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La Esclava Virgen por sergiog30

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La Esclava Virgen


Capítulo 104


 


Violeta Dolores se sentía feliz por la nueva vida que estaba comenzando, lejos de todo su pasado y al lado de dos de las personas que más quería en esta vida, como lo eran el amor de su vida, Mario Rafael, y Milena Margarita, a quien quería como una hermana. Solo le faltaba tener a su lado a su padre, don Juan Bautista, pero él se encontraba luchando por mantener la libertad de todos los esclavos en estas tierras.


 


Violeta Dolores se encontró con Milena del Carmen y se alegró de volver a verla después de tanto tiempo. Mario Rafael la reconoció porque era el amor de la vida de su mejor amigo Fabio Santacoloma. Así que Milena del Carmen les contó su triste historia. Mario Rafael le aseguró que Fabio no tenía nada que ver en lo que le había sucedido a ella pues a él le constaba que Fabio moría de amor por ella. Pero Milena del Carmen tenía la esperanza de algún día poder regresar a recuperar a su hijo y si aún no era tarde, a su marido.


 


Lejos de ahí, Don Juan Bautista estaba convencido de que lograría que los españoles se marcharan y nunca volvieran a pisar estas tierras. Pero los Independentistas no estaban muy seguros de que los españoles se dejaran amenazar de esa forma. Los independentistas querían que don Juan Bautista les entregara al Virrey Haroldo para ser ellos quien negociaren directamente con la Corona Española, y la única forma de demostrarles a la corona Española su determinación, era enviando la cabeza de Haroldo. Acto que don Juan Bautista rechazaba rotundamente. Por eso don Juan Bautista prefería mantener en su poder al Virrey, lo que garantizaba su supervivencia.


 


El Virrey Haroldo permanecía encerrado en un calabozo junto a su esposa lady Alexandra De La Peña, y su suegra doña Judith. Para doña Judith era una verdadera pesadilla tener que permanecer encerrada en ese calabozo como una criminal, pero tampoco quería abandonar a su hija en ese horrible lugar. Doña Judith estaba arrepentida de haber casado a su hija con Haroldo.


 


Claudia Patricia Del Valle estaba muy contenta de saber que Haroldo estaba encerrado en un calabozo. Y lo mejor fue saber que doña Odila, la madre de Haroldo, también estaba en otro calabozo, encerrada por su propia hijastra, Sandra. Claudia Patricia no quería perderse la oportunidad de ver con sus propios ojos como se carcomía de la rabia doña Odila encerrada en el calabozo, por eso le pidió a Sandra que le permitiera verla para ponerla en su sitio. Cualquier cosa que sirviera para humillar a su madrasta Odila, Sandra lo permitiría.


 


Doña Emigdia no se acaba de sorprender del cambio de su hija Claudia Patricia. Ahora era una mujer cruel y despiadada que se alegraba de la desgracia de otras personas, como por ejemplo de Haroldo y su madre Odila. Pero doña Emigdia sabía que todo era por su culpa, pues ese cambio se presentó después que ella la encerró en el convento de las Clarisas. Afortunadamente le había quedado la amistad con sor María Teotistes, quien había decidido dejar los hábitos.


 


María Teotistes no deseaba llevar más los hábitos para el servicio del Señor, ella había quedado muy lastimada después de conocer la maldad de sus compañeras, así que decidió hacer el bien desde otra perspectiva, sin tener el voto de castidad. Pero un terrible sentimiento le atormentaba ahora y era que había descubierto cierto tipo de emoción cada vez que estaba cerca de Claudia Patricia, y una ansiedad por saber dónde estaba ella cuando no la veía. A María Teotistes le preocupaba que ese sentimiento se transformara en algo peor, un pecado mortal.


Con la abolición de la esclavitud, el negocio de la compra y venta de esclavos se vino al piso. Todos los mercaderes de esclavos se vieron en apuros pues no tenían con que negociar. Ahora estaba prohibido por don Juan Bautista mercadear con esclavos y quien fuera descubierto, sería condenado con la horca. Por eso la familia Ramírez de Covadonga veía amenazada su fortuna, construida a base de contrabandear con esclavos.


 


Don Pompilio Ramírez de Covadonga era un hombre de origen humilde que tras casarse con su amada esposa, una mujer de la aristocracia, debió buscar la mejor manera para ganar una fortuna y poder darle los gustos que ella demandaba. Por eso encontró en el contrabando de esclavos, la mejor forma de hacer fortuna. Pero don Pompilio  no tenía las garras suficientes para dirigir un negocio donde se requería sangre fría, en cambio su esposa doña Irma de Covadonga tenía la suficiente sangre fría para enfrentar cualquier situación. Fue gracias a ella que lograron una inmensa fortuna como para ser reconocidos como de la alta alcurnia, además de la familia de Irma.


 


Ahora ante la crisis presentada por culpa de don Juan Bautista, los planes de grandeza de doña Irma se venían al suelo. Doña Irma siempre fue fría y calculadora, y el amor y la pasión por su marido los fue perdiendo poco a poco en el camino. Pero en cambio fue creciendo un extraño sentimiento por su hijo mayor, Erwin, a quien idolatraba y a quien complacía en todos sus caprichos, al punto de él haber crecido como un hombre intolerante a la frustración, con muchos defectos y una personalidad en la que creía que se merecía ser el dueño del mundo. Doña Irma siempre lo complacía en todo, como queriendo satisfacer todos sus caprichos. En cambio con el hijo menor, Darwin, la situación fue un poco distinta, lo que permitió que Darwin tuviera sus propias ambiciones y una manera diferente de enfrentar los problemas sin depender de su madre.


 


Por eso, era inminente para doña Irma buscar una solución a la crisis que se avecinaba de continuar don Juan Bautista en el poder, y la única salida era buscarle una esposa a su hijo Erwin que tuviera la misma o mejor posición social que ellos. El problema era que en la región no había ninguna muchacha idónea para tal privilegio.


 


Lejos de ahí, en tierras de cimarrones, todos estaban contentos porque se acercaba la fecha de celebración de la llegada de los primeros cimarrones a esas tierras. Por eso todos conmemoraban con bailes y compartiendo sus cultivos. Pero también llegaba gente de otros territorios para celebrar y disfrutar de las fiestas. Entre esa gente, llegaba un grupo de gitanos que viajaban de feria en feria con el fin de ganarse la vida.


 


Violeta Dolores trató de convencer a Milena de Margarita para ir a distraerse un poco en la feria, pero Milena Margarita no tenía ganas de ver tanta gente, ella aún sentía mucho la muerte de su amado Arturo y no se sobreponía a la pena. Por lo que Violeta Dolores decidió salir con Mario Rafael y en compañía de Milena del Carmen.


 


Entre la multitud de gente reunida en la plaza, había alguien que al ver a Violeta Dolores, no le quitaba el ojo de encima. Le llamó la atención al ver algo en ella, y era justo lo que esa persona estaba buscando. Pero además de ese misterioso hombre, había también alguien más que vigilaba de cerca a Violeta Dolores, se trataba de Rodrigo Falcón, quien había seguido a Violeta Dolores hasta las tierras de cimarrones y estaba decidido a llevársela consigo fuera como fuera, así le tocara deshacerse de Mario Rafael.

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