Omega por Kala1411
Summary:

Ashton Jones es una chica poco común, criada en el ejército, no ha tenido una educación normal y tiene una conciencia del mundo diferente. 

Cuando debe salir de su zona de confort para asistir a la Universidad, consigue hacerse un hueco en una fraternidad. ¿El problema? Es una fraternidad de chicos.

Solo de chicos.


CategorŪas: ORIGINALES Personajes: Ninguno
Generos: Humor/Parodia
Advertencias: Lemon
Desafio:
Serie: Ninguno
CapŪtulos: 22 Finalizado: No Numero de palabras: 42089 Leido: 1641 Publicado: 16/05/2018 Actualizado: 19/06/2018

1. Prólogo y Capítulo 1 por Kala1411

2. Capítulo 2 por Kala1411

3. Capítulo 3 por Kala1411

4. Capítulo 4 por Kala1411

5. Capítulo 5 por Kala1411

6. Capítulo 6 por Kala1411

7. Capítulo 7 por Kala1411

8. Capítulo 8 por Kala1411

9. Capítulo 9 y Capítulo 10 por Kala1411

10. Capítulo 11 y Capítulo 12 por Kala1411

11. Capítulo 13 por Kala1411

12. Capítulo 14 y Capítulo 15 por Kala1411

13. Capítulo 16 por Kala1411

14. Capítulo 17 por Kala1411

15. Capítulo 18 por Kala1411

16. Capítulo 19 y Capítulo 20 por Kala1411

17. Capítulo 21 por Kala1411

18. Capítulo 22 por Kala1411

19. Capítulo 23 por Kala1411

20. Capítulo 24 por Kala1411

21. Capítulo 25 por Kala1411

22. Capítulo 26 por Kala1411

Prólogo y Capítulo 1 por Kala1411

Prólogo

 

 

No llegué a conocer a mi madre, murió mientras me daba luz, pero todos sus compañeros del ejército me criaron como ella lo hubiese hecho. Tengo muchos mentores que me enseñaron de todo, desde literatura y ciencias hasta técnicas de lucha. No obstante, John y Paul son los únicos a los que considero mis padres.

Eran los mejores amigos de mi madre, y con el paso de los años, me explicaron que también sus amantes en ciertas ocasiones. A ninguno de ellos les molestaba que ella estuviese con los dos, eran marines y habían visto y vivido demasiado como para preocuparse por celos estúpidos. Veían su relación de amor y amistad como algo simple y no les importaba lo que los demás pensaran. Sé que uno de los dos es mi padre biológico, pero ellos nunca han tenido interés en averiguarlo, y yo tampoco.

Se centraron en mi crianza cuando mi madre murió para no caer en una profunda depresión, esa que siempre está cerca de las personas cuya profesión se basa en sobrevivir. Me han hablado de ella, de Marion Rose Jones, desde que tengo memoria. Sus aficiones, sus manías, sus méritos, sus valores. He vivido cada anécdota como si fuera propia, he observado sus fotos durante horas, contándole problemas, inseguridades y chistes, y la quiero con todo mi corazón.

Me parezco mucho a ella, aún hay gente que se sorprende al verme, confundiéndome momentáneamente con ella, incluso a alguno de sus antiguos superiores a veces le sale su nombre en vez del el mío, y no me importa. Sé que fue una gran soldado y una mejor persona.

Ahora estoy montándome en el tren que me llevará hasta California, donde asistiré a la Universidad Berkeley. Muchos me dijeron que podría tener un futuro prometedor en el Ejército, pero John y Paul no querían esa vida para mí y me convencieron para estudiar una carrera universitaria.  

Me despiden desde el andén con el saludo militar, a pesar de que van vestidos con ropa normal, y yo les imito. El tren va cogiendo velocidad y en cuestión de segundos, solo veo dos manchas pequeñas y borrosas, más por mis lágrimas que por la lejanía.

Me llamo Ashton Marion Jones, tengo 17 años y, por primera vez en mi vida, estoy asustada.

 

 

Capítulo 1

 

 

La casa de fraternidad de los Alpha Omega volvía a estar invadida por sus 22 miembros tras el verano. El nuevo curso comenzaba, para algunos ya sería el último, pero para la mayoría, era otro año más durante el que podían disfrutar de la vida y de la Universidad.

Deportes, alcohol, fiestas, risas y sexo, muchísimo sexo.

Durante las dos primeras horas de la mañana del 1 de septiembre, casi todos los miembros de la fraternidad habían estado llegando escalonadamente. Los abrazos efusivos y las muestras de amistad expresadas de forma violenta se mezclaban con los gritos de entusiasmos y algunas bromas y chistes verdes. Cada miembro de la fraternidad tenía su propia historia y personalidad, pero se llevaban bien la mayoría del tiempo. Había discusiones y malentendidos, los peores eran por las chicas, pero se solucionaban con relativa facilidad. Sin embargo, los demás miembros del grupo tenían la obligación de interceder si los implicados no podían solucionar sus problemas solos.

Cada miembro estaba representado por una letra del abecedario griego, la cual elegían ellos mismos al comenzar a vivir en aquella casa y la conservarían hasta que finalizasen su estancia en la universidad. Que admitieran a alguien en aquella célebre hermandad requería un proceso de selección muy exhaustivo, y unas pruebas un tanto peculiares a las que no todos eran capaces de enfrentarse. Elegían a varios estudiantes nuevos, los que mejores expedientes académicos y aptitudes deportivas tuvieran, pero para no dejarse influenciar por el aspecto, pedían esos informes sin fotos.

Mark Johnson, el presidente y Alpha de la fraternidad, se paró sobre las escaleras de la gran mansión y carraspeó para llamar la atención de todos los presentes. Algunos hablaban relajadamente tras haberse instalado en sus habitaciones, otros estaban aún cargando las cajas, pero las dejaron momentáneamente en el suelo para escucharle.

-Bien, caballeros –dijo en voz alta.- Antes que nada, bienvenidos todos a nuestro templo. En una hora más o menos llegarán los candidatos a ser Kappa y Omega, son cuatro en total este año, y creo que todos estamos deseando ver cómo son un par de ellos tras leer sus informes. Pero aun así, no se los pondremos nada fácil. Si quieren estar aquí y disfrutar de las ventajas de ser un Alpha Omega, tendrán que ganárselo.

Los miembros le aplaudieron, orgullosos de pertenecer a aquel lugar.

Casi todos los candidatos habían llegado cuando el reloj marcaba el mediodía.

-A ver, qué especímenes tenemos este año…- comentó Mark a sus mejores amigos desde lo alto de la escalera, apoyado en la baranda. –Tenemos un chulo- cachas, el del tupé con complejo de Elvis, el asiático acojonado y… El último no creo que tarde en llegar.

-Aun así, me gustaría saber sus nombres para saber qué sujeto es cada uno –dijo Matthew.

-Sí, yo quiero ir tomando nota de las apuestas –coincidió Jason con sorna.

Se rieron entre dientes y Mark bajó para presentarse a los candidatos. Todos los demás miembros esperaron expectantes a las palabras de su presidente, pues también ansiaban saber que expediente pertenecía a cada chico.

-Buenas tardes, soy el Presidente y Alpha de la fraternidad, Mark Johnson. Os iré nombrando y os adelantaréis para identificaros con bandas de colores que os representaran durante las pruebas que tendrán lugar hoy y mañana. Cuando diga vuestro nombre, dirigíos a Kevin –señaló a un chico a su izquierda, -el abrirá el saco negro de las bandas, cogeréis una, y tras enseñar vuestro color, volveréis a vuestro sitio en la fila. Ahora, comenzaré: Gary Mattson.

Un chico musculoso y alto se adelantó, sonriendo con suficiencia, hasta Kevin, pero éste no abrió aún la bolsa.

-Háblanos un poco de ti primero –pidió él.

-Soy de un pueblo de Nebraska. Me gusta el hockey y tengo varios trofeos de algunas competiciones que he ganado a nivel estatal. Quiero llegar a profesional y no pararé hasta conseguirlo.

Kevin abrió la bolsa y el joven metió la mano, sacando la banda de color verde.

-Dennis Raymond –nombró Mark.

El chico con el tupé engominado anduvo, con una actitud petulante, hasta situarse frente a Kevin.

-Soy de Las Vegas, nací para ser un orador nato, para ganar competiciones de atletismo y para ser miembro de esta fraternidad.

Kevin alzó una ceja ante las engreídas palabras del novato, abrió la bolsa y, sin demora, Dennis sacó la banda roja.

-Fudo Hayashi.

El chico japonés apenas levantó la mirada del suelo, incluso se le oyó levemente tragar saliva cuando estuvo delante de Kevin.

-Vengo de Sacramento. Tengo 20 años y he estado estudiando Robótica durante dos años en el MIT, pero me han ofrecido un puesto de profesor adjunto durante este curso mientras lo convino con otras asignaturas.

Kevin abrió la bolsa, Fudo introdujo su mano y sacó la banda azul.

-Bueno, y aunque aún no ha llegado, Ashton Jones.

-Soy yo –dijo una voz desde la puerta de la mansión.

Notas:

Es mi primera publicación en esta web, espero que guste.

Capítulo 2 por Kala1411

Capítulo 2

 

 

Todos los presentes se giraron a ver a la chica y empezaron a reírse por lo bajo. No era muy alta pero sí muy guapa, tenía los ojos claros y rodeados de largas pestañas, el pelo rubio oscuro y unos rasgos angelicales. Dejó su maleta al lado de la puerta y se adelantó, ignorando por completo los cuchicheos y miradas especulativas de quienes la rodeaban.

Mark empezó a reírse.

-Mira preciosa, esto es una fraternidad solo de chicos.  Comprendo que quieras estar rodeada de todos nosotros –la joven le frunció el ceño, mientras se escucharon un par de silbidos desde la parte superior de la escalera, -pero no puede ser. Prueba en la Hermandad Femenina Delta.

-Pero recibí vuestra carta –ella se sacó el papel con el sello de la fraternidad del bolsillo trasero de su pantalón. –Yo soy Ashton Jones.

-No –dijo Mark riéndose cada vez más, provocando cada vez risas más notorias entre la multitud.- Ashton Jones ha estudiado durante toda su vida en colegios del ejército, graduándose con honores en la Academia Militar y con una larga lista de trofeos en diferentes disciplinas académicas.

-Sí, me estás describiendo.

-No, Ashton Jones es un chico.

-Ashton Jones soy yo –dijo sacando de su cartera su carnet de identidad, y mostrándoselo. -Y soy una chica.

Mark cogió el carnet y lo miró detenidamente durante unos segundos, mientras su sonrisa desaparecía al comprobar que el número de identificación coincidía con el de su informe. La miró anonadado, la casa se había quedado en completo silencio esperando las palabras de su Presidente.

-Perdona entonces, debe haber sido una equivocación. Supongo que solo leí tu nombre y di por hecho que eras un chico…

-No te preocupes, me pasa a veces –dijo ella quitándole importancia.

-Pero no puedes entrar aquí, lo siento.

Ella se cruzó de brazos y lo miró indignada.

-Recibí vuestra carta…

-Sí, lo sé…

-Y en el Artículo 24, sección c, de vuestro código de fraternidad publicado en el año 1995 especifica que, quienes hayan recibido la carta, tienen derecho a realizar las pruebas que el Presidente y su Consejo crean pertinentes para ser aceptados en Alpha Omega –sacó la carta del bolsillo de su sudadera y se la entregó.- Pues bien, yo la he recibido y quiero participar en vuestras pruebas.

Era el turno de Mark de fruncir el ceño. Era cierto lo que había dicho, pero no esperaba que una novata lo supiera. Suspiró y cruzó los brazos, mirando a aquella chica un poco molesto.

-Bien, estás en tu derecho si quieres aplicarlo. Pero te advierto que las pruebas no son fáciles –señaló con la cabeza a Kevin. –Ve por tu banda.

Sonriente, Ashton se acercó al chico y sacó la última banda que quedaba, la de color amarillo.

 

 

-¿De verdad vas a dejar que esa chica participe? ¿Has perdido el juicio? –Preguntó Jason.

Se habían reunido todos en el gran comedor para discutir acerca de los nuevos acontecimientos durante el almuerzo mientras los candidatos comían en la cocina.

-No, no lo he perdido. Pero llevaba razón en lo que decía acerca del artículo del código, y no pienso saltarme ninguna de esas normas por algo tan estúpido –Mark suspiró. –Tíos, en serio, calmaos. La habéis visto, sabéis cómo son las pruebas que hemos puesto, no las pasará ni soñando.

-¿Y si las pasa? –Preguntó de repente Kyle.

Mark se quedó callado por un momento. Kyle le sacaba con mucha frecuencia de sus casillas, era algo mutuo pero se soportaban por el bien de la fraternidad. Suspiró y le miró directamente.

-En ese supuesto, será aceptada. Sería injusto lo contrario.

Se aguantaron la mirada sabiendo el significado que aquellas palabras escondían para ambos. Los dos tenían caracteres fuertes, pero anteponían el bienestar de todos al propio, como se esperaba del Alpha y del Beta.

 

 

Faltando quince minutos para las cuatro de la tarde, todos volvieron a reunirse en el salón para escuchar las instrucciones de las pruebas. Mark se colocó al frente de los candidatos, quienes se habían vestido con ropa deportiva siguiendo sus indicaciones.

-Hemos decidido que uniremos todas las pruebas en una sola y, para agilizar el proceso, las haréis en parejas. Os dejaremos unos minutos para que lo penséis.

-Yo prefiero que la señorita escoja primero, es lo que hacen los caballeros –dijo de forma altiva Dennis.

Los otros dos asintieron, mirando a Ashton.

-No quiero ningún tipo de favoritismos hacia mí solo por ser una chica –dijo muy seria mirándolos a los tres.

-Eres la más pequeña de los cuatro candidatos –habló Mark, -es costumbre que el primero en elegir sea el miembro más joven. Así que, dinos, ¿a quién eliges?

-A Fudo –declaró rápidamente.

Los otros dos candidatos empezaron a reírse, mientras el chico asiático la miraba con la boca abierta por la sorpresa.

-Bien, entonces ya se han formado las parejas –cruzó los brazos y se dispuso a explicar la prueba. –A lo largo y ancho de este campus hay varios acertijos, cuatro en total. Cuando encontréis uno, se os dará la pista para el siguiente, el primer equipo que averigüe el último enigma y llegue a la casa de la fraternidad, ganará el derecho a quedarse y formar parte de nuestra gran familia. No os confiéis –miró específicamente a Dennis, -no son adivinanzas sencillas y no están en lugares a los que podáis acceder fácilmente. Cómo queráis repartiros el trabajo será cosa vuestra, pero recordad que las acciones de vuestro compañero pueden perjudicaros o beneficiaros –Fudo había empezado a sudar con esas palabras y Mark sabía que el chico iba a pasarlo mal. –Vuestras mochilas, con todo lo que creemos que podéis necesitar, están en el salón. Tenéis diez minutos para ir a buscarlas e inspeccionarlas y añadir un objeto propio, como alguna medicina, si creéis que la necesitaréis. A las cuatro en punto, comenzará la prueba. Buena suerte a todos.

Capítulo 3 por Kala1411
Notas de autor:

Quizás contenga algunos comentarios poco apropiados para menores de 15 ó 16 años, pero es solo una apreciación personal.

Los cuatro candidatos se apresuraron al salón para comprobar lo que les habían proporcionado. Un mapa del campus, un reloj de pulsera, dos botellas de agua, cuerdas, linternas, walkie talkies… Y un sobre morado con la primera pista. Ashton miró a su compañero, quien había empezado a murmurar con nerviosismo algo ininteligible.

-Fudo, ¿qué te pasa?

El chico la miró con el pánico dibujado en su cara.

-T-Tengo que coger mi inhalador… Yo… Yo no soy muy bueno con el ejercicio físico –la vergüenza se hizo presente en su cara.

-No te preocupes por eso ahora –dijo Ashton con una sonrisa tranquilizadora, poniéndole las manos en los hombros. –Ve por lo que necesites, yo me encargaré de lo que te cueste más.

El chico le devolvió una tenue sonrisa y corrió hacia su maleta para buscar un pequeño botiquín.

-¿No deberías coger tus tampones? –Preguntó Gary riéndose.

Dennis se carcajeó mientras terminaba de revisar la mochila.

Ashton quiso contestarles en ese momento, empezaba a molestarle bastante la actitud de todos ellos, no había tenido esos problemas en el ejército. Pero se abstuvo, recordando un consejo de Paul: “Nunca le muestres a tu enemigo lo que sus palabras pueden provocar en ti, lo utilizará como tu punto débil. Guárdate esa rabia y utilízala como energía para vencerle”.

Fudo llegó en ese momento y metió todo lo que necesitaba en su mochila. Faltaban apenas unos segundos para que la prueba comenzase y salieron de la casa, alejándose todo lo posible para que nadie les escuchase.

Cuando el reloj marcó las cuatro en punto, Fudo abrió el sobre y leyó.

Un día estaba esperando al metro. Mientras comía una manzana, como de costumbre, me senté el lado de un mendigo. Mientras esperábamos, vimos a un hombre gordo pasar y el sin techo murmuró “cerdo”. No le di mucha importancia, aunque me pareció un maleducado. Antes de que llegase el vagón, otro hombre pasó. Era alto y llevaba traje. Cuando pasó, el mendigo murmuró “hombre”. No le di tampoco mucha importancia. Por fin, el tren pasó.

Al siguiente día, el mendigo estaba de nuevo en la estación de metro, y le observé desde la distancia. Mucha gente pasó por delante de él: una chica delgada, un hombre musculoso y una señora mayor. Él musitó “sopa”, “pollo” y “galletita”, respectivamente. No podía dejar de pensar en él.

Lo seguí observando durante varios días y me di cuenta de que llamaba a la gente “pan”, “zanahoria”, “conejo”, “leche” y otras cosas. Un día me puse delante de él y dijo “manzana”. En ese momento, me di cuenta de lo que ocurría. Entonces, el horror me embargó.

 

¿Cuál era la habilidad del mendigo y por qué me impactó tanto?”

 

Después de leer la pista una vez más, Ashton se apresuró a abrir el mapa para averiguar dónde se situaba el laboratorio de Biología.

-Vamos, sé dónde está la siguiente pista –le señaló a su compañero el lugar en el mapa.

-Pero… ¿estás segura?

-Sí, te lo explicaré por el camino.

El calor comenzaba a ser insoportable a esa hora de la tarde, pero Ashton estaba acostumbrada a aguantar las temperaturas extremas y aquellos grados de más no eran problema para ella. Sin embargo, cuando llegaron al edificio de Ciencias de la Salud, Fudo parecía a punto de morir de la extenuación.

-Deberías sentarte un rato y reponer fuerzas –le indicó.

-No… ha sido… muy inteligente… por tu parte… elegirme… como compañero –dijo apenado el joven.

-¿Por qué lo dices? –Sacó una botella de agua de su mochila y se la dio.

-¿Acaso… no… me ves? Soy… un debilucho… -le costaba hablar y respirar a la vez. –Apenas… puedo correr… tres kilómetros… sin asfixiarme… Soy patético… Deberías abandonarme…

Se sentó un momento a su lado, observando su rostro empapado en sudor. Abrió la mochila de su compañero y buscó el inhalador.

-Me enseñaron que ningún compañero se deja atrás –le dio el pequeño aparato y Fudo aspiró fuerte la medicina. –Si no puedes seguir mi ritmo corriendo, puedes centrarte en los acertijos. Tú serás el cerebro del equipo y yo el músculo –sacó sus walkies talkies y le entregó uno a él,- te leeré las pistas y tú me dirás dónde debo dirigirme para la siguiente. Si te ves con fuerzas para seguir, me mantendré a tu ritmo.

Fudo no estaba muy convencido de lo que ella decía, pero cogió el pequeño aparato. Ashton sonrió ampliamente.

-¿Confías en mí? –Él la miró y asintió. -¡Genial! Ese es el primer paso para ganar.

 

 

Ninguno de los candidatos lo sabía, pero desde la fraternidad podían ver gracias a las cámaras de seguridad y a la habilidad informática de Andrew, uno de sus miembros, cada uno de sus movimientos. En casi todos los edificios universitarios había cámaras, y aunque realmente no estaba permitido lo que estaban haciendo, no les importaba. Ninguno de ellos iba a delatar a la hermandad, y todos estaban interesados en ver cómo actuaban los candidatos ante las dificultades que se les planteaban, al fin y al cabo, iban a convivir con ellos durante mucho tiempo.

El grupo de la chica y del asiático iba en cabeza, ya estaban en el edificio correcto a solo 20 minutos de haber empezado la prueba, mientras que los otros dos aún estaban pensando la solución del enigma.

-La chica le está dando un walkie a Fudo –dijo Andrew. -¿Hackeo la frecuencia para escuchar qué dicen?

-Sí –respondió Mark sin quitar la vista de las pantallas.

 

 

Ashton había buscado en los tres primeros laboratorios sin encontrar la pista durante casi media hora. Cuando llegó al último se paró a leer un gran cartel que había pegado en la puerta: “Durante el primer semestre, este laboratorio será utilizado por los alumnos de Enfermería y Medicina para sus prácticas de Anatomía.”

Entró y encendió la luz del aula. Era muy parecida a las anteriores, muchas mesas de metal, vitrinas con diversos compuestos químicos, cuadros explicativos sobre partes del cuerpo humano… La gran diferencia yacía en el medio de la sala: sobre una mesa, había algo tapado con una sábana blanca. Ashton se acercó, percatándose de que era un cuerpo lo que había debajo.

-Ashton, ¿vas bien? Hace rato que hablas –dijo Fudo por el walkie.

-Sí, estoy en el laboratorio 4, a punto de destapar una sábana que me rebelará un supuesto cadáver –explicó a medida que se acercaba a la mesa.

-¡¿CÓMO!? –Fudo gritó. -¿Un cadáver?

-No, un supuesto cadáver. No huele mal y los de la fraternidad no serían capaces de utilizar un cuerpo humano real para algo así.

Ella destapó la sábana, y efectivamente, era una muñeca a escala real, seguramente el juguete sexual de alguno de los chicos de la fraternidad.

-Lo que yo decía, una muñeca –dijo al walkie suspirando.

Pudo oír perfectamente la exhalación de alivio de Fudo.

-Bueno, eso no es tan malo. ¿Cómo es la muñeca?

-Es una de silicona, de las que utilizaran cuando están muy desesperados y no hay ninguna chica que quiera acostarse con ellos.

-Ah... Y, ¿por qué crees que estará ahí la pista?

-Porque son una fraternidad llena de chicos bromistas que solo piensan en el sexo –miró detenidamente el cuerpo de plástico. – Ni siquiera voy a mirar en la cavidad de la boca, no creo que hayan metido ahí ninguna pista.

-¿Y dónde…? –Fudo no terminó la pregunta.- Creo que empiezo a entender la naturaleza que tendrán estas pruebas

-Voy a coger unos guantes de látex.

-¿Pregunto el motivo?

Ella no le contestó aún, solo se acercó a la estantería donde estaban la caja de los guantes y cogió un par. Con ellos puestos, metió dos de sus dedos por la vagina de la muñeca, notando el líquido viscoso y blanquecino que empezaba a resbalar fuera. No le costó encontrar las dos pequeñas cápsulas que contenían la siguiente pista, y sacó una de ellas.

-Sí, lo que yo pensaba –dijo al walkie sabiendo que su compañero la estaba escuchando, -habían llenado este agujero de la muñeca con semen.

 

 

-¡Mierda! Ya estaba fantaseando con ver a la chica con mi semen en su mano –dijo con sorna Jason.

-A veces llegas a comportarte como un cerdo –le dijo Matthew riéndose también.

-La chica está resultando ser más lista de lo que esperábamos –comentó Kyle.

-Sí, pero veremos qué hace durante la siguiente prueba –sentenció Mark.

Capítulo 4 por Kala1411

Gen. 3”, era la única indicación que aparecía en el pequeño fragmento de papel. Fudo había propuesto salir del edificio por la puerta trasera, pues creía que la otra pareja de candidatos no tardaría mucho en llegar al edificio de Ciencias de la Salud y pensaba que era conveniente que creyeran que ellos no habían pasado aún por allí.

Sentado bajo la sombra de un árbol, el joven revisó de nuevo la pista.

-¿Crees que tendrá que ver con el genoma humano? –Preguntó Ashton.

-No, no creo que hayan puesto las dos primeras pistas en el mismo lugar –dijo él.- Espera, ¿puede tratarse de algún versículo de la Biblia?

Ashton lo pensó por un momento, acariciándose la barbilla.

-El Génesis… Sí, podría ser.

-Génesis, versículo 3, ¿sabes lo que dice en esa parte?

-Creo que es cuando habla sobre la tentación de la serpiente a Eva, con la manzana.

Fudo sacó su mapa.

-¿Hay algún lugar en el campus que se parezca a una serpiente?

Ashton chasqueó los dedos, recordando algo.

-No, pero sí que hay una zona con animales –se sentó a su lado y miró el mapa. –Cuando estuve mirando las carreras que aquí ofrecen, leí que los estudiantes de Veterinaria se encargan de cuidar a los animales de algunas protectoras y zoológicos de la zona cuando están heridos o enfermos. Al parecer, hay un pequeño centro veterinario dentro del campus llamado “El conejito de Lara”… Un nombre bastante raro para ponerle a un lugar así…

-E-Está a 10 kilómetros –dijo Fudo con temor.

-Llevamos ventaja –dijo levantándose y ofreciéndole la mano. –Si tardan lo mismo para averiguar lo que significa esta segunda pista, tendremos suficiente tiempo para llegar hasta allí.

 

 

Tardaron casi 20 minutos en llegar al centro veterinario a un ritmo ligero, pero sin llegar a correr como en la primera etapa. Aun así, Fudo tuvo que sentarse en la sala de espera cuando entraron, pues parecía que sus pulmones iban a explotar.

-Descansa aquí –le indicó Ashton. –Yo voy a la parte de los reptiles a ver si encuentro la pista -el joven asintió con la cabeza mientras jadeaba. -Si te encuentras peor o sientes que vas a desmayarte, avísame por el walkie y vendré de inmediato.

-Gra-Gracias… -susurró.

Ella se apresuró a buscar la sala de reptiles. Aquel edificio resultó ser más grande de lo que creyó en un principio, pero rápidamente comprobó que la mayor parte de él estaba ocupado con jaulas y zonas preparadas para la recepción y el cuidado de los animales. Vio a algunos estudiantes preparando a un mastín para una operación, y a otros tomando notas sobre la evolución de algunos de sus pacientes, pero ninguno pareció percatarse de su presencia.

La  gran sala de los reptiles estaba casi desierta, a excepción de un chico moreno, con gafas y bata blanca. Él le sonrió cuando la vio entrar y ella se paró un momento en seco.

-Eres miembro de la fraternidad, ¿no? Me pareció verte esta mañana entre la multitud.

-Así es, mi nombre es Timothy, soy el miembro Nu –miró el reloj de la pared. –Veo que tú y tu pareja vais muy adelantados y…

Ashton pegó un pequeño grito de entusiasmo, acercándose rápidamente a una de las jaulas de cristal.

-¡Una serpiente de coral casi adulta! –Miró hacia el cubículo de al lado y volvió a emitir un sonido de alegría.- Una víbora de foseta… Una vez se coló una de 75 centímetros en mi habitación… -dijo ensimismada.

-¿Q-Qué? –Preguntó Timothy incrédulo.

Estaba asombrado, normalmente las chicas evitaban aquella zona porque les daban asco los reptiles, pero a Ashton parecían encantarles. Estuvo mirando, con una sonrisa enorme, casi cada cubículo de la sala, hasta que pasados 10 minutos dijo en voz alta:

-Creo que veo la siguiente pista –señaló las cápsulas en una de las jaulas de cristal. –Y la ganadora es: Crotalus ruber –leyó en el cartel explicativo.

-Fue un paciente que vinieron a recoger esta mañana del zoológico –Timothy habló con alegría, no todos los días se encontraba con una chica que se emocionara por los reptiles como él. -Era bastante agresivo y cabrón, nos ha costado un par de meses curarle la herida que se había hecho porque siempre estaba escondido en su cueva y solo se dejaba ver cuando encontraba la oportunidad de atacar.

-Entonces, ¿la jaula está vacía ahora? –Preguntó ella.

-Sí, puedes entrar sin problemas.

Timothy abrió la puerta de cristal y Ashton entró agachándose un poco, con la mirada fija en la cápsula. De repente, con una velocidad y una agresividad envidiadas por cualquier depredador, la serpiente se abalanzó desde su escondite hacia ella con la boca abierta y los colmillos completamente afilados. Fue tan solo un segundo lo que duró el ataque, porque la chica la cogió por el cuello y la puso con fuerza contra la pared de la jaula.

-¡JODER! –Gritó Timothy.

-Siento haber entrado sin invitación –dijo ella acercando su cara a su belicoso contrincante. –Tienes unas escamas muy bonitas –dijo dulcemente mientras  le sonreía y acariciaba la cabeza del animal como si de una mascota se tratase.

-¡¿Qué estás haciendo?! –Chilló Timothy. -¡Sal de ahí!

-Shh… -le chistó ella sin siquiera mirarle. – A las serpientes no les gustan los sonidos estridentes, ¿a qué no, precioso? –El tono de su voz se volvió empalagosamente cursi, como estuviese hablándole a un bebé.

Con actitud calmada, recogió las cápsulas de la pistas, sin soltar al cada vez más enfadado reptil. Cuando estaba casi fuera de la jaula, soltó al animal y Timothy se apresuró a cerrar la puerta, justo a tiempo para ver como la cabeza de la serpiente chocaba contra ella en un intento infructuoso de volver a atacar a la chica.

Timothy jadeaba y estaba tan pálido como un cadáver. Apenas daba crédito a lo que había presenciado.

-¿Te encuentras bien? –Preguntó Ashton.

Él solo la miró, abrumado.

-Yo… lo siento, creí que… Creí que se la habían llevado esta mañana…

Ashton le indicó que se sentara en una silla, parecía que el chico iba a entrar en shock.

-Tranquilízate, no ha pasado nada.

-¡¿Qué no ha pasado nada?! ¡Una serpiente venenosa casi te muerde! ¡Podrías haber muerto por su veneno!

Ella se encogió de hombros. Abrió su mochila y sacó su otra botella de agua para entregársela a Timothy.

-Pero no me ha mordido –dijo calmada. –He cogido la otra cápsula también, por si quieres esconderla en otra jaula –expuso poniéndola encima de una mesa cercana.

El chico asintió, bebiendo agua hasta que templó sus nervios. Cuando el ritmo de su respiración se reguló, Ashton se preparó para ir en busca de Fudo.

-Espera –llamó él, -¿cómo… cómo has podido reaccionar tan rápido? La velocidad de tus reflejos ha sido increíble, si hubieses tardado solo una milésima de segundo más, ahora mismo estarías muerta…

Ella sonrió, se acercó a él y susurró en su oído, como si fuera un secreto que nadie más podía escuchar:

-Sé que ninguno me creísteis antes, pero me he entrenado con los SEALS desde que tenía 14 años.

Capítulo 5 por Kala1411

Se equivocó la paloma,

se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur,

creyó que el trigo era agua.

Creyó que el mar era cielo,

que la noche, mañana.”

 

-Es un poema de un escritor español, Rafael Alberti –dijo Fudo a las afueras del centro veterinario.

Ashton abrió su mapa y empezó a analizarlo. Se habían sentado en el césped, a la sombra del edificio, mientras comían algunas barritas energéticas.

-Veamos, nosotros estamos en la zona este del campus en este momento, el edificio de Ciencias de la Salud estaba en la parte oeste.

-¿Dónde estaba la mansión de la fraternidad? –Preguntó el chico.

-En la parte sudoeste del campus. Estamos casi en el centro del campus, hay casi 15 kilómetros tanto para el norte como para el sur. Creo que en esta parte deberíamos separarnos e ir cada uno a una dirección.

-Sí, ¿pero qué buscamos concretamente?

-No lo sé. A ver, analicemos detenidamente el poema. La paloma se equivocó y fue al sur, encontrando “agua”, “cielo” y “mañana”.

-¡La piscina olímpica del campus! –Exclamó Fudo.

Tras unos segundo meditando, Ashton entendió lo que su compañero quería decir.

-Bien, pues tú irás al sur, en busca de la piscina. Yo me dirigiré al norte e intentaré averiguar lo que significa la otra parte del acertijo.

-Pero con tanta distancia, los walkie talkies no funcionarán, ¿cómo sabremos quién ha encontrado la última pista?

Ella se paró a pensar un momento.

-Saca el reloj de pulsera que nos metieron en la mochila –indicó. -¿Cuánto crees que tardarás en llegar hasta el pabellón de la piscina?

-Son 15 kilómetros, así que unos… 40 minutos –respondió él avergonzado.

-Vale, yo puedo llegar al norte del campus en 15 minutos, lo que me dará tiempo para pensar en la otra parte del poema. Haremos lo siguiente: tú irás hacia el sur e intentarás encontrar la pista, si no la encuentras, dirígete hacia la mansión y espérame allí. Creo que podremos tardar una hora cada uno en nuestras respectivas zonas. El que encuentre la pista se irá directamente hacia el porche de la mansión y esperará allí al otro.

-De acuerdo –dijo Fudo.

 

 

Al ritmo al que estaba acostumbrada, Ashton se dirigió al norte, pensando en el poema. El “norte” estaba relacionado en el poema con las palabras “trigo”, “mar” y “noche”. En aquella zona del país no había una gran producción de trigo, sin embargo recordaba haber leído algo relacionado con ese cereal y la Universidad de Berkeley.

-Piensa, Ashton, piensa –se decía a sí misma.

En la parte norte del campus había cuatro edificios que marcaban el final del territorio universitario: las facultades de Ciencias Sociales, Medicina, Derecho y un pequeño centro de salud. Tuvo que pararse frente a ellos para intentar pensar con claridad.

-A ver, que sé sobre… el trigo y California… el trigo y California… el trigo y el mar… California y el mar… el trigo y la noche… -y de repente, se acordó.

Corrió hacia la facultad de Ciencias Sociales y la atravesó hasta llegar a un pequeño patio interior, y allí, rodeada de diversos árboles, encontró una placa conmemorativa.

Aquí se alza este monolito en memoria de todos los estudiantes caídos durante el incendio acaecido en la noche del 27 de mayo de 1890.

Requiestcat in Pace.”

 

Según había leído en un artículo cuando investigaba sobre aquella Universidad, y si no recordaba mal, esa noche se desató una tormenta eléctrica como nunca antes se había visto. Provocó muchos destrozos a lo largo y ancho de toda California, pero la peor parte se la llevó aquella zona, pues un relámpago tocó tierra en un campo de trigo y todo se volvió un infierno. Periódicos nacionales lo describieron como un mar de fuego y horror en el que sucumbieron las esperanzas de vida de muchos granjeros y sus familias. Pero hubo unos estudiantes y profesores de la antigua universidad que no dudaron en salir para intentar sofocar las llamas. Algunos de ellos perecieron y ni siquiera se les pudieron entregar sus restos a las familias para darles sepultura. Por ello, la Universidad decidió plantar aquellos árboles en su  memoria.

Ashton conocía esa sensación, la de ir a visitar a los muertos a tumbas vacías o a monolitos como aquel porque no se habían podido conseguir sus cuerpos. Respiró profundamente, sobrecogida por el significado de aquel lugar. Tras varios minutos, empezó a pasear por los árboles, inspeccionando sus ramas para localizar la pista. Hasta que se percató de unos ramos de flores colocados a los pies de un gran naranjo.

Las flores eran frescas, por lo que dedujo que no debían llevar allí mucho tiempo. Se agachó, apartó los ramos con cuidado y descubrió un gran cartel de madera con una frase tallada: “Mientras lees estas palabras, pregúntate por tu hermano”.

Ashton se levantó poco a poco, procesando esas palabras y lo que significaban.

Fudo estaba en peligro.

Capítulo 6 por Kala1411

Como si los demonios la llevasen, salió corriendo de aquel patio. Cuando estaba a punto de salir, se chocó con alguien y ambos cayeron al suelo.

-¡Ten más cuidado, imbécil! –Dijo exasperado Dennis.

Ella le miró y lo cogió por los hombros.

-¿Dónde está tu compañero? ¿Dónde está Gary?

-¿Por qué iba a decírtelo? Eres mi rival ahora mismo.

-Si Gary ha ido al sur del campus, a la piscina olímpica, igual que Fudo, ambos están en peligro.

-¿Qué coño estás diciendo?

Ya se habían puesto los dos de pie y Ashton estaba decidida a no perder ni un segundo más. Salió corriendo por la puerta del edificio, y cinco segundos después, Dennis estuvo a su lado. Al parecer, el chico le había hecho caso.

-Joder, sí que eres rápida –comentó él.

Ashton ni siquiera le contestó, estaba centrada en llegar hasta la piscina y ayudar a Fudo.

Veinte minutos después, se encontraban a las puertas del pabellón donde se localizaba la piscina. Subieron las escalinatas del edificio y abrieron las puertas, jadeantes, al tiempo que vieron desde el hall del pabellón como los demás miembros de la fraternidad rodeaban el extremo opuesto de la piscina. Ashton y Dennis se pararon en seco.

No había ni rastro de Gary ni de Fudo.

-Estas son vuestros certificados de aceptación en la fraternidad Alpha Omega –dijo Mark en voz alta mientras alzaba los documentos. –Empezarán a arder ahora mismo, y vosotros tenéis que decidir qué salvar primero, si vuestros respectivos certificados –acercó una cerilla encendida hasta que los papeles empezaron a arder y los soltó en un cuenco, -o a vuestros compañeros…

Señaló aquel extremo de la piscina y tanto Ashton como Dennis pudieron ver a sus parejas en el fondo de la piscina. Ella se apresuró a tirar su mochila y saltar al agua, él corrió hasta el cuenco para salvar el documento.

Fudo y Gary estaban atados de pies y manos, con pesas de gimnasio en los extremos de las cuerdas. El joven asiático parecía a punto de desvanecerse por la falta de oxígeno, así que Ashton se apresuró a desatar las cuerdas y sujetarlo por las axilas mientras buceaba hacia la superficie. Fudo reaccionó cuando sintió el contacto del aire en la cara y se supo a salvo. Un par de miembros de la fraternidad le ayudaron a salir de la piscina.

Ashton giró la cabeza, buscando a Gary.

-El otro aún sigue ahí abajo -dijo uno de los chicos que estaba ayudando a Fudo.

No se lo pensó y volvió a sumergirse. Después de las pruebas, la ardua carrera desde el otro extremo del campus, los nervios por la seguridad de su compañero y la inmersión para salvarle, a Ashton no le quedaba mucho oxígeno en sus pulmones. Empezaron a dolerle y su vista se tornó un poco borrosa, pero si no llegaba ella hasta el chico, cualquiera de los otros tardaría más en salvarle y esos segundos podían ser la diferencia entre un susto y una tragedia.

Le costó más tiempo deshacer los nudos de Gary, su mente no estaba tan clara en aquellos momentos, pero lo consiguió. Sujetó al joven por las axilas y buscó desesperadamente la superficie. Jadeó cuando su cabeza estuvo por encima del agua, pero Gary no reaccionó de la misma forma. Ni siquiera se inmutó.

Nadó lo más rápido que pudo hasta el borde de la piscina y varios miembros de la fraternidad sacaron a Gary.

-No reacciona –avisó ella mientras llegaba hasta la escalera más cercana.

Uno de los chicos de la hermandad empezó a hacerle la maniobra de respiración, y unos horribles segundos después, Gary empezó a escupir agua.

Ashton estaba empapada, se había quedado de rodillas cuando había conseguido salir de la piscina, recuperando fuerzas.

-Ten –alguien le ofreció una toalla y ella la aceptó de buen agrado.

Se tumbó sobre el frío suelo para calmar su agitado corazón y pudo ver al mismo chico de antes. Era rubio y parecía atractivo, le estaba sonriendo sin apartar sus ojos de ella.

-Gracias, por la toalla, por ayudarme con Fudo y por avisarme con Gary.

-El idiota de su compañero reaccionó de la manera imprevista, se suponía que debía tirarse al agua para salvarle, tal como has hecho tú –se agachó un poco para estar a su altura cuando ella se sentó. –Soy Kyle.

Ella sonrió ante su amabilidad.

-Soy Ashton –le ofreció su mano.

Él se la estrechó con una media sonrisa.

-Créeme, lo sé –la ayudó a ponerse de pie.-Has demostrado una gran lealtad hacia alguien que era un desconocido para ti, incluso por tus rivales, no muchos hacen eso.

Ella se encogió de hombros, quitándole importancia a sus palabras.

-Ashton –Fudo llegó hasta ella, -muchas gracias por salvarme. Podrías haber ido por el papel y haber asegurado tu sitio en la fraternidad, pero elegiste ayudarme.

-Por supuesto –dijo ella extrañada ante las palabras del chico. -Eres mi compañero y no iba a dejarte atrás.

Mark carraspeó para llamar la atención de todos. Los candidatos se situaron en una fila frente a él, quien no disimulaba su descontento por la evolución de los acontecimientos.

-Solo Dennis ha conseguido su documento de aceptación como miembro de la fraternidad –el susodicho ensanchó aún más su sonrisa de satisfacción. –Sin embargo, tu compañero casi muere ahogado. Has antepuesto tu beneficio personal al bienestar de Gary –declaró dirigiéndose específicamente a él. -¿Cómo has podido actuar de una forma tan egoísta?

-Se trataba de él o de mí –dijo a modo de explicación.

-Eres un cabrón –soltó Gary con las facciones deformadas por el enfado.

Se notaba que quería pelear con Dennis, pero se abstuvo para no empeorar más la situación.

-¿Cómo pretendes entrar en nuestra fraternidad tras haber actuado así? Ninguno de nosotros confiará nunca en ti –sentenció Mark.

-Tengo el documento que he salvado del fuego –dijo Dennis alzándolo.

-¡Ningún puto documento vale más que la vida de un compañero! –Estalló el Alpha. -¡Jamás entrarás en nuestra fraternidad!

Dennis no daba crédito a lo que escuchaba. Pasados unos segundos y sin dejar de mirar con un profundo odio a Mark, arrugó el papel en una pelota y se la tiró.

-¡Que os jodan a todos, gilipollas! –Gritó antes de irse.

A ninguno de los miembros le gustó aquella reacción, y era algo tácito que la situación con Dennis no quedaría ahí, sino que buscarían alguna forma de vengarse por esa falta de respeto hacia su presidente y hacia todos los miembros.

Mark se paró frente a Ashton y a Fudo.

-Me habéis impresionado –admitió. –Habéis superado las pruebas con habilidad, inteligencia y rapidez. Y aunque soy reacio a aceptar a una chica entre nuestras filas, creo que podemos hacer una única excepción con la señorita Jones si los demás miembros están de acuerdo.

El pabellón se inundó con el eco de los aplausos y vítores de los miembros. Ashton y Fudo se miraron con la boca abierta, y el chico no pudo evitar abrazarla por la emoción. Gary, cabizbajo y avergonzado, empezó a alejarse de la fila para salir de aquel lugar.

-Como los nuevos miembros de nuestra fraternidad, os concederemos el primer favor que pidáis –anunció con una actitud magnánima el presidente.

-Ashton, pide lo que tú quieras –dijo Fudo. –Tú has hecho mucho más que yo en estas pruebas y te lo mereces.

Ella sonriente, se decidió con suma facilidad.

-Quiero que se haga una excepción más el año que viene, y que Gary sea admitido como candidato de nuevo para entrar en la hermandad.

El aludido se paró en seco, con la mirada fija en la chica. Todos esperaban la respuesta del Alpha a esa petición.

-De acuerdo, el año que viene lo tendremos como un candidato si él también lo desea.

Gary asintió, con una leve sonrisa y actitud agradecida.

-Gracias, Alpha.

Se fue de forma disimulada mientras la fraternidad Alpha Omega le daba la bienvenida a sus nuevos miembros.

Capítulo 7 por Kala1411

El atardecer caía rápidamente sobre el campus mientras los miembros de Alpha Omega se dirigían a la mansión, entusiasmados por saber cómo iba a ser la convivencia con aquella extraña chica. Ashton estaba muy ilusionada con sus nuevos compañeros, siempre se había sentido más cómoda cuando estaba rodeada de gente, era como había vivido toda su vida.

-Oíd, ¿puedo haceros varias preguntas? –Inquirió Ashton.

Todos los miembros respondieron de forma afirmativa.

-¿De quién fue la maravillosa idea de llenar la vagina de la muñeca de silicona con semen? –Preguntó entre asqueada y divertida.

Todos empezaron a reírse.

-¡Fue idea mía! –Gritó un chico de piel morena corriendo para ponerse a su lado. –Hola, mi nombre es Jason, soy el miembro Delta y déjame decirte que el look mojado te sienta fenomenal pequeña.

-Perdónalo –dijo Matthew a sus espaldas. –Las camisetas mojadas son su fetiche personal, uno de tantos que tiene.

Ella se rio.

-Pero, ¿de quién era el semen?

-Querrás decir de quiénes –especificó Jason.

-¡Oh, Dios! ¡No! ¡Retiro la pregunta! ¡No quiero saberlo!

Las carcajadas del grupo resonaban por el campus, pero los demás estudiantes no se molestaban por el jaleo, estaban acostumbrados a ese tipo de comportamiento de aquella fraternidad.

-Vale, ¿y el nombre del centro veterinario? ¿Por qué se llama “El conejito de Lara”?

-Verás, ese centro se creó en 2001 gracias a nuestra fraternidad –empezó a explicar Adam, el miembro Upsilon.- Fue el mismo año en el que se estrenó la primera película de Lara Croft, ya sabes, la arqueóloga interpretada por Angelina Jolie –gimió de forma placentera cuando dijo el nombre. –Y nuestros antiguos hermanos centraron sus fantasías sexuales en ese personaje, así que en honor a todas las noches que fantasearon con su “conejito”, decidieron llamar así al centro.

Ashton hizo un sonido parecido a una arcada, pero no pudo evitar reírse.

-¡Oh, y por cierto! –Exclamó de repente Jason, recordando algo.- No estamos tan desesperados para utilizar muñecas de plástico como desahogo sexual. Para tu información, todos tenemos a muchas tías que nos suplican que nos acostemos con ellas.

Ella le miró de reojo.

-Ajam… ¿Y cómo sabes que hice ese comentario? Yo estaba sola en laboratorio y solo me estaba escuchando Fudo por el walkie.

El silencio se hizo presente, solo interrumpido por el tortazo que Matthew le pegó a Jason en la parte trasera del cuello.

-Teníamos que asegurarnos que no hacíais trampas o corríais peligro –explicó Kyle de forma calmada. –Andrew y Ray son los informáticos del grupo, hackearon las cámaras de seguridad del campus y la frecuencia de los walkie talkies.

-Mm… Entonces… ¿Todos visteis lo que pasó en la sala de reptiles?

-Sí –contestó Kyle suspirando.

-¿Qué ocurrió en la sala de reptiles? –Preguntó Fudo.

-Nada, solo que conseguí la pista –dijo Ashton sonriendo.

Nadie lo desmintió, si Fudo no lo había visto, era mejor que no lo supiera, al fin y al cabo hasta a ellos mismos les costó creer lo que vieron sus ojos.

 

 

Cuando entraron en la casa, Mark se paró frente a Ashton para hablar con ella.

-Escucha, Ashton, te dejaremos una habitación personal para ti sola, pero todos los baños de la casa son compartidos. No tienes que preocuparte por la higiene, todos limpiamos religiosamente las áreas comunes y los baños una vez por semana, y tras una fiesta contratamos a un servicio de limpieza. Pero debo advertirte sobre nuestras costumbres –expuso cruzando los brazos.

-Bien, ¿y cuáles son? –Preguntó ella imitándole.

-Muchos suelen pasearse desnudos, no se sienten acomplejados por sus cuerpos, y si eso te incomoda, tenemos un problema.

-Tranquilo, estoy acostumbrada a ver gente desnuda. Las duchas de la Academia Militar eran mixtas.

Mark se la quedó mirando, su cerebro se había quedado pillado, al igual que el de muchos a su alrededor, imaginándola en aquellas duchas. Pero tras unos segundos, volvió a la realidad.

-Vale, pues otra cosa: pasan chicas por aquí. Solemos traer a muchas y en ocasiones pasan la noche aquí. No te sorprendas ni las mires mal cuando las veas por la mañana.

-¿Por qué iba a mirarlas mal?

-Las tías os juzgáis mucho entre vosotras –respondió Jason.

-Yo no soy nadie para juzgar los actos de los demás, mucho menos para jugar a las chicas que disfrutan de su sexualidad.

-¿De dónde vienes? ¿Eres de Marte o algo así? –Preguntó Henry, el miembro Zeta.

-No, es como me han educado –dijo ella sonriendo. -¿Hay algo más?

Mark la miró serio durante unos segundos.

-Supongo que esas son las cosas más urgentes que debía decirte. Si creo, o alguno de los demás miembros cree necesario decirte algo más que debas saber para convivir con nosotros, se te hará saber. Y si en algún momento decides que todo esto te abruma y quieres irte, lo comprenderemos.

-Creo que podré sobrevivir –dijo ella riendo.

Capítulo 8 por Kala1411

 

Tras darse una ducha relajante y ponerse un cómodo pijama, Ashton empezó a ordenar su nueva habitación. El tamaño era similar a la que tenía en su casa, el colchón era cómodo y las vistas eran geniales, podía dormir viendo las luces de la ciudad si quería. Estiró los músculos y se dispuso a bajar para cenar algo.

La mayoría de los chicos se habían puesto sus pijamas y empezaron a abrir las cajas de las veinte pizzas que habían pedido. El olor hizo que su estómago rugiera, llamando la atención de todos en el comedor.

-Guau, parecía un león en vez de tu estómago –bromeó Timothy.

La camaradería se respiraba en el ambiente, todos reían y charlaban de cosas triviales.

-¿Qué bebida tomarás? –Le preguntó Jason mientras ella cogía el primer trozo de pizza.

-Agua.

-¿Estás de coña? Aquí solo utilizamos el agua para ducharnos y limpiar –dijo Victor, el miembro Chi.

-Soy menor de edad.

-Aquí ya consideramos los 18 como la mayoría de edad, nena.

-Sí, pero yo tengo 17 –respondió riéndose ante sus expresiones. –Cumpliré 18 en diciembre.

Estaba descubriendo que era muy fácil reírse con sus nuevos compañeros. Tras varios trozos de pizza y presentaciones del resto de miembros de la fraternidad que aún no había tenido la oportunidad de conocer, Matthew la invitó a sentarse en un cómodo sillón.

 -Ashton, ya escuchaste las condiciones de Mark para convivir con nosotros, pero dinos, ¿hay algo que debamos saber de ti? ¿Alguna manía o rareza?

Ella pensó durante unos instantes.

-Supongo que debo advertiros sobre mis periodos. Veréis, cuando estoy en esos días del mes suelo volverme un poco loca y me comporto más rara que de costumbre, así que no me lo tengáis en cuenta. Lo peor solo me dura un par de días.

Todos los presentes empezaron a reírse, pues ya sabían de esos síntomas en las chicas cuando tenían la menstruación y creían que con ella sería igual…

Solo era cuestión de tiempo que descubrieran lo equivocados que estaban.

 

 

Sus clases eran muy interesantes: Biología, Matemáticas, Psicología, Filosofía… Aún no tenía muy claro que carrera quería estudiar, pero no tenía prisa en averiguarlo. Paul y John le aconsejaron que disfrutara de su primer semestre y fuese acostumbrándose al nivel de exigencia de la Universidad.

Había sido la más madrugadora de la mansión, y por lo que vio en la cafetería, también del campus. Miraba todo el lugar con una mezcla de entusiasmo e impaciencia. Estaba deseosa de empezar las clases y conocer a más gente. Primero tenía Matemáticas, en un edificio cercano a la cafetería, por lo que paseo tranquilamente con su café hasta llegar al edificio de ladrillos rojos.

Buscó su aula y entró en ella, pero no había nadie. Miró su reloj de pulsera, extrañada, pues solo quedaban 5 minutos para que llegase la profesora y no había entrado ningún estudiante aparte de ella.

A las 8 en punto, una mujer mayor y con cierto aire de sofisticación, entró en el aula. Andaba completamente recta, con la cara en alto y sujetando con firmeza su maletín. Su porte era sereno, su pelo tenía algunas betas blancas y estaba recogido en un apretado moño. Llegó hasta el escritorio y empezó a sacar sus cosas, aun sin percatarse de la presencia de Ashton.

-Bueno, a modo de broma –empezó a decir abriendo una revista,- me comprometo a subir un punto en el examen final a todos los alumnos que se encuentren aquí ahora.

Soltó una risita petulante, creyéndose aún sola.

-Entonces, ¿ya tengo un punto en su materia? –Preguntó Ashton sonriente.

La mujer levantó la cabeza de golpe y la vio.

-¿Qu-Quién es usted?

-Mi nombre es Ashton Jones, encantada.

La mujer abrió la boca brevemente.

-¿Cómo dice? –Su expresión incrédula divirtió a la chica.- ¿Usted es… Ashton Jones?

Ella asintió y la profesora empezó a buscar desesperadamente en su archivador, hasta que encontró con su historial académico.

-¿Usted es el alumno que viene de una Academia Militar?

-Así es, pero soy una alumna –dijo ella riéndose.

La mujer parecía no poder salir de su asombro, y solo la observó boquiabierta durante un minuto sin saber qué decir.

-Comprendo su confusión, no es la primera vez que me pasa.

La profesora carraspeó y se levantó de su asiento para acercarse a Ashton y observarla más de cerca.

-Soy la Profesora Rita Smith, encantada de conocerla –se paró a un metro de la mesa donde se había sentado ella. –Realmente me ha sorprendido encontrar aquí a una estudiante, por todos es sabido que el primer día de una asignatura no se hace nada.

-¡Oh! Yo… no sabía eso…

-Bueno, no te preocupes. En realidad, tenía curiosidad por conocer al alumno que procedía de la Academia Militar… -la mujer la miró por encima de sus gafas sonriéndole. –Es decir, a la alumna… Quería saber qué nivel tenías en la madre de las ciencias, las Matemáticas. ¿Has estudiado Geometría o Álgebra Básica?

-Sí, y Álgebra Lineal también, es mi parte favorita además de la Probabilidad y la Estadística… La Geometría no me atrae tanto, sin embargo.

La mujer se tapó la boca con las manos, sus ojos se llenaron de lágrimas.

-¿Se encuentra bien, Profesora Smith? –Ashton se levantó de su asiento preocupada.

La mujer le quitó importancia agitando su mano.

-Disculpa, es la emoción. Nunca había tenido una alumna de primero que mostrase tanto entusiasmo por las Matemáticas. Tranquila, se me pasará –la mujer se sentó a su lado en el pupitre. –Háblame de ti, quiero conocerte mejor.

Capítulo 9 y Capítulo 10 por Kala1411
Notas de autor:

Subiré en un mismo post los capítulos 9 y 10 hoy, puesto que no sé si mañana tendré ocasión de conectarme.

 

Capítulo 9

 

 

Tras asistir a todas las clases que tenía ese día y sorprender, no solo a la Señora Smith, sino a todos los profesores, Ashton fue al comedor de la parte sur del campus. Divisó a casi todos los miembros de la fraternidad en una gran mesa y fue a sentarse con ellos cuando pagó su comida.

-¿Dónde has estado toda la mañana? –Preguntó Matthew.

-He ido a las clases –respondió ella como si fuera algo obvio.

Jason bufó.

-Nadie va a clases el primer día, creí que lo sabías. Seguramente te habrás aburrido un montón.

-¡Qué va! Me lo he pasado muy bien, he conocido a casi todos mis profesores y he hablado con ellos de cosas muy interesantes.

Los chicos la miraron extrañados, pero ella los ignoró y empezó a comer su primer plato. Fue entonces cuando todos se dieron cuenta de la ingente cantidad de macarrones que había en el plato de Ashton.

-¿Serás capaz de comerte todo eso? –Preguntó Frank. –Es lo mismo que como yo, y estoy en el equipo de Futbol Americano.

Ella asintió mientras masticaba.

-Comer es una de mis pasiones –dijo entre bocado y bocado.

-Disculpa nuestro escepticismo, pero no conocemos a muchas chicas que sean capaz de acabarse tanta comida –dijo Matthew.

Victor le dio un codazo disimulado a Jason.

-Bueno, y para futuras referencias, ¿qué te gusta comer? –Preguntó.

Todos los de la mesa entendieron el doble sentido de la pregunta, pero Ashton no.

-De todo.

-Ajam… Y si te pidiera que me dijeras tu fruta favorita, sería…

Ella estuvo un momento pensando.

-Supongo que el plátano.

Empezaron a reírse como adolescentes en celo, y ella los miró con una ceja levantada, sin entender la broma, mientras cambiaba su plato vacío por el lleno y no se demoraba en empezarlo.

-Y en el caso de ser una verdura… ¿Cuál elegirías? –Fue el turno de Frank.

Ashton lo pensó por unos momentos, pero cuando iba a contestar, tres chicas se pararon al lado de la mesa donde estaba.

-Perdona, ¿quién eres y por qué estas sentada en la mesa de la fraternidad Alpha Omega?

Le preguntó directamente una rubia de ojos claros y cuerpo de modelo, pero con cara de pocos amigos.

-Mm… Soy miembro de la fraternidad –respondió Ashton.

Las tres bufaron con desprecio.

-Es cierto, Daisy –intervino Mark. –Ayer pasó las pruebas y mañana por la noche se hará oficial su ingreso.

-¡¿Qué?! ¿Has perdido el juicio? Es una chica, no puede entrar en vuestra fraternidad.

-Ellos me enviaron una carta –expuso Ashton sin dejar de comer.

-Me da igual –la rubia la miró con ira. –No puedes pertenecer a una fraternidad de chicos.

-Bueno, aunque puede llegar a comprenderse la confusión Daisy –habló una de sus amigas. –Mira cómo va vestida, parece un chico.

Daisy la observó detenidamente y soltó una leve risita.

-Es un marimacho –dijo la tercera chica.

Las agudas carcajadas y los comentarios despectivos no molestaron a Ashton, ella siguió comiendo tranquilamente, centrando su atención en su delicioso plato.

-Daisy, basta –ordenó Kyle.

-¿Por qué? Solo estamos hablando con ella… perdón, él…

Más carcajadas. Esta vez, otros estudiantes empezaron a prestar atención a lo que sucedía en la mesa de la fraternidad y se percataron de la presencia de Ashton.

-Daisy, será mejor que te vayas ahora –dijo educadamente Mark.

-¿Por qué, cariño? Hasta hace unos meses te agradaba mi cercanía… -el comentario no pasó desapercibido para ninguno.

Ashton levantó la cabeza levemente al percatarse del cambio en el ambiente entre sus compañeros. No sabía lo que pasaba, y realmente no había escuchado lo que aquella chica había dicho para crear esa atmósfera de incomodidad, pero supo que era mejor preguntárselo en privado a algún miembro.

Se dio cuenta que faltaba el postre en su bandeja, así que se levantó para ir a buscarlo.

-¿Dónde te crees que vas? –Inquirió la chica rubia. –Estamos hablando contigo.

Ella la miró sorprendida.

-Oh… ¿Estabais hablando conmigo todo el tiempo? Es que no os estaba haciendo caso –dijo encogiéndose de hombros.

-¿Cómo dices? Serás…

-Disculpa –cortó Ashton, -quiero ir a buscar mi postre. Si pudieras esperar un minuto, podríamos seguir con la charla y así me explicas qué me has dicho antes.

Se dio media vuelta y anduvo a paso ligero hasta la cantina, temerosa de no encontrar ningún postre. Los miembros de la fraternidad soltaron algunas risitas ante la actitud tan tranquila de su nueva compañera, pero Daisy y sus amigas estaban indignadas, casi se podía ver el humo saliendo de su cabeza.

Miró a Mark y a Kyle para decirles algo, pero al ver que ellos también se estaban riendo, simplemente se fue seguida de las otras dos.

-Deberíamos avisar a Ashton – avisó Scott, el miembro Eta y alumno de último año. –Daisy puede llegar a ser muy peligrosa si se lo propone.

 

 

Capítulo 10

 

 

-Así que mañana me convertiré oficialmente en miembro de la fraternidad, ¿no?

Estaban preparando la gran mesa de comedor para la cena. Al parecer, Lewis, Bob y Peter eran los que mejor se manejaban entre fogones, pero rara vez preparaban tanta comida por la cantidad de personas que eran. Sin embargo, todos creyeron conveniente estar reunidos esa noche para contarles a Ashton y a Fudo lo que ocurriría al día siguiente, en la ceremonia de ingreso a la fraternidad.

-Exacto –contestó Matthew. –Pero hay un ritual para que se haga oficial, y queremos explicártelo. No sabemos si estarás de acuerdo con el procedimiento que seguimos.

Una vez colocados todos los cubiertos, las fuentes de comida empezaron a salir de la cocina y se repartieron por toda la mesa. Los nuevos miembros debían sentarse a la izquierda del Presidente y frente a los tres miembros más importantes del Consejo: Kyle, Matthew y Jason.

Todos los miembros se sentaron y comenzaron a llenar sus platos mientras Mark iniciaba su explicación.

-El ritual de iniciación se lleva a cabo en colaboración con la otra gran hermandad del campus, la Hermandad Femenina Delta. Los miembros de la fraternidad –dijo señalando a todos los presentes, - iremos con un disfraz de griego negro, la única diferencia con ustedes será que llevaréis cintas rojas atadas al cuello. Las chicas que ingresan este año en la Hermandad Delta llevarán túnicas de color rosa. El ritual se celebrará aquí, en el patio trasero, porque hay más espacio. Empezará la Presidenta de la Hermandad femenina, dirá el nombre de la primera chica y ella será guiada a una plataforma. La chica podrá decir el nombre por el que  se identificará durante su estancia en la Hermandad. Para sellar de forma oficial su estatus como nueva integrante, se le vendarán los ojos y esperará a que unos de los miembros de nuestra fraternidad se suba a la plataforma y la bese.

-¿Ella elige al chico? –Preguntó Ashton.

-No, lo elegimos nosotros.

-¿Por qué?

-Porque si no habría miembros que nunca serían elegidos, como Bob o Lewis –respondió con sorna Jason.

Los aludidos hicieron sonidos indignados, pero los demás rieron.

-O como yo –musitó Fudo, tan bajo que Ashton creyó que había imaginado el comentario.

-El procedimiento es el mismo para los miembros de nuestra fraternidad –continuó Mark. -Elegís la letra que os representará, os vendamos los ojos, una chica os besará durante unos segundos y todo habrá acabado. El resto de la noche será una fiesta de los dos grupos, pero seguramente se sumen más personas pasada la medianoche.

-Entiendo… -comentó Ashton.

-Queríamos hablarlo contigo para saber qué quieres hacer –expuso Kyle mirándola. –Eres la primera chica en nuestra fraternidad, y comprendemos que puedas sentirte incómoda si tuvieses que besar a otra chica.

-No me incomoda tener que besar a otra chica –dijo ella con naturalidad.

La gran sala se quedó en silencio, todos los chicos la miraban fijamente.

-¿Eres homosexual? –Se atrevió a preguntar Matthew.

-No lo sé.

-¿Cómo que no lo sabes? –Inquirió Jason. –Esas cosas se saben desde los 13 años.

-Bueno, no puedo saber si me gusta algo que no he probado todavía –dijo ella en tono defensivo. –Tú has besado a muchas chicas seguramente y sabes que te gustan, pero respóndeme: ¿has besado a algún chico?

-¡Claro que no! No me gustan los tíos.

-¿Y cómo puedes estar tan seguro si nunca has besado a uno? –Interrogó ella.

Jason abrió la boca para replicarle, pero no supo encontrar una respuesta sensata, así que solo le salió decir:

-¡Pues porque lo sé, joder!

Ashton no pudo evitar reírse ante su expresión de desconcierto.

-Mirad, os agradezco vuestra amabilidad, pero iba en serio cuando dije que no quería ningún tipo de favoritismos solo por ser una chica.

-Entonces… ¿Quieres que tu ritual se complete con… una chica? –Preguntó Adam para asegurarse de no haber entendido mal. –Porque a ninguno de los presentes nos importaría sacrificarnos para ayudarte a completar tu ingreso.

-Os lo agradezco, pero en serio, quiero que sea como es la costumbre –dijo ella complacida.

Capítulo 11 y Capítulo 12 por Kala1411
Notas de autor:

Por los mismos motivos que el otro día, subiré en un mismo post los capítulos 11 y 12. 

Espero disculpéis las molestias. 

Capítulo 11

 

 

El sábado por la mañana, Ashton salió a correr temprano. Estuvo una hora recorriendo la parte de la ciudad más cercana al campus y descubrió algunas tiendas muy interesantes. Se sintió feliz solo de poder hacer eso, correr hasta la extenuación y volver al campus dando un tranquilo paseo, mirando todo lo que la ciudad podía ofrecerle mientras escuchaba música por sus cascos.

Entró en la casa silbando y se dirigió hacia su habitación en el pasillo izquierdo de la segunda planta. El baño que le correspondía estaba cerca de su cuarto, y la puerta se abrió en ese momento, saliendo Kyle con solo una toalla a la cintura y algunas gotitas resbalando por sus pectorales.

-Buenos días –saludó ella.

-Buenos días –dijo sonriendo.

Ashton entró en su habitación para coger su neceser y lo que iba a necesitar para darse una ducha rápida.

-¿Así que iba en serio eso de no importarte si nos ves desnudos? –Preguntó Kyle desde la puerta.

-Sí –respondió ella riéndose. -¿Por qué os resulta tan extraño?

-Supongo que porque estamos acostumbrados a que se nos echen encima cuando nos ven con tan poca ropa.

Ella se acercó a la puerta para dirigirse al baño, quedando muy cerca de él.

-¿Eso no se consideraría acoso? –Inquirió ella con el ceño fruncido.

Él cruzó los brazos y se quedó pensativo durante unos segundos.

-Supongo que sí, pero le hace mucho bien a nuestro ego masculino… Sin embargo, tu indiferencia hacia mi musculado torso hace que mi ego se desinfle como un globo –bromeó.

Ella se rio y cerró la puerta de la ducha. Kyle se dirigió a su respectivo cuarto, pensando en lo bien que olía el sudor de su nueva compañera.

 

 

Ashton tardó alrededor de 10 minutos en el baño, no se demoraba mucho tiempo porque no sabía maquillarse ni tenía ningún tipo de ceremonia que implicase productos como cremas. Abrió la puerta llevando sus pertenencias y se encontró de frente con Jason completamente desnudo y bostezando cual león en la sabana africana.

-Buenos días, Jason –saludó ella alegremente.

-Bu-Buenos… -él rápidamente se tapó la entrepierna con ambas manos –…días… Ashton…

El chico se apresuró a entrar en el baño y cerró la puerta.

 

 

Ashton ordenó un poco su cuarto antes de bajar a desayunar. La cocina de aquella mansión le había impresionado cuando llegó, pues no esperaba que fuese tan grande. Los tonos beige y verdes alegraban la estancia y parecían guardar los rayos de sol que entraban por las ventanas durante más tiempo. Todo era tamaño industrial dada la cantidad de personas que vivían allí, incluso la mesa que ocupaba la parte central de la cocina medía alrededor de 10 metros según sus cálculos.

Algunos de los miembros estaban despiertos y se preparaban sus respectivos desayunos. A Ashton no le sorprendió contar hasta 4 cafeteras de las mejores marcas. Saludó, con un derroche de vitalidad, a sus compañeros y empezó a preparar sus tostadas, un plato de beicon y huevos revueltos, todo ello acompañado de un zumo de naranja y un café.

No fue hasta que se sentó en la mesa, con su desayuno al completo, que se percató de las miradas de los demás.

-Lo siento –dijo  Bob, el miembro Lambda, -creo que nos costará acostumbrarnos a ver todo lo que comes.

Ella rio mientras empezaba a devorar, literalmente, el beicon. Poco a poco, los demás miembros empezaron a entrar en la cocina, algunos con más sueño que otros. Hablaban animadamente de cosas banales: clases, comida, deportes… Y por supuesto sexo, ese siempre era el tema central en aquella casa.

Ashton ya había terminado con sus platos y el zumo, así que se echó para atrás para disfrutar de su café mientras observaba la atmósfera animada que había en la cocina. Eso le recordó que debía preguntarle a alguien, seguramente a Matthew, Adam o Jason, acerca de lo que pasó el día anterior durante el almuerzo, cuando llegó aquella chica rubia. No se había olvidado de la mala sensación que la embargó.

-Está bien, señorita –Jason se sentó frente a ella con un enorme bol de cereales. –Llevas ventaja y eso no es justo.

-¿De qué hablas?

-Me has visto como mi santa madre me trajo a este mundo, y seguramente veas a muchos más de nosotros de la misma forma en los próximos días –el chico se cruzó de brazos para dar más énfasis a sus palabras, -por lo que creo que lo justo sería que nosotros te viésemos a ti igual.

-¿Te refieres a… verme desnuda?

-¡Exacto! –Exclamó él señalándola con su cuchara.

-Ya… Tienes razón en lo que dices… Pero no pasará –respondió ella con una sonrisa dulce.

Se levantó con su taza de café y la metió en el lavavajillas.

-¿Por qué no? –Preguntó el chico indignado.

Ashton se cruzó de brazos y le miró.

-Jason, ¿has visto las películas del Señor de los Anillos? –El chico asintió mientras se llevaba una cucharada de cereales a la boca. – ¿Recuerdas la Batalla del Abismo de Helm? –Él volvió a asentir. –Pues yo tendría que actuar como Aragorn si empiezo a pasearme por aquí desnuda.

Las carcajadas resonaron por toda la casa.

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 12

 

 

Los preparativos para la fiesta abrumaron a Ashton, pues nunca había asistido a una fiesta temática. El gran patio trasero la impresionó sobremanera, pues era así como imaginaba que sería el lugar de sus vacaciones soñadas. La piscina era grande y tenía forma de riñón, además de un jacuzzi que descubrió escondido entre unos grandes setos. Podía imaginar para que lo utilizaban los chicos, pero prefería no llevar a su cerebro en aquella dirección.

Faltaban 4 horas para que se iniciase el ritual, y aunque ella había pasado por cosas peores, estaba un poco nerviosa. Se acercó a Matthew, que estaba sentado en la terraza con Frank y Adam.

-Chicos, ¿puedo haceros unas preguntas?

-¡Claro! Lo que sea por la pequeña de la casa –dijo Adam alegre.

-Cuando pase el ritual, ¿podré saber quién me ha besado?

-Si quieres saberlo, te lo diremos –respondió Matthew. –Normalmente, no hace falta que revelemos la identidad de la chica en cuestión, pues son ellas las que nos vienen a buscar tras el ritual. Pero seguramente, en tu caso sea distinto.

-¿Buscaros después? ¿Para qué? –Preguntó ella de forma inocente.

El joven la miró por unos segundos sorprendido por la pregunta, giró la cabeza buscando ayuda de sus amigos, pues se había quedado sin habla por unos segundos.

-Para follar –dijo Adam como si fuera algo obvio.

Ella formó una “O” con la boca, comprendiendo por fin.

-Vale, bien… Y, mm… Otra cosa más… -se acercó más a ellos, como si fuese confidencial lo que iba a  preguntarles. -¿Podéis contarme lo que ocurrió con la chica rubia? No recuerdo su nombre pero me di cuenta de cómo todos cambiasteis cuando ayer llegó a la mesa del comedor… ¿Tiene algún problema con alguno de vosotros?

Los tres chicos intercambiaron miradas nerviosas y preocupadas.

-Es algo complejo –empezó a decir Frank. –Todo empezó el año pasado. La mitad de nosotros somos de segundo año ahora, pero el año pasado empezamos como tú, con las pruebas y el ritual. Había muy buena relación entre todos desde el primer día, éramos un grupo muy dispar pero unido. Incluso Mark, un alumno de primer año, demostró tener la capacidad necesaria para ser Alpha, algo que ha pasado solo una vez más en toda la historia de la fraternidad.

Frank suspiró y se quedó ensimismado mirando un punto en la lejanía.

-A los pocos meses de comenzar el curso –siguió contando Matthew,- Mark anunció que tenía novia: Daisy, la chica rubia de ayer. Pero al parecer no era el único. La chica estaba jugando a dos bandas con él y con Kyle, los tenía completamente manipulados. Cuando Kyle dijo que Daisy también estaba con él, se desató la guerra.

-¿Pelearon? –Preguntó Ashton cada vez más preocupada.

-Sí, la mano de Daisy casi destruye la fraternidad –continuó Adam. –Durante unos meses, todo fue un completo caos de mierda. Parecía que, o estabas de parte de uno, o estabas con el otro. No fue hasta después de las vacaciones de primavera que Mark y Kyle se dieron cuenta de lo que estaban provocando y decidieron dejar a un lado sus pollas. Kyle se alejó por completo de Daisy, pero Mark aún sigue cayendo en sus redes de vez en cuando, al fin y al cabo, ella es la presidenta de la Hermandad Delta.

-¡¿Qué ella qué?! –Gritó Ashton sin poder evitarlo.

Se tapó la boca con las manos, mirando a su alrededor para comprobar que nadie la había escuchado.

-Entonces… hoy tendremos una fiesta divertida, ¿no? –Inquirió de forma sarcástica.

-Sí… -se lamentaron los tres a la vez.

 

 

 

Mark llegó con un humor de perros al gran salón y tiró su chaqueta de mala manera sobre un sillón.

-¿Qué pasa? –Preguntó  Jason sin despegar los ojos del videojuego.

-Estoy hasta los cojones de Daisy y su jodida hermandad… -dijo él entre dientes.

Jason pausó el juego y, tanto él como los otros miembros de la estancia se acercaron para saber qué exigencia tenía ahora Daisy. Mark se pellizcó el puente de la nariz, sabiendo en el fondo que todo aquello era culpa suya, pero que nadie le diría nada.

-Daisy dice que no elegirá a ninguna de sus chicas para completar el ritual de Fudo y Ashton. Dice que el chico no es lo suficientemente guapo y no quiere hacerle pasar por ese trago a una de sus compañeras.

-¿Y qué dice de Ashton? –Fue Kyle quien hizo la pregunta.

-Que ninguna de ellas es lesbiana –Mark se sentó en el sillón donde estaba su chaqueta, pareciendo cansado. –Dice que simplemente subamos a los nuevos miembros a la plataforma, con los ojos vendados, y que quien quiera, selle el ritual.

Todos se quedaron callados, pensativos. Sentían impotencia por la actitud de Daisy, pero no podían hacer nada al respecto, no podían obligar a ninguna chica a besar a ningún miembro de su fraternidad. Y sin esa parte, tanto las pruebas como el ritual de iniciación se considerarían nulos.

 

 

 

A las 10 de la noche, los dos grupos se reunieron en el patio. Las chicas de la Hermandad Delta vestían ropas muy provocativas y sugerentes, tal como habían hecho los años anteriores. Todas miraban con petulancia y altivez a Ashton, pero ella las ignoraba, pues solo le preocupaba Daisy.

Varias antorchas iluminaban todo el patio, pero sin llegar a crear un ambiente sofocante en aquel septiembre inusualmente caluroso. Los miembros de la fraternidad solo llevaban la parte de debajo del disfraz de griego, dejando su torso descubierto. Ashton, por su parte, sí se había agenciado una prenda negra que no desentonase mucho con el disfraz que llevaban los demás. Jason, Adam, Victor y Frank le insistieron para que les imitara y no llevara nada en la parte de arriba, pero ella solo se rio, sin llegar a tomárselo en serio. No obstante, la prenda que había elegido le dejaba todo el vientre al aire libre, realzando el tamaño de sus pechos.

Kyle se quedó impresionado con la apariencia tan inocente y exótica que tenía sin siquiera pretenderlo. Se había dejado el pelo suelto, y sus ojos tenían un extraño color por la luz que emitía el fuego de las antorchas. Se acercó a ella, intentando disimular su preocupación por lo que Daisy pretendía hacer esa noche, y le preguntó:

-¿Estás nerviosa?

-La verdad es que sí, nunca había llevado un disfraz –dijo mirando su extraño atuendo.

Kyle no pudo evitar sonreír, aunque con cierto pesar. Mark, por su parte, no había cambiado el semblante desde la tarde a pesar de quedarse embobado viendo a su nueva compañera. Se notaba la tensión de sus músculos cuando anduvo hacia la plataforma para encontrarse con Daisy allí. La rubia, muy sonriente al saberse tan poderosa, carraspeó para acallar las conversaciones y llamar la atención de los presentes.

-Buenas noches a todos. Esta noche tendrá lugar el ritual de iniciación, pero será diferente al de los años anteriores. Esta vez, ningún miembro ha sido elegido de la fraternidad ni de la hermandad para sellar el ritual, sino que dejaremos esa parte a la libre elección de las chicas y chicos que ya son miembros oficiales –Daisy miró, sin disimulo a Ashton, con una satisfactoria maldad brillando en sus azules ojos. –Es decir, los nuevos miembros se subirán a la plataforma y esperarán con los ojos vendados a que otra persona le bese. Si pasado un minuto, nadie sella el ritual, esa persona no podrá pertenecer a la Fraternidad Alpha Omega o a la Hermandad Delta.

Los murmullos de nerviosismo procedentes de las chicas de la hermandad pusieron a Fudo más nervioso de lo que estaba.

-No me gusta esto… -le susurró a Ashton. –Ninguna chica querrá besarme…

-No te preocupes, eso aún no lo sabes –le dijo ella en el mismo tono.

Los chicos a su alrededor escuchaban sus palabras a pesar de la baja intensidad de su volumen. No se atrevían a contarles nada, pues aun mantenían una mínima esperanza, pero la situación no era la mejor.

-Bien –dijo Daisy alzando la voz de nuevo, –que este año empiecen los miembros de la Fraternidad Alpha Omega. Por favor, que se adelante el candidato más mayor.

Fudo tragó duro y empezó a andar con paso inestable hasta la plataforma, parándose antes de subirla.

-S-Soy Fudo Hayashi, y quiero ser el miembro Kappa.

Mark se puso detrás de él y le vendó los ojos. El joven subió a la plataforma, respiró hondo para intentar tranquilizarse y se mantuvo recto, esperando.

Pero los segundos pasaban y ninguna de las otras chicas hacía el amago por acercarse a la plataforma. Ashton miró de reojo a Daisy y a Mark, ella tenía una cara de absoluta satisfacción, mientras que su compañero mantenía mirada en el suelo, con las facciones deformadas por el enfado y los puños apretados.

-Ninguna chica va a sellar el ritual, ¿verdad? –Preguntó en un susurro a quienes estaban a su alrededor.

Nadie contestó, pero ella sintió la misma atmósfera extraña y apesadumbrada que el día anterior, cuando Daisy se acercó a su mesa en el comedor. Empezaba a darse cuenta de lo que pretendía, pero Ashton no estaba dispuesta a permitirlo.

Comenzó a andar a la plataforma sin mirar a nadie, la rodeó y se subió. Sabía que todos estarían observándola, pero le daba igual. Puso sus manos de forma delicada en la cara de Fudo, quien se asustó un poco al sentir su tacto, pero se mantuvo firme. Cerró los ojos, acercó sus labios a los del chico y le besó.

No fue un beso apasionado, ni siquiera pretendía ser excitante. Fue dulce, inocente y honesto. Apenas duró unos segundos, pero fueron suficientes. Ashton se separó del chico poco a poco, se bajó de la plataforma y fue directa para Daisy y Mark.

-Dijiste que los nuevos miembros debían esperar a que otra persona los besase para sellar el ritual –le susurró directamente a la chica rubia, -pero no especificaste que esa persona fuese de tu hermandad o que tuviese que ser un miembro más antiguo.

Ni siquiera esperó a que Daisy le contestase, solo se giró y se fue para reunirse con sus compañeros, quienes la esperaban con expresiones que iban desde la incredulidad hasta la fascinación.

-Eres la puta ama –le murmuró Jason.

Daisy se giró a Mark, con las facciones deformadas por la ira.

-Eso no ha valido, Mark, y lo sabes –dijo ella.

-Ashton tiene razón, así que deja de comportarte como una hija de puta –dijo sonriendo con cierta fascinación. -Fudo, ya puedes quitarte la venda –anunció en voz alta, viendo el perfil sonriente del chico. –Bienvenido a la Fraternidad Alpha Omega, miembro Kappa.

El chico se bajó de la plataforma con la sonrisa más grande y boba que jamás había visto Ashton, y supo que nunca se arrepentiría de lo que había hecho por su compañero. Fue recibido con aplausos y vítores por los demás, pero él parecía estar en una nube.

-El siguiente candidato –dijo con voz gélida Daisy.

Con actitud tranquila, Ashton imitó a su compañero y se acercó a la plataforma.

-Soy Ashton Jones, y quiero ser el miembro Omega.

Mark se acercó a ella y le vendó los ojos. Ella subió a la plataforma, respiró hondo y esperó. Sabía que Daisy no dejaría pasar lo que ella había hecho por Fudo, pero le daba igual, no temía enfrentarse a la rubia. Habían pasado alrededor de 10 segundos desde que estaba allí subida, creyendo saber que su ritual no sería completado a modo de venganza por parte de Daisy, cuando unas manos firmes sujetaron su rostro con suavidad y unos labios tersos se pegaron a los suyos.

Quien quiera que fuese, besaba increíblemente bien. Al contrario del que ella le había dado momentos antes a Fudo, aquel beso era fuerte, como si esa persona estuviera reprimiendo su pasión con dificultad.

Unos segundos después, el beso terminó. Ella aspiró profundamente, intentando calmar las sensaciones que se arremolinaban en su estómago.

-Ashton, ya puedes quitarte la venda –anunció Mark. –Bienvenida a nuestra Fraternidad, miembro Omega.

Capítulo 13 por Kala1411

Sus compañeros la recibieron efusivamente, al igual que habían hecho con Fudo. La zona de la Hermandad Delta estaba en un completo silencio, muchas la miraban con animadversión y otras con asombro. Daisy anunció el momento en el que las candidatas de la hermandad comenzarían su parte de la ceremonia. Una chica bajita se acercó a la plataforma, se presentó con el nombre de Victoria Simons y esperó a que su presidenta le vendase los ojos para subirse a la plataforma. Ashton miró, curiosa, por ver cuál de sus compañeros saldría para sellar el ritual de la chica, pero ninguno se adelantaba.

El minuto transcurría y la joven, encima de la plataforma, se ponía cada vez más nerviosa. La rubia le estaba diciendo algo a Mark en susurros y con una expresión colérica, pero el Alpha solo se cruzó de brazos, dando a entender que respetaba la decisión de los demás miembros de su fraternidad.

-¿Qué os pasa? –Le preguntó a Kyle en un susurro.

-Nosotros también sabemos comportarnos como unos hijos de puta. Daisy nos ha echado un pulso y vamos a demostrarle cómo jugamos.

-Pero la chica no tiene culpa de lo que haga su presidenta. Ella es nueva y no se merece pagar por las acciones de Daisy.

Ashton se estaba dirigiendo a Kyle, pero los miembros de la fraternidad que estaban a su alrededor oyeron sus palabras. A falta de pocos segundos para que el minuto impuesto por Daisy terminara, Matthew se adelantó y selló, con un casto beso, el ritual de la joven.

Ashton no pudo más que sonreírle cuando el chico volvió a las filas de la fraternidad.

-¿Y eso? –Le preguntó Jason a su mejor amigo.

-Creo que Ashton tiene razón –respondió él simplemente.

Dos chicas más se subieron a la plataforma en los minutos siguientes, y Victor y Tim fueron quienes se adelantaron para sellar aquel rito.

 

 

Cuando la ceremonia terminó, la fiesta comenzó. Había grandes mesas con frutas, aperitivos y sobre todo, muchísimas bebidas de todas clases y colores. Todas alcohólicas, por supuesto. La música de un conocido DJ de la ciudad animó poco a poco el ambiente, y la gente de otras fraternidades y hermandades del campus empezó a llegar.

Se había corrido la voz acerca de la nueva chica que había conseguido ingresar en la Fraternidad Alpha Omega y multitud de curiosos asistieron a la fiesta solo para poder ver cómo era de cerca. Ashton se sintió observada, y hasta incómoda, mientras llenaba una pequeña bandeja con diversas frutas. Se fue directa para una mesa de madera, donde varios de sus compañeros estaban bebiendo animadamente. Aun iban por las primeras copas de alcohol, así que se comportaban como normalmente eran.

Jason bufó al ver su bandeja.

-¿Hoy tampoco vas a beber alcohol?

-Recuerda, 17 añitos –respondió ella llevándose una uva a la boca.

-¡Oh, por cierto! –Exclamó de repente Fudo. -¿Quién fue la chica que selló mi ritual? Olía a coco y fue muy dulce cuando me besó.

Todos se miraron entre ellos, sin saber que responder.

-¿Te gustó el beso? –Preguntó Aston alegremente.

-¡Sí, fue genial!

-Pues fui yo.

Fudo la miró detenidamente, mientras ella seguía comiendo sus frutas. Los demás miembros prefirieron seguir bebiendo.

-¿T-Tú?

-¡Sí! Y me alegro que te gustara, era la primera vez que besaba a alguien.

Jason y Victor casi se atragantan con su bebida, los demás se quedaron mudos del asombro ante su revelación. Fudo, por su parte, no pudo evitar esconder una tímida sonrisa de dicha.

-¿De verdad? ¿Nunca antes habías besado a nadie? –Preguntó Adam.

Ella lo pensó un momento.

-¿La reanimación cardiopulmonar cuenta?

-No –dijeron todos al unísono.

-Entonces, no, nunca antes había besado a nadie –respondió ella encogiéndose de hombros. –Y decidme, ¿quién me besó a mí?

-Fui yo –respondió Mark a su espalda.

 

 

A medianoche, la música y el alcohol dominaban a todos los invitados. Ashton se lo estaba pasando como nunca, no recordaba haberse reído tanto en su vida. Hubo personas, sobre todo chicos, que intentaron acercarse a ella, pero les intimidaba que estuviera rodeada del resto de los miembros. Las demás chicas ni siquiera parecían tener ganas de mirarla, más bien se alejaban cada vez que la veían bailando cerca.

A ella no le importaba, solo quería disfrutar de aquella noche.

-¡Voy por más agua! –Gritó a Victor, su pareja de baile en ese momento.

Él asintió y buscó otra pareja para seguir bailando.

Le costó un poco llegar a la casa, pues había más gente de lo que se había percatado en un principio, unos bailando, otros tumbados en el suelo, otros enrollándose…

Estaba sudando mucho después de haber bailado durante casi una hora con varios de sus amigos. Le daba miedo pensar así de ellos, pues nunca antes había considerado a nadie de esa forma, pero era como lo sentía. Se bebió un vaso entero de agua fresca y rellenó otro, añadiéndole algunos hielos.

-¿Realmente vas a esperar hasta diciembre para probar el alcohol? –La voz de Mark sonó desde la entrada de la cocina.

-Por supuesto, de lo contrario estaría cometiendo un delito.

Él se acercó, riéndose entre dientes.

-A propósito –comenzó a decir ella, -muchas gracias por lo del ritual. Si no hubiese sido por ti, ahora no pertenecería a la fraternidad.

Sus cuerpos estaban muy próximos, Mark podía sentir como su olor lo atraía, lo engatusaba para que rozara su piel de alguna forma y dejar salir sus instintos con ella tras haberse reprimido anteriormente, cuando la besó en la plataforma.

-Solo fui el más rápido, o el que estaba más cerca. Si no hubiese sido yo, habría sido otro –sus ojos no se apartaron de los de ella. –Pero no tienes que agradecerme nada, ha sido un placer –esta vez, su mirada se centró en sus labios. –Podemos repetirlo cuando quieras.

Ella empezó a reírse, negando con la cabeza, divertida.

-Me encantan las bromas que gastáis por aquí –lo rodeó para salir de la cocina, pero se paró al ver a una persona. –Hola Kyle, no sabía que estabas aquí.

Mark se dio la vuelta para encontrar a su compañero mirándole fijamente. Ambos sabían todo lo que estaba pensando el otro, pero disimularon sus emociones.

-Venía a buscar hielo… si aún no se ha derretido con el calor, claro…

Ashton bufó, divertida. Ella no sabía el doble significado de aquella frase, pero Mark sí.

-Claro que no se ha derretido, está en el congelador.

 

 

La fiesta duró hasta altas horas de la madrugada. Ashton se fue a su cama alrededor de las 4, no sin antes escuchar sonidos muy explícitos procedentes de diferentes partes de la casa: el baño, el salón, e incluso en rincones oscuros entre los árboles. Estaba tan cansada, que cayó en un profundo sueño y ni siquiera se percató del volumen de la música.

A la mañana siguiente, entró en el baño, se dio una ducha rápida y bajó a desayunar. La mansión estaba casi en silencio, salvo por alguien que dormía en el salón a juzgar por los ronquidos. Ashton empezó a prepararse su desayuno, pero el sonido de pasos apresurados llamó su atención. Se acercó a la puerta de la cocina para ver cuál de sus amigos había sido el más madrugador, pero se encontró con una chica guapa y despeinada.

-Buenos días –saludó ella sonriente.

La joven se paró en seco al escucharla.

-Buenos días –respondió avergonzada.

Ashton podía ver como bajaba la cabeza y la mirada en un intento de ocultar su rostro. Casi había llegado a la puerta cuando, ella le preguntó de improviso:

-Oye, ¿te apetece desayunar conmigo? -La chica se giró con los ojos muy abiertos. –Voy a hacer tortitas.

-Me gustan las tortitas… Pero engordan mucho…

Sin embargo, sus tripas rugieron a modo de protesta, incitándola a que aceptase la invitación.

-Por comer algunas una vez no vas a engordar –dijo ella guiñándole un ojo.

La chica la acompañó a la cocina, con una sonrisa tímida, y Ashton la invitó a sentarse mientras ella terminaba de hacer las tortitas.

-¿Cómo te llamas?

-Me llamo Nancy –Ashton se percató del leve timbre agudo de su voz. -¿Y tú?

-Ashton –contestó poniendo la primera tortita en el plato.

-¡Ah! Encantada de conocerte, y gracias por invitarme a desayunar.

 Ashton le puso a su invitada el plato con tres tortitas y un zumo de naranja mientras ella se preparaba su parte. Le agradaba hablar con una chica, pues las que había conocido hasta el momento no parecían ser muy amables con ella.

-¡Están deliciosas! –Exclamó Nancy.

-Gracias –se sentó frente a la chica, muy alegre por su alago.

-Nunca había desayunado aquí antes, siempre me he ido rápidamente para que nadie me viera.

-¿Por qué?

-Por el “paseo de la vergüenza” –contestó la chica poniendo los dedos como si fueran comillas.

-¿El qué? ¿Qué es eso?

-Pues si la gente te ve saliendo de la habitación o de la casa de un chico que no es tu novio, se corre la voz por el campus de que eres una puta –la joven miró a Ashton preocupada. –Tú… ¿le dirás a alguien que me has visto? Yo… Yo no quiero que la gente crea que…

-No, no se lo diré a nadie –dijo rápidamente, pasmada por aquella revelación.

Nancy le sonrió ampliamente y siguió comiendo, pero Ashton se quedó paralizada por unos segundos, reflexionando sobre lo que le acababa de contar su invitada. En ese momento, varios de sus compañeros empezaron a entrar en la cocina con diferentes grados de desnudez y de somnolencia. Incluso Adam, que parecía ser el foco de los ronquidos del salón, llegó con una sábana atada al cuerpo como si fuese un emperador romano, y se sentó al lado de Ashton, quien percibió un leve olor a cerezas en él. Todos se prepararon cafés y tomaron asiento en la mesa, sin darse cuenta de la presencia de Nancy.

-Buenos días, Ash… -Jason se sentó al lado de la invitada, percatándose de su leve error.

En ese momento, los demás también advirtieron la presencia de la pequeña rubia. Sin embargo, Nancy pareció ponerse muy nerviosa y se levantó apresuradamente para marcharse. Ashton se preocupó aún más por la joven.

-Espera, ¿no quieres terminarte las tortitas? –La chica solo negó, cabizbaja. -¿Es por lo que me has contado? ¿Por lo del estúpido “paseo de la vergüenza”? –Nancy asintió levemente, ya casi a punto de salir de la cocina. -¡Vaya gilipollez!

-Ashton, tranquilízate –le dijo Matthew. –Nosotros no vamos a decir nada –se dirigió a la chica esta vez, -puedes salir por la puerta trasera si te sientes más cómoda.

-Pero, ¿por qué? Ella no ha hecho nada malo.

-En ocasiones, los rumores del campus definen como te ve la gente, sobre todo si eres una chica –le contestó Matthew.

-Casi todas las mujeres del campus se acuestan con quienes les da la gana, es algo sabido por todos –explicó Kyle. –Pero si te ven saliendo de la casa o de la habitación de un chico que no sea tu pareja, te señalan como si fueras una prostituta barata.

-Es decir, ¿solo por qué una chica quiera disfrutar del sexo libremente, se la considera una prostituta? ¿Y a vosotros, los tíos, no se os dice nada? –Preguntó ella cada vez más indignada. -Las chicas debemos soportar, incluso entre nosotras, esa clase de calificativos y esa actitud de mierda, solo porque nos apetezca acostarnos con quién queramos, y ¿nadie protesta por eso ni dice nada? Eso me parece una actitud retrógrada e intolerante.

-¡Sí! ¡Tienes toda la razón! –Dijo efusivamente Nancy. – Vaya… Eres muy inteligente… -alagó ella, mirándola con admiración. –Me caes muy bien, a pesar de que te acabe de conocer con tu nombre real y no con el que me dijeron anoche.

Algunos miembros se miraron de reojo.

-¿Cómo te dijeron que se llamaba ella? –Preguntó Mark, apoyado en la puerta de la cocina.

-Me dijeron que se hacía llamar “la puta de la fraternidad” –Nancy se dio cuenta muy tarde de lo que había dicho y se tapó la boca con la mano.

Ashton empezó a reírse a carcajadas, pero sus amigos se despertaron como si les hubiesen lanzado cubos de agua fría a todos.

-¿No te molesta que te conozcan por ese nombre? –Inquirió Nancy inclinando la cabeza, extrañada.

-No, para nada. No hago caso de comentarios como esos –comentó ella levantándose para recoger los platos y cubiertos. –He aprendido que, si lo que los demás dicen de mí no me hace sentir bien, es mejor ignorar esas palabras.

-Oh… Eres muy sabia –dijo Nancy con fascinación. -Por cierto, ¿qué significa “retrógrada”?

Capítulo 14 y Capítulo 15 por Kala1411
Notas de autor:

Me encuentro muy ocupada, por lo que vuelvo a publicar dos capítulos seguidos en un mismo post, pues no sé si podré conectarme mañana.

Capítulo 14

 

 

Ashton pasó el resto del domingo de una forma relajada, paseó por el campus para conocer mejor sus instalaciones y cogió un libro de la biblioteca para empezar a leer mientras iba a una cafetería que había visto el día anterior en la ciudad. Era pequeña y estaba regentada por una señora de mediana edad muy simpática.

Cuando la tarde empezó a caer, se dirigió con paso tranquilo a la mansión. Echaba de menos a sus padres y a sus antiguos mentores, pero se sentía muy bien allí. Nadie le decía que hacer, las noticias preocupantes parecían estar a miles de kilómetros, y podía disfrutar de las cosas sencillas.

A su corta edad había conocido muchas pérdidas, de personas muy allegadas y de desconocidos que solo había visto de reojo una vez en su vida, pero eso no evitaba que el peso fuese menor. Ella recordaba ese sentimiento a veces, y aunque no era agradable, sentía que se lo debía a todos ellos de alguna forma. Ashton sabía los esfuerzos y sacrificios que hacían quienes se alistaban en el ejército, personas increíblemente capaces de superar sus límites, quizás por eso le sobrecogía tanto cuando escuchaba algunas fatales noticias.

Respiró profundamente cuando estuvo frente a la mansión de la fraternidad, decidida a no pensar en eso. Se sacudió mentalmente para recordarse que la vida también podía disfrutarse con cosas pequeñas, plasmó una sonrisa en su cara y en sus ojos, y entró.

-Ashton, ¿puedes venir al salón ahora, por favor? –llamó Kyle.

El chico parecía serio, y ella se percató de la presencia de los demás miembros en la estancia.

-Sí, voy a dejar mi mochila arriba y ahora voy.

“¿Habré hecho algo indebido?”, se preguntaba para sus adentros inquieta.

Cuando entró al gran salón, el cual tenía más sillones y sofás de los que había visto nunca en su vida, su intranquilidad aumentó.

-Toma asiento –Matthew se indicó un sillón de cuero marrón.

Ella obedeció.

-¿He hecho algo?

-No, tú no has hecho nada, tranquila –le dijo Matthew con una sonrisa triste. –Pero tememos que puedan afectarte los comentarios que se están extendiendo por el campus sobre ti.

Ella le interrogó con la mirada, frunciendo el ceño.

-Hoy te reíste cuando esa chica dijo el sobrenombre que te han puesto en el campus –dijo Adam serio, -pero no es algo gracioso. No queremos que te afecte.

-¡Ah! ¿Es eso? –Ella suspiró como si le hubiesen quitado un gran peso de encima. –No os preocupéis, no me afecta.

-Ashton, esto es serio –dijo Kyle. –Está bien que seas fuerte y no permitas que te dañen los comentarios así, pero con nosotros no tienes que fingir.

-Yo no fingí, es que me hace mucha gracia que crean que soy una puta.

-¿Qué tiene de gracioso? –Inquirió Jason muy serio.

-Jason –centró sus ojos en él, -yo aún soy virgen.

Durante varios segundos, solo los grillos del jardín se escucharon en la gran mansión.

-¿Q-Qué? –el joven apenas supo cómo reaccionar.

-Que soy virgen.

Ella empezó a reírse de nuevo ante las expresiones de sus compañeros.

-Estás de coña, ¿no? –Victor la miraba como si le hubiesen salido dos cabezas.

-Joder… -susurró Joe, el miembro Psi.

-Joder… Joder… -dijo más alto Frank.

-Bueno, no es tan raro –empezó a decir Matthew reflexionando un momento. –Al fin y al cabo, anoche admitiste que tu primer beso se lo diste a Fudo.

-¿Por qué os extraña tanto? –Preguntó ella.

-¡Porque es algo inaudito! –Exclamó Jason. – ¡Yo toqué mi primera teta a los 13! ¡Y a los 14, ya me había acostado con dos chicas! -Ella bufó, divertida. –No sé de qué te ríes, ahora mismo, en esta sala, eres la única que no ha tenido sexo nunca.

-¿Y quién te ha dicho que no haya tenido sexo nunca? –Ella se cruzó de brazos.

Jason abrió la boca pero ninguna palabra salió, y su expresión de desconcierto le recordó a Ashton a un pez.

-Espera, espera –Adam se levantó de su lugar. -¿Estás diciendo que… te masturbas?

-Pues sí –casi todos los presentes empezaron a lanzar quejidos lastimeros. –No sé por qué reaccionáis así, no es para tanto. Vosotros también lo hacéis, ¿no? –Dijo ella a la defensiva.

Kyle se acercó a ella, y mirándola fijamente, aguantando a duras penas las ganas de reírse, le explicó.

-Ashton, acabas de confesar que eres una virgen que se masturba a toda una fraternidad de tíos que solo piensan en el sexo.

Ella abrió la boca para rebatirle, pero pensó en ello y se dio cuenta de lo que Kyle quería decir.

-¡Oh! ¡Vale!

Su cara se tiñó por completo de rojo y, sin saber qué más decir, se levantó y se fue.

-¡¿No dices ninguna palabra de despedida?! –Gritó Adam.

-¡Ya he dicho suficiente! –Le respondió ella.

Todos en el salón empezaron a reírse, algunos aún anonadados por lo que ella había confesado de forma tan inocente.

-Joder, creo que me explotará la cabeza si sigo conociéndola más –susurró Kyle mientras se reía.

-A ti y a todos –le dijo Mark a su lado.

El chico rubio no se había dado cuenta de su presencia, pero no le contestó.

 

 

Capítulo 15

 

 

Los primeros días de clase le resultaron estimulantes y divertidos. La profesora Smith la había acogido como su favorita, la trataba con cariño disimulado cuando le pedía que explicase cómo había resuelto problemas que otros alumnos de cursos superiores no sabían solucionar. Aunque su clase favorita era Psicología, con el profesor Jefferson, un hombre joven entrado en la treintena, sus lecciones eran dinámicas y refrescantes.  Era agraciado y tenía a muchas estudiantes soñando con su oscura y recortada barba.

El martes, durante el almuerzo, ella le preguntó a sus amigos acerca de los gimnasios del campus, y todos le aconsejaron el Esparta, regentado por un ex-soldado ruso. Tenía, según palabras textuales de Adam, “un carácter de mierda” pero sabía lo que hacía cuando al ejercicio se trataba.

Ella los acompañó el miércoles por la tarde, decidida a ver cómo entrenaban sus compañeros y saber qué máquinas podía utilizar para mantenerse en forma. Nick, el miembro Tau, le advirtió que Dimitri podía llegar a tener una actitud intimidante y un poco machista.

-Deberías buscar a Nora, es una de las mejores y la más solicitada por las chicas –le aconsejó Frank.

El gimnasio Esparta estaba situado al lado del edificio de Ciencias de la Salud y cerca de las otras facultades en las que ella recibía clases, lo cual era un punto a su favor, pues podía planificar su horario con más facilidad. El lugar estaba lleno de máquinas para ejercitar las diferentes partes del cuerpo, además de varias salas reservadas para quienes se entrenaban en artes marciales o asistían a clases de yoga o baile.

-Por ahí –Jason le señaló un pasillo a la izquierda de la entrada, -se va a los vestuarios femeninos. El nuestro está a la derecha… ya sabes, por si algún día quieres hacer otra tipo de ejercicios –él el guiñó un ojo, provocador.

Matthew le dio un tortazo en la nuca.

-Vamos, casanova, ya sabes cómo se pone Dimitri si llegamos tarde.

Ashton se dirigió a los vestuarios y se cambió, observando que había muchas bolsas con nombres de chicas, algunas de ella con llaveros de la letra Delta. Las chicas de la hermandad estaban allí, y eso le dio mala espina. Solo esperaba no tener problemas con ellas.

Se reunió con sus amigos en la zona de las máquinas tras hacer algunos estiramientos.

-¡Eh! -dijo Adam cuando la vio llegar. –Las mallas deportivas no te quedan nada mal, te hacen un cu…

-¡ADAM! –El fuerte grito puso a todos en tensión.

Un hombre calvo y enorme se acercaba a ellos con cara de pocos amigos.

-¡¿Qué demonios estáis haciendo todos?! –Vociferó con un acento muy marcado. -¡Aquí venís a entrenar, joder!

El hombre le recordaba a Ashton a una enorme montaña rocosa, medía dos metros de altura y su mirada era amenazante. Ella observó sus facciones detenidamente, pensando que le recordaba a alguien pero no sabía a quién en aquel momento.

-¿Quién eres tú y por qué estás aquí? –Le preguntó a ella en una postura que pretendía asustarla.

-Hola, soy Ashton Jones –dijo ofreciéndole la mano con una sonrisa. –Soy miembro de la Fraternidad Alpha Omega.

El hombre no apartó sus ojos de ella y los chicos empezaron a temer por la seguridad de su compañera.

-¿Cómo dices que te llamas? –Preguntó él lentamente.

-Ashton Jones.

-¿Ashton Jones? ¿Cómo el chico que venía de una Academia Militar?

Ella asintió. Dimitri la miró por unos segundos y, para sorpresa de todos, empezó a reírse como un maníaco.

-Esto no pinta bien –susurró Jason a sus amigos.

-Tú no eres Ashton Jones, niñita.

-Sí lo soy, señor.

Aún carcajeándose, le dijo:

-Aunque lo seas, esta zona no es para ti. Podrías hacerte mucho daño aquí, mejor acompáñame y te presentaré a Nora.

-Gracias por su ofrecimiento, pero prefiero entrenarme con las pesas, es a lo que estoy acostumbrada –le respondió con una sonrisa dulce.

-Mira, pequeña, puedes haber engañado a los demás, pero a mí no. Esto no es solo un gimnasio, esto es un pequeño fragmento de la jungla, donde estarás perdida si no eres el miembro más fuerte.

-Yo soy fuerte, puedo demostrárselo.

-Niñita, no tengo tiempo para jueguecitos, así que será mejor que te busques alguna clase de yoga o lo que sea. Yo tengo que entrenar a estos capullos de aquí.

Ashton empezaba a molestarle sobremanera aquel hombre.

-No me voy a ninguna parte –dijo cruzándose de brazos. –Voy a ejercitarme aquí.

Las pupilas de Dimitri se achicaron, y Mark y Matthew creyeron conveniente intervenir. Pero el hombre les levantó el dedo índice, ordenándoles en silencio que se quedasen dónde estaban.

-No admito cambios en la forma en la que hago las cosas, niñita.

Ella le seguía aguantando la mirada, desafiante.

-A lo mejor por eso le han partido tantas veces la nariz.

Dimitri se acercó más a ella y se agachó hasta sus caras estuvieron a la misma altura. Su ira interior se reflejaba en sus claros ojos.

-Te veo en el cuadrilátero central en 10 minutos, niñita.

Y sin decir nada más, se fue.

La acalorada discusión entre el bruto entrenador y la chica Omega había llamado la atención de todo el gimnasio, solo que Ashton no se había percatado de ello. Sus amigos se acercaron a ella cuando Dimitri desapareció entre las máquinas de ejercicio.

-¿Qué coño has hecho? –Dijo exasperado Adam.

-Vete ahora, Ashton –le aconsejó Mark, claramente preocupado. –Nunca había visto a Dimitri así y temo por tu seguridad.

-Ese tío no controla su fuerza, puede hacerte mucho daño –intervino Jason.

Ella les miró a todos, viendo sus expresiones.

-Chicos, no os preocupéis, sé defenderme sola.

 

 

Diez minutos después, Ashton se encontraba en el cuadrilátero frente a un Dimitri iracundo. Una gran multitud se había concentrado alrededor de ellos, expectantes por lo que pasaría. Incluso habían llegado otros miembros de la fraternidad, entre ellos Kyle, quien se apresuró a buscar a Mark.

-¿Qué coño estás haciendo? Sácala de ahí, va a matarla –le susurró frenético.

-¿Crees que no he intentado convencerla? –Le respondió él en el mismo tono.

De repente, Dimitri alzó la voz para hacerse escuchar.

-Las reglas de mi gimnasio son claras, pequeña: cuando dos entran en el cuadrilátero, solo sale uno. Sin consideración, sin resentimientos, ¿entendido?

-De acuerdo, pero si le venzo, ¿podré entrenar en la parte del gimnasio que yo quiera?

El entrenador soltó una risa seca.

-En mi zona solo entrenan los mejores, pequeña. Solo quienes son dignos tienen cabida en aquellas máquinas, y te aseguro que tú no lo eres -Ashton mantuvo su cara de póker mientras él se carcajeaba aún más. -¿Estás preparada, niñita? No digas después que no te avisé.

Dimitri no lo sabía, ni siquiera los miembros de la hermandad habían tenido oportunidad de ver ese gesto en su cara por el poco tiempo que hacía que la conocían, pero cuando Ashton ponía su cara de póker, completamente en blanco, estaba completamente concentrada en vencer a su rival.

Y hacía años que Ashton no perdía cuando de una pelea se trataba.

Dimitri se abalanzó sobre ella, los miembros de la fraternidad y los demás espectadores se quedaron petrificados al ver la expresión homicida en la cara de su entrenador. Pero solo fueron tres segundos, ni más ni menos, lo que duró aquel enfrentamiento. Ashton se valió de la potencia del ataque de su oponente para llevar a cabo su movimiento.

Giró su cuerpo, y cogiendo del brazo a Dimitri, pasó el enorme cuerpo por encima de ella, dejándolo caer por su propio peso al suelo del cuadrilátero. Un sonido parecido a un trueno retumbó por todo el gimnasio cuando el peso muerto del entrenador cayó como si de un gigante se tratase. El hombre apenas se dio cuenta de lo que había pasado, solo miró al techo unos segundos, intentando recobrar la respiración tras el duro golpe.

Ashton se acercó a él cuando se percató de que no se levantaría, Dimitri la miró desde su debilitada posición, incapaz de moverse al sentir como el dolor se iba expandiendo por sus extremidades.

-Sin consideración, sin resentimientos, entrenador.

Salió del cuadrilátero, con la estupefacta mirada de todos los que habían presenciado el acontecimiento sobre ella.

 

 

Sabía que aquello había causado una gran conmoción y que no tardaría en correrse aún más la voz acerca de la extraña chica que vivía en la casa de la Fraternidad Alpha Omega, por eso Ashton se apresuró al vestuario femenino para coger su mochila y salió de allí casi corriendo. No tenía miedo a represalias del entrenador ni de nadie, pero sabía que no se sentiría cómoda en el gimnasio en aquel momento.

Anduvo hacia la mansión escuchando música y entró saludando a algunos miembros que se encontraban estudiando en el salón. Soltó la mochila en el primer peldaño de la escalera, entró en la cocina y se dispuso a comerse una manzana mientras miraba en el frigorífico en busca de inspiración para su cena.

Un fuerte portazo la hizo estremecerse.

-¡Ashton! –La llamó Mark.

Ella salió de la cocina con paso tranquilo y se acercó a él, observando de reojo como los miembros que estaban en el salón llegaban a la entrada al escuchar la voz alterada de su Presidente.

-¿Qué pasa? –Preguntó con naturalidad.

Mark y todos los demás miembros de la fraternidad que habían presenciado lo acontecido en el gimnasio tenían expresiones que iban desde el desconcierto a la incredulidad, como si aún estuviesen en estado de shock. El Alpha abrió la boca para contestarle, pero Kyle fue quien explotó.

-¡¿Que qué pasa?! ¡¿Has perdido el jodido juicio?! –Sus gritos sorprendieron a todos, pues normalmente era un chico que cuidaba su tono. -¡¿Cómo se te ocurre enfrentarte a Dimitri?! ¡Podría haberte herido!

-Pero no lo ha hecho –contestó ella calmada.

-¡Podría haberte matado, Ashton! ¡Eres una inconsciente!

-Basta, Kyle –dijo en un tono más firme. –No vuelvas a gritarme, jamás –le miraba a los ojos mientras le hablaba. –Comprendo tu preocupación y la de todos los demás pero…

-No –cortó Mark, -no tienes ni puta idea de lo que hemos sentido cuando hemos visto que se dirigía hacia ti con la intención de aplastarte.

Quiso protestar a lo que Mark acababa de decirle, pero se percató de los semblantes de sus demás compañeros, el miedo aun brillaba en sus ojos. Le sobrecogió sus expresiones y, por un momento, se puso en el lugar de cada uno de ellos e imaginó lo que sentiría ella si viese a algunos de sus compañeros en una situación así.

-Lo siento, chicos –dijo mirándoles. –No quería preocuparos.

Se giró cabizbaja, cogió su mochila y subió a su habitación.

 

 

Una hora después, alguien llamó tímidamente a su habitación. Pensó brevemente en fingir que estaba dormida, pero decidió no comportarse como una cobarde, no le habían educado así.

-Adelante.

La puerta se abrió un poco y Fudo asomó la cabeza con una sonrisa taimada.

-Hola, ¿puedo pasar?

Ella asintió, encogiendo sus piernas e invitándole a sentarse en la cama.

-Me han contado lo que ha pasado, y déjame decirte que eres increíble –dijo riéndose un poco, -pero creo que hubiese reaccionado igual que los demás si lo hubiese visto.

Ashton encogió sus rodillas hasta su pecho y se las abrazó, centrando su mirada en un punto fijo de su cama.

-No estoy acostumbrada a esto, ¿sabes? Es decir, cuando he salido bien de alguna pelea o de algún entrenamiento, mis padres no se preocupaban porque sabían que estaba ilesa –ella lo miró muy seria. –Donde me he criado, la gente solo reacciona como ellos lo han hecho cuando algo ha salido horriblemente mal, ya sea en un entrenamiento o en la vida real… Tengo la sensación de que los he decepcionado a todos y les he hecho un daño irreparable…

-No les has decepcionado, ya están más tranquilos… ¿Por qué no bajas un rato? Están preparando una gran cena como la de la primera noche que estuvimos aquí.

Ella bajó los ojos hasta los dedos de sus pies.

-¿Y si me tratan de forma distinta?

-No lo harán, tienen miedo de que les hagas alguna llave de Karate Kid –bromeó Fudo, consiguiendo arrancarle una pequeña sonrisa. – Vamos –le dijo tendiéndole la mano.

Ashton tomó su mano y, no sin cierto temor, le siguió hasta la planta baja. El olor a pasta y pan de ajo llenó sus fosas nasales antes de entrar en el comedor. Todos estaban en la mesa, hablando animadamente de temas banales, pero se callaron brevemente hasta que ella se sentó.

-Bien, ya que estamos todos –empezó a decir Jason, -demos gracias al Señor por la cena.

Ashton lo miró extrañada, pues no había hecho eso las noches anteriores, pero cogió las manos de Fudo y de Nick y esperó a que Jason continuara con su oración.

-Señor, te damos gracias por estos alimentos que vamos a comer hoy, y por permitir que nuestro entrenador siga con vida después de la paliza que le ha dado Ashton.

-Amén –dijeron todos al unísono.

Ella no pudo evitar reírse, agradeciendo internamente que la siguieran queriendo después de todo.

 

 

La cena transcurrió con normalidad, nadie volvió a hablar del tema. Se despidió de sus compañeros a una hora temprana, pues quería levantarse temprano para salir a correr al día siguiente. Cuando estaba a punto de llegar a la puerta de su habitación, escuchó unos pasos apresurados. Se dio la vuelta y vio que Kyle se apresuraba hacia ella con paso firme y rostro serio.

-¿Qué…?

Él la abrazó, apretándola contra sí. Ella se quedó paralizada unos segundos antes de devolverle el abrazo.

-Siento haberte gritado antes –susurró él contra su sien.

Capítulo 16 por Kala1411

Capítulo 16

 

 

Ashton decidió esperar unos días para volver al gimnasio, no sabía cómo reaccionaría Dimitri al verla y aún tenía que lidiar con su cada vez más creciente fama en el campus. El segundo fin de semana que pasaba en la mansión aprendió que la ley de la jungla se aplicaba más a la organización de la ropa para la colada que al cuadrilátero donde se había enfrentado a Dimitri. Había un par de lavadoras industriales y otras tres más pequeñas en el sótano de la casa, y ni aun así consiguió encontrar un hueco para lavar sus prendas.

Frank, al verla un poco desesperada, le ofreció compartir con él el uso de una de las lavadoras industriales, pues las prendas de ambos eran oscuras, y ella aceptó agradecida. A mitad de la tarde, mientras descansaba de las lecciones de Matemáticas que había estado repasando, fue a recoger su ropa al sótano. Simplemente la llevó en una cesta a su habitación, demasiado ensimismada y saturada para colocarla en su armario en ese momento.

Bajó para la cena y se encontró en la cocina a varios miembros intentando animar a Frank. Le resultó extraño ver al enorme chico cabizbajo y triste, por lo que quiso saber qué ocurría.

-El equipo de Futbol Americano del campus tiene muchas bajas. El año pasado se graduaron muchos de los mejores jugadores que teníamos, y solo quedamos 6. Necesitamos más miembros, pero nadie se apunta para las pruebas –el joven no levantaba la mirada de la mesa. -Si el martes no hay al menos otros 6 interesados, el equipo desaparecerá hasta el próximo curso.

Frank era el único miembro de la fraternidad que jugaba a ese deporte, y aunque los demás intentaron animarle durante la cena, fue en vano.

 

 

El lunes, Ashton decidió que quería ir al gimnasio en la hora y media que tenía libre a mitad de la mañana, por lo que se llevó lo necesario en su mochila para no tener que volver a la mansión por si iba mal de tiempo cuando terminase en el Esparta. Su próxima clase empezaba a las 12, así que le daba tiempo de hacer algunos ejercicios… si Dimitri no la expulsaba nada más verla entrar, claro.

Respiró hondo cuando entró en el recinto y se dirigió a los vestuarios femeninos para cambiarse con rapidez. De nuevo, volvió a ver algunas bolsas de gimnasio con el llavero de la Hermandad Delta y la embargó la misma sensación, pero decidió desoír su instinto por aquella vez y centrarse en su inminente encuentro con el entrenador ruso.

Se dirigió a la zona de las máquinas, y vio a algunos de sus amigos. Se acercó a ellos, pero un potente grito la detuvo.

-¡JONES!

Dimitri se acercaba a ella con su habitual semblante furioso. Las personas que estaban en las máquinas no se habían percatado de su presencia al principio, pero tras ese alarido, dejaron momentáneamente sus ejercicios o redujeron su ritmo, expectantes por ver en qué iba a consistir el siguiente enfrentamiento entre el entrenador y la chica.

-¡¿Dónde te has metido estos días?! –Ella abrió la boca para contestar, pero Dimitri siguió gritándole. -¡He estado esperándote, jovencita!

Nick y Jason se apresuraron a interceder.

-Señor…

-¡No estoy hablando con vosotros! –Cortó el hombre. -¡Seguid con vuestros entrenamientos! ¡Tú –señaló a Ashton con un dedo, -acompáñame!

Ella miró con inseguridad a sus compañeros antes de seguir a Dimitri. No se alejaron muchos metros de donde se encontraban sus amigos, lo que la tranquilizó un poco. No quería estar mal con el entrenador, pero el desconocimiento de lo que podía esperar de aquel hombre le provocaba una gran incertidumbre.

-Empezarás aquí –señaló a un banco de pesas, -ajusta el peso al que estés acostumbrada y haz 3 series de repeticiones de 3 minutos cada una. Realiza 100 flexiones y descansa unos minutos, te quiero en el cuadrilátero en menos de cuarenta minutos, me gustaría ver como golpeas.

-Sí, señor.

Complacida por las palabras y la actitud del entrenador, Ashton obedeció. Dimitri se quedó con ella durante la primera serie, para ver cómo lo hacía y el peso que le ponía. Ella estaba acostumbrada a ejercitarse con una gran cantidad de peso, y aunque esperaba que el hombre dijera algo, Dimitri se guardó sus pensamientos para sí. Asintió cuando vio que era capaz de ejecutar los ejercicios con concentración y eficacia, y se dirigió a reñir a algunos chicos que estaban a su alrededor, pues se habían quedado embobados mirándola y habían dejado de hacer sus ejercicios. Ella aprovechó el primer descaso para ponerse los cascos y escuchar música mientras realizaba las series y las flexiones.

Cuando finalizó lo que le había ordenado Dimitri, bebió un poco de agua y se dirigió al cuadrilátero, sin percatarse de que las chicas de la Hermandad Delta la habían localizado y no le quitaban la vista de encima.

El entrenador se encontraba con el material preparado y le ayudó a ponerse los guantes de king boxing. Durante los primeros minutos, Dimitri le estuvo dando órdenes exigentes, pero después dejó que ella actuase por instinto a cada movimiento o ataque que él hacía para comprobar sus reflejos.

-Eso es todo por hoy –dijo tras 20 minutos en el cuadrilátero. –Realmente estoy impresionado, Jones. Nunca había visto a ninguna chica que luchase como tú lo haces, era escéptico a creer que fueses tú quien se había graduado con honores por la Academia Militar, pero me equivocaba. Endureceré tu entrenamiento para que seas incluso mejor, a estos capullos de aquí no puedo exigirles tanto.

Le guiñó un ojo a modo de broma y ella se rio. Se despidió de Dimitri y se dirigió a los vestuarios. Iba un poco apurada de tiempo, por lo que no se paró a mirar a su alrededor cuando entró en la pulcra sala con bancos y taquillas, sino que cogió su neceser y su toalla y se metió en una ducha. Para su sorpresa, no había nadie en aquel momento en el vestuario, pero quiso terminar rápido para llegar con tiempo a su próxima clase: Biología.

Salió de la ducha envuelta en una toalla y secándose el exceso de humedad del pelo con otra, y fue entonces cuando vio el estropicio. Toda su ropa estaba hecha jirones. Suspiró con pesar mientras miraba a su alrededor: ni rastro de las bolsas de las otras chicas.

Se apresuró a mirar dentro de su mochila, por si habían dañado algo más. Le habían destrozado hasta el recambio de ropa que llevaba en una pequeña bolsa. Exasperada, sacó todo lo que llevaba dentro, sus libros, su cartera, su móvil, sus llaves... y una camiseta que estaba escondida al fondo de la mochila. Era oscura y recordaba haberla cogido esa misma mañana del cesto de ropa que recogió el día anterior en la lavandería de la mansión. La sacó de la mochila para comprobar que efectivamente estaba en buen estado y… No era suya, era una camiseta enorme.

Le dio la vuelta a la prenda, buscando una explicación, y leyó en la parte trasera el nombre “FRANK” en letras blancas y un número 9.

Era la camiseta de Futbol Americano de su amigo. ¿Qué podía hacer? Era la única prenda que tenía en esos momentos y Frank podría molestarse si la utilizaba, pero no tenía otra salida. Se la puso, sacando por el cuello de la camiseta la cabeza y los brazos y haciéndose un nudo con las mangas bajo el pecho para sujetar la prenda y que no se cayese, se miró al espejo. Ni siquiera le habían dejado su ropa interior, por lo que era todo lo que llevaba.

Mirando el reloj y observando que faltaban menos de 5 minutos para que comenzase su clase, se apresuró a recoger las prendas destrozadas y todo lo que había sacado, se hizo un moño desecho y salió rápidamente de allí.

Notaba la mirada de los demás estudiantes y apresuró el paso, pues sabía lo que estaban observando. Sus pechos eran demasiado grandes e incómodos, y si no tenía la sujeción de su sujetador deportivo, le resultaban muy molestos. No le importaba lo que los demás pensaran, nunca le había importado, pero le preocupaba que su amigo se enfadase con ella.

Llegó al aula de Biología a tiempo y se apresuró a sentarse en un rincón disimulado, aunque su presencia ni mucho menos pasó desapercibida entre los estudiantes. Era la única de la fraternidad con esa clase, pues todos la habían aprobado el año anterior, así que tenía una hora y media para pensar que disculpa le daría a Frank.

 

 

El comedor empezaba a llenarse a medio día con estudiantes de todos los cursos y especialidades. La mayoría de los miembros de la fraternidad estaba intentado animar a un desconsolado Frank, al parecer no solo su equipo de deportes estaba pasando por graves problemas, sino que además había perdido la camiseta de su equipación, la que según él le daba siempre suerte.

-¿Qué voy a hacer? –Se lamentaba.

-Frank, tranquilízate. Aparecerán candidatos, aún falta casi un día para que se cierren las listas –le decía Matthew.

-Sí, no te pre… -Jason se había quedado embobado en algo. -Joder…

Los demás siguieron la mirada del miembro Delta y se quedaron boquiabiertos.

Ashton se dirigía a la mesa con todos ellos. Llevaba un corto vestido que, unido a su pelo recogido, resaltaba toda su figura. Prácticamente todos los chicos de la cafetería la estaban mirando hipnotizados, pero ella andaba apresuradamente hacia la mesa de la fraternidad. Soltó la mochila y se sentó frente a Frank, con una expresión acongojada.

-Frank, te lo suplico, perdóname –no miraba a nadie más, solo a su enorme amigo, quien estaba atónito. –Me equivoqué ayer y cogí tu camiseta del equipo de Futbol Americano, y hoy he tenido un problema y… he tenido que ponérmela.

Tanto Frank como los demás tardaron en reaccionar a lo que ella estaba diciendo.

-Sí, no te preocupes, no pasa nada –susurró Frank.

-Sé cuál es la respuesta, pero solo confírmamelo: no llevas sujetador, ¿verdad? –Victor prácticamente estaba en trance.

-No, no llevo ropa interior ahora mismo –dijo ella preocupada. –Frank, te prometo que la lavaré y te la devol…

-¡No! –Exclamó él. –Quiero decir, que no hace falta que… la laves…

-Ahora entiendo porque decías que era tu camiseta de la suerte –murmuró Jason.

-¿Problemas? –Inquirió Kyle. -¿Qué te ha pasado?

Ella miró a la izquierda, Mark, Matthew y él la estaban mirando ahora con expresiones interrogativas. Ashton no quería decir lo que había ocurrido.

-¿Ashton? –Presionó Mark.

Ella suspiró, cogió su mochila, la abrió y sacó las tiras de su ropa destrozada. El ambiente en la mesa se volvió tenso y sombrío, Mark miró de reojo a Matthew y a Kyle.

-Chicos, no quiero causar problemas por esta tontería… -empezó a decir preocupada por los semblantes serios de sus compañeros.

-No es una tontería, Ashton –declaró Kyle. -Eres miembro de nuestra fraternidad, y si se meten contigo, se meten con todos.

-Kyle, solo ha sido una broma pesada, nada más –ella le sonrió, intentando calmar los ánimos.

No iban a dejarlo así aunque Ashton lo quisiera. Todos sabían quienes habían sido las responsables de aquellos actos y buscarían explicaciones.

-Oye, Ashton, ¿estás son tus braguitas? –Preguntó Victor cogiendo una de las tiras destrozadas de ropa. -¿Te importa si me las quedo? Ya no te sirven y…

Ella se la arrancó de la mano, con la cara completamente roja, y se levantó para ir a buscar su almuerzo.

Capítulo 17 por Kala1411

Capítulo 17

 

 

El resto de la semana pasó sin ninguna otra dificultad para Ashton. Frank la recibió uno de los días con un abrazo de oso, agradeciéndole efusivamente su colaboración con el equipo de Futbol Americano.

-Multitud de chicos te vieron el lunes paseando con mi camiseta y se apuntaron a las pruebas para entrar en el equipo –le dijo mientras la apresaba entre sus musculosos brazos. –Si no hubiese sido por ti, el equipo habría desaparecido –ella apenas podía respirar. -¡Muchísimas gracias, Ashton!

-Tío, déjala ya o empezará a ponerse azul –avisó Victor.

La chica resultaba ser una compañera increíble, tenía una visión diferente del mundo y unos valores muy fuertes. Era amble, divertida e inteligente, incluso Dimitri parecía apreciarla más que a ninguno de los otros chicos a los que entrenaba en el gimnasio. Pero Mark sabía que Ashton no solo provocaba esas reacciones en quienes la rodeaban.

El viernes había una gran fiesta en otra casa de estudiantes, y todos estaban invitados, pero Ashton prefirió quedarse en la mansión, pues al parecer no se encontraba muy bien. Les aseguró que no era nada grave y que les avisaría si empeoraba.

El lugar estaba muy ambientado, música de moda, bebidas y muchas chicas guapas. Sus amigos no tardaron en perderse entre los barriles de cerveza y los cuerpos sudorosos de la pista de baile. Mark se quedó con Matthew, Peter y Scott en el jardín bebiendo algunas cervezas y hablando de deportes y clases, pues no tenía la mente en la fiesta. Estaba preocupado por la situación de Ashton y las acciones de Daisy contra ella, y sabía que debía hacer algo para que no fuese a más.

Como si la hubiese llamado por telepatía, la presidenta de la Hermandad Delta se acercó hasta ellos.

-Buenas noches, chicos –saludó con voz provocativa.

Los chicos la miraron con animadversión, y Mark se levantó con los brazos cruzados.

-¿A qué has venido?

Ella soltó una risita aguda.

-¿Por qué tienes esa actitud conmigo, querido Mark?

-Sabemos que tú y tus chicas fuisteis las responsables de destruir la ropa de Ashton.

Ella le miró cruzándose de brazos, pero manteniendo su sonrisa.

-¿Y qué con eso? Solo fue una broma.

-No, no lo fue. Déjala en paz, Daisy.

Ella dobló su cabeza, pensativa.

-Si vuelves conmigo, me olvidaré de su existencia.

-¿Qué? –Ni Mark ni sus amigos daban crédito a lo que oían. – ¿Por qué quieres que volvamos?

-Porque es lo que se espera de nosotros –se acercó a él y puso sus manos por detrás de su cuello, pegando sus curvas a sus músculos. –Tú eres el Alpha de la fraternidad más importante del campus, y yo la presidenta de la Hermandad Delta, estamos hechos para ser una pareja y un ejemplo para el resto del campus.

-No sé qué tiene que ver eso con Ashton.

-No tiene nada que ver en realidad, pero su reputación está en mis manos –le explicó. –Ahora es conocida como vuestro juguete, vuestra puta intercambiable.

-Y todo gracias a ti –Matthew no pudo evitar el comentario sarcástico.

Daisy se rio levemente.

-No voy a negar que tuve algo que ver con el inicio de ese rumor… Pero de la misma forma, también puedo hacer que desaparezca –acarició la barbilla de Mark para dar más énfasis a su propuesta.

El chico sintió como la bilis le subía por la garganta, pero sabía que era su deber como Alpha defender a los miembros de su fraternidad. Costase lo que le costase.

 

 

Demasiado borracho como para sentir algún tipo de asco en ese momento, Mark llegó con Daisy a la mansión a altas horas la madrugada. Ella no había bebido tanto y había logrado convencerlo para que se fueran a la mansión y pasaran la noche juntos. Él no tenía la estabilidad suficiente para subir las escaleras, y tras dos intentos infructuosos en los que casi se cae, Mark decidió que dormirían en el sofá del salón.

Pero Daisy no quería dormir. Ella quería marcarle como suyo, demostrarles a todos los miembros de la fraternidad, en especial a Ashton, que Mark le pertenecía.

Lo tumbó en el sofá y empezó a besarle frenéticamente, le acarició en los lugares donde sabía que más le gustaban y él le respondió con la misma desinhibición. Su ropa fue desapareciendo poco a poco, hasta que estuvieron casi desnudos y ella cogió el pantalón de Mark y sacó de su cartera un preservativo.

Se lo puso y se montó sobre él, pues el chico se caería si intentaba ponerse encima. Empezó a cabalgarlo, pero él no se mantuvo quieto. Sus embestidas eran potentes y Daisy no tardó en comenzar a gemir. No le importaba si la veían, su pretensión era anunciar su presencia, así que empezó a gritar cuando el ritmo de Mark fue aumentando. Estaba segura que todos los miembros de la casa la estaban escuchando, pero por si acaso, alzó más la voz con cada movimiento placentero que sentía.

No fue un polvo largo, pero tampoco podía esperar más dada la cantidad de alcohol que él había ingerido. Sin embargo, fue muy satisfactorio y excitante, Mark nunca defraudaba a las chicas por muy borracho que fuera, o como en su caso, por mucho que la detestase. Daisy se limpió con algunas toallitas de su bolso y le quitó el preservativo lleno a un Mark casi dormido.

-Ash… -murmuró él.

Daisy se paralizó por un momento. Acababa de follar con él, pero ¿la habría confundido con aquella chica? Los celos y el odio afloraron en su interior, esos sentimientos le ayudarían a planear su siguiente movimiento contra su rival. A la mierda con el trato que había hecho con Mark.

 

 

Ashton se despertó alrededor de las 6 de la mañana, los intensos calambres de su menstruación le impidieron seguir durmiendo. Se retorció de dolor y se puso en posición fetal, intentando regular su respiración. El día anterior había sentido algunas molestias estomacales y sabía que la llegada de su periodo era inminente, pero esperaba que aquella ocasión fuese una de las veces en las que los calambres eran mitigados por los anticonceptivos que tomaba. Sin embargo, no parecía que fuese a ser así.

Una hora después y sin ningún tipo de mejoría, decidió levantarse de la cama y bajar a la cocina para prepararse un té. Se miró levemente en un pequeño espejo que tenía sobre la cajonera de su habitación y vio el lamentable aspecto que tenía. Su melena estaba despeinada, su cara estaba pálida y sus ojeras eran enormes, pero todo eso a ella le daba igual. Lo que le preocupaba realmente eran los cambios de humor que iba a tener, los cuales se volvían tan incontrolables que su comportamiento rayaba la bipolaridad. Era casi matemático, cuanto más dolorosa fuese la menstruación, más cambios de humor tendría.

Bajó las escaleras, llevando un libro de lectura para leer mientras se tomaba la primera taza de té. Su ginecóloga hacía años que le aconsejaba evitar los refrescos y el café durante los peores días de regla, pues podrían agravar sus altibajos emocionales, pero por muchas tazas de té que se tomara su humor seguía siendo horrible y cambiante esos días.

 

 

Daisy se despertó, se vistió y miró brevemente a Mark antes de salir del salón. Una figura en la cocina llamó su atención y se acercó disimuladamente. Era Ashton y tenía un aspecto horrible, como si no hubiese dormido bien. Una sonrisa cínica se formó en su rostro mientras salía, sabiendo que ella la habría escuchado follando con Mark la noche anterior. Había conseguido su objetivo.

 

 

Alrededor de las 8, algunos miembros de la fraternidad empezaban a bajar a la cocina, la mayoría de ellos con expresiones sombrías pues todos habían escuchado el espectáculo porno de Daisy. La sola idea de que ella volviera a meter sus narices en la fraternidad tenía a muchos preocupados. Solo Peter, Scott y Matthew sabían lo que había ocurrido y se lo explicaron a algunos compañeros, en susurros.

Todos se quedaron paralizados al ver a Ashton allí, con la mirada perdida en un punto indeterminado de la mesa.

-Buenos días, Ashton –dijo Jason.

Ella le respondió con un murmullo casi ininteligible mientras tomaba otro sorbo de su taza. Él miró a sus amigos con la inquietud instalada en sus ojos. Habían quedado claras las intenciones de Daisy con Ashton, y a su compañera parecía haberle afectado mucho.

 

 

Los pasos procedentes de la escalera despertaron a Mark. Se mantuvo tumbado en el sofá mientras los recuerdos de la noche anterior iban apareciendo en su cabeza como si fuese una película. Se levantó lentamente para no vomitar, más por el asco que sentía hacia sí mismo que por la resaca. Era un presidente horrible y, aunque nadie le pediría explicaciones, sentía que defraudaba cada vez más a sus amigos cuando se trataba de Daisy.

No sabía si sería capaz de mirarlos a la cara, pero lo que más le avergonzaba era tener que hablar con Ashton sobre lo que había hecho. La chica podía sentir que la había traicionado acostándose con su enemiga, y entendería si no quería volver a mirarle a la cara, aunque eso le partiese por dentro.

Se dirigió a la cocina con la mínima esperanza de poder hablar con los demás miembros antes de tener que tratar con Ashton, pero sus ánimos se derrumbaron cuando la vio sentada. Parecía estar en trance, completamente ajena a todo a su alrededor. Estaba despeinada y con el rostro macilento, seguramente por la falta de sueño, pero aun así le parecía que estaba guapa. Lo que más le turbaba era la mirada que tenía en sus ojos.

Adam entró en la mansión en ese momento y, al ver a sus compañeros en la cocina, se paró en la entrada, al lado de Mark. Siguió su mirada y comprendió todo sin siquiera haber pasado la noche en la mansión, pues había visto salir de la fiesta a su amigo con Daisy.

-Explícaselo, seguro que lo comprenderá –susurró a Mark intentando animarle.

Con paso dubitativo, se acercó a la mesa y se sentó frente a Ashton. Ninguno de los presentes dijo nada, pero el desasosiego inundaba la habitación. Ella ni siquiera le miró, como si ignorase su presencia. Su voz se quebró cuando empezó a hablarle.

-Ashton… Perdóname…

Ella levantó los ojos y le miró con un profundo resentimiento. Algo en su interior se agrietó, a punto de romperse al ver cómo le estaba mirando. Quiso continuar su disculpa, pero ella le interrumpió.

-Te odio –dijo con voz clara y destilando un profundo rencor.

La respiración de Mark se detuvo ante esas dos palabras. Nunca pensó que llegaría a afectarle tanto escucharlas de una chica que hacía tan poco tiempo que conocía, pero así era.

-Yo… Lo siento mucho… -se detestaba a sí mismo en aquellos momentos.

-¿Qué lo sientes? Dime, ¿qué es exactamente lo que sientes? –El tono de su voz enfurecida estremeció a todos los presentes. -¿Cómo puedes pedirme perdón si no sabes cómo me estoy sintiendo ahora mismo? –Se levantó de la silla y plasmó sus manos en la mesa, fijando sus ojos en los de Mark. -¡No tienes ni idea de cómo me siento! ¡No puedes saberlo porque tú no tienes una MALDITA VAGINA SANGRANTE!

La estupefacción inundó la cocina. Todos los miembros se quedaron mirando a su compañera sin saber qué decir ante sus palabras. Mark se había echado hacia atrás, atemorizado por la reacción de Ashton.

-¿Q-Qué?

-¡Que tú tienes un pene, maldito suertudo de mierda!

Se dispuso a salir de la cocina, los chicos se apartaban de su camino mientras la miraban sin dar crédito a lo que acababa de pasar. Cuando pasó al lado de Adam, se paró un momento y lo miró durante unos segundos con la misma expresión que a Mark.

-¡Muchas gracias, Adam! ¡Ahora me apetecen cerezas y no es temporada!

El joven ni siquiera pudo disculparse, pues ella subió las escaleras y todos pudieron escuchar claramente el portazo.

-Jo… der… -susurró Victor.

-¿Qu-Qué le pasa? –Jason casi tenía miedo de preguntar en voz alta, por si ella le escuchaba.

-Creo que nuestra compañera ha empezado con su periodo –se aventuró a decir Matthew.

 

 

Nadie quiso molestarla, todos se pusieron de acuerdo en intentar no enfadarla durante un par de días, aunque no confiaban mucho en poder conseguirlo dada la reacción que tuvo con Mark. Durante la mañana del sábado, los chicos realizaron sus habituales actividades: estudio, limpieza, lavandería,...

Mark volvió del gimnasio con otros miembros alrededor de las 12 del mediodía, un poco más aliviado que esa mañana, pues aunque Ashton le había gritado iracunda, el motivo no había sido Daisy. Sus amigos no habían querido sacarle el tema, pues solo les hizo falta verle por la mañana para saber lo afectado que estaba por culpa de la chica rubia. Esperarían unos días para hablarlo entre todos e intentar buscar una solución a su chantaje.

Apenas había entrado por la puerta cuando Kyle le llamó, acercándose apresuradamente a él.

-Mark, tenemos un problema: Ashton está llorando en el salón.

Los chicos miraron hacia el arco que conducía al gran salón y vieron a varios miembros allí congregados.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado para que esté así? –Preguntó Jason preocupado.

-Está viendo la televisión –contestó Matthew.

-¡Ah, bueno! –Dijo el chico. –No será tan grave, seguramente esté viendo alguna mierda cursi como Titanic o El diario de Noah.

-No, Jason. Está llorando mientras ve capítulos de The Walking Dead –aclaró Kyle.

Mark, Jason, Frank y Nick fueron hacia la entrada del salón, los demás miembros se apartaron para que viesen lo que ellos aún no lograban entender. Ashton estaba llorando como si no hubiese un mañana, rodeada de pañuelos usados, con la cara enrojecida mientras se escuchaba de fondo los terroríficos alaridos de los zombis.

-Tim, tú eres el veterinario del grupo y tienes experiencia con fieras–empezó a susurrar Adam, -acércate e intenta calmarla.

Sorprendentemente, Adam no estaba bromeando cuando le dijo eso a su amigo.

-Ni de coña, tío –le contestó Timothy sin apartar sus ojos de la desdichada Ashton. –Ya viste lo que hizo con una serpiente estando de buen humor, no quiero imaginarme de lo que es capaz estando con el periodo.

-¿Creéis que deberíamos llamar al hospital? –Inquirió Victor. –Por si pueden prestarnos una camisa de fuerza.

-No seas bestia, tío –riñó Scott.

-Tú estás estudiando Psicología, ¿puedes afirmar con rotundidad que no está loca viéndola así?

Como si quisiera enfatizar las palabras de Victor, Ashton empezó a llorar más fuerte aun cuando un gran chorro de sangre apareció en la pantalla. Algunos hasta se asustaron más al escuchar el alarido de tristeza.

-A ver, dejadme pasar –se atrevió a decir Kyle. –Intentaré tranquilizarla.

-Te recordaremos siempre, tío –le aseguró Adam.

Kyle ignoró a su amigo, se acercó lentamente hasta el sofá y se sentó al lado de la afligida chica.

-Ashton, ¿por qué estás tan triste? –Preguntó dulcemente.

Ella señaló la pantalla de la televisión sin poder contener las lágrimas.

-Los están matando. ¡Los están matando!

Los protagonistas de la serie se estaban defendiendo del ataque de los zombis, la escena era sangrienta y angustiosa para cualquiera que la viese, pero al parecer en su amiga solo provocaba un gran sentimiento de pena.

-Ashton, tranquilízate. Los protagonistas solo se están defendiendo del ataque –intentó utilizar la coherencia.

-¡Pero los están matando! ¡¿No lo ves?! –Otra nueva oleada de lágrimas. –Me dan mucha pena, ellos solo se dejan llevar por su naturaleza… No tienen culpa de lo que hacen…

Más lágrimas.

-¿Qué… se dejan llevar por su naturaleza? –Preguntó extrañado.

-¡Sí! Los zombis no saben lo que están haciendo, solo se dejan llevar por su instinto… -hipó levemente. –Y Rick y los suyos los están matando… ¡No es justo!

Kyle se quedó un momento procesando las palabras de la chica, miró hacia sus compañeros y todos se encogieron de hombros, atónitos, sin saber qué hacer para calmarla.

 

 

Tras un domingo lleno de altibajos emocionales, Ashton se levantó más animada el lunes. Se acicaló y bajó para desayunar.

-¡Buenos días! –Saludó animada a todos los presentes.

Sus amigos la miraban con cierto recelo y temor.

-¿Te sientes… mejor? –Preguntó Adam.

-Sí, me siento mucho mejor –se acercó a la cafetera y empezó a prepararse el café.- Quería pediros perdón, mi humor ha sido una mierda este fin de semana y lo he pagado con vosotros.

Los chicos le sonrieron al comprobar que había vuelto a la normalidad.

-Nos advertiste el primer día y no te hicimos mucho caso –dijo Matt, -pero no volveremos a estar confiados.

-¿Y eso? –Cuestionó ella divertida.

-Nos hemos descargado un calendario menstrual –contestó Jason, -ahora no nos cogerán desprevenidos tus próximos periodos.

Todos los presentes le mostraron sus móviles con la aplicación abierta y ella no pudo más que reírse.

Capítulo 18 por Kala1411

Capítulo 18

 

 

El último fin de semana de septiembre, Ashton se marchó a visitar la Academia Militar. Los chicos intentaron convencerla para que se quedara, pues planeaban ir a una gran fiesta de la espuma.

-Chicos, os lo agradezco, pero quiero ver a mis padres. Sé que van a organizar una misión de entrenamiento y no sabéis lo divertido que es –dijo ella mientras bajaba las escaleras del porche. – ¡Pasáoslo bien!

Cuando su taxi se alejó de la casa, los chicos entraron desanimados al salón. Apenas había salido del recinto del campus y ya la echaban de menos. Llegaron a desesperarse y aburrirse tanto, que decidieron organizar ellos otra fiesta para el sábado por la noche. Ella estaría dos días fuera, y su tren no llegaría hasta el domingo por la noche, por lo que tendrían tiempo para limpiar y ordenar la casa para cuando estuviera de vuelta.

Pensaron los detalles durante la hora del almuerzo y cuando casi habían terminado de comer, Mark recordó algo importante.

-Por cierto, me olvidé de avisaros –dijo mirando a Kyle y a Adam, -pedí dos nuevas camas para vuestra habitación, pero me han informado que hasta el lunes no llegarán por problemas con el transporte.

Los chicos se miraron con el ceño fruncido.

-¿Y qué haremos durante el fin de semana sin camas? –Preguntó Kyle.

-Sé que no es una gran idea, pero creo que la única solución que tenéis es utilizar una de las camas de matrimonio que hay en el ático…

Las risitas empezaron a recorrer la mesa.

-¿Estás vacilándome? –Kyle había dejado de comer momentáneamente.

-Tío, no te preocupes. Puedes tener la cama de matrimonio para ti, yo tengo en mente otro lugar en el que dormir –le dijo alegre Adam.

-Seguro que ese lugar incluye una tía –bromeó Victor.

Todos se rieron, menos Jason.

-¿Podemos conocer la identidad de la afortunada? –Inquirió con una media sonrisa que no llegó a sus ojos.

Adam se enfrentó con su mirada, sabiendo lo que su amigo estaba pensando.

-Aun no la conozco ni yo, tío –dijo encogiéndose de hombros.

Pero su actitud despreocupaba no casaba con sus pensamientos.

 

 

El viernes por la tarde, a las 18:45 y tras casi 4 horas de viaje en tren, Ashton se bajó en la estación central de Seattle. John y Paul la esperaban en el andén con los brazos abiertos. Les había echado de menos más de lo que creía. La llevaron a cenar a su pizzería favorita antes de dirigirse al centro militar, para poder tener un rato de “padres” e hija. Solo esperaba que no se diesen cuenta de la pequeña mentira que ella les había estado contado desde que se fue. Era una gran mentirosa, le enseñaron a serlo para las ocasiones que más lo requiriese, pero esa era la primera vez que engañaba a sus padres.

-Bueno, ¿y cómo es la hermandad a la que perteneces? –Preguntó John.

-¡Es genial! La casa es enorme y muy luminosa.

-¿Cómo son las chicas que viven contigo?

-Pues son todas distintas entre sí, pero formamos una piña. Estamos muy unidas y nos apoyamos mucho las unas a las otras –bebió un poco de su agua mientras simulaba pensar. –Supongo que no puedo decir cuál podría considerar como mi mejor amiga aún.

-No tienes que precipitarte en nada –le dijo Paul sonriéndole. –Estás en la Universidad, rodeada de cultura y gente nueva, disfrútalo todo con tranquilidad.

Sus platos llegaron y empezaron a cenar, pero ella sabía que aún había preguntas en el aire y sus padres solo estaban esperando el momento propicio para hacerlas.

-Y, con el género masculino, ¿cómo vas?

John formuló la pregunta con aparente desinterés, pero ella lo conocía mejor que eso y había estado ensayando mentalmente su respuesta durante todo el camino.

-Se me han acercado algunos chicos, pero les he dejado claro que estoy centrada en mis clases –ella sonrió inocente. -He hecho algunos amigos, pero nada más. No me interesan en este momento de mi vida.

Pudo observar claramente como la tensión en los músculos de sus padres desaparecía, incluso les vio sonreír levemente aunque intentaron disimularlo.

-Bueno, háblanos de tus clases, ¿cuáles son tus favoritas?

 

 

La misión de entrenamiento empezó a las 3 de la madrugada, en una zona boscosa. Ashton estuvo corriendo, escondiéndose y planeando con sus compañeros durante doce horas, hasta que consiguieron su objetivo. La mayoría de los componentes de su equipo eran jóvenes que habían estudiado al mismo tiempo que ella en la Academia Militar, solo que algunos años mayores. Sabían la historia de su vida y de quiénes era hija, por lo que ninguno se atrevía a verla como algo más que su compañera.

Por desgracia, sus padres le informaron de un imprevisto en la otra punta del país que debían solucionar. La llevaron a la estación de trenes el sábado por la tarde y cogió el último tren que salía para California. Le apenaba no poder pasar más tiempo con ellos, pero el trabajo era el trabajo.

 

 

Su tren llegó casi a medianoche, se apresuró a coger un taxi pues estaba deseosa de acostarse. No había dormido en casi 24 horas, y ni siquiera había recuperado fuerzas tras la ardua misión de entrenamiento.

Cuando se bajó del taxi y vio la enorme fiesta que habían formado los chicos de su fraternidad, solo suspiró. Sabía que no le costaría quedarse dormida por el cansancio acumulado que tenía, así que no estaba preocupada.

Sus amigos estaban esparcidos por toda la casa, bebiendo, bailando y babeándose con las chicas que había por doquier. Ni siquiera se paró a buscar a nadie para avisar de su regreso anticipado, solo se fue directa a su habitación.

Cuando abrió la puerta, el olor a cereza llegó a su embotado cerebro antes que la escena. Adam estaba follando con una guapa morena en su cama. Cerró la puerta de golpe, notando sus mejillas rojas. ¿Qué podía hacer? Su cuarto había sido invadido por Adam, así que ella se aventuró a ir a la habitación que él compartía con Kyle. Si el chico le había robado su cama, ella se apoderaría de la suya. Ya tendría tiempo de pegarle una paliza al día siguiente, cuando hubiese descansado lo suficiente.

Entró en la habitación de los chicos y se quedó pasmada al ver la cama de matrimonio. Pero tampoco le importó mucho, pues su cuerpo y su cabeza le pedían a gritos meterse en ella. Su pretensión había sido llegar a su habitación, ponerse su pijama favorito y acostarse, dejando para el día siguiente la tarea de deshacer la maleta. Pero debido al cambio de su plan, no se lo pensó dos veces y cogió una camiseta de una cajonera. No sabía de quien era ni le importaba, solo se la puso y se acostó. En cuestión de segundos, estaba sumida en un profundo sueño.

 

 

Kyle había bebido más de la cuenta, aunque no llegaba a estar tan borracho como algunos de sus amigos. Había estado hablando con varias chicas, pero ninguna de ellas le atraía como para tener sexo, y eso que llevaba casi dos meses desde la última vez que se acostó con alguien. Pero la presencia de Ashton le había trastocado más de lo que él había creído, no podía evitar comparar a cada fémina con ella.

Llegó a su habitación y se percató levemente del bulto que había en la cama. Sonrió divertido, pues parecía que Adam no había encontrado tampoco a ninguna chica que le gustase para pasar la noche. Él comprendía a su amigo, solo pensaba en una persona y resultaba ser la menos indicada, pero así era el amor. Se quitó la ropa, quedándose solo en slips, y se metió entre las sábanas, harto de sus pensamientos y de lo complicado que era todo a veces.

 

 

A la mañana siguiente, Kyle se despertó relativamente pronto por los rayos de sol que entraban por la entreabierta ventana. Tenía la boca pastosa, pero eso no fue lo que más le incomodó. A medida que tomaba conciencia de su postura, se dio cuenta que estaba pegado contra el cuerpo de su amigo, quien había metido su cabeza bajo la almohada para eludir los rayos del sol para seguir durmiendo. Su culo estaba pegado a su entrepierna, y su pene estaba completamente erecto.

Se había empalmado con su compañero de habitación.

De repente, se despertó por completo y se alejó de la cama tan rápido como pudo. Se apresuró a salir de allí, y una vez fuera, se apoyó contra la puerta jadeando y con las manos sobre su miembro.

-¿Qué cojones te pasa, Kyle? –Se recriminó a sí mismo.

Tardó un poco en normalizar su respiración y esperar que su pene recuperase su tamaño habitual. Bajó las escaleras para buscar algo que poder desayunar, o con lo que poder volver a emborracharse, lo que encontrase primero.

Se paró en seco cuando estuvo en la puerta de la cocina y vio a varios de sus amigos allí, entre ellos Adam.

-Adam… ¿Qué estás haciendo aquí?

El aludido lo miró, con el sueño aun dominando su gesto.

-¿Cómo que qué hago aquí? Pues desayunando, ¿no lo ves?

-¿D-Dónde has pasado la noche? –Tragó mientras hacía la pregunta.

-En la habitación de Ashton.

-¿Te has follado a una chica en la habitación de Ash? –Inquirió Victor. –Va a matarte cuando se entere.

Adam iba a contestarle, pero Kyle habló antes.

-Si tú has dormido en la habitación de Ashton… ¿Quién ha dormido conmigo en la cama matrimonial?

Todos los presentes se quedaron paralizados durante unos segundos antes de reaccionar y apresurarse a subir las escaleras. Kyle era el más rápido, pues la adrenalina impulsaba sus pies a correr para averiguar la identidad de aquella persona. Abrió la puerta de golpe, seguido de sus amigos, y no se demoró en destapar las sábanas.

Un redondeado culo y unas firmes y tersas piernas le dieron la bienvenida. La chica gimió, apartó la almohada de su cabeza y se sentó en la cama, sin ningún tipo de vergüenza porque todos sus compañeros estuvieran viendo sus braguitas negras y notasen sus pechos libres de sujetador.

-¿Qué crees que estás haciendo? –Preguntó molesta Ashton.

Kyle se quedó paralizado de la sorpresa.

-Cre-Creí que llegarías hoy… -expuso Kyle. -¿Cuándo has llegado?

-Llegué anoche –dijo bostezando y restregándose los ojos. –Pero un cerdo fornicador había invadido mi cama –dijo mirando mal a Adam.

-Sí, eso… -el aludido no sabía qué decir. -Espero que me perdones, Ash…

Ella le tiró un cojín a la cara.

-Quiero mis sábanas lavadas antes de esta noche –le advirtió. –Y ahora, si no os importa, quiero seguir durmiendo.

Se levantó para bajar la persiana, y todos los presentes aprovecharon para mirar detalladamente su culo. Ella ignoró sus miradas y volvió a meterse en la cama para seguir durmiendo.

-¿Os importa? –Dijo a modo de invitación para que todos salieran de allí.

Una vez la puerta estuvo cerrada, los chicos volvieron lentamente a la cocina, pensando en los muslos de su compañera. Casi había llegado a la escalera, cuando Adam se giró hacia Kyle y le dijo en voz baja:

-Necesitaremos ducharnos durante la mañana, y toda nuestra ropa está en la habitación. ¿Por qué no vas y me buscas mis prendas? Si Ash me ve entrar a mí, puedo despedirme de mis futuros hijos –explicó elocuentemente.

Kyle le sonrió a su amigo, Adam podía parecer muy bromista, pero se percataba de muchas cosas que pasaban a su alrededor.

Entró sigilosamente en la habitación, admirando detenidamente a la chica. Tenía la sábana por la cintura, pero la silueta de su culo era perfectamente visible. Sigilosamente empezó a buscar su bolsa de baño y ropa para él y para su amigo.

-No me importa si necesitas encender la luz –le susurró Ashton.

Él la miró sonriendo, ella le devolvía la mirada con un ojo abierto y varios mechones sobre su rostro.

-Ya lo tengo todo, pero gracias –se acercó a la cama y se sentó. –Siento la forma en la que te he despertado, no sabía que eras tú.

Ella empezó a reírse antes de bostezar y disponerse a dormir de nuevo.

-¿De qué te ríes? –Le susurró él, curioso.

-Una parte de ti sí que se había dado cuenta que era yo –la leve risilla traviesa retumbó en su interior como si fueran campanas.

Kyle salió de la habitación rezumando felicidad.

Capítulo 19 y Capítulo 20 por Kala1411
Notas de autor:

Vuelvo a subir dos capítulos en un mismo post, pues estoy muy ocupada con exámenes y no se si tendré oportunidad de conectarme en los próximos días.

¡Saludos!

Capítulo 19

 

 

A la hora del almuerzo, el rugido feroz de sus tripas la despertó. Fue a su habitación a coger lo necesario para darse una ducha rápida y comprobó con satisfacción que Adam le había hecho caso y había quitado sus sábanas. Aun así, tendría una pequeña charla con él.

-¡Por fin ha despertado la Bella Durmiente! –Exclamó Jason cuando la vio llegar a la cocina. –Por cierto, tienes un bonito culo… ¡Ay!

Matt le golpeó en la nuca.

-Gracias –le dijo ella con una sonrisa.

Matt le guiñó un ojo mientras se sentaba a su lado en la gran mesa del comedor. Al parecer, habían pedido pizzas de nuevo ante el cansancio generalizado y las pocas ganas que tenían de cocinar. Ashton vio llegar a Kyle y aprovechó para hablar con él.

-Kyle, te devolveré luego la camiseta que te cogí prestada anoche para dormir.

-No te preocupes, no hay prisa –dijo él muy sonriente.

-No te molestes en lavarla, Ash –dijo Victor. –Seguramente Kyle se masturbe con ella y la ensucie.

Las risas llenaron la estancia. Kyle se acercó a Victor con intención de pegarle, pero Adam lo detuvo. Mark continuó con su bebida, intentando ignorar la conversación de sus amigos y poniendo toda su concentración en olvidar el hecho de que Ashton había dormido en la misma cama que Kyle.

Él tenía “novia” en esos momentos y no debía molestarle tanto que su Beta hubiera pasado la noche con Ashton, pues no había pasado nada, solo habían dormido. Sin embargo, los celos hacían mella en su ánimo y no podía evitarlo. No quería volver a pasar por esa situación de nuevo con Kyle, sobre todo en aquellos momentos que parecía que su amistad empezaba a recuperarse poco a poco, pero era una sensación indescriptible e inevitable la que sentía cuando los imaginaba juntos.

Tenía un problema muy jodido.

 

 

Por la noche, Ashton se dirigió a la habitación de Kyle para devolverle la camiseta. Llamó levemente a la puerta y él le abrió, iluminándoseles los ojos, pero ella no se percató de ello.

-Hola, vengo a traerte tu camiseta –le dijo entregándosela como si fuera una ofrenda. –Muchas gracias por “prestármela” –sonrió poniendo las comillas con los dedos.

-No tienes que darlas, puedes volver a cogerla cuantas veces quieras.

-¡Eh! ¡Pero si es nuestra pequeña Ash! –Exclamó Adam tumbado en la cama.

Ella le miró mal y recordó la conversación que quería tener con él. Entró y se cruzó de brazos frente a la cama, con una sonrisa ladeada.

-¿Quién es ella?

Adam la miró interrogante.

-¿Qué?

-La chica que huele a cerezas.

Él pretendió desconocer a lo que se refería, pero ella sabía mentir mejor que todos los miembros de la fraternidad juntos. No iba a conseguir engañarla.

-Ash, no sé de qué me estás hablando.

-Cada vez que has vuelto de una fiesta, el olor a cerezas estaba impregnado en ti –empezó a explicarle. –Y anoche, cuando entré en mi habitación y te vi… haciéndolo con esa chica, toda la estancia olía a cerezas –había dado en el blanco y podía verlo por su expresión. –Así que, ¿quién es ella?

Kyle cerró la puerta y se giró a su compañero con el ceño fruncido.

-Dime que no has vuelto con ella.

Adam bajó la vista hasta sus manos con expresión resignada y asintió levemente.

-Joder… -murmuró Kyle.

-Ash, ¿le has dicho a alguien más que me viste con esa chica anoche? –Preguntó Adam inquieto.

-No –ella comenzaba a preocuparse.

-No se lo digas a nadie, por favor –le pidió con ojos suplicantes.

-De acuerdo.

-Ella… es la melliza de Jason…–Adam sentía que debía contarle eso a su amiga si iba a guardarle el secreto. –Él es muy sobreprotector con ella, y casi me partió la cara el año pasado cuando empecé a verla.

-¿Cómo se llama?

-Jessica –dijo con un tono en la voz que no le pasó desapercibido. -Tiene los mismos años que yo, los mismos gustos que yo, e incluso compartimos algunas manías.

A Adam le gustaba realmente aquella chica.

-Te la partirá este año si os descubre –advirtió Kyle.

-Lo sé, pero no puedo evitar verla. No quiero tener que evitar verla.

Los hombros del joven se hundieron.

-No te preocupes –le dijo Ashton. –Tarde o temprano, Jason entrará en razón. Solo es cuestión de tiempo, ya verás.

 

 

El miércoles, Adam sabía que tenía un rato hasta que los demás volvieran de clases o del gimnasio, así que invitó a Jessica a la mansión de la fraternidad. Él le abrió la puerta muy sonriente y ella se apresuró a entrar.

-Espera, cogeré el bote de nata y nos iremos a la habitación.

Ella se rio como quien sabe que va a hacer una travesura.

Al mismo tiempo, los miembros de la fraternidad volvían desanimados del gimnasio. El Esparta estaba cerrado por “motivos personales” según rezaba en un gran cartel en la entrada del edificio. Así que decidieron volver antes a la mansión.

Jason entró primero en la gran casa y vio a su hermana allí. Se miraron durante unos segundos, ella como si hubiese visto una aparición, y él con el asombro pintado en su cara.

-Jess, ¿qué…?

No terminó de formular su pregunta cuando vio llegar a Adam de la cocina con el  bote de nata, y su visión se tornó roja.

-Adam –dijo simplemente.

El joven se había parado en seco al ver a Jason. Los demás miembros también se habían quedado paralizados ante la escena, Mark y Matt se miraron de reojo, dispuestos a sujetar a Jason si fuese necesario.

-¡¿Puedo saber qué…?!

-¡Jess, tía!

Ashton se apresuró a pasar al lado de sus amigos, con una expresión sonriente, y se dirigió a la hermosa chica morena. La joven la miraba estupefacta, así que Ashton la abrazó para decirle al oído en un susurro:

-Sígueme –se alejó de ella sin quitar su expresión de alegría. –Perdona que haya tardado, ya sabes lo lentos que pueden ser los chicos a veces.

Jessica reaccionó como una auténtica profesional.

-Lo sé, tía. Cuando necesitas que vayan rápido, son como tortugas. Y cuando les pides que vayan lento, parecen Flash.

Ambas bufaron con cierto dramatismo.

-Ashton, ¿de qué conoces a mi hermana? –Preguntó Jason un poco más tranquilo, pero solo en apariencia.

-Nos conocimos el otro día en la biblioteca, me aconsejó un libro para leer.

Jason miró a su hermana, aun desconfiado.

-¿Y tú, como la reconociste?

Ante el segundo dubitativo que tuvo Jessica, Ashton soltó una pequeña carcajada divertida.

-Jason, cada vez soy más conocida por pertenecer a una fraternidad solo de chicos.

Él sonrió con un poco de cinismo y giró su cabeza para mirar a su amigo, quien parecía haberse quedado mudo, al igual que los demás miembros de la fraternidad a su espalda.

-Y la nata, Adam, ¿para qué era?

Él reaccionó rápido, demostrándole a Ashton lo que acababa de aprender de ella.

-Voy a ver la televisión y me apetecía comer fresas con nata, pero al escuchar que había entrado alguien, he salido de la cocina para ver quién era –él se encogió de hombros con semblante honesto. -¿Qué te pasa últimamente? Estás muy cotilla, joder.

Se giró para volver a la cocina, sintiendo como su corazón bajaba de su garganta y volvía a su lugar original.

-Jess, sube y te enseñaré otros libros que tengo, por si te interesa alguno –invitó Ashton.

-¡Gracias!

Las dos chicas subieron animadamente la escalera y solo volvieron a respirar cuando estuvieron en la habitación de Ashton. Jessica se tumbó en la cama, pues los nervios habían hecho que sus piernas se sintieran como si fuesen gelatina.

-En serio, tía, muchas gracias –murmuró mirando al techo.

-Adam me contó el otro día sobre lo vuestro –Ashton se sentó a su lado.

-Me ha contado lo del olor a cerezas que descubriste –le dijo la chica con una sonrisa. –No nos hemos presentado formalmente, yo soy Jessica.

Se rio, estrechándole la mano.

-Ashton, encantada de conocerte.

-Sé quién eres –Jess se sentó con las piernas cruzadas como un indio. –Hasta hace unos minutos, la pequeña celosa que hay en mi te detestaba al saber que estabas siempre tan cerca de Adam.

-Y… ¿ahora?

-Ahora te quiero más que a mi consolador de conejito.

Empezaron a reírse.

-Adam y mi hermano me dijeron que eras una chica estupenda, y no les di crédito. Pero me alegro que seas cojonuda, no te imaginas el desastre que has evitado ahí abajo.

-Me hago una idea al ver la expresión de Jason cuando vio a Adam llegando con la nata. ¿Para qué era?

Jess se rio.

-Muy buena broma.

-No, es en serio. ¿Para qué queríais la nata? –Insistió Ashton.

Ella se la quedó mirando durante unos segundos, y se percató de que la curiosidad de la chica era real.

-Pues… para el… sexo… -musitó sin dejar de mirarla con los ojos muy abiertos.

-Pero, ¿sería algo muy sucio, no? –Ashton puso una cara rara cuando intentó imaginarlo. –Es decir, es comida lo que ibais a utilizar -Jess asintió. -Pero… ¿dónde…? –Y entonces lo comprendió. -¡Vale, no me lo digas! No sé si quiero saberlo.

-A-Ashton, dime una cosa: ¿cuándo fue la última vez que te acostaste con alguien? –Preguntó dulcemente la morena. –Ya me entiendes, la última vez que pusiste los ojos en blanco en la cama con un chico.

-Soy virgen –contestó mientras se reía, sabiendo cuál sería la reacción de la chica.

Jessica se tapó la boca con una mano y la miró con pena.

-Tú… ¿nunca has tenido un orgasmo? –Le preguntó conmocionada.

-Sí que los he tenido. Me masturbo algunas veces y me quedo satisfecha –dijo encogiéndose de hombros. –No entiendo la obsesión de todo el mundo con el sexo, tampoco es para tanto…

-Si no has follado nunca, no puedes decir esas palabras –sentenció la morena. -No sabes lo que es el sexo, mucho menos un orgasmo. Pero, no te preocupes, tu inexperiencia tiene fácil solución.

-Si crees que voy a acostarme con un chico cualquiera, estás muy equivocada –aclaró ella levantándose de la cama.

-No tiene que ser con un chico cualquiera, puede ser con el que te guste.

Jess se puso también de pie y la cogió por los hombros para llevarla delante de su espejo.

-Mírate. Eres muy guapa, y seguramente tienes un buen cuerpo por el ejercicio que haces. Solo necesitas resaltar tus puntos fuertes y tendrás al tío que quieras comiendo de tu mano –explicó con una sonrisa. –Bueno, a cualquier tío menos a Adam, por su puesto.

Ashton se rio, comprendiendo los sentimientos de la chica.

-A ver –dijo Jess abriendo el primer cajón de su cajonera, -¿qué tenemos aquí? ¡Ah! La ropa interior, a ver… a ver… -tras un minuto de infructuosa búsqueda, preguntó: -¿Dónde tienes los sujetadores normales? Aquí solo veo los deportivos.

-Es que solo utilizo sujetadores deportivos.

-¿Qué? –Se giró para mirarla boquiabierta.

-Son los más cómodos para mí… -ante la expresión atónita que seguía teniendo la chica, se vio obligada a explicar. –Tengo un tamaño muy grande y son muy incómodas, ¿vale? Es muy difícil encontrar un sujetador que me vaya bien y sea confortable para los entrenamientos que hago.

Jessica sacudió la cabeza para aclarar sus ideas ante las palabras de Ashton.

-Pero ya no tienes que entrenar tanto como en la Academia Militar, ya no estás allí. No tienes excusa para conseguirte otro tipo de sujetador.

Ella comprendió el punto de Jessica, pero no le gustaba la idea de tener que cambiar su ropa interior.

-Puede que tengas razón, pero no voy a conseguir otros. Tengo sujetadores suficientes.

La morena se tocó la barbilla con actitud aparentemente pensativa.

-¿Las víboras de la Hermandad Delta no te destrozaron un par de sujetadores?

-¿Cómo sabes eso? –Inquirió Ashton.

-Adam me lo contó –respondió la chica encogiéndose de hombros. –Así que te propongo algo a modo de agradecimiento por lo que has hecho por mí antes: ven conmigo de compras y te conseguiremos un par de sujetadores normales.

Ashton sonrió, pensando que sí jugaba bien sus cartas, podría contar a Jessica entre sus amigos. Le caía bien la chica y quería pensar que era algo mutuo.

-Te lo agradezco, pero no hace falta. No tengo tiempo para ir de compras y ni siquiera sé cuál es mi talla de ropa interior.

-Eso tiene fácil solución, quítate la ropa y te mediré.

 

 

A la hora del almuerzo, las chicas bajaron. Jessica había quedado en el comedor para comer con su grupo de estudio, por lo que no podía quedarse mucho más tiempo, pero Jason le pidió disculpas antes de que se fuera. Había comprendido lo exagerado de su reacción y se sintió culpable.

 

 

Capítulo 20

 

 

Para sorpresa de Ashton, Jessica se presentó al día siguiente en la mansión de la fraternidad con varias bolsas para ella. La joven estaba estudiando tranquilamente en su habitación cuando escuchó el sonido de tacones que se acercaban por el pasillo. Abrió la puerta y se encontró a la sonriente morena con más bolsas de las que podía contar.

-¿Qué es todo esto?

-Todo lo que una chica necesita –contestó Jessica, -empezando por unos sujetadores monísimos.

-Ya te lo dije, no necesito más ropa de la que ya tengo. Mucho menos sujetadores.

-Pero te he traído varios –dijo poniendo cara de cachorrito. –No supe exactamente qué color te gusta, así que he comprado de diversos modelos…

-Jess, no va a servirte esa expresión conmigo. Estoy estudiando y no vas a convencerme para probarme todo eso. Te agradezco tu intención, pero estoy muy ocupada.

-Bueno… -musitó apesadumbrada la joven. –Entonces, no me dejas más alternativa.

Soltó todas las bolsas al lado de la puerta de la habitación de Ashton y se acercó a la escalera que daba al gran hall, y aprovechándose de la presencia de la mayoría de los chicos en la planta baja de la casa, habló en voz alta.

-Miembros de la Fraternidad Alpha Omega, le he traído a Ashton varios sujetadores–solo con esa frase, todos le prestaban atención. -¿Quién quiere apostar por la copa y la talla que uti…?

Ashton corrió por el pasillo hacia ella, la cogió del brazo y la arrastró a su habitación escuchando de fondo las apuestas que sus amigos hacían entre risas.

 

 

Resultó que Jessica no solo le había conseguido ropa interior, también algunos vestidos (que para su sorpresa le gustaron), y un juguete de un sex shop del centro de la ciudad.

-Esto –dijo mostrándole la caja rosa, -es una cápsula vibradora. Se controla mediante un pequeño mando, y tú puedes elegir la intensidad de la vibración. Es muy parecido a un tampón, por lo que nadie se dará cuenta de que lo llevas puesto.

-Jess, ¿de verdad crees que lo utilizaré fuera de mi habitación? –Inquirió Ashton riéndose.

 

 

Al día siguiente, tras pasar varias horas estudiando para un examen de matemáticas que la señora Smith pondría al final de la semana, Ashton decidió relajarse un poco. No era la única que tenía una asignatura con esa profesora, y al parecer era famosa por realizar parciales difíciles en todos los cursos. Ella llevaba bien las lecciones, pero le gustaba asegurarse.

Decidió leer las instrucciones del juguete que Jessica le había regalado y probarlo. Hacía mucho que no se relajaba de esa forma, y aquella tarde lo necesitaba. Limpió bien el pequeño aparato y se tumbó en la cama poniendo en su pequeña radio música de los Rolling Stone a un volumen medio, lo suficiente para meterse en su mundo privado y no molestar a sus compañeros en las otras habitaciones.

Apenas había empezado a relajarse y probar las pequeñas vibraciones del aparato mediante el pequeño mando, cuando llamaron a su puerta. Rápidamente, se vistió con los pantalones del pijama y abrió la puerta.

Era Mark.

-Hola Ash, ¿estás ocupada?

Ella ignoró la leve vibración que aun sentía en su entrepierna.

-No, ¿qué pasa?

-Necesito que me prestes el libro de Historia del Arte que cogiste de la Biblioteca. Te lo devolveré mañana.

-Se lo dejé a Kyle, pero espera lo buscaré.

Salió disparada para la habitación de Kyle, no muy lejos de la suya, y Mark entró tímidamente a la habitación de Ashton al reconocer la voz de Mick Jagger. Se acercó a la pequeña cadena de música que tenía su compañera en una mesa y vio algunos discos que reconoció entre sus favoritos.

Empezó a sonar una de sus canciones favoritas y buscó el botón para subir el volumen, pero no lo vio. Se percató entonces del pequeño mando que había sobre la cama y empezó a pulsar, dirigiendo el mando hacia la cadena, sobre el símbolo de “más”, pero el volumen se mantenía.

A algunos metros de allí, Ashton llamaba a la puerta de Kyle. Su amigo abrió la puerta y sus ojos brillaron al verla.

-Hola Kyle…

No pudo continuar su frase. Las vibraciones en el centro de su cuerpo aumentaron de repente, provocando una sensación que nunca antes había sentido.

-Hola preciosa, ¿qué puedo hacer por ti?

-¿Po-Podrías devolverme… el libro… -le costaba pensar y hablar al mismo tiempo, -de… Historia… del Arte?

Se mordió el labio para reprimir un gemido.

-Sí, un momento.

Kyle la miraba raro, sabía que su expresión debía ser muy extraña, pero no podía evitarlo. El calor en su cuerpo aumentaba cada vez más y su excitación humedecía sus muslos. Recordó que no llevaba ropa interior, pero no le importaba. Empezó a jadear y tuvo que apoyarse sobre el lateral de la puerta para no caerse. Sus rodillas parecían gelatina y notaba como el sudor perlaba su frente.

-Ten.

Kyle le tendió el libro y cuando ella lo cogió, su cuerpo no pudo más. Gimió cuando su orgasmo la atravesó.

-Ash, ¿te encuentras bien? –El joven se preocupó al ver su extraño comportamiento.

-Sí… -musitó con la respiración agitada. –Muchas gracias.

Sus propios fluidos impregnaban su entrepierna, y seguramente debería alarmarle que sus compañeros pudieran notar la mancha de humedad, pero su cerebro estaba tan embotado que no le importaba.

Llegó a su habitación sintiendo las réplicas del orgasmo, acrecentadas por la constante vibración de aquel pequeño aparato. Casi no tenía fuerzas para sujetar el libro a pesar de lo pequeño que era, y se lo entregó a Mark. El chico la miró detenidamente al ver su expresión.

-¿Te… ocurre algo?

Ella negó, incapaz de recordar cómo se articulaban las palabras.

 

 

Debía agradecerle a su amiga por el fantástico regalo. Tras probarlo un rato más, se dio una ducha rápida, durante la cual, recordó las caras de sus amigos. La habían visto en un momento muy íntimo y empezó a sentir vergüenza.

En la cocina, mientras cenaba, intentaba ignorar las miradas de Mark y Kyle, pues sabía que buscarían la primera oportunidad que tuvieran para preguntarle acerca de su extraña reacción. Y en ese caso, ella no sabría qué responderles.

Intentó escabullirse a su habitación, pero los chicos fueron más rápidos y la detuvieron al final de la escalera.

-Mark, tengo que hablar un momento con Ash –comentó el chico rubio, un tanto molesto por la presencia del otro.

-Yo también quiero preguntarle algo importante.

-Creo que tu pregunta podría esperar.

Mark abrió la boca para contestar a su compañero, comenzando a enfadarse por su actitud. Ashton se percató de la tensión de sus amigos y decidió dejar a un lado su vergüenza para evitar un conflicto entre los dos.

-Chicos, sé lo que vais a preguntarme los dos –su rostro estaba poniéndose rojo, pero continuó. –Esta tarde tuve un comportamiento raro y os pido disculpas. Tranquilos, no me pasaba nada malo.

-¿Pero qué te ocurría? Estabas muy sofocada cuando llegaste a mi habitación –inquirió Kyle.

La chica desvió la mirada, buscando una posible salida de aquella situación.

-Ash, suéltalo. Sabes que puedes confiar en nosotros –animó Mark.

Ella era reticente a explicarles esa parte, pero viendo sus rostros, sabía que no la dejarían marchar sin saber qué le ocurría. Respiró hondo y cerró los ojos, mientras en su cara el color granate se acentuaba.

-Jess me trajo un… artilugio muy… peculiar y yo lo estaba probando cuando Mark llamó a mi puerta… -nunca había vivido un momento tan embarazoso. -Yo… lo llevaba puesto cuando fui a la habitación de Kyle y… el aparatito empezó a… vibrar demasiado… y yo no pude aguantarme y me… me… -tuvo que tragar duro antes de decir la última frase en un susurro. –Tuve un orgasmo.

Los chicos estaban anonadados ante esa confesión, ni siquiera la detuvieron cuando se giró para correr a encerrarse en su habitación. Mark ató cabos cuando sus neuronas volvieron a ponerse en marcha, y recordó el pequeño mando cuyo botón había pulsado repetidas veces.

-Entonces… -comenzó a decir Kyle con una sonrisa confiada, -yo he visto su expresión cuando tiene un orgasmo.

-Sí… y yo he provocado ese orgasmo.

Capítulo 21 por Kala1411

Capítulo 21

 

 

El primer fin de semana de octubre, los miembros de la fraternidad organizaban una excursión a la costa para “despedirse” del verano. En los últimos años, varios grupos y otras hermandades y fraternidades habían empezado a adherirse a ese plan. Era algo “memorable” según Jason, pero Ashton no podía ir. Quería hacer varios trabajos académicos antes y, aunque todos le suplicaron, ella se mantuvo firme. No quería que le faltase tiempo para algunas asignaturas y ni tener que realizar esos proyectos de forma precipitada. La realidad era que todos aquellos trabajos debían hacerse en parejas o grupos y nadie quiso hacerlo con ella, pero no quería confesar eso a sus amigos.

Los chicos se fueron el viernes tras las clases, después de intentar “secuestrar” infructuosamente a Ashton, y ella consiguió dejar su proyecto de Biología bastante avanzado cuando cayó la noche. Aún debía pensar qué hacer para su clase de Psicología, pero decidió idearlo al día siguiente.  

El sábado por la mañana bajó de su habitación dispuesta a realizar un poco de ejercicio en el Esparta para luego continuar con sus proyectos. Empezó a preparar su desayuno cuando el timbre de la gran mansión sonó. Ella se apresuró a abrir la puerta y se encontró a un niño que tendría unos 9 años, con cara de pocos amigos.

-Hola –dijo ella dulcemente, -¿cómo te llamas?

-Eso a ti no te importa, ¿quién eres, la siguiente puta de mi hermano? –Inquirió entrando en la casa.

Ashton se sorprendió ante la animadversión de las palabras del niño.

-¿Dónde están todos? –Volvió a preguntar mirando a su alrededor.

-Se fueron a la costa este fin de semana…

El niño tiró su mochila y una pequeña bolsa de lona que llevaba.

-¡Vaya mierda! –Gritó iracundo.

Su respiración estaba agitada, pero Ashton no estaba segura de que aquello fuera un simple berrinche.

-¿Quieres desayunar? Estoy preparando huevos y beicon –invitó.

Él la miró muy enfadado, Ashton presintió que el chico quería pelear con alguien, pero ella no le daría ese gusto sin saber antes qué le ocurría. Así que solo se encogió de hombros y se fue para la cocina para seguir preparando el desayuno. El niño no tardó más de un minuto en sentarse en la gran mesa y ella le puso un plato y un zumo.

-Yo soy Ashton –dio su primer bocado.

-Jimmy.

-Encantada –dijo con su segundo bocado.

-Tienes nombre de tío –comentó el niño a modo de ataque.

-Lo sé.

Jimmy necesitaba pelear para sacar algo de su interior, a ella también le pasaba a veces.

 -¿Eres transexual?

Casi se atraganta de la risa.

-No, soy una chica. Y por cierto, no soy la novia de nadie.

Él la miró brevemente.

-Pero sí eres una puta, ¿no? Eso no lo has desmentido.

Él no iba a darse por vencido tan fácilmente, pero Ashton podía llegar a ser muy paciente.

-Tampoco lo soy, solo vivo aquí porque soy miembro de la fraternidad.

Jimmy dejó suspendido el tenedor en el aire y la miró fijamente.

-Esta es una fraternidad de chicos, tú no deberías estar aquí. Las chicas que aquí entran solo son zorras entrometidas –empezó a negar con la cabeza, cada vez más enfadado. –Mark es gilipollas.

-Yo pasé todas las pruebas para entrar aquí.

Se levantó para recoger la mesa.

-Eso es mentira. Una tía no puede pasar las pruebas que organiza la fraternidad, son muy duras.

Ella no pudo evitar soltar una carcajada y él se sintió ofendido.

-Seguro que solo utilizaste alguna estratagema para manipular a mi hermano y a los demás para que te dejasen entrar, igual que hizo aquella prostituta rubia.

Ashton se quedó paralizada por un momento, sabiendo a quien se refería Jimmy. Al parecer, el niño necesitaba pelear de alguna forma para deshacerse de algo que lo perturbaba y molestaba en demasía, alguna situación que habría vivido en su casa o en el colegio. Y llegar a buscar a su hermano para encontrar a una chica en su lugar le enfurecía más, pues solo había tenido como referente a Daisy.

-Jimmy, quiero que vengas conmigo al gimnasio –se giró para mirarle a la cara. –Te demostraré lo que soy capaz de hacer, así comprobarás que no te he mentido sobre lo de entrar en la fraternidad por mis propios medios.

Él bufó, pero aceptó. Ella le ayudó a subir sus cosas a la habitación de Mark y esperó en la entrada de la casa mientras el niño se ponía ropa deportiva. No le dirigió la palabra durante el trayecto hasta el Esparta, pero a Ashton no le preocupaba.

Durante la primera hora que estuvieron en el casi vacío gimnasio, Jimmy disimuló su asombro con una expresión seria, pero sus preguntas le delataban. Cuando Ashton terminó su entrenamiento, le indicó que le siguiera hasta el cuadrilátero central.

-Yo practico king boxing, pero también sé taekondo, karate y judo. ¿Quieres aprender algunas técnicas? –Él se encogió de hombros con aparente desgana. –Si no te gusta, lo dejaremos. Tú me dices hasta dónde quieres aprender.

 

 

 

Estuvieron toda la mañana en el gimnasio, Jimmy se lo estaba pasando mejor de lo que nunca reconocería en voz alta, y Ashton veía con grata satisfacción como el niño aprendía rápido. Tenía mucha energía y mucha fuerza, y en cierta manera le recordaba a ella. Resultó ser un alumno perseverante y obcecado, John y Paul estarían encantados de entrenarle, pensó cuando salían del Esparta.

-¿Te gustan los macarrones con perritos calientes? –Le preguntó. –Puedo llevarte a tu casa después del almuerzo.

-No quiero regresar a mi casa –su ira se reflejaba en su voz. –Jamás. Allí todo es una mierda –la miró desafiante. –Y tú no puedes hacerme volver.

-Tienes razón –respondió Ashton. –Así que dime, ya que vas a quedarte, ¿qué te gustaría hacer esta tarde?

El niño casi se paró al escuchar sus palabras, cualquier otro adulto habría intentado hacerle entrar en razón o le habría obligado a volver a su casa sin importarle sus quejas, pero Ashton no reaccionó así. Aquella chica no estaba actuando como el resto de la gente, y eso hizo que un pequeño destello de confianza apareciese en sus ojos. Era la primera persona en mucho tiempo que no parecía querer librarse de él.

-¿A ti no te molesta que diga palabrotas? –Preguntó él curioso.

-Pues no, muchas veces es la mejor manera para expresar como nos sentimos.

Jimmy no volvió a hablarle hasta que llegaron a la mansión, ensimismado en sus pensamientos.

-Estoy harto de que me riñan y no me escuchen –murmuró con el ceño fruncido. –Mis padres están divorciados y mi hermano apenas aparece por casa desde que entró en la Universidad, además mis profesores son idiotas que me tratan como si yo fuese una especie de criminal…

-Eso es una gran mierda, Jimmy –le respondió ella, pero al niño no le gustaría demasiada condescendencia. –Escucha, démonos una ducha rápida y bajemos a comer.

 

 

Ashton decidió no preguntarle sobre lo que le había ocurrido, no quería que se sintiera presionado, así que dejó que el almuerzo transcurriera con una conversación sencilla. El niño tenía 8 años, casi 9, le gustaban los deportes y las películas, pero apenas había visto ninguna porque nadie tenía tiempo de llevarlo nunca al cine o al videoclub.

Cuando terminaron de comer y mientras recogían la mesa, Jimmy empezó a contarle acerca de lo ocurrido.

-Ayer, me dieron mi primer aviso de expulsión en este curso y ni siquiera me preguntaron por qué le pegué un puñetazo a Sebastian Prince.

-¿Quieres contármelo a mí?

Él estuvo reticente a sincerarse durante unos segundos, pero decidió contárselo.

-Estaba molestando a uno de mis amigos, y solo porque es mayor que nosotros se cree que puede atemorizarnos. Pero claro, cuando aparece algún profesor o algún adulto, se comporta y por eso nunca le riñen –desvió la mirada. –Mis padres se enfadan conmigo y se dan por vencidos porque creen lo que los demás dicen, pero no me escuchan a mí… Y Mark ha empezado a comportarse igual que ellos, pero él antes no era así conmigo.

Aquel relato la conmovió, empezaba a entender a aquel niño y quería ayudarle. Nadie había sido justo con él y solo necesitaba que un adulto le diera cierto margen de confianza. Si alguien le escuchaba y no le etiquetaba, Jimmy volvería a creer en las palabras de los adultos.

 

 

Mark estaba pasando un fin de semana genial a pesar de la presencia de Daisy. Había conseguido evitarla casi todo el tiempo, pues al no estar presente Ashton, la chica rubia no veía la necesidad de marcar su territorio con tanta insistencia. Sus amigos habían empezado a compararla con una perra abiertamente y no solo por la actitud acaparadora que tenía a veces.

Sin embargo, un nudo en el estómago se le formó al ver la llamada de su madre.

-¿Sí?

-Mark, querido, creo que Jimmy ha ido a visitarte.

Se levantó apresuradamente del sofá y salió a la terraza para huir del sonido de la música y escuchar mejor a su madre.

-¿Cómo que ha ido a visitarme?

-Pues… acabo de encontrar una nota diciendo que estaba harto y que se iba a vivir contigo. En fin, no debería extrañarte tanto, no es la primera vez que lo hace. Solo mantenlo ahí hasta que pueda ir a recogerlo mañana. Chao, cielo.

-¡Espera! –Gritó desesperado a una línea muda.

Reprimió las ganas que tenía de tirar el móvil contra la pared y respiró profundamente. Sus padres solo pensaban en ellos mismos y él debía hacer de niñera cada vez que su hermano tenía un problema y decidía escaparse de casa. Como si no tuviese bastantes cosas en las que pensar.

Varios de sus amigos salieron a la terraza para preguntarle qué le ocurría, preocupados por su expresión.

-Jimmy está en la casa de la fraternidad.

Los miembros se miraron entre ellos, pues el niño ya era conocido por todos. Mark marcó rápidamente a Ashton, rezando para que la pobre chica no estuviese al borde del suicidio por la exasperación.

 

 

-Hola Mark, ¿qué tal todo por la costa?

Ella estaba preparando su bolso para salir a pasear con Jimmy al centro de la ciudad. Acababa de darse cuenta que no había llamado a su amigo para avisar que estaba con su hermano pequeño y eso la inquietó, pues seguramente Mark entraría en cólera.

-Ash, escucha, ¿mi hermano está ahí? –Sonó acelerado.

-Sí, llegó esta mañana. Siento no haberte llamado antes para comentártelo –puso el manos libres mientras continuaba con su tarea.

-No te preocupes por eso, ¿estás bien?

A ella le extrañó que no preguntase primero por el niño.

-Sí, claro que estoy bien. Y Jimmy también está bien, por cierto –respondió molesta.

No se había dado cuenta, pero el niño estaba escondido en el pasillo escuchando.

-No, mi hermano no está bien. Te pido disculpas por lo que te haya dicho o hecho –Mark sonaba muy preocupado y enfadado al mismo tiempo, -yo no sabía que él iría allí este fin de semana, de lo contrario, no te habría dejado con ese problema…

-¿Cómo le has llamado? Es tu hermano Mark, ¿cómo puedes decir que es un “problema”?

-Por qué es un niño hiperactivo, maleducado y agresivo. Mis padres no saben qué hacer con él y los profesores están cansados de castigarle por su mal comportamiento.

-A lo mejor, si pasaras más tiempo con él y le demostrases que le quieres, lo comprenderías mejor –contestó ella.

La línea se quedó muda unos segundos.

-¿Qué? –Musitó el joven.

-Jimmy solo quiere que se le escuche un poco, Mark. Solo necesita comprensión y cariño, pero todos a su alrededor pasan de él y anteponen sus propios planes a las necesidades que pueda tener –notaba como el enfado crecía en su interior. -No es nada de lo que has dicho, te lo puedo asegurar. Es un niño noble, amable e inteligente, y si yo me he dado cuenta de ello antes que tú, que eres su hermano, es que el “problema” no es Jimmy –a pesar de que no podía verla, ella se cruzó de brazos. –Te aprecio como amigo y te admiro como presidente, pero quizás deberías mejorar en tu papel como hermano mayor, Alpha.

Colgó, furiosa con Mark, y se obligó a tranquilizarse mediante respiraciones lentas. No quería estar alterada cuando Jimmy fuera a su habitación a buscarla.

 

 

Pasearon por algunas calles del centro, tomaron varias tartas en una cafetería muy pintoresca y entraron en un videoclub para alquilar varias películas. Las nubes grises habían invadido el cielo de la ciudad y sería una noche tormentosa, por lo que Ashton le explicó a Jimmy que no había mejor plan para noches así que las “3 P”: palomitas, películas y pizza.

El niño no sabía que películas coger, solo dejó claro que no quería “mierdas cursis”. Se decidieron por un par de comedias y por un clásico que le gustaba a Ashton. Apenas llegaron a la mansión cuando la lluvia empezó a caer, y no se demoraron en ponerse sus pijamas y preparar la comida.

-¿Pesadilla antes de Navidad? ¿No es muy antigua? –Preguntó Jimmy.

-Es una de las mejores películas de todos los tiempos –dijo Ashton. –Creo que te va a gustar mucho.

Ya habían visto la primera comedia mientras terminaban con el primer bol de palomitas, y cuando las pizzas estuvieron listas, comenzaron a ver la ciudad de Halloween. Ninguno de los dos despegó los ojos de la pantalla hasta que el final llegó, y para entonces, el pequeño estaba demasiado cansado para ver la película que les quedaba.

Una vez recogido todo el salón, estaban subiendo las escaleras cuando un trueno resonó en el exterior, haciendo que las ventanas vibrasen por la violencia del sonido. Jimmy, inconscientemente, agarró la mano de Ashton, pero se percató de lo que había hecho y la soltó. Sin embargo, a ella no le pasó desapercibido.

-Oye, Jimmy, a mí… me dan miedo los truenos –susurró. -¿Te importa si duermo contigo en la misma habitación?

Sabía que el niño no reconocería jamás su temor, pero ella quería que descansase aquella noche.

-De acuerdo, dormiré contigo… -dijo con voz cansada.

Ashton tuvo que reprimir una sonrisa ante su tono.

Una vez en la habitación de Mark, ella se dirigió a la cama de Matt para dormir allí. Las camas apenas estaban separadas por poco más de un metro y medio, pero a Jimmy no le gustó la idea.

-Deberías dormir conmigo, en la misma cama, así podré protegerte mejor de los truenos –explicó.

Ella obedeció, pues sabía que en realidad era él quien necesitaba su compañía. Se abrazó a él y le dio las buenas noches, dispuesta a dormirse, pero la respiración del chico no se estabilizaba, por lo que ella decidió esperar.

-A mí tampoco me gustan los truenos –murmuró Jimmy. –Me recuerdan a las discusiones de mis padres.

Ashton lo abrazó más fuerte y el niño no tardó en dormirse, sabiéndose protegido por aquella noche.

 

 

A la mañana siguiente, ella le propuso visitar un centro de juegos de la ciudad, en el que había una gran zona en la que se podían jugar con pistolas láseres. Se enfrentaron contra otras parejas de jóvenes durante toda la mañana y ganaron. Ashton le enseñó algunas estrategias de distracción y le dio algunas nociones sobre cómo hacer una buena emboscada, y él se comportó como el mejor de los soldados.

Comieron en una famosa hamburguesería mientras comentaban los puntos fuertes y débiles de los contrincantes que habían tenido. Con el estómago lleno y envueltos en una nube de felicidad, llegaron al campus. Los coches delataron la llegada de los miembros a la mansión, y Jimmy supo que su alegría se esfumaría en cuestión de segundos.

Entraron en el gran hall y allí estaba Mark, con los brazos cruzados y una expresión iracunda. Los demás miembros estaban a su alrededor, pero alejados de su Presidente, pues aunque no iban a meterse en aquella discusión, Mark pensó que así podía intimidar más a su hermano.

-Jimmy, quiero una explicación. Ahora.

-Nuestra casa es una mierda, y tú lo sabes.

-¡Basta! –Gritó Mark. -¿Sabes lo preocupado que me tenías? No puedes seguir escapándote de casa y siendo una molestia para la gente, tienes que cambiar –el niño miró al suelo con los puños cerrados, cada vez más irritado con las palabras de su hermano. -Destrozas todo lo que hay a tu paso y eres tan egoísta que no te das cuenta del estorbo que has supuesto para Ashton este fin de semana…

-No se te ocurra hablar por mí, Mark –advirtió ella con una voz afilada.

El joven la miró como si fuera la primera vez que la veía. Ashton se agachó hasta que estuvo a la altura del niño.

-Jimmy, me lo he pasado genial contigo –él levantó sus claros ojos con la sorpresa pintada en ellos. -Eres el chico más divertido que he conocido en mi vida, el mejor compañero de equipo y me gustaría que volvieras de visita cada vez que quieras.

El niño la abrazó con todas sus fuerzas ante la estupefacción de todos los presentes, y Ashton le devolvió el abrazo con una sonrisa.

-No me lo puedo creer –musitó Matt.

-Chucky tiene corazón… y Ash se lo ha ganado –comentó en un susurro Jason.

-Es la puta ama –le contestó Kyle sin dejar de mirar la escena.

El niño rompió el abrazo cuando se escuchó una bocina en la puerta de la mansión.

-Jimmy, esa es nuestra madre –susurró Mark con un hilo de voz, enternecido por aquella escena.

-Ash, en unas semanas es Halloween y voy a disfrazarme de Jack Skeleton –le dijo mirándola fijamente a los ojos. -¿Quieres ser mi Sally?

Ella sonrió ampliamente.

-Me encantaría.

Capítulo 22 por Kala1411

Capítulo 22

 

 

Días después, Mark aun pensaba en la estrecha relación que había nacido entre Ashton y su hermano Jimmy. Se había propuesto ser un mejor hermano mayor y escuchar más al pequeño, su amiga tenía razón en lo que le había dicho aquel día por teléfono.

Estaba tumbado en la cama de Daisy, mirando al techo y pensando en Ashton, cuando su novia le habló.

-¡MARK! –Gritó con su voz aguda.

-¿Qué? –Preguntó con desgana.

-¿Ya estás otra vez pensando en esa furcia? –Era evidente el odio en las palabras de Daisy.

-No, no estoy pensando en ti.

Aquel insulto velado no era el primero que él le decía, cualquier chica se habría sentido muy ofendida y le habría pegado un tortazo ipso facto, pero Daisy no. A ella le daba igual lo que él le dijera, no le importaban sus palabras porque no tenía sentimientos por él. Era algo mutuo.

Mark se levantó de la cama para empezar a vestirse, ignorando el definido cuerpo desnudo de la chica. Intentaba pensar en otras cosas, lecciones de clases o algo parecido para evitar pensar en lo que hacía y en lo asqueroso que se sentía después.

-¿Crees que no sé qué te la imaginas a ella cuando me estás follando a mí? –Inquirió con rencor la chica.

Él no contestó. Solo cogió sus zapatos y su mochila y salió de aquella habitación.

 

 

Fue uno de los primeros miembros de la fraternidad en llegar a su habitual mesa del comedor, Kyle y Matt estaban allí repasando las lecciones de una asignatura que tenían en común. Él se sentó con un vaso de agua en la mano y una pastilla para el dolor de cabeza, el estrés y la ansiedad le estaban pasando factura.

-Tío, no tienes muy buena cara –comentó Matt. -¿Cuántas pastillas de esas te has tomado en los últimos días?

-No lo sé, prefiero no pensar en ello.

-No voy a volver a meterme en tu vida, Mark –comenzó a decir Kyle, -pero deberías dejar a Daisy.

Él miró al que alguna vez fue su mejor amigo.

-Es la mejor forma de mantenerla alejada de Ashton.

-Ni tú te crees eso.

El barullo de los estudiantes que empezaron a entrar en el comedor les impidió seguir hablando. Ashton fue de las primeras en llegar, estaba muy animada porque había sacado un sobresaliente en el examen de Matemáticas y casi saltaba con cada paso que daba.

-Estoy pensando coger la asignatura de Historia Clásica para el próximo semestre, ¿quién la cursó el año pasado? –Algunos de los miembros levantaron sus manos, entre ellos Mark. -¿Y cómo son las clases? ¿Son interesantes?

-No están mal, si te gusta la Filosofía no necesitarás esforzarte mucho para aprobarla –la comida y la charla distendida con ella le estaban sentando bien. –Pero si te mandan algún trabajo sobre latín o griego, te ayudaría encantado.

Sus amigos empezaron a reírse ante sus palabras, él cayó en lo que podía malinterpretarse, pero Ashton no.

-¿Por qué os reís ahora?

-Déjalo –le aconsejó él riéndose también, -estos tíos siempre piensan las peores cosas.

-Es algo sobre sexo, ¿no? –Inquirió ella con una media sonrisa.

-¿Es que acaso lo dudabas? –dijo Jason.

Ashton negó con la cabeza mientras se levantaba para llevar su bandeja. Cuando la había colocado en el carrito, se giró y una gran cantidad de líquido rosado y pringoso le empapó la ropa.

-Vaya, que torpe somos…

Levantó su mirada y vio a Daisy con las chicas que siempre la acompañaban como si fuera su sombra. Una sonrisa malvada definía sus rasgos delicados, sabiéndose poderosa en aquel momento. Toda la gran estancia se había quedado casi muda, salvo por las risitas y los cuchicheos que se escuchaban en el fondo. Algunos miembros se acercaron corriendo a ellas, la rabia y la animadversión tensaron sus cuerpos.

-Estas pirada, tía –le dijo Adam.

-Mark, dile a los miembros de tu fraternidad que me guarden respeto –se lo decía al chico pero no dejaba de mirar a Ashton.

-Vete a la mierda, Daisy –contestó el aludido.

Una exclamación generalizada se oyó por todo el comedor y la chica rubia giró su cara hacia él con la ira destellando en sus ojos. Quiso decirle algo, pero Ashton se adelantó y la abrazó con todas sus fuerzas… llenando su carísima ropa de aquel mejunje rosado. Daisy empezó a gritar como una posesa al sentir el espeso líquido en su ropa, sus acompañantes estaban estupefactas ante aquella imagen, y las carcajadas de Victor y Jason fueron las primeras en retumbar en el gran lugar.

 

 

Tras ducharse en la mansión para librarse del viscoso batido, Ashton bajó al salón dispuesta a ver la televisión un rato y relajarse junto a sus amigos. Se sorprendió al ver a Jessica allí, pero apenas le dio tiempo de saludarla cuando la chica la abrazó.

-Me han contado lo que esas zorras de la Hermandad Delta te han hecho, ¿estás bien?

-Sí, solo ha sido batido, nada más.

-Esas manchas no saldrán tan fácilmente, cielo –dijo acariciándole la mejilla como si fuera una niña pequeña. –Pero, ¿sabes qué? Hay que mirarle el lado positivo…

Su gran sonrisa le hizo desconfiar de las intenciones de su amiga. Miró de reojo a sus amigos, pero todos tenían la cabeza agachada o simulaban estar haciendo otras cosas.

-Y… ¿cuál es el lado positivo? –Casi temía hacer la pregunta.

-¡Que nos vamos de compras!

 

 

A las 9:30 de la noche y tras visitar todas las tiendas de un centro comercial cercano al campus, Ashton volvió a la mansión de la fraternidad. Jamás había visto tanta ropa en toda su vida, se habían probado más prendas de las que podía contar y llevaban tantas bolsas de ropa que tuvieron que pedir un taxi porque no cabían más en sus manos.

Tuvo que pulsar el timbre para que le abrieran porque ella no podía coger sus llaves. Adam le abrió y la dejó pasar con la sorpresa pintada en su cara.

-Guau.

Ella soltó las bolsas en mitad de la entrada, demasiado cansada para cargarlas por un segundo más y, arrastrando los pies, se fue directa al salón.

-¿Te encuentras bien? –Le preguntó Kyle.

Ella no se lo pensó dos veces y fue hacia el sofá donde estaba sentado el chico, se tumbó con la cabeza en su regazo, y cerró los ojos.

-He tenido sesiones de entrenamiento de 24 horas, he realizado simulaciones de misiones en desiertos y con temperaturas bajo cero… Y creo que nunca me había sentido tan cansada.

Varias risas llegaron a sus oídos, pero ella apenas las percibió. Se quedó dormida con suma facilidad, olvidando donde se encontraba.

 

 

Kyle estuvo sin moverse durante más de una hora y media, Adam le llevó algo para cenar al ver que su amigo no se iría de aquel sofá hasta que Ashton despertara. Podía parecer raro, pero él sabía que haría lo mismo si se tratase de Jessica.

Casi a medianoche, Mark se acercó a Kyle.

-¿No vas a despertarla?

-¿Tú lo harías?

Él joven negó con la cabeza, sabiendo que acababa de sincerarse más de lo que creía con Kyle.

-Si puedes cogerla en brazos sin despertarla, te acompañaré para abrir la puerta de su habitación.

Kyle asintió, se movió lo más lentamente posible para no despertar a la chica y la cogió en brazos. Ashton se acomodó contra él poniendo su cara contra su cuello. El joven se paralizó por un momento al sentir su respiración y sus labios en el punto exacto en el que no podía evitar excitarse.

-Si te empalmas delante de mí, te daré un puñetazo, Kyle –advirtió Mark con voz amenazadora.

-¿Es envidia lo que oigo en tu voz? –Inquirió con sorna.

Se dirigieron a la habitación de Ashton, Mark abrió la puerta y retiró las sábanas para que su amigo dejase a la chica. Ella gimió a modo de protesta al dejar de sentir la calidez de corporal y se agarró a la camiseta de Kyle cuando estuvo tumbada. El chico estaba casi encima de ella, en una posición con poco equilibrio y algo incómoda. Se le ocurrió que podía quedarse en aquella cama por esa noche.

-Quítate la camiseta –ordenó Mark cuando comprendió lo que él estaba pensando. –No vas a dormir con ella.

-No sería la primera vez –dijo con orgullo en su voz.

Se quitó la prenda y Ashton se abrazó a ella mientras murmuraba algo en sueños. Mark sintió como los celos calaban más profundos en su corazón al ver aquella escena.

-Tranquilízate –susurró Kyle al ver su expresión. –Solo es mi camiseta, no soy yo.

Los chicos salieron sigilosamente de la habitación de Ashton y cada uno se fue a su respectiva habitación. Conocían los sentimientos propios y del otro, pero ninguno quería volver a pasar por lo mismo que el año anterior, mucho menos si esa vez la tercera era miembro de la fraternidad.

Capítulo 23 por Kala1411

Capítulo 23

 

 

Ashton se pasó una semana intentando evitar las jugarretas de las chicas de la Hermandad Delta, no quería comprometer a sus amigos ni quería que Mark discutiese con Daisy por su culpa. No era su persona favorita, pero era la novia de su amigo y aguantaría por él.

El día 16 de octubre amaneció con algunas nubes, pero no hacía demasiado frío. Era un día de otoño normal en el que predominaban los marrones y naranjas en los árboles. Se sentó en su cama, observando la ciudad que despertaba, y respiró hondo. Miró hacia el pequeño retrato que había en su cómoda y le sonrió.  

-Feliz cumpleaños, mamá.

Se apresuró a prepararse y bajó a desayunar. Sabía cómo sería ese día para ella, los sentimientos confusos y contradictorios, indefinibles, que la invadirían. Su cabeza estaría en las nubes, imaginando lo que podría haber sido y no fue, como habría sido vivir con ella tanto los buenos como los malos momentos. Pero serían solo eso, momentos ilusorios, como si estuviera en un desierto y viese el espejismo de un oasis.

-Buenos días –saludó.

Algunos murmullos adormilados llegaron a sus oídos mientras se recordaba a sí misma que debía llamar a sus padres antes de entrar a clases. Ellos lo pasaban peor, como si no hubiesen transcurrido 18 años desde la última vez que celebraron el cumpleaños con ella.

-Ashton –la llamó Jason.

-¿Qué?

Se había quedado embobada en el paisaje del exterior con su café en la mano y no se había dado cuenta de que su amigo la estaba llamando. Él la miraba con el ceño fruncido.

-¿Estás bien?

-Sí, ¿qué pasa?

Jason no parecía muy convencido con su respuesta.

-Te preguntaba si querías ir al cine mañana con nosotros.

-¡Oh! Sí, me encantaría.

Notó las miradas extrañadas de sus compañeros en su nuca y decidió beber rápidamente su café para salir de allí cuanto antes.

-¿No desayunas hoy? –Le preguntó Victor.

-No tengo mucha hambre –dijo encogiéndose de hombros.

Corrió hacia su habitación para coger sus cosas y bajó las escaleras como un rayo.

-¡Ashton! –Llamó Mark. -¿Dónde vas tan temprano?

-Tengo que hacer un par de cosas antes de entrar a clases –se excusó mientras abría la puerta principal. -Os veré en el gimnasio.

Mark se quedó mirando la puerta, sin comprender el comportamiento de su amiga. Se dirigió a la cocina y preguntó a los demás.

-¿Tenéis alguna idea de lo que le ocurre a Ashton?

-No es su periodo –dijo Jason mirando la app.

-¿Será algo que habrán hecho las chicas de la Hermandad? –Inquirió Frank.

-No, no lo creo –respondió Adam.

-Está evitando contárnoslo –reflexionó Matt. –Deberíamos esperar y darle un poco de tiempo, seguramente nos diga lo que la tiene tan ensimismada un poco más tarde.

A ninguno de ellos le gustaba la idea de esperar a que ella les explicase qué le ocurría, pero sabían que su amigo tenía razón. Solo cruzaban los dedos para no equivocarse.

 

 

Ashton se sentó en unos bancos en la parte trasera de la Biblioteca, respiró hondo y buscó el número de Paul. El lugar estaba completamente desierto dada la temprana hora que era y las fragancias otoñales impregnaban el ambiente.

-Buenos días, pequeña –saludó Paul. –Espera pondré el altavoz del móvil.

Notaba en su voz la emoción que lo embargaba, estaba segura que John estaría igual.

-Buenos días, Paul. Buenos días, John. ¿Cómo estáis?

-Hola, Ash. Pues… hemos empezado con nuestro entrenamiento matutino. ¿Qué tal tú?

-Yo estoy bien, en fin… ya sabéis… -Respiró hondo antes de hacer su petición. -¿Me contaréis la misma historia de siempre?

-Claro, cariño –respondió Paul.

-Siempre, pequeña.

 

 

Había cogido los apuntes de su clase de Filosofía como una autómata, pero le había costado concentrarse en algunos momentos. Tenía una hora y media antes de su clase con la profesora Smith, así que se fue al gimnasio. Ese día no conseguiría tener la concentración suficiente para hacer su entrenamiento de fuerza, así que se decantó por correr en la cinta con música a todo volumen saliendo de sus cascos.

Casi sin darse cuenta, empezó a recordar momentos que ella no vio ni vivió, pero que los había escuchado tantas veces que parecía que fuesen suyos.

Aquel último cumpleaños, John y Paul le prepararon su desayuno favorito y se lo llevaron a la cama. Pasearon por la ciudad con ella durante todo el día, visitando los lugares que más le gustaban y haciéndole infinidad de fotos para burlarse posteriormente de su peso. Ella se vengaba de ellos comiéndose los dulces más suculentos que podía encontrar, sabiendo que sus dos amigos debían llevar una dieta estricta en aquel momento para ganar más masa muscular.

Se reirían de infinidad de chistes y jugarretas que se habían hecho entre ellos, como si fuesen niños de 8 años y no adultos, y por la noche le prepararían una gran tarta de chocolate en la que aparecerían las velas que debía soplar. Sus compañeros estaría presentes, John y Paul le cantarían una versión del “Happy Birthday, Mrs. President” entre las carcajadas de los demás mientras le daban un ramo de rosas, y todos le felicitarían por la inminente llegada de su pequeño hombrecito. Era la persona más feliz del mundo en ese momento y…

-¡JONES! –Dimitri le arrancó los auriculares de los oídos.

Ashton reaccionó al alarido de su entrenador y paró la máquina ante la furibunda mirada del hombre.

-¡¿Qué te pasa?! ¡Llevas más de tres horas en la máquina!

Ella miró el reloj más cercano a la pared y comprobó que tenía razón. Se había perdido la clase de Matemáticas y no había notado la fatiga en sus músculos.

-Lo siento, entrenador –su voz sonó ronca a sus propios oídos.

-No importa. Date una ducha y descansa mañana –Dimitri se percató del estado de la chica.

Se sumió momentáneamente en su propio recuerdo, cuando él también había actuado así, mientras veía a la joven correr cabizbaja a los vestuarios. En ese momento, algunos miembros de la fraternidad salían del vestuario del gimnasio y la vieron.

-Entrenador –Kyle se acercó al hombre seguido de Nick y Matt, -¿le ha pasado algo a Ashton?

-Lo que a cualquier soldado, que necesita agotar su cuerpo para descansar su mente de los recuerdos.

 

 

Ya había perdido una clase y no le apetecía ir al comedor, su cabeza no estaba donde debía estar y no tenía fuerzas para aguantar a las chicas de la Hermandad Delta y sus intentos de fastidiarla. Dejó un mensaje en el grupo de la fraternidad donde todos iban a leerlo, avisando que pasaría el resto del día en el centro de la ciudad, y apagó el móvil.

Le dolían las piernas por el excesivo ejercicio físico y sabía que al día siguiente los músculos le dolerían más, pero le daba igual. Anduvo sin rumbo fijo hasta que no pudo más y se sentó en una pequeña cafetería para almorzar. Visitó un parque mientras leía y escuchaba las voces de las madres y las risas de los niños durante horas, pensando en una manera de homenajear a su madre en la distancia. Era la primera vez que pasaba ese día lejos de sus padres y del lugar donde descansaba ella, por lo que no podía dejarle ninguna ofrenda allí.

Salió del parque, dispuesta a buscar la inspiración, y casi como si fuese una casualidad, vio a los pocos metros una pintoresca floristería. Recordó entonces, como si un pequeño rayo se colase en su cerebro, el primer día que llegó al campus y el monumento conmemorativo que visitó para pasar una de las pruebas de la fraternidad. No se lo pensó dos veces y compró un ramo de rosas, ya sabía cómo homenajearía a su madre.

 

 

El sol se había escondido cuando Ashton regresaba a la mansión. Una parte de ella se sentía culpable por haber apagado su móvil durante todo el día, pero no se sentía capaz de responder a las preguntas que sus compañeros. Solo esperaba que ellos no se enfadaran mucho. Llevaba una pequeña ofrenda de paz, pero sabía que debía dar una explicación a su comportamiento, sus amigos se preocupaban por ella y estarían a su lado durante varios años, así que se merecían conocer a su madre.

Entró en la gran mansión y escuchó pasos apresurándose desde el salón y desde la cocina.

-Ashton… -llamó Mark.

-Esperad –dijo ella con una pequeña sonrisa, -dejad que deje mi mochila en mi habitación y me reuniré con vosotros en el salón.

Se apresuró a subir a su cuarto, dejó la mochila y cogió la foto de su madre. La joven de la fotografía era un calco a ella, iba vestida con unos vaqueros y una camiseta negra con el logotipo de los SEALS, y estaba sentada en un columpio con una gran sonrisa y los ojos brillantes de felicidad.

-Te van a caer genial, mamá.

Bajó con el corazón latiéndole de forma irregular, pero se calmó cuando vio a sus amigos en el salón. Sus caras denotaban el nerviosismo y la preocupación, pero sabía que la comprendería cuando hiciera las presentaciones. Colocó la bolsa de la pastelería en la mesa y puso la fotografía en el centro, se sentó como si fuese un indio en el suelo y respiró hondo.

-Estás muy guapa en esa foto, Ash –comentó Victor.

-No soy yo -ella sonrió. -Os presento a Marion Rose Jones. Era mi madre.

Todos comprendieron al instante el significado del verbo y el mutismo en la habitación lo hizo patente. Ella se dispuso a sacar la tarta de chocolate que había comprado y las velas, y empezó a colocarlas mientras hablaba.

-Hoy es su cumpleaños, y mis padres y yo soplamos las velas en su honor. Pero como ellos están demasiado lejos, me gustaría que vosotros las soplaseis conmigo… -ella les miró sonriendo. –Bueno, si queréis claro.

Todos los presentes se acercaron a la mesa, sonriendo y emocionados al mismo tiempo, mientras ella encendía las 42 velas que debería soplar su madre ese año. Cantaron “Cumpleaños Feliz” a la radiante chica de la fotografía y soplaron las velas entre todos. Partieron la tarta en trozos pequeños para que todos probasen un poco.

-¿Cómo era ella? –Preguntó Victor.

-Por lo que me han contado, soy casi igual que ella en cuanto a la personalidad. Mis padres dicen que ella era más rebelde, pero eso es porque aún no se han dado cuenta de algo muy gordo que he hecho –explicó riéndose como si fuese una niña pequeña.

-¿Sabes cómo eligió tu nombre? –Quiso saber Matt.

-Le habían dicho durante todo el embarazo que yo sería un chico, y ella había elegido el nombre desde el momento en el que le dieron la noticia. Pero cuando nací y descubrieron que era una niña, no tuvo tiempo de pensar uno nuevo.

-¿Qué no tuvo tiempo? –Inquirió el chico.

-Se… fue… a los pocos minutos de darme a luz y mis padres decidieron respetar su deseo de llamarme Ashton.

-Entonces… ¿se fue el mismo día de tu cumpleaños?

Mark evitó utilizar aquel fatídico verbo que ella tampoco había pronunciado. Ya era duro perder a tu madre, pero si además tu cumpleaños era un recordatorio anual de ello, el peso debía ser inimaginable.

-En realidad, no. Yo nací el día 30 de diciembre, a las 23:57 según me han contado, y ella… se marchó unos 12 o 13 minutos después, es decir, el día 31.

A muchos les costó tragar los últimos bocados de sus porciones.

-¿También estuvo en el ejército? –Adam quiso cambiar el rumbo de la conversación.

-Sí, era una de las mejores y ganó varias medallas al mérito.

Estuvieron casi una hora preguntándole sobre su madre, y al contrario de lo que creyó, no se derrumbó. Se sintió bien al hablarle de esa parte de ella a sus amigos.

 

 

Kyle salió al patio trasero antes de irse a su habitación. Era muy tarde, pero le dio igual e hizo la llamada. El teléfono se descolgó al segundo tono.

-¿Kyle? ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?

-Buenas noches, mamá. No, no ha pasado nada, estoy bien –se apresuró a decir. –Solo… quería llamarte, hace más de dos semanas que no hemos hablado por teléfono. ¿Cómo estás?

-Pues estoy bien, cariño… ¿Seguro que no te ocurre nada?

-No, de verdad… Supongo que en realidad te llamo para decirte que… te quiero. Hacía tiempo que no te lo decía.

La línea se quedó en silencio durante unos segundos.

-Yo también te quiero, Kyle –podía notar la sonrisa en su voz. –Cuéntame, ¿cómo te van las clases? ¿Hay alguna chica nueva en tu vida?

Capítulo 24 por Kala1411

Capítulo 24

 

 

Aquel viernes, Ashton había accedido a ir con sus amigos a un local para ver un partido de baloncesto. Los chicos habían preferido pasar esa noche “más tranquila”, tomado cervezas y comiendo nachos en un bar mientras veían un partido de baloncesto. Pero ella no era tan ingenua para creer que solo era eso, pues había oído acerca de la gran fiesta que iban a celebrar en una hermandad. Ashton era una persona non grata a ojos de las féminas del campus (por suerte, Jessica era la excepción) y prefería evitar ir a una fiesta en la que seguramente intentarían hacerle alguna jugarreta. Sus amigos se habían percatado de su reticencia y decidieron pasar esa noche con ella.

-Entonces, ¿realmente te disfrazarás de Sally? –Mark se sentó a su lado mientras tomaba un poco de su cerveza.

-Por supuesto, ya tengo el disfraz casi terminado –ella le sonrió. –Es la primera vez que voy a pedir caramelos y estoy impaciente por que llegue la semana que viene.

Gritos de protesta llenaron el bar, al parecer el árbitro había pitado una falta inexistente.

-Jimmy también está muy ilusionado, aunque intenta disimularlo –Mark sonreía mientras pensaba en su hermano. –Por cierto, aún no te he dado las gracias por cuidar de él ese fin de semana.

Ante el aumento de los gritos, ella tuvo que hablarle al oído para cerciorarse de que él la escuchaba.

-No tienes que darlas, es un niño increíble.

Durante el descanso, los ánimos parecieron calmarse un poco, y entre risas Ashton les agradeció a todos por pasar esta noche con ella en lugar de ir a la fiesta.

-Tampoco es para tanto, Ash –dijo Jason quitándole importancia.

-Habéis renunciado a una noche de sexo por mí, ese es un detalle muy bonito.

Se pararon a pensar un momento y el desánimo por aquella revelación fue mayor que por los puntos de ventaja que tenía el equipo rival sobre el local.

-Es cierto… -reflexionó Victor. –Nos debes una muy gorda, jovencita.

Las bromas empezaron, a cada cual más picante y subida de tono, sobre cómo Ashton debía devolverles aquella noche de abstinencia.

-Puedes lavar nuestros coches en bikini –propuso Jason.

-Hace demasiado frío para eso –respondió ella riéndose.

-Yo me conformo con que te vistas de animadora y vengas a animarme al próximo partido –comentó Frank con una sonrisa boba.

-¡Buena idea, tío! –Exclamó Nick.

Las risas continuaron hasta que comenzó la siguiente parte del partido. La cerveza y el alcohol fluyeron durante toda la noche, así como las bromas y las anécdotas. Los chicos no llegaron a emborracharse como en otras ocasiones, pero sí iban más alegres de lo normal.

 

 

Ashton quiso agradecerles por la pasada noche, así que tras su carrera matutina, compró ingentes cantidades de todos los ingredientes que necesitaba para hacer tortitas y una enorme ensalada de frutas. Regresó a la mansión, se duchó y se dispuso a mezclar los ingredientes para aquel desayuno especial, sabiendo que tenía el tiempo justo hasta que sus amigos empezaran a bajar. Alguien llamó a la puerta y ella se apresuró a abrir. Una mujer muy guapa le sonrió con simpatía y la saludó.

-¡Hola! Soy Lidie Davis –saludó tendiéndole la mano.

-Encantada, soy Ashton Jones –dijo estrechándosela.

-¡Así que eres una chica en realidad! –Su brillante sonrisa se ensanchó. –Yo soy la madre de Kyle. Él me ha hablado sobre ti, pero no me dijo que eras una chica.

Ashton empezó a reírse mientras se apartaba de la puerta para dejar que la mujer pasase al interior.

-¿Dónde está él, por cierto?

-Aún está durmiendo, puede esperarle conmigo en la cocina si quiere. Estoy preparando tortitas para todos.

-¡Oh, me encantan las tortitas! Te ayudaré.

Mientras cocinaban, Lidie (como insistió que la llamase) le contó muchas anécdotas de su vida. Al parecer, había sido fotógrafa y había viajado mucho, pero con la llegada de Kyle se asentó en California y montó su estudio fotográfico.

Ashton también le contó algunas cosas de su vida, y la mujer se mostró bastante impresionada. La conversación era amena y divertida, y ella no supo si fue el olor a tortitas recién hechas o las risas lo que despertó a sus compañeros.

-¿Mamá? –Kyle fue uno de los primeros en entrar en la gran cocina. -¿Qu-Qué estás haciendo aquí?

El chico estaba despeinado y había bajado en ropa interior, pero la expresión de somnolencia había dado paso a la incredulidad al ver allí a su progenitora.

-¡Buenos días, cariño! –La mujer se acercó y le dio un sonoro beso en la mejilla.

-¡Señora Davis!

Otros amigos de Kyle empezaron a saludarla efusivamente, incluso Mark le dio un abrazo cuando la vio.

-Vamos, chicos, sentaos. Ashton y yo hemos preparado tortitas para todos.

Algunos vítores sonaron por la gran estancia mientras los platos con tortitas y frutas eran repartidos entre todos los miembros.

-Mamá, ¿qué estás haciendo aquí? –Volvió a preguntar Kyle cuando el ruido se calmó.

-Tras nuestra última llamada, quería hacerte una visita –respondió ella encogiéndose de hombros. –Y aquí estoy.

Al chico no le daba buena espina todo aquello. Sabía que su madre era muy querida por todos, pero él temía sus locuras.

 

 

Tras darse una ducha rápida, estaba bajando por las escaleras con algunos de sus amigos, pensando qué podía hacer para pasar tiempo con su madre, preferiblemente lejos de la casa de la fraternidad. Escuchaba su voz desde la cocina, hablando con Ashton muy animada.

-El truco está en relajar la garganta y aguantar la respiración –Kyle se paralizó por un momento, al igual que sus amigos, mientras escuchaba las palabras de su madre.- Debes ir soltando el aire poco a poco por la nariz, así lo interiorizarás mejor y no te atragantarás.

Adam, Matt, Mark y Jason empezaron a reírse mientras Kyle saltaba los últimos escalones y entraba en la cocina como si fuera un vendaval.

-¡Mamá!

-¿Qué te pasa, cariño?

-¡¿Qu-Qué le estás diciendo a Ashton?! –Su respiración era agitada y sentía las palpitaciones de su corazón en las sienes.

-Le estoy explicando cómo logro alcanzar algunas notas difíciles cuando canto con el coro.

Esa explicación le calmó un poco los nervios y resopló tranquilo.

-¡Ah! Y también puedes utilizar esa técnica cuando estés haciendo una felación –expuso la mujer con naturalidad.

Las carcajadas resonaron por toda la casa y Kyle sintió como su cara enrojecía. Se acercó a su madre, la cogió de la mano y la arrastró fuera de la cocina.

-Disculpa Ash, tengo que hablar un momento con mi madre –intentó sonar calmado, pero le costó un esfuerzo enorme.

Sus amigos estaban, literalmente, tirados en el suelo, casi asfixiados de la risa.

-Mamá, ¿qué estás haciendo?

-Solo estaba hablando con Ashton, me cae muy bien y no me habías dicho que era una chica…

-Mamá, escucha…

-Es increíble, Kyle…

-Sí…

-Es inteligente, divertida y bastante guapa…

-Créeme, lo sé…

-¿Sabes qué? –Su madre le puso las manos en los hombros. –Creo que es la candidata perfecta para ser la madre de mis nietos…

-Sí, yo… Espera, ¿Qué?

El chico entendió tarde las palabras de su madre, y cuando quiso reaccionar, ella ya volvía a la cocina en busca de su amiga. Su madre no iba a cambiar nunca y con las carcajadas de sus amigos aun resonando por la casa, él solo pudo apretarse el puente de la nariz para calmar sus nervios.

 

 

Lidie insistió en pasar la mañana en la mansión, pues el cielo se había llenado de nubes grises que amenazaban con lluvias imprevistas. Estuvo casi una hora contando anécdotas sobre la infancia de Kyle, y para desgracia del chico, Ashton no paraba de preguntar. Su madre tenía demasiada buena memoria.

-Por cierto, Ashton, estoy pensando que podrías ayudarme con un proyecto que tengo entre manos –un escalofrío recorrió el cuerpo de Kyle. –Verás, estoy montando un calendario solidario para recaudar fondos para la protectora de animales de la ciudad, pero me falta una modelo. ¿Te gustaría participar?

-¡Claro! –Respondió la chica entusiasmada. -¿Qué tendría que hacer?

Kyle bebió un poco de agua para mitigar su inquietud, pues parecía que por una vez, su madre no iba a decir nada fuera de lo común.

-Solo tendrías que venir un día a mi estudio fotográfico y te haría unas fotos desnuda. No tienes problema con eso, ¿no?

Casi se atragantó con el agua, sus amigos intentaban disimular los ataques de risas, pero era en vano.

-¡Mamá, por Dios! ¡¿Cómo puedes pedirle algo así?!

-No entiendo por qué te pones así –dijo ella cruzándose de brazos y volviendo a dirigirse a la chica. –Si no le hubiera pillado con 16 años en la cama con una chica, pensaría que sigue siendo virgen y le aterra el cuerpo femenino.

Esta vez sus amigos no pudieron seguir disimulando. Kyle se levantó del sillón, con el semblante granate, y salió del salón para encerrarse en su habitación. Si no lo escuchaba, no sería tan malo. Al lado de la escalera se encontró a Mark, doblado por la mitad, con la cara roja y los ojos lacrimosos. El joven quiso decirle algo, pero la risa no se lo permitió. Kyle decidió ignorarle y se apresuró a subir las escaleras.

Tim, Frank, Jason y Victor se acercaron a la señora Davis cuando se hubieron calmado un poco, y aprovechando que Ashton había ido al baño, le preguntaron a la mujer entre susurros un tanto avergonzados:

-¿Podría guardarnos algunos de esos calendarios?

-¡Oh! ¿También queréis colaborar con la asociación de animales?

-¡Por supuesto!

-Todo sea por esos animalitos.

-Ya sabe que mi corazón pertenece a los animales –comentó Tim.

 

 

Los chicos prepararon el almuerzo mientras Lidie y Ashton no paraban de hablar ni poniendo la mesa. Al parecer, la mujer era como la figura materna que la chica nunca había podido abrazar, y ella era la niña que siempre quiso tener. Durante el almuerzo, Mark le pidió a la señora Davis que se sentara en el lugar que siempre ocupaba él y ella insistió que Ashton se sentara a su lado.

-Mark, querido, ¿te importaría sentarte tú a mi otro lado? –El joven se sorprendió ante la petición. –Kyle empezará a darme patadas por debajo de la mesa si digo algo que él considere “inadecuado”.

El chico sonrió y accedió. Una vez sentados todos en la mesa, apenas hablaron durante los primeros minutos, degustando la carne y las verduras, obra de Lewis.

-Ashton, ¿te gustan los niños?

Un mal presentimiento recorrió la espina dorsal de Kyle.

-Sí, me encantan.

-Y… ¿te gustaría tener hijos algún día?

-¡Por supuesto! Es decir, sé que aún soy joven, pero me gustaría tenerlos.

-¡Oh, eso es fantástico! ¿Y te gustaría ser la madre de mis nietos?

-¡MAMÁ! –Gritó Kyle.

Ashton empezó a reírse, contagiada por las risas sofocadas de los demás. El joven se sentía humillado, y ella quiso salvar un poco su orgullo. Se notaba de la señora Davis adoraba a su hijo, pero él no disfrutaba tanto de su sentido del humor.

-Pues, si dentro de unos años yo estoy libre y Kyle también, no me importaría.

Mark sintió como una pequeña daga se hundía en su corazón al escucharla, pero el rostro de Kyle expresaba su sorpresa. Con los ojos muy abiertos y mirándola fijamente.

-¿Qué?

-¡Fantástico! –Gritó eufórica Lidie.

 

 

La señora Davis se marchó por la tarde, feliz por haber conocido a Ashton y tomando su palabra de que la visitaría en las próximas semanas para las fotografías. Kyle se sentó en los escalones del porche de entrada mientras veía como el coche se alejaba. Estaba agotado física y mentalmente, su madre tenía ese poder en él. Sin esperarlo, Ashton se sentó a su lado.

-Tienes una madre increíble.

-Tengo una madre loca –murmuró sonriendo. –Te ha cogido mucho cariño.

-Sí, espero no decepcionarla si llego a ser la madre de sus nietos.

Él bufó, riéndose.

-No le hagas caso, hace muchas bromas como esa.

Ashton le miró de reojo sin perder la sonrisa.

-Eres muy inteligente, Kyle, pero creo que aún no te das cuenta de cuando se trata de una broma y de cuando las palabras van en serio…

Se levantó y entró en la mansión, dejando al chico con una sorpresiva sonrisa incrédula. Se quedó allí un rato, ensimismado e imaginando.

 

Capítulo 25 por Kala1411

Capítulo 25

 

 

La noche de Halloween, Ashton se preparó con mucho esmero para no decepcionar a Jimmy. Cuando bajó al salón para que sus amigos la vieran, tenía la expresión de una niña pequeña a punto de conocer a su héroe. Los demás aún no se habían disfrazado, pues la fiesta a la que iban a asistir no empezaría hasta más tarde. Solo Mark estaba disfrazado como el Zorro, pues Jimmy le dijo que no podía ir vestido con ropa normal, no quería que lo avergonzara delante de sus amigos si iba desentonando de aquella manera. Él llevaría a Ashton hasta la zona residencial en la que vivía y esperaría en su casa hasta que terminasen de pedir golosinas.

Durante el camino, Ashton le estuvo preguntando sobre cómo celebraba él Halloween cuando era pequeño, su principal intención era recopilar toda la información posible para no decepcionar a Jimmy. Mark le contó algunas travesuras que hizo y cuáles eran los mejores trucos para conseguir más caramelos. El trayecto de apenas 20 minutos se le hizo muy corto, y pensó en dar un rodeo un poco más grande para estar un par de minutos a solas con su amiga, pero su padre le llamó por el dispositivo de manos libres.

-Mark, ¿puedes quedarte esta noche con Jimmy?

Él respiró hondo, notando como su usual migraña empezaba en aquel pequeño y molesto punto de su sien.

-Hola a ti también, papá. Y no, no puedo quedarme hoy con Jimmy. Voy ahora para pedir caramelos con él, pero esta noche hay una fiesta en el campus y estoy invitado.

-Mark, estoy en una celebración muy importante con varios socios, tu madre se ha ido de la ciudad, y la niñera no puede controlar a tu hermano. No seas egoísta y llévatelo por esta noche, mañana iré a recogerlo a tu fraternidad. Adiós.

Sin más, el hombre colgó. Mark quiso ponerse a gritar como un poseso para liberar estrés, pero debía recordar a su amiga sentada a su lado. No quería que le tomase por un loco.

-Mark, para el coche un momento.

Él la miró de reojo y la obedeció. Apenas faltaban dos minutos para entrar en su urbanización, pero no puso ninguna objeción. Ashton se quitó el cinturón cuando el coche se detuvo, se subió a horcajadas encima de él y le abrazó todo lo que pudo en aquel estrecho hueco. Mark se había quedado petrificado por la actuación de su amiga y por la postura que tenía sobre él, pero reaccionó y le devolvió el abrazo. La migraña parecía remitir con el contacto de la chica, y simplemente se permitió disfrutar de aquellos momentos de paz.

-No pasa nada, yo puedo quedarme con Jimmy –dijo dulcemente rompiendo el contacto.

Él sonrió.

-Se supone que es responsabilidad de mis padres, Ash… Y cada vez que pueden, se desentienden de él –suspiró apesadumbrado, pensando en su hermano. –No quiero que Jimmy crea que los adultos le ven como una molestia o un problema que pueden eludir…

Recordaba las duras palabras que él mismo le había dicho a su hermano y se sintió miserable.

-Entonces, demostrémosle que no todos los adultos son iguales.

 

 

La casa de Mark era enorme. Apenas habían salido del coche cuando Jimmy salió por la puerta principal y se dirigió a Ashton para abrazarla y darle su bolsa para recoger caramelos.

-Hay cervezas y aperitivos en la cocina –dijo dirigiéndose a su hermano mayor.

-Oye, Mark, ¿Por qué no vienes con nosotros a pedir caramelos? –Inquirió de repente Ashton.

Dos pares de ojos azules la miraron asombrados.

-Mi hermano nunca ha querido venir conmigo en Halloween –acusó Jimmy mirando a Mark de reojo.

-Pero necesita divertirse un rato –ella miraba a su amigo. –Y, no quería decírtelo, pero te has vuelto un aburrido, tío.

-Eso es cierto –dijo Jimmy asintiendo.

Ashton le miraba con ojos de cachorrito pero con los labios apretados para aguantar la risa. Él suspiró, sintiendo como una pequeña llama de un sentimiento desconocido comenzaba a calentar una parte de su interior. Les sonrió a los dos aceptando la invitación, y empezaron a visitar las casas de sus vecinos.

 

 

Estuvieron más de dos horas visitando las casas del barrio y consiguieron llenar las tres bolsas de golosinas, Jimmy creía que era por los disfraces tan geniales que llevaban él y Ashton, pero Mark sabía que era porque la figura de su amiga había atraído la atención de muchos de sus vecinos. Se lo pasaron genial, y Jimmy no pareció tomarse a mal tener que irse con ellos a la mansión de la fraternidad.

Durante el camino de vuelta, pararon a comprar pizzas y alquilar algunas películas que le gustasen al niño. Ashton le había convencido para que se fuese a la fiesta de Halloween tranquilo, él conocía su reticencia a asistir a esa clase de eventos y los motivos por los que era tan reacia a ello, pero se propuso convencerla para que fuese a la siguiente gran juerga que tuviese lugar en el campus.

Al llegar, todos los miembros de la fraternidad estaban preparados con sus disfraces, pero no eran los únicos que estaban allí. Daisy y algunas chicas de la Hermandad Delta se encontraban en el gran salón vestidas con prendas que dejaban poco a la imaginación. Mark no supo el motivo de su presencia allí, pero no estaba seguro de querer saberlo.

-¡Oh, pero si ha venido el pequeño Jimmy! –La joven rubia intentó disimular su desagrado al percatarse de la presencia del niño. –Pero, ¿qué haces aquí? –Su voz pretendía ser dulce, pero resultaba irritante. –La fiesta a la que vamos no es para niños.

En ese momento, Daisy reconoció a Ashton con su disfraz.

-¡Ah! Que no serás el único niño en la mansión por lo que veo…

Las otras chicas se rieron de su comentario, Ashton la ignoró, pero a Jimmy no le gustaron esas palabras.

-Ahora entiendo por qué elegiste ese disfraz –le dijo a su hermano. –Es normal que vayas del Zorro si tu acompañante resulta ser una zorra…

Los miembros de la fraternidad intentaron disimular sus risas, pero a Adam se le escapó una carcajada que retumbó en los oídos de Daisy. La chica miró furibunda al niño, pero se abstuvo de decir nada más. Pasó al lado de Ashton, ignorándola deliberadamente, y salió de la mansión seguida de las otras chicas.

-Entonces, ¿te quedarás aquí esta noche? –Matt se acercó a Jimmy con cierto orgullo en su mirada.

-Sí, estaré con Ashton viendo películas y comiendo pizzas –dijo con una sonrisa alegre e inocente.

La joven le sonrió con simpatía y fue al salón para dejar la cena y las películas.

-Seguramente, te hubiese gustado venir a una fiesta de mayores, pero no va a poder ser –comentó Jason con cierta sorna.

El niño bufó y se encogió de hombros, quitándole importancia.

-Tendrás que esperar unos años para asistir a un evento tan guay como las fiestas universitarias –Adam siguió picándole.

-Además, ni te imaginas la cantidad de comidas que hay en estas fiestas –insistió Victor.

Algunos de los presentes se rieron entendiendo el doble sentido de las palabras del chico, pues en esa fiesta solo habría alcohol y chicas. Los miembros de la fraternidad no dejaban pasar una ocasión para burlarse del niño, pero en aquella ocasión, Jimmy supo cómo responderles.

-Tíos, no me dais envidia –dijo mirándoles uno a uno con una media sonrisa. –Vosotros vais a ir a una fiesta con muchas bebidas y muchas chicas… Pero yo pasaré la noche con Ashton, viendo películas, comiendo pizza y riéndonos. Estaremos los dos solos en la mansión y yo estaré “demasiado asustado” esta noche para dormir solo, por lo que ella me insistirá para que duerma en su cama y así protegerme de las posibles pesadillas que tenga –Jimmy sabía el efecto de sus palabras. –Que paséis buena noche entre los brazos de cualquier fulana disfrazada, que yo me dormiré oliendo el pelo de Ash mientras me abraza.

-Jimmy –llamó Ashton desde el salón, -¿qué película quieres ver primero?

Sin ocultar su sonrisa de completa satisfacción y regocijo, se despidió de los chicos.

-Hasta luego, pringados.

Los miembros de la fraternidad, al completo, se habían quedado con expresiones indescifrables.

-Pequeño hijo de… puta –murmuró Jason.

-Que cabrón –coincidió Victor.

-¿Soy el único que siente envidia de un crío de 8 años? –Preguntó Tim.

-No –respondió Matt, aun boquiabierto.

Capítulo 26 por Kala1411

Durante la primera semana de noviembre, John y Paul recibieron tres días libres para descansar y decidieron hacerle una visita sorpresa a Ashton, pues la echaban de menos. Mientras había sido pequeña, ella les había acompañado cada vez que habían tenido que trasladarse por varios meses a destinos lejanos, pero con su marcha a la Universidad solo la veían por videollamada.

Habían averiguado la dirección de la casa de la Hermandad Delta y se dispusieron a visitarla el sábado por la mañana. Cuando llegaron al campus, salieron con enormes sonrisas del coche, casi impacientes por abrazar a su pequeña después del poco tiempo que pasaron juntos cuando ella fue a visitarlos a finales del mes de septiembre. Llamaron a la blanca y maciza puerta, y en unos segundos, una chica rubia y con el sueño aun presente en su rostro les abrió.

-Hola… -dijo alzando la cabeza para mirarles a la cara.

-Buenos días, señorita. Buscamos a Ashton Jones –saludó Paul educadamente.

La chica se había quedado boquiabierta por el tamaño intimidatorio de los dos hombres, pero al escuchar el nombre su expresión de asombro se transformó.

-Esa puta –dijo con repulsión, -jamás podría entrar aquí.

-¿Cómo dice, señorita? –Inquirió John sintiendo como la rabia cambiaba su semblante.

-¿Y dónde está? –Paul sonaba más calmado, pero solo en la fachada.

-La encontrarán en la Fraternidad Alpha Omega.

-¿Y qué hace ella allí? –John no pudo evitar alzar la voz al preguntarle eso a su amigo.

Pero fue Daisy quien le respondió.

-Es el juguete favorito de todos ellos.

 

 

El enfado les movía hacia la mansión, deseosos de poder golpear algo. Paul tuvo que respirar hondo cuando llamó a la puerta, pues si se dejaba llevar por sus sentimientos en aquellos momentos, sería capaz de traspasar la madera con un puñetazo. Un joven de tez morena les abrió, llevaba solo unos slips e iba despeinado. Estaba bostezando pero cuando les vio, no solo su enorme presencia, sino sus expresiones enfurecidas, cerró la boca de golpe. Quiso hablar, pero ellos entraron antes de que pudiera decir nada.

-¡¡ASHTON MARION JONES!!

Todos los jóvenes del salón y de la cocina salieron al escuchar el furioso alarido de John, y al verles allí, muchos empalidecieron.

Ashton se había quedado rezagada esa mañana en la cama, pues la noche anterior había terminado un proyecto a altas horas de la madrugada, pero al escuchar la clara voz de uno de sus padres corrió hacia las escaleras. Se paró en seco al ver a los dos hombres allí, impertérritos y con terroríficas expresiones que prometían consecuencias terribles para ella.

-¡¡TIENES UN MINUTO, SOLDADO!!

Sabía que el color se había ido de su cara.

-John, yo…

-¡Muestra más respeto, soldado! ¡Somos tus Tenientes! –Esta vez fue Paul quien gritó.

Ella se paró firme, mirándolos fijamente y respondió como siempre le habían enseñado.

-¡Señor, sí, señor!

Con paso firme pero con el corazón latiéndole de forma irregular, se apresuró a su habitación para vestirse y acicalarse. En pocos segundos estaba preparada, abrió la puerta para salir y se encontró a Adam, Frank y Victor.

-Nosotros les entretendremos mientras tú escapas por la ventana –dijo Adam apresuradamente.

El terror de sus amigos era real, podía verlo en sus ojos.

-No os preocupéis, chicos…

-¡¿Qué no nos preocupemos?! –Gritó en un susurro Frank. -¿Has visto el tamaño que tienen? ¿Quiénes son?

-Mis padres.

Los tres jóvenes se quedaron petrificados mientras ella pasaba rápidamente entre ellos para encontrarse con sus progenitores. Sabía que estaba metida en un buen lío, pero aguantaría el castigo y los gritos si con ello lograba quedarse en aquella fraternidad.

Bajó las escaleras con la expresión en blanco, sabiendo por el grupo de sus amigos que estaba en la entrada al salón que sus padres se encontraban allí. Cruzó entre ellos con paso firme y la espalda recta, y se paró frente a sus dos padres, esperando sus palabras acusatorias y legítimas.

-¿Tienes idea de lo que hemos sentido cuando una zorra rubia nos ha dicho que no vivías allí? –Paul era siempre el “poli bueno”. -¿Sabes cómo te ha calificado esa chica?

Ella se mantuvo impertérrita, pues sabía que aún no debía hablar. Tenía que esperar hasta que sacaran toda su furia, de lo contrario podría ser peligroso.

-Ha dicho que eres una puta… -Era el turno de John. -¿Me oyes? ¡Una puta, Ashton! ¡El juguete de todos ellos! –señaló a los chicos con un gesto de la cabeza, pero sin apartar sus ojos de ella.

-¿Qué tienes que decir a eso? –Preguntó Paul.

Ella no contestó.

-Eso es falso –dijo Mark en voz alta.

-Es mentira –coincidió Kyle al mismo tiempo.

-¡SILENCIO, SOLDADOS! –Gritó John hacia los jóvenes.

-Ellos no son soldados –respondió ella sin pensar.

-¡No te hemos dado permiso para hablar! –Vociferó Paul. -¡¿Por qué cojones nos has mentido?!

Ella esperó un poco más.

-Responde, soldado –ordenó John entre dientes.

-¿Me habríais dejado venir si hubieseis sabido que viviría aquí?

-¡¡NO!!- Respondieron los dos al unísono.

Paul se acercó un poco a ella.

-¿Y qué ha sido esto? ¿Un acto de rebeldía?

Ashton miró a sus padres antes de contestar.

-Habéis visto una muestra de cómo son las chicas aquí, ¿de verdad creéis que me dejarían vivir entre ellas? –Sabía que sonaba calmada, pero la inquietud la invadía. -Sé que no debería haber mentido, y pido disculpas por ello.

John y Paul se miraron entre ellos brevemente, mientras algunos de los miembros de la fraternidad tragaban esperando las reacciones de aquellos gigantes.

-Entonces, ¿no es cierto lo que nos ha dicho esa zorra? –Preguntó Paul.

-No, no es cierto.

John se agachó un poco para estar más cera de la cara de Ashton y averiguar si le mentía.

-¿De verdad no te has acostado con ninguno de esos especímenes?

-No, Teniente.

Ante aquellas palabras, sus semblantes cambiaron y la relajación se hizo patente en ellos. Se sentaron en el sofá pareciendo hombres nuevos.

-Ash, no vuelvas a mentirnos de esa manera –advirtió Paul más calmado.

-Lo siento mucho, papá.

-Nena, ¿puedes traernos algunos cafés, por favor? –Pidió John frotándose las sienes.

Ella se apresuró a la cocina para prepararles dos tazas, sus amigos quisieron seguirla, pero los dos hombres les chistaron para llamarlos a todos.

-Vosotros –llamó Paul, -decidnos, ¿quién será el primero en presentarse?

Los chicos se miraron entre ellos, temerosos de alzar la voz.

-Yo tengo un candidato –dijo John. –Tú, el chico que habló antes –fijó sus ojos en Mark.

-Mi nombre es Mark…

-Acércate hasta aquí, no nos gustan que nos hablen desde la distancia –las calmadas palabras de Paul no engañaron a ninguno de los presentes.

Mark se acercó a ellos, intentando mantener la respiración regular.

-Mi nombre es Mark Rushton, soy el Presidente de esta fraternidad.

-Él es el John, y yo soy Paul. Cuéntanos más de ti, muchacho. ¿Cuántos años tienes? ¿Qué estudias?

-En pocos meses cumpliré 19 años, estoy en Derecho.

-¡Derecho! Guau… ¿Practicas algún deporte? –Continuó Paul.

-En el instituto estaba en el equipo de béisbol, pero lo dejé.

-¡Ah! ¡Béisbol! Yo también lo jugaba cuando estaba en la secundaria –dijo el hombre con una sonrisa.

Mark se relajó un poco, pues no se había percatado de la falsedad en la expresión de Paul.

-¿Te masturbas mucho pensando en Ashton? –Inquirió John de repente.

Mark casi pudo sentir como el sonido de su corazón retumbaba hasta escucharse por toda la habitación. La mirada glacial del hombre provocó en él un miedo que nunca antes había experimentado, sintiéndose como la pequeña gacela que huye despavorida para sobrevivir al ataque del depredador.

-¡Papá! –Ashton estaba en la puerta del salón. -¿Cómo se te ocurre hacerle esa pregunta?

La chica traía una bandeja con tres tazas de café y les frunció el ceño a sus progenitores como si momentos antes no hubiesen parecido energúmenos en vez de personas.

-Solo es curiosidad, cariño –dijo John sin apartar los ojos de Mark. –Vamos, chico, contéstame, ¿sí o no?

-John, basta. Mark es mi amigo y ya está, al igual que todos los demás.

El hombre le sonrió con dulzura.

-Nena, Paul y yo también empezamos siendo amigos de tu madre.

-Mark tiene novia.

-Y un pene –rebatió Paul, -por lo que no es de fiar.

-Al igual que ninguno de los que están en la puerta –John miró a los demás miembros de la fraternidad. –Podéis acercaros, no nos comemos a nadie.

La sonrisa del hombre era amenazadora, pero los chicos empezaron a entrar en el salón más por solidaridad con su Presidente que por ganas de estar cerca de aquellos dos hombres. Ashton sabía que estaban comportándose de aquella manera para “marcar el perímetro de seguridad” alrededor de ella.

-No tenéis que tener esa actitud con ellos, solo son mis amigos.

-No confiamos en ellos –expuso John tranquilamente. –Son tíos y sabemos cómo piensan.

-Pues son los únicos amigos que tengo en todo el campus, así que sed agradables con ellos.

Los dos hombres bufaron, observando a los chicos que se sentaban con cierto temor y a cierta distancia de ellos.

-¿Por qué no nos habías dicho que las chicas habían tomado esa actitud contigo? –Quiso saber Paul. -¿Te han hecho muchas jugarretas?

-Solo son bromas y no es para tanto. No quería preocuparos.

-Nena, si llegas a sentirte incómoda y quieres dejarlo, sabes que siempre podrás volver con nosotros –dijo John.

Ella le sonrió.

-Estoy bien, papá.

 

 

Cuando sintió que los ánimos de sus padres estaban más calmados, les invitó a ir con ella al gimnasio, echaba de menos las sesiones de entrenamiento con sus padres y quería presentarles a Dimitri. Los dos hombres se rieron cuando ella les contó cómo había vencido al antiguo soldado, pero Mark y algunos de los miembros que les acompañaban sintieron escalofríos al escuchar las siniestras risas llenas de orgullo.

Llegaron al Esparta y, antes de que Ashton se dirigiera hacia los vestuarios femeninos, habló muy seriamente con sus padres:

-Ni se os ocurra decirles nada que los incomode o los atemorice.

-Ash, nena –decía Paul con voz dolida, -¿cómo puedes pensar que haríamos algo así?

-Son tus amigos, y les estamos más que agradecidos por que te hayan acogido y te traten tan bien –John sonrió.

Ella le devolvió la sonrisa, pero sabía que estaban mintiéndole como bellacos. Se apresuró para vestirse con ropa deportiva y a salir al gimnasio, pues no se fiaba de sus padres.

Los chicos de la fraternidad entraron en los vestuarios con la cara un tanto pálida y sintiendo como los ojos de aquellos hombres les quemaban en la nuca. Empezaron a cambiarse y los hombres se miraron con sorna.

-¿Sabéis, chicos? No nos preocupa que Ash se fije en alguno de vosotros –dijo John con una supuesta expresión amigable. –Es algo normal, puesto que pasáis mucho tiempo con ella.

-Y os damos las gracias por hacerla sentir tan cómoda entre vosotros… -sonreía Paul. –Como si fuera uno más en vuestra fraternidad.

-Sí… -Jonh se situó delante de Mark y Jason. –Pero, después de todo, Ashton es una chica… Con una cara preciosa, un cuerpo entrenado y una personalidad arrolladora…

Los jóvenes se miraban entre ellos con las cabezas agachadas, pues desconfiaban de la actitud de aquellos hombres.

-Así es nuestra pequeña –Paul se sentó entre Nick y Adam para ponerse las zapatillas. –Es muy fácil quererla… Pero ella se merece a alguien que no solo la quiera, sino que la haga sentir especial… No solo que la busquen para 30 minutos de placer y nada más…

-Has sido demasiado generoso, tío –dijo John a su amigo. –Mírales, ¿de verdad crees que puedan aguantar siquiera 30 minutos?

Paul miró a los jóvenes con ojo crítico.

-Tienes razón, seguramente aguanten entre 5 y 10 minutos.

-¡PAPÁ! –Gritó la chica desde la entrada de los vestuarios masculinos. -¡Hace 5 minutos que me habéis prometido que os comportaríais con ellos!

Los hombres se miraron de forma inocente.

-Cariño, solo estábamos bromeando con tus amigos, ¿verdad?

John de dio algunas palmadas en el hombro a Jason y el chico asintió, con temor a decir una sola palabra. Los jóvenes respiraron tranquilos cuando Ashton se adelantó con sus padres y ellos pudieron cambiarse de ropa.

-No me siento tan… “masculino” como antes –comentó Adam en un susurro.

-Yo sé que puedo aguantar mucho más que 30 minutos… -musitó Jason, -pero ahora tengo miedo de tener un “gatillazo”…

 

 

Ashton estaba enseñándoles las máquinas a sus padres y comentándoles el entrenamiento que hacía, cuando Dimitri se acercó a ellos por detrás.

-¡¿Quiénes son estos individuos, Jones?! –Gritó con su habitual tono.

Los tres se giraron y la chica sonrió a su entrenador.

-Dimitri, le presento a mis padres, Paul White y John…

-Anderson… -terminó de decir el hombre con su acento ruso.

Ashton se percató entonces de las expresiones de su entrenador y de John. Las pupilas de ambos se habían achicado y sus músculos estaban tensos. Dimitri soltó una carcajada seca sin apartar los ojos del hombre.

-Hace 20 años que no te veo y sigues teniendo la misma cara de cabrón que entonces -afirmó el entrenador cruzándose de brazos.

-Gracias. Tú sin embargo has empeorado con los años.

La tensión se respiraba en el ambiente, y Ashton estaba cada vez más inquieta pues no sabía el motivo.

-John, ¿de qué os conocéis? –Intervino.

-Estuve en una misión con él hace 20 años, en el este de Europa.

-¿Jones es tu hija? –Le preguntó Dimitri.

John se tensó aún más si cabía y ella miró de reojo a Paul, quien tampoco parecía saber nada de aquella situación.

-Sí –contestó su padre.

Dimitri soltó otra carcajada y empezó a frotarse la barbilla, pensativo.

-¿La habéis entrenado vosotros? –Ambos hombres asintieron. -Debo admitir que hicisteis un buen trabajo, es la mejor alumna que he tenido nunca en este gimnasio.

-Gracias –contestó secamente John.

Sus amigos se acercaron en ese momento, tan curiosos como ella por aquella conversación y por la animadversión que se notaba entre los dos grandes hombres.

-No puedo creer que seas hija de este gran cabrón, Jones –dijo con tono bromista el entrenador, pero sus ojos no dejaron en ningún momento los de su padre. –Dime, Anderson, ¿su madre es aquella chica de la voz dulce? ¿La que te llamaba todas las noches?

Ashton miró a John, intrigada por aquellas palabras de su entrenador, pero sintió la mano de Paul en su hombro para que se alejase de los dos hombres que parecían a punto de destrozarse solo con las miradas.

-Sí –John tenía los puños apretados y le temblaban los músculos.

-Entonces la joven tenía que ser más hermosa de lo que creía… ¿Sabes? Nunca he olvidado aquella voz tan agradable y suave –se descruzó de brazos. –Aún recuerdo cuando me amenazaste porque cogí su llamada antes que tú y empecé a hablar con ella.

-También te pegué una paliza… Y puedo volver a hacerlo…

-Paul… -musitó Ashton temerosa.

-¡Sí! Recuerdo esa paliza. Me rompiste la nariz cuando me descubriste masturbándome en las duchas… -uno de los chicos de la fraternidad reprimió una arcada. – ¡Pero no era mi culpa! Esa voz provocaba erecciones instantáneas…

El caos se desató.

John le pegó un puñetazo a Dimitri y este cayó sobre unas máquinas de pesas por el impacto, pero se levantó rápidamente y se abalanzó contra su contrincante. Ashton quiso intervenir e intentar sepárales, pero Paul la detuvo.

-¡Detenlos! ¡Van a matarse! –Gritó preocupada.

El hombre, con la expresión calmada, negó con la cabeza.

-Es un suicidio intentar separarlos, deja que se cansen –dijo con voz tranquila y poniéndole el brazo sobre el hombro. –Vamos, pequeña, sigue explicándome tus rutinas de entrenamiento.

-¡Pero, Paul…! –Ashton estaba un tanto desesperada al ver la ferocidad de la pelea.

-Tranquila, tranquila… Ya se cansarán…

 

 

-¡Estarás contento, papá! –Gritó enfadada Ashton cuando abría la puerta de la mansión. -¡Has destrozado el gimnasio y le has roto la nariz a mi entrenador! ¡Otra vez!

Se dirigió a la cocina para agenciarse del botiquín y de varias bolsas de hielo. John entró seguido de Paul y de los demás miembros de la fraternidad, quienes comentaban la pelea entre la admiración y el trauma de haber presenciado tanta violencia. El hombre tenía el labio y una ceja rotas, además de un ojo morado, pero su peor lesión era el hombro derecho, pues Dimitri se lo había desencajado.

Los jóvenes que vieron entrar al magullado hombre se quedaron estupefactos, pero por las pocas palabras que escucharon, entendieron rápidamente lo que había sucedido.

-Señor Anderson –Kyle se acercó al hombre al ver el estado de su brazo, -debería ir al centro de salud del campus.

-No te preocupes, hijo –le dijo Paul. –Estamos acostumbrados a este tipo de cosas.

Entraron en el salón para esperar allí a su hija. Paul le trajo a su amigo una silla del comedor para que se sentase recto, pues tomar asiento en uno de los sillones podría ser perjudicial para su hombro.

-Señor –intervino Jason, -soy estudiante de Enfermería y le puedo asegurar que la lesión irá a peor si no acuden de inmediato a un hospital.

En ese momento, Ashton llegó con una expresión descontenta. Dejó el botiquín y las bolsas de hielo en la mesita del comedor, se puso detrás de John en la silla y le palpó el brazo y la clavícula.

-En serio, no puedo creer lo que le has hecho a mi entrenador –se quejaba.

En un movimiento brusco y certero, volvió a encajarle los huesos del hombro a su padre. Todos sus amigos miraron boquiabiertos la facilidad con la que había ejecutado la acción mientras hablaba, como si fuese algo muy normal para ella. Apenas notaron como Fudo salía corriendo al baño, aguantando las arcadas al escuchar el crujido de los huesos.

–Tendré suerte si me deja pasar solo por delante del Esparta… -decía mientras le ponía una bolsa de hielo en el hombro a su padre.

-No te preocupes por eso, nena –Paul intentó tranquilizarla. -El hombre está encantado contigo, no va a echarte de su gimnasio.

-Ese capullo se lo merecía, Ash –se defendió John mientras aguantaba como le curaba la herida de la ceja.

-¿Por qué no lo ignoraste? No puedes pelear con todo el que diga cosas sobre mamá o sobre mí.

-Puedo y lo haré –respondió tozudo.

-¿En serio? –Se paró delante de él con el ceño fruncido. - ¿Le darás una paliza a todos los que creas que se masturban pensando en mí?

-Sí… Lo que me recuerda algo –buscó con la mirada por la gran estancia. -¿Dónde está el chico Presidente? Le pregunté esta mañana y no me respondió si se masturba pensando en ti o no.

Mark estaba en la entrada al salón e intentó esconderse tras algunos de sus amigos cuando escuchó aquello.

-¡Basta! Deja ya esa actitud y deja en paz a Mark con tus paranoias. Ahora mismo no podrías hacer nada contra nadie y lo sabes.

John lo pensó unos segundos.

-Paul se crio en Texas, y sabe atar y castrar a un ternero en cuestión de segundos.

-¡Eso es cierto! –Exclamó el aludido. –Podría enfrentarme a quien sea si la situación lo requiere.

-¿Ves? –Inquirió el hombre con una sonrisa. –No soy el único que puede ser peligroso…

 

 

Por la tarde, Ashton se despidió de sus padres con grandes abrazos. Al parecer, debían trasladarse a Nueva York durante varios meses, por lo que ella tendría que volar a la gran ciudad para pasar allí las Navidades. Les estaba costando despedirse sin emocionarse, pero era algo que debían hacer.

-Ash, eres de los mejores soldados que hemos entrenado –comenzó a decir Paul, -pero siempre serás nuestra pequeña.

-Confiamos en ti si nos aseguras que estas bien viviendo con estos chicos –John la abrazó y le susurró, -pero si nos enteramos de que alguno ha intentado algo contigo, volveremos.

Ella se rio por lo exagerado de sus palabras, lo que no sabía era la veracidad con la que su padre las decía. Los dos hombres se marcharon poco antes del ocaso, con la emoción contenida, pues ninguno de ellos quería aceptar que Ashton había madurado más de lo que ellos estaban dispuestos a aceptar.

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