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Kazoku no Akuma Regret por KanonGothic15

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Notas del fanfic:

Todos los personajes (a excepcion de Umiko, Bruno, Megumi y Alan, porque son personajes originales que yo hice para esta historia) asi como parte de la trama, son propiedad de Katsura Hoshino y Rumiko Takahashi.

Agradecimientos para:

*Saybera_K

*Hikari14

*Chibikagocathe

*Sessholove

*sigofanfics96

*kusu-kusu

*Sakumi_sama

*Aokane

*Ahome

*Tormento

*Carolina851203

*Farace

*Inucrazylove

*mugetsu

*reidtler

*Namanti M

*Rin y Kari Palau

Quienes fueron las personas que comentaron y añadieron a sus favoritos las partes II y III de esta historia. Muchas gracias por todo su apoyo! Espero volver a leer sus comentarios en el futuro! :)

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Reeditando este fic, porque la primera versión estaba muy fellita... :P

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Hace 5 años, en el 2011, esta historia apareció por primera vez en esta página, bajo el nombre de "Kazoku no Akuma". Fue el tercer fanfic que me anime a escribir y creo que es por esa razón que significa tanto para mi. Además, es un crossover de dos series que me gustan mucho: InuYasha y D. Gray man xD (Desde mi punto de vista, no es una combinación muy común).

La palabra "Regret" significa Arrepentimiento. La usé en el titulo por varios motivos, uno de ellos, tiene que ver con los personajes principales, que son tres. A los dos primeros ya los conocen, pero... ¿Qué sucede con el tercero? Bueno, quienes hayan leido el epilogo de "Fragmento de mi corazón", saben de quien estoy hablando ;)

El segundo motivo, es porque hace referencia a la canción de Mai Hoshimura. Una ending de D. Gray Man con el mismo nombre.

El tercer motivo, el cual es más personal, es porque, en un inicio, la historia se dividió en tres partes, cada una presentada como un fic diferente. Tener que borrar los comentarios que les dedicaron a las partes tres y dos... fue bastante dificil para mi :( y si a eso le sumamos el hecho de que ya casi nadie estaba interesado en seguir la historia, tanto en lecturas como en comentarios... Si, fue dificil. (Cuando ya no recibes comentarios ni incrementan el numero de lecturas en un largo tiempo, es porque algo está mal con la historia).

Por esas razones me vi obligada a borrar las partes II y III, para poner toda la historia en un solo fic.

Si tú seudonimo está en la lista que coloqué al principio, te pido una disculpa, ya que, aun después de tantos cambios, continuaste leyendo esta historia y siempre te estaré agradecida por esto :) Es a ti a quien quiero dedicar esta nueva versión. ¡Muchas gracias por tu apoyo y tu paciencia! nwn

Sin embargo, si esta es la primera vez que ves en publicación esta historia, tambien te doy la bienvenida!! :3 ¡Espero te agrade este fic!

Antes de comenzar, quisiera aclarar más puntos, relacionados con las versiones anteriores por supuesto:

1º Las parejas de esta historia ya están definidas. No habrá cambios al respecto con este tema, por lo que les pido que no me den sugerencias al respecto xD

2º La narración de la versión anterior, estaba en formato "teatro". Ahora las cosas serán MUY diferentes. Por favor, preparense para una narración más profunda! >:D

3º Existirá un cambio radical en cuanto a los capitulos, de esa forma, se le dará más importancia a la trama original y no habrá tanto "relleno" como al inicio xD

4º La conexión entre los personajes no estaba tan bien hecha en la versión anterior. Otro motivo más para volver a escribir esta historia :P

5º POR FAVOR!! Antes de comenzar a leer este fic, te recomiendo que primero leas otra de mis historias, llamada "Fragmento de mi corazón". En este fic, se habla sobre un personaje que aparecerá más adelante aqui: Megumi, la guardiana dimensional. Además, cuenta con un epílogo especial que explica mejor cierto evento catastrofico que tambien ocurre aqui, en Kazoku no Akuma Regret.

Bien, con esto dicho y hecho. ¡Vamos! :D

 

Notas:

Simbología sobre algunos momentos de la historia:

### -> termina el resumen y comienza el capitulo.

*** -> Flashback

&&& -> cambio de escena. Los mismos personajes cambian de lugar o se muestra otra escena con otros personajes.

+++ -> sueños/visiones de un personaje.

Por el momento, esta seria toda la simbologia con la que se va a mostrar la historia. De haber algún cambio, se avisara con tiempo :) ¡Gracias por tu atención! nwn

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¡Aqui comienza "Kazoku no Akuma Regret"! :D (Que emoción!! >w<).

Después de leer este capitulo, no olviden pasar a las notas finales :)

¡Bienvenidos nuevamente y gracias por leer! >w<

¡SALUDOS A TODOS!

 

 

 

Final imaginario del siglo XIX

 

En estos tiempos, las personas que poseen extraños poderes provenientes de su cuerpo o incluso de misteriosas y poderosas armas, son conocidas como ladrones, escoria de la humanidad que roba hermosas y valiosas obras de arte, estatuas o joyas de diversos museos de todo el mundo, con la esperanza de reunir los 108 trozos de inocencia perdidos.

 

Desde hace más de 200 años, la orden oscura, organización independiente que se encarga de dar hogar a los ladrones de Europa, ha tenido la responsabilidad de reunir la inocencia para formar un artefacto conocido como “el corazón”, pieza clave para evitar el despertar del Conde del milenio, quien yace dormido en un lugar desconocido hasta la fecha.

 

Bajo el sello del eterno anochecer.

 

###

 

 

La neblina acechaba en aquella noche de luna llena, ocultando cualquier presencia maligna que se manifestara en los alrededores. En la iglesia de la pequeña ciudad de Londres, Inglaterra, las campanas sonaron. Con el paso del inquietante sonido, los ciudadanos cerraron las puertas y las ventanas de sus casas. Nadie deambulaba a esas horas de la noche por las calles. Excepto un par de jóvenes, extraños en apariencia y aventureros por profesión. 17 y 15 años. Abrigos negros que portaban con orgullo una rosa plateada en el lugar donde sus corazones latían inquietos. Sus cabellos eran levantados levemente por el paso del viento, al mismo tiempo que saltaban por los techos de diversas construcciones para llegar a su destino. Un arma con la forma de una gigantesca mano de demonio, fue lo único que necesitaron para escabullirse al interior del museo regional, asegurándose de que los guardias nocturnos no fueran un estorbo en su misión.

 

 

Con cautela, corrieron por el lugar para encontrar el objeto que los buscadores de la orden oscura vieron en sus turnos de vigilancia, observando noche tras noche los cambios en las obras artísticas del lugar y dando con un posible fenómeno provocado por la inocencia. De pronto, una luz roja llamó la atención del más joven, deteniendo a su compañero para indicarle el camino. A unos pasos de una pintura de la edad media, se encontraba la estatua de una mujer tallada en concreto. En su cuello, el collar de cuerdas doradas, cuyo diamante era rojo carmesí, fue arrebatado por el mayor de los jóvenes, desencadenando por equivocación una serie de trampas manuales, las cuales, esquivaron sin muchas complicaciones. Al haber quitado el collar de su lugar, llamaron la atención de varios policías, quienes se dirigían al sitio montados en caballos. Bajo las órdenes de un inspector especializado, los hombres uniformados rodearon el lugar, con la esperanza de que los sospechosos no pudieran escapar.

 

 

El vigilante del museo salió, explicando la situación y dando por hecho que los jóvenes continuaban adentro. El inspector a cargo sonrió confiado, entrando al edificio con una pistola en mano y dos hombres bajo su servicio detrás de él. El vigilante iba con ellos, para asegurarse de que no destrozaran el lugar con su salvaje forma de resolver las cosas. Uno de los policías, vislumbró una sombra al final del tercer pasillo. El grupo de hombres se dirigió a ese lugar, en absoluto silencio. Cuando llegaron, apuntaron con sus armas hacia la única parte de la habitación que era iluminada por la luz de la luna. Los jóvenes estaban bien escondidos, con los cuerpos encorvados y agachados detrás de unas antiguas estatuas provenientes de Egipto.     

 

 

-¡Sabemos que están aquí! ¡Salgan inmediatamente! – exclamó el inspector con prepotencia.

 

 

El mayor de los jóvenes gruñó por lo bajo. Del interior de su abrigo negro, sacó un objeto y se lo arrojó a los oficiales. Al impactarse con el suelo, explotó al instante y dejó escapar un humo con aroma a cebolla. Los oficiales quedaron aturdidos por el inesperado hedor a esa verdura. Aprovechando la confusión, el muchacho sacó una espada, la agitó y destruyó parte de la pared que tenían en frente, saliendo del museo con su compañero y escapando de los policías que los esperaban en la puerta principal. Indignado por lo ocurrido, el inspector les ordenó a los otros oficiales que realizaran una búsqueda exhaustiva. Si era necesario, sería por toda la ciudad. Cumpliendo con sus órdenes, los hombres montaron sus caballos y se dividieron en grupos para abarcar la mayor parte de las calles.        

 

 

Los jóvenes ladrones corrían a toda prisa, pisando charcos de agua, de una lluvia anterior, con las gruesas suelas de sus botas negras y analizando su entorno para encontrar un buen escondite. Entre la densa neblina, un puente apareció. Al mayor de los muchachos se le ocurrió que ese sería el sitio indicado para “desaparecerse” de los sabuesos de los oficiales de Londres. Arrojó una bolsa que llevaba consigo, debajo de aquella construcción, y después, saltó a ese mismo lugar. Su compañero lo siguió, no sin antes asegurarse de que los policías continuaban buscándolos. Y así fue. Luego de un par de minutos, los oficiales aparecieron, examinando el viejo puente y las casas restantes al final de la avenida. Montados en caballos con miradas frías que reflejaban cierta molestia, volvieron a dar vueltas por ahí para dar con los responsables del robo cometido en el museo regional de la ciudad. 

 

 

Debajo del puente, sentados en un banqueta de concreto y viendo como el rio pasaba frente a ellos, los jóvenes aguantaron un par de risas, saliéndose con la suya y, de paso, humillar a los policías que intentaron atraparlos en su búsqueda de justicia. La oscuridad que los rodeaba no permitía que sus apariencias fueran reveladas ante otros, ni siquiera, ante la luna cubierta por nubes negras. El dueño de la gran espada, un muchacho de cabello plateado, blandió la filosa hoja de su arma y activó un portal color negro, con estrellas y planetas distintos en su interior. El más chico de los jóvenes sonrió. Una vez más, la suerte había estado a su favor, permitiendo que su misión fuera cumplida con éxito y llevándose a su hogar un objeto de gran valor. Sin embargo, ellos no buscaban reunir dinero con esa mercancía. Su verdadero objetivo era extraer la posible “cosa” que había en ella.

 

 

Uno de los 108 trozos perdidos del “corazón” de la inocencia.

 

 

Después de atravesar el portal, terminaron en un lugar rodeado por un bosque. Encima de un acantilado se encontraba la orden oscura, una torre hecha de concreto donde solo se podían apreciar la gran cantidad de pisos y ventanas que tenía, desde el exterior. La gente ordinaria no conocía muchos detalles sobre ese sitio. De lo que si estaban seguros, es que se trataba del hogar de todos los ladrones del continente Europeo, por lo que, al darse a conocer como una organización delictiva, eran marginados por la sociedad en general. Gracias a los cubos negros, sustancia con la que pueden invocar sus poderes mediante sus cuerpos o un arma especial, son capaces de llevar a cabo la búsqueda de los trozos de la inocencia.

 

 

La única esperanza para evitar el despertar del Conde del milenio.

 

 

Cuando la puerta principal reconoció sus siluetas, se abrió por si sola. En el vestíbulo de la orden oscura había una alfombra roja, varias pinturas correspondientes al renacimiento, armaduras vacías, lanzas de madera y acero, entre otros artículos de colección, colgados en las paredes de concreto. De pronto, se escucharon unos gritos en las cercanías, llamando la atención de ambos. El escandalo provenía de la oficina de Komui Lee, líder de los ladrones de la orden oscura Europea. Atraídos por la curiosidad, los jóvenes ladrones se acercaron a la puerta de color rojo carmesí.

 

 

-¡Jefe! ¡Deje de hacer eso!

 

 

-¡No! ¡No lo permitiré! ¡Nunca lo permitiré!

 

 

-¡Jefe! ¡No exagere! ¡Solo será por una hora!

 

 

-Hermano… no tardaré mucho.

 

 

-¡Oigan! – exclamó InuYasha, el joven que porta la espada con la que él y su compañero lograron llegar a ese lugar. Tiene 17 años. Piel blanca. Cabello plateado, largo hasta la cintura y suelto. Ojos de color dorado. En su cabeza lleva un pañuelo de color violeta claro. Otro objeto que lo identifica es un rosario negro colgado alrededor de su cuello. Después de romper la puerta con una patada, un objeto salió volando sin querer, rompiéndose por impactarse contra su cabeza y dejándolo aturdido. Los pedazos de la taza azul, con el dibujo de un conejo rosado en ella, terminaron esparcidos por la alfombra de la oficina.

 

 

-Lamentamos la interrupción. – se disculpó su compañero de equipo, Allen Walker. Un muchacho de 15 años. Piel blanca. Cabello corto y blanco. Ojos de color gris plateado. En su ojo izquierdo tiene una marca de maldición, iniciando con una estrella invertida y terminando con una línea que recorre su mejilla. Ambos símbolos de color rojo claro.

 

 

Con una sonrisa nerviosa en su rostro y apoyando las manos en una parte destrozada de la puerta, Allen observó sorprendido como Lenalee Lee, una de sus compañeras, estaba siendo abrazada posesivamente por su hermano mayor, Komui Lee, cuyas lágrimas se derramaban en forma de dos cascadas por sus ojos. Al otro extremo de la habitación, se encontraba Reever Wenhamm, sosteniendo en sus manos una tablilla donde se colocaban archivos importantes y que no estaban firmados todavía. Lenalee Lee tiene 16 años. Es una chica de piel blanca. Cabello de color verde oscuro, largo y atado en forma de dos coletas. Sus ojos son de color negro, al igual que los de su hermano mayor, Komui Lee. El líder de los ladrones tiene 29 años. Su cabello es negro y corto. Piel blanca. Ojos pequeños, protegidos por un par de anteojos. Su asistente, Reever Wenhamm tiene 27 años. Piel blanca. Cabello castaño claro, desordenado hacia el lado izquierdo. Ojos pequeños de color verde oscuro. El ambiente era tan diferente al que había en el resto del edificio, que solo se reservó a observar a los presentes, quienes seguían en lo suyo. Lenalee continuaba siendo abrazada por su hermano, con una mirada avergonzada en su rostro. Komui no dejaba de lanzarle objetos a Reever. El asistente del jefe estiraba su cuerpo o lo encogía para esquivar las cosas de su superior.

 

 

-¡Jefe! ¡Ya párele! – gritó Reever molesto, bloqueando un par de libros con la tablilla. InuYasha lo miró, recobrándose del golpe que recibió por la taza.

 

 

-¡Nooooooo! ¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero! – gritaba desesperado, lanzando libros, trazas, cartas y todo lo que estaba a su alcance, hacia su asistente.

 

 

-¿Qué es lo que le sucede al jefe Komui? – cuestionó Allen, volteando la mirada del mencionado hacia Reever. Su compañero se cruzó de brazos, ignorando las tonterías del líder de los ladrones.

 

 

-Está haciendo berrinche porque no quiere que Lenalee vaya a investigar sobre otra estatua con extraños poderes en Suecia. – respondió el hombre, esquivando o bloqueando los objetos que lanzaba Komui.

 

 

-Hermano, déjame ir, no me pasará nada. – pidió la chica con algo de pena y ruborizada, en especial porque InuYasha y Allen llegaron como inesperados espectadores.

 

 

-¡Nooooooo! – exclamó dolido, aferrándose más a ella. - ¡Primero muerto antes de dejarte ir sola! 

 

 

-¡Jefe, no exagere! – exclamó su asistente enojado, con una vena punzante en la cabeza. La actitud infantil y rebelde que Komui tenía cuando estaba con su hermana, a veces lo sacaba de quicio. - La enviaremos con una nueva ladrona. – comentó, bajando la tablilla y mirando a los hermanos Lee.

 

 

-¿Nueva ladrona? – preguntó InuYasha, rascándose la cabeza.

 

 

-Nuestra miembro más reciente. – respondió el hombre castaño. – Llegó al puerto de Londres hoy en la mañana y más tarde le vamos a dar la bienvenida.

 

 

-Por cierto… - comentó Allen, cambiando de tema y sacando un objeto de sus ropas. - ¡Cumplimos con la misión!

 

 

-¡Qué bien! ¡No esperábamos menos de ustedes! – exclamó Reever con una sonrisa, examinando lo que había en las manos del joven.

 

 

-¡Ja! ¡Por supuesto! – dijo InuYasha con orgullo, cruzándose de brazos. - ¡Nosotros somos los mejores ladrones de la orden oscura!

 

 

-InuYasha, no exageres… - pidió Allen, con una sonrisa nerviosa y una gotita de sudor bajando por su nuca.

 

 

-¡Hablo en serio! – comentó, señalando a su lado izquierdo. - ¡Sino, pregúntale a la placa! 

 

 

En el interior de la oficina de Komui Lee había muchos estantes con libros de ciencias y de literatura gótica. Cartas, reportes y otras pertenencias de valor estaban regadas en el piso. Químicos de dudosa procedencia, creados por Komui, aguardaban en muebles viejos en las esquinas del cuarto. La pared que señaló InuYasha tenía colocada una gran placa dorada, con los nombres de todos los ladrones de la orden oscura grabados en ella. Aquel monumento fue hecho para recompensar los esfuerzos de todos los miembros de la organización. Era algo así como un reconocimiento por mantener en secreto la verdadera misión a la que se les había asignado, ya que, para las personas que vivían tranquilamente en la ciudad, ellos no eran más que un simple estorbo. Personas que no debieron existir, pues su labor solo era robar. Ambos jóvenes miraron con detenimiento cada uno de los nombres hasta llegar a los suyos, siendo ocupados con el segundo lugar.

 

 

-Aún estamos empatados con Kanda y Daisya, ¿No? – dijo Allen seriamente. InuYasha asintió, cruzado de brazos.

 

 

-No deberían preocuparse todavía por eso, ya tendrán tiempo para vencerlos. – comentó Reever con una sonrisa confiada. Los jóvenes voltearon a verlo. – Ahora lo que deben hacer es llevar ese collar con Hevlaska para que lo revise.

 

 

En cuanto salieron de la oficina, una nueva discusión comenzó. Los gritos de Reever y de Komui no parecían terminar nunca. Hasta que Lenalee activó su arma especial, conocida como las botas oscuras, para golpear a su hermano mayor, haciéndolo volar hasta una columna en el pasillo, quedándose inerte como una calcomanía. Al verlo en aquellas condiciones, InuYasha y Allen se voltearon con temor, topándose con una sonrisa nerviosa de la ladrona y un temeroso Reever en el suelo, congelado con un tic en su ojo derecho y abrazando con fuerza la tablilla con los papeles sin firmar. El hoyo en la oficina tenía la forma del cuerpo de Komui.

 

 

&&&

 

 

Minutos después, en los pisos inferiores de la orden oscura, se encaminaron a un elevador de forma triangular, ubicado en el centro de la construcción y rodeado por las distintas habitaciones de los ladrones. Una vez ahí, Allen jaló una palanca y la plataforma se ocupó de bajarlos a lo más profundo del edificio. En la oscuridad, la guardiana de la inocencia salió para recibirlos.

 

 

-Bienvenidos, ladrones de la orden oscura. – comentó sin una expresión en especial. Allen sacó el collar, con cuencas doradas y un diamante rojo en el centro, y se lo dio. La criatura de gran tamaño lo recibió para examinarlo.

 

 

-Se le conoce como “tiempo romano”- mencionó InuYasha seriamente, cruzado de brazos. – según la información que nos dieron los buscadores, el diamante que tiene en medio antes era de color azul marino. Sin embargo, en una noche de luna llena, su color cambio, tornándose rojo escarlata.

 

 

-Felicidades. Este collar contiene inocencia. – declaró Hevlaska. Los ladrones celebraron su éxito, saltando gustosos en la plataforma. – Otro pedazo de inocencia ha sido encontrado. – dijo, llevándolo a su frente para resguardarlo en un lugar secreto de su cuerpo.

 

 

-¿Cuántos trozos se han encontrado hasta ahora? – cuestionó Allen con curiosidad, mirando el circulo de luz dibujado debajo de Hevlaska, con varios símbolos antiguos y compartimentos en él.

 

 

-18 trozos. – respondió la guardiana, mirándolos fijamente. – Ustedes son uno de los dúos que ha encontrado más trozos de inocencia. Allen sonrió, sintiéndose halagado, mientras que InuYasha se encontraba perdido en sus pensamientos, teniendo una mirada seria en su rostro. El collar, el cual se encontraba todavía en las manos de Hevlaska, fue guardado en una pequeña bodega que también era protegida por ella. De otro almacén, cercana a ella, sacó un pequeño cubo negro, el cual le entregó al menor del dúo.

 

 

-Este es un poder misterioso. – afirmó, viendo a los jóvenes. Ellos observaron el pequeño objeto en las palmas de Allen. – No sé a quién de ustedes le pertenezca, si a la espada de InuYasha o al brazo izquierdo de Allen. Recuerden tener cuidado al insertarlo en sus armas.

 

 

-Muchas gracias, Hevlaska. – agradeció el joven de cabello blanco, con una pequeña sonrisa y una reverencia. InuYasha lo imitó, sin dejar de cruzar los brazos.

 

 

Después de eso, subieron de nuevo por el elevador. Caminaron por los pasillos de la orden oscura hasta dar con su habitación, una puerta de madera cualquiera que estaba en el décimo piso del edificio. Ambos entraron, girando el picaporte junto con una llave que InuYasha guardaba, y se fueron por su lado. Mientras Allen arrojaba en una esquina de la habitación la bolsa donde estaban sus uniformes, su compañero se quitaba un abrigo rojo que llevaba encima, amarrándolo a su cintura y dejando ver una playera negra de mangas cortas.

 

 

-Hoy fue una buena noche, ¿No? – cuestionó el menor con una sonrisa, acostado en su cama y mirando un punto en el techo. InuYasha estaba tan distraído que no lo escuchó. En lugar de eso, observaba perdido una fotografía que estaba en su escritorio. – InuYasha, ¿Pasa algo? – preguntó, sentándose en la cama y viendo a su compañero. 

 

 

-No es nada. – respondió secamente, abriendo uno de los cajones del escritorio para guardar algo. – Por cierto, ¿Qué no se supone que ibas a cenar? – Allen lo miró unos segundos con signos de interrogación. Instantes después, se levantó, abrió la puerta de una patada y corrió hasta la cafetería de la orden oscura. InuYasha bufó. No tenía duda alguna de que su compañero era un distraído de lo peor. – Y se supone que estaba muy cansado también… - comentó para sí mismo, sin borrar de su rostro una pequeña sonrisa y recordando las quejas que había escuchado de su compañero cuando estuvieron en el museo de Londres. – A veces no lo entiendo… - lanzó un suspiro al aire y después, salió de la alcoba para seguir al muchacho, caminando tranquilamente y con las manos detrás de su nuca.

 

 

&&&

 

 

En el comedor de la orden, no había mucha gente en la fila, algo alentador para Allen, quien llegó exhausto al lugar, apoyando sus manos en sus rodillas y sonriendo para sus adentros. Sin embargo, no era el mismo caso con las mesas, ya que la mayoría estaban ocupadas. Teniendo en su mente lo que quería, caminó hacia la fila y observó que cerca de ahí Kanda Yuu, comiendo su típico plato de soba, era acompañado por sus compañeros de equipo, Daisya Barry y otro ladrón, Noise Marie. InuYasha, tratando de verse indiferente ante la multitud que cenaba en las mesas, hizo acto de presencia. Vio a Allen formado detrás de unos buscadores. Varios hombres, sentados en las mesas, observaron con desprecio a los jóvenes, en especial a InuYasha, haciendo muecas o comentarios ofensivos al respecto. 

 

 

-¡Muy bien! ¡¿Quién sigue?! – preguntó el chef Jerry, cocinero de la orden oscura, a través de una ventanilla, donde recibía a los ladrones y a los buscadores. Un hombre de piel morena, cabello largo, peinado en forma de trenza, con gafas oscuras en los ojos, que era capaz de cocinar cualquier tipo de comida y prepararla de forma muy rápida también.

 

 

-Hola, señor Jerry. – lo saludaron los compañeros con una sonrisa.

 

 

-¡Pero si son InuYasha y Allen! – exclamó el hombre alegre. - ¡Ya me anticipe a su pedido y les preparé una mesa especial con sus platillos favoritos! – comentó, preparando otras ordenes que tenía pendientes. – Escuché que su misión fue todo un éxito, felicidades. – susurró como todo un confidente. – A propósito, la mesa está en la esquina.

 

 

-¡Muchas gracias! – dijo Allen feliz, agradeciéndole con lagrimitas en forma de cascada y teniendo brillitos a su alrededor. InuYasha lo vio con una gotita de sudor bajando por su nuca.

 

 

Mientras se dirigían al lugar que el chef les había indicado, el joven de cabello plateado no pudo evitar escuchar los murmullos por parte de los buscadores, sintiéndose un blanco fácil para cada una de sus críticas. En un momento de distracción, cayó al suelo. Un buscador, sentado cerca de su trayecto, estiró su pie a propósito. En el comedor, solo se escuchaban las carcajadas de los hombres con gabardinas blancas y mochilas metálicas en la espalda. Varios ladrones que estaban comiendo observaron la escena, sintiendo más curiosidad por lo que sus compañeros harían a continuación que por defender al muchacho de cabello blanco.

 

 

-¿Estás bien? – cuestionó InuYasha, agachándose a su altura. Allen asintió.

 

 

-¡Oh! ¡Discúlpame! – se levantó el buscador culpable, con una sonrisa hipócrita. Era alto, calvo, de piel blanca, ojos pequeños y con un bigote en su rostro. Ambos se levantaron, mirándolo con desafío. - ¡No te vi pasar, compañero ladrón! – sus amigos, sentados en la mesa, se burlaron por lo bajo. El muchacho de cabello plateado lo fulminó con una expresión de pocos amigos, sujetando la empuñadura de su espada. – Espero que no tengan ningún problema con lo que acabo de hacer. – comentó con una sonrisa.

 

 

-Será mejor que te disculpes o no respondo. – dijo InuYasha seriamente. Los otros buscadores, al escuchar aquello, se burlaron de su compañero, quien lo miró enojado con una vena punzante en la frente.

 

 

-¡Niño insolente! – exclamó el hombre, alzando su puño contra InuYasha y lanzándole varios golpes. El joven ladrón los esquivaba con agilidad, fastidiando al irrespetuoso buscador. En un momento de distracción, no supo cuando llegó a la pared, mirándola sobre su hombro con sorpresa. - ¡Eres mío! – gritó el buscador en forma de victoria. InuYasha estaba a punto de contratacar, pero una joven de 13 años interfirió en su pelea, dándole una fuerte patada en la mejilla izquierda al buscador y haciéndolo volar al otro lado del comedor. Piel blanca. Cabello lacio de color morado, el cual estaba atado y le llega hasta la cintura, ojos color azul oscuro, protegidos por un par de anteojos redondos. Sus ropas estaban cubiertas por una larga gabardina negra. Ante los ojos dorados del joven, la niña poseía una mirada fuerte y retadora que, en solo unos segundos, pasó a ser tranquila y armoniosa.

 

 

-Increíble… - musitó un buscador detrás de Allen. Los presentes no podían creer que uno de los hombres más fuertes de la orden oscura, había sido azotado a la pared tan fácilmente por una niña pequeña y frágil.

 

 

-¿Te encuentras bien? – cuestionó la chica con dulzura,  dedicándole una tímida sonrisa. El muchacho de cabello plateado la vio anonadado, asintiendo a su interrogante.   

 

 

-¡Umiko! – la llamó un muchacho pelirrojo de 18 años de edad. Su ojo derecho está cubierto con un parche negro, mientras que su ojo izquierdo es de color verde oscuro. En su frente, lleva una bandana negra, con detalles de color azul. Vestido con una gabardina negra, con el símbolo de la orden oscura, una rosa plateada, en el lado izquierdo de su pecho. Pantalones blancos y botas negras que le llegan por la parte inferior de las rodillas. En su cuello, porta una bufanda anaranjada. - ¡Te dije que no te alejaras de nosotros! ¡Pudiste haberte perdido! – exclamó preocupado, aproximándose a la niña y tomando sus “frágiles” manos. Ella lo vio con una sonrisa nerviosa.

 

 

-¿Lavi? – habló InuYasha con incredulidad, entrecerrando sus ojos. - ¿No estabas en Dinamarca con el abuelo Bookman?

 

 

-¡Hola InuYasha, también me da mucho gusto verte! – dijo el alegre joven, con flores y brillos a su alrededor. – Llegamos esta mañana, pero Komui nos encargó ir por Umiko al muelle, por eso no estuvimos aquí en todo el día. – al escuchar aquello, la más joven le hizo una reverencia al mayor. Acto seguido, los tres voltearon al mismo tiempo hacia la izquierda. Dos buscadores que estaban cenando, se levantaron y llevaron a su compañero a la enfermería, no sin antes dedicarles miradas llenas de rencor a InuYasha. - Ese buscador es un gruñón busca problemas. – musitó Lavi, viendo como salía de la cafetería, apoyándose en los hombros de los otros individuos. – Se la pasa provocando pleitos contra nosotros los ladrones solo porque lo relevaron de su cargo de ladrón.

 

 

-¿Eso es posible, Lavi-senpai? – preguntó Umiko con curiosidad. Él asintió.

 

 

-Komui lo castigó por haberle quitado un collar de diamantes a una señora inocente. – respondió seriamente. – Esa cosa ni siquiera tenía inocencia, solo lo quería para cambiarlo por dinero. - Al saber aquello, InuYasha se dio cuenta de que la ambición solo causa problemas y que si uno no tiene cuidado en su labor, paga las consecuencias de la peor manera.

 

 

&&&

 

 

Más tarde, en el comedor de la orden oscura, el Jefe Komui, el señor Reever y Lenalee, llegaron para darle la bienvenida a Umiko y a otro muchacho que recién había llegado a la organización. Desde la ventanilla de la cocina, el chef Jerry sacó un micrófono y se lo dio al señor Reever. Antes de llamar la atención de los presentes, el asistente de Komui se aclaró la garganta. InuYasha, Allen, Lavi y Umiko, sentados en una esquina, dirigieron su atención hacia el hombre castaño. Otros buscadores y ladrones los imitaron, guardando absoluto silencio.

 

 

-Muy bien. – comenzó, teniendo un viejo papel en sus manos. - ¡Los hemos reunido aquí para unirlos en santo matrimonio!

 

 

-¡¿Qué?! – interrogaron todos. - ¡¿De qué demonios estás hablando?! – volvieron a cuestionar, lanzándoles comida sin piedad alguna.

 

 

-¡Reever! ¡Ese no es papel! – gritó Komui asustado, protegiendo a Lenalee de los platillos que los buscadores y ladrones lanzaban en conjunto. Su bata de laboratorio, con la rosa plateada de la orden oscura en la parte superior izquierda de su pecho, quedó cubierta por salsas, mantequilla, condimentos y alguno que otro postre.

 

 

-Claro, ya me di cuenta… - dijo el mencionado, fulminándolo con la mirada y teniendo una nube negra encima de él. Después de unos segundos más de discusiones absurdas y pleitos sin sentido, la comida dejó de volar por los alrededores, permitiendo que los maestros de ceremonias continuaran con la bienvenida. – Disculpen por eso. – comentó Reever, teniendo un nuevo papel en sus manos. – Ahora sí. Hemos reunido aquí a todos los miembros de la orden oscura para avisarles que, a partir de hoy, tienen a dos nuevos compañeros. Umiko Yamana. Monje Miroku. Pasen al frente.

 

 

-Creí que Umiko sería la única. – dijo Allen, viendo como ambos llegaron al lado de sus superiores y de su compañera, siendo recibidos con grandes sonrisas de su parte.

 

 

-Hace un par de horas, el panda y yo vimos a ese sujeto merodeando por el bosque. – comentó Lavi divertido, encorvado y acostado en la mesa, apoyando su cabeza sobre sus brazos cruzados. – nos dijo que estaba perdido.

 

 

-Sean bienvenidos a su nuevo hogar. – dijo Komui Lee, entregándoles a los nuevos miembros sus uniformes y sus rosas plateadas. Los ojos de Umiko se iluminaron al ver aquella insignia. Lenalee sonrió y Reever le entregó a la niña el micrófono, para que dijera algunas palabras.

 

 

-¡Muchas gracias a todos por esta increíble bienvenida! – exclamó con energía y entusiasmo. Los ladrones creyeron que se trataba de la gemela perdida de Lavi. - ¡Mi nombre es Umiko Yamana! ¡Es un placer conocerlos! - Después de eso, se alzaron las copas en su honor, comenzando con la fiesta de bienvenida de Umiko y Miroku, los dos nuevos miembros de la orden oscura.

 

 

Fin del capítulo.

Notas finales:

Fuu... les soy sincera, es la primera vez que escribo un "Capitulo 1" tan largo xD

¡Espero se animen a dejar un comentario! :D

¡Hasta la próxima! nwn

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