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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen


Capítulo 110


 


El nuevo Virrey, don Jacobo Fontenegra de Zubiría y Albuquerque, vino acompañado de toda la familia real. Su esposa doña Beatriz Fontenegra, una mujer con mucha clase y estilo, pero al mismo tiempo muy maquiavélica. Siempre acostumbrada a los lujos y la buena vida. El hijo mayor del matrimonio era Jacobito, quien ya había visitado estas tierras para conocer a su prometida Sandra de Aragón y Castilla. Pero al descubrir que ella era una defensora de esclavos, decidió acabar con ese compromiso. Ahora nuevamente era un hombre soltero y en busca de una prometida, pero en toda España era conocido por ser un hombre despreciable y nada simpático, por eso a pesar de tener mucho dinero, ninguna mujer creía que valdría la pena sacrificarse para estar casada con él. La hija menor y consentida era María Beatriz, caprichosa y maliciosa, siempre había estado acostumbrada a que la complacieran en todos sus caprichos por muy crueles que fueran. Ahora que se había desarrollado, sus padres también querían casarla con un joven de su misma clase social. Con ellos también vinieron las hermanas solteras de doña Beatriz Fontenegra, Celestina y Elvira. Celestina era la mayor de las tres, y con un pasado triste, por eso siempre ha sido muy acomedida durante toda su vida. Elvira en cambio era la menor y tuvo una vida loca, hasta que un incidente le cambió la vida y desde entonces se convirtió en una mujer alcohólica. Y después se fue convirtiendo en una mujer amargada y resentida por no haber encontrado quien se casara con ella. 


 


Las tres hermanas tuvieron una educación muy rígida por parte de su difunto padre don Galende, quien fue un hombre de mucho dinero y poder en España, allegado al Rey de España. Como su hija Beatriz Fontenegra fue la única en casarse y tener hijos, él la nombró como heredero universal de toda su fortuna a su primer nieto varón, que en este caso fue el hijo de Beatriz, Jacobito. Pero Jacobito solo podría tener derecho a esa herencia cuando estuviera casado y naciera su primer hijo. Antes de eso, sus padres serían los administradores de esa fortuna.


 


La principal tarea del Virrey don Jacobo Fontenegra era conseguir una esposa para su hijo Jacobito, ya que él deseaba conocer sus nietos en vida. Don Jacobo era un hombre honesto y sobretodo muy justo. Le gustaba tratar a todos por igual, sin diferencia por su color de piel. Por eso siempre habían contado con una empleada que más que esclava se había convertido en parte de la familia, era la nana Ana Gregoria, quien gozaba de todo el cariño de la familia. Ana Gregoria era como una segunda madre para don Jacobo. Pero al mismo tiempo era la dama de compañía y confidente de Celestina.


 


Ana Gregoria tenía su hijo a quien adoraba mucho, llamado César. El era la luz de sus ojos, y por eso, el Virrey don Jacobo le tenía mucha confianza, tanta que lo había criado como un hijo más a pesar de ser de color mestizo. César era el jefe de seguridad del Virrey don Jacobo. César estaba muy pendiente de la seguridad de don Jacobo a quien quería como un verdadero padre. Pero doña Beatriz siempre le recordaba cuál era su verdadero lugar. Solo doña Celestina era la única que lo trataba con cariño. Por eso él también la quería como una tía.


 


Don Jacobo siempre comparaba a su hijo Jacobito con César y se daba cuenta que le hubiera gustado que Jacobito hubiera salido como César, pero lamentablemente su propio hijo tal vez nunca sirva para nada pues su madre lo había mal acostumbrado. Don Jacobo guardaba la esperanza de que si algún día ni él ni su esposa Beatriz llegaran a estar, César siguiera aconsejando a Jacobito y Jacobito le hiciera caso en todo. Ya que César siempre desde niños se había encargado de defender a Jacobito y por eso Jacobito también se sentía protegido siempre por César, a pesar de que ambos ya no son unos niños.


Milena del Carmen había logrado traer a Fray Jimmy para que las ayudara con las heridas de Mario Rafael. Fray Jimmy tenía conocimientos en manejo de heridas, ya que había servido hace un tiempo a un galeno. Así que Fray Jimmy le observó las heridas y no le vio futuro al pobre Mario Rafael. Así que a Milena Margarita se le ocurrió pedirle ayuda a los gitanos. Milena Margarita había escuchado que la gitana mayor, Maku, tenía unas manos prodigiosas. Fray Jimmy no estuvo muy de acuerdo con esa opción, ya que los gitanos no eran creyentes. Ante el peligro de muerte de Mario Rafael, Milena Margarita tomó la decisión de buscar ayuda de los gitanos.


 


El Virrey don Jacobo comenzó a ponerse al tanto de todos los asuntos de la región. Lo primero que revisó fue la sentencia contra don Juan Bautista. El General Epifanio y el Inquisidor Woltman le pidieron que cambiara el acuerdo de protección que había emitido el anterior Virrey. Pero don Jacobo decidió mantener la promesa de protección a don Juan Bautista, quien era el líder de los abolicionistas. Don Jacobo tenía una misión y era tratar de mantener la calma en la región con el apoyo de los esclavos. Por eso pensaba comenzar a trabajar en ciertas leyes que los beneficiarían mucho a los esclavos, sin otorgarles su libertad.


 


El General Epifanio pudo ver el descontento en la cara del Inquisidor Woltman, quien al igual que él, odiaban a los esclavos, negros, mestizos y afines. Por eso los dos coincidieron en su deseo de erradicarlos a todos ellos por lo menos de la región. Al General Epifanio se le ocurrió formar un grupo selecto con personalidades influyentes de la región, que compartieran los mismos deseos que ellos dos, que quisieran destruir a todos los esclavos. El Inquisidor tenía en mente a dos familias importantes, don Alfredo Linares y a la familia de doña Irma Ramírez de Covadonga.


 


Esta noche sería la gran fiesta de bienvenida al nuevo Virrey. Todas las familias importantes de la región habían sido invitadas en medio de una gran medida de seguridad. Aunque el General Epifanio pensaba dejar una falla en el cordón de seguridad con el fin de permitir que alguien ingresara sin despertar sospecha y atentara contra la vida del nuevo Virrey.


 


Rosa Angélica estaba muy triste pues sentía que se había enamorado de Alvarito sin ser correspondida, pero ella no entendía por qué Alvarito le había hecho esto, si él seguía acostándose con su hermana Catalina. El perfectamente se había podido casar con Catalina y ella se hubiera quedado en el convento como había sido su deseo toda su vida. Juan Carlos, el hijo de nana Fela, aprovechó que Rosa Angélica estaba sola en los jardines de la hacienda, para acercársele a conversar. Juan Carlos le regaló una rosa y le pidió que no estuviera triste, pues a él le agradaba verla sonreír aunque fuera de lejos. Rosa Angélica le preguntó que quien era él pues nunca los habían presentado formalmente. Juan Carlos le dijo que era hijo de nana Fela, y que Alvarito lo quería como su hermano menor. Rosa Angélica se alegró de que al menos alguien la tratara bien. Juan Carlos le pidió que le permitiera ser su amigo. Ella aceptó. Pero Nana Fela los observaba a lo lejos y no vio con buenos ojos esa amistad que solo le traería problemas a su hijo Juan Carlos.


 


El Inquisidor logró conseguir que el Virrey emitiera una orden para perseguir a los reclusos que habían escapado durante la rebelión de los abolicionistas. Se ofrecería una recompensa por los reclusos más peligrosos, es decir, los condenados a muerte. El Inquisidor lo había hecho más que nada pensando en recapturar a Violeta Dolores, ya que su caso lo había tomado a manera personal y no descansaría hasta sacarse la espinita de no verla morir en la horca por haber asesinado a su madrasta la tal Herminia. Así que desde que el Virrey firmó el decreto, el Inquisidor le exigió al Capitán Celedonio, la persecución y captura de Violeta Dolores para que fuera ejecutada como lo había ordenado un juez. 

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