Little Witch Academia: The Last Dark Stars por The Last
Summary:

Han pasado unos meses desde que el planeta se vio amenazado por el poder de la ira y el odio de sus habitantes. Gracias a los esfuerzos de unas estudiantes de la Academia Luna Nova, el desastre fue evitado. Pero se sabe que la paz en este mundo no es duradera. Una amenaza nacida de la primera magia se cierne sobre todos. Y esta vez, lo brillante sera acompañado por lo opaco.


CategorŪas: ANIME/MANGA Personajes: Ninguno
Generos: Fantasía
Advertencias: Ninguno
Desafio:
Serie: Ninguno
CapŪtulos: 5 Finalizado: No Numero de palabras: 17755 Leido: 92 Publicado: 26/12/2017 Actualizado: 19/01/2018

1. Prologo: La magia de creer por The Last

2. Capítulo 1: Problema resuelto y contratiempos por The Last

3. Capítulo 2: Las cosas no pueden ir a peor por The Last

4. Capítulo 3: Estrellas caidas por The Last

5. Capítulo 4: Verde y Purpura por The Last

Prologo: La magia de creer por The Last

 

 

Little Witch Academia: The Last Dark Stars

 

 En medio de la ciudad se podía ver en el cielo una batalla como nunca se había visto, y para la mayoría no era sorpresa, ya que en se estaba transmitiendo en vivo como un grupo de brujas se enfrentaba a un misil, el cual, por razones que nadie entendía, parecía moverse por voluntad propia, he incluso defenderse por su cuenta. Este se movía de manera errática, cambiando de forma, dividiéndose y volviendo a su forma original. Mientras tanto esas brujas no paraban de moverse de un lado a otro, evitando todos y cada uno de sus ataques. Según se había escuchado hace una hora, ese mismo misil se dirigía en dirección a ese mismo país. Más concretamente hacia esa ciudad, por lo que una parte de la población había entrado en pánico, mientras que otros se fijaban en las brujas que intentaban por todos los medios detener la amenaza. Todavía nadie lograba creer lo que estaba pasando: un grupo de brujas se estaba enfrentando contra un misil que se movía como si tuviera vida propia. De repente, las brujas de dirigieron en línea recta hacia arriba, mientras el misil las perseguía, con unos ojos y boca que podía sentir que emanaban una ira descomunal. No se logró ver más allá, debido a que las nubes cubrieron el cielo, pero se podía ver un resplandor a lo lejos; un resplandor que nunca en mi vida había presenciado. Un sonido increíblemente fuerte se escuchó en los alrededores. Un gran destello ilumino los alrededores. El color blanco inundo cada rincón del lugar. El cielo se partió a la mitad. Nadie podía ver hacia arriba debido a la gran cantidad de luz. Cuando todo se calmó se pudo ver como una especie de polvo de todos los colores caía, junto a criaturas de diversos colores y tamaños que solo habían sido vistos en espectáculos de magia hace mucho tiempo. Todos parecían celebrar el haber sido salvado por aquellas brujas, mientras se maravillaban del espectáculo celestial y reían por estar vivos. Pero mientras los demás le prestaban atención a las maravillas que caían del cielo, un chico de cabello negro y ojos cafés, miraba en la dirección contraria: la dirección en la que las brujas que los salvaron se marchaban después de haberles salvado la vida. No podía distinguirlas, ya que las nubes empezaban a volver. Lo único que pudo notar es que iban vestidas de blanco de pies a cabeza, que iban en una escoba con mango en forma de flecha de color carmesí, con alas que se extendían al final de ella. Mientras se alejaban, pudo ver como un pequeño destello caía de la escoba. Sin pensarlo un segundo, fue a ver que era aquello que había caído. Cuando lo atrapo, pudo ver que era una pequeña piedra en forma de estrella, con un resplandor blanco en su interior, el cual después de unos segundos se convirtió en polvo que se deshizo en sus manos, para luego desvanecerse. Pudo sentir una alegría que no había sentido desde hace mucho tiempo: una alegría que solo había logrado sentir cuando era niño, en un show de magia de una bruja que realizaba espectáculos. Lo único que podía hacer era mirar en dirección al horizonte, mientras toda la ciudad celebraba aquel espectáculo. Desde ese día,  busco a las brujas que los habían salvado de la destrucción, para poder darles las gracias. Pero por más que buscaba, no encontraba ninguna pista sobre ellas. Pasaron dos meses, y después de pensarlo mucho, sintió que solo había una manera de averiguar donde se encontraban. Decidió arreglar sus cosas y volver a entrenar la magia, esta vez de manera seria. Estaba decidido: me iba a convertir en brujo, con tal de encontrarlas.

                                                                                          

- 3 meses después –

 

 Después de mucho preparamiento y un largo viaje, por fin había llegado: la línea Leyline. Había sido un difícil llegar, aun teniendo en cuenta de que sus padres no contaban con mucho dinero, pero después de usar parte del dinero que estaba ahorrando y el apoyo de mi familia, había logrado llegar hasta aquí. Obviamente antes de venir, contacto con alguien autorizado de la academia para ver si podía ingresar. Después de algunas pruebas hechas por un profesor cualificado de la academia para saber si podría ingresar, le dieron un “aprobado”, y todo lo que faltaba era tomar el avión más cercano a la estación Leyline.

 Si era sincero consigo mismo, no esperaba que el punto de partida fuera tan… antiguo. Según veía a la distancia, era un torreón de piedra, cubierto por enredaderas y un árbol en lo más alto de este, que a primera vista no parecía gozar de una buena infraestructura. En fin, que no había llegado a juzgar la arquitectura, había venido en dirección a la academia Luna Nova.

 La estación que lo llevaría a la academia se encontraba cercana a una ciudad. Para él era una sorpresa. Más bien se esperaba que estuviera en una locación más apartada de cualquier rastro de sociedad, aunque no se quejaba, ya que se le hacía más fácil llegar. En fin, que se encontraba corriendo en dirección a la estación, y por casualidades del destino, o más bien por distraído y ser un ansias, termino chocando de frente con un grupo de personas que venían en sentido contrario a su andar. El golpe que recibió por ello fue bastante intenso, tanto que le hizo perder el equilibrio y caer como un muñeco de trapo sobre el sendero de piedra. La cabeza no hacía más que dolerle, y por un momento perdió la noción de donde estaba. De repente, sintió que alguien estaba a su lado. La luz del sol hacia que esas personas parecieran sombras vivientes a la luz de día, y cuando recupero sus sentidos, pudo ver con claridad. Eran brujas, y de la academia Luna Nova, teniendo en cuenta el sombrero, el cual llevaba de adorno un círculo dorado con tres puntas 

 -Ten más cuidado por donde andas- le dijo una de las brujas del grupo. Su cabello era largo y negro, con ojos del mismo color, que era acompañada de otra bruja de cabello castaño, amarrado con una “cola de caballo”.

 –Lo siento, de verdad lo siento- dijo de manera automática, sin pensármelo dos veces.

 -¡Ya déjalo, Barbara¡ Tenemos asuntos más importantes. No tenemos tiempo para preocuparnos por nimiedades. – exclamo la bruja de cabello castaño con cierto aire mezclado con prisa y altives. Tal parecía que, o bien le daba igual que él estuviera ahí, o tenia demasiada prisa como para preocuparse de los modales. El chico decidió que era mejor ignorarlo. Se paró, me limpio el polvo del abrigo, y se puso a hablar con ellas.

 –Disculpen, ¿me podría decir como tomar la línea Leyline? –pregunto el chico, ya que no tenía ni la más remota idea de cómo se usaba. –Es que quiero llegar a la Academia Luna Nova.

-¿Y se puede saber qué quieres hacer en un sitio tan prestigioso como la Academia Luna Nova?- pregunto la chica que según intuía el chico con la conversación anterior, se llamaba Barbara.

-Bueno, supongo que no pasara nada si les digo. Lo que quiero hacer al llegar, es aprender todo lo que  pueda sobre la magia y como usarla.

-¡¿No me digas que lo que quieres es…?!

-…convertirme en brujo, por supuesto- respondió antes de que siquiera acabara su pregunta. La que estaba a su lado, Barbara, abrió los ojos cual búho, al igual que su compañera.

-¡¿Pero estas de broma o estas demente?!

-No entiendo, ¿a qué se refieren?

 Entonces me explicaron cierto detalle que le confundió bastante: tal parece que la Academia Luna Nova solo admitía chicas. Apenas lo escucho, se quedó de piedra. No entendía para nada lo que pasaba. Si solo admitían chicas, ¿entonces cuál fue la razón para que le permitieran su ingreso en primer lugar?

-Pero… ¿Qué demonios? Pero si incluso me pusieron a prueba para poder acceder.

-Mira, no tenemos tiempo que perder para hablar con plebeyos, así que si nos disculpas, tenemos prisa –respondió la compañera de Bárbara, algo airada. Y sin decir una palabra más, partieron en dirección a la ciudad.

 

 

 Petrificado. Es la única manera en que se puede describir el cómo se encontraba. Si resultaba que lo que habían dicho era verdad –aunque podría también ser falso o una confusión perfectamente -¿significaba que había llegado hasta aquí en vano? ¿Todo lo que se había preparado, y sus esfuerzos para llegar hasta aquí se irían por el drenaje? Algo hizo *clic* en su mente.

-No –dijo en un tono tan bajo que perfectamente podría describirse como un susurro. No se iría así como así sin antes constatar que aquello era cierto o no. Tenía que hablar con alguna autoridad de la academia. Pero un muro se interpuso en su camino: no sabía cómo llegar, ya que no entendía cómo funcionaba la susodicha Línea Leyline, ya que nunca pensó que la dichosa línea funcionara de una manera tan diferente, fuera cual fuera esa manera. 

 Una idea cruzo tan rápido como un cometa en la noche estrellada: le iba a pedir ayuda a las mismas brujas con las que se cruzó hace unos instantes, así que se giró con mucha rapidez para ver donde estaban e ir directo hacia ellas para conocer el funcionamiento de la línea. Pero para su mala suerte, cuando se giró para ubicarlas, de ellas ya no quedaban ni sus sombras. Lo más seguro es que se fueran a paso veloz con tal de atender ese asunto del cual su mente no conocía y era tan importante. Se derrumbó de rodillas con el gran torreón de piedra a sus espaldas, erigido como un estandarte en medio de aquella verde colina.

 Necesitaba respuestas urgentes, pero no había nadie en las inmediaciones para ayudarle. De pronto, llegaron una serie de pensamientos y suposiciones, los cuales unió como si fueran telas de araña, las cuales le llevaron a una conclusión: tal vez esas no eran las únicas brujas que estuvieran en el exterior de la academia, y si era así, el lugar más cercano para buscar era la ciudad al pie de la colina. Sin siquiera replantearse lo que había pensado, partió con el corazón latiendo casi tan rápido como la velocidad de su andar. Además, no debía perder más tiempo del que quería, ya que la entrada a clases, según le habían comentado, era dentro de tres horas, así que no había tiempo que perder.

 Las calles de ladrillos de piedra grisáceos bajo sus pies se extendían por todo el camino. Resultaba más agotador de lo que pensó recorrer todo el lugar, ya que la ciudad era más grande de lo que parecía, y para colmo, hacía calor, lo que lograba que sus energías menguaran más rápido de lo normal. Si bien él no era de los que practicaban deportes, eso no quería decir que no pudiera recorrer un buen trecho sin empezar a cansarme, pero el clima había elevado la dificultad de la búsqueda más de lo que estaba acostumbrado, y el hecho de que llevara una mochila de viaje y sus maletas (la cual al principio no era ninguna molestia, pero que se empezaba a hacer pesada)  no ayudaba en nada. Tomo una botella de agua que tenía guardada en la mochila, y la bebió con bastante fuerza.

 Pasaron varios minutos mientras deambulaba por las calles buscando a alguien que lo ayudara, y si era una estudiante del colegio, mucho mejor. Pero viendo que tanta búsqueda no lo llevaba a nada, y el calor era insoportable, decidió recostarse bajo la sombra de un árbol cercano, intentando recuperar fuerzas, mientras pensaba en que era lo que debía hacer a continuación.

 “Esto es más engorroso de lo que esperaba”, pensaba mientras lanzaba un largo bostezo. Si bien sabía que no contaba con todo el tiempo del mundo, tampoco contaba con energía ilimitada. “Solo será por unos minutos”, decía mientras cerraba los ojos, y el mundo se oscurecía.

Un vacío total. Lo único que resplandecía en medio de aquel vacío eran las estrellas y la luna. En medio de todas ellas, había dos grupos que destacaban. Ambas formaban constelaciones prácticamente iguales, pero eran diferentes. Una formada por las estrellas más brillantes de todo el cielo. Otras formada por estrellas sin brillo. Opacas y distantes. Ocultas en la obscuridad de la bóveda celeste. Ambas partes, vigilando el firmamento infinito. De repente, en un destello en todas ellas, comenzaron a descender del cielo. Se posaron, flotando cerca del suelo, para formar ambas dos que, si bien eran parecidos el uno con el otro, en el fondo eran totalmente diferentes. Una era blanca como el mármol, con gemas verdes, y resplandecía con la luz del alba. La otra era negra como la obsidiana, con gemas moradas, y emitía las sombras del ocaso. Ambas creadas con un propósito, que aunque era imposible de acertar con solo mirar, parecía remontarse desde un tiempo imposible de abarcar para la mente humana. Sentía... como si algo se acercara. Algo primigenio. Algo descomunal.

 Habían pasado veinte minutos, o al menos eso decía el reloj de muñeca, que tenía programado una alarma. El chico se levantó, adormilado y confundido, de un sueño que pareció durar horas, del cual no recordaba apenas nada. De repente, se escuchó un zumbido en el aire que lo sorprendió. Miro hacia arriba, preguntándose que era. Escobas. Eran escobas de brujas, y llevaban el uniforme de Luna Nova. No lo dudo ni un segundo. Tomo su equipaje a la velocidad del rayo, y comenzó a seguirlas. Sea lo que sea que era todo eso que soñó, en aquel momento le era totalmente irrelevante, sin saber que en un momento futuro, su mente se encargaría de recordarle eso y un poco más.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1: Problema resuelto y contratiempos por The Last

 

Capítulo 1: Problema resuelto y contratiempos

 

 Dicen que la esperanza renueva la fuerza de los hombres. Bueno, pues eso era lo que estaba pasando, ya que aquel chico paso de estar hecho un lastre a ponerse a correr como si nunca se hubiera pasado una hora buscando por toda la ciudad.

 En un seguimiento que pareció durar horas, (pero en realidad duro unos minutos) termino con el siguiéndolas hasta una tienda de artículos mágicos algo escabrosa a la vista. Al entrar, se lograba apreciar una gran cantidad de objetos bastante raros: desde varitas mágicas hasta objetos que costaba describir dada sus raras características. No se veía a nadie que atendiera el lugar, lo cual lo hacía algo más tenebroso de lo que ya era.

- ¡Hola! ¿Hay alguien aquí?- pregunto el chico, a lo cual no recibió ninguna clase de contestación - Bueno, supongo que no hay nadie.

-  En eso te equivocas - le dijo una voz que sonaba muy cerca de sus espaldas.

 Apenas la oyó, pudo sentir un escalofrió recorriéndole cada centímetro de su espalda. Dio un pequeño brinco hacia adelante para darse vuelta hacia el que le había contestado. Resultaba que no era más que el encargado de la tienda, el cual llevaba un delantal gris. Era un señor con cabello castaño, lo bastante largo como para que le llegara a los hombros, una camisa verde oscuro, con una barba anunciada en su mentón, un tatuaje verde en su antebrazo derecho y de cuerpo rechoncho.

- ¡Que susto, por Dios! –dijo el chico inclinándose hacia adelante, afirmándose sobre sus rodillas con ambas manos.

- Tampoco es para tanto. En fin, ¿qué es lo que buscas?

- Ah, cierto. Estoy buscando a unas chicas que entraron en este local. Parece que eran brujas de la Academia Luna Nova. ¿Las ha visto?

- Se encuentran en la parte trasera. Buscan un par de varitas de repuesto.

“Pues parece que las varitas no tienen algún tipo de seguro. Algo a tener en cuenta”, pensó en chico. Aunque aquel sitio tenia fachada de tienda, por dentro daba un aire algo diferente, si contamos con el hecho de que además de los productos mágicos, había una especie de mesas para tomar él te o algo así, más algunos objetos que daban bastante repelús con solo observarlos.

- Y… ¿tardaran mucho en salir? Es que me gustaría preguntarles algo- dijo el chico mientras se sentaba en una de las sillas que decoraban el sitio.

- ¿Y qué pregunta sería esa?

- Es que tengo dudas sobre cómo funciona la línea Leyline. No tengo idea de cómo funciona, así que pensé que alguna alumna de la academia Luna Nova podría ayudarme.

- Si solo es eso, yo puedo ayudarte –respondía el atendedor mientras formaba una sonrisa que, aunque pretendía parecer amistosa, las extrañas ojeras bajo sus ojos le daban un tono algo apagado a su rostro –La línea Leyline solo puede ser conducida con escobas. Más concretamente las escobas mágicas. Aunque existe una entrada la cual puede ser usada por vehículos normales y corrientes. Eso sí, no es posible cruzarla caminando, ya que si lo intentas, terminaras siendo arrastrado a algún lugar aleatorio.

 La información resultaba bastante útil. Aunque si aquello que le había dicho estaba en lo correcto, eso le dejaba con un problema: no tenía escoba, o algún otro vehículo. Todo el viaje lo había hecho en avión y en tren.

- ¡Pero no tengo ninguna de esas cosas! ¡No puedo cruzar la línea!

- También podrías pedir que te lleve alguien que si tenga.

- La cuestión ahora es quien podría llevarme.

- Oye, además de las varitas, ¿no tendrás herramientas o engranajes? –pregunto una chica que salía de la parte trasera de la tienda. Tenía el cabello despeinado, de color rojo claro y anaranjado, con las puntas hacia arriba, con ojos color verde. Llevaba el uniforme de Luna Nova, lo que indicaba que era una estudiante, a pesar de llevar zapatillas casuales, en lugar de los zapatos de la academia.

- Esta es una tienda de artículos mágicos, no una ferretería –respondió el encargado de la tienda.

- Pues es una lástima. Bueno, eso último tendremos que buscarlo en otro momento. Además, creo que podemos pedir prestado algunas piezas en la escuela. ¿No crees, Constanze?

 A su lado se encontraba una chica de estatura bastante pequeña. Tenía la apariencia de una niña, aunque su mirada tan seria indicara lo contrario.

 Ella no respondió. En lugar de ella, respondió un pequeño robot, diciendo: “Creo recordar que habían tirado unas cuantas junto con una maquina a la basura. ¡Vamos, vamos!”

- Disculpen ¿ustedes son de la academia Luna Nova? –pregunto el chico acercándose un poco.

- ¿De parte de quien viene la pregunta? –respondió la chica de cabello rojo

- Supongo que debería presentarme. Mi nombre es Gianfranco Garay, pero pueden llamarme Franco. Y aquí es cuando tú me dices tu nombre.

- Supongo que no importara que te lo diga. Me llamo Amanda O´Neill, y la que está a mi lado se llama Constanze.

 Constanze permanecía sin formular palabra. En su lugar, el pequeño robot que la acompañaba hablo en su lugar: “Hola, es un gusto” con una voz robótica con cortas pausas entre palabras.

- Ahora me gustaría saber de qué estaban hablando entre ustedes cuando llegamos.

- Lo que pasa es que quiero ir a la Academia de Luna Nova, pero para llegar hay que atravesar la línea Leyline, y no tengo manera de llegar, a menos de que alguien que pertenezca a la academia quiera llevarme…

- …y pensabas que nosotras podríamos llevarte.

- Si no les resulta una molestia. No se preocupen, que no las molestare en el trayecto.

 Amanda y Constanze lo miraron de arriba abajo, intentando ver si tenía alguna intención oculta.

-Lo que me gustaría saber es, ¿qué tienes que hacer en Luna Nova? No pareces ser un político o el hijo de alguno. Al menos no con esas pintas.

-No, no soy el hijo de nadie importante. Vengo a la academia porque soy un estudiante recién ingresado.

 Durante lo que fueron cuatro segundos, el silencio se mantenía en el ambiente, hasta que Amanda decidió hablar.

-Es un chiste, ¿verdad? Por favor dime que es un chiste.

-¿Mi cara te hace parecer que es en broma?

- Pues parece que te han tomado el pelo muy fuertemente,  ya que Luna Nova es exclusivamente para chicas.

- No, eso no es posible, ya que la persona que me ayudo a venir a estudiar aquí era una profesora de la academia, que fue autorizada por la directora para que yo pudiera venir a estudiar. Si mal no recuerdo, se llamaba Ursula…

- ¿…Ursula Callistis?

- Exactamente.

La situación resultaba bastante peculiar. El solo hecho de que un chico fuera estudiante de la Academia Luna Nova, seria tomado como un chiste. Y no cualquier chiste, sino de esos que más que hacer gracia, provoca el efecto totalmente opuesto. No existía manera de que alguien como él pudiera estudiar en un lugar así, por lo que Constanze y Amanda tenían bastantes razones para pensar que tal vez esas no eran sus auténticas intenciones. Tendrían que ir a corroborarlo con la directora.

 -Muy bien, te ayudaremos.

 -¿En serio?

 -Claro. No hay ningún problema. Si lo que nos dices es verdad, entonces seria de muy malas personas dejarte aquí tirado. Y si nos mientes, bueno, no nos costara nada sacarte a patadas en el trasero de la academia. ¿Verdad, Constanze?

 Ella solo asintió en señal de afirmación.

 -Muchas gracias. Pensé que no podría llegar a tiempo. Se los agradezco de verdad.

 -Bueno, ¿nos marchamos de una vez?

 

 

 -Entonces, ¿cómo lo hacemos? –pregunto Franco frente a la torre de piedra.

 El, junto con Amanda y Constanze, habían llegado hasta la entrada de la línea Leyline. Ambas tenían listas sus escobas de vuelo. La de Amanda era bastante común, y no se diferenciaba de las demás. La de Constanze era diferente, teniendo varios ensamblajes mecánicos, seguramente puestos por cuenta propia, entre los que destacaban un motor, una hélice, y un tubo de escape, que tenía sus bordes ennegrecidos por el humo.

 -Fácil. Tus iras en la escoba de Constanze. Al tener mejoras mecánicas, puede llevar más carga que una escoba normal. Podrías ir en la mía, pero eso haría que fuera más lento teniendo en cuenta también tu equipaje, y te diré un secreto: no es que me agrade ir a paso de caracol.

 -¿No tienes problema con ello, Constanze?

 Constanze movió la cabeza de izquierda a derecha, en señal de negación.

 -Muy bien. ¡Nos vamos! –exclamo Franco.

 Montar el equipaje resulto algo complicado, pero con algunos arreglos, se pudo solucionar rápidamente.

 -La mochila la llevo yo, y la maleta la pongo enganchada del mango en medio de la escoba. Bien, parece que está todo listo. ¿Empezamos?

 Amanda y Constanze se ubicaron con sus escobas en medio de la torre de piedra, mientras recitaban el hechizo de vuelo:

 -Tia Freyre.

 En ese momento, las escobas comenzaron a expulsar un brillo verdoso, mientras estas comenzaban a elevarse. Al acercase al borde de la línea, Franco sintió una sensación de estar siendo absorbido, como si se tratara del efecto de un agujero negro. Como si todo tu ser se distorsionara hacia un punto en específico.

 Después del “efecto agujero negro”, en los alrededores solo se lograba observar un gran conducto verdoso, que se extendía hasta el infinito.

-¿Esto es la línea Leyline?

- Acertaste. Nos conecta directamente con Luna Nova.

- Yo me la imaginaba diferente.

- Ni se te ocurra caerte, porque…

-… puedes acabar en un sitio aleatorio. Me lo advirtió el señor de la tienda. ¿En serio esta cosa se extiende por cada rincón del planeta?

 Antes de que se pudiera dar una respuesta, una gran ráfaga de viento los golpeo en dirección opuesta. Por momentos, parecía que serían arrastrados hacia el fondo de la línea, pero supieron mantener el equilibrio y no caerse.

- ¡¿Qué demonios fue eso?! –pregunto Franco mientras se aproximaba otra corriente de aire más fuerte que la anterior.

- Esto es extraño. Estas sacudidas no suelen suceder, a menos que… -Amanda y Constanze miraron a Franco por unos segundos –Oye Franco, ¿por casualidad no llevaras sal en tu mochila?

- Solo por curiosidad, ¿qué pasaría si la tuviera?

- La línea Leyline no soporta la sal.

-Oh.

 

 

 La Línea Leyline funciona de manera curiosa. Esta suele sufrir de turbulencias en su interior por algún tipo de intolerancia a la sal, lo que puede señalar una de dos cosas: que o tiene vida propia, o simplemente es algún tipo de efecto químico. La mayoría de las veces no representa ningún problema. A menos de que seas un recién ingresado, que no tiene ni idea de ello, y que lleva una bolsa de frituras abierta en la mochila.

-¡Apresúrate de una vez! ¡No creo que las escobas soporten más sacudidas, y nosotros tampoco! –exclamaba Amanda, mientras intentaba que las ráfagas de aire no la tiraran de la escoba, mientras Constanze luchaba contra la fuerza opuesta poniendo el motor a todo  lo que daba. Para peor, Franco no recordaba en que bolsillo lo había dejado, por lo que se la pasaba revolviendo cada parte de la mochila.

-¡Lo encontré, lo encontré! –decía mientras sacaba la bolsa de papas de la mochila.

-¡Lánzalo!

Agarró con todas sus fuerzas la bolsa de papas que había sacado de su mochila, y la lanzo con todas sus fuerzas. Se podía ver como caía hasta el fondo, hasta que desapareció.

- Listo. Ya la lancé. ¿Estás bien, Amanda?

- Sí, no te preocupes. Nada que no pueda controlar.

- Bien. ¿Y tú, Cons-?

 Antes de que nadie pudiera reaccionar, una última ráfaga de aire choco con ellos de frente. Amanda y Constanze se sujetaron con todas sus fuerzas a sus escobas, mientras intentaban mantenerlas estables ante la fuerza que las empujaba. El ruido del aire era increíblemente intenso, hasta un punto que resultaba imposible escuchar otra cosa. Después de que se acabara, se inclinaron hacia adelante, con la cabeza dándoles vuelta, mientras un mareo bastante intenso se les subía a la cabeza.

- Constanze, ¿estás bien?

El robot que Constanze llevaba en la espalda contesto: “Estoy bien”.

 -Okey. Franco, ¿cómo lo-? ¿Franco?

Al lugar al que hablaba Amanda, no quedaba más que una maleta. Ellas no les hacía falta pensar mucho para hacerse una idea de lo que había pasado, aunque les hubiera gustado estar equivocadas. 

 

 

 

Capítulo 2: Las cosas no pueden ir a peor por The Last

 

Capítulo 2: Las cosas no pueden ir a peor

 

 La línea Leyline era lo más parecido a un “agujero de gusano” de los que tanto había leído Franco cuando era niño o visto en esos documentales que encuentras por casualidad sobre el universo de la National Geographic : hipotéticas uniones o “puentes”, los cuales son capaces de cruzar el espacio y el tiempo. Se dice que un agujero negro sería capaz de generar la suficiente fuerza gravitacional como para crear uno. La diferencia con la línea Leyline es que esta no corres el riesgo de  desintegrarte ni terminar convirtiéndote en polvo cósmico. Eso no quita que caerse en pleno viaje sea un peligro, teniendo en cuenta que no se sabe dónde puedes terminar, y cuando sucede, siempre se termina cayendo desde bastante altura.

 Franco sentía una sensación extraña en su cabeza, aparte del dolor de cabeza causado seguramente por un golpe bastante contundente. Después de unos segundos se dio cuenta de que se encontraba en un estado anti gravitacional, y que por alguna razón, le era imposible abrir los ojos. Uso todas sus fuerzas para recuperar la conciencia y despertarse, hasta que después de unos minutos lo consiguió. Al hacerlo, pudo constatar varias cosas: el dolor de cabeza se produjo por algún tipo de golpe causado por la caída desde unos metros, la herida que esta había producido estaba sangrando, pero no parecía ser tan grave, ya que esta no media más de un tercio de un dedo índice, por lo que cicatrizaría rápido. También se dio cuenta de que el estado anti gravitacional se producía por la razón más corriente de todas: estaba colgando de un árbol con su mochila, que se encontraba encima de  una pequeña colina.

 Empezó a ver a sus alrededores  para hacerse una idea de donde se encontraba. Parecía ser una gran llanura, cerca de las montañas, repleta de árboles a los alrededores con un verde oscuro en sus hojas. El cielo se encontraba completamente nublado y grisáceo, aunque se podían ver a la distancia luces del sol penetrando por agujeros en el cielo, lo que talvez indicaba que pronto clarearía. Tampoco era ninguna clase de meteorólogo experto, por lo que en esas ocasiones tenía que recurrir a su intuición.

 Sin pasar mucho más rato pendiendo de un árbol, como si fuera alguna clase de piñata festiva, empezó a sacarse la mochila. No era de sus mejores ideas, teniendo en cuenta que el golpe que se daría por la caída sería bastante intenso a una altura de seis metros del suelo, pero era mejor que convertirse en comida para los cuervos, o cualquier otra ave de rapiña. Empezó a aflojar los tirantes de la mochila. Resultaba difícil, teniendo en cuenta que estaba colgando de un árbol a seis metros del suelo, pero después de un minuto forcejeando, logro soltarse. Por supuesto, termino dándose un gran golpe contra el suelo junto con su mochila, pero era un precio bajo por bajar de una vez del condenado árbol. Después de  estrellar todo su cuerpo contra la tierra cubierta de hierba, pudo notar que esta estaba húmeda, con pequeñas gotas de agua cada una de sus hojas, lo cual dejaba en claro que había llovido hace poco.

 Giro su cuerpo, apuntando su cara al cielo. La mayoría de la nubes se había ido, dando paso a los rayos del sol, por lo que se podía apreciar mejor el terreno. Se lograba ver que la arboleda se extendía más allá de lo que la vista pudiera permitir, hasta un punto que parecía no tener fin. Por alguna razón, todo ese lugar parecía expulsar un pulso de vida como nunca había sentido en ningún otro lugar.

 Se puso de pie, algo aturdido por la caída, y analizo un poco más a fondo sus alrededores. Se podía escuchar a los pájaros cantando desde los árboles, además del sonido del agua corriendo desde algún lugar dentro del bosque., y el viento moviéndose entre las lejanas colinas de hierba

- Esto es perfecto. Estoy en medio de algún lugar de las montañas, probablemente muy lejos de donde debería estar, no tengo idea de adonde debo ir, perdí mi bolsa de papas, y me di una golpiza en el tórax, la cual me sigue doliendo. Creo que he gastado tanto mi mala suerte, que las cosas no podrían ir a peor. Supongo.

 Las opciones a continuación eran bastante claras: o se quedaba a esperar con la esperanza de que dieran con su paradero, o podía seguir caminando hasta que la suerte dejara de escupirle en la cara y  terminara encontrando a algún alma caritativa que lo ayudara, y una cosa era evidente: él no era de los que se quedaban a esperar.

 “Voy a moverme un poco por aquí. Total, tampoco es que me vaya a alejar cinco kilómetros. Ni que me fuera a perder o algo”, pensó mientas tomaba su mochila y se ponía en marcha en dirección al límite del bosque. Al encontrase cerca de este, se podía percibir el olor a tierra húmeda saliendo del bosque, y las hojas de los arboles brillaban por el agua de alguna lluvia pasada. Caminó unos metros dentro del bosque para apreciar mejor lo que el paisaje le ofrecía. Aquella vista parecía desprender de alguna manera magia, irradiando una gran cantidad de vida y pureza en su entorno.

 -Esto no se ve ni en los mejores documentales –dijo acercándose a uno de los tantos árboles que lo rodeaban.

 Se oyó un crujir de ramas. Se dio media vuelta, retrocediendo en dirección a la entrada del bosque. Otro más.  Comenzó a procesar lo que había escuchado. No había sido su imaginación, eso había quedado claro. También la presión de la pisada no podía ser de un animal cualquiera: fue profunda y sostenida. Se trataba de algo bastante pesado. Se oyó otros dos más, de manera consecutiva: se estaba moviendo de tal manera que lo rodeaba. Lo estaba vigilando.

 Se lograba ver un brillo verdoso moviéndose en medio de las sombras de los árboles. Una especie de sonido extraño, como un instrumento musical con eco.

 -¿Quién está ahí? –preguntó mientras mantenía la distancia entre él y quien quiera que fuese el que se escondía entre la maleza y arbustos. Entonces, se le empezó a acercar. Varias situaciones cruzaban su mente en ese momento, mientras al mismo tiempo ideaba más de una manera de escapar de cada una de ellas. Pero incluso cuando había ideado mil y un artimañas para librarse de todas y cada una de las hipotéticas situaciones, ninguna de estas se acercó siquiera a lo que era en realidad.

 Una enredadera de raíces de árbol con forma semejante a la de un niño pequeño, se acercaba a paso lento y temeroso. En lo que sería su pecho refulgía una luz verdosa y brillante como la esmeralda. De lo que debía ser su cara se podía apreciar dos agujeros a modo de cuencas y lo que debía ser la boca, resplandecía la misma luz verde. Las raíces que formaban cada parte de su cuerpo, eran iguales a la de los árboles del bosque, solo que se parecían más a la de los arboles más jóvenes del lugar.

 La situación estaba entre el límite de resultar, o inquietante, o extraña. No existía punto medio. Franco antes de venir se había informado de varias criaturas mágicas que podría encontrarse si volvía a adentrarse al estudio de la magia. Incluso ya sabía de la existencia de algunas criaturas de antemano gracias a la educación y los libros de su abuela cuando era niño, la cual había sido una gran bruja. Pero nunca en lo que llevaba de vida, había escuchado relatos o rumores que se acercaran a la descripción del ser que se encontraba frente a él. Podría ser una criatura pacifica, o también podría ser hostil.

- Ho-hola pequeñín. Dudo que logres entender lo que digo, pero por intentar no pierdo nada. ¿Me puedes decir en donde estoy, o si es posible, como llegar a la Academia Luna Nova?

 Aquel extraño ser empezó a atenuar y a acrecentar el brillo de la luz que emitía su cuerpo. Si eso era alguna clase de comunicación, era imposible de entender. “Tal vez podría haber otra forma de hacerle entender lo que necesito”, pensó mientras buscaba alguna manera alternativa de comunicación.

 Entonces oyó un aullido en la lejanía.  Pasaron cinco segundos de silencio que parecieron durar siglos. Después se escuchó un gruñido profundo y mantenido a su derecha. Franco se giró con rapidez para lograr ver que era lo que lo acechaba, y cuando aquel ser salió de entre los matorrales y las sombras, abrió los ojos como lechuza, y retrocedió tres pasos hacia atrás.

 Ahora tenía varias cosas claras:

Uno, lo que salió hace unos segundos del bosque era un lobo.

Dos, parecía que perseguía al “niño-árbol”.

Tres, no venía solo.

“Las cosas no pueden ir a peor. Y un cuerno” pensó mientras agarraba al “niño-árbol” para ponerlo sobre sus hombros. Lo mejor era empezar a echarse a correr.

Y cuatro, definitivamente ya no podía darse el lujo de esperar a nadie.

 

 

- Akko, ¿qué te trae por aquí? –pregunto la profesora Ursula, algo sorprendida por su tan repentina entrada. Akko había abierto la puerta de golpe. Se veía fatigada, estaba sudando y le temblaban las piernas.

-¡Profesora Ursula, es urgente! ¡En la Línea Ley se… y Amanda… y Constanze… perdido… ayuda!

- Akko, cálmate. Necesito que hables más despacio. ¿Okey?

- Bien – dio un gran respiro para luego exhalar con más fuerza todavía –Amanda y Constanze han llegado por la línea Ley. Se encontraron con alguien nuevo que venia a la academia, y lo ayudaron a llegar ya que no sabía cómo llegar. Pero en medio del camino la línea enloqueció, lo que hizo que el nuevo se cayera, y ahora está perdido en quien sabe qué lugar, ¡y necesitamos su ayuda!

- Akko, ¿Amanda te dijo como lucia el nuevo estudiante?

- Eso se lo puedo responder yo, profesora –Amanda apareció atrás de Akko, acompañada de Constanze y Jasminka, la cual venia comiendo una bolsa de galletas.     –Tenía el cabello oscuro, ojos cafés, llevaba un abrigo gris, una mochila azul…

- ¿Y te dijo su nombre?

- Ya llegaba a eso. Se llama Gianfranco Garay. Y no se habría caído si no hubiera llevado esa bolsa de frituras en su mochila. Por su culpa, la línea Ley empezó a expulsar ráfagas de aire que casi nos hacen caer. Pudimos resistir, pero en la última, el muy despistado no se agarró bien a la escoba, y se cayó. Por eso necesitamos que nos ayude a encontrarlo. No quiero que terminen expulsándome.

- ¡Amanda, debemos hacerlo porque es lo correcto! –grito Akko, algo airada por el comentario de Amanda.

- También por eso.

- Chicas, cálmense –Jasminka las separo para que dejaran de discutir. –Tomen una galleta. Comerlas siempre me relaja.

 Akko y Amanda tomaron las galletas y las comieron, algo enojadas.

- Akko, Amanda, creo saber dónde está –la profesora Ursula mostro un mapa de las constelaciones del cosmos. –Está en… “El bosque de la vida”

- ¿El bosque de la vida? –pregunto Akko, algo extrañada. Nunca había escuchado de ese lugar –Suena a un lugar bastante agradable.

- El bosque de la vida es un lugar del cual no se sabe nada. Todo aquel que ha intentado explorarlo, nunca ha vuelto.

- ¡Entonces debemos darnos prisa! ¿Cómo se llega?

- Las guiare yo misma. Nadie sabe que habita en el bosque de la vida, por lo que será mejor si yo las acompaño para que no se lastimen en el camino. Vayan a la entrada de la línea Ley, las alcanzo en unos minutos.

 Todos partieron por la misma puerta por la que habían entrado. Todos, excepto Amanda, que se quedó a solas con la maestra.

- Maestra Ursula, ¿puedo hacerle una pregunta?

- Por supuesto ¿Qué seria?

- ¿Por qué la directora permitió que un varón entrara en esta escuela?

- Amanda, la directora y yo pudimos ver de lo que es capaz ese chico. Ha investigado y practicado la magia desde que era niño. Pude ver en sus ojos una determinación que pocas veces he visto. Además, presiento que algo terrible vendrá. No sé el que, pero de alguna manera, él estará ahí.

 Ella no comprendió muy bien lo último. Ya habían logrado derrotar al Odio materializado hace un tiempo. No se podía imaginar que existiera algo peor que eso, pero tampoco decidió darle muchas vueltas a ello, por ahora

 Y sin decir más, se marcharon a la entrada de la línea Ley, en dirección al Bosque de la Vida.

 

 

 - Creo que estaremos a salvo aquí, por el momento.

 Franco se encontraba escondido en la cima de un gran árbol, con hojas tan tupidas que se haría falta tener una vista afilada para poder verle entre las ramas.

 Parecía que los lobos les habían perdido el rastro en cuanto empezó a llover, aunque tampoco podía estar seguro al cien por ciento. Incluso él estaba sorprendido de que hubiera logrado escapar con éxito, teniendo en cuenta de que estaban escapando de un grupo de lobos, conocidos por ser cazadores rápidos y  mortales, pero prefirió no romperse la cabeza con ello.

 El niño-árbol (ya que no se le ocurría otro nombre mejor) parecía exhausto, a pesar de que apenas se había movido desde que se lo llevo para mantenerlo a salvo de los lobos. Parecía que sus pulmones, o lo que fuera que le ayudara a respirar, hacía que se hinchara el pecho, para luego de unos segundos desinflarse como un globo. La luz que salía de él era tenue, pero evocaba una sensación de misterio y antigüedad cada vez que lo miraba.

 - Oye niño, no puedo ayudarte a menos de que sepa que está pasando, así que si sabes hablar, o tienes alguna otra forma de comunicarte, tienes toda mi atención – le dijo con la cara empapada de agua y el cabello de igual manera. Cuando le hablo, lo que eran sus ojos, de alguna manera lo miraron directamente a los suyos, como si entendiera lo que le había dicho, aunque tampoco podía afirmar ello del todo.

 Entonces sintió como algo trepaba por su cara, envolviéndolo de a poco. Eran raíces, y antes de que se diera cuenta, su rostro fue completamente envuelto, dejándolo completamente a oscuras. No podía hablar. Durante varios segundos eternos, pareció que estuviera muerto. Un destello verde se apareció en su cerebro, después otro, seguido de otro más, hasta que se volvió una luz constante, que se hacía más grande a cada momento. “Listo” le dijo una voz inidentificable, llena de eco y lejanía.

 Cuando su cabeza se liberó de la carcasa que la cubría, vio que seguía sentado en las ramas del árbol, junto al niño-árbol, que lo miraba a través de sus cuencas verdosas. Miro su reloj. Faltaba una hora para que la ceremonia para los recién ingresados empezara, el seguía en alguna parte del planeta totalmente desconocida, y todavía no había llegado nadie. Definitivamente estaba en un problema bastante gordo, sin mencionar que por el bosque rondaban un grupo de lobos que querían saborear la carne humana y despedazar un arbolito con patas.

 - Como me quede atrapado aquí, el regaño del director y mis padres por no asistir en el primer día será uno de mis menores problemas.

 - No te preocupes. Seguro llegara alguien.

 Franco levanto la cabeza, confundido y mirando alrededor. Probablemente se estaba volviendo loco y había empezado a alucinar.

 - Aquí abajo –respondió la voz que lo llamaba. Era débil, tenía mucha reverberación, y le era imposible Bajo su cabeza, solo para encontrarse con el “niño-árbol”, que se encontraba sentado sobre sus piernas.

 - ¿Me hablaste tú?

 - Acertaste

 - Okey: o ya me volví loco debido a que probablemente tengo fiebre y estoy delirando, o esas setas que me encontré mientras corría expulsaron unas esporas medio raras y ahora estoy alucinando muy fuertemente. O realmente me estás hablando.

 - No te preocupes. No te pasa nada. Use un antiguo hechizo para que podamos comunicarnos con los humanos a través del pensamiento. Señor, le debo dar las gracias por ayudarme. Esos lobos empezaron a perseguirme apenas me vieron. No lo entiendo. Nunca hemos tenido problemas con los animales de esta zona. Últimamente han estado actuando de manera extraña: están agresivos.

- A ver: primero, creo que antes de seguir con esta conversación, deberíamos bajarnos. Los lobos se han ido, por lo que creo que se olvidaron de nosotros, y me está empezando a doler el trasero. Segundo, creo entender lo que me acabas de decir, pero para estar seguros, me gustaría que me lo explicaras con más detalle. Y tercero, no sé qué eres ni quien eres.

- Lo siento si esto te incomoda. Responderé tus preguntas en cuanto lleguemos con los otros.

- ¿Cuáles otros?

- Mi familia. Los guardianes de este bosque.

Capítulo 3: Estrellas caidas por The Last
Notas de autor:

*Algunos de los hechizos que aqui aparecen son dichos en latin. Solo para aclarar.

 

Capítulo 3: Estrellas caídas

 

 - ¿Este es el lugar? –Akko y el resto del grupo habían llegado al punto de ruptura de la línea: el lugar donde Franco había caído. Un árbol solitario adornaba una colina cubierta de hierba, en donde, a sus pies, se encontraba un bosque gigantesco de hojas verdes que parecía no tener final.

 - ¿Está segura de que es aquí donde aterrizo, profesora Ursula? –Amanda no estaba muy segura de los cálculos de la maestra. El nuevo no se encontraba en ningún sitio, aunque algunas de las ramas rotas indicaban que allí había habido alguien recientemente. Eso sí, parecía que ya no estaba en las cercanías. –Porque si estuvo aquí, de él no queda ni su sombra.

 - ¡Chicas, creo que encontré algo! –Akko señalaba unas marcas en el suelo que iban hacia el fondo del bosque –Son huellas. Unas son de  zapatos, pero las otras no sé de qué son.

 - Lobos. Son huellas de lobos –la profesora Ursula se veía preocupada por la idea de que tal vez no encontraran al nuevo precisamente vivo, o siquiera entero. Un escalofrió bajo por la espalda de todos los que estaban ahí presentes, excepto Jasminka, que estaba subiendo a un árbol cercano para alcanzar algo que se encontraba en lo alto de este.

 - Jasminka, ¿qué encontraste?

 Cuando bajo del árbol, mostro una bolsa de papas abierta. Casi todo el contenido se había desperdigado alrededor del árbol, aunque quedaban unas tres.

 - Esta es la bolsa de papas que Franco tiro fuera de la línea –Amanda tomo la bolsa, pensando de qué manera eso las ayudaría para poder encontrarlo. Y la idea llego –Akko, ¿puedes transformarte en lobo y seguir su rastro?

 - Puedo intentarlo –Akko empezó a concentrarse en el hechizo de transformación durante unos segundos - ¡Metamorphie…Faciesse!

 En el momento en que las pronuncio, su cuerpo empezó a cambiar, hasta transformarse en un lobo de pelaje café y ojos rojos.

 Empezó a olfatear la bolsa de frituras durante un rato, hasta que logro dar con el rastro. A pesar de que se mezclaba con el olor a tierra húmeda y a perro mojado, pudo diferenciarlo lo suficiente como para seguirlo.

 Pasaron varios segundos moviéndose de aquí para allá, dando vueltas y atravesando obstáculos. Por momentos parecía que aquella búsqueda no llevaba a ningún sitio. Pasaron varios minutos más, hasta que Amanda no pudo aguantarlo más:

 - ¡Akko, llevamos más de diez minutos dando vueltas en círculos!

 - No lo creo. Estoy segura que es por aquí. Creo que estas exagerando

 - ¡Hemos pasado el mismo maldito árbol sin hojas como cuatro veces! ¡Es evidente que no tienes idea de a dónde ir!

 - Eso…no es cierto.

 - Akko…

 Se hizo un silencio incomodo durante unos segundos.

 - ¡Okey, no sé adónde vamos! ¡Hace un rato que no sé a dónde vamos!

 - ¡¿Y por qué no nos contaste nada?!

 - Es que es algo extraño. Es como si de repente su rastro se cortara por un segundo y después fuera en varias direcciones. Como de repente se hubiera dividido en varios y  hubieran corrido en varias direcciones diferentes.

 - Espera, Akko. ¿Dices que es como si fuera en varias direcciones? –pregunto la maestra Ursula. Sus ojos denotaban que se estaba haciendo una idea de que estaba pasando.

 - Sí. Eso mismo.

 - Déjenme probar algo –la maestra Ursula saco su varita, y comenzó a recitar un hechizo. – Deshaz la ilusión. Que nuestros sentidos se aclaren. Que la verdad sea revelada. ¡Clairvoyance!

 Un gran haz de luz celeste rodeo el lugar. Todas cerraron los ojos, pensando que tal vez el hechizo había salido. Cuando el efecto paso, todo parecía  seguir igual que hace unos segundos. No entendían que era lo que había sucedido.

 - Bien Akko, ¿ahora sabes a dónde fue?

 - A ver – Akko olfateo el aire buscando el rastro – ¡Es por aquí! Pero no lo entiendo. Hace un momento el olor que seguía estaba por cada rincón del lugar.

 - Un hechizo de ilusión. El que se usó hace que el sentido del olfato sea engañado creando un olor falso que es dispersado en la dirección que el usuario desee. Lo que acabo de usar es un hechizo de revelación. Se le llama “clairvoyance”. Se usa para anular un hechizo de ilusión.

 - Clere… ¿qué? – a Akko no le quedaba claro como pronunciarlo.

 - Clerevoyans. Esa es su pronunciación.

 La maestra Ursula, si bien no parecía destacar de entre las otras maestra brujas, he incluso algunas veces pareciera ser algo torpe y tener un “corazón de pollo” en algunas situaciones, esto no quitaba que supiera una variedad de hechizos de lo más variopintos e increíbles, tanto los que Akko ya había visto, como los que todavía no había mostrado. Aunque teniendo en cuenta que desde que abandonó su antiguo nombre de Chariot Du Nord para llamarse Ursula Callistis, habían transcurrido varios años, no era descabellado pensar que en medio de ese periodo había aprendido muchos tipos de hechizos y conocimientos mágicos.

 Una vez esclarecido el camino a seguir, lo único que le quedaba a Akko era seguir el rastro, (esta vez el de verdad) hasta que finalmente terminaran encontrando al nuevo, para por fin, después de muchos rodeos, llevarlo a la Academia. 

 

 

 - Entonces déjame ver si entendí. Tu familia, (o sea los aquí presentes) son los guardianes de este bosque –dijo Franco a su arboleado acompañante.

 - Exacto.

 - Y lo que protegen es una fuente de energía, que es la que da vida a este bosque y a todos ustedes, la cual si cae en las manos de las personas equivocadas, podría tener consecuencias terribles.

 - Cierto.

 - Bueno, viendo como es el ser humano promedio, no me extraña en absoluto. Sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de idioteces y sin sentidos que he tenido que soportar de la boca y mano de los tarados que gobiernan nuestros países durante los últimos años.

 - Me alegra que lo entiendas.

 - Por cierto…

 - ¿Qué pasa?

 - No es por ser un pesado, pero ¿puedes decirles a tus amigos que me bajen, por favor? Se me está subiendo la sangre a la cabeza y me estoy empezando a marear.

 Franco se encontraba colgando boca abajo, amarrado por unas raíces muy largas que de repente cobraron vida y lo suspendieron en el aire. Resulta que cuando habían logrado llegar al lugar en donde se encontraban los guardianes del bosque, estos no lo habían recibido de  buena manera exactamente. De hecho, apenas lo vieron, entre todos lo rodearon, acusándolo de haber secuestrado a su compañero, y como medida de contención, usaron sus raíces para sujetarlo de los pies y colgarlo cabeza abajo.

 - En serio, no creo poder permanecer más tiempo así.

 - No sé si podre convencerlos.

 - Escúchame. Si sigo así más tiempo, voy a terminar vomitando todo lo que comí esta mañana. Y créeme, ni tu ni ellos querrán ver eso.

 - ¡Este bien! –exclamo bastante exasperado. Parecía que le desagradaba la idea de ver a un humano vomitando. Bueno, a nadie le gusta ver a alguien vomitar, así que tenía sentido. –Lo intentare, pero no prometo nada.

 Se dio la vuelta, y comenzó a conversar con uno de los que parecía uno de los guardianes más a viejos de ellos. Su cuerpo estaba cubierto por algo de musgo, de algunas partes salían ramas de las que brotaban hojas verdes y sanas,  la luz que emitía de su interior era verde musgo: un poco más apagado que el del resto, y era un poco mas alto que su acompañante, por no decir que gran parte de los que estaban ahí, en altura, solo le llegaba a los hombros.

 Resultaba imposible escuchar lo que estaban hablando, o pensando. Parecía como si pudieran bajar la intensidad de sus pensamientos, y así que lo que sea que estuvieran discutiendo, solo quedara entre ellos dos. Cuando parecía que por fin habían terminado de hablar, todos los presentes miraron en la dirección de Franco, expectante de lo que sucedería a continuación, de cuál sería el veredicto final.

 -Suéltenlo –dijo el guardián con el que su acompañante había estado hablando.

 - Muchas gracias. Solo tengan cuidado al-

 Antes de que pudiera terminar su oración, las raíces que lo sostenían lo soltaron, haciendo que este cayera al suelo estrepitosamente, dándose un golpe en el hombro. El dolor que esto le causo hizo que se quedara unos segundos sujetándoselo con fuerza, mientras su cuerpo formaba un ovillo y se retorcía a causa del daño sufrido.

 - ¿Te encuentras bien? –le pregunto su arboleado compañero.

 - ¡Si, me encuentro perfectamente! ¡No es como si me hubiera dado un buen golpe en el hombro, y que eso duela un montón! Lo que pasa es que me gusta estar de esta manera, ya que me gusta sentir la tierra dándome en la cara.

 - ¡Oye, no soy un ser humano, pero se lo que es el sarcasmo!

 - Pues como siempre digo: si no quieres una respuesta sarcástica, ¡no hagas una pregunta estúpida!

 Estaban por continuar la discusión, hasta que el que había dado la orden de soltarlo, los interrumpió tosiendo” mentalmente”, si es que eso es siquiera posible.

 - No es que quiera interrumpir su conversación tan amena, pero me gustaría hablar un momento contigo.

 - ¿Conmigo? –pregunto Franco con algo de miedo. Comenzó a pensar que  tal vez lo habían descolgado para hacerle algo incluso peor, como convertirlo en abono para la tierra, o darlo de comer a los animales salvajes y los insectos.

 - No te preocupes, no te haremos nada de eso –dijo con serenidad y calma. Se asustó al ver que había adivinado lo que había pensado, hasta que recordó que desde que su acompañante le hizo ese hechizo, todos sus pensamientos salían a la luz para todos los guardianes de ese bosque. Se sintió avergonzado de saber que todos los que estaban ahí habían escuchado lo que su volátil mente había imaginado en ese momento.

 - Solo quería agradecerte, en nombre de todos los aquí presentes y de mi parte también, por haber rescatado a mi hija de aquellos lobos salvajes. Si no te hubieras aparecido en ese momento, lo más seguro es que nunca habría vuelto.

 - No se preocupe, yo solo hacia lo que tenía que… -se paró en seco, y comenzó a analizar con más cuidado lo que le había dicho– Un momento, ¡¿hija?! ¡¿O sea que…?!

 - Si, ella es mi hija, Sarah ¿Ella no te lo había dicho?

 - No, nunca. Ni siquiera había considerado esa posibilidad.

 - No me pareció necesario comentarlo –le contesto Sarah. Aunque parecía que expresara que no pasaba nada, lograba sentir que algo le molestaba.

 - ¿Qué te pasa que estas tan molesta? ¿Es por qué cuando nos encontramos pensé que eras un niño? Pues lo siento, pero la anatomía de tu raza no me dejaba claro cuál era tu género.

 - ¡No estoy molesta!

 - Pues si no lo estas, no te exaltes de esa manera. Y cuando lo digas mírame a los ojos, que si cruzas tus brazos de esa manera y miras en otra dirección, menos me voy a creer que no estas molesta.

 - ¡Que no lo estoy!

 - Bien, definitivamente esta conversación no nos llevara a nada. Me encantaría  continuar con este dialogo en el que yo doy razones más que válidas para creer que estas molesta, mientras tú lo niegas una y otra vez, pero tengo unas preguntas que hacerle a tu padre.

 Antes de que Sarah pudiera replicarle de vuelta, su padre le hizo una señal con la mano para que se calmara, a lo que ella solamente se cruzó de brazos y se alejó a apoyarse en un árbol que estaba a su derecha.

 - Disculpa a mi hija. No le gusta cuando notan lo que de verdad está pensando.

 - A ver, tampoco hacía falta fijarse mucho. Dejaba bastante en claro que estaba molesta.

 - Bueno, cambiando de tema, te agradezco lo que hiciste por Sarah. Últimamente no podemos salir de nuestro territorio sin terminar siendo atacados por las bestias que rondan por el bosque.

 - Sí. Ella comento eso cuando logramos escapar de los lobos.

 - En señal de gratitud, nos gustaría enseñarte nuestro hogar.

 - No sé si tengo tiempo. Tengo que llegar a la Academia Luna Nova para el recibimiento de los nuevos ingresados dentro de… -se puso a mirar su reloj. De repente, su expresión era de seriedad. Se quedó varios segundos sin mover ni un musculo de su cuerpo, con la mirada clavada en su reloj.

 - ¿Qué pasa?

 - Ya empezó.

 - ¿El qué?

 - La ceremonia. La hora de inicio paso hace cinco minutos.

 Pasaron cerca de un minuto sin que nadie objetara palabra alguna. Durante ese rato, Franco se fue a sentar cerca de un árbol cercano para pensar en que hacer a continuación. Bajo un sauce llorón, siendo más específicos y valga la coincidencia que ello conllevaba. Paso el rato, hasta que Sarah interrumpió sus pensamientos acercándose a él.

 - Oye, no te pongas así. Seguro que terminan encontrándote. Además, mira el lado positivo. Ahora que no tienes que preocuparte por llegar a la ceremonia, puedes visitar nuestro hogar.

 Franco se paró, pensando en lo que le Sarah le había dicho. Tenía razón. Aunque no le agradaba la idea de no llegar a la ceremonia, al menos no tenía que preocuparse por llegar a tiempo. Además, seguro que cuando llegara a la academia, si le explicaba a la directora lo que había pasado, de seguro le daba un pase a ello. De seguro Amanda y Constanze ya habían ido a academia para pedir ayuda y así lograran encontrarlo. Lo único que le quedaba por hacer, era esperar.

 Volvió a mirar a Sarah. Cuando la miro con más cuidado, pudo notar que le llegaba a los hombros en cuanto a altura. Se preguntaba cuál sería la edad de ella y de su padre, así como del resto de los suyos.

 - Tengo quince años –le dijo Sarah

 - ¿Qué? –por un momento le extraño que supiera la pregunta que se había hecho, hasta que recordó cómo funcionaba la comunicación entre ellos –Ah cierto, el hechizo. Pues aprovechando que tendré que quedarme un rato más por aquí, ¿qué te parece si me enseñas los alrededores mientras tú y tu padre me hablan sobre su gente?

 Al hacerle esa pregunta, pudo notar como ella soltaba una risa contenida.

 - Justo lo que estaba pensando.

 

 

 - Hace mucho tiempo, cuando la magia se encontraba en cada rincón del planeta, cuando los seres humanos peleaban con hachas y espadas, los tuyos nos conocían por un nombre casi olvidado en los anales de la historia: “spriggans”

 Sarah y su padre decidieron acompañar a Franco hasta la aldea que estos ocupaban junto a los suyos, mientras ella le contaba la historia de su pueblo. Los arboles eran mucho más frondosos que los anteriores. La luz se filtraba en forma de pequeños rayos de luz que traspasaban las copas de los arboles  a través de pequeñas aberturas de estos, mientras se escuchaba al viento susurrar en las alturas. Las casas de los spriggans estaban formadas en su totalidad por hojas, las cuales funcionaban a modo de techo y paredes, mientras la ramas de los arboles eran inexplicablemente gruesas, del tamaño de una viga. Se podía ver a spriggans yendo de aquí para allá, hablando o caminando, riendo o jugando. Un grupo de spriggans más pequeños que Sarah, que a ella le llegaban a la mitad de las piernas, fueron corriendo directo hacia ella.

 - Sarah, nos contaron que te perdiste en el bosque, y que te persiguieron los lobos ¿Te encuentras bien? – a los pequeños se les podía sentir realmente acelerados al hablar, mientras intentaban hacer preguntas sin ninguna clase de orden o sentido, haciendo difícil entender lo que habían dicho después.

 - Estoy bien. Afortunadamente cuando los lobos me volvieron a encontrar, me encontré con este humano que me ayudo a escapar.

 - Oye, tengo nombre, ¿sabes?

 - ¿Y cuál sería ese nombre, se puede saber?

 - Me llamo Gianfranco Garay. Franco para los amigos.

 - Bueno, me encontré con Franco que me ayudo a escapar, ¿ahí sí?

 - Mucho mejor.

 Cuando volvieron su mirada hacia el grupo de niños, estos tenían su mirada fija en Franco. Ni siquiera se movían. Parecían hipnotizados. Él no sabía si lo estaban mirando a el, o estaban mirando algo que estaba detrás de él.

 - ¿Qué pasa? ¿Es que tengo algo en la cara?

 Seguían sin contestar.

 - Oigan, ¿están bien?

 - ¿Eres un humano? –pregunto uno de los niños sin quitarle la mirada de encima.

 - No, soy un ave fénix. ¿No les acaba de decir Sarah lo que soy?

 En cuanto termino de hablar, los pequeños se acercaron a él casi de manera instantánea, de manera que no hubo tiempo de reacción.

 -¡OIGAN!  ¿¡QUE LES PASA!?

 -¿De dónde vienes? ¿Cómo conociste a Sarah? ¿Cómo es el lugar de dónde vienes? ¿Es verdad que los humanos duermen y comen para tener más energía? –todas esas preguntas vinieron de golpe, mezclada junto con otras que resultaron inaudibles entre todas las demás.

 -Ya cálmense. No es momento de responder preguntas que no vienen al caso. Ya, vuelvan a jugar –el padre de Sarah aparto a los niños, agarrando a Sarah y a Franco del brazo sacándolos de allí. –Lo siento, Franco. Los más jóvenes no han visto o escuchado casi nada de los humanos, así que ya te puedes percatar del porqué de su comportamiento.

 - No importa. Creo que podría haber respondido todas sus preguntas sin problemas –Franco miro hacia atrás, para ver que les había pasado a los pequeños spriggans, y se percató de algo que le hizo taparse para que no lo vieran reírse –Por cierto, ¿te percataste de que los niños no se han ido y que nos vienen siguiendo?

 A pesar de que ya se habían alejado de donde se habían estado, era evidente que los niños los venían siguiendo desde una distancia lo suficientemente prudente para que no fuera muy evidente, aunque su forma de ir en grupo para esconderse al lugar más cercano era un poco penosa.

 Sin hacer mucho caso a ello, continuaron caminando hasta que llegaron a una casa que se diferenciaba de las demás. Era más grande, se encontraba en el suelo y no en la copa de algún árbol, y las ramas y el árbol que le daban forma eran muy viejas. Tenía pequeños símbolos tallados, probablemente hace mucho tiempo. En su mayoría eran puntos pintados de blanco conectados por líneas, que a primera vista no parecían significar nada en específico, pero cuando Franco se acercó a ver más de cerca, pudo notar que estas formaban las constelaciones del firmamento, repartidas por toda la madera. Estaban todas. O más bien, casi todas. De entre todas, faltaba una, la cual Franco conocía muy bien de parte de su abuela: la Osa Menor.

 - Entra. Queremos que conozcas a alguien –el padre de Sarah señalo hacia la puerta de la casa. Era bastante grande, y no se lograba ver nada desde afuera hacia adentro.

 Cuando estaba dentro, sintió que alguien los estaba vigilando desde el fondo de la casa. A pesar de la oscuridad que había dentro, sus ojos pudieron notar una silueta grande y encorvada, sentada sobre el suelo.

 - Papa, hemos vuelto –le respondió el padre de Sarah a la extraña silueta.

 - Veo que Sarah está de vuelta. Ya estaba pensando en mandar a algunos de nuestros mejores hombres a buscarte – dijo una voz débil y calmada. De repente, el lugar fue iluminado por varias luces amarillentas que emanaban de capullos de flores sin abrir. Con la cantidad de luz que había en el ambiente, se podía ver al ser que estaba hablando con ellos. Era un spriggan, pero era diferente al resto: estaba encorvado, una gran cantidad de hojas verde oscuro cubrían su cabeza y espalda hasta llegar al suelo, iba apoyado en un bastón de madera enroscado y retorcido, su cuerpo se notaba agrietado  y viejo, y la luz verde de su cuerpo era tenue y apenas se notaba.

 - ¿Quién es él? –pregunto Franco.

 - Es el líder de nuestro pueblo, el spriggan que vivió la época dorada de la magia, y también mi padre –al padre de Sarah se le podía notar un gran respeto en sus palabras. Se arrodillo ante el sin siquiera dudarlo, pero aquel spriggan tan antiguo movió la cabeza en señal de negación.

 - Cris, sabes que yo soy tu padre. Tales formalidades son innecesarias entre nosotros.

 - Lo sé. Sé que eres mi padre, pero por sobre todo eres nuestro líder.

 - Bueno, levántate, y dime, ¿cómo encontraron a Sarah?

 - Mi hija fue encontrada por el humano que nos acompaña, y nos la trajo de vuelta. En señal de agradecimiento, le estamos mostrando nuestra aldea.

 - Me gustaría saber con detalle que fue lo que sucedió, aunque ya habrá tiempo para eso –el abuelo de Sarah miro a Franco con sus verdosas y apagadas cuencas –Tu debes de ser el que ayudo a mi nieta en el bosque. Dime cuál es tu nombre.

 - M-Mi nombre es Gianfranco Garay, señor –al decirlo, se paró recto y firme haciendo el saludo militar –Es un honor conocerlo.

 - Cálmate, chico. No hacen falta esas formalidades. Te agradezco lo que hiciste. Aunque me pregunto, ¿cómo un humano como tu pudo haber llegado a un sitio tan alejado como este? Nuestro bosque está a muchos kilómetros de cualquier asentamiento humano.

 - Creo que tendré que explicarle que fue lo que paso. Y a ustedes dos, creo que les debo la misma explicación.

 Así, Franco le conto a los tres como tenía planeado llegar a la Academia de Luna Nova, como tuvo problemas para cruzar la ruta que lo llevaría hasta su destino, como conoció a Amanda y a Constanze, como por un error estupido termino cayendo fuera de la línea, y como termino encontrando a Sarah en los límites del bosque. Y de paso hablaron sobre la raza a la que pertenecía Sarah y su historia.

 - Interesante, chico. Y yo que pensaba que solo quedaba magia en nuestro bosque. Parece que aún queda magia en esa academia y su vieja piedra filosofal. Aunque no tan vieja como yo.

 - Espere, ¿cómo sabe que la academia tiene la piedra filosofal? Nunca le dije eso.

 - Chico, estuve allí cuando pusieron esa gigantesca piedra verde. Cuando la magia empezó a debilitarse, crearon esa piedra de la misma energía que usa nuestro pueblo. Si no lo hubieran hecho, ten por seguro que no hubiera sobrevivido durante tantos años.

 - Señor, no es por sonar inapropiado, pero ¿cuál es su edad?

 - ¡Franco! –Sarah empujo a Franco con su codo, con una expresión de molestia en su cara.

 - Tranquila, Sarah. Supongo que lo preguntas ya que Cris dijo que viví durante la época dorada de la magia, ¿me equivoco?

 - Pues sí, ya que me cuesta creer que algún ser en este planeta pueda vivir tantos años.

 - Veras, mi vida tan prolongada se debe a mi conexión con la fuente de energía de nuestro pueblo: el agua cristalizada.

 - ¿Y el “agua cristalizada”, que sería?

 Entonces el abuelo de Sarah, se levantó con esfuerzo del suelo, haciendo crujir sus piernas de viejo árbol, como si no las hubiera movido en mucho tiempo, y comenzó a andar hacia la entrada de la gran casa de hojas y madera.

 - Sígueme.

 Cuando se encontraron afuera, junto a Sarah y su padre, se dirigieron hacia una especie de cueva que tenía su entrada cubierta de raíces de árboles en los bordes. Estas parecían extenderse por todas las dirección, y se podía ver que en su interior brillaba una sustancia verde brillante, como si todo el bosque fuera un cuerpo humano, y esas raíces fueran las venas que transportaban la sangre.

 El abuelo de Sarah, a pesar de su edad, se movía bastante rápido con su bastón de madera retorcido, aunque se notaba que le costaba cada paso que daba. Sarah y su padre no dejaban de mirarlo con preocupación, temiendo que talvez que al hacer eso se estuviera lastimando físicamente.

 Mientras entraban en el interior de la cueva, nadie pronuncio palabra alguna, seguramente por respeto a aquel lugar, que parecía ser sagrado, ya que en sus paredes se podían ver las mismas constelaciones que estaban en la casa del anciano. Y al igual que en ese lugar, faltaba la constelación de la Osa Menor. Aquello no parecía alguna clase de error. Era como si tuvieran alguna razón para no ponerla junto con las demás.

 Cuando llegaron al fondo de la cueva, Franco se quedó mirando durante un rato lo que se encontraba frente a él: una gran bóveda subterránea que se extendía varios metros de longitud, con una fuente de piedra que era la mitad de grande que el lugar, que contenía un líquido verde y brillante. Todo el lugar emanaba una gran cantidad de energía mágica, como si tuviera vida propia.

 - Esto es el tesoro más grande de nuestro pueblo, la fuente de vida de nuestra gente, y nuestra responsabilidad –el abuelo de Sarah tenía su mirada fija en aquel liquido verde brillante mientras se lo decía –Te quiero mostrar algo.

 Levanto el bastón que llevaba con su mano, apuntando a la fuente, y pronuncio un hechizo: “Levitation”. Entonces, algunas gotas del líquido de la fuente comenzaron a flotar en el aire. Movió su bastón hasta unos recipientes de piedra que se encontraban a un lado de la gran habitación, sobre un bloque de piedra que servía como una mesa primitiva. Con un movimiento de su bastón, hizo que las gotas se separaran, para caer cada una en su propio recipiente.

 - Sarah, sabes que hacer –cuando su abuelo le dijo eso, Sarah se fue hacia los recipientes, tomo una de las gotas con sus dedos, y Franco vio como paso de ser líquido a ser una piedra redonda y pequeña. No era más grande que una canica común y corriente, y en su interior fluía una energía luminosa y verde, la misma energía de la fuente.

 - Eso es… -Franco tenía las palabras que iba a decir, pero no creía que lo que tenía frente era lo que estaba pensando.

 - Una piedra filosofal –Le interrumpió el abuelo de Sarah – Incluso separada de la fuente, puede emitir energía por su propia cuenta. Por supuesto no es tan grande como la que tienen en la academia, pero es suficiente como para que una bruja pueda usar magia constantemente.

 Sarah le puso un enganche metálico en la parte superior que lo cubría a la mitad, y comenzó a atar la piedra filosofal en un hilo negro que lo atravesaba por un agujero que tenía el parte de arriba, dejándolo hecho una especie de collar, con la piedra filosofal como si fuera una piedra preciosa. Lo tomo del hilo, se acercó a Franco, y se lo puso en su mano derecha.

 - ¿Por qué me lo dan?

 - Es en agradecimiento por lo que hiciste –el abuelo de Sarah parecía que iba en serio, a pesar de que a Franco le costaba creerse de que le estuvieran entregando algo así.

 Por un lado le parecía increíble tener una piedra filosofal en sus manos, y a pesar de que no fuera del mismo tamaño que la de la academia, le fascinaba. Le recordó cuando su abuela, de niño, le hablo de la piedra filosofal y cómo funcionaba. Pero por otro lado pensaba en la responsabilidad que conllevaba llevar eso con él. No solo por su procedencia, sino por lo que simbolizaba: el regalo de un pueblo más antiguo de lo que él podía imaginar. Entonces tomo su decisión.

 - Señor, es un honor para mí recibir esto de su parte. Muchas gracias –dijo mientras se ponía el colgante alrededor de su cuello.

 - No es nada, joven. Es lo menos que puedo darte.

 - Franco, ¿no se te olvida algo? –le pregunto Sarah, con un tono algo molesto.

 - Cierto. Señor Cris, gracias por contarme tanto sobre su pueblo. Se lo agradezco.

 - De nada, Franco.

 - ¿No te olvidas de otra cosa? –Sarah parecía más molesta que antes.

 - No creo. Ya le agradecí a todos los que debía, así que no me falta nadie.

 - ¿¡Es que te lo tengo que decir directamente o eres tonto!?

 - Que no, que es broma. No te pongas así –Franco paso su brazo por el hombro de Sarah mientras sonreía –Gracias por el collar, Sarah. Lo cuidare con mi vida.

 - Ya pensaba que tendría que gritártelo a la cara para que te enteraras.

 Cris y el abuelo de Sarah se pusieron a reír de buena manera. Sarah tampoco se pudo contener, he intento aguantarse la risa.

 Mientras ellos se reían, Franco diviso de manera casual algo al fondo de la bóveda de piedra. No lo podía identificar a esa distancia, así que se acercó a ver que era. Cuando se acercó lo suficiente, vio que se trataba de dos piedras, que tenía un tamaño lo suficientemente grandes como para hacer un esfuerzo para llevar una de ellas uno mismo. La que estaba a la derecha era blanca. Parecía cuarzo. Tenía marcadas puntos pintados de verde y líneas negras que formaban la constelación faltante en las paredes de la cueva: la constelación de la Osa Menor. La que estaba a la izquierda era oscura. Parecía obsidiana. Tenía la misma constelación que la primera, pero sus puntos eran de color purpura unidos por líneas blancas, y estaba invertida. Y sobre ambas piedras, se encontraba el dibujo de un árbol gigantesco que llegaba hasta el techo, pintado de blanco, con raíces pintadas de negro. La forma en que estaba pintado era primitiva y minimalista.

 - Oigan, ¿que son estas piedras?

 - Son la representación de las dos varas creadas hace mucho tiempo. Incluso nosotros desconocemos de donde salieron –Esta vez fue Sarah la que se lo explico –Abuelo, ¿recuerdas algo sobre eso?

 - Recuerdo que la bruja Woodward poseía la vara blanca. Creo que la llamaba “Vara Brillante”. Cuando me lo dijo, el nombre me pareció bastante ridículo, aunque ahora que lo pienso mejor, el nombre le pegaba bastante bien, ya que si no me falla la memoria, cuando la usaba, emitía un resplandor parecido al de una estrella. Aunque yo no confiaría mucho en mi memoria. Han pasado tantos años que perfectamente podría estar equivocándome.

 - ¿Y esta piedra? La de color negro, ¿¡cuál vara es?!

 - Esa vara nunca ha tenido un portador, aunque no tengo duda de su existencia.

 - ¿Y cómo puede estar tan seguro?

 - En el cielo, junto a la constelación que ves ahí, existen estrellas que ningún ser humano ha visto ni lograra ver. Estrellas sin brillo, opacas e invisibles en la oscuridad de la bóveda celeste. ¿Por qué te interesa tanto?

 - Porque las recuerdo haberlas visto antes, en un sueño.

 - ¿Y qué pasaba en ese sueño?

 - No lo sé. No lo recuerdo.

 - Déjame probar con algo –el abuelo de Sarah extendió su bastón hasta que toco la cabeza de Franco con la punta de este, y pronuncio un hechizo en voz alta: “Claritate”.

Un grupo de luces azuladas aparecieron y comenzaron a dar vueltas alrededor su cabeza –Ahora cierra los ojos, y enfócate en lo poco que recuerdes de ese sueño ¿Qué vez?

 - Esta totalmente oscuro. Sobre mi están las estrellas y la luna iluminándome. Ahora… las estrellas están cayendo. Todas se desvanecen en medio de la oscuridad, pero un grupo de ellas se quedan deambulando en el vacío. Son catorce. Siete tienen un brillo verde, las otras siete son… violetas. Pareciera como si ambas partes bailaran en medio de la oscuridad. Ahora… se juntaron todas según su color. Las está uniendo una línea, formando la constelación de la Osa Menor. Ambas partes han formado una vara diferente. Una es blanca con gemas con un brillo verde, la otra es negra con gemas con un brillo violeta. Están flotando. Siento que es como si…

 - …como si esperaran a que aparezca el indicado –Cris lo dijo antes de que Franco explicara lo que estaba viendo y sintiendo, mientras intercambiaba miradas de preocupación con el abuelo de Sarah.

 - Siento algo mas –Franco empezó a apretar sus dedos contra la palma de su mano, mientras los músculos de su cuerpo se tensaban –Miedo. Hay algo más aquí. No sé qué es, pero lo siento muy cerca de mí.

 - ¡Chico, sal de ahí! ¡Rápido! –el abuelo de Sarah parecía desesperado. Empezó a Sujetar su bastón con tanta fuerza que este empezó a crujir y a astillarse – ¡Lo que sea que estés sintiendo, ignóralo y concéntrate en despertarte!

 De repente, Franco cayó al suelo de golpe, mientras se sostenía la cabeza y las pupilas de sus ojos empezaban a dilatarse.

 - Maldición –Sarah tomo una rama en forma de espiral que estaba sobre el bloque de piedra a un lado de los cuencos donde estaban el agua cristalizada sin transformar, y la apunto hacia la cabeza de Franco – ¡Abrogare! –en el momento en que dijo esas palabras, las luces azuladas se disiparon en el aire, y Franco volvió a la normalidad.

 Franco estaba arrodillado en el piso, con las palmas de sus manos apoyadas en el suelo. Su rostro sudaba y le temblaban los brazos.

 - Franco, ¿estás bien? –Sarah se le acerco, dejando la rama enroscada a un lado. Miro de cerca su cabeza para ver si se había hecho alguna herida al caerse sobre el piso. Tenía un moretón en la frente, pero aparte de algunos rasguños, no parecía nada grave, aunque parecía que estaba al borde de sus energías.

 Abrió los ojos con dificultad, y miro alrededor para hacerse una idea de que había pasado. Se tanteo la frente, solo para sentir el dolor del moretón que se había hecho.

 - ¿Qué paso? –él no sabía que había pasado fuera de su sueño, pero lo que fuera que había pasado, había dejado a todos asustados y con los nervios hechos un desastre.

 - Te caíste de frente al suelo, mientras te agarrabas la cabeza y tus ojos se dilataban. Parecía que estuvieras viendo algo terrible –Cris estaba de brazos cruzados y apoyado sobre una de las paredes de la cueva mientras se lo decía. Su tono de voz denotaba que tenía miedo de que talvez aquello pudiera volver a repetirse.

 - Yo no diría que lo vi. Es más como si… lo sintiera. Sentía una gran presión en todo mi cuerpo, como si aquello tuviera un poder tan grande, que la usaba con solo su presencia.

 Todos estaban callados. Nadie sabía que decir al respecto. El abuelo de Sarah parecía querer decir algo, pero luego pareció tragarse sus palabras, como si lo que iba a decir iba a sonar como un disparate o improbable. Incluso si alguien iba a decir algo sobre lo sucedido, uno de los que seguramente formaba parte de los guardias de la zona llego corriendo hasta el interior de la cueva.

 - Señor, nuestros hombres han capturado a unos intrusos que se acercaban a nuestro territorio. Parece que uno de ellos pateo a uno de los nuestros, así que ahora se encuentran atados e inmovilizados. Esperamos instrucciones sobre qué hacer con ellos.

 El líder de los spriggans se encontraba aturdido por lo que había sucedido, así que se sobresaltó cuando uno de sus guardias le hablo tan de repente, sacándolo de sus cavilaciones.

 - Muy bien. Cris, ve a ver de qué se trata. Yo me quedare aquí a pensar sobre lo que sucedió. Lleva al joven y a Sarah contigo.

 - Como usted diga, líder. Franco, sígueme. Tal vez sean tus amigos que vienen a buscarte.

 Franco y Sarah se pusieron a seguir a Cris, en la misma dirección de la que habían venido con anterioridad.

 A pesar de que físicamente estaba pendiente de hacía a donde iban, su mente no dejaba de procesar sobre lo que le había pasado. Esa sensación tan descomunal no se la lograba sacar de su sistema. Una cosa le quedaba clara de todo eso, mientras se dirigían al punto que el guardia les estaba indicando: no quería volver a sentir esa sensación tan aplastante en su vida. Ni en esa, ni en ninguna otra.

Capítulo 4: Verde y Purpura por The Last
Notas de autor:

*Revisar el significado de los colores.

Capítulo 4: Verde y Purpura

 

 - ¿Qué fue exactamente lo que sucedió?

 Cris se movía a paso apresurado hacia el lugar indicado por el guardia. Según las explicaciones que había dado el guardia en la cueva, unos intrusos habían entrado en el territorio de los spriggans sin previo aviso. De alguna manera habían peleado con los guardias que custodiaban la entrada, y debido a ello, habían sido inmovilizados, seguramente con las mismas habilidades que habían usado en Franco cuando había llegado. Más allá de eso, no sabían los detalles de lo ocurrido.

 Franco y Sarah iban detrás de Cris, intentando no quedarse atrás mientras le seguían el paso y escuchaban la explicación del guardia.

 - Yo vi lo que paso, así que le explicare. Aparecieron unas chicas del fondo del bosque, acompañadas por un lobo que no se parecía en nada a los que merodean por la zona. Cuando vieron a los guardias se pusieron a la defensiva al instante, y el lobo que iba frente a ellos se transformó en otra chica que llevaba la misma ropa que las otras.

 - ¿Y qué fue lo que dijeron? –Cris se veía bastante inmutable y calmado. Franco y Sarah esperaban que tal vez se pusiera nervioso de que llegaran más humanos por el territorio, pero no se esperaban que se lo tomara con tanta calma.

 - Esto sí que es extraño –susurro Sarah para que su padre no escuchara su comentario – Él no se suele poner tan calmado en esta clase de situaciones, sobre todo cuando se trata de humanos en territorio spriggan.

 - Pues yo también me pondría nervioso si uno o varios desconocidos se pusieran a merodear por donde vivo yo y mi familia. No sería algo agradable.

 Cris y el guardia se pararon a hablar con más detalle sobre lo que había pasado con el encontronazo con los guardias y las desconocidas,

 -  Lo que sucedió después es que dijeron algo sobre que estaban buscando a alguien, que su rastro las había llevado hasta ese lugar, y que si sabíamos algo sobre él.

 - ¿Esos son amigos tuyos, Franco? –pregunto Cris volteando su cabeza para mirar hacia atrás, donde estaba Franco.

 - No puedo estar seguro. ¿Podría decirnos como lucían físicamente?

 - Una de ellas era más baja que las demás, y tenía un cabello amarrado con un listón que era bastante largo. Parecía estar seria todo el tiempo, ni siquiera hablo, y llevaba una maquina extraña en su espalda.

 - Constanze. Definitivamente es ella.

 - ¿Y cómo estas tan seguro? –Sarah no sabía cómo con una descripción tan corta él podía saber de quién estaban hablando.

 - Porque primero, la vi personalmente, y pude ver como se comportaba y como se veía. Y segundo, me apuesto mi teléfono móvil a que no existe nadie más en este planeta que encaje tan bien con esa descripción como Constanze.

 - Si tú lo dices.

 - Las acompañaba una mujer que llevaba vestimenta de bruja. Su cabello era azul, y llevaba anteojos. Otra de ellas tenía una parte de su cabello anaranjado, y la otra parte era roja. Cuando la mire a los ojos, pareciera como si se nos fuera a tirar encima para darnos una golpiza. La que estaba transformada en lobo tenía el cabello castaño, con la parte de atrás amarrada. Sus ojos eran rojos, llevaba la misma ropa que las otras, y parecía que estaba muy exaltada. Y la última, era bastante fuerte y más alta que las otras, estaba todo el tiempo sonriendo, tenía el cabello rosa con dos trenzas a ambos lados de su cabeza. Parecía la más calmada de todas.

 - Dime, Franco, ¿te suenan esas descripciones? –pregunto Cris.

 - A ver. La primera si la memoria no me falla, es la profesora Ursula, la que junto a la directora me dieron la autorización para ir a estudiar a Luna Nova. Lo sé ya que hable personalmente con ella para que me la diera. La segunda, estoy más que seguro que es Amanda. Sobre todo por el cabello y su mirada de “como me hagas enojar, tendrás que comprarte una dentadura postiza de la golpiza que te voy a dar”. Al resto no las conozco ni en pintura. Supongo que son amigas que ella trajo para venir a buscarme.

 - Muy bien, ¿podría llevarnos al lugar? –Cris seguía tomándose la situación con calma, lo cual según había dicho Sarah, no era algo propio del cuándo se trataba de intrusos.

 - Por supuesto. Por favor, síganme.

 - ¿Crees que de verdad sean ellos? –dijo Sarah con algo de escepticismo en su voz.

 - Créeme. Estoy seguro de ello.

 “Por favor que sean ellas, por favor que sean ellas” pensaba mientras se iban acercando al “punto de conflicto”.

 - Por cierto, ¿qué sucedió después como para que tuvieran que inmovilizarlas? –pregunto Cris mientras se iban acercando al lugar indicado.

 - Después de que nos explicaran las razones que las trajeron aquí, los guardias intentaron aplicar el hechizo para lograr comunicarse con ellas. Y estoy diciendo “intentaron”, porque en el momento en que empezaron, una de ellas, la de cabello naranja, le dio una patada a uno de los guardias, mientras que la de cabello castaño saco una varita y de ella salió una ráfaga de aire que empujo al otro guardia. Se dispusieron a continuar, cuando llegaron otros guardias que estaban en las cercanías, y usaron las ramas y raíces de los árboles para inmovilizarlas a todas.

 -¿Qué te pasa, Franco? Pareces preocupado –le pregunto Sarah mientras se acercaban al lugar indicado.

 - Es que, como sean ellas, tendré que hacer algo para que no las terminen condenando a algún castigo por agredir a unas figuras de autoridad.

 - Mira, si no logras conseguir nada por tu cuenta, hablare con mi padre para ver si logro convencerlo de que no les pase nada. O al menos, de que el castigo sea mínimo.

 - Gracias, Sarah. Cuento contigo si las cosas no salen según lo planeado.

 Cuando por fin llegaron, había un gran grupo de spriggans reunidos alrededor de un punto en concreto, del cual se podía escuchar una voz que sonaba bastante furiosa.

 - ¡SUELTENNOS DE UNA VEZ, MALDITOS ARBOLES DE PACOTILLA!

 - Si, definitivamente es Amanda. Reconocería esa voz donde fuera –Franco se puso sus dedos en sus ojos cerrados, mientras se ponía su mano izquierda en su cadera, agachaba la cabeza, y lanzaba un suspiro de agotamiento –Por el amor de Dios, no podría estar haciendo más ruido ni a propósito. Acompáñame, Sarah. Necesitare que me ayudes con una cosa.

 

 

 Amanda, Constanze, Jasminka, la profesora Ursula, y Akko, se encontraban colgando boca abajo, mientras varias raíces las cubrían desde los pies hasta el cuello, formando una cubierta que daba la impresión de que fuera un capullo de oruga. Se les estaba subiendo la sangre a la cabeza, y estaban mareándose, los cual no les agradaba. Sobre todo a Amanda, que estaba gritando a todo pulmón para que las bajaran.

 - ¡BAJENOS DE UNA VEZ, SINO VERAN DE LO QUE SOY CAPAZ! –gritaba Amanda con todas las energías que le permitían sus cuerda vocales y sus pulmones.

 - Amanda, tranquilízate. No queremos hacerlos enojar –la profesora Ursula intentaba calmar a Amanda para que dejara de gritar, más que nada porque no quería que el asunto empeorara, y también porque los gritos de Amanda le estaban empezando a  hacer doler los oídos –Lo mejor será esperar a ver que hacen.

 - ¡¿En serio nos vamos a quedar así, sin hacer nada?!

 - Tampoco es que podamos hacer otra cosa. Ni siquiera podemos movernos –le respondió Akko – ¡Aunque me gustaría poder librarme de esta cosa!

 De entre la multitud, aparecieron un grupo de pequeños spriggans, los mismos que estaban habían estado siguiendo a Franco en el pueblo. Se acercaron a Amanda, que era la que estaba más cerca del suelo, teniéndola muy de cerca.

 - ¿Y ustedes que miran? –pregunto Amanda en un tono algo enojado.

 De ellos solo tuvo como repuesta el aumento y disminución de la luz que emitían del interior de sus cuerpos. Tomaron unos palos del suelo, y comenzaron a tocarle la cara con ellos.

 - ¡Dejen de picarme con esas ramas, pequeños granujas! –gritaba mientras forcejeaba en un vano intento de librarse de las raíces que la mantenían atrapada.

 - Oigan, dejen de molestarla –dijo Franco con un tono de enfado, saliendo de entre la multitud de spriggans. El tono de enfado que emitia en su voz era para sonar más autoritario, y que le hicieran caso. Y resulto a la perfección –Sé que es divertido molestarla, pero ya es suficiente. Ya, mejor váyanse a sus casas si no quieren que le diga a Cris que estaban molestando a los encarcelados ¡ANDANDO!

 En el momento en que grito, los pequeños spriggans salieron corriendo despavoridos por donde habían venido. “Con los niños, solo necesitas fingir autoridad, y salen corriendo como pollos sin cabeza”, pensó Franco mientras sonreía burlescamente.

 - ¿Franco? ¿Eres tú? –pregunto Amanda, con algo de justificada incredulidad.

 - El mismo que viste y calza.

 - ¿Qué haces?

 - Pues vine a salvarles el trasero de “anda tú a saber que” castigo que les tengan preparadas los spriggans.

 - ¿Los que?

 - Ya te explicare.

 Cuando termino su conversación con Amanda, decidió ver que tal estaba el resto.

 - Hola, Constanze. ¿Qué tal lo llevas esto de estar colgada?

 Constanze solo lo miro fijamente, mientras inflaba sus mejillas y ponía una cara de “estar enojada”.

 - Si, lo sé. Seguro esto debe ser una porquería, pero las sacare de ahí. ¿Puedes esperar hasta entonces?

 Constanze solo se quedó quieta, sin mover un musculo, y sin mostrar una sola expresión en su rostro.

 - Tomare eso como un si.

 Después se acercó a la profesora Ursula.

 - Profesora Ursula, en un gusto volver a verla, aunque no en las mejores condiciones.

 - Podría ser peor. ¿Qué es ese colgante que tienes ahí?

 Franco miro durante unos segundos la piedra filosofal que tenía como collar, y volvió a hablar con ella.

 - Ya le explicare más tarde. Por ahora, dígale a las demás que tengan paciencia, que ya veré que hacer para sacarlas de ahí. Solo no hagan ninguna tontería.  –le dijo en voz baja, con la intención de que no lo oyera nadie más –Por cierto, vendrá una amiga que les pondrá un hechizo “especial”. Solo quédense quietas.

 - Muy bien. Espero que sepas lo que haces.

 Franco se alejó unos pasos de ellas, para dirigirse a los guardias que las tenían retenidas, y a Cris, los cuales se encontraban por delante de la multitud. Y entonces, hablo.

 - Bueno, buen trabajo defendiendo el territorio. Los felicito. Tienen mi más sincera gratitud. Aunque, resulta que hay un problema: estas chicas son mis amigas, y no se encuentran muy a gusto que digamos. Por lo que propongo que las dejen libres… por favor.

 Pasaron unos segundos de silencio incomodo, seguido de un intercambio de miradas entre los guaridas y Cris.

 - ¿Y por qué deberíamos dejarlas ir? –preguntó uno de los guardias que estaba más cerca –Ellas nos atacaron, y si no fuera porque nuestros compañeros se encontraban cerca, lo más seguro es que nos hubieran matado.

 - Si están tan seguros de ello, entonces les hare una pregunta: ¿quiénes fueron los primeros en actuar hostilmente, o al menos, de manera sospechosa? ¿Ellas, o ustedes?

 - Bueno, eso…

 - ¿Qué no es esa la manera más común de actuar de alguien ante un desconocido que se te acerca de manera extraña? Admito que fue algo precipitado, pero por otro lado, ustedes pudieron actuar de manera menos… agresiva, por decirlo de un modo elegante. Poner un hechizo del cual nadie más que ustedes y su pueblo conocen a alguien que no lo conoce, y que lo más seguro es que no sepan de la existencia de su raza, la cual les tengo que recordar, quedo olvidada por la humanidad… pues no sé. Llámenme loco, pero en mi pueblo, alguien no recibe con los brazos abiertos a un desconocido actuando de manera sospechosa. Dicho esto, le pido a Cris, al cual han puesto a cargo de esta situación,  que piense fríamente  lo que acabo de decir.

 Después de decir esto, dio unos pasos hacia atrás, al menos los suficiente como para que no oyera lo que pensaba. “Espero haberlo convencido, porque si no estarán con un pie sobre el abismo. Lo mejor será darle unos minutos para que lo piense. Mientras, iré a ver cómo le fue a Sarah con el hechizo”

 

 

- … y en resumen, eso fue lo que paso.

 Cuando Franco se acercaba para ver que tal llevaba Sarah lo de poner el hechizo que permitiera a las chicas comunicarse con los spriggans, esta se encontraba hablando con ellas. Les había contado lo que había sucedido, desde su encontronazo con Franco, hasta ese momento, omitiendo algunos detalles, como lo que había sucedido en la cueva, entre otras cosas.

 - ¿Funciono? –pregunto Franco, mientras se acercaba a Sarah.

 - Parece que pueden escucharme, así que supongo que eso es una buena señal.

 - Gracias. Es bueno contar contigo. En fin, ¿comenzamos?

 Sarah solo asintió en señal de afirmación. Era momento de ver cuál sería la decisión final, y si su habladuría no había dado resultado, podían barajar otras opciones.

 - ¿Qué tal están ahora? –les pregunto Franco. 

 - Sigo mareada por estar así, pero al menos ahora entiendo lo que dicen –Amanda parecía que fuera a vomitar en cualquier momento. Bueno, todos parecían que no podrían aguantar mucho más colgados de esa manera. Sus caras de asco las delataba.

 - Amanda y… ¿cómo te llamas tú?

 - Me llamo Atsuko Kagari.

 - ¿Algún apodo en particular? 

 - Solo llámame Akko.

 - Muy bien. Pues Akko y Amanda, necesito que se disculpen con los guardias a los que atacaron.

 - ¡¿Y por qué deberíamos?! ¡Ellos actuaban de manera extraña, y nosotras nos defendimos! ¡Lo habría hecho cualquiera! –Amanda parecía reacia a que alguna palabra relacionada con el perdón saliera de su boca, y parecía que no cambiaría de opinión.

 - Escúchame, Amanda –Franco se acercó lo más que pudo a Amanda, hasta que prácticamente la tenía a pocos milímetros de su rostro, y sin apartar su mirada de ella –No es que no comparta tu opinión, pero si lo que quieres es que todas dejen de parecer piñatas humanas, necesito que dejes tu orgullo de lado por unos minutos, y te disculpes de una vez –hizo una pausa de algunos segundos, dando a Amanda un breve tiempo para que procesara lo que le había dicho. Luego, concluyo con las palabras que había pensado que tal vez la harían cambiar de opinión –A menos de que quieras que lo siguiente que pase es que todas ustedes terminen convertidas en abono para los arboles del bosque, o incluso que les quiten todo lo que tienen y las dejen a merced de los animales salvajes. Tú decides.

 Pasaron varios segundos que parecían eternos, en los que Amanda no dejaba de pensar en si lo que le había dicho era cierto, o simplemente un montón de mentiras para convencerla de retractarse. Pero no podía asegurar nada, ya que no conocían nada de los que los habían capturado. Entonces tomo una decisión. Aunque su rebeldía y su orgullo parecían no conocer limites, no era de los que le gustaba que las consecuencias de sus actos llegaran a terceros, sobre todo si esos “terceros” eran las personas que quería.

 - Muy bien, me disculpare. Pero lo hago solamente porque me ya me canse de estar de cabeza.

 - Me parece perfecto. Y tú, Akko, ¿piensas disculparte?

 - Yo no tengo ningún problema. No voy a dejar que hagan daño a mis amigas. Además, no tampoco creo poder aguantar más de esta manera – dijo mientras en su cara se formaba una mueca de asco y se tornaba verde.

 “Mejor terminamos esto ahora. No tengo ganas de ver a nadie vomitar” pensaba mientras Cris se dirigía hacia su ubicación. Se podía notar que ya había tomado una decisión, y que definitiva.

 - Franco, he venido a decirte que, respecto a lo que dijiste, he tomado una decisión.

 - ¿Y cuál sería? –sentía como un nudo se le formaba en el estómago y como su garganta se tensaba. El nerviosismo lo estaba carcomiendo por dentro, pero debía demostrar firmeza, o al menos fingirla, así que intento poner su mejor cara, aunque la mezcla de nervios haría que se viera como un auténtico imbécil.

 - Libérenlas –dijo con serenidad.

 Un alivio inmenso se extendió entre todos.

 Con un movimiento de sus manos, las raíces iban retrocediendo a su posición original.

 - Cuidado con las leyes de la física –dijo Franco con un tono de mofa.

 - ¿Con las que? –pregunto Akko.

 Antes de que se dieran cuenta, los capullos que los envolvían desaparecieron, y como era de esperar, la gravedad hizo su trabajo, haciendo que cayeran en dirección al suelo. Amanda, la maestra Ursula, Constanze y Jasminka supieron a qué se refería con ello, y cuando las raíces las soltaron, cayeron de pie en la tierra. Excepto Akko, que cuando lo entendió, ya era demasiado tarde, y termino dándose un buen golpe de frente contra el suelo.

 - Mira que te lo he dicho –dijo Franco mientras levantaba los hombros y su boca mostraba una leve sonrisa de burla.

 - ¡No es gracioso! –dijo Akko mientras levantaba su cara manchada de barro del suelo.

 - Bueno, tienes que admitir que tiene su gracia –dijo Amanda mientras intentaba contener su risa con sus manos.

 - ¡¿Tú también, Amanda?! –Akko estaba algo molesta. No solo porque se estaban riendo de lo que le había pasado, sino también por no haber pensado lo suficientemente rápido como para darse cuenta.

 - Bueno, tampoco es para tanto –Franco se acercó a Akko y le limpio la cara con sus manos. No se limpió del todo, pero al menos ya no parecía que estuviera haciendo un intento burdo por camuflarse con la naturaleza –Además, cuando me soltaron a mí, me di un buen golpe en el hombro. Y déjame decirte que eso duele como no tienes idea. Se podría decir que tuviste suerte de solo ensuciarte.

 - En fin. Gracias por ayudarnos.

 - ¡Y pensar que habíamos venido a ayudarte, y al final tú fuiste quien nos ayudó! –Amanda se acercó a Franco y pasó uno de sus brazos por su hombro, mientras hacia fricción con sus nudillos en su cabeza una y otra vez.

 - ¡Muy bien, muy bien! No hace falta tanto aprecio, que al final me dejas si cabello.

 Constanze se acercó junto a su robot parlante, el cual se puso a hablar en su lugar.

“Gracias por tu ayuda” dijo el pequeño robot de acero. Después de que el robot hablara, Constanze realizo un gesto de arco hacia adelante en señal de agradecimiento. A pesar de que la voz sintética  y entrecortada entre cada palabra le puede quitar emoción a las palabras, estas no estaban ausentes de estas. Al menos no cuando del que proceden lo demuestra también con sus acciones. Y se podría decir que eso era lo que estaba pasando.

 - Gracias, la verdad, pero yo sigo pensando que fue solo cuestión de suerte lo que pasó. Si no me hubiera encontrado con Sarah, y no me hubiera puesto el hechizo de comunicación, creo que las cosas hubieran tomado otro rumbo.

 - Sí. Lo más seguro es que seriamos comida para árboles, o para lobos –decía Amanda mientras reía.

 - Pues sí. Sobre eso… era mentira. Te lo dije solo para apresurar tu elección.

 Después de decir eso, de repente parecía que Amanda se iba a abalanzar sobre Franco con una ira asesina descontrolada, si no fuera porque las chicas la detuvieron justo a tiempo.

 - ¡PERO SERAS HIJO DE…! ¡¿SABES LO PREOCUPADA QUE ME PUSISTE CON ESO, PEDAZO DE IDIOTA?!

 - Oye, calma tu rabia, ¿okey? Además, puedo estar seguro que si no lo hacía, te rehusarías a hacerlo –Franco se alejó varios pasos para decirlo. No quería estar muy cerca de Amanda estando en su faceta más salvaje, ya que temía de que si se acercaba demasiado, sería capaz hasta de arrancarle la yugular con los dientes si quisiera. Prefería no correr ese riesgo.

 - Si ya terminaron de hablar, me gustaría hablar con el adulto que las acompaña –Cris venia seguido de los guardias de los límites del territorio, con la intención de hablar con la maestra Ursula –De parte de mis hombres, y de la mía también, les pedimos perdón por las molestia causadas.

 - Yo también… -Amanda hizo una pausa en lo que iba a decir. Parecía que de repente le costaba hablar. Después de aclararse un poco la garganta, continuo –Yo también lo siento. Por la patada, y eso.

- Yo también lo siento. Creo que nos pasamos de la raya con lo de defendernos –dijo Akko con una sonrisa, intentando suavizar la situación.

 - Bueno, supongo que todo está arreglado. ¿Qué tal si en compensación por el mal rato que mis hombres les hicieron pasar, los invito a pasar por nuestro pueblo? Mi hija las guiara.

 - Por aquí. Síganme –Sarah les indicaba el camino por el que anteriormente había llegado ella.

 Mientras Sarah guiaba a las chicas por el camino de entrada al pueblo, Franco se quedó mirando los alrededores. Las hojas de los árboles se habían secado del roció de la lluvia, y el cielo se había despejado casi por completo, dejando que la luz del sol iluminara cada rastro de sombra,

 - Como se nota que este lugar no ha sido pisado por un ser humano en mucho tiempo. Todo aquí se siente tan… relajante. Bueno mejor las acompaño, no vaya ser que-

 Se detuvo en seco, mientras revisaba los alrededores. Algo no iba bien. Vio que algo extraño se movía sobre las ramas de uno de los árboles. Y no era solo eso, sino que también era como si todo el ruido del bosque hubiera sido silenciado de alguna manera.

 Agarro lo más cercano que tenía para defenderse: una rama del tamaño de un brazo y bastante puntiaguda. No sabía el por qué, pero al mirar en esa dirección, un instinto que escapaba a su comprensión le advertía que tuviera cuidado. No solo sentía el peligro, sino que también, de alguna manera que no alcanzaba a entender, podía olerlo. Un olor imposible de reconocer. Lo único a lo que lograba asociarlo era al olor del metal o la humedad. El solo estar en contacto con aquel extraño olor hacia que su cuerpo no obedeciera. Que retrocediera. Era indescriptiblemente pestilente y causaba un efecto debilitante en cada molécula de su ser.

 Por unos momentos, pudo ver, con un poco de claridad, un poco de lo que se escondía entre los árboles. Uno de sus ojos titilaba entre un brillo verde y purpura, y su cuerpo era imposible de ver. Incluso sin lograr verle el rostro, de alguna manera sabía que… estaba sonriendo.

 - Oye, ¿vienes o qué? –Akko le había venido por la espalda, tocándole el hombro.         

 Estaba tan absorto en sus pensamientos que cuando lo llamaron, sintió como un escalofrió recorría su espina dorsal.

 Cuando su mente volvió a la realidad, y vio que solo era Akko la que lo llamaba, mantuvo la calma he intento ocultar lo que había sentido con todo el autocontrol del que disponía.

 - S-sí, no te preocupes, voy en este momento.

 - ¿Estas bien? Tu rostro es blanco ¿Estas enfermo o algo? –le pregunto, tocándole la frente con su mano derecha.

 - Cl-claro, estoy bien. No te preocupes.

 - Creo saber qué te pasa.

 - ¿E-en serio? –por unos momentos, pensó que tal vez ella sabía lo que le estaba pasando.

 - ¡Tienes hambre! –respondió en un tono tan alegre, que la idea de que ella sabía algo se esfumo como una chispa en el agua.

 - ¡E-exacto! ¡Si, es eso! Hace varias horas que no como algo, y creo que eso me está pasando factura.

 -¡No te preocupes! Tengo lo necesario para esta situación –empezó a hurgar en una mochila que traía colgando de sus hombros, hasta que pareció dar con lo que estaba buscando –Ten. Es un paquete de galletas.

 Eran galletas de chocolate con relleno de vainilla. En una de sus esquinas, tenía un par de sellos negros en señal de advertencia: “Alto en calorías” y “Alto en azúcar”. Y aunque dichos sellos señalaran algún tipo de peligro en lo que la mayoría señala como “comida chatarra”, a la hora de la verdad, uno siempre terminaba comiéndolas sin ninguna clase de remordimiento. El peligro que advertían no quitaba lo delicioso de su sabor.

 - Me las dio Jasminka mientras veníamos de camino hacia acá. Pensaba en comérmelas por mi cuenta, pero no tengo ningún problema en compartir la mitad contigo –dijo Akko mientras sonreía con auténtica felicidad.

 - Bueno, si tú insistes.

 - ¡Démonos prisa! ¡Que nos dejan atrás!

 - Si, vamos.

 Antes ir detrás del resto mientras se comía las galletas con Akko, echo un último vistazo del lugar del cual había visto aquel brillo tan extraño. En su lugar, solo había un simple pájaro, el cual denotaba el color azul de su plumaje mientras giraba su cabeza en varias direcciones, probablemente buscando comida.

 Por un momento, pensó que tal vez aquella experiencia en la cueva con aquel hechizo le había dejado algún efecto secundario. Pero lo que vio… parecía tan real. Lo que sintió, solo lograba asociarlo a aquella presión tan descomunal que había sentido en esa pesadilla. O tal vez solo estaba tan cansado que su mente estaba comenzando a fallar. Lo mejor era olvidar lo que había visto, y seguir como si nada hubiera pasado, por ahora. Aun así, seguiría alerta si la situación empeoraba.

 Mientras Franco y Akko se alejaban, intentando alcanzar al grupo, aquel pájaro se giró para observar cómo se daban prisa. Observaba como de a poco alcanzaban al resto. Observaba como reían los unos con los otros. Y sobre todo, observaba con uno de sus ojos, que cambiaba entre el purpura y el verde, mientras su cuerpo se distorsionaba drásticamente hasta que el único color que presentaba su plumaje era un color grisáceo. Definitivamente, algo no iba bien.

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