Rafael estaba allí era por Violeta Dolores, y que no tenía idea del embarazo de ella. Por eso, la manera de que Mario Rafael se decepcione de Violeta, era que ella misma le confesara que estaba embarazada de don Aminabad. Violeta sabía que si decía eso, Mario la repudiaría por el resto de su vida, pero Aminabad la estaba obligando o de lo contrario la Inquisición se enteraría de la verdad.


Amarildo sospechaba que el supuesto hijo que la difunta doña Hemilda había adoptado, en realidad era el hijo de Haroldo y Claudia Patricia, pero antes de contar sus sospechas, primero debía confirmar que era cierto. Por eso pensaba interrogar a Elida Margarita, aunque ahora que ella era la esposa de don Alfredo Linares, sería casi imposible acercarse a ella. Por otra parte, Amarildo fue hasta donde vivía su madre para comprar su libertad. La negra Casilda por fin era libre después de muchos años de esclavitud. Casilda no sabía cómo agradecerle a su hijo este gesto de generosidad. Pero Amarildo deseaba conocer a su padre, y solo Casilda sabía dónde encontrarlo.


 


Milena del Carmen no podía dejar de sentir nostalgia cada vez que estaba cerca de su bebé. Ella quería decirle la verdad a Fabio para ver si él aun la amaba. Pero la tía Maritza le hizo ver que ahora Fabio estaba casado con Lía Margarita, y además estaba ciego, por lo tanto, él no podría hacer nada, no podría huir a ningún lado, y seguramente Celedonio ordenaría nuevamente su muerte, porque tuvo que haber sido él para que así, Fabio quedara libre para casarse con su hijita enferma. Milena del Carmen se dio cuenta que su tía tenía razón. Maritza le insinuó que lo que tenían que hacer era vengarse de Celedonio, y podría aprovechar ahora que él había enviudado para metérsele por los ojos. Pero Milena del Carmen no era esa clase de mujeres. Yiaffa, el capataz de la hacienda, metió a trabajar a su sobrina Marcela, la gitana, con el fin de seducir a Celedonio y convertirse en su nueva esposa y así, quedarse con toda su fortuna. Pero Celedonio se había fijado en la gitana Miel y en Rosa Angélica, aunque al conocer a Marcela, también fue de su agrado. Kathy, la hija de Celedonio, le recomendó que buscara una mujer, pero de su misma clase, y no una cualquiera aprovechada. Fabio también se sentía extraño cuando sabía que la gitana Miel estaba cerca, era como un presentimiento, pero no sabía cómo explicarlo.


 


Amarilis se encargaba de curar las heridas de César. Mientras que Ana Gregoria y Celestina solo rezaban para que César se recuperara lo más pronto posible. A doña Beatriz Fontenegra le parecía extraña la actitud de su hermana Celestina para con el hijo de la empleada. Celestina estaba en la capilla del palacio del Virrey orando, sin darse cuenta que el ama de llaves, Lisbelia, estaba cerca. Lisbelia alcanzó a escuchar cuando en sus oraciones, doña Celestina pedía por la sanación de su hijo. Lisbelia estaba confundida pues ella no sabía que doña Celestina hubiera tenido un hijo.


 


Claudia Patricia fue a visitar a César a sus aposentos. Amarilis se impresionó de verla allí, y le pidió que no entrara pues los aposentos de César estaban muy desordenados. Sin embargo Claudia Patricia entró a ver como estaba César y lo vio dormido, al parecer estaba inconsciente desde el día que lo atacaron. Pero a Claudia le intrigaba los motivos por que habían atacado a César, si no era para robarle nada. Amarilis estaba celosa con la presencia de Claudia en los aposentos de César, así que le pidió que se retirara pues debían asear a César. Claudia no quería marcharse, pero ante la insistencia de Amarilis, le pareció muy extraño. En ese momento César reaccionó como ante la presencia de Claudia, y le pidió a Amarilis que le permitiera quedarse un poco más. Jacobito le comentó a Liliguty que Claudia había tomado bien la noticia de que él solo funcionaba con Liliguty. Eso le hizo ver a Liliguty que en realidad la tal Claudia solo estaba por interés con Jacobito, y que tal vez si ella demostraba ante todos quien era en realidad la tal Claudia, permitirían que ella se casara con Jacobito en un futuro.


 


Violeta Dolores fue a cumplir con lo pactado con don Aminabad. Ella se dirigió hasta donde se encontraba Mario Rafael, sabiendo que Aminabad la estaba siguiendo para cerciorarse de que cumpliría con lo acordado. Mario Rafael se sorprendió al ver a Violeta Dolores acercarse de buena a primeras. Violeta le pidió que la perdonara, pero debía confesarle la verdad, y él debía prometerle que no haría ninguna locura, pero lo de ellos no tenía ningún futuro.

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