Omega por Kala1411
Summary:

Ashton Jones es una chica poco común, criada en el ejército, no ha tenido una educación normal y tiene una conciencia del mundo diferente. 

Cuando debe salir de su zona de confort para asistir a la Universidad, consigue hacerse un hueco en una fraternidad. ¿El problema? Es una fraternidad de chicos.

Solo de chicos.


CategorŪas: ORIGINALES Personajes: Ninguno
Generos: Humor/Parodia
Advertencias: Lemon
Desafio:
Serie: Ninguno
CapŪtulos: 53 Finalizado: No Numero de palabras: 125928 Leido: 8441 Publicado: 16/05/2018 Actualizado: 09/10/2018

1. Prólogo y Capítulo 1 por Kala1411

2. Capítulo 2 por Kala1411

3. Capítulo 3 por Kala1411

4. Capítulo 4 por Kala1411

5. Capítulo 5 por Kala1411

6. Capítulo 6 por Kala1411

7. Capítulo 7 por Kala1411

8. Capítulo 8 por Kala1411

9. Capítulo 9 y Capítulo 10 por Kala1411

10. Capítulo 11 y Capítulo 12 por Kala1411

11. Capítulo 13 por Kala1411

12. Capítulo 14 y Capítulo 15 por Kala1411

13. Capítulo 16 por Kala1411

14. Capítulo 17 por Kala1411

15. Capítulo 18 por Kala1411

16. Capítulo 19 y Capítulo 20 por Kala1411

17. Capítulo 21 por Kala1411

18. Capítulo 22 por Kala1411

19. Capítulo 23 por Kala1411

20. Capítulo 24 por Kala1411

21. Capítulo 25 por Kala1411

22. Capítulo 26 por Kala1411

23. Capítulo 27 por Kala1411

24. Capítulo 28 por Kala1411

25. Capítulo 29 por Kala1411

26. Capítulo 30 por Kala1411

27. Capítulo 31 por Kala1411

28. Capítulo 32 por Kala1411

29. Capítulo 33 por Kala1411

30. Capítulo 34 por Kala1411

31. Capítulo 35 por Kala1411

32. Capítulo 36 por Kala1411

33. Capítulo 37 por Kala1411

34. Capítulo 38 por Kala1411

35. Capítulo 39 por Kala1411

36. Capítulo 40 por Kala1411

37. Capítulo 41 por Kala1411

38. Capítulo 42 por Kala1411

39. Capítulo 43 por Kala1411

40. Capítulo 44 por Kala1411

41. Capítulo 45 por Kala1411

42. Capítulo 46 por Kala1411

43. Capítulo 47 por Kala1411

44. Capítulo 48 por Kala1411

45. Capítulo 49 por Kala1411

46. Capítulo 50 por Kala1411

47. Capítulo 51 por Kala1411

48. Capítulo 52 por Kala1411

49. Capítulo 53 por Kala1411

50. Capítulo 54 por Kala1411

51. Capítulo 55 y Capítulo 56 por Kala1411

52. Capítulo 57 por Kala1411

53. Capítulo 59 por Kala1411

Prólogo y Capítulo 1 por Kala1411

Prólogo

 

 

No llegué a conocer a mi madre, murió mientras me daba luz, pero todos sus compañeros del ejército me criaron como ella lo hubiese hecho. Tengo muchos mentores que me enseñaron de todo, desde literatura y ciencias hasta técnicas de lucha. No obstante, John y Paul son los únicos a los que considero mis padres.

Eran los mejores amigos de mi madre, y con el paso de los años, me explicaron que también sus amantes en ciertas ocasiones. A ninguno de ellos les molestaba que ella estuviese con los dos, eran marines y habían visto y vivido demasiado como para preocuparse por celos estúpidos. Veían su relación de amor y amistad como algo simple y no les importaba lo que los demás pensaran. Sé que uno de los dos es mi padre biológico, pero ellos nunca han tenido interés en averiguarlo, y yo tampoco.

Se centraron en mi crianza cuando mi madre murió para no caer en una profunda depresión, esa que siempre está cerca de las personas cuya profesión se basa en sobrevivir. Me han hablado de ella, de Marion Rose Jones, desde que tengo memoria. Sus aficiones, sus manías, sus méritos, sus valores. He vivido cada anécdota como si fuera propia, he observado sus fotos durante horas, contándole problemas, inseguridades y chistes, y la quiero con todo mi corazón.

Me parezco mucho a ella, aún hay gente que se sorprende al verme, confundiéndome momentáneamente con ella, incluso a alguno de sus antiguos superiores a veces le sale su nombre en vez del el mío, y no me importa. Sé que fue una gran soldado y una mejor persona.

Ahora estoy montándome en el tren que me llevará hasta California, donde asistiré a la Universidad Berkeley. Muchos me dijeron que podría tener un futuro prometedor en el Ejército, pero John y Paul no querían esa vida para mí y me convencieron para estudiar una carrera universitaria.  

Me despiden desde el andén con el saludo militar, a pesar de que van vestidos con ropa normal, y yo les imito. El tren va cogiendo velocidad y en cuestión de segundos, solo veo dos manchas pequeñas y borrosas, más por mis lágrimas que por la lejanía.

Me llamo Ashton Marion Jones, tengo 17 años y, por primera vez en mi vida, estoy asustada.

 

 

Capítulo 1

 

 

La casa de fraternidad de los Alpha Omega volvía a estar invadida por sus 22 miembros tras el verano. El nuevo curso comenzaba, para algunos ya sería el último, pero para la mayoría, era otro año más durante el que podían disfrutar de la vida y de la Universidad.

Deportes, alcohol, fiestas, risas y sexo, muchísimo sexo.

Durante las dos primeras horas de la mañana del 1 de septiembre, casi todos los miembros de la fraternidad habían estado llegando escalonadamente. Los abrazos efusivos y las muestras de amistad expresadas de forma violenta se mezclaban con los gritos de entusiasmos y algunas bromas y chistes verdes. Cada miembro de la fraternidad tenía su propia historia y personalidad, pero se llevaban bien la mayoría del tiempo. Había discusiones y malentendidos, los peores eran por las chicas, pero se solucionaban con relativa facilidad. Sin embargo, los demás miembros del grupo tenían la obligación de interceder si los implicados no podían solucionar sus problemas solos.

Cada miembro estaba representado por una letra del abecedario griego, la cual elegían ellos mismos al comenzar a vivir en aquella casa y la conservarían hasta que finalizasen su estancia en la universidad. Que admitieran a alguien en aquella célebre hermandad requería un proceso de selección muy exhaustivo, y unas pruebas un tanto peculiares a las que no todos eran capaces de enfrentarse. Elegían a varios estudiantes nuevos, los que mejores expedientes académicos y aptitudes deportivas tuvieran, pero para no dejarse influenciar por el aspecto, pedían esos informes sin fotos.

Mark Johnson, el presidente y Alpha de la fraternidad, se paró sobre las escaleras de la gran mansión y carraspeó para llamar la atención de todos los presentes. Algunos hablaban relajadamente tras haberse instalado en sus habitaciones, otros estaban aún cargando las cajas, pero las dejaron momentáneamente en el suelo para escucharle.

-Bien, caballeros –dijo en voz alta.- Antes que nada, bienvenidos todos a nuestro templo. En una hora más o menos llegarán los candidatos a ser Kappa y Omega, son cuatro en total este año, y creo que todos estamos deseando ver cómo son un par de ellos tras leer sus informes. Pero aun así, no se los pondremos nada fácil. Si quieren estar aquí y disfrutar de las ventajas de ser un Alpha Omega, tendrán que ganárselo.

Los miembros le aplaudieron, orgullosos de pertenecer a aquel lugar.

Casi todos los candidatos habían llegado cuando el reloj marcaba el mediodía.

-A ver, qué especímenes tenemos este año…- comentó Mark a sus mejores amigos desde lo alto de la escalera, apoyado en la baranda. –Tenemos un chulo- cachas, el del tupé con complejo de Elvis, el asiático acojonado y… El último no creo que tarde en llegar.

-Aun así, me gustaría saber sus nombres para saber qué sujeto es cada uno –dijo Matthew.

-Sí, yo quiero ir tomando nota de las apuestas –coincidió Jason con sorna.

Se rieron entre dientes y Mark bajó para presentarse a los candidatos. Todos los demás miembros esperaron expectantes a las palabras de su presidente, pues también ansiaban saber que expediente pertenecía a cada chico.

-Buenas tardes, soy el Presidente y Alpha de la fraternidad, Mark Johnson. Os iré nombrando y os adelantaréis para identificaros con bandas de colores que os representaran durante las pruebas que tendrán lugar hoy y mañana. Cuando diga vuestro nombre, dirigíos a Kevin –señaló a un chico a su izquierda, -el abrirá el saco negro de las bandas, cogeréis una, y tras enseñar vuestro color, volveréis a vuestro sitio en la fila. Ahora, comenzaré: Gary Mattson.

Un chico musculoso y alto se adelantó, sonriendo con suficiencia, hasta Kevin, pero éste no abrió aún la bolsa.

-Háblanos un poco de ti primero –pidió él.

-Soy de un pueblo de Nebraska. Me gusta el hockey y tengo varios trofeos de algunas competiciones que he ganado a nivel estatal. Quiero llegar a profesional y no pararé hasta conseguirlo.

Kevin abrió la bolsa y el joven metió la mano, sacando la banda de color verde.

-Dennis Raymond –nombró Mark.

El chico con el tupé engominado anduvo, con una actitud petulante, hasta situarse frente a Kevin.

-Soy de Las Vegas, nací para ser un orador nato, para ganar competiciones de atletismo y para ser miembro de esta fraternidad.

Kevin alzó una ceja ante las engreídas palabras del novato, abrió la bolsa y, sin demora, Dennis sacó la banda roja.

-Fudo Hayashi.

El chico japonés apenas levantó la mirada del suelo, incluso se le oyó levemente tragar saliva cuando estuvo delante de Kevin.

-Vengo de Sacramento. Tengo 20 años y he estado estudiando Robótica durante dos años en el MIT, pero me han ofrecido un puesto de profesor adjunto durante este curso mientras lo convino con otras asignaturas.

Kevin abrió la bolsa, Fudo introdujo su mano y sacó la banda azul.

-Bueno, y aunque aún no ha llegado, Ashton Jones.

-Soy yo –dijo una voz desde la puerta de la mansión.

Notas:

Es mi primera publicación en esta web, espero que guste.

Capítulo 2 por Kala1411

Capítulo 2

 

 

Todos los presentes se giraron a ver a la chica y empezaron a reírse por lo bajo. No era muy alta pero sí muy guapa, tenía los ojos claros y rodeados de largas pestañas, el pelo rubio oscuro y unos rasgos angelicales. Dejó su maleta al lado de la puerta y se adelantó, ignorando por completo los cuchicheos y miradas especulativas de quienes la rodeaban.

Mark empezó a reírse.

-Mira preciosa, esto es una fraternidad solo de chicos.  Comprendo que quieras estar rodeada de todos nosotros –la joven le frunció el ceño, mientras se escucharon un par de silbidos desde la parte superior de la escalera, -pero no puede ser. Prueba en la Hermandad Femenina Delta.

-Pero recibí vuestra carta –ella se sacó el papel con el sello de la fraternidad del bolsillo trasero de su pantalón. –Yo soy Ashton Jones.

-No –dijo Mark riéndose cada vez más, provocando cada vez risas más notorias entre la multitud.- Ashton Jones ha estudiado durante toda su vida en colegios del ejército, graduándose con honores en la Academia Militar y con una larga lista de trofeos en diferentes disciplinas académicas.

-Sí, me estás describiendo.

-No, Ashton Jones es un chico.

-Ashton Jones soy yo –dijo sacando de su cartera su carnet de identidad, y mostrándoselo. -Y soy una chica.

Mark cogió el carnet y lo miró detenidamente durante unos segundos, mientras su sonrisa desaparecía al comprobar que el número de identificación coincidía con el de su informe. La miró anonadado, la casa se había quedado en completo silencio esperando las palabras de su Presidente.

-Perdona entonces, debe haber sido una equivocación. Supongo que solo leí tu nombre y di por hecho que eras un chico…

-No te preocupes, me pasa a veces –dijo ella quitándole importancia.

-Pero no puedes entrar aquí, lo siento.

Ella se cruzó de brazos y lo miró indignada.

-Recibí vuestra carta…

-Sí, lo sé…

-Y en el Artículo 24, sección c, de vuestro código de fraternidad publicado en el año 1995 especifica que, quienes hayan recibido la carta, tienen derecho a realizar las pruebas que el Presidente y su Consejo crean pertinentes para ser aceptados en Alpha Omega –sacó la carta del bolsillo de su sudadera y se la entregó.- Pues bien, yo la he recibido y quiero participar en vuestras pruebas.

Era el turno de Mark de fruncir el ceño. Era cierto lo que había dicho, pero no esperaba que una novata lo supiera. Suspiró y cruzó los brazos, mirando a aquella chica un poco molesto.

-Bien, estás en tu derecho si quieres aplicarlo. Pero te advierto que las pruebas no son fáciles –señaló con la cabeza a Kevin. –Ve por tu banda.

Sonriente, Ashton se acercó al chico y sacó la última banda que quedaba, la de color amarillo.

 

 

-¿De verdad vas a dejar que esa chica participe? ¿Has perdido el juicio? –Preguntó Jason.

Se habían reunido todos en el gran comedor para discutir acerca de los nuevos acontecimientos durante el almuerzo mientras los candidatos comían en la cocina.

-No, no lo he perdido. Pero llevaba razón en lo que decía acerca del artículo del código, y no pienso saltarme ninguna de esas normas por algo tan estúpido –Mark suspiró. –Tíos, en serio, calmaos. La habéis visto, sabéis cómo son las pruebas que hemos puesto, no las pasará ni soñando.

-¿Y si las pasa? –Preguntó de repente Kyle.

Mark se quedó callado por un momento. Kyle le sacaba con mucha frecuencia de sus casillas, era algo mutuo pero se soportaban por el bien de la fraternidad. Suspiró y le miró directamente.

-En ese supuesto, será aceptada. Sería injusto lo contrario.

Se aguantaron la mirada sabiendo el significado que aquellas palabras escondían para ambos. Los dos tenían caracteres fuertes, pero anteponían el bienestar de todos al propio, como se esperaba del Alpha y del Beta.

 

 

Faltando quince minutos para las cuatro de la tarde, todos volvieron a reunirse en el salón para escuchar las instrucciones de las pruebas. Mark se colocó al frente de los candidatos, quienes se habían vestido con ropa deportiva siguiendo sus indicaciones.

-Hemos decidido que uniremos todas las pruebas en una sola y, para agilizar el proceso, las haréis en parejas. Os dejaremos unos minutos para que lo penséis.

-Yo prefiero que la señorita escoja primero, es lo que hacen los caballeros –dijo de forma altiva Dennis.

Los otros dos asintieron, mirando a Ashton.

-No quiero ningún tipo de favoritismos hacia mí solo por ser una chica –dijo muy seria mirándolos a los tres.

-Eres la más pequeña de los cuatro candidatos –habló Mark, -es costumbre que el primero en elegir sea el miembro más joven. Así que, dinos, ¿a quién eliges?

-A Fudo –declaró rápidamente.

Los otros dos candidatos empezaron a reírse, mientras el chico asiático la miraba con la boca abierta por la sorpresa.

-Bien, entonces ya se han formado las parejas –cruzó los brazos y se dispuso a explicar la prueba. –A lo largo y ancho de este campus hay varios acertijos, cuatro en total. Cuando encontréis uno, se os dará la pista para el siguiente, el primer equipo que averigüe el último enigma y llegue a la casa de la fraternidad, ganará el derecho a quedarse y formar parte de nuestra gran familia. No os confiéis –miró específicamente a Dennis, -no son adivinanzas sencillas y no están en lugares a los que podáis acceder fácilmente. Cómo queráis repartiros el trabajo será cosa vuestra, pero recordad que las acciones de vuestro compañero pueden perjudicaros o beneficiaros –Fudo había empezado a sudar con esas palabras y Mark sabía que el chico iba a pasarlo mal. –Vuestras mochilas, con todo lo que creemos que podéis necesitar, están en el salón. Tenéis diez minutos para ir a buscarlas e inspeccionarlas y añadir un objeto propio, como alguna medicina, si creéis que la necesitaréis. A las cuatro en punto, comenzará la prueba. Buena suerte a todos.

Capítulo 3 por Kala1411
Notas de autor:

Quizás contenga algunos comentarios poco apropiados para menores de 15 ó 16 años, pero es solo una apreciación personal.

Los cuatro candidatos se apresuraron al salón para comprobar lo que les habían proporcionado. Un mapa del campus, un reloj de pulsera, dos botellas de agua, cuerdas, linternas, walkie talkies… Y un sobre morado con la primera pista. Ashton miró a su compañero, quien había empezado a murmurar con nerviosismo algo ininteligible.

-Fudo, ¿qué te pasa?

El chico la miró con el pánico dibujado en su cara.

-T-Tengo que coger mi inhalador… Yo… Yo no soy muy bueno con el ejercicio físico –la vergüenza se hizo presente en su cara.

-No te preocupes por eso ahora –dijo Ashton con una sonrisa tranquilizadora, poniéndole las manos en los hombros. –Ve por lo que necesites, yo me encargaré de lo que te cueste más.

El chico le devolvió una tenue sonrisa y corrió hacia su maleta para buscar un pequeño botiquín.

-¿No deberías coger tus tampones? –Preguntó Gary riéndose.

Dennis se carcajeó mientras terminaba de revisar la mochila.

Ashton quiso contestarles en ese momento, empezaba a molestarle bastante la actitud de todos ellos, no había tenido esos problemas en el ejército. Pero se abstuvo, recordando un consejo de Paul: “Nunca le muestres a tu enemigo lo que sus palabras pueden provocar en ti, lo utilizará como tu punto débil. Guárdate esa rabia y utilízala como energía para vencerle”.

Fudo llegó en ese momento y metió todo lo que necesitaba en su mochila. Faltaban apenas unos segundos para que la prueba comenzase y salieron de la casa, alejándose todo lo posible para que nadie les escuchase.

Cuando el reloj marcó las cuatro en punto, Fudo abrió el sobre y leyó.

Un día estaba esperando al metro. Mientras comía una manzana, como de costumbre, me senté el lado de un mendigo. Mientras esperábamos, vimos a un hombre gordo pasar y el sin techo murmuró “cerdo”. No le di mucha importancia, aunque me pareció un maleducado. Antes de que llegase el vagón, otro hombre pasó. Era alto y llevaba traje. Cuando pasó, el mendigo murmuró “hombre”. No le di tampoco mucha importancia. Por fin, el tren pasó.

Al siguiente día, el mendigo estaba de nuevo en la estación de metro, y le observé desde la distancia. Mucha gente pasó por delante de él: una chica delgada, un hombre musculoso y una señora mayor. Él musitó “sopa”, “pollo” y “galletita”, respectivamente. No podía dejar de pensar en él.

Lo seguí observando durante varios días y me di cuenta de que llamaba a la gente “pan”, “zanahoria”, “conejo”, “leche” y otras cosas. Un día me puse delante de él y dijo “manzana”. En ese momento, me di cuenta de lo que ocurría. Entonces, el horror me embargó.

 

¿Cuál era la habilidad del mendigo y por qué me impactó tanto?”

 

Después de leer la pista una vez más, Ashton se apresuró a abrir el mapa para averiguar dónde se situaba el laboratorio de Biología.

-Vamos, sé dónde está la siguiente pista –le señaló a su compañero el lugar en el mapa.

-Pero… ¿estás segura?

-Sí, te lo explicaré por el camino.

El calor comenzaba a ser insoportable a esa hora de la tarde, pero Ashton estaba acostumbrada a aguantar las temperaturas extremas y aquellos grados de más no eran problema para ella. Sin embargo, cuando llegaron al edificio de Ciencias de la Salud, Fudo parecía a punto de morir de la extenuación.

-Deberías sentarte un rato y reponer fuerzas –le indicó.

-No… ha sido… muy inteligente… por tu parte… elegirme… como compañero –dijo apenado el joven.

-¿Por qué lo dices? –Sacó una botella de agua de su mochila y se la dio.

-¿Acaso… no… me ves? Soy… un debilucho… -le costaba hablar y respirar a la vez. –Apenas… puedo correr… tres kilómetros… sin asfixiarme… Soy patético… Deberías abandonarme…

Se sentó un momento a su lado, observando su rostro empapado en sudor. Abrió la mochila de su compañero y buscó el inhalador.

-Me enseñaron que ningún compañero se deja atrás –le dio el pequeño aparato y Fudo aspiró fuerte la medicina. –Si no puedes seguir mi ritmo corriendo, puedes centrarte en los acertijos. Tú serás el cerebro del equipo y yo el músculo –sacó sus walkies talkies y le entregó uno a él,- te leeré las pistas y tú me dirás dónde debo dirigirme para la siguiente. Si te ves con fuerzas para seguir, me mantendré a tu ritmo.

Fudo no estaba muy convencido de lo que ella decía, pero cogió el pequeño aparato. Ashton sonrió ampliamente.

-¿Confías en mí? –Él la miró y asintió. -¡Genial! Ese es el primer paso para ganar.

 

 

Ninguno de los candidatos lo sabía, pero desde la fraternidad podían ver gracias a las cámaras de seguridad y a la habilidad informática de Andrew, uno de sus miembros, cada uno de sus movimientos. En casi todos los edificios universitarios había cámaras, y aunque realmente no estaba permitido lo que estaban haciendo, no les importaba. Ninguno de ellos iba a delatar a la hermandad, y todos estaban interesados en ver cómo actuaban los candidatos ante las dificultades que se les planteaban, al fin y al cabo, iban a convivir con ellos durante mucho tiempo.

El grupo de la chica y del asiático iba en cabeza, ya estaban en el edificio correcto a solo 20 minutos de haber empezado la prueba, mientras que los otros dos aún estaban pensando la solución del enigma.

-La chica le está dando un walkie a Fudo –dijo Andrew. -¿Hackeo la frecuencia para escuchar qué dicen?

-Sí –respondió Mark sin quitar la vista de las pantallas.

 

 

Ashton había buscado en los tres primeros laboratorios sin encontrar la pista durante casi media hora. Cuando llegó al último se paró a leer un gran cartel que había pegado en la puerta: “Durante el primer semestre, este laboratorio será utilizado por los alumnos de Enfermería y Medicina para sus prácticas de Anatomía.”

Entró y encendió la luz del aula. Era muy parecida a las anteriores, muchas mesas de metal, vitrinas con diversos compuestos químicos, cuadros explicativos sobre partes del cuerpo humano… La gran diferencia yacía en el medio de la sala: sobre una mesa, había algo tapado con una sábana blanca. Ashton se acercó, percatándose de que era un cuerpo lo que había debajo.

-Ashton, ¿vas bien? Hace rato que hablas –dijo Fudo por el walkie.

-Sí, estoy en el laboratorio 4, a punto de destapar una sábana que me rebelará un supuesto cadáver –explicó a medida que se acercaba a la mesa.

-¡¿CÓMO!? –Fudo gritó. -¿Un cadáver?

-No, un supuesto cadáver. No huele mal y los de la fraternidad no serían capaces de utilizar un cuerpo humano real para algo así.

Ella destapó la sábana, y efectivamente, era una muñeca a escala real, seguramente el juguete sexual de alguno de los chicos de la fraternidad.

-Lo que yo decía, una muñeca –dijo al walkie suspirando.

Pudo oír perfectamente la exhalación de alivio de Fudo.

-Bueno, eso no es tan malo. ¿Cómo es la muñeca?

-Es una de silicona, de las que utilizaran cuando están muy desesperados y no hay ninguna chica que quiera acostarse con ellos.

-Ah... Y, ¿por qué crees que estará ahí la pista?

-Porque son una fraternidad llena de chicos bromistas que solo piensan en el sexo –miró detenidamente el cuerpo de plástico. – Ni siquiera voy a mirar en la cavidad de la boca, no creo que hayan metido ahí ninguna pista.

-¿Y dónde…? –Fudo no terminó la pregunta.- Creo que empiezo a entender la naturaleza que tendrán estas pruebas

-Voy a coger unos guantes de látex.

-¿Pregunto el motivo?

Ella no le contestó aún, solo se acercó a la estantería donde estaban la caja de los guantes y cogió un par. Con ellos puestos, metió dos de sus dedos por la vagina de la muñeca, notando el líquido viscoso y blanquecino que empezaba a resbalar fuera. No le costó encontrar las dos pequeñas cápsulas que contenían la siguiente pista, y sacó una de ellas.

-Sí, lo que yo pensaba –dijo al walkie sabiendo que su compañero la estaba escuchando, -habían llenado este agujero de la muñeca con semen.

 

 

-¡Mierda! Ya estaba fantaseando con ver a la chica con mi semen en su mano –dijo con sorna Jason.

-A veces llegas a comportarte como un cerdo –le dijo Matthew riéndose también.

-La chica está resultando ser más lista de lo que esperábamos –comentó Kyle.

-Sí, pero veremos qué hace durante la siguiente prueba –sentenció Mark.

Capítulo 4 por Kala1411

Gen. 3”, era la única indicación que aparecía en el pequeño fragmento de papel. Fudo había propuesto salir del edificio por la puerta trasera, pues creía que la otra pareja de candidatos no tardaría mucho en llegar al edificio de Ciencias de la Salud y pensaba que era conveniente que creyeran que ellos no habían pasado aún por allí.

Sentado bajo la sombra de un árbol, el joven revisó de nuevo la pista.

-¿Crees que tendrá que ver con el genoma humano? –Preguntó Ashton.

-No, no creo que hayan puesto las dos primeras pistas en el mismo lugar –dijo él.- Espera, ¿puede tratarse de algún versículo de la Biblia?

Ashton lo pensó por un momento, acariciándose la barbilla.

-El Génesis… Sí, podría ser.

-Génesis, versículo 3, ¿sabes lo que dice en esa parte?

-Creo que es cuando habla sobre la tentación de la serpiente a Eva, con la manzana.

Fudo sacó su mapa.

-¿Hay algún lugar en el campus que se parezca a una serpiente?

Ashton chasqueó los dedos, recordando algo.

-No, pero sí que hay una zona con animales –se sentó a su lado y miró el mapa. –Cuando estuve mirando las carreras que aquí ofrecen, leí que los estudiantes de Veterinaria se encargan de cuidar a los animales de algunas protectoras y zoológicos de la zona cuando están heridos o enfermos. Al parecer, hay un pequeño centro veterinario dentro del campus llamado “El conejito de Lara”… Un nombre bastante raro para ponerle a un lugar así…

-E-Está a 10 kilómetros –dijo Fudo con temor.

-Llevamos ventaja –dijo levantándose y ofreciéndole la mano. –Si tardan lo mismo para averiguar lo que significa esta segunda pista, tendremos suficiente tiempo para llegar hasta allí.

 

 

Tardaron casi 20 minutos en llegar al centro veterinario a un ritmo ligero, pero sin llegar a correr como en la primera etapa. Aun así, Fudo tuvo que sentarse en la sala de espera cuando entraron, pues parecía que sus pulmones iban a explotar.

-Descansa aquí –le indicó Ashton. –Yo voy a la parte de los reptiles a ver si encuentro la pista -el joven asintió con la cabeza mientras jadeaba. -Si te encuentras peor o sientes que vas a desmayarte, avísame por el walkie y vendré de inmediato.

-Gra-Gracias… -susurró.

Ella se apresuró a buscar la sala de reptiles. Aquel edificio resultó ser más grande de lo que creyó en un principio, pero rápidamente comprobó que la mayor parte de él estaba ocupado con jaulas y zonas preparadas para la recepción y el cuidado de los animales. Vio a algunos estudiantes preparando a un mastín para una operación, y a otros tomando notas sobre la evolución de algunos de sus pacientes, pero ninguno pareció percatarse de su presencia.

La  gran sala de los reptiles estaba casi desierta, a excepción de un chico moreno, con gafas y bata blanca. Él le sonrió cuando la vio entrar y ella se paró un momento en seco.

-Eres miembro de la fraternidad, ¿no? Me pareció verte esta mañana entre la multitud.

-Así es, mi nombre es Timothy, soy el miembro Nu –miró el reloj de la pared. –Veo que tú y tu pareja vais muy adelantados y…

Ashton pegó un pequeño grito de entusiasmo, acercándose rápidamente a una de las jaulas de cristal.

-¡Una serpiente de coral casi adulta! –Miró hacia el cubículo de al lado y volvió a emitir un sonido de alegría.- Una víbora de foseta… Una vez se coló una de 75 centímetros en mi habitación… -dijo ensimismada.

-¿Q-Qué? –Preguntó Timothy incrédulo.

Estaba asombrado, normalmente las chicas evitaban aquella zona porque les daban asco los reptiles, pero a Ashton parecían encantarles. Estuvo mirando, con una sonrisa enorme, casi cada cubículo de la sala, hasta que pasados 10 minutos dijo en voz alta:

-Creo que veo la siguiente pista –señaló las cápsulas en una de las jaulas de cristal. –Y la ganadora es: Crotalus ruber –leyó en el cartel explicativo.

-Fue un paciente que vinieron a recoger esta mañana del zoológico –Timothy habló con alegría, no todos los días se encontraba con una chica que se emocionara por los reptiles como él. -Era bastante agresivo y cabrón, nos ha costado un par de meses curarle la herida que se había hecho porque siempre estaba escondido en su cueva y solo se dejaba ver cuando encontraba la oportunidad de atacar.

-Entonces, ¿la jaula está vacía ahora? –Preguntó ella.

-Sí, puedes entrar sin problemas.

Timothy abrió la puerta de cristal y Ashton entró agachándose un poco, con la mirada fija en la cápsula. De repente, con una velocidad y una agresividad envidiadas por cualquier depredador, la serpiente se abalanzó desde su escondite hacia ella con la boca abierta y los colmillos completamente afilados. Fue tan solo un segundo lo que duró el ataque, porque la chica la cogió por el cuello y la puso con fuerza contra la pared de la jaula.

-¡JODER! –Gritó Timothy.

-Siento haber entrado sin invitación –dijo ella acercando su cara a su belicoso contrincante. –Tienes unas escamas muy bonitas –dijo dulcemente mientras  le sonreía y acariciaba la cabeza del animal como si de una mascota se tratase.

-¡¿Qué estás haciendo?! –Chilló Timothy. -¡Sal de ahí!

-Shh… -le chistó ella sin siquiera mirarle. – A las serpientes no les gustan los sonidos estridentes, ¿a qué no, precioso? –El tono de su voz se volvió empalagosamente cursi, como estuviese hablándole a un bebé.

Con actitud calmada, recogió las cápsulas de la pistas, sin soltar al cada vez más enfadado reptil. Cuando estaba casi fuera de la jaula, soltó al animal y Timothy se apresuró a cerrar la puerta, justo a tiempo para ver como la cabeza de la serpiente chocaba contra ella en un intento infructuoso de volver a atacar a la chica.

Timothy jadeaba y estaba tan pálido como un cadáver. Apenas daba crédito a lo que había presenciado.

-¿Te encuentras bien? –Preguntó Ashton.

Él solo la miró, abrumado.

-Yo… lo siento, creí que… Creí que se la habían llevado esta mañana…

Ashton le indicó que se sentara en una silla, parecía que el chico iba a entrar en shock.

-Tranquilízate, no ha pasado nada.

-¡¿Qué no ha pasado nada?! ¡Una serpiente venenosa casi te muerde! ¡Podrías haber muerto por su veneno!

Ella se encogió de hombros. Abrió su mochila y sacó su otra botella de agua para entregársela a Timothy.

-Pero no me ha mordido –dijo calmada. –He cogido la otra cápsula también, por si quieres esconderla en otra jaula –expuso poniéndola encima de una mesa cercana.

El chico asintió, bebiendo agua hasta que templó sus nervios. Cuando el ritmo de su respiración se reguló, Ashton se preparó para ir en busca de Fudo.

-Espera –llamó él, -¿cómo… cómo has podido reaccionar tan rápido? La velocidad de tus reflejos ha sido increíble, si hubieses tardado solo una milésima de segundo más, ahora mismo estarías muerta…

Ella sonrió, se acercó a él y susurró en su oído, como si fuera un secreto que nadie más podía escuchar:

-Sé que ninguno me creísteis antes, pero me he entrenado con los SEALS desde que tenía 14 años.

Capítulo 5 por Kala1411

Se equivocó la paloma,

se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur,

creyó que el trigo era agua.

Creyó que el mar era cielo,

que la noche, mañana.”

 

-Es un poema de un escritor español, Rafael Alberti –dijo Fudo a las afueras del centro veterinario.

Ashton abrió su mapa y empezó a analizarlo. Se habían sentado en el césped, a la sombra del edificio, mientras comían algunas barritas energéticas.

-Veamos, nosotros estamos en la zona este del campus en este momento, el edificio de Ciencias de la Salud estaba en la parte oeste.

-¿Dónde estaba la mansión de la fraternidad? –Preguntó el chico.

-En la parte sudoeste del campus. Estamos casi en el centro del campus, hay casi 15 kilómetros tanto para el norte como para el sur. Creo que en esta parte deberíamos separarnos e ir cada uno a una dirección.

-Sí, ¿pero qué buscamos concretamente?

-No lo sé. A ver, analicemos detenidamente el poema. La paloma se equivocó y fue al sur, encontrando “agua”, “cielo” y “mañana”.

-¡La piscina olímpica del campus! –Exclamó Fudo.

Tras unos segundo meditando, Ashton entendió lo que su compañero quería decir.

-Bien, pues tú irás al sur, en busca de la piscina. Yo me dirigiré al norte e intentaré averiguar lo que significa la otra parte del acertijo.

-Pero con tanta distancia, los walkie talkies no funcionarán, ¿cómo sabremos quién ha encontrado la última pista?

Ella se paró a pensar un momento.

-Saca el reloj de pulsera que nos metieron en la mochila –indicó. -¿Cuánto crees que tardarás en llegar hasta el pabellón de la piscina?

-Son 15 kilómetros, así que unos… 40 minutos –respondió él avergonzado.

-Vale, yo puedo llegar al norte del campus en 15 minutos, lo que me dará tiempo para pensar en la otra parte del poema. Haremos lo siguiente: tú irás hacia el sur e intentarás encontrar la pista, si no la encuentras, dirígete hacia la mansión y espérame allí. Creo que podremos tardar una hora cada uno en nuestras respectivas zonas. El que encuentre la pista se irá directamente hacia el porche de la mansión y esperará allí al otro.

-De acuerdo –dijo Fudo.

 

 

Al ritmo al que estaba acostumbrada, Ashton se dirigió al norte, pensando en el poema. El “norte” estaba relacionado en el poema con las palabras “trigo”, “mar” y “noche”. En aquella zona del país no había una gran producción de trigo, sin embargo recordaba haber leído algo relacionado con ese cereal y la Universidad de Berkeley.

-Piensa, Ashton, piensa –se decía a sí misma.

En la parte norte del campus había cuatro edificios que marcaban el final del territorio universitario: las facultades de Ciencias Sociales, Medicina, Derecho y un pequeño centro de salud. Tuvo que pararse frente a ellos para intentar pensar con claridad.

-A ver, que sé sobre… el trigo y California… el trigo y California… el trigo y el mar… California y el mar… el trigo y la noche… -y de repente, se acordó.

Corrió hacia la facultad de Ciencias Sociales y la atravesó hasta llegar a un pequeño patio interior, y allí, rodeada de diversos árboles, encontró una placa conmemorativa.

Aquí se alza este monolito en memoria de todos los estudiantes caídos durante el incendio acaecido en la noche del 27 de mayo de 1890.

Requiestcat in Pace.”

 

Según había leído en un artículo cuando investigaba sobre aquella Universidad, y si no recordaba mal, esa noche se desató una tormenta eléctrica como nunca antes se había visto. Provocó muchos destrozos a lo largo y ancho de toda California, pero la peor parte se la llevó aquella zona, pues un relámpago tocó tierra en un campo de trigo y todo se volvió un infierno. Periódicos nacionales lo describieron como un mar de fuego y horror en el que sucumbieron las esperanzas de vida de muchos granjeros y sus familias. Pero hubo unos estudiantes y profesores de la antigua universidad que no dudaron en salir para intentar sofocar las llamas. Algunos de ellos perecieron y ni siquiera se les pudieron entregar sus restos a las familias para darles sepultura. Por ello, la Universidad decidió plantar aquellos árboles en su  memoria.

Ashton conocía esa sensación, la de ir a visitar a los muertos a tumbas vacías o a monolitos como aquel porque no se habían podido conseguir sus cuerpos. Respiró profundamente, sobrecogida por el significado de aquel lugar. Tras varios minutos, empezó a pasear por los árboles, inspeccionando sus ramas para localizar la pista. Hasta que se percató de unos ramos de flores colocados a los pies de un gran naranjo.

Las flores eran frescas, por lo que dedujo que no debían llevar allí mucho tiempo. Se agachó, apartó los ramos con cuidado y descubrió un gran cartel de madera con una frase tallada: “Mientras lees estas palabras, pregúntate por tu hermano”.

Ashton se levantó poco a poco, procesando esas palabras y lo que significaban.

Fudo estaba en peligro.

Capítulo 6 por Kala1411

Como si los demonios la llevasen, salió corriendo de aquel patio. Cuando estaba a punto de salir, se chocó con alguien y ambos cayeron al suelo.

-¡Ten más cuidado, imbécil! –Dijo exasperado Dennis.

Ella le miró y lo cogió por los hombros.

-¿Dónde está tu compañero? ¿Dónde está Gary?

-¿Por qué iba a decírtelo? Eres mi rival ahora mismo.

-Si Gary ha ido al sur del campus, a la piscina olímpica, igual que Fudo, ambos están en peligro.

-¿Qué coño estás diciendo?

Ya se habían puesto los dos de pie y Ashton estaba decidida a no perder ni un segundo más. Salió corriendo por la puerta del edificio, y cinco segundos después, Dennis estuvo a su lado. Al parecer, el chico le había hecho caso.

-Joder, sí que eres rápida –comentó él.

Ashton ni siquiera le contestó, estaba centrada en llegar hasta la piscina y ayudar a Fudo.

Veinte minutos después, se encontraban a las puertas del pabellón donde se localizaba la piscina. Subieron las escalinatas del edificio y abrieron las puertas, jadeantes, al tiempo que vieron desde el hall del pabellón como los demás miembros de la fraternidad rodeaban el extremo opuesto de la piscina. Ashton y Dennis se pararon en seco.

No había ni rastro de Gary ni de Fudo.

-Estas son vuestros certificados de aceptación en la fraternidad Alpha Omega –dijo Mark en voz alta mientras alzaba los documentos. –Empezarán a arder ahora mismo, y vosotros tenéis que decidir qué salvar primero, si vuestros respectivos certificados –acercó una cerilla encendida hasta que los papeles empezaron a arder y los soltó en un cuenco, -o a vuestros compañeros…

Señaló aquel extremo de la piscina y tanto Ashton como Dennis pudieron ver a sus parejas en el fondo de la piscina. Ella se apresuró a tirar su mochila y saltar al agua, él corrió hasta el cuenco para salvar el documento.

Fudo y Gary estaban atados de pies y manos, con pesas de gimnasio en los extremos de las cuerdas. El joven asiático parecía a punto de desvanecerse por la falta de oxígeno, así que Ashton se apresuró a desatar las cuerdas y sujetarlo por las axilas mientras buceaba hacia la superficie. Fudo reaccionó cuando sintió el contacto del aire en la cara y se supo a salvo. Un par de miembros de la fraternidad le ayudaron a salir de la piscina.

Ashton giró la cabeza, buscando a Gary.

-El otro aún sigue ahí abajo -dijo uno de los chicos que estaba ayudando a Fudo.

No se lo pensó y volvió a sumergirse. Después de las pruebas, la ardua carrera desde el otro extremo del campus, los nervios por la seguridad de su compañero y la inmersión para salvarle, a Ashton no le quedaba mucho oxígeno en sus pulmones. Empezaron a dolerle y su vista se tornó un poco borrosa, pero si no llegaba ella hasta el chico, cualquiera de los otros tardaría más en salvarle y esos segundos podían ser la diferencia entre un susto y una tragedia.

Le costó más tiempo deshacer los nudos de Gary, su mente no estaba tan clara en aquellos momentos, pero lo consiguió. Sujetó al joven por las axilas y buscó desesperadamente la superficie. Jadeó cuando su cabeza estuvo por encima del agua, pero Gary no reaccionó de la misma forma. Ni siquiera se inmutó.

Nadó lo más rápido que pudo hasta el borde de la piscina y varios miembros de la fraternidad sacaron a Gary.

-No reacciona –avisó ella mientras llegaba hasta la escalera más cercana.

Uno de los chicos de la hermandad empezó a hacerle la maniobra de respiración, y unos horribles segundos después, Gary empezó a escupir agua.

Ashton estaba empapada, se había quedado de rodillas cuando había conseguido salir de la piscina, recuperando fuerzas.

-Ten –alguien le ofreció una toalla y ella la aceptó de buen agrado.

Se tumbó sobre el frío suelo para calmar su agitado corazón y pudo ver al mismo chico de antes. Era rubio y parecía atractivo, le estaba sonriendo sin apartar sus ojos de ella.

-Gracias, por la toalla, por ayudarme con Fudo y por avisarme con Gary.

-El idiota de su compañero reaccionó de la manera imprevista, se suponía que debía tirarse al agua para salvarle, tal como has hecho tú –se agachó un poco para estar a su altura cuando ella se sentó. –Soy Kyle.

Ella sonrió ante su amabilidad.

-Soy Ashton –le ofreció su mano.

Él se la estrechó con una media sonrisa.

-Créeme, lo sé –la ayudó a ponerse de pie.-Has demostrado una gran lealtad hacia alguien que era un desconocido para ti, incluso por tus rivales, no muchos hacen eso.

Ella se encogió de hombros, quitándole importancia a sus palabras.

-Ashton –Fudo llegó hasta ella, -muchas gracias por salvarme. Podrías haber ido por el papel y haber asegurado tu sitio en la fraternidad, pero elegiste ayudarme.

-Por supuesto –dijo ella extrañada ante las palabras del chico. -Eres mi compañero y no iba a dejarte atrás.

Mark carraspeó para llamar la atención de todos. Los candidatos se situaron en una fila frente a él, quien no disimulaba su descontento por la evolución de los acontecimientos.

-Solo Dennis ha conseguido su documento de aceptación como miembro de la fraternidad –el susodicho ensanchó aún más su sonrisa de satisfacción. –Sin embargo, tu compañero casi muere ahogado. Has antepuesto tu beneficio personal al bienestar de Gary –declaró dirigiéndose específicamente a él. -¿Cómo has podido actuar de una forma tan egoísta?

-Se trataba de él o de mí –dijo a modo de explicación.

-Eres un cabrón –soltó Gary con las facciones deformadas por el enfado.

Se notaba que quería pelear con Dennis, pero se abstuvo para no empeorar más la situación.

-¿Cómo pretendes entrar en nuestra fraternidad tras haber actuado así? Ninguno de nosotros confiará nunca en ti –sentenció Mark.

-Tengo el documento que he salvado del fuego –dijo Dennis alzándolo.

-¡Ningún puto documento vale más que la vida de un compañero! –Estalló el Alpha. -¡Jamás entrarás en nuestra fraternidad!

Dennis no daba crédito a lo que escuchaba. Pasados unos segundos y sin dejar de mirar con un profundo odio a Mark, arrugó el papel en una pelota y se la tiró.

-¡Que os jodan a todos, gilipollas! –Gritó antes de irse.

A ninguno de los miembros le gustó aquella reacción, y era algo tácito que la situación con Dennis no quedaría ahí, sino que buscarían alguna forma de vengarse por esa falta de respeto hacia su presidente y hacia todos los miembros.

Mark se paró frente a Ashton y a Fudo.

-Me habéis impresionado –admitió. –Habéis superado las pruebas con habilidad, inteligencia y rapidez. Y aunque soy reacio a aceptar a una chica entre nuestras filas, creo que podemos hacer una única excepción con la señorita Jones si los demás miembros están de acuerdo.

El pabellón se inundó con el eco de los aplausos y vítores de los miembros. Ashton y Fudo se miraron con la boca abierta, y el chico no pudo evitar abrazarla por la emoción. Gary, cabizbajo y avergonzado, empezó a alejarse de la fila para salir de aquel lugar.

-Como los nuevos miembros de nuestra fraternidad, os concederemos el primer favor que pidáis –anunció con una actitud magnánima el presidente.

-Ashton, pide lo que tú quieras –dijo Fudo. –Tú has hecho mucho más que yo en estas pruebas y te lo mereces.

Ella sonriente, se decidió con suma facilidad.

-Quiero que se haga una excepción más el año que viene, y que Gary sea admitido como candidato de nuevo para entrar en la hermandad.

El aludido se paró en seco, con la mirada fija en la chica. Todos esperaban la respuesta del Alpha a esa petición.

-De acuerdo, el año que viene lo tendremos como un candidato si él también lo desea.

Gary asintió, con una leve sonrisa y actitud agradecida.

-Gracias, Alpha.

Se fue de forma disimulada mientras la fraternidad Alpha Omega le daba la bienvenida a sus nuevos miembros.

Capítulo 7 por Kala1411

El atardecer caía rápidamente sobre el campus mientras los miembros de Alpha Omega se dirigían a la mansión, entusiasmados por saber cómo iba a ser la convivencia con aquella extraña chica. Ashton estaba muy ilusionada con sus nuevos compañeros, siempre se había sentido más cómoda cuando estaba rodeada de gente, era como había vivido toda su vida.

-Oíd, ¿puedo haceros varias preguntas? –Inquirió Ashton.

Todos los miembros respondieron de forma afirmativa.

-¿De quién fue la maravillosa idea de llenar la vagina de la muñeca de silicona con semen? –Preguntó entre asqueada y divertida.

Todos empezaron a reírse.

-¡Fue idea mía! –Gritó un chico de piel morena corriendo para ponerse a su lado. –Hola, mi nombre es Jason, soy el miembro Delta y déjame decirte que el look mojado te sienta fenomenal pequeña.

-Perdónalo –dijo Matthew a sus espaldas. –Las camisetas mojadas son su fetiche personal, uno de tantos que tiene.

Ella se rio.

-Pero, ¿de quién era el semen?

-Querrás decir de quiénes –especificó Jason.

-¡Oh, Dios! ¡No! ¡Retiro la pregunta! ¡No quiero saberlo!

Las carcajadas del grupo resonaban por el campus, pero los demás estudiantes no se molestaban por el jaleo, estaban acostumbrados a ese tipo de comportamiento de aquella fraternidad.

-Vale, ¿y el nombre del centro veterinario? ¿Por qué se llama “El conejito de Lara”?

-Verás, ese centro se creó en 2001 gracias a nuestra fraternidad –empezó a explicar Adam, el miembro Upsilon.- Fue el mismo año en el que se estrenó la primera película de Lara Croft, ya sabes, la arqueóloga interpretada por Angelina Jolie –gimió de forma placentera cuando dijo el nombre. –Y nuestros antiguos hermanos centraron sus fantasías sexuales en ese personaje, así que en honor a todas las noches que fantasearon con su “conejito”, decidieron llamar así al centro.

Ashton hizo un sonido parecido a una arcada, pero no pudo evitar reírse.

-¡Oh, y por cierto! –Exclamó de repente Jason, recordando algo.- No estamos tan desesperados para utilizar muñecas de plástico como desahogo sexual. Para tu información, todos tenemos a muchas tías que nos suplican que nos acostemos con ellas.

Ella le miró de reojo.

-Ajam… ¿Y cómo sabes que hice ese comentario? Yo estaba sola en laboratorio y solo me estaba escuchando Fudo por el walkie.

El silencio se hizo presente, solo interrumpido por el tortazo que Matthew le pegó a Jason en la parte trasera del cuello.

-Teníamos que asegurarnos que no hacíais trampas o corríais peligro –explicó Kyle de forma calmada. –Andrew y Ray son los informáticos del grupo, hackearon las cámaras de seguridad del campus y la frecuencia de los walkie talkies.

-Mm… Entonces… ¿Todos visteis lo que pasó en la sala de reptiles?

-Sí –contestó Kyle suspirando.

-¿Qué ocurrió en la sala de reptiles? –Preguntó Fudo.

-Nada, solo que conseguí la pista –dijo Ashton sonriendo.

Nadie lo desmintió, si Fudo no lo había visto, era mejor que no lo supiera, al fin y al cabo hasta a ellos mismos les costó creer lo que vieron sus ojos.

 

 

Cuando entraron en la casa, Mark se paró frente a Ashton para hablar con ella.

-Escucha, Ashton, te dejaremos una habitación personal para ti sola, pero todos los baños de la casa son compartidos. No tienes que preocuparte por la higiene, todos limpiamos religiosamente las áreas comunes y los baños una vez por semana, y tras una fiesta contratamos a un servicio de limpieza. Pero debo advertirte sobre nuestras costumbres –expuso cruzando los brazos.

-Bien, ¿y cuáles son? –Preguntó ella imitándole.

-Muchos suelen pasearse desnudos, no se sienten acomplejados por sus cuerpos, y si eso te incomoda, tenemos un problema.

-Tranquilo, estoy acostumbrada a ver gente desnuda. Las duchas de la Academia Militar eran mixtas.

Mark se la quedó mirando, su cerebro se había quedado pillado, al igual que el de muchos a su alrededor, imaginándola en aquellas duchas. Pero tras unos segundos, volvió a la realidad.

-Vale, pues otra cosa: pasan chicas por aquí. Solemos traer a muchas y en ocasiones pasan la noche aquí. No te sorprendas ni las mires mal cuando las veas por la mañana.

-¿Por qué iba a mirarlas mal?

-Las tías os juzgáis mucho entre vosotras –respondió Jason.

-Yo no soy nadie para juzgar los actos de los demás, mucho menos para jugar a las chicas que disfrutan de su sexualidad.

-¿De dónde vienes? ¿Eres de Marte o algo así? –Preguntó Henry, el miembro Zeta.

-No, es como me han educado –dijo ella sonriendo. -¿Hay algo más?

Mark la miró serio durante unos segundos.

-Supongo que esas son las cosas más urgentes que debía decirte. Si creo, o alguno de los demás miembros cree necesario decirte algo más que debas saber para convivir con nosotros, se te hará saber. Y si en algún momento decides que todo esto te abruma y quieres irte, lo comprenderemos.

-Creo que podré sobrevivir –dijo ella riendo.

Capítulo 8 por Kala1411

 

Tras darse una ducha relajante y ponerse un cómodo pijama, Ashton empezó a ordenar su nueva habitación. El tamaño era similar a la que tenía en su casa, el colchón era cómodo y las vistas eran geniales, podía dormir viendo las luces de la ciudad si quería. Estiró los músculos y se dispuso a bajar para cenar algo.

La mayoría de los chicos se habían puesto sus pijamas y empezaron a abrir las cajas de las veinte pizzas que habían pedido. El olor hizo que su estómago rugiera, llamando la atención de todos en el comedor.

-Guau, parecía un león en vez de tu estómago –bromeó Timothy.

La camaradería se respiraba en el ambiente, todos reían y charlaban de cosas triviales.

-¿Qué bebida tomarás? –Le preguntó Jason mientras ella cogía el primer trozo de pizza.

-Agua.

-¿Estás de coña? Aquí solo utilizamos el agua para ducharnos y limpiar –dijo Victor, el miembro Chi.

-Soy menor de edad.

-Aquí ya consideramos los 18 como la mayoría de edad, nena.

-Sí, pero yo tengo 17 –respondió riéndose ante sus expresiones. –Cumpliré 18 en diciembre.

Estaba descubriendo que era muy fácil reírse con sus nuevos compañeros. Tras varios trozos de pizza y presentaciones del resto de miembros de la fraternidad que aún no había tenido la oportunidad de conocer, Matthew la invitó a sentarse en un cómodo sillón.

 -Ashton, ya escuchaste las condiciones de Mark para convivir con nosotros, pero dinos, ¿hay algo que debamos saber de ti? ¿Alguna manía o rareza?

Ella pensó durante unos instantes.

-Supongo que debo advertiros sobre mis periodos. Veréis, cuando estoy en esos días del mes suelo volverme un poco loca y me comporto más rara que de costumbre, así que no me lo tengáis en cuenta. Lo peor solo me dura un par de días.

Todos los presentes empezaron a reírse, pues ya sabían de esos síntomas en las chicas cuando tenían la menstruación y creían que con ella sería igual…

Solo era cuestión de tiempo que descubrieran lo equivocados que estaban.

 

 

Sus clases eran muy interesantes: Biología, Matemáticas, Psicología, Filosofía… Aún no tenía muy claro que carrera quería estudiar, pero no tenía prisa en averiguarlo. Paul y John le aconsejaron que disfrutara de su primer semestre y fuese acostumbrándose al nivel de exigencia de la Universidad.

Había sido la más madrugadora de la mansión, y por lo que vio en la cafetería, también del campus. Miraba todo el lugar con una mezcla de entusiasmo e impaciencia. Estaba deseosa de empezar las clases y conocer a más gente. Primero tenía Matemáticas, en un edificio cercano a la cafetería, por lo que paseo tranquilamente con su café hasta llegar al edificio de ladrillos rojos.

Buscó su aula y entró en ella, pero no había nadie. Miró su reloj de pulsera, extrañada, pues solo quedaban 5 minutos para que llegase la profesora y no había entrado ningún estudiante aparte de ella.

A las 8 en punto, una mujer mayor y con cierto aire de sofisticación, entró en el aula. Andaba completamente recta, con la cara en alto y sujetando con firmeza su maletín. Su porte era sereno, su pelo tenía algunas betas blancas y estaba recogido en un apretado moño. Llegó hasta el escritorio y empezó a sacar sus cosas, aun sin percatarse de la presencia de Ashton.

-Bueno, a modo de broma –empezó a decir abriendo una revista,- me comprometo a subir un punto en el examen final a todos los alumnos que se encuentren aquí ahora.

Soltó una risita petulante, creyéndose aún sola.

-Entonces, ¿ya tengo un punto en su materia? –Preguntó Ashton sonriente.

La mujer levantó la cabeza de golpe y la vio.

-¿Qu-Quién es usted?

-Mi nombre es Ashton Jones, encantada.

La mujer abrió la boca brevemente.

-¿Cómo dice? –Su expresión incrédula divirtió a la chica.- ¿Usted es… Ashton Jones?

Ella asintió y la profesora empezó a buscar desesperadamente en su archivador, hasta que encontró con su historial académico.

-¿Usted es el alumno que viene de una Academia Militar?

-Así es, pero soy una alumna –dijo ella riéndose.

La mujer parecía no poder salir de su asombro, y solo la observó boquiabierta durante un minuto sin saber qué decir.

-Comprendo su confusión, no es la primera vez que me pasa.

La profesora carraspeó y se levantó de su asiento para acercarse a Ashton y observarla más de cerca.

-Soy la Profesora Rita Smith, encantada de conocerla –se paró a un metro de la mesa donde se había sentado ella. –Realmente me ha sorprendido encontrar aquí a una estudiante, por todos es sabido que el primer día de una asignatura no se hace nada.

-¡Oh! Yo… no sabía eso…

-Bueno, no te preocupes. En realidad, tenía curiosidad por conocer al alumno que procedía de la Academia Militar… -la mujer la miró por encima de sus gafas sonriéndole. –Es decir, a la alumna… Quería saber qué nivel tenías en la madre de las ciencias, las Matemáticas. ¿Has estudiado Geometría o Álgebra Básica?

-Sí, y Álgebra Lineal también, es mi parte favorita además de la Probabilidad y la Estadística… La Geometría no me atrae tanto, sin embargo.

La mujer se tapó la boca con las manos, sus ojos se llenaron de lágrimas.

-¿Se encuentra bien, Profesora Smith? –Ashton se levantó de su asiento preocupada.

La mujer le quitó importancia agitando su mano.

-Disculpa, es la emoción. Nunca había tenido una alumna de primero que mostrase tanto entusiasmo por las Matemáticas. Tranquila, se me pasará –la mujer se sentó a su lado en el pupitre. –Háblame de ti, quiero conocerte mejor.

Capítulo 9 y Capítulo 10 por Kala1411
Notas de autor:

Subiré en un mismo post los capítulos 9 y 10 hoy, puesto que no sé si mañana tendré ocasión de conectarme.

 

Capítulo 9

 

 

Tras asistir a todas las clases que tenía ese día y sorprender, no solo a la Señora Smith, sino a todos los profesores, Ashton fue al comedor de la parte sur del campus. Divisó a casi todos los miembros de la fraternidad en una gran mesa y fue a sentarse con ellos cuando pagó su comida.

-¿Dónde has estado toda la mañana? –Preguntó Matthew.

-He ido a las clases –respondió ella como si fuera algo obvio.

Jason bufó.

-Nadie va a clases el primer día, creí que lo sabías. Seguramente te habrás aburrido un montón.

-¡Qué va! Me lo he pasado muy bien, he conocido a casi todos mis profesores y he hablado con ellos de cosas muy interesantes.

Los chicos la miraron extrañados, pero ella los ignoró y empezó a comer su primer plato. Fue entonces cuando todos se dieron cuenta de la ingente cantidad de macarrones que había en el plato de Ashton.

-¿Serás capaz de comerte todo eso? –Preguntó Frank. –Es lo mismo que como yo, y estoy en el equipo de Futbol Americano.

Ella asintió mientras masticaba.

-Comer es una de mis pasiones –dijo entre bocado y bocado.

-Disculpa nuestro escepticismo, pero no conocemos a muchas chicas que sean capaz de acabarse tanta comida –dijo Matthew.

Victor le dio un codazo disimulado a Jason.

-Bueno, y para futuras referencias, ¿qué te gusta comer? –Preguntó.

Todos los de la mesa entendieron el doble sentido de la pregunta, pero Ashton no.

-De todo.

-Ajam… Y si te pidiera que me dijeras tu fruta favorita, sería…

Ella estuvo un momento pensando.

-Supongo que el plátano.

Empezaron a reírse como adolescentes en celo, y ella los miró con una ceja levantada, sin entender la broma, mientras cambiaba su plato vacío por el lleno y no se demoraba en empezarlo.

-Y en el caso de ser una verdura… ¿Cuál elegirías? –Fue el turno de Frank.

Ashton lo pensó por unos momentos, pero cuando iba a contestar, tres chicas se pararon al lado de la mesa donde estaba.

-Perdona, ¿quién eres y por qué estas sentada en la mesa de la fraternidad Alpha Omega?

Le preguntó directamente una rubia de ojos claros y cuerpo de modelo, pero con cara de pocos amigos.

-Mm… Soy miembro de la fraternidad –respondió Ashton.

Las tres bufaron con desprecio.

-Es cierto, Daisy –intervino Mark. –Ayer pasó las pruebas y mañana por la noche se hará oficial su ingreso.

-¡¿Qué?! ¿Has perdido el juicio? Es una chica, no puede entrar en vuestra fraternidad.

-Ellos me enviaron una carta –expuso Ashton sin dejar de comer.

-Me da igual –la rubia la miró con ira. –No puedes pertenecer a una fraternidad de chicos.

-Bueno, aunque puede llegar a comprenderse la confusión Daisy –habló una de sus amigas. –Mira cómo va vestida, parece un chico.

Daisy la observó detenidamente y soltó una leve risita.

-Es un marimacho –dijo la tercera chica.

Las agudas carcajadas y los comentarios despectivos no molestaron a Ashton, ella siguió comiendo tranquilamente, centrando su atención en su delicioso plato.

-Daisy, basta –ordenó Kyle.

-¿Por qué? Solo estamos hablando con ella… perdón, él…

Más carcajadas. Esta vez, otros estudiantes empezaron a prestar atención a lo que sucedía en la mesa de la fraternidad y se percataron de la presencia de Ashton.

-Daisy, será mejor que te vayas ahora –dijo educadamente Mark.

-¿Por qué, cariño? Hasta hace unos meses te agradaba mi cercanía… -el comentario no pasó desapercibido para ninguno.

Ashton levantó la cabeza levemente al percatarse del cambio en el ambiente entre sus compañeros. No sabía lo que pasaba, y realmente no había escuchado lo que aquella chica había dicho para crear esa atmósfera de incomodidad, pero supo que era mejor preguntárselo en privado a algún miembro.

Se dio cuenta que faltaba el postre en su bandeja, así que se levantó para ir a buscarlo.

-¿Dónde te crees que vas? –Inquirió la chica rubia. –Estamos hablando contigo.

Ella la miró sorprendida.

-Oh… ¿Estabais hablando conmigo todo el tiempo? Es que no os estaba haciendo caso –dijo encogiéndose de hombros.

-¿Cómo dices? Serás…

-Disculpa –cortó Ashton, -quiero ir a buscar mi postre. Si pudieras esperar un minuto, podríamos seguir con la charla y así me explicas qué me has dicho antes.

Se dio media vuelta y anduvo a paso ligero hasta la cantina, temerosa de no encontrar ningún postre. Los miembros de la fraternidad soltaron algunas risitas ante la actitud tan tranquila de su nueva compañera, pero Daisy y sus amigas estaban indignadas, casi se podía ver el humo saliendo de su cabeza.

Miró a Mark y a Kyle para decirles algo, pero al ver que ellos también se estaban riendo, simplemente se fue seguida de las otras dos.

-Deberíamos avisar a Ashton – avisó Scott, el miembro Eta y alumno de último año. –Daisy puede llegar a ser muy peligrosa si se lo propone.

 

 

Capítulo 10

 

 

-Así que mañana me convertiré oficialmente en miembro de la fraternidad, ¿no?

Estaban preparando la gran mesa de comedor para la cena. Al parecer, Lewis, Bob y Peter eran los que mejor se manejaban entre fogones, pero rara vez preparaban tanta comida por la cantidad de personas que eran. Sin embargo, todos creyeron conveniente estar reunidos esa noche para contarles a Ashton y a Fudo lo que ocurriría al día siguiente, en la ceremonia de ingreso a la fraternidad.

-Exacto –contestó Matthew. –Pero hay un ritual para que se haga oficial, y queremos explicártelo. No sabemos si estarás de acuerdo con el procedimiento que seguimos.

Una vez colocados todos los cubiertos, las fuentes de comida empezaron a salir de la cocina y se repartieron por toda la mesa. Los nuevos miembros debían sentarse a la izquierda del Presidente y frente a los tres miembros más importantes del Consejo: Kyle, Matthew y Jason.

Todos los miembros se sentaron y comenzaron a llenar sus platos mientras Mark iniciaba su explicación.

-El ritual de iniciación se lleva a cabo en colaboración con la otra gran hermandad del campus, la Hermandad Femenina Delta. Los miembros de la fraternidad –dijo señalando a todos los presentes, - iremos con un disfraz de griego negro, la única diferencia con ustedes será que llevaréis cintas rojas atadas al cuello. Las chicas que ingresan este año en la Hermandad Delta llevarán túnicas de color rosa. El ritual se celebrará aquí, en el patio trasero, porque hay más espacio. Empezará la Presidenta de la Hermandad femenina, dirá el nombre de la primera chica y ella será guiada a una plataforma. La chica podrá decir el nombre por el que  se identificará durante su estancia en la Hermandad. Para sellar de forma oficial su estatus como nueva integrante, se le vendarán los ojos y esperará a que unos de los miembros de nuestra fraternidad se suba a la plataforma y la bese.

-¿Ella elige al chico? –Preguntó Ashton.

-No, lo elegimos nosotros.

-¿Por qué?

-Porque si no habría miembros que nunca serían elegidos, como Bob o Lewis –respondió con sorna Jason.

Los aludidos hicieron sonidos indignados, pero los demás rieron.

-O como yo –musitó Fudo, tan bajo que Ashton creyó que había imaginado el comentario.

-El procedimiento es el mismo para los miembros de nuestra fraternidad –continuó Mark. -Elegís la letra que os representará, os vendamos los ojos, una chica os besará durante unos segundos y todo habrá acabado. El resto de la noche será una fiesta de los dos grupos, pero seguramente se sumen más personas pasada la medianoche.

-Entiendo… -comentó Ashton.

-Queríamos hablarlo contigo para saber qué quieres hacer –expuso Kyle mirándola. –Eres la primera chica en nuestra fraternidad, y comprendemos que puedas sentirte incómoda si tuvieses que besar a otra chica.

-No me incomoda tener que besar a otra chica –dijo ella con naturalidad.

La gran sala se quedó en silencio, todos los chicos la miraban fijamente.

-¿Eres homosexual? –Se atrevió a preguntar Matthew.

-No lo sé.

-¿Cómo que no lo sabes? –Inquirió Jason. –Esas cosas se saben desde los 13 años.

-Bueno, no puedo saber si me gusta algo que no he probado todavía –dijo ella en tono defensivo. –Tú has besado a muchas chicas seguramente y sabes que te gustan, pero respóndeme: ¿has besado a algún chico?

-¡Claro que no! No me gustan los tíos.

-¿Y cómo puedes estar tan seguro si nunca has besado a uno? –Interrogó ella.

Jason abrió la boca para replicarle, pero no supo encontrar una respuesta sensata, así que solo le salió decir:

-¡Pues porque lo sé, joder!

Ashton no pudo evitar reírse ante su expresión de desconcierto.

-Mirad, os agradezco vuestra amabilidad, pero iba en serio cuando dije que no quería ningún tipo de favoritismos solo por ser una chica.

-Entonces… ¿Quieres que tu ritual se complete con… una chica? –Preguntó Adam para asegurarse de no haber entendido mal. –Porque a ninguno de los presentes nos importaría sacrificarnos para ayudarte a completar tu ingreso.

-Os lo agradezco, pero en serio, quiero que sea como es la costumbre –dijo ella complacida.

Capítulo 11 y Capítulo 12 por Kala1411
Notas de autor:

Por los mismos motivos que el otro día, subiré en un mismo post los capítulos 11 y 12. 

Espero disculpéis las molestias. 

Capítulo 11

 

 

El sábado por la mañana, Ashton salió a correr temprano. Estuvo una hora recorriendo la parte de la ciudad más cercana al campus y descubrió algunas tiendas muy interesantes. Se sintió feliz solo de poder hacer eso, correr hasta la extenuación y volver al campus dando un tranquilo paseo, mirando todo lo que la ciudad podía ofrecerle mientras escuchaba música por sus cascos.

Entró en la casa silbando y se dirigió hacia su habitación en el pasillo izquierdo de la segunda planta. El baño que le correspondía estaba cerca de su cuarto, y la puerta se abrió en ese momento, saliendo Kyle con solo una toalla a la cintura y algunas gotitas resbalando por sus pectorales.

-Buenos días –saludó ella.

-Buenos días –dijo sonriendo.

Ashton entró en su habitación para coger su neceser y lo que iba a necesitar para darse una ducha rápida.

-¿Así que iba en serio eso de no importarte si nos ves desnudos? –Preguntó Kyle desde la puerta.

-Sí –respondió ella riéndose. -¿Por qué os resulta tan extraño?

-Supongo que porque estamos acostumbrados a que se nos echen encima cuando nos ven con tan poca ropa.

Ella se acercó a la puerta para dirigirse al baño, quedando muy cerca de él.

-¿Eso no se consideraría acoso? –Inquirió ella con el ceño fruncido.

Él cruzó los brazos y se quedó pensativo durante unos segundos.

-Supongo que sí, pero le hace mucho bien a nuestro ego masculino… Sin embargo, tu indiferencia hacia mi musculado torso hace que mi ego se desinfle como un globo –bromeó.

Ella se rio y cerró la puerta de la ducha. Kyle se dirigió a su respectivo cuarto, pensando en lo bien que olía el sudor de su nueva compañera.

 

 

Ashton tardó alrededor de 10 minutos en el baño, no se demoraba mucho tiempo porque no sabía maquillarse ni tenía ningún tipo de ceremonia que implicase productos como cremas. Abrió la puerta llevando sus pertenencias y se encontró de frente con Jason completamente desnudo y bostezando cual león en la sabana africana.

-Buenos días, Jason –saludó ella alegremente.

-Bu-Buenos… -él rápidamente se tapó la entrepierna con ambas manos –…días… Ashton…

El chico se apresuró a entrar en el baño y cerró la puerta.

 

 

Ashton ordenó un poco su cuarto antes de bajar a desayunar. La cocina de aquella mansión le había impresionado cuando llegó, pues no esperaba que fuese tan grande. Los tonos beige y verdes alegraban la estancia y parecían guardar los rayos de sol que entraban por las ventanas durante más tiempo. Todo era tamaño industrial dada la cantidad de personas que vivían allí, incluso la mesa que ocupaba la parte central de la cocina medía alrededor de 10 metros según sus cálculos.

Algunos de los miembros estaban despiertos y se preparaban sus respectivos desayunos. A Ashton no le sorprendió contar hasta 4 cafeteras de las mejores marcas. Saludó, con un derroche de vitalidad, a sus compañeros y empezó a preparar sus tostadas, un plato de beicon y huevos revueltos, todo ello acompañado de un zumo de naranja y un café.

No fue hasta que se sentó en la mesa, con su desayuno al completo, que se percató de las miradas de los demás.

-Lo siento –dijo  Bob, el miembro Lambda, -creo que nos costará acostumbrarnos a ver todo lo que comes.

Ella rio mientras empezaba a devorar, literalmente, el beicon. Poco a poco, los demás miembros empezaron a entrar en la cocina, algunos con más sueño que otros. Hablaban animadamente de cosas banales: clases, comida, deportes… Y por supuesto sexo, ese siempre era el tema central en aquella casa.

Ashton ya había terminado con sus platos y el zumo, así que se echó para atrás para disfrutar de su café mientras observaba la atmósfera animada que había en la cocina. Eso le recordó que debía preguntarle a alguien, seguramente a Matthew, Adam o Jason, acerca de lo que pasó el día anterior durante el almuerzo, cuando llegó aquella chica rubia. No se había olvidado de la mala sensación que la embargó.

-Está bien, señorita –Jason se sentó frente a ella con un enorme bol de cereales. –Llevas ventaja y eso no es justo.

-¿De qué hablas?

-Me has visto como mi santa madre me trajo a este mundo, y seguramente veas a muchos más de nosotros de la misma forma en los próximos días –el chico se cruzó de brazos para dar más énfasis a sus palabras, -por lo que creo que lo justo sería que nosotros te viésemos a ti igual.

-¿Te refieres a… verme desnuda?

-¡Exacto! –Exclamó él señalándola con su cuchara.

-Ya… Tienes razón en lo que dices… Pero no pasará –respondió ella con una sonrisa dulce.

Se levantó con su taza de café y la metió en el lavavajillas.

-¿Por qué no? –Preguntó el chico indignado.

Ashton se cruzó de brazos y le miró.

-Jason, ¿has visto las películas del Señor de los Anillos? –El chico asintió mientras se llevaba una cucharada de cereales a la boca. – ¿Recuerdas la Batalla del Abismo de Helm? –Él volvió a asentir. –Pues yo tendría que actuar como Aragorn si empiezo a pasearme por aquí desnuda.

Las carcajadas resonaron por toda la casa.

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 12

 

 

Los preparativos para la fiesta abrumaron a Ashton, pues nunca había asistido a una fiesta temática. El gran patio trasero la impresionó sobremanera, pues era así como imaginaba que sería el lugar de sus vacaciones soñadas. La piscina era grande y tenía forma de riñón, además de un jacuzzi que descubrió escondido entre unos grandes setos. Podía imaginar para que lo utilizaban los chicos, pero prefería no llevar a su cerebro en aquella dirección.

Faltaban 4 horas para que se iniciase el ritual, y aunque ella había pasado por cosas peores, estaba un poco nerviosa. Se acercó a Matthew, que estaba sentado en la terraza con Frank y Adam.

-Chicos, ¿puedo haceros unas preguntas?

-¡Claro! Lo que sea por la pequeña de la casa –dijo Adam alegre.

-Cuando pase el ritual, ¿podré saber quién me ha besado?

-Si quieres saberlo, te lo diremos –respondió Matthew. –Normalmente, no hace falta que revelemos la identidad de la chica en cuestión, pues son ellas las que nos vienen a buscar tras el ritual. Pero seguramente, en tu caso sea distinto.

-¿Buscaros después? ¿Para qué? –Preguntó ella de forma inocente.

El joven la miró por unos segundos sorprendido por la pregunta, giró la cabeza buscando ayuda de sus amigos, pues se había quedado sin habla por unos segundos.

-Para follar –dijo Adam como si fuera algo obvio.

Ella formó una “O” con la boca, comprendiendo por fin.

-Vale, bien… Y, mm… Otra cosa más… -se acercó más a ellos, como si fuese confidencial lo que iba a  preguntarles. -¿Podéis contarme lo que ocurrió con la chica rubia? No recuerdo su nombre pero me di cuenta de cómo todos cambiasteis cuando ayer llegó a la mesa del comedor… ¿Tiene algún problema con alguno de vosotros?

Los tres chicos intercambiaron miradas nerviosas y preocupadas.

-Es algo complejo –empezó a decir Frank. –Todo empezó el año pasado. La mitad de nosotros somos de segundo año ahora, pero el año pasado empezamos como tú, con las pruebas y el ritual. Había muy buena relación entre todos desde el primer día, éramos un grupo muy dispar pero unido. Incluso Mark, un alumno de primer año, demostró tener la capacidad necesaria para ser Alpha, algo que ha pasado solo una vez más en toda la historia de la fraternidad.

Frank suspiró y se quedó ensimismado mirando un punto en la lejanía.

-A los pocos meses de comenzar el curso –siguió contando Matthew,- Mark anunció que tenía novia: Daisy, la chica rubia de ayer. Pero al parecer no era el único. La chica estaba jugando a dos bandas con él y con Kyle, los tenía completamente manipulados. Cuando Kyle dijo que Daisy también estaba con él, se desató la guerra.

-¿Pelearon? –Preguntó Ashton cada vez más preocupada.

-Sí, la mano de Daisy casi destruye la fraternidad –continuó Adam. –Durante unos meses, todo fue un completo caos de mierda. Parecía que, o estabas de parte de uno, o estabas con el otro. No fue hasta después de las vacaciones de primavera que Mark y Kyle se dieron cuenta de lo que estaban provocando y decidieron dejar a un lado sus pollas. Kyle se alejó por completo de Daisy, pero Mark aún sigue cayendo en sus redes de vez en cuando, al fin y al cabo, ella es la presidenta de la Hermandad Delta.

-¡¿Qué ella qué?! –Gritó Ashton sin poder evitarlo.

Se tapó la boca con las manos, mirando a su alrededor para comprobar que nadie la había escuchado.

-Entonces… hoy tendremos una fiesta divertida, ¿no? –Inquirió de forma sarcástica.

-Sí… -se lamentaron los tres a la vez.

 

 

 

Mark llegó con un humor de perros al gran salón y tiró su chaqueta de mala manera sobre un sillón.

-¿Qué pasa? –Preguntó  Jason sin despegar los ojos del videojuego.

-Estoy hasta los cojones de Daisy y su jodida hermandad… -dijo él entre dientes.

Jason pausó el juego y, tanto él como los otros miembros de la estancia se acercaron para saber qué exigencia tenía ahora Daisy. Mark se pellizcó el puente de la nariz, sabiendo en el fondo que todo aquello era culpa suya, pero que nadie le diría nada.

-Daisy dice que no elegirá a ninguna de sus chicas para completar el ritual de Fudo y Ashton. Dice que el chico no es lo suficientemente guapo y no quiere hacerle pasar por ese trago a una de sus compañeras.

-¿Y qué dice de Ashton? –Fue Kyle quien hizo la pregunta.

-Que ninguna de ellas es lesbiana –Mark se sentó en el sillón donde estaba su chaqueta, pareciendo cansado. –Dice que simplemente subamos a los nuevos miembros a la plataforma, con los ojos vendados, y que quien quiera, selle el ritual.

Todos se quedaron callados, pensativos. Sentían impotencia por la actitud de Daisy, pero no podían hacer nada al respecto, no podían obligar a ninguna chica a besar a ningún miembro de su fraternidad. Y sin esa parte, tanto las pruebas como el ritual de iniciación se considerarían nulos.

 

 

 

A las 10 de la noche, los dos grupos se reunieron en el patio. Las chicas de la Hermandad Delta vestían ropas muy provocativas y sugerentes, tal como habían hecho los años anteriores. Todas miraban con petulancia y altivez a Ashton, pero ella las ignoraba, pues solo le preocupaba Daisy.

Varias antorchas iluminaban todo el patio, pero sin llegar a crear un ambiente sofocante en aquel septiembre inusualmente caluroso. Los miembros de la fraternidad solo llevaban la parte de debajo del disfraz de griego, dejando su torso descubierto. Ashton, por su parte, sí se había agenciado una prenda negra que no desentonase mucho con el disfraz que llevaban los demás. Jason, Adam, Victor y Frank le insistieron para que les imitara y no llevara nada en la parte de arriba, pero ella solo se rio, sin llegar a tomárselo en serio. No obstante, la prenda que había elegido le dejaba todo el vientre al aire libre, realzando el tamaño de sus pechos.

Kyle se quedó impresionado con la apariencia tan inocente y exótica que tenía sin siquiera pretenderlo. Se había dejado el pelo suelto, y sus ojos tenían un extraño color por la luz que emitía el fuego de las antorchas. Se acercó a ella, intentando disimular su preocupación por lo que Daisy pretendía hacer esa noche, y le preguntó:

-¿Estás nerviosa?

-La verdad es que sí, nunca había llevado un disfraz –dijo mirando su extraño atuendo.

Kyle no pudo evitar sonreír, aunque con cierto pesar. Mark, por su parte, no había cambiado el semblante desde la tarde a pesar de quedarse embobado viendo a su nueva compañera. Se notaba la tensión de sus músculos cuando anduvo hacia la plataforma para encontrarse con Daisy allí. La rubia, muy sonriente al saberse tan poderosa, carraspeó para acallar las conversaciones y llamar la atención de los presentes.

-Buenas noches a todos. Esta noche tendrá lugar el ritual de iniciación, pero será diferente al de los años anteriores. Esta vez, ningún miembro ha sido elegido de la fraternidad ni de la hermandad para sellar el ritual, sino que dejaremos esa parte a la libre elección de las chicas y chicos que ya son miembros oficiales –Daisy miró, sin disimulo a Ashton, con una satisfactoria maldad brillando en sus azules ojos. –Es decir, los nuevos miembros se subirán a la plataforma y esperarán con los ojos vendados a que otra persona le bese. Si pasado un minuto, nadie sella el ritual, esa persona no podrá pertenecer a la Fraternidad Alpha Omega o a la Hermandad Delta.

Los murmullos de nerviosismo procedentes de las chicas de la hermandad pusieron a Fudo más nervioso de lo que estaba.

-No me gusta esto… -le susurró a Ashton. –Ninguna chica querrá besarme…

-No te preocupes, eso aún no lo sabes –le dijo ella en el mismo tono.

Los chicos a su alrededor escuchaban sus palabras a pesar de la baja intensidad de su volumen. No se atrevían a contarles nada, pues aun mantenían una mínima esperanza, pero la situación no era la mejor.

-Bien –dijo Daisy alzando la voz de nuevo, –que este año empiecen los miembros de la Fraternidad Alpha Omega. Por favor, que se adelante el candidato más mayor.

Fudo tragó duro y empezó a andar con paso inestable hasta la plataforma, parándose antes de subirla.

-S-Soy Fudo Hayashi, y quiero ser el miembro Kappa.

Mark se puso detrás de él y le vendó los ojos. El joven subió a la plataforma, respiró hondo para intentar tranquilizarse y se mantuvo recto, esperando.

Pero los segundos pasaban y ninguna de las otras chicas hacía el amago por acercarse a la plataforma. Ashton miró de reojo a Daisy y a Mark, ella tenía una cara de absoluta satisfacción, mientras que su compañero mantenía mirada en el suelo, con las facciones deformadas por el enfado y los puños apretados.

-Ninguna chica va a sellar el ritual, ¿verdad? –Preguntó en un susurro a quienes estaban a su alrededor.

Nadie contestó, pero ella sintió la misma atmósfera extraña y apesadumbrada que el día anterior, cuando Daisy se acercó a su mesa en el comedor. Empezaba a darse cuenta de lo que pretendía, pero Ashton no estaba dispuesta a permitirlo.

Comenzó a andar a la plataforma sin mirar a nadie, la rodeó y se subió. Sabía que todos estarían observándola, pero le daba igual. Puso sus manos de forma delicada en la cara de Fudo, quien se asustó un poco al sentir su tacto, pero se mantuvo firme. Cerró los ojos, acercó sus labios a los del chico y le besó.

No fue un beso apasionado, ni siquiera pretendía ser excitante. Fue dulce, inocente y honesto. Apenas duró unos segundos, pero fueron suficientes. Ashton se separó del chico poco a poco, se bajó de la plataforma y fue directa para Daisy y Mark.

-Dijiste que los nuevos miembros debían esperar a que otra persona los besase para sellar el ritual –le susurró directamente a la chica rubia, -pero no especificaste que esa persona fuese de tu hermandad o que tuviese que ser un miembro más antiguo.

Ni siquiera esperó a que Daisy le contestase, solo se giró y se fue para reunirse con sus compañeros, quienes la esperaban con expresiones que iban desde la incredulidad hasta la fascinación.

-Eres la puta ama –le murmuró Jason.

Daisy se giró a Mark, con las facciones deformadas por la ira.

-Eso no ha valido, Mark, y lo sabes –dijo ella.

-Ashton tiene razón, así que deja de comportarte como una hija de puta –dijo sonriendo con cierta fascinación. -Fudo, ya puedes quitarte la venda –anunció en voz alta, viendo el perfil sonriente del chico. –Bienvenido a la Fraternidad Alpha Omega, miembro Kappa.

El chico se bajó de la plataforma con la sonrisa más grande y boba que jamás había visto Ashton, y supo que nunca se arrepentiría de lo que había hecho por su compañero. Fue recibido con aplausos y vítores por los demás, pero él parecía estar en una nube.

-El siguiente candidato –dijo con voz gélida Daisy.

Con actitud tranquila, Ashton imitó a su compañero y se acercó a la plataforma.

-Soy Ashton Jones, y quiero ser el miembro Omega.

Mark se acercó a ella y le vendó los ojos. Ella subió a la plataforma, respiró hondo y esperó. Sabía que Daisy no dejaría pasar lo que ella había hecho por Fudo, pero le daba igual, no temía enfrentarse a la rubia. Habían pasado alrededor de 10 segundos desde que estaba allí subida, creyendo saber que su ritual no sería completado a modo de venganza por parte de Daisy, cuando unas manos firmes sujetaron su rostro con suavidad y unos labios tersos se pegaron a los suyos.

Quien quiera que fuese, besaba increíblemente bien. Al contrario del que ella le había dado momentos antes a Fudo, aquel beso era fuerte, como si esa persona estuviera reprimiendo su pasión con dificultad.

Unos segundos después, el beso terminó. Ella aspiró profundamente, intentando calmar las sensaciones que se arremolinaban en su estómago.

-Ashton, ya puedes quitarte la venda –anunció Mark. –Bienvenida a nuestra Fraternidad, miembro Omega.

Capítulo 13 por Kala1411

Sus compañeros la recibieron efusivamente, al igual que habían hecho con Fudo. La zona de la Hermandad Delta estaba en un completo silencio, muchas la miraban con animadversión y otras con asombro. Daisy anunció el momento en el que las candidatas de la hermandad comenzarían su parte de la ceremonia. Una chica bajita se acercó a la plataforma, se presentó con el nombre de Victoria Simons y esperó a que su presidenta le vendase los ojos para subirse a la plataforma. Ashton miró, curiosa, por ver cuál de sus compañeros saldría para sellar el ritual de la chica, pero ninguno se adelantaba.

El minuto transcurría y la joven, encima de la plataforma, se ponía cada vez más nerviosa. La rubia le estaba diciendo algo a Mark en susurros y con una expresión colérica, pero el Alpha solo se cruzó de brazos, dando a entender que respetaba la decisión de los demás miembros de su fraternidad.

-¿Qué os pasa? –Le preguntó a Kyle en un susurro.

-Nosotros también sabemos comportarnos como unos hijos de puta. Daisy nos ha echado un pulso y vamos a demostrarle cómo jugamos.

-Pero la chica no tiene culpa de lo que haga su presidenta. Ella es nueva y no se merece pagar por las acciones de Daisy.

Ashton se estaba dirigiendo a Kyle, pero los miembros de la fraternidad que estaban a su alrededor oyeron sus palabras. A falta de pocos segundos para que el minuto impuesto por Daisy terminara, Matthew se adelantó y selló, con un casto beso, el ritual de la joven.

Ashton no pudo más que sonreírle cuando el chico volvió a las filas de la fraternidad.

-¿Y eso? –Le preguntó Jason a su mejor amigo.

-Creo que Ashton tiene razón –respondió él simplemente.

Dos chicas más se subieron a la plataforma en los minutos siguientes, y Victor y Tim fueron quienes se adelantaron para sellar aquel rito.

 

 

Cuando la ceremonia terminó, la fiesta comenzó. Había grandes mesas con frutas, aperitivos y sobre todo, muchísimas bebidas de todas clases y colores. Todas alcohólicas, por supuesto. La música de un conocido DJ de la ciudad animó poco a poco el ambiente, y la gente de otras fraternidades y hermandades del campus empezó a llegar.

Se había corrido la voz acerca de la nueva chica que había conseguido ingresar en la Fraternidad Alpha Omega y multitud de curiosos asistieron a la fiesta solo para poder ver cómo era de cerca. Ashton se sintió observada, y hasta incómoda, mientras llenaba una pequeña bandeja con diversas frutas. Se fue directa para una mesa de madera, donde varios de sus compañeros estaban bebiendo animadamente. Aun iban por las primeras copas de alcohol, así que se comportaban como normalmente eran.

Jason bufó al ver su bandeja.

-¿Hoy tampoco vas a beber alcohol?

-Recuerda, 17 añitos –respondió ella llevándose una uva a la boca.

-¡Oh, por cierto! –Exclamó de repente Fudo. -¿Quién fue la chica que selló mi ritual? Olía a coco y fue muy dulce cuando me besó.

Todos se miraron entre ellos, sin saber que responder.

-¿Te gustó el beso? –Preguntó Aston alegremente.

-¡Sí, fue genial!

-Pues fui yo.

Fudo la miró detenidamente, mientras ella seguía comiendo sus frutas. Los demás miembros prefirieron seguir bebiendo.

-¿T-Tú?

-¡Sí! Y me alegro que te gustara, era la primera vez que besaba a alguien.

Jason y Victor casi se atragantan con su bebida, los demás se quedaron mudos del asombro ante su revelación. Fudo, por su parte, no pudo evitar esconder una tímida sonrisa de dicha.

-¿De verdad? ¿Nunca antes habías besado a nadie? –Preguntó Adam.

Ella lo pensó un momento.

-¿La reanimación cardiopulmonar cuenta?

-No –dijeron todos al unísono.

-Entonces, no, nunca antes había besado a nadie –respondió ella encogiéndose de hombros. –Y decidme, ¿quién me besó a mí?

-Fui yo –respondió Mark a su espalda.

 

 

A medianoche, la música y el alcohol dominaban a todos los invitados. Ashton se lo estaba pasando como nunca, no recordaba haberse reído tanto en su vida. Hubo personas, sobre todo chicos, que intentaron acercarse a ella, pero les intimidaba que estuviera rodeada del resto de los miembros. Las demás chicas ni siquiera parecían tener ganas de mirarla, más bien se alejaban cada vez que la veían bailando cerca.

A ella no le importaba, solo quería disfrutar de aquella noche.

-¡Voy por más agua! –Gritó a Victor, su pareja de baile en ese momento.

Él asintió y buscó otra pareja para seguir bailando.

Le costó un poco llegar a la casa, pues había más gente de lo que se había percatado en un principio, unos bailando, otros tumbados en el suelo, otros enrollándose…

Estaba sudando mucho después de haber bailado durante casi una hora con varios de sus amigos. Le daba miedo pensar así de ellos, pues nunca antes había considerado a nadie de esa forma, pero era como lo sentía. Se bebió un vaso entero de agua fresca y rellenó otro, añadiéndole algunos hielos.

-¿Realmente vas a esperar hasta diciembre para probar el alcohol? –La voz de Mark sonó desde la entrada de la cocina.

-Por supuesto, de lo contrario estaría cometiendo un delito.

Él se acercó, riéndose entre dientes.

-A propósito –comenzó a decir ella, -muchas gracias por lo del ritual. Si no hubiese sido por ti, ahora no pertenecería a la fraternidad.

Sus cuerpos estaban muy próximos, Mark podía sentir como su olor lo atraía, lo engatusaba para que rozara su piel de alguna forma y dejar salir sus instintos con ella tras haberse reprimido anteriormente, cuando la besó en la plataforma.

-Solo fui el más rápido, o el que estaba más cerca. Si no hubiese sido yo, habría sido otro –sus ojos no se apartaron de los de ella. –Pero no tienes que agradecerme nada, ha sido un placer –esta vez, su mirada se centró en sus labios. –Podemos repetirlo cuando quieras.

Ella empezó a reírse, negando con la cabeza, divertida.

-Me encantan las bromas que gastáis por aquí –lo rodeó para salir de la cocina, pero se paró al ver a una persona. –Hola Kyle, no sabía que estabas aquí.

Mark se dio la vuelta para encontrar a su compañero mirándole fijamente. Ambos sabían todo lo que estaba pensando el otro, pero disimularon sus emociones.

-Venía a buscar hielo… si aún no se ha derretido con el calor, claro…

Ashton bufó, divertida. Ella no sabía el doble significado de aquella frase, pero Mark sí.

-Claro que no se ha derretido, está en el congelador.

 

 

La fiesta duró hasta altas horas de la madrugada. Ashton se fue a su cama alrededor de las 4, no sin antes escuchar sonidos muy explícitos procedentes de diferentes partes de la casa: el baño, el salón, e incluso en rincones oscuros entre los árboles. Estaba tan cansada, que cayó en un profundo sueño y ni siquiera se percató del volumen de la música.

A la mañana siguiente, entró en el baño, se dio una ducha rápida y bajó a desayunar. La mansión estaba casi en silencio, salvo por alguien que dormía en el salón a juzgar por los ronquidos. Ashton empezó a prepararse su desayuno, pero el sonido de pasos apresurados llamó su atención. Se acercó a la puerta de la cocina para ver cuál de sus amigos había sido el más madrugador, pero se encontró con una chica guapa y despeinada.

-Buenos días –saludó ella sonriente.

La joven se paró en seco al escucharla.

-Buenos días –respondió avergonzada.

Ashton podía ver como bajaba la cabeza y la mirada en un intento de ocultar su rostro. Casi había llegado a la puerta cuando, ella le preguntó de improviso:

-Oye, ¿te apetece desayunar conmigo? -La chica se giró con los ojos muy abiertos. –Voy a hacer tortitas.

-Me gustan las tortitas… Pero engordan mucho…

Sin embargo, sus tripas rugieron a modo de protesta, incitándola a que aceptase la invitación.

-Por comer algunas una vez no vas a engordar –dijo ella guiñándole un ojo.

La chica la acompañó a la cocina, con una sonrisa tímida, y Ashton la invitó a sentarse mientras ella terminaba de hacer las tortitas.

-¿Cómo te llamas?

-Me llamo Nancy –Ashton se percató del leve timbre agudo de su voz. -¿Y tú?

-Ashton –contestó poniendo la primera tortita en el plato.

-¡Ah! Encantada de conocerte, y gracias por invitarme a desayunar.

 Ashton le puso a su invitada el plato con tres tortitas y un zumo de naranja mientras ella se preparaba su parte. Le agradaba hablar con una chica, pues las que había conocido hasta el momento no parecían ser muy amables con ella.

-¡Están deliciosas! –Exclamó Nancy.

-Gracias –se sentó frente a la chica, muy alegre por su alago.

-Nunca había desayunado aquí antes, siempre me he ido rápidamente para que nadie me viera.

-¿Por qué?

-Por el “paseo de la vergüenza” –contestó la chica poniendo los dedos como si fueran comillas.

-¿El qué? ¿Qué es eso?

-Pues si la gente te ve saliendo de la habitación o de la casa de un chico que no es tu novio, se corre la voz por el campus de que eres una puta –la joven miró a Ashton preocupada. –Tú… ¿le dirás a alguien que me has visto? Yo… Yo no quiero que la gente crea que…

-No, no se lo diré a nadie –dijo rápidamente, pasmada por aquella revelación.

Nancy le sonrió ampliamente y siguió comiendo, pero Ashton se quedó paralizada por unos segundos, reflexionando sobre lo que le acababa de contar su invitada. En ese momento, varios de sus compañeros empezaron a entrar en la cocina con diferentes grados de desnudez y de somnolencia. Incluso Adam, que parecía ser el foco de los ronquidos del salón, llegó con una sábana atada al cuerpo como si fuese un emperador romano, y se sentó al lado de Ashton, quien percibió un leve olor a cerezas en él. Todos se prepararon cafés y tomaron asiento en la mesa, sin darse cuenta de la presencia de Nancy.

-Buenos días, Ash… -Jason se sentó al lado de la invitada, percatándose de su leve error.

En ese momento, los demás también advirtieron la presencia de la pequeña rubia. Sin embargo, Nancy pareció ponerse muy nerviosa y se levantó apresuradamente para marcharse. Ashton se preocupó aún más por la joven.

-Espera, ¿no quieres terminarte las tortitas? –La chica solo negó, cabizbaja. -¿Es por lo que me has contado? ¿Por lo del estúpido “paseo de la vergüenza”? –Nancy asintió levemente, ya casi a punto de salir de la cocina. -¡Vaya gilipollez!

-Ashton, tranquilízate –le dijo Matthew. –Nosotros no vamos a decir nada –se dirigió a la chica esta vez, -puedes salir por la puerta trasera si te sientes más cómoda.

-Pero, ¿por qué? Ella no ha hecho nada malo.

-En ocasiones, los rumores del campus definen como te ve la gente, sobre todo si eres una chica –le contestó Matthew.

-Casi todas las mujeres del campus se acuestan con quienes les da la gana, es algo sabido por todos –explicó Kyle. –Pero si te ven saliendo de la casa o de la habitación de un chico que no sea tu pareja, te señalan como si fueras una prostituta barata.

-Es decir, ¿solo por qué una chica quiera disfrutar del sexo libremente, se la considera una prostituta? ¿Y a vosotros, los tíos, no se os dice nada? –Preguntó ella cada vez más indignada. -Las chicas debemos soportar, incluso entre nosotras, esa clase de calificativos y esa actitud de mierda, solo porque nos apetezca acostarnos con quién queramos, y ¿nadie protesta por eso ni dice nada? Eso me parece una actitud retrógrada e intolerante.

-¡Sí! ¡Tienes toda la razón! –Dijo efusivamente Nancy. – Vaya… Eres muy inteligente… -alagó ella, mirándola con admiración. –Me caes muy bien, a pesar de que te acabe de conocer con tu nombre real y no con el que me dijeron anoche.

Algunos miembros se miraron de reojo.

-¿Cómo te dijeron que se llamaba ella? –Preguntó Mark, apoyado en la puerta de la cocina.

-Me dijeron que se hacía llamar “la puta de la fraternidad” –Nancy se dio cuenta muy tarde de lo que había dicho y se tapó la boca con la mano.

Ashton empezó a reírse a carcajadas, pero sus amigos se despertaron como si les hubiesen lanzado cubos de agua fría a todos.

-¿No te molesta que te conozcan por ese nombre? –Inquirió Nancy inclinando la cabeza, extrañada.

-No, para nada. No hago caso de comentarios como esos –comentó ella levantándose para recoger los platos y cubiertos. –He aprendido que, si lo que los demás dicen de mí no me hace sentir bien, es mejor ignorar esas palabras.

-Oh… Eres muy sabia –dijo Nancy con fascinación. -Por cierto, ¿qué significa “retrógrada”?

Capítulo 14 y Capítulo 15 por Kala1411
Notas de autor:

Me encuentro muy ocupada, por lo que vuelvo a publicar dos capítulos seguidos en un mismo post, pues no sé si podré conectarme mañana.

Capítulo 14

 

 

Ashton pasó el resto del domingo de una forma relajada, paseó por el campus para conocer mejor sus instalaciones y cogió un libro de la biblioteca para empezar a leer mientras iba a una cafetería que había visto el día anterior en la ciudad. Era pequeña y estaba regentada por una señora de mediana edad muy simpática.

Cuando la tarde empezó a caer, se dirigió con paso tranquilo a la mansión. Echaba de menos a sus padres y a sus antiguos mentores, pero se sentía muy bien allí. Nadie le decía que hacer, las noticias preocupantes parecían estar a miles de kilómetros, y podía disfrutar de las cosas sencillas.

A su corta edad había conocido muchas pérdidas, de personas muy allegadas y de desconocidos que solo había visto de reojo una vez en su vida, pero eso no evitaba que el peso fuese menor. Ella recordaba ese sentimiento a veces, y aunque no era agradable, sentía que se lo debía a todos ellos de alguna forma. Ashton sabía los esfuerzos y sacrificios que hacían quienes se alistaban en el ejército, personas increíblemente capaces de superar sus límites, quizás por eso le sobrecogía tanto cuando escuchaba algunas fatales noticias.

Respiró profundamente cuando estuvo frente a la mansión de la fraternidad, decidida a no pensar en eso. Se sacudió mentalmente para recordarse que la vida también podía disfrutarse con cosas pequeñas, plasmó una sonrisa en su cara y en sus ojos, y entró.

-Ashton, ¿puedes venir al salón ahora, por favor? –llamó Kyle.

El chico parecía serio, y ella se percató de la presencia de los demás miembros en la estancia.

-Sí, voy a dejar mi mochila arriba y ahora voy.

“¿Habré hecho algo indebido?”, se preguntaba para sus adentros inquieta.

Cuando entró al gran salón, el cual tenía más sillones y sofás de los que había visto nunca en su vida, su intranquilidad aumentó.

-Toma asiento –Matthew se indicó un sillón de cuero marrón.

Ella obedeció.

-¿He hecho algo?

-No, tú no has hecho nada, tranquila –le dijo Matthew con una sonrisa triste. –Pero tememos que puedan afectarte los comentarios que se están extendiendo por el campus sobre ti.

Ella le interrogó con la mirada, frunciendo el ceño.

-Hoy te reíste cuando esa chica dijo el sobrenombre que te han puesto en el campus –dijo Adam serio, -pero no es algo gracioso. No queremos que te afecte.

-¡Ah! ¿Es eso? –Ella suspiró como si le hubiesen quitado un gran peso de encima. –No os preocupéis, no me afecta.

-Ashton, esto es serio –dijo Kyle. –Está bien que seas fuerte y no permitas que te dañen los comentarios así, pero con nosotros no tienes que fingir.

-Yo no fingí, es que me hace mucha gracia que crean que soy una puta.

-¿Qué tiene de gracioso? –Inquirió Jason muy serio.

-Jason –centró sus ojos en él, -yo aún soy virgen.

Durante varios segundos, solo los grillos del jardín se escucharon en la gran mansión.

-¿Q-Qué? –el joven apenas supo cómo reaccionar.

-Que soy virgen.

Ella empezó a reírse de nuevo ante las expresiones de sus compañeros.

-Estás de coña, ¿no? –Victor la miraba como si le hubiesen salido dos cabezas.

-Joder… -susurró Joe, el miembro Psi.

-Joder… Joder… -dijo más alto Frank.

-Bueno, no es tan raro –empezó a decir Matthew reflexionando un momento. –Al fin y al cabo, anoche admitiste que tu primer beso se lo diste a Fudo.

-¿Por qué os extraña tanto? –Preguntó ella.

-¡Porque es algo inaudito! –Exclamó Jason. – ¡Yo toqué mi primera teta a los 13! ¡Y a los 14, ya me había acostado con dos chicas! -Ella bufó, divertida. –No sé de qué te ríes, ahora mismo, en esta sala, eres la única que no ha tenido sexo nunca.

-¿Y quién te ha dicho que no haya tenido sexo nunca? –Ella se cruzó de brazos.

Jason abrió la boca pero ninguna palabra salió, y su expresión de desconcierto le recordó a Ashton a un pez.

-Espera, espera –Adam se levantó de su lugar. -¿Estás diciendo que… te masturbas?

-Pues sí –casi todos los presentes empezaron a lanzar quejidos lastimeros. –No sé por qué reaccionáis así, no es para tanto. Vosotros también lo hacéis, ¿no? –Dijo ella a la defensiva.

Kyle se acercó a ella, y mirándola fijamente, aguantando a duras penas las ganas de reírse, le explicó.

-Ashton, acabas de confesar que eres una virgen que se masturba a toda una fraternidad de tíos que solo piensan en el sexo.

Ella abrió la boca para rebatirle, pero pensó en ello y se dio cuenta de lo que Kyle quería decir.

-¡Oh! ¡Vale!

Su cara se tiñó por completo de rojo y, sin saber qué más decir, se levantó y se fue.

-¡¿No dices ninguna palabra de despedida?! –Gritó Adam.

-¡Ya he dicho suficiente! –Le respondió ella.

Todos en el salón empezaron a reírse, algunos aún anonadados por lo que ella había confesado de forma tan inocente.

-Joder, creo que me explotará la cabeza si sigo conociéndola más –susurró Kyle mientras se reía.

-A ti y a todos –le dijo Mark a su lado.

El chico rubio no se había dado cuenta de su presencia, pero no le contestó.

 

 

Capítulo 15

 

 

Los primeros días de clase le resultaron estimulantes y divertidos. La profesora Smith la había acogido como su favorita, la trataba con cariño disimulado cuando le pedía que explicase cómo había resuelto problemas que otros alumnos de cursos superiores no sabían solucionar. Aunque su clase favorita era Psicología, con el profesor Jefferson, un hombre joven entrado en la treintena, sus lecciones eran dinámicas y refrescantes.  Era agraciado y tenía a muchas estudiantes soñando con su oscura y recortada barba.

El martes, durante el almuerzo, ella le preguntó a sus amigos acerca de los gimnasios del campus, y todos le aconsejaron el Esparta, regentado por un ex-soldado ruso. Tenía, según palabras textuales de Adam, “un carácter de mierda” pero sabía lo que hacía cuando al ejercicio se trataba.

Ella los acompañó el miércoles por la tarde, decidida a ver cómo entrenaban sus compañeros y saber qué máquinas podía utilizar para mantenerse en forma. Nick, el miembro Tau, le advirtió que Dimitri podía llegar a tener una actitud intimidante y un poco machista.

-Deberías buscar a Nora, es una de las mejores y la más solicitada por las chicas –le aconsejó Frank.

El gimnasio Esparta estaba situado al lado del edificio de Ciencias de la Salud y cerca de las otras facultades en las que ella recibía clases, lo cual era un punto a su favor, pues podía planificar su horario con más facilidad. El lugar estaba lleno de máquinas para ejercitar las diferentes partes del cuerpo, además de varias salas reservadas para quienes se entrenaban en artes marciales o asistían a clases de yoga o baile.

-Por ahí –Jason le señaló un pasillo a la izquierda de la entrada, -se va a los vestuarios femeninos. El nuestro está a la derecha… ya sabes, por si algún día quieres hacer otra tipo de ejercicios –él el guiñó un ojo, provocador.

Matthew le dio un tortazo en la nuca.

-Vamos, casanova, ya sabes cómo se pone Dimitri si llegamos tarde.

Ashton se dirigió a los vestuarios y se cambió, observando que había muchas bolsas con nombres de chicas, algunas de ella con llaveros de la letra Delta. Las chicas de la hermandad estaban allí, y eso le dio mala espina. Solo esperaba no tener problemas con ellas.

Se reunió con sus amigos en la zona de las máquinas tras hacer algunos estiramientos.

-¡Eh! -dijo Adam cuando la vio llegar. –Las mallas deportivas no te quedan nada mal, te hacen un cu…

-¡ADAM! –El fuerte grito puso a todos en tensión.

Un hombre calvo y enorme se acercaba a ellos con cara de pocos amigos.

-¡¿Qué demonios estáis haciendo todos?! –Vociferó con un acento muy marcado. -¡Aquí venís a entrenar, joder!

El hombre le recordaba a Ashton a una enorme montaña rocosa, medía dos metros de altura y su mirada era amenazante. Ella observó sus facciones detenidamente, pensando que le recordaba a alguien pero no sabía a quién en aquel momento.

-¿Quién eres tú y por qué estás aquí? –Le preguntó a ella en una postura que pretendía asustarla.

-Hola, soy Ashton Jones –dijo ofreciéndole la mano con una sonrisa. –Soy miembro de la Fraternidad Alpha Omega.

El hombre no apartó sus ojos de ella y los chicos empezaron a temer por la seguridad de su compañera.

-¿Cómo dices que te llamas? –Preguntó él lentamente.

-Ashton Jones.

-¿Ashton Jones? ¿Cómo el chico que venía de una Academia Militar?

Ella asintió. Dimitri la miró por unos segundos y, para sorpresa de todos, empezó a reírse como un maníaco.

-Esto no pinta bien –susurró Jason a sus amigos.

-Tú no eres Ashton Jones, niñita.

-Sí lo soy, señor.

Aún carcajeándose, le dijo:

-Aunque lo seas, esta zona no es para ti. Podrías hacerte mucho daño aquí, mejor acompáñame y te presentaré a Nora.

-Gracias por su ofrecimiento, pero prefiero entrenarme con las pesas, es a lo que estoy acostumbrada –le respondió con una sonrisa dulce.

-Mira, pequeña, puedes haber engañado a los demás, pero a mí no. Esto no es solo un gimnasio, esto es un pequeño fragmento de la jungla, donde estarás perdida si no eres el miembro más fuerte.

-Yo soy fuerte, puedo demostrárselo.

-Niñita, no tengo tiempo para jueguecitos, así que será mejor que te busques alguna clase de yoga o lo que sea. Yo tengo que entrenar a estos capullos de aquí.

Ashton empezaba a molestarle sobremanera aquel hombre.

-No me voy a ninguna parte –dijo cruzándose de brazos. –Voy a ejercitarme aquí.

Las pupilas de Dimitri se achicaron, y Mark y Matthew creyeron conveniente intervenir. Pero el hombre les levantó el dedo índice, ordenándoles en silencio que se quedasen dónde estaban.

-No admito cambios en la forma en la que hago las cosas, niñita.

Ella le seguía aguantando la mirada, desafiante.

-A lo mejor por eso le han partido tantas veces la nariz.

Dimitri se acercó más a ella y se agachó hasta sus caras estuvieron a la misma altura. Su ira interior se reflejaba en sus claros ojos.

-Te veo en el cuadrilátero central en 10 minutos, niñita.

Y sin decir nada más, se fue.

La acalorada discusión entre el bruto entrenador y la chica Omega había llamado la atención de todo el gimnasio, solo que Ashton no se había percatado de ello. Sus amigos se acercaron a ella cuando Dimitri desapareció entre las máquinas de ejercicio.

-¿Qué coño has hecho? –Dijo exasperado Adam.

-Vete ahora, Ashton –le aconsejó Mark, claramente preocupado. –Nunca había visto a Dimitri así y temo por tu seguridad.

-Ese tío no controla su fuerza, puede hacerte mucho daño –intervino Jason.

Ella les miró a todos, viendo sus expresiones.

-Chicos, no os preocupéis, sé defenderme sola.

 

 

Diez minutos después, Ashton se encontraba en el cuadrilátero frente a un Dimitri iracundo. Una gran multitud se había concentrado alrededor de ellos, expectantes por lo que pasaría. Incluso habían llegado otros miembros de la fraternidad, entre ellos Kyle, quien se apresuró a buscar a Mark.

-¿Qué coño estás haciendo? Sácala de ahí, va a matarla –le susurró frenético.

-¿Crees que no he intentado convencerla? –Le respondió él en el mismo tono.

De repente, Dimitri alzó la voz para hacerse escuchar.

-Las reglas de mi gimnasio son claras, pequeña: cuando dos entran en el cuadrilátero, solo sale uno. Sin consideración, sin resentimientos, ¿entendido?

-De acuerdo, pero si le venzo, ¿podré entrenar en la parte del gimnasio que yo quiera?

El entrenador soltó una risa seca.

-En mi zona solo entrenan los mejores, pequeña. Solo quienes son dignos tienen cabida en aquellas máquinas, y te aseguro que tú no lo eres -Ashton mantuvo su cara de póker mientras él se carcajeaba aún más. -¿Estás preparada, niñita? No digas después que no te avisé.

Dimitri no lo sabía, ni siquiera los miembros de la hermandad habían tenido oportunidad de ver ese gesto en su cara por el poco tiempo que hacía que la conocían, pero cuando Ashton ponía su cara de póker, completamente en blanco, estaba completamente concentrada en vencer a su rival.

Y hacía años que Ashton no perdía cuando de una pelea se trataba.

Dimitri se abalanzó sobre ella, los miembros de la fraternidad y los demás espectadores se quedaron petrificados al ver la expresión homicida en la cara de su entrenador. Pero solo fueron tres segundos, ni más ni menos, lo que duró aquel enfrentamiento. Ashton se valió de la potencia del ataque de su oponente para llevar a cabo su movimiento.

Giró su cuerpo, y cogiendo del brazo a Dimitri, pasó el enorme cuerpo por encima de ella, dejándolo caer por su propio peso al suelo del cuadrilátero. Un sonido parecido a un trueno retumbó por todo el gimnasio cuando el peso muerto del entrenador cayó como si de un gigante se tratase. El hombre apenas se dio cuenta de lo que había pasado, solo miró al techo unos segundos, intentando recobrar la respiración tras el duro golpe.

Ashton se acercó a él cuando se percató de que no se levantaría, Dimitri la miró desde su debilitada posición, incapaz de moverse al sentir como el dolor se iba expandiendo por sus extremidades.

-Sin consideración, sin resentimientos, entrenador.

Salió del cuadrilátero, con la estupefacta mirada de todos los que habían presenciado el acontecimiento sobre ella.

 

 

Sabía que aquello había causado una gran conmoción y que no tardaría en correrse aún más la voz acerca de la extraña chica que vivía en la casa de la Fraternidad Alpha Omega, por eso Ashton se apresuró al vestuario femenino para coger su mochila y salió de allí casi corriendo. No tenía miedo a represalias del entrenador ni de nadie, pero sabía que no se sentiría cómoda en el gimnasio en aquel momento.

Anduvo hacia la mansión escuchando música y entró saludando a algunos miembros que se encontraban estudiando en el salón. Soltó la mochila en el primer peldaño de la escalera, entró en la cocina y se dispuso a comerse una manzana mientras miraba en el frigorífico en busca de inspiración para su cena.

Un fuerte portazo la hizo estremecerse.

-¡Ashton! –La llamó Mark.

Ella salió de la cocina con paso tranquilo y se acercó a él, observando de reojo como los miembros que estaban en el salón llegaban a la entrada al escuchar la voz alterada de su Presidente.

-¿Qué pasa? –Preguntó con naturalidad.

Mark y todos los demás miembros de la fraternidad que habían presenciado lo acontecido en el gimnasio tenían expresiones que iban desde el desconcierto a la incredulidad, como si aún estuviesen en estado de shock. El Alpha abrió la boca para contestarle, pero Kyle fue quien explotó.

-¡¿Que qué pasa?! ¡¿Has perdido el jodido juicio?! –Sus gritos sorprendieron a todos, pues normalmente era un chico que cuidaba su tono. -¡¿Cómo se te ocurre enfrentarte a Dimitri?! ¡Podría haberte herido!

-Pero no lo ha hecho –contestó ella calmada.

-¡Podría haberte matado, Ashton! ¡Eres una inconsciente!

-Basta, Kyle –dijo en un tono más firme. –No vuelvas a gritarme, jamás –le miraba a los ojos mientras le hablaba. –Comprendo tu preocupación y la de todos los demás pero…

-No –cortó Mark, -no tienes ni puta idea de lo que hemos sentido cuando hemos visto que se dirigía hacia ti con la intención de aplastarte.

Quiso protestar a lo que Mark acababa de decirle, pero se percató de los semblantes de sus demás compañeros, el miedo aun brillaba en sus ojos. Le sobrecogió sus expresiones y, por un momento, se puso en el lugar de cada uno de ellos e imaginó lo que sentiría ella si viese a algunos de sus compañeros en una situación así.

-Lo siento, chicos –dijo mirándoles. –No quería preocuparos.

Se giró cabizbaja, cogió su mochila y subió a su habitación.

 

 

Una hora después, alguien llamó tímidamente a su habitación. Pensó brevemente en fingir que estaba dormida, pero decidió no comportarse como una cobarde, no le habían educado así.

-Adelante.

La puerta se abrió un poco y Fudo asomó la cabeza con una sonrisa taimada.

-Hola, ¿puedo pasar?

Ella asintió, encogiendo sus piernas e invitándole a sentarse en la cama.

-Me han contado lo que ha pasado, y déjame decirte que eres increíble –dijo riéndose un poco, -pero creo que hubiese reaccionado igual que los demás si lo hubiese visto.

Ashton encogió sus rodillas hasta su pecho y se las abrazó, centrando su mirada en un punto fijo de su cama.

-No estoy acostumbrada a esto, ¿sabes? Es decir, cuando he salido bien de alguna pelea o de algún entrenamiento, mis padres no se preocupaban porque sabían que estaba ilesa –ella lo miró muy seria. –Donde me he criado, la gente solo reacciona como ellos lo han hecho cuando algo ha salido horriblemente mal, ya sea en un entrenamiento o en la vida real… Tengo la sensación de que los he decepcionado a todos y les he hecho un daño irreparable…

-No les has decepcionado, ya están más tranquilos… ¿Por qué no bajas un rato? Están preparando una gran cena como la de la primera noche que estuvimos aquí.

Ella bajó los ojos hasta los dedos de sus pies.

-¿Y si me tratan de forma distinta?

-No lo harán, tienen miedo de que les hagas alguna llave de Karate Kid –bromeó Fudo, consiguiendo arrancarle una pequeña sonrisa. – Vamos –le dijo tendiéndole la mano.

Ashton tomó su mano y, no sin cierto temor, le siguió hasta la planta baja. El olor a pasta y pan de ajo llenó sus fosas nasales antes de entrar en el comedor. Todos estaban en la mesa, hablando animadamente de temas banales, pero se callaron brevemente hasta que ella se sentó.

-Bien, ya que estamos todos –empezó a decir Jason, -demos gracias al Señor por la cena.

Ashton lo miró extrañada, pues no había hecho eso las noches anteriores, pero cogió las manos de Fudo y de Nick y esperó a que Jason continuara con su oración.

-Señor, te damos gracias por estos alimentos que vamos a comer hoy, y por permitir que nuestro entrenador siga con vida después de la paliza que le ha dado Ashton.

-Amén –dijeron todos al unísono.

Ella no pudo evitar reírse, agradeciendo internamente que la siguieran queriendo después de todo.

 

 

La cena transcurrió con normalidad, nadie volvió a hablar del tema. Se despidió de sus compañeros a una hora temprana, pues quería levantarse temprano para salir a correr al día siguiente. Cuando estaba a punto de llegar a la puerta de su habitación, escuchó unos pasos apresurados. Se dio la vuelta y vio que Kyle se apresuraba hacia ella con paso firme y rostro serio.

-¿Qué…?

Él la abrazó, apretándola contra sí. Ella se quedó paralizada unos segundos antes de devolverle el abrazo.

-Siento haberte gritado antes –susurró él contra su sien.

Capítulo 16 por Kala1411

Capítulo 16

 

 

Ashton decidió esperar unos días para volver al gimnasio, no sabía cómo reaccionaría Dimitri al verla y aún tenía que lidiar con su cada vez más creciente fama en el campus. El segundo fin de semana que pasaba en la mansión aprendió que la ley de la jungla se aplicaba más a la organización de la ropa para la colada que al cuadrilátero donde se había enfrentado a Dimitri. Había un par de lavadoras industriales y otras tres más pequeñas en el sótano de la casa, y ni aun así consiguió encontrar un hueco para lavar sus prendas.

Frank, al verla un poco desesperada, le ofreció compartir con él el uso de una de las lavadoras industriales, pues las prendas de ambos eran oscuras, y ella aceptó agradecida. A mitad de la tarde, mientras descansaba de las lecciones de Matemáticas que había estado repasando, fue a recoger su ropa al sótano. Simplemente la llevó en una cesta a su habitación, demasiado ensimismada y saturada para colocarla en su armario en ese momento.

Bajó para la cena y se encontró en la cocina a varios miembros intentando animar a Frank. Le resultó extraño ver al enorme chico cabizbajo y triste, por lo que quiso saber qué ocurría.

-El equipo de Futbol Americano del campus tiene muchas bajas. El año pasado se graduaron muchos de los mejores jugadores que teníamos, y solo quedamos 6. Necesitamos más miembros, pero nadie se apunta para las pruebas –el joven no levantaba la mirada de la mesa. -Si el martes no hay al menos otros 6 interesados, el equipo desaparecerá hasta el próximo curso.

Frank era el único miembro de la fraternidad que jugaba a ese deporte, y aunque los demás intentaron animarle durante la cena, fue en vano.

 

 

El lunes, Ashton decidió que quería ir al gimnasio en la hora y media que tenía libre a mitad de la mañana, por lo que se llevó lo necesario en su mochila para no tener que volver a la mansión por si iba mal de tiempo cuando terminase en el Esparta. Su próxima clase empezaba a las 12, así que le daba tiempo de hacer algunos ejercicios… si Dimitri no la expulsaba nada más verla entrar, claro.

Respiró hondo cuando entró en el recinto y se dirigió a los vestuarios femeninos para cambiarse con rapidez. De nuevo, volvió a ver algunas bolsas de gimnasio con el llavero de la Hermandad Delta y la embargó la misma sensación, pero decidió desoír su instinto por aquella vez y centrarse en su inminente encuentro con el entrenador ruso.

Se dirigió a la zona de las máquinas, y vio a algunos de sus amigos. Se acercó a ellos, pero un potente grito la detuvo.

-¡JONES!

Dimitri se acercaba a ella con su habitual semblante furioso. Las personas que estaban en las máquinas no se habían percatado de su presencia al principio, pero tras ese alarido, dejaron momentáneamente sus ejercicios o redujeron su ritmo, expectantes por ver en qué iba a consistir el siguiente enfrentamiento entre el entrenador y la chica.

-¡¿Dónde te has metido estos días?! –Ella abrió la boca para contestar, pero Dimitri siguió gritándole. -¡He estado esperándote, jovencita!

Nick y Jason se apresuraron a interceder.

-Señor…

-¡No estoy hablando con vosotros! –Cortó el hombre. -¡Seguid con vuestros entrenamientos! ¡Tú –señaló a Ashton con un dedo, -acompáñame!

Ella miró con inseguridad a sus compañeros antes de seguir a Dimitri. No se alejaron muchos metros de donde se encontraban sus amigos, lo que la tranquilizó un poco. No quería estar mal con el entrenador, pero el desconocimiento de lo que podía esperar de aquel hombre le provocaba una gran incertidumbre.

-Empezarás aquí –señaló a un banco de pesas, -ajusta el peso al que estés acostumbrada y haz 3 series de repeticiones de 3 minutos cada una. Realiza 100 flexiones y descansa unos minutos, te quiero en el cuadrilátero en menos de cuarenta minutos, me gustaría ver como golpeas.

-Sí, señor.

Complacida por las palabras y la actitud del entrenador, Ashton obedeció. Dimitri se quedó con ella durante la primera serie, para ver cómo lo hacía y el peso que le ponía. Ella estaba acostumbrada a ejercitarse con una gran cantidad de peso, y aunque esperaba que el hombre dijera algo, Dimitri se guardó sus pensamientos para sí. Asintió cuando vio que era capaz de ejecutar los ejercicios con concentración y eficacia, y se dirigió a reñir a algunos chicos que estaban a su alrededor, pues se habían quedado embobados mirándola y habían dejado de hacer sus ejercicios. Ella aprovechó el primer descaso para ponerse los cascos y escuchar música mientras realizaba las series y las flexiones.

Cuando finalizó lo que le había ordenado Dimitri, bebió un poco de agua y se dirigió al cuadrilátero, sin percatarse de que las chicas de la Hermandad Delta la habían localizado y no le quitaban la vista de encima.

El entrenador se encontraba con el material preparado y le ayudó a ponerse los guantes de king boxing. Durante los primeros minutos, Dimitri le estuvo dando órdenes exigentes, pero después dejó que ella actuase por instinto a cada movimiento o ataque que él hacía para comprobar sus reflejos.

-Eso es todo por hoy –dijo tras 20 minutos en el cuadrilátero. –Realmente estoy impresionado, Jones. Nunca había visto a ninguna chica que luchase como tú lo haces, era escéptico a creer que fueses tú quien se había graduado con honores por la Academia Militar, pero me equivocaba. Endureceré tu entrenamiento para que seas incluso mejor, a estos capullos de aquí no puedo exigirles tanto.

Le guiñó un ojo a modo de broma y ella se rio. Se despidió de Dimitri y se dirigió a los vestuarios. Iba un poco apurada de tiempo, por lo que no se paró a mirar a su alrededor cuando entró en la pulcra sala con bancos y taquillas, sino que cogió su neceser y su toalla y se metió en una ducha. Para su sorpresa, no había nadie en aquel momento en el vestuario, pero quiso terminar rápido para llegar con tiempo a su próxima clase: Biología.

Salió de la ducha envuelta en una toalla y secándose el exceso de humedad del pelo con otra, y fue entonces cuando vio el estropicio. Toda su ropa estaba hecha jirones. Suspiró con pesar mientras miraba a su alrededor: ni rastro de las bolsas de las otras chicas.

Se apresuró a mirar dentro de su mochila, por si habían dañado algo más. Le habían destrozado hasta el recambio de ropa que llevaba en una pequeña bolsa. Exasperada, sacó todo lo que llevaba dentro, sus libros, su cartera, su móvil, sus llaves... y una camiseta que estaba escondida al fondo de la mochila. Era oscura y recordaba haberla cogido esa misma mañana del cesto de ropa que recogió el día anterior en la lavandería de la mansión. La sacó de la mochila para comprobar que efectivamente estaba en buen estado y… No era suya, era una camiseta enorme.

Le dio la vuelta a la prenda, buscando una explicación, y leyó en la parte trasera el nombre “FRANK” en letras blancas y un número 9.

Era la camiseta de Futbol Americano de su amigo. ¿Qué podía hacer? Era la única prenda que tenía en esos momentos y Frank podría molestarse si la utilizaba, pero no tenía otra salida. Se la puso, sacando por el cuello de la camiseta la cabeza y los brazos y haciéndose un nudo con las mangas bajo el pecho para sujetar la prenda y que no se cayese, se miró al espejo. Ni siquiera le habían dejado su ropa interior, por lo que era todo lo que llevaba.

Mirando el reloj y observando que faltaban menos de 5 minutos para que comenzase su clase, se apresuró a recoger las prendas destrozadas y todo lo que había sacado, se hizo un moño desecho y salió rápidamente de allí.

Notaba la mirada de los demás estudiantes y apresuró el paso, pues sabía lo que estaban observando. Sus pechos eran demasiado grandes e incómodos, y si no tenía la sujeción de su sujetador deportivo, le resultaban muy molestos. No le importaba lo que los demás pensaran, nunca le había importado, pero le preocupaba que su amigo se enfadase con ella.

Llegó al aula de Biología a tiempo y se apresuró a sentarse en un rincón disimulado, aunque su presencia ni mucho menos pasó desapercibida entre los estudiantes. Era la única de la fraternidad con esa clase, pues todos la habían aprobado el año anterior, así que tenía una hora y media para pensar que disculpa le daría a Frank.

 

 

El comedor empezaba a llenarse a medio día con estudiantes de todos los cursos y especialidades. La mayoría de los miembros de la fraternidad estaba intentado animar a un desconsolado Frank, al parecer no solo su equipo de deportes estaba pasando por graves problemas, sino que además había perdido la camiseta de su equipación, la que según él le daba siempre suerte.

-¿Qué voy a hacer? –Se lamentaba.

-Frank, tranquilízate. Aparecerán candidatos, aún falta casi un día para que se cierren las listas –le decía Matthew.

-Sí, no te pre… -Jason se había quedado embobado en algo. -Joder…

Los demás siguieron la mirada del miembro Delta y se quedaron boquiabiertos.

Ashton se dirigía a la mesa con todos ellos. Llevaba un corto vestido que, unido a su pelo recogido, resaltaba toda su figura. Prácticamente todos los chicos de la cafetería la estaban mirando hipnotizados, pero ella andaba apresuradamente hacia la mesa de la fraternidad. Soltó la mochila y se sentó frente a Frank, con una expresión acongojada.

-Frank, te lo suplico, perdóname –no miraba a nadie más, solo a su enorme amigo, quien estaba atónito. –Me equivoqué ayer y cogí tu camiseta del equipo de Futbol Americano, y hoy he tenido un problema y… he tenido que ponérmela.

Tanto Frank como los demás tardaron en reaccionar a lo que ella estaba diciendo.

-Sí, no te preocupes, no pasa nada –susurró Frank.

-Sé cuál es la respuesta, pero solo confírmamelo: no llevas sujetador, ¿verdad? –Victor prácticamente estaba en trance.

-No, no llevo ropa interior ahora mismo –dijo ella preocupada. –Frank, te prometo que la lavaré y te la devol…

-¡No! –Exclamó él. –Quiero decir, que no hace falta que… la laves…

-Ahora entiendo porque decías que era tu camiseta de la suerte –murmuró Jason.

-¿Problemas? –Inquirió Kyle. -¿Qué te ha pasado?

Ella miró a la izquierda, Mark, Matthew y él la estaban mirando ahora con expresiones interrogativas. Ashton no quería decir lo que había ocurrido.

-¿Ashton? –Presionó Mark.

Ella suspiró, cogió su mochila, la abrió y sacó las tiras de su ropa destrozada. El ambiente en la mesa se volvió tenso y sombrío, Mark miró de reojo a Matthew y a Kyle.

-Chicos, no quiero causar problemas por esta tontería… -empezó a decir preocupada por los semblantes serios de sus compañeros.

-No es una tontería, Ashton –declaró Kyle. -Eres miembro de nuestra fraternidad, y si se meten contigo, se meten con todos.

-Kyle, solo ha sido una broma pesada, nada más –ella le sonrió, intentando calmar los ánimos.

No iban a dejarlo así aunque Ashton lo quisiera. Todos sabían quienes habían sido las responsables de aquellos actos y buscarían explicaciones.

-Oye, Ashton, ¿estás son tus braguitas? –Preguntó Victor cogiendo una de las tiras destrozadas de ropa. -¿Te importa si me las quedo? Ya no te sirven y…

Ella se la arrancó de la mano, con la cara completamente roja, y se levantó para ir a buscar su almuerzo.

Capítulo 17 por Kala1411

Capítulo 17

 

 

El resto de la semana pasó sin ninguna otra dificultad para Ashton. Frank la recibió uno de los días con un abrazo de oso, agradeciéndole efusivamente su colaboración con el equipo de Futbol Americano.

-Multitud de chicos te vieron el lunes paseando con mi camiseta y se apuntaron a las pruebas para entrar en el equipo –le dijo mientras la apresaba entre sus musculosos brazos. –Si no hubiese sido por ti, el equipo habría desaparecido –ella apenas podía respirar. -¡Muchísimas gracias, Ashton!

-Tío, déjala ya o empezará a ponerse azul –avisó Victor.

La chica resultaba ser una compañera increíble, tenía una visión diferente del mundo y unos valores muy fuertes. Era amble, divertida e inteligente, incluso Dimitri parecía apreciarla más que a ninguno de los otros chicos a los que entrenaba en el gimnasio. Pero Mark sabía que Ashton no solo provocaba esas reacciones en quienes la rodeaban.

El viernes había una gran fiesta en otra casa de estudiantes, y todos estaban invitados, pero Ashton prefirió quedarse en la mansión, pues al parecer no se encontraba muy bien. Les aseguró que no era nada grave y que les avisaría si empeoraba.

El lugar estaba muy ambientado, música de moda, bebidas y muchas chicas guapas. Sus amigos no tardaron en perderse entre los barriles de cerveza y los cuerpos sudorosos de la pista de baile. Mark se quedó con Matthew, Peter y Scott en el jardín bebiendo algunas cervezas y hablando de deportes y clases, pues no tenía la mente en la fiesta. Estaba preocupado por la situación de Ashton y las acciones de Daisy contra ella, y sabía que debía hacer algo para que no fuese a más.

Como si la hubiese llamado por telepatía, la presidenta de la Hermandad Delta se acercó hasta ellos.

-Buenas noches, chicos –saludó con voz provocativa.

Los chicos la miraron con animadversión, y Mark se levantó con los brazos cruzados.

-¿A qué has venido?

Ella soltó una risita aguda.

-¿Por qué tienes esa actitud conmigo, querido Mark?

-Sabemos que tú y tus chicas fuisteis las responsables de destruir la ropa de Ashton.

Ella le miró cruzándose de brazos, pero manteniendo su sonrisa.

-¿Y qué con eso? Solo fue una broma.

-No, no lo fue. Déjala en paz, Daisy.

Ella dobló su cabeza, pensativa.

-Si vuelves conmigo, me olvidaré de su existencia.

-¿Qué? –Ni Mark ni sus amigos daban crédito a lo que oían. – ¿Por qué quieres que volvamos?

-Porque es lo que se espera de nosotros –se acercó a él y puso sus manos por detrás de su cuello, pegando sus curvas a sus músculos. –Tú eres el Alpha de la fraternidad más importante del campus, y yo la presidenta de la Hermandad Delta, estamos hechos para ser una pareja y un ejemplo para el resto del campus.

-No sé qué tiene que ver eso con Ashton.

-No tiene nada que ver en realidad, pero su reputación está en mis manos –le explicó. –Ahora es conocida como vuestro juguete, vuestra puta intercambiable.

-Y todo gracias a ti –Matthew no pudo evitar el comentario sarcástico.

Daisy se rio levemente.

-No voy a negar que tuve algo que ver con el inicio de ese rumor… Pero de la misma forma, también puedo hacer que desaparezca –acarició la barbilla de Mark para dar más énfasis a su propuesta.

El chico sintió como la bilis le subía por la garganta, pero sabía que era su deber como Alpha defender a los miembros de su fraternidad. Costase lo que le costase.

 

 

Demasiado borracho como para sentir algún tipo de asco en ese momento, Mark llegó con Daisy a la mansión a altas horas la madrugada. Ella no había bebido tanto y había logrado convencerlo para que se fueran a la mansión y pasaran la noche juntos. Él no tenía la estabilidad suficiente para subir las escaleras, y tras dos intentos infructuosos en los que casi se cae, Mark decidió que dormirían en el sofá del salón.

Pero Daisy no quería dormir. Ella quería marcarle como suyo, demostrarles a todos los miembros de la fraternidad, en especial a Ashton, que Mark le pertenecía.

Lo tumbó en el sofá y empezó a besarle frenéticamente, le acarició en los lugares donde sabía que más le gustaban y él le respondió con la misma desinhibición. Su ropa fue desapareciendo poco a poco, hasta que estuvieron casi desnudos y ella cogió el pantalón de Mark y sacó de su cartera un preservativo.

Se lo puso y se montó sobre él, pues el chico se caería si intentaba ponerse encima. Empezó a cabalgarlo, pero él no se mantuvo quieto. Sus embestidas eran potentes y Daisy no tardó en comenzar a gemir. No le importaba si la veían, su pretensión era anunciar su presencia, así que empezó a gritar cuando el ritmo de Mark fue aumentando. Estaba segura que todos los miembros de la casa la estaban escuchando, pero por si acaso, alzó más la voz con cada movimiento placentero que sentía.

No fue un polvo largo, pero tampoco podía esperar más dada la cantidad de alcohol que él había ingerido. Sin embargo, fue muy satisfactorio y excitante, Mark nunca defraudaba a las chicas por muy borracho que fuera, o como en su caso, por mucho que la detestase. Daisy se limpió con algunas toallitas de su bolso y le quitó el preservativo lleno a un Mark casi dormido.

-Ash… -murmuró él.

Daisy se paralizó por un momento. Acababa de follar con él, pero ¿la habría confundido con aquella chica? Los celos y el odio afloraron en su interior, esos sentimientos le ayudarían a planear su siguiente movimiento contra su rival. A la mierda con el trato que había hecho con Mark.

 

 

Ashton se despertó alrededor de las 6 de la mañana, los intensos calambres de su menstruación le impidieron seguir durmiendo. Se retorció de dolor y se puso en posición fetal, intentando regular su respiración. El día anterior había sentido algunas molestias estomacales y sabía que la llegada de su periodo era inminente, pero esperaba que aquella ocasión fuese una de las veces en las que los calambres eran mitigados por los anticonceptivos que tomaba. Sin embargo, no parecía que fuese a ser así.

Una hora después y sin ningún tipo de mejoría, decidió levantarse de la cama y bajar a la cocina para prepararse un té. Se miró levemente en un pequeño espejo que tenía sobre la cajonera de su habitación y vio el lamentable aspecto que tenía. Su melena estaba despeinada, su cara estaba pálida y sus ojeras eran enormes, pero todo eso a ella le daba igual. Lo que le preocupaba realmente eran los cambios de humor que iba a tener, los cuales se volvían tan incontrolables que su comportamiento rayaba la bipolaridad. Era casi matemático, cuanto más dolorosa fuese la menstruación, más cambios de humor tendría.

Bajó las escaleras, llevando un libro de lectura para leer mientras se tomaba la primera taza de té. Su ginecóloga hacía años que le aconsejaba evitar los refrescos y el café durante los peores días de regla, pues podrían agravar sus altibajos emocionales, pero por muchas tazas de té que se tomara su humor seguía siendo horrible y cambiante esos días.

 

 

Daisy se despertó, se vistió y miró brevemente a Mark antes de salir del salón. Una figura en la cocina llamó su atención y se acercó disimuladamente. Era Ashton y tenía un aspecto horrible, como si no hubiese dormido bien. Una sonrisa cínica se formó en su rostro mientras salía, sabiendo que ella la habría escuchado follando con Mark la noche anterior. Había conseguido su objetivo.

 

 

Alrededor de las 8, algunos miembros de la fraternidad empezaban a bajar a la cocina, la mayoría de ellos con expresiones sombrías pues todos habían escuchado el espectáculo porno de Daisy. La sola idea de que ella volviera a meter sus narices en la fraternidad tenía a muchos preocupados. Solo Peter, Scott y Matthew sabían lo que había ocurrido y se lo explicaron a algunos compañeros, en susurros.

Todos se quedaron paralizados al ver a Ashton allí, con la mirada perdida en un punto indeterminado de la mesa.

-Buenos días, Ashton –dijo Jason.

Ella le respondió con un murmullo casi ininteligible mientras tomaba otro sorbo de su taza. Él miró a sus amigos con la inquietud instalada en sus ojos. Habían quedado claras las intenciones de Daisy con Ashton, y a su compañera parecía haberle afectado mucho.

 

 

Los pasos procedentes de la escalera despertaron a Mark. Se mantuvo tumbado en el sofá mientras los recuerdos de la noche anterior iban apareciendo en su cabeza como si fuese una película. Se levantó lentamente para no vomitar, más por el asco que sentía hacia sí mismo que por la resaca. Era un presidente horrible y, aunque nadie le pediría explicaciones, sentía que defraudaba cada vez más a sus amigos cuando se trataba de Daisy.

No sabía si sería capaz de mirarlos a la cara, pero lo que más le avergonzaba era tener que hablar con Ashton sobre lo que había hecho. La chica podía sentir que la había traicionado acostándose con su enemiga, y entendería si no quería volver a mirarle a la cara, aunque eso le partiese por dentro.

Se dirigió a la cocina con la mínima esperanza de poder hablar con los demás miembros antes de tener que tratar con Ashton, pero sus ánimos se derrumbaron cuando la vio sentada. Parecía estar en trance, completamente ajena a todo a su alrededor. Estaba despeinada y con el rostro macilento, seguramente por la falta de sueño, pero aun así le parecía que estaba guapa. Lo que más le turbaba era la mirada que tenía en sus ojos.

Adam entró en la mansión en ese momento y, al ver a sus compañeros en la cocina, se paró en la entrada, al lado de Mark. Siguió su mirada y comprendió todo sin siquiera haber pasado la noche en la mansión, pues había visto salir de la fiesta a su amigo con Daisy.

-Explícaselo, seguro que lo comprenderá –susurró a Mark intentando animarle.

Con paso dubitativo, se acercó a la mesa y se sentó frente a Ashton. Ninguno de los presentes dijo nada, pero el desasosiego inundaba la habitación. Ella ni siquiera le miró, como si ignorase su presencia. Su voz se quebró cuando empezó a hablarle.

-Ashton… Perdóname…

Ella levantó los ojos y le miró con un profundo resentimiento. Algo en su interior se agrietó, a punto de romperse al ver cómo le estaba mirando. Quiso continuar su disculpa, pero ella le interrumpió.

-Te odio –dijo con voz clara y destilando un profundo rencor.

La respiración de Mark se detuvo ante esas dos palabras. Nunca pensó que llegaría a afectarle tanto escucharlas de una chica que hacía tan poco tiempo que conocía, pero así era.

-Yo… Lo siento mucho… -se detestaba a sí mismo en aquellos momentos.

-¿Qué lo sientes? Dime, ¿qué es exactamente lo que sientes? –El tono de su voz enfurecida estremeció a todos los presentes. -¿Cómo puedes pedirme perdón si no sabes cómo me estoy sintiendo ahora mismo? –Se levantó de la silla y plasmó sus manos en la mesa, fijando sus ojos en los de Mark. -¡No tienes ni idea de cómo me siento! ¡No puedes saberlo porque tú no tienes una MALDITA VAGINA SANGRANTE!

La estupefacción inundó la cocina. Todos los miembros se quedaron mirando a su compañera sin saber qué decir ante sus palabras. Mark se había echado hacia atrás, atemorizado por la reacción de Ashton.

-¿Q-Qué?

-¡Que tú tienes un pene, maldito suertudo de mierda!

Se dispuso a salir de la cocina, los chicos se apartaban de su camino mientras la miraban sin dar crédito a lo que acababa de pasar. Cuando pasó al lado de Adam, se paró un momento y lo miró durante unos segundos con la misma expresión que a Mark.

-¡Muchas gracias, Adam! ¡Ahora me apetecen cerezas y no es temporada!

El joven ni siquiera pudo disculparse, pues ella subió las escaleras y todos pudieron escuchar claramente el portazo.

-Jo… der… -susurró Victor.

-¿Qu-Qué le pasa? –Jason casi tenía miedo de preguntar en voz alta, por si ella le escuchaba.

-Creo que nuestra compañera ha empezado con su periodo –se aventuró a decir Matthew.

 

 

Nadie quiso molestarla, todos se pusieron de acuerdo en intentar no enfadarla durante un par de días, aunque no confiaban mucho en poder conseguirlo dada la reacción que tuvo con Mark. Durante la mañana del sábado, los chicos realizaron sus habituales actividades: estudio, limpieza, lavandería,...

Mark volvió del gimnasio con otros miembros alrededor de las 12 del mediodía, un poco más aliviado que esa mañana, pues aunque Ashton le había gritado iracunda, el motivo no había sido Daisy. Sus amigos no habían querido sacarle el tema, pues solo les hizo falta verle por la mañana para saber lo afectado que estaba por culpa de la chica rubia. Esperarían unos días para hablarlo entre todos e intentar buscar una solución a su chantaje.

Apenas había entrado por la puerta cuando Kyle le llamó, acercándose apresuradamente a él.

-Mark, tenemos un problema: Ashton está llorando en el salón.

Los chicos miraron hacia el arco que conducía al gran salón y vieron a varios miembros allí congregados.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado para que esté así? –Preguntó Jason preocupado.

-Está viendo la televisión –contestó Matthew.

-¡Ah, bueno! –Dijo el chico. –No será tan grave, seguramente esté viendo alguna mierda cursi como Titanic o El diario de Noah.

-No, Jason. Está llorando mientras ve capítulos de The Walking Dead –aclaró Kyle.

Mark, Jason, Frank y Nick fueron hacia la entrada del salón, los demás miembros se apartaron para que viesen lo que ellos aún no lograban entender. Ashton estaba llorando como si no hubiese un mañana, rodeada de pañuelos usados, con la cara enrojecida mientras se escuchaba de fondo los terroríficos alaridos de los zombis.

-Tim, tú eres el veterinario del grupo y tienes experiencia con fieras–empezó a susurrar Adam, -acércate e intenta calmarla.

Sorprendentemente, Adam no estaba bromeando cuando le dijo eso a su amigo.

-Ni de coña, tío –le contestó Timothy sin apartar sus ojos de la desdichada Ashton. –Ya viste lo que hizo con una serpiente estando de buen humor, no quiero imaginarme de lo que es capaz estando con el periodo.

-¿Creéis que deberíamos llamar al hospital? –Inquirió Victor. –Por si pueden prestarnos una camisa de fuerza.

-No seas bestia, tío –riñó Scott.

-Tú estás estudiando Psicología, ¿puedes afirmar con rotundidad que no está loca viéndola así?

Como si quisiera enfatizar las palabras de Victor, Ashton empezó a llorar más fuerte aun cuando un gran chorro de sangre apareció en la pantalla. Algunos hasta se asustaron más al escuchar el alarido de tristeza.

-A ver, dejadme pasar –se atrevió a decir Kyle. –Intentaré tranquilizarla.

-Te recordaremos siempre, tío –le aseguró Adam.

Kyle ignoró a su amigo, se acercó lentamente hasta el sofá y se sentó al lado de la afligida chica.

-Ashton, ¿por qué estás tan triste? –Preguntó dulcemente.

Ella señaló la pantalla de la televisión sin poder contener las lágrimas.

-Los están matando. ¡Los están matando!

Los protagonistas de la serie se estaban defendiendo del ataque de los zombis, la escena era sangrienta y angustiosa para cualquiera que la viese, pero al parecer en su amiga solo provocaba un gran sentimiento de pena.

-Ashton, tranquilízate. Los protagonistas solo se están defendiendo del ataque –intentó utilizar la coherencia.

-¡Pero los están matando! ¡¿No lo ves?! –Otra nueva oleada de lágrimas. –Me dan mucha pena, ellos solo se dejan llevar por su naturaleza… No tienen culpa de lo que hacen…

Más lágrimas.

-¿Qué… se dejan llevar por su naturaleza? –Preguntó extrañado.

-¡Sí! Los zombis no saben lo que están haciendo, solo se dejan llevar por su instinto… -hipó levemente. –Y Rick y los suyos los están matando… ¡No es justo!

Kyle se quedó un momento procesando las palabras de la chica, miró hacia sus compañeros y todos se encogieron de hombros, atónitos, sin saber qué hacer para calmarla.

 

 

Tras un domingo lleno de altibajos emocionales, Ashton se levantó más animada el lunes. Se acicaló y bajó para desayunar.

-¡Buenos días! –Saludó animada a todos los presentes.

Sus amigos la miraban con cierto recelo y temor.

-¿Te sientes… mejor? –Preguntó Adam.

-Sí, me siento mucho mejor –se acercó a la cafetera y empezó a prepararse el café.- Quería pediros perdón, mi humor ha sido una mierda este fin de semana y lo he pagado con vosotros.

Los chicos le sonrieron al comprobar que había vuelto a la normalidad.

-Nos advertiste el primer día y no te hicimos mucho caso –dijo Matt, -pero no volveremos a estar confiados.

-¿Y eso? –Cuestionó ella divertida.

-Nos hemos descargado un calendario menstrual –contestó Jason, -ahora no nos cogerán desprevenidos tus próximos periodos.

Todos los presentes le mostraron sus móviles con la aplicación abierta y ella no pudo más que reírse.

Capítulo 18 por Kala1411

Capítulo 18

 

 

El último fin de semana de septiembre, Ashton se marchó a visitar la Academia Militar. Los chicos intentaron convencerla para que se quedara, pues planeaban ir a una gran fiesta de la espuma.

-Chicos, os lo agradezco, pero quiero ver a mis padres. Sé que van a organizar una misión de entrenamiento y no sabéis lo divertido que es –dijo ella mientras bajaba las escaleras del porche. – ¡Pasáoslo bien!

Cuando su taxi se alejó de la casa, los chicos entraron desanimados al salón. Apenas había salido del recinto del campus y ya la echaban de menos. Llegaron a desesperarse y aburrirse tanto, que decidieron organizar ellos otra fiesta para el sábado por la noche. Ella estaría dos días fuera, y su tren no llegaría hasta el domingo por la noche, por lo que tendrían tiempo para limpiar y ordenar la casa para cuando estuviera de vuelta.

Pensaron los detalles durante la hora del almuerzo y cuando casi habían terminado de comer, Mark recordó algo importante.

-Por cierto, me olvidé de avisaros –dijo mirando a Kyle y a Adam, -pedí dos nuevas camas para vuestra habitación, pero me han informado que hasta el lunes no llegarán por problemas con el transporte.

Los chicos se miraron con el ceño fruncido.

-¿Y qué haremos durante el fin de semana sin camas? –Preguntó Kyle.

-Sé que no es una gran idea, pero creo que la única solución que tenéis es utilizar una de las camas de matrimonio que hay en el ático…

Las risitas empezaron a recorrer la mesa.

-¿Estás vacilándome? –Kyle había dejado de comer momentáneamente.

-Tío, no te preocupes. Puedes tener la cama de matrimonio para ti, yo tengo en mente otro lugar en el que dormir –le dijo alegre Adam.

-Seguro que ese lugar incluye una tía –bromeó Victor.

Todos se rieron, menos Jason.

-¿Podemos conocer la identidad de la afortunada? –Inquirió con una media sonrisa que no llegó a sus ojos.

Adam se enfrentó con su mirada, sabiendo lo que su amigo estaba pensando.

-Aun no la conozco ni yo, tío –dijo encogiéndose de hombros.

Pero su actitud despreocupaba no casaba con sus pensamientos.

 

 

El viernes por la tarde, a las 18:45 y tras casi 4 horas de viaje en tren, Ashton se bajó en la estación central de Seattle. John y Paul la esperaban en el andén con los brazos abiertos. Les había echado de menos más de lo que creía. La llevaron a cenar a su pizzería favorita antes de dirigirse al centro militar, para poder tener un rato de “padres” e hija. Solo esperaba que no se diesen cuenta de la pequeña mentira que ella les había estado contado desde que se fue. Era una gran mentirosa, le enseñaron a serlo para las ocasiones que más lo requiriese, pero esa era la primera vez que engañaba a sus padres.

-Bueno, ¿y cómo es la hermandad a la que perteneces? –Preguntó John.

-¡Es genial! La casa es enorme y muy luminosa.

-¿Cómo son las chicas que viven contigo?

-Pues son todas distintas entre sí, pero formamos una piña. Estamos muy unidas y nos apoyamos mucho las unas a las otras –bebió un poco de su agua mientras simulaba pensar. –Supongo que no puedo decir cuál podría considerar como mi mejor amiga aún.

-No tienes que precipitarte en nada –le dijo Paul sonriéndole. –Estás en la Universidad, rodeada de cultura y gente nueva, disfrútalo todo con tranquilidad.

Sus platos llegaron y empezaron a cenar, pero ella sabía que aún había preguntas en el aire y sus padres solo estaban esperando el momento propicio para hacerlas.

-Y, con el género masculino, ¿cómo vas?

John formuló la pregunta con aparente desinterés, pero ella lo conocía mejor que eso y había estado ensayando mentalmente su respuesta durante todo el camino.

-Se me han acercado algunos chicos, pero les he dejado claro que estoy centrada en mis clases –ella sonrió inocente. -He hecho algunos amigos, pero nada más. No me interesan en este momento de mi vida.

Pudo observar claramente como la tensión en los músculos de sus padres desaparecía, incluso les vio sonreír levemente aunque intentaron disimularlo.

-Bueno, háblanos de tus clases, ¿cuáles son tus favoritas?

 

 

La misión de entrenamiento empezó a las 3 de la madrugada, en una zona boscosa. Ashton estuvo corriendo, escondiéndose y planeando con sus compañeros durante doce horas, hasta que consiguieron su objetivo. La mayoría de los componentes de su equipo eran jóvenes que habían estudiado al mismo tiempo que ella en la Academia Militar, solo que algunos años mayores. Sabían la historia de su vida y de quiénes era hija, por lo que ninguno se atrevía a verla como algo más que su compañera.

Por desgracia, sus padres le informaron de un imprevisto en la otra punta del país que debían solucionar. La llevaron a la estación de trenes el sábado por la tarde y cogió el último tren que salía para California. Le apenaba no poder pasar más tiempo con ellos, pero el trabajo era el trabajo.

 

 

Su tren llegó casi a medianoche, se apresuró a coger un taxi pues estaba deseosa de acostarse. No había dormido en casi 24 horas, y ni siquiera había recuperado fuerzas tras la ardua misión de entrenamiento.

Cuando se bajó del taxi y vio la enorme fiesta que habían formado los chicos de su fraternidad, solo suspiró. Sabía que no le costaría quedarse dormida por el cansancio acumulado que tenía, así que no estaba preocupada.

Sus amigos estaban esparcidos por toda la casa, bebiendo, bailando y babeándose con las chicas que había por doquier. Ni siquiera se paró a buscar a nadie para avisar de su regreso anticipado, solo se fue directa a su habitación.

Cuando abrió la puerta, el olor a cereza llegó a su embotado cerebro antes que la escena. Adam estaba follando con una guapa morena en su cama. Cerró la puerta de golpe, notando sus mejillas rojas. ¿Qué podía hacer? Su cuarto había sido invadido por Adam, así que ella se aventuró a ir a la habitación que él compartía con Kyle. Si el chico le había robado su cama, ella se apoderaría de la suya. Ya tendría tiempo de pegarle una paliza al día siguiente, cuando hubiese descansado lo suficiente.

Entró en la habitación de los chicos y se quedó pasmada al ver la cama de matrimonio. Pero tampoco le importó mucho, pues su cuerpo y su cabeza le pedían a gritos meterse en ella. Su pretensión había sido llegar a su habitación, ponerse su pijama favorito y acostarse, dejando para el día siguiente la tarea de deshacer la maleta. Pero debido al cambio de su plan, no se lo pensó dos veces y cogió una camiseta de una cajonera. No sabía de quien era ni le importaba, solo se la puso y se acostó. En cuestión de segundos, estaba sumida en un profundo sueño.

 

 

Kyle había bebido más de la cuenta, aunque no llegaba a estar tan borracho como algunos de sus amigos. Había estado hablando con varias chicas, pero ninguna de ellas le atraía como para tener sexo, y eso que llevaba casi dos meses desde la última vez que se acostó con alguien. Pero la presencia de Ashton le había trastocado más de lo que él había creído, no podía evitar comparar a cada fémina con ella.

Llegó a su habitación y se percató levemente del bulto que había en la cama. Sonrió divertido, pues parecía que Adam no había encontrado tampoco a ninguna chica que le gustase para pasar la noche. Él comprendía a su amigo, solo pensaba en una persona y resultaba ser la menos indicada, pero así era el amor. Se quitó la ropa, quedándose solo en slips, y se metió entre las sábanas, harto de sus pensamientos y de lo complicado que era todo a veces.

 

 

A la mañana siguiente, Kyle se despertó relativamente pronto por los rayos de sol que entraban por la entreabierta ventana. Tenía la boca pastosa, pero eso no fue lo que más le incomodó. A medida que tomaba conciencia de su postura, se dio cuenta que estaba pegado contra el cuerpo de su amigo, quien había metido su cabeza bajo la almohada para eludir los rayos del sol para seguir durmiendo. Su culo estaba pegado a su entrepierna, y su pene estaba completamente erecto.

Se había empalmado con su compañero de habitación.

De repente, se despertó por completo y se alejó de la cama tan rápido como pudo. Se apresuró a salir de allí, y una vez fuera, se apoyó contra la puerta jadeando y con las manos sobre su miembro.

-¿Qué cojones te pasa, Kyle? –Se recriminó a sí mismo.

Tardó un poco en normalizar su respiración y esperar que su pene recuperase su tamaño habitual. Bajó las escaleras para buscar algo que poder desayunar, o con lo que poder volver a emborracharse, lo que encontrase primero.

Se paró en seco cuando estuvo en la puerta de la cocina y vio a varios de sus amigos allí, entre ellos Adam.

-Adam… ¿Qué estás haciendo aquí?

El aludido lo miró, con el sueño aun dominando su gesto.

-¿Cómo que qué hago aquí? Pues desayunando, ¿no lo ves?

-¿D-Dónde has pasado la noche? –Tragó mientras hacía la pregunta.

-En la habitación de Ashton.

-¿Te has follado a una chica en la habitación de Ash? –Inquirió Victor. –Va a matarte cuando se entere.

Adam iba a contestarle, pero Kyle habló antes.

-Si tú has dormido en la habitación de Ashton… ¿Quién ha dormido conmigo en la cama matrimonial?

Todos los presentes se quedaron paralizados durante unos segundos antes de reaccionar y apresurarse a subir las escaleras. Kyle era el más rápido, pues la adrenalina impulsaba sus pies a correr para averiguar la identidad de aquella persona. Abrió la puerta de golpe, seguido de sus amigos, y no se demoró en destapar las sábanas.

Un redondeado culo y unas firmes y tersas piernas le dieron la bienvenida. La chica gimió, apartó la almohada de su cabeza y se sentó en la cama, sin ningún tipo de vergüenza porque todos sus compañeros estuvieran viendo sus braguitas negras y notasen sus pechos libres de sujetador.

-¿Qué crees que estás haciendo? –Preguntó molesta Ashton.

Kyle se quedó paralizado de la sorpresa.

-Cre-Creí que llegarías hoy… -expuso Kyle. -¿Cuándo has llegado?

-Llegué anoche –dijo bostezando y restregándose los ojos. –Pero un cerdo fornicador había invadido mi cama –dijo mirando mal a Adam.

-Sí, eso… -el aludido no sabía qué decir. -Espero que me perdones, Ash…

Ella le tiró un cojín a la cara.

-Quiero mis sábanas lavadas antes de esta noche –le advirtió. –Y ahora, si no os importa, quiero seguir durmiendo.

Se levantó para bajar la persiana, y todos los presentes aprovecharon para mirar detalladamente su culo. Ella ignoró sus miradas y volvió a meterse en la cama para seguir durmiendo.

-¿Os importa? –Dijo a modo de invitación para que todos salieran de allí.

Una vez la puerta estuvo cerrada, los chicos volvieron lentamente a la cocina, pensando en los muslos de su compañera. Casi había llegado a la escalera, cuando Adam se giró hacia Kyle y le dijo en voz baja:

-Necesitaremos ducharnos durante la mañana, y toda nuestra ropa está en la habitación. ¿Por qué no vas y me buscas mis prendas? Si Ash me ve entrar a mí, puedo despedirme de mis futuros hijos –explicó elocuentemente.

Kyle le sonrió a su amigo, Adam podía parecer muy bromista, pero se percataba de muchas cosas que pasaban a su alrededor.

Entró sigilosamente en la habitación, admirando detenidamente a la chica. Tenía la sábana por la cintura, pero la silueta de su culo era perfectamente visible. Sigilosamente empezó a buscar su bolsa de baño y ropa para él y para su amigo.

-No me importa si necesitas encender la luz –le susurró Ashton.

Él la miró sonriendo, ella le devolvía la mirada con un ojo abierto y varios mechones sobre su rostro.

-Ya lo tengo todo, pero gracias –se acercó a la cama y se sentó. –Siento la forma en la que te he despertado, no sabía que eras tú.

Ella empezó a reírse antes de bostezar y disponerse a dormir de nuevo.

-¿De qué te ríes? –Le susurró él, curioso.

-Una parte de ti sí que se había dado cuenta que era yo –la leve risilla traviesa retumbó en su interior como si fueran campanas.

Kyle salió de la habitación rezumando felicidad.

Capítulo 19 y Capítulo 20 por Kala1411
Notas de autor:

Vuelvo a subir dos capítulos en un mismo post, pues estoy muy ocupada con exámenes y no se si tendré oportunidad de conectarme en los próximos días.

¡Saludos!

Capítulo 19

 

 

A la hora del almuerzo, el rugido feroz de sus tripas la despertó. Fue a su habitación a coger lo necesario para darse una ducha rápida y comprobó con satisfacción que Adam le había hecho caso y había quitado sus sábanas. Aun así, tendría una pequeña charla con él.

-¡Por fin ha despertado la Bella Durmiente! –Exclamó Jason cuando la vio llegar a la cocina. –Por cierto, tienes un bonito culo… ¡Ay!

Matt le golpeó en la nuca.

-Gracias –le dijo ella con una sonrisa.

Matt le guiñó un ojo mientras se sentaba a su lado en la gran mesa del comedor. Al parecer, habían pedido pizzas de nuevo ante el cansancio generalizado y las pocas ganas que tenían de cocinar. Ashton vio llegar a Kyle y aprovechó para hablar con él.

-Kyle, te devolveré luego la camiseta que te cogí prestada anoche para dormir.

-No te preocupes, no hay prisa –dijo él muy sonriente.

-No te molestes en lavarla, Ash –dijo Victor. –Seguramente Kyle se masturbe con ella y la ensucie.

Las risas llenaron la estancia. Kyle se acercó a Victor con intención de pegarle, pero Adam lo detuvo. Mark continuó con su bebida, intentando ignorar la conversación de sus amigos y poniendo toda su concentración en olvidar el hecho de que Ashton había dormido en la misma cama que Kyle.

Él tenía “novia” en esos momentos y no debía molestarle tanto que su Beta hubiera pasado la noche con Ashton, pues no había pasado nada, solo habían dormido. Sin embargo, los celos hacían mella en su ánimo y no podía evitarlo. No quería volver a pasar por esa situación de nuevo con Kyle, sobre todo en aquellos momentos que parecía que su amistad empezaba a recuperarse poco a poco, pero era una sensación indescriptible e inevitable la que sentía cuando los imaginaba juntos.

Tenía un problema muy jodido.

 

 

Por la noche, Ashton se dirigió a la habitación de Kyle para devolverle la camiseta. Llamó levemente a la puerta y él le abrió, iluminándoseles los ojos, pero ella no se percató de ello.

-Hola, vengo a traerte tu camiseta –le dijo entregándosela como si fuera una ofrenda. –Muchas gracias por “prestármela” –sonrió poniendo las comillas con los dedos.

-No tienes que darlas, puedes volver a cogerla cuantas veces quieras.

-¡Eh! ¡Pero si es nuestra pequeña Ash! –Exclamó Adam tumbado en la cama.

Ella le miró mal y recordó la conversación que quería tener con él. Entró y se cruzó de brazos frente a la cama, con una sonrisa ladeada.

-¿Quién es ella?

Adam la miró interrogante.

-¿Qué?

-La chica que huele a cerezas.

Él pretendió desconocer a lo que se refería, pero ella sabía mentir mejor que todos los miembros de la fraternidad juntos. No iba a conseguir engañarla.

-Ash, no sé de qué me estás hablando.

-Cada vez que has vuelto de una fiesta, el olor a cerezas estaba impregnado en ti –empezó a explicarle. –Y anoche, cuando entré en mi habitación y te vi… haciéndolo con esa chica, toda la estancia olía a cerezas –había dado en el blanco y podía verlo por su expresión. –Así que, ¿quién es ella?

Kyle cerró la puerta y se giró a su compañero con el ceño fruncido.

-Dime que no has vuelto con ella.

Adam bajó la vista hasta sus manos con expresión resignada y asintió levemente.

-Joder… -murmuró Kyle.

-Ash, ¿le has dicho a alguien más que me viste con esa chica anoche? –Preguntó Adam inquieto.

-No –ella comenzaba a preocuparse.

-No se lo digas a nadie, por favor –le pidió con ojos suplicantes.

-De acuerdo.

-Ella… es la melliza de Jason…–Adam sentía que debía contarle eso a su amiga si iba a guardarle el secreto. –Él es muy sobreprotector con ella, y casi me partió la cara el año pasado cuando empecé a verla.

-¿Cómo se llama?

-Jessica –dijo con un tono en la voz que no le pasó desapercibido. -Tiene los mismos años que yo, los mismos gustos que yo, e incluso compartimos algunas manías.

A Adam le gustaba realmente aquella chica.

-Te la partirá este año si os descubre –advirtió Kyle.

-Lo sé, pero no puedo evitar verla. No quiero tener que evitar verla.

Los hombros del joven se hundieron.

-No te preocupes –le dijo Ashton. –Tarde o temprano, Jason entrará en razón. Solo es cuestión de tiempo, ya verás.

 

 

El miércoles, Adam sabía que tenía un rato hasta que los demás volvieran de clases o del gimnasio, así que invitó a Jessica a la mansión de la fraternidad. Él le abrió la puerta muy sonriente y ella se apresuró a entrar.

-Espera, cogeré el bote de nata y nos iremos a la habitación.

Ella se rio como quien sabe que va a hacer una travesura.

Al mismo tiempo, los miembros de la fraternidad volvían desanimados del gimnasio. El Esparta estaba cerrado por “motivos personales” según rezaba en un gran cartel en la entrada del edificio. Así que decidieron volver antes a la mansión.

Jason entró primero en la gran casa y vio a su hermana allí. Se miraron durante unos segundos, ella como si hubiese visto una aparición, y él con el asombro pintado en su cara.

-Jess, ¿qué…?

No terminó de formular su pregunta cuando vio llegar a Adam de la cocina con el  bote de nata, y su visión se tornó roja.

-Adam –dijo simplemente.

El joven se había parado en seco al ver a Jason. Los demás miembros también se habían quedado paralizados ante la escena, Mark y Matt se miraron de reojo, dispuestos a sujetar a Jason si fuese necesario.

-¡¿Puedo saber qué…?!

-¡Jess, tía!

Ashton se apresuró a pasar al lado de sus amigos, con una expresión sonriente, y se dirigió a la hermosa chica morena. La joven la miraba estupefacta, así que Ashton la abrazó para decirle al oído en un susurro:

-Sígueme –se alejó de ella sin quitar su expresión de alegría. –Perdona que haya tardado, ya sabes lo lentos que pueden ser los chicos a veces.

Jessica reaccionó como una auténtica profesional.

-Lo sé, tía. Cuando necesitas que vayan rápido, son como tortugas. Y cuando les pides que vayan lento, parecen Flash.

Ambas bufaron con cierto dramatismo.

-Ashton, ¿de qué conoces a mi hermana? –Preguntó Jason un poco más tranquilo, pero solo en apariencia.

-Nos conocimos el otro día en la biblioteca, me aconsejó un libro para leer.

Jason miró a su hermana, aun desconfiado.

-¿Y tú, como la reconociste?

Ante el segundo dubitativo que tuvo Jessica, Ashton soltó una pequeña carcajada divertida.

-Jason, cada vez soy más conocida por pertenecer a una fraternidad solo de chicos.

Él sonrió con un poco de cinismo y giró su cabeza para mirar a su amigo, quien parecía haberse quedado mudo, al igual que los demás miembros de la fraternidad a su espalda.

-Y la nata, Adam, ¿para qué era?

Él reaccionó rápido, demostrándole a Ashton lo que acababa de aprender de ella.

-Voy a ver la televisión y me apetecía comer fresas con nata, pero al escuchar que había entrado alguien, he salido de la cocina para ver quién era –él se encogió de hombros con semblante honesto. -¿Qué te pasa últimamente? Estás muy cotilla, joder.

Se giró para volver a la cocina, sintiendo como su corazón bajaba de su garganta y volvía a su lugar original.

-Jess, sube y te enseñaré otros libros que tengo, por si te interesa alguno –invitó Ashton.

-¡Gracias!

Las dos chicas subieron animadamente la escalera y solo volvieron a respirar cuando estuvieron en la habitación de Ashton. Jessica se tumbó en la cama, pues los nervios habían hecho que sus piernas se sintieran como si fuesen gelatina.

-En serio, tía, muchas gracias –murmuró mirando al techo.

-Adam me contó el otro día sobre lo vuestro –Ashton se sentó a su lado.

-Me ha contado lo del olor a cerezas que descubriste –le dijo la chica con una sonrisa. –No nos hemos presentado formalmente, yo soy Jessica.

Se rio, estrechándole la mano.

-Ashton, encantada de conocerte.

-Sé quién eres –Jess se sentó con las piernas cruzadas como un indio. –Hasta hace unos minutos, la pequeña celosa que hay en mi te detestaba al saber que estabas siempre tan cerca de Adam.

-Y… ¿ahora?

-Ahora te quiero más que a mi consolador de conejito.

Empezaron a reírse.

-Adam y mi hermano me dijeron que eras una chica estupenda, y no les di crédito. Pero me alegro que seas cojonuda, no te imaginas el desastre que has evitado ahí abajo.

-Me hago una idea al ver la expresión de Jason cuando vio a Adam llegando con la nata. ¿Para qué era?

Jess se rio.

-Muy buena broma.

-No, es en serio. ¿Para qué queríais la nata? –Insistió Ashton.

Ella se la quedó mirando durante unos segundos, y se percató de que la curiosidad de la chica era real.

-Pues… para el… sexo… -musitó sin dejar de mirarla con los ojos muy abiertos.

-Pero, ¿sería algo muy sucio, no? –Ashton puso una cara rara cuando intentó imaginarlo. –Es decir, es comida lo que ibais a utilizar -Jess asintió. -Pero… ¿dónde…? –Y entonces lo comprendió. -¡Vale, no me lo digas! No sé si quiero saberlo.

-A-Ashton, dime una cosa: ¿cuándo fue la última vez que te acostaste con alguien? –Preguntó dulcemente la morena. –Ya me entiendes, la última vez que pusiste los ojos en blanco en la cama con un chico.

-Soy virgen –contestó mientras se reía, sabiendo cuál sería la reacción de la chica.

Jessica se tapó la boca con una mano y la miró con pena.

-Tú… ¿nunca has tenido un orgasmo? –Le preguntó conmocionada.

-Sí que los he tenido. Me masturbo algunas veces y me quedo satisfecha –dijo encogiéndose de hombros. –No entiendo la obsesión de todo el mundo con el sexo, tampoco es para tanto…

-Si no has follado nunca, no puedes decir esas palabras –sentenció la morena. -No sabes lo que es el sexo, mucho menos un orgasmo. Pero, no te preocupes, tu inexperiencia tiene fácil solución.

-Si crees que voy a acostarme con un chico cualquiera, estás muy equivocada –aclaró ella levantándose de la cama.

-No tiene que ser con un chico cualquiera, puede ser con el que te guste.

Jess se puso también de pie y la cogió por los hombros para llevarla delante de su espejo.

-Mírate. Eres muy guapa, y seguramente tienes un buen cuerpo por el ejercicio que haces. Solo necesitas resaltar tus puntos fuertes y tendrás al tío que quieras comiendo de tu mano –explicó con una sonrisa. –Bueno, a cualquier tío menos a Adam, por su puesto.

Ashton se rio, comprendiendo los sentimientos de la chica.

-A ver –dijo Jess abriendo el primer cajón de su cajonera, -¿qué tenemos aquí? ¡Ah! La ropa interior, a ver… a ver… -tras un minuto de infructuosa búsqueda, preguntó: -¿Dónde tienes los sujetadores normales? Aquí solo veo los deportivos.

-Es que solo utilizo sujetadores deportivos.

-¿Qué? –Se giró para mirarla boquiabierta.

-Son los más cómodos para mí… -ante la expresión atónita que seguía teniendo la chica, se vio obligada a explicar. –Tengo un tamaño muy grande y son muy incómodas, ¿vale? Es muy difícil encontrar un sujetador que me vaya bien y sea confortable para los entrenamientos que hago.

Jessica sacudió la cabeza para aclarar sus ideas ante las palabras de Ashton.

-Pero ya no tienes que entrenar tanto como en la Academia Militar, ya no estás allí. No tienes excusa para conseguirte otro tipo de sujetador.

Ella comprendió el punto de Jessica, pero no le gustaba la idea de tener que cambiar su ropa interior.

-Puede que tengas razón, pero no voy a conseguir otros. Tengo sujetadores suficientes.

La morena se tocó la barbilla con actitud aparentemente pensativa.

-¿Las víboras de la Hermandad Delta no te destrozaron un par de sujetadores?

-¿Cómo sabes eso? –Inquirió Ashton.

-Adam me lo contó –respondió la chica encogiéndose de hombros. –Así que te propongo algo a modo de agradecimiento por lo que has hecho por mí antes: ven conmigo de compras y te conseguiremos un par de sujetadores normales.

Ashton sonrió, pensando que sí jugaba bien sus cartas, podría contar a Jessica entre sus amigos. Le caía bien la chica y quería pensar que era algo mutuo.

-Te lo agradezco, pero no hace falta. No tengo tiempo para ir de compras y ni siquiera sé cuál es mi talla de ropa interior.

-Eso tiene fácil solución, quítate la ropa y te mediré.

 

 

A la hora del almuerzo, las chicas bajaron. Jessica había quedado en el comedor para comer con su grupo de estudio, por lo que no podía quedarse mucho más tiempo, pero Jason le pidió disculpas antes de que se fuera. Había comprendido lo exagerado de su reacción y se sintió culpable.

 

 

Capítulo 20

 

 

Para sorpresa de Ashton, Jessica se presentó al día siguiente en la mansión de la fraternidad con varias bolsas para ella. La joven estaba estudiando tranquilamente en su habitación cuando escuchó el sonido de tacones que se acercaban por el pasillo. Abrió la puerta y se encontró a la sonriente morena con más bolsas de las que podía contar.

-¿Qué es todo esto?

-Todo lo que una chica necesita –contestó Jessica, -empezando por unos sujetadores monísimos.

-Ya te lo dije, no necesito más ropa de la que ya tengo. Mucho menos sujetadores.

-Pero te he traído varios –dijo poniendo cara de cachorrito. –No supe exactamente qué color te gusta, así que he comprado de diversos modelos…

-Jess, no va a servirte esa expresión conmigo. Estoy estudiando y no vas a convencerme para probarme todo eso. Te agradezco tu intención, pero estoy muy ocupada.

-Bueno… -musitó apesadumbrada la joven. –Entonces, no me dejas más alternativa.

Soltó todas las bolsas al lado de la puerta de la habitación de Ashton y se acercó a la escalera que daba al gran hall, y aprovechándose de la presencia de la mayoría de los chicos en la planta baja de la casa, habló en voz alta.

-Miembros de la Fraternidad Alpha Omega, le he traído a Ashton varios sujetadores–solo con esa frase, todos le prestaban atención. -¿Quién quiere apostar por la copa y la talla que uti…?

Ashton corrió por el pasillo hacia ella, la cogió del brazo y la arrastró a su habitación escuchando de fondo las apuestas que sus amigos hacían entre risas.

 

 

Resultó que Jessica no solo le había conseguido ropa interior, también algunos vestidos (que para su sorpresa le gustaron), y un juguete de un sex shop del centro de la ciudad.

-Esto –dijo mostrándole la caja rosa, -es una cápsula vibradora. Se controla mediante un pequeño mando, y tú puedes elegir la intensidad de la vibración. Es muy parecido a un tampón, por lo que nadie se dará cuenta de que lo llevas puesto.

-Jess, ¿de verdad crees que lo utilizaré fuera de mi habitación? –Inquirió Ashton riéndose.

 

 

Al día siguiente, tras pasar varias horas estudiando para un examen de matemáticas que la señora Smith pondría al final de la semana, Ashton decidió relajarse un poco. No era la única que tenía una asignatura con esa profesora, y al parecer era famosa por realizar parciales difíciles en todos los cursos. Ella llevaba bien las lecciones, pero le gustaba asegurarse.

Decidió leer las instrucciones del juguete que Jessica le había regalado y probarlo. Hacía mucho que no se relajaba de esa forma, y aquella tarde lo necesitaba. Limpió bien el pequeño aparato y se tumbó en la cama poniendo en su pequeña radio música de los Rolling Stone a un volumen medio, lo suficiente para meterse en su mundo privado y no molestar a sus compañeros en las otras habitaciones.

Apenas había empezado a relajarse y probar las pequeñas vibraciones del aparato mediante el pequeño mando, cuando llamaron a su puerta. Rápidamente, se vistió con los pantalones del pijama y abrió la puerta.

Era Mark.

-Hola Ash, ¿estás ocupada?

Ella ignoró la leve vibración que aun sentía en su entrepierna.

-No, ¿qué pasa?

-Necesito que me prestes el libro de Historia del Arte que cogiste de la Biblioteca. Te lo devolveré mañana.

-Se lo dejé a Kyle, pero espera lo buscaré.

Salió disparada para la habitación de Kyle, no muy lejos de la suya, y Mark entró tímidamente a la habitación de Ashton al reconocer la voz de Mick Jagger. Se acercó a la pequeña cadena de música que tenía su compañera en una mesa y vio algunos discos que reconoció entre sus favoritos.

Empezó a sonar una de sus canciones favoritas y buscó el botón para subir el volumen, pero no lo vio. Se percató entonces del pequeño mando que había sobre la cama y empezó a pulsar, dirigiendo el mando hacia la cadena, sobre el símbolo de “más”, pero el volumen se mantenía.

A algunos metros de allí, Ashton llamaba a la puerta de Kyle. Su amigo abrió la puerta y sus ojos brillaron al verla.

-Hola Kyle…

No pudo continuar su frase. Las vibraciones en el centro de su cuerpo aumentaron de repente, provocando una sensación que nunca antes había sentido.

-Hola preciosa, ¿qué puedo hacer por ti?

-¿Po-Podrías devolverme… el libro… -le costaba pensar y hablar al mismo tiempo, -de… Historia… del Arte?

Se mordió el labio para reprimir un gemido.

-Sí, un momento.

Kyle la miraba raro, sabía que su expresión debía ser muy extraña, pero no podía evitarlo. El calor en su cuerpo aumentaba cada vez más y su excitación humedecía sus muslos. Recordó que no llevaba ropa interior, pero no le importaba. Empezó a jadear y tuvo que apoyarse sobre el lateral de la puerta para no caerse. Sus rodillas parecían gelatina y notaba como el sudor perlaba su frente.

-Ten.

Kyle le tendió el libro y cuando ella lo cogió, su cuerpo no pudo más. Gimió cuando su orgasmo la atravesó.

-Ash, ¿te encuentras bien? –El joven se preocupó al ver su extraño comportamiento.

-Sí… -musitó con la respiración agitada. –Muchas gracias.

Sus propios fluidos impregnaban su entrepierna, y seguramente debería alarmarle que sus compañeros pudieran notar la mancha de humedad, pero su cerebro estaba tan embotado que no le importaba.

Llegó a su habitación sintiendo las réplicas del orgasmo, acrecentadas por la constante vibración de aquel pequeño aparato. Casi no tenía fuerzas para sujetar el libro a pesar de lo pequeño que era, y se lo entregó a Mark. El chico la miró detenidamente al ver su expresión.

-¿Te… ocurre algo?

Ella negó, incapaz de recordar cómo se articulaban las palabras.

 

 

Debía agradecerle a su amiga por el fantástico regalo. Tras probarlo un rato más, se dio una ducha rápida, durante la cual, recordó las caras de sus amigos. La habían visto en un momento muy íntimo y empezó a sentir vergüenza.

En la cocina, mientras cenaba, intentaba ignorar las miradas de Mark y Kyle, pues sabía que buscarían la primera oportunidad que tuvieran para preguntarle acerca de su extraña reacción. Y en ese caso, ella no sabría qué responderles.

Intentó escabullirse a su habitación, pero los chicos fueron más rápidos y la detuvieron al final de la escalera.

-Mark, tengo que hablar un momento con Ash –comentó el chico rubio, un tanto molesto por la presencia del otro.

-Yo también quiero preguntarle algo importante.

-Creo que tu pregunta podría esperar.

Mark abrió la boca para contestar a su compañero, comenzando a enfadarse por su actitud. Ashton se percató de la tensión de sus amigos y decidió dejar a un lado su vergüenza para evitar un conflicto entre los dos.

-Chicos, sé lo que vais a preguntarme los dos –su rostro estaba poniéndose rojo, pero continuó. –Esta tarde tuve un comportamiento raro y os pido disculpas. Tranquilos, no me pasaba nada malo.

-¿Pero qué te ocurría? Estabas muy sofocada cuando llegaste a mi habitación –inquirió Kyle.

La chica desvió la mirada, buscando una posible salida de aquella situación.

-Ash, suéltalo. Sabes que puedes confiar en nosotros –animó Mark.

Ella era reticente a explicarles esa parte, pero viendo sus rostros, sabía que no la dejarían marchar sin saber qué le ocurría. Respiró hondo y cerró los ojos, mientras en su cara el color granate se acentuaba.

-Jess me trajo un… artilugio muy… peculiar y yo lo estaba probando cuando Mark llamó a mi puerta… -nunca había vivido un momento tan embarazoso. -Yo… lo llevaba puesto cuando fui a la habitación de Kyle y… el aparatito empezó a… vibrar demasiado… y yo no pude aguantarme y me… me… -tuvo que tragar duro antes de decir la última frase en un susurro. –Tuve un orgasmo.

Los chicos estaban anonadados ante esa confesión, ni siquiera la detuvieron cuando se giró para correr a encerrarse en su habitación. Mark ató cabos cuando sus neuronas volvieron a ponerse en marcha, y recordó el pequeño mando cuyo botón había pulsado repetidas veces.

-Entonces… -comenzó a decir Kyle con una sonrisa confiada, -yo he visto su expresión cuando tiene un orgasmo.

-Sí… y yo he provocado ese orgasmo.

Capítulo 21 por Kala1411

Capítulo 21

 

 

El primer fin de semana de octubre, los miembros de la fraternidad organizaban una excursión a la costa para “despedirse” del verano. En los últimos años, varios grupos y otras hermandades y fraternidades habían empezado a adherirse a ese plan. Era algo “memorable” según Jason, pero Ashton no podía ir. Quería hacer varios trabajos académicos antes y, aunque todos le suplicaron, ella se mantuvo firme. No quería que le faltase tiempo para algunas asignaturas y ni tener que realizar esos proyectos de forma precipitada. La realidad era que todos aquellos trabajos debían hacerse en parejas o grupos y nadie quiso hacerlo con ella, pero no quería confesar eso a sus amigos.

Los chicos se fueron el viernes tras las clases, después de intentar “secuestrar” infructuosamente a Ashton, y ella consiguió dejar su proyecto de Biología bastante avanzado cuando cayó la noche. Aún debía pensar qué hacer para su clase de Psicología, pero decidió idearlo al día siguiente.  

El sábado por la mañana bajó de su habitación dispuesta a realizar un poco de ejercicio en el Esparta para luego continuar con sus proyectos. Empezó a preparar su desayuno cuando el timbre de la gran mansión sonó. Ella se apresuró a abrir la puerta y se encontró a un niño que tendría unos 9 años, con cara de pocos amigos.

-Hola –dijo ella dulcemente, -¿cómo te llamas?

-Eso a ti no te importa, ¿quién eres, la siguiente puta de mi hermano? –Inquirió entrando en la casa.

Ashton se sorprendió ante la animadversión de las palabras del niño.

-¿Dónde están todos? –Volvió a preguntar mirando a su alrededor.

-Se fueron a la costa este fin de semana…

El niño tiró su mochila y una pequeña bolsa de lona que llevaba.

-¡Vaya mierda! –Gritó iracundo.

Su respiración estaba agitada, pero Ashton no estaba segura de que aquello fuera un simple berrinche.

-¿Quieres desayunar? Estoy preparando huevos y beicon –invitó.

Él la miró muy enfadado, Ashton presintió que el chico quería pelear con alguien, pero ella no le daría ese gusto sin saber antes qué le ocurría. Así que solo se encogió de hombros y se fue para la cocina para seguir preparando el desayuno. El niño no tardó más de un minuto en sentarse en la gran mesa y ella le puso un plato y un zumo.

-Yo soy Ashton –dio su primer bocado.

-Jimmy.

-Encantada –dijo con su segundo bocado.

-Tienes nombre de tío –comentó el niño a modo de ataque.

-Lo sé.

Jimmy necesitaba pelear para sacar algo de su interior, a ella también le pasaba a veces.

 -¿Eres transexual?

Casi se atraganta de la risa.

-No, soy una chica. Y por cierto, no soy la novia de nadie.

Él la miró brevemente.

-Pero sí eres una puta, ¿no? Eso no lo has desmentido.

Él no iba a darse por vencido tan fácilmente, pero Ashton podía llegar a ser muy paciente.

-Tampoco lo soy, solo vivo aquí porque soy miembro de la fraternidad.

Jimmy dejó suspendido el tenedor en el aire y la miró fijamente.

-Esta es una fraternidad de chicos, tú no deberías estar aquí. Las chicas que aquí entran solo son zorras entrometidas –empezó a negar con la cabeza, cada vez más enfadado. –Mark es gilipollas.

-Yo pasé todas las pruebas para entrar aquí.

Se levantó para recoger la mesa.

-Eso es mentira. Una tía no puede pasar las pruebas que organiza la fraternidad, son muy duras.

Ella no pudo evitar soltar una carcajada y él se sintió ofendido.

-Seguro que solo utilizaste alguna estratagema para manipular a mi hermano y a los demás para que te dejasen entrar, igual que hizo aquella prostituta rubia.

Ashton se quedó paralizada por un momento, sabiendo a quien se refería Jimmy. Al parecer, el niño necesitaba pelear de alguna forma para deshacerse de algo que lo perturbaba y molestaba en demasía, alguna situación que habría vivido en su casa o en el colegio. Y llegar a buscar a su hermano para encontrar a una chica en su lugar le enfurecía más, pues solo había tenido como referente a Daisy.

-Jimmy, quiero que vengas conmigo al gimnasio –se giró para mirarle a la cara. –Te demostraré lo que soy capaz de hacer, así comprobarás que no te he mentido sobre lo de entrar en la fraternidad por mis propios medios.

Él bufó, pero aceptó. Ella le ayudó a subir sus cosas a la habitación de Mark y esperó en la entrada de la casa mientras el niño se ponía ropa deportiva. No le dirigió la palabra durante el trayecto hasta el Esparta, pero a Ashton no le preocupaba.

Durante la primera hora que estuvieron en el casi vacío gimnasio, Jimmy disimuló su asombro con una expresión seria, pero sus preguntas le delataban. Cuando Ashton terminó su entrenamiento, le indicó que le siguiera hasta el cuadrilátero central.

-Yo practico king boxing, pero también sé taekondo, karate y judo. ¿Quieres aprender algunas técnicas? –Él se encogió de hombros con aparente desgana. –Si no te gusta, lo dejaremos. Tú me dices hasta dónde quieres aprender.

 

 

 

Estuvieron toda la mañana en el gimnasio, Jimmy se lo estaba pasando mejor de lo que nunca reconocería en voz alta, y Ashton veía con grata satisfacción como el niño aprendía rápido. Tenía mucha energía y mucha fuerza, y en cierta manera le recordaba a ella. Resultó ser un alumno perseverante y obcecado, John y Paul estarían encantados de entrenarle, pensó cuando salían del Esparta.

-¿Te gustan los macarrones con perritos calientes? –Le preguntó. –Puedo llevarte a tu casa después del almuerzo.

-No quiero regresar a mi casa –su ira se reflejaba en su voz. –Jamás. Allí todo es una mierda –la miró desafiante. –Y tú no puedes hacerme volver.

-Tienes razón –respondió Ashton. –Así que dime, ya que vas a quedarte, ¿qué te gustaría hacer esta tarde?

El niño casi se paró al escuchar sus palabras, cualquier otro adulto habría intentado hacerle entrar en razón o le habría obligado a volver a su casa sin importarle sus quejas, pero Ashton no reaccionó así. Aquella chica no estaba actuando como el resto de la gente, y eso hizo que un pequeño destello de confianza apareciese en sus ojos. Era la primera persona en mucho tiempo que no parecía querer librarse de él.

-¿A ti no te molesta que diga palabrotas? –Preguntó él curioso.

-Pues no, muchas veces es la mejor manera para expresar como nos sentimos.

Jimmy no volvió a hablarle hasta que llegaron a la mansión, ensimismado en sus pensamientos.

-Estoy harto de que me riñan y no me escuchen –murmuró con el ceño fruncido. –Mis padres están divorciados y mi hermano apenas aparece por casa desde que entró en la Universidad, además mis profesores son idiotas que me tratan como si yo fuese una especie de criminal…

-Eso es una gran mierda, Jimmy –le respondió ella, pero al niño no le gustaría demasiada condescendencia. –Escucha, démonos una ducha rápida y bajemos a comer.

 

 

Ashton decidió no preguntarle sobre lo que le había ocurrido, no quería que se sintiera presionado, así que dejó que el almuerzo transcurriera con una conversación sencilla. El niño tenía 8 años, casi 9, le gustaban los deportes y las películas, pero apenas había visto ninguna porque nadie tenía tiempo de llevarlo nunca al cine o al videoclub.

Cuando terminaron de comer y mientras recogían la mesa, Jimmy empezó a contarle acerca de lo ocurrido.

-Ayer, me dieron mi primer aviso de expulsión en este curso y ni siquiera me preguntaron por qué le pegué un puñetazo a Sebastian Prince.

-¿Quieres contármelo a mí?

Él estuvo reticente a sincerarse durante unos segundos, pero decidió contárselo.

-Estaba molestando a uno de mis amigos, y solo porque es mayor que nosotros se cree que puede atemorizarnos. Pero claro, cuando aparece algún profesor o algún adulto, se comporta y por eso nunca le riñen –desvió la mirada. –Mis padres se enfadan conmigo y se dan por vencidos porque creen lo que los demás dicen, pero no me escuchan a mí… Y Mark ha empezado a comportarse igual que ellos, pero él antes no era así conmigo.

Aquel relato la conmovió, empezaba a entender a aquel niño y quería ayudarle. Nadie había sido justo con él y solo necesitaba que un adulto le diera cierto margen de confianza. Si alguien le escuchaba y no le etiquetaba, Jimmy volvería a creer en las palabras de los adultos.

 

 

Mark estaba pasando un fin de semana genial a pesar de la presencia de Daisy. Había conseguido evitarla casi todo el tiempo, pues al no estar presente Ashton, la chica rubia no veía la necesidad de marcar su territorio con tanta insistencia. Sus amigos habían empezado a compararla con una perra abiertamente y no solo por la actitud acaparadora que tenía a veces.

Sin embargo, un nudo en el estómago se le formó al ver la llamada de su madre.

-¿Sí?

-Mark, querido, creo que Jimmy ha ido a visitarte.

Se levantó apresuradamente del sofá y salió a la terraza para huir del sonido de la música y escuchar mejor a su madre.

-¿Cómo que ha ido a visitarme?

-Pues… acabo de encontrar una nota diciendo que estaba harto y que se iba a vivir contigo. En fin, no debería extrañarte tanto, no es la primera vez que lo hace. Solo mantenlo ahí hasta que pueda ir a recogerlo mañana. Chao, cielo.

-¡Espera! –Gritó desesperado a una línea muda.

Reprimió las ganas que tenía de tirar el móvil contra la pared y respiró profundamente. Sus padres solo pensaban en ellos mismos y él debía hacer de niñera cada vez que su hermano tenía un problema y decidía escaparse de casa. Como si no tuviese bastantes cosas en las que pensar.

Varios de sus amigos salieron a la terraza para preguntarle qué le ocurría, preocupados por su expresión.

-Jimmy está en la casa de la fraternidad.

Los miembros se miraron entre ellos, pues el niño ya era conocido por todos. Mark marcó rápidamente a Ashton, rezando para que la pobre chica no estuviese al borde del suicidio por la exasperación.

 

 

-Hola Mark, ¿qué tal todo por la costa?

Ella estaba preparando su bolso para salir a pasear con Jimmy al centro de la ciudad. Acababa de darse cuenta que no había llamado a su amigo para avisar que estaba con su hermano pequeño y eso la inquietó, pues seguramente Mark entraría en cólera.

-Ash, escucha, ¿mi hermano está ahí? –Sonó acelerado.

-Sí, llegó esta mañana. Siento no haberte llamado antes para comentártelo –puso el manos libres mientras continuaba con su tarea.

-No te preocupes por eso, ¿estás bien?

A ella le extrañó que no preguntase primero por el niño.

-Sí, claro que estoy bien. Y Jimmy también está bien, por cierto –respondió molesta.

No se había dado cuenta, pero el niño estaba escondido en el pasillo escuchando.

-No, mi hermano no está bien. Te pido disculpas por lo que te haya dicho o hecho –Mark sonaba muy preocupado y enfadado al mismo tiempo, -yo no sabía que él iría allí este fin de semana, de lo contrario, no te habría dejado con ese problema…

-¿Cómo le has llamado? Es tu hermano Mark, ¿cómo puedes decir que es un “problema”?

-Por qué es un niño hiperactivo, maleducado y agresivo. Mis padres no saben qué hacer con él y los profesores están cansados de castigarle por su mal comportamiento.

-A lo mejor, si pasaras más tiempo con él y le demostrases que le quieres, lo comprenderías mejor –contestó ella.

La línea se quedó muda unos segundos.

-¿Qué? –Musitó el joven.

-Jimmy solo quiere que se le escuche un poco, Mark. Solo necesita comprensión y cariño, pero todos a su alrededor pasan de él y anteponen sus propios planes a las necesidades que pueda tener –notaba como el enfado crecía en su interior. -No es nada de lo que has dicho, te lo puedo asegurar. Es un niño noble, amable e inteligente, y si yo me he dado cuenta de ello antes que tú, que eres su hermano, es que el “problema” no es Jimmy –a pesar de que no podía verla, ella se cruzó de brazos. –Te aprecio como amigo y te admiro como presidente, pero quizás deberías mejorar en tu papel como hermano mayor, Alpha.

Colgó, furiosa con Mark, y se obligó a tranquilizarse mediante respiraciones lentas. No quería estar alterada cuando Jimmy fuera a su habitación a buscarla.

 

 

Pasearon por algunas calles del centro, tomaron varias tartas en una cafetería muy pintoresca y entraron en un videoclub para alquilar varias películas. Las nubes grises habían invadido el cielo de la ciudad y sería una noche tormentosa, por lo que Ashton le explicó a Jimmy que no había mejor plan para noches así que las “3 P”: palomitas, películas y pizza.

El niño no sabía que películas coger, solo dejó claro que no quería “mierdas cursis”. Se decidieron por un par de comedias y por un clásico que le gustaba a Ashton. Apenas llegaron a la mansión cuando la lluvia empezó a caer, y no se demoraron en ponerse sus pijamas y preparar la comida.

-¿Pesadilla antes de Navidad? ¿No es muy antigua? –Preguntó Jimmy.

-Es una de las mejores películas de todos los tiempos –dijo Ashton. –Creo que te va a gustar mucho.

Ya habían visto la primera comedia mientras terminaban con el primer bol de palomitas, y cuando las pizzas estuvieron listas, comenzaron a ver la ciudad de Halloween. Ninguno de los dos despegó los ojos de la pantalla hasta que el final llegó, y para entonces, el pequeño estaba demasiado cansado para ver la película que les quedaba.

Una vez recogido todo el salón, estaban subiendo las escaleras cuando un trueno resonó en el exterior, haciendo que las ventanas vibrasen por la violencia del sonido. Jimmy, inconscientemente, agarró la mano de Ashton, pero se percató de lo que había hecho y la soltó. Sin embargo, a ella no le pasó desapercibido.

-Oye, Jimmy, a mí… me dan miedo los truenos –susurró. -¿Te importa si duermo contigo en la misma habitación?

Sabía que el niño no reconocería jamás su temor, pero ella quería que descansase aquella noche.

-De acuerdo, dormiré contigo… -dijo con voz cansada.

Ashton tuvo que reprimir una sonrisa ante su tono.

Una vez en la habitación de Mark, ella se dirigió a la cama de Matt para dormir allí. Las camas apenas estaban separadas por poco más de un metro y medio, pero a Jimmy no le gustó la idea.

-Deberías dormir conmigo, en la misma cama, así podré protegerte mejor de los truenos –explicó.

Ella obedeció, pues sabía que en realidad era él quien necesitaba su compañía. Se abrazó a él y le dio las buenas noches, dispuesta a dormirse, pero la respiración del chico no se estabilizaba, por lo que ella decidió esperar.

-A mí tampoco me gustan los truenos –murmuró Jimmy. –Me recuerdan a las discusiones de mis padres.

Ashton lo abrazó más fuerte y el niño no tardó en dormirse, sabiéndose protegido por aquella noche.

 

 

A la mañana siguiente, ella le propuso visitar un centro de juegos de la ciudad, en el que había una gran zona en la que se podían jugar con pistolas láseres. Se enfrentaron contra otras parejas de jóvenes durante toda la mañana y ganaron. Ashton le enseñó algunas estrategias de distracción y le dio algunas nociones sobre cómo hacer una buena emboscada, y él se comportó como el mejor de los soldados.

Comieron en una famosa hamburguesería mientras comentaban los puntos fuertes y débiles de los contrincantes que habían tenido. Con el estómago lleno y envueltos en una nube de felicidad, llegaron al campus. Los coches delataron la llegada de los miembros a la mansión, y Jimmy supo que su alegría se esfumaría en cuestión de segundos.

Entraron en el gran hall y allí estaba Mark, con los brazos cruzados y una expresión iracunda. Los demás miembros estaban a su alrededor, pero alejados de su Presidente, pues aunque no iban a meterse en aquella discusión, Mark pensó que así podía intimidar más a su hermano.

-Jimmy, quiero una explicación. Ahora.

-Nuestra casa es una mierda, y tú lo sabes.

-¡Basta! –Gritó Mark. -¿Sabes lo preocupado que me tenías? No puedes seguir escapándote de casa y siendo una molestia para la gente, tienes que cambiar –el niño miró al suelo con los puños cerrados, cada vez más irritado con las palabras de su hermano. -Destrozas todo lo que hay a tu paso y eres tan egoísta que no te das cuenta del estorbo que has supuesto para Ashton este fin de semana…

-No se te ocurra hablar por mí, Mark –advirtió ella con una voz afilada.

El joven la miró como si fuera la primera vez que la veía. Ashton se agachó hasta que estuvo a la altura del niño.

-Jimmy, me lo he pasado genial contigo –él levantó sus claros ojos con la sorpresa pintada en ellos. -Eres el chico más divertido que he conocido en mi vida, el mejor compañero de equipo y me gustaría que volvieras de visita cada vez que quieras.

El niño la abrazó con todas sus fuerzas ante la estupefacción de todos los presentes, y Ashton le devolvió el abrazo con una sonrisa.

-No me lo puedo creer –musitó Matt.

-Chucky tiene corazón… y Ash se lo ha ganado –comentó en un susurro Jason.

-Es la puta ama –le contestó Kyle sin dejar de mirar la escena.

El niño rompió el abrazo cuando se escuchó una bocina en la puerta de la mansión.

-Jimmy, esa es nuestra madre –susurró Mark con un hilo de voz, enternecido por aquella escena.

-Ash, en unas semanas es Halloween y voy a disfrazarme de Jack Skeleton –le dijo mirándola fijamente a los ojos. -¿Quieres ser mi Sally?

Ella sonrió ampliamente.

-Me encantaría.

Capítulo 22 por Kala1411

Capítulo 22

 

 

Días después, Mark aun pensaba en la estrecha relación que había nacido entre Ashton y su hermano Jimmy. Se había propuesto ser un mejor hermano mayor y escuchar más al pequeño, su amiga tenía razón en lo que le había dicho aquel día por teléfono.

Estaba tumbado en la cama de Daisy, mirando al techo y pensando en Ashton, cuando su novia le habló.

-¡MARK! –Gritó con su voz aguda.

-¿Qué? –Preguntó con desgana.

-¿Ya estás otra vez pensando en esa furcia? –Era evidente el odio en las palabras de Daisy.

-No, no estoy pensando en ti.

Aquel insulto velado no era el primero que él le decía, cualquier chica se habría sentido muy ofendida y le habría pegado un tortazo ipso facto, pero Daisy no. A ella le daba igual lo que él le dijera, no le importaban sus palabras porque no tenía sentimientos por él. Era algo mutuo.

Mark se levantó de la cama para empezar a vestirse, ignorando el definido cuerpo desnudo de la chica. Intentaba pensar en otras cosas, lecciones de clases o algo parecido para evitar pensar en lo que hacía y en lo asqueroso que se sentía después.

-¿Crees que no sé qué te la imaginas a ella cuando me estás follando a mí? –Inquirió con rencor la chica.

Él no contestó. Solo cogió sus zapatos y su mochila y salió de aquella habitación.

 

 

Fue uno de los primeros miembros de la fraternidad en llegar a su habitual mesa del comedor, Kyle y Matt estaban allí repasando las lecciones de una asignatura que tenían en común. Él se sentó con un vaso de agua en la mano y una pastilla para el dolor de cabeza, el estrés y la ansiedad le estaban pasando factura.

-Tío, no tienes muy buena cara –comentó Matt. -¿Cuántas pastillas de esas te has tomado en los últimos días?

-No lo sé, prefiero no pensar en ello.

-No voy a volver a meterme en tu vida, Mark –comenzó a decir Kyle, -pero deberías dejar a Daisy.

Él miró al que alguna vez fue su mejor amigo.

-Es la mejor forma de mantenerla alejada de Ashton.

-Ni tú te crees eso.

El barullo de los estudiantes que empezaron a entrar en el comedor les impidió seguir hablando. Ashton fue de las primeras en llegar, estaba muy animada porque había sacado un sobresaliente en el examen de Matemáticas y casi saltaba con cada paso que daba.

-Estoy pensando coger la asignatura de Historia Clásica para el próximo semestre, ¿quién la cursó el año pasado? –Algunos de los miembros levantaron sus manos, entre ellos Mark. -¿Y cómo son las clases? ¿Son interesantes?

-No están mal, si te gusta la Filosofía no necesitarás esforzarte mucho para aprobarla –la comida y la charla distendida con ella le estaban sentando bien. –Pero si te mandan algún trabajo sobre latín o griego, te ayudaría encantado.

Sus amigos empezaron a reírse ante sus palabras, él cayó en lo que podía malinterpretarse, pero Ashton no.

-¿Por qué os reís ahora?

-Déjalo –le aconsejó él riéndose también, -estos tíos siempre piensan las peores cosas.

-Es algo sobre sexo, ¿no? –Inquirió ella con una media sonrisa.

-¿Es que acaso lo dudabas? –dijo Jason.

Ashton negó con la cabeza mientras se levantaba para llevar su bandeja. Cuando la había colocado en el carrito, se giró y una gran cantidad de líquido rosado y pringoso le empapó la ropa.

-Vaya, que torpe somos…

Levantó su mirada y vio a Daisy con las chicas que siempre la acompañaban como si fuera su sombra. Una sonrisa malvada definía sus rasgos delicados, sabiéndose poderosa en aquel momento. Toda la gran estancia se había quedado casi muda, salvo por las risitas y los cuchicheos que se escuchaban en el fondo. Algunos miembros se acercaron corriendo a ellas, la rabia y la animadversión tensaron sus cuerpos.

-Estas pirada, tía –le dijo Adam.

-Mark, dile a los miembros de tu fraternidad que me guarden respeto –se lo decía al chico pero no dejaba de mirar a Ashton.

-Vete a la mierda, Daisy –contestó el aludido.

Una exclamación generalizada se oyó por todo el comedor y la chica rubia giró su cara hacia él con la ira destellando en sus ojos. Quiso decirle algo, pero Ashton se adelantó y la abrazó con todas sus fuerzas… llenando su carísima ropa de aquel mejunje rosado. Daisy empezó a gritar como una posesa al sentir el espeso líquido en su ropa, sus acompañantes estaban estupefactas ante aquella imagen, y las carcajadas de Victor y Jason fueron las primeras en retumbar en el gran lugar.

 

 

Tras ducharse en la mansión para librarse del viscoso batido, Ashton bajó al salón dispuesta a ver la televisión un rato y relajarse junto a sus amigos. Se sorprendió al ver a Jessica allí, pero apenas le dio tiempo de saludarla cuando la chica la abrazó.

-Me han contado lo que esas zorras de la Hermandad Delta te han hecho, ¿estás bien?

-Sí, solo ha sido batido, nada más.

-Esas manchas no saldrán tan fácilmente, cielo –dijo acariciándole la mejilla como si fuera una niña pequeña. –Pero, ¿sabes qué? Hay que mirarle el lado positivo…

Su gran sonrisa le hizo desconfiar de las intenciones de su amiga. Miró de reojo a sus amigos, pero todos tenían la cabeza agachada o simulaban estar haciendo otras cosas.

-Y… ¿cuál es el lado positivo? –Casi temía hacer la pregunta.

-¡Que nos vamos de compras!

 

 

A las 9:30 de la noche y tras visitar todas las tiendas de un centro comercial cercano al campus, Ashton volvió a la mansión de la fraternidad. Jamás había visto tanta ropa en toda su vida, se habían probado más prendas de las que podía contar y llevaban tantas bolsas de ropa que tuvieron que pedir un taxi porque no cabían más en sus manos.

Tuvo que pulsar el timbre para que le abrieran porque ella no podía coger sus llaves. Adam le abrió y la dejó pasar con la sorpresa pintada en su cara.

-Guau.

Ella soltó las bolsas en mitad de la entrada, demasiado cansada para cargarlas por un segundo más y, arrastrando los pies, se fue directa al salón.

-¿Te encuentras bien? –Le preguntó Kyle.

Ella no se lo pensó dos veces y fue hacia el sofá donde estaba sentado el chico, se tumbó con la cabeza en su regazo, y cerró los ojos.

-He tenido sesiones de entrenamiento de 24 horas, he realizado simulaciones de misiones en desiertos y con temperaturas bajo cero… Y creo que nunca me había sentido tan cansada.

Varias risas llegaron a sus oídos, pero ella apenas las percibió. Se quedó dormida con suma facilidad, olvidando donde se encontraba.

 

 

Kyle estuvo sin moverse durante más de una hora y media, Adam le llevó algo para cenar al ver que su amigo no se iría de aquel sofá hasta que Ashton despertara. Podía parecer raro, pero él sabía que haría lo mismo si se tratase de Jessica.

Casi a medianoche, Mark se acercó a Kyle.

-¿No vas a despertarla?

-¿Tú lo harías?

Él joven negó con la cabeza, sabiendo que acababa de sincerarse más de lo que creía con Kyle.

-Si puedes cogerla en brazos sin despertarla, te acompañaré para abrir la puerta de su habitación.

Kyle asintió, se movió lo más lentamente posible para no despertar a la chica y la cogió en brazos. Ashton se acomodó contra él poniendo su cara contra su cuello. El joven se paralizó por un momento al sentir su respiración y sus labios en el punto exacto en el que no podía evitar excitarse.

-Si te empalmas delante de mí, te daré un puñetazo, Kyle –advirtió Mark con voz amenazadora.

-¿Es envidia lo que oigo en tu voz? –Inquirió con sorna.

Se dirigieron a la habitación de Ashton, Mark abrió la puerta y retiró las sábanas para que su amigo dejase a la chica. Ella gimió a modo de protesta al dejar de sentir la calidez de corporal y se agarró a la camiseta de Kyle cuando estuvo tumbada. El chico estaba casi encima de ella, en una posición con poco equilibrio y algo incómoda. Se le ocurrió que podía quedarse en aquella cama por esa noche.

-Quítate la camiseta –ordenó Mark cuando comprendió lo que él estaba pensando. –No vas a dormir con ella.

-No sería la primera vez –dijo con orgullo en su voz.

Se quitó la prenda y Ashton se abrazó a ella mientras murmuraba algo en sueños. Mark sintió como los celos calaban más profundos en su corazón al ver aquella escena.

-Tranquilízate –susurró Kyle al ver su expresión. –Solo es mi camiseta, no soy yo.

Los chicos salieron sigilosamente de la habitación de Ashton y cada uno se fue a su respectiva habitación. Conocían los sentimientos propios y del otro, pero ninguno quería volver a pasar por lo mismo que el año anterior, mucho menos si esa vez la tercera era miembro de la fraternidad.

Capítulo 23 por Kala1411

Capítulo 23

 

 

Ashton se pasó una semana intentando evitar las jugarretas de las chicas de la Hermandad Delta, no quería comprometer a sus amigos ni quería que Mark discutiese con Daisy por su culpa. No era su persona favorita, pero era la novia de su amigo y aguantaría por él.

El día 16 de octubre amaneció con algunas nubes, pero no hacía demasiado frío. Era un día de otoño normal en el que predominaban los marrones y naranjas en los árboles. Se sentó en su cama, observando la ciudad que despertaba, y respiró hondo. Miró hacia el pequeño retrato que había en su cómoda y le sonrió.  

-Feliz cumpleaños, mamá.

Se apresuró a prepararse y bajó a desayunar. Sabía cómo sería ese día para ella, los sentimientos confusos y contradictorios, indefinibles, que la invadirían. Su cabeza estaría en las nubes, imaginando lo que podría haber sido y no fue, como habría sido vivir con ella tanto los buenos como los malos momentos. Pero serían solo eso, momentos ilusorios, como si estuviera en un desierto y viese el espejismo de un oasis.

-Buenos días –saludó.

Algunos murmullos adormilados llegaron a sus oídos mientras se recordaba a sí misma que debía llamar a sus padres antes de entrar a clases. Ellos lo pasaban peor, como si no hubiesen transcurrido 18 años desde la última vez que celebraron el cumpleaños con ella.

-Ashton –la llamó Jason.

-¿Qué?

Se había quedado embobada en el paisaje del exterior con su café en la mano y no se había dado cuenta de que su amigo la estaba llamando. Él la miraba con el ceño fruncido.

-¿Estás bien?

-Sí, ¿qué pasa?

Jason no parecía muy convencido con su respuesta.

-Te preguntaba si querías ir al cine mañana con nosotros.

-¡Oh! Sí, me encantaría.

Notó las miradas extrañadas de sus compañeros en su nuca y decidió beber rápidamente su café para salir de allí cuanto antes.

-¿No desayunas hoy? –Le preguntó Victor.

-No tengo mucha hambre –dijo encogiéndose de hombros.

Corrió hacia su habitación para coger sus cosas y bajó las escaleras como un rayo.

-¡Ashton! –Llamó Mark. -¿Dónde vas tan temprano?

-Tengo que hacer un par de cosas antes de entrar a clases –se excusó mientras abría la puerta principal. -Os veré en el gimnasio.

Mark se quedó mirando la puerta, sin comprender el comportamiento de su amiga. Se dirigió a la cocina y preguntó a los demás.

-¿Tenéis alguna idea de lo que le ocurre a Ashton?

-No es su periodo –dijo Jason mirando la app.

-¿Será algo que habrán hecho las chicas de la Hermandad? –Inquirió Frank.

-No, no lo creo –respondió Adam.

-Está evitando contárnoslo –reflexionó Matt. –Deberíamos esperar y darle un poco de tiempo, seguramente nos diga lo que la tiene tan ensimismada un poco más tarde.

A ninguno de ellos le gustaba la idea de esperar a que ella les explicase qué le ocurría, pero sabían que su amigo tenía razón. Solo cruzaban los dedos para no equivocarse.

 

 

Ashton se sentó en unos bancos en la parte trasera de la Biblioteca, respiró hondo y buscó el número de Paul. El lugar estaba completamente desierto dada la temprana hora que era y las fragancias otoñales impregnaban el ambiente.

-Buenos días, pequeña –saludó Paul. –Espera pondré el altavoz del móvil.

Notaba en su voz la emoción que lo embargaba, estaba segura que John estaría igual.

-Buenos días, Paul. Buenos días, John. ¿Cómo estáis?

-Hola, Ash. Pues… hemos empezado con nuestro entrenamiento matutino. ¿Qué tal tú?

-Yo estoy bien, en fin… ya sabéis… -Respiró hondo antes de hacer su petición. -¿Me contaréis la misma historia de siempre?

-Claro, cariño –respondió Paul.

-Siempre, pequeña.

 

 

Había cogido los apuntes de su clase de Filosofía como una autómata, pero le había costado concentrarse en algunos momentos. Tenía una hora y media antes de su clase con la profesora Smith, así que se fue al gimnasio. Ese día no conseguiría tener la concentración suficiente para hacer su entrenamiento de fuerza, así que se decantó por correr en la cinta con música a todo volumen saliendo de sus cascos.

Casi sin darse cuenta, empezó a recordar momentos que ella no vio ni vivió, pero que los había escuchado tantas veces que parecía que fuesen suyos.

Aquel último cumpleaños, John y Paul le prepararon su desayuno favorito y se lo llevaron a la cama. Pasearon por la ciudad con ella durante todo el día, visitando los lugares que más le gustaban y haciéndole infinidad de fotos para burlarse posteriormente de su peso. Ella se vengaba de ellos comiéndose los dulces más suculentos que podía encontrar, sabiendo que sus dos amigos debían llevar una dieta estricta en aquel momento para ganar más masa muscular.

Se reirían de infinidad de chistes y jugarretas que se habían hecho entre ellos, como si fuesen niños de 8 años y no adultos, y por la noche le prepararían una gran tarta de chocolate en la que aparecerían las velas que debía soplar. Sus compañeros estaría presentes, John y Paul le cantarían una versión del “Happy Birthday, Mrs. President” entre las carcajadas de los demás mientras le daban un ramo de rosas, y todos le felicitarían por la inminente llegada de su pequeño hombrecito. Era la persona más feliz del mundo en ese momento y…

-¡JONES! –Dimitri le arrancó los auriculares de los oídos.

Ashton reaccionó al alarido de su entrenador y paró la máquina ante la furibunda mirada del hombre.

-¡¿Qué te pasa?! ¡Llevas más de tres horas en la máquina!

Ella miró el reloj más cercano a la pared y comprobó que tenía razón. Se había perdido la clase de Matemáticas y no había notado la fatiga en sus músculos.

-Lo siento, entrenador –su voz sonó ronca a sus propios oídos.

-No importa. Date una ducha y descansa mañana –Dimitri se percató del estado de la chica.

Se sumió momentáneamente en su propio recuerdo, cuando él también había actuado así, mientras veía a la joven correr cabizbaja a los vestuarios. En ese momento, algunos miembros de la fraternidad salían del vestuario del gimnasio y la vieron.

-Entrenador –Kyle se acercó al hombre seguido de Nick y Matt, -¿le ha pasado algo a Ashton?

-Lo que a cualquier soldado, que necesita agotar su cuerpo para descansar su mente de los recuerdos.

 

 

Ya había perdido una clase y no le apetecía ir al comedor, su cabeza no estaba donde debía estar y no tenía fuerzas para aguantar a las chicas de la Hermandad Delta y sus intentos de fastidiarla. Dejó un mensaje en el grupo de la fraternidad donde todos iban a leerlo, avisando que pasaría el resto del día en el centro de la ciudad, y apagó el móvil.

Le dolían las piernas por el excesivo ejercicio físico y sabía que al día siguiente los músculos le dolerían más, pero le daba igual. Anduvo sin rumbo fijo hasta que no pudo más y se sentó en una pequeña cafetería para almorzar. Visitó un parque mientras leía y escuchaba las voces de las madres y las risas de los niños durante horas, pensando en una manera de homenajear a su madre en la distancia. Era la primera vez que pasaba ese día lejos de sus padres y del lugar donde descansaba ella, por lo que no podía dejarle ninguna ofrenda allí.

Salió del parque, dispuesta a buscar la inspiración, y casi como si fuese una casualidad, vio a los pocos metros una pintoresca floristería. Recordó entonces, como si un pequeño rayo se colase en su cerebro, el primer día que llegó al campus y el monumento conmemorativo que visitó para pasar una de las pruebas de la fraternidad. No se lo pensó dos veces y compró un ramo de rosas, ya sabía cómo homenajearía a su madre.

 

 

El sol se había escondido cuando Ashton regresaba a la mansión. Una parte de ella se sentía culpable por haber apagado su móvil durante todo el día, pero no se sentía capaz de responder a las preguntas que sus compañeros. Solo esperaba que ellos no se enfadaran mucho. Llevaba una pequeña ofrenda de paz, pero sabía que debía dar una explicación a su comportamiento, sus amigos se preocupaban por ella y estarían a su lado durante varios años, así que se merecían conocer a su madre.

Entró en la gran mansión y escuchó pasos apresurándose desde el salón y desde la cocina.

-Ashton… -llamó Mark.

-Esperad –dijo ella con una pequeña sonrisa, -dejad que deje mi mochila en mi habitación y me reuniré con vosotros en el salón.

Se apresuró a subir a su cuarto, dejó la mochila y cogió la foto de su madre. La joven de la fotografía era un calco a ella, iba vestida con unos vaqueros y una camiseta negra con el logotipo de los SEALS, y estaba sentada en un columpio con una gran sonrisa y los ojos brillantes de felicidad.

-Te van a caer genial, mamá.

Bajó con el corazón latiéndole de forma irregular, pero se calmó cuando vio a sus amigos en el salón. Sus caras denotaban el nerviosismo y la preocupación, pero sabía que la comprendería cuando hiciera las presentaciones. Colocó la bolsa de la pastelería en la mesa y puso la fotografía en el centro, se sentó como si fuese un indio en el suelo y respiró hondo.

-Estás muy guapa en esa foto, Ash –comentó Victor.

-No soy yo -ella sonrió. -Os presento a Marion Rose Jones. Era mi madre.

Todos comprendieron al instante el significado del verbo y el mutismo en la habitación lo hizo patente. Ella se dispuso a sacar la tarta de chocolate que había comprado y las velas, y empezó a colocarlas mientras hablaba.

-Hoy es su cumpleaños, y mis padres y yo soplamos las velas en su honor. Pero como ellos están demasiado lejos, me gustaría que vosotros las soplaseis conmigo… -ella les miró sonriendo. –Bueno, si queréis claro.

Todos los presentes se acercaron a la mesa, sonriendo y emocionados al mismo tiempo, mientras ella encendía las 42 velas que debería soplar su madre ese año. Cantaron “Cumpleaños Feliz” a la radiante chica de la fotografía y soplaron las velas entre todos. Partieron la tarta en trozos pequeños para que todos probasen un poco.

-¿Cómo era ella? –Preguntó Victor.

-Por lo que me han contado, soy casi igual que ella en cuanto a la personalidad. Mis padres dicen que ella era más rebelde, pero eso es porque aún no se han dado cuenta de algo muy gordo que he hecho –explicó riéndose como si fuese una niña pequeña.

-¿Sabes cómo eligió tu nombre? –Quiso saber Matt.

-Le habían dicho durante todo el embarazo que yo sería un chico, y ella había elegido el nombre desde el momento en el que le dieron la noticia. Pero cuando nací y descubrieron que era una niña, no tuvo tiempo de pensar uno nuevo.

-¿Qué no tuvo tiempo? –Inquirió el chico.

-Se… fue… a los pocos minutos de darme a luz y mis padres decidieron respetar su deseo de llamarme Ashton.

-Entonces… ¿se fue el mismo día de tu cumpleaños?

Mark evitó utilizar aquel fatídico verbo que ella tampoco había pronunciado. Ya era duro perder a tu madre, pero si además tu cumpleaños era un recordatorio anual de ello, el peso debía ser inimaginable.

-En realidad, no. Yo nací el día 30 de diciembre, a las 23:57 según me han contado, y ella… se marchó unos 12 o 13 minutos después, es decir, el día 31.

A muchos les costó tragar los últimos bocados de sus porciones.

-¿También estuvo en el ejército? –Adam quiso cambiar el rumbo de la conversación.

-Sí, era una de las mejores y ganó varias medallas al mérito.

Estuvieron casi una hora preguntándole sobre su madre, y al contrario de lo que creyó, no se derrumbó. Se sintió bien al hablarle de esa parte de ella a sus amigos.

 

 

Kyle salió al patio trasero antes de irse a su habitación. Era muy tarde, pero le dio igual e hizo la llamada. El teléfono se descolgó al segundo tono.

-¿Kyle? ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?

-Buenas noches, mamá. No, no ha pasado nada, estoy bien –se apresuró a decir. –Solo… quería llamarte, hace más de dos semanas que no hemos hablado por teléfono. ¿Cómo estás?

-Pues estoy bien, cariño… ¿Seguro que no te ocurre nada?

-No, de verdad… Supongo que en realidad te llamo para decirte que… te quiero. Hacía tiempo que no te lo decía.

La línea se quedó en silencio durante unos segundos.

-Yo también te quiero, Kyle –podía notar la sonrisa en su voz. –Cuéntame, ¿cómo te van las clases? ¿Hay alguna chica nueva en tu vida?

Capítulo 24 por Kala1411

Capítulo 24

 

 

Aquel viernes, Ashton había accedido a ir con sus amigos a un local para ver un partido de baloncesto. Los chicos habían preferido pasar esa noche “más tranquila”, tomado cervezas y comiendo nachos en un bar mientras veían un partido de baloncesto. Pero ella no era tan ingenua para creer que solo era eso, pues había oído acerca de la gran fiesta que iban a celebrar en una hermandad. Ashton era una persona non grata a ojos de las féminas del campus (por suerte, Jessica era la excepción) y prefería evitar ir a una fiesta en la que seguramente intentarían hacerle alguna jugarreta. Sus amigos se habían percatado de su reticencia y decidieron pasar esa noche con ella.

-Entonces, ¿realmente te disfrazarás de Sally? –Mark se sentó a su lado mientras tomaba un poco de su cerveza.

-Por supuesto, ya tengo el disfraz casi terminado –ella le sonrió. –Es la primera vez que voy a pedir caramelos y estoy impaciente por que llegue la semana que viene.

Gritos de protesta llenaron el bar, al parecer el árbitro había pitado una falta inexistente.

-Jimmy también está muy ilusionado, aunque intenta disimularlo –Mark sonreía mientras pensaba en su hermano. –Por cierto, aún no te he dado las gracias por cuidar de él ese fin de semana.

Ante el aumento de los gritos, ella tuvo que hablarle al oído para cerciorarse de que él la escuchaba.

-No tienes que darlas, es un niño increíble.

Durante el descanso, los ánimos parecieron calmarse un poco, y entre risas Ashton les agradeció a todos por pasar esta noche con ella en lugar de ir a la fiesta.

-Tampoco es para tanto, Ash –dijo Jason quitándole importancia.

-Habéis renunciado a una noche de sexo por mí, ese es un detalle muy bonito.

Se pararon a pensar un momento y el desánimo por aquella revelación fue mayor que por los puntos de ventaja que tenía el equipo rival sobre el local.

-Es cierto… -reflexionó Victor. –Nos debes una muy gorda, jovencita.

Las bromas empezaron, a cada cual más picante y subida de tono, sobre cómo Ashton debía devolverles aquella noche de abstinencia.

-Puedes lavar nuestros coches en bikini –propuso Jason.

-Hace demasiado frío para eso –respondió ella riéndose.

-Yo me conformo con que te vistas de animadora y vengas a animarme al próximo partido –comentó Frank con una sonrisa boba.

-¡Buena idea, tío! –Exclamó Nick.

Las risas continuaron hasta que comenzó la siguiente parte del partido. La cerveza y el alcohol fluyeron durante toda la noche, así como las bromas y las anécdotas. Los chicos no llegaron a emborracharse como en otras ocasiones, pero sí iban más alegres de lo normal.

 

 

Ashton quiso agradecerles por la pasada noche, así que tras su carrera matutina, compró ingentes cantidades de todos los ingredientes que necesitaba para hacer tortitas y una enorme ensalada de frutas. Regresó a la mansión, se duchó y se dispuso a mezclar los ingredientes para aquel desayuno especial, sabiendo que tenía el tiempo justo hasta que sus amigos empezaran a bajar. Alguien llamó a la puerta y ella se apresuró a abrir. Una mujer muy guapa le sonrió con simpatía y la saludó.

-¡Hola! Soy Lidie Davis –saludó tendiéndole la mano.

-Encantada, soy Ashton Jones –dijo estrechándosela.

-¡Así que eres una chica en realidad! –Su brillante sonrisa se ensanchó. –Yo soy la madre de Kyle. Él me ha hablado sobre ti, pero no me dijo que eras una chica.

Ashton empezó a reírse mientras se apartaba de la puerta para dejar que la mujer pasase al interior.

-¿Dónde está él, por cierto?

-Aún está durmiendo, puede esperarle conmigo en la cocina si quiere. Estoy preparando tortitas para todos.

-¡Oh, me encantan las tortitas! Te ayudaré.

Mientras cocinaban, Lidie (como insistió que la llamase) le contó muchas anécdotas de su vida. Al parecer, había sido fotógrafa y había viajado mucho, pero con la llegada de Kyle se asentó en California y montó su estudio fotográfico.

Ashton también le contó algunas cosas de su vida, y la mujer se mostró bastante impresionada. La conversación era amena y divertida, y ella no supo si fue el olor a tortitas recién hechas o las risas lo que despertó a sus compañeros.

-¿Mamá? –Kyle fue uno de los primeros en entrar en la gran cocina. -¿Qu-Qué estás haciendo aquí?

El chico estaba despeinado y había bajado en ropa interior, pero la expresión de somnolencia había dado paso a la incredulidad al ver allí a su progenitora.

-¡Buenos días, cariño! –La mujer se acercó y le dio un sonoro beso en la mejilla.

-¡Señora Davis!

Otros amigos de Kyle empezaron a saludarla efusivamente, incluso Mark le dio un abrazo cuando la vio.

-Vamos, chicos, sentaos. Ashton y yo hemos preparado tortitas para todos.

Algunos vítores sonaron por la gran estancia mientras los platos con tortitas y frutas eran repartidos entre todos los miembros.

-Mamá, ¿qué estás haciendo aquí? –Volvió a preguntar Kyle cuando el ruido se calmó.

-Tras nuestra última llamada, quería hacerte una visita –respondió ella encogiéndose de hombros. –Y aquí estoy.

Al chico no le daba buena espina todo aquello. Sabía que su madre era muy querida por todos, pero él temía sus locuras.

 

 

Tras darse una ducha rápida, estaba bajando por las escaleras con algunos de sus amigos, pensando qué podía hacer para pasar tiempo con su madre, preferiblemente lejos de la casa de la fraternidad. Escuchaba su voz desde la cocina, hablando con Ashton muy animada.

-El truco está en relajar la garganta y aguantar la respiración –Kyle se paralizó por un momento, al igual que sus amigos, mientras escuchaba las palabras de su madre.- Debes ir soltando el aire poco a poco por la nariz, así lo interiorizarás mejor y no te atragantarás.

Adam, Matt, Mark y Jason empezaron a reírse mientras Kyle saltaba los últimos escalones y entraba en la cocina como si fuera un vendaval.

-¡Mamá!

-¿Qué te pasa, cariño?

-¡¿Qu-Qué le estás diciendo a Ashton?! –Su respiración era agitada y sentía las palpitaciones de su corazón en las sienes.

-Le estoy explicando cómo logro alcanzar algunas notas difíciles cuando canto con el coro.

Esa explicación le calmó un poco los nervios y resopló tranquilo.

-¡Ah! Y también puedes utilizar esa técnica cuando estés haciendo una felación –expuso la mujer con naturalidad.

Las carcajadas resonaron por toda la casa y Kyle sintió como su cara enrojecía. Se acercó a su madre, la cogió de la mano y la arrastró fuera de la cocina.

-Disculpa Ash, tengo que hablar un momento con mi madre –intentó sonar calmado, pero le costó un esfuerzo enorme.

Sus amigos estaban, literalmente, tirados en el suelo, casi asfixiados de la risa.

-Mamá, ¿qué estás haciendo?

-Solo estaba hablando con Ashton, me cae muy bien y no me habías dicho que era una chica…

-Mamá, escucha…

-Es increíble, Kyle…

-Sí…

-Es inteligente, divertida y bastante guapa…

-Créeme, lo sé…

-¿Sabes qué? –Su madre le puso las manos en los hombros. –Creo que es la candidata perfecta para ser la madre de mis nietos…

-Sí, yo… Espera, ¿Qué?

El chico entendió tarde las palabras de su madre, y cuando quiso reaccionar, ella ya volvía a la cocina en busca de su amiga. Su madre no iba a cambiar nunca y con las carcajadas de sus amigos aun resonando por la casa, él solo pudo apretarse el puente de la nariz para calmar sus nervios.

 

 

Lidie insistió en pasar la mañana en la mansión, pues el cielo se había llenado de nubes grises que amenazaban con lluvias imprevistas. Estuvo casi una hora contando anécdotas sobre la infancia de Kyle, y para desgracia del chico, Ashton no paraba de preguntar. Su madre tenía demasiada buena memoria.

-Por cierto, Ashton, estoy pensando que podrías ayudarme con un proyecto que tengo entre manos –un escalofrío recorrió el cuerpo de Kyle. –Verás, estoy montando un calendario solidario para recaudar fondos para la protectora de animales de la ciudad, pero me falta una modelo. ¿Te gustaría participar?

-¡Claro! –Respondió la chica entusiasmada. -¿Qué tendría que hacer?

Kyle bebió un poco de agua para mitigar su inquietud, pues parecía que por una vez, su madre no iba a decir nada fuera de lo común.

-Solo tendrías que venir un día a mi estudio fotográfico y te haría unas fotos desnuda. No tienes problema con eso, ¿no?

Casi se atragantó con el agua, sus amigos intentaban disimular los ataques de risas, pero era en vano.

-¡Mamá, por Dios! ¡¿Cómo puedes pedirle algo así?!

-No entiendo por qué te pones así –dijo ella cruzándose de brazos y volviendo a dirigirse a la chica. –Si no le hubiera pillado con 16 años en la cama con una chica, pensaría que sigue siendo virgen y le aterra el cuerpo femenino.

Esta vez sus amigos no pudieron seguir disimulando. Kyle se levantó del sillón, con el semblante granate, y salió del salón para encerrarse en su habitación. Si no lo escuchaba, no sería tan malo. Al lado de la escalera se encontró a Mark, doblado por la mitad, con la cara roja y los ojos lacrimosos. El joven quiso decirle algo, pero la risa no se lo permitió. Kyle decidió ignorarle y se apresuró a subir las escaleras.

Tim, Frank, Jason y Victor se acercaron a la señora Davis cuando se hubieron calmado un poco, y aprovechando que Ashton había ido al baño, le preguntaron a la mujer entre susurros un tanto avergonzados:

-¿Podría guardarnos algunos de esos calendarios?

-¡Oh! ¿También queréis colaborar con la asociación de animales?

-¡Por supuesto!

-Todo sea por esos animalitos.

-Ya sabe que mi corazón pertenece a los animales –comentó Tim.

 

 

Los chicos prepararon el almuerzo mientras Lidie y Ashton no paraban de hablar ni poniendo la mesa. Al parecer, la mujer era como la figura materna que la chica nunca había podido abrazar, y ella era la niña que siempre quiso tener. Durante el almuerzo, Mark le pidió a la señora Davis que se sentara en el lugar que siempre ocupaba él y ella insistió que Ashton se sentara a su lado.

-Mark, querido, ¿te importaría sentarte tú a mi otro lado? –El joven se sorprendió ante la petición. –Kyle empezará a darme patadas por debajo de la mesa si digo algo que él considere “inadecuado”.

El chico sonrió y accedió. Una vez sentados todos en la mesa, apenas hablaron durante los primeros minutos, degustando la carne y las verduras, obra de Lewis.

-Ashton, ¿te gustan los niños?

Un mal presentimiento recorrió la espina dorsal de Kyle.

-Sí, me encantan.

-Y… ¿te gustaría tener hijos algún día?

-¡Por supuesto! Es decir, sé que aún soy joven, pero me gustaría tenerlos.

-¡Oh, eso es fantástico! ¿Y te gustaría ser la madre de mis nietos?

-¡MAMÁ! –Gritó Kyle.

Ashton empezó a reírse, contagiada por las risas sofocadas de los demás. El joven se sentía humillado, y ella quiso salvar un poco su orgullo. Se notaba de la señora Davis adoraba a su hijo, pero él no disfrutaba tanto de su sentido del humor.

-Pues, si dentro de unos años yo estoy libre y Kyle también, no me importaría.

Mark sintió como una pequeña daga se hundía en su corazón al escucharla, pero el rostro de Kyle expresaba su sorpresa. Con los ojos muy abiertos y mirándola fijamente.

-¿Qué?

-¡Fantástico! –Gritó eufórica Lidie.

 

 

La señora Davis se marchó por la tarde, feliz por haber conocido a Ashton y tomando su palabra de que la visitaría en las próximas semanas para las fotografías. Kyle se sentó en los escalones del porche de entrada mientras veía como el coche se alejaba. Estaba agotado física y mentalmente, su madre tenía ese poder en él. Sin esperarlo, Ashton se sentó a su lado.

-Tienes una madre increíble.

-Tengo una madre loca –murmuró sonriendo. –Te ha cogido mucho cariño.

-Sí, espero no decepcionarla si llego a ser la madre de sus nietos.

Él bufó, riéndose.

-No le hagas caso, hace muchas bromas como esa.

Ashton le miró de reojo sin perder la sonrisa.

-Eres muy inteligente, Kyle, pero creo que aún no te das cuenta de cuando se trata de una broma y de cuando las palabras van en serio…

Se levantó y entró en la mansión, dejando al chico con una sorpresiva sonrisa incrédula. Se quedó allí un rato, ensimismado e imaginando.

 

Capítulo 25 por Kala1411

Capítulo 25

 

 

La noche de Halloween, Ashton se preparó con mucho esmero para no decepcionar a Jimmy. Cuando bajó al salón para que sus amigos la vieran, tenía la expresión de una niña pequeña a punto de conocer a su héroe. Los demás aún no se habían disfrazado, pues la fiesta a la que iban a asistir no empezaría hasta más tarde. Solo Mark estaba disfrazado como el Zorro, pues Jimmy le dijo que no podía ir vestido con ropa normal, no quería que lo avergonzara delante de sus amigos si iba desentonando de aquella manera. Él llevaría a Ashton hasta la zona residencial en la que vivía y esperaría en su casa hasta que terminasen de pedir golosinas.

Durante el camino, Ashton le estuvo preguntando sobre cómo celebraba él Halloween cuando era pequeño, su principal intención era recopilar toda la información posible para no decepcionar a Jimmy. Mark le contó algunas travesuras que hizo y cuáles eran los mejores trucos para conseguir más caramelos. El trayecto de apenas 20 minutos se le hizo muy corto, y pensó en dar un rodeo un poco más grande para estar un par de minutos a solas con su amiga, pero su padre le llamó por el dispositivo de manos libres.

-Mark, ¿puedes quedarte esta noche con Jimmy?

Él respiró hondo, notando como su usual migraña empezaba en aquel pequeño y molesto punto de su sien.

-Hola a ti también, papá. Y no, no puedo quedarme hoy con Jimmy. Voy ahora para pedir caramelos con él, pero esta noche hay una fiesta en el campus y estoy invitado.

-Mark, estoy en una celebración muy importante con varios socios, tu madre se ha ido de la ciudad, y la niñera no puede controlar a tu hermano. No seas egoísta y llévatelo por esta noche, mañana iré a recogerlo a tu fraternidad. Adiós.

Sin más, el hombre colgó. Mark quiso ponerse a gritar como un poseso para liberar estrés, pero debía recordar a su amiga sentada a su lado. No quería que le tomase por un loco.

-Mark, para el coche un momento.

Él la miró de reojo y la obedeció. Apenas faltaban dos minutos para entrar en su urbanización, pero no puso ninguna objeción. Ashton se quitó el cinturón cuando el coche se detuvo, se subió a horcajadas encima de él y le abrazó todo lo que pudo en aquel estrecho hueco. Mark se había quedado petrificado por la actuación de su amiga y por la postura que tenía sobre él, pero reaccionó y le devolvió el abrazo. La migraña parecía remitir con el contacto de la chica, y simplemente se permitió disfrutar de aquellos momentos de paz.

-No pasa nada, yo puedo quedarme con Jimmy –dijo dulcemente rompiendo el contacto.

Él sonrió.

-Se supone que es responsabilidad de mis padres, Ash… Y cada vez que pueden, se desentienden de él –suspiró apesadumbrado, pensando en su hermano. –No quiero que Jimmy crea que los adultos le ven como una molestia o un problema que pueden eludir…

Recordaba las duras palabras que él mismo le había dicho a su hermano y se sintió miserable.

-Entonces, demostrémosle que no todos los adultos son iguales.

 

 

La casa de Mark era enorme. Apenas habían salido del coche cuando Jimmy salió por la puerta principal y se dirigió a Ashton para abrazarla y darle su bolsa para recoger caramelos.

-Hay cervezas y aperitivos en la cocina –dijo dirigiéndose a su hermano mayor.

-Oye, Mark, ¿Por qué no vienes con nosotros a pedir caramelos? –Inquirió de repente Ashton.

Dos pares de ojos azules la miraron asombrados.

-Mi hermano nunca ha querido venir conmigo en Halloween –acusó Jimmy mirando a Mark de reojo.

-Pero necesita divertirse un rato –ella miraba a su amigo. –Y, no quería decírtelo, pero te has vuelto un aburrido, tío.

-Eso es cierto –dijo Jimmy asintiendo.

Ashton le miraba con ojos de cachorrito pero con los labios apretados para aguantar la risa. Él suspiró, sintiendo como una pequeña llama de un sentimiento desconocido comenzaba a calentar una parte de su interior. Les sonrió a los dos aceptando la invitación, y empezaron a visitar las casas de sus vecinos.

 

 

Estuvieron más de dos horas visitando las casas del barrio y consiguieron llenar las tres bolsas de golosinas, Jimmy creía que era por los disfraces tan geniales que llevaban él y Ashton, pero Mark sabía que era porque la figura de su amiga había atraído la atención de muchos de sus vecinos. Se lo pasaron genial, y Jimmy no pareció tomarse a mal tener que irse con ellos a la mansión de la fraternidad.

Durante el camino de vuelta, pararon a comprar pizzas y alquilar algunas películas que le gustasen al niño. Ashton le había convencido para que se fuese a la fiesta de Halloween tranquilo, él conocía su reticencia a asistir a esa clase de eventos y los motivos por los que era tan reacia a ello, pero se propuso convencerla para que fuese a la siguiente gran juerga que tuviese lugar en el campus.

Al llegar, todos los miembros de la fraternidad estaban preparados con sus disfraces, pero no eran los únicos que estaban allí. Daisy y algunas chicas de la Hermandad Delta se encontraban en el gran salón vestidas con prendas que dejaban poco a la imaginación. Mark no supo el motivo de su presencia allí, pero no estaba seguro de querer saberlo.

-¡Oh, pero si ha venido el pequeño Jimmy! –La joven rubia intentó disimular su desagrado al percatarse de la presencia del niño. –Pero, ¿qué haces aquí? –Su voz pretendía ser dulce, pero resultaba irritante. –La fiesta a la que vamos no es para niños.

En ese momento, Daisy reconoció a Ashton con su disfraz.

-¡Ah! Que no serás el único niño en la mansión por lo que veo…

Las otras chicas se rieron de su comentario, Ashton la ignoró, pero a Jimmy no le gustaron esas palabras.

-Ahora entiendo por qué elegiste ese disfraz –le dijo a su hermano. –Es normal que vayas del Zorro si tu acompañante resulta ser una zorra…

Los miembros de la fraternidad intentaron disimular sus risas, pero a Adam se le escapó una carcajada que retumbó en los oídos de Daisy. La chica miró furibunda al niño, pero se abstuvo de decir nada más. Pasó al lado de Ashton, ignorándola deliberadamente, y salió de la mansión seguida de las otras chicas.

-Entonces, ¿te quedarás aquí esta noche? –Matt se acercó a Jimmy con cierto orgullo en su mirada.

-Sí, estaré con Ashton viendo películas y comiendo pizzas –dijo con una sonrisa alegre e inocente.

La joven le sonrió con simpatía y fue al salón para dejar la cena y las películas.

-Seguramente, te hubiese gustado venir a una fiesta de mayores, pero no va a poder ser –comentó Jason con cierta sorna.

El niño bufó y se encogió de hombros, quitándole importancia.

-Tendrás que esperar unos años para asistir a un evento tan guay como las fiestas universitarias –Adam siguió picándole.

-Además, ni te imaginas la cantidad de comidas que hay en estas fiestas –insistió Victor.

Algunos de los presentes se rieron entendiendo el doble sentido de las palabras del chico, pues en esa fiesta solo habría alcohol y chicas. Los miembros de la fraternidad no dejaban pasar una ocasión para burlarse del niño, pero en aquella ocasión, Jimmy supo cómo responderles.

-Tíos, no me dais envidia –dijo mirándoles uno a uno con una media sonrisa. –Vosotros vais a ir a una fiesta con muchas bebidas y muchas chicas… Pero yo pasaré la noche con Ashton, viendo películas, comiendo pizza y riéndonos. Estaremos los dos solos en la mansión y yo estaré “demasiado asustado” esta noche para dormir solo, por lo que ella me insistirá para que duerma en su cama y así protegerme de las posibles pesadillas que tenga –Jimmy sabía el efecto de sus palabras. –Que paséis buena noche entre los brazos de cualquier fulana disfrazada, que yo me dormiré oliendo el pelo de Ash mientras me abraza.

-Jimmy –llamó Ashton desde el salón, -¿qué película quieres ver primero?

Sin ocultar su sonrisa de completa satisfacción y regocijo, se despidió de los chicos.

-Hasta luego, pringados.

Los miembros de la fraternidad, al completo, se habían quedado con expresiones indescifrables.

-Pequeño hijo de… puta –murmuró Jason.

-Que cabrón –coincidió Victor.

-¿Soy el único que siente envidia de un crío de 8 años? –Preguntó Tim.

-No –respondió Matt, aun boquiabierto.

Capítulo 26 por Kala1411

Durante la primera semana de noviembre, John y Paul recibieron tres días libres para descansar y decidieron hacerle una visita sorpresa a Ashton, pues la echaban de menos. Mientras había sido pequeña, ella les había acompañado cada vez que habían tenido que trasladarse por varios meses a destinos lejanos, pero con su marcha a la Universidad solo la veían por videollamada.

Habían averiguado la dirección de la casa de la Hermandad Delta y se dispusieron a visitarla el sábado por la mañana. Cuando llegaron al campus, salieron con enormes sonrisas del coche, casi impacientes por abrazar a su pequeña después del poco tiempo que pasaron juntos cuando ella fue a visitarlos a finales del mes de septiembre. Llamaron a la blanca y maciza puerta, y en unos segundos, una chica rubia y con el sueño aun presente en su rostro les abrió.

-Hola… -dijo alzando la cabeza para mirarles a la cara.

-Buenos días, señorita. Buscamos a Ashton Jones –saludó Paul educadamente.

La chica se había quedado boquiabierta por el tamaño intimidatorio de los dos hombres, pero al escuchar el nombre su expresión de asombro se transformó.

-Esa puta –dijo con repulsión, -jamás podría entrar aquí.

-¿Cómo dice, señorita? –Inquirió John sintiendo como la rabia cambiaba su semblante.

-¿Y dónde está? –Paul sonaba más calmado, pero solo en la fachada.

-La encontrarán en la Fraternidad Alpha Omega.

-¿Y qué hace ella allí? –John no pudo evitar alzar la voz al preguntarle eso a su amigo.

Pero fue Daisy quien le respondió.

-Es el juguete favorito de todos ellos.

 

 

El enfado les movía hacia la mansión, deseosos de poder golpear algo. Paul tuvo que respirar hondo cuando llamó a la puerta, pues si se dejaba llevar por sus sentimientos en aquellos momentos, sería capaz de traspasar la madera con un puñetazo. Un joven de tez morena les abrió, llevaba solo unos slips e iba despeinado. Estaba bostezando pero cuando les vio, no solo su enorme presencia, sino sus expresiones enfurecidas, cerró la boca de golpe. Quiso hablar, pero ellos entraron antes de que pudiera decir nada.

-¡¡ASHTON MARION JONES!!

Todos los jóvenes del salón y de la cocina salieron al escuchar el furioso alarido de John, y al verles allí, muchos empalidecieron.

Ashton se había quedado rezagada esa mañana en la cama, pues la noche anterior había terminado un proyecto a altas horas de la madrugada, pero al escuchar la clara voz de uno de sus padres corrió hacia las escaleras. Se paró en seco al ver a los dos hombres allí, impertérritos y con terroríficas expresiones que prometían consecuencias terribles para ella.

-¡¡TIENES UN MINUTO, SOLDADO!!

Sabía que el color se había ido de su cara.

-John, yo…

-¡Muestra más respeto, soldado! ¡Somos tus Tenientes! –Esta vez fue Paul quien gritó.

Ella se paró firme, mirándolos fijamente y respondió como siempre le habían enseñado.

-¡Señor, sí, señor!

Con paso firme pero con el corazón latiéndole de forma irregular, se apresuró a su habitación para vestirse y acicalarse. En pocos segundos estaba preparada, abrió la puerta para salir y se encontró a Adam, Frank y Victor.

-Nosotros les entretendremos mientras tú escapas por la ventana –dijo Adam apresuradamente.

El terror de sus amigos era real, podía verlo en sus ojos.

-No os preocupéis, chicos…

-¡¿Qué no nos preocupemos?! –Gritó en un susurro Frank. -¿Has visto el tamaño que tienen? ¿Quiénes son?

-Mis padres.

Los tres jóvenes se quedaron petrificados mientras ella pasaba rápidamente entre ellos para encontrarse con sus progenitores. Sabía que estaba metida en un buen lío, pero aguantaría el castigo y los gritos si con ello lograba quedarse en aquella fraternidad.

Bajó las escaleras con la expresión en blanco, sabiendo por el grupo de sus amigos que estaba en la entrada al salón que sus padres se encontraban allí. Cruzó entre ellos con paso firme y la espalda recta, y se paró frente a sus dos padres, esperando sus palabras acusatorias y legítimas.

-¿Tienes idea de lo que hemos sentido cuando una zorra rubia nos ha dicho que no vivías allí? –Paul era siempre el “poli bueno”. -¿Sabes cómo te ha calificado esa chica?

Ella se mantuvo impertérrita, pues sabía que aún no debía hablar. Tenía que esperar hasta que sacaran toda su furia, de lo contrario podría ser peligroso.

-Ha dicho que eres una puta… -Era el turno de John. -¿Me oyes? ¡Una puta, Ashton! ¡El juguete de todos ellos! –señaló a los chicos con un gesto de la cabeza, pero sin apartar sus ojos de ella.

-¿Qué tienes que decir a eso? –Preguntó Paul.

Ella no contestó.

-Eso es falso –dijo Mark en voz alta.

-Es mentira –coincidió Kyle al mismo tiempo.

-¡SILENCIO, SOLDADOS! –Gritó John hacia los jóvenes.

-Ellos no son soldados –respondió ella sin pensar.

-¡No te hemos dado permiso para hablar! –Vociferó Paul. -¡¿Por qué cojones nos has mentido?!

Ella esperó un poco más.

-Responde, soldado –ordenó John entre dientes.

-¿Me habríais dejado venir si hubieseis sabido que viviría aquí?

-¡¡NO!!- Respondieron los dos al unísono.

Paul se acercó un poco a ella.

-¿Y qué ha sido esto? ¿Un acto de rebeldía?

Ashton miró a sus padres antes de contestar.

-Habéis visto una muestra de cómo son las chicas aquí, ¿de verdad creéis que me dejarían vivir entre ellas? –Sabía que sonaba calmada, pero la inquietud la invadía. -Sé que no debería haber mentido, y pido disculpas por ello.

John y Paul se miraron entre ellos brevemente, mientras algunos de los miembros de la fraternidad tragaban esperando las reacciones de aquellos gigantes.

-Entonces, ¿no es cierto lo que nos ha dicho esa zorra? –Preguntó Paul.

-No, no es cierto.

John se agachó un poco para estar más cera de la cara de Ashton y averiguar si le mentía.

-¿De verdad no te has acostado con ninguno de esos especímenes?

-No, Teniente.

Ante aquellas palabras, sus semblantes cambiaron y la relajación se hizo patente en ellos. Se sentaron en el sofá pareciendo hombres nuevos.

-Ash, no vuelvas a mentirnos de esa manera –advirtió Paul más calmado.

-Lo siento mucho, papá.

-Nena, ¿puedes traernos algunos cafés, por favor? –Pidió John frotándose las sienes.

Ella se apresuró a la cocina para prepararles dos tazas, sus amigos quisieron seguirla, pero los dos hombres les chistaron para llamarlos a todos.

-Vosotros –llamó Paul, -decidnos, ¿quién será el primero en presentarse?

Los chicos se miraron entre ellos, temerosos de alzar la voz.

-Yo tengo un candidato –dijo John. –Tú, el chico que habló antes –fijó sus ojos en Mark.

-Mi nombre es Mark…

-Acércate hasta aquí, no nos gustan que nos hablen desde la distancia –las calmadas palabras de Paul no engañaron a ninguno de los presentes.

Mark se acercó a ellos, intentando mantener la respiración regular.

-Mi nombre es Mark Rushton, soy el Presidente de esta fraternidad.

-Él es el John, y yo soy Paul. Cuéntanos más de ti, muchacho. ¿Cuántos años tienes? ¿Qué estudias?

-En pocos meses cumpliré 19 años, estoy en Derecho.

-¡Derecho! Guau… ¿Practicas algún deporte? –Continuó Paul.

-En el instituto estaba en el equipo de béisbol, pero lo dejé.

-¡Ah! ¡Béisbol! Yo también lo jugaba cuando estaba en la secundaria –dijo el hombre con una sonrisa.

Mark se relajó un poco, pues no se había percatado de la falsedad en la expresión de Paul.

-¿Te masturbas mucho pensando en Ashton? –Inquirió John de repente.

Mark casi pudo sentir como el sonido de su corazón retumbaba hasta escucharse por toda la habitación. La mirada glacial del hombre provocó en él un miedo que nunca antes había experimentado, sintiéndose como la pequeña gacela que huye despavorida para sobrevivir al ataque del depredador.

-¡Papá! –Ashton estaba en la puerta del salón. -¿Cómo se te ocurre hacerle esa pregunta?

La chica traía una bandeja con tres tazas de café y les frunció el ceño a sus progenitores como si momentos antes no hubiesen parecido energúmenos en vez de personas.

-Solo es curiosidad, cariño –dijo John sin apartar los ojos de Mark. –Vamos, chico, contéstame, ¿sí o no?

-John, basta. Mark es mi amigo y ya está, al igual que todos los demás.

El hombre le sonrió con dulzura.

-Nena, Paul y yo también empezamos siendo amigos de tu madre.

-Mark tiene novia.

-Y un pene –rebatió Paul, -por lo que no es de fiar.

-Al igual que ninguno de los que están en la puerta –John miró a los demás miembros de la fraternidad. –Podéis acercaros, no nos comemos a nadie.

La sonrisa del hombre era amenazadora, pero los chicos empezaron a entrar en el salón más por solidaridad con su Presidente que por ganas de estar cerca de aquellos dos hombres. Ashton sabía que estaban comportándose de aquella manera para “marcar el perímetro de seguridad” alrededor de ella.

-No tenéis que tener esa actitud con ellos, solo son mis amigos.

-No confiamos en ellos –expuso John tranquilamente. –Son tíos y sabemos cómo piensan.

-Pues son los únicos amigos que tengo en todo el campus, así que sed agradables con ellos.

Los dos hombres bufaron, observando a los chicos que se sentaban con cierto temor y a cierta distancia de ellos.

-¿Por qué no nos habías dicho que las chicas habían tomado esa actitud contigo? –Quiso saber Paul. -¿Te han hecho muchas jugarretas?

-Solo son bromas y no es para tanto. No quería preocuparos.

-Nena, si llegas a sentirte incómoda y quieres dejarlo, sabes que siempre podrás volver con nosotros –dijo John.

Ella le sonrió.

-Estoy bien, papá.

 

 

Cuando sintió que los ánimos de sus padres estaban más calmados, les invitó a ir con ella al gimnasio, echaba de menos las sesiones de entrenamiento con sus padres y quería presentarles a Dimitri. Los dos hombres se rieron cuando ella les contó cómo había vencido al antiguo soldado, pero Mark y algunos de los miembros que les acompañaban sintieron escalofríos al escuchar las siniestras risas llenas de orgullo.

Llegaron al Esparta y, antes de que Ashton se dirigiera hacia los vestuarios femeninos, habló muy seriamente con sus padres:

-Ni se os ocurra decirles nada que los incomode o los atemorice.

-Ash, nena –decía Paul con voz dolida, -¿cómo puedes pensar que haríamos algo así?

-Son tus amigos, y les estamos más que agradecidos por que te hayan acogido y te traten tan bien –John sonrió.

Ella le devolvió la sonrisa, pero sabía que estaban mintiéndole como bellacos. Se apresuró para vestirse con ropa deportiva y a salir al gimnasio, pues no se fiaba de sus padres.

Los chicos de la fraternidad entraron en los vestuarios con la cara un tanto pálida y sintiendo como los ojos de aquellos hombres les quemaban en la nuca. Empezaron a cambiarse y los hombres se miraron con sorna.

-¿Sabéis, chicos? No nos preocupa que Ash se fije en alguno de vosotros –dijo John con una supuesta expresión amigable. –Es algo normal, puesto que pasáis mucho tiempo con ella.

-Y os damos las gracias por hacerla sentir tan cómoda entre vosotros… -sonreía Paul. –Como si fuera uno más en vuestra fraternidad.

-Sí… -Jonh se situó delante de Mark y Jason. –Pero, después de todo, Ashton es una chica… Con una cara preciosa, un cuerpo entrenado y una personalidad arrolladora…

Los jóvenes se miraban entre ellos con las cabezas agachadas, pues desconfiaban de la actitud de aquellos hombres.

-Así es nuestra pequeña –Paul se sentó entre Nick y Adam para ponerse las zapatillas. –Es muy fácil quererla… Pero ella se merece a alguien que no solo la quiera, sino que la haga sentir especial… No solo que la busquen para 30 minutos de placer y nada más…

-Has sido demasiado generoso, tío –dijo John a su amigo. –Mírales, ¿de verdad crees que puedan aguantar siquiera 30 minutos?

Paul miró a los jóvenes con ojo crítico.

-Tienes razón, seguramente aguanten entre 5 y 10 minutos.

-¡PAPÁ! –Gritó la chica desde la entrada de los vestuarios masculinos. -¡Hace 5 minutos que me habéis prometido que os comportaríais con ellos!

Los hombres se miraron de forma inocente.

-Cariño, solo estábamos bromeando con tus amigos, ¿verdad?

John de dio algunas palmadas en el hombro a Jason y el chico asintió, con temor a decir una sola palabra. Los jóvenes respiraron tranquilos cuando Ashton se adelantó con sus padres y ellos pudieron cambiarse de ropa.

-No me siento tan… “masculino” como antes –comentó Adam en un susurro.

-Yo sé que puedo aguantar mucho más que 30 minutos… -musitó Jason, -pero ahora tengo miedo de tener un “gatillazo”…

 

 

Ashton estaba enseñándoles las máquinas a sus padres y comentándoles el entrenamiento que hacía, cuando Dimitri se acercó a ellos por detrás.

-¡¿Quiénes son estos individuos, Jones?! –Gritó con su habitual tono.

Los tres se giraron y la chica sonrió a su entrenador.

-Dimitri, le presento a mis padres, Paul White y John…

-Anderson… -terminó de decir el hombre con su acento ruso.

Ashton se percató entonces de las expresiones de su entrenador y de John. Las pupilas de ambos se habían achicado y sus músculos estaban tensos. Dimitri soltó una carcajada seca sin apartar los ojos del hombre.

-Hace 20 años que no te veo y sigues teniendo la misma cara de cabrón que entonces -afirmó el entrenador cruzándose de brazos.

-Gracias. Tú sin embargo has empeorado con los años.

La tensión se respiraba en el ambiente, y Ashton estaba cada vez más inquieta pues no sabía el motivo.

-John, ¿de qué os conocéis? –Intervino.

-Estuve en una misión con él hace 20 años, en el este de Europa.

-¿Jones es tu hija? –Le preguntó Dimitri.

John se tensó aún más si cabía y ella miró de reojo a Paul, quien tampoco parecía saber nada de aquella situación.

-Sí –contestó su padre.

Dimitri soltó otra carcajada y empezó a frotarse la barbilla, pensativo.

-¿La habéis entrenado vosotros? –Ambos hombres asintieron. -Debo admitir que hicisteis un buen trabajo, es la mejor alumna que he tenido nunca en este gimnasio.

-Gracias –contestó secamente John.

Sus amigos se acercaron en ese momento, tan curiosos como ella por aquella conversación y por la animadversión que se notaba entre los dos grandes hombres.

-No puedo creer que seas hija de este gran cabrón, Jones –dijo con tono bromista el entrenador, pero sus ojos no dejaron en ningún momento los de su padre. –Dime, Anderson, ¿su madre es aquella chica de la voz dulce? ¿La que te llamaba todas las noches?

Ashton miró a John, intrigada por aquellas palabras de su entrenador, pero sintió la mano de Paul en su hombro para que se alejase de los dos hombres que parecían a punto de destrozarse solo con las miradas.

-Sí –John tenía los puños apretados y le temblaban los músculos.

-Entonces la joven tenía que ser más hermosa de lo que creía… ¿Sabes? Nunca he olvidado aquella voz tan agradable y suave –se descruzó de brazos. –Aún recuerdo cuando me amenazaste porque cogí su llamada antes que tú y empecé a hablar con ella.

-También te pegué una paliza… Y puedo volver a hacerlo…

-Paul… -musitó Ashton temerosa.

-¡Sí! Recuerdo esa paliza. Me rompiste la nariz cuando me descubriste masturbándome en las duchas… -uno de los chicos de la fraternidad reprimió una arcada. – ¡Pero no era mi culpa! Esa voz provocaba erecciones instantáneas…

El caos se desató.

John le pegó un puñetazo a Dimitri y este cayó sobre unas máquinas de pesas por el impacto, pero se levantó rápidamente y se abalanzó contra su contrincante. Ashton quiso intervenir e intentar sepárales, pero Paul la detuvo.

-¡Detenlos! ¡Van a matarse! –Gritó preocupada.

El hombre, con la expresión calmada, negó con la cabeza.

-Es un suicidio intentar separarlos, deja que se cansen –dijo con voz tranquila y poniéndole el brazo sobre el hombro. –Vamos, pequeña, sigue explicándome tus rutinas de entrenamiento.

-¡Pero, Paul…! –Ashton estaba un tanto desesperada al ver la ferocidad de la pelea.

-Tranquila, tranquila… Ya se cansarán…

 

 

-¡Estarás contento, papá! –Gritó enfadada Ashton cuando abría la puerta de la mansión. -¡Has destrozado el gimnasio y le has roto la nariz a mi entrenador! ¡Otra vez!

Se dirigió a la cocina para agenciarse del botiquín y de varias bolsas de hielo. John entró seguido de Paul y de los demás miembros de la fraternidad, quienes comentaban la pelea entre la admiración y el trauma de haber presenciado tanta violencia. El hombre tenía el labio y una ceja rotas, además de un ojo morado, pero su peor lesión era el hombro derecho, pues Dimitri se lo había desencajado.

Los jóvenes que vieron entrar al magullado hombre se quedaron estupefactos, pero por las pocas palabras que escucharon, entendieron rápidamente lo que había sucedido.

-Señor Anderson –Kyle se acercó al hombre al ver el estado de su brazo, -debería ir al centro de salud del campus.

-No te preocupes, hijo –le dijo Paul. –Estamos acostumbrados a este tipo de cosas.

Entraron en el salón para esperar allí a su hija. Paul le trajo a su amigo una silla del comedor para que se sentase recto, pues tomar asiento en uno de los sillones podría ser perjudicial para su hombro.

-Señor –intervino Jason, -soy estudiante de Enfermería y le puedo asegurar que la lesión irá a peor si no acuden de inmediato a un hospital.

En ese momento, Ashton llegó con una expresión descontenta. Dejó el botiquín y las bolsas de hielo en la mesita del comedor, se puso detrás de John en la silla y le palpó el brazo y la clavícula.

-En serio, no puedo creer lo que le has hecho a mi entrenador –se quejaba.

En un movimiento brusco y certero, volvió a encajarle los huesos del hombro a su padre. Todos sus amigos miraron boquiabiertos la facilidad con la que había ejecutado la acción mientras hablaba, como si fuese algo muy normal para ella. Apenas notaron como Fudo salía corriendo al baño, aguantando las arcadas al escuchar el crujido de los huesos.

–Tendré suerte si me deja pasar solo por delante del Esparta… -decía mientras le ponía una bolsa de hielo en el hombro a su padre.

-No te preocupes por eso, nena –Paul intentó tranquilizarla. -El hombre está encantado contigo, no va a echarte de su gimnasio.

-Ese capullo se lo merecía, Ash –se defendió John mientras aguantaba como le curaba la herida de la ceja.

-¿Por qué no lo ignoraste? No puedes pelear con todo el que diga cosas sobre mamá o sobre mí.

-Puedo y lo haré –respondió tozudo.

-¿En serio? –Se paró delante de él con el ceño fruncido. - ¿Le darás una paliza a todos los que creas que se masturban pensando en mí?

-Sí… Lo que me recuerda algo –buscó con la mirada por la gran estancia. -¿Dónde está el chico Presidente? Le pregunté esta mañana y no me respondió si se masturba pensando en ti o no.

Mark estaba en la entrada al salón e intentó esconderse tras algunos de sus amigos cuando escuchó aquello.

-¡Basta! Deja ya esa actitud y deja en paz a Mark con tus paranoias. Ahora mismo no podrías hacer nada contra nadie y lo sabes.

John lo pensó unos segundos.

-Paul se crio en Texas, y sabe atar y castrar a un ternero en cuestión de segundos.

-¡Eso es cierto! –Exclamó el aludido. –Podría enfrentarme a quien sea si la situación lo requiere.

-¿Ves? –Inquirió el hombre con una sonrisa. –No soy el único que puede ser peligroso…

 

 

Por la tarde, Ashton se despidió de sus padres con grandes abrazos. Al parecer, debían trasladarse a Nueva York durante varios meses, por lo que ella tendría que volar a la gran ciudad para pasar allí las Navidades. Les estaba costando despedirse sin emocionarse, pero era algo que debían hacer.

-Ash, eres de los mejores soldados que hemos entrenado –comenzó a decir Paul, -pero siempre serás nuestra pequeña.

-Confiamos en ti si nos aseguras que estas bien viviendo con estos chicos –John la abrazó y le susurró, -pero si nos enteramos de que alguno ha intentado algo contigo, volveremos.

Ella se rio por lo exagerado de sus palabras, lo que no sabía era la veracidad con la que su padre las decía. Los dos hombres se marcharon poco antes del ocaso, con la emoción contenida, pues ninguno de ellos quería aceptar que Ashton había madurado más de lo que ellos estaban dispuestos a aceptar.

Capítulo 27 por Kala1411
Notas de autor:

AVISO: Este capítulo es "subido de tono", si alguien se siente incómodo le pido disculpas con antelación.

Siento haber tardado en actualizar la historia, he tenido que atender algunos contratiempos personales. 

¡Saludos!

Capítulo 27

 

 

Una gran fiesta iba a celebrarse pronto, la Hermandad Delta se encargaría de organizarla, como los años anteriores, y había gran expectación respecto a lo que harían. A Ashton le daba igual, pues pretendía quedarse en la mansión de la fraternidad la noche de la fiesta. Daisy y sus secuaces se esforzaban cada vez más en hacerle difícil la existencia, los rumores que lanzaban se volvían cada vez más disparatados e inverosímiles, pero los demás estudiantes del campus ni siquiera parecían pararse a pensar en ellos, solo se los creían porque era más fácil.

Sus amigos ponían gran empeño en desmentirlos o en protegerla de las jugarretas que las chicas de la hermandad le preparaban, pero muchas veces sus esfuerzos eran en vano. Ashton empezaba a cansarse de aquella situación, pero intentaba tomárselo con filosofía.

-Vendrás a la fiesta, ¿no? –Le preguntó Adam una noche durante la cena.

-No, me quedaré aquí –respondió ella con aparente desinterés.

-No has ido a ninguna fiesta desde tu ritual de iniciación –dijo Victor con tono acusatorio.

-No ha habido ninguna que me llamase la atención para ir –contestó ella encogiéndose de hombros. –Es decir, vosotros vais a esas fiestas para beber y… follar –cada vez le costaba menos decir esa palabra. -Pero yo no puedo tomar alcohol aún, y en cuanto a lo otro…

-Tiene fácil solución, Ash –Jason le habló con un tono sugerente y le guiñó un ojo.

Ashton esperó unos segundos, al igual que los presentes, pero Matt no le dio el tortazo en la nuca que siempre le daba cuando su amigo le decía algo subido de tono.

-¿Matt? –Llamó su atención con el ceño fruncido. – ¿Por qué no le has amonestado?

El joven la miró muy serio unos segundos antes de contestar.

-Porque esas excusas son muy banales. Todos sabemos que no quieres asistir a ninguna fiesta para evitar los enfrentamientos y las putadas que puedan hacerte, pero deberías confiar más en nosotros, jamás te llevaríamos a un sitio en el que lo pasarías mal o donde no pudiésemos protegerte.

-Os he dicho que sé protegerme sola –apostilló ella.

-Ash, eres nuestra amiga y queremos que vengas a las fiestas con nosotros. No es justo que tengas que cohibirte solo porque unas zorras te tienen envidia, y tampoco es justo que nosotros no podamos disfrutar contigo por ese motivo.

Ella se quedó mirando a su amigo anonadada. Tenía que admitir que tenía razón en lo que decía, varias veces su temor a las posibles acciones de las chicas de la hermandad le había frenado cuando había pensado en acompañarlos a alguna fiesta. Pero también tenía derecho a estar con sus amigos y disfrutar bailando y riendo.

-Si es tan importante para vosotros, iré a esa fiesta –dijo sonriendo y sintiéndose más confiada.

-¡Genial! –Exclamó Matt alegre.

Antes de dar su próximo bocado, le dio un tortazo en la nuca a un desprevenido Jason.

 

 

Se denotaba por el ambiente entre los estudiantes que era una fiesta muy esperada, los carteles y panfletos anunciándola se veían por doquier. Ashton se inquietaba cuando sus amigos le hablaban de ello, pues tenía un mal presentimiento, pero prefirió no decirles nada. Hasta Jessica llegó días antes para aconsejarle qué podía ponerse, derrochando ilusión acerca de lo bien que sería asistir a aquel evento.

Finalmente, el tercer sábado de noviembre, Ashton bajaba por las escaleras con un vestido sencillo y unas bailarinas. Se había negado a llevar tacones a pesar de las insistentes súplicas de su amiga, y solo se había maquillado un poco los ojos y pintado los labios. Los chicos la vitorearon cuando la vieron, estaban más alegres de lo habitual por haberla convencido, aunque habían necesitado de las manipuladoras palabras de Adam para terminar de captarla.

-Hemos sobrellevado bastante bien tus dos últimos periodos, nos merecemos que hagas este esfuerzo por nosotros –sentenció firmemente esa misma tarde.

Ella había accedido, dando incluso su palabra como soldado, de que no se inventaría ninguna excusa en aquella ocasión. Durante el trayecto hasta la mansión de la hermandad, reflexionaba sobre el vacío legal que podía tener esa promesa: ella asistiría a esa fiesta y solo tendría que esperar a que sus amigos estuviesen borrachos para marcharse. Ninguno de ellos recordaría en qué momento había abandonado el lugar, y si empezaban a beber como usualmente hacían, solo tendría que aguantar un par de horas para poder irse.

Casi era medianoche cuando llegaron a la mansión, la música sonaba a un volumen alto en todas las estancias de la gran casa, y ella quedó impactada por la cantidad de personas que allí había. Sus amigos prácticamente la escoltaron hasta la pista de baile, donde decidió relajarse un poco durante un rato. Poco a poco, todos empezaron a buscar sus copas de alcohol pero sin dejarla nunca sola, pues ni siquiera a Ashton se le había pasado desapercibido las miradas que algunas personas le lanzaban. El odio y la lascivia se mezclaban a partes iguales en aquel mar de rostros que para ella eran desconocidos, pero decidió acallar su instinto por esa noche.

Le dijo a Kyle, su pareja de baile en ese momento, que necesitaba ir por una bebida, y él se dispuso a guiarla por el mar de cuerpos. Los demás miembros habían empezado a dispersarse a medida que encontraban chicas y la lujuria se acrecentaba con el alcohol, o viceversa. Llegaron a la cocina y tuvo un momento de inseguridad, pues solo veía bebidas alcohólicas en la gran isla central.

-¿A quién tenemos aquí? –Daisy apareció a su lado, acompañada de algunas de sus amigas. –Si es la pequeña cachorrita de la fraternidad… -empezó a reírse. –Tú no puedes tomar nada de lo que hay en esta mesa, pero no te preocupes, al fondo de la cocina hay otra mesa donde las bebidas no están mezcladas. Allí encontrarás algunos refrescos.

Kyle tenía la intención de contestarle, pero Ashton le cogió de la mano y se apresuró a la mesa que Daisy le había indicado. No quería problemas ni peleas, solo quería disfrutar de aquella fiesta.

-Pero, Daisy… -le dijo una de sus amigas a la chica rubia. - ¿Recuerdas que los refrescos…?

-Sí, por supuesto que lo recuerdo… -contestó sin apartar sus ojos de las dos figuras que se alejaban. –Esta noche será memorable para ella…

 

 

Tras varios refrescos de naranja y un rato más bailando con Kyle, Ashton empezó a sentirse mal. Su amigo era el único que se había obcecado en quedarse con ella tras el episodio con Daisy, y él solo llevaba una copa y media, por lo que no estaba borracho. No podría marcharse de la fiesta a ese ritmo, sin embargo, el malestar se agravó.

Comenzaba a sentirse agobiada entre tantas personas, y la sensación de claustrofobia parecía ir a peor a cada minuto que pasaba. Se vio incapaz de seguir bailando y se apresuró a salir al exterior de la mansión. Kyle le pisaba los talones, preocupado por su repentina reacción.

 El frío del exterior solo la reconfortó unos segundos. Se apoyó contra una pared, e intentó respirar profundamente para calmar su, de repente, agitado corazón.

-Ash, ¿qué te ocurre? –Kyle la miraba fijamente.

Su garganta estaba seca y sentía temblores en su interior.

-Necesito irme –musitó.

Su amigo le tocó la frente al ver como empezaba a sudar.

-Estás ardiendo –dijo.

Le puso el brazo sobre los hombros y empezaron a andar hacia la salida. Podía sentir el intenso calor que desprendía el cuerpo de la chica, miles de alarmas sonaron en su cabeza, pues aquella temperatura no era normal. Ella no podía hablar, solo jadeaba y luchaba contra la tentación de quitarse el vestido para sentir más frío en su piel.

A mitad del camino, sus piernas comenzaron a temblar y casi se cayó. No podía seguir andando sin sentir como el calor la quemaba de dentro hacia fuera. Kyle la cogió en brazos, casi temeroso del estado de su amiga.

-Tengo mucho calor –susurraba con voz queda.

Los pocos minutos que tardaron en llegar a la mansión de la fraternidad le parecieron horas. El joven subió las escaleras lo más rápido que pudo y se dirigió al baño, la sentó sobre el retrete y abrió el grifo del agua fría de la bañera.

-Voy a bajar por hielo –le dijo cogiéndola por los hombros y mirándola preocupado, – pero si la fiebre no te baja, iremos al hospital.

Ashton no era muy fanática de los hospitales, pero asintió con la visión borrosa por el malestar. Kyle corrió escaleras abajo mientras marcaba en su teléfono, con la esperanza de que no estuviera borracho a esas horas. Tras dos tonos, Mark contestó.

-¿Kyle? –Preguntó extrañado. -¿Ocurre algo?

-Ven de inmediato a la casa –abrió el congelador y sacó 3 bolsas de hielo. –Ash no está bien.

Colgó, pues sabía que no hacían falta más palabras para que el chico viniera. En cuestión de segundos, estaba de nuevo en el baño. Su amiga había apoyado la frente contra el frío azulejo de la pared y por un momento creyó que se había quedado inconsciente.

-Me quema… -sollozó.

El chico se apresuró a quitarle los zapatos, las medias y el vestido. La cogió de nuevo en brazos y la metió poco a poco en la bañera de agua fría, sintiendo los temblores del cuerpo de su amiga. La dejó tumbada en la bañera, esperando que el agua aliviase un poco su malestar.

-¡Kyle! –Vociferó Mark desde la planta baja.

-¡Aquí! –Gritó el chico arrodillado al lado de la bañera.

Mark tardó solo un instante en llegar al baño. Su palidez se intensificó cuando vio a su amiga en la bañera, con la expresión cansada y dolorida de alguien que está sufriendo.

-¿Qué le ha pasado?

-No lo sé. Tiene mucha fiebre y no consigo que baje –explicó Kyle. –Abre una bolsa de hielo y dame uno.

Mark obedeció. Su compañero le pasó el hielo por los labios y ella cerró los ojos, sintiendo que su sed se aliviaba un poco. Pero eso no sería suficiente, y él lo sabía, así que no dudó en echar el resto de los hielos a la bañera. 

-Si sus labios empiezan a ponerse azules, la sacamos –dictaminó.

Kyle asintió.

-Ash, ¿te encuentras mejor? –Preguntó a los pocos minutos, sintiendo como sus dedos se congelaban por el contacto con el hielo.

-Más o menos… Pero me quema por dentro…

Ella cogió el hielo de la mano de Kyle y siguió chupándolo. Con el choque de temperaturas que su cuerpo había sufrido, poco a poco podía identificar dónde le quemaba más. Su bajo vientre y su entrepierna eran las zonas donde más sentía ese calor tan intenso.

-Deberías salir ya de esa agua congelada o acabarás por coger una neumonía –aconsejó Mark.

Entre los dos jóvenes, la ayudaron a ponerse de pie intentando, de manera infructuosa, no fijarse en su ropa interior mojada y lo que revelaba. Kyle la cubrió con un albornoz y le instó a que se apoyara en él para salir de la bañera. Sus piernas aún estaban algo inestables, pero al menos parte del malestar parecía haberse ido. Su amigo la sujetó por la cintura para que ella pudiese andar, poco a poco, hacia su habitación.

Sus pechos le dolían como no le habían dolido nunca, y sabía que los intensos temblores de su bajo vientre se debían a la incontrolable excitación que la estaba invadiendo. La sentaron en la cama y Kyle le pidió a Mark que se quedase con ella mientras iba a guardar las bolsas de hielo que no habían utilizado. Ella siguió chupando el cubito para refrescarse, hasta que empezó a masticarlo en un vano intento de aliviarse más. Su cuerpo le pedía un orgasmo y en aquel momento no sabía cómo obtenerlo de una forma tan inmediata ni tan intensa como lo necesitaba.

Su ropa interior le molestaba, pues estaba pegada a su piel y empezaba a sentirse agobiada con ella. Llevó su mano hacia su espalda y se desabrochó el sujetador, sacándolo del albornoz en cuestión de segundos.

-Ash, ¿qué estás haciendo? –Preguntó Mark, hipnotizado por sus movimientos.

-Estoy sobreexcitada –admitió sin tapujos. –No sé por qué, solo sé… que necesito…

Los temblores internos comenzaron de nuevo y no pudo reprimir un jadeo alarmado. Mark se acercó a ella, sobresaltado, y puso sus manos sobre sus mejillas para comprobar su temperatura corporal. Ella gimió levemente al sentir su tacto, cerró los ojos y solo disfrutó de cómo se sentían sus manos suaves, grandes…

-¿Cómo te encuentras? –Kyle se arrodilló a su lado.

Ella le miró, intentando pensar claramente, pero le costaba separar su cerebro de sus sentidos. El albornoz empezaba a ahogarla al sentir como su temperatura corporal volvía a subir. Llevó su mano al nudo de la prenda para quitársela, pero las manos de Mark la detuvieron y ella le miró mal.

-¿Qué vas a hacer? –Preguntó Mark.

-Ash, tranquilízate –dijo Kyle preocupado. -¿Qué necesitas?

Miró a su amigo, una parte de ella quería actuar de forma razonable, pero la otra parte le demandaba que se autocomplaciera. La ferocidad de sus instintos y de su necesidad la abrumaba.

-Quítame el albornoz… y las bragas… -exigió entre jadeos. –Ahora...

El chico se quedó impactado por su petición, miró a Mark en busca de ayuda. Pero su compañero tenía su misma expresión. Ashton sabía lo que estaban pensando, pero le daba igual en aquellos momentos. Unos fuertes calambres en su bajo vientre hicieron que se doblara, era como si hubiese un volcán a punto de entrar en erupción en su interior. Sus amigos la tumbaron, los gemidos lastimeros de la chica retumbando en sus oídos.

-¿Qué hacemos? –Preguntó Mark.

-¡Ya os lo he dicho! –Chilló ella desesperada. –Necesito correrme… por favor –suplicó en voz baja.

Kyle tragó saliva, pensando en la única opción plausible que se le ocurría. No era la mejor, pero parecía ser la única en aquellos momentos.

-Ash –se acercó a ella, mirándola a los ojos, -voy a hacer lo que me pidas… Pero no me odies luego, por favor…

Ella asintió mientras su pecho bajaba y subía por su respiración agitada.

-Haz que me corra –musitó la chica.

Mark le cogió del brazo y le exigió con voz amenazadora:

-¿Qué piensas hacerle?

-Lo que ha pedido –respondió él con el semblante impertérrito.

Se soltó del brazo del chico y se dirigió al final de la cama. Fijó sus ojos en la cara de su amiga mientras metía las manos bajo el albornoz y empezaba a quitarle la prenda que tanto la incomodaba. Su corazón galopaba, aguantó la respiración hasta que deslizó las braguitas blancas por los pies y las sacó. Ella suspiró al sentirse menos sofocada.

-Ash… solo… no olvides mañana… que me has prometido… no odiarme –pidió Kyle.

Respiró hondo y acercó su cara a la entrepierna de la chica. Metió sus brazos por debajo de las piernas para abrirla más y cerró los ojos, dejándose guiar solo por su olor. Al primer contacto de su lengua con aquella sensible zona, supo que había perdido parte de su cordura para siempre.

Era completamente nuevo y diferente, su aroma, su sabor, eran increíbles. Empezó a devorarla casi por instinto, evadiéndose del resto del mundo, escuchando sus gemidos de placer a miles de kilómetros, pero grabándolos a fuego en su memoria. Nunca se había excitado tan rápido ni de una forma tan dolorosa al mismo tiempo que placentera.

Ashton casi sollozaba de deleite al sentir como su orgasmo iba construyéndose poco a poco. Las sensaciones que invadían su cuerpo eran desconocidas para ella, se retorcía con cada lametazo y rogaba por más entre balbuceos.

Parecía estar poseída, ansiando más placer, mientras Mark estaba en estado de shock. Estaba viendo aquella escena con una mezcla de impotencia, rabia, celos y… deseo crudo. Le gustaba Ashton, pero sabía que no sería la opción más acertada que él hubiese ocupado el lugar de su compañero, pues tenía sobre su cabeza una maldición en forma de “zorra rubia”, como la llamaba para sus adentros.

-Kyle… -gimió su amiga. –Kyle…

Aquello fue lo que desató una emoción desesperada en Mark. Desechó todas sus reticencias, no le importaba si estaba bien o mal lo que iba a hacer, simplemente no podía soportar escucharla en aquel momento llamando a su compañero. De alguna manera, él también quería sentirla cuando se corriera, quería ser partícipe de ello y que no lo odiara al día siguiente.

Se sentó a su lado en la cama, puso sus manos en sus mejillas, sujetándole la cara, y la miró fijamente hasta que ella centró sus ojos en él por un segundo.

-Di mi nombre también.

Llevó sus labios al cuello de su amiga y empezó a besarla, sorprendiéndola. Un pequeño camino húmedo que comenzaba en un placentero y pequeño punto por debajo de su oreja, continuó hasta su escote. Mark había cerrado sus ojos de forma instintiva, llenando sus fosas nasales con el olor que Ashton desprendía.

Ella sentía cada terminación nerviosa, cada roce intensificaba por mil las sensaciones que percibía. Mark destapó sus pechos y empezó a chupar uno de sus pezones mientras apretaba el otro entre sus dedos, y ella solo pudo gritar su nombre para deleite del chico.

Era una tortura adictiva, su cuerpo le quemaba de una manera deliciosa, los chicos la estaban atormentando hasta la locura y ella ansiaba cada vez más. Estaba demasiado alto, lo notaba en cada célula de su piel, y le daba igual si no sobrevivía a la caída, moriría feliz.

Su sangre se convirtió en lava incandescente cuando comenzó a correrse, ni siquiera se percataba de los gritos de placer y delirio que salían de su boca. Una gran explosión se desató en su interior y la sacudió por completo, llevando sus manos a la cabeza y los hombros de Mark, clavando sus uñas en su piel de forma inconsciente, como si él fuese el único salvavidas en la feroz tormenta que se desataba dentro de ella.

 

 

 

Ashton se quedó dormida entre suspiros satisfechos, parecía un inocente ángel. Los chicos la miraban de pie, jadeantes, observando su cuerpo semidesnudo como si fuese una obra de arte. Sus pantalones estaban manchados y en sus cabezas solo se arremolinaban pensamientos y sentimientos incoherentes. Sin decir nada, salieron de la habitación y se quedaron parados uno al lado del otro, pero sin mirarse. Tras unos segundos en los que solo resonaban sus pesadas respiraciones en la enormidad de la casa, se dirigieron a sus respectivos cuartos, ensimismados. 

Capítulo 28 por Kala1411
Notas de autor:

Este capítulo es corto, y pretendo subir el siguiente en un par de días. 

¡Saludos!

Capítulo 28

 

 

La noche había sido larga y difícil para Kyle. No había pegado ojo y había escuchado cada sonido, desde los muebles de madera crujiendo hasta la llegada de algunos de sus amigos cuando faltaba menos de una hora para el alba. Reproducía en su mente, de forma intermitente, lo que había ocurrido con Ashton. Y cada vez sentía más vívido su olor y su sabor, la sensación de triunfo que lo embargó cuando sintió los temblores de su orgasmo en su propia lengua.

Había eyaculado en sus propios pantalones y ni se había dado cuenta, pero no le importaba en aquel momento, pues solo se centró en degustarla como un poseso. Llevaba varias horas con el pene erecto cada vez que lo recordaba, y aunque quería decirse a sí mismo que no era el único que se había deleitado al sentir a su amiga de aquella forma tan íntima, el efecto que conseguía era el contrario.

La presencia de Mark y su participación en aquellos momentos lo atormentarían de por vida. Su miembro había llegado a estar tan endurecido al recordar ese detalle, que casi había caído en la tentación de masturbarse para desahogarse un poco de aquella locura que invadía su cabeza.

A las seis en punto, se levantó de la cama, furioso consigo mismo, y bajó a la cocina para preparase un café e intentar aclarar sus sentimientos. Sentado en la gran mesa que ocupaba el centro de la cocina estaba Mark, mirando su propia taza en busca de alguna respuesta.

-¿Tú tampoco has podido dormir? –Preguntó él.

-No… Mis jodidos pensamientos no me han dejado ni un segundo… -respondió su compañero.

-¿Te… te has… “hecho una paja”…? –Inquirió Kyle.

-¿Cuántos años tienes ahora? ¿12? –Mark estaba a la defensiva, pero respiró hondo y respondió en un susurro. –No…

Por la forma de decirlo, Kyle supo que le había costado tanto como a él inhibir sus deseos.

-Es como si volviésemos al puto curso pasado… -Se lamentó su compañero. -Los dos con una chica al mismo tiempo…

-Nunca tuvimos sexo con Daisy los dos a la vez –replicó Kyle.

-En alguna ocasión, solo fue por unos minutos… Créeme, lo sé –Mark tomó un poco de café. -¿Cómo puedes estar seguro de que con Ashton no pasará lo mismo?

-Porque Ashton no es Daisy –aseveró.

Se sentó frente a Mark, pues quería mirarle mientras hablaban.

-Lo de anoche fue muy extraño y muy jodido… No sé cómo la miraré a partir de ahora –murmuró Mark.

-¿Tanto te traumatizó verme comiéndole el coño?

El chico le miró con el ceño fruncido.

-No vamos a volver a echarnos mierda –dijo Mark a modo de advertencia. –Prometimos que no volveríamos a pasar por algo así con otra tía por el bien de la fraternidad. Y que ella sea una más solo complica la situación.

Ambos se quedaron callados durante unos minutos.

-¿Qué podemos hacer para evitar otro drama como aquel? –Kyle casi temió formular la pregunta. -Ya bastante difícil va a ser enfrentarla por primera vez, no sabemos cómo va a reaccionar, pero seguro que no va a ser algo bonito.

-Sí… Recuerdo como fue con Daisy… -Mark miró fijamente a su compañero. –No estoy dispuesto a pasar otra vez por lo mismo.

-Yo tampoco. Me niego a volver a ser la marioneta de alguien.

Los dos jóvenes estaban reviviendo amargos momentos de los meses anteriores, cuando Daisy los manipuló como la experta psicópata que era. Su amistad quedó reducida a cenizas y no fueron los únicos perjudicados. Tras decidirse los dos a hablar para solucionar la situación y salvar la fraternidad, pactaron no volver a pasar por lo mismo de nuevo. No aceptarían el sufrimiento que acompañaba estar con alguien que era capaz de estar con dos personas a la vez, pues solo se crearían sentimientos confusos que ninguno de ellos estaba dispuesto a tolerar de nuevo en sus vidas.

Se miraron, y sin palabras supieron lo que debían hacer.

Querían a su amiga, pero no volverían a pasar por el mismo trance. La fraternidad y el bienestar de todos sus miembros era lo primero.

 

 

Ashton se despertó con una pequeña migraña y la garganta seca. Se sentía un poco mareada y desorientada, hasta que tras unos minutos mirando el techo, su cerebro empezó a rebobinarse como si fuese una antigua cinta de vídeo. Algunas escenas estaban borrosas, pero recordó el malestar candente en su cuerpo, la bañera de agua helada, la lujuria invasora… La boca de Kyle… Los labios de Mark…

Ciertas partes de su anatomía parecieron despertar, concretamente aquellas que fueron exquisitamente torturadas hasta la saciedad la noche anterior. Se incorporó en la cama, intentando convencerse de que aquello solo había sido un sueño de su loca imaginación, pero a medida que recordaba cada detalle, la realidad de lo ocurrido se instalaba en sus hombros como una pesada losa.

Necesitaba darse una ducha y pensar, debía planear que iba a decirles a sus amigos cuando los viera. Eran casi las doce del mediodía según su reloj, pero no se escuchaba mucho movimiento en la mansión. Cogió su neceser y todo lo necesario para asearse, y salió de su habitación. Apenas se percató de la cercanía de Mark hasta que no estuvo a casi un metro de ella. Miró a su amigo con pánico, queriendo decirle que lo sentía, que se avergonzaba, y… Él pasó por su lado a grandes zancadas sin desviar sus ojos del frente, la ignoró deliberadamente y un nudo se formó en su estómago.

Entró en el baño con el corazón intranquilo, pues no le había pasado desapercibido la tensión en el cuerpo de Mark. Se puso bajo el chorro de agua templada y repasó todo lo que había pasado para buscar una explicación a su inusual estado de lívido desatada.

El atuendo elegido por Jessica, la animada charla de sus amigos hasta la mansión de la hermandad… La pista de baile, las risas, el ritmo, la música… Victor y Jason fueron de los primeros en desaparecer entre la multitud, siguiendo a algunas chicas, y poco a poco los demás fueron haciendo lo mismo… Kyle rechazó algunas invitaciones para quedarse con ella en la pista de baile, y tras un largo rato moviéndose sin parar, Ashton necesitó beber algo para apaciguar su sed… Se encontraron con Daisy y ella les indicó donde estaban los refrescos…

Tuvo que tomar 3 para volver a sentirse hidratada y poder continuar bailando, pero no aguantó mucho más en la pista de baile tras eso, pues poco después comenzó su malestar.

Ashton se quedó parada un largo minuto bajo la ducha, sin dar crédito al camino que estaban tomando sus pensamientos: los refrescos estaban adulterados. Era una idea descabellada, pero era la única explicación que se le ocurría, y a medida que repasaba una y otra vez la noche anterior, veía que era el razonamiento más plausible.

Diez minutos después, bajó a la cocina para comer algo mientras pensaba como confrontar aquella situación con sus amigos. Algunos de los miembros de la fraternidad estaban en la cocina, Kyle entre ellos. Su corazón se aceleró por los nervios y el miedo, pero respiró hondo y decidió que actuaría normal hasta que pudiese hablar con los dos chicos en privado.

Él no se había dado cuenta de la proximidad de Ashton, pero cuando ella se puso a su lado para coger una taza del estante superior, Kyle se apartó como si ella fuera un animal a punto de atacarle. La reacción fue tan exagerada que llamó la atención de los demás chicos. Ella se lo quedó mirando, impactada y sintiendo como el nudo en su interior se hacía más grande y más apretado. El chico pasó por su lado, con los ojos pegados al suelo y sin dirigirle la más mínima palabra.

-¿Qué mierda…? –Murmuró Adam.

Ashton se encogió de hombros y soltó un bufido para quitarle importancia. El nudo había pasado a su corazón en aquel momento, pero no iba a demostrarlo delante de los demás.

 

 

Mark entró en la mansión de la Hermandad Delta con un semblante duro, pues no podía controlar la rabia que sentía por dentro. Las somnolientas chicas se apartaban a su paso, temerosas. Era casi mediodía, pero la fiesta se había alargado hasta el amanecer y él sabía que Daisy aun estaría en la cama. Dio varios golpes fuertes en la puerta de su habitación para despertarla y casi un minuto después, un chico abrió la puerta con cara de pocos amigos. Al ver que se trataba del Presidente de la Fraternidad Alpha Omega, el joven palideció, se apresuró a coger su ropa y salió por su lado en cuestión de unos pocos segundos.

Mark entró en la habitación de Daisy y cerró la puerta con una falsa calma.

-¿Qué quieres? –Preguntó ella desde la cama.

-¿Pusiste algo en las bebidas de anoche?

La chica empezó a reírse, incorporándose, sin importarle que sus pechos se mostrasen impúdicamente.

-¿Has pasado mala noche? Eso podría haberse solucionado fácilmente si no te hubieses ido de la fiesta demasiado pronto.

-Responde a la puta pregunta –ordenó él.

Daisy puso una expresión pensativa, apretando los labios de forma inocente.

-Quizás… -ella lo miró fijamente. -¿Eso supone un problema para ti?

-¿Qué echaste? –Exigió saber.

-Algunas cosillas en los refrescos, nada muy fuerte.

-¡¿Drogaste a cientos de personas?! –Gritó Mark.

-Fueron afrodisíacos principalmente, y no fue en cantidades muy grandes. Ni siquiera se percibiría en un control policial.

El joven se quedó mudo por unos segundos, comprendiendo el estado de Ashton la noche anterior. Por un momento, casi le costó respirar. Su amiga no había tenido la culpa, pero ya no había vuelta atrás.

-Quítate la camiseta –demandó Daisy poniéndose de pie delante de él.

-¿Para qué? ¿No has tenido ya tu follada diaria?

-No quiero follar contigo. Quiero ver si tú tuviste sexo anoche.

Él apretó los puños a sus costados y sonrió de manera cínica, dejándose llevar por el odio.

-Sí, estuve con alguien anoche, igual que tú. ¿Algún problema?

Salió de la habitación de Daisy dando un portazo y con muchas ganas de gritar.

Capítulo 29 por Kala1411

Capítulo 29

 

 

La semana siguiente fue muy dura para Ashton. Kyle y Mark la ignoraban deliberadamente, hasta el punto de salir de una estancia si ella entraba. Ese comportamiento no les pasó por alto a los demás miembros de la fraternidad, sobre todo cuando comprobaron que ninguno de los dos hacía ni decía nada cuando las chicas de la hermandad molestaban a su amiga.

Ashton intentaba disimular, quitándole importancia cuando Victor, Andrew o Frank se enfrentaron a Mark en el comedor, atrayendo las miradas de demasiada gente. Desde aquel día, ella evitaba comer con sus amigos poniendo excusas tontas que sabía que ellos apenas creían. No quería dividir la fraternidad como ya hiciera Daisy el curso anterior.

Algo en su interior se iba rompiendo poco a poco con cada gesto de desprecio que Kyle y Mark le hacían. Aguantaba todo lo que podía, incluso intentaba cenar a una temprana hora para no coincidir con ellos, aunque eso supusiera no pasar tanto tiempo con los demás.

Lo estaba haciendo lo mejor que podía, estaba engañando a todos a su alrededor para que no se preocupasen, pero empezaba a sentirse cada vez más vulnerable. El punto de rotura de su fortaleza tuvo lugar durante la primera semana de diciembre.

En uno de los canales por cable emitían la película Showgirls, algunos chicos querían verla solo por las escenas de desnudos. Al parecer, a varios de ellos les gustaba mucho el cine y querían verla solo para criticarla más de lo que había sido enjuiciada a lo largo de los años. Ashton sabía que Kyle estaría en aquella particular sesión de cine que habían organizado, así que declinó la invitación de Matt para ver la película con ellos.

Ella había terminado de tomar su cena cuando Victor llegó a la cocina para buscar más aperitivos y bebidas, y al ver la ingente cantidad de latas de cervezas y boles que tenía que llevar su amigo, decidió ayudarle. Al llegar al salón se percató de la presencia de Mark y Daisy en uno de los sillones, pero pretendió fijar su atención en lo que llevaba en sus manos. Si la chica rubia no se daba cuenta de que ella había entrado en la gran estancia, evitaría escuchar algún comentario hiriente.

Pero no tuvo esa suerte.

El único hueco que había en la abarrotada mesita, donde se acumulaban más latas de las que había visto en su vida, era delante de Kyle. Por una milésima de segundo, el pulso de Ashton se tambaleó, pues estaría más cerca de su amigo de lo que había estado en muchos días. Estaba dejando los boles en la mesa, siendo completamente ignorada por todos, cuyos ojos estaban fijos en la pornográfica escena que estaba teniendo lugar en ese momento, cuando Daisy giró su cabeza y preguntó, con voz inocente.

-Kyle, si Ashton te hiciera ese tipo de baile, ¿te la follarías?

-Hace falta mucho más que eso para ponérmela dura –contestó él si apartar la vista de la pantalla.

La chica soltó una fuerte carcajada de satisfacción mientras observaba la reacción de Ashton, deseosa de encontrar un resquicio de su fortaleza, pero ella no le dio ese gusto. Los presentes volvieron sus rostros para mirar con extrañeza y enfado a Kyle, pero él los ignoró.

-Deja el tema –advirtió Mark sin mirar a su novia. –Solo de imaginarlo, me entran náuseas.

-¿Qué cojones…? –Inquirió indignado Victor.

-Buenas noches a todos –cortó a su amigo con una leve sonrisa.

Ashton mantuvo su semblante y salió del salón con un paso normal, aunque por dentro estuviese deshaciéndose. Llegó a su habitación, cerró la puerta y se derrumbó llorando.

Nunca en su vida se había sentido de aquella forma, tan menospreciada. Era algo oscuro y absorbente lo que en ese momento había en su corazón, era tristeza y dolor en su estado más puro. Aquel rechazo tan cruel y desprovisto de nada más que asco provocó en ella una inseguridad que nunca antes había sentido.

Sabía que no era como las demás chicas, y dudaba que llegase a serlo alguna vez, pero jamás había visto esa diferencia como algo malo hasta que había llegado allí. Sin embargo, en aquel momento se sentía incómoda consigo misma, en su propia piel. La repulsión de sus amigos hacia ella no era por su forma de actuar o de ser, sino porque no la veían como a una chica. A ojos de Mark y de Kyle, ella, como mujer, carecía de valor.

 

 

No pudo dormir en toda la noche, pero al menos había conseguido dejar de llorar. Recibió varios mensajes de sus amigos, avisándole de que llegaría tarde a sus clases, y ella les respondió con una vana excusa sobre una repentina migraña. No tenía ganas de ver a nadie aquel día, solo tenía claro que debía, de alguna manera, restablecer su escudo personal y sobreponerse. No sabía cómo iba a hacerlo, pero lo conseguiría.

Tras una hora mirando al techo de su habitación, sintiendo pena de sí misma y sin ganas para hacer nada más que vegetar, recibió un mensaje. Estuvo a punto de ignorarlo, pero algo en su mente la impulsó a ver de qué se trataba. Lidie Davis, la madre de Kyle, la invitaba a su casa ese fin de semana para realizar la sesión de fotos de la que le había hablado durante su visita a la mansión de la fraternidad.

Ashton respiró hondo, pensando sus posibilidades. Kyle seguramente se molestaría con ella si descubría que había ido a su casa a sus espaldas, pero desde su perspectiva, la relación con su amigo no podía ir a peor en aquellos momentos. No tenía nada que perder.

 

 

El sábado por la mañana se despertó decidida a disfrutar de su día con la señora Davis. La mujer le había enviado su dirección y le había dicho que la esperaría para tomar el desayuno juntas y conocerla mejor, por lo que Ashton salió temprano, antes de que ninguno de sus amigos estuviese despierto.

Alrededor de las 8:30 de la mañana estaba en el inmaculado porche de una casa pintoresca y sencilla, con las paredes de un amarillo claro que alegraban los detalles decorativos que rodeaban los marcos de las ventanas y de la puerta principal. Tímidamente, llamó a la puerta y la señora Davis no tardó más de dos segundos en abrirle.

-¡Ashton!

Se abalanzó para abrazarla y ella olió el aroma a tortitas en el ambiente. Le devolvió el abrazo con el corazón palpitándole de forma irregular, pues hasta ese instante no se había dado cuenta de lo necesitada que estaba de esa mínima muestra de cariño.

-Nena, ¿estás bien? –Lidie rompió el abrazo y la miró directamente a los ojos. -¿Qué te pasa?

Ella solo se encogió de hombros y le sonrió de forma forzada, sabiendo que no la engañaría. La mujer la invitó a pasar y, cuando cerró la puerta, se dispuso a mostrarle la casa como si no hubiese percibido aquella pesadumbre que la rodeaba, pues prefería que la chica decidiera si quería contarle lo que le ocurría. Desayunaron y hablaron tranquilamente acerca de libros y música, nada demasiado profundo. Tras unas risas que Ashton sintió como revitalizadoras, la señora Davis le indicó que la siguiera hasta su estudio de fotografía para enseñarle el proyecto en el que ella participaría.

Ashton recordaba que la mujer le había dicho que se trataba de un calendario en el que había desnudos, y ella había accedido cuando se lo había contado, pues no se sentía insegura de sí misma ni de su cuerpo en aquel momento. Un mes después, sus emociones eran completamente diferentes y no sabría si sería capaz de cumplir su compromiso.

Las fotos de las modelos eran impresionantes. Luminosas, expresivas, coloridas, vívidas y… sensuales. Todas las chicas eran preciosas y se mostraban seguras de sí mismas en aquellas fotos. Dominaban todo lo que las rodeaba y enamoraban a la cámara, demostrando el poder que podían tener en una sola imagen.

-No puedo –dijo de repente Ashton. –Lo… Lo siento…

Apenas había visto la mitad de las fotografías y ya se sentía tan mal como la noche en la que Kyle y Mark la despreciaron de forma tan gratuita delante de los demás miembros de la fraternidad. La mujer puso un brazo sobre su hombro y la guio hasta un sofá cercano.

-Ash, cálmate –le pidió dulcemente Lidie. –Dime, ¿qué tienes ahora mismo en tu corazón… que no te deja ser tú misma?

Ella respiró hondo varias veces, cerrando los ojos para concentrarse mejor en no llorar delante de la mujer.

-Yo… Yo jamás seré como ellas… -No tenía el valor suficiente para mirar a Lidie a la cara en aquellos momentos. –Estas chicas son increíblemente preciosas. Son femeninas, guapísimas… Derrochan… erotismo… y fortaleza… Son poderosas… -Tragó fuerte antes de continuar. –Yo no soy así, jamás seré así.

La mujer esperó un poco a que ella se tranquilizara para hablarle.

-Por supuesto que jamás serás así, porque eres diferente. Ninguna de esas chicas se ha criado en el ejército, ni tiene tu personalidad ni tu inteligencia. Cada una de ellas ha vivido una vida diferente, ha aprendido cosas diferentes y ha sentido emociones diferentes… -Se levantó para coger algunas fotos y volvió a sentarse a su lado. –Es cierto que son todo eso que has dicho, pero solo delante de la cámara demuestran esa actitud desafiante y confiada –colocó un mechón de su pelo detrás de su oreja para que la chica le mirase. –A ellas les costó mucho engañar a mi cámara. Ashton, tú eres así aunque no lo veas por ti misma. No necesitas actuar o fingir delante de un objetivo, solo muéstrate como realmente eres.

 

 

Lidie había preparado una taza de té para Ashton mientras le explicaba su idea de cómo podía hacer su fotografía. La chica estaba más tranquila tras la breve charla que había tenido con la mujer, sus palabras se repetían en su cabeza otorgándole una especie de energía purificada y renovadora. Se sentía mejor y por eso iba a seguir adelante con el proyecto, pues necesitaba verse de esa forma que la veía la señora Davis para volver a creer en sí misma.

-Utilizaré un programa de edición de imagen para colocar de fondo una playa con un cielo completamente azul, para que el color de tus ojos resalte con la vegetación.

Ashton intentaba imaginarse ese lugar paradisíaco que la mujer le describía. Miró brevemente por la ventana del iluminado estudio, pues hacía un inusual día de sol en California en ese mes de diciembre. Se percató entonces de la piscina que ocupaba casi la mitad del jardín trasero, y al fondo podía ver parte de la ciudad.

-Cómo has visto en las otras fotos, no se muestra ninguna zona de forma indecente, solo se insinúa. Había pensado que tú, al representar el mes de junio, podrías estar saliendo de una playa –la miró con ojo crítico. –Tienes el pelo muy largo, así que podríamos utilizarlo para cubrirte un poco los pechos.

-¿Y en la piscina?

La señora Davis siguió su mirada y vio lo que ella estaba observando.

-Me encanta esa vista –sonrió embobada. -Es una buena idea –dijo de forma complacida. –Está bien, el fondo será de la piscina con la ciudad de California a lo lejos.

La mujer se levantó para coger su cámara y salir a fotografiar aquella estampa tan vívida, pero Ashton la detuvo.

-Yo puedo posar directamente en la piscina –dijo con una pequeña sonrisa.

-¿Qué? –Lidie la miró con extrañeza. -Estamos a 13º, el agua estará helada… Te resfriarás…

-No se preocupe –su sonrisa se ensanchó al escuchar la preocupación de la mujer. –He soportado temperaturas más bajas durante varias horas, no me pasará nada.

 

 

Le costó un poco más convencer a la señora Davis, pero finalmente estaba atándose el albornoz en el baño mientras se miraba a sí misma en el espejo. Se apoyó brevemente sobre el lavabo para observarse detenidamente, intentando ver lo que la mujer le había explicado, y casi podía ver un resquicio de eso.

Su fortaleza se estaba recuperando, estaba más animada por primera vez en lo que le parecía demasiado tiempo. Podía hacer aquella sesión de fotos, podía mostrarse igual de segura que las demás chicas, pero no por nadie, ni siquiera no por las fotos, sino por ella misma. Se debía eso.

Se sonrió ampliamente a sí misma y respiró hondo para armarse de valor y salir de aquel baño con la pretensión de sentirse bien aunque solo fuese un rato. Le costaría volver a ser como era antes, pero lo conseguiría con esfuerzo y entrenamiento diario, tal y como hacía sus ejercicios rutinarios en el gimnasio.

Encontró a Lidie en el jardín, preparando su cámara. Según su experimentado ojo de fotógrafa, no necesitaría nada más pues la iluminación sería perfecta y la perspectiva inmejorable. La piscina no tenía la típica escalerilla que se veían en los recintos deportivos públicos, sino que los escalones estaban sumergidos para no romper la armoniosa vista de la ciudad.

Ashton dejó el albornoz en una silla y se acercó al borde de la piscina mientras Lidie le daba instrucciones sobre cómo debía poner su cabello y le indicó que si sentía demasiado frío, no dudase en salir. Ella sabía que estaría bien, por lo que se sumergió en aquella gélida agua, sintiéndose revitalizada, salió a la superficie colocándose algunos mechones sobre sus pechos para tapar sus aureolas, y miró a Lidie mientras se acercaba a los escalones y los subía poco a poco.

 

 

Tras una ducha caliente para evitar que se enfermase, la señora Davis la esperó en la cocina para enseñarle por la pantalla de la cámara cómo habían quedado sus fotos. Una parte de ella temió verlas, pero se obligó a sí misma a hacerlo, y apenas se reconoció.

La ciudad blanquecina de fondo, el brillante cielo azul y el césped verde la enmarcaban mientras salía de la piscina. Estaba mirando fijamente a la cámara, sonriendo un poco no solo con los labios, también con los ojos. Su mirada se veía casi irreal, como si iluminase su rostro y resaltase al mismo tiempo los rayos de sol que quedaban atrapados en su cabello. La imagen estaba captada justo en el momento en el que el agua de la piscina le llegaba por la cadera, a un escaso centímetro de su pubis, consiguiendo el mismo efecto provocador con sus pechos, los cuales se veían, pero no por completo. Era una fotografía sensual pero íntima al mismo tiempo, y quería pensar que ella podía llegar a sentirse así consigo misma otra vez.

Capítulo 30 por Kala1411

Capítulo 30

 

 

Los siguientes días fueron más sencillos de sobrellevar para Ashton. Mark y Kyle continuaban ignorándola o contribuyendo de manera silenciosa a las humillaciones de Daisy y sus amigas, pero ella notaba como su determinación y fortaleza la impulsaban a seguir. No sabía cómo recuperaría su amistad con los chicos, ni siquiera sabía si aún existía esa posibilidad, pero en aquel momento no podía pararse a pensar en ello.

Tenía muy claro que aquella situación había sido provocada por Daisy, y ella misma se estaba encargando personalmente de intensificar aquel sentimiento de asco y animadversión que sus amigos tenían hacia Ashton. Los demás miembros de la fraternidad estaban cada vez más hastiados, enfurecidos e incómodos por todo aquello, y empezaban a perder su confianza en los dos pilares principales del grupo.

Había mucho en juego y no permitiría que la fraternidad cayera víctima de un brote de infelicidad y perfidia. Ya no le importaba cómo había comenzado aquello, solo se propuso finalizarlo de la forma más rápida y menos dramática que pudiese para que ninguno de sus amigos sufriera lo mismo que el curso anterior.

Aguantaría hasta la extenuación si era necesario, pero lograría que todo volviera a la normalidad costase lo que le costase. Se lo debía a todos y cada uno de ellos. Como si de una oración religiosa se tratase, se repetía cada día para sí misma el lema que sus padres le enseñaron desde pequeña: “Nunca te rindas sin luchar”.

 

 

Sabía que todos notaban cada vez más la tensión que se percibía cuando ella entraba en la mansión y coincidía con Kyle o Mark, era como escuchar el insistente pitido de una bomba de relojería a punto de detonar. Así que apenas se lo pensó dos veces cuando entregó todos sus proyectos antes de tiempo a sus profesores y preparó los billetes de avión y sus maletas para comenzar tres días antes sus vacaciones de Navidad.

Se lo comunicó a los chicos la noche antes de que saliera su vuelo, de una forma apresurada. A ninguno de ellos le gustó que ella se fuera con tanta antelación, pues en secreto querían prepararle una pequeña celebración “pre-cumpleaños”, pero solo lo aceptaron con resignación, tristeza y, en algunos casos, enfado. Comprendían porqué lo hacía y valoraban sus esfuerzos por intentar evitar los conflictos cada vez más presentes.

Así, el jueves 19 de diciembre un taxi la esperaba a las seis de la mañana en la puerta de la mansión para llevarla al aeropuerto. A medida que se alejaba del campus, el desasosiego y la pena se hicieron presentes como si hubiese otros dos pasajeros en el vehículo. Echaría de menos a sus amigos, pero era la mejor decisión que podía tomar en ese momento. Durante las dos semanas siguientes idearía un plan para recuperar a Kyle y a Mark, y salvar la integridad de la fraternidad.

 

 

Llegó al aeropuerto de Nueva York alrededor del mediodía, sus padres la abrazaron muy fuerte, dándole una eufórica bienvenida. Tardarían más una hora hasta llegar a la base donde estarían trabajando durante unos meses más, pero no tenían prisa. Comieron en un popular restaurante, Ashton hizo algunas fotos y partieron hacia la base poco antes del anochecer.

John y Paul le preguntaron muchas cosas acerca de sus amigos, más para recopilar información sobre algunos “especímenes sospechosos” -como ellos mismos los habían denominado- que por conocer mejor a los chicos. Le costó un poco disimular la punzada de dolor que sintió en su corazón al hablar de ellos, pero logró recobrarse antes de que sus padres se percatasen de lo que le ocurría.

-Volveremos a la Gran Manzana en unos días para que disfrutes de la nieve y veas las increíbles estampas que hay en la ciudad –le dijo Paul sonriéndole.

-No vas a aburrirte en la base, Ash –intervino John. -Estamos complementando el entrenamiento de algunos jóvenes que quiere ser SEALS, te va a encantar ayudarnos. La mayoría son imbéciles que creen que con lo poco que han aprendido van a conquistar ellos solitos el mundo, y sabemos que tú nos ayudarás a darles una cura de humildad.

Ella se rio.

-Miedo me dan vuestras ideas.

Los dos hombres sonrieron mirándose de reojo, volvían a tener a su pequeña a su lado como en los viejos tiempos.

 

 

Realmente, los once chicos eran bastante engreídos y tenían comportamientos un tanto chulescos que, en situaciones peligrosas como a las que se enfrentaban los SEALS, podrían costarle la vida a ellos o a sus compañeros. Les ocurrió, a todos ellos y sin excepción, lo mismo que a Dimitri cuando la conoció: la infravaloró por su estatura, la subestimaron en cuanto a su fuerza… y acabaron heridos en sus egos. John y Paul no se aguantaron las carcajadas llenas de orgullo al ver a su niña “machacar” a aquellos soldados, incluso invitaron a otros compañeros para que vieran el espectáculo.

Esa sesión de entrenamiento especializada duró varios días más, en los que Ashton disfrutó junto a sus padres y aprendió algunas llaves de lucha nuevas. No se le iba de la cabeza la situación con sus amigos, pero al encontrarse tan lejos del foco del problema, empezaba a verlo todo con una mejor perspectiva. Sentía como con cada momento de risa, con cada rato de ejercicio que tenía, con cada lugar que visitaba con sus padres en las tardes libres, se recomponía un poco más. Volvía a ser ella misma y le estaba encantando sentirse tan feliz.

Los días pasaban más rápidos de lo que le gustaría, sus amigos les mandaban mensajes para saber cómo se lo estaba pasando e intercambiaba fotos con ellos en el grupo de la fraternidad. Al principio era reticente a hablar por ese medio con los demás, pues no quería incomodar a Kyle y a Mark, pero a medida que los días pasaban y ninguno de los dos mostraba la más mínima intención de conversar con ella, Ashton decidió no privarse de charlar con los demás.

El día de su cumpleaños recibió decenas de mensajes, tanto de los chicos de la fraternidad y de Jessica, como de antiguos compañeros que habían estudiado con ella en el ejército. Sus padres se tomaron el día libre para disfrutar exclusivamente con ella, y al anochecer le regalaron un colgante de plata. Era como el que se les entregaba a los soldados en sus primeras misiones, por una parte tenía su nombre completo y su apellido, y por el reverso el de su madre con una pequeña rosa grabada en lugar de su segundo nombre. Se emocionó mucho, pues no esperaba algo así.

Sin embargo, era como embriagarse de felicidad antes de la llegada de la tristeza extrema. El último día del año, en el aniversario, Ashton les contó a sus padres cómo había homenajeado ella a su madre en la universidad cuando fue su cumpleaños, y decidieron hacer lo mismo en aquella ocasión con las tumbas de los soldados que estaban en el cementerio de la base, quienes habían estado solos en vida y no habían recibido más recordatorio que una corona el día de su funeral.

 

 

-No puedo creer que tengas que volver a irte –se lamentaba John.

Ashton le abrazó con una emocionada sonrisa.

-Vuestra estancia aquí acabará en un par de meses. En un abrir y cerrar de ojos volveréis a verme.

Estaban en la entrada de la terminal, pero sus padres no podían acompañarla ni esperar con ella hasta la hora de su avión, pues debían volver a la base pronto. Habían pasado unos días increíbles los tres juntos, pero Ashton debía volver a California para continuar con la Universidad y solucionar la situación con Mark y Kyle. Tenía miedo, pero su determinación y fortaleza habían vuelto a ella y no dejaría que nada ni nadie se los arrebatase fácilmente.

Tras embarcar su enorme maleta, aún le quedaban casi dos horas para que su vuelo saliese, así que se sentó en uno de los bancos cercanos para leer. Una madre se acercó con su hija, regañándola por haberse manchado toda la carísima ropa con batido de chocolate. La pequeña no tendría más de 7 años, y algo en su expresión le recordaba a Jimmy.

-Disculpa, ¿puedes quedarte con mi hija mientras voy a los baños? –Le preguntó la mujer amablemente pero con cara de desesperación.

-¡Claro! –Dijo Ashton sonriéndole a la niña. –Hola, mi nombre es Ashton, ¿cómo te llamas tú?

Unos grandes y expresivos ojos marrones la miraron con curiosidad y simpatía. La niña era muy linda, tenía el pelo rubio y lleno de rizos, sus mofletes eran regordetes y rosados, y Ashton pensó que si alguna vez hubiese tenido una muñeca, seguramente hubiese sido como esa chiquilla.

-Me llamo Julliet y me gustan los batidos de todos los sabores. ¿A ti te gustan los batidos?

-Me encantan, mi favorito es el de vaini…

De repente, unos inquietantes gritos resonaron por toda la terminal y la gente empezó a correr despavorida en todas las direcciones. Ashton actuó por instinto y de forma rápida. Cogió a la asustada niña de la mano y se dispuso a correr hacia una salida de emergencia, pero la visión de una gran figura doblando la esquina a pocos metros de ellas le hizo retroceder.

El sujeto las había visto e iba a por ellas, ignorando a sus compañeros que corrían tras las despavoridas personas que gritaban de terror. El gran cuchillo en una mano y la afilada navaja en la otra hicieron que Ashton entrase en pánico por la seguridad de la niña, quien había empezado a llorar mientras agarraba fuertemente su sudadera por la manga.

El sujeto estaba encapuchado y se acercó a ellas con paso decidido para atacar, así que ella se preparó para defenderse, pero sabía que Julliet tendría más posibilidad de escapar si huía ella sola. Cuando el individuo estaba a un metro de ellas, Ashton le gritó a la niña:

-¡Corre!

La pequeña se quedó estática, presa del más puro terror que nunca la hubiese invadido. El atacante alzó el gran cuchillo para asestar un golpe, pero Ashton golpeó su brazo con su bolso, haciendo que el sujeto soltase el arma. Ella no se quedó parada, y aprovechó la sorpresa de su contrincante para patear su fémur y hacerle perder el equilibrio. Cuando estuvo a su altura, le pegó un puñetazo en la mandíbula y lo dejó un poco aturdido.

-¡Vete! –Volvió a ordenarle a la niña.

Esta vez, Julliet reaccionó y salió corriendo hacia el lado opuesto de donde se escuchaban los gritos de la muchedumbre. Ashton se giró a su atacante y se apartó justo a tiempo, pues el hombre intentó apuñalarle en el pecho. Se alejó unos pasos de él, en posición de ataque e intentó concentrarse ahora que sabía que la niña estaba a salvo. Notó entonces, y sin necesidad de mirar, que realmente la navaja la había alcanzado y le había hecho un corte, pero nada muy profundo ni muy grave que le impidiese seguir luchando.

Aquel hombre tenía la muerte y el odio relampagueando en su mirada, y sus intenciones eran claras. Se puso de pie, aunque cojeaba, y se abalanzó hacia Ashton con la navaja fuertemente agarrada en su mano. Ella lo esquivó un par de veces hasta que encontró su primera oportunidad para darle un golpe en el estómago, pero a su oponente apenas pareció hacerle nada aquel impacto.

Ashton debía ser más rápida e inteligente que aquel sujeto si quería vencerle, así esperó su próximo movimiento, lo rehuyó con una ágil llave y volvió a golpearle con todas sus fuerzas en la otra pierna. Los crujidos de la tibia y del peroné partiéndose resonaron en sus oídos a pesar del eco de los alaridos de la gente.

Los primeros disparos procedentes de aquella zona la desconcertaron e hicieron que su atención se desviase de su atacante, volviendo a preocuparse por Julliet. Fueron solo unos segundos, pero aquel breve momento de distracción le costó caro.

El sujeto, con los ojos llorosos por el dolor de sus huesos rotos pero con la ira pintada en su rostro, quiso asestarle un golpe fatal en el esternón. Ashton se apartó tarde y sintió como un gran corte se abría en el lateral de su cuerpo, justo entre dos de sus costillas. Se alejó de aquel tipo sin apartar sus ojos de él y se llevó la mano hacia la herida, pues empezaba a sentir la caliente humedad de la sangre. Le dolía mucho y parecía que el líquido rojo manaba como si de una cascada se tratase. Ambos jadeaban del esfuerzo y del dolor de sus respectivas lesiones, pero sabían que aquello no había terminado aún.

El sujeto estaba de pie, apoyándose como podía sobre la pierna que no tenía ningún hueso roto pero que aún le molestaba tras el primer golpe de Ashton. Ella, por su parte, intuía que no aguantaría mucho más dada la cantidad de sangre que estaba perdiendo, por lo que debía actuar rápido si quería salvarse.

El hombre se arrojó hacia ella, sosteniendo la navaja con odio y desesperación. Ashton hizo el amago de agacharse para apartarse y evitar el ataque, pero para sorpresa de del sujeto, se giró en el último momento y le asestó un codazo en la nariz con todas las fuerzas que pudo reunir. Aquel movimiento le había abierto más la herida de las costillas y no pudo evitar un gemido lastimero mientras veía como el enorme cuerpo de su contrincante caía inerte en el duro suelo.

Volvió a llevarse la mano hacia su herida y se atrevió a mirársela cuando supo que el tipo no se levantaría. La sangre corría por todo su cuerpo, llenando toda su ropa y hasta sus zapatos. Sus propios jadeos retumbaban en su cabeza, acrecentando la sensación de dolor y mareo. Sin poder aguantar ni su propio peso, su cuerpo cedió y cayó de rodillas para, segundos después, derrumbarse en el piso sintiendo como todo se oscurecía a su alrededor y solo el silencio la acompañaba.

Capítulo 31 por Kala1411

Capítulo 31

 

 

Ashton se despertó poco a poco, aturdida y dolorida. La habitación estaba en penumbra a excepción de una pequeña lámpara a su derecha, pero podía ver la silueta de una persona mirando el atardecer por la ventana. Le reconoció enseguida.

-¿John?

Su padre se giró, sorprendido al escuchar que ya se había despertado, y ella intentó incorporarse de la cama, pero una punzada de dolor se lo impidió.

-No te muevas, llamaré al doctor ahora mismo.

El hombre se apresuró a pulsar un botón al lado de la cama, y con la leve luz, Ashton se percató del enrojecimiento en sus ojos.

-Papá, ¿qué pasa? ¿Dónde estamos?

John la miró un tanto extrañado.

-Ash, ¿no lo recuerdas? –Ella negó levemente, empezando a preocuparse. –El… aeropuerto… la pelea…

Y de repente, todo vino a su mente como si estuviera viviéndolo de nuevo en aquel mismo instante.

-¡Oh, Dios mío! ¡La niña! ¡La niña! –Comenzó a chillar.

Quiso levantarse de la cama, sin importarle la quemazón de la herida de sus costillas, pero John la cogió firmemente por los brazos, sin apretarle.

-¡Ella está bien! –Le dijo en voz alta para sobreponerse al miedo que habitaba en el cerebro de Ashton. –Ella está bien, nena. Tranquilízate.

La sábana que la cubría se había resbalado hasta su cintura y se percató de que estaba en ropa interior. Recordó entonces toda la sangre que había manchado su sudadera, su pantalón y sus zapatillas de deporte, y se dio cuenta de que su sujetador también había salido perjudicado.

Un vendaje cubría la zona en la que estaba la herida más grande, tapándole casi todo el abdomen, sin embargo, el pequeño corte de su pecho no estaba cubierto más que por una gran gasa con apósitos. Le impactaba verse así, y al parecer a su padre también le afectaba, pues escuchó como John tragaba fuerte al observar sus heridas cubiertas.

Paul llegó en ese momento, seguido de un médico joven, y se apresuró a ella. Puso sus manos en sus mejillas y hasta que no se cercioró de que su pequeña estaba bien, no se apartó. El hombre parecía más mayor que hacía unas horas, y Ashton podía jurar que nunca lo había visto tan pálido en su vida.

El médico tendría alrededor de 30 años, pero parecía más joven cuando se aproximó a ella sonriéndole.

-Mi nombre es James, encantado de conocer a “la heroína” del hospital. ¿Cómo te encuentras?

-Cre-Creo que bien… E-Es decir, me duelen las heridas, pero nada más –el médico puso un termómetro bajo su axila. -¿Cómo está la niña?

-Ella está bien –contestó Paul. –Su madre te agradece que la salvases, y la chiquilla cree que tienes algo así como “superpoderes”.

-Concretamente, está convencida de que eres WonderWoman –dijo James riéndose. –Pero tranquila, ha dado su palabra de que no le dirá a nadie tu identidad.

El termómetro pitó y el doctor, tras apuntar la temperatura en su carpetilla y comprobar sus constantes vitales, le explicó que estaba todo bien y le firmaría el alta pronto. Le dijo que en unos minutos, una enfermera la atendería y le daría instrucciones sobre las curas y lo que tendría que evitar para no agravar su situación. Ashton esperó a estar a solas con sus padres para preguntar acerca de aquel ataque.

-Al parecer, eran unos sociópatas que tenían un grave desequilibrio mental pero se negaban a recibir ayuda –empezó a explicarle Paul. –El FBI está investigándolos.

-¿Hay más… personas… afectadas? –Casi temía hacer esa pregunta.

Paul asintió simplemente, dándole a entender que no solo había heridos. Ella no quiso saber más por el momento.

 

 

El aeropuerto tardó dos días en volver a la normalidad tras el ataque, y Ashton se centró en pensar en las clases perdidas para evitar la ansiedad al volver a entrar en aquel lugar. Sus padres le habían dicho que mantendrían su anonimato a pesar de que los medios de comunicación se habían hecho eco de la valentía de un joven durante el ataque. Por suerte, esa vez tener un nombre masculino iba a serle de ayuda para pasar desapercibida si algún periodista intentaba averiguar su identidad o su paradero.

En aquella ocasión, John y Paul la acompañaron hasta California, más para tranquilizar sus cabezas rebosantes de las imágenes que habían visto por las cámaras de seguridad del aeropuerto que por otro motivo. Ninguno de los tres había podido conciliar un sueño apacible en aquellos días tras el ataque sin ayuda de tranquilizantes.

Ashton no podía hacer ejercicio, ni movimientos bruscos, ni siquiera podría dejar que sus amigos la abrazaran con más fuerza de la debida pues podían saltarles los puntos de la herida de las costillas. Eso iba a ser un problema con Frank y Nick, pero ya se inventaría alguna excusa. Había estado tan ocupada apaciguando los nervios de John y de Paul, que no había tenido la oportunidad de pensar nada realmente decisivo para solucionar la tensa situación con Mark y Kyle.

Suspiró viendo la entrada de la enorme mansión, pues precisamente en ellos dos era en lo último que quería pensar en aquel instante, pero ya no tenía más salida. Sus padres le llevaron la maleta hasta la habitación y ella sintió un alivio inmenso al comprobar que la enorme casa estaba desierta, pues todos estaban en sus respectivas clases por la hora que era. No le apetecía explicar por qué ella no podía subir su propia maleta.

Sabía que tendría que inventarse muchas excusas durante varias semanas para que sus amigos no sospechasen, pero lo prefería antes de provocar más drama. Cuando se sintiese mejor, aclararía de una vez por todas la situación con Mark y con Kyle aunque tuviese que atarlos a las sillas para que la escuchasen.

-No olvides que en un par de días debes cambiarte los puntos –le dijo John.

Ella asintió.

-Tranquilizantes una hora antes de dormir. Paracetamol y nolotil para calmar el dolor, altérnalos cada cuatro horas –instruyó Paul.

Volvió a asentir.

-No os preocupéis, estaré bien –les aseguró en la puerta principal de la mansión.

-Si te pasa algo, o no puedes… -empezó a decir John.

-Lo sé, lo sé. Os llamaré de inmediato, os lo prometo –Ashton suspiró. –Voy a llamaros cada día si eso os tranquiliza más.

-Eso sería genial, pequeña –dijo Paul con voz contenida.

Se despidieron con aprensión, pero sabían que era lo mejor para ella. Debía seguir con su vida normal para dejar atrás todo lo ocurrido, aunque sabían que a ellos les costaría más.

Habían vuelto a revivir el miedo que sintieron con Marion, y no podrían olvidarlo jamás.

 

 

Ya había contado la primera mentira la noche del ataque, cuando había recuperado su móvil y había leído todos los mensajes de sus amigos preguntándole acerca de lo ocurrido en el aeropuerto. Ella les había comentado brevemente que no había estado presente porque su vuelo salía más tarde y se enteró de lo ocurrido cuando iba en el coche con sus padres. Todos la creyeron, pero era fácil que lo hicieran porque no la habían visto.

Sin embargo, ahora debía volver a convivir con todos sus amigos y no estaba segura de cómo disimularía su limitada movilidad o su aspecto demacrado por la falta de descanso.

No fue hasta la hora de la cena que los vio a todos, teniendo que hacer malabares para evitar los abrazos de oso que Frank y Nick querían darle. Le preguntaron cómo vivió el ataque, pero ella no les dio más detalles que los que creía convenientes para que no sospechasen. Se excusó a su habitación cuando Kyle entró en el salón, pues la tensión palpable le empezaba a dar dolor de cabeza.

Se tomó el tranquilizante y llamó a sus padres, quienes se veían tan mal como ella a pesar de no estar heridos –al menos físicamente-. El sueño le llegó antes de lo que se esperaba, y no se demoró en meterse en la cama con mucha lentitud y parsimonia para que los puntos no le tirasen en la piel.

No tuvo una noche tranquila, las pesadillas la rondaban y se despertó de golpe alrededor de las 4 de la madrugada. Sabía que no volvería a dormirse, así que se levantó, se duchó como mejor pudo y bajó a tomar un desayuno que le permitiese aguantar hasta la mitad de la mañana. Se dio cuenta que no podía coger las tazas ni los platos del estante superior, así que se contentó con prepararse una ensalada de frutas en un gran recibiente.

Si sus amigos se daban cuenta de ese extraño comportamiento, no dudarían en atosigarla con preguntas. Decidió que cambiaría sus hábitos de la forma más disimulada posible, aunque con ello los evitase incluso más que por la situación con Mark y Kyle.

 

 

No le costó mucho ponerse al día con sus asignaturas, cuyos libros debía llevar en los brazos para evitar cargar peso, aunque a Matt le había dicho que era porque su mochila se había roto y no había tenido tiempo de conseguir una nueva. Compraba la comida en el comedor y se escapaba a la mansión para almorzar allí porque, le explicó a Fudo, tenía muchas tareas que hacer y así ganaba tiempo. Y a Adam le aclaró que no iría al gimnasio en una temporada porque había tenido una lesión en el gemelo izquierdo durante una sesión de entrenamiento con sus padres. Mentira tras mentira, creyó que podría mantener en la tranquilidad de la ignorancia a sus amigos hasta que sus heridas sanasen.

Ilusa de ella misma.

 

Notas:

Capítulo corto, subiré el siguiente en un día.

 

Capítulo 32 por Kala1411
Notas de autor:

Lo prometido es deuda ;)

Capítulo 32

 

 

El miércoles se despertó sabiendo que debía ir al centro de salud del campus para que le revisaran los puntos, pero decidió postergarlo hasta después de las clases para buscar una historia creíble que pudiese contarle al enfermero que le atendiese. Lo mejor que se había podido inventar era que le habían atacado unos camellos en la zona más peligrosa de Nueva York cuando había ido a buscar drogas. Era completamente inverosímil, pero sabía que los rumores que circulaban por el campus sobre sus costumbres de dudosa moralidad le darían cierta credibilidad a la historia.

No obstante, el destino no quería que todo le resultase tan sencillo gracias a esas falacias.

La blanca habitación donde estaba esperando al enfermero le recordaba a la del hospital donde se había despertado tras el ataque. Tuvo que respirar varias veces para calmarse hasta que escuchó la puerta abrirse.

-Jason… -murmuró con temor al reconocer a su amigo.

-Vaya, vaya, vaya… -dijo él con tono burlón. –Que tengas que venir aquí para poder verme dice mucho acerca de tu actitud distante de los últimos tiempos, ¿no crees?

Ella se quedó muda por unos momentos, sintiendo como su ritmo cardíaco aumentaba de forma exponencial.

-Jason, yo…

-Tranquila, sé por qué te comportas así –el chico se cruzó de brazos y se apoyó contra la pared. –Todos lo sabemos, pero esto tiene que acabar. Eres nuestra amiga y queremos que todo vuelva a la normalidad.

Por un momento, creyó que se pondría a llorar delante de su amigo, pero volvió a respirar hondo con los ojos cerrados y decidió sincerarse. Si tenían que hacerle varias curas, prefería que fuese la misma persona en todas las ocasiones, y si el designado había sido él, tendría que aguantarse.

-Jason, solo… -susurró. -Por favor, no entres en pánico, ¿vale?

Empezó a desabotonarse la holgada blusa que llevaba, sin atreverse a levantar la vista.

-¡Guau! ¿Ashton Jones va a hacerme un striptease? –Dijo con sorna.

Ella respiró hondo cuando se quitó la blusa y la dejó a un lado, pudiendo jurar que el chico estaba en estado de shock cuando vio los vendajes. Parecía una estatua y había adquirido su mismo color, Ashton tardó un rato en reaccionar y empezar a hablarle.

-Jason, no quiero que te preocupes, ¿de acuerdo? Sé… Sé que es algo difícil, pero estoy bien, solo son unos puntos y nada más.

-¿Có-Cómo…? –Él la miró a los ojos con el miedo instalado en los suyos, pero en seguida lo entendió. –El ataque en el aeropuerto… -empezó a negar con la cabeza sin querer creerlo. –Pero tú nos dijiste…

-Lo sé –murmuró ella. –Os mentí porque no quería alarmaros. Sé que no he actuado bien, y te pido disculpas, pero no podía traeros más problemas o preocupaciones con lo que está pasando con Mark y Kyle. Sois geniales conmigo y os debo mucho… No quería que sufrieseis más drama por mi culpa.

Jason comenzó a asentir, comprendiendo lo que le decía. Con el semblante serio, empezó a preparar en una bandeja de aluminio el material necesario para curar los puntos de su amiga. Procedió como un profesional, calmado y preciso, completamente concentrado.

-No se lo cuentes a los demás, por favor –pidió Ashton en un susurro.

El chico asintió mientras tiraba los guantes a un cubo y recogía los utensilios usados. Ashton se vistió, temerosa de que su amigo estuviese enfadado con ella, pero sabiendo que sería algo normal dado su comportamiento.

Sin previo aviso, Jason la abrazó antes de que ella se bajase de la camilla. Notaba como el cuerpo del chico temblaba, la apretó contra sí pero sin demasiada fuerza, y ella lo rodeó tímidamente con sus brazos.

-Eres una tía increíble, Ashton Jones –le dijo con emoción contenida en la voz.

 

 

Aquella noche, Jason estuvo algunas horas desvelado, escuchando los suaves ronquidos de Frank y pensando acerca de lo que había descubierto. No quería ni imaginar cómo había vivido Ashton el ataque, pero la profundidad de la herida de las costillas no era algo leve. Fuese como fuese la agresión contra su amiga, el hijo de puta intentó matarla o dejarla malherida.

Jamás habría imaginado algo así cuando se despidió de ella en diciembre, y no podía evitar pensar que casi no volvía a verla si ese tipo hubiese acertado en su golpe.

Pensó, durante horas, en lo poco que había faltado para perder a su amiga, en lo corta y frágil que podía ser la vida para la gente que le rodeaba. No sabía cuándo podría acabar todo para una persona, era la primera lección moral que aprendían quienes trabajaban en el campo de la salud. Por ello era tan importante ser feliz… y dejar que los demás lo fuesen también.

 

 

Al terminar su clase de Biología, Ashton empezó a recoger sus cosas distraídamente, y no se percató que Jason entraba en el aula en ese momento.

-Hola, Ash –saludó él sonriendo mientras cogía los libros de su amiga.

-Hola… ¿Qué estás haciendo? –Ella se apresuró a levantarse de su pupitre.

-Te ayudo con los libros –respondió encogiéndose de hombros. -¿Cuál es tu próxima clase?

Jason se dirigió a la salida, viendo la portada de los libros, y ella le siguió aún sin entender lo que sucedía.

-Psicología –respondió titubeante. –En serio, ¿qué estás haciendo?

-Te lo he dicho: te ayudo con los libros. No podrás coger mucho peso durante las próximas semanas.

-Jason, gracias… Pero no es necesario, yo puedo…

-Sí, sí, sí… Lo sé, que puedes llevarlos tú sola… -se paró un momento y se giró hacia ella. –Pero déjame al menos hacer esto por ti, Ash –la mirada de su amigo le recordó a la de sus padres. –Sé que eres capaz de hacer cosas que pocas personas pueden hacer… Pero mientras te curas, deja que te cuide un poco, aunque solo sea mediante pequeños gestos como estos… Por favor.

Ella le sonrió, sintiendo de nuevo la complicidad con el chico que creía casi enfriada.

 

 

Tras la clase de Psicología, Jason le pidió que le acompañase hasta el comedor y comiese ese día con los demás, pues había quedado con su hermana allí a esa hora. Ashton estaba preocupada por encontrarse con Mark o Kyle, pero su amigo la tranquilizó y le aconsejó que los ignorase.

Todos se alegraron al ver a Ashton llegar para comer con ellos tras tanto tiempo extrañándola, y su amigo se apresuró a ponerse en la cola para conseguir el almuerzo de ambos. La joven notaba la tensión procedente desde los sitios de Kyle, Mark y Daisy, pero decidió hacerle caso a Jason. Después de todo lo que había pasado, se merecía un rato relajado almorzando con sus amigos.

-¿Ahora eres su perrito faldero, Jason? –Inquirió con malicia Daisy cuando vio a su amigo llegar con su bandeja.

Ashton empezó a sentirse mal por el comentario, pero apenas fueron unos segundos.

-Cuidado con lo que le dices a mi hermano, zorra –advirtió Jessica desde detrás de la chica rubia.

Daisy fingió desoír a la joven, y Jason se levantó para detener a su hermana de agredir a la novia de su amigo.

-Jess, cálmate –pidió sonriéndole con cierto orgullo.

-¿Qué te pasa? Debo ir a la biblioteca, así que dime lo que quieras decirme rápido.

Jason respiró profundamente, sin saber realmente cómo empezar.

-Jess… eres mi hermana pequeña y siempre lo serás a mis ojos. Sé que te convertirás en una mujer increíble y que lucharás tus propias batallas, pero quiero que sepas que siempre voy a estar aquí para apoyarte y defenderte cada vez que lo necesites… -volvió a respirar hondo, pues aún le quedaba la parte más difícil. –Siempre voy a querer lo mejor para ti y si… si… -suspiró antes de continuar. –Si quieres estar con Adam, no me interpondré. Te quiero y quiero que seas feliz, hermanita.

La mesa se había quedado en completo silencio, pues nunca habían escuchado a su amigo hablar de esa forma. La joven se abalanzó a su hermano sin aguantar las lágrimas de la emoción. Se abrazaron y los demás, hasta Kyle y Mark, empezaron a aplaudirles, pues parecía que su alegría era contagiosa.

Poco después, la chica se fue y Jason se sentó para comer su almuerzo.

-Entonces… ¿de verdad aceptarás que Jess y yo estemos juntos? –Preguntó dubitativamente Adam.

-Sí… -Jason dejó de comer un momento. –Pero, por favor, sed disimulados con lo que hacéis en la casa… Si escucho algo raro, no sé si podré aguantar las ganas de pegarte…

 

 

Ese día por la tarde, Ashton volvía de la biblioteca con algunos libros. No eran muy voluminosos, así que convenció a Jason de que ella podía llevarlos. El chico la buscó en la biblioteca cuando salió del gimnasio, sin comentarle las sospechas de sus amigos sobre su comportamiento tan familiar con la chica en los últimos días. Él les había contestado con una broma picante que sabía que algunos podían tomar más en serio que otros, pero le daba igual lo que pensasen.

Llegaron a la mansión y el aplastante silencio que los recibió les preocupó de inmediato. Entraron y oyeron, muy sutilmente, el claro sonido de la televisión encendida. Se acercaron con sigilo y los dos se quedaron paralizados en la entrada del salón. Todos y cada uno de los miembros de la fraternidad tenía sus ojos pegados en la gran pantalla, escuchando a la presentadora de las noticias de la tarde mientras veían como Ashton luchaba contra el atacante en el aeropuerto.

-Las imágenes que les mostramos han sido filtradas por alguien que se empeñó en hacer pública la valentía de esa chica desconocida, quien no dudó en defender a una niña aun a riesgo de su propia vida.

La respiración de Ashton se atoró cuando se vio a sí misma en la pantalla, empapada de sangre y asestándole el último golpe al agresor.

-Ash, ve a tu habitación –le susurró Jason sacándola de su trance. -Esto va a ser una locura de un momento a otro.

Ella se apresuró a subir las escaleras como alma que llevaba el diablo, pues sabía a lo que se refería su amigo. Cerró la puerta y se sentó en la cama, jadeante, mientras marcaba el número de Paul. Su anonimato había desaparecido.

 

 

-Las autoridades se niegan a aportar ninguna información acerca de la identidad de la chica, pero al menos el país se encuentra un poco más tranquilo al ver que todavía quedan personas que luchan por los más inocentes…

La presentadora continuó con la siguiente noticia, pero nadie en aquel salón la escuchó. Todos se apresuraron a salir para buscar a Ashton, pero Jason los detuvo.

-Tíos, está bien. Tranquilizaos –dijo con voz firme.

Las caras de sus amigos eran indescriptibles, y él se sentía igual al ver cómo se habían producido las heridas de su amiga que él mismo había curado.

-¿Tú lo sabías? –Preguntó con incredulidad Matt.

-Sí, yo le realicé la primera cura ayer.

-¿Y por qué no nos lo dijiste? –Quiso saber Frank.

-Ella me pidió que no os contara nada, no quería preocuparnos más.

Todos entendieron el significado de esa última palabra, y al sentirse aludido al mismo tiempo que culpable, Kyle replicó.

-¡Algo así de grave no puedes ocultárnoslo! ¡Es nuestra amiga, deberías habérnoslo dicho!

Jason no pudo contener más la tensión, pues había aguantado demasiada tras ver las imágenes de Ashton.

-¡¿Amiga?! Tú y Mark habéis actuado como unos gilipollas con ella desde hace semanas. La despreciáis y permitís que unas zorras la traten mal porque no tenéis pelotas para enfrentaros a ellas… ¿Y me vienes ahora con esas? –Jason sentía que la ira empezaba a controlarlo.

-¡¿Por qué no me lo dijiste a mí?! –Intervino Mark.

-¡No merecías saberlo después de cómo te has comportado con ella!

-¡Era tu obligación contármelo! ¡Soy el Presidente de la Fraternidad! –Gritó.

Jason se acercó a Mark de forma amenazadora, pero Matt y Frank le sujetaron por los brazos para evitar una pelea.

-Pues que te jodan, Señor Presidente –dijo con rencor.

 

 

Quince minutos después, unos rápidos golpes sonaron en la puerta principal y Jason abrió casi sabiendo de quién se trataría. Jessica entró como un torbellino, impulsada por los nervios y la ansiedad tras haber visto las imágenes, las lágrimas bañaban sus mejillas y Jason tuvo que sujetarla de los brazos para intentar calmarla.

-Jay, dime dónde está, necesito verla. ¿Está bien? ¿Está…?

El chico la abrazó y empezó a acariciarle el pelo, susurrándole suavemente hasta que su respiración se acompasó un poco. Algunos de sus amigos, Adam entre ellos, vieron la escena sobrecogidos desde la cocina, comprendiendo perfectamente cómo se sentía la chica.

-Ya la viste, Jess. Está bien pero… ahora no creemos que le apetezca ver a nadie… -él ni siquiera había intentado subir a su habitación para hablar con ella. -Lo ha disimulado lo mejor que ha podido para que no nos preocupásemos.

-Necesito verla, Jay… -susurró la joven en un sollozo. –Quiero abrazarla…

-No puedes darle un abrazo demasiado fuerte o se le saltarán los puntos –explicó Jason.

Jessica asintió, y cuando se dispuso a subir a la habitación de su amiga, Lewis la llamó. Él le entregó una bandeja con un emparedado, unas frutas y una botella de agua.

-Si consigues que te deje entrar, dale esto. Sabemos que no bajará hasta mañana con esta situación y nos quedaremos más tranquilos si sabemos que ha comido algo.

Con un equilibrio precario, más por los temblores nerviosos que por su falta de experiencia con una bandeja, Jessica llegó a la puerta de la habitación de Ashton.

-Ash –empezó a decir con voz ronca, -sé que no te apetece ver a nadie ahora y que solo querrás descansar… Yo, solo… quiero verte aunque sean solo unos minutos…

Respiró de forma irregular, intentando aguantar las lágrimas, cuando vio que la puerta se abría tímidamente. Ashton le hizo un gesto con la cabeza para que entrase. Jessica dejó la bandeja en el escritorio y la abrazó sin mucha fuerza mientras daba rienda suelta a su inquietud. Ella le devolvió el abrazo mientras le acariciaba la espalda, sabiendo que aquella solo sería una de tantas veces que tendría que consolar a quienes la querían.

 

 

Tras más de una hora con Ashton, Jessica salió de la habitación más tranquila aunque con los ojos rojos, pero no le importaba. Se dirigió al salón donde estaban la mayoría de los chicos con las caras largas y el semblante serio, muchos con la mirada perdida, muchos fingiendo leer o estudiar, pero sin engañarse ni entre ellos mismos.

Varios de ellos se levantaron de los sillones al verla entrar en el salón, pero ella les hizo un gesto para que se tranquilizasen.

-Ash está bien, pero le ha afectado bastante que esas imágenes salieran a la luz y tiene miedo de cómo será su vida hasta que la gente se olvide de eso… Así que no la agobiéis mañana, ¿de acuerdo?

Todos asintieron sin decir ninguna palabra.

 

Capítulo 33 por Kala1411

Capítulo 33

 

 

Sobre las 4:30 de la mañana, su sueño volvió a rehuirla. Suspiró cansada por esa situación, se levantó y bajó a la cocina para dejar la bandeja y comer algo que encontrase en el frigorífico. Se paró en seco al ver a Kyle sentado en la gran mesa, con el semblante ceniciento y los ojos llenos de un sentimiento que no pudo descifrar. Se miraron durante unos segundos muy largos hasta que él se levantó y se acercó a ella.

-Hola… -susurró cohibida mientras el joven le cogía la bandeja para limpiarla él.-No, yo puedo…

-Déjame hacer esto –le pidió en un susurro dándole la espalda.

Ella no sabía si debía irse o quedarse, y Kyle pareció leerle la mente.

-¿Quieres un té? Te prepararé uno –dijo suavemente.

Ashton decidió acercarse a su amigo, anonadada por su actitud. Había cambiado de la noche a la mañana y no sabía si estaba soñando, así que tocó su brazo para asegurarse que era una persona real y no mero producto de su imaginación. El joven la miró extrañado al sentir su contacto.

-Lo siento, yo…

-No, no te preocupes. Después de todo, tienes hasta permitido pellizcarme si eso te place –dijo mientras colocaba la bandeja en su lugar. -No te lo recriminaré, sé que me lo merezco.

-Kyle…Yo jamás haría nada que te hiciera daño, eres uno de mis mejores amigos.

El chico tragó duro, intentando aguantar la emoción, y la abrazó en un impulso.

-Te quiero más de lo que nunca llegarás a creer –susurró contra su pelo con voz ronca.

 

 

Poco después de su té con Kyle y una conversación que ella sintió como reponedora de temas no muy complejos ni profundos, Ashton fue a ducharse e intentar descansar un rato más antes del comienzo de aquel viernes que prometía ser muy largo. Bajó a desayunar y se encontró con, prácticamente, todos los miembros de la fraternidad allí, esperándola por lo que pudo adivinar. Sabía que aquel desagradable momento llegaría, que posiblemente muchos estuviesen deseosos de saber más detalles sobre lo ocurrido, pero ella solo quería dejar atrás aquella experiencia y centrarse en los días que tenía por delante, no en los que ya había pasado.

-Os contaré lo que queráis –empezó a decir en tono conciliador, -pero en el momento en que salgamos todos por la puerta para ir a nuestras clases, las preguntas se cortarán y todo volverá a ser como antes, o al menos lo más parecido posible, ¿de acuerdo?

-De acuerdo –respondió Frank.

-Haremos lo que podamos –intervino Victor.

-Siéntate –le ordenó suavemente Lewis. –Estoy preparando tu desayuno.

-No hace falta.

Se acercó al estante de las tazas para coger una y demostrar que no estaba tan limitada como ellos creían, pero su piel tiró en la herida de las costillas y no pudo alargar bien el brazo. Kyle le bajó una y se la entregó, para sorpresa de algunos. Ashton suspiró mientras se sentaba en la mesa, esperando por el primer asalto.

-¿Tuviste miedo? –Preguntó Matt.

Ella solo asintió sin atreverse a levantar la vista, no por vergüenza, sino porque estaba rememorando aquellos momentos. Creyó que con el paso de los días sobrellevaría mejor lo que había sucedido, pero no era así.

-¿Por qué no corriste con la niña? –Mark sonaba un poco molesto. –Es decir, lo que has hecho es memorable, pero podrías haber huido con la niña, ¿no?

-Si huía con ella, nos habría alcanzado a las dos y… todo habría acabado… mal. Solo actué por instinto.

Empezó a comer, sin ganas, el plato que Lewis le había preparado. Realmente no había mucho más que contar, los demás detalles podían imaginárselos los chicos sin necesidad de tener que decirlos. Nadie quiso preguntarle nada más mientras desayunaba, pero cuando terminó, Scott le preguntó suavemente.

-¿Tienes estrés postraumático? –Ashton asintió con la mirada en el fondo de su taza. –Si necesitas ayuda con eso, puedes acudir a mí.

Ella tragó duro, pues tenía miedo de que la tratasen de forma distinta por eso. Kyle reaccionó en ese instante, desconcertándola por la simpleza de su pregunta, la cual solo pretendía cambiar de tema.

-¿Qué clases tienes hoy?

La chica le miró de reojo antes de responder.

-Matemáticas y… Psicología.

-Yo puedo acompañarte a la primera clase y te ayudo a llevar los libros.

-Kyle, no es nece…

-Entonces, yo te acompañaré a la segunda –intervino Tim.

-Chicos, en serio, no…

-Estás convaleciente y yo soy lo más parecido a un médico aquí –dijo firmemente Jason señalándola de forma desafiante y con media sonrisa. –Así que si yo digo que dejes que te llevemos los libros y te ayudemos en todo lo que podamos, te aguantas y me obedeces.

Ella le miró, sabiendo que intentaba bromear con ella al mismo tiempo que mandaba de aquella forma. Sonrió, agradeciéndole internamente lo que estaba haciendo por ella.

-Vais a aprovecharos de esta situación, ¿verdad?

-¿Lo dudabas? –Se mofó Nick.

 

 

Ashton tuvo que respirar profundamente antes de salir de la casa con Kyle para su primera clase. Sería el objeto de muchas miradas y comentarios, se había acostumbrado a esa situación con anterioridad, pero en aquella ocasión sabía que iba a ser diferente y estaba casi más asustada.

-Podemos ir hablando por el camino si eso te sirve para ignorar al resto de la gente –ofreció Kyle cuando salían de la mansión.

-Eso me serviría, gracias.

-Bien… pues… -pensó durante unos segundos. –Mi madre me llamó anoche y creo que enloqueció un poco al ver… las imágenes… -suspiró con pesar. –Dijo que te haría una visita este fin de semana para quedarse ella más tranquila, espero que no te moleste.

Ashton le sonrió.

-Una visita de tu madre siempre es una buena noticia.

Kyle suspiró, negando con la cabeza.

-Eso es porque no comenta tu vida sexual delante de tus amigos.

Ella no pudo evitar reírse a carcajadas hasta que se tapó la boca con la mano para evitar mortificar más a su amigo. Pero se sintió bien, pues era la primera vez en lo que le pareció una eternidad que un poco de felicidad en su estado más puro llenaba su magullado corazón.

Llegaron a la entrada de la clase en pocos minutos, y aunque notaba las miradas de sus compañeros, la presencia de su amigo le ayudaba a sobrellevarlas.

-Me alegra que aún pueda seguir haciéndote reír –dijo él en voz baja cuando la acompañó a su pupitre. –Espero que algún día puedas perdonarme por cómo me he comportado contigo últimamente.

-No te preocupes por eso –le sonrió. –Por mi parte, podemos intentar olvidar todo lo malo de este último mes.

Kyle le devolvió la sonrisa con un sentimiento nuevo asomando por sus ojos, el alivio se mezclaba con la satisfacción de sentirse cerca de Ashton otra vez.

 

 

Como prometieron, los chicos de la fraternidad le ayudaron con los libros durante las clases, pero aquel día se había tomado los calmantes para el dolor antes de tiempo y las heridas empezaban a molestarle, así que les dijo que prefería irse a la mansión para comer y descansar un poco.

Eso era lo que les había dicho, pero la realidad era algo más distorsionada.

Jamás había podido imaginar que las miradas y las muestras de reconocimiento por parte de desconocidos pudiesen cansarla tanto, física y mentalmente. Necesitaba alejarse un poco de aquella marea de agradecimiento que de repente se había formado en el campus y empezaba a agobiarla.

Iba llegando a la mansión y, de repente, no pudo evitar la inmensa sonrisa que se formó en su cara.

-¡Jimmy!

El niño estaba sentado en los escalones del porche con la cara entre sus manos y mirando al vació con una profunda tristeza. Al escuchar su nombre, levantó la vista y se apresuró hacia la chica como si apenas pudiese creer que fuera ella. La abrazó por la cintura y empezó a llorar contra su vientre.

Algo se rompió dentro de Ashton al escuchar los sollozos del niño, pues recordó a la niña del aeropuerto y el miedo que vio en sus ojos cuando el atacante se acercaba a ellas. Dejándose llevar, abrazó a Jimmy y comenzó a consolarlo.

Estuvieron así algunos minutos, hasta que el niño se calmó y decidieron entrar en la mansión. No se dieron cuenta que Mark había presenciado la escena desde varios metros, escondido entre algunos coches.

 

 

Comieron lasaña mientras veían tranquilamente la televisión, hasta que llegaron algunos miembros de la fraternidad. Vieron la expresión de Jimmy y comprendieron porqué estaba allí con Ashton, así que apenas le dieron muchas bromas al principio.

-¿Qué te gustaría hacer esta tarde? –Le preguntó la chica alegremente cuando terminaron de comer.

-Tú vas a quedarte estudiando y yo voy a cuidarte –dijo con determinación.

Los presentes guardaron silencio, esperando escuchar como transcurriría la conversación.

-Jimmy, te lo agradezco, pero estoy bien. No necesito que me cuides.

Ella intentó sonar razonable para que el niño no se preocupara, pero no fue tan sencillo.

-Ash –cogió las manos de la chica entre las suyas y la miró muy serio a los ojos, –toda mi vida he estado sometido a la tiranía de mi hermano mayor…

-Creo que exageras un poco con lo de “tiranía”…

-No, créeme. Lo he visto en un documental del canal Historia. Es horrible estar bajo el yugo de un dictador, pero es peor cuando ese dictador es un completo imbécil y es Mark…

Jason no pudo evitar soltar una carcajada muy clara, pues desde donde estaba veía la cara del aludido, quien se encontraba en la entrada del salón con el enfado reflejándose en sus facciones al escuchar como Jimmy se refería a él.

-Así que –continuó el pequeño, -solo déjame comportarme como tu hermano mayor durante un día.

Ashton lo pensó por un momento. Sus padres habían necesitado acompañarla hasta California para quedarse más tranquilos, Jessica había ansiado verla durante un rato para acallar sus temores, sus amigos querían ayudarla en todo lo que podían para calmar sus pensamientos. Jimmy estaba pasando por una situación igual que todos ellos, por lo que creyó que debía dejarse cuidar y darle esa pequeña satisfacción para que todos pudiesen seguir con sus vidas normales a la mayor brevedad posible.

-De acuerdo, sé mi hermano mayor por un día.

Notas:

Capítulo corto, pero actualizaré pronto (mañana seguramente).

¡Saludos!

Capítulo 34 por Kala1411

Capítulo 34

 

 

Esa noche, a Jimmy le costó conciliar el sueño. Estaba más tranquilo porque había comprobado con sus propios ojos que Ashton estaba bien tras el ataque, pero aun así, las imágenes le seguían sobrecogiendo cada vez que las recordaba. Ella le abrazó suavemente, como si conociera sus emociones internas, y por fin pudo descansar.

Pero solo varias horas, pues sin esperarlo, una fuerte presión le despertó en mitad de la madrugada. Abrió los ojos de golpe, sintiendo un poco de pánico al no reconocer su habitación durante los primeros segundos, pero al escuchar la voz de Ashton lo recordó todo y empezó a respirar tranquilo… O al menos lo intentó.

La chica le abrazaba como si fuese una boa constrictor mientras sollozaba, con temor, su nombre como si fuera una letanía. Inmediatamente, el niño comprendió que estaba teniendo una pesadilla y debía calmarla o sería peor. Como pudo, liberó uno de sus brazos mientras le susurraba palabras tranquilizadoras a la joven, y poco a poco, maniobró para acceder mejor a su cabeza y acariciarle el pelo. Pasaron varios minutos hasta que la chica se consoló y su respiración se normalizó. Jimmy tomó aquello como una pequeña victoria personal, pero sabía que debía decírselo a los demás.

Al niño le costó dormirse de nuevo, pero lo consiguió, y a la mañana siguiente esperó a que Ashton saliera de la cocina para hablarle a su hermano y a los otros miembros.

-No eres mi persona favorita en estos momentos –le dijo a Mark sentándose a su lado durante el desayuno, -pero debes saber que Ashton tiene pesadillas horribles durante la noche. Yo he conseguido calmarla esta vez, pero creo que pasará mucho tiempo hasta que pueda volver a dormir una noche entera si nadie le ayuda.

Los demás miembros de la fraternidad se miraron entre ellos, preocupados.

-Pensaré en algo para ayudarla –le contestó su hermano mayor.

 

 

El chófer de la familia Rushton llegó poco después del desayuno a recoger a Jimmy, quien le prometió a Ashton llamarla casi todos los días ahora que ella le había dado su número de teléfono. Ella creyó que podría obedecer la última orden de su autoproclamado “hermano mayor por un día” y relajarse durante el sábado viendo películas y leyendo, pero al parecer, las visitas no habían terminado.

Lidie se presentó en la mansión poco antes del almuerzo. A diferencia de los demás, parecía más calmada con lo ocurrido, pero las ojeras delataban que también le habían perjudicado las imágenes que todo el país había visto.

-Algo me decía que estabas bien –le dijo tras darle varios besos en las mejillas y un abrazo. –Tú no eres de las que se dejan vencer por cabrones como ese –su voz se puso un poco ronca al final de la frase.

Ashton había visto esa expresión otras veces, cuando los familiares de los soldados los volvían a ver tras una misión peligrosa o podían abrazarlos cuando regresaban a casa. La señora Davis estaba a punto de deshacerse en lágrimas, pero ella no quería que su visita derivase en lamentos ni penas, sobre todo de una mujer que la había ayudado más de lo que alguna vez le confesaría. Así que le sonrió y decidió desviar la atención hacia otro tema más mundano.

-Señora Davis, ¿qué le apetecería hacer? Pensaba ayudar a Lewis a cocinar tacos… al menos a cortar los ingredientes. ¿Quiere acompañarme?

Era una salida un tanto desesperada y la mujer se percató de ello, pero le sonrió y aceptó, comprendiendo porqué lo había hecho.

La mansión se animó con la visita de Lidie, y prácticamente la vitoreó cuando anunció que tenía dos sorpresas. La gran tarta portuguesa era, al parecer, una de las especialidades de la madre de Kyle, y la mayoría de los miembros de la fraternidad la miraron con ojos brillantes mientras ella la cortaba en trozos para repartirla durante el postre. Cuando Ashton le dio el primer bocado, entendió por qué todos estaban tan felices con un simple dulce.

-Bien, y ahora, la segunda sorpresa -anunció Lidie regresando de su coche de coger unos grandes y pesados sobres.

Abrió uno de ellos, sintiendo la expectación de la sala sobre ella, y se sentó al lado de Ashton mientras sacaba uno de los calendarios, dejando los demás encima de la mesita central del salón.

-¿Qué es eso, mamá? –Preguntó Kyle desde su sillón.

-¿Recuerdas el proyecto que estaba realizando desde hace unos meses para la asociación de animales de la ciudad? –El chico empalideció al saber a lo que se refería, y su madre malinterpretó su gesto. –Ya sabes, el calendario con chicas semidesnudas… -Kyle sentía como su sien empezaba a palpitar. –Pues he traído algunos para que Ashton vea lo bien que quedó su foto.

Los jóvenes de la fraternidad se miraron de reojo al escuchar aquellas palabras.

Un latido…

Dos…

Y, como si de unos depredadores abalanzándose hacia una presa indefensa se tratase, se lanzaron hacia los sobres de la mesita para coger los calendarios y comenzar a buscar.

-¡Quien encuentre la foto de Ashton, que avise! –Gritó Victor.

Kyle masajeaba su cabeza para aliviar el molesto dolor de cabeza que de repente le había entrado.

-¡¡JUNIO!! –Chilló emocionado Frank.

Todos se apresuraron para buscar la página, ignorando a la expresión atónita de Ashton y la sonrisa satisfecha de la señora Davis. Exclamaciones de sorpresa y de júbilo llenaron la sala cuando todos vieron la impactante fotografía de su amiga.

-Me alegra que os guste. Kyle, ¿no quieres ver la fotografía? Ten encantará la luz que se refleja en…

-¡No! No… Yo… Ya la veré más tarde…

-¿Otra vez vuelves a mostrar vergüenza por el cuerpo femenino? –Inquirió preocupada Lidie. –Creo que la falta de sexo te está afectando mucho, cariño.

Las atronadoras carcajadas se escucharon desde el exterior de la mansión. Kyle quiso morir en ese momento, pero la expresión de preocupación de Ashton hizo que todas aquellas risas pasasen a un segundo plano.

Le debía una conversación a su amiga.

 

 

Tras la marcha de la señora Davis, Ashton tuvo que aguantar los comentarios subidos de tono de sus amigos por su sugerente y sensual fotografía. Hasta Matt coincidió que sería una buena idea enmarcarla y ponerla en el salón, y tras una votación democrática, decidieron que así lo harían… tras el periodo de exámenes que se aproximaba.

La cena distendida se pareció mucho a lo que ella recordaba de los meses pasados, las bromas, los temas de conversación sencillos, los comentarios sobre deportes… Parecía que empezaba a tocar la normalidad con la punta de los dedos…

Poco después, cuando salió del baño tras cepillarse los dientes, abrió la puerta de su habitación y se quedó paralizada al ver allí a Mark, sentado en su cama.

-¿Qué haces aquí?

-Hoy dormiré contigo.

Creyó haber oído mal y tardó un poco en responder.

-¿Cómo? ¿E-Estas loco? No quiero tener más problemas con Daisy.

-No tienes que preocuparte por ella –dijo con el semblante serio. -Ahora, entra en la cama.

-No –Ashton se cruzó de brazos para mantener su postura.

-No me obligues a meterte yo mismo –su voz era calmada, pero su tono era tajante.

Ella se mantuvo impertérrita durante unos momentos, pensando sus opciones.  Podía decirle muchas cosas, pero todas ellas solo desembocarían en discusiones para las que no tenía ganas zas en aquellos momentos. Cerró la puerta detrás de ella y rodeó la cama para acostarse.

-Jimmy no es tan mandón –le dijo molesta.

-Jimmy es mil veces mejor que yo.

Se posicionó detrás de ella y la abrazó suavemente, sintiendo la tensión en el cuerpo de su amiga. Ashton, un tanto insegura al mismo tiempo que enojada por la actitud dominante de Mark, no pudo evitar preguntarle en voz baja:

-¿Mañana volverás a ignorarme como si no existiera?

Algo en el corazón del joven se fracturó un poco. Sabía que ella lo había estado pasando mal con la actitud que Kyle y él había tomado desde hacía varias semanas, pero ahora ni siquiera los motivos para ser así con la chica parecían importantes.

-Te prometo no volver a comportarme como un gilipollas contigo, Ash… Ahora duérmete, necesitas descansar.

La joven se sintió más tranquila al escucharle y no tardó en dormirse.

 

Tal como su hermano le había comentado, Ashton tenía pesadillas recurrentes en mitad de la madrugada. Mark la había calmado cuando lo peor había empezado y había conseguido que siguiera durmiendo, pero era inquietante ver a su amiga, la misma que había detenido a una serpiente de morderla o que había vencido a Dimitri en cuestión de segundos con un solo movimiento, tan indefensa en el mundo de los sueños.

Capítulo 35 por Kala1411

Capítulo 35

 

 

Mark se levantó de la cama de Ashton cuando los primeros rayos de sol salían por el horizonte, con sigilo para no interrumpir su sueño. El chico creía que no había despertado a su amiga, pero no había sido así. Ella fingió seguir durmiendo, sin embargo, poco antes de que él abriese la puerta, decidió hablarle.

-Es preferible que nadie sepa que has pasado aquí la noche, ¿verdad? –Se incorporó y vio la figura de su amigo completamente quieta frente a la puerta. –No quiero causar más problemas, Mark. Me puedo imaginar por qué has dormido aquí esta noche y te lo agradezco de corazón, pero creo que sería algo… contraproducente que los demás o… Daisy… tuvieran conocimiento de esto.

Él se sentó en la cama para mirarla aun con la poca luz que entraba por las rendijas de la persiana.

-Quiero ayudarte. Te he amargado la vida durante más tiempo del que te mereces, y siento que debo compensarte por tratarte de forma tan injusta. He sido un cabrón contigo y me he ganado la antipatía de casi todos mis amigos y de mi hermano solo por ser así. Déjame hacer esto y limpiar mi conciencia.

-¿Hacer qué? ¿Pretendes dormir aquí todas las noches para evitar que tenga pesadillas? –Él asintió. –No estoy dispuesta a permitir eso, Mark. Tienes novia.

-Daisy es una zorra que se acuesta con todos los tíos que quiere. A mí no me importa porque no siento nada por ella, así que tú no tienes que inquietarte por lo que ella pueda decir respecto a esto.

-Ya he tenido suficientes problemas con ella y no me apetece empeorar la situación. Sinceramente, prefiero pasar las noches en vela por las pesadillas que arriesgarme a otro malentendido como el último que tuve contigo y con Kyle.

-Ash, no…

-Mark –le cortó con un tono de voz suave pero tajante, -habéis vuelto a hablarme y a tratarme con cierta normalidad, como hacíais antes, y no te puedes ni imaginar lo feliz que estoy por eso… No pienso arriesgarme a perderos de nuevo.

El chico se quedó mudo por unos segundos, pues no sabía que la habían herido tan profundamente. Comprendió por qué sus amigos estaban tan molestos con él y con Kyle.

-No vas a perdernos de nuevo –la abrazó y murmuró en su oído. –Eres más que mi mejor amiga, te quiero mucho y no permitiré que nunca más ningún imbécil te haga daño, ni siquiera yo–suspiró y se separó de ella para mirarla a los ojos. –Pero no creas que vas a deshacerte de mí tan fácilmente. Si puedo con las rabietas de Jimmy, puedo con tu testarudez.

Ashton apretó los labios, pensando bien sus opciones. No conseguiría nada negándose, así que jugaría a su mismo juego.

-¿Y si encuentro a alguien que ocupe tu lugar?

-Le amenazaré y le echaré –respondió con naturalidad.

Mark le sonrió divertido ante su expresión, le dio un casto beso en la frente y se levantó de la cama para irse.

 

 

El domingo, Ashton pudo descansar un poco de los sobresaltos de toda la semana. Estuvo estudiando para los exámenes finales que se acercaban, evitando pensar en la situación con Mark. Realmente debía buscar alguna solución o los problemas volverían a surgir por estúpidos malos entendidos…

Lo cual le recordaba que debía tener una conversación con Kyle. De los dos, él era con quien más facilidad podía tener para terminar de solventar lo que había pasado. Así que, tras recoger su ropa de la zona de la lavandería, decidió no atrasar más aquella charla con su amigo.

Llamó a la puerta de la habitación de Kyle, y él le abrió murmurando una lección que estaba repasando. Llevaba gafas, lo cual la sorprendió un poco pues no lo había visto con ellas hasta el momento, pero le sentaban muy bien.

-¡Hola! –Le dijo con una radiante sonrisa. -¿Qué necesitas?

-Pues… nada importante a decir verdad –empezó a alejarse de la puerta. –Después hablamos…

-No, no… Pasa, ya había terminado de estudiar –insistió el chico.

Ashton dudó unos segundos, pero entró y se sentó en la cama de su amigo, más nerviosa de lo que se había imaginado. Kyle se sentó en la silla de su escritorio para dejarle algo de espacio a su amiga. Intuía a qué había venido y no quería que se sintiera incómoda.

-Tú… y yo… tenemos una conversación pendiente –empezó a decir. –Pero no quiero que sea violenta ni que volvamos a la situación de antes, así que realmente no sé cómo comenzar…

-Tranquila, solo piensa que estás hablando conmigo, con el “Kyle de hace un par de meses”.

Ella se le quedó mirando unos segundos antes de hablar.

-¿Qué os pasó conmigo? –Le costó formular aquella pregunta. -¿Por qué… empezasteis a odiarme?

-La respuesta es simple: porque somos idiotas –él decidió hablarle con total sinceridad, no le ocultaría nada. –Nos pusimos paranoicos tras el episodio de la fiesta en la casa de la Hermandad, lo mal que te pusiste aquella noche y cómo tuvimos que ayudarte… Pensamos que tú te comportarías como lo había hecho Daisy el año pasado, jugando con los dos a la vez y… No queríamos que los demás pasasen por lo mismo o algo peor de nuevo, puesto que tú también eres miembro de la fraternidad y eso complicaría las cosas –suspiró con cansancio al recordar la conversación con Mark. –Fallamos en compararte con Daisy y créeme que estamos muy arrepentidos por ello.

Ashton fijó la mirada en sus manos.

-¿Os doy… asco?

Por un momento, por una milésima de segundo, Kyle quiso herirse a sí mismo. No quería imaginar lo que había pasado por la cabeza de su amiga para hacerle esa pregunta, pero estaba claro que ellos habían sido los culpables.

-No, Ash. Nunca nos darías asco. Actuamos así por inseguridad –dejándose llevar por un impulso, se acercó a ella para que le mirase. –Te puedo asegurar que no comprendí lo tremendamente estúpidos y cabrones que habíamos sido contigo… hasta que te vi en aquellas imágenes –tragó duro antes de continuar. – Aun a riesgo de arrepentirme en el futuro por estas palabras, hablo también en nombre de Mark cuando te digo que… No fue hasta ese momento cuando nos dimos realmente cuenta de lo cerca que estuvimos de perderte para siempre, y ese terror es la peor sensación que hemos sentido nunca.

Ashton le abrazó, emocionada y sintiéndose mejor, y su amigo le devolvió el abrazo. Los dos se habían quitado una pesada losa de sus hombros, y aunque sabían que tardaría un poco que todo volviese a la normalidad, al menos habían dado un gran paso.

 

 

Se le había ocurrido una idea. No era la mejor, pero al menos tenía que intentarlo. Sabía que Mark iría a su habitación cuando casi todos los miembros estuviesen en sus respectivos cuartos, así que realizó sus rutinas habituales en el baño un poco antes y se dispuso a esperarle, con una sonrisa confiada plasmada en su cara. Era una de las lecciones que John le había enseñado años atrás: aunque tengas las de perder y tu plan no sea el mejor, muéstrale a tu contrincante que sí lo es y podrás ganarle en su terreno.

Casi a las once de la noche, unos suaves golpes en la puerta retumbaron en la silenciosa habitación y ella cogió su nueva almohada antes de abrir.

-¿Qué es eso? –Preguntó Mark incrédulo al ver la almohada con una camiseta puesta por encima.

-Te presento a Jason, aunque creo que ya le conoces –respondió Ashton intentando aguantar la risa. –Será mi compañero de cama esta noche.

-Ash, deja de vacilarme…

-No te estoy vacilando –dijo con una sonrisa exagerada. –Dijiste que si encontraba a alguien que ocupase tu lugar, le amenazarías y le echarías. Bien, te reto a que le atemorices hasta el punto de que quiera marcharse de mi habitación para no volver.

Mark no daba crédito a lo que escuchaba.

-¿En serio? ¿Prefieres dormir con un almohadón con la camiseta de Jason antes que conmigo?

-Sí –asintió con rotundidad. -Sé que no es lo que estás acostumbrado a escuchar, pero sí –dijo con un poco de sorna. -Quiero probar de esta manera esta noche, y si funciona, te librarás de ser mi “niñera nocturna” y yo me quedaré más tranquila al saber que tu novia no intentará asesinarme como en una película de Hitchcock.

-Ya te dije que no tienes que preocuparte por Daisy…

-Aun con infidelidades y todo, sigue siendo tu novia, Mark. Y no está bien que duermas con otra chica que no sea ella. Así que, buenas noches.

Él sabía que no era la mejor solución, y dudaba que fuese a funcionar, pero no podía negar que su amiga tenía parte de razón. Suspiró, sintiéndose derrotado.

-Buenas noches, Ash. Si cambias de idea, llámame y vendré de inmediato.

-Gracias –le dijo sonriendo.

Notas:

Capítulo corto porque creo que mañana podré subir el siguiente :)

Capítulo 36 por Kala1411

Capítulo 36

 

 

 

Los días siguientes fueron un poco caóticos para todos los miembros de la fraternidad. La cercanía de los exámenes cuatrimestrales los tenía estresados, agobiados y amargados. Apenas podían visitar el gimnasio, despejarse más de diez minutos o salir con chicas, pues todo su tiempo lo invertían en los libros.

Ashton no llevaba tan mal la tensión como algunos de sus amigos, e intentaba ayudarles en lo que podía, por ejemplo, encargando las cenas para todos… Aunque el nivel de desconexión con la realidad era tal en toda la mansión, que podría haberles dicho que habían comido un banquete de los más suculentos manjares traídos de Oriente y ellos se lo hubiesen creído sin rechistar. Le sorprendió ver a algunos de sus amigos tan ensimismados murmurando lecciones, que ni se daban cuenta de cuando iban a chocarse contra los objetos mientras andaban con la mirada perdida. Era como ver zombis recitando la tabla periódica, explicando las principales causas de la I Guerra Mundial o hablando acerca de las obras de Shakespeare.

Ella tuvo que ir un par de veces a que le curasen las heridas durante esos días, la primera vez Jason se encargó de ello, pero la segunda fue una chica de la Hermandad Delta quien la atendió. Cuando se vieron, Ashton creyó que le diría algún comentario hiriente, como era lo habitual, pero la joven simplemente procedió con profesionalidad.

-Fue increíble… lo que hiciste… -murmuró la chica cuando terminó las curas.

Ashton se quedó un poco desorientada, pues apenas había recordado el atentado en esos días, pero en seguida reaccionó con cierta cautela.

-No fue nada. Solo hice lo que me han enseñado a hacer toda mi vida… -dejándose llevar por un impulso momentáneo, siguió hablándole amablemente. –Bueno y… Amber –leyó en la plaquita el nombre de la chica, -¿cómo llevas los exámenes?

La joven se sorprendió un poco al escuchar el tono distendido y la pregunta inocente. Ashton supuso que sería porque no se esperaba una reacción así después de todo lo que habían hecho contra ella en los meses anteriores, pero si pretendía dejar atrás todas las situaciones pasadas y dolorosas, eso debía incluir a las chicas de la hermandad, al menos a las que quisieran hablar con ella podía darles una oportunidad.

-Algunas asignaturas son bastante duras, pero en general los llevo bien –le respondió Amber con una tímida sonrisa. –Tus heridas… están sanando bien. Seguramente en un par de semanas más la piel se habrá regenerado por completo, aunque te quedarán cicatrices.

-Lo sé, pero no es algo que me preocupe –contestó ella encogiéndose de hombros.

-¿Sabes? Hay algunas cremas que funcionan bastante bien para acelerar la cicatrización y minimizar las marcas en la piel –la chica sacó un pequeño bloc de notas de su bolsillo y empezó a escribir. –A mí me funcionaron con mi problema de acné.

-Gracias –dijo Ashton con una gran sonrisa tomando el trozo de papel.

Amber le devolvió la sonrisa, pero su expresión era un tanto tensa. Se imaginaba el motivo de esa extraña mueca: no sabía cómo las demás chicas de la hermandad, especialmente Daisy, se tomarían que ella interactuase con “el enemigo”. Decidió darle una salida fácil, pues le había caído bien.

-Nadie tiene que enterarse de esto –comenzó a decir amablemente. –Puede ser nuestro secreto, si quieres. Seguiremos fingiendo que no nos caemos bien cuando salgamos por esa puerta.

Amber se quedó petrificada por un instante, comprendiendo lo que Ashton había visto en su expresión. Le había leído la mente y, aunque sabía que era una actitud rara que nadie más manifestaría, asintió inmensamente agradecida por la sencilla solución que le había propuesto.

Sin embargo, cuando Ashton se fue, algo en el fuero interno de Amber hizo que comenzara a dudar sobre las acciones que su Presidenta llevaba a cabo contra la chica.

 

 

Finalmente, tras muchos quebraderos de cabeza, cafés para conservar la concentración, bebidas energéticas para eludir el sueño y súplicas desesperadas a diferentes deidades, el periodo de exámenes llegó a su fin.

El júbilo inundó la mansión cuando, durante la segunda semana de febrero, los chicos recibían las ansiadas notas. Querían celebrarlo por todo lo alto y aprovecharían el Carnaval para ello, pues tras muchos esfuerzos y sacrificios, tenían sus recompensas. La sobrexcitación se había contagiado por todo el campus, pero Ashton tenía un motivo personal por el que su alegría estaba a la par de la de sus compañeros: sus heridas se habían curado y podía volver a sus rutinas diarias. Estaba deseosa de ir al Esparta y recuperar sus acostumbradas sesiones de entrenamiento.

Sus pesadillas habían mitigado un poco, pero no del todo. La idea de la almohada con las camisetas de sus amigos había resultado una buena solución, pero no era infalible y no todas las noches descansaba lo que debería. Sin embargo, confiaba que el entrenamiento físico le ayudase a conciliar mejor el sueño.  

Dimitri la recibió con los brazos abiertos, literalmente. Era extraño ver a un hombre tan grande y rudo estar tan emocionado por verla de vuelta. Adaptó las rutinas de entrenamiento para que sus músculos no se dañasen tras un mes sin ejercitarlos, y estuvo muy pendiente de su chica predilecta.

Al salir del gimnasio, sus amigos le hablaron acerca de la enorme fiesta que tendría lugar en el campus durante la noche siguiente, pero ella no estaba muy segura de querer ir. Su fama empezaba a molestarla y prefería pasar desapercibida hasta que la gente dejara de tratarla como si fuese alguien importante. No se sentía como ella misma y sabía que se sentiría incómoda en cualquier lugar con demasiadas personas.

Los chicos no la entenderían si les explicaba eso, pues estaban tan ansiosos de diversión que les recordaba a cachorros juguetones deseosos de atención. Sin embargo, hubo alguien que sí se percató de su reticencia.

 

 

Esa tarde, aprovechando que la mayoría de los miembros de la fraternidad estaban fuera comprando disfraces, Kyle se acercó a la habitación de Ashton un tanto nervioso. La relación de la chica con él y con Mark había vuelto a ser la misma que antes del incidente, pero intuía que estaban en un punto un tanto decisivo.

Quería a Ashton, le había costado admitírselo a sí mismo pero así era, y no quería dejar pasar un día más para saber si podía conseguir que ella le viese como algo más que solo su amigo. No era como las otras chicas que conocía, quizá por eso la inquietud le carcomía. Tragó duro y llamó a la puerta. Ella le abrió mientras hablaba por teléfono y le invitó a pasar con un gesto.

-La profesora Smith me ha aconsejado que continúe con las asignaturas de Álgebra y Estadística el próximo año, pero no quiero precipitarme. Aún no sé qué carrera quiero estudiar y no quiero obsesionarme con una materia en concreto.

-Es una buena idea, nena –le contestó Paul desde el otro lado del teléfono. –Puedes hacer una lista con las carreras que creas que te pueden gustar e ir seleccionando las que creas mejores para ti.

-Eso haré –le contestó con cariño. –Te dejo para que sigas con tu entrenamiento. Hablamos mañana.

-Hasta mañana, pequeña.

Ashton colgó y se giró hacia su amigo.

-¿Qué tal? ¿Tú tampoco sabes de qué te disfrazaras para la fiesta de Carnaval de mañana?

Kyle se rio, contentándose por el trato distendido que su amiga había vuelto a tener con él. Se sentía cómodo a su lado, era fácil tratar con ella.

-En realidad, tenía pensado uno, pero creo que este año pasaré de ir a la fiesta.

-¿Por qué? –Inquirió Ashton. –Has estudiado mucho y te mereces una noche de diversión.

Él respiró profundo antes de contestar.

-He notado que tú tampoco estás especialmente ilusionada con la idea de ir a esa fiesta…

Ella le miró con los ojos muy abiertos, sorprendida.

-¡Oh! ¿Te has dado cuenta?

-Sí… Y quería proponerte un plan más tranquilo.

-¿En serio? –De repente, la alegría llenó la cara de la chica. -¿Qué habías pensado?

-Quizás te parezca aburrido, pero hay un viejo cine en la ciudad que pone durante esta semana algunas películas en blanco y negro. Con la celebración del Carnaval, apenas irá gente en las sesiones nocturnas, ¿qué me dices?

-Cuenta conmigo. ¿Quién más vendrá?

Kyle le devolvió la sonrisa mientras se levantaba.

-Solo seremos tú y yo, Ash.

-¡Oh! Pues bien –dijo ella de forma inocente.

El chico salió de la habitación más satisfecho de lo que había creído que podía estar. A ella, sin embargo, le costó un rato comprender lo que realmente le había pedido su amigo.

 

 

Estuvo alrededor de una hora intentando convencerse a sí misma de que era una paranoia suya, pero algo le decía que no. Ella no tenía experiencia con ese tipo de situaciones, pero conocía a alguien que sí la tenía y no se lo pensó dos veces antes de acudir en su ayuda. Fue directa a la habitación donde sabía que seguramente la encontraría, y por los sonidos ahogados de besos apasionados y risitas coquetas, supo que estaba allí. Llamó a la puerta y segundos después, Adam la abrió con una mueca de preocupación. Suspiró de alivio al ver a su amiga allí y no a Jason.

-Joder, Ash, me has dado un susto de muerte… -acusó.

-¿Puedo robarte a Jess unos minutos?

-¿Qué? Hace semanas que no tengo un rato a solas con ella y…

-Por favor, Adam… -suplicó.

-¿No puede esperar? –Inquirió molesto.

-Vamos, Adam… -dijo en tono conciliador Jess apareciendo por detrás del chico. -¿Qué te pasa? –Le preguntó a Ashton.

La joven abrió la boca para empezar a hablar, pero miró de reojo a Adam y decidió que prefería que él no se enterase o se correría la voz por la mansión. Cogió la mano de Jess y la arrastró fuera de la habitación de Adam, casi corriendo hacia la suya. Escuchó el bufido de fastidio de su amigo y, mentalmente, se prometió que le compensaría de alguna manera.

Entraron en su cuarto, y Jess no aguantó más.

-Ash, ¿qué te ocurre?

La chica respiró hondo antes de hablar, como si fuese algo demasiado trascendental como para resumirlo en una sola frase.

-Solo… prométeme que no vas a decirle a nadie lo que hablemos aquí y que no vas a preguntarme más de lo que estoy dispuesta a contarte, ¿de acuerdo?

-Vale –Jess se encogió de hombros, un tanto preocupada por las palabras de su amiga.

-Creo que… tengo una cita…

 

 

Adam entró en la cocina y encontró a varios de sus amigos hablando sobre la fiesta, entre ellos a Jason. El chico levantó la mirada con el ceño fruncido para mirarle.

-¿Dónde está Jess?

El joven sabía que debía ser paciente con la actitud de su amigo, al fin y al cabo se trataba de su hermana.

-Está con Ashton –respondió con naturalidad.

-Hueles al perfume que le regalé por Navidad. No me mientas, Adam –Jason empezaba a ponerse tenso y los demás se prepararon por si tenían que intervenir.

Un agudo chillido femenino de euforia descontrolada procedente del piso superior hizo que todos se sobresaltasen. Jason reconoció a su hermana en aquel sonido, siguió mirando con cara de pocos amigos a Adam, pero al menos se tranquilizó un poco.

 

 

-¡¿Quién es?! ¡¿Quién es?! –Gritó emocionada Jessica. -¡Tienes que decírmelo!

-¡No! No puedo decírtelo. No sé si es realmente una cita o si iremos solo como amigos… -Ashton empezó a andar con nerviosismo por su habitación. -No lo sé y necesitaba que tú me dijeras si estoy en lo cierto o si solo es una tontería…

-Pero, ¿qué te dijo exactamente?

-Que saldríamos solos, él y yo... Nadie más… -se giró hacia su amiga. –Pero podría ser que nadie más puede venir porque todo el mundo prefiere ir a esa fiesta y…

Dejó de hablar cuando vio a su amiga negar con la cabeza mientras mantenía una gran sonrisa en su cara, con una expresión muy parecida a la del Joker.

-Jess, no puede ser… Es decir, si esto fuese realmente una cita, eso significaría que yo le gusto o que… siente algo por mí, y eso es algo inverosímil… Estamos hablando de…

Se calló justo a tiempo, casi revelaba la identidad del chico y los ansiosos oídos de Jessica estaban al acecho.

-¿De quién estamos hablando, Ash? –Preguntó con voz inocente.

-No voy a decírtelo –dijo cruzándose de brazos.

-Está bien –la joven imitó la postura de su amiga. –Tengo mis propios métodos para saberlo.

-He sido entrenada por los mejores, Jess. Puedo soportar la tortura durante horas –declaró desafiante Ashton.

-No lo dudo, pero dime… –se acercó al armario, lo abrió y empezó a inspeccionar la ropa con ojo crítico. -¿Has pensado ya qué te pondrás para… la primera cita de tu vida? –Puso un dramático énfasis en las últimas palabras.

-Pensaré en algo sencillo…

-Si quieres que él se lleve una buena impresión, no bastará con “algo sencillo” y lo sabes –se giró hacia Ashton con los ojos muy abiertos, casi como una lunática. –En el fondo de tu corazón quieres que tu primera cita sea genial e inolvidable…

Empezó a acercarse lentamente y ella, instintivamente, daba pasos hacia atrás, hasta que se sentó en su cama en un intento desesperado de alejarse de la cada vez más inquietante expresión de su amiga. Jessica la estaba atemorizando.

-Quieres que al chico se le caiga la baba cuando te vea y quede tan impresionado contigo que apenas sepa articular una palabra… -la joven puso sus manos en los hombros de Ashton para enfatizar su propósito. -¿Y sabes cuál es la mejor forma de conseguir eso?

-¿Cuál? –Musitó ella con un hilo de voz.

-Comprando. Ropa. Nueva –la sádica sonrisa de Jessica amedrentaría a soldados más experimentados que ella.

-Mierda… -dijo con pánico.

 

Capítulo 37 por Kala1411

Capítulo 37

 

 

Tras la sesión de compras exprés con Jessica, Ashton tenía dos cosas claras. La primera era que les comentaría a sus padres que debían incluir en el entrenamiento de los soldados la visita a centros comerciales para comprar ropa con chicas demasiado entusiastas con las primeras citas de sus amigas. La segunda, que debía hablar con Kyle si no quería que ninguno de sus allegados conociesen su situación y evitar problemas dentro de la fraternidad.

A pesar de las insistencias de su amiga, ella no le reveló la identidad del chico misterioso, pero se imaginaba que sus amigos podrían ser igual de atosigantes si se enteraban de que Ashton tendría esa noche su primera cita. Decidió buscar un momento de privacidad para hablar con Kyle, pero resultó casi imposible, así que se arriesgó a hacer algo que podría resultar vergonzoso.

Acechó la puerta del baño como si fuese una ladrona, y cuando visualizó a Kyle llegando por el pasillo para entrar en la estancia, se apresuró a ir detrás de él.

-¿Qué…? –El chico la miró extrañado por su comportamiento.

Ella le puso un dedo sobre los labios para indicarle que hablase bajo.

-Necesitaba hablar contigo, pero no encontraba un momento –susurró ella. –Creo que no será la mejor idea que los demás descubran que esta noche vamos a salir… tú y yo… solos…

A Kyle le hizo gracia el sonrojo que surgió de las mejillas de su amiga mientras decía esas palabras.

-Sí, yo también creo que lo mejor será ser disimulados por ahora –dijo en el mismo volumen.

-Así que, he pensado que podrías ir a la fiesta de disfraces y, tras un rato, escabullirte y encontrarnos aquí de nuevo. De esa forma, nadie sospecharía. ¿Qué piensas?

-Es una buena idea.

-¡Genial!

Guardaron silencio unos segundos, escuchando como algunos de sus amigos se aproximaban por el pasillo. Se miraron con cierto temor, el chico apretó los labios, en tensión y con una expresión seria al oír las voces cada vez más cerca, y Ashton pensó rápidamente que debía hacer algo para salir de allí antes de que los descubriesen juntos y pensasen algo sospechoso.

-Kyle –le abrazó, sin poder mirarle a la cara, -perdóname por lo que voy a hacer.

Al joven apenas le dio tiempo de preguntar, en un instante su amiga empezó a gritarle, abrió la puerta y le echó del baño, dando un portazo mientras seguía vociferando.

-¡¡PERVERTIDO!! ¡Jamás pensé que tenías una mente tan sucia, Kyle Davis!

Él quedó petrificado, mirando la puerta cerrada. Apenas notó a sus amigos hasta que Victor habló.

-¿Qué te ha pasado con Ash?

El chico les miró con el rostro cada vez más caldeado al ver sus expresiones de sospecha. Ni siquiera le dio tiempo de decir una palabra, cuando Ashton intervino desde el lado opuesto de la puerta.

-¡Ha intentado verme desnuda!

Apenas podía creer lo que había dicho. Intentó negarlo, pero Matt le dio el primer tortazo en la parte trasera del cuello, y después del suyo, los demás le siguieron sin indulgencia. Casi podía visualizar como Ashton, detrás de la puerta, trataba en vano de disimular las carcajadas.

 

 

A pesar de las negativas de Ashton para ir a la fiesta, sus amigos le tenían preparada una sorpresa que la emocionó y la intrigó a partes iguales. Se sintió tan mal al saber que los decepcionaría si no iba, que prometió asistir finalmente. Con una disimulada mirada, le hizo saber a Kyle que deberían cambiar sus planes, pero él parecía más divertido que preocupado. Un rato después, cuando abrió el regalo, supo qué era lo que su amigo sabía y ella no.

En la gran caja había un disfraz, pero no un disfraz cualquiera, previsible de las mentes viciosas de sus amigos, de enfermera buscona, policía sexy o colegiala traviesa…

Era un disfraz de Lara Croft.

Suspiró, intentando no reírse por la alegría que la embargaba saber que ya podía tomar eso como una señal de que todo estaba como ella quería que estuviera. Prefería no pensar en las fantasías que habrían tenido los chicos con ese personaje de ficción, pero se contentaba con pensar que ellos volvían a tratarla como al principio de su estancia en aquella mansión.

 

 

Los chicos de la fraternidad derrochaban entusiasmo cuando se acercaban a la fiesta de Carnaval. Se celebraba en una gran casa fuera del campus pero solo a cinco minutos desde la entrada de la parte sur, y quienes la habían organizado no habían escatimado en detalles. Máscaras venecianas, collares de flores, música, pistolas de juguete con bebidas, globos… Y muchísima gente.

Ashton tragó duro cuando empezó a sentir las primeras miradas de reconocimiento, y agachó la cabeza para disimular su presencia. Había personas con disfraces mucho más ridículos y llamativos que el de ella, y albergaba la pequeña esperanza de que la mayoría de los ojos se fijasen en ellos. Pero tras un corto rato en el lugar, se dio cuenta de que no sería así.

Sus amigos habían empezado a beber, bailar y disfrutar como tanto habían ansiado para terminar de desprenderse de lo que les quedaba de estrés. Ella se decía mentalmente que solo debía esperar un poco más, hasta que se hubiesen ido con alguna chica o estuviesen lo suficientemente borrachos, entonces aprovecharía la ocasión y se marcharía como una sombra. Sin embargo, en aquella ocasión, los chicos parecían querer disfrutar más con su amiga y se estaban tomando con calma el asunto de las bebidas alcohólicas.

Intentó relajarse con las conversaciones de sus amigos, las risas, los chistes verdes acerca de su disfraz… Se lo estaba pasando mejor de lo que ella misma se había esperado, pero para cuando los chicos empezaron a desinhibirse, era casi las dos de la madrugada.

Ashton había mantenido el contacto visual con Kyle durante toda la noche de una forma disimulada, esperando cualquier señal o gesto que le indicase que era un buen momento para irse de la fiesta, pero el joven prefirió ser paciente y que ella se divirtiese con los demás. Cuando vio que la mayoría de los chicos se habían alejado de donde estaban, le cogió la mano, dejó la copa en un lugar cualquiera y salió de aquel sitio.

Ella no se había dado cuenta que había estado aguantando la respiración hasta que no estuvieron a varios cientos de metros de la fiesta. No se lo diría a sus amigos, pero había llegado un momento en el que se había sentido vigilada y un tanto acorralada por las personas que no disimulaban sus deseos de acercarse a ella, pero tampoco se atrevían a enfadar a los chicos de la Fraternidad Alpha Omega.

-No sé cómo agradecerte que me sacarás de ahí –le comentó a Kyle.

-Me conformo con que no me tires a los leones diciendo que soy un pervertido…

Ashton empezó a reírse, y le contagió. “Es un buen comienzo”, pensó él.

-Supongo que es muy tarde para esa sesión nocturna de cine… -dijo la chica. -¿Qué hacemos?

-Pues… ¿qué te parecería pasear por el centro de la ciudad?

-Me encantaría.

 

 

Ashton creyó que le costaría relajarse, pero no fue así. El joven se comportaba con total naturalidad con ella, como si realmente aquello no fuese una cita. Hablaron de temas profundos y tuvieron conversaciones triviales mientras comían perritos calientes por las calles centrales de la ciudad. Se mezclaron con decenas de personas disfrazadas y anónimas, el tiempo parecía haberse parado entre las coloridas decoraciones de los comercios que se mantenían abiertos a esas horas.  

Llegaron, sin pretenderlo, a una casa de los espejos improvisada por un grupo de artistas callejeros. La joven nunca había entrado en una y Kyle compró las entradas sin disimular la risa por la ilusión infantil que llenaba los ojos de Ashton.

Los pasillos no estaban muy iluminados, pero a ella le encantó lo que sus ojos veían, las formas irreales y a la vez tan cercanas que sus cuerpos componían con solo un paso la sobrecogían y la entusiasmaban. Solo el chico se había dado cuenta de que su amiga no le había soltado la mano desde que habían entrado en aquel lugar, y la alegría de sentirla con ese simple gesto lo mantuvo ensimismado durante un rato.

El ruido de unos alborotadores chicos acercándose los puso en alerta. Parecía que corrían por aquellos pasillos, y por sus ruidosas risas dedujeron que se encontraban muy cerca. Kyle tiró de ella justo a tiempo para evitar que la estampida de adolescentes ebrios los tirase al suelo. La oscuridad y la poca iluminación les ayudaron a pasar desapercibidos hasta que los chicos giraron la esquina, pero no movieron ni un músculo hasta que sus pisadas y sus voces no se percibieron más lejos.

Fue entonces cuando Ashton se percató de la proximidad de Kyle. Su amigo la abrazaba contra un rincón, y ella se había agarrado a su torso empujándolo contra sí misma para evitar que alguno de los adolescentes le hiciera daño en su carrera.

Su colonia era embriagadora y suave, quería seguir oliéndola un poco más aunque apenas quedaba rastro de ella a esas alturas de la noche. Sonrió al recordar aquella ocasión en la que utilizó una de sus camisetas para dormir, y Kyle lo notó. Algo en su cabeza gritaba que, si no se movía ni un ápice, podían quedarse así para siempre… Y aunque fuese una idea surrealista, él creyó durante un instante que podría ser así.

-Me gusta tu olor –murmuró Ashton contra su pecho. -¿Es la misma colonia de siempre?

-No, esta solo la utilizo para ocasiones especiales, como fiestas o…

La chica se apartó un poco de él, sabiendo como terminaba la frase sin necesidad de que se dijesen las palabras. Y, en una parte de su corazón, casi pudo sentir como una pequeña chispa había saltado. Se mordió los labios, casi con temor a decir algo inapropiado a continuación.

-Tus camisetas normalmente huelen como a madera y jengibre… -se dio cuenta de lo raro que había sonado y la vergüenza llenó su cara. –E-Es decir, no es que esté olfateando tu ropa como si fuera una perra de la aduana… ¡O sea…!

Kyle empezó a reírse y puso su brazo por los hombros de la chica para encaminarse hacia la salida. Ashton respiró de nuevo cuando vio que su amigo no se tomó a mal su comentario, por ello, una vez que estuvieron fuera de la casa de los espejos y ella se sintió más relajada, le explicó.

-Cuando utilicé una de tus camisetas como pijama, me gustó mucho como olía.

-Pues tienes completa libertad de coger todas las camisetas que quieras de mi cajón y dormir con ellas si te apetece –le dijo el joven sin poder quitar la gran sonrisa de su expresión.

-¡Gracias! –Ella se rio levemente. –Oye, hablando de aquella noche… Todavía no puedo entender cómo pudiste confundirme con Adam.

-Tranquila, no volverá a pasarme. Desde aquella noche se cómo se siente tu… -se calló en ese momento.

-¿Mi…? –Insistió Ashton divertida.

-Tu culo –suspiró el chico con voz soñadora, ganándose las carcajadas de su amiga. – ¿Tú… me notaste durante la noche?

-Sí, era difícil no hacerlo –más carcajadas.

-No sabes lo que esas palabras le hacen a mi ego masculino –dijo él con sorna.

Se dirigieron hacia la mansión de la fraternidad, con pasos lentos y acompañados de bromas y risas que sintieron como reveladoras en alguna parte de ellos. Ashton sentía una complicidad y una confianza que nunca había sentido con nadie antes, y decidió espontáneamente coger su mano durante el camino de regreso. No fue raro ni incómodo, sino al contrario, lo sintió como algo normal.

 

 

Con sigilo, pues no sabían quiénes habían vuelto de la fiesta a esas horas, subieron las escaleras y Kyle la acompañó a la puerta de su habitación como un caballero.

-Lo he pasado genial –susurró ella en la penumbra de la casa.

-Me alegro –dijo él en el mismo tono.

Se miraron unos segundos en silencio.

-¿Podemos repetirlo?

-¿Te gustaría repetirlo?

Ambos hicieron la pregunta al mismo tiempo, y ella tuvo que taparse la boca con una mano para evitar reírse muy alto y despertar a quien estuviese durmiendo.

-Conozco una cafetería-librería muy pintoresca en la parte norte de la ciudad, puedo llevarte mañana si te apetece –sugirió él.

-Eso estaría genial –sabía que tenía una sonrisa boba, pero la de Kyle no era distinta.

Notas:

Creo que no podré actualizar en un par de días (quizás tres), por eso este ha sido un capítulo largo. 

Sé que habrá personas que estén muy intrigadas, no me odiéis si tardo un poco más en subir el siguiente.

¡Saludos!

Capítulo 38 por Kala1411
Notas de autor:

Capítulo muy largo y con muchas escenas y situaciones, pero no esperaré más de dos días para actualizar el siguiente.

¡Saludos!

Capítulo 38

 

 

Los días siguientes estuvieron llenos de emociones para Ashton. Quedó con Kyle varias veces y cada rato que pasaban juntos se conocían mejor, de una forma más profunda y privada. Había momentos en los que ni siquiera necesitaban estar hablando, solo estar el uno al lado del otro hacía que los sentimientos se hicieran más claros.

Eran muy cautelosos, pues ambos coincidían que lo mejor era evitar que sus amigos supieran de aquella situación por el momento. Jessica había mantenido su boca cerrada como le había prometido a Ashton, pero insistía en saber la identidad del misterioso chico. Ella solo le decía a su amiga que lo conocería a su debido momento, pues aun no tenía claro si le gustaba o no…

Mentira.

Había empezado a ver a Kyle con otros ojos y no se había engañado a sí misma ni un solo segundo, no necesitaba hacerlo. Sin embargo, no quería confiarse. Habían hablado de muchas cosas, buenas y malas, pero Ashton todavía quería indagar acerca de algo que seguía carcomiendo al chico, y se decantó por preguntarle directamente mientras estaban en una conocida cafetería francesa con reservados muy coquetos.

-Kyle… -sus ojos estaban en el fondo de su taza, pues tenía miedo de cómo reaccionaría el joven.

-Mm…

-¿Po-Podrías contarme lo que pasó… entre Mark y tú el año pasado?

Él se tensó y miró por la ventana antes de contestar.

-Supongo que sabes la parte general: Daisy salía con los dos a la vez y nuestra amistad se fue a la mierda, perjudicando a la fraternidad de paso –ella asintió, esta vez observándole cuidadosamente. –Todo comenzó el verano antes de iniciar el curso, yo conocí a Daisy durante las Jornadas de Puertas Abiertas de la Universidad y empezamos a hablar. Nuestra relación surgió rápidamente, pero ella insistía en que quería llevarlo en secreto durante un tiempo y yo respeté su deseo, no lo cuestioné –bebió un poco de su café, rememorando. –Cuando realizamos las pruebas para entrar en la fraternidad, Mark y yo conseguimos los mejores resultados, nos jugábamos el puesto de Presidente siendo solo de primer año… Pero te puedo jurar que a mí nunca me interesó… Yo solo quería disfrutar de la carrera, salir con mi chica y conocer gente nueva e interesante...

Se quedó pensativo durante un rato, con la mirada perdida, y Ashton creyó que sería lo mejor que dejase el tema si tanto dolor le causaba revivirlo.

-Puedes dejar de contarme. No tienes porqué…

-No, quiero explicártelo –dijo él calmadamente.

-Kyle, prefiero que pasemos un buen rato –colocó su mano sobre la de él y le dio un pequeño apretón. -No quiero que mi pregunta te amargue ni te entristezca para el resto de nuestra cita.

El chico la miró y le sonrió ampliamente.

-Es la primera vez que usas esa palabra.

Ella se percató de eso tarde y supo que sus mejillas se habían sonrojado un poco. Aun así, era un pequeño precio a pagar por ver de nuevo la alegría en los ojos del chico, pues dicha emoción había desaparecido mientras le contaba acerca de lo acaecido el año anterior.

Creyó que ahí se zanjaría esa conversación, pero al parecer él quería seguir relatándole lo que ocurrió. No obstante, parecía que el peso del pasado se había aliviado un poco cuando continuó su narración.

-Como te iba diciendo, no me interesaba ser Presidente de la fraternidad, así que le dejé el puesto directamente a Mark. Pero a Daisy no le gustó eso y tuvimos una discusión horrible –suspiró y bebió un poco más. –Ella había logrado ser Presidenta de la Hermandad Delta y esperaba lo mismo de mí, pero al negarme a luchar por esa posición, consideró que no era lo suficientemente bueno para ella… Pero tampoco lo suficientemente malo como para dejarme... –Ashton le miró de forma interrogativa. –Consideraba que era bastante habilidoso en la cama y muy pocos habían logrado satisfacerla como yo lo hacía… -expuso con cierta amargura y vergüenza.

-Un dato interesante –comentó ella con un poco de sorna, en un intento de hacerle sonreír. –Lo tendré presente en el futuro.

Y allí estaba, la sonrisa del millón de dólares.

-Resumiendo: empezó una relación “en secreto” también con Mark porque era el Presidente. A los pocos meses nos dimos cuenta los dos y, en lugar de hablar, peleamos y nuestra amistad de años se fue a la mierda.

-No sabía que erais tan amigos antes de lo de Daisy –comentó ella un tanto sorprendida.

-Éramos casi como hermanos… O eso creímos… -dijo encogiéndose de hombros para quitarle importancia.

 

 

Iba a celebrarse el cumpleaños de uno de los jugadores de béisbol más populares del campus y todo el mundo estaba invitado. Tras la asistencia de Ashton a la fiesta de Carnaval, parecía que se había abierto la veda y ahora podían insistirle para que fuera a todas las celebraciones. Ella accedió con suma facilidad, puesto que haría exactamente lo mismo que en la ocasión anterior: esperaría que todos tuviesen una tasa de alcohol en sangre considerable y se escabulliría con Kyle.

-¿Cuándo beberás una copa con nosotros? –Preguntó Victor la noche antes de la fiesta. –Ya tienes 18 y no puedes volver a utilizar la excusa de la edad.

-No tengo prisa por probar el alcohol –contestó ella.

-Vaya pregunta le haces… -le dijo serio Jason a su amigo. –Deberías plantearle cuestiones más importantes, por ejemplo: ¿cuándo dejarás de ser la chica que vive rodeada de tíos pero aún no ha tenido sexo?

Abrió la boca, sin aguantar la risa, para contestarle lo que una vez ya le respondió a una cuestión parecida, pero el chico levantó las manos y la detuvo como si le hubiese leído la mente.

-¡Y no me vale que me digas lo de la masturbación! Me refiero a sexo real, con una persona… Preferiblemente con un chico alto, moreno, de preciosos ojos verdosos y con una personalidad arrolladora –exponía mientras se señalaba a sí mismo y movía las cejas de forma sugerente.

Ella siguió riéndose, pues sabía que en el fondo no lo decía en serio.

-Tampoco tengo prisa para eso. Supongo que esperaré a la persona que me dé más confianza… Y por supuesto que no tenga mi foto semidesnuda en alguna pared de su habitación… -Un bufido generalizado se escuchó por todo el salón. –Además, ¿por qué siempre habláis de mí cuando sacáis el tema del sexo? ¿Por qué no os burláis de otra persona? –Preguntó.

Y una parte de ella se arrepintió un poco de haber dicho eso.

-Tienes razón –concedió Nick. – ¿Quién ha pasado más tiempo sin sexo de todos los presentes?

Se quedaron un momento pensando.

-Kyle –sentenció Matt.

El aludido fingía no escuchar la conversación, aunque sí había estado atento a lo que Ashton había dicho acerca de esperar a “alguien que le diese confianza”. Se había adentrado entre las fascinantes páginas de una revista de fotografía y pretendía pasar desapercibido, pero no lo consiguió.

-¿Desde cuando llevas en “celibato obligatorio”? –Preguntó Jason.

-No creo que eso os importe –dijo un poco indignado.

-Julio, si la memoria no me falla –expuso Adam divertido.

-Joder… Si yo estuviese tanto tiempo sin sexo, creo que tendría una depresión… -susurró Victor con expresión traumatizada.

-Seis meses sin “un polvo”… -Frank le miró compasivo. –Creo que podemos considerar que tu virginidad se ha regenerado…

Los demás asintieron confirmando, con expresiones serias y solemnes, lo que su amigo había concluido. Kyle se fue de la estancia, sintiendo la divertida mirada de Ashton en su nuca.

 

 

Esa noche, la joven se quedó hasta tarde para terminar un proyecto de una de las nuevas asignaturas que tenía. Al parecer, el profesor había calculado mal las fechas de entrega y todos los alumnos estaban agobiados por la cercanía del día en cuestión. Por suerte, no era una hora muy tardía cuando finalizó la tarea y la envió, pero sabía que necesitaría un vaso de leche caliente si quería relajarse lo suficiente para dormir.

Bajó a la cocina y se sorprendió al ver allí a Mark. El chico también tenía un semblante cansado, pero Ashton percibió algo más por su expresión.

-Hola –saludó entrando en la estancia. -¿Te pasa algo?

El chico le sonrió ampliamente cuando la vio, y negó con la cabeza.

-Derecho Penal es más duro de lo que creía este cuatrimestre.

-¿Seguro que solo es eso? Pareces agotado últimamente –ella comenzó a prepararse su vaso de leche. –Sabes que puedes contar conmigo para hablar un poco, si lo necesitas.

-Lo sé, y te lo agradezco, pero estoy bien –el joven se echó hacia atrás en la silla, en una postura más relajada. –Cuéntame tú, ¿qué es de tu vida?

-Pues… nada nuevo –se encogió de hombros.

Mark la observó durante unos minutos antes de preguntarle a bocajarro.

-¿Quién es, Ash?

-¿Qué? –Intentó disimular.

-Tus ojos –señaló. –Tienen un brillo diferente, el mismo que tenían los míos cuando estaba enamorado de Daisy…

La joven se quedó petrificada por un momento, sintiéndose acorralada. No quería mentirle a su amigo, pero tampoco quería contarle toda la verdad sabiendo el pasado que había tenido con Kyle.

-He salido con él algunas veces, y me lo paso bien –murmuró tímidamente. –Me siento cómoda a su lado.

Una ola de celos llenó el corazón del chico, pero calmó sus emociones y mantuvo su expresión congelada para que Ashton no lo notase.

-¿Te gusta? –Casi se atragantó al hacerle la pregunta.

-Sí –respondió ella sin vacilar.

Mark sintió como le costaba respirar por el peso de los sentimientos que tenía.

-¿Quién es el afortunado? –Inquirió con curiosidad.

Algo en él necesitaba saberlo imperiosamente.

-Lo siento, no voy a decirte su identidad –negó sonriéndole. –Jessica también está deseosa de saberlo, pero no saldrá ni una palabra de mis labios.

El chico chasqueó con la lengua, denotando su fastidio con una expresión socarrona en su rostro, aunque por dentro sí que se sentía enfermo.

-Solo avísame si intenta obligarte a algo, me encargaré de ese tío personalmente.

-Gracias, pero creo que no me hará daño. Confío en él.

Esas tres últimas palabras fueron como tres cuchilladas en el pecho de Mark. Por un instante, creyó sentir el mismo dolor que sufrió su amiga durante el ataque en el aeropuerto.

 

 

La noche de la fiesta, Kyle y ella esperaron a que sus amigos estuviesen lo suficientemente borrachos para marcharse disimuladamente. Como en la ocasión anterior, era demasiado tarde para ir a algún cine nocturno de la ciudad, así que no sabían que hacer. La joven le cogió de la mano como un acto reflejo, acostumbrada por los últimos días, y solo vagaron por una de las avenidas principales durante un rato.

-Podríamos ir a una sesión golfa y ver una película X –sugirió Ashton.

-¿En serio quieres ver una porno? –Preguntó divertido.

-¿Por qué no? No tengo mucha experiencia en ese terreno y… No es por ofender, pero se rumorea que tú has perdido la práctica…

Las carcajadas de los dos resonaron por las calles casi desiertas de la ciudad. Tardaron en recuperar el aliento y Kyle se sentía plenamente feliz, como si su corazón hubiese doblado su tamaño original. Era tan fácil imaginar estar siempre así con ella que intentaba evitar ese pensamiento, pues lo consideraba demasiado perfecto para que pudiese darse realmente.

-Te puedo asegurar que no estoy tan oxidado en ese campo como dicen las malas lenguas –acercó su cuerpo al de la chica sin llegar a ser atosigante. –Es solo que me he llevado mucho tiempo sin encontrar a una chica que me gustase lo suficiente para intimar con ella.

-¡Oh, pobre! –Se lamentó Ashton forzando su expresión triste mientras se aproximaba unos centímetros más al chico. -¿Y aún no has encontrado a nadie?

-Sí, he encontrado a una chica. Es muy guapa, simpática… -empezó a bajar sus labios hacia los de ella. –Tiene un gran corazón… es muy divertida… -sentía el aliento de la joven casi en sus labios. –Se llama Carmela y trabaja en las cocinas del campus.

Ashton empezó a reírse como nunca antes lo había hecho, presa de la diversión por la ocurrente broma. Las lágrimas de la risa desbordaron sus ojos, y Kyle estaba en la misma situación. Anduvieron como si estuviesen bajo los efectos de alguna sustancia estimulante, pero en realidad solo estaban disfrutando como nunca antes lo habían hecho.

Y aun así, sus ganas de besarle no se habían ido, sino que se habían multiplicado. Cuando se calmaron un poco, sin necesidad de palabras ni de preámbulos, se dejó llevar. Se abrazó al cuello de un desprevenido Kyle y pegó sus labios a los de él.

El chico puso sus brazos alrededor de la joven, pegando sus cuerpos, y se sumergió de lleno en el mar de sensaciones que le provocaba el beso. No notaban el frío de la madrugada ni la necesidad de respirar, solo querían sentir.

Él jugueteó con ella.

Ella aprendía y le imitaba.

Kyle necesitaba estar más cerca, percibir cada parte de su cuerpo. La apoyó contra algo para intentar fundirse con ella al tiempo que notaba como la chica le acariciaba los músculos de su brazo y mantenía su otra mano tras su cabeza para evitar que él rompiera el beso.

Y de repente, la ruidosa alarma del coche donde estaban apoyados empezó a sonar, arrancándolos de su nube de embelesamiento.

Estuvieron desorientados en los primeros segundos, pero comenzaron a correr de forma instintiva cuando vieron que se encendían las luces de algunas casas. Cogidos de la mano e impulsados por la adrenalina del momento, llegaron hasta casi el campus riéndose como dos niños que acababan de hacer la mejor travesura de sus vidas.

 

 

No llegaron tan entrada la madrugada, pero a diferencia que la vez anterior, percibieron los ronquidos de alguien desde un sofá del salón y extremaron su sigilo. Kyle le había robado algunos besos más hasta que llegaron a la entrada de la mansión, y Ashton sentía que no cabía más alegría en su corazón.

-Espero que haya sido una noche… inolvidable –le susurró el chico delante de la puerta de su habitación.

-Desde luego… y espero repetirla pronto… -sabía que debía sonar como una cursi alelada, pero no podía evitarlo.

-Cuando y cuantas veces desees –Kyle le acarició la mejilla y le dio un casto beso. –Buenas noches, Ashton.

Ella creyó que podía gritar de felicidad en ese momento. Entró en su cuarto y se apoyó contra la puerta, sintiendo como los agitados latidos de su corazón la impulsaban a hacer algo atrevido para demostrarle al chico que ella quería algo más. Intentó calmar su respiración y pensó en algo rápidamente.

Se quitó los zapatos para mitigar el ruido de sus pasos y corrió hasta la habitación de Kyle. Llamó suavemente a la puerta, mordiéndose el labio del nerviosismo y con la cara roja de la vergüenza por lo que iba a pedirle. El chico abrió, solo con sus pantalones de pijama, y su rostro se iluminó cuando la vio.

-Durante la primera cita que tuvimos –comenzó a susurrar mirándole fijamente, -me dijiste que podía coger las camisetas que quisiera de tu cajón y dormir con ellas… Así que vengo por una…

Él se rio por lo bajo y la invitó a pasar para que ella eligiera la que más le gustase. Un minuto después, Ashton olía esa colonia que tanto le gustaba de una camiseta roja.

-Me encantaría verte con ella puesta –murmuró a su lado.

-¿Es eso una invitación para que me quede aquí esta noche? –Preguntó con voz sugerente.

Capítulo 39 por Kala1411
Notas de autor:

Capítulo largo, pero no porque vaya a tardar en actualizar :)

 

Capítulo 39

 

 

Ashton volvió esa noche a su habitación, pero solo porque Kyle le pidió expresamente que no le tentase pues no quería precipitarse. Ella, por su parte, regresó a su cuarto entusiasmada por lo que había ocurrido, sin embargo, tenía la sensación de que quería mucho más que solo unos besos.

A la mañana siguiente, bajó a desayunar haciendo un gran esfuerzo por evitar sonreír demasiado, pues cualquiera que la viese adivinaría de inmediato que algo le pasaba. No era una hora temprana, y la mayoría de los miembros de la fraternidad estaban en la cocina en un largo proceso de despertarse. Los restantes, volvían escalonadamente de pasar la noche con los ligues que habían conseguido en la fiesta.

Ella había terminado su desayuno, y no recordaba que le hubiese costado tanto tragar otra comida en toda su vida. Al parecer, era complicado ingerir la comida cuando el corazón te va tan rápido al ver entrar al chico que te gusta en la estancia. Pero lo había llevado bien, era una gran actriz.

-Oye, Ash… -Jason acababa de entrar en la cocina, -¿de qué conoces a Amber Pattinson?

-Me curó las heridas en una ocasión, fue muy amable conmigo –contestó sonriendo.

-¿Amber Pattinson? ¿La amiga de Daisy? –Inquirió Matt extrañado.

-Sí, pero quedamos en que no se lo diríamos a nadie. No quiero causarle problemas con sus compañeras de la hermandad.

-Sí… eso mismo me dijo… -comentó Jason con cierto pesar.

-¿Has pasado la noche con ella? –Preguntó Victor.

-Pues sí… Resulta que no es tan estúpida cuando está lejos de las demás tías de la hermandad. Lo que me recuerda una cosa… -se cruzó de brazos y miró fijamente a su amiga. -¿Hay algo que quieras compartir con nosotros? ¿Algo relevante que haya pasado en tu vida últimamente, pequeña Ash?

Por un momento, casi pudo escuchar los latidos de su corazón resonando por toda la mansión. Mantuvo su fachada y se obligó a calmarse mentalmente.

-¿Yo? -Jason asintió, esperando su respuesta. –No sé… He cambiado de champú…

-No te hagas la tonta. Amber me ha dicho que te vio salir anoche de la fiesta con un tío.

-¿Qué?

-¿Un tío?

Las voces de sus amigos llenaron la estancia, exigiendo respuestas, y ella ni siquiera se atrevía a mirar a Kyle por miedo a empeorar la situación. Algo en el fondo de su cabeza le decía que, si no le estaban instigando a él también, había una posibilidad de minimizar el problema… Por el momento.

-¿Quién es? –Presionó Jason.

Con esas dos palabras, se tranquilizó un poco más. Decidió enfrentarse a la situación puesto que ya no había otra salida, pero sería extremadamente cauta para no dar más información de la precisa.

-¿Amber no... le vio? –Tanteó.

-No, había demasiada gente y muy poca luz. Te reconoció por casualidad.

-¡Eh! Aquí las preguntas las hacemos nosotros –Victor la miraba muy serio. –Dinos quién es. Ahora, Ash.

Respiró profundamente, calmándose antes de hablar.

-No os lo diré –dijo con una gran sonrisa.

Las protestas fueron ruidosas y atronadoras, pero ella no se inquietó, sino que mantuvo su expresión divertida.

-Al menos, danos alguna pista –intentó negociar Matt.

-Sí, Ash. Dinos cómo es –para su sorpresa, Kyle intervino.

-Es un chico muy inteligente, se le da muy bien la química y va a enseñarme a hacer metanfetaminas en una caravana… -empezó a reírse ante las caras de sus amigos.

 -No tiene gracia –dijo muy serio Nick.

Carraspeó un poco para recuperar su voz.

-Está bien. Es un chico amable, cariñoso, divertido, inteligente… –soltó todos los calificativos de golpe, dándose cuenta de que él era mucho más que eso. –Es increíble. Está siempre pendiente de mí y estoy muy cómoda a su lado…

-¿Te estás enamorando? –Preguntó Matt.

Ella le miró, sabiendo que todos estaban pendientes de su respuesta, en especial Kyle.

-Aún es demasiado pronto para saber si mis sentimientos por ese chico son tan profundos, pero… una parte de mí creo que ya ha caído por él.

-Deberías habérnoslo dicho desde el primer momento –acusó Victor.

-Es un tío genial, en serio –insistió ella.

-Solo avísanos si intenta propasarte contigo –le avisó Kyle.

Varios de sus amigos asintieron, estando de acuerdo con las palabras del chico. Ella suspiró lastimeramente, viendo la mejor oportunidad para burlarse un poco más de él.

-Créeme, Kyle, ojalá se propasase un poco más… -dijo saliendo de la cocina.

-¡Eh! ¡Vuelve aquí, jovencita! –Chilló Jason.

-¡¿Qué has querido decir con eso?! –Le gritó Victor.

 

 

Todos estuvieron muy pendientes de sus pasos durante los siguientes días, pero por suerte para ella, se les pasó rápido la fiebre del “acosador de Ash”, como le habían apodado. Jess tuvo que intervenir un poco para evitar que se inmiscuyesen demasiado en sus cosas para buscar pistas sobre el misterioso chico, y ella se lo agradeció de todo corazón.

El jueves, tras un intenso debate, los miembros de la fraternidad concluyeron que mantendrían vigilada a Ashton durante la siguiente fiesta a la que fuese. Todos daban por hecho que el “Sujeto” (sobrenombre que le había puesto Jason) no se encontraba entre sus filas, al parecer Kyle estaba haciendo una actuación digna de un Óscar. Hubo un par de ocasiones en las que, lejos de estar molesta con todos ellos, la chica tuvo que irse a su habitación para no reírse de ellos en su presencia. Una parte de ella sabía que estaba siendo cruel e injusta, pero prefería pecar de cauta hasta que esa novedosa situación se asentase un poco.  

Ese fin de semana no había ningún evento importante ni relevante, pero casi todos los chicos planearon qué harían durante esos días. Entre visitas a la familia, escapadas a la playa, partidos de futbol americano en un pintoresco pub del centro, proyectos en grupos, y otras situaciones, Ashton y Kyle se encontraron completamente solos la noche del viernes.

Le habían encargado a él que la cuidase y vigilase para protegerla de ese “tipejo”, según le contó mientras cenaban en la cocina. El joven también se sentía un poco mal por estar engañando a sus amigos, pero al mismo tiempo temía revivir una situación parecida a la del año anterior. Quedaron en que se lo dirían pasado un tiempo prudencial y les compensarían por tanto secretismo.

El cielo nocturno estaba completamente negro por las densas nubes de lluvia que se habían formado en poco más de una hora, y desde lejos podían escuchar los relámpagos y los truenos que se avecinaban a la ciudad. Decidieron ver Terminator  mientras comían tantas palomitas como pudieran, pero un apagón de luz generalizado les impidió seguir viendo la película a los pocos minutos de empezarla.

-Será mejor que desenchufemos todos los aparatos eléctricos para evitar problemas mayores –dijo Kyle.

Con algunas velas y mucho cuidado, procedieron a desconectar todos los aparatos que creyeron peligrosos en caso de producirse altibajos energéticos. Cuando terminaron, el chico se la quedó mirando a la tenue luz de las velas que llevaban.

-Bueno, y… ¿qué podemos hacer ahora?

Sabía que el chico no había hecho aquella pregunta con una segunda intención, en las primeras citas que habían tenido se había preocupado de aburrirla o parecerle tedioso –nada más lejos de la realidad-, y parecía que volvía a ocurrirle.

-Podríamos simplemente hablar –dijo ella animada. –Pero, ¿puede ser en mi habitación? La calefacción parece haberse parado con el apagón y empiezo a tener frío aquí abajo.

Subieron a su cuarto y dejaron las velas en unos recipientes sobre el escritorio y la mesita de noche para repartir la luz. Se descalzaron y se sentaron en la cama uno frente al otro, con unas mantas echadas sobre sus hombros para evitar enfriarse demasiado. Ante los primeros segundos de mutismo, los dos abrieron la boca para empezar a hablar al mismo tiempo, y Ashton soltó una pequeña risita.

-¿Te gustaría conversar sobre algo en especial? –Preguntó Kyle divertido.

-Pues… -puso expresión concentrada –tengo un acosador misterioso, ¿no te lo había dicho? -Él empezó a reírse de su broma. –Pero es un buen chico y besa de maravilla –se acercó un poco a él.

Podría haber seguido el juego, pero le dio igual. La besó con ímpetu, y ella le respondió de la misma forma. Creía que podría ser más paciente, pero acababa de descubrir que no quería serlo. Puso sus manos en su cara para sentirla más cercana, de una forma más íntima mientras la besaba, y ella llevó las suyas hacia su torso. Subió un poco la camiseta y empezó a acariciarle provocándole algunas cosquillas que complementaban las sensaciones que viajaban por todo su cuerpo. La chica no tardó en considerar como algo molesto la presencia de la prenda y la tiró hacia arriba, insistiéndole sin palabras para que se la quitara.

Interrumpiendo el beso durante un segundo, Kyle se la quitó, ciego de pasión. Ashton llevó una de sus manos a su pelo para volver a pegar sus labios contra los suyos, mientras disfrutaba de la sensación de los músculos del chico bajo su palma. Él se atrevió a meter sus manos bajo la sudadera de ella y comenzó a disfrutar del suave tacto de su piel. La abrazó contra sí para sentir mejor sus curvas mientras dejaba que sus dedos vagasen por los recovecos de su espalda y de su vientre. Sus manos ascendieron, lentamente y sin rumbo, hasta que una de ellas sintió la sedosa tela del sujetador y… la cicatriz de sus costillas.

Kyle dejó de besarla de repente y ella lo interpretó como una oportunidad para quitarse la sudadera y poder continuar con los besos. Pero se quedó paralizada cuando el chico cerró los ojos y giró la cara hacia la puerta para evitar verla. Por un instante, las horribles inseguridades que controlaron su vida durante un tiempo, estaban de vuelta. Sin embargo, la situación era diferente.

-Kyle, ¿qué ocurre? –El pánico casi controlaba su voz.

El chico tragó duro antes de responderle, pero seguía eludiendo mirarla.

-He… tocado tu cicatriz y… -su voz estaba ronca.

Ashton respiró profundamente, tomándose un momento para calmarse. Ni siquiera se acordaba de sus heridas ya sanadas ni del horror que había pasado más de un mes atrás. Apenas se percataba de sus cicatrices en su día a día, y nunca habría imaginado que pudiesen ser un obstáculo para intimar con alguien, menos con Kyle tras los días que habían compartido.

-Escucha… -no sabía cómo empezar ni qué quería decirle exactamente. –Yo… sé que es un horrible recordatorio de lo que ha pasado, pero no quiero que estas… marcas… controlen mi vida ni cambien tus sentimientos por mí.

-Mis sentimientos no van a cambiar por tus cicatrices, Ash –él la miró. –So-Solo… he vuelto a recordar el vídeo y… -tragó duro. –El miedo…

Ella cogió su cara entre sus manos para que solo centrase la vista en sus ojos.

-Kyle, esto es aquí y ahora... Estamos solos, tú y yo –suspiró, casi dejándose llevar por la emoción. -Vamos a… empujar todo lo demás fuera de esta habitación y vamos a dejar atrás el pasado. Quiero vivir cada momento presente y futuro de la forma más feliz e intensa que pueda… Y me gustaría vivirlos contigo…

El joven pudo jurar que nunca había sentido algo como la explosión de su corazón en aquel instante. Tristeza, alegría, fuerza y amor se mezclaban a partes iguales. Se acercó a ella y empezó a besarla, pero de una forma más dulce y lenta. No tenía prisa y quería tomarse su tiempo disfrutando de aquellas emociones que lo desbordaban.

Poco a poco se tumbaron en la cama, sin dejar de acariciarse el uno al otro, y como les ocurriera durante su primera cita, en la casa de los espejos, el tiempo dejó de existir para ellos.

El roce de su cuerpo contra el de él, los dedos vagando por su piel, los besos atrevidos en el cuello, los imperceptibles sonidos… Y la ropa sobraba, la lluvia los animaba, los sentimientos y el deseo se mezclaron a partes iguales.

No querían pensar, solo sentirse el uno al otro.

Kyle, inconscientemente, evitó pasar sus dedos de nuevo por la zona de la cicatriz de las costillas, sin embargo, a la pequeña marca de su pecho la llenó de besos que provocaron sutiles cosquillas en ella. Las manos del chico no eran tan inseguras mientras vagaban por su cuerpo, pero sí eran aún tímidas, y había una parte de ella a la que le gustaba que fuese tan delicado.

Pero ella no se sentía de la misma forma con respecto a él y se atrevió a invadir ciertas zonas aún protegidas por la ropa interior del chico. Kyle exhaló todo el oxígeno de sus pulmones cuando sintió los finos dedos de la chica tocándole de una forma tan íntima. Apretó su mano alrededor de su eje, y él se tensó, aguantando los instintos más primarios que le gritaban que se dejara llevar.

Ashton continuó su particular exploración por toda su anatomía, completamente ajena a la tesitura interna del joven. Sus besos se hicieron más intensos, sus sensaciones más apasionadas, su cuerpo más necesitado por experimentar la calidez del cuerpo del chico más cerca de ella. Su excitación se apoderó de su cerebro, ansiando más de lo que tenía en ese momento, como si fuese una droga.

Se llevó una mano hacia su espalda y se deshizo de su sujetador, sin percatarse aún de la rigidez del chico al ver sus gestos tan desesperados y su exuberante cuerpo.

-Ash… -su voz parecía la de otra persona a sus propios oídos. -¿Q-Qué estás…?

Ella, por fin, se fijó en su expresión anonadada.

-Quiero sentirte… Todo… -no sabía articular una frase completa.

El chico respiró hondo para intentar calmarse y utilizar la parte más racional de su cerebro, o al menos lo que quedaba de ella. Era un cometido sumamente difícil pensar cuando toda su sangre estaba en un punto concreto de su anatomía, expectante.

Ashton jadeaba sin parar de acariciarle y, para desgracia de su maltrecha mente, no tardó en decidir que sus braguitas también le sobraban en aquel momento.

Kyle se quedó congelado en aquella postura, mirándola sin dar crédito. Por un momento, creyó que estaba soñando, que aquello no era real… Pero ella empezó a besarle de nuevo por el cuello y la clavícula mientras conducía otra vez su mano por debajo de la única prenda que le quedaba. Él reprimió un profundo gemido cuando sintió como volvía a aprisionarle en su pequeña mano, continuando con el agradable masaje.

-Ash… -suplicó con voz estrangulada.

-Quítatelo –empezó a exigir con voz queda mientras le tiraba de sus slips hacia abajo. –Por favor…

El joven tragó duro, pues una parte de él quería satisfacer la petición de la chica, pero otra, la más pequeña, le susurraba que esperase, aunque no sabía muy bien a qué. Sus segundos de indecisión le costaron caro, pues ella no se había quedado quieta mientras él reflexionaba, sino que se había encargado de bajar la prenda lo suficiente para liberar su miembro, ignorando su estoicismo.

-Ash… para… -murmuró apoyando su frente contra la de ella y cerrando los ojos.

-¿Qué pasa? –Su respiración era entrecortada.

Kyle tuvo que respirar varias veces para ordenar las palabras en su cabeza.

-No… No quiero que te sientas… -apenas podía terminar la frase, -obligada…

Ella se rio, calmándose un poco por primera vez en un largo rato.

-No me siento obligada… -le acarició una mejilla. –Me gustaría seguir si a ti también te apetece…

-Yo… también quiero, pero… -tragó duro, -no es el mejor momento.

-¿Por qué? –Preguntó ella.

-Porque es… demasiado pronto…

-No me importa.

Le estaba poniendo en un aprieto con las exigentes hormonas de su cuerpo.

 -No tengo preservativos aquí… y por favor, no me digas que tú sí porque puede darme un aneurisma…

Ashton se mordió el labio para evitar las carcajadas que se avecinaban por su garganta.

-¿Estás limpio? –Preguntó suavemente, y él asintió contra su frente. –Entonces no te preocupes por los preservativos…

-Ash, no es solamente por eso… Es muy arriesgado hacerlo sin…

Comprendió a lo que se estaba refiriendo.

-Kyle, tomó pastillas anticonceptivas.

-Joder… -enterró su cara en el cuello de ella, casi fundiendo su cuerpo con el de la chica. –No me estás ayudando…

Sintió el leve temblor de la risa de la joven ante sus palabras. Se mantenía por encima de ella, sin llegar a aplastarla pero percibiendo cada centímetro de su tersa piel. Ashton se acomodó mejor, iniciando un sendero de caricias en su espalda y dejando besos dulces a la vez que apasionados por su cuello con la intención de que él se relajara. Kyle fue cayendo poco a poco en aquella atmósfera de sensaciones, sentía cada terminación nerviosa de su cuerpo, cada poro se estremecía con los jadeos de la chica. Sus cuerpos se invitaban el uno al otro y él no podía detenerlos.

No quería contenerse de mostrarle a Ashton lo que sentía por ella. Le devolvió las caricias y los besos con deleite, y con cada muestra de cariño que la chica le profesaba, sus reservas iban desapareciendo de su mente. Su cuerpo empezó a moverse despacio, adentrándose en el de ella poco a poco, hasta que la joven jadeó rompiendo el tierno beso.

Kyle le miró a los ojos y le limpió una lágrima resbaladiza, odiándose en aquel instante.

-Podemos parar… -ofreció con la misma voz enronquecida de antes.

Ella negó con la cabeza con determinación mientras respiraba con un poco de dificultad.

-Solo necesito que sigas besándome –susurró. –Todo es mejor cuando me besas…

Kyle tenía miedo de hacerle más daño si continuaba, y la chica pareció leerle la mente porque empujó sus labios contra los de él, manteniendo sus manos en sus mejillas para asegurarse de que no se alejaría de nuevo. Empezó a moverse poco a poco, con el cerebro embotado de sensaciones y el corazón henchido de pasión. Sus manos recorrían el cuerpo femenino acariciándolo en un intento de eludir el malestar que pudiese seguir teniendo la joven, y al poco tiempo fue recompensado con leves suspiros satisfechos.

De pronto el dolor se había convertido en otra cosa más intensa y mejor, como una espiral de sensaciones que se incrementaban lentamente. Los movimientos del chico dejaron de ser tan cohibidos, alentado por los gemidos roncos que salían se la garganta de Ashton. Las manos de Kyle vagaban por su cuerpo con caricias suaves, casi venerándolo, mientras sus embestidas se hacían más impetuosas.

Él no aguantaría mucho más, estaba llegando a su límite, pero intentaría dominarse a sí mismo por ella. Había pasado lo más difícil y no quería decepcionarla, sin embargo, cada segundo que seguía en su interior debía hacer un esfuerzo hercúleo para resistir. Las uñas de la chica se clavaron en sus hombros, sintiendo sus gemidos jadeantes hasta el fondo de su ser.

Se separó un poco de ella y metió una mano entre sus cuerpos, llevándola hasta el punto donde estaban unidos por completo. Comenzó a acariciarla en la zona más sensible de su cuerpo, sosteniéndose con una mano para estar por encima de ella, y obligándose a verla, a grabar todas sus expresiones a fuego en su memoria.

Ashton empezó a moverse contra él, desesperada por más, y Kyle incrementó su presión sobre aquel duro punto. Se impulsaban el uno contra el otro en un intento de alcanzar juntos la cima de aquella montaña de placer y lujuria.

Y tras unos segundos más de salvaje desenfreno, el éxtasis estalló en sus cuerpos.

Como si se les fuera la energía vital, sus gemidos resonaron por toda la estancia, rindiéndose al deleite de quien ha logrado llegar a la felicidad máxima. Parecía no haber oxígeno suficiente y Kyle tuvo que sostener su propio cuerpo con sus dos brazos temblorosos. Salió de ella y se tumbó a su lado, con la vista borrosa y sus sentidos embotados. Su cerebro estaba completamente en blanco, y su cuerpo, extasiado, no le respondía, pero no le importaba en ese momento.

Nada más le importaba.

Ashton empezó a reírse de repente, un sonido feliz e inocente que le sorprendió y le sacó de su sopor.

-Ahora entiendo por qué todo el mundo está obsesionado con el sexo…

Él se contagió, ebrio de alegría.

Capítulo 40 por Kala1411

Capítulo 40

 

 

Los días siguientes fueron un poco complicados para los dos. Sus amigos seguían insistiendo en conocer al misterioso “Sujeto”, pero Ashton se negaba, aliviada al mismo tiempo por la brillante actuación de Kyle. Buscaban cualquier ocasión para coincidir a solas, pero muchas veces se frustraban por la cercanía de algún miembro o la inminente llegada de alguien.

Otras veces, conseguían intimidad y calmaban sus instintos más primarios, aunque después de casi diez días de sustos y sobresaltos, comenzaron a idear un plan bastante sencillo. Esperarían que todos estuvieran completamente dormidos y, durante las horas de la madrugada, Kyle se escaparía a la habitación de Ashton. Al parecer, Adam tenía el sueño ligero, y la chica le dio algunos trucos que había aprendido en el ejército para no despertar a su compañero de cuarto por las noches y evitar preguntas insidiosas.

Sabían que la situación no podía continuar así durante mucho más tiempo, pero las extrañas visitas de Daisy a la mansión no les dejaban oportunidad alguna para hablar tranquilamente con los demás. La joven rubia se sentía un tanto desplazada de los asuntos de su “novio” y de la fraternidad, y aunque sabía que su presencia no era bienvenida, no le importaba en absoluto.

Tras el atentado, Daisy se había calmado con las jugarretas, pero Ashton seguía sintiendo como la animadversión manaba de la chica cada vez que se veían o coincidían en la misma habitación. Lo habló con Jessica y su amiga le explicó que actuaba así por miedo a perder el control sobre mucha gente, empezando por Mark.

El chico, por su parte, cada día parecía más cansado y malhumorado, consiguiendo dormir muchas noches solo gracias a pastillas. Sus dolores de cabeza habían aumentado, y aunque todos sus amigos le insistían que visitara un médico, él les ignoraba deliberadamente. Tampoco comía adecuadamente, argumentando fatiga constante, y aunque Scott había dictaminado que todo eso era causa del estrés y sería mucho peor si no buscaba una solución, Mark le quitaba importancia.

Ashton no había tenido muchas ocasiones de hablar con su amigo por temor a la reacción de Daisy, pero una tarde en la lavandería, tuvo su oportunidad. Ella bajó y le encontró leyendo un libro de Derecho Civil mientras esperaba que terminase el programa de lavado.

-¿Por qué estás estudiando aquí abajo? –Le preguntó sobresaltándolo.

El chico le sonrió de forma sincera, era a una de las poquísimas personas que seguía regalándole esa clase de gestos, pero ella no se había dado cuenta aún.

-Matt y Jason están arriba y si me ven estudiando, me atosigarán para que descanse.

-Sabes que deberías hacerles caso –dijo ella con tono severo.

-Si descanso, mi mente se llena de mil cosas en las que no quiero pensar.

Ashton empezó a meter la ropa en una de las lavadoras mientras pensaba en lo que le había dicho su amigo.

-¿Por qué no le cuentas a alguien todas esas “cosas” que tienes en tu cabeza?

-No quiero ir a un psicólogo.

-No me refería a eso –puso el programa de lavado y se giró hacia él. –Habla con tus amigos, eso también podría venirte bien.

-Las soluciones que ellos me dan son las que no quiero coger.

Ashton bufó al escuchar aquella respuesta.

-¿Y soy yo la demente premenstrual? –Eso le hizo reír y ella alivió un poco su preocupación. –Sabes que puedes acudir a mí cuando lo necesites, Mark.

Él la miró durante unos segundos, queriendo decirle tantas cosas que creyó que sus propias palabras desbordarían sus labios. Respiró hondo, resistiendo la tentación de hablarle de todo, dejarlo salir como el agua de una presa y cuando terminase, cogerla de la mano y huir miles de kilómetros.

–Prefiero que me cuentes sobre ti, ¿cómo te va con el “Sujeto”?

Le costaba pensar en ese tema y mantener su semblante normal, pero estaba aprendiendo.

-¿Tú también le llamas así? –Preguntó con tono jocoso. –Me va genial con él.

De nuevo, ese brillo en sus ojos al hablar de aquel chico. Mark sonrió brevemente, esforzándose por no gritar. Los celos le carcomían por dentro y empezaba a odiar a todas las personas de su mismo sexo cuando su imaginación le llevaba a situaciones en las que realmente no quería pensar.

-¿Realmente te estás enamorando de él?

Ashton se mordió el labio mientras sus mejillas se ponían de un gracioso tono sonrojado.

-Pues… creo que sí. Es decir, cada día es como una aventura nueva y mejor… No sé cómo explicarlo, pero es como si… fuese tan fácil ser feliz a su lado que me cuesta no caer por él más, ¿sabes? –Le costaba expresar con palabras lo que sentía. -Como si estuviese bajando unas escaleras poco a poco y tuviese al lado un tobogán, y me está gustando tanto todo lo que veo y vivo con él, que a veces me planteo por qué no me tiro por el tobogán… Porque una parte de mí es lo que realmente quiere…

Mark se acercó a ella con pasos lentos, fijando su mirada en su rostro, pero no se movía él, sus paso estaban motivados por el miedo y la desesperación que habían anidado en su interior. Se quedó a pocos centímetros de ella, obligándola a mirar hacia arriba para poder verle.

-Bésame –exigió.

Ella se quedó petrificada por un momento, sin saber cómo reaccionar.

-¿Q-Qué?

-Ya me has oído. Bésame.

Ashton empezó a negar con la cabeza, aún sin dar crédito a lo que le pedía su amigo.

-Tienes novia, Mark. Y yo tengo novio.

-Seré mejor que él –afirmó con rotundidad.

La joven no quiso escuchar más, se dio la vuelta dispuesta a marcharse, pero el chico le cogió por la muñeca para detenerla. Ella se giró y le miró con seriedad.

-No me obligues a rompete el brazo, Mark. No quiero que Jimmy me odie.

-Mi hermano jamás podría odiarte, te aprecia demasiado… Pero yo sí me he ganado su animadversión… -tragó duro mientras se mantenían las miradas. –Le impedí llamarte el día de tu cumpleaños y no me lo ha perdonado todavía… Yo tampoco lo haría, la verdad…

Ashton se relajó un poco más, pero solo para que el joven se confiase y poder soltarse de su agarre con una sencilla llave. Él la miró un tanto sorprendido y dolorido al mismo tiempo. Le costaba ver esa mirada en su amigo, pero era lo mejor que podía hacer.

-Eres uno de mis mejores amigos y te quiero, pero no intentes jugar conmigo, Mark. Reflexiona sobre cómo quieres resolver tus problemas y te ayudaré si me lo pides, pero nada más.

Salió de la lavandería con ganas de llorar y con miedo, pues no sabía cómo reaccionaría el chico cuando conociese la identidad del “Sujeto”.

 

 

Pocos días después, su relación con Mark había seguido el curso normal, el joven no había vuelto a pedirle nada parecido y se comportaba con ella como si nada hubiera pasado, pero su aspecto seguía empeorando poco a poco. Ashton atribuyó aquel suceso a la presión que soportaba su amigo y no quiso pensar más en ese episodio, pero le seguía preocupando verle cada vez más demacrado.

Eran los primeros días del mes de marzo y ella había terminado un proyecto para la asignatura de Matemáticas II, así que fue a buscar a Adam para devolverle el libro que le había prestado. Casi llegando a la habitación, con el corazón saltando por la inminente visión de Kyle, tuvo que pararse en seco al ver como el chico salía de allí. Se sonrieron ampliamente cuando se vieron.

-Espérame un momento, voy a bajar por una bebida energética–pidió.

Ella asintió mientras entraba en el cuarto. Se notaba cual era la parte de Kyle y cuál la de Adam. El primero tenía varias fotografías artísticas pegadas por encima de su cama, el segundo prefería despertarse viendo posters de bandas de música y una pequeña foto de él con Jessica en un pintoresco marco en su mesita de noche. Decidió dejarle el libro en su parte de escritorio y se percató que, sobre los libros que Kyle tenía abiertos, estaban sus gafas. Dejándose llevar por un impulso, se las puso y buscó un espejo para ver cómo le quedaban. Eran gafas normales, negras y la hacían parecer una intelectual. Se rio de ella misma al verse.

-¿Qué es tan divertido? –Preguntó Kyle entrando con la bebida.

Ella se giró para que la viese bien y algo en el semblante del chico cambió un poco.

-¿Qué ocurre? –Preguntó curiosa.

-N-Nada… ¿Puedes quitártelas? –Su tono de voz se había enronquecido levemente.

-¿Por qué? –Se acercó lentamente a él, bajando las gafas un poco y mirándole de forma sugerente.

El chico tragó duro sabiendo qué pasaría a continuación.

-Tengo un… pequeño fetiche con las gafas –reconoció. –Y no… sería la mejor idea que… -cerró la puerta de la habitación, -hiciéramos nada ahora… -se quitó la camiseta.

-Tienes razón –suspiró ella con pesar, poniéndose las gafas correctamente.

–Es decir, apenas hay gente en la mansión, pero podrían llegar en cualquier momento y…

-Claro, claro… -ella se quitó su camiseta con cuidado, para no caer las gafas. –Sería una pésima idea…

 

 

Jason iba hacia su habitación, silbando ensimismado, cuando escuchó unos particulares sonidos procedentes de una habitación cercana. Se paró en seco y agudizó el oído, andando lentamente hacia la puerta ganadora.

Era la habitación de Adam, y podía escuchar los gemidos femeninos ahogados por la gruesa madera. Por un instante, puso la mano en el pomo de la puerta para entrar, pero respiró profundamente y se abstuvo. Bajó las escaleras viendo rojo, sintiendo como la ira y la rabia se hacían cargo de él. Le había prometido a su hermana que respetaría su relación, pero también le había pedido a su amigo que fuesen disimulados con lo que hacían en la mansión.

Ideando diferentes formas de torturar al chico cuando saliese de su habitación, apenas se dio cuenta que varios de sus amigos entraban por la puerta principal en aquel momento, incluido el foco de su rabia. Detuvo sus pasos, obligándose a centrar su atención en él y empezó a calmarse.

-Adam –el tono de su voz aún denotaba su odio, y todos los presentes lo oyeron, -¿dó-dónde estabas?

El aludido le miró de forma desconfiada por la extraña expresión de su cara.

-Venimos del gimnasio. ¿Qué ocurre?

Jason exhaló todo el aire de sus pulmones hasta que sus músculos dejaron de temblar.

-¿Y Jess?

-La dejé en la biblioteca hace una hora. ¿Qué pasa, Jason?

Comprendía lo exagerado de su reacción y la expresión molesta de Adam, por lo que decidió explicarse.

-He pasado por delante de tu habitación y he escuchado sonidos muy “sexuales”. Creía que erais tú y… -carraspeó, sin poder terminar la frase. –Estaba pensando en la paliza que iba a darte y habéis entrado… -Adam ni se inmutó al escuchar aquello, estaba acostumbrado. –Pe-Pero si tú no estabas en tu habitación, ¿a quién he escuchado?

Los miembros de la fraternidad se miraron entre ellos.

-Kyle –respondió Adam.

Comenzaron a reírse al unísono.

-Bueno, ya no tenemos que preocuparnos más por su celibato –dijo Matt con tono jocoso.

-Sí… pero a mí me gustaba reírme de él… -se lamentó Victor.

-¿Quién creéis que será? –Preguntó Nick.

-Podemos esperar a que la chica baje para averiguarlo –propuso Jason. –Yo me encargo de las apuestas si os parece bien.

-¿No estaríamos invadiendo su intimidad? –Inquirió Matt.

-Si no quieres participar… -empezó a decir Jason encogiéndose de hombros.

-No, por supuesto que quiero, pero tenía que hacer el apunte moral.

 

Capítulo 41 por Kala1411
Notas de autor:

Capítulo largo (otra vez), siento que me salgan últimamente tan extensos.

Capítulo 41

 

 

Pero aquella tarde, los chicos no pudieron ver quién salía de la habitación de Kyle. Estuvieron al acecho de la puerta principal y la trasera hasta la hora de la cena, pero nadie ajeno a la mansión anduvo por allí, y eso les frustró mucho. Se corrió la voz entre casi todos ellos, evitando que el susodicho se enterase de la curiosa investigación que estaban llevando a cabo. Las apuestas subieron, pero sin chica, no sabían quién podría ganar.

Un par de días después del episodio de los sonidos pornográficos, decidieron tomar medidas más severas e intervenir. Había mucho en juego.

Se organizaron, se prepararon y actuaron como una máquina bien engrasada. Jason, Matt y otros dos miembros de la fraternidad esperaría en la entrada de la mansión hasta que Kyle llegase del gimnasio aquella tarde, acompañado por Adam, Frank, Victor y Nick. Lo abordarían entre todos y el joven no tendría la más mínima posibilidad de escapar. Le tenían preparada una silla y unas cuerdas en el salón para maniatarlo y llegar hasta el extremo que fuese necesario para saber quién era la chica.

Las apuestas habían alcanzado la cifra de los 300 dólares, pero la realidad era que a todos ellos les movía más la curiosidad que el dinero.

 

 

La conversación que Kyle estaba manteniendo con sus amigos al salir del gimnasio era de lo más normal. Dimitri se volvía cada vez más exigente con todos ellos, menos con Ashton, su alumna predilecta por excelencia. Seguramente tendrían agujetas al día siguiente, pero sabían que merecía la pena.

Victor, quien también estudiaba Marketing y Publicidad como Matt y él, empezó a preguntarle sobre una asignatura que había cursado el año anterior con un profesor un poco exigente y perfeccionista. El joven estaba tan tranquilo hablando con su amigo, que no se dio cuenta que habían llegado a la mansión.

Apenas anduvo tres pasos dentro cuando sintió los brazos de alguien aprisionándolo y el sonido de la puerta cerrándose. Por instinto, intentó zafarse, pero se dio cuenta de que todos sus amigos estaban a su alrededor, algunos de ellos ayudaron a Frank a sujetarle.

-¿Qué coño está pasando? –Preguntó enfadado.

-Te daremos una oportunidad de decirnos lo que queremos saber –Victor habló como si fuese un mafioso. -¿Quién es la chica que estuvo el otro día en tu habitación?

Kyle notó como la sangre le abandonaba el rostro.

-¿C-Cómo?

-Jason escuchó unos sonidos muy explícitos en tu habitación hace un par de días, y sabemos que no era Adam -el chico se cruzó de brazos para dar más énfasis a sus palabras. –Así que, dinos, ¿quién era?

Conocía a sus amigos y sabía que eran capaces de muchas cosas para recaudar información importante… o simples cotilleos. No estaba preparado aún para sincerarse con ellos, y sabía que Ashton tampoco. Sería muy sencillo si solo les dijera la verdad y se acabara todo el misterio en aquel momento, pero no podía hacerle eso a su chica. Decidió que aguantaría todo lo que hiciera falta para mantener su secreto.

-No hay ninguna posibilidad de que os olvidéis del asunto, ¿verdad?

-Hay casi 300 dólares apostados, Kyle –dijo Jason.

El joven suspiró, aceptando su destino.

-¿Habéis hecho apuestas? –Preguntó molesto. -No diré nada…

Frank apretó su agarre contra su cuerpo y Nick se encargó de cogerle las piernas, impidiéndole escapar a pesar de sus forcejeos y los improperios que lanzaba contra sus amigos. Estaban tan bien sincronizados, que apenas lo sentaron en la recta silla de madera, le ataron las manos por detrás del respaldo, los pies a las patas y añadieron otra cuerda más alrededor de su torso.

-¡Cabrones! –Gritó.

-Sí, sí… llámanos como quieras, pero de ahí no te levantarás hasta que no nos des un nombre –sentenció Victor.

-¿Por qué no os metéis en vuestras propias vidas?

-¡Oh, vamos! Solo queremos saber quién te ha ayudado con tu periodo de sequía –expuso Nick.

-Sois unos cotillas de mierda.

-Kyle, no te pongas tan dramático –dijo Matt. –Solo queremos un nombre.

-Si me dices que ha sido Cindy Hudson –comenzó a decir Frank, -te prometo que le mandaré un ramo de bonitas rosas con el dinero que gane de la apuesta.

-¡Que os den a todos!

-¡¿Qué está pasando aquí?! –Chilló Mark enfadado desde la entrada del salón.

Todos se giraron a mirarle, y Kyle le miró implorando ayuda. Fue a decirle a su Alpha que todos estaban dementes, pero Jason se le adelantó.

-Kyle no quiere decirnos quien fue la afortunada que se le quitó su “segunda virginidad”. Nosotros no conseguimos verla y hay 300 dólares apostados.

Mark se acercó a ellos con el semblante serio y mirando fijamente a Kyle. Con un gesto le pidió la libreta de las apuestas a Jason y tras mirar las anotaciones, levantó los ojos hasta su compañero maniatado.

-¿Es eso cierto? –El joven asintió. -Yo apuesto 20 dólares a Christina Roberts.

-¡Estáis como putas cabras!

 

 

Ashton volvía de la biblioteca con Jessica, pidiéndole consejo sobre la carrera universitaria que su amiga estaba cursando. Le gustaba la asignatura de Economía I, pero no sabía si eso sería suficiente para elegir esa especialidad. Y por lo que Jessica le estaba diciendo, estaba casi convencida de que la descartaría de su lista de “posibles”.

Llegaron a la mansión y cuando entraron, se quedaron paralizadas al escuchar los gritos iracundos procedentes del salón. Se apresuraron y se pararon en seco al ver a casi todos los miembros de la fraternidad alrededor de un Kyle maniatado a una silla y enfurecido.

-Que te la chupe una piraña, Mark –escupió el joven.

-¡Oh, venga ya, tío! A ti siempre te han gustado rubias –intentaba negociar el aludido.

Las dos chicas estaban con la boca abierta y una mueca de espanto ante aquella escena, pero Jessica reaccionó más rápido.

-¿Qué hacéis?

Todos los presentes se giraron hacia ellas y las saludaron con un gesto. Ashton sintió los ojos de Kyle, pero prefirió no aguantar mucho su mirada hasta no saber qué estaba pasando.

-Verás –empezó a explicarles Jason, -Kyle llevaba sin sexo desde julio, pero hace un par de días pasé por delante de su habitación y escuché unos gemidos muy explícitos –Ashton creyó que su corazón se había parado por un segundo, pero disimuló su expresión. –Estuvimos esperando varias horas, vigilando la puerta principal y la entrada trasera de la mansión, y no pudimos ver quién fue la afortunada porque salió de aquí sin ser vista –todos volvieron su atención hacia el joven atado en la silla.

Jessica seguía con la boca abierta, pero tenía un brillo diferente en los ojos, pues había llegado a la conclusión que ninguno de ellos se había planteado aún.

-¿Por qué hacéis todo esto? –Intervino Ashton, preocupada por su chico. –Si no quiere decíroslo, pues…

-Hay 320 dólares en juego, Ash –expuso Victor sin girarse a mirarla. –No vamos a parar hasta que nos diga la verdad… -le pellizcó la mejilla a Kyle como si fuese un verdadero gánster.

La joven, al ver aquello, abrió la boca para gritar lo que todos estaban tan ansiosos por saber, pero Jessica la cogió del brazo y la arrastró escaleras arriba hasta su habitación.

-¡Es Kyle, ¿verdad?! ¡Es Kyle!–Gritó en un susurro, presa de la emoción.

Ella solo pudo asentir, un poco sobrecogida por la reacción de su amiga y por todo lo que estaba ocurriendo en el piso de abajo.

-¿Por qué no me lo has dicho? –No había reproche en su voz, pero Ashton sabía que debía decirle la verdad.

-Porque tenía miedo de provocar algo parecido a lo del año pasado –una parte del peso que la agobiaba se alivió. –No quiero que los chicos sufran igual que lo hicieron por el asunto de Daisy. Son geniales conmigo y no quiero que vuelvan a pasar por algo parecido… -Jess la miraba más serena, comprendiendo los motivos. –Pero si han descubierto eso, no voy a esperar más para decírselo a todos.

Su amiga la detuvo antes de que saliera por la puerta.

-¿Qué haces? No puedes salir todavía –le susurró, preocupada. -¿Has visto cómo tienen a tu chico? Piénsalo bien, una vez que lo digas, no habrá vuelta atrás.

-Jess, me enseñaron a no dejar a ningún compañero atrás, aunque eso suponga que compartamos la tortura de ser descubiertos –suspiró. –Quiero a Kyle y no voy a dejar que se sacrifique por mis temores.

La joven quedó impactada y emocionada por la entereza de su amiga. Asintió brevemente antes de soltarle la mano y hablarle:

-Yo también creo que se han pasado un poco con lo que le están haciendo, y aunque no voy a poder detener el aluvión de quejas y berrinches que caerá sobre tus hombros en pocos minutos, voy a apoyarte y ayudarte en lo que pueda –suspiró. -Por eso te propongo algo: no digas nada hasta que yo te haga una señal.

-¿Por qué?

-Se me ha ocurrido una idea, confía en mí –le sonrió de forma traviesa su amiga.

 

 

Bajaron con paso tranquilo y entraron en el salón con una apariencia normal, aunque Ashton estaba desbordada por la inquietud de no saber lo que iba a ocurrir ni cómo reaccionarían sus amigos.

-Kyle, te apreciamos, pero nos obligarás a comenzar con la tortura física si sigues con esa actitud –le decía Victor.

-Podré aguantarlo tras la sesión de sado que tuve con tu madre anoche –contraatacó el chico.

Victor le sonrió cínicamente, sabiendo que solo buscaba cabrear a alguno de ellos para terminar con aquello. Pero todos estaban determinados a no dejarse influenciar.

-Jay, ¿puedo ver la libreta de las apuestas? –Preguntó Jessica de forma inocente.

Su hermano se la sacó del bolsillo trasero de su pantalón y se la entregó sin quitarle la vista de encima a Kyle. De hecho, ninguno de los chicos se volvió a mirar a las jóvenes. Jessica abrió el pequeño cuaderno para leer las apuestas junto a Ashton, quien estaba bastante impresionada por las candidatas que todos proponían, pues había visto a la mayoría de ellas y eran chicas realmente hermosas.

-A lo mejor no nos lo quiere decir porque la chica sea poco agraciada –propuso Matt. -¿Es eso? No nos reiremos si nos dices que no es guapa.

Kyle suspiró, cansado.

-Os puedo asegurar que es espectacular.

Ashton se mordió el labio y miró hacia el suelo, avergonzada al mismo tiempo que alagada por las palabras de su chico. En aquel instante, al escuchar el cariño con el que el joven se refirió a ella, realmente se sentía así…

-Puede que te lo pareciera a ti por lo desesperado que estabas por una tía –dijo Jason. –La falta de sexo puede hacer que tu objetividad se distorsione. Como cuando te emborrachas y te enrollas con una chica que te parece impresionante, pero al día siguiente ves que parece un orco del Señor de los Anillos.

-A todos nos ha pasado eso alguna vez –coincidió Lewis.

Por un momento, estuvo molesta con sus amigos, pero respiró hondo para calmarse pues sabía que iba a necesitar de todo su temple. Jessica apuntó algo en la libreta y le susurró a Ashton al oído:

-Cuando quieras.

Se miraron y ella comprendió porque su amiga había insistido en que esperase a su señal para decir en voz alta lo que tanto miedo le daba. Cada día confiaba un poco más en Jessica, y por gestos como aquellos sabía que valía su peso en oro como amiga.

-Venga, Kyle, dinos su nombre –volvió a insistir Mark.

-Sabes que no soportarás mucho más tiempo… -expuso Victor.

-Sí, no te hagas más de rogar, ¿quién es? –Presionó Jason.

-Soy yo.

Tardaron en reaccionar al escuchar esas dos palabras procedentes desde detrás de sus espaldas. Kyle suspiró y agachó la cabeza, temiendo lo que se avecinaba. Poco a poco, se giraron hacia su amiga, quien tenía los brazos cruzados y una expresión sosegada en su rostro.

-¿Qué has dicho? –Preguntó Frank

-¿Có-Cómo que “tú”? –Victor estaba anonadado.

-Estás de coña… -murmuró Adam, giró su cabeza a Kyle. –Dime que está de coña.

-Tú… -Jason la miraba en estado de shock, -con… con… ¿con Kyle?

Si hubiese pasado un gorila delante de ellos en aquel momento, su cerebro no lo habría registrado.

-Sí –respondió Ashton tranquilamente. –Kyle y yo.

-Pe-Pero… ¿Cuán…? ¿Có…? ¿Qué…?–Matt, el más elocuente, no encontraba las palabras necesarias.

-Empezamos a quedar hace un mes, y… una cosa llevó a la otra.

-¡O sea que él es el “Sujeto”! –Exclamó Frank.

Todos miraron de nuevo hacia Kyle, enfadados.

-¡Eres un traidor! –Acusó Nick.

-¡Troyano! –Le llamó Victor.

-¿No te da vergüenza? ¡Confiábamos en ti! –Casi gritó Tim.

-¡Ash era como nuestra hermana pequeña! ¡¿Cómo has podido hacer algo así?! –Chilló Jason.

Ashton quiso alzar la voz para pedirles que dejasen de culpar a Kyle, pero Jessica se adelantó a ella.

-¡Seréis hipócritas! –Gritó la joven consiguiendo que todos se callasen y se girasen a mirarlas de nuevo. -¡¿Cómo podéis decir que es como vuestra hermana pequeña si tenéis todos una foto en la que aparece semidesnuda?! ¡Así no se comportan unos “hermanos mayores”!

Los chicos empezaron a mirarse unos a otros, sintiéndose culpables. Ashton aprovechó aquel momento en el que los ánimos parecían más calmados para llegar hasta Kyle y comenzar a desatarle.

-¿Por qué no nos lo contasteis? –Preguntó Matt.

Ella suspiró.

-No quería que hubiese malos entendidos ni que pasaseis por lo mismo que el año pasado –no alzó la voz, pero todos la escucharon a la perfección. –Sé que deberíamos habéroslo dicho, pero… no encontrábamos el momento. Lo sentimos mucho, chicos.

Les miró de reojo, viendo sus reacciones y esperando los reproches. Kyle se levantó de la silla y la abrazó, sin importarle nada más.

-Comprendemos si estáis enfadados por esto –dijo entonces el joven.

-Con ella no, contigo sí –le respondió Frank con un matiz jocoso en su voz.

-Te has comportado como un lobo con piel de cordero, mamón… -le reprochó Jason con la broma asomando por sus ojos.

Ashton les sonrió. Se sintió mejor al ver que no iban a molestarse realmente con ellos por haber ocultado su relación, solo esperaba que la situación fuese a mejor y se normalizase.

-No quiero que esto suponga ningún cambio, tratadnos como normalmente lo hacéis, por favor –pidió ella.

Todos asintieron con medias sonrisas y una actitud más bromista. A algunos les costaría asimilarlo más que a otros, pero en general, sus amigos se lo habían tomado bien.

Jessica carraspeó para llamar la atención de los presentes.

-Entonces… Jay, ¿quién ha ganado la apuesta?

-Nadie, ninguno nos imaginamos que podría ser Ash –contestó su hermano encogiendo los hombros.

-¿Estás seguro? –El joven asintió y ella le tendió la libreta. -¿Por qué no lo compruebas? Solo, por si acaso… -le sonrió inocentemente.

Jason bufó, tomó la libreta y empezó a repasar los nombres y las apuestas con voz cansina. Ashton miró brevemente a su amiga, aguantando la risa todo lo que pudo.

-…Tim apostó 20 por Larissa Petterson, Andrew apostó 15 por Leah Mellah, Mark apostó 20 por Christina Roberts, Jessica apos… -de pronto, el chico dejó de leer y miró a su hermana ceñudo, comprendiendo su jugada. -¡¿Has apostado por Ashton?!

 

 

Había abandonado el salón disimuladamente, aunque sabía que Matt se había percatado de su salida un tanto apresurada. No le importaba, simplemente debía huir de allí antes de ponerse a gritar, presa de un breve ataque de locura y celos. Se sentía el ser más ruin por sentirse así respecto a su antiguo amigo, pero eran emociones que en aquel momento no podía impedir que inundasen su corazón.

Una parte de él le odiaba y la otra se alegraba de que por fin hubiese pasado página, pero el peso de la primera era lo que le impedía respirar en ese momento. Se acercó a la ventana y la abrió, dándole la bienvenida al aire frío del anochecer. La tensión volvía a hacer estragos en su cabeza, y supo que aquella noche necesitaría más de una pastilla para conciliar el sueño y olvidarse de todo.

Mirando la ciudad durante un rato, hasta que la noche había caído por completo sobre ella y las luces desafiaban la oscuridad del cielo, llegó a una conclusión para sus adentros: seguía queriendo a Ashton y difícilmente dejaría de hacerlo.

No se interpondría en su relación con Kyle, pero sí aprovecharía y disfrutaría cada momento que pudiese pasar con ella como si fuesen los últimos vestigios de dicha que fuese a tener por el resto de su vida.

Capítulo 42 por Kala1411
Notas de autor:

Siento mucho no haber subido el capítulo ayer, pero me fue imposible conectarme y actualizar.

¡Saludos!

Capítulo 42

 

 

A pesar de las protestas de Jason, Jessica recibió el dinero de las apuestas y dejó muy claro que se lo gastaría en nuevos bikinis para el verano. Para desgracia de Ashton, su amiga había descubierto que ella solo tenía el bañador de la Academia Militar y no tenía intención de conseguir otro, a lo que recibió un rotundo “NO” como respuesta.

Jessica se presentó el viernes por la tarde en la mansión de la fraternidad, dispuesta a llevarse a Ashton a rastras si hacía falta. Pero la chica ya había pensado un plan y convenció a Kyle para ir ese día al cine, por lo que era una razón de peso para postergar la salida de compras que su amiga había planeado.

Sin embargo, se olvidó de algo muy importante: cuando se trataba de ir de tiendas, la mente de Jessica incrementaba su astucia hasta límites insospechados.

-¡No es justo, Ash! –Decía la joven indignada mientras entraba en la cocina siguiendo a la aludida.

-Lo siento mucho, Jess –puso la voz más entristecida que pudo, disimulando su alegría. –Pero la sesión empieza a las 7 de la tarde, y es una película que Kyle tiene muchas ganas de ver.

El chico estaba allí, terminando una taza de té mientras charlaba con algunos amigos tranquilamente, cuando ellas llegaron. Jessica le miró en busca de confirmación por lo que Ashton decía, y Kyle asintió ganándose un bufido por parte de su amiga.

Con expresión de fastidio y apariencia derrotada, se acercó a Kyle y se sentó junto a él, suspirando.

-¿De verdad que no puedes ir a ver esa película otro día? –Le preguntó con expresión triste.

El joven intentó evitar mirarla para que eso no le influyera, pero solo por el tono de voz, le costó dar la respuesta que debía dar.

-Solo la pondrán un par de veces más en el cine y la de esta tarde es la mejor sesión.

Ashton sonrió para sus adentros, pero Jessica, al comprobar que por ese camino no conseguiría nada, probó otro diferente.

-Te entiendo –suspiró lastimeramente. –Yo solo quería que Ash tuviese unos bikinis que ponerse este verano, ¿sabes? No quería que siguiera poniéndose el bañador deportivo que ha estado utilizando durante todos estos años cuando se bañe en la piscina este año, con todos vosotros–volvió a suspirar.

Por unos segundos, la cocina quedó en completo silencio mientras los presentes pensaban en las palabras de Jessica.

-Continúa –pidió Victor aún reflexionando.

-¡Eh! ¡Eso tengo que decirlo yo! –Dijo Kyle indignado.

–Ya sé que a ella no le importa cómo la vean, le da igual si la encuentran atractiva porque está contenta y feliz con su cuerpo, y yo la admiro por ello… pero creo que no le vendría mal utilizar un bikini por una vez en su vida –paseó sus ojos por los chicos que tenía enfrente para dar más énfasis a su punto.

Ashton empezaba a ver las intenciones de su amiga. Abrió la boca para intervenir y cortar el hechizo que Jessica había lanzado sobre todos ellos, pero no le dio tiempo de hablar.

-Me he propuesto encontrarle alguno de su talla, porque… ya sabéis, son más grandes que su cabeza –señaló la cabeza de Ashton sin necesidad de exponer a lo que se refería. -No hace falta que os recuerde cómo son, la mayoría tenéis su foto en vuestras habitaciones y a ti no hace falta que te de ningún detalle –Kyle puso una pequeña sonrisa boba, al igual que los demás.

- Jess… -su tono de advertencia fue ignorado en la estancia.

-Sin embargo, comprendo que quieras ir a ver esa película con tu chica, es un rato a solas que podéis tener –le sonrió amistosamente. –Lo del bikini no es tan importante…

-Bueno… -comenzó a decir Kyle, -aún hay otra sesión mañana a la que podemos ir…

-Kyle… -Ashton intentó llamar su atención en vano.

-Entonces, ¿Ash puede venir conmigo hoy? –La ilusión y el triunfo brillaban en los ojos de Jessica.

-Sí –afirmó el joven, -le vendrá bien conseguir un par de bikinis nuevos…

Se giró para ver a su novia, y aunque su expresión no era la más amigable, él aún estaba bajo el hechizo de sus propias fantasías.

-¿En serio? –Inquirió ella. –Me has vendido por un estúpido bikini… -se dirigió a la salida de la cocina, molesta. –Me las pagarás por esto, Kyle Davis.

El chico empezó a reírse.

-No te preocupes –le susurró Jessica. –Me aseguraré que sean increíbles.

-¿Puedes buscarle uno verde oscuro? –Pidió Frank. –Le queda bien el verde oscuro, como el de mi camiseta de fútbol americano…

-Las chicas con bikinis negros son bastante… impresionantes… -Victor parecía ensimismado en sus fantasías aún.

-Alguno que pegue con sus ojos sería una buena opción también –le dijo Kyle a su amiga.

Jessica salió sonriendo de la estancia y los dejó allí, debatiendo sobre cuál sería el bikini perfecto para cada uno.

 

 

Tras varias horas en siete tiendas diferentes, Ashton estaba agotada. Había conseguido cinco trajes de baño por insistencia de su amiga. Ciertamente, les había costado dar con su talla de pecho, pero aun así le parecía exagerado haber comprado cuatro bikinis y un bañador.

Se negó a continuar andando por el centro comercial sin unos minutos de descanso. Jessica se los concedió y empezaron a hablar acerca de películas mientras tomaban un zumo de un puesto cercano. Tras un rato, estaba lista para continuar con el maratón de compras de su amiga, pero un letrero oscuro llamó su atención cuando fue a tirar los envases de las bebidas.

“Angel’s Tattoos” era un local con la fachada oscura que resaltaba al ser el único que utilizaba una estética lúgubre y gótica. Se acercó a mirar los dibujos detenidamente, parecían muy reales, unos estaban llenos de color y otros de sombras, pero todos eran hermosos. Ella no entendía mucho acerca de tatuajes o dibujos, pero sabía que quien hubiese hecho aquellos tenía mucho talento.

-¿Quieres entrar? –Jessica la sorprendió al pararse a su lado.

Ashton no era una persona impulsiva, rara vez se dejaba llevar por un arrebato irreflexivo cuando se trataba de cosas importantes, pero en aquella ocasión, decidió aceptar sin pensarlo mucho.

Las jóvenes entraron y una chica muy simpática se acercó a ellas.

-¡Hola! Mi nombre es Peach. ¿En qué puedo ayudaros?

-Estábamos echando un vistazo –respondió Jessica. –Hemos entrado por un impulso y no sabemos exactamente qué queremos.

-Si tenéis una idea del lugar dónde os gustaría hacéroslo, podría aconsejaros algo.

Ashton estaba ensimismada mirando algunas láminas de dibujos y fotografías de los tatuajes de algunos clientes. Hubo una que le llamó la atención, eran dos chicas que se habían tatuado un lazo rosa en sus muñecas, y entre ellas estaba una sonriente mujer de mediana edad. Era fácil adivinar su historia con final feliz al ver su expresión en aquella imagen.

-Fueron unas clientas que tuvimos hace varios meses –le explicó Peach. –Angel, mi compañero, le tatuó un pezón para que ella no se sintiera menos “mujer” cada vez que se mirase al espejo. Y sus hijas aprovecharon la ocasión para obtener un recordatorio de lo que superaron entre las tres.

Por un momento, creyó que se le escaparía alguna lágrima al recordar a sus padres. Ellos tenían algunos tatuajes por el mismo motivo que aquellas chicas y su madre, no para olvidar lo que habían sufrido o perdido, sino para recordar que ganaron esa batalla.

-Yo quiero tapar un par de cicatrices –dijo de repente, con la voz contenida por la emoción.

Jessica se acercó a ella, extrañada al oír repentinamente aquello.

-¡Entonces estás de suerte! –Exclamó alegremente Peach. –Angel es experto en hacer ese tipo de tatuajes, piensa en lo que te gustaría hacerte mientras termina con el cliente que tiene ahora.

La chica le dejó algunos álbumes de láminas para que las hojease mientras iba a hablar con su compañero. Su amiga se acercó a ella y empezó a mirar otro de los libros que Peach había dejado sobre el mostrador.

-Creo que me gusta este de aquí, el del corazón alado –dijo señalándolo en la página. –Siempre he querido hacerme uno pero nunca he encontrado el momento.

Peach salió en ese momento con el cliente, un hombre de mediana edad que llevaba el antebrazo envuelto en papel transparente. La joven le dio directamente las cremas que debía utilizar y le despidió con la confianza que solo se obtiene tras muchas visitas. Un chico con el pelo extremadamente negro y cara de pocos amigos apareció por la misma puerta. Su apariencia resultaba intimidante y aunque sobre ella no tuviese ningún efecto, pudo escuchar cómo Jessica tragaba audiblemente.

-¿Quién es la siguiente?

-Yo, soy Ashton–respondió Ashton con una sonrisa.

Él se acercó hasta una estantería, cogió un bloc de dibujo y un lápiz y se sentó frente a ellas, sin dedicarles una segunda mirada.

-Angel. ¿Eres la chica de las cicatrices? –Ella asintió. -¿Qué quieres hacerte y dónde?

-Había pensado hacerme una rosa encima del pecho, no es una marca muy grande y me gustaría que fuese algo disimulado –describió. –Para la otra cicatriz… aún no se me ha ocurrido nada.

El joven se encogió de hombros, quitándole importancia, mientras terminaba de dibujar lo que ella le había pedido. Le indicó con un gesto de la cabeza que lo siguiera dentro de la misma habitación de antes, y Jessica les siguió mientras le sujetaba de la mano. Podía ver que a su amiga tenía cierto temor hacia el tatuador.

-Quítate la camiseta y dime exactamente dónde lo quieres –ella obedeció, y apenas se quedó en ropa interior, supo que no necesitaría señalarle el lugar a Angel. –Ya veo donde las tienes –la miró a la cara por primera vez en todo el rato. -¿Nos hemos visto antes?

-No –respondió rápidamente Ashton, temerosa de que el chico la reconociese del video del atentado.

Él empezó el procedimiento con el ceño fruncido, intentando recordar, pero ella quería desviar su atención preguntándole sobre los tipos de letra que podían utilizarse en los tatuajes. La aguja no le dolía, o quizás era su inquietud para evitar que el chico la descubriera lo que tenía su mente tan ocupada que apenas se percató de lo que la rodeaba. Pero un suspiro tembloroso hizo que mirase a su amiga de reojo.

-Jess, ¿estás bien?

-Sí… es solo que… aun me sigue impactando ver… las cicatrices… -explicó con voz queda. –Casi me había olvidado de ellas.

Ashton alargó la mano para que su amiga se la cogiese e intentar calmarla. Ella ignoraba la presencia de esas marcas de tanto que las veía diariamente, no le afectaba, pero comprendía que Jessica reaccionase así. Incluso Kyle evitaba todavía acariciarle cerca de la cicatriz de las costillas.

-¿Puedo preguntar cómo pasó? –Preguntó Angel.

-Un grandísimo hijo de puta –respondió con odio Jessica.

-Me lo puedo imaginar –casi había terminado el tatuaje. – ¿Has pensado en algo para la otra cicatriz?

Y como si de una señal divina se tratase, comenzó a sonar Pink Floyd por los altavoces del local. Por un momento, se quedó impactada al escuchar la banda, casi sin poder reaccionar por todo lo que estaba llenando su mente en aquel segundo.

Sus padres, el atentado, la niña, el miedo, el hospital, el vídeo… Y el regreso a su vida normal.

-“Nunca te rindas sin luchar”… -murmuró.

-Buena elección –alagó el chico.

En poco más de media hora, se estaba levantando de la silla. Jessica se había relajado un poco al ver el buen trabajo que Angel había hecho y se armó de valor para hacerse el tatuaje que quería. Ashton estuvo hablándole a su amiga durante todo el proceso para que ignorase el dolor, aunque solo lo consiguió durante un rato.

Ilusionadas, salieron de la habitación y escucharon atentamente las instrucciones que les daba Peach para el cuidado y la correcta curación de los tatuajes. Cuando fueron a pagar con el dinero que aún les quedaba de la apuesta que Jessica había ganado, Angel salió de la habitación y se puso frente a Ashton con los brazos cruzados y una media sonrisa.

-Cóbrales solo el del corazón alado -le ordenó a su compañera.

-¿Por qué? –Preguntó la joven.

-Ya sé dónde te he visto –le dijo a Ashton sin dejar de mirarla.

Ella empalideció y miró de reojo a su amiga, sabiéndose descubierta.

-¿Cómo? ¿Eres famosa o algo así? –Inquirió curiosa Peach.

-No, ella es la chica que… -empezó a decir el joven.

-Aparezco en un calendario semidesnuda –se apresuró a contestar. –Era un calendario solidario para la Asociación de Animales de la ciudad y…

-Es junio –intervino Jessica para ayudar a su amiga.

Angel se quedó callado por un segundo, sorprendido por la reacción de las chicas. Ambas le miraban y le gritaban con sus expresiones que no dijera la verdad a su compañera. Así que él asintió levemente.

 

 

Llegaron a la mansión casi para la hora de la cena. La mayoría de los chicos estaban en el salón, relajándose mientras veían la televisión, jugaban a las cartas y charlaban. Las chicas dejaron las bolsas en la habitación de Ashton y bajaron para descansar.

-¿Qué tal han ido las compras? –Preguntó Kyle.

Ashton se sentó frente a él y le dirigió una mirada un poco molesta, dándole a entender que no había olvidado lo sucedido.

-Han ido muy bien –contestó Jessica alegremente. –Hasta nos hemos tatuado.

Casi veinte pares de ojos se giraron para mirarlas, dejando de lado sus pasatiempos.

-¿Qué os habéis hecho? –Preguntó Victor acercándose.

Jessica se levantó el pelo, se giró y mostró orgullosa su corazón alado en el inicio de su espalda.

-¡Mola! –Alagó Adam. –Te queda genial, preciosa.

-Gracias, nene.

Jason carraspeó, molesto por esa muestra de cariño.

-¿Qué te has hecho tú? –Kyle parecía muy curioso e impaciente por saberlo.

-Sí, enséñanoslo, Ash –pidió Frank.

-Son dos, y no puedo, tendría que quitarme la camiseta y no…

-¡No pasa nada! –Expuso efusivamente Nick. -¡Hay confianza entre nosotros!

Ella empezó a reírse, negando con la cabeza.

-Mala suerte, chicos –dijo Kyle con sorna. –Vosotros tendréis que esperar un mes para verlos…

-¿Y de verdad crees que tú los verás esta noche? –Expuso ella con los brazos cruzados.

El chico la miró con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Los demás intentaban aguantar la risa, pero no estaban consiguiéndolo.

-¿Cómo?

-Me vendiste a la mejor postora –dijo señalando con la cabeza a Jessica, -así que tendrás que compensarme por todas las tiendas que he tenido que ver hoy.

Escuchando cómo las carcajadas de sus amigos resonaban, Kyle suspiró, sabiendo que tendría que hacer algo que la contentase. Por suerte, ya la conocía bastante para saber que ella valoraba más los pequeños detalles y que no era difícil conseguir su perdón.

-Puedo darte un masaje en los pies…

-Eso solo te daría derecho a ver uno de los tatuajes –Ashton pretendía parecer dura, pero sabía que estaba perdiendo.

-Y… ¿si te preparo una suculenta cena? Mi madre me enseñó a hacer la tortilla española perfecta –por el brillo en los ojos de la chica, sabía que lo había conseguido.

Ella desvió la mirada, intentando parecer indignada aún.

-Vale, pero si no está tan rica, no te dejaré ver el otro tatuaje.

Capítulo 43 por Kala1411
Notas de autor:

Capítulo largo y con muchas escenas, seguramente mañana o en un día y medio pueda subir el siguiente.

¡Saludos!

Capítulo 43

 

 

Cada día le resultaba más difícil soportar todo aquello. Su relación con Ashton era cada vez mejor, pero solo cómo amigos, y eso era lo que le estaba matando poco a poco. Bromeaban, se reían, y él aprovechaba todo el tiempo que podía para estar cerca de ella, se contentaba con escucharla o mirarla de soslayo.

Le alegraba verla feliz cuando Kyle la abrazaba o le daba algún beso inesperado. Aquella sonrisa que aparecía en sus labios era lo más sincero que alguna vez había visto, y él también quería algo así. Era como si ella, con solo su presencia, consiguiera colmar de dicha el corazón del joven. La complicidad y la confianza que tenían no lo había visto en ninguna otra pareja, y él ansiaba tener eso, sentirlo. Su corazón y su cordura se lo pedían a gritos, como si su vida dependiera de ello.

Sabía que debía quitarse a Ashton de la cabeza, pero no quería hacerlo en aquel instante de su vida. Quería seguir queriéndola aunque fuese en las sombras, no le importaba, porque si tenía que desecharla de su vida, ya nada tendría sentido para él.

Ella y Jimmy eran lo mejor que tenía en aquel momento, ninguna otra cosa era tan valiosa, y lucharía por mantenerlos costase lo que le costase.

 

 

El equipo de baloncesto de los Golden State Warriors jugaba un partido contra los Boston Celtics el último viernes de marzo y Kyle tenía una entrada para ir con Adam, Frank, Mark y Jason. Sin embargo, un proyecto de última hora le impediría ir al partido, por lo que insistió para que Ashton fuera por él. Ella intentó convencerle para que le regalase la entrada a otra persona, pero fue en vano.

-Sé que nunca has ido a un partido de la NBA, y creo que te gustaría. Te lo pasarás bien con los chicos –le decía durante la cena.

-Pero Matt podría…

-Yo también tengo que hacer ese proyecto –contestó el aludido.

Ella se quedó un poco pensativa, pero ante los ánimos de sus amigos, aceptó. Entre anécdotas entusiastas sobre situaciones disparatadas que vivieron en otros partidos, el resto de la cena transcurrió tranquila y ella empezó a planear el próximo viernes que pasaría con sus amigos.

Esa noche y tras varios días sin poder verles, Ashton pudo contactar con sus padres por videollamada. John y Paul habían estado muy ocupados con su trabajo porque en pocos días terminaría su estancia en Nueva York y debían ultimar documentos, por lo que solo habían podido hablar por mensajes.

Ella estaba muy contenta, estuvieron hablando durante casi una hora en la que ella les contó acerca de las asignaturas, Jessica y sus sesiones maratonianas de compras, y sus tatuajes. Ellos le preguntaron acerca de sus amigos y la joven, como buena hija que era, les dijo que la cuidaban y la respetaban.

No mentía, puesto que ellos no tenían que saber todavía que Kyle no era su “amigo”. No preguntaron por su “novio”, por lo que técnicamente, ella no les había engañado…

Una cuestión diferente sería que descubriesen la verdad sobre su chico, pero Ashton evitaría que eso sucediera de una forma impulsiva y traumática para sus padres. Quería a Kyle y valoraba su seguridad y su integridad física.

 

 

Sus asientos eran estupendos, les permitían ver perfectamente todas las jugadas y estaban lo suficientemente cerca de los jugadores para vivir cada momento del partido. Ashton se lo estaba pasando genial, comía nachos y palomitas de Mark y Jason, se reía de los gritos indignados de Frank, y por primera vez en su vida y por insistencia unánime de sus amigos, había probado la cerveza. Había hecho una mueca por el sabor amargo, pero no le había desagradado.

Estaba sentada entre Mark y Jason, y escuchaba los comentarios de ambos entre los alaridos de los demás aficionados. A Paul siempre le había gustado el baloncesto, pero no hasta el extremo de las personas que le rodeaban, por eso se estaba divirtiendo al escuchar algunos exabruptos desmedidos ante jugadas o movimientos supuestamente indebidos.

Durante el último descanso del partido, las animadoras salieron a hacer bailes acrobáticos para mantener entretenido al público. No le extrañó escuchar a sus amigos decir algunas frases subidas de tono, y ella empezó a alabar los cuerpos de los jugadores de baloncesto con la intención de burlarse de los chicos. Recibió miradas extrañadas e incluso indignadas, pero solo sirvió para que sus carcajadas fuesen más contagiosas.

Ashton no se había percatado porque estaba imbuida en una conversación con Jason y Frank, pero habían activado la KissCam faltando apenas cinco minutos para que comenzase el último tiempo. Mark, por el contrario, sí se había dado cuenta y estaba comentando con Adam las parejas tan rocambolescas que salían besándose. Y de un segundo a otro, aparecieron sus caras.

La suya y la de Ashton.

La avisó, escuchando las risas de Adam a su lado, para que ella se viese también en las grandes pantallas que había por todo el estadio. Entre el bullicio, la chica se giró cuando sintió su apretón en su hombro, él le señaló la gran pantalla que tenían enfrente y ella se sonrojó, divertida.

Se quedó anonadado durante milésimas de segundo, embobado en la felicidad de su amiga, pero reaccionó de forma instintiva.

Llevó la mano hasta la nuca de Ashton y se inclinó hacia delante, sin darle oportunidad a reaccionar. Pegó sus labios a los de ella y se olvidó de todo lo demás, del partido, del estadio, de las cámaras, de sus amigos… Del mundo entero. Fueron los segundos más largos de su vida y los más intensos. Puso en aquel beso las palabras que quería decirle y no podía, la pasión desmedida que dominaba sus sentimientos se redujo a aquel simple gesto que para él encerraba un universo de emociones.

Hasta que ella empujó contra su pecho para apartarse.

Ashton se pegó al lado contrario de su asiento, mirando a su amigo espantada y sorprendida. Estaba en estado de shock, en sus labios notaba el leve cosquilleo que había provocado el beso y en su interior se estaba una tormenta de sensaciones y miedos que nunca antes había sentido.

Aquello le había afectado y Mark sabía que no precisamente para bien. Un dolor amargo le embargó, pero disimuló y puso una gran sonrisa para normalizar la situación. Sus amigos estaban callados, el ruido y los gritos de los demás aficionados resonaba por todo el recinto, animados por el comienzo del último tiempo.

Ella tragó duro y se sentó en su asiento para continuar viendo el partido, y los demás la imitaron. La tensión se palpaba, pero no era el mejor momento ni lugar para tratar lo que había ocurrido.

 

 

Casi cuarenta minutos después, regresaban a la mansión en el coche de Frank imbuidos en una atmósfera dominada por la inquietud. Comentaban levemente algunas jugadas en un intento frustrado de relajar los ánimos, pero Ashton no había abierto la boca desde lo ocurrido en el estadio. Mantenía la mirada agachada y Mark estaba cada vez más irritado por la actitud de su amiga.

Adam era el copiloto y pensó por un momento que tirarse del coche en marcha sería menos turbador que aquella situación. Sintió la vibración de su móvil y por un momento se quedó paralizado al ver que se trataba de un mensaje de Kyle. Su amigo le pedía que le dijera lo que estaba ocurriendo, pues tanto él como los demás miembros de la fraternidad habían visto por la televisión el beso.

-¿Vas a ignorarme para siempre? –Preguntó Mark molesto en ese momento.

Adam no dudó en contestarle a su amigo: “Voy a llamarte, pero desactiva el micrófono de tu móvil. Solo escucha”.

Apenas dio el primer toque de llamada, Kyle descolgó pero no se escuchó más que silencio desde la otra parte de la línea.

-¿Por qué me has besado? –Le reprochó ella sin mirarle.

-Porque estábamos en las cámaras del estadio, es un estúpido juego para que la gente se divierta.

-Pues a mí no me ha divertido.

-Joder, Ash. Ha sido un simple beso, no se va a acabar el mundo –él empezaba a enfadarse.

-Tengo novio, Mark.

-No ha sido para tanto.

-Quizás a ti no te lo haya parecido, pero para mí puede suponer mucho… -suspiró, intentando calmarse. –Mira, puede que tengas razón y que esté comportándome como una exagerada pero… Quiero a Kyle muchísimo y ahora mismo me aterroriza verle, ¿vale? Por qué… Por qué no sé cómo va a reaccionar, o si me odia en estos momentos… -sabía que estaba a punto de llorar, pero se contuvo. –Es mi primera pareja seria y quiero que salga todo bien…

-Esto no es un cuento de Disney, Ash. La vida y el amor no son tan bonitos en la realidad, despierta de una vez –su resentimiento se notaba en cada palabra.

-¡Que tu novia sea una zorra psicópata no significa que a los demás nos vaya a ir mal en nuestras relaciones! –soltó ella cabreada.

Si el cargado ambiente era incómodo antes, se volvió irrespirable. La joven se percató de lo que había dicho y se sintió culpable, no solo por Mark, sino por sus amigos. Parecían estatuas de cera, casi temerosos de respirar por si la situación empeoraba. Cerró los ojos para evitar derramar alguna lágrima, arrepentida por sus palabras.

-Lo siento mucho, chicos –les dijo. –No quería que la noche acabase así…

Adam vio como Kyle había finalizado la llamada. Solo esperaba que su amiga no tuviera problemas con el chico por culpa de aquel incidente, y sobre todo, que la fraternidad no volviera a dividirse de nuevo. Miró por el espejo retrovisor a Ashton y la vio abatida y triste como nunca antes.

 

 

Frank aparcó en la entrada de la mansión, rodeado del mismo silencio tenso que les había acompañado desde la discusión de Ashton y Mark. Todos estaban deseosos de llegar pero al mismo tiempo tenía miedo de que se repitieran algunas situaciones desagradables que habían acontecido el año anterior.

Ella respiró profundamente mientras andaba con paso inestable hasta la entrada de la gran casa. Abrió la puerta tímidamente y se sorprendió al no ver allí a nadie. Se acercó al salón, sabiendo que los demás seguían sus pasos, y vio a Kyle sentado en un sillón mientras leía un libro.

Todos observaban la escena, expectantes por si tenían que intervenir en una pelea entre su Alpha y su Beta, pero no ocurrió nada de lo que sus cabezas habían imaginado.

El joven se levantó del sillón con una gran sonrisa y se acercó a Ashton, quien parecía a punto de romper a llorar, y le habló con dulzura mientras le daba un abrazo.

-Hola, preciosa –ella enterró su cara en su pecho y rodeó su cuerpo con sus brazos. -¿Sabes? Me gusta la mezcla de tu sudor con el olor a cerveza, pero quizás te vendría bien darte una ducha antes de ir a la cama.

Ella bufó ante su broma, tranquilizándose por la reacción que había tenido al verla.

-Te quiero –dijo en un susurro ronco.

-Y yo a ti, nena.

Ella se separó a regañadientes, se despidió brevemente de sus amigos y subió para darse esa ducha que el joven le había aconsejado. Sin embargo, aunque el corazón de la chica latiese de nuevo a un ritmo normal, los de los miembros de la fraternidad parecían ir a cientos de pulsaciones por minutos. Kyle había actuado de forma normal con Ashton, pero nada les decía que fuese a ser igual de racional con Mark.

Y él, tras el inquietante viaje de regreso en el coche y esa muestra de cariño que había presenciado, estaba a punto de explotar. Necesitaba hacerlo, tener un conflicto para desquitarse a pesar de lo poco prudente que sería.

-Creía que te sentaría peor –comentó de forma chulesca, ignorando las miradas anonadadas de sus amigos.

Kyle le miró, conociendo a su antiguo amigo mejor de lo que Mark pensaba.

-No me molesta que hayas besado a mi novia –no pretendía provocarle, pero sabía que ese había sido el efecto.

-¿Ah, no?

-No. Lo que me molesta es que hayas arruinado una noche genial para ella. Se lo estaba pasando jodidamente bien, y tú se lo has fastidiado –se acercó a él. –No pretendo pelear contigo, Mark, pero no vuelvas a hacer sentir así a Ashton de nuevo o te daré otra paliza como la del año pasado.

 

 

Estaba mirando al techo, pretendiendo dejar la mente en blanco, pero sus pensamientos eran malditamente insistentes. Una parte de él se arrepentía de aquel beso por cómo se había sentido Ashton, había actuado de forma egoísta con ella y con sus amigos. Les había arruinado la estupenda noche a todos por dejarse llevar por sus sentimientos.

Sin embargo, la otra parte le gritaba que lo había hecho por puro instinto de supervivencia. Necesitaba esos pequeños contactos con ella para seguir encontrándole sentido a la vida, para seguir sintiendo esa chispa de felicidad que le permitía mantener su cordura.

-Ni siquiera voy a preguntarte en qué estabas pensando –le dijo Matt de repente.

No se había percatado de que su amigo había entrado en la habitación, tan ensimismado estaba en sí mismo.

-Solo me dejé llevar –respondió con voz monótona. –Era el estúpido juego de la KissCam.

-¿Con Ash? Y una mierda, estabas deseando que se te presentara una oportunidad así.

-Tienes razón… Creo que aprovecharía cualquier ocasión que la vida me diese para besarla de nuevo.

Matt se le quedó mirando sentado en su cama, impactado.

-¿Qué estás diciendo?

-Que la quiero… -susurró como si le contase un secreto.

-Mark, no hace falta que te recuerde lo que pasó el año pasado…

Una carcajada seca, sin alegría, salió de los labios del chico.

-No, estuve allí. Sé lo que vas a decirme, Matt… Lo mismo que me repito yo cada día, y no sirve para nada… -murmuró derrotado. –Pero son sentimientos que no puedo controlar, incluso si quiero mentirme a mí mismo no funciona… Ya nada me funciona…

 

 

Supuestamente, les quedaban cuatro días para volver a Seattle, pero realizaron todos los informes en la mitad de tiempo para poder regresar antes a su base natal. No le habían dicho nada a Ashton para darle una sorpresa, pero los acontecimientos recientes les habían obligado actuar.

Habían sabido ocultarle su vuelta anticipada, y les hubiese gustado esperar unos días para hacer su inesperada visita pues tenían algunos asuntos logísticos que solucionar, sin embargo debían hacer algo tras el evento tan inesperado y nefasto el que habían visto por televisión. Era noche cerrada pero sabían que podían llegar a California en poco más de seis horas, aprovechándose del jet lag que aún tenían.

Paul conducía, concentrado en la carretera, mientras John le dejaba un mensaje de voz a su pequeña, que a esas horas estaría plácidamente dormida.

-Hola Ash. Hemos visto lo ocurrido en el partido de baloncesto y vamos a hacerle una visita amistosa a ese cariñoso amigo tuyo –sabía que su aparente tono calmado no engañaría a su hija, pero no le importaba en esos momentos. -Nos vemos por la mañana, pequeña.

Capítulo 44 por Kala1411
Notas de autor:

Antes que nada, disculpadme por no actualizar cuando había dicho, he tenido algunos imprevistos que debía solucionar.

¡Saludos!

Capítulo 44

 

 

Estaba teniendo un agradable sueño: Ashton y él estaban haciendo el amor en la cancha de baloncesto del estadio de los Golden State Warriors, completamente solos, disfrutando el uno del otro como dos enamorados. Ella le miraba con la felicidad brillando en sus ojos y le pedía que no se alejase nunca de su lado, y él sellaba la promesa con un beso intenso…

Todo era tan perfecto y le parecía tan real que era reacio a despertarse por completo… Pero la falta de oxígeno en sus pulmones hizo que todo su cuerpo reaccionase en cuestión de segundos. Abrió los ojos y vio a pocos centímetros de su cara a otra persona con la ira relampagueando en sus iris celestes. Instintivamente, se incorporó.

-¡Ah! –Gritó sorprendido.

Matt se despertó al escucharle.

-¡Oh, joder! –Chilló atemorizado.

Reconocieron al instante a los padres de Ashton, quienes tenían expresiones siniestras y no quitaban sus ojos de Mark. Casi se les había salido el corazón por la garganta del susto, pero sus caras y el aura de poder que desprendían les estaba inquietando más.

-Disculpa el horrible despertar –comenzó a decir Paul a los pies de la cama de Mark, -pero ya nos estábamos cansando de ver cómo se te ponía dura, seguramente soñando algo con nuestra niñita.

-Eres demasiado efusivo con las muestras de cariño que le das a Ash, ¿verdad? –John parecía una fiera a punto de atacarle y era quien estaba más cerca de él. –Quizás deberíamos enseñarte algunos modales…

 

 

Ashton se despertó sintiendo la calidez de Kyle a su lado. Le dio un beso en la nariz para despertarle, como normalmente hacía. El chico, aún con los ojos cerrados, sonreía medio dormido mientras disfrutaba de las caricias que a ella le hacía siguiendo el contorno de su nariz, sus oídos y sus labios, hasta que él mordió juguetonamente su dedo. Ella se rio por lo bajo y se giró hacia la mesita de noche para comprobar la hora en su móvil. Vio el mensaje de voz que le había dejado su padre y se dispuso a escucharlo.

-Hola Ash. Hemos visto lo ocurrido en el partido de baloncesto y vamos a hacerle una visita amistosa a ese cariñoso amigo tuyo. Nos vemos por la mañana, pequeña.

-¡Oh, no! ¡Mark! –Gritó mientras los últimos resquicios de sueño desaparecían de su mente.

Como si el diablo la impulsase, se levantó rápidamente de la cama y salió corriendo hacia la habitación de su amigo. Escuchaba la voz preocupada de Kyle al sentir como había abandonado la cama, pero no tenía tiempo de explicarle. La vida de Mark corría peligro.

Casi resbalándose por el suelo del pasillo debido a la velocidad, llegó a la puerta del cuarto del chico y la abrió sin llamar. John lo tenía cogido por el cuello de la camiseta de su pijama mientras el rostro de su amigo estaba pálido.

-Buenos días, Ash –saludó tranquilamente Paul, como si nada estuviese pasando.

Abrió la boca para hablar, pero Kyle llegó corriendo y se paró en seco al ver la escena que se estaba desarrollando en la habitación. El joven se quedó mudo al ver a los dos imponentes hombres allí dentro y las expresiones iracundas que tenían.

Quizás fuese por los celos y cierto resentimiento hacia Kyle por el episodio de la noche anterior, pero desde luego no por el instinto de supervivencia, lo que impulsó a Mark a hablar en aquel instante.

-Te sienta bien la camiseta de Kyle, Ash –comentó con aparente tranquilidad.

John y Paul miraron más detenidamente a los dos jóvenes en la puerta de la habitación, en cuyos semblantes se reflejaba la inquietud. No hizo falta más que un par de segundos para que se diesen cuenta de lo que Mark había insinuado: Ashton tenía puesta una camiseta demasiado grande como para ser suya, y él llevaba solo unos slips.

Sus padres empezaron a acercarse a ellos, con el ceño fruncido, al tiempo que ella se situaba, como un acto reflejo, delante de su chico para protegerle. A medida que se acercaban a ellos, Ashton y Kyle retrocedían atemorizados. Ella empujándole levemente, él cogiendo su mano firmemente para intentar transmitirle una seguridad que ni siquiera tenía para sí mismo en ese instante.

-Hueles a sexo… -dijo John con los dientes apretados.

La joven se percató de que los dos pares de ojos enfurecidos estaban fijos en la cara de su novio, quien tragó duro al sentir la pared en su espalda. El miedo por lo que pudiera sucederle la impulsó. Confiaba en sus padres, pero también sabía lo que eran capaces de hacer.

-Esperadme abajo, por favor.

No sabía si su voz había sonado calmada y firme, pero hizo que los dos hombres se fijasen en ella y dejasen de atravesar el cráneo de Kyle con los ojos. Intercambiaron una mirada de reojo entre ellos unos segundos y se dirigieron hacia las escaleras. Aguantaron la respiración hasta que los vieron bajar.

-Jo… der… -musitó Adam.

Varios de sus amigos habían salido de sus habitaciones al escuchar los gritos de Ashton, y todos estaban en estado de shock al ver salir a los padres de su amiga de la habitación de Mark.

-Deberíamos llamar al ejército… -propuso Jason, lívido por la sorpresa.

-Tío, ellos son del ejército –le recordó Victor.

Ella suspiró, sintiéndose un poco abrumada por lo que le esperaba con sus padres. Su corazón latía de forma irregular, pero sabía que era mejor afrontarlo cuanto antes.

 

 

Diez minutos después, bajó a la cocina tras una ducha rápida. Entró con paso firme y decidido, aunque en su fuero interno los nervios la carcomían. Empezó a preparar el desayuno para los tres, esperando la primera pregunta o la primera demanda de sus padres, pero esperaron a que los platos estuviesen servidos y ella estuviese sentada.

-Explícanos lo que ha pasado, Ash –pidió Paul con voz calmada.

Ella respiró hondo, armándose de valor.

-Kyle es mi novio desde hace casi un mes. Mi intención era esperar que regresarais de Nueva York y contároslo todo. No quería hacerlo por mensaje o videollamada.

-Te comprendo, pensaste que sería más sencillo ocultarlo –había resentimiento en la voz de John.

-Nunca he querido engañaros con esto. Es lo suficientemente importante para mí como para decíroslo en persona, no por teléfono.

Los dos hombres dejaron de comer y se quedaron mirándola como si le hubiese salido una segunda cabeza. Tardaron en reaccionar ante las palabras de su hija, pues una parte de sus cerebros se negaba a aceptar el profundo significado que encerraban.

-¿Có-Cómo has dicho? –Tartamudeó John.

-¿Qué has querido…? –Inquirió al mismo tiempo Paul.

Ashton suspiró temblorosamente, casi prefiriendo confrontarse al modo agresivo de sus progenitores.

-Quiero a Kyle y…

No le dio tiempo a continuar la frase. John se levantó con el semblante ceniciento y empezó a andar nerviosamente por la cocina.

-No, no, no… -musitaba llevándose las manos a la cara.

-Eras nuestra niñita inocente y… -murmuró sobrecogido Paul.

-Por favor, tranquilizaos –no sabía cómo actuar ante ese comportamiento, nunca lo había visto en ellos. –No es para tanto... Solo tengo novio y…

-¿E-Estás enamorada de él? –Le preguntó Paul cogiéndole las manos y mirándola con ojos tristes.

Casi le daba pánico contestar al ver así a su padre, pero no quería mentirles.

-Cre-Creo que sí…

-¡NO! –El grito de John estaba lleno de sufrimiento.

-Pero, ¿por qué estáis así? Kyle es un chico estupendo y me quiere muchísimo –comenzaba a preocuparle que no aceptasen su relación. –Sé que os caerá muy bien cuando lo conozcáis.

Paul, aun sujetándole las manos, comenzó a asentir al ver la congoja de su hija.

-Si es tan… importante para ti, haremos un esfuerzo por conocerle.

Ashton le sonrió ampliamente, sintiéndose más aliviada por primera vez desde que había comenzado aquel día. Dirigió su mirada a John, quien asintió también a pesar de estar de espaldas a ellos, y la chica se levantó de la silla para abrazarle cariñosamente.

 

 

Le pidieron a su hija que les dejase un rato a solas con Kyle para hablar con él, querían tener un trato cercano y paternal con el chico y a la joven le ilusionó mucho esa iniciativa que nació de ellos,  así que salió a correr. Los dos tenientes fueron al salón sabiendo que sus objetivos estaban allí, pues consideraban que también debían tener una charla con Mark.

Entraron con apariencia calmada y se sentaron en un sofá frente al sillón donde estaba Kyle, con grandes sonrisas que no engañaron a ninguno de los presentes. El joven se sentía muy intranquilo, pero sabía que debía hablar con los padres de Ashton e intentar darles una mejor impresión de lo que se habían llevado tras verle esa mañana en ropa interior al lado de su hija.

-Kyle… así que eres el novio de nuestra pequeña, ¿eh? –Paul intentaba mostrarse afable, pero él no se fiaba de su actitud.

-Sí, señor.

-¿Dónde está el otro? –Preguntó John buscando entre los miembros de la fraternidad a Mark, hasta que lo vio. -¿Te gustaría sentarte con nosotros?

El joven se acercó con paso dubitativo, pues no quería volver a recibir otra mirada furibunda del padre de su amiga. Se sentó al lado de Kyle sin apenas dirigirle una segunda mirada, intentando aparentar más seguridad de la que en realidad tenía.

-Yo no soy el novio de Ashton –respondió él.

-Pero le dejaste anoche tu saliva en su boca –reprochó John.

No pensó dos veces lo que dijo a continuación ni las consecuencias que podría tener, últimamente no se paraba a meditar esas cosas.

-Él le deja cosas peores –señaló con la cabeza al chico que estaba a su lado.

Las muecas alegres de los dos hombres desaparecieron por completo y fijaron su atención homicida en el joven rubio. Por un instante, Kyle creyó que lo había imaginado, pero no. Mark quería jugar sucio y él no dudaría en hacer lo mismo.

-Yo quiero y respeto a Ashton por encima de todo –dijo con voz calmada. -No se fíen de lo que les diga un masturbador compulsivo que tiene una foto de su hija semidesnuda escondida en su armario.

El foco de furia volvió a recaer sobre Mark.

-No voy a negarlo –se encogió de hombros. –Yo me conformo con la foto y mi imaginación, sin embargo él no se contenta solo con las fantasías.

-Tienes razón, disfruto más haciéndola feliz con pequeños detalles que buscando cualquier oportunidad para desvestirla con los ojos –se giró para mirar cara a cara al joven mientras discutían.

-Joder, ¿acabas de admitir que la tienes pequeña?

John se cruzó de brazos y se relajó un poco, mientras que Paul se inclinó un poco adelante, ambos muy atentos a aquel intercambio de pullas. Y no eran los únicos, pues todos los miembros de la fraternidad les observaban sin ningún disimulo.

-No, no he admitido nada parecido. Pero ahí está tu problema: crees que ella solo se fija en el físico y estás completamente equivocado. Por eso yo soy su novio y tú no… -sonrió de manera cínica al recordar algo. –Bueno, por eso y porque tú no tuviste el valor suficiente para dejar a Daisy y confesarle lo que sentías.

-Sabes que estoy con esa jodida psicópata para protegerla…

-¿Se ha enfrentado a un puto terrorista y te preocupa que Daisy pueda hacerle daño? ¡No me jodas, Mark!

-¡Tú sabes tan bien como yo de lo que es capaz esa zorra!

-¡Búscate otra excusa, esa ya la has repetido demasiado y ni tú te la has creído un solo segundo desde que volviste con Daisy! –Kyle estaba cada vez más molesto. – ¡Lo que pasa es que te vuelve loco pensar que no te quiere de la misma manera que tú la quieres a ella!

-¡¿Qué cojones sabrás tú?! –Gritó Mark.

-¡Porque yo también perdería la cabeza si supiera que ella está enamorada de otro! –Bramó jadeante.

Se quedaron mirándose, reprimiendo los instintos que tenían de destrozarse mutuamente. La furia y el resentimiento afloraron en ellos al mismo tiempo, pero era Mark quien se sentía más débil ante la realidad que le acababa de gritar su antiguo amigo a la cara. La rabia le impulsó a levantarse y salir de allí, pues hasta aquel momento no se había percatado de lo transparente que era su corazón. Salió de la mansión dando un portazo, decidido a alzar más la muralla con la que se protegía de los demás.

Kyle se reclinó en su sillón, cansado y cabreado a la vez. Apenas se daba cuenta de nuevo de la presencia de todos sus amigos en el gran salón, quienes habían presenciado todo, y del mutismo que los dominaba.

-Impresionante –dijo Paul con admiración. –Aún me sigues cayendo mal porque te has acostado con mi hija, pero te respeto un poco más que antes.

 

 

Mark estaba sentado en un banco cerca de la Facultad de Derecho. Era la primera vez en mucho tiempo que se sentía calmado y con la suficiente entereza para pensar con lógica. Por mucho que le costase admitirlo en voz alta, sabía que Kyle tenía razón en todo lo que le había dicho. Debía empezar a ordenar su cabeza y sus sentimientos, no le servía de nada estar en ese callejón sin salida.

Vislumbró a pocos metros cómo se acercaba Daisy, parecía tener cara de pocos amigos y casi sentía el odio de sus ojos tras las gafas de sol que llevaba. Eran casi las doce del mediodía pero podía adivinar que se había despertado hacía pocos minutos. Sabía que no iba a ser fácil, con ella nada lo era.

-¿Qué quieres? –Demandó con fastidio.

-Quiero dejarlo.

Ella bufó de forma despectiva.

-¿Tanto te puso el beso que le diste anoche a esa puta? He escuchado que está con Kyle…

-Sí, está con él.

-¿Y crees que le dejará para estar contigo? –Preguntó en tono burlón.

-Sé que no le dejará, ni por mí ni por nadie –esas palabras fueron como cortes en sus venas. –Pero aun así la sigo queriendo.

Daisy soltó una carcajada seca, casi sin dar crédito a lo que él decía.

-¿En serio? ¿Prefieres estar solo que seguir conmigo? –Empezó a negar con la cabeza mientras se acercaba un poco al joven. –Ella jamás te querrá…

-Podré soportarlo –cortó.

-Nunca te dejará tocarla…

-No espero que lo haga.

-Y… sabiendo todo eso, aun prefieres estar solo antes que conmigo, ¿no? –Él asintió. –Te vas a arrepentir, Mark.

-Lo dudo. Perdí a mi mejor amigo por tu culpa y la fraternidad casi se va a la mierda –se levantó del banco para recalcar más su parecer, molestándole la actitud de la joven. –Odias a mi hermano y a Ashton, ¿y pretendes que tenga sentimientos por ti?

Ella quedó sobrecogida por la brutal sinceridad de sus palabras.

-Estás cometiendo un grave error. Cuando caigas, estaré ahí para pisotearte –amenazó ella.

-Me levantaré antes de que tengas la oportunidad de hacerlo. Y si yo no puedo, sé que Ash me ayudará a hacerlo.

-Entonces, también la aplastaré…

-Y ella te partirá la pierna –contestó riéndose. –Todo esto se acaba aquí, Daisy.

La joven, en un impulso desesperado y llevaba por la furia, le dio un tortazo en la mejilla y se fue. Él se tocó la zona dolorida, la sentía un poco caliente por el golpe, pero eso era una nimiedad para el dolor que le recorría el corazón.

-¿Estás bien?

La sorpresa le inundó al escuchar la voz de Ashton y se giró para ver como se acercaba a él a paso ligero. La chica iba con ropa de deporte, sudorosa y con los auriculares puestos, el pelo recogido en una cola firme pero con algunos pequeños mechones saliéndose por la carrera. A sus ojos, estaba preciosa.

-Sí, tranquila –respondió con una pequeña sonrisa.

-¿Seguro? El guantazo ha sido…

-Lo sé, lo he sentido –dijo él con sorna, sintiéndose mejor.  

-Mark, si esto ha sido por lo de anoche, hablaré con ella y… -comenzó a decir preocupada.

-No –la detuvo. –Esto era una decisión que ya había tomado hace mucho, lo de anoche no tuvo nada que ver.

Ella le miró extrañada, sin darle demasiada credibilidad a sus palabras, pero era cierto. No podía hablarle de la profundidad de aquella acción en aquel momento, porque tendría que explicarle sentimientos que la joven no aceptaría y no sería capaz de soportar su rechazo de nuevo. Por el momento, se contentaría con ese pequeño paso que había dado.

-¿Volvías a la mansión? –Le preguntó a su amiga.

-Sí, iba de regreso.

-Bien, vamos juntos –empezaron a andar tranquilamente. –Bonito tatuaje, por cierto. Me recuerda a la rosa de la película “La Bella y la Bestia”.

Ashton bufó divertida.

-No puedo creerme que la hayas visto.

-A Jimmy le gusta, pero no le digas que te lo he contado. No quiere que pienses que es demasiado infantil.

Ella se rio y Mark se sintió más alegre, como si el peso de todos sus problemas fuera más liviano. Estaban cerca el uno del otro, hablando mientras caminaban, incluso bromeando. No era igual a lo que había visto entre la chica y Kyle, pero se contentaba con eso.

Capítulo 45 por Kala1411
Notas de autor:

Siento haber tardado tanto en actualizar, este capítulo es largo y el siguiente seguramente también lo sea. 

¡Saludos!

Capítulo 45

 

 

John y Paul se fueron esa misma tarde para Seattle, con la promesa de pararse a descansar si lo veían necesario y no forzar el cuerpo al límite detrás el volante. Durante el almuerzo habían lanzado algunas indirectas dirigidas principalmente a Kyle y a Mark, pero Ashton había estado atenta para reprender a sus padres con una mirada si consideraba que se estaban pasando.

Ella sabía que algo había pasado aquella mañana mientras había salido a correr, pero en la mansión de la fraternidad había un extraño secretismo respecto a ello. Le había preguntado a sus padres si habían incomodado mucho a Kyle durante su conversación, y ellos le respondieron de una forma muy franca.

-Nosotros apenas intercambiamos un par de frases con él esta mañana –le contó Paul.

-Fue el otro, el “moreno baboso”, quien mantuvo una conversación bastante reveladora con él –contestó John.

-¿Mark?

-Sí… “Mark”… -dijo con desgana su padre.

-Esos dos tienen que aclarar algunos temas entre ellos –comentó Paul.

-Lo sé –suspiró la chica.

Debía mantener una charla con su amigo, pero antes quería tenerla con su novio. La noche anterior le había dicho que no tenía que preocuparse tanto por aquel beso, le había quitado importancia al verla tan afectada, pero sabía que había algo que le seguía ocultando.

Fue a la habitación del chico, llamó y esperó a que él le abriera con su deslumbrante sonrisa. Le dio un intenso beso, agradeciéndole sin palabras por la paciencia que había tenido con sus padres. Se sentó en la cama de Kyle y él a su lado, sabiendo por su expresión que no le había buscado para divertirse.

-¿Qué ha pasado hoy mientras yo no estaba? –Preguntó directamente.

El chico suspiró, su expresión de alegría se esfumó y bajó su mirada a sus manos. Tardó en hablar, pero ella no tenía prisa y no se movería de allí hasta que él le contestase.

-Mark y yo tuvimos una pequeña charla delante de tus padres y quizás dijimos cosas demasiado… sinceras…

-¿Qué cosas? –Inquirió al ver que él era reticente a continuar. -¿Habéis discutido por lo del beso en el estadio? –Empezó a preocuparse.

-No, no fue por eso.

-Entonces, ¿por qué?

Kyle fijó sus ojos en ella durante varios segundos, sin saber cómo responder a esa pregunta. No quería mentirle, pero temía algo peor si le decía la verdad.

-Yo no puedo decírtelo, tendrás que preguntarle a Mark.

La joven bufó, cansada de aquel mutismo generalizado. Se dirigió a la puerta, molesta con aquella situación, pero Kyle la abrazó y ella se paró en seco.

-Te quiero mucho y confío en ti… No me mientas nunca, Ash, por favor… -suplicó.

La chica se giró para rodearle con los brazos y apoyar su cabeza en su pecho.

-Jamás te haría algo así.

 

 

Tras la breve conversación con su novio, Ashton sacó varias conclusiones. La primera, que no conseguiría averiguar nada de lo ocurrido a no ser que le preguntase a Mark, y algo le decía que él no sería muy sincero con ella o no le contaría toda la verdad.

La segunda, que las mentiras y los problemas que causó Daisy en el pasado afectaron profundamente a los chicos, tanto en la confianza en sí mismo como en la que tenían hacia los demás. Ella recordaba lo mal que se había sentido cuando los dos jóvenes habían mostrado desprecio hacia ella por un malentendido, así que comprendía como podían llegar a sentirse ellos. Se propuso ayudarles, lo tendría más sencillo con Kyle que con Mark, no obstante no se rendiría con su amigo.

El domingo por la mañana, salió a su habitual carrera para ejercitarse mientras tenía en mente algunas formas para ayudar a su amigo con su problema. La primavera había llegado a California y había adelantado las altas temperaturas, así que ella decidió reducir el ritmo cuando regresaba a la mansión.

Apenas iba por la mitad del recorrido cuando distinguió a una chica en un banco cercano al edificio de Biología. Con paso tímido, se acercó a ella y reconoció a Amber, la amiga de Daisy que le había hecho la última cura de sus heridas. La joven estaba con la mirada perdida y los ojos rojos, vestida con ropa informal y un poco despeinada, era la viva imagen de la desolación. A su lado había un par de maletas y algunas cajas amontonadas.

-Hola –saludó sutilmente cuando llegó a su lado.

La chica levantó la mirada y se sorprendió al verla. Su expresión de pena le sobrecogió el corazón, fuese lo que fuese lo que le estaba pasando, ella no podía dejarla allí de aquella forma.

-¿Puedo ayudarte…?

Apenas pudo acabar la pregunta, Amber se abrazó a su cintura y comenzó a llorar desconsoladamente. Tras el primer segundo de desconcierto, Ashton reaccionó y puso su mano sobre su cabeza para acariciarle el pelo e intentar reconfortarla un poco. Estuvieron así varios minutos hasta que el llanto de la chica fue mitigando.

-Me ha echado de la hermandad… -musitó tan bajito que apenas la oyó. –No tengo adónde ir.

No sabía lo que había pasado y en aquel momento no le importaba mucho, nadie debería verse en la calle de un segundo a otro.

-Puedes venir conmigo… hasta que encuentres algo… -le propuso Ashton.

Sin dejar de abrazarla, Amber comenzó a sollozar mientras asentía. Unos minutos después, llevaban entre las dos las pertenencias de la joven hasta la mansión. La chica parecía un poco más calmada, pero le preocupaba que a los miembros de la fraternidad no les gustase que ella se quedara allí. Ashton le quitó importancia, pues sabía que ninguno de sus amigos pondría impedimento ante una situación como la que estaba pasando ella.

-¿Por qué habéis discutido? –Quiso saber. –Es decir, si quieres contármelo…

Amber se quedó callada unos minutos antes de contestar.

-Daisy tiene ciertos… hábitos… Yo me di cuenta hace tiempo y, como su amiga, le pedí que tuviese cuidado cuando estuviese en la casa de la hermandad –suspiró. – Pero cada vez se vuelve más temeraria. Esta mañana discutimos y… El resto te lo puedes imaginar.

La joven no iba a decirle más de lo que le había contado, y ella lo comprendía pues, a fin de cuentas, se trataba de su amiga. Cambiaron de tema de conversación para que Amber no se preocupase tanto por tener que quedarse en la casa de la fraternidad, pero cuando llegaron a la mansión sus nervios se trasladaron a sus extremidades.

Ashton entró y ella la siguió como si fuese un corderito entrando en una carnicería. Se le hacía extraño ver de aquella forma a una chica que parecía tan segura de sí misma ante los demás, pero supuso que era una reacción normal. Le indicó que dejase un momento sus cosas en un rincón y la invitó a seguirla hasta el salón, donde escuchaba a sus amigos. Amber se mantuvo detrás de ella hasta que entraron, pero nadie levantó la vista de la pantalla de televisión. Andrew había comprado el último juego de lucha libre y estaban todos muy entusiasmados jugando.

-Chicos… –llamó, pero aun así nadie las miró. –Tengo que deciros algo importante…

-Luego, Ash –le dijo Victor. -¡Eso es! ¡Dale fuerte, Kyle!

El avatar de su novio luchaba contra el de Frank, y la euforia era contagiosa. De reojo veía a Jason apuntando las apuestas y encargándose de la tabla de clasificación.

-Cariño, podrías…

-¡Whoa! ¡Toma esa! –Gritó el joven cuando consiguió asestarle un buen golpe al su contrincante en el juego.

-Creo que no te escuchan… -le susurró Amber.

Estaba un poco molesta en aquel momento con todos ellos. Debía decirles algo importante, pero estaban más imbuidos por el juego que por cualquier otra cosa que hubiese a su alrededor.

-¡Vamos, Kyle! –Exclamó de repente Mark. -¡Tu avatar es mejor! ¡No te dejes vencer tan fácilmente!

Le sorprendió escucharlo. Estaba al lado de Kyle, con los ojos fijos en la televisión y una media sonrisa, como si no tuviese más preocupaciones que ver ganar a su antiguo amigo. Por un instante, intentó imaginar cómo era la relación de los dos jóvenes antes de la aparición de Daisy, y no le costó tanto recrearlo en su mente. Su novio le había dicho que habían sido como “uña y carne” pero le había costado creerlo, sin embargo, lo vio claro en aquellos gestos.

A pesar de todo lo ocurrido el año anterior, del malentendido que tuvieron con ella y de aquella ley del silencio que habían adoptado respecto a la misteriosa conversación que mantuvieron el día anterior, la amistad de los dos no estaba muerta del todo. Aún quedaba algo y ella la recuperaría.

-Vamos a llevar tus cosas a mi habitación –le dijo a Amber.

-Pero…

-Tranquila, más tarde les contaré.

-¿En serio? –Empezaron a subir las escaleras. –Por experiencia sé que es muy difícil que un chico te haga caso si hay un videojuego violento en una gran pantalla. No digamos si son veinte chicos y el “Real Combat IV”… Es una misión imposible.

Llegaron a la habitación de Ashton y dejaron las cosas.

-Hay espacio de sobra en mi armario y tienes un cajón libre en la cómoda. Puedes ir colocando tu ropa mientras me doy una ducha rápida.

 

 

Creyó que la euforia del videojuego pasaría a lo largo del día, pero no fue así. Los chicos estaban poseídos por sus avatares y apenas abandonaban el salón para ir al baño. Tanto ella como Amber se encargaron de dejarles ingentes cajas de comida china para que pudiesen almorzar  y cenar mientras ellas hablaban acerca de diferentes cuestiones. Ashton evitó conversar sobre cualquier cosa que le pudiese recordar a la chica su situación, pero a medida que pasaba la tarde se daba cuenta que la joven parecía estar cada vez más cómoda con ella, y eso la relajó.

Al caer la noche, apenas podía creer cómo se mostraba tan diferente cuando estaba con las otras chicas de la hermandad. Amber resultó ser una persona simpática, alegre y amable, amante de las películas Disney y de los videojuegos (al parecer, tenía tres hermanos mayores que la habían entrenado bastante bien a los mandos). Fue ella quien le comentó que el “Real Combat IV” se había agotado en cuestión de horas por la popularidad de la saga, así que dudaba que los chicos se despegasen de la pantalla hasta bien entrada la madrugada. No quería estar tanto tiempo sin explicar lo que había pasado con Amber, pero puesto que sus amigos no le hacían caso, no tenía otra opción que esperar al día siguiente.

-Me preocupa que se enfaden contigo mañana –le comentó la chica. –No quiero causarte problemas.

-Tranquila, van a comprenderlo. Pueden parecer un poco brutos a veces, pero tienen grandes corazones.

-Lo sé… Por eso me da miedo haberme ganado su animadversión por lo que te hicimos pasar los meses anteriores.

-Eso está olvidado. Además, sé que Jason se pondría de tu parte –levantó una ceja sugerentemente.

Amber se sonrojó un poco y soltó una risita conocedora. Alrededor de las diez de la noche, las chicas se prepararon para dormir y no tardaron en caer en manos de Morfeo. Por su parte, los chicos terminaron de jugar pasada la media noche. Sabían que les costaría despertarse al día siguiente, pero había merecido la pena.

 

 

A la mañana siguiente, Ashton se había despertado bastante antes para que les diese tiempo de usar el baño, puesto que Amber le había avisado que ella tardaba casi media hora en sus rutinas. A ella no le supuso un gran esfuerzo, así que cuando terminó en la ducha, bajó a la cocina para prepararle un rico desayuno a su invitada. Estaba sola en la planta baja, pero sabía que sus amigos no tardarían en empezar a bajar.

Por su parte, Amber se dio más prisa que de costumbre en el baño, más por nervios que por tiempo. En pocos minutos, todos los miembros de la Fraternidad Alpha Omega sabrían que se quedaría durante varios días entre ellos y no tenía ni idea de cómo podría acabar aquello. Intentó relajarse un poco antes de salir del baño, respiró hondo para desquitarse de los últimos resquicios de inquietud y abrió la puerta.

Un somnoliento Jason estaba frente a ella ataviado con unos slips. La joven le sonrió, pensando que también era lindo con cara de zombie recién levantado.

-Buenos días, Jason –pasó por su lado y se dirigió a la habitación de Ashton.

-Buenos días, Amber –el joven entró en la estancia y cerró la puerta.

Hicieron falta al menos diez segundos para darse cuenta del error. Abrió los ojos como platos, salió al pasillo y fue a llamar a la habitación de su amiga, pero lo pensó mejor y bajó precipitadamente las escaleras. Encontró a Ashton en la cocina, acompañada de algunos de sus amigos.

-Tíos, creo que el videojuego me ha afectado… -dijo sentándose y pasándose las manos por el pelo. –He visto a Amber entrando en la habitación de Ash…

-¿Qué? –Victor apenas podía considerarse persona en esos momentos.

-Necesitas descansar más… -murmuró Nick.

-No ha sido una alucinación, Jason –intervino ella, ganándose algunas miradas extrañadas. –Amber va a quedarse aquí unos días… Quería comentároslo ayer, pero estabais tan obsesionados con el videojuego que no me hacíais caso.

Se miraron los unos a los otros, un poco más despiertos por la noticia.

-¿Y qué hace aquí? –Inquirió Mark extrañado.

-Daisy la ha echado de la hermandad y no tenía adónde ir… -se mordió el labio. –Sé que debería haberlo consultado con ustedes antes, pero era una situación apremiante. No podía dejarla allí tirada.

-De acuerdo, no te preocupes por eso, Ash –le dijo Kyle sonriéndole. –Hiciste lo que cualquiera de nosotros hubiera hecho.

-¿Sabes por qué la ha echado? –Preguntó Matt, curioso.

-No me ha dicho el motivo exacto, solo que tuvieron una discusión –la joven se había relajado un poco más. –Chicos, de verdad, muchísimas gracias.

Menos de un minuto después, Amber entró tímidamente en la cocina saludando a todos los presentes pero sin hacer contacto visual con ninguno. Se fue hacia Ashton para ayudarle a colocar sus cubiertos, casi esperando la primera queja sobre su presencia.

Y los jóvenes se dieron cuenta de la tensión que la rodeaba.

-Entonces, ¿habéis pasado la noche juntas? –Victor parecía más despierto. -¿Habéis dormido abrazadas, o…? ¡Ay!

Matt le dio un tortazo en la nuca para detener el hilo de su imaginación. Amber miró sonriente a su nueva amiga, más tranquila por la actitud que habían tomado los chicos ante su presencia. No fue la única broma que se escuchó en aquella mansión esa mañana, y a cada una que hacían, la joven se sentía más cómoda entre ellos.

 

 

La semana transcurrió con muchos altibajos para Amber. Sus antiguas amigas le hacían el vacío y la trataban como si se tratase de una leprosa, despreciándola y humillándola cómo habían hecho con Ashton los meses anteriores. Más de un día llegó llorando a abrazar a su nueva amiga y pedirle perdón de cien formas distintas por como la había tratado en el pasado. Ella intentaba quitarle importancia, pero la chica parecía no tener consuelo, solo le servía deshacerse de su culpabilidad mediante sus lágrimas.

Jason habló con su hermana para informarse sobre algún apartamento que tuviese una habitación en alquiler cerca del campus, y para suerte de Amber, la compañera de Jessica se había marchado la semana anterior para estudiar en el extranjero. Aunque la joven era reticente a aceptar aquel cambio de Amber, en pocos días y tras mucha persuasión de Ashton y Jason, se convenció y realizarían la mudanza durante la semana.

-Guau, Jason –comentó Ashton durante un almuerzo. –No sabía que eras tan caballeroso. Nunca te había visto actuar así por una chica que no fuésemos Jessica o yo.

-No se merece lo que le ha hecho Daisy –contestó él encogiéndose de hombros. –Solo la estoy ayudando, también es mi compañera de clase y la conozco mejor que ustedes, así que sé cómo pueden afectarle las cosas.

-¿Estás seguro de lo que has hecho? –Preguntó de repente Adam.

-¿Qué quieres decir? –Inquirió Jason.

–No me malinterpretes, es genial que la apoyes y se ve que tienes algo por ella… Pero si mi hermana y la chica que me gusta fuesen a vivir juntas, yo me sentiría un tanto inquieto –el joven se quedó pensativo, y Adam continuó. –Es decir, una te ha visto “en bolas” y la otra tiene fotos tuyas muy comprometedoras de antes de que te saliese tu primer vello púbico… -por su mirada se podía ver que Jason empezaba a entrar en pánico.

-Jess no le enseñaría…

-Quizá ella no…

El joven miró a Adam con resentimiento, entendiendo perfectamente su amenaza velada.

-Vas a aprovecharte de eso, ¿no?

-Ni siquiera lo dudes –sonrió con regocijo.

 

 

El jueves por la tarde, Amber se había mudado a su nueva habitación y parecía más contenta de lo que había estado los días anteriores. No era fácil empezar desde cero cuando habías dado todo por sentado, pero la joven se había repuesto de sus heridas y estaba más tranquila al encontrar más gente a su alrededor, personas que nunca había imaginado que estarían.

Con todo lo que había pasado con su nueva amiga, Ashton apenas había tenido tiempo de hablar con Kyle durante la semana. Aquella noche, cuando el chico llegó a su habitación muy sonriente y deseoso de tener un rato a solas con ella, Ashton se sentó en la cama y le invitó a que le imitase.

-Me gustaría pedirte algo –empezó. –Sé que has tenido muchos problemas con él, pero creo que Mark necesita que vuelvas a ser su amigo.

Kyle bufó y se dejó caer en la cama.

-La amistad entre él y yo está muerta, Ash. Y los dos estamos bien así.

-No, no está muerta. Lo he visto en pequeños detalles que tenéis el uno con el otro –insistió. –Él apuesta por ti cuando jugáis a ese videojuego, y no creas que no me he dado cuenta de que tú haces lo mismo. Casi nunca habláis, pero he observado que siempre estáis para el otro.

-Sí… quizás tengas razón… -dijo vagamente. -Pero no es algo que hagamos conscientemente…

-¿Ves? ¡A eso me refiero! –Exclamó entusiasmada. –Hay gestos o acciones que salen de vosotros. No lo hacéis obligados, simplemente os dejáis llevar por… esa pequeña llamita de amistad que aún late en vosotros.

Kyle suspiró y se incorporó para mirarla directamente a los ojos.

-Vale, supongamos que tienes razón. ¿Qué quieres que haga?

-Me gustaría que volvieses a pasar tiempo con él. No sé cómo erais antes de lo que pasó con Daisy, pero podríais recuperar esa relación si le dedicáis el tiempo necesario –le cogió la mano y comenzó a juguetear con sus dedos. –Los dos lo estáis deseando y no os dais cuenta.

El chico se quedó pensativo. Debía reconocer que Ashton tenía razón, pero eso era porque ella no sabía todo lo que Mark guardaba en su interior. Él y Kyle habían seguido caminos distintos pero si reflexionaba un poco, siempre estaban en paralelo uno del otro. La distancia y el resentimiento que se había formado entre ellos eran salvables, siempre lo habían sabido.

Sin embargo, en esa ocasión era Ashton quien estaba presente en esa tesitura, y eso complicaba las cosas. Tras muchos desengaños y malos momentos, los dos se habían dado cuenta de que Daisy no merecía la pena tanto sufrimiento, pero aun así pelearon entre ellos ignorando los gritos que pegaban sus respectivas conciencias para que parasen esa guerra y hablasen. Las hormonas, que no el corazón, se impusieron sobre la razón.

Con su chica, las circunstancias eran completamente diferentes. Ashton merecía la pena cualquier conflicto que tuvieran que solventar y los dos lo sabían, solo su sonrisa les impulsaba a seguir luchando por ella, tanto para mantenerla a su lado como era su caso, como para saborear los brevísimos segundos que supusiera estar cerca de la joven.

Era algo muy complicado lo que le pedía, pero lo intentaría por ella, se lo debía también a Mark por todos los años pasados en los que habían compartido buenos momentos y superado los malos.

-Veré lo que puedo hacer por él… -la joven lo abrazó, ilusionada.

-¡Gracias!

-Pero me va a suponer un gran esfuerzo y necesitaré una motivación extra para empezar…

Con una risita traviesa y un bocado juguetón en su cuello, comenzó todo.

Capítulo 46 por Kala1411
Notas de autor:

Siento estar tardando más días de los previstos en actualizar.

¡Saludos!

Capítulo 46

 

 

Las vacaciones de primavera comenzaban esa semana y Ashton estaba deseando volver a la base para hacer algunos entrenamientos especiales que sus padres estaban organizando. Sabía que los había visto apenas dos semanas antes, pero estaba ansiosa por visitarles para analizar cómo estaban sobrellevando la idea de Kyle como su novio. Habían tenido tiempo para asimilarlo, al menos cualquier padre normal ya lo habría aceptado aunque fuese a regañadientes, pero John y Paul eran “huesos duros de roer” cuando se trataba de ella con otros chicos.

Su tren salía muy temprano aquel viernes, por lo que fue la primera en salir de la mansión a las 7 en punto de la mañana. Kyle se había despertado al mismo tiempo que ella para acompañarla a la estación a pesar de sus quejas, era la primera vez que estarían tanto tiempo sin verse desde que comenzaron su relación y el joven necesitaba apurar con ella los últimos segundos. Ella se reía de su melodramática expresión mientras le recordaba que debía aprovechar esa semana para recuperar su amistad con Mark.

Se dieron un romántico beso de despedida y ella salió corriendo hacia el andén gritándole “Te quiero”. Cuando Kyle se giró, vio a unos metros de él a varias señoras mayores limpiándose los ojos, emocionadas ante la escena que habían presenciado.

-Que bonito. ¿La chica volverá? –Le preguntó una de ellas.

-S-Sí…

-Pues claro que regresará, se veía en sus ojos lo enamorada que está –le contestaba otra a su amiga.

El joven sonrió levemente, sabiendo que era cierto lo que decía aquella mujer y sintiéndose mejor. De repente, no se le hacía tan larga la espera para volver a verla, porque sabía que sus sentimientos solo se fortalecían con el paso de los días.

 

 

Cuando Kyle regresó a la mansión, algunos de sus amigos ya tenían sus maletas en al lado de las escaleras. Mark estaba bajando en ese momento con cara de fastidio, pero no quiso esperar a verlo de mejor humor.

-Tenemos que hablar –le dijo directamente.

El chico puso una mueca entristecida.

-¿Vas… Vas a dejarme por otra? –Inquirió con sorna.

-Sí, por una que tenga más pecho.

Mark dejó su maleta al lado de la puerta, pero continuó con su actitud sarcástica.

-¿No te gustan mis pechos? ¿Desde cuándo?

-En realidad, son tus pezones. Son amorfos y no me excitan.

Ambos entraron en la cocina, donde estaban algunos de sus amigos tomando el desayuno. Los jóvenes dejaron de comer al escuchar la extraña conversación, pero fue Matt quien se atrevió a preguntar con un poco de miedo por la respuesta que pudiera recibir.

-¿De qué estáis hablando?

-Ash quiere que recupere mi amistad con Mark –explicó Kyle mientras se servía una taza de café.

El aludido se quedó paralizado por un momento, deshaciéndose de la ironía y el enojo con los que se había despertado esa mañana.

-¿Ella quiere… que volvamos a ser amigos? –Susurró extrañado.

-Sí.

-¿No le has contado que Mark…? –Intervino Adam.

-No –cortó rápidamente. –Eso le corresponde a nuestro querido Alpha.

El chico le devolvió una mirada llena de resentimiento a Kyle, y él le sonrió para enfadarle un poco más.

-No bromees conmigo hoy, Kyle -advirtió.

-¿Por qué? ¿Qué te ha pasado para que quieras destruir al mundo y a toda la humanidad?

-Mi coche se ha averiado y el mecánico no vendrá hasta la semana que viene, cuando terminen las vacaciones de primavera –explicó con el ceño fruncido. –Además, no destruiría a toda la humanidad, salvaría a Jimmy y a Ashton… Y quizás a algunas personas más…

-¿A mí me eliminarías? –Esta vez, fue Kyle quien adquirió la ironía.

-Sin pensármelo dos veces –Mark le sonrió de manera cínica.

-Un bonito detalle, sin duda –tomó un sorbo de café antes de continuar. -¿Sabes qué? Estás de suerte, hoy me siento generoso y voy a llevarte hasta tu casa.

Parecía que el ambiente no podía empeorar para los presentes, pero la tensión creció hasta límites insospechados cuando Kyle dijo aquello. Mark le miró extrañado antes de estallar en carcajadas.

-No estoy bromeando con esto. Ash me ha pedido que te ayude y eso haré.

-Tíos, sinceramente, creo que es una pésima idea –comentó Victor.

 -Yo también lo pienso –Mark volvía a estar completamente serio. -¿Por qué quieres hacer esto? ¿Solo por qué ella te lo ha pedido? ¿Qué obtienes tú a cambio?

-Quiero hacerlo porque haría cualquier cosa que ella me pidiera –Kyle le miraba directamente a los ojos. –Tú también actuarías así si estuvieses en mi lugar, y lo sabes. Y en cuanto a la última pregunta, prefiero no contestarte, te pondrías más celoso de lo que ya estás –terminó su café bajo la gélida mirada del chico. –Date prisa, salimos en diez minutos.

 

 

Se montaron en el coche de Kyle bajo las atentas y atónitas miradas de los miembros de la fraternidad, quienes creían que sería la última vez que los verían juntos porque acabarían descabezándose el uno al otro. Apenas habían salido del recinto del campus cuando Mark habló.

-Explícame porqué quiere que volvamos a ser amigos.

-Piensa que aún queda una “chispa” de nuestra amistad y cree que deberíamos intentar recuperarla… Cree que te vendría bien –explicó Kyle.

El joven se quedó absorto ante aquella declaración. Ashton se preocupaba por él, aunque fuese solo como una amiga, pero estaba en sus pensamientos. Saber aquello le reconfortó de alguna manera.

-¿Qué clase de ayuda crees que necesito?

-Una novia, para que dejes de pensar en la mía –contestó seriamente Kyle.

-Ya… eso no va a ocurrir en un futuro cercano…

-O una paliza, como la que te di el año pasado.

-Juramos no volver a sacar ese tema. Quedamos en que la paliza fue mutua, los dos salimos muy mal parados pero la peor parte se la llevaron nuestros amigos –esta vez, fue Mark quien adoptó el tono grave.

Se quedaron en silencio unos minutos, recordando todo lo ocurrido un año atrás. Se habían sentido culpables por hacerles pasar por una situación tan complicada a los demás miembros de la fraternidad, y aunque el consenso general fue dejar en el pasado lo que había ocurrido, los jóvenes creían que les debían mucho.

-Aquello fue una mierda, no quiero volver a pasar por lo mismo –determinó Kyle.

-Yo tampoco.

-Entonces lo tenemos fácil: olvídate de Ash.

-¿Crees que no lo he intentado? –Se quejó Mark. –Todo se complicó desde aquella jodida noche en la que… los tres nos involucramos…

-Fue muy jodido, pero nosotros entorpecimos todo. Teníamos aún demasiado presente el recuerdo de lo que pasó con Daisy y nos equivocamos creyendo que Ashton sería igual –expuso el joven.

-¿Has hablado de aquella noche con ella? –Quiso saber él.

-Sí, antes de empezar nuestra relación. Le expliqué lo que nos pasó y créeme que no me he sentido más estúpido en toda mi vida que cuando le contaba todo en voz alta.

Mark suspiró.

-Y aun así sigue dirigiéndonos la palabra y se preocupa por nosotros. No la merecemos.

-Yo he pensado lo mismo en más de una ocasión, pero cuando estoy con ella se me olvida todo lo malo que hemos pasado –una pequeña sonrisa asomó en sus labios. -Es algo extraño, ¿sabes? Hay veces en las que me viene el recuerdo de aquella noche, de lo cabrones que fuimos con ella… o incluso del atentado… Y me abraza de repente, como si supiera lo que tengo en mi cabeza en ese momento y quisiera aliviarme.

El chico sintió la mirada llena de celos de su compañero, y sorpresivamente, una parte de él se sintió mal.

-Hay veces en las que llegas a caerme muy mal, tío –murmuró Mark.

-Es algo mutuo, tranquilo.

Se quedaron un rato en silencio, Kyle concentrado en conducir mientras su compañero veía por la ventana como pasaban por las diferentes calles de la ciudad.

-No sabía que me estaba enamorando de ella –dijo calmado. –Es decir, me gustaba casi desde el principio porque resultó ser una chica increíble, pero no sé en qué momento caí –respiró hondo antes de continuar. –Y cuando menos lo espero, vuelves a aparecer en escena y la historia se repite.

-En mi versión, eres tú quien te entrometes de nuevo –apostilló Kyle.

-Joder, ¿por qué tienen que gustarnos las mismas chicas? Hace unos años, no nos complicábamos tanto si al otro le gustaba la misma persona.

-Hace unos años no le dábamos la misma importancia a las relaciones. Si nos gustaba la misma, intentábamos enrollarnos con ella y quien lo consiguiese era felicitado por el otro.

-Era todo más sencillo… -lo pensó por un momento y se giró hasta su compañero con el ceño fruncido. –No estarás esperando que te felicite, ¿no?

-Sería todo un detalle por tu parte –sonrió el joven.

-Vete a la mierda…

En ese momento, su teléfono vibró en su bolsillo y al comprobar quién era, bufó con fastidio. Sin embargo, descolgó.

-Hola, papá. ¿Qué pasa?

-Ve a recoger a Jimmy de sus clases de taekwondo, yo estoy en una reunión y tu madre está fuera de la ciudad.

-Es kárate, y no puedo recogerle porque mi coche se ha averiado.

-Mark, estoy muy liado. Busca la forma de ir por tu hermano y no me des más problemas de los que ya tengo.

Su padre colgó sin despedirse, como hacía siempre, y él creyó que podría gritar de frustración durante horas, hasta quedarse sin voz.

-Sigue siendo tan gilipollas como siempre, ¿no? –Dijo Kyle con el semblante serio.

-En realidad, ha empeorado con los años –se sintió muy cansado al pensar en pasar una semana en su casa. –Si no fuese por Jimmy, me habría quedado en la mansión durante estas vacaciones.

-Habrías estado todo el tiempo solo y te habrías amargado más. Solo estarías pensando en tus problemas y te atormentarías más –dictaminó el joven.

-¿Y qué crees que haré aquí estos días?

Kyle no se percató de sus palabras hasta que salieron por su boca.

-Podríamos quedar para salir.

Mark le miró extrañado.

-Tú… ¿quieres salir a tomarte algo conmigo? ¿Cómo en los viejos tiempos?

-Sí, creo que nos vendría bien a los dos.

 

 

Kyle pasó por la academia de artes marciales donde estaba Jimmy y llevó a los dos hermanos a su casa. El niño les puso mala cara cuando los vio juntos de nuevo, y ambos sabían por qué: Jimmy había sido el conejillo de indias perfecto para muchas de sus travesuras y jugarretas a lo largo de los años, y desconfiaba de los dos jóvenes.

Se interesaron por sus progresos con el kárate, y pasaron el resto del trayecto conversando con el chico de temas triviales. Al llegar a la gran casa de los Rushton, el niño habló con claridad.

-Me alegro que volváis a ser amigos, pero no voy a dejar que me gastéis bromas pesadas como antes. Ahora sé defenderme y soy más inteligente –dijo cruzándose de brazos.

Los chicos se miraron de reojo y se giraron para hablar directamente con Jimmy.

-No hemos vuelto a ser “amigos” como antes –le explicó suavemente Mark, -pero vamos a intentarlo. Ashton quiere que recuperemos nuestra amistad.

-Ya me extrañaba que una idea tan buena saliera de vosotros –dijo el pequeño. –Iba siendo hora de que arreglarais todos los daños que ocasionó esa zorra rubia.

Los dos jóvenes sonrieron ante las sinceras palabras del niño, pero aprovecharon la ocasión para intentar irritarle un poco.

-Entonces… ¿a ti también te gustaría que fuésemos amigos de nuevo? –Inquirió Kyle.

– ¿Aunque eso supusiera que volvieses a sufrir nuestras jugarretas? Recuerda lo mal que lo pasabas –le advirtió su hermano.

Jimmy bufó.

-Ya os he dicho que sé pelear mejor que antes. Además, Ashton os patearía el trasero en un abrir y cerrar de ojos si me hicierais algo –sonrió con suficiencia y salió del coche.

Kyle y Mark se quedaron mirando al niño mientras entraba en la casa, sabiendo que seguramente pasaría lo que el pequeño había dicho.

 

 

Habían establecido una especie de tregua durante esa semana para probar si podían volver a ser amigos, todo fuera por la chica de sus sueños. Durante esa semana, quedaron varias ocasiones en ambientes calmados y charlaron sobre muchos temas diferentes, evitando la mayor parte del tiempo hablar de Ashton. Sin embargo, cuando el alcohol entraba en juego, se desinhibían y sacaban todos sus sentimientos a la superficie, tanto los buenos como los malos. Cuando consideraban que la tensión se volvía insostenible, preferían beber más a pelearse entre ellos.

El viernes de aquella semana fue una de esas ocasiones. Estaban en un pub conocido del centro de la ciudad cuando unas chicas se acercaron a ellos. Habían bebido algunas copas, pero no estaban borrachos aún.

-Hola –dijo una joven de forma coqueta pegándose a Kyle. -¿Podemos acompañaros?

-Mi amiga y yo estamos aburridas, y creemos que podríamos divertirnos juntos –comentó la otra acariciando un brazo de su amigo.

-Lo siento, yo tengo novia. Pero él está libre –sonrió el joven.

Las chicas centraron su atención en Mark y él, sabiendo las intenciones de su amigo al decir aquello, decidió cabrearle un poco.

-Disculpadme, pero yo estoy enamorado de otra persona –fijó sus ojos en las pupilas color miel de Kyle, desafiándolo.

-¡Oh, qué pena! –Comentó la que estaba más cerca de él con fingida tristeza.

-¿Y quién es? Quizás podamos hacer que te olvides de ella un rato –el tono provocativo de la otra chica no dejaba lugar a dudas sobre sus intenciones.

–Es su novia –se terminó su copa sin pestañear, sintiendo la rabia de su amigo.

Ignorando las caras anonadadas de las dos jóvenes, Kyle apuró lo que quedaba en su vaso y, con un simple gesto, pidió dos bebidas más al camarero. Empezaron a beberlas, notando el peso del alcohol sobre sus mentes, pero ello no les impidió continuar con su particular batalla.

-Ojalá pudiese odiarte lo suficiente por quererla… -le dijo Kyle con la voz embotada. –Así podría…

-Podrías ¿qué? –Espetó Mark de forma chulesca. –Si me hicieras algo, ella te dejaría… Yo soy su mejor amigo… -casi se cayó en ese momento de la banqueta al hacer un gesto brusco señalándose a sí mismo.

-Es cierto… -bebió de nuevo. –Tal vez solo deba tenerte pena… porque tú no tienes lo que yo tengo con ella –sonrió de manera cínica, creyéndose ganador de aquella discusión. –La confianza, las bromas… El sexo…

-Eres un gilipollas con suerte –se terminó la copa de un solo sorbo y casi la estrelló contra la barra de madera. -¿Y sabes qué es lo que más me fastidia? Que, en el fondo… sé que contigo es con quien mejor estará… Ni siquiera conmigo estaría tan feliz… -susurró esa última frase, pero supo que su amigo la escuchó perfectamente.

 

 

Salieron del pub para coger un taxi a las tres de la madrugada, tras beber innumerables copas y estar completamente borrachos. Kyle casi se abrió la cabeza contra una farola, y Mark tuvo que sostenerse entre los coches para no caerse mientras andaban. Unos policías los pararon y les pidieron la documentación al ver su lamentable estado, creyendo que, si causaban problemas, podrían identificarlos con más facilidad.

-¿Se puede saber por qué habéis bebido tanto? –Quiso saber el más mayor de los dos agentes. – ¡Estáis al borde del coma etílico! –Les recriminó con el ceño fruncido.

-Yo bebo para olvidar a una chica –Mark tuvo que repetir la frase varias veces hasta que el hombre pudo entender sus balbuceos.

-Mal asunto, entonces –le respondió el policía. -¿Y tú? –señaló a Kyle, quien estaba apoyado contra una papelera al sentir las primeras arcadas.

El chico tuvo que respirar hondo antes de poder hablar.

-Él es mi mejor amigo… Y esa chica que le gusta es mi novia…

Los dos agentes se miraron con expresiones extrañadas ante aquellas revelaciones tan sinceramente claras, pues ese tipo de situaciones normalmente acababan con la detención de los dos implicados tras una pelea y varios puntos de sutura.

-Tío… -se lamentó Mark, -me gustan los tacos y la cerveza… Lo que siento por Ash es amor… Es la tía más increíble que jamás he conocido… -comenzó a divagar ante la sorprendida mirada de los dos hombres.

Kyle tuvo que volver a inspirar profundamente, sintiendo el sudor frío por su frente.

-¿Has dicho tacos…?

Los dos policías desviaron la mirada cuando el joven empezó a vomitar en la papelera, y se giraron completamente cuando escucharon como el otro le acompañaba.

 

 

Los dos agentes decidieron llevarlos en el coche patrulla hasta la casa más cercana, que resultó ser la de Kyle. Los chicos les pidieron que no encendieran las luces para no llamar la atención de ningún vecino, y puesto que realmente no habían cometido ningún delito ni ninguna infracción, los hombres se lo concedieron. Además, se estaban riendo con algunos comentarios punzantes que se lanzaban el uno al otro, y no pudieron evitar la tentación de conectar la radio para que otros compañeros supiesen la situación.

No se dieron mucha prisa en llevarlos a su destino, puesto que ya no estaban preocupados ante la posibilidad de que vomitasen en el coche. Sus caras parecían las de dos enfermos de gripe estomacal, pero los chicos hablaban con más claridad desde que sus cuerpos se habían desintoxicado un poco de tanta ingesta de alcohol. Ya solo les quedaba dormir para terminar de recuperarse de aquella cogorza.

-A ver, contadnos todo de forma resumida –pidió el agente Colin, el más joven de los dos.

-El año pasado, una chica empezó a salir con los dos a la vez, pero no lo sabíamos –comenzó a explicar Mark. –Cuando nos dimos cuenta, nos peleamos y nuestros amigos de la fraternidad lo pasaron jodidamente mal.

-Daisy resultó ser como… Medusa, de su cabeza solo salían ideas malvadas y temías mirarla a los ojos por si te convertías en piedra… -hizo una pausa y se formó una sonrisa en sus labios. –Pero este curso, llegó una compañera nueva… Inteligente, divertida, amable…

-Tiene un culo espectacular… -comentó Mark con una risita.

-Tío… recuérdame que mañana te peque un puñetazo por eso… -Kyle intentó sonar amenazador, pero no lo consiguió.

-¿Y qué pasó? Cambio –se escuchó por la radio del coche.

-Que nos volvimos a enamorar los dos de la misma chica… -suspiró Mark. –Y él fue más rápido y se le declaró…

-¿Por qué no te conformas? Ella también te quiere. De una forma distinta, pero te quiere… -reflexionó su amigo.

-¿Puedo decirle lo que siento? No… ¿Puedo besarla? No… ¿Puedo fo…?

-¡NO! –Gritó Kyle antes de que acabase la pregunta.

Las risas de los agentes ni siquiera entraron en sus cerebros embotados.

-¿Ves? ¿Cómo quieres que me conforme? –El joven apoyó la cabeza en la ventanilla, suspirando con pesar. –Es la mujer de mi vida y tengo que callarme.

Capítulo 47 por Kala1411
Notas de autor:

Capítulo muy largo.

Siento tardar tanto en actualizar últimamente, pero tengo asuntos que debo atender y no dispongo de tanto tiempo para escribir.

¡Saludos!

Capítulo 47

 

 

Había salido de la base antes de que el sol asomara del horizonte, se subió al primer tren que salía hacia California y descansó durante el trayecto. Calculaba que llegaría a la ciudad sobre las diez de la mañana y solo esperaba encontrar a Kyle en su casa. Sus llamadas habían sido largas esos días, pero aun así le echaba de menos. Sabía que había hecho progresos para recuperar su amistad con Mark, aunque él apenas hablaba de ello, y ella no quería atosigarle a preguntas.

John y Paul se habían despedido de ella a regañadientes, pero tenían que prepararse para viajar por trabajo de nuevo y sabían que no podrían estar todo el tiempo que quisieran con su hija. Ashton había tenido varias charlas con ellos para que asimilasen mejor la idea de su noviazgo, pero aquel pensamiento les traumatizaba de una forma que ella no podía llegar a entender.

-Eres y siempre serás nuestra niñita… -le explicó Paul en una ocasión. –El hecho de que tengas… novio, solo nos recuerda que ya no eres tan pequeña. Como si te hubiésemos perdido de alguna forma.

-No nos gusta saber que hay otro tío más al que quieres tanto como a nosotros –le dijo de forma testaruda John. –Somos tus padres, se supone que tendrías que querernos a nosotros más que a nadie en el mundo…

Esa era su máxima. Sabía que iba a costarle que aceptasen que ella había crecido y que amaba a un chico, así que solo le quedaba armarse de paciencia e ir poco a poco.  

 

 

El tren llegó a la estación diez minutos antes de lo previsto, y no se demoró en buscar un taxi. La pintoresca casa estaba exactamente igual que cuando ella la visitó meses atrás, y una extraña sensación de calidez la invadió al pensar en Lidie. Le pagó precipitadamente al conductor y se dirigió con su pequeña maleta a la entrada de la casa. Llamó levemente, sin poder evitar la sonrisa radiante que llenaba su cara. La señora Davis le abrió y el júbilo la inundó.

-¡Hola! –Le gritó en un susurro. -¡Que alegría volver a verte!

La invitó a pasar y le dio un gran abrazo de bienvenida, había echado de menos esos gestos revitalizantes de Lidie.

-Disculpa si hablo tan bajito, pero Kyle aún está dormido –bufó con fastidio. –Lleva varias noches saliendo y volviendo de madrugada. Me dijo que quedaba con Mark, pero yo no le creo –se quejaba. -Debe estar conociendo a alguien y no quiere contarme nada porque piensa que enloqueceré…

Ashton se mordió el labio para aguantar la risa. Quizá el joven no quisiera que su madre lo supiera aún, pero ella no podía mentirle a una persona que le había ayudado tanto.

-Lidie, yo soy su novia –confesó en voz baja.

La mujer tardó unos segundos en reaccionar, pero su expresión fue indescriptible. Llevó sus manos a su boca y empezó a emitir un sonido agudo lleno de euforia contenida. Volvió a abrazarla mientras daba saltitos como si fuese una niña pequeña. Su felicidad era contagiosa y cuando por fin pudo hablar, su voz apenas sonaba como ella.

-Estoy deseando que me lo cuentes todo –la cogió de las manos mientras brincaba un poco más. –Ahora tengo que salir a mis clases de yoga, pero no os vayáis hasta que regrese, ¿de acuerdo? –Ashton asintió. –Ponte cómoda hasta que Kyle se despierte, estás en tu casa…

La abrazó de nuevo antes de irse apresuradamente y casi levitando de felicidad. Cerró la puerta con mucha delicadeza para no hacer ruido y arruinar su sorpresa, dejó su maleta al lado de la puerta y subió lentamente las escaleras.

 

 

Odiaba la maldita costumbre que tenía Kyle de dejar las ventanas levemente abiertas durante la noche. Al joven le gustaba despertarse sintiendo la luz solar, incluso si se había acostado tarde y borracho, pero siempre había sido así. Mark se levantó de la cama con la boca pastosa y su cabeza a punto de entrar en erupción, miró con fastidio a su amigo y salió de la habitación para darse una ducha.

No era la primera vez que se quedaba a dormir allí, así que sabía que a Lidie no le importaría que tomase prestado su baño. La mujer era un ángel en la tierra y él había sentido su cariño maternal desde que tenía memoria. Sabía que volvía loco a Kyle con su forma de pensar tan espontánea y libre, pero era una madre estupenda y siempre había sentido envidia sana hacia su amigo por tenerla.

Se metió en la ducha apenas se quitó los slips, y dejó que el agua templada le lavara de todos sus malos pensamientos y aliviara su resaca. Faltaba un día para que Ashton volviera a la fraternidad y no sabía cómo afrontaría aquello tras la semana que había tenido con su reencontrado amigo. No quería hacerles daño, mucho menos perder la amistad recién recuperada, la cual estaba en proceso de afianzarse más. Ninguno de los dos podía negar los avances que habían hecho, pero todavía les faltaba bastante para volver a ser lo que eran.

 

 

La chica entró silenciosamente en la habitación tenuemente iluminada por los amarillentos rayos de sol que entraban por la ventana. Kyle estaba profundamente dormido, su torso estaba sin ninguna prenda que lo cubriera y una parte de ella quería acariciarle para rememorar la sensación de su piel bajo las palmas de sus manos.

No se lo pensó mucho cuando empezó a desnudarse y se metió en la cama a su lado, sonriendo con picardía y un poco de timidez. Los primeros besos se los dejó en la mandíbula y por el cuello, sintiendo como el chico se despertaba lentamente de su letargo al sentirla.

-Me encanta esta parte del sueño… -murmuró olisqueando su pelo.

Se deslizó encima del cuerpo del chico, sentándose a horcajadas sobre él pero sin alejar sus labios de su cuello. Le pegó un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja mientras sus dedos vagaban por sus brazos, encantándole la dureza de sus músculos. Aquella pequeña presión de sus dientes hizo que Kyle abriese un poco los ojos.

-Eres tan jodidamente preciosa… -su enronquecida voz la hizo reír y aquel sonido le despertó un poco más. -¿Ash?

Parecía que aún no terminaba de distinguir la realidad de los sueños. La joven se incorporó un poco para que la viese y él, con un poco de temor, le acarició la mejilla. La alegría inundó su mirada cuando la sintió tan cerca después de tantos días sin ella, tan verdadera a la imagen que su cerebro le regalaba cada noche, míseras migajas de lo que él deseaba en el fondo de su corazón.

-Buenos días –susurró ella. –Parece que debo esforzarme un poco más para despertarte… -le insinuó de forma juguetona.

 

 

Tras varios minutos en la ducha, decidió salir, pues lo que no habían conseguido limpiar los geles naturales de la señora Davis, no conseguirían llevárselo litros y litros de agua. Se secó mientras se miraba en el espejo, analizándose a sí mismo. Había perdido peso a causa del estrés y de los problemas que le atormentaban a diario. Todos a su alrededor lo habían notado desde el principio pero ya no querían seguir insistiéndole sobre su salud al sentir su hostilidad cuando le sacaban el tema.

Sus amigos creían que la mayor parte de su estado se debía a la naciente relación de Ashton y Kyle, pero no era así. Ese era uno de los grandes obstáculos para seguir manteniendo su cordura, pero no era lo peor que tenía en su mente. Se lo explicó a su amigo una de las noches pasadas, necesitando desahogarse.

-Creía que mi familia se había roto con el divorcio de mis padres, pero resulta que eso era solo una pequeña grieta. Mi madre está obsesionada consigo misma, solo quiere comprar cosas banales que no necesita para conquistar a hombres superficiales y conseguir de ellos dinero y joyas –miraba al vacío mientras lo contaba. –Mi padre solo piensa en su trabajo, en sus socios, en el poder… Cuanto más consigue, más ansía, sin importarle a quién tenga que destruir en el proceso… -apretó su agarre en el vaso de cristal para intentar tranquilizarse. –Jimmy y yo solo somos meras molestias en sus vanidosas vidas, y no les importa demostrárnoslo. Yo ya soy mayor y puedo soportarlo, pero mi hermano… -apuró su copa para templar sus nervios. -Ni te imaginas la de mierda que tiene que soportar todos los días, yo no se lo he puesto fácil tampoco… Y cuando creía que ya solo podría ir a peor, aparece Ash y se convierte en su ángel de la guarda, en su heroína… Todo lo que se supone que debería ser yo para él… pero resulta que solo he sido un fracaso…

Kyle no le había interrumpido durante su diatriba, conocía perfectamente su situación desde que eran pequeños, y como ya hiciera años atrás, le ofreció la habitación de invitados de su casa si alguna vez la necesitaban él o Jimmy. No esperaba menos de su amigo, siempre había sido fiel a los que quería y el hecho de que volviese a ofrecerle su casa, demostraba que él no había cambiado a pesar de lo sucedido el año anterior o de lo que estaba aguantando en el presente.

Mark, por otro lado, sí había sufrido una terrible transformación en su visión de la vida y la felicidad. Todo lo veía negro y apesadumbrado, no esperaba nada y había días que se levantaba de la cama como si fuese un autómata, intentando anestesiarse de la alegría que lo rodeaba en lugar de intentar buscar la suya propia.

Sacudió la cabeza, se echó agua helada en la cara y se dispuso a enfrentarse a un nuevo día, fuese lo horrible que quisiese ser. Tomó un trago de enjuague bucal para quitarse las últimas reminiscencias del horrible sabor a alcohol y lo escupió mientras envolvía una toalla alrededor de su cintura. Salió del baño y se dirigió a la habitación de Kyle para coger algunas prendas prestadas de su armario. Habían regresado tan borrachos la noche anterior que el olor de sudor y alcohol se les había pegado a la ropa. No era la primera vez que les pasaba.

Abrió la puerta y dio un paso antes de percatarse realmente de lo que sus ojos estaban viendo. Se quedó petrificado al ver a la chica de sus sueños a horcajadas sobre Kyle, bañada por los rayos de sol mientras se movía rítmicamente. Ella no le había visto, sus ojos permanecían cerrados en una mueca de dicha y placer, y sus labios estaban entreabiertos dejando escapar pequeños gemidos. Parecía una deidad pagana cayendo en el más primitivo deleite carnal, dejándose arrastrar por el gozo terrenal que le proporcionaba el disfrute de su sexualidad.

Aquella escena quedaría grabada para siempre en su retina y en su piel, pues pese a no estar tocándola, podía sentirla en lo más profundo de su ser. Cada suspiro, cada sollozo anhelante, cada invitación a la locura que clamaban sus caderas…

Hasta que gritó al alcanzar el mayor éxtasis que un mortal puede obtener, mezclándose con el gruñido satisfecho de su amante. Y, presa de la extenuación sensorial, se dejó caer sobre el cuerpo del joven sin importarle que los despeinados mechones de su pelo cayesen por su cara.

Él tenía una dolorosa erección de la que apenas se había dado cuenta hasta que escuchó los jadeos que resonaban en la habitación. Por un segundo, pensó salir de allí aprovechando que ni su amigo ni la chica se habían dado cuenta de su presencia, pero una parte de su cabeza le gritaba que no se dejara llevar por el raciocinio.

Quería ser parte de aquel momento tan íntimo, que ella también le viese con otros ojos igual que había hecho con Kyle. Necesitaba que en su mente empezase a verle como algo más que un simple amigo, deseaba que tuviese conciencia de su masculinidad y su pasión.

-Alucinante –dijo sacándoles de su estado soporífero.

Ashton chilló sorprendida de descubrirle, se tapó el cuerpo con las sábanas de forma apresurada al mismo tiempo que se quitaba de encima de Kyle. El chico, por su parte, se incorporó con una expresión de enfado y sobresalto, poniéndose delante de la joven para ocultarla de su mirada.

-¡¿Qué haces tú aquí?!

-Anoche nos emborrachamos demasiado, ¿recuerdas? –Explicó de forma calmada cruzándose de brazos.

-¡Vete de mi habitación! –Vociferó su amigo.

-Mark, por favor, sal un momento –le pidió Ashton con voz suplicante.

-¿Por qué? –Se sentó al borde de la cama. –Es un poco tarde para el pudor, ¿no crees? –Su sonrisa divertida solo cabreaba más a su amigo, pero no le importaba en ese momento.

-Esto es muy vergonzoso… -en ese momento, ella se dio cuenta de su evidente excitación y le miró fijamente a los ojos, tan enfadada como Kyle. -¡¿Te has excitado viéndonos?!

-¡Oh! –Se miró a sí mismo, riéndose de forma jocosa. –Un bonito detalle que te hayas fijado…

-¡Se acabó! ¡FUERA!

Su amigo le empujó con determinación hasta que lo sacó de la habitación, sin importarle su estado de desnudez, pero él no había terminado de irritarle.

-No os lo toméis así, ha sido mucho mejor que todo el porno que veo últimamente…

Sintió el portazo en su espalda y no pudo evitar las carcajadas que afloraron de su garganta. Cuando se controló un poco, llamó a la puerta.

-¿Podrías prestarme algo de ropa para volver a mi casa?

No obtuvo respuesta, pero tras un par de minutos esperando, Ashton salió de la habitación con las mejillas sonrosadas y evitó mirarle. Aquello le disgustó, así que no reflexionó mucho lo que hizo a continuación.

-Oye, Ash… -llamó con voz suave al tiempo que se desprendía de la toalla.

La joven se giró, creyendo por su tono que le pediría disculpas, pero para su consternación, le vio en todo su esplendor. Se cruzó de brazos y fijó sus ojos en los iris gélidos de su amigo, su expresión seria no dejaba lugar a dudas de que aquello no le hacía gracia.

-¿Qué pretendes mostrándote como tu santa madre te trajo al mundo? –Inquirió.

-Para empezar, mi madre es de todo menos santa. Y solo quiero que no estés tan mortificada: yo te he visto desnuda, y ahora me estás viendo tú a mí –concluyó con una sonrisa satisfecha. –No hay nada de malo.

En ese momento, Kyle le cogió del brazo y lo metió con violencia en la habitación. Su expresión de rabia no dejaba lugar a dudas sobre las altas cotas que estaba alcanzando su cólera. Ni siquiera le dijo una sola palabra, solo cerró la puerta y le dejó solo para que se vistiera.

Mark se marchó poco después, sintiendo como la tensión de sus amigos se había atenuado un poco. Una parte de él no quería molestar demasiado a Kyle por temor a perder lo que habían recuperado, pero la otra mitad de su cabeza le pedía a gritos que no desistiese en sus intentos de llamar la atención de Ashton. Aunque fuese para reprenderle sobre algo, le reconfortaba saber que tenía su interés brevemente.

 

 

Lidie era la felicidad personificada cuando regresó de sus clases de yoga. Kyle le confesó que no había querido contarle nada porque sabía que se sobrexcitaría y lo volvería más loco que de costumbre… La realidad fue peor de lo que el joven se había imaginado.

Apenas pudo tener un rato a solas con su novia durante el resto del día, su madre la acaparó como si fuese una amiga que hacía años que no veía. Ashton también estaba disfrutando, así que decidió ser paciente y contentarse con contemplarlas. A escondidas y sin que ninguna de las dos se percatase, las fotografió en varios momentos: mientras cocinaban, riéndose con alguna anécdota graciosa que su madre contaba, o cuando salieron a dar un corto paseo por el barrio.

Le parecía increíble la belleza natural y espontánea que emanaban las dos, y él se sintió el chico más afortunado del mundo por tenerlas.

 

 

El domingo por la tarde, se prepararon para volver a la mansión de la fraternidad entre pucheros de Lidie. Se comprometieron a volver cuando tuviesen una tarde libre para pasar más tiempo con ella y se marcharon para recoger a Mark.

Su amigo salió de su casa con una expresión lúgubre y cansada apenas Kyle le envió el mensaje avisándole que estaban frente a su casa. El joven guardó la bolsa de viaje en el maletero, se sentó en el asiento trasero y pidió que pusieran una emisora de radio local. Ashton le miraba por el espejo retrovisor, preocupada por el increíble cambio que se había producido en él en poco más de un día.

Se imaginaba que Mark no tenía una situación sencilla en su casa, pues Jimmy se había abierto con ella y le había contado algunas cosas que le habían puesto los vellos de punta. Durante un rato, nadie dijo nada, pero a mitad de camino, ella decidió preguntar para apaciguar la tensión que emanaba de su amigo.

-¿Qué habéis hecho esta semana? –Kyle la miró de reojo, extrañado. –Sé que habéis salido juntos, así que contadme.

-Yo prefiero no… -comenzó a decir su novio.

-Hemos salido todas las noches, y menos mal, porque yo me habría cortado las venas si hubiese tenido que estar tanto tiempo en mi casa –confesó Mark con una actitud más tranquila. -¿Qué tal tu semana?

Kyle respiró tranquilo al escuchar que la conversación transcurriría por un camino más seguro del que creía. No se fiaba de Mark aún, pero podía relajarse por el momento. Ashton les contó algunas maniobras que había practicado con sus padres y ellos le confesaron que habían sucumbido al alcohol más veces de las aconsejables, pero se lo habían pasado bien.

Alrededor de las siete de la tarde, llegaron a la mansión y comprobaron que fueron los últimos. Todos los demás miembros de la fraternidad estaban en el salón contando sus vacaciones y los saludaron efusivamente cuando se sentaron todos juntos. Jessica y Amber estaba allí también, haciendo una lista con las pizzas que iban a pedir para la cena de esa noche. Entre bromas, Mark pareció volver un poco más a la normalidad, pero en su mirada se denotaba todo lo que tenía en su interior.

Cuando llegaron las pizzas, los miembros de la fraternidad casi no podían creer el cambio producido entre su Alpha y su Beta.

-Entonces, ¿vosotros dos volvéis a ser amigos? –Preguntó Victor señalando a los dos chicos.

-Sí, más o menos –Kyle se encogió de hombros. –Aún nos quedan algunas cosas por resolver, pero estamos mejor que antes.

Ashton sonrió ampliamente, satisfecha de escuchar aquello, y le dio un beso en la mejilla a su novio, premiándolo. Le pareció injusto que a él no le diese otro, y la vena rebelde y sarcástica que le incitaba a actuar en los momentos más inoportunos, volvió a latir.

-La verdad es que he pasado una semana mejor de lo que esperaba gracias a él –contó Mark. –Sobre todo cuando ayer lo pillé haciéndolo con Ash…

Algunos de sus amigos se atragantaron al escucharle, otros se quedaron paralizados, y él notaba los ojos de Kyle lanzándole dardos venenosos. La joven no se inmutó hasta que Amber le preguntó, impactada por la reciente revelación.

-¿Es cierto?

Ashton asintió, concentrada en su trozo de pizza.

-Tampoco fue tan malo –intervino él, atrayendo todas las miradas. –Ella también me vio sin nada.

-No me lo puedo creer –Jessica se giró a su amiga buscando la confirmación de una situación tan descabellada. -¿De verdad lo viste desnudo?

La chica estaba mortificada por dentro, pero no iba a dejarlo relucir para darle el gusto a Mark. Creyó que su amigo se habría olvidado de lo sucedido, o que al menos lo mantendría en secreto, pero estaba equivocada. Sin embargo, no iba a dejarle ganar.

Levantó sus ojos de su cena, y miró apenada a sus dos amigas mientras volvía a asentir.

-Sí… -musitó suspirando. –Le vi desnudo… y… -negó con la cabeza de forma dramática y se metió el último trozo de pizza en la boca.

Las jóvenes entendieron a la perfección aquel gesto, pero los demás no.

-Oh… -se voltearon las dos a la vez para mirar con tristeza y lástima a Mark.

-¿Oh? ¿Cómo que “Oh”? –Inquirió él sin saber que se habían dicho entre ellas.

-Creo que ahora me cuadran algunas cosas… -susurró pensativa Amber.

-¿Qué…? –Empezaba a sentirse molesto, pues no entendía nada.

-Mark –Ashton se puso de pie, con la determinación pintada en su cara, -no te preocupes por nada. Ahora que sabemos sobre la magnitud de tus problemas, te ayudaremos nosotras a encontrar una chica.

Algunas risitas llegaron a sus oídos al tiempo que comenzaba a comprender lo que su amiga había insinuado. Ella se acercó a una estantería cercana, sacó un bloc de notas y un lápiz, y volvió a sentarse en su sitio.

-Haremos una lista de cosas que deberán tener las chicas que le busquemos a Mark. Y si se os ocurre alguna candidata, también la anotaremos -propuso.

-Tiene que ser una chica alegre, para que le quite un poco de ese malhumor –dijo Amber.

-Y optimista, porque… ya sabes… -expuso Jessica mirándole con compasión.

Adam tenía los ojos lacrimosos por intentar aguantarse la risa, pero no era el único.

-¡Basta ya! –Gritó cansado y molesto por todo lo que insinuaban y no decían. –Tengo un tamaño por encima de la media, Ashton está mintiendo –sabía que sonaba como un loco, pero no le importaba. –Kyle, diles que...

-No voy a hablar de tu pene, tío –interrumpió serio mientras bebía un poco de su cerveza para disimular su risa.

-Tranquilízate –pidió suavemente Ashton, mirándole de forma compasiva. –Mark, eres un chico estupendo y solo queremos ayudarte para que encuentres una chica que te haga feliz… Te mereces a alguien que te quiera por tu inteligencia, tu amabilidad, tu gran… corazón…

Algunas carcajadas no pudieron ser retenidas por más tiempo. Su amiga le estaba devolviendo el golpe que él había lanzado, y con más efecto del que se esperaba. Sin embargo, no le estaba irritando tanto en el fondo, sino que empezaba a ver lo divertido de aquella situación. Decidió lanzar su última carta, solo para comprobar como actuaba ella.

-Vale, pues apunta lo siguiente en la lista: me gustan con los pechos enormes.

-No estás en posición de exigir nada grande, amigo… -dictaminó Ashton.

Y ya no pudo aguantar más su propia risa.

Capítulo 48 por Kala1411

Capítulo 48

 

 

Durante esa semana, Mark aguantó de una forma estoica las bromas de sus amigos acerca de sus proporciones anatómicas. No fueron demasiado insistentes porque no querían enfadarle, consideraban un progreso que él se riese de sí mismo y temían tensar su paciencia demasiado. Aun así, seguía necesitando pastillas para aliviar la tensión y los dolores de cabeza.

Animados por el buen tiempo, los chicos compraron entradas para ir a un partido de béisbol. Sabía que se lo pasaría genial si iba con ellos, pero Ashton prefirió quedarse en la mansión de la fraternidad para relajarse en la piscina. Necesitaba pasar un tiempo con Jessica y Amber para planear cómo buscar una chica adecuada para Mark. Todos creyeron que había sido solo una forma de vengarse del joven por su indiscreción, pero eso solo fue al principio. Realmente quería encontrar a alguien que le hiciera feliz.

El sábado llegó ante la impaciencia de los jóvenes. El béisbol solo le gustaba a la mitad de los miembros de la fraternidad, pero nadie quería perderse una mañana de comida rápida, cerveza y diversión con todos sus amigos. Se marcharon al poco tiempo de despertar, un par de horas antes del comienzo del partido, para disfrutar del ambiente distendido y festivo que rodeaba el campo cuando los aficionados llegaban. En un acto un tanto egoísta pero necesario para su cordura, Mark decidió silenciar su móvil durante un rato. Apenas pasaron cinco minutos cuando Jimmy hizo la primera llamada, pero él no se percató.

 

 

Ashton estaba preparando todo lo necesario para sus amigas cuando escuchó el timbre de la puerta principal. Pero no eran las chicas, sino el hermano pequeño de su amigo con expresión enfadada.

-¡Hola! –Le dejó entrar, preocupada por su mueca de fastidio. -¿Qué tal…?

-¿Dónde está Mark? –Cortó el niño con voz suave. –Le estoy llamando, pero parece que no quiere hablar conmigo.

Ella se quedó un poco intranquila al verle así. Había aprendido a interpretar los sentimientos del niño y podía afirmar que estaba entre molesto y triste, pero no sabía si era solo porque su hermano no le respondía las llamadas o si le había ocurrido algo más. Se agachó para estar a su altura, manteniendo una sonrisa apacible para evitar que se disgustase más.

-Él y los demás han ido a ver un partido de béisbol, volverán sobre el medio día –no soportaba ver aquella mueca en la cara de Jimmy, así que actuó sin pensárselo mucho. –Yo voy a disfrutar de la piscina con un par de amigas, ¿te apuntas? Te prometo que no seremos aburridas.

El pequeño intentó disimular su alegría, pero en sus ojos vio una chispa que siempre le delataba cuando estaba ilusionado por algo. Era fácil adivinar cuando Jimmy estaba feliz al sentirse querido por alguien, pero le inquietaba que eso ocurriese con menos frecuencia de la que debería.

Jessica y Amber llegaron poco después, y Ashton hizo las presentaciones. Para su sorpresa, el niño se comportó muy risueño con ellas. Sabía que su relación con las mujeres era un tanto extraña, pues no había tenido las mejores experiencias con su madre y con Daisy, pero no lograba averiguar qué le había ocurrido con esta última.

Ellas se metieron en el baño para ponerse los bañadores y él dejó sus cosas en la habitación de Ashton, como siempre hacía. Terminó antes que ellas y les avisó de que se adelantaría a bajar a la piscina e intentar contactar una vez más con su hermano. Por décima vez, no obtuvo respuesta. Se echó hacia atrás en la tumbona, frustrado, pero intentó relajarse con ayuda de su respiración, como le habían enseñado en sus clases de kárate. En pocos minutos, se sentía mejor.

Las jóvenes bajaron y prepararon las tumbonas a su lado. Jessica dejó una bandeja con una jarra de zumo y unos vasos en una mesita cercana, y Amber le dijo que se quitase la camiseta y le pondría la protección solar por la espalda. El niño se negó en un primer momento, pero al ver la cara de “corderito degollado” que le puso la chica, accedió. Ashton ocultó como pudo su sonrisa, pues ya se había dado cuenta de la debilidad de Jimmy hacía tiempo: podía llegar a ser grosero y agresivo, pero si alguien le hablaba con dulzura y sin imponerle nada, él accedía a lo que se le pidiera. Resultaba ser más razonable que muchos adultos, aunque la mayoría de las personas que lo rodeaban creyeran lo contrario.

-¡Como mola! ¡Tenéis tatuajes! –Exclamó de repente.

Los miraba con curiosidad y admiración, pero solo se atrevió a pasar sus dedos por los de Ashton. Su semblante se tornó brevemente serio al saber por qué se los había puesto en aquellas zonas específicas, pero ella rápidamente le cambio de tema y le propuso tirarse de bomba en la piscina para estrenarla. Jimmy entendió su intención, pues él también empezaba a conocerla mejor de lo que ella creía.

-Voy a intentar llamar una vez más a mi hermano, adelantaos vosotras –pidió.

-Ash me ha dicho que no has desayunado –comentó Jessica llenándole un vaso de zumo, -así que deberías beber un poco antes de entrar en el agua o te cansarás demasiado pronto.

-Muchas gracias –le dijo amablemente.

La joven le dio un beso, y se dirigió hacia la piscina con sus dos amigas. El niño sonrió para sus adentros, disfrutando de la tranquilidad de saber que no les molestaba a ellas también a pesar de haber conocido a Jessica y a Amber ese mismo día.

 

 

Faltaban apenas diez minutos para acceder en el campo de béisbol y los chicos empezaron a reunirse para ponerse en la fila de entrada. Mark se lo estaba pasando genial, tenía la sensación de no haber disfrutado así desde hacía siglos, pero sus nervios se tensaron cuando revisó el móvil y vio tantas llamadas perdidas de su hermano pequeño. Suspiró, apesadumbrado, mientras pensaba si devolverle las llamadas o esperar a salir del partido. Kyle y otros amigos suyos se acercaron a él cuando vieron su expresión, y ninguno supo qué aconsejarle en ese momento.

Sin embargo, el móvil comenzó a vibrar ante sus ojos. Era Jimmy de nuevo, pero no era una llamada normal, sino una videollamada. Decidió cogerlo mientras intentaba calmar el dolor de cabeza que comenzaba en su sien.

-¿Qué pasa, Jimmy?

-¡Hola, Mark! –Dijo el niño con alegría.

Su voz animada atrajo la atención de otros miembros de la fraternidad, extrañados al escucharle así, pero él se quedó impactado al ver la sonrisa sincera de su hermano por la pantalla, hacía demasiado tiempo que no presenciaba algo así.

-¿Qué has hecho? –Preguntó desconfiado.

-Llamaba para decirte que iba a hacerte una visita este fin de semana…

-Yo no estoy en la mansión –cortó él. –Supongo que estarás con Ash.

-Sí, y con Jessica y Amber –afirmó ampliando su sonrisa.

Kyle, Adam y Jason se apretaron contra Mark para mirar la pequeña pantalla del móvil, pues recelaban de las posibles jugarretas que el niño pudiera hacerles a las dos jóvenes.

-Jimmy, no les hagas nada –advirtió Jason.

-Tranquilos, si son amigas de Ash, son amigas mías–no le gustó el tono del joven, así que decidió molestarlo. –Además, han sido muy amables conmigo. Amber me ha puesto crema solar, Jessica me ha preparado zumo y Ash está esperándome para tirarse a la piscina conmigo.

El mutismo se extendió por el grupo, y Jimmy aprovechó para beber e intentar disimular su risa ante sus expresiones.

-¿Có-Cómo? –Inquirió Adam.

-Están muy guapas con sus bikinis… Además, creo que me gustan las chicas con tatuajes –suspiró derrochando felicidad y calma. -¿Sabéis? Hoy me siento generoso…

Cambió la cámara del móvil y enfocó a las tres chicas en el borde de la piscina, charlando animadamente. Parecían ninfas de algún cuadro romántico, rezumaban sensualidad y naturalidad. Fueron apenas cinco segundos, pero sabía perfectamente el efecto que estaba teniendo sobre los jóvenes y estaba regodeándose. Nunca olvidaría las caras de bobos que tenían su hermano y sus amigos.

Volvió a cambiar la cámara para que fuese su cara la que viesen de nuevo.

-Espero que os lo paséis bien en el partido –tomó un sorbo de su zumo. –Y, ¿Mark? No te preocupes por mí, voy a estar en el paraíso.

Colgó sin despedirse, dejándolos a todos boquiabiertos y planteándose si realmente querían entrar en el estadio o volver a la mansión.

-Creo que detesto a tu hermano en este momento… -susurró Kyle.

-Yo también… -respondió él sin poder apartar los ojos de la pantalla vacía.

 

 

Se pasaron mucho rato en la piscina, nadando y jugando. Las tres chicas parecieron olvidarse de sus edades y se comportaron como si fuesen de nuevo niñas. Salieron para reponer fuerzas y relajarse un poco. Jimmy aprovechó para preguntar por los tatuajes e intentar conocer a sus dos nuevas amigas un poco mejor. Ante su interés infantil sobre las pinturas en la piel, Jessica propuso utilizar rotuladores de colores para hacer algunos dibujos como si de tatuadores profesionales se tratase.

-Cada uno de nosotros se quedará tumbado mientras los demás le pintamos lo que queramos en la espalda, pero hasta el final de la tarde, nadie puede decir nada sobre lo que los demás hemos escogido dibujar.

A Jimmy le entusiasmó la idea, y empezaron por Amber. El niño se estaba abriendo poco a poco a las dos chicas y a Ashton le sorprendió cuando habló sobre sus aficiones. Se estaba ganando con suma facilidad el cariño de sus amigas y eso le tranquilizaba.

-No puedo creer que seas la hermana de Jason –comentó el niño con sorna a Jessica mientras le dibujaba una mariposa. –No te pareces en nada a él, eres más simpática y más guapa.

-Gracias –contestó ella riéndose. –También soy la novia de Adam. Y solo para que lo sepas, Amber es la “casi – novia” de Jason -Jimmy bufó divertido, apenas dando crédito a lo que escuchaba. –Y supongo que ya sabrás lo de Ash.

Jessica se levantó de la tumbona y Ashton ocupó su lugar. El pequeño miró ceñudo a su nueva amiga.

-¿Lo de Ash?

-Sí… ella también tiene novio –la joven se arrepintió de sus palabras al ver la expresión del chico.

-¿Qué? –Musitó.

Ashton se giró hacia él, preocupada al escucharle.

-¿Mark no te lo ha contado? –Preguntó.

-Pu-Pues no… -estaba en estado de shock. -¿Quién es?

-Es Kyle… -respondió preocupada.

-¿Qué? –Apenas podía reaccionar.

-K-Kyle es mi… novio… -la cara de Jimmy le estaba recordando a las de sus padres.

-¡¿QUÉ?! –En un instante, entró en pánico. -¡¿Por qué?!

-Tranquilízate –pidió Amber con voz suave. –No es para tanto, él la hace muy feliz.

-Es cierto, es muy bueno con ella y la quiere mucho… -corroboró Jessica.

-¡NO! ¡Kyle no es bueno! –Gritó enfadado y jadeante. -¿Sabías que él y mi hermano me han hecho muchas jugarretas a lo largo de los años? Una vez, me llenaron la cama de cucarachas de plástico. Chillé tanto, que enfermé de la garganta durante una semana.

-¿Que te hicieron qué? –Preguntó Amber.

El niño no escuchó a la chica, solo siguió hablándole a Ashton con expresión ansiosa y turbada.

-En otra ocasión, me asustaron disfrazándose de alienígenas. Se suponía que Mark iba a cuidar de mí durante una noche, pero invitó a Kyle y me despertaron en mitad de la madrugada. ¡Estuve horas intentando escapar de mi casa porque creía que el mundo entero había sido invadido por extraterrestres! –Intentó disimular un escalofrío al recordarlo. –Tuve insomnio durante más de dos meses por eso… -murmuró.

-Que cabrones… -musitó Jessica impactada por la historia.

-No sabía nada de eso… -confesó Ashton. -¿Te pidieron disculpas en alguna ocasión?

-No, nunca… Yo me vengaba cuando podía, pero las represalias eran peores que mis travesuras…

Ella se sentó en la tumbona frente a él y le cogió las manos. Ya se imaginaba que Mark y Kyle habían hecho algunas peripecias durante su infancia y adolescencia por algunas anécdotas que Lidie le había contado, pero no se imaginó nunca que sería tan horribles con el pequeño.

-Jimmy, quiero que sepas que puedes contar conmigo siempre. Estaré aquí cada vez que me necesites y… -apenas terminó la frase cuando el niño le dio un fuerte abrazo.

Amber y Jessica miraban la escena sobrecogidas y emocionadas.

-Lo sé, eres la mejor… -se alejó un poco de ella y la miró solemnemente. –Yo también estaré a tu lado y te protegeré si Kyle o Mark intentan hacerte algo, como a mí.

Ella le sonrió, agradecida por su ofrecimiento.

-No te preocupes por eso. Sé que tu hermano no se atrevería a hacerme nada -volvió a tumbarse boca abajo. –Y en cuanto a Kyle, puedo asegurarte que me quiere mucho y que ha cambiado, ya no es tan malo como antes.

Ashton no lo vio, pero a Jimmy le disgustó esa afirmación.

-Yo te quiero más –dijo contundentemente.

La joven reprimió una pequeña risita y se relajó mientras sus amigas cogían los rotuladores para comenzar sus dibujos. El niño, sin pensárselo dos veces, eligió un rotulador negro y les pidió con un gesto que esperasen. Empezó a escribir sobre la piel de Ashton y ella, a medida que sentía las grandes dimensiones de su dibujo, se reía.

-¿Tu pintura va a ocupar toda mi espalda? No vas a dejar sitio para las de Amber y Jessica.

-Tranquila, su dibujo es genial –dijo la primera de sus amigas con risa contenida.

-Sí… creo que hace mucho que no he visto nada igual… -comentó la otra joven con admiración y diversión en su voz.

 

 

Los chicos no tardarían en llegar del partido, pero sabiendo que habrían comido en demasía, Jessica improvisó una pequeña barbacoa para los cuatro. Ashton tenía mucha curiosidad por saber qué le había dibujado Jimmy en su espalda, pero no quería hacer trampas y mirarse en un espejo, solo sabía que sus amigas no podían reprimir una leve risita cuando le miraban la espalda.

El pequeño, sin embargo, aún parecía estar conmocionado por la noticia de su noviazgo con Kyle. Le estaba ayudando con la ensalada de patatas en un silencio tenso, y aunque hacía breves comentarios sobre lo que charlaban, se denotaba su disgusto.

-Jimmy, ¿quieres decirme algo? –Preguntó con cierto temor. –No me gusta verte tan serio.

Él suspiró, pensativo. Estaba tan concentrado en ordenar sus sentimientos y las chicas tan abstraídas sobre su posible respuesta, que nadie escuchó cómo se abría la puerta principal.

-No entiendo cómo unas chicas tan estupendas como ustedes pueden estar con unos tontos como ellos –contestó sin levantar la vista.

-¡Jimmy! –Le reprendió Ashton.

-¡Es cierto y lo sabes! Todos los miembros de esta fraternidad son estúpidos…

-¡Yo soy miembro de la fraternidad! –Dijo ella indignada. -¿También soy estúpida?

-¡Por supuesto que no! Tú eres la excepción que confirma la regla –se giró para enfatizar su punto mientras la miraba seriamente.

-No entiendo cómo puedes hablar así de la fraternidad. ¡Tu hermano es el Presidente! –Se cruzó de brazos frente a él.

-¡¿Y por qué crees que lo es?! –Exclamó Jimmy. -¡Mark es el más idiota de todos ellos, por eso es su líder!

-Chicos… -intentó avisar Amber.

-Estas diciendo cosas horribles sobre tu hermano…

-Y todas son ciertas –afirmó con rotundidad Jimmy.

-Puedo comprender que tengas cierto resentimiento por las jugarretas del pasado, pero…

-¿Resentimiento? –Cortó. –Piensas eso porque aún no te he hablado sobre Kyle. Si mi hermano es un imbécil redomado, Kyle fue su mentor –dictaminó el niño

-Escuchad… -probó Jessica sin resultado.

-No entiendo por qué sientes tanta antipatía por ellos –una revelación apareció ante sus ojos. -Esto va más allá de las tretas que te hacían, ¿no?

-Pues sí, porque a pesar de lo mal que lo pasé por culpa de los dos, les respetaba –miraba a la joven mientras se sinceraba como nunca antes lo había hecho. -Pero cuando apareció Daisy, dejaron que todo se fuera a la mierda. Cambiaron y sacaron lo peor de ellos, se volvieron egoístas, crueles y… gilipollas…

Estaba jadeando, pero no le importaba porque sabía que Ashton le estaba escuchando atentamente, era la primera persona con la que se estaba desahogando tras mucho tiempo callándose y no iba a dejar en su interior nada. Ella se agachó para estar a su altura, animándole silenciosamente para que continuase.

-Puedo entender que eran dos capullos que se divertían a mi costa, pero jamás podré asimilar que tirasen por la borda su amistad por alguien como esa bruja… -respiró hondo para calmarse un poco. –Eres la mejor chica que he conocido en mi vida, y yo me siento el niño más poderoso del planeta cuando me sonríes o me enseñas cosas nuevas sobre kárate, o cuando vemos películas juntos. Puedes confiar en mí, no voy a cambiar si aparece otra chica… Yo jamás te traicionaría así…

La joven le sonrió y le dio un abrazo, aun sin percatarse de la presencia de sus amigos en la entrada de la cocina. Los chicos se habían quedado sobrecogidos por las palabras del niño, Mark y Kyle estaban mudos e impresionados ante la brutal declaración de Jimmy.

-Es lo más bonito que he escuchado nunca… -gimoteó Amber pasándole una servilleta a su amiga.

-Yo también quiero abrazarte… -lloriqueó emocionada Jessica.

Notas:

Intentaré subir el siguiente pronto.

¡Saludos!

Capítulo 49 por Kala1411
Notas de autor:

Siento tardar tanto en actualizar, pero me es imposible conectarme con la misma asiduidad que antes.

¡Saludos!

Capítulo 49

 

 

Aquella tarde, Mark observaba la piscina, ruidosa por la presencia de todos sus amigos. Habían regresado del partido un poco agobiados por el calor, y no tardaron mucho tiempo en ponerse los bañadores y tirarse al agua para refrescarse. Reflexionaba sobre la conversación que Jimmy había tenido con su amiga y empezaba a percatarse de lo mucho que había apartado a su hermano de su vida sin siquiera darse cuenta.

-Deja de sentirte tan culpable –Ashton apareció a su lado acompañada por Kyle. -Te sigue queriendo más de lo que reconocerá alguna vez en voz alta.

-Ni siquiera se me pasó por la cabeza que también le hice daño a él. No le he tenido en cuenta durante demasiado tiempo y ahora estoy pagando las consecuencias –comentó tristemente.

-Si te sirve de consuelo, yo también me siento culpable –le dijo Kyle. –Pero no lo des todo por perdido, todavía puedes enmendar tus errores con él y yo te ayudaré.

-Si queréis que os perdone por todo, deberíais empezar ya vuestra penitencia –la joven se cruzó de brazos y frunció el ceño. –Nos contó algunas cosas que le habéis hecho a lo largo de los años y habéis sido demasiado capullos con él.

Los dos chicos se miraron, durante unos momentos.

-Quizás tengas razón, nos pasamos con algunas jugarretas –reconoció Mark.

-Puede que comenzar con una pequeña disculpa sea un movimiento acertado –reflexionó Kyle.

Ashton les sonrió, complacida por escucharles.

-Es una buena idea, y ahora si me disculpáis –se dirigió a los escalones que bajaban hasta el césped, -voy a bañarme un rato con Jimmy.

Como si la hubiese escuchado, el niño la llamó en ese momento desde la piscina. Ella se quitó el vestido veraniego que se había puesto y lo dejó en una de las tumbonas, ignorando por completo las caras de sorpresa y contrariedad que se les había quedado a los dos chicos. Amber y Jessica empezaron a reírse cuando la vieron llegar, y los miembros de la fraternidad que leían lo que había escrito en la espalda de su amiga tampoco podían disimular su expresión divertida. 

En la espalda de Ashton, con letras grandes y negras, Jimmy había escrito: “Futura esposa de Jimmy Rushton”.

 

 

Aquella noche, el pequeño prefirió dormir en la habitación de su amiga que con su hermano, más por costumbre que por fastidiar a Kyle, a quien le había declarado la guerra.

-Te detesto –anunció esa noche cuando Ashton salió momentáneamente del salón. – Por delante de ti solo están Daisy y mi dentista.

El joven suspiró y miró de reojo a Mark, comprendiendo que realmente era él quien más difícil lo iba a tener si quería ganarse el perdón del niño. No quería molestarlo mucho más, pues le daba cierta pena tras lo que había escuchado esa tarde, pero había gestos que se había acostumbrado a hacer con su novia y no se percató de que podrían molestar a Jimmy.

Como el beso de “buenas noches” que le gustaba darle a su chica antes de irse a dormir. Podía jurar que notó todas y cada una de las dagas que el niño le clavaba en la nuca. Casi empezó a inquietarle más la postura del pequeño que la de Mark respecto a su relación con Ashton.

 

 

A la mañana siguiente, Jimmy y Ashton se despertaron primero, y ella le propuso salir a desayunar a una cafetería cercana al campus antes de ir al Esparta. Se adivinaba que sería un día caluroso, por lo que prefirieron sentarse en la pintoresca terraza de la cafetería para tomarse su desayuno tranquilamente. Él le contó sobre sus progresos en la academia de artes marciales, ilusionado por obtener la atención de la joven. Cuando terminaron, ella se excusó para ir al baño, y él aprovechó para comprobar si sus padres le habían enviado algún mensaje.

Pero no había nada en su móvil.

El aparato era nuevo, se lo habían regalado hacía apenas un mes como premio por “sacar buenas notas y tener mejor comportamiento”, pues ninguno tenía tiempo para pasar un día con él en el parque de atracciones. Reconocía las ventajas que tenía poseer un móvil propio, pero a una parte de él le molestaba que sus padres solo quisieran comunicarse con él mediante mensajes o llamadas cortas.

Era con su padre con quien había intentado contactar las primeras noches que había tenido el teléfono, pero casi nunca le había cogido las llamadas o se había excusado para colgarle al poco tiempo de comenzar la conversación. Su madre solo le enviaba mensajes para avisarle que salía de la ciudad o que sería el chófer quien iría a recogerle a la Academia de Artes Marciales o al colegio, y aunque sabía que Mark le devolvía los mensajes o las llamadas, le preocupaba que tarde o temprano empezase a comportarse como sus padres.

-¿Aún sigues viniendo por aquí? –Le preguntó una voz aguda.

El niño se giró, sabiendo que era Daisy quien estaba detrás de él. La joven llevaba ropa cara y de calidad, pero apestaba a algo que no supo identificar y las oscuras gafas de sol que le ocultaban los ojos le intranquilizaban. El desayuno se revolvió un poco en su estómago, y aunque en otra ocasión no hubiese tenido reparo en enfrentarse a ella, en aquel momento quería evitarla.

-Déjame en paz –le dijo con expresión desagradable.

Quiso pasar a su alrededor para entrar en la cafetería y esperar a su amiga dentro, pero Daisy le agarró del brazo para impedir que se fuera.

-¿Has venido solo? No me extrañaría si eso fuese así, todos están cansados de tu comportamiento –comenzó a apretar sus dedos alrededor de su brazo para enfatizar sus palabras. –Eres una molestia para tu familia, y tus intentos de llamar su atención con travesuras y malas palabras no funcionarán. Voy a contarte un secreto: en poco tiempo, tus padres no te aguantarán más y te llevarán a un internado del que solo saldrás cuando te gradúes –el niño podía sentir como la bilis le subía por la garganta al escucharla. –No le importas a nadie, Jimmy…

Inesperadamente, la atenazadora mano que lo retenía, le soltó al tiempo que escuchó un quejido lastimero. Ashton le había agarrado la muñeca a Daisy y la miraba con ira, acercando su cara amenazadoramente a la de la otra chica. La joven rubia intentaba deshacerse de su agarre, pero era imposible. Desesperada, hizo un movimiento brusco y sus gafas de sol cayeron al suelo, dejando al descubierto sus facciones demacradas por el odio y el maquillaje descolorido.

El niño veía toda la escena, pero Ashton sabía que no se estaba fijando en lo que ella tenía a pocos centímetros de su cara. No solo era el extraño y nauseabundo olor que procedía de la ropa de Daisy, eran sus pupilas completamente dilatadas y el sudor excesivo que corría por sus sienes. La chica se percató de que ella había descubierto su secreto y, como si necesitase una prueba más, empezó a inspirar con rapidez.

Por un segundo, afloró en su interior la misma sensación de inseguridad que la había invadido durante el atentado en el aeropuerto, cuando supo las intenciones del terrorista con solo mirarle. Se le pasó por la cabeza romperle la muñeca a Daisy, solo tardaría un segundo en darle una lección a aquella chica por todo el daño que había causado a quienes quería. Pero respiró hondo, en un vano empeño de tranquilizarse.

-No vuelvas a acercarte a Jimmy.

Le soltó la muñeca y la joven se tambaleó un poco, pero el odio en sus ojos no cedió. Ashton le hizo un gesto al niño para que la siguiera y él obedeció, aún impresionado por lo que acababa de presenciar.

No era una persona violenta, no le gustaban los enfrentamientos y solo utilizaba la fuerza para defenderse o auxiliar a otros, tal como le habían enseñado. Sin embargo, en aquel momento la rabia le quemaba por dentro, sentía que iba a explotar en cualquier momento si no conseguía focalizar toda su ira en un punto y soltarla. Jimmy la seguía de cerca, casi corriendo para mantener su paso, y aunque a una parte de ella le preocupaba que el niño malinterpretase su postura, sabía que no podía pararse o le perjudicaría.

En apenas unos minutos, llegaron al gimnasio. No se dirigió a los vestuarios, sino que se fue directamente a la parte de las pesas, fijando su objetivo en el saco de boxeo. Dejó caer en cualquier parte su mochila, apenas escuchó el saludo de Dimitri o de alguien más que estaba entrenando cerca. No podía desviar su atención de su objetivo o aquel sentimiento que la corroía por dentro la destruiría.

Se concentró en el punto central del saco, y sin calentamiento previo, le pegó un puñetazo con todas sus fuerzas. Empujó el saco a varios metros de ella y en aquella energía iba todo lo que había empezado a carcomerla. Dio varios golpes más, metida herméticamente en su burbuja, ignorando la quemazón en sus nudillos y olvidándose de todo lo que la rodeaba.

Minutos después, cuando lo había sacado todo, se descubrió a sí misma jadeando y con los músculos temblorosos por el esfuerzo. Estaba cansada pero no lo suficiente, no obstante, había logrado vaciarse de todo aquel veneno que la llenaba. Se acercó a la pared más cercana y se sentó en el suelo, viendo por primera vez lo que había a su alrededor.

El gimnasio estaba un poco más lleno que de costumbre, pues se acercaban los partidos más importantes para algunos de los deportes que se practicaban en el campus, y muchas personas debían entrenar más de lo usual para rendir bien en las competiciones. La mayoría de los presentes la miraban de reojo, casi con temor, pero Jimmy se acercaba a ella con un pequeño botiquín y una medio sonrisa.

-Ha sido increíble –se sentó a su lado y comenzó a sacar algodón y alcohol. –Sabía que eres fuerte, pero no imaginaba que fueses capaz de hacer algo así. Tu entrenador estaba bastante cabreado, pero le he explicado que estabas enfadada y Frank y Nick me han ayudado a tranquilizarle.

Le tomó una de las manos y le pasó suavemente el algodón húmedo por la piel herida. Apenas sintió el escozor, le preocupaba más lo que el niño pudiese pensar de ella o que Mark no le permitiese volver a acercarse a ella, no se había parado a pensar cómo la habían visto los demás mientras golpeaba con toda su furia el saco, pero se podía hacer una idea. Debía dar algunas explicaciones por su comportamiento y ni siquiera sabía cómo explicar su arranque de ira.

-No le cuentes nada de esto a tu hermano, por favor… -suplicó al pequeño.

Él la miró extrañado, pero asintió. Frank y Nick se acercaron a ella cuando comprobaron que estaba más calmada, y solo se sentaron a su lado.

-¿Qué te ha pasado para que estuvieras así de cabreada? –Preguntó Nick.

Ella y Jimmy se miraron de reojo antes de contestar.

-Me he encontrado con alguien a quien no quería ver –contestó simplemente.

Sus amigos comprendieron que no diría nada más por el momento, por lo que prefirieron no insistir para evitar molestarla. Jimmy la convenció para volver en otro momento al gimnasio para enseñarle nuevos movimientos de kárate, y ella le pidió pasear un rato antes de regresar a la mansión.

Dimitri la esperaba a la salida del gimnasio con los brazos cruzados, le gritó un poco y tras dejar claro su punto, le expuso que acudiese a él si debía darle una paliza a alguien.

-No sé qué te ha ocurrido, Jones, pero debe haber sido muy malo para que no supieses controlar tu miedo.

-No tenía miedo, entrenador –respondió ella extrañada.

-Te equivocas. Alguien tan bien entrenado solo se deja llevar por sus impulsos por el miedo, no lo confundas con odio o rabia. Era terror lo que te ha impulsado a comportarte así, debes controlarlo la próxima vez.

 

 

Caminaron por el campus durante un rato, hasta que decidieron comprar frutos secos y sentarse en un banco a hablar. Jimmy evitó hablar de lo sucedido con Daisy y en el Esparta para que ella no se sintiera incómoda. Películas y “profesores imbéciles” fueron el tema de conversación principal, y Ashton se lo agradeció al pequeño. Casi a media mañana regresaron a la mansión, pues el niño debía preparar sus cosas para volver a su casa por la tarde.

Para su desgracia, todos los miembros de la fraternidad se habían enterado de lo que había ocurrido en el gimnasio. Decidió contar solo una parte de lo sucedido para no inquietarlos por el momento.

-Me encontré con Daisy y me dijo algunas cosas que me molestaron –explicó encogiéndose de hombros.

-¿Qué cojones te dijo para que actuaras así? –Preguntó Jason extrañado. –La hemos visto hacerte de todo y tú ni te has inmutado.

Por un momento, no supo qué podía contestar para despejar las dudas, pero fue el niño quien salió en su rescate.

-Le habló de Kyle, y a Ash no le gustó lo que escuchó.

-¿De mí? –Inquirió el aludido. -¿Qué dijo de mí?

Ella abrió la boca, pero sin saber cómo responder a eso.

-Tío, no vamos a repetir las cosas tan asquerosas que dijo… -se quejó el pequeño.

Con esa simple y ambigua frase, terminó aquella conversación. Dieron el tema por zanjado y nadie más volvió a querer saber sobre lo ocurrido, pero era solo en apariencia. Conocían a su amiga y sabían que ella no se comportaría de una forma tan agresiva y descontrolada sin un motivo justificado.

Ashton, por su parte, se quedó más tranquila con las breves explicaciones que dio Jimmy. No le gustaba ser una mala influencia para él, pero temía que las consecuencias fuesen peores si Mark llegaba a saber la verdad.

 

 

Jimmy se marchó de la mansión por la tarde, en el lujoso coche de la familia Rushton. Ella aprovechó para terminar de repasar algunas lecciones, pero le costó mucho concentrarse y apenas avanzó. Esa noche, cuando entró a su habitación tras cepillarse los dientes, se sentó en la cama, al lado de Kyle. El joven estaba leyendo a la luz de su lamparita, le relajaba verle tan absorto en su libro.

-¿Tan horrible fue lo que Daisy te dijo de mí? –Quiso saber el chico, sacándola de sus pensamientos.

Ashton se miró sus manos, indecisa sobre contestarle o no.

-No quiero que sus palabras te hagan desconfiar de mí –dejó el libro a un lado y le cogió una de sus manos, preocupado por su silencio.

Cerró los ojos momentáneamente, intentando calmarse con ayuda de su respiración.

-Kyle, te prometí que nunca te mentiría… -le devolvió el suave apretón para infundirse a sí misma de un poco de confianza. –Esta mañana, al terminar de desayunar, fui al baño de la cafetería y dejé a Jimmy solo un momento. Cuando salí, vi que Daisy estaba hablándole y él parecía casi enfermo. Me acerqué y al escuchar lo que le decía me dejé llevar… Le cogí la muñeca y le apreté hasta que le soltó el brazo a Jimmy, y a ella se le cayeron las gafas de sol, entonces… -esa era la parte más difícil de explicar, pues no sabía que haría si su chico no le creía. –Ella… le vi sus ojos. Sus pupilas estaban completamente dilatadas, sudaba a mares y aspiraba como si tuviese un tic… -tragó duro antes de continuar. –Daisy se droga, y ya se ha convertido en una adicta.

Capítulo 50 por Kala1411

Capítulo 50

 

 

Kyle estuvo muy pensativo durante aquella noche. Empezó a atar algunos cabos sobre su exnovia y las últimas semanas de su relación, recordando algunas situaciones poco agradables y la presencia de los rasgos que Ashton le había descrito. Sabía que Mark también había vivido momentos tensos y “extraños” con la joven casi al mismo tiempo, pero ambos habían creído que era por la tensión de poder ser descubierta y perder todo el control que había conseguido sobre ellos.

Ashton le había pedido que no le contase aquello a nadie, ni siquiera a Mark, más por temor a que le impidiese volver a ver a Jimmy que por otro motivo. Él no creía que su amigo hiciera tal cosa, menos si ella había defendido a su hermano pequeño, pero le había hecho una promesa y la cumpliría.

 

 

A mitad de esa semana, estaban todos en la mesa del comedor charlando animadamente sobre los planes que querían hacer ese fin de semana. Jessica había tenido la idea de hacer una cena de parejas, y Amber y ella estaban intentando convencer a sus respectivos novios. El viernes se jugaba la semifinal de fútbol americano en la ciudad, pero con la promesa de comida casera preparada por las chicas, Jason y Adam se decantaron por el plan romántico.

En medio del ambiente distendido, Mark llegó agobiado. Apenas se sentó, se tomó su segunda pastilla para el dolor de cabeza con un largo trago de bebida energética. Su aspecto demacrado se estaba acentuando con la llegada de algunos exámenes parciales particularmente duros que tenía durante esa semana. Sus amigos le miraban preocupados, lo notaba, pero no quería su lástima. Sabía que su aspecto era lamentable, y que toda alegría se desvanecía cuando se acercaba a cualquier lugar. Se sentía como un maldito dementor y el estrés no le estaba ayudando.

-Que a nadie se le ocurra decirme que necesito relajarme –advirtió con voz tensa.

Sonaba amenazador, y había descubierto que Amber se sentía un poco cohibida cuando lo veía con esa actitud, pero no podía evitar comportarse así cuando su cabeza estaba a punto de explotar.

-Lo que necesitas es una novia –le contestó Ashton sin levantar la vista de su plato.

Y allí estaba ella, la única persona que tenía la facultad de sacarle de quicio al tiempo que podía hacerle sonreír.

-Tú podrías ser mi novia –dijo mientras empezaba a comer.

Ella creía que estaba bromeando, pero los demás sabían la verdad que ocultaban sus palabras. Aunque, al ver como Amber abría los ojos, quizás ella no estuviese informada de su amorío secreto hacia su amiga. Kyle, por su parte, casi no se inmutó. Casi. Notó cómo apretaba un poco más fuerte su tenedor mientras pinchaba una patata frita de su plato.

-Te recuerdo que tengo novio, Mark –expuso Ashton con voz cansada. –Y te lo digo en serio, creo que deberías intentar conocer a otras chicas.

-Ya te conozco a ti –apostilló.

Amber, quien tenía la boca abierta ante aquel espectáculo, miraba a su alrededor buscando algún tipo de señal o de reacción por parte de los presentes. Ante la falta de sorpresa, miró a su novio, pero el chico seguía comiendo como si nada estuviese ocurriendo delante de él.

-Creo que intentaré hablar con Collie Mayers para que salgas con ella, está en mi clase de Economía y parece buena chica –Ashton ignoró deliberadamente las últimas palabras de su amigo.

-No quiero que me organices ninguna cita –dijo seriamente Mark. –A no ser que sea contigo, claro.

Jason había empezado a sentir cómo su chica le apretaba la rodilla por debajo de la mesa, su estupefacción le resultaba graciosa aunque la situación fuese más complicada de lo que ella podía creer a simple vista.

-Sé que no debo meterme en tu vida privada, pero estoy preocupada. Una parte de mí sigue creyendo que si tuvieses a alguien a tu lado, estarías mejor –explicó Ashton.

-Cuando quiero sentirme mejor, intento hablar contigo un rato… O veo tu foto del calendario, eso siempre me pone particularmente animado.

Los ojos de Amber se posaron de inmediato en Kyle, pues creyó que saltaría sobre la mesa para darle una paliza a Mark delante de sus ojos. Pero no fue así, solo cerró los ojos e intentó relajarse mediante su respiración.

-¿Sabes qué? Paso de mis remordimientos –determinó Ashton levantándose de la mesa con su bandeja. –Voy a decirle a Collie que saldrás con ella el viernes.

-No voy a ir a ninguna cita –protestó él.

Ella lo miró fijamente durante un momento, con una media sonrisa cínica.

-Si no sales con ella, te doblaré la muñeca y no podrás contentarte viendo mi foto durante un tiempo.

Su tono no dejaba lugar a dudas acerca de la veracidad de su advertencia si él no accedía. Ni siquiera esperó una respuesta de Mark, solo cogió su bandeja y se dirigió al carrito para dejarla. Regresó por su mochila y, tras despedirse de todos, se fue a su próxima clase. Él no dejó de mirarla ni un solo segundo, molesto porque ella no tomase en serio sus palabras.

-¿No… No se ha dado cuenta? –Preguntó Amber desconcertada.

-No… -respondió Jessica. –Es muy inteligente, pero creo que no lo ve como nosotros lo vemos.

-¿Pe-Pero cómo es posible? –Insistió la joven aún en estado de shock.

-Soy su amigo, solamente–explicó Mark con amargura. –A sus ojos, no soy nada más.

 

 

En los siguientes días, Mark intentó buscar una excusa para no tener que asistir a la cita que su amiga le había organizado, pero nada funcionó. Su apretada agenda tampoco le dejaba un hueco libre para hablar con Kyle acerca de algo importante que quería comentarle a solas, y eso le molestaba. Sabía que su amigo estaba aguantando más de lo que cualquier persona normal soportaría en una situación como aquella, y una parte de él se sentía culpable por estar enamorado de su novia. No tenía ni idea de lo que quería contarle, pero seguramente era algo importante por la actitud seria que tenía el chico en los últimos días.

Los demás miembros de la fraternidad habían intentado ayudarle con lo de su cita no deseada, pero no había forma de convencer a Ashton para que la anulase.

-¿Por qué no vas simplemente? –Le propuso Matt. –Ten esa cita con la chica y cuando acabe, solo dile que te lo has pasado bien pero estás interesado en otra persona. Contentarás a Ash porque habrás quedado con Collie y asunto zanjado.

Aquello no le pareció tan mala idea como al principio, y pensó que sacrificar una noche de descanso por satisfacer a su amiga le ayudaría a ganar tiempo para quitarle la absurda idea de la cabeza de buscarle pareja. Así que, para alegría de Ashton y sorpresa de Kyle, accedió a recoger a su cita el viernes a las diez de la noche.

 

 

Aquel viernes, Jason y Adam acudirían a la cena en parejas que habían organizado sus novias, Mark iría a la cita con Collie, y Kyle tenía entradas para asistir a la semifinal de fútbol americano con los demás. La mansión quedaría completamente sola y ella lo aprovecharía al máximo.

Nunca se había tomado un baño relajante con burbujas, y Jessica le había regalado un gel ideal para ello. La comida china que había encargado llegaría alrededor de las once de la noche, justo cuando comenzaba una antigua película de Tim Burton que a Paul le encantaba ver con ella. A pesar de la diferencia horaria, ambos estarían viéndola al mismo tiempo para intentar sentirse más cerca durante un par de horas.

 

 

Mark se estaba aburriendo como una ostra. Collie era una chica linda y simpática, pero un tanto influenciable por lo que había podido comprobar en el poco tiempo que había hablado con ella. Había accedido a ir a cenar a un conocido local donde sabía que iban la mayoría de los chicos del campus, y casi parecía estar más interesada en que le vieran con él que en charlar acerca de sus aficiones. Se había sacado innumerables fotos en poco más de una hora que llevaban en la cita, y empezaba a ponerlo nervioso su constante necesidad de demostrar que había salido con él exponiéndolo en las redes sociales. Pero le había prometido a su amiga que aguantaría e intentaría pasárselo bien, y así lo haría.

-Hay una fiesta genial en la mansión de la Hermandad Delta, ¿podemos ir? ¿Por favor? –Pidió Collie con expresión de “corderito degollado”. –Sé lo de tu exnovia y todo lo demás, pero he oído que será algo impresionante y habrá mucha gente…

Si creía que lo convencería con esos argumentos, estaba muy equivocada, pero no quería ser maleducado y que Ashton se enfadase con él. Accedió de mala manera, aunque a su acompañante pareció no importarle su cara de disgusto y se sacó otra foto para “celebrarlo”.

Era casi media noche cuando llegaron a la mansión de la hermandad, y Collie tenía razón: la fiesta era impresionante, como todas las celebraciones que se organizaban allí. No había vuelto a aquel lugar tras lo sucedido con Ashton, tan solo pasar por delante de la gran casa le recordaba aquella noche en la que él y Kyle casi arruinan su amistad con la joven. Su cita le llevó a rastras hasta el interior, inundado de música y luces de colores, y un escalofrío le recorrió la espina dorsal.

Todo el mundo tenía un vaso en la mano, y Collie tiró de él hasta la mesa donde estaban los barriles de bebidas alcohólicas y los refrescos. Ella preparó dos vasos con la misma mezcla para ambos y sacó algunas fotos más, tras lo cual, Mark decidió que preferiría explicarle a Ashton su malestar en aquel lugar antes de continuar con aquella tediosa cita. Se bebió el contenido en pocos minutos, y cuando se preparaba para dar una excusa pobre para poder marcharse de allí, apareció Daisy con un chico de la mano.

-¡Mira a quién tenemos aquí! Es extraño verte por aquí, Mark, pero siempre serás bienvenido. ¿Es ella tu acompañante de esta noche? –Preguntó mirando con ojo crítico a Collie. -¿Ya te has rendido con esa furcia de tu fraternidad?

Se mantuvo estoico mientras escuchaba la palabrería de la joven, pero al oír el insulto a su amiga, hizo el amago de irse. El chico que acompañaba a Daisy, con la cara pálida y los rasgos marcados, se interpuso en su camino. Sus pupilas estaban muy dilatadas y un breve brillo por su frente revelaba el sudor que enmarcaba su cara. No quería empezar una pelea allí, pero no le importaría hacerlo si le provocaban un poco más. Su paciencia, con todo lo relacionado con su exnovia, había llegado al límite.

-No te pongas así, solo bromeaba… -dijo ella con la voz suave de una víbora. -¿Por qué no intentamos firmar un acuerdo de reconciliación tú y yo? –Puso una mano en su hombro para llamar su atención. -¿Qué te parece si nos tomamos unos chupitos para dejar atrás nuestros desacuerdos?

-¡Sí! ¡Eso sería genial!–Chilló emocionada Collie. –Es una buena forma de hacer las paces –por su tono se denotaba que el alcohol ya le había hecho efecto.

Mark accedió con un asentimiento, ignorando las alarmas que sonaban en su cabeza. El chico que acompañaba a Daisy se dirigió a la mesa donde estaban las bebidas y preparó varios vasitos para los dos. Había catorce chupitos en total, siete para cada uno, y no hacía falta ser un experto para darse cuenta que no estaban mezclados con refrescos para suavizar el alcohol.

-Sin parar, nos tomaremos uno tras otro y así zanjaremos nuestra enemistad, ¿de acuerdo? –Dijo Daisy con una sonrisa.

Él asintió y empezó a beber al mismo tiempo que ella. Tan solo con la primera bebida, su esófago ardió como si se tratase de un volcán a punto de entrar en erupción, pero quería irse de allí cuanto antes, así que no paró. En menos de un minuto, los catorce vasitos estaban vacíos y Collie aplaudía entusiasmada.

-Tan impresionante como siempre –comentó Daisy. –Tú nunca defraudas, Mark, qué pena que esa tonta no sepa apreciarte…

Se marchó sin decir nada más, acompañada del chico extraño, y en pocos segundos se perdió entre la multitud. Algo en él le gritaba que se fuese de allí y hablase con Kyle cuanto antes, tenía una mala sensación recorriéndole la espina dorsal y no quería demorar más la charla con su amigo.

-Me voy ya –avisó a Collie. –Estoy cansado.

La joven puso una mueca triste, pero enseguida se recuperó.

-Está bien. Me lo he pasado genial esta noche, cuando quieras repetimos –comenzó a señalar a un grupo de chicas a pocos metros. –Yo me quedaré un rato más con mis amigas.

Él asintió y se dirigió a la salida. La multitud empezaba a sofocarle y sentía la imperiosa necesidad de conseguir aire fresco. Con paso rápido, se encaminó a la mansión de la fraternidad. Si tenía un poco de suerte, Ashton estaría aún despierta y podría hablar un rato con ella para desquitarse de aquella extraña sensación que le corroía.

 

 

Tras despedirse de Paul para irse a la cama, se dispuso a recoger los restos de su cena. Se estiró mientras salía de la cocina y se paró al escuchar que alguien abría la puerta. Mark entró y ella sonrió, ilusionada por querer saber cómo le habría ido en su cita.

-No te esperaba tan pronto, Casanova –dijo acercándose a él.

El chico se apoyó contra la pared antes de que pudiese estar a su lado, y fue entonces cuando se percató de su extrema palidez y de su respiración agitada.

-¿Mark…?

Apenas terminó de decir su nombre cuando su amigo se desplomó en el suelo y empezó a convulsionar. Se agachó apresuradamente al tiempo que marcaba en su móvil el número de emergencias. Espuma comenzó a salir por su boca y sus ojos se quedaron blancos, los espasmos eran casi incontrolables y le metió los dedos en la boca para evitar que se tragase la lengua. Sujetó el móvil entre su cara y su hombro, sabía que estaba gritando como una posesa, pero hasta que no oyó la voz de la operadora al otro lado de la línea, su cerebro no funcionó de una forma lógica.

-Es mi amigo, está convulsionando, no sé qué le pasa… -su cara estaba empapada por sus lágrimas, pero no lo notaba.

-Dígame la dirección y mandaremos una ambulancia de inmediato –le pidió la mujer.

-Calle Lovecraft, número 12. En el campus de la universidad –contestó apresuradamente

-Llegarán en un minuto.

-Aguanta. Por favor, Mark, aguanta –suplicaba presa del pánico.

Capítulo 51 por Kala1411
Notas de autor:

Capítulo largo, creo que podré actualizar en dos o tres días. 

¡Saludos!

Capítulo 51

 

 

La operadora tenía razón, en menos de un minuto llegó la ambulancia, pero a Ashton le pareció que pasaron horas. Mark seguía convulsionando cada vez más violentamente, la espuma no dejaba de salirle por la boca y su terror iba en aumento. Los paramédicos entraron apresuradamente y ella reaccionó a tiempo para quitarse y dejarles trabajar. Sus ojos no se apartaron ni un segundo de su amigo y apenas entendió nada de lo que decían.

-Debemos trasladarlo de inmediato al hospital –le dijo uno de ellos. -¿Quiere acompañarlo?

Ashton asintió, cerró la puerta detrás de ella y se subió en la ambulancia con el enfermero y su amigo. Casi temía respirar a su lado, estaba tan frágil y débil, nunca antes le había visto así y estaba en estado de shock.

-¿Desde cuándo toma drogas su amigo? –Le preguntó el enfermero mientras comprobaba las constantes vitales.

Le costó reaccionar al escuchar aquella pregunta.

-¿Có-Cómo? –Murmuró.

-Que si su amigo lleva mucho tiempo drogándose –el enfermero la miró con impaciencia, y al ver su expresión de desconcierto, suavizó su tono. –Esto ha sido una sobredosis.

Empezó a negar con la cabeza, como si el hombre estuviese gastando una broma de mal gusto o hubiese hablado en un idioma desconocido.

-No… él… No…

Al verla tan afectada, le cogió una mano y se la apretó para calmarla un poco. Se la puso sobre la de Mark suavemente, y Ashton volvió a centrar su atención en su amigo. Sabía que debía hacer muchas cosas, tenía mil preguntas en su cabeza, pero se sentía incapaz de moverse en ese instante.

Llegaron al hospital y, con suma rapidez y precisión, los paramédicos le bajaron y comenzaron a rodearlo varios enfermeros y médicos, excluyéndola del círculo que se formó alrededor de la camilla.

-¿Es usted familiar? –Le preguntó una enfermera de mediana edad.

-Sí –contestó sin pensar.

-Vaya a la sala de espera mientras le atendemos –ordenó la mujer.

La camilla de Mark, con todo su séquito de médicos y enfermeros, había pasado unas puertas pesadas. Aquella enfermera estaba a punto de entrar, pero ella la cogió del brazo, desesperada por algunas respuestas.

-¿Se pondrá bien? –Quiso saber.

La mujer se giró para darle una contestación brusca, pero al ver su sufrimiento, mitigó sus intenciones.

-No lo sabemos. Una sobredosis siempre es…

-Él no se droga –aclaró Ashton con desesperación. –Es un chico sano que solo toma paracetamol para las jaquecas, pero nunca ha tomado ninguna sustancia extraña.

-Hay personas que pueden tener una… doble vida… -expuso la enfermera con el ceño fruncido, extrañada por las palabras de la joven.

-Mark no. Se lo puedo asegurar –dijo ella con determinación.

La mujer, de tez morena y con la mirada enternecida, le cogió las manos y le habló con sinceridad.

-Vamos a hacer todo lo posible por él. Vendré a avisarte cuando sepa algo –señaló su placa de identificación. –Mi nombre es Rose, por si necesitas algo.

Tras decir aquello, se apresuró a cruzar las puertas por donde habían metido a Mark. Ashton se quedó parada, pensando en su madre y llegó a la conclusión de que aquello podría ser una buena señal. Se tocó el pequeño tatuaje que tenía encima del pecho mientras se dirigía a la sala de espera y se sentaba. Le costó tranquilizarse, pero lo consiguió.

Sacó su móvil del bolsillo de su pantalón, vio que tenía poca batería, así que no se demoró mucho y marcó el número de su novio, pero le respondió el buzón de voz.

-Kyle –su voz sonaba ronca a sus propios oídos, -estoy en el Hospital St. Joseph. Mark ha sufrido una… una sobredosis –tuvo que tragar duro antes de continuar. -No me queda mucha batería, no intentes llamarme, solo ven cuando puedas.

Terminó el mensaje y dio rienda suelta a sus lágrimas. Sabía que debía recobrar la calma, pero solo necesitaba desahogarse de ese miedo que le atenazaba el corazón.

 

 

Era poco más de la una de la madrugada cuando los chicos salieron del estadio, ebrios de euforia y contagiados por los demás fanáticos. Había sido un partido estupendo, con mucha adrenalina y jugadas memorables. Se reunieron en la zona donde habían dejado los coches, esperando por los que habían ido a los servicios, y empezaron a organizar el regreso a casa. Había seis conductores designados, quienes no habían bebido ni una gota de alcohol, y Kyle era uno de ellos. Los chicos no iban borrachos, pero darían positivo en cualquier control y, aunque el trayecto fuese relativamente corto, ninguno quería arriesgarse a tener problemas.

Empezaron a encender sus móviles entre risas, y Kyle se llevó una sorpresa al ver el mensaje de Ashton. Pidió a sus amigos que dejasen de hablar durante un momento, pues un mal presentimiento le embargó al verlo. Pulsó sobre la pantalla del móvil y todos los presentes pudieron oír la voz de la joven a pesar del ruido que aún se escuchaba a lo lejos, en el estadio.

-Kyle, estoy en el Hospital St. Joseph. Mark ha sufrido una… una sobredosis. No me queda mucha batería, no intentes llamarme, solo ven cuando puedas.

Tim y Bob ya estaban dando instrucciones a algunos de los miembros, pero él apenas pudo moverse hasta que Victor lo sacudió un poco de los hombros. Reaccionó y se apresuró a su coche.

Todos sabían que no era la mejor idea que una veintena de chicos se presentasen en el hospital, pero les daba igual. La vida de Mark corría peligro y la mejor amiga que tenían estaba sola, soportando todo aquello.

 

 

Una enfermera joven le había llevado alcohol para que se desinfectase las manos y un té para que se calmase, todo por orden de Rose. Llevaba casi una hora allí y en su cabeza se habían reproducido mil escenarios posibles para obtener una explicación sobre lo que le había ocurrido a Mark.

Fue en el baño del hospital, cuando se vio a sí misma en el espejo, que comenzó a atar algunos cabos. Estaba fatal, tenía la cara surcada por las lágrimas, la tez pálida y los ojos rojos e irritados del llanto. Los chicos la verían así cuando llegasen, pero no le importaba en aquel momento.

No podía ocultar sus ojos… como lo había hecho Daisy con las gafas de sol.

Siguió ese hilo en sus pensamientos, ensimismada por el camino que estaban tomando. Había llegado antes a la conclusión, pero necesitaba encontrar la forma más lógica exponer lo que ella creía que había pasado. Sabía que la chica tomaba drogas, pero ¿cómo pudo haber conseguido que Mark las consumiera sin que él las notase? Por mucho que lo intentase, no podía imaginar cómo lo había logrado.

De repente, notó como alguien la abrazó fuertemente y alzó la cabeza para ver a Amber y a Jessica a su lado, Adam se acercaba a ella con el rostro pálido como un fantasma.

-Los chicos nos han llamado y nos han contado lo que ha pasado –explicó. –Hemos venido de inmediato, ¿cómo estás?

-B-Bien –tartamudeó. -¿Y Jason?

-Está en el mostrador, nuestra madre trabaja aquí como enfermera y va a intentar hablar con ella para conseguir más información –explicó Jessica. –Joder, ¿cómo ha podido pasar algo así?

-No lo entiendo… Mark no ha tomado nada raro, ninguna sustancia… Nunca –Adam miraba al vacío mientras daba rienda suelta a sus pensamientos. –Nos habríamos dado cuenta…

-Él no… -murmuró Amber sentándose al lado de su amiga. –Pero…

Ashton la miró, sabiendo que había llegado a la misma conclusión que ella, pero le faltaba la explicación lógica que debía preceder a su resolución.

-Cuéntamelo todo, por favor –le pidió.

Jessica estaba muy atenta a aquel intercambio de palabras mudas que se decían solo con los ojos, y aunque Adam parecía abstraído, él también escuchaba la conversación.

-Un mes antes de Navidad, me di cuenta que echaba sustancias a los barriles de refrescos que se utilizaban en las fiestas de la hermandad. Le pedí que dejase de hacerlo, pero le quitó importancia y dijo que era para que la gente se lo pasara mejor, que no le haría daño a nadie porque la proporción que tendría cada bebida sería mínima cuando se mezclase con el alcohol… -la joven empezó a llorar, presa del miedo. –Guardé el secreto porque me amenazó con hacerme la vida imposible si la delataba… Pero cuando… cuando empezó a diluir esas sustancias con el alcohol, discutí con ella y fue cuando me echó de la hermandad… -tragó duro antes de continuar. –Sé que debí haber avisado a alguien, pero era mi mejor amiga y una parte de mí confiaba en que cambiase antes de que fuese demasiado tarde…

Ashton la abrazó, intentando consolarla, pero era en vano, y ahora ella estaba llena de terror por lo que pudiese pasarle a Mark.

-Tienes que contarle todo eso a la policía, jovencita –dijo una voz a sus espaldas.

Rose estaba allí, y al ver a Jessica y a Jason a su lado, podía adivinarse fácilmente que era su madre. La mujer traía un vaso de agua y se lo entregó a Amber junto con un pañuelo. Los chicos se miraban con el ceño fruncido, como si estuviesen comunicándose por telepatía, una parte de ella sabía lo que se estaban diciendo, pero decidió centrarse en ese instante en la chica que sollozaba angustiada.

 

 

Adam y Jason salieron de la sala y se dirigieron a la entrada de Urgencias, debían hablar con sus amigos antes de que entrasen, pues no creían que las chicas estuviesen en las mejores condiciones de volver a escuchar lo que Amber había confesado. El tío de Victor era policía, y sabían que si le pedían a su amigo que le llamase para que le tomase declaración a la joven, el hombre lo haría de inmediato aunque no estuviese trabajando en ese momento.

Casi al minuto de haber salido, varios coches aparcaron a unos doscientos metros de donde estaban ellos. Por la cantidad de personas que salieron, supieron que se trataban de todos los miembros de la fraternidad. La preocupación y la ansiedad se reflejaban en sus rostros, y antes de que cualquiera de ellos dijera nada, Jason empezó a explicar lo que había contado Amber. Tal como habían adivinado, Victor llamó a su tío antes de que el joven terminase el relato.

Sabía que sus amigos no le darían tanta importancia al secretismo de la joven porque estaban más preocupados por el estado de Mark que por cualquier otra cuestión, pero una parte de él no sabía cómo tomarse aquello. La vida de su amigo corría peligro porque ella había querido proteger a Daisy, y no podía evitar pensar que si hubiese dicho algo antes, nada de aquello estaría pasando.

Poco a poco, fueron entrando en el hospital para dirigirse a la sala donde estaban las chicas, pero él prefirió quedarse fuera un rato, pues no sabía cómo reaccionaría con Amber en aquel momento. Adam pareció saber lo que se le pasaba por la cabeza y esperó a quedarse a solas para hablarle.

-No puedes culparla. Ella no ha echado las drogas en las bebidas.

-Si me lo hubiese dicho, o a Jessica, esto podría haberse evitado. Mark estaría bien.

-No te pongas en “lo que habría pasado si”, eso no nos servirá de nada ahora.

-¿Qué quieres que haga? –Se sentía indignado. –Me siento como un estúpido por confiar en ella. Parece que su lealtad siempre estuvo con Daisy.

-Por mucho que te pese, era su amiga y le guardó la misma lealtad que cualquiera de nosotros te guardaría a ti si tú estuvieses ahora en su lugar –afirmó Adam con rotundidad. –Sé que tienes razón en lo que dices, pero no seas hipócrita ni la culpes por hacer algo que también hubieses hecho tú en su situación.

-Yo no habría llegado tan lejos ante una situación así –dijo Jason con fiereza.

Adam le miró unos segundos antes de contestarle con calma, sin ninguna muestra de rencor en su tono.

-Solo te recuerdo que, cuando Ash te pidió que no nos contases nada sobre sus heridas por el atentado, tú le prometiste que no dirías nada. Si no llega a ser por las imágenes que aparecieron por la televisión, ninguno de nosotros habría sabido la verdad –Jason apretó la mandíbula sabiendo que era cierto lo que le decía. –Ni yo ni los demás vamos a reprocharte nada de eso, nunca, comprendemos por qué lo hiciste. Ahora intenta entender tú a Amber, verás como no es algo tan distinto a lo que hiciste.

 

 

Kyle entró en la sala y ella apenas tardó un segundo en abalanzarse a él en busca de un abrazo que la reconfortara. El joven la apretó contra sí con todas sus fuerzas, pretendiendo absorber un poco de su sufrimiento aunque supiese que eso era imposible. El silencio en la sala pesaba sobre sus hombros y Ashton tuvo que respirar profundamente para evitar llorar delante de sus amigos, a pesar de que su rostro delatase sus recientes lágrimas.

-Voy a volver dentro –anunció Rose. –Saldré lo antes posible para comunicaros lo que vaya pasando. Pero tranquilos, Mark es fuerte.

Le hizo un leve gesto cariñoso a su hija y salió de la sala. Amber rompió a llorar de nuevo cuando Adam entró, pues esperaba a su novio, pero su ausencia solo confirmaba sus sospechas de que el chico no quería verla. Jessica la convenció para que la acompañase al baño y ella la siguió.

-Sabemos la versión de Amber, pero tú también tendrás que contar la tuya –dijo suavemente Victor.

Ella asintió con entereza. Se sentaron como pudieron por la sala de espera, intentando no molestar a otras personas que se encontraban allí con aspecto cansado y preocupado. El tío de Victor llegó a los pocos minutos, era un hombre de mediana edad y le acompañaba otro agente de policía más joven. Su amigo los había recibido en la entrada del hospital y les había explicado a grandes rasgos lo que había ocurrido.

Ashton tenía su cabeza apoyada en el hombro de Kyle cuando los dos agentes entraron en la sala. Se levantó del asiento con rapidez, deseosa de explicar lo sucedido, pues tenía la sensación de que Mark se pondría mejor una vez que ella y Amber expusieran lo que sabían. Era una creencia carente de sentido, pero le tranquilizaba imaginar esa posibilidad.

-No me lo puedo creer… -murmuró el policía más joven mirando hacia su novio.

Se paró en seco y miró a Kyle, extrañada. El chico miraba a los dos hombres con el ceño un poco fruncido y sintiendo como era el centro de atención de toda la sala.

-Ho-Hola… -saludó tímidamente.

-¿Tú? –Inquirió el tío de Victor con escepticismo. –No… No me digas que es tu amigo quien…

Kyle asintió con pesar.

-¿Les conoces? –Quiso saber Ashton.

-Sí, les conocimos una noche en la que él y el otro chico moreno iban muy borrachos –explicó el policía más joven.

-Y tú debes de ser su novia, ¿no? –el más mayor le tendió la mano. –Agente Tyler, mi compañero es el agente Colin.

Ella se la estrechó, aún extrañada por aquella revelación. El hombre pareció leerle la mente y le aclaró sus dudas.

-Él y el otro chico nos hablaron de ti cuando estaban ebrios. Te lo contaré todo después, pero ahora tengo entendido que eres tú quien debe explicarnos qué sabes.

Respiró hondo y por un instante, no supo cómo empezar. Al ver su inquietud, el agente Colin le indicó que se sentara de nuevo mientras ellos arrastraban un par de sillas hasta quedar frente a ella. Sabía que todos estaban ansiosos por escuchar su versión de los hechos.

-Le había organizado una cita a Mark con una chica, una compañera de mi clase de Economía, y salió poco antes de las diez para ir a recogerla… -decidió fijar los ojos en un punto fijo para concentrarse mejor en su relato. –Llegó alrededor de las doce y media de la noche, yo estaba a punto de irme a la cama, pero al oír la puerta y verle, me acerqué a él para preguntarle por su cita y… Todo fue muy rápido después de eso –le estaba faltando el oxígeno, pero no se levantaría de allí hasta que no lo contase todo. –Estaba demasiado pálido y parecía mareado, se apoyó en la pared pero se cayó y empezó a convulsionar y a echar espuma por la boca… Yo marqué el número de emergencias mientras le metía los dedos en la boca para evitar que… se ahogase… -estaba temblando de puro pánico al recordarlo. –Sus ojos… no le veía las pupilas y… llegó la ambulancia, el enfermero me dijo que había sido una sobredosis, pero yo sé que no –empezó a ponerse más nerviosa intentando recalcar ese punto. –Mark no toma drogas… ¡Tienen que creerme! Él no…

-Shh… -el agente Tyler la abrazó y comenzó a acariciarle la cabeza.

Sentía como si su pecho se comprimiera de miedo, notaba su cara húmeda pero no percibía sus lágrimas. Le costaba respirar y parecía que los escalofríos que la invadían no la abandonarían jamás. No supo cuánto tiempo exactamente lloró contra el hombro de aquel agente, pero le parecieron horas. El policía más joven había tomado las notas necesarias y Kyle le había llevado un vaso de tila para calmarla.

-Tu amigo se va a poner bien –le dijo Tyler cuando se calmó un poco más. –Por lo que nos contó cuando le conocimos, eres muy especial para él. Sé que luchará para abrir los ojos y volver a verte.

-Es uno de mis mejores amigos, no sé qué haría si le ocurriese algo –murmuró con pesar.

Capítulo 52 por Kala1411

Capítulo 52

 

 

Tras tomar nota del testimonio de Amber, los dos agentes de policía abandonaron el hospital y comenzaron a llamar a otras patrullas para pedir colaboración. Temían que Mark no fuese el único afectado por las bebidas adulteradas, así que debían darse prisa para requisarlas y evitar males mayores.

Jason había entrado varias veces en el hospital, pero apenas daba algunos pasos, volvía a salir al frescor de la noche primaveral. Seguía dándole vueltas a todo lo ocurrido, a sus sentimientos por Amber y a lo que le había dicho Adam. Su amigo tenía razón, él había hecho algo parecido por Ashton cuando se lo había pedido, pero por más que lo intentaba, no conseguía serenarse para enfrentarse a su novia.

Escuchó como se abrían las puertas del hospital y supo que era, precisamente, la persona que menos quería ver. Se puso a poco menos de un metro de él, pero no dijo nada. Jason tenía la tentación de hablar y decirle mil cosas, pero no sabía por dónde empezar. Las palabras de Adam aún le rondaban la cabeza y a medida que las recordaba, se daba más cuenta de la razón que tenía. No quería comportarse como un hipócrita, menos con Amber dados los sentimientos que tenía hacia ella.

No supo cuánto tiempo pasó, pero ella no se movió ni un ápice y si la conocía bien, no lo haría hasta que le hablase. Se parecían en eso y era una de las cosas que más le gustaban de la chica. Su necesidad de gritar a la oscuridad de la noche se fue sofocando poco a poco, la presencia de la joven le había tranquilizado sin apenas darse cuenta.

Y sin embargo, se sentía alicaído y sin fuerzas de repente. Tenía miedo de no poder hacer frente a aquella situación, necesitaba ayuda y algo en su interior sabía que todo parecería mejor si abrazaba a Amber. Así que eso hizo, para sorpresa de la chica. La apretó entre sus brazos y reprimió el terror ciego que anidaba en su corazón. Ella le devolvió el abrazo hasta que escuchó como su respiración se acompasaba.

 

 

Casi a las tres de la madrugada, el médico que atendía a Mark salió acompañado de Rose. Era un hombre bajo y entrado en años, pero por la expresión de la mujer supieron que todo había ido bien incluso antes de que hablasen.

-Su amigo se recuperará pronto, le hemos hecho un lavado de estómago y seguramente dormirá hasta mañana –miró a Ashton con una leve sonrisa. –Tenía razón, señorita. Su amigo no había ingerido ninguna sustancia hasta esta noche, estaba bastante sano aunque tiene carencia de algunas vitaminas –comentó mirando los datos en su portafolios. –Estamos analizando las muestras obtenidas y debemos avisar a la policía para entregarle los resultados. ¿Han llamado a algún familiar para que se quede con él esta noche?

-No, no hemos… -empezó a decir la joven.

-Ella se quedará –la cortó Kyle.

El médico la miró, y él se centró en el hombre antes que en las expresiones anonadadas de sus amigos. Solo esperaba que ni el doctor ni la madre de Jason descubrieran la verdad.

-¿Eres su pareja? –Le preguntó directamente el doctor a Ashton.

-Algo así –volvió a responder Kyle.

-Bien, pues en unos minutos te comunicaremos la habitación donde se quedará. Nosotros nos encargaremos de entregarle los informes a los agentes –dicho eso, el hombre se despidió de todos ellos y se fue acompañado de Rose.

Su novia, al igual que todos los presentes, lo miraba con expresión pasmada.

-¿Me… Me he perdido algo? –Inquirió ella.

-Todos estamos de los nervios por Mark, pero creo que tú eres la que estás más afectada porque lo has presenciado todo –explicó Kyle dirigiéndose a ella, aunque los demás lo escuchaban con atención. –Si hubiésemos dicho que no tenías ninguna relación cercana con él, hubiese pasado la noche solo y ninguno de nosotros quiere algo así.

Ashton le abrazó, emocionada por aquel gesto.

-Cada día te quiero más, Kyle Davis –susurró contra su pecho.

 

 

Los chicos regresaron a la mansión, pero él volvería al hospital para llevarle a Ashton algunas cosas que pudiera necesitar. Matt y Victor le ayudaron a preparar una pequeña bolsa de viaje en pocos minutos, e insistieron en acompañarle para entregársela a su amiga. Sabía perfectamente que los dos, al igual que el resto, tenían preguntas que deseaban hacerle, así que no le extrañó cuando Victor le lanzó la primera.

-¿Estás seguro de lo que has hecho?

-Sí, es lo que los dos necesitan. Ash quiere quedarse tranquila tras lo que ha vivido, si hubiese regresado a la mansión con nosotros, no habría podido descansar –expuso tranquilamente. –Y Mark… Bueno, todos sabemos que ni su madre ni su padre cogerían una llamada telefónica a estas horas de la madrugada si están en un evento importante –suspiró con cansancio. –Esta era la mejor solución.

-¿Crees que ella siente algo por Mark? –Preguntó Matt. -¿O que puede llegar a sentirlo?

-Me lo diría.

-Estás demasiado seguro de que te contaría algo así –comentó Victor.

-Ash nunca me ha mentido –afirmó. –Ella… me contó la semana pasada que sabía lo de Daisy –tragó duro al confesar aquello. –Al parecer, amenazó a Jimmy y por eso reaccionó de forma tan violenta en el gimnasio… Me pidió que no contase nada porque temía que Mark se enfadase.

-Nunca se cabrearía con ella… pero no lo sabe… -le contestó el otro joven.

 

 

Ashton acompañó a sus amigos al aparcamiento cuando llegaron con la bolsa de viaje para ella, pues necesitaba darle un beso a Kyle y reunir las fuerzas que tanta falta le hacían en aquel momento para entrar en la habitación de Mark. Se despidió de los tres con una sensación extraña, como si ellos supieran algo que ella no, pero decidió pensar que eran paranoias suyas por la falta de sueño y la preocupación.

Su amigo estaba en la habitación 340, y le impactó verlo tan demacrado cuando entró. La estancia estaba en penumbra y podía oír perfectamente la suave respiración del chico en la cama. Entró con paso inseguro, con temor a despertarle si hacía el más mínimo ruido, pero Mark ni se inmutó. Alguien le había dejado una manta en el sillón para visitantes, y en menos de un minuto se acomodó en él para dormir.

Pero el hechizo de Morfeo parecía no tener efecto esa noche. Se giró para contemplar el plácido descanso de su amigo y, tras un rato divagando en recuerdos que tenía de él en los meses pasados, se limpió las lágrimas traidoras que empañaban su visión y se acercó a la cama. Parecía una estatua de porcelana fina, pero la realidad era que había superado aquello mejor de lo que pensaba. Le peinó un mechón y le dio un suave beso en su frente antes de volver al sillón e intentar dormir.

 

 

La noche fue larguísima para todos en la mansión de la fraternidad, Kyle ni siquiera subió a su habitación cuando regresaron del hospital, Matt le acompañó poco después. A las seis, casi todos estaban en el piso inferior, intentando matar el tiempo hasta que llegara la mañana para visitar de nuevo a su amigo.

No les bastaba con que el doctor les dijera que Mark estaba fuera de peligro, no se quedarían tranquilos hasta que pudiesen verlo con sus propios ojos. Bob y Lewis se propusieron hacer el desayuno para todos y reservaban una parte para llevarle a Ashton al hospital. Victor le había enviado varios mensajes a su tío, pero él le había contestado que no podía decirle nada, iba en contra del reglamento.

Sin embargo, no hizo demasiada falta el testimonio del agente Tyler, pues varios miembros entraron en sus cuentas de las redes sociales y comenzaron a ver las publicaciones de estudiantes del campus que habían presenciado la redada en la mansión de la Hermandad Delta. Pudieron ver varias fotos y vídeos de lo sucedido, en los que se veían dos docenas de coches patrulla y algunos furgones policiales. Se veían muchas caras conocidas en las imágenes, pero solo les tomaban declaración y les hacían una prueba de drogas para comprobar si corrían peligro. Interrogaron a todas las integrantes de la hermandad, pero se llevaron detenida a Daisy y a algunas personas más.

-Que se joda… -murmuró con resentimiento Frank.

Los mensajes se contaban por cientos, y su lectura les ayudó a pasar el tiempo. Kyle se encontraba un tanto dividido, no creía que la situación de Daisy llegase tan lejos y a una parte de él le daba pena, no obstante, a medida que pasaban las horas y su impaciencia por ver a su amigo se incrementaba, ese sentimiento fue sustituido por satisfacción al saber que los culpables de lo que le había sucedido a Mark responderían por sus actos.

Un suave golpe en la puerta a las ocho y media de la mañana los sorprendió a todos. Victor abrió y se quedó petrificado al ver a su visitante.

-Buenos días… -Jimmy entró en la mansión apenas la puerta se abrió.

Kyle salió de la cocina, seguido de otros chicos, y todos se quedaron impresionados al ver allí al pequeño.

-Jimmy… -balbuceó. -¿Qué haces aquí?

-Vengo a ver a Ash, para que poco a poco se dé cuenta que yo puedo ser mejor que tú –Dijo él con una sonrisa traviesa.

Esperaba una reacción del joven, pero ante el mutismo generalizado de la estancia y la tensión en el ambiente, el pequeño comenzó a sospechar que algo iba mal.

-Yo… he llamado a Mark, pero no me lo ha cogido –explicó en voz alta, preocupándose por que hubiese hecho algo mal. -¿Qué está pasando?

Ante las miradas de soslayo que se lanzaban unos a otros, se giró para subir rápidamente las escaleras y buscar a su hermano en su habitación, pero Kyle le detuvo.

-Mark no está aquí… -nadie supo lo que le había costado decir aquellas palabras.

-¿Y dónde está? –El niño empezaba a enfurecerse.

Kyle respiró hondo a medida que se agachaba para estar a su altura, pues no sabía cómo reaccionaría Jimmy y había precedentes de su comportamiento cuando se ponía nervioso.

-Él… está en el hospital, anoche le adulteraron la bebida y… Tuvo una sobredosis… -al ver el miedo en los ojos del pequeño, quiso gritar, pero se abstuvo. –Está bien, Ashton ha pasado la noche en el hospital con él y seguramente volverá aquí en un par de días –cogió aire tras decir aquello. –Deberías irte a casa por este fin de semana, Jimmy. Le diremos a Mark que te llame y…

-¡No! ¡Quiero verlo! –Gritó, presa del pánico.

-No sabemos si te dejarán pasar… -intervino Matt con voz conciliadora.

-¡Me da igual! –Exclamó mientras las lágrimas desbordaban sus ojos. -¡Es mi hermano, tengo que verlo! ¡Quiero verlo!

Kyle le miró durante unos segundos, sabiendo que lo que sentía el niño era la mejor expresión de cómo se sentían todos ellos por dentro.

-Danos media hora para prepararnos y nos acompañarás al hospital. No te aseguramos que te dejen verlo, pero lo intentaremos –le dijo con determinación.

Jimmy se abalanzó a su cuello y le abrazó mientras sollozaba bajo la entristecida mirada de los demás miembros de la fraternidad.

Capítulo 53 por Kala1411

Capítulo 53

 

 

La luz llevaba un rato molestándole, pero había podido soportarla hasta entonces. Sentía que su cuerpo estaba dolorido, pero no lograba averiguar qué zona o parte le molestaba más, así que decidió abrir poco a poco los ojos, girando la cabeza hacía el lado contrario de donde procedían los rayos de sol.

Se llevó las manos a los ojos para restregárselos, y fue cuando sintió que de una de ellas había algo que le tiraba levemente. Empezó a escuchar sonidos de voces, pero no podía identificar a quiénes pertenecían porque estaban muy lejos. En la pulcra habitación apenas había mobiliario y tenía las paredes celestes, sin ningún cuadro. No estaba en su cuarto, y su primer instinto fue levantarse de la cama e ir a buscar a alguien que le explicase qué estaba sucediendo.

Pero entonces, la vio.

Ashton estaba allí a su lado, durmiendo plácidamente en un sillón que parecía bastante cómodo. Tenía el rostro pálido y parecía muy cansada, pero estaba preciosa. Se olvidó por un rato de sus molestias y se quedó allí, contemplándola, disfrutando de su cercanía y de la intimidad que aquella habitación le proporcionaba.

Intentó recordar lo último que había vivido, pero nada acudía a su memoria. Fuese lo que fuese, había sido grave para que lo trajesen al hospital, pero la inquietud del desconocimiento apenas estaba haciendo mella en él, pues la presencia de la chica le calmaba.

Una enfermera entró y le sonrió. La mujer, entrada en años y con el pelo casi blanco se acercó a él para anotar lo que aparecía en los monitores que estaban al otro lado de la cama.

-Buenos días –saludó en un susurro. –Me alegra que ya estés despierto, ordenaré que le traigan algo suave para el desayuno –dejó por un momento la carpeta y le quitó la vía que estaba en su brazo.

-¿Qué me ha pasado? –Preguntó él en el mismo tono, impresionado al ver las leves gotitas de sangre que brotaron de la diminuta aguja.

-Sufriste una sobredosis anoche –aquello le impactó. –Por lo que me han contado mis compañeras del turno anterior, el alcohol que bebiste estaba adulterado. Te hicieron un lavado de estómago y seguramente sientas molestias por eso, pero no te preocupes, en un par de días podrás volver a la normalidad.

-¿Me… Me drogaron? –Musitó mirando a la mujer con los ojos desorbitados.

-Sí –la enfermera lo miró con cierta lástima. –La dosis no era muy alta para alguien que llevase cierto tiempo consumiendo, pero para una persona como tú, que no habías tomado nada de eso antes, fue casi mortal –estaba en shock al escuchar aquello.

-¿Puedo ver el informe médico?

-Buscaré una copia, el original tuvimos que dárselo a la policía para la investigación –terminó de apuntar los datos y se dispuso a irse, pero se paró antes. –Puedes preguntarle a tu novia cuando se despierte, ha estado toda la noche contigo y creo que solo lleva dormida un par de horas.

Mark estaba aún abrumado por lo que le había contado la mujer, pero reaccionó justo antes de que saliera por la puerta.

-¿Puedo levantarme? –Preguntó suavemente. –Necesito ir al baño.

-Claro, es decir, si te encuentras con fuerzas –le dijo la enfermera con expresión afable.

Poco a poco, intentando no hacer muchos movimientos bruscos ni ruidos, consiguió poner sus pies en el frío suelo de linóleo. Le gustó sentirlo después de todo lo que acababa de descubrir, se sentía más vivo que antes y aquel simple sentimiento lo embargó de alegría. Se puso las zapatillas y se dirigió al baño. Casi tuvo miedo de mirarse en el espejo, pero se plantó delante y comenzó a analizar su aspecto.

Parecía un cadáver. Tenía surcos oscuros alrededor de sus ojos, sus labios estaban resecos, la tez completamente pálida, y sus mejillas estaban un poco hundidas. Respiró hondo y abrió el grifo para echarse agua fría en la cara. Empezó a acicalarse, no por coquetería, sino por intentar sentirse mejor de alguna manera.

 

 

Los chicos habían decidido ir escalonadamente al hospital para visitar a Mark si el primer grupo de visitas confirmaba que su amigo se encontraba en buenas condiciones para recibirlos. Jason advirtió que si llegaban todos al mismo tiempo, podrían molestar a otras personas e, incluso, ser expulsados del hospital, así que decidieron que él, Matt, Victor y Kyle fuesen los primeros ir, acompañados de Jimmy.

El niño parecía haber madurado cinco años de golpe. A pesar de las palabras de ánimo y consuelo que le habían dicho todos los miembros de la fraternidad, el pequeño mantenía su expresión vacía y el rostro pálido por la preocupación. No habló en todo el trayecto, y los jóvenes no quisieron conversar para no molestarle.

Ashton le había enviado un mensaje durante la noche a Kyle diciéndole la habitación que le habían asignado a su amigo, y él se lo había comunicado a los otros miembros de la fraternidad. Sin embargo, le pidió a Jimmy que esperase en la sala de espera con los demás mientras iba a comprobar el estado de Mark, pues temía que lo que encontrase fuese demasiado duro de ver para un niño.

 

 

Tras sentir la suave caricia del agua templada en su cuerpo y ponerse otro pijama con el emblema del hospital, volvió a la habitación y, aunque su organismo le pedía que se tumbase de nuevo para reponer las pocas fuerzas que tenía, desechó esa idea y se acercó al sillón donde estaba su amiga.

El aspecto de Ashton no distaba mucho del suyo, podía imaginar a la chica sufriendo por todo aquello, lo que le extrañaba era que estuviese sola con él en el hospital. La enfermera la había confundido con su novia, y seguramente el resto del personal sanitario también creyese lo mismo, pero él no lo desmentiría.

Pasó sus dedos por la frente de la joven, acariciando la piel pálida y suave, al tiempo que notaba la leve rojez de sus párpados y las ojeras. Su respiración acompasada le indicaba que estaba profundamente dormida, solo esperaba que hubiese descansado más que solo dos horas, como le había comentado la enfermera.

Una leve sonrisa surgió de repente en sus labios, le encantaba tocarla de aquella manera tan simple, como si nada más existiera fuera de aquella habitación. Le había cuidado durante aquella noche, no le extrañaba, era lo que hacía con él y con Jimmy. Era su ángel de la guarda y sabía que no se apartaría de su lado si la necesitaba. Siempre lo había sabido.

Acercó su nariz a su rostro para oler la fragancia dulce que siempre emanaba de ella, y su piel le hizo cosquillas. Sus labios apenas distaban dos centímetros, sentía la respiración pausada y algo le gritaba que debía aprovechar aquella oportunidad. Se sentía desfallecido por la falta de alimentos y los esfuerzos a los que su cuerpo se había visto expuesto, por lo que se dejó llevar por la tentación, como otras tantas veces. Era un hombre débil cuando se trataba de Ashton, y no se avergonzaba en reconocerlo.

Con lentitud por temor a despertarla, pegó sus labios a los de ella al tiempo que cerraba los ojos para sentirla con más intensidad. No era un beso pasional, sino dulce. Nunca antes había besado así a nadie, con disimulo y ternura, más para que aquello quedase grabado en su memoria que en la de ella. El tacto de su fina boca le incitaba a profundizar en las emociones que le hacía sentir, pero se abstuvo, sacando fuerzas de flaqueza para no molestarla de su reparador descanso.

-Sabe a menta, ¿verdad? –Dijo una voz a su espalda.

Se separó con brusquedad de la chica y se giró, sintiéndose culpable de ser descubierto. Kyle le miraba fijamente, pero no había reproche en sus ojos, solo preocupación. Se acercó a él y le habló en susurros al ver a su novia completamente dormida.

-No creo que sea buena idea que estés mucho tiempo fuera de la cama. Te ves muy cansado y débil –Mark obedeció su indicación.

-Siento… -comenzó a decir él.

-Déjalo –cortó el joven, -lo hablaremos cuando estés recuperado.

Tras unos segundos de indecisión, se atrevió a preguntar.

-¿Qué me pasó anoche? Me han dicho que sufrí una sobredosis por drogas que habían echado en mi bebida, pero no recuerdo nada.

Kyle se puso a su lado y respiró profundamente, intentando pensar cómo explicarle lo que le había ocurrido.

-¿Te acuerdas de Collie, la cita que te consiguió Ash? –Él asintió con el ceño fruncido. –Ella te insistió para que fueseis a una fiesta que había en la Hermandad Delta, allí bebiste algo de alcohol sin rebajar con ningún refresco. Las drogas estaban en el alcohol, así que básicamente tomaste una bomba de relojería que estalló en tu organismo pocos minutos después.

-¿Daisy me drogó?

-Sí, ella era quien echaba las drogas en las bebidas, Amber nos lo ha explicado –suspiró, cansado. –Es muy largo de explicar ahora, he venido con algunos de nuestros amigos y Jimmy está esperando con ellos.

-¿Mi… Mi hermano? –Alzó un poco la voz, inquieto porque el niño estuviese allí.

Ashton se removió en el sillón y comenzó a bostezar mientras se restregaba los ojos. En pocos segundos, estaba despierta, aunque su expresión de cansancio era evidente. Mark se sintió culpable por interrumpir su sueño.

-Kyle, ¿qué haces…? –Al mismo tiempo que se percató de la presencia de su novio, vio que su amigo ya estaba despierto. -¡Mark!

Se levantó precipitadamente del sillón y comenzó a tocarle el rostro, en un intento de convencerse a sí misma que aquello era real. Sentía sus latidos frenéticos, pero la mirada de su amigo y su sonrisa, comenzaba a calmarla. Estaba haciendo un duro esfuerzo para no llorar de alegría en aquel instante, y su chico pareció notarlo.

-Ash –llamó su atención poniéndole una mano en el hombro, -voy a bajar un momento para avisar a nuestros amigos que pueden para visitar a Mark –ella asintió, agradeciéndole con los ojos lo que no podía decir con palabras. –Intenta aguantar un poco más, Jimmy también está abajo y quiere veros para quedarse tranquilo.

Respiró hondo, y volvió a asentir, reuniendo las pocas fuerzas que tenía en ese momento para que el niño no la viese tan afectada. Si se había enterado de lo que había sucedido, estaría ansioso por ver a su hermano y asegurarse que estaba bien, tal como le había ocurrido a ella.

Kyle salió de la habitación, y al segundo siguiente, entró una enfermera con una pequeña bandeja. Era el desayuno de Mark, y aunque el chico no tenía mucha hambre, la mirada de Ashton no dejaba lugar a dudas que le obligaría a comer algo. Cuando se comió la primera galleta de una pequeña bolsita, escuchó los rápidos pasos que se aproximaban a la habitación.

Jimmy entró jadeante y con la expresión anhelante, su pequeña cara estaba pálida y a él le marcó ver a su hermano con aquel miedo en sus ojos. El niño se acercó a él lentamente, mientras Ashton ponía sobre la mesita de noche la bandeja de su desayuno, se subió a la cama y le abrazó con cuidado. Mark le devolvió el abrazó, sobrecogido por aquella muestra de cariño, y cuando sintió la leve humedad en su hombro, comenzó a acariciarle la cabeza y a susurrarle palabras tranquilizadoras.

Durante una hora, su hermano no se separó de su lado, lo que impidió que hiciese todas las preguntas que quería hacerles a sus amigos. Ashton apenas habló, solo se mostraba muy atenta por cuidarle al mismo tiempo que intentaba disimular los bostezos que delataban su cansancio. Kyle intentó convencerla para que se marchara a la mansión y descansara como era debido durante el resto del día, pero ella se negó.

Tras una hora más o menos, los chicos se marcharon para que otros pudiesen tomar su lugar. Jimmy se negó a irse de allí, al igual que Ashton, así que Mark negoció con ambos una solución intermedia y razonable.

-¿Qué os parece si os quedáis conmigo hasta la tarde? Después, Kyle puede llevar a Jimmy a mi casa y a ti a la mansión para que descanses esta noche –la miraba a ella porque sabía que si lograba que accediera, el niño también lo haría. –Mañana puedes volver a quedarte conmigo si eso te tranquiliza.

La joven lo miró seriamente un largo rato, pensando sus opciones, hasta que finalmente asintió. Tal como había pensado, su hermano también estuvo de acuerdo con la situación. Su amigo ya se había ofrecido a pasar la noche de hospital con él para que no estuviese solo, así que esa baza también influyó.

El día pasó con innumerables visitas de los miembros de la fraternidad, y aunque eso le cansaba a nivel físico y emocional, iba recuperando poco a poco sus fuerzas solo con ver la satisfacción en tantas miradas. Se obligaría a aguantar todo lo que pudiese hasta que lograse estar a solas con Kyle y saber lo que había sucedido.

Tal como habían acordado, alrededor de las siete de la tarde, Ashton y Jimmy se despidieron de él y se marcharon con su amigo. Se dispuso a ver la televisión hasta que el chico volviese, pero en realidad empezó a pensar en las preguntas más importantes que quería hacerle cuando regresase.

 

 

El hospital estaba a casi media hora de la casa de los Rushton, y por suerte, Jimmy había estado hablando un poco durante el trayecto en coche. Ashton había notado lo impactado que se había quedado cuando vio a su hermano mayor, pero supo cómo incitarle a hablar de temas triviales. El pequeño tardaría en volver a tener ese brillo travieso en la mirada, pero sabía que eso solo sería cuestión de tiempo. Ella comprendía cómo se sentía, había pasado algunos momentos similares cuando sus padres volvían de alguna misión que no había resultado tan “sencilla” como le habían hecho ver, así que supo qué decirle para asegurarle que todo aquello era momentáneo, y que en unos días, quedaría en el pasado.

Jimmy le dio un beso en la mejilla y salió del coche, despidiéndose amablemente de Kyle y haciéndole prometer a los dos que irían al día siguiente a recogerle para volver al hospital. Respiró hondo antes de abrir la gran puerta de su casa, y vio como el coche se alejaba. No había pensado en cómo les contaría a sus padres lo que le había sucedido a Mark, pero sabía que le correspondía avisarles de algo tan demoledor aunque tuviese ocho años.

Se acercó con paso dubitativo hasta el gran salón, y las estridentes risas le pusieron los bellos de punta, pero no se detuvo. Supo que su madre estaba con algunos amigos incluso antes de entrar en la estancia, reconocía las voces de casi todos ellos. Unas ocho personas estaban sentadas en los suntuosos sofás y sillones, hablando y divirtiéndose con conversaciones superficiales y vacías. No quería interrumpir la felicidad de su madre, pero debía saber lo que le había pasado a Mark.

-Mamá –llamó en voz alta para atraer su atención.

La mujer, de facciones aristocráticas y elegantes, se percató entonces de su presencia y le frunció el ceño levemente.

-James, creí que hoy estarías con tu hermano.

Odiaba que le llamase así, pero se abstuvo de decirlo, no era importante. Sabía cuándo hacía algo que le disgustaba, pero en aquel momento obvió la mueca de incomodidad que se formó en el rostro de su madre. Respiró hondo, intentando coger valor.

-Mark… -apenas pudo terminar la frase.

-Dile al chófer que te lleve de vuelta con él –le cortó la mujer. –O a casa de tu padre, está noche tengo invitados.

La sonrisa que se formó en sus labios, en apariencia inocente, escondía una realidad que él ya conocía demasiado bien: la estaba molestando y quería que se marchase a toda costa para poder disfrutar de su gloria y su dinero con sus amigos y con su nuevo novio. La bilis se transformó en rabia cuando su madre volvió a la conversación, ignorándolo deliberadamente, y decidió no contenerla.

-¡Mark está en el hospital! –Chilló con toda la fuerza de sus pulmones, atrayendo todas las miradas de la sala, pero él solo fijaba sus ojos en su madre. –Créeme que si hubiese podido quedarme con él, lo habría hecho… Cualquier cosa antes que volver contigo o con papá y que me tratéis como si fuese un estorbo -la mujer tenía los ojos como platos y su cara había empalidecido. -¿Pero sabes qué? No tendréis que preocuparos más por mí, porque en cuanto mi hermano se recupere, me iré a vivir con él y no tendréis que soportarme más.

Sin esperar respuesta, se giró y se fue a su habitación.

Capítulo 54 por Kala1411

Capítulo 54

 

 

Kyle entró en la habitación justo cuando la enfermera le dejaba la bandeja con su insípida cena. Debía tener dieta blanda durante unos días o la ingesta de algunas comidas podría dañar su estómago.

-¿Puré de verduras? Tiene buena pinta –comentó Kyle mirando el recipiente.

-No me gusta el puré de verduras –dijo con desagrado cuando se metía otra cucharada en la boca. –Creo que no voy a comer más.

-¿Qué dices? Si te queda más de la mitad –se cruzó de brazos y puso una mueca de disgusto. –Ashton me ha hecho prometerle que te cuidaría esta noche y que me aseguraría que comerías bien.

-Pues miéntele y dile que me he comido toda la cena.

-No voy a decirle ninguna mentira –de pronto, se le ocurrió una pequeña idea. –Haré un trato contigo, te contaré todo lo que sé sobre lo que te ha ocurrido y contestaré a tus preguntas, si continúas comiéndote el puré.

-¿Estás de coña? –Inquirió molesto Mark. –Eso es chantaje, y no me lo merezco después de lo que he pasado.

-Tienes razón, pero tú estás en desventaja, así que piensa tus opciones –respondió con una brillante sonrisa, sabiendo que tenía las de ganar.

Con cara de asco, volvió a llenar la cuchara y se la llevó a la boca, sin quitar su mirada de resentimiento.

-Bien, ahora es mi turno: explícame eso de que Daisy puso drogas en el alcohol.

Kyle bufó.

-Esa es una pregunta compleja de responder, así que creo que para contestarla, deberás tomarte un poco más de ese puré –había cierta satisfacción en su rostro que no se molestaba en disimular.

-¿Me estás vacilando? –Empezó a negar con la cabeza, con cara de fastidio. –Estás riéndote de mí.

-Te pillé esta mañana besando a mi novia dormida –dijo razonablemente. -Así que sí, estoy regodeándome en tu pequeño momento de sufrimiento.

Mark suspiró, entre culpable y molesto, mientras volvía a llenar la cuchara y se la tomaba.

-¡Así se hace, campeón! –Animó Kyle como si se tratase de un niño pequeño. –Vale, te responderé a tu pregunta. Al parecer, hace algunos meses comenzó a mezclar drogas con los refrescos que servían en las fiestas que organizaba, Amber se dio cuenta y Daisy la echó de la hermandad, amenazándola para que no dijese nada. Sin embargo, anoche las mezcló con alcohol –expuso apesadumbrado mientras pensaba una vez más en lo sucedido. –Las cantidades eran pequeñas, no se suponía que ocurriese algo como lo que te ha pasado a ti siempre que se tomara con algún refresco, pero… Ocurrió.

Su amigo estaba pensativo, intentando recordar lo que había sucedido la noche anterior, pero nada acudía a su mente. Resultaba inquietante sentir como si hubiese perdido esa noche de su vida y saber que jamás la recordaría.

-Yo… supe que ponía cosas en las bebidas desde hacía tiempo -confesó, -pero creí que habría dejado de hacerlo.

-¿Sabías sobre el problema de Daisy?

-No –negó con la mirada perdida. –Sabía que mezclaba drogas con los refrescos, lo descubrí la noche en la que tú y yo tuvimos que involucrarnos con Ash… -la antigua culpabilidad por cómo se había portado con su amiga tras aquel episodio, lo inundó, casi ahogándolo. –Si hubiese dicho algo, podría haber evitado mucho sufrimiento.

-Ashton se dio cuenta de la adicción de Daisy la semana pasada, me lo contó y era de lo que quería hablarte –se sentó en el borde de la cama mientras continuaba hablando. –He intentado acordarme de los últimos meses de mi relación con ella, y hay varios momentos en los que su comportamiento me resultó… extraño. Pero cuando cortamos con ella creí que era porque temía que la descubriésemos. ¿Recuerdas si actuaba de forma rara contigo?

Apenas terminó la pregunta, Mark empezó a asentir con los labios apretados, sumándose la rabia a todos los sentimientos que había en su interior.

-Yo también lo había atribuido a eso, jamás sospeché que podía tener un problema con las drogas… -casi temía seguir ahondando en aquel tema, pero debía hacerlo. -¿Qué pasó luego?

Kyle volvió a poner su sonrisa traviesa y le señaló el cuenco con el puré de verduras. Se comió un poco más con mucho esfuerzo, ideando para sus adentros la mejor forma de vengarse en un futuro de su amigo por aquel mal trago.

-Llegaste a la mansión y te caíste frente a Ash, pero no voy a darte muchos detalles sobre eso. Ella llamó a emergencias y vino contigo en la ambulancia, me dejó un mensaje explicando lo que había sucedido y todos vinimos en cuanto lo escuchamos.

Comió un poco más de puré, sin plantear ninguna otra cuestión como había acordado con Kyle. Realmente, le agradecía a su amigo que no le contase los pormenores de lo sucedido, solo con ver la expresión de su amiga y el miedo en sus ojos se hacía una idea de lo que había supuesto todo aquello para la joven. Charlaron un poco más, pero sobre otros temas. Apenas eran las diez de la noche cuando se dispusieron a dormir, sin embargo, Mark quería seguir hablando.

-Créeme que no me gusta sentir que estoy en medio de tu relación, pero no puedo… -suspiró, derrotado.

-Lo comprendo, haría lo mismo si estuviese en tu lugar.

-¿En serio? –Se giró un poco para poder ver a su amigo en la penumbra de la habitación. –Todo esto es una locura, pero siento que soy un cabrón. No te mereces lo que estás teniendo que aguantar conmigo.

-Somos amigos, hemos pasado por muchas cosas buenas y por situaciones demoledoras. No te miento si te digo que me preocupo por ti –pasó un rato concentrado en el techo antes de continuar. –No sé si has meditado sobre el futuro, yo sí y Ash está en cada escenario que he imaginado. Al principio, me daba miedo pensar esas cosas, me parecían tan perfectas que llegaban a ser utópicas… Pero ella está logrando demostrarme que puedo obtener esos “imposibles”.

Mark sintió aquellas palabras cercanas y, a la vez, dolorosas. Si era honesto consigo mismo, en varias ocasiones se había descubierto teniendo esas mismas fantasías con su amiga, sin embargo, sabía que aquello difícilmente podría tener lugar, pues la joven estaba enamorada de Kyle.

-Realmente no he pensado en mi futuro, solo me he centrado en el presente –él también se quedó pensativo, ahondando en su interior. –Sé que quiero ser abogado, sé que Jimmy vendrá a vivir conmigo en cuanto tenga cierta estabilidad laboral. Posiblemente conozca a cientos de chicas hasta que decida sentar la cabeza con la que más confianza me dé, me enamoraré de ella o al menos eso creeré… Y supongo que rezaré para que mi relación no acabe como la de mis padres y evitar que mis hijos pasen por lo mismo que hemos pasado mi hermano y yo…

-Es una mierda que pienses así –contestó su amigo.

-Lo sé, pero intento ser realista.

-Estás siendo pesimista si crees que no volverás a enamorarte de otra persona en tu vida.

-No… Te repito que estoy siendo realista –respondió con calma. –Sé cuáles son mis sentimientos por Ash, y no voy a querer a nadie como la quiero a ella. Ni aunque busque durante toda mi vida... Sé que sabes a lo que me refiero porque a ti te pasa lo mismo, y debes estar molesto conmigo ahora por haberte confesado esto.

-Te equivocas, no me fastidia que te sientas así, solo me entristece. Tú tampoco te mereces las cargas que llevas sobre tus hombros, pero no puedes resignarte a vivir de esa forma o acabarás mal –dijo Kyle con determinación. –Cuando escuché el mensaje de Ash explicando lo que te había pasado, tuve el mismo miedo que cuando vi las imágenes del atentado, y te juro que buscaré la mejor solución para ayudarte.

-No tienes que responsabilizarte de mí, soy un adulto y…

-Y eres mi amigo –cortó con voz tranquila pero tajante. –Esto no es ninguna obligación para mí, quiero hacerlo.

Se quedaron un rato en silencio, pero sabían que el otro continuaba despierto.

 

 

Ashton se despertó temprano aquel domingo, sintiéndose más descansada y con fuerzas para volver a quedarse en el hospital. Según el médico, Mark podría volver el lunes por la tarde, pero aun necesitaría un par de días en casa para recuperarse completamente. Se preparó rápidamente, impaciente por volver a abrazar a su amigo, pues el fantasma del miedo aun persistía en su corazón.

Habló con los miembros de la fraternidad esa mañana y le envió un mensaje a Kyle, avisando que llegaría al hospital en taxi más de una hora antes de lo que había prometido el día anterior, y pidiéndole que se encargase él de buscar a Jimmy. Su chico no contestó, pero no le extrañaba en absoluto por la hora tan temprana que era. Pocos minutos antes de las ocho de la mañana salió hacia el hospital con una bolsa de viaje en la que llevaba algunas de sus pertenencias y enseres que su amigo pudiese necesitar.

Algunas enfermeras la reconocieron y la saludaron amablemente, el trato que le estaban dando la reconfortaba y nunca podría agradecerles lo suficiente por cuidar tan bien de Mark. Cuando el ascensor llegó a la planta donde estaba la habitación, una de ellas le entregó una bandeja con el desayuno que debía tomar el joven y le advirtió que entrase con sigilo, pues los dos chicos estaban aún dormidos.

Ella obedeció, y con paso lento y silencioso, logró colocar la bandeja en una pequeña mesita al lado de la ventana. Kyle y Mark ni se habían inmutado, y le costó aguantar la risa al ver las expresiones graciosas que tenían. Con calma, dispuso todos los elementos para un desayuno completo y sano, sabía que apenas eran las ocho y media de la mañana y que los chicos querrían descansar más, pero su amigo debía desayunar a la hora adecuada.

En más de una ocasión se había acordado de cuando Jimmy la visitó tras el ataque en el aeropuerto y se había autoproclamado su “hermano mayor” durante ese fin de semana para cuidar mejor de ella. Se sentía así con respecto a Mark, así que se dispuso despertarlo de la forma más delicada posible. Le sacudió suavemente el hombro, él se quejó y volvió a repetir el gesto, hasta que empezó a llamarle, susurrándole al oído su nombre para no despertar a su novio.

Sin embargo, el efecto no fue el deseado.

El joven seguía dormido, pero poco a poco, comenzó a sonreír de una forma boba. Ashton no quería zarandear su hombro con más fuerza de la necesaria, pues aunque estuviese mejor, seguía teniendo la sensación de que estaba más débil y prefería evitar hacerle daño.

Mark musitó su nombre en sueños, y a ella le enterneció pensar que su amigo podría volver a gastarle bromas más pronto de lo que creía. Suspiró, sintiéndose derrotada al no saber qué poder hacer para sacarle del profundo y paradisíaco mundo de Morfeo.

Pero, entonces, se dio cuenta.

El bulto a la altura de la entrepierna de su amigo se hacía cada vez más grande, abrió la boca con indignación. Mark no estaba soñando algo bonito e inocente con ella, sino todo lo contrario. “Seguramente está recordando aquella vez en la que nos pilló a Kyle y a mí haciéndolo”, pensó un poco molesta. Un pequeño gemido satisfecho la hizo llegar al límite de su vergüenza, así que obvió el miedo a dañarle y decidió despertarle tapándole la nariz con los dedos.

Apenas pasaron unos segundos cuando el chico abrió los ojos, jadeando y sobresaltado por la falta de oxígeno. Su reacción y su respiración agitada despertaron de forma abrupta a Kyle, y ambos tardaron un poco en percatarse de la presencia de la joven.

-¡Ash! –Exclamó con alegría su chico.

-¿Por-Por qué me has hecho eso? –Inquirió Mark.

Ashton lo miraba con cara de pocos amigos y los brazos cruzados, señalándole con un gesto de la cabeza hacia la mitad inferior de su cuerpo. Tanto él como Kyle comprendieron al instante a lo que se refería.

-Vale, quizá me lo mereciera un poco –reconoció.

-Ni siquiera voy a preguntar qué estabas soñando, pero me lo puedo imaginar por desgracia –se giró para coger la bandeja del desayuno y entregársela.

-Es imposible que lo supieras, no puedes leerme la mente –contestó con sorna el chico.

-Has murmurado mi nombre en sueños, así que me aventuro a pensar que estabas recordando aquel día de las vacaciones de primavera en el que nos pillaste a Kyle y a mí –dictaminó con calma.

-No exactamente, pero puedo asegurarte que estabas implicada –dijo él con una gran sonrisa.

-Joder… -susurró su amigo.

Ashton suspiró, negando con la cabeza ante aquella situación. Su chico se percató le propuso que bajase a tomar un ligero desayuno mientras él se aseguraba que Mark se tomase todo lo que había en la bandeja, y ella estuvo de acuerdo. A los pocos minutos, Kyle bajó y la acompañó, aprovechando aquella escasa media hora para hablar tranquilamente. Ambos tenían la sensación de que habían pasado años desde que habían charlado por última vez.

La chica se excusó para ir al baño de la cafetería mientras su novio le avisaba que subiría para despedirse de Mark y recoger su mochila con sus pertenencias. En un intento de comenzar a pensar en la rutina semanal y dejar atrás aquel fatídico fin de semana, empezó a pensar en un proyecto que quería revisar con Matt antes de entregarlo la próxima semana, pero sus ideas se esfumaron al llegar a la habitación de su amigo. Se quedó paralizado al ver las visitas que habían llegado en su ausencia.

Los padres de Mark estaban allí, con Jimmy, y su amigo tenía una mueca de sorpresa.

 

 

Ashton abrazó a Kyle, aunque realmente quería darle un beso con todas sus ansias reprimidas. Pero aún seguían con el teatro de que ella era la novia de Mark para que las enfermeras no la amonestasen por quedarse con él.

-Jimmy y sus padres están arriba, así que… ten cuidado –avisó el joven.

A ella le extrañó aquella advertencia, pero no quiso preguntarle para intentar tener una actitud objetiva con los señores Rushton. No sabía qué pensar de ellos, pues por lo poco que Mark y su hermano habían comentado, parecían personas frívolas y difíciles, sin embargo, intentaría mostrarse animada. Fuesen como fuesen, se preocupaban por su hijo y, tras algo como lo que le había ocurrido a su amigo, todo el mundo cambiaba.

 

 

-Los periódicos han publicado lo que ha pasado, pero me he encargado de que tu anonimato se mantuviese para que no afectase a tu vida privada ni a tu futuro –expuso su padre. –Ahora nos gustaría saber qué ha pasado realmente.

Mark respiró profundamente, armándose de paciencia al escuchar como su padre recalcaba la última palabra. Comprendía por qué su hermano les había contado lo sucedido a sus progenitores, pero era aquella situación lo que le hubiese gustado evitar. Aunque sabían que él no había tenido ninguna culpa, sus palabras le hacían sentir de esa forma, y comprendió las quejas de Jimmy cuando le contaba que ellos parecían no querer escuchar su versión y preferían quedarse con la explicación más sencilla para seguir con sus vidas sin muchas vicisitudes.

-Salí con una chica, me pidió que fuésemos a una fiesta y allí bebí varios chupitos de alcohol -explicó con voz cansada. –Ni siquiera recuerdo qué pasó después, solo sé lo que me han contado mis amigos.

-No nos estás ayudando –dijo su madre.

-No sé más que ustedes –contestó él.

-¿De verdad? Deberías intentar recordar un poco de aquella noche –presionó su padre.

-¡Dejadle en paz! –Exclamó su hermano, irritado.

-Tú tampoco has puesto de tu parte, solo has actuado enfadado con nosotros desde ayer, y sin ningún motivo –su madre le estaba hablando con su habitual tono amonestador, y la atención de su padre también había recaído sobre el niño. –No me gustó tu amenaza de ir a vivir con tu hermano como si no fuésemos buenos padres contigo.

-Tu madre tiene razón, James. ¿De verdad crees que él podría cuidar de ti?

-Sé que podría hacerlo –intervino Mark, ganándose miradas reprochadoras de sus progenitores.

-¿Y cuándo quieras salir con chicas o con tus amigos? No podrás hacerlo si tienes que cuidar de él –señaló el hombre, enfadado porque le llevaran la contraria. –Además, ya sabes lo complicado que es y los problemas que causa.

A Jimmy no le gustó que su padre hablase de él como si no estuviese presente o no entendiese lo que decía.

-Ash se encargaría de mí.

-¿Quién se supone que es Ash?

-Soy yo –contestó la chica desde la puerta.

Cuatro pares de ojos se giraron para verla, y por un momento, se sintió cohibida. El niño le sonrió ampliamente, y aquel gesto no le pasó desapercibido a la hermosa mujer de facciones aristocráticas y mirada fría. Ahora sabía de quien habían heredado el color de ojos los dos hermanos.

-Por ese nombre, pensé que James se refería a un chico –dijo la mujer.

Sus hijos la miraron con mala cara, pero ella los ignoró. La estaba analizando como si sus pupilas tuviesen Rayos X, podía sentir su escrutinio y estaba decidida a aguantarlo por su amigo, a fin de cuentas, él también había soportado las jugarretas de sus padres.

-Es algo que me pasa mucho –dijo con una sonrisa afable. –Soy Ashton Jones.

-Yo soy Clarissa Rushton. ¿Eres la nueva novia de Mark? –Preguntó de manera cínica.

-Bu-Bueno, yo… -comenzó a sonrojarse.

-Mamá, ya basta –avisó el joven.

-James Rushton –el hombre se presentó secamente, desoyendo la intervención de su hijo mayor. –Tu cara me suena, ¿te he visto antes?

Ella empezó a ponerse nerviosa y atisbó de reojo a Mark en busca de ayuda. Él reaccionó de la única forma que sabía para que sus padres dejasen aquel tema.

-Posó desnuda para un calendario hace poco –dijo con cierta sorna en su tono.

Su padre elevó una ceja al escuchar aquello y su madre comenzó a juzgarla con la mirada, pero ella siguió sonriéndoles como si fuese una chica buena, aunque en su fuero interno no sabía cómo actuar para eludir aquella situación tan incómoda.

-¿Qué? ¿Por qué no me lo habías dicho? –Inquirió Jimmy a su hermano mayor.

-No es algo que debiera interesarte, eres muy pequeño para esas cosas.

-Todo lo relacionado con Ash me interesa –recalcó el niño. –Es mi mejor amiga y la quiero.

-Olvida que una foto así existe o dejarás de quererla como lo haces ahora.

-¿Qué quieres decir?

El señor Rushton carraspeó audiblemente para llamar la atención de sus hijos. Ashton había empezado a apretar el puente de su nariz en un intento por aliviar la presión de su cabeza, al parecer las miradas de Clarissa tenían también ese efecto.

-Creo que nos estamos desviando del tema –expuso con tono de advertencia. -¿Qué relación tiene esta chica contigo?

-Es mi novia –contestó rápidamente, ganándose una mueca de extrañeza por parte de su hermano pequeño. –Llamó a Emergencias y me ha cuidado estos días.

-¿No habías dicho que saliste con una chica la noche que te sucedió esto? –Preguntó su padre con su habitual tono de abogado profesional.

-Te-Tenemos una relación… abierta –expuso Ashton.

La conversación pareció congelarse en ese momento. Los señores Rushton intercambiaron una mirada, anonadados por aquella revelación, mientras que Jimmy no había cambiado su expresión de perplejidad. La entrada de una enfermera pareció romper el ambiente inusitado que se había creado en la habitación.

La familia Ruston no tardó mucho más tiempo en marcharse, más tranquilos al comprobar que Mark estaba bien y recibiría el alta al día siguiente. Jimmy insistió en quedarse, pero Ashton consiguió convencerle para que se marchara con sus padres a cambio de una sesión de cine el siguiente fin de semana. Ante su facilidad para tratar y comprender al niño, James y Clarissa quedaron sorprendidos. El pequeño entró un momento al baño de la habitación, y la mujer aprovechó para hablar con ella.

-No he visto a nadie persuadir de esa forma a mi hijo –comentó. –Es un niño con una actitud problemática e irrespetuosa, pero tú pareces saber manejarlo bien.

A Mark le molestó aquello, y supo que a su amiga también, pero ella reaccionó de una manera suspicaz.

-Yo no “manejo” a Jimmy, me he ganado su confianza y su respeto.

-¿Y qué le diste para que lograses que te obedeciera de esa forma? –Preguntó el hombre.

Ashton empezaba a perder su paciencia por las palabras de sus padres, así que Mark decidió hablar.

-Le enseñó algunas técnicas de kárate, le escuchó mientras se desahogaba, le invitó a cenar mientras veían películas y lo trata con cariño –enumeró, sintiendo cierto malestar hacia sus progenitores en aquel momento. –No es tan difícil.

La puerta del baño se abrió y Jimmy salió.

-Bien, ya estoy listo para marcharnos.

 

 

-Aún no puedo creer que le dijeses a tus padres que salgo desnuda en un calendario –dijo con sorna mientras su amigo volvía a barajar las cartas. –Ahora pensarán que soy algo así como una exhibicionista, o quizá algo peor.

Él se reía, disfrutando de aquellos ratos a solas que tenía con la joven. Se sentía más descansado tras la visita de su familia, y la sorpresa de ver a algunos de sus amigos durante la tarde le había animado. Amber y Jessica habían llegado con un oso de peluche, y la primera le había pedido disculpas de mil formas distintas. Él le había quitado importancia y la chica no pudo reprimir algunas lágrimas de emoción. Al parecer, aquella situación había afectado a más personas.

Todo iba volviendo a su cauce poco a poco, y Mark estaba decidido a exprimir cada segundo en aquel hospital con Ashton, porque al salir de allí, ya no podría estar tan cerca de ella. Habían charlado sobre películas, sobre Jimmy y sobre situaciones embarazosas, sus pulmones le dolían de tanto reírse pero no quería que aquello terminase nunca. Empezaba a comprender a lo que se refería Kyle cuando le explicó que, con ella, todo parecía posible.

-He vuelto a ganar –le sonreía con alegría y un poco de chulería solo para picarla. -¿Cuál es mi premio? Han sido siete partidas consecutivas que has perdido, así que creo que va siendo hora de que me compenses por mi astucia y mi habilidad con las cartas.

Ashton bufó, divertida.

-No has ganado limpiamente y sé que puedo demostrarlo, pero si quieres una recompensa, pensaré en algo.

-Puedo darte ideas –su tono sugerente hizo que la chica soltara una carcajada.

-He aprendido a no fiarme de tus ideas.

La enfermera con la bandeja de la cena entró en ese momento en la habitación y les sonrió ampliamente. Se habían convertido en la pareja más romántica del hospital según la madre de Jason, y casi todo el personal sanitario conocía su “historia de amor”, aunque habían dilatado algunos detalles y en cada planta se contaba de una manera distinta.

Resultó que Ashton era más estricta con la comida que Kyle, y tuvo que tomarse todo el puré para contentarla. Él se metió en la ducha mientras ella bajaba a la cafetería para tomar una cena ligera. Le sorprendió descubrirse en el espejo sonriendo, y a medida que dejaba que el chorro de agua templada mojase su cuerpo, se daba cuenta que estaba muy relajado, como hacía demasiado tiempo que no lo estaba.

No pudo evitar una sonora carcajada, se sentía ebrio de felicidad en aquel instante y le encantaba esa sensación. Seguía teniendo muy presente que al día siguiente volvería a su vida y a su rutina, pero le daba igual. Salió del baño cuando escuchó a su amiga en la habitación y hasta ella se rio de la mueca de la felicidad inexplicable que tenía plasmada en su rostro.

-Salgo en diez minutos –dijo tomando su lugar en el baño.

Se sentía hiperactivo, incapaz de sentarse porque quería aprovechar cada gota de aquel júbilo inusitado. Aún no había recuperado del todo sus fuerzas, pero estaba seguro de que si quisiera dominar el mundo en aquel momento, lo lograría.

Y todo era gracias Ashton.

Oyó como el grifo de la ducha se cerraba y cerró los ojos, intentando pensar calmadamente. Era su mejor amiga quien estaba al otro lado de la pared, era la chica más increíble que jamás había conocido quien le había cuidado, la novia de su amigo y el amor de su vida.

Solo le quedaban unas doce horas con ella en aquel lugar que había resultado ser su paraíso personal y privado, no volvería a tener la intimidad que aquella estancia le había dado. Debía aprovechar cada segundo que le quedaba a su lado. Sin pensárselo mucho y decidido a no aguantar más, entró en el baño y se quedó paralizado al oler su fragancia.

-Mark, ¿te pasa algo? –Preguntó la joven preocupada.

Apenas estaba tapada con una toalla y tenía varias gotitas esparcidas por su clavícula. Le miraba preocupada por su imprevista entrada, pero no le importó. Se acercó a ella, sujetó su cara entre sus manos y la besó. Durante los primeros segundos, la chica se quedó paralizada por la sorpresa y la empujó suavemente contra la pared. Pegó su cuerpo al suyo y gimió al sentir lo bien que encajaban, pero ese leve sonido hizo que Ashton reaccionara. Comenzó a forcejear y él rompió el beso.

-¡¿Qué haces?! –Gritó enfadada.

-¡Estoy enamorado de ti! –Exclamó en el mismo tono.

Capítulo 55 y Capítulo 56 por Kala1411

Capítulo 55

 

 

Por un momento, creyó que su amigo estaba gastándole otra de sus bromas, pero su expresión no dejaba lugar a dudas de la veracidad de sus palabras. Su corazón latía como nunca antes lo había hecho, pues de forma inconsciente y aunque fueron solo unos segundos, le había devuelto el beso. Comenzó a negar con la cabeza, aguantando las ganas de llorar, sin saber cómo reaccionar ante todo aquello. Mark pareció leerle la mente y, lentamente, la abrazó contra él.

-No pretendo que me ames, sé que estás enamorada de Kyle, pero no podía seguir guardándome mis sentimientos por más tiempo… Perdóname.

Mordiéndose el labio, rodeó la cintura del joven con sus brazos, sin conseguir reunir las fuerzas suficientes para detener las lágrimas que se estaban formando en sus ojos. Reprimió todos los sollozos que pudo, sintiendo como Mark la apretaba más contra sí en un intento infructuoso de calmarla.

-Deberías vestirte o cogerás frío –musitó. –Pero no te dejaré ir hasta que me prometas que, cuando salgas de este baño, me volverás a tratar como hasta hace diez minutos… Que seguiré siendo tu mejor amigo cuando cruces esa puerta…

Ella asintió contra su pecho y él la liberó de sus brazos poco a poco. Salió de la estancia y respiró hondo, parándose a pensar si había hecho lo correcto al declararse de aquella forma. Se sentó en la cama y pocos minutos después, Ashton salió con una débil sonrisa.

-¿Jugamos a las cartas? –Propuso como si no hubiese pasado nada.

-S-Sí, claro –contestó ella, esforzándose por mantener su expresión de normalidad.

Guardó su neceser en la bolsa de viaje mientras él barajaba las cartas. Se sentó frente a Mark, controlando su respiración para no actuar de forma extraña, tal como le había pedido.

-¿Qué te parece si jugamos al “Mentiroso”? –Propuso el chico.

Ashton asintió, rezando en su fuero interno para que las cartas calmasen su inquietud. Quizás si lograba mantener su cerebro ocupado con otras cuestiones banales, podría conseguir ordenar sus ideas.

-¿Quieres repartir tú? –ella negó con la cabeza, incapaz de abrir la boca. –Vale, pero después no quiero ninguna acusación sobre trampas –bromeó.

-Lo siento, no puedo –dijo la chica de repente. –Sé que te he prometido que no iba a cambiar mi comportamiento respecto a ti, pero no puedo fingir que nada ha pasado. Es decir –se levantó se la cama, turbada, -me acabas de decir que estás enamorado de mí y quieres que te siga tratando como siempre… -sus gestos comenzaron a ser ansiosos, pero no le importó. - ¿Sabes todo lo que se me está pasando ahora mismo por la cabeza y estoy reteniendo para no ahondar en lo que podría significar? Tengo muchas preguntas y no sé si quiero saber las respuestas, porque eso supondrían muchas cosas a las que no puedo hacer frente -creyó que empezaría a hiperventilar.

-Ash, cálmate –pidió Mark, preocupándole su estado.

-¡No puedo! ¡No sé cómo puedes estar tan tranquilo! –Exclamó.

-Porque ya me he acostumbrado a esa realidad que tú estás describiendo –respondió. –También tuve mis momentos de locura y los superé.

-¿Qué? –Susurró, mirándole con los ojos desorbitados -¿Cómo que los “tuviste”? ¿Cuándo?

-Hace un tiempo –se encogió de hombros para quitarle importancia.

Ashton tragó duro, sentándose en el sillón.

-¿Cuándo? –Algunos momentos se le vinieron a la mente. -¿Cuándo pasó lo de la KissCam?

-Ese fue uno, pero no quiero que empieces a pensar en…

-Al poco tiempo de enterarte que estaba conociendo a alguien –cortó ella, desoyendo sus palabras, -me pediste que te besara en la lavandería de la mansión… ¡Oh, Dios! –Se tapó la cara con las manos, rememorando aquello.

Bajó de la cama y se arrodilló delante de ella.

-Ash, en serio, no creo que debas darle más importancia.

La chica bajó sus manos lentamente, aguantándole la mirada. Estaba en estado de shock y podía adivinarse fácilmente las enormes ganas que tenía de llorar.

-Solo, dime si esto te pasó también cuando… –respiró profundamente antes de continuar. –Cuando nos… involucramos los tres… -un leve sollozo escapó de sus labios. –Si fue por eso que me odiaste después de aquella noche… O, si por el contrario, no sentías nada por mí cuando ocurrió…

El joven pensó en inventar la respuesta para evitarle más sufrimiento.

-Ash, yo…

-Mark, no me mientas, por favor –suplicó.

Sabía que no se merecía aquello, era su mejor amiga y le había ayudado más de lo que nunca llegaría a saber, pero si le pedía sinceridad, no podía darle otra cosa. Hasta hacía una semana, podría haberla engañado, sin embargo se veía incapaz de hacer algo así en aquel momento.

-Creo que ya estaba enamorado de ti antes de eso, pero no quería reconocérmelo a mí mismo –dijo en un susurro.

-Pero tú… tenías novia… -musitó Ashton sin llegar a comprender.

-Estaba con Daisy para evitar que te hiciera cosas peores de las que te hacía –explicó. –No la quería si es lo que crees, y ella lo sabía desde el principio, pero se contentaba con tenerme controlado de alguna forma.

-¿Por-Por qué estuviste así? –Notaba sus lágrimas cayendo por sus mejillas. –Sus jugarretas no me hacían daño, no tenías que sacrificarte por mí de esa forma.

-Porque me importabas, Ash. Y me daba igual lo que ella me pidiera si con ello conseguía protegerte, aunque fuese un poco.

-Yo… podía defenderme sola –hipó, sin poder evitarlo. –Puedo hacerlo, ya me has visto…

-Sí, sé que eres una tía increíble –le quitó una lágrima escurridiza, sonriéndole de forma cariñosa. –Por eso me enamoré de ti.

Ella negó con la cabeza, abrumada por el aluvión de emociones que la invadían. No podía parar de llorar por su amigo, por lo que había soportado para intentar ayudarla, y ni siquiera se había dado cuenta. Una parte de ella se sentía egoísta y a la vez culpable, aunque sabía que no había sido esa la intención de Mark. La otra, quería agradecerle de alguna forma por todo lo que había hecho por ella, por lo que había tenido que aguantar. Había confiado en él casi desde que le había conocido, y se habían convertido en mejores amigos con suma facilidad. Jamás sospechó de sus sentimientos, de todo lo que había detrás de sus acciones y de lo que tenía sobre sus hombros.

Dejándose llevar, le abrazó y siguió llorando escuchando sus leves susurros de ánimo. Quería a su amigo más de lo que había creído, pero no pensaría en ese momento en las consecuencias de esos sentimientos, solo disfrutaría de su compañía tranquilamente.

 

 

Habían pasado el resto de la noche hablando y riéndose cuando la joven consiguió calmarse. Aunque Mark pretendía que ella obviara lo que le había confesado, Ashton se negó y quiso saber más del tema hasta que se encontró tan cansada que tuvo que dormirse. El chico, por su parte, se inquietó y tardó un rato más en cerrar los ojos, pues temía que al día siguiente, Kyle estallara contra él por lo que había hecho.

Cuando su amigo llegó a recogerlos alrededor del mediodía, nada le indicaba que Ashton sabía sobre sus sentimientos. La joven actuó como normalmente hacía, así que él la imitó, puesto que no quería darle más problemas a su amiga. La despedida amable de las enfermeras le enterneció el corazón y pensó, brevemente, en qué habría pasado si no hubiese tenido esa sobredosis… Ella seguiría sin saber que la quería y, quizás, él no hubiese encontrado otra oportunidad para revelar lo que su corazón ocultaba.

-Te hemos preparado una pequeña sorpresa –dijo de repente Kyle, sacándolo de sus pensamientos.

-No teníais que haberos molestado, pero os lo agradezco –sonrió, alegre. -¿Habrá nachos con queso?

-No puedes comerlos –dictaminó Ashton.

-Ya no estoy en el hospital –protestó.

-Debes tener dieta blanda durante unos días, te lo ha dicho el doctor en varias ocasiones –el chico bufó por sus palabras. –Si me obligas a ser estricta, lo seré. Es por tu bien -expuso ella con el ceño fruncido.

-Eres un año más pequeña que yo, no intentes actuar como una madre conmigo –aunque la sorna se reflejaba en su tono, sabía que su amiga se había centrado más en el mensaje.

-No te comportes tú como un niño pequeño.

Kyle estaba aguantando las ganas de reírse, la alegría lo llenaba por dentro al ver a su amigo tan recuperado y animado. Llegaron a la mansión de la fraternidad entre bromas y pequeñas pullas que Mark le lanzaba a Ashton, quien se las devolvía como si de un boomerang se tratase. Una gran pancarta le daba la bienvenida a su Presidente y todos los miembros de la fraternidad salieron a recibirlos con abrazos.

La tarde estaba cálida y todo el mundo parecía estar animado, ansiando cerrar el fatídico fin de semana por el que habían pasado. La comida casi había desaparecido cuando las luces y los farolillos decorativos empezaron a encenderse. Mark había estado preguntando a sus amigos acerca de lo que sabían, pero Kyle se había acercado a él y le había convencido para que dejase el tema para el día siguiente. Comprendía el ansia de su amigo por terminar de atar los cabos de lo que le había ocurrido, pero en aquella fiesta no había lugar para eso.

Alrededor de las diez de la noche, Amber y Jessica se despidieron tras haberles ayudado a recoger un poco, y media hora después el patio trasero volvía a tener su aspecto normal. La mayoría de los jóvenes tardaría un rato más en retirarse a sus habitaciones a descansar para el día siguiente, pero Ashton fue una de las primeras en subir, seguida de su chico. Los dos tenían muchas ganas de pasar un rato a solas para desquitarse de las malas sensaciones que les habían dejado aquellos días, sin embargo, la chica estaba un poco nerviosa.

-Me gustaría hablar un poco –le dijo a su novio cuando se sentó en la cama.

-Claro, ¿qué pasa?

-Yo… -carraspeó para aliviar su tensión. –Mark habló conmigo anoche.

Con esas simples palabras, Kyle entendió a lo que se refería. Se quedó congelado por un momento, pero reaccionó, anhelante por saber qué tenía que decir la joven sobre eso.

-Entiendo –suspiró.

Ella le miró extrañada.

-¿Cómo que “entiendes”? Tú… ¿Tú lo sabías?

Él asintió, desviando la mirada con cierto temor. Desconocía lo que ocurriría en los instantes siguientes, y podía sentir cómo el pánico burbujeaba en su cuerpo con la sola idea de que Ashton le dijera que prefería a Mark antes que a él.

-¿Qué piensas tú sobre lo que te dijo? –Se atrevió a preguntar, armándose de valor.

La joven se quedó paralizada al verle, de repente, tan pálido y asustadizo, y supo el miedo que tenía a la respuesta que ella le diese. Mentirle a Kyle nunca había sido una opción para ella, y no empezaría esa noche. Le diría exactamente lo que sentía y rezaría para que no la odiase.

-Creo que también le quiero, pero no estoy enamorada de él como lo estoy de ti.

-Eso es porque no le ves de esa manera, conmigo te pasó lo mismo al principio –expuso, sintiéndose derrotado. –Solo dime si… si tus sentimientos por mí han cambiado.

-No –dijo rápidamente. –Mi amor por ti no ha cambiado, y nunca lo hará. Ten eso presente siempre –le cogió una mano, necesitando tocarle. –Eres muy importante para mí y no sé qué haría si te vas de mi lado… Sé que has pasado por algo así en el pasado y odio que vuelvas a sentirte inseguro por una situación similar, pero no quiero mentirte con nada. Te amo y haría cualquier cosa por ti.

Se sentía como la peor persona del mundo por hacerle sufrir, y casi podía adivinar la impotencia que debió recorrer a Mark la noche anterior cuando le confesó sus sentimientos y ella reaccionó como lo hizo. Tragó duro para mantener a raya sus lágrimas, sabiendo que el chico podía ver también su vulnerabilidad en aquel momento, pero sintiendo que era tal y como quería que la viese, con miedo pero transparente.

Kyle se acercó a ella, más seguro por la convicción que sus palabras le habían aportado, y comenzó a besarla. Pequeñas caricias con sus labios incitaron a sus manos a actuar solas, y sin pararse a pensarlo, las llevó por debajo de su camiseta. Ashton actuó de manera más posesiva cuando sintió sus dedos acariciando su vientre, su beso se hizo más primitivo, más pasional, apretándose más contra él.

Y, de pronto, sujetó su cara con sus manos y lo rompió. Sus respiraciones estaban agitadas y sus mejillas sonrosadas, pero ella lo miraba a los ojos fijamente.

-Te amo, y voy a demostrártelo cada día que estemos juntos –afirmó de forma fehaciente. -No quiero volver a ver ese miedo en ti. Te protegeré de él con todas mis fuerzas, con todo lo que tengo y con todo lo que soy –dictaminó ferozmente.

La abrazó con desesperación y siguió besándola, deseoso de sentirla contra él. Se tumbaron poco a poco, desnudándose mutuamente con un poco de prisa pero disfrutando de cada instante que tenían esa noche. Le hizo el amor entre jadeos y besos impacientes, las caricias se intensificaban con cada gemido, cada suspiro, cada susurro implorante.

Entregados al frenesí de sus cuerpos, llegaron al clímax y cayeron exhaustos. La pequeña lamparita en la mesita de noche de Ashton iluminaba el brillo del sudor en el torso del joven, y se giró para ver si el mismo reflejo dorado bañaba el cuerpo de la chica.

-No sé qué he hecho en mis vidas anteriores para merecerte –murmuró.

Ella le sonrió, complacida al verle más animado, como el Kyle al que estaba acostumbrada. Le dio un beso de buenas noches y se acurrucó contra él para dormirse.

 

 

Le agradaba estar de vuelta en su cama, pero su cansancio físico no parecía ser suficiente para hacerle cerrar los ojos y desconectar su cerebro. Con la suave respiración de Matt de fondo, sus pensamientos avanzaban a pasos graduales. Había temido aquel momento desde el día anterior, llegar a la mansión de la fraternidad y percatarse de que ya no podría tener la intimidad de la que había disfrutado con Ashton durante su estancia en el hospital.

Estaba casi seguro de que la chica le habría contado ya a Kyle acerca de su confesión, y si aún no lo había hecho, no tardaría mucho en decírselo. Entendía que la sinceridad era un pilar importante en la relación que tenían, pero no estaba acostumbrado a una situación así entre dos personas, un amor tan leal y cristalino era algo insólito para él. Ni el matrimonio de sus padres ni sus noviazgos, en especial el de Daisy, se habían caracterizado por la presencia de la confianza.

No sentía envidia de su amigo, pero ansiaba tener lo mismo que él, y con la misma persona.

Ashton estaba enamorada de Kyle, eso no lo cambiaría nadie nunca, y tampoco se le había pasado por la cabeza intentar convencerla para que lo dejase y comenzase una relación con él… Al menos, no desde que supo que el chico era el “Sujeto” que salía con ella a escondidas de los demás.

Deseaba estar con ella, pero sin hacerle daño a su amigo, pues no quería revivir lo ocurrido el año anterior una vez que habían recobrado su amistad. Sabía que podía haber una forma de conseguir aquello, la cuestión era que ambos estuviesen de acuerdo.

Solo rezaba para que Kyle no se enzarzara con él en otra violenta pelea.

 

 

Capítulo 56

 

 

Intentó hablar con Kyle varias veces en los dos días que siguieron a su regreso, pero el joven estaba muy atareado entregando algunos proyectos importantes. Por su parte, había vuelto a su rutina universitaria más animado, aunque esa alegría se vio eclipsada por la noticia del encarcelamiento de Daisy y varios jóvenes por tráfico de drogas y un delito contra la salud pública. La Universidad la había expulsado ipso facto y había abierto una investigación a la Hermandad Delta y a todas sus componentes.

La mayoría de las chicas habían decidido dejarla y él sabía que las restantes tendrían serios problemas para limpiar el nombre de su hermandad, solo esperaba que la situación no fuera a mayores y no hubiese más represalias. Conocía a muchas de ellas, y aunque se habían dejado arrastrar por Daisy en su campaña contra Ashton, sabía que en el fondo eran buenas personas que solo ansiaban un lugar al que pertenecer durante su época universitaria.

Su amiga había seguido actuando con él como si no le hubiese abierto las puertas de su corazón, y Kyle tampoco parecía estar molesto, pero no quería confiarse. Su insomnio continuaba protagonizando sus noches, y aunque lo aprovechaba para estudiar y ponerse al día, no podía seguir así o se debilitaría más. Conocía la raíz de su inquietud interna y pretendía aliviarla pronto, solo esperaba no salir herido en el proceso ni dañar a quienes le importaba.

Aquel jueves por la mañana, había terminado de repasar algunas lecciones en el salón, cuando se fue a la cocina al escuchar como sus amigos comenzaban a bajar las escaleras. Tenía claro lo que quería decirle a Kyle, pero cada vez se ponía más impaciente por la apretada agenda de su amigo. Se preparó una taza de café y se sentó en la gran mesa de la cocina, observando cómo cada cual se preparaba su ritual nutritivo.

-Buenos días –saludó Kyle al entrar en la estancia.

-Parece que hoy te has despertado más tranquilo –comentó.

-Ayer pudimos entregar los proyectos que más nos preocupaban –explicó Matt.

-Hoy descansaremos, pero no podremos relajarnos demasiado –corroboró Kyle.

-¿Ash no va a bajar a desayunar? –Preguntó Jason.

-No, la Profesora Smith faltará por lo que queda de semana por asuntos familiares, así que hoy puede descansar un poco más –expuso.

Mark vio entonces su oportunidad, aunque sabía que no era el mejor tema de conversación para hablarlo a esa hora tan temprana y con sus amigos presentes, pero su zozobra le impulsó a pronunciarse sobre la carga que arrastraba.

-Kyle, ¿puedo hablar contigo?

-Claro, ¿de qué se trata? –Inquirió sentándose frente a él.

-Yo… -respiró profundamente, decidiendo que se lo diría todo tal cual lo sentía. –Quiero salir con Ashton.

Varios pares de ojos recayeron sobre él, impactados por lo que le había dicho al otro joven.

-Y yo quisiera un Lamborghini, pero son demasiado caros –bromeó su amigo.

Por unos segundos, se pudo escuchar como varios de los presentes volvían a respirar, pero a él le molestó un poco que Kyle no le hubiese tomado en serio.

-No, me estoy refiriendo a que quiero ser su novio… También.

Victor se atragantó con su café y Matt tuvo que darle algunas palmadas en la espalda para ayudarle. El mutismo y la quietud en la gran cocina llegaba a ser sobrecogedor, pero él solo se centró en el chico sentado enfrente, quien le miraba con una ceja levantada.

-¿Qué? –Dijo por fin.

-No quiero que pienses que en mi cabeza solo hay sexo cuando se trata de ella… -empezó a explicar.

-Eso ya lo sé.

-Simplemente me gustaría disfrutar de lo que tú tienes con Ash. Yo también quiero tener algo así con ella.

Sus amigos estaban preparados para actuar al menor movimiento de Kyle, se miraban de reojo unos a otros, temerosos de volver a revivir lo mismo que el año anterior pero a la expectativa tras lo que habían escuchado. El joven rubio, por su parte, no había reaccionado aún, solo miraba a Mark con una mueca de extrañeza dibujada en su cara.

-¿De verdad piensas que algo así podría funcionar? –Preguntó calmadamente.

Los presentes intercambiaron miradas atónitas, pero aun así no se atrevían a bajar la guardia.

-No lo sé –contestó sinceramente el chico. –Ya pasamos por algo parecido el año pasado y no quiero arriesgar todo lo que he recuperado –sabía que todos los presentes le habían entendido, y Kyle comenzó a asentir.

-Yo tampoco quiero que se repita, pero dime: ¿cómo lo hacemos? Porque podemos hablarlo entre nosotros y con ella, pero yo no sé cómo actuaré si te veo besándola.

-Me preocupa la idea de que esto pueda causarte problemas en tu relación –confesó Mark. –No pretendo que ella deje de quererte ni nada de eso…

-No te preocupes por eso, sé que me ama y conozco perfectamente sus sentimientos.

-¡Parad un momento! –Exclamó Jason llamando su atención. -¿Se puede saber qué estáis planteando aquí? ¿De verdad habláis en serio sobre estar los dos al mismo tiempo con Ash?

Los dos chicos se miraron, percatándose de lo raro que podía parecerles todo aquello a sus amigos, pero sabiendo que llegarían a entenderlos y apoyarlos, tanto si su idea salía bien como si no.

-Sí –respondió Kyle.

-Es decir, si a ella le parece bien –comentó Mark.

 

 

Alrededor de las nueve de la mañana, Ashton se despertó y se apresuró a tomarse una ducha. Tenía tiempo de sobra para hacer sus rutinas diarias antes de su clase de Economía a las 12:30, así que pensó que podría aprovechar para hablar con sus padres por videollamada. Hacía una semana exactamente que había charlado con ellos por última vez y les extrañaba mucho, los mensajes no eran lo mismo que poder verles aunque fuese por una pantalla.

Mientras tomaba su desayuno, les llamó y no pudo evitar la euforia que la invadió cuando los vio. Le daba la sensación que hacía años que no hablaba con ellos, y al parecer ellos se sentían igual. Sus padres estaban en ese momento en Alemania, pero volverían al día siguiente directamente a California. Tendrían varios días libres que querían aprovechar para descansar, visitarla y controlar a Kyle y a Mark. Realmente no supo que expresión puso, pero ellos se dieron cuenta que algo le pasaba.

Ella les contó todo lo que había ocurrido durante ese fin de semana y sus padres no la interrumpieron, escuchando atentamente cada palabra. Al finalizar su relato, le preguntaron por el estado de Mark y por el desenlace de Daisy, a lo que ella respondió con cierta amargura.

-Nos alegramos que tu amigo esté bien –comentó Paul. –Y ahora dinos, ¿pasó algo alguna de esas noches que estuviste con él en el hospital?

Ashton miró la pantalla detenidamente, sorprendida por la pregunta de su padre.

-Vosotros sabíais algo, ¿verdad?

-Quizás nos diésemos cuenta de algo la última vez que estuvimos allí –dijo John con cierto misterio.

-¿Qué sabíais y por qué no me lo dijisteis?

-Sabemos que Kyle no es el único que siente algo por ti –dijo Paul.

-Sabemos que al “chico Presidente” le gustas demasiado –comentó el otro hombre con el fastidio asomando en su expresión.

-Y por la cara que estás poniendo ahora, podemos adivinar que te has dado cuenta hace poco de los sentimientos de ese chico hacia ti, ¿no?

La joven estaba anonadada, se sentía estúpida pues parecía que todos a su alrededor se habían dado cuenta, menos ella. Comenzó a temblar y se llevó las manos a la cara, enfadada consigo misma.

-Oh, Dios… ¿Qué voy a hacer? –Susurró, pero sabiendo que sus padres la habían oído.

-La pregunta correcta es qué sientes –aconsejó Paul.

-Sé que quiero a Kyle, estoy enamorada de él –John bufó, con una mueca descontenta. –Y también quiero a Mark, pero de una forma distinta. No le amo, pero tampoco quiero que sufra. Es mi amigo y ha soportado mucho por mí.

-Seguramente me arrepentiré de lo que voy a preguntarte –comenzó a decir su padre, aun con el ceño fruncido, -pero, ¿no veías igual al chico rubio antes de que empezarais a ser… a ser…? Joder, no puedo decirlo todavía… -se quejó, recibiendo unas palmadas de ánimo por parte de su amigo.

-Sí –musitó ella. –Pero no puedo… Quiero decir, que Mark solo es mi amigo, me es imposible verle de otra forma o quererle de una manera más intensa.

-¿No puedes o temes poder hacerlo? –Inquirió Paul.

-Papá, yo no… -por un instante, creyó que se había quedado muda, no sabía qué palabras articular.

-Ash, no te hemos entrenado para que tengas miedo de tus propios sentimientos -dijo John con voz amable al verla tan agobiada. –Sé sincera contigo misma, cariño.

 

 

Mark estaba en el comedor de la Universidad, contestando a los mensajes que Jimmy le había mandado al salir del colegio. Su hermano aún seguía preocupado por él y se comportaba como si fuese su protector, lo cual le hacía gracia. En más de una ocasión durante esos días, había recordado la conversación que tuvo con Ashton cuando ella había conocido al niño, y poco a poco se daba cuenta de lo equivocado que estaba respecto a él. Se arrepentía sobremanera y había hecho varios planes para compensarle de alguna forma todo lo que había tenido que aguantar desde hacía un año. Tenía claro que seguiría gastándole bromas y haciéndole algunas jugarretas (seguramente, Kyle quisiera participar en ellas), pero estaba tranquilo sabiendo que Jimmy no las tomaba tal mal como él había creído.

Apenas eran las dos y media de la tarde cuando algunos de los miembros de la fraternidad comenzaron a llegar, la charla banal le ayudaba a animarse. Aunque tras la conversación que tuvo esa mañana con Kyle se sentía mejor a nivel emocional, la inseguridad sobre lo que podría pasar en el futuro más cercano persistía en su cabeza, pero aun así empezaba a verlo todo con otros ojos.

Su amigo venía con Ashton y Matt charlando, se sentaron con sus respectivas bandejas y todo el rato transcurrió como si ninguno de los presentes supiera nada de la conversación que él y Kyle habían mantenido aquella mañana. No quería precipitarse, pero estaba impaciente por saber cuál sería la repuesta de la chica.

-He escuchado que la Profesora Smith no dará clases esta semana, ¿es cierto? –Le preguntó sin pensar.

Ella asintió mientras comía su ensalada.

-Ya me había puesto al día con sus lecciones, pero me vendrán bien esas horas libres para las demás asignaturas.

Mark miró a su amigo de reojo y se encontró con su mirada ansiosa. Por un momento, los dos casi pudieron comunicarse de forma telepática y se animaban mutuamente a seguir hablando con la joven para llegar al punto que ambos temían. Finalmente, fue él quien se atrevió a hablar.

-Y… ¿te apetecería salir a tomarte un café el viernes? –Su tono era distraído, pero por dentro estaba nervioso.

No era el único, casi podía sentir las ondas de tensión de los presentes y la inquietud de Kyle. Ashton dejó de comer durante unos segundos y le miró extrañada.

-¿Un café?

-Sí –se encogió de hombros para quitarle importancia, pretendiendo que su plan no tenía segundas intenciones. –Un café, los tres. Kyle, tú y yo. ¿Qué opinas?

La chica casi se quedó paralizada durante un segundo, pero logró reaccionar rápido para que nadie se percatase de su desasosiego interno.

-Claro, estaría bien –sonrió de forma inocente.

Fingió seguir comiendo, pero su cabeza se había llenado con una idea gritada desde el centro de su pecho: los dos habían hablado. El tema había sido ella seguramente, pero la reacción tranquila de Kyle ante la proposición de Mark le indicaba que habían mantenido una conversación aparentemente pacífica, el problema era que no sabía las ideas que habían sacado.

Y teniendo en cuenta todo lo que había en juego, no iba a esperar a ese café para interrogarles.

Capítulo 57 por Kala1411

Capítulo 57

 

 

Kyle había estado evitando a su chica durante toda la tarde, pero la conocía y sabía que ella no se rendiría tan fácilmente. Ashton era inteligente y buscaría la forma de reunirse con él para preguntarle e interrogarle hasta la saciedad por la propuesta de Mark para ir a “tomar un café”. Algunos de sus amigos le tacharon de paranoico, pero él la conocía mejor que todos ellos y no subestimaba su reacción aparentemente normal al plan de salir los tres.

Mientras cenaban, Victor propuso jugar unas partidas a un afamado juego de fútbol esa noche. Organizarían rondas eliminatorias y los partidos podrían plantearse para el resto del fin de semana. Kyle fue el primero en aceptar, y la mayoría de sus compañeros rápidamente le imitaron para que la inquietud del chico pasase desapercibida… pero él supo que Ashton se había dado cuenta de su desesperada excusa, aunque le sonreía ampliamente delante de los demás y le daba palabras de ánimo.

Jason programó los diferentes partidos y dibujó en una pizarra portátil el organigrama para las diferentes fases. Frank y Nick se encargaron de llevar las cervezas y los aperitivos para el salón, y él distribuyó los sillones y los sofás con ayuda de varios de sus compañeros. Ashton colaboró, manteniendo una actitud bromista con los chicos, y se despidió para leer un rato antes de dormir. Mark se sentó junto a él, respirando con tranquilidad al ver el comportamiento inocente de la joven.

-¿Ves? No era para tanto. Ella no sospecha nada.

-Te digo que sí –contestó, aún inquieto.

-Escucha –comenzó a decir Adam, -intenta centrarte esta noche en el juego, ocupa tu mente con otra cosa que no sea ella.

-Pase lo que pase mañana, sabéis que podéis contar con nuestra ayuda si la necesitáis –dijo Matt. –Pero pensad bien vuestra decisión, no queremos revivir lo que ocurrió hace un año.

-Gracias, tíos –Kyle se sentía sobrecogido por aquella muestra de apoyo a la rara y complicada situación que se les presentaba.

Sin embargo, la noche aún no había terminado, y tal como Kyle vaticinó, Ashton no se quedó de brazos cruzados.

Casi una hora después de haber empezado su particular torneo deportivo, justo cuando más distraídos estaban todos, ella bajó. Unos pantaloncitos cortos y una camiseta con tirantes muy finos que resaltaban su figura, fueron suficientes para que los presentes en aquel gran salón se quedaran paralizados y boquiabiertos. Ella centraba sus ojos en su chico, cuyos latidos se habían duplicado al ver la expresión pícara con la que se dirigía hacia donde estaba. Y sabía que Mark estaba exactamente igual que él.

-No paréis el juego por mí, solo vengo a darle las buenas noches a Kyle como es debido –expuso alegremente.

Jason y Victor fingieron centrarse en la pizarra, Lewis y Bob pretendieron estar hablando sobre algunas jugadas, y los demás simulaban estar concentrados en los equipos que iban a elegir Nick y Adam para jugar el siguiente partido. Ashton no perdió su paso, se paró ante Kyle y le miró como si fuese la chica más ingenua y cándida que hubiese visto jamás.

-Quería desearte buena suerte en los partidos –su voz era suave.

-Gra-Gracias… -tartamudeó, sintiendo como su ritmo cardíaco aumentaba incluso más.

-Y como esta noche no podré disfrutar de tu compañía en la cama… –empezó a agacharse mientras le susurraba, aunque sabía que toda la estancia podía escucharla por el silencio que se había instalado en ella. –Te dejaré el mando de mi pequeño juguete –se lo puso en la mano como si fuese algo delicado.

-¿Tu… Tu pequeño juguete? –Preguntó él como un bobo.

-Una pequeña cápsula vibradora –no despegaba sus ojos claros de la cara de Kyle y su expresión juguetona no decayó. –Ahora mismo la llevo… y tú puedes controlarla…

Pudo jurar como Victor murmuró un leve “Joder”, al tiempo que escuchaba como Mark tragaba duro mientras miraba para otro lado. Y sin embargo, parecía que ella le había hechizado porque una parte de él apenas percibía a los demás.

-Solo recuerda que he sido una “chica buena” –dijo con voz sugerente, -y me merezco un poco de satisfactoria retribución, ¿no crees? –Él asintió con los ojos desorbitados por lo que ella le pedía. –Sé que serás generoso… Y si te sientes un poco… acalorado -acercó su rostro al del chico, parándose a pocos centímetros de sus labios, - puedes subir. Sabes que siempre estoy dispuesta a complacerte y saciar tus ansias.

Le dio un beso intenso, suave y a la vez corto, lo suficiente para terminar de desencadenar el torbellino de lujuria que corría por el torrente sanguíneo de Kyle. El joven suspiró cuando ella se retiró, todavía sonriendo con esa aura de sexualidad que no le había visto anteriormente. Se despidió de los presentes con unas leves palabras que ninguno de ellos entendió realmente, anonadados por lo que acababan de presenciar. No fue hasta que estuvieron seguros de que había subido las escaleras, cuando se atrevieron a hablar.

-Joder… -musitó de nuevo Victor.

-Creo que la subestimamos –comentó Matt. –Tenías razón, Kyle…

El susodicho tenía los ojos pegados a la salida del salón, y su expresión era la de alguien que estaba bajo una fuerte hipnosis. Hizo el amago de levantarse, pero Mark le detuvo cogiéndolo del brazo.

-No, debes aguantar –dijo firmemente. –Pretende atraerte con su canto de sirena para que le cuentes todo, pero debes ser fuerte hasta mañana.

-No… No creo que pueda –su debilidad se denotaba en su voz.

-Sí, sí puedes –animó su amigo.

-Mierda, ¿la has visto? ¿Has escuchado lo que me ha dicho?

-Sí… -respondió con tono afectado.

-Yo… Yo… lo siento, tío. No puedo… -empezó a gesticular y se percató del pequeño mando rosa en su mano al mismo tiempo que Mark. –Joder…

-Dámelo, así olvidarás más fácilmente la tentación –pidió el joven.

Kyle le frunció el ceño, pues se resistía a olvidar aquella provocación por parte de su chica. Sus hormonas le gritaban que no lo evitase, que se dejase llevar por el deseo primario que lo inundaba. Sin embargo, Mark le tendió la mano, exigiéndole el pequeño artefacto. Hizo el amago de entregárselo, pero en un despiste de su amigo, se deshizo de su brazo opresor y corrió hacia la puerta, escuchando como unos rápidos pasos le seguían de cerca.

Mark lo alcanzó en las escaleras, y casi se cayeron por la brusquedad de su agarre. Jadeando, se observaron unos segundos, los cuales le sirvieron a Kyle para pensar un poco más

-Ella… Ella me lo ha dado a mí… -protestó.

-Es una trampa, lo sabes.

-Sí, pero caeré en ella gustosamente.

-Kyle, mírame –Mark cogió a su amigo por los hombros y le miró fijamente a los ojos para hablarle. –Tenemos que mantenernos firmes hasta mañana. Cuando consigamos hablar con ella, podrás pasarte toda la noche follando –apretó los labios, pues sabía que lo que le estaba pidiendo era algo muy duro incluso para él. –Escucha, voy a subir yo a su habitación y le devolveré el mando, ¿de acuerdo? Así le demostraremos que no nos ha afectado lo que ha hecho.

El joven rubio asintió, un poco más sosegado.

-De acuerdo.

Le costó un poco entregarle el pequeño aparato y respiró profundamente antes de dirigirse de nuevo al salón. Varios de sus amigos se habían agolpado en la entrada del mismo para ver la escena e intervenir si lo veían necesario. Mark, sacando fuerzas de flaqueza, comenzó a subir los escalones.

Un leve temblor en su mano reveló cuan nervioso estaba al llegar ante la puerta de la habitación de Ashton. Sabía que no lograría calmarse, así que decidió hacer aquello rápido: entrar, entregar el pequeño mando y marcharse. Era algo fácil de hacer. Llamó a la puerta, oyó la invitación de su amiga para que pasase creyendo que él era Kyle, inspiró profundamente y entró…

En milésimas de segundos, sintió la aspereza de una cuerda alrededor de su cuerpo. Una fuerte sacudida y la ligera desorientación de su cerebro al sentirla, hizo que perdiera el equilibrio y cayese sobre la cama en una postura que le dejaba más indefenso. Ashton aprovechó para sujetarle las manos con rapidez y precisión, atándoselas a la espalda.

-No eras mi objetivo, pero me servirás –comentó ella al percatarse quien había sido su presa.

-¿Qué estás haciendo? –Cuestionó calmadamente Mark.

-Las preguntas las hago yo.

-Haz cuantas quieras, no saldrá nada de mi boca –dijo con sorna el joven.

-Ya lo veremos.

Se tumbó a su lado, con la misma sonrisa inocente con la que había engañado a todos minutos antes, y con dos dedos, presionó en el centro de su espalda, en un molesto punto de su columna vertebral.

-No conseguirás nada así, Ash.

-Si aprieto un poco más, te haré gritar de dolor. No quiero hacerlo, pero si no me dices lo que quiero saber, créeme que te arrepentirás –su amenaza velada no amedrentó al chico. –Dime qué habéis hablado Kyle y tú.

-No hemos hablado nada –mintió, casi divertido por aquella situación.

-Te daré otra oportunidad, Mark: ¿qué habéis hablado?

-Si me das un beso como el que le has dado a Kyle, quizá me convenzas para decirte algo…

Ashton suspiró, y en un segundo, la expresión del chico cambió, demostrando el leve dolor que empezaba a sentir. Apretó los dientes y cerró los ojos, reteniendo en su garganta un grito inconsciente. Apenas fueron unos segundos lo que duró aquella pequeña tortura, pero a él le pareció más tiempo. Jadeó levemente cuando la presión fue mitigando, y la miró impactado por lo que le había hecho.

-Ya has visto que no estoy bromeando. Ahora dime, ¿vas a colaborar o no?

Mark respiró cogiendo aire para el siguiente asalto.

-Desde esta postura, tus tetas se ven impresionantes. ¿Te he dicho que me gustan los pechos grandes?

Ella lo miró durante varios segundos con los ojos muy abiertos y un leve rubor en sus mejillas.

-¿Es en serio? ¿Te… Te gustan? –Quitó sus dedos de su espalda y el joven se sintió un poco más aliviado. –Son muy incómodas, y en más de una ocasión he pensado en operármelas.

-Son perfectas. Cometerías un sacrilegio si les hicieras algo –expuso más calmado al ver el cambio de actitud de su amiga.

Ella se rio levemente, pero bufó, tumbándose boca arriba con expresión pensativa.

-Eso lo dices porque te quieres acostar conmigo… -había desanimo en su voz, y el chico se sintió culpable. –Ni siquiera sé si le gustan a Kyle, me da miedo que… No sé, no quiero pensarlo.

-No tienes que preocuparte por él, te adora –intentó animarla al verla tan afectada. –Y créeme que le encantan tus “gemelas” tanto como a mí.

-¿Cómo lo sabes con tanta seguridad? –La chica puso un brazo por encima de su cara, tapándose los ojos. –Hay ocasiones en las que creo que no soy lo suficientemente buena para él.

-¿Pero qué dices? Eres perfecta –nunca se le había dado bien animar a una amiga porque no había tenido ninguna que quisiera como a Ashton, pero haría un esfuerzo por ver su sonrisa. -Kyle y yo lo hemos hablado varias veces, eres increíble y los dos estamos locos por ti.

-Eres un exagerado, él no me quiere tanto y tú aún me ves como a tu amiga –dijo con voz monótona. –No estás enamorado de mí, solo crees estarlo.

-Te equivocas, Ash –afirmó, desesperado por hacerla entrar en razón. –Escucha, piensa esto: ¿de verdad crees que cualquier tía habría logrado enamorarnos a Kyle y a mí hasta el punto de querer estar los dos contigo? -La joven había apartado su brazo de su rostro y lo miraba atentamente. –No, nadie podría hacer algo así, salvo tú. Eres la única chica con la que queremos estar los dos a la vez, y no nos importa nada más.

-Así que era eso… -murmuró girando su cuerpo a la misma posición que había tenido momentos antes.

-¿Q-Qué? –Inquirió Mark confuso.

Ella le sonrió sin ocultar la satisfacción de quien ha logrado realizar una travesura perfecta: había caído en su trampa.

-No te enfades conmigo, pero no podía esperar para saber qué habíais conversado –explicó con sinceridad, sin chulería ni regocijo. -Estaba bastante angustiada.

-Me has engañado –acusó él.

-Y te pido disculpas por ello –se apresuró a decir. –Pero compréndeme: he sido la última en enterarme sobre tus sentimientos por mí, y no sabía lo que estaba pasando entre Kyle y tú. Temía que pudiese ocurrir lo mismo que el año pasado.

Mark entendía lo que le había motivado a hacer aquello, no estaba molesto con ella al conocer sus explicaciones, pero le hubiese gustado que su amigo estuviese presente para hablar aquel tema. Ashton aprovechó su ensimismamiento para desatarle las manos y liberarlo de la soga. Él se incorporó y la miró, sonriendo levemente.

-Creo que será mejor que le llame y terminemos de hablar los tres, pero deberías ponerte otra cosa o no podremos concentrarnos.

-¿Por qué? –Cuestionó inocentemente. –Habías dicho que os gustaban mis pechos, ¿no? –bromeó.

El chico se rio, negando con la cabeza, al tiempo que salía de la habitación para buscar a su amigo. Adam y Nick habían jugado su partido en un intento de que Kyle dejase de pensar en Ashton y en sus proposiciones, sin embargo, se apresuró hacia él cuando lo vio entrar en el gran salón.

-¿Qué ha pasado? –Quiso saber.

-Me lo ha sonsacado –confesó Mark.

-¿Qué?

-Me ha engañado y he caído fácilmente -expuso. –Al parecer estaba bastante intranquila, no quería esperar hasta mañana para hablar con nosotros, pero…

-Como yo la evitaba, ha recurrido a esta estratagema –terminó de comprender Kyle.

Se miraron mutuamente unos momentos, ignorando que sobre ellos recaía la atención de toda la sala.

-Está esperándonos arriba para que hablemos los tres. ¿Cómo te sientes respecto a eso? –Tanteó Mark.

-Nervioso, pero no serviría de nada postergarlo.

Se encaminaron hacia las escaleras, ansiosos por la conversación que podría cambiarlo todo para bien o para mal. Sus amigos, aunque no lo supieron, decidieron seguir con el videojuego para fingir que no estaban también preocupados. 

Al llegar a la habitación de la joven, entraron directamente, y Kyle se paró en seco al ver el cambio de vestuario de su novia.

-¿Por qué te has cambiado? –Preguntó decepcionado.

-Mark me lo ha pedido –se encogió de hombros. –Ha dicho que no os concentraríais si llevaba ese pijama.

El chico miró a su amigo con el ceño fruncido al tiempo que se sentaba en la cama. El otro joven ocupó su lado y Ashton se situó frente a ellos, en su silla.

-Me puedo hacer una idea de lo que habéis hablado, pero me gustaría saber qué pensáis –se aventuró a decir ella.

Kyle le sonrió, acostumbrado a su actitud pacífica y directa cuando se trataba de hablar temas complicados. Aquella cualidad de daba una confianza que su amigo no tardaría en sentir, y le impulsaba a hablarle con el corazón, sin tapujos ni reticencias.

-Los dos te queremos, ya lo sabes –comenzó a explicar. –Yo soy tu novio, pero puedo entender por lo que está pasando Mark y sé que me volvería loco si estuviese en su lugar. Por eso, tras muchas reflexiones y charlas, queríamos proponerte que fuésemos “una pareja de tres”.

Su amigo se había quedado estático, temiendo mirar a la joven por la posible reacción nefasta que pudiese tener al escuchar todo aquello, pero Kyle sabía que ella no reaccionaría mal, podía verlo en su cara.

-¿Creéis que algo así podría funcionar? –Preguntó Ashton con un poco de miedo. –Yo no puedo asegurar nada, ni siquiera sé si estoy preparada para una relación de ese tipo, solo tengo claro que los quiero a los dos pero de forma distinta… Mark –llamó para que el joven la mirase mientras le hablaba, -no te he visto como algo más que mi amigo hasta ahora, pero mi concepción puede cambiar si los tres estamos de acuerdo en esto.

-¿Cómo podría cambiar? –Se atrevió a preguntar el aludido. –Porque una parte de mí teme que ese sentimiento disminuya o…

-No lo sé… -musitó ella con tristeza. –Tengo claro que no va a transformarse en algo malo, pero no se me ocurre nada para que mi percepción sobre ti se convierta en lo que tengo con Kyle.

Por un instante, el semblante alicaído de su amigo y de su novia le conmovió hasta el centro de su alma. Parecían perdidos, pero desde su perspectiva, no era tan complicado como ellos lo veían.

-¿Por qué no salimos los tres en una cita? Así rompemos el hielo de la “primera vez” –propuso.

Le miraron extrañados, pero la joven empezó a sonreír, sabiendo lo que pretendía.

-Estaría bien.

 

 

John y Paul debían solucionar algunos imprevistos en Alemania, así que se disculparon por tener que atrasar su regreso varios días. Se sintió un poco decepcionada, pues tenía muchas ganas de abrazarles y pasar un rato con ellos, pero no podían negarse a ese trabajo. Quisieron saber más sobre la situación con Mark, y ella les contó solo una parte de la verdad: que hablaban más sobre los sentimientos del joven, pero nada más profundo.

La situación que estaba viviendo era un poco extraña, y no quería adelantar acontecimientos por si no funcionaba la relación con su amigo… Aunque si era sincera consigo misma, aquella mañana había empezado a verle con otros ojos. Su comportamiento con él en la casa era normal, como si nada hubiese pasado, pero en su fuero interno pretendió levantarse ese día con la intención de cambiar su visión del chico.

Esa noche iban a salir los tres a cenar, y los nervios la carcomían hasta el punto de dudar sobre muchos detalles a los que habitualmente no le dedicaba más de dos segundos de su tiempo. Se vio obligada a llamar a Jessica y a Amber para que le aconsejasen. Ella creía que con una videollamada bastaría, pero sus amigas se presentaron en menos de diez minutos en la mansión de la fraternidad. Al parecer, tanto Adam como Jason les habían contado acerca de la extraña cita que tendría, y las jóvenes estaban deseosas de interrogarle.

 -Sé que queréis saberlo todo, pero antes necesito que me ayudéis –suplicó. –Siento como si tuviese un enorme peso sobre mis hombros y tengo miedo de fastidiarlo.

Las dos chicas se miraron de reojo, comprobando que la aparente tranquilidad de Ashton delante de los demás miembros de la fraternidad, realmente no existía.

-Creo que lo principal ahora mismo es que te tranquilices –dijo Amber. –Sé que puede ser difícil, pero inténtalo. Concéntrate en la ropa que te quieres poner, a mí me funciona.

Tras varios minutos probándose prendas, dieron con algo con lo que ella se sentiría cómoda esa noche. Desecharon la idea del maquillaje, pues creyeron que Ashton se sentiría mejor si se mostraba tal y como era, y los polvos o pintalabios podrían ocasionarle más inseguridad. La joven solo se dejaba hacer, pero apenas hablaba.

-Unas bailarinas serán tus mejores compañeras esta noche –Jessica le dio su último consejo y fue quien lanzó la primera cuestión. –Ahora que estás mejor, me gustaría saber qué sientes respecto a Mark.

Ella suspiró, desviando su mirada para buscar las palabras correctas en su cabeza.

-Le quiero, pero más como a un amigo ahora mismo… Sin embargo, sé que eso puede ir a… algo más, más grande y profundo…

-¿Crees que podrás quererle de la misma forma que a Kyle? –Preguntó Amber.

-Sí, creo que sí podría… -comenzó a gesticular de forma nerviosa. -Pero no sé qué pasará después o si llegará un momento en el que me pidan escoger entre uno de ellos…

Jessica se acercó a ella y la cogió por los hombros al ver como la ansiedad le hacía jadear.

-Ash, Ash, cálmate –dijo suavemente. –No pienses en eso. Si ocurre algo así, será dentro de un tiempo, pero mientras, solo debes centrarte en lo de esta noche, ¿de acuerdo? Todo va a salir bien, ninguno de ellos va a hacer algo que te pueda lastimar.

La chica la abrazó, le urgía sentir el contacto de otra persona en aquel instante, y Amber no tardó en unirse para mostrarle su apoyo.

 

 

A las nueve y media de esa noche, Kyle y Mark se encontraron en el salón, preparados para su particular cita. Sus amigos intentaban conversar con ellos sobre temas sencillos, pero sentían la tensión de los chicos saliendo de ellos. Ashton apenas tardó unos minutos más, no porque estuviese revisando su atuendo, sino porque tuvo que hacer varios ejercicios de respiración para encontrar el valor y bajar.

Los chicos se quedaron sin habla cuando la vieron, solo llevaba unos pantalones negros y una blusa blanca que dejaba al descubierto sus hombros, dejando visible su tatuaje, pero se quedaron impresionados. Kyle se adelantó para darle un beso en la coronilla y un abrazo, pero Mark se mostró más reticente y cohibido. Se despidieron de los demás y salieron de la mansión hacia el coche del joven rubio, quien no le había cogido la mano para evitar que su amigo se sintiese más desplazado.

Algo debía cambiar para que el ambiente se relajase durante el resto de la noche, y ella solo sabía un método para aliviar aquella incertidumbre.

-Cuando era pequeña, me daban mucho miedo Marilyn Manson porque creía que era un espíritu maligno o algo así… No me preguntéis como llegué a esa conclusión, pero lo hice –los dos chicos se miraron de reojo, extrañados por aquella intervención, al tiempo que se giraron en sus asientos para verla mientras seguía hablando.  –Nunca había escuchado sus canciones, pero cuando lo veía por televisión me paralizaba de terror, por lo que decidí conseguir una cruz por si me sentía en peligro alguna vez. Un día, mientras paseaba por un centro comercial en Berlín con Paul, me encontré con un grupo de fanáticos de Manson… -suspiró, avergonzada al recordarlo. –Saqué el crucifijo y empecé a gritar hechizos de las películas de Harry Potter…

Las carcajadas resonaron por el coche, Kyle tuvo que quitarse el cinturón para intentar respirar mejor, pero cuando intentaba volver a hablarle a la joven, empezaba de nuevo. Mark parecía poder controlarlo tras cinco minutos de risas descontroladas y lágrimas en los ojos.

-¿Por-Por qué hechizos de Harry Potter? –Pudo preguntar cuando  consiguió tranquilizarse un poco.

-Eran las palabras más raras que conocía en ese momento –respondió con simpleza, contagiada también por la hilarante anécdota. –Paul aún lo recuerda a veces y sigue riéndose como aquel día.

Tras varios minutos, Kyle volvió a ponerse el cinturón del coche y lo puso en marcha hacia el pequeño restaurante donde había reservado una mesa. El ambiente había cambiado por completo, los tres jóvenes se sentían mejor, más cómodos consigo mismos y con aquella situación.

 

 

-Bien, ahora os toca a vosotros contar algo vergonzoso –pidió Ashton cuando llegaron al pequeño restaurante francés.

La dueña era amiga de Lidie y conocía a Kyle desde hacía unos años, así que les dejó la mejor mesa que tenía en un discreto rincón. Había más parejas en el lugar, riendo y charlando en una atmósfera íntima, y los tres intentarían conseguir crear ese ambiente tan privado. Parecía que habían pasado los primeros momentos, pero no todo estaba ganado.

-Déjame pensar… - Mark se acarició la barbilla poniendo una mueca interrogativa. –No, a mí no me ha pasado nada tan bochornoso.

-Tío, es tu primera cita con Ash, no deberías empezar mintiéndole –avisó Kyle. –Pero si no quieres relatar cómo tuviste una erección en la clase de biología del instituto, lo haré yo.

El chico miró con mala cara a su amigo, al tiempo que la joven abría la boca con expresión divertida.

-Por favor, necesito saber eso –imploró mordiéndose el labio para no reír.

-Cuando teníamos 13 años, empezamos a llevarnos algunas revistas de PlayBoy al instituto y nos las intercambiábamos como si fuesen cromos. Eran ejemplares viejos, pero nos impresionaban de igual manera –explicó Kyle. –Cierto día, poco antes de la clase de Biología, Jason intercambió con Mark una revista, y por primera vez, pudo ver en todo su esplendor a la increíble Pamela Anderson –notaba como su amigo le lanzaba dardos con la mirada, pero decidió seguir al ver la divertida cara de su chica. –Aquellas fotos supusieron un antes y un después para él… Le impactó tanto, que apenas se dio cuenta de cuando llegó la profesora. Estaba tan ensimismado, que la Señora Henderson le gritó para que saliera a la pizarra y entonces todos lo vimos…

Ashton empezó a reírse con las manos en la boca para mitigar las carcajadas, y aunque le había molestado que su amigo contase aquel humillante recuerdo de su adolescencia, ver a la chica completamente sonrojada, relajada y divirtiéndose, le calmó un poco. Merecía la pena aquel breve instante de bochorno si la recompensa era esa.

-Ahora entiendo tu afición por los pechos grandes –comentó ella, haciendo que Kyle no pudiese reprimir una carcajada disimulada.

Aun así, Mark no se quedó atrás y expuso aquel horrible momento en el que su amigo quiso perder su virginidad en la fiesta de una compañera de clase a los 14 años e intentó utilizar un globo que había recortado como preservativo improvisado.

-Estaba impaciente por follar, ¿vale? –Manifestó con la vista nublada por las lágrimas.

Comieron hasta saciarse, sin olvidar que estaban en una cita pero teniendo la conciencia de que aquello estaba yendo mejor de lo que esperaban. Decidieron pasear por la zona más bohemia de la ciudad y compraron algunos helados mientras intercambiaban opiniones sobre grupos de música.

Mark empezaba a saber de primera mano cómo se sentía su amigo con Ashton, esa complicidad y la felicidad en su estado más simple y puro que durante tanto tiempo había deseado tener. Casi al final de la cita, se atrevió a cogerle la mano a la chica y ella no se la quitó, solo actuó normal. Kyle le miró de reojo sonriéndole, y él se sintió pletórico.

Iría poco a poco, pero por primera vez en su vida, veía las posibilidades que tenía de tener un futuro como el que su amigo le había descrito.

Notas:

Estoy un poco ocupada, y aunque sigo escribiendo diariamente, no puedo dedicarle tanto tiempo como antes. 

Intentaré subir el siguiente capítulo la semana que viene.

¡Saludos!

Capítulo 59 por Kala1411

Capítulo 58

 

 

El domingo volvieron a salir, y el resto de la semana quedaron durante cada hueco que tenían para charlar o estudiar e ir acostumbrándose a estar los tres juntos. Bromeaban, hablaban, se relajaban e incluso notaron como Ashton empezaba a responder a las leves muestras de coqueteo que Mark le lanzaba. Era extraño ver como el chico se mostraba a veces tímido, como si no le hubiese dicho cosas peores anteriormente, pero Kyle prefirió dejarlo pasar y esperar a que él se diese cuenta de que no necesitaba guardarse nada con la joven.

Por su parte, le sorprendía haber normalizado aquella situación tan rápido, pero lo asociaba al ambiente distendido e íntimo que se formaba a su alrededor. Su chica aún estaba en proceso de hacerlo, pero no tardaría mucho por las muestras de confianza que daba, era su amigo quien quizá se resistía a terminar de ver aquello como una oportunidad de ser feliz que tenía al alcance de su mano. Kyle llegó a la conclusión de que hacía tanto tiempo que el joven no se había sentido bien con nada en su vida, que habría dejado de ver las oportunidades para volver a ser el mismo de antes.

El viernes, durante su clase de Marketing, Matt y él se miraron boquiabiertos cuando el profesor adelantó la fecha de un proyecto al martes de la siguiente semana. Por un momento, más de la mitad del alumnado tuvo el amago de tirarle sus apuntes al presuntuoso hombre, y Kyle sabía que podía lanzarle su bolígrafo al centro de su frente sin fallar gracias a algunos trucos que le había enseñado Ashton. Fastidiados, los dos chicos llegaron al comedor con caras largas y todos lo notaron.

-Stevenson es imbécil. Ha anticipado el proyecto a la próxima semana –explicó Matt.

-Que mierda… -comentó Mark.

-Chicos, yo no sé mucho sobre Marketing, pero si puedo ayudaros solo tenéis que decirlo –se ofreció Ashton.

-Gracias, nena –Kyle le dio un beso en la mejilla, un poco más animado. –No nos haría falta realmente, lo tenemos más adelantado que el resto de nuestros compañeros, pero para acabarlo tendremos que estar todo el fin de semana estudiando.

-Entonces nos organizaremos para la semana que viene, así podemos ir los tres a esa bolera de la que nos habló Adam –propuso Mark.

Con esas palabras, el chico rubio tuvo una idea.

-¿Por qué no salís los dos? –Inquirió mirando a su amigo y a su novia.

-¿Nosotros? ¿Solos? –Ashton miró a su amigo, quien también parecía un poco inseguro.

-Sí, os vendrá bien –dijo Kyle animándoles con su sonrisa.

 

 

Esa noche, Matt y él estaban en el salón repasando algunas nociones sobre su proyecto, cuando Mark bajó, preparado para su cita y viéndose bastante nervioso. Kyle decidió parar para hablar con él, sin importarle que varios miembros de la fraternidad estuviesen presentes.

-Relájate, es Ash –animó el joven. –Llevas toda la semana saliendo con ella, la conoces mejor.

-Llevamos –matizó su amigo, sentándose frente a él. –No sé cómo actuar sin que estés delante.

Mark era bastante confiado en cuanto al género femenino, por lo que verle así se le hacía raro.

-A ver, dame tu cartera –pidió Kyle, abriéndola bajo la mirada de su amigo y de quienes había alrededor. -¿400 dólares? Te recuerdo que sales con Ashton Jones.

-Lo sé, quiero llevarla a un buen restaurante para que se lleve una buena impresión de esta noche –explicó el chico.

-Entiendo… -sacó trescientos dólares y le dejó el resto. –Se sentirá incómoda si la llevas a un sitio demasiado caro, hazme caso.

Continuó mirando y lo siguiente que sacó fue un par de preservativos sin abrir, lo que provocó que un aluvión de ojos interrogantes cayese sobre el joven. Kyle tuvo que detener una carcajada que pugnaba por salir al ver a su amigo tan cohibido.

-Te juro que no recordaba que los tenía ahí –se exculpó Mark, sonrojándose.

-Tranquilo, sé que eres precavido –volvió a meterlos en la cartera, sin poder aguantarse la risa.

-No voy a hacer nada con ella –aseguró su amigo seriamente.

-¿Qué ocurre? –Ashton acababa de entrar en el salón y les miraba con el ceño fruncido.

-Hola, nena –saludó Kyle alegre. –Estaba viendo lo que había en la cartera de Mark y he encontrado condones –sintió como su amigo le daba una patada por debajo de la mesa, pero le ignoró.

La chica alzó las cejas, con una expresión entre sorprendida y jovial.

-¡Guau! Sí que quieres que las cosas vayan rápido entre nosotros –comentó con sorna. –Espero que eso no sea un reflejo de tu resistencia.

Todos en la mesa empezaron a reírse de Mark, y pareció que el chico cambió ante esa broma.

-Te puedo asegurar que no –contestó aguantando las ganas de reírse. –Cuando te acuestes conmigo, te gustaré más.

Ella bufó.

-Kyle ha puesto el listón muy alto, lo tienes difícil.

El aludido sonrió ampliamente hacia su amigo, con una expresión fanfarrona y burlona al mismo tiempo.

-Solo has tenido sexo con él, no puedes hacer comparaciones –reflexionó Mark en tono jocoso.

-He intercambiado “notas” con Amber y Jess.

-¿Qué? –Inquirió Adam.

-¿Có-Cómo que “has intercambiado notas”? –Quiso saber Jason, un poco anonadado por aquella revelación.

-Pues… sí… -respondió la joven encogiéndose de hombros. -¿Te molesta que lo haya hecho? –Le preguntó a Kyle.

-Para nada, preciosa –dijo rezumando orgullo en su voz.

-Y… ¿Qué te ha dicho Jess? –Sondeó su amigo.

-¡Eh! ¡No! ¡No quiero escuchar eso! –Empezó a gritar Jason, molesto. –Es de mi hermana de quien estamos hablando.

Ashton se acercó a Adam y le habló al oído, sabiendo que todos en la estancia estaban callados en un intento desesperado de escuchar lo que ella le decía al joven. La cara del chico reflejó la satisfacción que le provocaban las palabras de su amiga, y apenas la joven terminó de hablarle en susurros, él se disculpó y salió del salón para enviarle mensajes a su novia.

-¿Nos vamos? –Dijo alegremente a Mark, quien estaba más calmado.

Le dio un beso en la mejilla a Kyle y se dispuso a marcharse.

-¡Eh! ¡Espera! –Llamó Jason. –Yo también tengo curiosidad por lo que dice Amber de mí.

Ella le sonrió a su amigo.

-¿Te has fijado que en su móvil apareces como “Amazing Jay”?

-Pues… no…

-¿Por qué crees que es?

Pudo jurar que el ego del chico se había cuadriplicado y se rio al ver la cara de euforia que no pudo contener. Salió del salón, escuchando las bromas verdes que sus amigos empezaron a contar y se contentó al ver que Mark iba más relajado, sonriendo.

-¿Dónde iremos a cenar? –Preguntó cuándo entraron en el coche.

-Pues… pensaba llevarte a un restaurante que fusiona la cocina coreana con la peruana, abrieron hace poco y va mucha gente conocida… Pero he cambiado de idea y creo que sería mejor ir a… -no se le ocurría nada y volvía a inquietarse por temor a quedar mal con la joven.

-¿Te apetece italiano? –Propuso ella con una sonrisa amable. –Jessica me habló de uno muy bueno a una media hora de aquí.

-Sí… La verdad es que hace demasiado tiempo que no como pasta… -reflexionó.

 

 

Durante el trayecto, Ashton pudo comprobar como los niveles de tensión de su amigo fluctuaban. Por momentos estaba más calmado, y si decía algo que creía que a ella podría molestarle, se inquietaba. Le preocupaba que la noche acabase con lo que habían conseguido durante toda la semana, por lo que ella decidió ser clara y hablarle con honestidad cuando se sentaron en el restaurante.

-Mark –llamó su atención colocando su mano encima de la de él, -quiero que te relajes esta noche. No estés nervioso, solo soy yo, Ashton.

El chico suspiró, sabiéndose descubierto.

-Simplemente, tengo miedo de decir algo indebido y fastidiar la noche –expuso.

-Yo también –confesó ella. –Pero parémonos a pensar un momento: somos tú y yo. Somos amigos e incluso hemos llegado a vernos desnudos –a los dos se les escapó una tímida risa. –Puedes hablar conmigo de lo que quieras, solo déjate llevar y se tal y como eres.

-No quiero que descubras algo de mí que te desagrade… -la miraba a los ojos directamente, necesitaba hacerlo. –Temo hacer algo estúpido y herirte…

-Mark, confío en ti y sé que estaré bien contigo… Pero quiero saber si tú también te sientes así respecto a mí…

-Por supuesto –se apresuró a afirmar el chico. –Yo…

Ashton le puso un dedo en los labios, sonriéndole con cariño.

-Con eso me vale.

 

 

Eran casi las diez de la noche cuando el timbre de la gran mansión sonó, sobresaltando a todos los jóvenes. Se miraron unos a otros y Frank decidió ir a abrir, extrañado. A medida que se acercaba a la puerta, oyó el leve sonido de un motor y al abrir la puerta, se quedó congelado por un instante.

-Hola, Frank –saludó Jimmy con un poco de vergüenza y cara de fastidio. –Siento venir a estas horas, pero mi padre tenía una fiesta y…

-No te preocupes, adelante –se apartó y vio como el coche conducido por el chófer, se alejaba de allí

El chico se imaginaba que había sucedido lo mismo que otras muchas veces y podía imaginarse el cabreo de Mark cuando descubriese que sus padres habían vuelto a actuar como siempre con el pequeño. Le invitó a pasar y todos saludaron a Jimmy cuando entró en el gran salón, no hacía falta ser muy avispado para llegar a la conclusión obvia.

-¿Quieres un perrito caliente? –Ofreció Victor.

-Sí, gracias –el niño dejó la mochila a un lado y se acercó a la mesa alegremente.

Comió tres, además de un enorme vaso de refresco y patatas fritas, por lo que dedujeron que, a pesar de las altas horas que eran, el padre ni siquiera se había preocupado en hacerle la cena antes de ordenar que se fuese a la mansión con Mark… Su Presidente se pondría hecho un basilisco al día siguiente.

-¿Y Ash? –Preguntó al no verla por allí.

Se miraron entre ellos, de reojo, y fue Kyle quien se sintión la responsabilidad de contarle lo que estaba sucediendo, solo esperaba no traumatizarlo.

-Ella… ha salido… con Mark.

-¿Con mi hermano? –Inquirió extrañado el pequeño. – ¿Por qué?

Kyle respiró profundamente, intentando encontrar las mejores palabras para explicárselo, pero ante la mueca impaciente de Jimmy, decidió optar por la salida más fácil que se le ocurrió. Se sentó delante de él en una postura relajada pero desafiante, y se preparó para intentar aguantar la risa.

-Yo… No podía permitir que te quedases con Ash, así que he unido fuerzas con Mark y ahora los dos somos sus novios –expuso calmadamente.

El niño se quedó paralizado un momento, pero su tormenta interna se percibía en sus ojos. Los demás miembros de la franternidad empezaron a disimular y mirar para otro lado, pretendiendo ocultar sus rostros divertidos.

-¿Que tú… has hecho qué? –Preguntó con tono enfadado.

-Eres un rival más fuerte de lo que me esperaba, Jimmy, he tenido que buscar una solución y la mejor era esa… -sabía que no sería maduro enfadar al niño demasiado, pero le daba igual. –Tus posibilidades de ser el “futuro esposo” de Ashton se han reducido drásticamente, deberías rendirte.

-¡Jamás! –Gritó Jimmy poniendo las manos sobre la mesa en un arranque de rabia. -¡No me voy a dar por vencido! –La determinación del niño era admirable, pero tanto él como los demás intentaban aguantar las carcajadas. –Tú lo has querido, Kyle. Esto es la guerra.

 

 

-¿Qué te gustaría hacer ahora? –Quiso saber Mark cuando salieron del restaurante.

Ella se quedó pensativa mientras paseaban, pero él recordó algo en ese instante.

-Acabo de acordarme de algo: hay una pastelería cerca de aquí en la que preparan unos dulces increíbles y cada año presentan algunas nuevas recetas en una especie de evento nocturno.

-¡Eso suena genial!

Se rió ante su expresión ilusionada, le gustaba que fuese tan fácil de contentar y le hacía gracia lo rápido que accedía a algo cuando se trataba de comida.

-Bien, pues… háblame de algo mientras llegamos –propuso ella.

-¿Qué te gustaría saber?

Pensó durante un momento y le miró con una media sonrisa traviesa.

-Me puede mi lado curioso, así que… ¿Con quién tuviste tu primera vez?

-Piper Roberts. Se mudaba de ciudad y nos habíamos gustado durante varios meses, así que nos despedimos de esa forma–contestó. –Ahora me toca a mí: ¿tu primer amor de adolescencia?

-Samuel Perks. Yo tenía trece y él dieciséis, me parecía increíblemente guapo y era muy hábil en judo… Pero resultó ser un imbécil que se creía muy viril por lo bien que luchaba.

El joven bufó, conociendo perfectamente a esa clase de chicos. Casi habían llegado y se veían la concurrencia de personas en las mesas situadas en la pequeña terraza. Entraron y se sentaron cerca del mostrador. Pidieron todos los dulces nuevos que había en el escaparate y empezaron a probarlos con deleite.

-Tienes que probar este de naranja y mouse de chocolate –le aconsejó Mark.

Ella abrió la boca y esperó a que él le diese un poco con su propia cuchara. Por un instante, se quedó embobado en sus labios abierto y tardó en reaccionar, pero cuando lo hizo, le encantó ver la expresión de satisfacción de su amiga mientras lo degustaba. Ashton cogió un trozo de su tarta de coco y nata, y se la ofreció para que él imitase lo que ella había hecho. Pletórico de una alegría inusitada, separó sus labios mirándola fijamente y esperó a que ella le diese de comer de su cuchara.

Estaba tan absorto en sus ojos claros, que no se dio cuenta de lo que la chica pretendía hasta que sintió toda la crema manchándole la nariz. Ella comenzó a reírse, divertida por su travesura, y él se contagió.

-Me has engañado –acusó cogiendo una servilleta para limpiarse.

Ashton le detuvo, se acercó a él y le quitó la nata sobrante con un pequeño mordisco que lo dejó anonadado. Siguieron riéndose, pero él apenas daba crédito a lo que acababa de hacer su amiga y de lo que sentía por dentro. Era como si un tornado de exitación y felicidad lo hubiese sacudido y empezase a ver realmente las falicidades que tenía para estar con ella, al alcance de su mano, y él estaba deseando cogerlas.

-¿Te ha gustado la tarta? –Preguntó la chica con tono burlón y coqueto.

-Sí… pero tú me has enamorado un poco más –respondió de la misma forma.

Sin embargo, Ashton comprobó por su mirada que sus palabras eran más sinceras de lo que se parecían. No pudo evitar la sonrisa boba que se instaló en su cara por el resto de la velada, mientras intercambiaban otros dulces. Se mancharon mutuamente varias veces y cogieron la tónica de quitar el exceso de dulce con sus propios labios, atreviéndose a ser más osados y no solo “morder” sus narices.

Cuando volvían al coche, Mark la cogió de la mano, impulsado por la confianza que le había mostrado la chica durante toda la velada. Ella entrecruzó sus dedos y simplemente se relajaron sintiendo el ambiente que los rodeaba, no necesitaban hablar en aquel momento, se sentían cómodos el uno con el otro.

-¿Querrás volver a salir conmigo? –Preguntó Ashton con sorna al montarse en el coche.

-Ni siquiera lo dudes, me lo he pasado genial esta noche –respondió, ebrio de alegría. –Creo que extrañaba esta sensación de estar casi en sintonía con otra persona.

-¿Te sientes así ahora?

-Sí, y es algo cojonudo –dijo divertido.

Ella se giró en el asiento del copiloto, pegando sus ojos a su cara.

-Entonces, ¿sabes lo que estoy pensando?

Animado por su voz juguetona, se acomodó en su asiento para quedar también frente a ella.

-Me aventuro a decir… que estas pensando en…-finjió concentrarse, como si le estuviese leyendo la mente.

-Te daré una pista –concedió ella, aguantando la risa.

-¿En serio? Porque creo que puedo…

Y de pronto, en apenas un segundo, cada terminación nerviosa de su cuerpo revosaba endorfinas al sentir los labios de la chica sobre los suyos. Cerró los ojos, aún impresionado e impactado por sentirla de una forma tan íntima, tan cercana con ese simple beso.

No sabía si habían estado así segundos, minutos o años, pero les costó separarse. Ashton suspiró contra su boca cuando empezó a retirarse, y por un instante, el tuvo la tentación de abalanzarse contra ella y hacerle el amor, dejando salir todas sus emociones y deseos.

-Era esto en lo que pensaba… -murmuró la chica.

-Lo había adividano… -susurró como si se tratase de un secreto.

Ella rompió la quietud del momento con sus carcajadas, y él la imitó.

 

 

Llegaron a la mansión de la fraternidad y volvieron a besarse antes de entrar. La luz del salón aun estaba encendida y se escuchaban algunas voces, por lo que se acercaron hasta allí. Kyle y Matt continuaban estudiando al igual que algunos de sus amigos, pero todos dejaron de lado sus tareas cuando los vieron llegar.

-¿Qué tal? –Quiso saber el joven rubio.

-Nos ha ido increíblemente bien –respondió con optimismo Ashton.

-Me alegro, preciosa… Porque esta noche tienes compañía en la cama.

-¿Necesitas desestresarte? –Inquirió ella con sorna.

-Sí… pero no soy yo… -ante sus muecas extrañadas, decidió decirlo con delicadeza. –Jimmy vino hace un par de horas y…

-¿Cómo? –El semblante de Mark se había cambiado por completo. – ¿Vino tan tarde hasta aquí?

-Lo trajo el chófer de tu padre, pero no te preocupes, está bien. Estuve hablando con él y rápidamente dejó de rayarse.

Ante la tensión que se instaló en el cuerpo de su amigo, Ashton le tocó el hombro para llamar su atención.

-Tranquilizate, sabes que prefieres que se venga aquí porque estará mejor –le dio un beso en la mejilla y otro en los labios a Kyle. –Buenas noches chicos –se despidió.

Mark se sintió mejor con aquellas palabras, sin embargo, se sentía ofuscado con la actitud que seguían teniendo sus padres.

-Tíos, gracias por cuidarle mientras yo no estaba–dijo en voz alta a los presentes.

-No tienes que darlas –Adam se encogió de hombros para quitarle importancia.

-Es un niño estupendo cuando te ganas su confianza –aseguró Victor. –Pero quizás tú vayas a tenerlo más complicado mañana.

-¿Por qué? –Preguntó con el ceño fruncido.

-Creo que yo tengo la culpa de eso… -respondió Kyle con una sonrisa traviesa. –Le conté que habías salido con Ash en una cita, y solo se me ocurrió explicarle que era porque tú y yo nos habíamos aliado para que fuese nuestra novia, así él no tendría ninguna posibilidad de que fuese su “futura esposa” –empezó a reírse al recordarlo, al igual que sus amigos.

Mark soltó una carcajada sorprendida ante la ocurrencia de su amigo.

-Joder, ahora mismo Jimmy te detestará con todas sus fuerzas.

-Me ha declarado la guerra–dijo en tono jocoso. –Esto va a ser más divertido de lo que pensaba.

 

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