El trágico destino de mi novia por HIKKI CID
Summary:

Un joven nos cuenta cómo perdió lo que más quería de una manera dramática, pero con un resultado más bien cómico.


Categorías: ORIGINALES Personajes: Ninguno
Generos: Humor/Parodia
Advertencias: Ninguno
Desafio:
Serie: Ninguno
Capítulos: 1 Finalizado: No Numero de palabras: 1560 Leido: 16 Publicado: 17/02/2017 Actualizado: 17/02/2017
Story Notes:

Protagonistas:

David: 17 años, estudiante. Medio friki.

Arely: 17 años, estudiante. Popular.

Fabián: 16 años, estudiante y trabajador. 

1. Un futuro incierto por HIKKI CID

Un futuro incierto por HIKKI CID

La conocí por casualidad. Ella era hermosa y brillaba como una estrella. Todo comenzó cuando quedamos juntos para un trabajo en equipo; casualmente también estaba mi amigo Fabián en el equipo.

Cuando entré a la universidad, no tenía amigos. En mi salón habían quedado algunos compañeros de la preparatoria, pero no eran de mi agrado ni los conocía en realidad, por ello nunca me les acerqué. Recuerdo que después de la primera hora del primer día, permanecí sentado en mi lugar con la esperanza de que el profesor de la siguiente clase llegara rápido.

Si bien es cierto que no había muchos grupos de amigos formados, yo parecía ser el más solitario de todos. Salí del salón tras esperar varios minutos para tomar algo de aire fresco y fue entonces que vi a quien me salvaría de la soledad; se encontraba frente al barandal mirando al cielo. No parecía interesante por ello, más bien se le notaba querer escapar del mundo exterior, pues no tenía a nadie, igual que yo. Su nombre era Fabián, un joven moreno y con cara de tonto; por ello supuse que nos llevaríamos bien, después de todo, soy medio nerd y un rezagado social, además, acostumbraba hablar utilizando un lenguaje y vocabulario lleno de regionalismos, por lo que a veces era difícil entenderle.

Fabián veía de otra ciudad, como la mayoría de los universitarios. Entre todos los comentarios groseros que acostumbraba hacer, siempre se le escapaban detalles de su vida solitaria y la tristeza con la que cargaba. Nunca había permanecido más de tres años en un lugar, por lo que, aunado a su timidez, casi no tenía amigos, ni siquiera consideraba amigos a sus roomies.

Fabián y yo estábamos todo el tiempo juntos y siempre platicábamos de tonterías; a decir verdad, no recuerdo bien por qué nos llevábamos tan bien ni de lo que platicábamos, sólo sé que no teníamos a nadie más. A veces frecuentábamos a Julia y sus amigos, una pandilla de gente normal en el salón, lo más cercano a nosotros en ese grupo lleno de personas fresas con dinero. En realidad no eran de nuestro agrado (por eso Fabián las llamaba “las brujas”) ni ellos disfrutaban de nuestra compañía, pero a Fabián parecía interesarle esa chica, Julia.

En aquella clase, debíamos formar equipos de seis personas; por suerte, éramos dos y a las princesas, las cuatro chicas más lindas del salón, les faltaban dos integrantes para completarse y, como no hablaban con nadie más, no tuvieron más opción cuando Fabián y yo nos acercamos a ellas para preguntar si nos aceptaban en su equipo. Fue entonces que ella me dirigió la palabra por primera vez, mirándome a los ojos de una forma tan tierna y hablando de manera muy amistosa.

-- Ahora estamos en el equipo juntos.

-- Sí, eso parece -- Sentí la mirada de Fabián, pero no podía hacer nada más que mirar los bellos ojos de Arely con la mente en blanco pero preocupado por seguir la conversación.

Cuando me di cuenta, estaba con Fabián y las brujas camino a la tienda. No había podido decirle nada a aquella linda chica aun cuando ella comenzó la conversación, pero ahora que estábamos en el mismo equipo, sería mi oportunidad para acercarme. Así lo hice, poco a poco fui hablando más con ella durante las reuniones de equipo y en los encuentros casuales. Resulta que ella venía de la ciudad de Fabián y estuvo en una preparatoria de paga; decidió venir a estudiar aquí para separarse de sus padres y ganar algo de libertad; sabía utilizar armas de fuego y estaba entrenada en varios métodos de defensa personal. Me enamoré de ella definitivamente. Por mi cobardía y el miedo a que me rechazara, nunca crucé la línea del amigo casual, intentaba no ser tan cercano para evitar la friendzone.

Fabián me daba consejos algunas veces, la mayoría incluían secuestros y violaciones; otros se trataban sobre fijarme en otra mujer menos piruja y perra; pero a veces me daba ánimos para que le confesara mi amor y que la invitara a salir. El secreto para ser amigo de Fabián era ignorar todos los insultos y groserías o reírse de ellos mientras se escucha con atención todo lo demás, con lo que uno se puede hacer de buenos consejos, pensamientos y partes de la trágica historia de su vida solitaria, lo cual me importaba poco.

Al final me decidí y le hablé. Fuimos a comer al centro comercial, donde hablamos por horas, para después pasear por las tiendas y, finalmente, entrar al cine. Después de mirarla durante todo aquel día, me sentí seguro en la oscuridad y le tomé la mano; ella no me rechazó y contestó apretando la mía. Los minutos que duró el resto de la película fueron los más tranquilos y bellos de mí vida, cómo hubiera imaginado que me perseguiría la desgracia después.

La llevé a su departamento y me invitó a pasar. Estuvimos en el sillón de la sala platicando a cerca de cosas tontas y sin importancia hasta que me di cuenta de que ella esperaba que le confesara mi amor formalmente, lo cual había olvidado, pues me la pasé genial ese día.

-- Arely, me gustas mucho, ¿quieres ser mi novia? – Me sorprendí de lo fácil que pude pronunciar estas palabras pues nunca antes salieron de mi boca, mas estaba nervioso por su respuesta.

-- Sí quiero, también me gustas mucho, David --. Respondió con alegría y sinceridad, tenía la misma mirada que la primera vez que me habló.

Esa noche hicimos el amor, ambos por primera vez, pero sin duda no me sorprendía nada con tanta pornografía que he consumido; sabía qué hacer y cuándo hacerlo y qué agujero utilizar, aunque no pude durar tanto como los actores. Me quedé a dormir en su cama, abrazándola desde atrás y oprimiéndola contra mi pecho, nunca antes dormí tan bien. Por supuesto que me regañaron en mi casa, sobre todo mi madre, pero mi papá me felicitó más tarde en privado y me dio dinero para comprar condones.

A partir de esa noche, comenzamos una doble relación: en la escuela seguíamos como siempre, pero sin ocultar que éramos pareja, nos íbamos juntos y demostrábamos gestos de cariño; al salir de clases, buscábamos cualquier lugar para tener sexo, no sólo en mi casa o su departamento, también en lugares públicos y establecimientos. Ella parecía gozarlo más que yo. Mientras que era la envidia de todos los hombres que me veían con ella, presumía cada uno de los atractivos que la hacían destacar, como sus labios rosas, sus ojos verdes y su excelente figura, de la que yo disfrutaba más que nada su trasero el cual estaba bien formado y compactado, pero de apariencia prominente.

Disfrutamos de la vida y la juventud cuanto pudimos, haciendo agotar el stock de condones de todas las farmacias por las que pasábamos, pues en el centro de salud ya nos prohibían la entrada, pensando que usábamos los condones gratuitos para inflar globos o desperdiciarlos de alguna otra forma. Pero esta felicidad no duró mucho tiempo, algo le pasó a Arely.

Mi ciudad es conocida por su cálido clima, que con las lluvias de verano, favorece la reproducción y vida de los mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue. Arely se contagió de la versión grave de esta enfermedad, dengue hemorrágico, lo cual la dejó en cama por tres meses y la hizo perder más de quince kilos; cabe aclarar que ella era delgada, incluso estaba por debajo de su peso ideal de acuerdo a su estatura.

Durante ese tiempo, no me dejaron verla, primero por seguridad, después porque su padre no quería. Pero cuando la dieron de alta, me pidió que fuera a verla. No es como si no hubiéramos hablado, todo ese tiempo nos comunicábamos por mensajes instantáneos, esta historia está ambientada en la segunda década del siglo veintiuno, pero sólo la veía en las fotos viejas, pues no quería actualizar su perfil, ya que decía que su apariencia era decadente.

Estaba frente al hospital esperándola con un ramo de rosas rosas, sus favoritas. Deseaba mucho verla ya y darle un abrazo, decirle al oído cuánto la había extrañado. Entonces, salió, acompañada de sus padres. Venía caminando por sí misma y miraba al frente con su barbilla encima del hombro, orgullosa, como siempre. Estaba pálida y delgada, pero conservaba esa belleza que me encantaba en su fuerte mirada, me di cuenta de que seguía amándola a pesar del tiempo y de lo que sucedió en su ausencia. Me hizo muy feliz verla de nuevo y volverla a abrazar. Su padre me ofreció acompañarlos a casa para la fiesta de bienvenida, acepté, claro. Para evitar complicaciones, mi suegro compró una casa cerca del hospital en Ciudad Central, donde se quedaría su familia para velar a su hija durante la enfermedad, ahí habían estado viviendo todo este tiempo.

Caminé junto con Arely hasta el auto, le abrí la puesta para que pasara, como todo un caballero y le miré el trasero en ese gesto que simplemente no se puede evitar, que tenemos todos los hombres por instinto y me di cuenta de que aquello que más me gastaba de ella, se había perdido. Como resultado de su enfermedad y la pérdida de peso, Arely se quedó sin nalgas.

¡Ay de mí!

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