Chatarra: Una Historia en el Universo Macross por Gerli
Summary:

Año 2058. Una ordinaria misión de inspección se convierte de pronto en una seguidilla de intrigas y extraños accidentes que envuelven a los habitantes de una pequeña colonia de recicladores y amenaza con desestabilizar el precario armisticio entre Zentradis y Humanos a lo largo de toda la galaxia. Historia y personajes originales ambientada en el Universo Macross.

Advertencia: Escenas de Violencia Explicita (Gore) y Desnudez. Guerra y Conflicto, uso de Drogas, tabaco y/o Alcohol. 


Categorías: ANIME/MANGA Personajes: Ninguno
Generos: Ciencia Ficción
Advertencias: Muerte de un personaje
Desafio:
Serie: Ninguno
Capítulos: 108 Finalizado: No Numero de palabras: 329013 Leido: 1861 Publicado: 24/12/2016 Actualizado: 21/10/2017

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1 por Gerli
Notas de autor:

-Corregido el formato.

Un resplandor, una leve curvatura de la negrura espacial seguido de una onda de luz púrpura que explota en miles de estrellas diminutas. En medio de esta conflagración de luces, una nave emerge y acelera como queriendo liberarse de la materia luminosa. En un abrir y cerrar de ojos el espacio recupera su habitual oscuridad, salvo por unas pequeñas y tenues luces de navegación que denotan la presencia de la recién llegada.

Es una pequeña nave de reconocimiento, cabina en tandem, basada en un caza, no obstante no se observan misiles ni cañones debajo de sus alas, solo un dispositivo de salto FOLD sobre el fuselaje que comienza a enfriarse y apagarse mientras la nave se desliza inercialmente con sus motores apagados. Finalmente la unidad FOLD se apaga completamente y las luces de la nave recuperan el brillo característico. La cabina se ilumina y podemos ver, a través del cristal, a dos pilotos que tratan de estirar sus brazos y piernas en las reducidas dimensiones de sus asientos

-Hora de arribo... 14:52 del día 12 de junio -El piloto del asiento delantero fue el primero en romper el silencio.- 71 horas, 34 minutos y 12 segundos de salto. -Tiempo en rango estándar.

El piloto del asiento trasero permanece en silencio mientras comienza a masajear sus hombros.

-Comenzando la revisión post-salto -Sus manos empiezan a trabajar sobre los paneles laterales mientras recita los procedimientos rutinarios. -Panel en verde.. !Hey! ¿Tuvo buen viaje allá atrás..?

-No tan bueno como cuando viajo en transbordador, para ser sincera.

La mujer del asiento trasero se quita el casco y su cabellera oscura se expande y flota descontroladamente por detrás de la cabina, esto capta la inmediata atención del piloto.

-Le dije que esta prohibido quitarse el casco mientras estemos en vuelo.. pero al menos se hubiese atado el cabello... -La mirada a través del casco mostraba mas resignación que autoridad.

- Atarse el cabello no está en la lista de procedimiento que tuve que memorizar antes de salir, teniente. -Su voz tenia un dejo de picardía. -Ademas estamos estacionarios, ni siquiera ha prendido los motores

-Bueno, si moverse a mas de 10 kilómetros por segundo le parece inmovilidad, mi argumento es inválido su señoría...

La joven pasó sus brazos por sobre su cabeza y tomó la masa de cabellos que ondulaba libremente por la ingravidez.

-¿Pedirte una banda elástica es romper algún tipo de protocolo?

-Solo si fuera de material biológico -El buen humor parecía haber vuelto a la voz del piloto. -Yo que usted usaría algo de cinta aislante, debería haber un rollo al costado izquierdo de su asiento, en el bolsillo superior.

- Servirá. -Dijo mientras comenzaba a luchar contra mechones de cabello que dificultaban su tarea. Al cabo de unos minutos de lucha, su cabello estaba atado en una forma tan poco femenina que arrancó las carcajadas del joven piloto desde el asiento delantero.

La nave continuaba su travesía en absoluto silencio, con ambos pilotos concentrados en sus procedimientos de revisión de cada uno de los sistemas. Al cabo de unos minutos, una plataforma descendió desde el vientre de la nave y se abrió revelando dos paneles y una antena de radar.

-Antena abajo. Iniciamos pulso de datos. -Las manos alcanzaron el botón correspondiente. -Pulso en 4,3,2,1.. ya!

Una leve variación en la intensidad de la luz de cabina fue el único indicativo del procedimiento.

-Pulso enviado. -El Piloto dejó escapar un suspiro de alivio.

-¿Cuanto tardaremos en verificar las coordenadas? -La joven trató inutilmente de ver los ojos del piloto reflejados en los espejos de la parte delantera de la cabina.

-No sabría decirle -Su voz sonaba sincera y compungida. -El pulso de datos llegará al satélite de la red espacial de comunicaciones mas cercano y volverá con nuestra locación precisa, pero cuanto tardará, no sabemos hasta recibirlo.

-Pero si llegamos al lugar correcto ¿que tan lejos está ese satélite?

-Si estamos sobre la grilla y sin ninguna interferencia gravitacional entre nosotros y el satélite, diría que no mas de 20 minutos de ida y 20 de vuelta...

La joven suspiró, la idea de 40 minutos de espera en el espacio luego de un salto de mas de 70 horas era absolutamente insignificante.

-Puede volver a dormirse si lo desea, yo la despertaré

-Si eso significa volver a ponerme el casco no gracias -Su voz recuperó el tono aburrido de antes. -Prefiero leer algo.

-De acuerdo.



El tiempo paso lentamente en ese pequeño microcosmos de dos asientos, rodeados por una burbuja de cristal donde infinitas estrellas se estampaban. Al cabo de 20 minutos, la joven apartó su vista de su Pad de lectura y posó uno de sus dedos en el cristal. Comenzó entonces a dibujar trazos imaginarios entre las estrellas y nebulosas. Inmediatamente la interfaz táctil de la cabina registro esos trazos invisibles y reprodujo en una luminosa franja verde el recorrido del dedos a través de los diferentes cuerpos.

-Si va a dibujar en el vidrio, al menos debería sacarse el guante si no quiere que la computadora de navegación se vuelva loca tratando de registrar un curso hacia esas estrellas.

-¿Es hacia aquel grupo de estrellas que está el centro de la Vía láctea? -Dijo mientras mantenía el dedo presionado sobre un punto de la cabina

-No, desde nuestra posición no podemos verlo, pero seria por allá -Apuntó con su dedo otro punto alto de la cabina a su izquierda y golpeó rápidamente el cristal, una marca roja quedó señalando el lugar.

-No se ven tantas estrellas como pensaba -La desilusión se plasmaba en las palabras de la joven.

-Solo si tu pupila captara 200 veces mas luz, entonces si podrías ver toda la masa de estrellas. El piloto miró a la joven por el espejo. -¿Está pensando en el Megaroad01?

Ella no respondió, solo miraba el circulo rojo que marcaba esa región del espacio con tantas estrellas como en cualquier otro lado donde mirase. pensaba.

Las estrellas siempre la habían acompañado durante su infancia en Ciudad Macross. Vivía una vida nocturna, casi no salia de su apartamento de día. La debilitada atmósfera de la tierra luego del cataclismo de la Primera Guerra Espacial permitía ver muchas estrellas, aunque en realidad, ella sabia que muchas de ellas eran artificiales; naves, satélites y plataformas de defensa que rodeaban el planeta y creaban una ultima barrera en la cual la humanidad se escudaba... o al menos, eso fue así hasta que la colonización en masa empezó. La humanidad dejó La Tierra para extenderse por la vía láctea. El peligro de permanecer en un solo hogar era demasiado y la canción no podría protegerlos por siempre.

La canción.

de Minmay.



Un resplandor la trajo devuelta desde las profundidades de su memoria. Los trazos verdes que había dibujado sobre el costado del cristal se borraron y una grilla anaranjada cubrió toda la superficie de la cabina, de modo que parecían estar dentro de una jaula dorada.

-Datos recibidos -El piloto interrumpió en una exclamación. -Bingo! Estamos en la marca!

Varias estrellas cercanas se resaltaron en el cristal, apareciendo números y nombres que indicaban sus coordenadas y características especiales; masa, luminosidad y distancia.

-Programaré la navegación para el sector EFF-04776, si tenemos suerte, nos cruzaremos con ellos antes de llegar al campo.

-Solo si ellos respetaron su plan de vuelo -La joven se puso seria. -Las flotas Libres hacen lo que pueden por evitar las inspecciones.

-Si, pero antes no era así -Dijo el joven Teniente. -Desde que los relevamientos e inspecciones sanitarias empezaron a ser subcontratados por la NUNS esto va de mal en peor.

"Flotas Libres" no es mas que un eufemismo para referirse a flotas de origen privado cuyos miembros se proclaman independientes del control gubernamental de la NUNS. Si bien la propia NUNS permitía estos emprendimientos, siempre se mantuvo una relación de precario equilibrio en una zona gris donde lo legal e ilegal se confunde. Las Flotas Libres son, desde el punto de vista de sus habitantes, gobiernos independientes en éxodo indefinido buscando un planeta o planetoide donde asentarse, mientras que la NUNS consideraba a las naves que integran esas flotas como casos "especiales" bajo atenta supervisación militar. Pero todo había cambiado en la última década. La NUNS, bajo el pretexto de la reorganización de su material bélico y en vistas a su expansión por la vía láctea revocó cualquier apoyo militar a las flotas que no enarbolaran el estandarte militar y solo brindó apoyo humanitario mínimo ante emergencias y desastres. Ese mínimo apoyo humanitario fue recortándose con el paso de los años y hoy en día, solo era un pequeño gasto burocrático que cae en las manos de subcontratistas privados.



-¿Es la primera vez que hace este viaje, Teniente? -Preguntó la joven.

-Si, aunque solo con pasajeros. La verdad es que he hecho FOLDS mucho mas largos de reconocimiento -El piloto se encogió de hombros. -Esta zona no es una de las mejores para un DEFOLD controlado.

-Por la zona de escombros.

-¿Escombros? -Contestó ofendido el piloto -Si un Zentran le escucha hablar así de uno de sus gloriosos campos de batalla, no quisiera estar en sus zapatos.

-Usted es medio Zentran. ¿Está usted medio ofendido?

-Solo un 25%. -El Piloto movió la cabeza. -Soy hijo de mestizos

-Entonces eso explica su manía de tener siempre el casco puesto. -Dijo mientras volvía a colocar su Pad sobre sus rodillas. -Sus abuelos podían caminar por el espacio sin mas ropaje que una bufanda...

-Ese es un comentario racista. Mis abuelos nunca usaron bufandas. -Definitivamente se estaba divirtiendo con la conversación. - Y ademas contra las reglas, como le vengo repitiendo desde que salimos.

La joven se puso seria de repente. -Eso de Racismo... -Sus ojos recorrieron la información que se mostraba en su pantalla.

-¿Que pasa?

-Nada solo que.. -Levanto solo un momento la vista y pudo ver al piloto que la miraba a través del espejo. -¿Que sabe de la flota a donde nos dirigimos?

-Bueno, para empezar, que no es una flota.

El rostro de la joven mostraba sorpresa. -¿No es una flota?

-Una flota de una sola nave para ser mas exactos.

-No tengo esa clase de datos en mi reporte. -Las manos bailaron sobre la pantalla. -Este reporte esta desactualizado, la ultima entrada es de hace mas de un año y -Se vio interrumpida de pronto por una serie de resplandores intermitentes a su derecha. Los impulsores comenzaron a rotar la nave sobre su eje para alinearla con su nuevo curso. Mas resplandores en la proa de la nave ajustaron la inclinación y el campo de estrellas y la grilla dorada se movieron en conjunto. Segundos después, una poderosa vibración indicaba que los dos potentes motores habían cobrado vida e impulsaban la nave a toda velocidad.

-Estamos en ruta, ETA... 3 horas hasta el campo. -El piloto se relajó en su asiento. -Otra aburrida espera más me temo...

Ella no contestó, su atención estaba fija en los registros de la flota.

-Esta flota constaba de 3 naves cuando se separó de la Flota 37 en el año 2044. -Varias imágenes aparecieron en la pantalla. -Estemmm... un transporte pesado de clase Mercury, un transbordador Stellar Whale y... ¿Tres naves Clase Estrella..? -La joven parecía confundida

-Three Star Factory, es una sola "nave" -Esta ultima palabra la pronunció con sorna -Aunque.. ¡Vaya nave! ¿Nunca vio una?

-Nunca estuve en una flota de colonización antes

-Entonces se sorprenderá cuando la vea... -Echando la cabeza hacia atrás, asumió una posición algo mas cómoda dentro del poco espacio del que disponía.

-Una Nave Factoría

-Una Factoría con un motor de nave pegado en su cola y tremenda cola que tiene, casi el doble de su tamaño.

-Supongo que esta es la única nave que queda de la flota ¿Que paso con las demás?

-Probablemente las hayan anclado y con el tiempo las fundieron dentro de la misma Three Star, es la explicación mas plausible. -El joven levantó su mano y golpeó el apoya cabezas de su asiento. -Ahora es su turno de contarme lo que sabe usted de la "flota".



Ella se mantuvo en silencio unos momentos. Pensó. La clase de información que tenia en sus registros eran artículos periodísticos de medios de comunicación de City 7, no debería haber ninguna sospecha en la veracidad de dichos reportes, pero la duda la mantenía alerta.

-La Flota Pura. -La ultima palabra le causó un mal sabor de boca. Era una secta Racista.

El joven piloto no contesto. Su silencio le dio algo mas de coraje para seguir leyendo

-Parece ser que un puñado de habitantes de la City7 comenzaron a militar activamente contra las minorías Zentradis. -Hizo una pausa. -Y con militar me refiero a....

-¿Asesinar...?

-No, no hubo muertes relacionadas con ellos en City 7, pero si asaltos y vandalismo contra residentes micronizados...

-Ja!. -Desde el asiento delantero llegó una carcajada. -Supongo que un Zentradi sin micronizar no es tan propenso a sufrir violencia racial ¿no?

Las fotografías de varios Zentradis micronizados, todos ellos con heridas contundentes y quemaduras, aparecieron en la pantalla de su Pad, ella recorrió con sus dedos la lista y pasó las hojas hasta dar con lo que buscaba.

-Aquí. -Su dedo hizo un circulo sobre la fotografiá de una mujer de edad media y cabello corto. -Aquí está lo que dio origen a esta flota en particular, fueron desterrados de City 7

-¿Desterrados? El joven hizo el gesto de rascarse el casco ¿Como se destierra a alguien en una Three Star Factory? No entiendo. ¿Porque no simplemente los metieron en las celdas de la Battle 7?

Ella pasó su Pad por sobre el asiento y se lo alcanzó.

-Fue idea de ella.

Se produjo un silencio en el asiento delantero. La joven pensó que la noticia había sido algo shockeante, incluso para un mestizo de segunda generación como el.

-No tiene sentido. -Dijo él. -¿Conoce el dicho de las flotas de colonización?

-No

-La Battle Class es la cabeza de la flota, los clase Uraga y Guantanamo son sus brazos, Las Colonias New Macross son los estómagos hambrientos -Pareció recordar algo divertido por el tono de su voz. -Y las Three Star son el corazón que bombean la sangre que mantiene viva a la flota...

Ahora fue el turno de ella de guardar silencio. Si claro, no tendría sentido. En el pasado los capitanes abandonaban a los amotinados a su suerte en botes con mínima agua y comida para que buscaran una isla o la muerte. ¿Pero donde se vio que un capitán dejara a los amotinados con las velas y aparejos y todas las provisiones de su bodega? El Pad floto devuelta por sobre su asiento, ella lo agarró y vió que la foto de la mujer había perdido la marca circular que ella le había hecho.

-No hay información sobre los motivos, pero se hizo. La Flota Pura se separó de la Flota7 el 27 de Mayo del año 2044, con 3 naves en total y 342 personas abordo, entre ellas 20 niños.

-Que locura

-Hay mas. -Deslizó el borde de la pagina para mostrar el texto inferior. -no se les permitió entrar en FOLD desde la flota, por lo que fueron escoltados por dos fragatas hasta el otro extremo del sistema solar en el que estaban en ese momento

-Interpusieron una estrella entre ellos y la Flota7. Dijo el joven. -No querían que ellos supieran el siguiente salto de la Flota por la distorsión gravitacional.

Ella asintió. -Pero las fragatas hicieron FOLD junto con la Flota Pura.

Una serie de pitidos interrumpió a ambos pilotos de su charla. El joven Teniente se enderezó en su asiento y centró toda su atención en la pantalla principal. Sea lo que estuviese haciendo, la charla no se reanudaría por un tiempo.

La joven volvió a contemplar la galaxia, había más de de una docena de flotas de colonización alla afuera, cada una de ellas en constante búsqueda de planetas habitables, recursos y lo desconocido. 100 años atrás la humanidad apenas había empezado a cruzar sus océanos de agua en aviones de hélice... ahora estaban de a poco cruzando la galaxia. ¿No habia sido todo demasiado repentino? La llegada de la Macross a la Tierra, La guerra espacial, la casi extinción de la raza humana. Todo en demasiado poco tiempo. pensó.

Volvió su vista hacia el circulo rojo que el piloto habia marcado en el cristal, ahora estaba a la derecha, cerca del casco del Teniente, al reorientarse la nave, había cambiado su posición con respecto a ellos. Ella lo miró, pensando que una parte de la historia reciente estaba allí, a quien sabe cuantos años luz de distancia, pero aun dentro de su propia escala temporal . se dijo.

Apoyó su cabeza contra el cristal y estiró la mano para tocar el punto rojo. Cuando su dedo estaba a escasos centímetros de tocarlo el punto pareció dividirse en Dos. Tres. Cinco. Veinte. Ella parpadeó, los puntos se multiplicaban y los oídos le zumbaban... cerró los ojos, los volvió a abrir y cientos de puntos rojos habian aparecido en el cristal.. no, eran pequeños triángulos rojos que dejaban una tenue estela verde mientras se separaban y parecían abarcar mas espacio en la cabina. El zumbido la confundía y la visión se le volvió roja... no, no era su visión, había una alarma en la cabina, un sonido chirriante, una alarma.

-Misiles! -Gritaron desde el asiento delantero. ¡Un enjambre de Misiles viene hacia nosotros y no estamos armados!

Ella no comprendía lo que gritaba el piloto, solo veía las espirales verdes que creaban fabulosos dibujos en el cristal, como los había hecho ella hace unos minutos ¿O eran horas? Las espirales ocupaban toda la cabina ahora y comenzaban a converger hacia ellos.

-Son hermosos. -Dijo.
2 por Gerli
Notas de autor:

-Corregido el formato

-Al menos murió rápido.

Los dos potentes luces se refractaban en el visor del casco roto creando una lluvia de fragmentos de luz. Ralph se elevó un poco para poder iluminar el gran agujero en el casco, pero el agujero continuaba a través del cráneo y no se veía tanto.

Decidió extraer el cadáver para ver si el proyectil había atravesado la parte trasera de la cabina. Cuando alcanzó los hombros de la piloto y tiró hacia arriba, el torso se partió a la mitad a la altura del abdomen y lo hizo caer de espaldas en medio de una lluvia de partículas.

-Oops! -Exclamó. Pero sus botas estaban bien adheridas al fuselaje del Queadlunn.

No arrojó el cadáver. A pesar de haberlo hecho cientos de veces, sentía respeto por las guerreras Meltrandi. Dejó pues los restos flotando a un lado y volvió a examinar la cabina. El proyectil era de energía cinética y no había explotado en el interior del mecha. Eso si, había atravesado longitudinalmente a la piloto, pero el panel trasero estaba intacto y probablemente el orificio de salida estaba en algún lugar por debajo de las las piernas. Eso era bueno.

Se aferró al borde de la cabina y soltó las ligaduras magnéticas de sus botas, esto le permitió introducir medio cuerpo en la cabina y alcanzar cierto punto del panel trasero.

Solo le llevó unos segundos; conocía a la perfección los Queadlunn y podía hacerlo con los ojos cerrados, la visión de un trozo de espina dorsal asomando entre los restos del traje no lo distrajeron ni un solo momento.

Tenia que rodear la palanca con sus dos manos, que si bien no era difícil, cuando había medio piloto en la cabina reducía bastante su capacidad de maniobra. Cuando pudo hacerlo, la giró en sentido horario y escuchó el chasquido característico.

Ahora solo faltaba la parte pesada del trabajo. Se impulsó hacia atrás lentamente pero esta vez se sujetó de la parte superior de la cabina, acto seguido puso sus pies en el borde inferior y comenzó a ejercer presión con sus piernas. La mitad inferior del Queadlunn se separó y flotó lentamente hacia abajo. Ralph esperó unos momentos a que la pieza se alejara varios metros antes de empezar a trabajar con lo que quedaba: Una unidad parecida a una mochila de donde salían los brazos y la "cara" del mecha.

Ralph no sabia mucho sobre la ingeniería Zentradi, pero le gustaba imaginar que este método de separación de los Queadlunn era una forma de rescatar a las pilotos. ¿Entonces porqué en los años que llevaba trabajando en esto nunca había encontrado un mecha Meltrandi vacío? Los mechas "masculinos" no tenían este mecanismo, por consiguiente había que cortar el fuselaje con un láser de plasma y en general, llevaba el triple de trabajo que en los Queadlunns... pero por otro lado, no se veían los restos del piloto. Los mechas Meltrandi eran mas fáciles, solo había que tener algo de estómago para lidiar con las desafortunadas chicas que los pilotaban. Algo en lo que Ralph era un experto.

-Si hasta podría aprobar un examen para la escuela forense. -Solía decir

Solo una vez sus nervios cedieron: cuando durante un trabajo de rutina vio señales de que la piloto había sobrevivido un tiempo antes de morir ¿Cuanto tiempo? En la pantalla quebrada que tenia frente había visto 3 rayas y el cadáver tenia un trozo de metal puntiagudo todavía en su mano ¿Había agonizado 3 días? ¿O 3 semanas? los Zentradis son duros, pueden sobrevivir en ambientes donde los humanos no vivirían segundos. El estómago se le revolvió al recordarlo.

Aferrándose a los cañones del mecha, se arrastró hacia la parte posterior. Este era un Queadlunn Nona, por lo que tenia un solo reactor. Eran los más comunes en el campo, había miles de ellos, aunque casi nunca intactos. Ralph trabajó rápido, la gran joroba que albergaba los misiles estaba cerrada; la desafortunada chica murió antes de poder lanzar un solo misil, pero los misiles no importan, hay millones de ellos, "vivos" y "muertos" flotando a lo largo del antiguo campo de batalla. Esto podía considerarse un peligro para la navegación, los misiles podían activarse con un impacto o por alguna perturbación electromagnética, es por eso que quienes trabajaban en la zona tenían sus equipos protegidos con emisores de señales IFF (1) recuperados de los mechas de la zona, tanto Zentradi como Meltrandi. Ralph sabia que dependía de ellos en caso de una emergencia, pero salvo los juegos de Will, nunca supo de armamento activo en la zona que pusiera en riesgo su vida.

Lo que importaba era el reactor, así que se deslizó hacia la parte inferior de la joroba donde dos toberas se desprendían de la mochila que contenía el reactor.

Los mechas Zentradis no tenían tornillos o tuercas, no estaban hechos para mantenimiento. Se usaban y cuando se dañaban se los destruía. Las piezas estaban soldadas o encastradas unas con otras con membranas flexibles. El reactor del Nona estaba entre las toberas y el contenedor de misiles, había que remover una cubierta de blindaje para dejarlo al descubierto, pero como esta cubierta descansaba sobre un material aislante de calor, era cuestión de quitar ese material para liberar todo el bloque protector. Ralph extrajo de un compartimiento en su cintura dos gruesos cables con grandes diodos en sus extremos, puso un diodo sobre cada extremo de la junta aislante y accionó el dispositivo de carga. Al cabo de unos minutos, el material se resquebrajaba y pequeñas nubes de polvo se dispersaban por ambos lados de la coraza. Un golpe con el puño y la junta aislante se desintegraba, dejando la pesada pieza blindada flotando a la deriva.

Ralph apartó la pieza y se puso a trabajar en el reactor.

Diez minutos mas tarde, extraía un objeto negruzco. Era el combustible del reactor transformado en carbón o algo parecido a eso tras el paso de cientos de años en el espacio. ¿Como sabia Ralph eso? Le pareció recordar que el profesor había hablado sobre que si el material estaba cristalizado, era que mas de mil años habían pasado desde que se agotara, algo que ver con la alta presión de la cámara del reactor y al decaimiento de la materia... o algo así, el caso es que en este sector del campo, todos los reactores tenían lo que él llamaba "carbón" dentro, nunca había visto un reactor cristalizado.

De haber encontrado uno de esos cristales, se lo hubiera quedado, porque el "carbón" tiene menos valor que esa mitad de Meltrandi flotando junto al brazo izquierdo del Queadluun.

No obstante Ralph no perdía las esperanzas de encontrar un cristal, por eso se tomaba la molestia de desmontar el reactor en el lugar y no en la base, donde era más fácil.

Volvió a mirar el pedazo de combustible carbonizado que tenia en la mano. Tenia el tamaño de una "manzana" y recordó que lo que para él era una manzana, para un humano corriente era una piedra del tamaño de un vehiculo pequeño. Durante mucho tiempo luego que el proceso inverso a la micronización lo transformara en un gigante, había tenido dificultades con el manejo de las escalas. Recordó que una vez, mientras reparaba unas cañerías en la parte externa de la factoría, el ingeniero le había pedido que moviera uno de las tuberías un centímetro hacia afuera. El obedeció, pero se olvidó que lo que para el era un centímetro, para la escala humana era medio metro, por lo que rompió la tubería y durante varios días una nube de excrementos y agua de drenaje acompañó a la flota atrapada en su leve campo gravitatorio.

Ralph soltó una carcajada, arrojó la inútil roca y volvió a su tarea.

Subió a horcajadas del Queadlunn y usando dos ventosas magnéticas se fijó al fuselaje. Solo tenia que dar pequeños impulsos con los propulsores de su espalda y su carga empezaría a moverse. Lo hizo y lentamente el mecha volvía a moverse luego de cientos de años de inmovilidad. Ralph hizo un leve gesto con la mano al pasar junto al cadáver de la chica y volvió su atención al frente, calculando la distancia hasta su transporte, solo unas pocas decenas de metros mas allá.

Era fácil, en la parte trasera había dos grandes brazos con algo parecido a guantes de goma. Solo debía estrellar su carga contra esos brazos y automáticamente se cerrarían, atrapando al mecha y su improvisado piloto en forma segura. Solo una vez había fallado y tuvo que abandonar su torso para no quedar a la deriva en el espacio. Riesgos del trabajo supuso.

La colisión fue perfecta, justo a instantes del choque, soltó el agarre magnético y flotó libremente sobre el aparato de captura mientras este apresaba el mecha Meltrandi. Volvió a activar sus ventosas y ahora estaba estacionario sobre la parte superior de su propia nave.

-Presa y Cazador asegurados. -Dijo por su micrófono

-Copiado. -La voz llegó con claridad por la radio. -Cuota cumplida, vamos por Will y regresemos a casa. Una vibración, seguida de una nube de partículas brillantes en la parte trasera de la nave y los motores impulsaron la nave hacia delante.

-¿Hay novedades de la base?

-Nada, sin novedad Ralph. -Al cabo de unos momentos la voz volvió a hablar -¿Esa carcajada fue por lo del desagüe de la cloaca de aquella vez...

Ralph estalló en carcajadas, por la radio también le llegaron las carcajadas del piloto del transporte.

-Nos llevó una semana entera aspirar toda esa porquería... entonces vimos tu mierda Ralph. Casi del tamaño de un misil de reacción, no podíamos parar de reír de semejante asteroide que salió de tu culo... jajajaja -Las risas no lo dejaban terminar. -Cuando la remolcamos y la dejamos junto al puente de mando y la Capitán la vio al llegar a la mañana... jajaja

-Valió la pena esas dos semanas de calabozo ¿No Hal? -Dijo Ralph entre carcajadas.

-Lo volvería a hacer una y otra vez. -Dijo a su vez Hal riendo sin parar.

Ralph no podía mirar hacia atrás por la rigidez de su traje, pero sabia que estaban dejando el campo de batalla, delante de ellos el espacio dejaba atrás los restos de chatarra y cadáveres momificados y las estrellas llenaban el vació hasta donde la vista llegase.

-Hablando de eso. -Hal volvió a hablar por la radio. -Recuerdame que te envié ese video que bajé de la red el otro día, se llama Dos Meltrandis y Una Copa, dicen que un camarográfo casi resultó asfixiado cuando un... -Una comunicación cargada de estática interrumpió la animada charla de Hal.

-Lamento interrumpir su charla sobre digestión Meltrandi caballeros, pero les solicito que regresen de inmediato a la base. Tenemos visitas. -La comunicación se cortó.

Ralph se quedó callado unos momentos. -¿Visitas? -Dijo

-Los soldaditos venían uno de estos días. -Dijo Hal -¿Pero justo hoy?

La comunicación con estática volvió a escucharse, aunque entrecortada. -...ganle a Will.......nguna idiotez...

-Repita por favor. -Hal trataba en vano de mejorar la recepción de la señal.

-Déjalo, seguro que nos decía que no nos olvidáramos de Will

A unos doscientos metros vieron las luces del "campamento". Una plataforma de tubos con forma de cruz de mas de cien metros de envergadura. Sobre ella estaban montados varios torsos de Queadlunn en proceso de desguace.

Los propulsores delanteros del transporte se encendieron y frenaron la nave hasta dejarla unos pocos metros por debajo de la estructura.

-Voy a levantar el gancho. -Dijo Ralph

Soltó las ventosas y con un ligero impulso se adelantó hacia la proa de la nave, un panel se levantó y dejó al descubierto una manija. Ralph enganchó una cuerda de seguridad que se desenroscaba de su cintura. Acto seguido se impulsó hacia arriba mientras parte trasera del techo del transporte se abría y un brazo mecánico se desplegaba hacia el.

Cuando el cabezal al final del brazo mecánico hizo contacto con la zona de anclaje, una poderosa carga magnética lo atrajo y bloqueó en su lugar. El transporte se elevó a medida que el brazo se doblaba sobre si mismo hasta quedar alineado debajo de la plataforma de carga.

Ralph emergió de entre los Queadlunns y flotó hacia un asiento hecho de caños y placas de metal. No vio todos los cables que serpenteaban entre los mechas desarmados, en cambio si vio un par de pequeñas luces entre dos torsos al frente de la plataforma y supo que Will estaba allí.

-¡Will! -Gritó por la radio. -¡termina con eso, nos vamos!

-Medio minuto! -La voz de Will se escuchó por la radio -Ya termino

-¡Hal! ¿Listo?

-Curso fijo, espero tu señal para salir Ralph.

-¡Espera Hal! -La voz de Will volvió a sonar por el altavoz. -Ya lo tengo listo!

-¿Que mierd...?

-Will no me digas que... -Ralph no pudo terminar la frase. En ese momento media docena de explosiones se sucedieron y los contenedores de misiles de los Queadlunn Nona se abrieron al unisono, disparando todos sus misiles en una sucesión de ráfagas de humo verde brillante que se elevaron a cientos de metros sobre ellos.

-¡Will! -Gritó Hal desde el transporte. -¡Tienes que dejar de jugar con esas cosas!

Will apareció entre el humo, enfundado en un traje espacial y con una linea que lo ataba a la estructura tubular, riendo a carcajadas mientras miraba divertido lo que el llamaba "Sus fuegos artificiales". Le gustaba hacer eso, lo había hecho muchas veces a pesar de las reprimendas que obtenia como premio, lo fascinaba verlos elevarse y abrirse en todas direcciones buscando blancos.

Pero esta vez no sucedió eso, los cientos de misiles subieron verticalmente y al unisono, cambiaron de dirección y se alejaron rápidamente como un cardumen de sardinas huyendo de un depredador.

-Hey -Dijo Will desconcertado -No se supone que debían fijar un blanco en esta zona ..

-Las visitas. -Ralph se puso pálido.





(1) IFF Identificador Amigo/Enemigo


3 por Gerli

-Cinthya Ross, a su servicio.

A decir verdad, tenia una especie de discurso preparado para tratar de caerle bien a los habitantes de la flota, pero el terrible golpe que sufrió horas antes habían creado un vacío en su cerebro.

-Teniente Primero Jim Glenn, Escuadrón Ámbar de Enlace Situacional de la Base Orbital New Dallas en Edén. La joven estaba boquiabierta. Ni todo lo dicho por el teniente Jim podían haberla preparado para lo que estaba viendo: Se encontraban en un hangar de dimensiones gigantescas. Ella no podía ver el techo que se perdía entre sombras y vigas metálicas allá arriba ¿150? ¿200 metros? No podía decirlo, la escala la apabullaba. Estaban parados a escasos metros de su nave mientras una pequeña comitiva había llegado en dos vehículos de mantenimiento. A sus espaldas, una gran exclusa o compuerta <<¿Cual seria la palabra adecuada? pensó>> se había cerrado con un estruendo tan fuerte que la despertó de su estado de inconsciencia, mientras la nave la atravesaba y tomaba tierra unos metros mas adelante. Pero había algo mas atemorizante que la gran puerta, que las sombras que los envolvían, que las luces de los vehículos que los iluminaban de frente y hacían indistinguibles las caras de los recién llegadas, algunos de los cuales se habían apeado de los vehículos y permanecían en silencio. Había una presencia gigante detrás de los vehículos, algo había venido caminando junto a ellos con pasos lentos pero que retumbaban fuertemente en las placas metálicas y se perdían en ecos resonantes en la inmensidad del hangar. Eso estaba a la sombra a unos 10 metros detrás de la comitiva y solo observaba. Una figura de contornos femeninos se apeó de uno de los asientos delanteros y se acercó a ellos lentamente. -Soy la Capitán Kyle, Amanda Kyle -Hizo una pausa y se detuvo al ver que los dos pilotos recién llegados trataban en vano de proteger su mirada de las luces de los vehiculos. inmediatamente se dió vuelta y pareció comunicarse por radio con alguien.

-Ralph, danos algo de luz. Dos poderosos reflectores se encendieron segundos mas tarde iluminando dos amplios círculos en el piso. Jim y Cinthya apartaron la vista de la poderosa fuente de luz y dirigieron sus miradas a quien les había hablado antes, ahora perfectamente iluminada. Era una mujer en sus 40's, cabello largo y azulado, atado en una gran trenza que descendía por su espalda. Vestía de oficial, aunque ninguna insignia ni indicativo de rango asomaba entre sus ropas. Solo la gorra que llevaba denotaba su rango. -Ahora esta mejor. Sean bienvenidos a bordo de la Rainbow. La presencia gigante se movió alrededor de ellos y se ubicó a la derecha, de modo que ahora podían ver perfectamente a la comitiva de recepción, media docena de hombres enfundados en ropas de trabajo anaranjadas, el más joven de tal vez 20 años, el más viejo de 50. A Cinthya le dolía la cabeza, no se había podido ver en un espejo, pero estaba seguro que tenia un gran moretón violeta en su frente. Le haría caso a Jim o a cualquier otro piloto que le pidiera ponerse un casco de ahora en adelante. Miró a su izquierda y distinguió las marcas que la metralla habían dejado en el fuselaje de su nave, un abolladura del tamaño de una pelota de basquet se veia claramente a centímetros del asiento del RIO (1) que momentos atras ella ocupara. Tal vez fuera por el efecto de contraste que la poderosa luz producía sobre el blindaje, pero parecía un gran agujero. Jim se adelantó unos pasos. Tenia su casco bajo el brazo y con su otra mano hizo un saludo militar a la mujer.

-Gracias Capitán. -El joven no esperó la orden para adoptar una postura de descanso. -Sufrimos un ataque con misiles durante el acercamiento a su flota. ¿Han repelido el ataque? Mi radar no mostraba contactos hostiles luego de la detonación de las salvas. -No ha habido ningún ataque teniente.

-¿Que...? -Ralph, traeme a Will -La mujer volvió a hablar y de pronto vieron como un gran puño enfundado en un guante gris emergía de la oscuridad y soltaba a un hombre joven en el centro de los círculos de luz. Cinthya dio un salto hacia atrás y se ocultó tras Jim. El muchacho no aparentaba mas de 18 años y estaba atado de pies y manos, no parecía aterrado, sino mas bien divertido. Se sentó como pudo y miró a los recién llegados con una sonrisa en los labios. Tenia cabello corto, de color castaño pero descuidado y sucio de tierra o polvo de oxido o las dos cosas juntas. Vestía la misma ropa de trabajo anaranjada que los demás pero se notaba que le quedaba grande. Tenia los ojos entrecerrados, como hubiese estado en la oscuridad por mucho tiempo.

-¡Hola! ¡Soy Wi.. ¡Ay! La capitán había puesto una de sus botas contra la espalda del joven y lo había empujado contra el suelo de metal -¡Aughh..¡ ¡Basta basta bruja! -Chillaba Cinthya se adelantó y se detuvo estupefacta al lado de Jim, no sabia como reaccionar porque lo que ella estaba viendo no era a una oficial torturando a un soldado, era lo mas parecido a una madre e hijo peleando. Finalmente cuando vio que la mujer había puesto su bota sobre la mejilla del joven, decidió intervenir.

-Disculpe... creo que lo está lastimando... -Dijo tímidamente. La mujer se detuvo y sacó su pie de sobre la cabeza del joven. Se acomodó la gorra que se le había corrido hacia un lado y volvió a adoptar la actitud serena de antes.

-Este es Will. -Dijo señalando al muchacho que se retorcía contra el piso. -Fue el quien causó el incidente.

-¿Ese mocoso nos disparo? -Jim estaba mas confundido que la propia Cinthya La Capitán suspiró y adoptó una pose mas relajada, mientras se cruzaba de brazos. -tenemos montada una operación de recupero y reciclaje de material de guerra Zentradi. -Dijo mientras miraba de reojo la nave de los recién llegados. -Trabajamos con mucho armamento vivo y solemos detonarlo en una zona segura cuando lo requieren las circunstancias. Este joven que aquí ven -Le dió una leve patada al hombro del caído. -Es uno de nuestros técnicos en misiles y balística. El es quien trabaja con los misiles recuperados y demás materiales peligrosos y los prepara para las detonaciones controladas. Cinthya se adelantó y se puso de cuclillas al lado del muchacho

-¿Estas bien? -Le preguntó preocupada.

-Lamentablemente sigue siendo un niño. -La mujer apartó la mirada de Will y se concentró en el militar que la miraba desconcertado. -Lo que hizo fué una irresponsabilidad, utilizó material de guerra como entretenimiento y casi causa una tragedia.

-¡No fue así! masculló Will aún con su cara contra el frío acero de la cubierta. -Esos misiles nunca hubieran llegado a su alcance máximo, no tenían la.. ¡Ay! Esta vez la patada fue a su trasero, arrancándole una aguda nota de dolor y las risas de los demás operarios junto a los vehículos. -Como decía: -Su mirada era ahora absolutamente fría. -Esta irresponsabilidad no puede ser pasada por alto, Teniente, este hombre queda a su disposición para que lo arreste por dispararle a una nave de la NUNS. El cuerpo de Will se sacudió con un espasmo y levantó la cabeza mirando al piloto. Ya no tenia cara de divertido. Jim no respondió. miraba al muchacho en el piso y no sabia realmente que hacer. Finalmente se decidió a romper el silencio.

-¿Que edad tienes muchacho?

-18. Dijo Will con la voz temblorosa. -Los cumplí hace dos meses.

-Es un adulto y completamente responsable de sus actos. -Dijo la mujer. -Todos los datos y grabaciones de seguridad de la operación del día están a su disposición Teniente. Cinthya se levantó y caminó unos pasos hacia la Capitán. Ella registró su movimiento y la observó detenidamente. -¿Si?

-Yo... -Dijo tímidamente. -Yo no quiero presentar cargos.

-¿Cargos? Ahora era el turno de la mujer de mostrarse confundida. Jim salió al rescate de la joven.

-Ella es civil, no tiene ninguna relación con la NUNS.. salvo la relación de empleado y empleador. La Capitán Amanda Kyle suspiró profundamente.

-Esta bien. -Dijo finalmente. Vamos a discutir esto en mi oficina. Supongo que estarán cansados luego del FOLD desde Edén. -Hizo una seña al personal que, prestamente, abordaron uno de los vehículos dejando el otro para el uso del Capitán y sus invitados. El pobre Will fué levantado como una bolsa y cargado en la parte trasera del vehículo de igual modo. Jim se aparto brevemente del grupo para buscar una parte de su equipo de la nave de reconocimiento. A los pocos minutos estaba de vuelta con sus pertenencias y las de Cinthya. Cargaron el equipaje en la parte trasera del vehículo de mantenimiento y abordaron en silencio. Las dos mujeres ocuparon los asientos delanteros mientras que Jim ocupó uno de la fila trasera. -Sepan disculpar esta clase de recibimiento en la oscuridad. Este es el único hangar que mantenemos en operación en la nave y por motivos de racionalización de energía mantenemos apagadas casi siempre las luces, a menos que recibamos una nave grande. -Dijo la oficial. Cinthya asintió pero Jim solo se limitó a cruzar los brazos por detrás de su cabeza mientras trataba de escudriñar las sombras que cubrían el techo del hangar. El vehículo se puso en movimiento y pronto se encontraron circulando por el gigantesco hangar, siguiendo unas lineas amarillas en el piso mientras dos poderosas luces los seguían de cerca, llenando el ambiente de los ecos de poderosas pisadas. Al cabo de unos momentos llegaron a zona del hangar llena de todo tipo de maquinas: vehículos de transporte, grúas, contenedores y varias piezas creaban un laberinto en el que los vehículos de desplazaban con total habitualidad. Cinthya notó que las dos luces ya no los seguían y las fuertes pisadas se habían perdido en algún lugar de la derecha. Varias luces aparecieron frente a ellos y llegaron a una plataforma de elevación. Las barreras se abrieron automáticamente al acercarse el primer vehículo y se cerraron una vez que los dos estuvieron en posición uno al lado el otro. Inmediatamente la plataforma empezó a subir en forma diagonal y penetro por una abertura en lo que Cinthya pensó era el fondo del hangar. Toda esta parte del viaje se había desarrollado en total silencio. Del vehículo lleno de operarios solo llegaban rumores de voces y, de vez en cuando, una leve carcajada. Will debía de estar aterrado, pensaba Cinthya, pero salvo un bulto gris en la parte trasera, no podía verlo desde su asiento. Con un fuerte estampido se detuvieron en una cubierta superior, varios cientos de metros por sobre el nivel del hangar calculó la joven. Al menos esta área estaba algo iluminada. Las barreras se abrieron y los dos vehículos continuaron su marcha en fila por un corredor iluminado pobremente por unas cuantas luces anaranjadas adheridas a postes metálicos cada cierta distancia. Al final del mismo, una gran compuerta les cerraba el paso. Se detuvieron frente a un pequeño puesto de guardia vacío y descendieron de los vehículos. A Will le quitaron las ataduras de las piernas y lo condujeron a la retaguardia de la fila.

-Ahora vamos a caminar un poco. -Dijo la Capitán. La comitiva atravesó una puerta a un lado de la entrada principal y penetró en una angosta pasarela. La misma se encontraba suspendida unos 20 metros por encima de lo que parecía una gran sala de máquinas aunque apagadas y rodeadas de un completo silencio. Este silencio fue lo que empezó a poner nerviosos a la pareja de recién llegados. Fue Cinthya quien trató de romper el silencio de la mejor forma posible.

-Soy personal subcontratado por la NUNS. Dijo mirando hacia la pesada maquinaria envuelta en sombras varios metros allá abajo. -Mi empresa ganó la licitación para proveer servicios de monitoreo de seguridad ambiental. Es la primera vez que trabajo en el espacio pero estoy mas que capacitada para llevar a cabo el plan de... -Se interrumpió al ver que la Capitán se detenía y les hacia una señal para que la imitaran. Se encaramó a la barandilla y señalo hacia abajo, donde una luz giratoria señalaba la presencia de una compuerta que se había puesto en funcionamiento.

-Allí, miren. Hicieron lo que les indicaba y vieron como la gran compuerta se abría y las luces del recinto se encendían. Ahora que disponían de una fuente de luz uniforme pudieron ver que el piso allá abajo era en realidad un entramado de vías que se hallaban suspendidas sobre lo que parecía un gran vacío oscuro. Sobre estas vías había grandes contenedores que descansaban en vagones y carretones de tamaño sorprendente. Por la entrada recién abierta una plataforma entró llevando lo que parecían grandes robots en proceso de ensamblaje. Se detuvo pesadamente mientras dos rieles que surgieron de entre las sombras conectaban los rieles del recién llegado ramal con un sector de vias que se alejaba por la derecha.

-Queadlunns. -Dijo Jim. -¿Esto es lo que rescatan del campo, Capitán?

-Generalmente si. -Amanda estaba apoyada en la barandilla y miraba la operación con atenta atención. -Estos son los mas comunes, pero también trabajamos con Nousjadeul-Ger o Regult, pero el sector que estamos trabajando este año es principalmente Meltrandi. Jim palmeó en la espalda a Cinthya y señaló las grandes armaduras.

-Todos están con sus contenedores de misiles vacíos ¿Estos son los que nos dispararon? -Se dio vuelta buscando a Will, pero no estaba allí. -¿Donde esta ese pendejo..?

-Fue llevado a la celda, Teniente. Jim se rascó el pelo y se apoyó de espaldas a la barandilla. -Supongo que debo reportar este hecho a mis superiores. Sea una travesura o no, puso en riesgo la vida de una civil que transportaba en ese momento. -Miró a Cinthya como preguntándole que mas debía hacer, pero ella estaba fascinada con lo que esta sucediendo allá abajo y no les prestaba atención. -Lo comprendo y debe estar seguro que dispondrá de toda mi colaboración y la de mis hombres en este desagradable asunto. La pesada plataforma terminó de pasar por debajo de ellos y se perdió en el fondo del recinto. -Continuemos entonces. Ambos jóvenes siguieron a la Capitán Kyle mientras el resto del personal se alejaba por donde habían venido. Caminaron hasta el final de la pasarela y entraron por una puerta de metal. Salieron a un espacio poblado de ruidos, olores y colores familiares de la vida cotidiana de las comunidades humanas.

-Bienvenidos a nuestra Pequeña Colonia. La puerta se cerró tras ellos con un fuerte golpe. (1) RIO Operador de Radar

4 por Gerli

El fuerte golpe hizo temblar las ventanas del aula.

Todas las miradas se desplazaron desde la puerta donde el cristal todavía vibraba hacia el joven que estaba sentado al fondo del salón.

-Esta vez te pasaste. Dijo Akemi.

La joven que había hablado tenia unos 16 años, vestía un traje de mantenimiento de color caqui de una sola pieza con la cremallera delantera baja hasta la mitad del pecho, lo que dejaba ver una remera anaranjada debajo. Su cabello negro le llegaba a los hombros y tenia una vincha de color rojo.

Matt no le respondió. Continuó golpeando sus dedos contra la mesa del pupitre como si practicase sobre un teclado invisible. Era un joven de tez muy blanca, casi pálida. Su cabello, en cambio, era de un rojo furioso, como si quisiera resaltar aún más la palidez del muchacho. El resto del aula recupero su nivel normal de murmullos y risas. Había unos cinco grupos diferentes de alumnos agrupados según edades, de modo tal que el salón estaba dividido en pequeñas "islas" de pupitres agrupados. Tal cual como ocurría con las pequeñas comunidades agrícolas en La Tierra, las clases en la Colonia se daban en un solo salón, con un solo maestro que impartía clases a alumnos de diferentes edades.

Akemi suspiró profundamente y levantándose de su pupitre se dirigió a la ventana. Pudo ver brevemente como Mina cruzaba el patio y entraba al baño de chicas.

-Está furiosa Matt. -Dijo. -No debiste tratarla así.

-Ella no me entiende. -Murmuró Matt.

-Mina está preocupada, como todos. -Akemi se cruzó de brazos mientras seguía apoyada en la ventana. -Lo que querés hacer es una locura.

Matt ya no la escuchaba, se había puesto un par de auriculares y digitaba en el escritorio siguiendo el ritmo de la música. Akemi se percató, tomó el envase de jugo que había estado tomando momentos antes y se lo arrojó a la cabeza.

-Idiota. -Le dijo. Seguidamente se dio vuelta y salió del salón mientras un timbre indicaba el fin de la jornada escolar.

Matt no tuvo que preocuparse del improvisado proyectil (Que de todos modos pasó inofensivamente por sobre su cabeza) Estaba concentrado en la música que escuchaba y sus manos trazaban arcos sobre el pupitre, golpeando la superficie de metal con cada nota que Mylene cantaba. "My Friends" era su tema favorito y lo ponía de buen humor cada vez que lo escuchaba. Cierto que no tenia un teclado electrónico para acompañar la canción, pero su versión acústica con piano lo enorgullecía.

¿Cuantas veces había tratado de formar una banda? Su grupo de cuatro amigos habían resultado absolutamente negados a la música. Solamente Akemi tenia algo de talento con la batería, pero desfasaba mucho los golpes y se negaba a practicar, por lo que era un caso perdido. Los demás niños de la clase tampoco habían resultado ser prometedores. Estaba solo en una inmensa fábrica que tragaba pertrechos de guerra y escupía chatarra. La música solo llegaba por la Galaxy Network, nadie creaba, nadie componía. Solo se consumía. ¿Y que? No podía creer que tanta gente le diera la espalda a la música que solo 50 años atrás los había salvado como especie.

No obstante la música era parte de su vida. Como un naufrago en una isla de metal, se las ingenió para que su habilidad innata por el piano se desarrollara sin maestros. Solo con videos y canciones bajados de la red y gracias al viejo piano de la escuela había llegado a dominar el instrumento y sus secretos. Pero todavía existía una barrera artificial a su creatividad. Matt nunca había hablado de ello con nadie, pero no dudaba. Su creatividad estaba anclada a la Rainbow. La gigantesca nave era un lastre en su música. Sus composiciones eran melancólicas y cargadas de una profundidad armónica que el atribuía a los pesados muros de metal que lo rodeaban. En cambio la música de Fire Bomber fluía como un torrente de energía liquida, sin ninguna clase de obstrucción al sentimiento que despertaba en su público.

Sin dejar de escuchar la música se levantó de su asiento y recogió sus cosas. Unos minutos después abandonaba el aula y se dirigió al salón de actos.

El edificio que hacia de escuela estaba situado un nivel por sobre el sector residencial que la colonia ocupaba en la Rainbow. La ubicación no era al azar. Era la única zona de la nave que disponía de una pantalla de proyección atmosférica que simulaba un cielo y daba algo de luz natural al ambiente. Todo el resto de la nave vivía bañado en la luz amarillenta artificial de las lamparas eléctricas. La escuela no era la única que aprovechaba esto. El Parque Colonial compartía parte de la cubierta elevada donde unos pocos árboles asomaban entre columnas y grúas oxidadas. Esos árboles y algo de césped eran lo único "verde" que la gente tenia a su disposición para relax y esparcimiento.

El salón de Actos era un edificio que descansaba sobre una de las paredes que encerraban al distrito residencial. Justo por encima del techo se abrían los dos grandes ventanales verticales que, de día, proyectaban su versión de un cielo en La Tierra. Solo cuando el reloj marcara las 19 la pantalla se apagaría y entonces se podían ver el campo de infinitas estrellas y nebulosas del espacio profundo.

Se detuvo a contemplar el cielo. Eran algo mas de las cinco de la tarde y la luz proyectada estaba cambiando ligeramente al tono rosado. Quería practicar al menos una hora antes de regresar a su casa. Era su ultimo año en la escuela y pronto no tendría mas acceso al piano, aunque sabía que si hablaba con Kyle o Evans podría conseguir el permiso adecuado, total, nadie usaba ese piano más que el.

Matt abrió la pesada puerta doble del Salón y entró al mismo. Mina estaba allí y en sus auriculares, Sweet Fantasy comenzó a sonar.

 

5 por Gerli
Año 1979 (Calendario Terrestre)



-Más rapido!

Era inútil gritarle a su armadura, pero la continua descarga de adrenalina intoxicaba su sentido común. Su cabello estaba chorreante de sudor y ni siquiera los sistemas de soporte vital de su traje podían evacuar la humedad tan rápido como para evitar que cada vez que moviese la cabeza de un lado a otro, pequeñas gotas volaran por el pequeño espacio entre su rostro y el cristal del casco. La cabina era un caos, de entre la cacofonía de alarmas y advertencias que la computadora de abordo trataba desenfrenadamente de hacerle oír a la piloto se entremezclaban los crujidos y rechineos por doquier.

Su presa estaba a menos de cien metros de distancia, pero esa brecha no disminuia nunca. Se acercaba al límite físico de lo que podía pedirle a su armadura (El límite de operación estándar hace rato que había sido sobrepasado) Pronto empezarian a fallar los sistemas y quedaría perdida en medio de no sabía que maldito campo de desechos.

-Más rapido maldita mierda!

Tenía que apresurarse; el tiempo se agotaba. Una rápida mirada a los indicadores de armamento y se decidió en menos de un cuarto de milésima de segundo. Una vibración recorrió toda la armadura y de pronto la última reserva de misiles salía disparada hacia el frente.

Cien metros por delante, el perseguido realizó una zambullida y entró en picado entre la capa de desechos más grandes.

Era lo que ella esperaba, viró por derecha y comenzó a trazar un semicírculo por la zona donde esperaba emboscar a su presa. Por un instante parecía que los misiles viajaban más lentamente de lo normal, pero al darse cuenta la tremenda velocidad que llevaba, una leve sonrisa se pintó en su rostro. El cañon principal rotó por encima del hombro de su armadura y se colocó en posición de disparo.

Las primeras detonaciones comenzaron a florecer entre los despojos. Su posición era ligeramente por encima de la trayectoria original, por lo que podía ver como las explosiones allá abajo seguían un patrón en espiral a medida que su objetivo evadía cada proyectil. La espiral subía hacia un punto y es allí donde apuntó su arma. El disparo rasgó el campo de estrellas e impactó contra la nube de desechos en el mismo momento que una poderosa onda de partículas y trozos de metal eran eruptadas en todas direcciones.

-Le di... mierda le di!!

No se equivocaba, de entre el caos de residuos, surge un bólido envuelto en humo blanco, tenazmente intentando escapar realizando un rizo que se evidenciaba claramente por la humareda que se formaba detras.

La persecución se reanuda, pero ya el destino ha echado sus cartas. La huida se vuelve un juego de gato y ratón donde ya no se trata de acortar distancias, ahora se trata de ver hasta cuando la víctima puede evitar los disparos del cazador. Las estelas que antes eran rectas perfectas se transforman en caprichosos nudos y espirales que rodean los trozos más grandes de antiguos cruceros de batalla.

La distancia se acorta y los giros se hacen más cerrados, perseguidor y perseguido se trenzan en una danza mortal. Las máquinas de combate estan al limite, la potencia de sus propulsores genera tales ondas de choque que las basura alrededor comienza a explotar en fragmentos a medida que el combate arrecia y se introducen cada vez más en lo profundo del antiguo campo de batalla. Las señales de alerta iluminan el rostro de la joven piloto Meltran pero ella no las oye por encima del ensordecedor rugido de su reactor.

Quince metros, apenas tiene tiempo para corregir sus giros para contrarrestar los de su oponente. Incluso a esa distancia sus disparos pueden fallar debido a lo frenético de sus vueltas, debe acercarse más, si pierde la oportunidad....

Lo que sucede a continuación fué tan rápido que no llega a comprenderlo hasta que ya es tarde para hacer algo. Una pared de residuos aparece frente a ellos y ninguno de los dos hace nada por evitarla. La tremenda colisión crea una onda de choque que se expande por toda la capa residual como las ondas en un estanque donde un niño ha arrojado una piedra.



Ambos contendientes quedan uno frente al otro y rodeados por todas partes de basura y restos metálicos, todavía con sus toberas al rojo vivo por la aceleración, pero ninguno de esos reactores volverá a encenderse jamás. En solo un segundo todo se resolverá.

Pasan varios minutos de silencio.

La jóven piloto comienza a reírse. No es la risa que a veces estalla espontáneamente durante el combate, esa demostración de placer que las Meltrandis experimentan en el fragor de la batalla. No se trata de eso y queda sorprendida. Comprende muy bien su situación; está muerta, lisa y llanamente muerta. No tiene forma de volver a su flota, no hay chances de que la rescaten. Nada. Frente a ella se yergue su objetivo pero no presiona el gatillo. ¿Que es esta sensación que recorre su cuerpo? Solo conoce dos estados donde su cuerpo reacciona de forma anómala; La excitación y el Agotamiento (Y este último suele ser el resultado del primero)

Deja caer sus brazos y su armadura imita el gesto. Frente a ella, el Rau hace lo mismo con un solo brazo dejando al descubierto el impacto de metralla a la altura de la cabina por donde gotas de sangre comienzan a flotar. El otro queda plegado sobre el pecho rodeando el pod robado de la nave madre.

-Se acabó. -una voz Meltrandi suena débil por la radio de la joven piloto.

-Se acabó. -Repite ella y su cañón principal se coloca en posición de disparo.

Entonces lo ve.

Hay un embrión Meltrandi en el Pod, un embrión que todavía no fué sometido al proceso de crecimiento acelerado para transformarla en guerrera adulta.

Su cabeza comienza a trabajar, tiene toda la concentración puesta en la armadura frente a ella, pero otra parte de su cerebro comienza a recordarle lo que sabe de la protogenesis de su raza. Cuando los embriones maduran nueve meses a partir de su fabricación y pasan a la etapa “Infante”, dejan la planta de incubación y pasan a las instalaciones de crecimiento. Ese embrion no fué robado de ninguna instalación de crecimiento, la seguridad es demasiado alta como para que cualquier maquina de combate se acerque a ellas. No, solo hay una instalación donde la extrema seguridad no es requerida... Si ese embrión dejó la seguridad de las líneas de protogenesis es porque fue deliberadamente expulsado del sistema y eso solo tiene una explicación... y no tenía sentido ¿Quien robaría un embrión defectuoso?

Genoconcepción, maduración, todo el proceso es eficiente y automático.... pero si algún defecto genético se detecta en esta etapa, los embriones son destruidos, esterilizados. Lejos de los embriones saludables..

Salvo este infante, que fué robado de la instalación de esterilización y desencadenó la persecución que ahora está por culminar.

Pero aun así, estaba paralizada. Esa extraña sensación la dominaba por completo. Ni el instinto ni la lógica podían ayudarla.

Sólo al cabo de muchos años, la joven piloto descubrió lo que significaba esa sensación que paralizó sus miembros mientras varios Queadluun-Rau los rodeaban y procedian a rescatar el Pod y el cadáver de la veterana oficial, quien había sido la mentor y mejor camarada de la prominente As Milia Fallyna, momentáneamente desvanecida dentro de su inútil armadura.
6 por Gerli

La "Oficina" de Amanda Kyle era una desordenada mezcla entre Cuartel, Alcaldia y los despachos de una empresa. Cinthya miraba todo aquel desorden con grandes ojos y expresión de sorpresa.

-Soy la Capitan, la Alcaldesa y la Jefa de esta operación de Salvataje, sepan disculpar el desorden pero yo trabajo y desordeno por tres. -Dijo mientras caminaba entre cajas y pilas de papeles que crecían como pequeñas torres por toda la habitación. Su escritorio era un simple mueble de madera prefabricada que apenas sobresalia de entre el desorden. Solo un monitor y un portarretratos ocupaban su parte superior. Amanda ocupó la silla detrás de su escritorio y con un gesto de la mano, les señaló un sillón que se apoyaba en una pila de cajas a un lado de la habitación.

Con cuidado de no voltear ninguna pila de objetos, la pareja de jóvenes tomó asiento.

-Bien. -La Mujer detrás del escritorio tomó la iniciativa de la charla. -Empezamos con el pie izquierdo este asunto, pero voy a ser sincera con ustedes. Quiero terminar esto rápido y de la forma más simple posible. Tengo una operación en marcha casi veinticuatro horas al dia y no puedo darme el lujo de pelear contra los burócratas de la NUNS si esta inspección resulta un desastre.

-Por mi parte, salvo lo que deba reportar al final, no es asunto mío los procedimientos de la inspección. Si lo desean puedo dejarlas solas con esto. -Dijo Jim mientras corría con su pié unas latas de lubricante para estar más cómodo.

Cinthya miró a Jim y por un momento la idea de estar sola en esa oficina hizo correrle un escalofrío por la espalda.

Amanda asintió, pero no le pidió a Jim que se fuera. Cinthya suspiró aliviada, pero al notar que ahora ella y Jim la miraban, supo que era su turno de continuar con el trabajo.

-Tengo un cronograma preparado para que tenga a su disposición las zonas y horarios en los que necesito acceso a la nave. ¿Esta es la única nave que compone la Colonia?

-Si. -Amanda movió sus manos sobre el escritorio y un teclado se ilumino desde el mismo. La pantalla de la computadora también se ilumino, aunque ni ella ni Jim podian ver lo que mostraba. -De las tres naves que originalmente formaban esta expedición solo queda esta activa. Tenemos una nave de desmantelada en el hangar cuatro y perdimos un transporte en un incidente hace 2 años. El resto de las naves son dos transportes sin capacidad de soporte vital autonomo.

A Jim no se le escapó el detalle que Amanda habló de "incidente" y no de "accidente", pero lo que pensó, se lo guardó para el mismo. Cinthya extrajo su Pad y lo encendió con un movimiento del pulgar.

-Si es solo esta nave, entonces podría terminar la inspección en 4 o 5 dias.-Dijo Cinthya

-2 serán más que suficientes, si es eficiente en su trabajo. -Dijo Amanda como restándolee importancia. -Más de la mitad de la nave son hangares y módulos vacíos, sin sectores habitables.

Cinthya iba a protestar cuando se oyeron unos golpes en la puerta y Amanda hizo un ademán para interrumpirla. -Adelante dijo.

Un hombre de unos 50 años entró en la oficina. Vestía un uniforme de trabajo gris con guantes de látex en las manos. De estatura algo mas baja que la Capitana, su cabello mostraba signos incipientes de calvicie y llevaba unos lentes pequeños. Mientras se acercaba al escritorio palmeaba las pilas de papeles como contandolas en voz baja.

-Todo listo en la cubierta ocho. -Dijo mientras levantaba un paquete y descubria un taburete oculto. -Espero que el desorden no sea uno de los puntos críticos de la evaluación de aptitud Ambiental, Amanda.

Sin embargo no se sentó, se dió la vuelta y saludó a los recién llegados con una pequeña inclinación de cabeza. -Hola, soy el Doctor Evans. -Mientras decía esto se quitó el guante de la mano derecha y la extendió a los jóvenes mientras sonreía. -un placer conocerlos.

Cinthya y Jim se levantaron al unísono y estrecharon la mano del facultativo.

-Soy Cinthya Ross.

-Teniente Primero Jim Glenn, Escuadrón Ámbar de reconocimiento de la Base Orbital New Dallas en Edén. A su servicio.

-Ah Edén... hermoso planeta. -Dijo Evans volviendo a colocarse el guante en su mano derecha. -Hace ya tanto tiempo que lo visité... debe estar muy cambiado ahora.

Todos tomaron asiento y el silencio volvió a reinar en la habitación. Cinthya suspiró y se resignó a seguir con su pequeña indagatoria previa al trabajo “de campo”.

-Doctor Evans. -Cinthya se enderezó en el sillón tratando de adoptar una postura más seria. -Necesito acceso a una parte de la base de datos de sus instalaciones médicas para elaborar un censo de las condiciones de salubridad vinculadas al medio ambiente de la colonia.

Evans había colocado sus manos cruzadas bajo la barbilla y miraba a la joven con atención. -¿Que tipo de información exactamente?. -pregunto.

-Básicamente enfermedades relacionadas con la calidad de aire y agua. Casos de enfermedades con compromiso respiratorio y análisis de sangre con concentración de diferentes elementos. Tambien necesito analisis de exposición a radiación si los hubiese.

-Ya veo. -El facultativo se cruzó de brazos mientras adoptaba una posición más relajada. -Esto es una novedad para nosotros. La última vez que recibimos la inspección de la unidad de soporte y vigilancia ambiental solo se limitaron a poner aparatos de medición en cuatro o cinco lugares de la nave y a fumar en el parque.

Cinthya levantó la vista del pad y declaró orgullosa: -Nuestra compañía se toma muy enserio la seguridad de los colonos. Todos los aspectos de la seguridad ambiental son tenidos en cuenta.

Jim suspiró y se reclinó un poco en el sillón, al parecer se estaba aburriendo un poco.

El Doctor Evans extrajo un pequeño pad de uno de sus bolsillos y habilitó su aparato para la transmisión de datos en sincronización. -Listo, puede sincronizarse. -Dijo mientras levantaba el aparato en dirección a Cinthya.

La joven levantó su pad y al instante recibió las autorizaciones requeridas para acceder a la red local de la Colonia.

-Gracias. -Dijo. -No se preocupe, no accederé a las historias médicas personales. Los datos se recopilan en forma anónima, los datos son estadísticos y no se recopila ninguna clase de nombre o registro de identidad.

-Bien. -Evans hizo un ademán de ponerse de pie.-¿Me necesitan para algo mas o puedo volver a mi trabajo?

-Gracias, con esto ya es suficiente. -Cinthya contestó sin desviar su mirada del pad.

-Excelente, cualquier consulta, use el servicio de mensajeria de la Red Rainbow -Evans se puso de pie y se dirigió hacia el escritorio de Amanda.

-Vuelvo a mi consultorio. Tengo 2 turnos mas antes de que empiece la guardia de noche.

Amanda levantó la vista de la pantalla e hizo un ademán afirmativo con la cabeza a Evans. Este último se volvió hacia los jóvenes y con una pequeña inclinación se despidió. inmediatamente salió de la habitación esquivando los obstáculos de forma totalmente natural.

Al cerrarse la puerta, la Capitana apagó la pantalla y giró un poco la silla para observar mejor a sus invitados.

-Bien. -Dijo. -¿Necesitan algo mas de mi o puedo enviar a alguien a que les enseñen sus camarotes?

Cinthya iba a contestar pero se sorprendió al escuchar a Jim.

-Solo una pregunta... ¿Tienen un Zentradi sin Micronizar trabajando en la nave? -Jim parecía bastante serio y miraba a la Capitana directamente a los ojos.

La Capitana cruzó sus manos por debajo de la barbilla y sonrió -¿Acaso Ralph dejó una buena impresión en ustedes? -Enseguida su rostro se puso serio al notar un pequeño relámpago de ira en el rostro de Jim. -No, disculpen. -Dijo mientras se reclinaba un poco hacia atrás en su silla. -No fué mi intención hacer un comentario fuera de lugar después de lo que pasó. Ralph no es un Zentradi, es un humano originario de la Flota 37, se sometió al proceso de agigantaniento para poder trabajar en La Zona.

Cinthya levantó la mirada de su pad y miró incrédula a la Capitana -¿Para poder trabajar? -Preguntó con gran sorpresa. -¿No usan mechas para el trabajo en el espacio..?

-No pueden. -Jim se puso de pie y dio unos pasos mientras se masajeaba los hombros.

-Exacto. -Dijo Amanda.

-No entiendo. -Cinthya miró primero a Jim y luego a la Capitana.

Jim vió el desconcierto de Cinthya y suspiro lentamente. -Es una limitación de la Flotas Libres impuesta por la NUNS, la operación de armaduras o mechas humanoides está totalmente prohibida.

Amanda asintió. -Es una medida completamente irrisoria en una colonia tan pequeña como esta, pero no nos quejamos. Ralph cobra un sueldo mucho mayor que el que le corresponderia si fuera tamaño micrón.

-¿Entonces solo hay humanos en esta colonia? -Preguntó de pronto Jim

Por una fracción de segundo Cinthya pensó que la atmósfera se había enfriado repentinamente. No quiso girar la cabeza para ver a Amanda, le pareció que podría empeorar la situación si daba vuelta la cabeza.

-Así es. -Dijo Amanda. Ahora si me disculpan, debo ocuparme de unos asuntos. -Dicho esto, se puso de pie y se dirigió hacia la puerta. -Por aqui por favor.

Cinthya había quedado muy turbada y se limitó a levantarse como en sueños y caminar junto a Jim hacia la puerta. Al pasar junto a Amanda solo se limito a hacer un pequeño saludo y jim se detuvo frente a ella para hacer un saludo militar.

La puerta se cerró tras ellos y quedaron solos en la penumbra del pasillo.

-Creo que tendremos que buscar por nosotros mismos nuestros camarotes. -Dijo Jim.


7 por Gerli

La joven estaba sentada al borde de la pasarela de mantenimiento y balanceaba las piernas lentamente. Mientras una de sus manos sujetaba una de las barras metálicas que sostenían la barandilla, la otra acariciaba el lomo de un pequeño Kiklo que dormitaba en su regazo. El silencio reinaba en el enorme hangar salvo por el ronroneo del animalito y el ocasional crujido del metal de alguna esclusa que se cerraba en alguno de los compartimentos aledaños. La tenue luz de las lámparas del techo apenas llegaba a horadar las tinieblas del lugar, pero una serie de pequeños bombillos anaranjados que servían para señalizar la posición de la pasarela ofrecian algo de contraste a la escena, donde la estructura de acero parecía levitar sola en medio de las vastas tinieblas.

El Kiklo paró sus orejas y movió su peluda cabeza en dirección a dos puntos de luz anaranjados en algún lugar a la derecha e inmediatamente el sonido metálico de las pisadas se hizo perfectamente audible.

Una hendidura de luz se dibujó en ese mismo lugar y un instante más tarde una abertura de colosal tamaño se formó en la pared en la que antes reinaba la oscuridad.

Ralph entró a su “habitación” y mediante un golpe con su puño derecho encendió las luces de la estancia. Cientos de focos de diferentes formas y tamaños cubrian la pared del fondo por detras de la pasarela, la mayoría luces de cabina recuperadas del campo, unidas por una maraña de cables que daban al conjunto el aspecto de una red de pesca cuyas presas luminosas estaban suspendidas a la espera que el pescador las suba a la superficie.

Ralph dió unos pasos dentro de la habitación y al girar la cabeza se encontró mirando a Mina directamente a los ojos...

-Hola Mina ¿Que tal la escuela? -Dijo Ralph mientras seguía avanzando sin esperar la respuesta hasta quedar enfrente de un Dock de atraque, una especie de nicho gigantesco en la pared del hangar destinado a anclar alguna nave o pieza de equipo para realizar mantenimiento pero que actualmente contenia una versión Zentradi de un camarote de proporciones gigantescas.

Ralph se sentó al borde del colchón y comenzó a quitarse las botas.

Mina no contestó y mantuvo la cabeza gacha mirando al pequeño Kiklo.

-Mmmm.. okay, ya veo, no tenes que decirme mas... -Ralph dejó la bota izquierda en el piso y miró a la jóven. -¿Otra vez Matt? ¿Que hizo ahora?

No recibió respuesta, salvo un pequeño aullido del animalito, quien saltó del regazo de Mina y comenzó a correr por la pasarela en dirección a Ralph. Al llegar justo por encima de la cabeza del gigante, saltó del borde sin vacilar y desplegó un par de alas membranosas para descender planeando hasta aterrizar sobre el enorme hombro.

-Vaya... una pulga. -Dijo Ralph con una sonrisa mientras el Kiklo correteaba por su cuello.

Mientras tanto, Mina se habia puesto de pie y se apoyaba en la barandilla mirando la pared enfrente de ella. Ralph movió lentamente la mano izquierda y presiono un interruptor al costado de su cama, un enorme panel se deslizó hacia arriba y una ventana hexagonal dejó ver el vasto campo de estrellas del espacio profundo.

-Es mas interesante ver el espacio que una pared de metal mina. -Dijo Ralph y reanudó su tarea de sacarse la bota derecha tratando de moverse poco para no aplastar al Kiklo que había trepado hasta el auricular amplificador de su oreja.

La joven comenzó a caminar en la misma dirección de su mascota mientras deslizaba su mano por la barandilla. No tenia que acercarse a Ralph para hablarle, el gigante tenia un auricular que registraba la voz humana y amplificaba el sonido de forma que no habia que gritar para que sus oídos a más de 15 metros de altura escucharan lo que uno decía, pero para ciertas cosas era mejor estar cerca.

Al llegar al punto donde el Kiklo habia saltado se sentó en el borde y dejó que sus piernas colgaran de la pasarela de la misma forma en la que esperó a su amigo.

-¿Que tal el Campo hoy Ralph? -La pregunta de Mina sonó fria y sin entusiasmo, pero Ralph se alegró que al menos tenia ganas de conversar.

-Rutina. nada interesante que contar. ¿Y tu?

-Mismo de siempre.

Ralph sonrió y extendió la palma de su mano hasta la altura de su cuello. El animalito comprendió el gesto y saltó ágilmente sobre ella. Luego extendió su enorme brazo hasta la pasarela donde Mina se encontraba y el Kiklo retornó al regazo de su dueña.

-Voy a acostarme un poco Mina. -La joven asintió con la cabeza mientras el gigante se recostaba en su nicho. El colchón (En realidad un gran conjunto de lonas cosidas entre si que cubrían algún tipo de material acolchado) crujió bajo el enorme peso y Ralph suspiró aliviado de estar finalmente relajado.

-Por cierto, Will está en el calabozo. -Dijo mientras que accionaba un control en el techo del camarote y bajaba la intensidad de las luces de la estancia. -Se mandó una buena esta vez, creo que estará encerrado por más de una semana.

Mina levantó la vista. -¿Una semana entera? -Preguntó con asombro. -¿Que hizo?

-Disparó varias salvas de misiles cerca de una nave de reconocimiento de la NUNS y casi los convierte en desechos.

La joven dejó de balancear las piernas y se golpeó la frente con la palma de la mano -Que Idiota...

-En fin. -Ralph dejó escapar un suspiro. -Eso pospondrá por un tiempo sea lo que sea que Will y Matt están tramando.

Mina se sobresaltó y miró a su amigo con miedo. -¿Tu...lo sabias?

Ralph no contestó, se limitó a extraer un recipiente metálico de un bolsillo interno de su traje de mantenimiento y desenrroscó lentamente la tapa del mismo. -Seh... estan reconstruyendo un Queadlunn en uno de los docks cerrados del astillero 4. -Dió un sorbo rápido al recipiente y suspiró largamente mientras volvía a cerrar la tapa del mismo. -Esos pendejos estan jugando con fuego.

-Pero... no te entiendo Ralph ¿Como los dejas seguir con esa locura? -Mina estaba al borde de las lágrimas. Levantó los brazos y se aferró a los barrotes de la pasarela mientras mantenia la cabeza gacha mirando al Kiklo en su regazo -Se van a matar o los van a matar si salen de la Rainbow en ese robot..

El gigante levantó la vista y le dirigió a Mina una mirada de reproche. -Mina... lo que tu más temes es que Matt se vaya y te abandone, no que rompa las reglas de la Colonia...

Mina comenzó a sollozar y durante varios minutos ambos permanecieron sin decirse nada. De pronto una voz femenina sonó por un intercomunicador en algún lugar del techo.

-Son las 21 horas. A partir de este momento comienza el horario de ahorro energético. Buenas Noches. -La comunicación se cortó.

Las luces bajaron aún más su tenue resplandor y la penumbra invadió el camarote.

-No te preocupes Mina, nunca van a poder hacer despegar esa cosa. Los conozco. Vete a dormir.

Mina se puso de pie y comenzó a caminar lentamente por la pasarela con el animalito en brazos. Ralph los siguió con la mirada hasta que ambos desaparecieron por la compuerta al final de la estructura.

-Y una mierda que se van a ir de la Rainbow esos pendejos. -murmuró Ralph mientras se dormía.


8 por Gerli
-Buenos dias Amanda. -La muchacha de anteojos saludó a la recién llegada mientras se quitaba un par de auriculares y hacía girar su sillón 180 grados para poder verla mejor. -¿Dormiste bien?

-No Tass, pasé una noche horrible, apenas pude pegar un ojo. -La Capitana atravesó la puerta y esta se cerró tras ella con un chasquido. -¿Reporte?

-El Campo amaneció tranquilo, fué una noche estupenda aquí arriba. -Tass dejó los auriculares colgados de uno de los brazos del sillón y volvió a girarse para estar frente a la pantalla holográfica que se proyectaba frente a ella.

-Podes ir a acostarte Tass, yo me encargo hasta que llegue Rebecca

Por única respuesta recibió el sonido del teclado de la jóven oficial y el sonido de varios aparatos que se ponían en marcha a esa hora del dia. Lo primero que se puso en movimiento fueron las láminas que cubrían las ventanas del puente de mando, lentamente se elevaron y las estrellas ocuparon toda la superficie vidriada de la cabina. Luego la tenue luz anaranjada que iluminaba la misma fue reemplazada por una luz más clara y uniforme que iluminó todo el puente.

Amanda se sentó en un sillón que ocupaba un sitio más elevado en el centro del puente justo por sobre la rubia cabeza de Tass, de modo que tenía una visión clara de la pantalla que en aquel momento mostraba una serie de ventanas donde varias barras pasaban del amarillo al verde al comenzar las rutinas diarias de revisión y pruebas de sistemas.

-¿El insomnio fué por lo que hizo Will ayer? -Preguntó Tass de forma casual. -Tengo varias cosas que decir en su defensa si esos idiotas de la NUNS se ponen a buscar problemas con el chico...

El leve sonido del sillón de Amanda al reclinarse hacia atrás la hicieron darse vuelta. La Capitana se había recostado y se tocaba la sien con la mano en una postura que no dejaba lugar a dudas como se sentía en ese momento.

-Creo que podemos salir bien parados de esta Tass, el piloto es casi un soldado raso y la inspectora es una civil muy joven... no se. -Amanda se bajó la gorra de oficial hasta los ojos y se cruzó de brazos mientras miraba las luces del techo. -Podía haber sido mucho peor..

-Ni que lo digas, revisé los registros anoche y vi un par de cosas interesantes ¿Estas de humor para que te los cuente? -La joven no esperó respuesta y tecleó rápidamente. La pantalla mostró una serie de cuadros con datos numéricos, coordenadas y registros de radar. -Will usa el link directo de su terminal para acceder a la red EWR (1) de la Rainbow, cuando disparó los misiles el VF-17 estaba fuera del alcance por mas de 200 kilómetros, osea que ya tenemos un argumento de defensa. -Giró la cabeza para ver a Amanda pero esta seguía impasible mirando al techo. -Luego está la reacción del piloto. Detectó los misiles incluso antes de entrar en nuestra zona de cobertura, pero no cambió el rumbo. -La joven seleccionó un trozo de coordenadas y las arrastró sobre una ventana que mostraba un campo circular con la Rainbow en el centro. Inmediatamente el campo ocupó toda la pantalla y en forma de proyección tridimensional comenzó a reproducir los datos registrados del día anterior.

-Mire Capitana.

Amanda levantó un poco la visera y miró la esfera azul proyectada. Un enjambre de pequeños puntos verdes que dejaban una tenue estela recorrió toda la parte superior del campo de cobertura del radar en dirección a una esfera amarilla mas pequeña que había aparecido en la periferia. Cuando la esfera amarilla había recorrido unos cuantos centímetros dentro del campo azulado todo el conjunto comenzó a temblar y a sufrir un parpadeo intermitente. -Aqui el piloto comenzó a interferir por ECM (2) a los misiles.

-Softkill. -Dijo Amanda.

-Si. -Tass encerró el grupo de puntos verdes en un recuadro y acerco el zoom. Todos los misiles cambiaron de trayectoria y comenzaron a dispersarse en varias direcciones, no obstante la ahora ampliada maraña de puntos continuó en dirección al recién llegado, aunque en forma desordenada y girando sin control. Durante un breve momento pareció que la esfera pasaba entre los puntos inofensivamente pero de pronto los puntos verdes cambiaron a rojo y la esfera amarilla quedó cubierta por una nube anaranjada.

-Feo estar ahi adentro. -Dijo Amanda.

-La lluvia de metralla debe haber sido intensa... nada que el blindaje de un VF-17 no pueda resistir en todo caso. -Tass pausó la reproducción y la esfera amarilla quedó congelada en la pantalla. -Fue error del piloto. -Dijo al final.

-¿Error del piloto? ¿En qué te basas para afirmar eso Tass? -Amanda volvió a enderezar la silla y se acomodó su traje de oficial.

Tass se cruzó de brazos y cerró los ojos, parecía estar repitiendo una lección en la escuela. -Primero, no tenia configurada ningún tipo de señal IFF para esta zona. Es procedimiento de rutina de todas las naves de la NUNS que circulan por estos campos de batalla con armamento Zentradi vivo.

-Concedido. -Dijo Amanda. -Eso se le puede achacar a los técnicos que prepararon la nave para la misión ¿Que me dices de lo que hizo el piloto?

-A simple vista, no siguió los procedimientos adecuados. -Tass retrocedió la reproducción de la pantalla de radar hasta el momento en el que la esfera amarilla penetraba el campo azulado. -Debería haber cambiado de rumbo mucho antes de entrar en la zona de captura de los misiles o iniciar el ECM mucho antes. -Dijo mientras apoyaba su cara entre las manos. -Parece que estuvieron distraídos o algo.

-Hmm... -Amanda se masajeó el cuello mirando la pantalla. -¿Qué me dices de las contramedidas físicas? No veo señuelos en la pantalla

Tass acercó la imagen centrando a la esfera amarilla mientras atravesaba la maraña de puntos y trazos verdes.

-Raro. No lanzó señuelos ni bengalas. -Dijo.

-Raro por cierto. -Amanda permaneció pensativa unos instantes mirando la pantalla. -Tass, necesito saber si. -Se interrumpió al escuchar la puerta de la cabina abrirse.

-Buenos días. -Dijo una mujer de piel morena y oscuro cabello rizado mientras atravesaba la puerta. Aparentaba ser de la misma edad de Amanda. -¿Todavía en tu puesto Tass? -Saludó a la Capitana y se dirigió hacia una estación en la parte izquierda del puente de mando.

-Hola Rebbie. -Dijo Tass mientras cerraba la pantalla. -Ya me estaba por ir, estábamos hablando de lo que pasó ayer con Will.

Amanda contestó el saludo con una leve inclinación de la cabeza. -Listo Tass, ve a descansar ahora. Nosotras nos ocuparemos de aquí en adelante.

Tass asintió con la cabeza y se estiro de brazos y piernas mientras bostezaba ruidosamente. Inmediatamente se puso de pié y caminó lentamente hasta la puerta.

Al pasar cerca de Amanda, esta le hizo un gesto para que se acercarse. Rebecca estaba en esos momentos con los auriculares puestos así que no se preocupo en bajar demasiado la voz.

-Tass, si tienes algo de tiempo libre cuando estés en tu camarote, me gustaria que le echases un ojo a esa nave de la NUNS.

Como única respuesta la joven guiño el ojo y salió del puente de mando silbando una melodía.









(1) EWR Radar de Advertencia Temprana

(2) ECM Contramedidas Electrónicas
9 por Gerli
Akemi sacó un pequeño pad de su bolsillo y volvió a comprobar la hora. No es que fuera realmente tarde, la tarea que le habían encomendado la excusaba de asistir a clases esa mañana, el problema es que para una persona activa como ella, la paciencia no constituía una de sus mejores virtudes.
Suspiró y se guardó el aparato en el bolsillo. A esa hora Mina y los demas deberian estar ya en el salón de clases. Se preguntó cuanto tiempo demoraria la visita guiada, las instrucciones que recibió de Amanda via mail era bastante vagas: “Reúnete con la Inspectora Ambiental en el camarote 32 del bloque D a las 0830 y muéstrale la Colonia.” Ni siquiera se molestó en darle el nombre de la Inspectora, típico de Amanda supuso.
Escucho el sonido de un casillero al cerrarse y al cabo de unos instantes la puerta se abrió y una joven salió al pasillo. Era un poco más alta que ella, vestía un guardapolvo blanco y por debajo se veían unos Jeans azules y una polera roja. Llevaba una mochila al hombro y en la otra mano llevaba un Pad encendido. Apenas vió a Akemi se sorprendió como si no hubiera esperado ver a alguien esperándola en la puerta.
-Ah..! Hola! -Dijo -¿Me estabas esperando? Disculpa.
-No hay problema. -Dijo Akemi con una sonrisa algo forzada. -Llegué recién. -¿Amanda no le avisó que la acompañaria a recorrer la nave?
-¿Recorrer? -La joven miró a la estudiante con genuina sorpresa. -Voy a empezar mi trabajo ahora mismo... o eso quiere la Capitana al menos. -Dijo Cinthya suspirando.
-Te enseñaré la Colonia mientras trabajas entonces. Por cierto soy Akemi -Dijo extendiendo una mano.
-Cinthya, Cinthya Ross. -Apretó la mano de la joven correspondiendo el saludo. Un gusto conocerte Akemi.
-También es un placer conocerla Doctora.
-Ehh... en realidad no soy doctora. -Dijo Cinthya mientras sonreía y se estiraba el guardapolvo a ambos lados. -Es solo un uniforme, en realidad solo soy Técnica Ambiental. -Al decirlo se apartó un mechón de cabello de su frente como siempre hacía y vio como Akemi se quedaba mirándola con curiosidad.
-Ah.. ¿Esto? -Dijo y se señaló el moretón de la frente. -Tuvimos algo de turbulencia durante el viaje...
-Turbulencia... en el espacio. -La joven estudiante no sabía si era una broma o la estaba tomando por idiota.
-Bueno... no turbulencia... pero esas palabras que usan los militares para referirse a virajes violentos y esas cosas... en fin. -Comenzó a tratar de emparejar su cabello de modo que cubriera un poco la contusión. -¿Vamos?
-Si, vamos. -Ambas comenzaron a caminar por el pasillo en dirección al elevador del bloque de viviendas. Al llegar a la puerta, Akemi accionó el interruptor y esperaron a que llegara a su piso.
-¿Por donde va a empezar su trabajo? -Pregunto Akemi.
Cinthya estaba mirando su pad y contestó sin desviar la mirada del aparato. -Por la mayor zona verde del complejo. -Dijo.
-Osea la unica que tenemos. En ese momento se abrió la puerta y ambas entraron al elevador. Akemi presionó el botón “-12” y las puertas se cerraron con un chasquido.
-Tenemos una plaza cerca de la escuela. Hay un par de árboles y césped.
-¿No deberías estar en la escuela ahora, Akemi? Preguntó Cinthya.
-Si, pero Amanda me permitió ausentarme hoy para poder mostrarte la Rainbow.
-No debería hacerte perder horas de clase. -Cinthya hizo una mueca de desaprobación. -¿No habia nadie mas para escoltarme? -Inmediatamente se corrigió -No es que necesite una escolta de todas formas...
-No se preocupe. -Dijo Akemi. -Amanda sabe bien qué responsabilidades delegar a cada ciudadano... y como estamos un poco faltos de personal, creo que su decisión fue la más acertada. -Miró a Cinthya con complicidad. -Además esta nave es un laberinto, no le gustaría perderse entre cada uno de los bloques que rodea la cubierta habitable...
-Ahh.. -Cinthya exclamó con genuino asombro. -¿Tan grande es esta nave?
-¿No la vió desde afuera cuando llegó?
-Yo... -Dijo ruborizandose... -En realidad llegué dormida, me desperté cuando aterrizamos en el hangar.
-Es Enorme, dijo enfatizando sus palabras con un gesto de ambos brazos. Es una de las naves más grandes que se construyen en las flotas de la NUNS... bueno, salvo las naves coloniales y las naves insignia.
-Seguro la veré cuando me vaya. -Dijo.
En ese momento sonó un pitido y el elevador se detuvo suavemente. Las puertas corredizas se abrieron y ambas salieron a un espacio abierto decorado con algunas farolas y de donde salian varias escaleras hacia cada cubierta. El techo se encontraba a por los menos unos 40 o 50 metros por sobre sus cabezas, a su izquierda estaban las cubiertas divididas en 4 niveles y a la derecha la pared de metal caía desde el techo con una leve inclinación hacia afuera. Tomaron la escalera más ancha que estaba frente al elevador y subieron un largo trecho hasta estar por encima de las cubiertas. Aparecieron, en efecto, frente al parque de la Colonia. Tal cual como dijo Akemi había unos 5 árboles divididos en dos canteros de césped algo maltrecho rodeados de farolas y bancos de metal sin pintar. El conjunto era medio deprimente pero hacía juego con los tonos grises y anaranjados de las grandes estructuras de caños y plataformas que se elevaban alrededor del parque. justo frente a ellas estaban dos grandes ventanales que en ese momento mostraban un cielo celeste con una tenue nube que cruzaba en ese momento delante de un sol recién elevado en el horizonte.
Cinthya miró los ventanales y luego miró a Akemi. -Estamos en otoño, ¿Verdad?
-Si, en la colonia mantenemos las estaciones según la franja horaria de la Macross 7, de donde provenimos.
-Bien, voy a calibrar los sensores para esta estación en particular. -Señaló un banco bajo uno de los árboles. -Vamos a sentarnos allí un momento.

No había nadie en los alrededores, se sentaron en el banco y Akemi contempló en silencio como su acompañante extraía un pad algo más robusto y con una carcasa de plástico amarillo de la mochila.
-Voy a cargar algunos datos estacionales y poblacionales de la Rainbow aquí y los sincronizaré con la sonda. -Dijo Cynthia mientras tecleaba sobre la pantalla. -Listo. -Dejó el Pad a un lado y sacó de la mochila una esfera facetada del tamaño de un melón. -Voy a poner esto en el medio del parque.
La joven se incorporó y caminó por el parque con la esfera en brazos hasta ponerse entre los dos canteros de césped. Una vez que comprobó la posición se puso de cuclillas y depositó cuidadosamente el dispositivo en el suelo, luego se alejó lentamente hacia el banco donde Akemi la miraba con curiosidad.
-Vamos a alejarnos un poco más de la sonda. -Miró alrededor buscando a alguien -¿Crees que podría venir alguien al parque a esta hora?
-¿Al parque? -Akemi hizo un gesto de negación. -No, quienes no estén en el turno mañana están descansando para entrar al turno tarde.
-Perfecto, no hace falta que cerremos un perímetro o nada de eso. -Suspiro. -Con lo que pesan estos rollos de cintas de precaucion. -Dijo palpando la voluminosa mochila.
Caminaron fuera del parque y se dirigieron a una de las barandillas que marcaban el fin de la cubierta y donde podian ver el gran espacio abierto rodeado por las otras cubiertas, varias decenas de metros por debajo de ellas. Cinthya se apoyó en los caños de acero mientras Akemi hizo lo mismo mirando hacia el lugar donde Cinthya había dejado la esfera.
-¿Y ahora?
-Ahora esperamos. -Dijo la profesional. -Mira la esfera.
Ambas jóvenes observaron atentamente y al cabo de unos pocos segundos vieron como la esfera se elevaba unos cuantos centímetros.
-Ahora comenzará a girar lentamente. -Dijo Cinthya y miró el Pad de control mientras un diagrama del aparato mostraba una lista de tareas cada una con una pequeña barra de progreso que en esos momentos comenzaban a llenarse. Akemi miraba la esfera con una expresión de asombro.
-¿Como flota? ¿Con una turbina?
-Creo que no... me parece que usa alguna especie de campo que anula o interfiere la gravedad artificial de la nave que lo genera y lo manipula a su antojo.
Una serie de pitidos provenientes del Pad les indicó que la sonda había terminado una de sus tareas. Al cabo de unos segundos la esfera se elevó un poco más y alcanzó el metro y medio de altura.
-La sonda va a tomar medidas a diferentes alturas y luego se elevará hasta los 10 metros para una espectrografía general. -Dijo Cinthya.
Akemi sacó su pad y lo apuntó hacia el parque. -¿Puedo sacar una foto? -.Preguntó
-Claro. Adelante.
-La última vez que vinieron por las inspecciones nos hicieron salir de la escuela.. pero usaban unos aparatos enormes.
Cinthya se cruzó de brazos y miró hacia las penumbras del techo. -Los militares siempre quieren hacer todo a lo grande.
-¿No te gustan los militares? -Preguntó Akemi guardando su Pad. -Pensé que tú también eras parte del gobierno.
-Soy civil como tú, trabajo subcontratada por el gobierno pero mi compañía tiene base en Edén y nos dedicamos a instalaciones off-shore en órbita. Este es mi primer trabajo con los militares o en una Colonia. -Dijo Cinthya mientras volvía a consultar el Pad de la sonda.
-¿Eres de Eden?
-De La Tierra. En Eden hice mi licenciatura
-Wooow. -Akemi exclamó con asombro. -Nunca había conocido a nadie nacido en La Tierra.
-¿En serio? -Dijo Cinthya sonriendo. -Creo que toda la humanidad tiene un abuelo o un bisabuelo nacido en La Tierra a pesar de haberse expandido tanto.... -Levantando la mirada del Pad se dirigió a Akemi. -¿Tienes sed? Podríamos tomar algo mientras
Akemi asintió y señaló hacia el edificio de la escuela. -Allí hay una máquina de bebidas.
Cinthya miró en la dirección que Akemi señalaba y vió la máquina en una de las paredes cerca de la puerta principal.
-Ah, yo las compro. -Dijo mientras se incorporaba
-Akemi iba a decir algo cuando vió sorprendida como Cinthya comenzaba a agitar un brazo y a gritar en dirección a la Escuela
-JUGOOOO!!!
-¿Qué estás haciendo? Dijo Akemi más asustada que sorprendida.
-Llamando a la máquina expendedora...
-¿Llamando...?
De pronto Cinthya cayó en la cuenta y miró a Akemi mientras bajaba los brazos. -No me digas que aquí las máquinas expendedoras no van hacia los clientes..
Akemi negó con la cabeza y comenzó a reírse ruidosamente mientras señalaba la escuela. En las ventanas del primer piso todos los niños se habían asomado al escuchar los gritos de la joven y estaban riéndose a carcajadas mientras Cinthya se golpeaba la cabeza con su Pad completamente resignada.
10 por Gerli
La profusión de luces dio lugar a una repentina oscuridad en la cabina del carguero en el momento de emerger de la aureola fold. Inmediatamente se encendieron las luces de navegación y los diferentes sistemas cobraron vida al unísono iluminando varias pantallas frente al piloto y copiloto.
Ambos llevaban sus trajes espaciales puestos y tan pronto como sus asientos se inclinaron hacia delante comenzaron a operar los teclados de la consola frente a ellos. No perdieron mucho tiempo comprobando su posición porque se encontraban frente a su destino. A través de los vidrios de la cabina podía verse una estructura de dimensiones gigantescas. A primera vista uno pensaría que se trataba de un espejismo; las grandiosas formas se entrecruzan y desaparecen en la negrura espacial como si fueran transparentes o poseyeran una propiedad que las hacia invisibles de un momento a otro, pero al acercarse un poco el observador pronto comprendía que los segmentos de la gigantesca forma eran grandes plataformas hexagonales cubiertas por cientos y cientos de paneles reflectantes que devolvian al espectador la imagen del campo de estrellas que los rodeaba ocultando por completo la verdadera forma del complejo, más similar a una enorme flor que a una estación militar de Espacio Profundo.
Ambos pilotos continuaron sus procedimientos de rutina mientras la nave se acercaba lentamente a las primeras plataformas que se abrían en forma escalonada en todas direcciones. El interior del complejo era un verdadero laberinto de soportes estructurales que ofrecían el marco oculto de la gigantesca estación.
El sistema SILS (1) del carguero maniobraba siguiendo una ruta segura cada vez más cerca del centro de la superestructura que, sin embargo, no era donde el centro de control se encontraban. Vieron una enorme columna de metal conformada por grandes segmentos cilíndricos que daban forma al tallo de donde emergen cada uno de los soportes de las plataformas. Cada segmento estaba dividido por vigas laterales en forma de cruz, lo que generaba 4 vías de paso a lo largo de la columna central, pero tres de esos espacios estaban repletos de contenedores y materiales de construcción por lo que la única forma de “bajar” a través del eje central era siguiendo la ruta libre que, convenientemente, se encontraba iluminada.
El carguero entró en la única vía despejada y descendió lentamente a lo largo de un entramado de soportes y tuberías que se hacian más densas a medida que toda la estructura convergia en la base. Las luces del centro de mando se hicieron visibles al recorrer los últimos metros del túnel. La nave penetró entonces en una especie de espacio circular vacío de varios cientos de metros de diámetro, cuyas paredes estaban formadas por la parte posterior de las plataformas que albergaban los paneles reflectantes, pero que desde el interior solo mostraban soportes, cables y cañerías. La superestructura a la que se dirigian eran simplemente varios modulos interconectados que sobresalian del soporte central, diferenciándose claramente del resto por presentar ventanas iluminadas. La base del eje central estaba coronado por una estructura circular y achatada, similar a una torre de control, con ventanas rectangulares que se abrían hacia los 360 grados, de las cuales solo un par estaban iluminadas.
Justo por debajo del centro de mando, varias plataformas más pequeñas se abrían como las hojas de un trébol de tres hojas, aunque de forma pentagonal. Dos de ellas eran modulos habitacionales, fácilmente reconocibles por su forma de vaina y las pequeñas ventanas circulares iluminadas (Aunque se veian mas ventanas oscuras que iluminadas en la veintena de módulos que componian el complejo) La plataforma restante era la zona de atraque, compuesta por un esqueleto de vigas que sostenían varios contenedores de la misma clase que los tres que el carguero remolcaba mientras se acercaba a la plataforma.
Uno de los ganchos de atraque se iluminó de pronto y una serie de pequeños puntos luminosos comenzó a encenderse progresivamente de a pares desde la estructura, formando una senda de luces parpadeantes que se extendía hacia el centro del espacio vacio.
Una voz sonó a través de los parlantes de la cabina del carguero.
-¿Dos containers para la Rainbow? -La voz se interrumpió un momento y luego agregó: -¿Zapatos nuevos para Ralph?
Ambos pilotos estallaron en carcajadas, quien ocupaba el asiento del copiloto activó el micrófono de su casco.
-No creo que sean tan grandes.. debe ser un nuevo Dildo para Amanda... -Ahora las risas se escucharon de ambos lados del intercomunicador. El Capitán del carguero tomó el habla.
-Base Barrow, aquí carguero Rio Grande solicitando permiso para atracar. Cambio.
-Entendido Rio, permiso concedido hace 20 minutos, deje las formalidades y meta sus latas en nuestra heladera.
El Río Grande no era un supercarguero, a los estándares de las flotas colonizadoras era apenas algo más que una nave de correo para enlazar asentamientos y estaciones del espacio periférico. Con su escaso tamaño, su capacidad de remolcar hasta 5 containers clase II los hacian mas que apto para el transporte de productos de primera necesidad y correo en zonas fronterizas.
El copiloto soltó los mandos y comenzó a desabrocharse el cinturón que lo anclaba al asiento. -¿Qué hacemos Cap? -Pregunto. -¿Tomamos el DPF(2) acá o en la Rainbow?
El hombre no respondió, estaba mirando a través del vidrio un punto elevado de la plataforma de atraque.
-Definitivamente en la Rainbow Mike. -Dijo al cabo de unos segundos. -No me gusta dormir en gravedad cero.
-A mi tampoco me gusta. -Dijo el hombre más joven mientras estiraba los brazos. -Además, al contrario que en esta lata gigante, en la Raimbow hay mujeres... ¿Capitan...? ¿Capitán Gray?
El Capitán Gray habia vuelto su mirada hacia la zona de habitáculos que se veía a través de los soportes metálicos. De pronto señalo uno de los módulos cuyas ventanas estaban iluminadas. -Ahi en el módulo 7, habia una morocha mirandonos.
-¿Una mujer? ¿Aqui? -Mike se impulsó desde su silla y pegó su cara al vidrio delantero. -¿Seguro Cap? No veo nada!!
Como única respuesta recibió un tirón en el cinturón de su traje que lo envió dando vueltas contra la parte posterior de la cabina.
-Hay un VF-19 con equipo FOLD atracado en la otro bahia. -Dijo Gray señalando al frente. El joven copiloto logró finalmente controlar sus giros y evito golpear de cabeza contra una mampara metalica. Apoyó sus piernas contra la misma y de un pequeño impulso volvió al frente de la cabina. -Esquema civil ¿No? -Dijo mientras extendía los brazos para frenar su impulso antes de chocar contra el cristal.
-Una compañía de seguridad privada parece. -Gray frunció el ceño.
-¿Una PMC?(3) -Mike había quedado pegado al techo y veía con incredulidad a la nave estacionada unos veinte metros por delante de ellos. -No me gusta Cap.
-Calla novato. Y siéntate.
La nave recorrió cada vez más lentamente los últimos 10 metros y se detuvo bajo una abrazadera magnética. Esta se pegó al casco justo por detrás de la cabina. Dos soportes adicionales se desplegaron a los lados del casco y anclaron firmemente a la nave a la plataforma.
-Asegurados. -Dijo Mike por radio. Inmediatamente recibieron la respuesta del control.
-Confirmado Rio, bienvenidos. Hoy les toca el bloque 4. ¿Van a pasar la noche aquí?
-No lo creo Leo. -Dijo Gray mientras desabrochaba su cinturón. -Quiero plantar los pies en suelo firme lo más pronto que pueda. ¿Quien es la visita?
Se produjo un breve silencio del otro lado de la radio. -Sobre eso Gray... te lo cuento café de por medio.
-De acuerdo. Te veo al terminar tu turno.
-En poco menos de dos horas. Puedes traer al novato si quieres.
Mike entornó los ojos y estaba a punto de contestar pero un gesto de su capitán lo disuadió.
-Copiado Control. Dejamos la nave lista para descargar.
-Enterado. Los veo adentro.


Una hora más tarde, ambos pilotos se encontraban en uno de los módulos de esparcimiento ubicados por encima de la torre de control. Siendo una estación que no disponía de su propio generador gravitacional, tenia opciones limitadas de entretenimiento. La habitación en la que se encontraban era parte de un gran anillo que servia de corredor de enlace a otras secciones de la estación. Ese sector específicamente se usaba para descanso por poseer una de sus paredes exteriores completamente vidriada que, si bien no mostraba absolutamente nada que se pueda considerar “paisaje”, creaba una sensación de espacialidad que no se disfrutaba en los otros módulos. La pared interior estaba equipada con varios tipos de expendedores de comida y bebida y 3 paneles dividían el sector en habitáculos individuales para dar algo de privacidad a quienes descansaban del turno. En todo caso, las instalaciones estaban diseñadas para un número mayor de habitantes, cosa que se evidenciaba por la falta de uso de varios asientos que estaban plegados contra las paredes y el funcionamiento de solo una cafetera de las 3 que había disponibles. Dos pantallas ubicadas en cada uno de los extremos del “salón” mostraban un noticiario de la MBS(4) pero con el volumen demasiado bajo para que se escuchara. Solo se escuchaban los murmullos del agua al pasar por las cañerías y los purificadores de aire. Con tan pocos operarios la Barrow podía ser uno de los emplazamientos más silenciosos de todo el sector periférico de la colonización humana.

El Capitán Gray miraba a través del vidrio como un sector de la estructura de anclaje que ocupaba la parte superior donde estaba amarrada la Río Grande se abría hacia abajo y rodeaba el último contenedor de los tres que acarreaba el carguero. Una vez que las dos abrazaderas estuvieron en posición se cerraron y desplazaron su presa hacia atrás, separandola de la nave. Al mismo tiempo, un brazo mecánico impulsó uno de los contenedores que estaban estáticos a la izquierda de la bahía de atraque, el cual comenzó a moverse longitudinalmente hasta ocupar el lugar del container recién removido.
Todo el proceso duró unos quince minutos. El contenedor con los suministros recién llegados se deslizaba por el riel central de la plataforma de anclaje en dirección al soporte central.

Mike sorbió ruidosamente las últimas gotas de café de su envase apto para 0G y aplastandolo con el puño lo arrojó hacia un recuadro verde en la pared opuesta. Cuando el envase vacío llegó dando vueltas cerca del sensor una compuerta se abrió rápidamente, permitiendo que una fuerte succión atrapara el objeto y lo engullera.
-Cap. -Dijo en tono aburrido. -¿Fue una buena idea dejar eso en la cabina?
Gray apartó la vista del ventanal y miró a su copiloto con el ceño fruncido. Estaba sin el casco al igual que su compañero pero se había dejado el traje puesto. Sus cabellos castaños empezaban a mostrar algunas canas aquí y allá, especialmente en la tupida barba, pero lo que más revelaba su edad eran las profundas arrugas que surcaban su rostro. Un verdadero veterano del espacio profundo. Sin hacer el menor comentario, hizo un pequeño gesto con el dedo índice de su mano derecha y señaló la salida más alejada de donde se encontraban; una persona venía flotando en su dirección.
Ambos se dieron vuelta y miraron en silencio a la recién llegada. Era una joven enfundada en un traje color naranja, por lo que dedujeron no eran personal militar ni de investigación. De tez morena, su cabello oscuro con reflejos verdes estaba atado en dos rodetes a la altura del cuello, por lo que asumieron que en gravedad normal la chica usaria el pelo largo atado en coletas.
La joven llegó al sector de máquinas expendedoras y frenó su impulso sujetándose a una de las muchas barras que a intervalos regulares ocupaban el “techo” y “piso” del corredor. Sin prestarles atención y en completo silencio, colocó una tarjeta en una de las máquinas y extrajo un envase de jugo. Luego se desplazó lateralmente con un pequeño impulso de sus piernas y se dirigió a otra de las expendedoras de comida, de donde extrajo varios bocadillos. Al darse vuelta su mirada se cruzó con la de los dos hombres en la pared opuesta y como único signo de cortesía hizo un pequeño saludo con la cabeza, tras lo cual descendió hasta uno de los agarres del piso y con un fuerte impulso de sus piernas volvió por donde había venido.
Capitán y Copiloto se quedaron momentáneamente en silencio mientras se alejaba la joven. Fue Mike quien rompió el silencio.
-Cap... ¿Vio eso...?
-Mierda que si chico, mierda que si.
Mike silbó y se rascó la cabeza. -Nunca vi pechos tan grandes en un traje espacial... debe de ser hecho a medida.
Gray acarició su barba sin afeitar mientras miraba en dirección al recodo donde había desaparecido la chica. -¿Solo le miraste las tetas o tambien te diste cuenta que era una Meltrandi?
-¿Eh? ¿Meltrandi? Mike se dio vuelta y miró al Capitán con asombro. -¿No mestiza? ¿Una verdadera Meltran micronizada?
-Tenía la mirada de una guerrera chico, no cabe dudas.
-Y las tetas de una estrella porno, no le quepa duda Capitán. -Dijo una voz a sus espaldas. Ambos se giraron y vieron a un hombre mayor enfundado en un traje de mantenimiento, el cual se había bajado hasta la cintura y atado alrededor de la misma. Vestía una camiseta verde oliva algo gastada debajo. Una gorra con visera que hacía juego con el traje de mantenimiento tapaba la calva con algunos mechones de cabello gris que flotaban detras de sus orejas. Venía flotando hacia ellos desde la compuerta que llevaba hasta el elevador principal. -Hola Gray, hola Novato. ¿Como estuvo el Fold?
-Leonardo -Dijo Gray mientras que de un apretón de manos frenaba a su amigo justo por encima de ellos. De un leve tirón lo atrajo hacia abajo. -¿De dónde salió esa morocha mortal?
-Ah. -Dijo Leo abriendo los ojos. -¿Vos tambien te diste cuenta? Es una guerrera Meltran, posiblemente una de las que peleó durante la Guerra Espacial.
-Nah -Dijo Mike mientras estrechaba la mano del veterano. No parecía tener mas de veinte años, ni por asomo es tan vieja como vos.
Gray y Leonardo rieron con ganas. -Los Zentradis tienen otra morfología chico, y más cuando se micronizan. Esa joven deberá estar por los 60! -Exclamó Leonardo.
-Si claro y yo canto como Minmay.
-Y yo soy su novio piloto. -Dijo Gray mientras le daba una palmada en el hombro a Mike. -¿Querés un café viejo? Yo invito.
-Leche de Soja, tengo mucha acidez últimamente.
-Estas hecho mierda viejo, jubilate. -Dijo Mike mientras Leonardo flotaba hacia la máquina expendedora más cercana.
Gray apoyó su espalda contra el cristal mientras enganchaba su pie en uno de los agarres del piso. -Hay un VF-19 ahi afuera ¿Vino ella piloteando?
-Tenias que haberlo visto Gray. Nos pegamos flor de susto. -El hombre se quitó la gorra y miró por el ventanal. -Salió del Fold y se metió dentro de la estación sin siquiera comunicarse por radio, cuando sonó la alarma de proximidad ya lo teniamos frente a la torre de control solicitando permiso de atraque... Robert estaba de guardia y casi le da un síncope.
-¿Se metió sin activar el SILS? -Preguntó sorprendido Mike.
-No solo eso, bajo zigzagueando por los conductos centrales, cuando vimos el video de seguridad no lo podíamos creer, nunca vi a nadie meter un VF por esos recovecos... nunca vi piloto semejante.
Gray permaneció en silencio mientras Leonardo contaba como se habian despertado los unicos tres tripulantes de la estación y el revuelo que se había desatado mientras pedían instrucciones al comando central de la NUNS.
-Al parecer su historia es verdadera. -Dijo el veterano operador mientras bebía lentamente. -La NUNS estaba al tanto de su plan de vuelo y tiene los permisos en regla para atracar aquí en la Barrow por 48 horas. Luego seguirá viaje hacia el Destacamento 21 de Exploración Profunda.
-¿Y nadie del Comando Central les avisó a ustedes? -Pregunto Gray
-Nadie. Eso es lo mas raro. Pero cuando le enviamos el número de identificación de la piloto y el código de aeronave nos dijeron que estaba todo en regla.
-La pregunta es ¿Qué negocios tiene una PMC en esta parte de la periferia? -Preguntó Mike mientras daba vueltas en su sitio. ¿Sus clientes no son mercaderes y empresas de las flotas de colonización? Por esta parte no hay ninguna flota de esas.
-La NUNS está subcontratando mucho personal privado últimamente. -Dijo Gray pensativo.
-Probablemente están haciendo relevamientos de las rutas y estaciones de aprovisionamiento.
-Hmmm. Puede ser Gray. -Dijo pensativo Leonardo. -Pero una piloto como esa Meltrandi en una nave de exploración... en fin, cosas más extraordinarias han pasado en esta galaxia...
-Ni que lo digas viejo. -Gray se incorporó y mediante un movimiento del pie dio un leve impulso contra uno de los parantes del ventanal, lo que lo envió flotando hacia el centro del comedor. -Sea como sea, nos vamos a la mierda nosotros.
-¿Nos vamos? -Pregunto asombrado Mike
-Y rápido. -Gray se volvió hacia Leonardo. -¿Podemos salir inmediatamente Leo?
-Si claro, ya pusieron el contenedor vacío en la Rio ¿No? -Dijo mirando por el ventanal en dirección a la zona de amarre.
-Perfecto. Dame permiso de salida en 30 minutos.
-No tengo la mas puta idea de que bicho te picó Gray. -Leonardo suspiró profundamente. -Okey, voy a avisarle a Robert.
-Gracias Leo. -Se volvió hacia Mike que los miraba con evidente cara de preocupación. -Tenés 20 minutos para abordar la nave o te quedás acá.
Mike respondió con un movimiento de cabeza y se alejó flotando en dirección al elevador principal. Leonardo se quedó junto al Capitán mientras el joven desaparecia tras las puertas corredizas. -Lo estás educando bien al novato... -Dijo con una sonrisa en los labios. -Hasta puede ser que te salga bueno.
Gray no le respondió, pero más arrugas aparecieron en su rostro.
11 por Gerli
Las dos rejas metálicas se abrieron con un fuerte estrépito. Jim salió del elevador y se encontró en un oscuro pasillo. Consultó el mapa en el Pad que tenía adherido en su muñeca izquierda y comprobó como el pequeño punto amarillo parpadeante que indicaba su posición estaba en el mismo nivel que el hangar principal. Con dos dedos expandió el zoom y pudo ver como su actual posición se superponia con los demás pasillos y compartimentos de esa sección de la Three Star. Los pasillos debajo de él estaban tenuemente representados en gris opaco. Con un movimiento de un dedo hacia arriba rotó el mapa en el eje vertical y pudo ver los diferentes pasillos por encima de su posición. Era un verdadero laberinto.
Las Three Star eran naves factoría. Su principal función en una flota de colonización es construir absolutamente cualquier cosa que el Consorcio Macross haya desarrollado. Desde tostadoras hasta otra Three Star, la gigantesca nave podía adaptarse a cualquier necesidad mediante la modularización de su estructura. Jim comprendió que lo que estaba cruzando en ese momento era un complejo de pequeñas fábricas, compartimentos que se rentaban a las compañías privadas de la colonia para que manufacturaran sus productos. Si una flota contaba con varias Three Star, podían especializarse en diferentes tareas, como la producción de material de guerra o, como en este caso, para la industria civil.
La Flota 37 fué una de las pioneras en adoptar el nuevo concepto de Stem Fleet (1) donde, al contrario del plan de colonización que se comenzó a implementar en el año 2012, las flotas de colonización dejaron de ser creadas exclusivamente en La Tierra. Una Stem Fleet podía crear otra flota, equiparla y enviar a una parte de su población civil a colonizar planetas o sectores que se hubiesen detectado en su rango de busqueda, de modo que la flota madre continuaría su curso original mientras la colonización se llevaba a cabo por la flota hija.
La Rainbow era vieja, una de las primeras Three Star que adoptaron las nuevas doctrinas de producción y abastecimiento colonial. Jim había visto como se usaban los restos de estas naves como blancos para probar armamento de las naves insignia. Un Cañón Macross podía transformar una Three Star en un campo de desechos incluso sin un impacto directo. Que la Raimbow estuviera en manos privadas más allá del cumplimiento de su vida útil contradecia la política de la NUNS y esto incomodaba a Jim.

Mientras pensaba esto, la otra parte de su cerebro trataba de hallar la ruta más corta hacia el hangar principal. El mapa indicaba media docenas de formas de llegar, pero muchos de los pasillos tenian las compuertas contra incendios bajas que lo obligaban a volver hacia atras y probar una ruta nueva. Al cabo de media hora de dar vueltas llegó a una pasarela que cruzaba un gran espacio vacío y supo que estaba cerca de la ruta principal. La tenue iluminación anaranjada de las luces de seguridad que a intervalos iluminaba la barandilla no le permitía orientarse lo suficiente y el mapa no le mostraba con detalle lo que habia sobre o bajo su posición hasta que no se encontrara al mismo nivel. Optó por ponerse el casco y utilizar la visión nocturna.

Apoyó su morral en una la plataforma y descolgó el casco que llevaba sujeto en la espalda. Comprobó los niveles de la batería y suspirando se lo puso en la cabeza. Inmediatamente los sensores activaron la visión nocturna al detectar bajas condiciones de iluminación y Jim pudo ver a su alrededor.
Estaba en la misma plataforma (o una parecida) Que Amanda les había enseñado cuando los restos de armaduras Meltran entraron por una compuerta. Su casco amplificaba el escenario mucho más allá de lo que había visto antes. Justo por encima al igual que por debajo de había cinco diferentes plataformas cada una de las cuales tenia un par de rieles. El centro del bloque era una gran estructura cilíndrica, conformada por varias secciones modulares de vigas metálicas donde rieles de diferentes niveles convergian en una estructura similar a un carrusel. Jim dedujo que era el elevador principal que llevaba piezas y equipos de un nivel a otro de la nave. Supuso además que uno de los rieles seguramente llevaría directo al hangar principal.
Miró a su alrededor y vió que la pasarela en la que estaba terminaba abruptamente en una pequeña plataforma de observación.
-Otro callejón sin salida. -Dijo Jim
Dió la vuelta para regresar por donde había venido pero pronto se detuvo al escuchar el sonido de maquinarias que se ponían en funcionamiento. Una compuerta en el techo del recinto se abrió y una sección de rieles descendieron desde la abertura conectándose con la estructura del elevador. Al cabo de unos segundos una enorme pieza de equipo comenzó a descender por el mismo. Jim la identificó inmediatamente como un contenedor de suministros universal, los había de a cientos de miles por toda la galaxia colonizada por la humanidad.
Observó como el enorme objeto descendía girando lentamente. Al llegar a la base del elevador estaba perfectamente alineado con los rieles que conducían a lo que Jim suponia era el hangar principal. Con un estampido dos barreras se elevaron y los rieles se conectaron. El contenedor comenzó a moverse fuera del elevador con una lentitud apremiante. Al acercarse a las compuertas del fondo del recinto una baliza se activó y estas se abrieron para dejar paso a la plataforma con su carga. Jim se quedó observando hasta que desapareció tras las compuertas que volvieron a cerrarse estrepitosamente dejándolo nuevamente en la más completa oscuridad.
Jim accionó un control de su Pad portatil que se apagó y simultáneamente una versión del mapa tridimensional apareció impresa en su campo de visión, proyectada por el visor de su casco.
Desandó el camino nuevamente hasta el pasillo de acceso del elevador. Ahora que sabía la dirección general que debía tomar eligió con confianza su ruta y al cabo de varios minutos entraba por fin al hangar principal a través de una escotilla destinada a personal de mantenimiento.
Un zumbido en su casco le indicó que un mensaje había llegado. Abrió la interfaz de su Pad en el visor del casco y vió que el mensaje tenía remitente de Amanda.
“La bahía cuatro está iluminada, cuando finalice de inspeccionar su nave comuniquese con nosotros para apagar las luces”.
-Asi que la bruja sabe donde estoy. -Dijo en voz alta, pero sin los altavoces conectados ningún sonido salió al exterior de su casco.
Comenzó a caminar y pronto vió las líneas blancas pintadas en el piso metálico del hangar que formaba la vía por donde circulaban los vehículos de personal y por donde habian venido ellos el dia anterior. A lo lejos, unos 150 metros más adelante, se podía ver entre las columnas y plataformas colgadas del techo un gran resplandor. La Bahía 4 amablemente iluminada por la gente de la Rainbow.
Jim comenzó a seguir la calzada mientras miraba el techo del hangar. Ahora podía distinguir perfectamente que las grandes sombras que había apenas vislumbrado al llegar eran secciones de una nave anclada al techo. Lo que estaba viendo lo llenó de asombro. Las naves clase Stellar Whale eran grandes transportes civiles. La que estaba anclada en el techo del hangar era aproximadamente u31; de la nave completa. Aun así sus dimensiones eran impresionantes. Estaba sujeta al techo por varias plataformas en forma de “L” que, curiosamente, sujetaban la nave cabeza abajo, de modo que podía verse la cubierta principal y el puente de mando... o al menos donde debería haber estado el puente de mando. Habían removido toda la superestructura del puente y solo se veía un gran espacio vacío. La nave había sido “canibalizada” en gran parte, como se conocía al método de reciclaje de las naves que quedaban varadas o sin posibilidad de reparación. Muchos paneles del casco habían sido removidos, así como varias servo-turbinas de la proa y la cubierta principal.
Eso al menos aclaraba uno de los misterios. Si esta era la nave que sufrió el “incidente” que mencionó Amanda, el carguero debería estar anclado en otra parte de la nave o, a lo mejor, ya había sido completamente canibalizado y ahora era parte de latas de cerveza en alguna parte de la galaxia.
Bajó la vista y se concentró en los alrededores. Contenedores, cajas, grandes placas de blindaje, rollos de cables de acero apilados en orden. Se dió cuenta que lo que aparentaba desorden era en realidad una complicada disposición y uso del espacio que se correspondía con las guías de las grúas que se ubicaban en varios niveles en la parte superior del hangar. La ruta de vehículos simplemente se adaptaba al espacio libre entre cada sección de depósito, girando una y otra vez en dirección al frente del hangar, donde las bahías de atraque recibían a las naves de transporte.
Jim salió al espacio abierto y pudo ver su VF-17 perfectamente iluminado por una sección de paneles lumínicos del techo. La intensa luz hizo que la sensibilidad del visor nocturno de su casco se redujera al mínimo. Jim se quitó el casco y avanzó hacia su nave, haciendo un repaso mental de todos los items que debía inspeccionar luego de haber sufrido daños (aunque mínimos, estaba seguro) durante su misión de transporte.
El VF-17 era, a grandes rasgos, un triángulo. Su fuselaje angular y compacto (para los estándares de los Variable Fighters de generaciones anteriores) lo hacían un excelente caza, furtivo y maniobrable.
La versión S2 que Jim pilotaba era una revisión del modelo original del VF-17S adaptado para reconocimiento y enlace de datos en despliegues de largo alcance. Para este tipo de misiones el VF-17S2 usaba un modulo Fast Pack (1) que incorporaba un Transmisor Fold de Alta Frecuencia y un Módulo de Rastreo Pasivo. A diferencia de las versiones equipadas con domos de radar de escaneo de largo alcance, la versión S2 mantenía su perfil furtivo gracias a su equipamiento de función pasiva. Si el piloto no activaba el enlace de datos con la flota podía estar absolutamente seguro que nadie lo detectaría a menos que se acercara lo suficiente para verle la matrícula pintada a un lado de la cabina.
Incluso así, estos aviones raramente se desplegaban solos. Su misión generalmente consisitia en servir de enlace entre los escuadrones de ataque y las fragatas de apoyo. Se los desplegaba entre los “huecos” de las líneas del frente de modo que podían detectar intentos de flanquear las defensas y, en caso de que alguna línea fuera penetrada, la amenaza era detectada y monitoreada en tiempo real dando aviso al frente y a la retaguardia simultáneamente.
No obstante, ninguno equipo o sistema que hacían de la versión S2 algo tan especial había sido montado en el VF de Jim. La unidad FOLD ocupaba su lugar habitual sobre el caza pero ningún otro módulo asomaba bajo las alas ni debajo del fuselaje de la nave.
La luz que llegaba desde el techo creaba una oscura sombra triangular que ocultaba todo el vientre del caza. De pronto Jim se sobresaltó al percibir un movimiento cerca de una de las alas. Soltó el casco que rebotó ruidosamente en el suelo metálico y sacó su pistola reglamentaria. Estaba completamente al descubierto en ese espacio abierto, sin chance de cubrirse con nada pero no tuvo tiempo de pensarlo.
-¡Aléjese de la nave o disparo! -Grito jim mientras apuntaba a la sombra que se había quedado quieta junto a donde debería estar la rueda del tren de aterrizaje trasero.
Se escuchó un golpe seco y un quejido. Al cabo de unos segundos una joven salió debajo del ala y quedó completamente bañada en la luz que bajaba del techo. Era bastante jóven, de unos veinte años quizás. Llevaba anteojos de marco redondo y el pelo rubio y rizado se asomaba bajo una pequeña gorra que hacía juego con su traje de mantenimiento anaranjado de una sola pieza. Tenía las dos manos arriba pero con la derecha se masajeaba la cabeza que aparentemente se había golpeado al ponerse de pie bruscamente.
-Las DOS manos arriba! -Enfatizó Jim desplazándose lateralmente en un círculo hacia la derecha mientras se acercaba a la nave. -¿Que mierda hacias ahi?. -Gritó mientras mantenía su arma apuntando al pecho de la joven.
-Yo.. yo.. estaba mi.... mirando, nu.... nunca habia visto un VF-17 de cerca. -La joven temblaba y tenía los ojos llenos de lágrimas. Jim se sintió de pronto avergonzado y bajó un poco el arma. -Alejate más. -Dijo mientras se acercaba a una de las alas. -Ahora quédate quieta. -Dijo mientras se agachaba un poco. A pesar de la oscura sombra que proyectaba el avión, no vio nada sospechoso, ni herramientas ni nada. De vez en cuando echaba rápidas miradas a la joven que estaba paralizada a unos diez metros de él. Al cabo de unos minutos guardó el arma en la funda y se limpió el sudor de la frente. Caminó lentamente hasta el lugar donde había caído su casco y lo recogió sin apartar la mirada de la joven.
-Ya puedes bajar las manos. -Dijo.
La joven suspiró y bajó los brazos mientras se sentaba de golpe en el suelo.
-Ahh... no aguantaba más. -Dijo con los ojos cerrados.
Jim se acercó a unos dos metros de la joven y la examinó con gravedad. -¿Sos de la tripulación de la nave o una civil?
La joven abrió los ojos y miró al teniente unos segundos. -S-soy operadora en el puente de ma-mando de la Rainbow, estoy de franco hoy. -Tomó una bocanada de aire como dándose valor y habló más calmada. -Te pido disculpas, pensé que ya estabas aquí cuando llegué y te esperé un rato, pero como no venías me puse a mirar el avión...
Jim permaneció con los brazos cruzados alrededor del casco. No tenia mucha idea de lo que debería hacer a continuación pero al menos no se sentía en peligro inmediato.
-Asi que solo sos una “Spoter”(2). -Dijo finalmente.
-Eh... bueno... si. -Dijo la joven indecisa. -Amanda en realidad dice que soy una loca de las máquinas...
-Dame tu Pad. -Jim señaló con un gesto el aparato que sobresalia del bolsillo superior del traje de la joven. -Quiero ver si tomaste alguna foto.
-Ah... yo... unas pocas. -Dijo nerviosamente mientras sacaba el Pad del bolsillo y se lo alcanzaba a Jim.
El joven teniente se colgó el casco del soporte que su traje tenía en la espalda y tomó el Pad de la joven. Deslizó sus dedos sobre el aparato hasta que encontró la aplicación de la cámara de fotos. Accedió al historial y todas las fotografías se desplegaron sobre el cristal.
-¿Sacaste más de doscientas fotos de mi avión? -Miró a la joven por sobre el Pad con cara de perplejidad mientras que con su dedo movía las imágenes. Cada parte del avión había sido fotografiada con minuciosidad, desde las luces de las puntas de las alas hasta las juntas de las toberas de propulsión principales. -Tengo que borrarlas todas me temo.
Como única respuesta recibió un suspiro de desaliento.
Jim borró todas las fotos exceptuando dos que estaban tomadas de lejos. Le devolvió el Pad a la joven y vió como su rostro se iluminaba al ver las dos fotos que habían quedado en la carpeta.
-Gra-Gracias!. -Dijo
-No digas nada o me puedo meter en problemas. Dijo Jim.

Minutos más tarde, Jim se había puesto manos a la obra. De un compartimiento detras de su asiento extrajo una luz de emergencia que ubicó por debajo del vientre del avión y mientras que con una mano sostenía una linterna pequeña, con la otra repasaba una lista de verificación de daños en su pad antes de volver a pilotar el caza.
La lista era exhaustiva pero ningún piloto que volase en el espacio osaría pasarla por alto. El espacio exterior es uno de los ambientes más peligrosos para los seres humanos y quedarse varado en medio de la nada es una muerte segura.
Jim comenzó examinando el fuselaje. Cada muesca y abolladura fué examinada con atención para detectar fisuras en la armadura de la nave. Como el enjambre de misiles explotó alrededor del caza, los impactos de metralla abarcaban toda la superficie expuesta del mismo. Comenzó revisando la cabina, el VF-17 tenía, como todos los cazas furtivos, una superficie vidriada reducida, pero la versión “S2” dispone de una cabina en tándem, por lo que la superficie a examinar era algo más extensa. El cristal apenas tenía un par de rasguños, luego comprobó el cierre hermético de la cabina y trepando a la parte superior del fuselaje, revisó el dispositivo FOLD montado sobre el soporte central. Milagrosamente no había marcas de metralla pero hasta no hacer un chequeo interno del sistema no podía descartar nada. Revisó toda la superficie alar, donde las pequeñas abolladuras indican donde había recibido el mayor castigo, luego comprobó las antenas y los estabilizadores verticales. Movió los alerones y mientras lo hacía miró a la joven que permanecía sentada en el mismo sitio de antes, observando detenidamente a través de sus grandes lentes.
Jim suspiró y de un salto bajó de la aeronave.
Comprobó los alerones y flaps de las alas... no es que tuviera que usarlos en el espacio, pero tenia que seguir la lista al pie de la letra. Agachándose, pasó por debajo del ala y comenzó a revisar el vientre del avión, prestando especial atención al blindaje que rodeaba a los dos motores del caza. Como el VF-17 tenía un perfil extremadamente bajo era uno de los cazas mas odiados por los técnicos encargados de los hangares. Había que estar agachado todo el tiempo cuando se hacía mantenimiento a la parte inferior del caza y el espacio era muy reducido. Jim se resigno y trató de terminar esa parte del checkeo lo más rápido que pudo. Revisó las compuertas de armamento y equipo y comprobó que su cierre fuera hermético. Ahora pasaría a los motores.
Su caza tenia dos motores a reacción de tipo vectorial. Como los VF’s estaban certificados para volar tanto en el espacio como en la atmósfera (Y hasta cierto punto con capacidad submarina) poseia dos tomas de aire frontales para el vuelo atmosférico. Durante la mayor parte del tiempo un blindaje laminar las mantenia cerradas, pero el procedimiento indicaba que debía examinar su interior asi que no habia discusión al respecto. Descorrió un pequeño panel a un costado de la cabina y giró una palanca. Las protecciones se replegaron y tuvo acceso a la toma de aire de la turbina. Se encaramó hasta tener medio cuerpo dentro de la misma y procedió a iluminar con la linterna el espacio interno. Como sospechaba todo estaba bien, ahora debería hacer girar los álabes de la turbina en un sentido y el otro para comprobar su funcionamiento, pero la tarea resultó más difícil de lo que pensaba, aun con la linterna en la boca no podía manipular el pad y mover la turbina simultáneamente. Al cabo de unos minutos se dió por vencido y salió de la toma de aire. Se rascó el pelo mientras pensaba en atar la linterna con cinta adhesiva a su cabeza o algo asi (Meterse con el casco adentro del reducido espacio de la toma de aire quedó descartado inmediatamente) Mientras pensaba esto, sintió un tirón en una de las mangas de su traje de piloto que lo hicieron darse vuelta. La joven estaba detrás de él.
-¿Necesitas ayuda? -Dijo mientras se cruzaba los brazos.
Jim la miró unos segundos y finalmente asintió con la cabeza. Le entregó la linterna y le indicó que iluminase el interior de la toma de aire.
-Me llamo Tass. -Dijo mientras encendía la linterna y seguía al Teniente.
-Soy Jim. -Dijo, luego agregó un poco más bajo. -Perdona por haberte apun... -No llegó a terminar la frase porque ella ya lo había adelantado y estaba iluminando la turbina con la linterna a la vez que daba pequeños saltitos de alegría.
El Teniente Primero Jim Glenn, del Escuadrón Ámbar de Enlace Situacional de la Base Orbital New Dallas en Edén suspiró resignado.
12 por Gerli
-Soy Cinthya Ross, encantada de conocerlos chicos.
El grupo de niños más pequeños irrumpió en un griterío de bienvenida mientras los alumnos más grandes aplaudían respetuosamente.
Cinthya permaneció de pie junto al pizarrón sintiéndose completamente fuera de lugar. No había previsto que en su primer dia de trabajo sería presentada como si fuera una estudiante de intercambio. Sonrió y les devolvió el saludo lo mejor que pudo mientras de reojo miraba a la profesora suplicando ayuda.
La profesora Silvia debía de tener unos treinta años, pensó Cinthya, al menos era casi una cabeza y media más alta que ella y ademas tenia una figura que cualquier actriz o modelo envidiaría. Vestía muy correctamente: falda hasta las rodillas y un saco de un rosa pálido que dejaba ver una blusa violeta con un discreto escote que no dejaba tan en evidencia su generoso busto (Otra de las cosas que hicieron sentir incómoda a Cinthya y sus modestas medidas).
Silvia se acercó a la joven mientras aplaudia y pedía silencio a la clase.
-Bienvenida a la Colonia Cinthya. Los chicos y yo estamos encantados de conocerte.
Cynthia se ruborizó un poco mientras cruzaba sus manos por delante. -Gracias por la bienvenida, no me esperaba semejante recibimiento. -Miró al fondo del salón y vió a Akemi sentada junto a 3 chicos mas que agitaba el brazo y le daba ánimos.
-Es la hora del almuerzo casi. -Dijo mirando su reloj de pulsera. -Creo que es una buena oportunidad para que nos acompañes y hagamos una especie de banquete de recibimiento ¿Que les parece chicos? los gritos de aprobación estremecieron el aula. -Decidido entonces! -Exclamó la profesora.
De inmediato los niños comenzaron a guardar sus útiles escolares y sacaron las viandas de sus mochilas. Mientras tanto los chicos mayores comenzaron a juntar los pupitres en el centro del salón formando una gran mesa para poder comer todos juntos. En la cabecera ubicaron el pupitre de la Maestra y Cinthya fue invitada (u obligada prácticamente) a ocupar ese lugar privilegiado del “banquete”.
Silvia ocupó el asiento a su derecha y los demás niños se colocaron mas o menos en grupos a cada lado de la mesa.
Akemi se acercó a Cinthya y le preguntó si había traído alguna vianda o si necesitaba ir a comprar algo pero la joven le contestó sacando una lunchera plástica y una lata de bebida de su mochila.
La mayoría de los niños llevaban emparedados y bocadillos de esos que las máquinas preparaban automáticamente cada mañana al levantarse la familia. Solo algunos de los chicos mayores tenían comida que parecía haber sido hecha por ellos mismos o por sus madres. Akemi habia traido una vianda de comida asiática... arroz, mariscos, huevos y vegetales. Cinthya se sorprendió al ver que había varios tipos de comidas autóctonas entre las viandas. Almorzaron y charlaron animadamente un largo rato, lo que le permitió a cada niño tener la oportunidad de presentarse y contar algo sobre si. Al cabo de un rato Silvia se levantó y excusándose llevó a los niños más pequeños a dormir una siesta en el salón contiguo. El resto de los alumnos se dividieron los trabajos de limpieza; mientras un grupo llevaba los utensilios a lavar, el otro grupo (los chicos mayores) comenzaron a barrer el aula y a vaciar los papeleros.
Cinthya consultó la hora y vió que se había retrasado al menos una hora en su cronograma de tareas... decidió que ya que estaba en la escuela aprovecharia y llenaría las notas de observación que luego incluiría junto a los datos recogidos por los instrumentos de medición. Para no molestar a quienes hacian la limpieza, salió al pasillo y se sentó en una de las escaleras que bajaban a la planta baja.
Apoyó su Pad en las rodillas y se quedó contemplando los campos de escritura del reporte sin saber que escribir. La idea que se habia hecho de la Colonia al leer los informes que el departamento de archivo le había asignado no cuadraba en nada con la atmósfera que se respiraba en la colonia... salvo la Capitana Amanda claro, que a los ojos de Cinthya era una perfecta caricatura de autoritarismo.. solo le faltaba el látigo y la calavera en la gorra.
Resignandose, comenzó a describir rápidamente observaciones casuales sobre la gente que había visto. El ambiente parecía limpio, la gente se veía saludable aunque la piel presentaba la palidez esperada de las colonias sin atmósfera artificial. Había niños de varias edades que evidenciaba una tasa de crecimiento, si bien relativamente baja, sostenida. Los datos poblacionales que había adquirido de la red interna de la Rainbow difieren bastante de los de su archivo y con la limitada cantidad de personas que la habitaban, además de la relativamente corta vida de la colonia, cualquier gráfico o análisis poblacional no era viable estadísticamente.
La Colonia se separó de la flota 37 en el año 2044, hace 14 años aproximadamente. De sus 342 habitantes originarios, solo 293 figuraban en el manifiesto del censo del año anterior. Cinthya alejó de su cabeza cualquier idea al respecto, no era su trabajo. Solo estaria 2 o 3 días a bordo de la Colonia y la historia de sus habitantes no era asunto de ella.
-Reste dos personas de esa lista. -Dijo de pronto una voz tras ella. -Y sume otra. -Contestó otra voz (esta vez femenina). -El pequeño Jhoan tiene 6 meses ya.
Cinthya se volteó y vió a los cuatro chicos “grandes” que estaban alrededor de ella.
-Lo siento. -Dijo la muchacha de cabello rubio quien se habia presentado antes como Mina. -Terminamos hace rato y como no te vimos en el salón salimos a buscarte. ¿Interrumpimos tu trabajo?
-Ah, no pasa nada chicos. -Dijo Cinthya mientras apagaba la pantalla de su Pad. -Ya terminé de escribir.
Las dos chicas se sentaron una a cada lado de Cinthya mientras los chicos se apoyaron en la barandilla de la escalera.
-¿Y? Dijo Mina. -¿Que te parece la Rainbow?
Cinthya levantó la cabeza y miró al techo pensativa. -Es la primera vez que estoy en una colonia independiente. -Dijo finalmente. -Es todo mucho más tranquilo de lo que esperaba.
-Te va a sorprender el contraste con la zona de talleres. -Dijo el joven que había hablado primero, el cual se habia presentado como Manuel. -Como estamos casi al otro lado de la nave, la atmósfera es mucho mas tranquila.
-¿Vas a trabajar también en el Campo Cinthya? -Preguntó Akemi
-¿El Campo es la zona de batalla donde reciclan las naves Zentradis?
Mina asintió. -Si, todos lo llamamos El Campo.
-Entonces vas a conocer a Ralph. No te asustes cuando lo veas. -Dijo Manuel con una sonrisa.
Mina le dirigió una mirada de reprimenda. -No hables así de Ralph. -Dijo.
-Ya nos conocimos al llegar. -Dijo Cinthya ante la mirada incrédula de los chicos. -En Eden hay barrios residenciales Zentradi y me acostumbré a convivir con ellos.
-Pero Ralph no es Zentradi. -Dijo Akemi mientras convidaba un dulce a Cinthya. -Es un ser humano como nosotros.
-Amanda ya nos lo explicó ayer a la tarde. Tuvimos una breve entrevista en su oficina.
-Ah... el basurero de Amanda. -Manuel estalló en una carcajada.
-Manuel conoce bien la oficina de Amanda. -Dijo Mina con un suspiro de resignación. -El y Will iban dos o tres veces al mes a rendir cuentas por las travesuras que hacían juntos....
-¿Will? -Cinthya sonrió. -También nos conocimos ayer.... espero que este bien, la última vez que lo vi estaba atado como un saco.
-Está en el calabozo. -Dijo Mina. -Esta bien, es algo así como su segundo hogar.
Matt tuvo un pequeño sobresalto, cosa que no pasó desapercibida a Cinthya. El chico de cabello pelirrojo había estado callado la mayor parte del tiempo, solamente articuló un frío “Mucho gusto” cuando Akemi los presentó.
-Ralph dijo que hizo algo grave... -Mina miró a Cinthya con preocupación evidente en el rostro. -¿Tuvo algún problema contigo?
Cinthya hizo un gesto negativo con ambas manos. -No no, no fue nada grave... creo. -Dijo mientras bajaba la mirada hacia el piso.- Creo que mi piloto resultó algo más molesto que yo pero... -Se interrumpió cuando Akemi levantó el mechón de cabello de su frente para ver el moretón.
-Si Will te causó esto, va a desear quedarse en esa celda un poco mas. -Dijo Akemi con el ceño fruncido.
Matt abrió los ojos como platos. La reacción de los demás no fue muy diferente.
-¿Que mierda hizo Will? -Exclamó Manuel mientras se erguía en la escalera.
Mina se había llevado las manos a la boca y la miraba aterrorizada. Cinthya se puso de pie y trató de calmar a la joven. -Estoy bien, no fue grave, fue un accidente. -Trataba de transmitir calma pero se dió cuenta que estaba temblando.
-Fue una salva de misiles.
El grupo se quedó en silencio al escuchar la afirmación de Matt. La calma con la que lo había dicho había congelado el ambiente.
-¿Co-como lo sabias? -Logró preguntar Cinthya.
-No lo sabia, pero me lo imagine. -El joven se incorporó y miró fijamente a Cinthya. -¿Se lo van a llevar de la Colonia por atacar una nave de la NUNS?
Ahora todos estaban de pie mirando a la joven forastera con miedo e incertidumbre. El ambiente se habia vuelto extremadamente tenso. El joven pelirrojo abria y cerraba los puños y no apartaba los ojos de Cinthya.
-¿Se lo van a llevar? -Volvió a repetir la pregunta con la voz ahora evidentemente tensa.
Con un rápido movimiento Akemi se interpuso entre ambos con los brazos extendidos.
-Basta Matt, es suficiente.
El joven bajó los brazos y permaneció con la cabeza gacha unos momentos, de pronto se dió media vuelta y bajó corriendo las escaleras.
-¡Matt! -Gritó Mina inútilmente. El joven había salido ya del edificio y corría hacia el centro de la colonia.
Cinthya había quedado paralizada apoyada contra la pared. Akemi se acercó a ella para tranquilizarla pero Cinthya le apartó con delicadeza. -Estoy bien. -Dijo. -No paso nada, pero..., -Miró a las escaleras con evidente preocupación. -¿El va a estar bien?
-Te apuesto mi mensualidad que fué corriendo a hablar con Amanda, -Dijo Akemi.
Mina también había quedado inmóvil en medio de la escalera. Manuel se acercó y le palmeó el hombro. -Ya está Mina, Amanda va a arreglar esto. -Dio vuelta la cabeza y miró a Cinthya con una sonrisa. -Ella siempre arregla todo en esta nave.
13 por Gerli
Matt se detuvo frente al elevador principal y se quedó apoyado contra la puerta respirando agitadamente. Su primer impulso había sido correr hacia la Oficina de Amanda, pero ahora que su cabeza empezaba a pensar con claridad comprendió que la Capitana no llegaría a su oficina hasta bien entrada la tarde. Pasaba casi todo el dia en el puente de mando mientras hubiese operaciones en el Campo junto al reducido grupo de técnicos que supervisan todo el trabajo dentro y fuera de la nave. La entrada de cualquier trabajador no calificado (y mucho menos un “civil” como el) estaba totalmente prohibida.
-Mierda. -Se dijo dando un golpe a las puertas de metal. -Mierda!.
Tampoco podría visitar a Will sin la autorización de Amanda, eso lo sabía muy bien. Solo le restaba volver a la escuela o... se dió vuelta y miró hacia la última cubierta, donde los grandes ventanales se asomaban apenas entre las barandillas.
Se sentía completamente abatido. Sin pensarlo demasiado se alejó del elevador y encaminó sus pasos hacia la escalera de acceso a las cubiertas superiores. Solo había un lugar donde podria pasar el tiempo y pensar un poco... se dió cuenta que dependia exclusivamente de la música para ello.
Se había dejado los auriculares en la escuela. Mina seguramente los recogeria y los llevaria a su dormitorio mas tarde. No habia nada que hacer, iria al salón de actos y tocaria el piano hasta que sus ideas se aclarasen un poco.
Subió lentamente los escalones que momentos antes había bajado a los saltos. Si Will era extraditado de la Rainbow... no, no queria pensar en el asunto. Los cinco eran un grupo inseparable. Will, dos años mayor que ellos, fué el primero en graduarse de la escuela para unirse a la plantilla de adultos que trabajaba en el Campo, hacía dos años ya de eso. Aún así nunca se habían verdaderamente separado. Pasaba cada una de sus horas libres junto a ellos como si aún fuera un estudiante. Amistades como estas duraban para siempre, pero...
Llegó a la cubierta superior y contempló el parque. El cielo todavía estaba azul en los ventanales y unas pequeñas nubes se escurrian por la parte superior.
No quiso pasar cerca de la escuela. Rodeó la cubierta para pasar por detrás del parque y entrar al salón de actos sin que nadie lo viera. Caminó pues al lado de la barandilla pasando por el lugar donde varias horas antes Cinthya y Akemi habían estado conversando antes de entrar a la escuela.
Dio la vuelta por detrás del parque y caminó entre los canteros de césped y el árbol más cercano a una de las paredes de metal que dividían esa parte de la nave. Caminaba con la cabeza gacha mirando sus propios pies, por eso no vio al extraño hasta que estuvo a escasos dos metros. Matt se detuvo y miró a la persona sentada en el banco. Era un joven que a su parecer no llegaría a los 30 años vestido con uniforme de piloto militar que nunca había visto en la Colonia. Tenía el cabello corto de color verde oliva, con unos ojos de un color violáceo que nunca había visto en gente de la Rainbow. Estaba sentado en uno de los extremos del banco con uno de sus brazos apoyados en el respaldo del mismo. Su casco de vuelo estaba en el suelo delante de sus pies.
El piloto lo miró y levantó el dedo índice. Se lo llevó a los labios haciendo el gesto universal de silencio.
Sólo entonces Matt reparó en que Tass estaba acostada en el banco con su cabeza apoyada en el regazo del piloto, durmiendo profundamente.
Era Tass, no cabía la menor duda. Una de las “conejitas” (1) del puente de mando de la Rainbow. (Matt no sabía el porqué de ese apodo, pero siempre se había llamado conejitas a las chicas que trabajaban con Amanda y como nadie las llamaba por ese nombre en su presencia, no había nada que discutir)
Matt levantó la vista y miró al soldado con la boca abierta. El piloto se encogió de hombros e hizo un pequeño gesto de vaivén con la mano que a Matt se le antojó una especie de “circule, circule”.
Eso hizo, al fin y al cabo estaba demasiado sorprendido como para hacer alguna pregunta. Caminó a un ritmo algo más acelerado mientras echaba miradas hacia atrás para cerciorarse que no había visto alguna alucinación. El piloto estaba ahora recostado en el banco y parecía relajarse.
Sin darse cuenta llegó a la puerta del salón de actos. Estaba abierta.
Matt asomó la cabeza dentro del salón y vió que las luces estaban apagadas, todo estaba en penumbras salvo por la luz azulada que emitían unas pantallas al fondo, donde estaba el escenario y su piano.
-Lo que faltaba. -Suspiró resignado Matt.
Entró al salón y camino hacia el fondo del mismo. Había un carro que sostenía varias pantallas y un par de gabinetes de equipo electrónico. De todos ellos salían cables que cruzaban el escenario y desaparecian tras las desgastadas cortinas rojas.
Matt conocía esos equipos y sabia quien los había traído hasta allí.
-¿Doc?.
Desde detrás del piano se escucharon unos murmullos y el Doctor Evans asomó la cabeza por entre los cables.
-Hola Matt, no te esperaba hasta dentro de un rato.
-Yo tampoco. -Dijo sin interés mientras se acercaba al piano.
El instrumento era un piano vertical de esos que se usan en las academias de música. Estaba hecho de materiales compuestos, nada que ver con las fotos de los pianos antiguos que aparecen en la red. (Después del cataclismo sufrido en La Tierra no habían sobrevivido instrumentos clásicos) Evans lo había comprado en una subasta hace ya varios años en alguna colonia lejana y lo había donado a la escuela. Bueno, más bien se lo había regalado prácticamente a Matt ya que nadie más en la Rainbow lo usaba.
El joven apoyó su mano sobre las teclas y la deslizó de un lado a otro sin presionarlas. Permaneció de pie frente al instrumento mientras Evans recogia apresuradamente sus herramientas detrás del piano.
Matt oprimió una letra y escuchó el sonido. El acorde resonó en el salón y vió como una de las pantallas a su derecha mostraba un pequeño pico de actividad en una tabla de gráficos vectoriales. Suspiró profundamente y se sentó en el taburete dejando caer los brazos a los costados.
-Doc... empezó a decir.
-Medio minuto muchacho.
Una de las pantallas dejó de mostrar una serie de líneas de códigos y en su lugar apareció un gráfico de un plano visto en una proyección tridimensional. Matt sabía lo que era por haberlo visto cientos de veces. Significaba que los sensores estaban calibrados y preparados. Miró hacia el techo y vió los dos grandes paneles de oscuras celdas exagonales ubicados a unos dos metros de altura y orientados hacia abajo en 45 grados, de forma tal que cubrían piano y el pianista.
-Listo. -Dijo Evans mientras tomaba asiento frente a las pantallas y se colocaba unos grandes auriculares.
-Matt abrió la boca para decir nada pero la cerró resignado. Levantó los brazos y dejó que sus manos buscaran el contacto con las teclas.
Pasó algo así como un minuto sin que sus manos hicieran algo más que acariciar el suave plástico de las teclas. Evans giró la cabeza en dirección a Matt y lo miró con preocupación en el rostro.
El joven tenía la cabeza gacha mirando el teclado y movía las manos lentamente pero no presionaba ninguna de las teclas.
-¿Matt? .-Evans se quitó los auriculares. -¿Estas bien?
Matt asintió con un pequeño movimiento de cabeza y cerrando los ojos tomó una bocanada de aire. Eso siempre lo ayudaba a empezar. Las notas comenzaron a fluir a mismo tiempo que sus pulmones se vaciaban de aire. Evans sonrió y volvió a ponerse los auriculares.
Matt no solia tocar con los ojos cerrados, pero cuando se trataba de música compuesta por el, como la pieza que estaba tocando ahora, lo hacía sentir mucho mejor. Las notas aparecían frente a sus ojos como fragmentos de su memoria en la Rainbow, como un rompecabezas de sonidos que resaltaban ecos en cada pared, en cada techo y cada columna. La nave tenía su propia música y Matt sospechaba que lo que él había transcripto a la partitura no era más que una simple interpretación de los latidos que parecía escuchar. La pieza comenzaba como el amanecer de la colonia, con cada módulo recibiendo la orden de despertar dada por la batuta del puente de mando, arrancando máquinas y sistemas de toda clase. Desde los grandes paneles donde el sol ascendía y alejaba las sombras del parque hasta las luces de cada camarote y compartimento en las cubiertas comunales. Cada cafetera, cada tostadora, cada colono de la Rainbow sumaba una nota a la melodia que progresivamente iba aumentando en intensidad hasta que las grandes máquinas entraban en operación. Ahora las notas eran más fuertes, la mañana llegaba a su fin y la actividad en la nave llegaba a su mayor intensidad. Las grandes grúas trasladaban piezas y contenedores y los sistemas de transporte de rieles bullían de actividad. Las prensas moldeaban las placas de metal y creaban nuevas formas que luego eran trasladadas a los depósitos en las cubiertas inferiores. Había una ligera pausa en la actividad y luego todo comenzaba de nuevo, pero esta vez marcaba un ritmo diferente, donde las máquinas comenzaban a silenciarse una tras otra. Donde ya no se trataba de dar forma a las cosas.
Ahora llegaba el fin del día, donde los sonidos de los transportes y gruas indicaban que lo hecho en el dia debia volver a su puesto, listo para volver a empezar al día siguiente. Los vagones se detenían, las grúas quedaban silenciosas, los televisores se encendían y las notas se esfumaban en una serie de ligeros tonos.
Matt abrió los ojos. ¿Porque había tocado justo eso? Quería alejar su pensamiento de los problemas de la Colonia y por el contrario se habia metido de lleno dentro de la misma Colonia.
-Es raro oirte tocar eso. -Dijo Evans que lo observaba con curiosidad. Se había dado vuelta en la silla a la vez que se quitaba los auriculares. -¿Todavía no le pusiste nombre a esta canción?
Matt negó con la cabeza. No creía que mereciera un nombre. Solo era una canción que había compuesto mientras aprendía el lenguaje musical.
-¿Cuanto marqué Doc? -preguntó mientras miraba las pantallas
-Solo 0.75 -Evans movió la cabeza de un lado a otro. -Tu marca más baja Matt.
Matt se enderezó en el taburete y miró hacia el techo. Al cabo de un momento miró a Evans y sonrió tímidamente. -Me falta mucho para ser como Basara ¿No?
Una mueca de disgusto apareció en el rostro de Evans.
-Te dije mil veces que no te le compares. -Su voz sonaba tensa. -Tu y Basara son diferentes, la música de ambos es diferente, no debes compararte con el.
-No. -Dijo Matt
-¿No?. -Evans se incorporó y señaló los monitores. -Matt, esto no se trata de ver quien tiene la emisión de Song Energy más grande.
Matt giró su taburete y se enfrentó a Evans, la mirada que tenía dejó perplejo al médico.
-Y una mierda. -Matt apretó los puños. -Somos iguales, somos músicos, los dos tenemos la misma pasión.
-¿Pasion? -Evans se quitó los lentes y los guardó en uno de los bolsillos de su guardapolvo. -Matt, escuchame... por lo que yo se, hasta la propia Minmay podría tener una emisión de Song Energy más baja que la tuya.
-Mentira.
-No, no es mentira Matt.. Basara es.. -Evans sacó un pequeño pañuelo de su pantalón y se limpió la frente. -Por lo que sabemos, Basara bien podría ser un monstruo en lo que respecta a la energía que emite cuando canta.
-¿Ahora lo llama “monstruo”?
Evans se sentó en la silla y se masajeó la sien con una mano. -La investigación del Doctor Chiba sobre Basara y Fire Bomber fué eliminada de los registros hace muchos años ya. Secreto militar dijeron. Todo lo que tenemos son los reportes que el propio Chiba subía a la red durante su investigación en la Flota 37, si no fuera por esos registros no sabriamos nada de la Sound Energy o de lo que podía hacer Basara.
-¿Y?
-Matt... -Evans se puso los lentes y señaló el monitor del gráfico tridimensional. -Chiba tenia uno como estos y podía detectar el canto de Basara a más de cien años luz de distancia. ¿Te das cuenta la cantidad de energía que implica eso?
Matt resopló. -Eso prueba el compromiso que ponía al cantar.
-No. -Evans se acarició la barbilla. -uno de los últimos reportes de Chiba antes de que su investigación fuera clasificada hablaba sobre designar a Basara como un ente especial, algo que Chiba no podía aplicar al resto de Fire Bomber, solo al propio Basara. Un Anima Spiritia.
-¿Un que? -Preguntó sorprendido Matt
-Anima Spiritia. Solo sabemos eso, solo el nombre. Chiba nunca explicó el porqué esa clasificación de las habilidades de Basara.
-Anima Spiritia. -Matt repitió el nombre en voz baja.
-Voy a darte mi opinión Matt. -Evans se enderezó en la silla y miró fijamente al joven. -Basara y tu son diferentes aunque compartan la misma música ¿Sabes porqué? Porque Basara es energía pura. Es como si pusieras una flauta al final de la turbina de una nave. Cuidadosamente controlando el flujo de aire puedes llegar a crear música, pero nunca será lo mismo que quien controla su energía y la canaliza en pos de expresar su música con el sentimiento en vez de la fuerza.
Matt permaneció en silencio mirando el piso.
-Vos no cantas ni gritas como Basara, pero tu energía fluye cuando tocas ese piano y esta es la prueba de ello.
Evans se levantó accionó una de las pantallas. De pronto las tres pantallas mostraron la misma imagen: un jardín con cientos de plantas de todas formas y tonos de verde alineadas en terrazas que formaban un medio círculo alrededor de un estanque de aguas claras.
-El jardín de Ralph. -Dijo Matt
-Tu música es la que hace crecer esas plantas Matt. Si no fuera por tu energía ese jardin no podria florecer como lo hace.
Matt se sonrojó. El lo sabia hace rato. Como parte de la investigación de Evans habia micrófonos en el piano que enviaban su música al jardín de Ralph.
-¿Lo entiendes ahora? -Dijo Evans mientras cambiaba las pantallas a su anterior estado. -Sos muy especial Matt, tu música no es para guerras ni conflictos, es la forma más pura de energía, la que cura y hace crecer las cosas... la energía de la verdadera canción.
-La verdadera canción. -Repitió Matt.
Evans sonrió satisfecho.


1. Bridge Bunnies. (Conejitas del puente)
2. Song Energy (Energia Musical)
14 por Gerli
Con el rabillo del ojo vió el resplandor que las toberas del Regult emitieron en un flash al alcanzar su máxima potencia antes de cargar sobre el.
En apenas una fracción de segundo pasó de modalidad Gerwalk a Caza para reducir al mínimo la silueta del fuselaje que quedaba expuesta al ataque enemigo. La mayoría de los disparos pasaron bajo el vientre del caza pero una nueva ráfaga de disparos apuntaba directamente a la cabina. Usando los propulsores frontales logró levantar el morro del avión lo suficiente para salir momentáneamente de la línea de fuego pero ahora el Regult se posicionaba a sus 4 y lo dejaba completamente vulnerable. Aceleró al máximo y de un solo golpe zambulló al caza entre los restos del escuadrón de armaduras Zentradis que había abatido hacia solo unos momentos. El Regult cayó en la trampa y se sumergió en picada justo en la cola del VF-1 que en esos momentos se encontraba en la mitad inferior de un rizo. Cuando ambas máquinas estuvieron dentro del radio de giro exterior del círculo Will solo tuvo que disparar los lasers que se desplegaban desde la cabeza del Valkyrie que en modo Caza sobresalian desde el vientre del avión. El haz anaranjado cortó longitudinalmente la trayectoria circular del Regult, atrapado sin remedio en la fuerza centrifuga del giro cerrado que Will había planeado.
No vió la explosión, pero al desaparecer la señal de su radar supo que todo había terminado. Estabilizó su vuelo y volvió hacia la marca de navegación para retomar su plan de vuelo de patrulla CAS. Su pantalla de radar se iluminó de pronto en grandes ondas rojas y Will alejó el zoom para ver de donde provenían las señales de contactos. Con horror vió que un grupo de 5 contactos se dirigía a toda velocidad a la Rainbow. Entrarían dentro del radio de fuego en apenas 3 minutos. Will consultó el combustible de sus FastPacks y comprendió que sus reservas estaban casi agotadas. Solo tenía suficiente impulso de sus postquemadores auxiliares para unos segundos de empuje. Había luchado con un grupo de distracción y ahora estaba demasiado lejos para llegar a tiempo. Will no dudó un segundo; fijó los 5 blancos y disparó todos sus misiles con la esperanza de alcanzar a los enemigos antes de que salieran de su rango de ataque.
Las estelas de la salva de una veintena de misiles se entrelazaron en caprichosas figuras mientras perseguían a sus presas. Will vió como se alejaban de su nave hasta que solo fueron puntos de luz a una docena de kilómetros por delante. Will cruzó los dedos de los pies y esperó pacientemente. Los segundos parecían durar horas. De pronto el horizonte se llenó de explosiones y Will miró el radar. El corazón le dió un vuelco y comprendió lo que había pasado. Dos contactos se habían separado del grupo atacante y habían interceptado todos los misiles. Los tres restantes habían entrado ya al radio de seguridad de la Rainbow y disparaban sus misiles sin ningún tipo de resistencia.
Dejó caer sus brazos completamente agotado. Lo último que vió fué una explosión monumental antes que una voz a su espalda lo trajera a la realidad.
-Grave error no aprovechar el Momentum.
Will se volvió rápidamente y vió que la puerta de la celda estaba abierta. No solo eso, Amanda estaba sentada en la cama y lo miraba atentamente con las manos cruzadas sobre su regazo.
-Mo... ¿Momentum? -Atinó a balbucear Will mientras retrocedía asustado hacia la pared, donde la pantalla adosada a la misma se había apagado repentinamente.
Amanda suspiró y ladeó la cabeza de un lado a otro. -Momentum Will, Momentum... si hubieras usado esos pocos segundos de postquemadores que te quedaban para aumentar tu aceleración total y recién entonces disparabas, hubieras agregado ese momentum de velocidad a la de los misiles y tus chances de ataque hubieran aumentado considerablemente.
Como Will estaba paralizado contra la pared del fondo de la celda Amanda no tuvo más remedio que seguir hablando.
-Ese videojuego... ¿Es cosa de Tass, no?
Will miró sorprendido a Amanda, a pesar de la poca luz que entraba por la puerta pudo ver claramente que el rostro de la mujer no mostraba signos de cólera. Estaba sentada con una pierna cruzada sobre la otra y miraba la pantalla sobre la cabeza de Will. Por un fugaz momento le pareció notar cansancio en ese rostro que había aprendido a temer durante gran parte de su vida en la colonia.
-Si. -Dijo finalmente. -Es increible lo que hizo esa chica.
-¿Lo programó ella sola? Preguntó Amanda.
-No solo eso, lo programó desde el Puente de Mando sin verlo nunca, ella no conoce las celdas en persona, solamente hackeó la pantalla y en la poca memoria libre que tiene programó todo un simulador de combate.
-¿Que utilizas para manejarlo?
Will señaló hacia el techo de la celda donde una cámara de vigilancia descansaba en un pequeño nicho de la pared de la celda protegida por un grueso cristal blindado.
-Tass también modificó la cámara para que reconozca patrones de movimiento y los alimenta como Imput del juego. -Dijo Will mientras levantaba las manos imitando un volante, con los pulgares extendidos hacia arriba y los índices actuando como gatillos.
-Esa chica es una maravilla. -Dijo Amanda mientras se recostaba contra la pared de la celda a la vez que cerraba los ojos.
-Amanda yo...
Amanda levantó una mano y Will guardó silencio. Permanecieron asi un par de minutos. Finalmente Will se puso de pie y se sentó en la cama al lado de Amanda, apoyandose el tambien contra la pared metalica.
-La cagué, ¿No?
Amanda asintió sin abrir los ojos.
En la pared frente a ellos había una pizarra de corcho donde Will había pegado varias fotos para “decorar” un poco su segundo hogar. Se veían varias fotografías de su época de estudiante, destacándose en casi todas ellas la roja melena de Matt y las exageradas poses de Akemi, siempre colgada de los hombros de Manuel. Tambien habia fotos de los cinco amigos en la palma de la mano de Ralph, con Tass y la señorita Silvia.
Una foto era mas grande que el resto. Se podía ver a la Rainbow en todo su esplendor con una parte del Campo que asomaba por detrás, como si de una galaxia de desperdicios se tratara.
-¿Porque vinistes? -Preguntó Will
Amanda abrió los ojos y contempló las fotografías. Era notable como con tan poco se podía dar un ambiente reconfortante en aquella minúscula celda.
-A decir verdad. -Comenzó. -Este es el lugar más tranquilo de la Colonia. Necesito poner en orden un par de ideas y no quiero gente zumbando alrededor mío.
Will asintió pero no dijo más.
-Vos y Tass son los expertos en estas cosas... Freaks de todo lo que tenga que ver con los aviones y robots de la flota. -Will abrió la boca para contestar pero al simple gesto del dedo índice de Amanda levantado se obligó a cerrarla.
-Tass analizó el accidente -Amanda le dió una entonación especial a la palabra “accidente” que le puso a Will los pelos de punta- y opina que algo muy raro pasó con ese avión.
El joven se sentó derecho en el borde de la cama y miró a Amanda con el ceño fruncido.
-Es lo que quise explicarle a ese piloto. -Dijo. -Los misiles de los Nona son para usar a corto alcance, no hay forma de que ofrecieran un peligro para un caza que estuviera fuera del rango efectivo. Cuando vi que que bloquearon todos al unísono corrí a la terminal del Trailer y revisé la EWR, ese piloto aceleró hacia los misiles, nunca vi nada como eso.
Amanda también se sentó derecha en el borde de la cama y miró a Will directo a los ojos. -Eso corrobora exactamente lo que dijo Tass, el piloto no vió los misiles hasta que los tuvo frente a su nariz. -La Capitana se quitó la gorra y miró la gran fotografía de la Rainbow. -Will, vos conocés esos misiles como la palma de tu mano. ¿Cual es el requerimiento para que bloqueen un objetivo desde tan lejos y que además sea una aeronave de tipo furtivo?
Will cruzó sus brazos mientras miraba al piso. -La señal IR queda descartada, la aeronave venía hacia nosotros, por lo que las toberas estaban ocultas a los sensores. Descartado.
Amanda asintió.
-También descartemos el perfil de radar, un VF-17 solo tiene una ligera firma de retorno y sólo desde el lateral... si tomamos en consideración el ángulo con el que se aproximaba al Campo... no, descartado también.
-¿Entonces? -Preguntó Amanda
-El VF-17S2 es una nave especializada. -Will hablaba lentamente, como tratando de recordar los detalles minuciosamente. -Su función principal es la de enlazar operaciones entre varios grupos de asalto en despliegues de frente amplio. Algo asi como un satélite de comunicaciones movil. -Dijo mirando a Amanda. -Entonces... mierda -Will abrió los ojos como platos. -¿El piloto tenía el enlace de datos abierto y transmitiendo? Eso sería como gritarle con un altavoz a los misiles para decirles donde están.
Amanda asintió lentamente. -Eso es exactamente lo que pienso Will
-No, imposible. -Dijo Will. -La computadora de abordo nunca mantendría el enlace abierto mientras hubiese contactos de radar.
Amanda suspiró fuertemente -¿Nunca oíste hablar de la doctrina de la Ballesta?
-¿Eh? ¿Ballesta? -Will miró atónito a Amanda. -¿El arma esa de la antigüedad?
-Exacto.
-Sé lo que es una Ballesta Amanda, pero no se que relación tiene con esto.
-La Ballesta reemplazó al arco durante la antigüedad mucho antes que la pólvora llegara a dominar los campos de batalla. Cuando enfrentas a un Arco contra una Ballesta salta a la vista quien tiene la ventaja.
-¿Eh?
-Un arquero podía disparar 10 flechas en el tiempo que le tomaba a un ballestero cargar, tensar y disparar una saeta con su Ballesta.
Will no sabía qué responder, supuso que guardar silencio y escuchar lo que Amanda tuviera que decir seria lo mas apropiado.
-Los comandantes de aquellos tiempos se dieron cuenta que a pesar de la desventaja en la cadencia de disparo, la Ballesta tenía una característica que la hacían el arma ideal. -Amanda extrajo su Pad del bolsillo interno del uniforme y consultó que siguiera apagado. Volvió a guardarlo sin dejar de hablar. -Un Arquero tardaba años en dominar el tiro con arco. En cambio cualquier aldeano podía apuntar y disparar con una Ballesta.
-Si claro. -Dijo Will. -¿A que quieres llegar?
-¿Cual fué el cambio de paradigma más importante en la cuarta generación de cazas del Gobierno de Unificación?
Will se acarició la barbilla mientras miraba el techo de la celda. -La cuarta generación fue el reemplazo de los VF-11 como caza principal de la UNS... El elegido fué el VF-171, un modelo derivado del VF-17
-Continua.
-Desde el VF-1 el criterio de diseño de caza variable no sufrió grandes cambios. El VF-4 y el VF-11 fueron cazas que si bien tenían una estructura diferente a la de su predecesor, compartían los mismos sistemas de control. Todo cambió luego del Proyecto Supernova.
-Sigue.
-Había tres doctrinas enfrentadas durante el Proyecto Supernova. Una abogaba por darle al piloto el control total de la aeronave para obtener velocidad y maniobrabilidad sin restricciones, a costa de llevar al límite al piloto claro.
-Ese fue el YF-19 -Dijo Amanda
La otra postura era derivada de la ingeniería inversa de los Queadluun, una interfaz hombre-máquina en la cual se conectaba el sistema nervioso del piloto a los sistemas del avión para conseguir tiempos de respuesta casi instantáneos. El problema era que se requería una fortaleza mental muy superior a la media para sacar un rendimiento aceptable a semejante sistema.
-El YF-21
Will asintió. -La última postura abogaba por la eliminación de los pilotos y su reemplazo por una IA autónoma.
-Una estupidez.
-Una estupidez que sin embargo produjo un cambio importantisimo en las decisiones del Alto mando. Los eventos que se sucedieron durante el Aniversario de los 30 años del fin de la Primera Guerra Espacial fueron decisivos en esto. -Will se levantó de la cama y caminó hacia la pared del fondo. -Luego del ataque terrorista que saboteó los sistemas informáticos del SDF-1 y dejó sin energía a toda ciudad Macross cualquier desarrollo de IA’s autónomas fué abandonado, pero al evaluar los resultados del Proyecto Supernova se llegó a la conclusión de que las especificaciones de los nuevos VF’s superaban con creces la habilidad de los pilotos regulares. Había pocos pilotos que pudieran dominar la terrible potencia de los nuevos motores y la creciente capacidad de maniobra. Simplemente el ser humano no podía controlar tanto poder.
Amanda asintió lentamente. -¿Entonces?
-Entonces se llegó a una decisión, el nuevo caza de la UNS debía ser un sistema dual, donde el piloto comandara la nave pero solo a través de un sistema informatizado que sirviera de regulador de lo que el piloto podía o no podía hacer con su aeronave.... claro. -El rostro de Will se iluminó. -¿Esto es lo que querias decir con lo de la Ballesta?
-La expansión de la civilización humana por la Vía Láctea requiere muchos más pilotos de los que nuestra sociedad puede producir. -Amanda miró con el ceño fruncido a la pantalla donde Will había estado jugando hace un rato. -Los nuevos pilotos son como aldeanos disparando Ballestas, no saben como dominar la técnica del arco, solo sirven para oprimir el gatillo cuando su comandante se lo explica.
Will se rascó la cabeza. -Ok, entiendo tu analogia pero no veo como aplicarla a nuestro problema Amanda..
-Ese piloto... Jim se llama. -Recordó Amanda. -Esta entrenado para seguir ciegamente las instrucciones de su computadora de abordo. No reaccionó ante la amenaza con la rapidez necesaria simplemente porque no está entrenado en ello. Creo que es la mejor muestra de lo que se ha transformado la NUNS en estos años. -Dijo suspirando profundamente. El nivel de estos pilotos nunca fue más bajo. -Dijo mientras se volvía a colocar la gorra de Capitán.
-¿Pero entonces vamos a decir que fue eso? -Will miró a Amanda con preocupación. -¿Un desperfecto en su computadora?
-Ojalá sea solo eso Will. Ahora solo depende de nuestra Mata Hari averiguarlo. -Dijo Amanda mientras se levantaba de la cama.
-¿Mata Hari? -Preguntó desconcertado Will
-Nuestra Tass, Will. Dijo Amanda con una sonrisa mientras salía de la celda y cerraba la puerta tras ella.
15 por Gerli
Unidad de Exploración Remota #7.
Informe Provisional sobre la Observación del sector EFF-04776
4 de Abril del Calendario Terrestre - Año 2031
Desclasificado.


El Sector EFF-04776 fué observado por primera vez en el año 2017 por una de las estaciones de reconocimiento de largo alcance emplazadas en la periferia de la nube de OORT del sistema solar. Su primer registro en la base de datos del LRSDS fué como una perturbación del tipo 5 (Muy grande) del campo subdimensional del espacio. En el año 2019 se descubrió la existencia de un disco de material que orbitaba el epicentro de la anomalía, lo que instó a la división de observación del espacio profundo a enviar una misión no tripulada para un Salto FOLD de largo alcance (6 meses aproximadamente desde La Tierra)
Debido a la limitación de la tecnología FOLD de largo alcance y al poco conocimiento que se poseía sobre las perturbaciones del subespacio durante un salto FOLD (Fault Surfaces), la sonda emergió a una distancia de seguridad de aproximadamente 2 años luz de distancia de la anomalía.
Mediante observación remota se comprobó la existencia de un antiguo campo de batalla de origen alienígena.
El posterior análisis de los registros de navegación y mapas estelares obtenidos gracias a la recuperación de la base de datos de la flota de Britai señalan su ubicación junto a la de un centenar de otros campos de batalla, con dataciones que se remontan hasta 5.000 años (Que es el registro más antiguo de la base de datos recuperada)
Los resultados de la observación arrojaron una serie de interrogantes sobre la formación y comportamiento del campo.
EFF-04776 presenta una estructura de 3 partes diferenciadas. Un disco de desechos con un diámetro de entre 600 y 650 kilómetros que rodea la zona esférica denominada “centro” en la cual se concentra la mayor cantidad de material y restos de mayor tamaño en un radio de aproximadamente 3 kilómetros. El núcleo de la perturbación no debería medir más de 100 metros de circunferencia.
La primera interrogante surge con el comportamiento gravitacional del campo. El disco de desechos que rodea a EFF-04776 mantiene una órbita circular de unos 32 diás terrestres. Hasta la fecha no se tienen registros de otros campos de batalla que se encuentren bajo los efectos gravitatorios de cuerpos estelares cercanos.
El segundo interrogante que plantea la observación espectrométrica del material del campo es el tamaño del mismo. Un cálculo aproximado del volumen del material observado arrojan como resultado que el tamaño de las flotas que participaron de la batalla en EFF-04776 se ubicaría alrededor de 20 veces el tamaño de la flota combinada de Boddole Zer
La investigación se centró en el epicentro de la perturbación del campo subdimensional. Si bien se comprobó que un cuerpo oscuro ocupaba el centro de EFF-04776, se llegó a la conclusión de que su reducida masa no era la causante de la distorsión del campo dimensional, ya que no poseía la cantidad de masa necesaria para ello.
La perturbación de EFF-04776 en el subespacio dimensional se expande más allá de los límites del campo de batalla. El análisis de la falla reveló un campo de distorsión de dimensiones colosales que, a diferencia de otras anomalías detectadas previamente, poseía un movimiento de rotación propio.
Debido a este descubrimiento se pensó que el cuerpo oscuro en el centro de EFF-04776 podía haber sido una antigua estrella de neutrones, más precisamente un Púlsar pero esta teoría estaba en contradicción con los datos que se tienen de otras estrellas de neutrones. Principalmente debido a la masa que debería tener EFF-04776 para entrar dentro de esa categoría.
Una de las posibles explicaciones a este fenómeno es que EFF-04776 era un púlsar cuyo núcleo hyper pesado colapsó de alguna forma haciendo que la energía de degeneración de su núcleo pasara a formar parte del tejido subdimensional, haciendo que la falla rote sobre su eje debido al traspaso de la energía de rotación de la estrella de neutrones. Si esto realmente fue así explicaría la poca masa de EFF-04776 (Que podría ser una esfera hueca con una capa externa de hierro de algunos centímetros de espesor) y su baja velocidad de rotación en comparación a
De pronto la pantalla vibró levemente y un vaso alto lleno de cerveza quedó atravesado a una de las fotografías de espectrografia del Campo. Cinthya levantó la vista y vió a Silvia que le ofrecía la bebida con una sonrisa. Deslizó la palma de la mano sobre el pad que estaba recostado en la barra del bar y la pantalla holográfica pareció encogerse y esconderse dentro del aparato.
-Si ese es el informe que creo que es debe de tener unos 30 años Cinthya... -La docente sostenia una cerveza en su otra mano y sentó en el taburete al lado de ella. -Cualquiera de esta nave puede darte un panorama mas actualizado de lo que hay en el Campo.
Cinthya recogió el vaso y tomo un pequeño sorbo mientras contemplaba los estantes llenos de botellas que ocupaban la pared tras la barra. Las dos jóvenes compartían exclusivamente ese rincón de la zona de comedor, una serie de recintos interconectados donde la mayoría de los colonos cenaban o tomaban un par de copas al finalizar el día de trabajo. A esa hora comenzaban a llegar los trabajadores que no cenaba en sus casas, ya sea por un turno nocturno o por vivir solos y querian una comida rápida o simplemente juntarse con amigos para compartir un momento de esparcimiento.
Las luces en ese sector eran más tenues que en el comedor, para dar una atmósfera algo más tranquila a quienes buscaban pasar un rato bebiendo algo. Los murmullos de las mesas llegaban reducidos, apenas amortiguados por música de Jazz que sonaba a bajo volumen en una consola a un lado del final de la barra.
Silvia bajó de un solo trago su cerveza y comenzó a revisar su pad, de vez en cuando apartaba un informe y con un movimiento del dedo sobre la pantalla arrojaba el archivo en dirección al Pad de Cinthya, los archivos "saltaban" holograficamente de Pad en Pad a medida que la docente compartía los artículos e informes que creía necesarios que su compañera de esa noche leyera.
-Cuando tengas tiempo libre lee todo eso. -Dijo mientras estiraba un brazo para alcanzar un pequeño recipiente con mani. Cinthya miró por encima del borde del vaso y levantó levemente una ceja al ver la cantidad de archivos que se acumulaban en su bandeja de entrada. La expectativa de leer todo eso no la entusiasmaba en lo más mínimo.
Lo que más la sorprendía sin embargo era la cantidad de gente que había conocido ese dia. Cuando aceptó el asignamiento de trabajar con los militares se imaginó un ambiente de excesivo formalismo, lleno de poses castrenses y frialdad profesional. El beber cerveza en medio de su trabajo no estaba para nada en sus planes... claro que ella, como trabajadora civil, se podia permitir estas cosas... Jim sin embargo estaba en servicio, todo lo que ella hacía durante su inspección, incluso esta pequeña pausa para beber, era parte de la misión de su "escolta" personal y eso la hacía sentir incómoda.
El pensar en Jim hizo que girara la cabeza en dirección a una serie de cubículos compuestos por una mesa alargada y bancos, divididos por unas mamparas altas, de modo que daban cierta privacidad a cada mesa del sector. El joven piloto estaba recostado a lo largo de todo un banco con su espalda apoyada en la pared del fondo mientras escribía algo en su Pad. Sobre la mesa habia dos tazas de café vacias.
Silvia reparó en la dirección hacia la que miraba y Cinthya y sonrió. -El turno de Tass empieza dentro de 2 horas. -dijo mientras pasaba uno de sus dedos por el borde del vaso vacio que tenia frente a ella. -Nunca vi a la chica tan entusiasmada.
-¿De verdad tuvieron una cita? -Cinthya volvió la cabeza y miró a su compañera con incredulidad en la mirada. No hacia ni una semana que conocia a Jim, ya que había pasado dos días en la Base New Dallas mientras gestionaba los permisos y el equipo necesario para la inspección y solo le habían presentado a Jim como su piloto asignado apenas unas pocas horas antes de salir. Cierto que habian pasado casi cuatro dias confinados en esa pequeña cabina, pero entre el sueño inducido y unos pocos intercambios de palabras durante los procedimientos pre y post salto casi no habían intercalado palabras durante el viaje. Uno de los tantos textos informativos que leyó durante su espera en la base hablaba sobre la convivencia entre pilotos de distinto sexo durante misiones de duración prolongada en el espacio profundo. Esa artículo en particular era solo una parte de un extenso informe sobre estudios de psicología en operaciones de larga duración, todo empaquetado en un manual de casi mil páginas que Cinthya apenas leyó por encima, no recordaba muy bien de que hablaba pero le había hecho sonreír en varias ocasiones... bueno, no es que su vida sexual haya sido muy activa previo a su trabajo actual, pero los "consejos" que se listaban en el informe le hicieron entornar los ojos en más de una ocasión.
En fin, que para Cinthya Jim se había comportado como un arquetipo de sórdido piloto militar más interesado en los instrumentos de su avión que en una joven profesional en el asiento trasero. Ella no se consideraba a si misma una belleza, pero estaba segura que no carecía de encantos y menos que los poco que tenía hayan sido ignorados por un hombre durante tanto tiempo en la vastedad del espacio.
El pensar en su figura la hizo mirar con resentimiento el profundo escote de Silvia. Ella si que no tendria problemas con los hombres pensó. La docente pareció captar su pensamiento y le pareció a Cinthya que sacaba pecho para que resaltara aún más, mientras sonreía ampliamente... Dios, esa blusa parecia a punto de estallar.
-Los rumores corren rápido en esta Colonia. -Dijo mientras levantaba una mano para pedir otra cerveza. -Parece que estuvieron acurrucaditos en el parque toda la tarde.
-¿En el parque? -Cinthya suspiró. -El bajo perfil no es algo de lo que Jim haga alarde supongo. -Dijo mientras se llevaba el vaso a los labios y descubria que lo había vaciado ¿Cuando? No se acordaba. Cinthya no era buena bebedora, no solia terminar los tragos que pedia pero pensó que seguramente la cerveza de la Colonia era demasiado floja... si, eso debia ser. Levantó la mano imitando el gesto de Silvia para pedir otra. Su compañera la examinó con curiosidad y sonrió, pero no dijo lo que estaba pensando.
-Tass es una chica divina. -Dijo en cambio. -Tiene un cerebro enorme que deberia escurrirsele todo el tiempo con ese cuerpo menudo que tiene. -Silvia bajó la vista hacia la barra y comenzó a hacer pequeños círculos con el dedo en las gotas de agua en donde habían estado apoyados los vasos. -Me sorpende y me alegra que esté interesada en un chico... bueno, ese piloto no parece un niño pero ya me entiendes. -Dijo sonriendo. -Una mujer tiene derecho a sentirse mujer y dejar su trabajo de lado de vez en cuando.
Cinthya sonrió y asintió levemente con la cabeza.
-El amor es el sentimiento más importante de la humanidad Cin. -Silvia apoyó los codos en la barra mientras colocaba su barbilla entre sus manos entrelazadas. -Y la humanidad misma le resta importancia al asunto.
-Es que algunas historias de amor son demasiado “Cliché” Silvia.
-No hay amor Cliché Cin. -Había un dejo de enojo en su voz. -Todas las historias de amor son maravillosas..
-La joven que se enamora del soldado desconocido que aparece una noche y se va a la siguiente. -Cinthya se encogió de hombros. -No hay nada de maravilloso en ello. -Giro la cabeza y vió con asombro que Silvia la estaba mirando fijamente, aunque su semblante revelaba curiosidad. -¿En serio Cin? ¿Te parece algo tan trivial que dos personas se conozcan en el lugar menos pensado?
-No es que sea algo trivial Silvia es que... -Las mejillas de Cinthya se pusieron coloradas. -Esa clase de encuentros casi nunca terminan en nada serio...
-No te veía tan chapada a la antigua Cin. -Dijo Silvia enderezandose en el asiento mientras una joven camarera traía una bandeja con dos vasos de cerveza. Guardaron silencio mientras la joven servía las bebidas y retiraba los vasos vacíos.
-Las historias triviales a veces florecen en grandes epopeyas románticas Cin. -Dijo la docente. -Es increible que la gente se despierta cada mañana y no se maraville de que esté viva gracias a una canción de amor. -Cinthya se revolvió un poco en su asiento mientras miraba de reojo a Silvia. -Sabía que ibas a nombrar a Minmay de un momento a otro. -Dijo suspirando. -Su historia trasciende el amor Silvia, no es lo mismo.
-¿Trasciende el Amor? -Silvia prorrumpió en una carcajada. ¡Cin, nada es mas trascendental que el amor en este universo!
-Ojalá pudiera creerte... enserio. -Suspiro Cinthya mientras se apoyaba en la barra y miraba las burbujas de bullían dentro del vaso de cerveza. -¿Por qué no ha vuelto a suceder Silvia? ¿Por qué nunca más escuchamos una canción así?
Silvia apoyó el vaso al que le faltaba más de la mitad de su contenido y lo contempló fijamente mientras guardaba silencio. -No se Cin. -Dijo mientras cerraba los ojos pensativa. -Ojala tuviera una respuesta para eso pero... tal vez que la canción de Minmay sea única es lo que la hizo tan maravillosa. ¿No crees?
-La Canción no puede protegernos por siempre ¿Verdad? -Cinthya pronunció la frase en un murmullo mientras Silvia la miraba con una expresión de honda pena. -Tal vez sea asi Cin, pero mientras exista el amor en el universo siempre hay esperanzas de que alguien lo exprese en una canción.
-Brindo por eso. -Respondió sin mucho entusiasmo la joven. Se llevó el vaso a los labios y vió que su compañera se ponía colorada y se giraba rápidamente hacia el otro lado. Cinthya sintió un escalofrio y una mano masculina se posó firmemente en su hombro. -Mañana a las 0600 haremos revisión del Pod de Medición en el Hangar 4, no llegue tarde por favor. Cinthya giró un poco la cabeza, lo suficiente para ver el severo rostro del piloto. -¿Entendido?
-E-Entendido. -Tartamudeo la joven.
Jim permaneció un momento mirando a Cinthya como dudando que la joven haya captado el mensaje. No obstante retiro la mano y haciendo un leve saludo a la mujer que estaba sentada al lado se dirigió caminando hacia la salida.
-Hombres.-Dijo Cinthya mientras tomaba un largo trago de cerveza.
-Hombres. -Repitió Silvia con una inexplicable sonrisa.
16 por Gerli
Una nube de vapor se esparció por la habitación cuando Mina salió del cuarto de baño. La joven se sentó en su cama y comenzó a secarse vigorosamente la dorada cabellera con la toalla color rosa en la que estaba envuelta al terminar la ducha. Se había quedado varios minutos contemplando como el agua se escurría por el desagüe hasta que se acordó de su escasa cuota semanal de agua para higienización y soltó un par de palabrotas dirigidas principalmente a ella misma. Seguramente recibiria una reprimenda de Amanda, pero eso era lo que menos la preocupaba ese dia. Ahora había dejado de frotarse en cabello y contemplaba la pantalla que ocupaba la parte superior de su escritorio. Las fotografías que se sucedían a intervalos regulares mostraban a sus amigos y conocidos. Ver a Matt en esas fotos era lo que menos quería hacer en ese momento.
-Música. -Dijo y la fotografía de Matt y Manuel sentados a horcajadas de un misil Zentradi desactivado (Ojalá que haya estado desactivado-Pensó Mina-, aunque siendo cosa de Will, no estaba completamente segura) que en ese momento ocupaba la pantalla fué reemplazada por la interfaz de un reproductor de música con una lista de canciones elegidas por ella. El primer tema comenzó a sonar: Diamond Crevasse. Definitivamente el Universo conspiraba para evitar que su ánimo se levantara.
Sheryl Nome era una artista bastante nueva en las listas de música populares. Su primer disco había conseguido que 3 hits ocuparan lugares en los 10 primeros puestos del ranking de la MBS. Para un artista recién consagrada era un logro extraordinario.
Ahora la pantalla mostraba la imagen de tapa del disco de Sheryl mientras una serie de fotografías de la cantante giraban por delante y por detrás del mismo. Mina cerró los ojos y escuchó la música mientras su imaginación flotaba a la lejana flota Galaxy, un lugar maravilloso de donde provenian los mas grandes avances en tecnología y entretenimiento. Lamentablemente se encontraban en, prácticamente, extremos opuestos de la civilización humana. Mientras todas las flotas se acercaban al centro de la Galaxia la Rainbow estaba anclada en el rincón más alejado de la misma.
Mina abrió los ojos y contempló el rostro de Sheryl. Era bellísima y su voz llenaba su corazón de gozo, pero no con Diamond Crevasse, esa canción en particular la hacía pensar en una Sheryl mucho más íntima, mucho más cercana a los sentimientos de tristeza y soledad que a la alegría y desenfreno de la que hacía gala en el escenario cuando su cuerpo saltaba al ritmo de Don’t be Late.
Del otro lado de la habitación una pequeña canasta se sacudió y un animalito salió por la abertura circular. El Kiklo comenzó a estirar sus patas delanteras mientras bostezaba despreocupadamente.
Mina suspiró y tomó un cepillo de encima de una repisa cerca de la cama. Comenzó pacientemente a desenredarse el cabello mientras reflexionaba en los acontecimientos del día. Matt había actuado de una manera extraña, la manera en que se había comportado frente a la inspectora le pareció completamente desconcertante. Al recordar como había apretado los puños y parecía a punto de saltar hacia adelante... Mina no recordaba nunca haber visto asi a su amigo desde que se conocian.
Se sobresaltó levemente al sentir el roce de la piel de Gubaba en sus tobillos. (Al fin y al cabo el Kiklo había sido un regalo de Matt y ponerle ese nombre había sido un gesto de retribución por parte de ella para con él). Levantó una de sus piernas y el animalito trepó por ella hasta la cama donde se acurrucó sobre la toalla que había quedado al lado de la joven.
La situación era la siguiente, pensaba Mina mientras acariciaba al Kiklo. Los planes de Matt de abandonar la Colonia en ese robot dependian enteramente de la ayuda de Will. Su amigo carecia por completo de conocimientos generales de mecánica y si lo que Ralph le habia insinuado era cierto, la armadura no estaba preparada para que la pilotara un ser humano. Se requería una cabina que sirviera de Proxy entre el piloto y la aviónica Meltran... o bien que Mat se sometiese al proceso de Zentranización, cosa que quedaba completamente descartada.
Ralph afirmaba que Will no podría construir una cabina de ese tipo. Se requeria el acceso a material que no estaba disponible en la colonia.
Claro que siempre podrian comprar partes y equipos por el portal de importación y que la Rio Grande los trajera junto con las demás provisiones del mes, pero importar esas piezas no era económico ni escaparía al riguroso control de Amanda... no, Will no seria tan tonto para hacer eso.
El sonido de un timbre la sacó de sus cavilaciones. Inmediatamente hizo un gesto hacia la terminal del escritorio con los dedos pulgar e índice formando un círculo. La computadora interpretó el gesto y una ventana de video se abrió en el centro de la pantalla simulando la mirilla de la puerta del camarote. Matt estaba en el pasillo al otro lado de la puerta con la cabeza gacha.
Mina se sobresaltó y de un salto se levantó de la cama (tirando la toalla y a Gubaba al piso) y corrió a abrir la puerta. Solo al poner la mano sobre el picaporte se dió cuenta de que estaba completamente desnuda. Dió media vuelta y totalmente avergonzada corrió al guardarropa a buscar algo que ponerse.

Matt aún estaba indeciso sobre lo que le iba a decir a Mina. Habia venido a verla para disculparse, pero sabia que esta vez tendria que sincerarse con ella. La situación ya de por si era bastante mala como para seguir ocultandole sus planes. Akemi tenia razón en algo, se estaba comportando como un idiota con sus amigos. Ellos no se merecian eso.
El problema era cómo explicarle a mina la resolución que había tomado en caso que de que el peor escenario se cumpliese. Estaba seguro que su amiga haría todo lo posible por impedirlo, incluso intercediendo ante Amanda.
Mientras meditaba sobre esto no se percató de que la puerta estaba abierta y que Mina lo estaba mirando. Parecia haber salido hace poco de la ducha y todavía llevaba el cabello húmedo. Tenía puesta una remera gris que le quedaba extremadamente grande, llegandole casi hasta las rodillas.
-Mina yo..
-Esta bien, pasá Matt. -Dijo ella despreocupadamente.
El joven entró despacio a la habitación. Ya conocía el cuarto de mina de memoria, habían jugado en ese cuarto junto a sus amigos en incontables ocasiones. Solo que ultimamente hace tiempo que no entraba; no había más juguetes en los estantes y la habitación estaba pulcra y ordenada al extremo. Mina se dirigió a su escritorio y se sentó en la silla frente a la computadora. Matt se sentó en la cama y levantó la toalla que estaba tirada al costado de la cama cuyo extraño movimiento delataba la presencia de Gubaba debajo. El animalito soltó un chillido al ser levantado pero al reconocer a Matt se puso a ronronear.
-Hola Gubaba. -Dijo mientras se ponía al Kiklo en brazos.
La computadora reconoció la voz de Matt y automáticamente insertó varias canciones de Fire Bomber en la lista de reproducción y “My Soul For You” comenzó a sonar, lo que hizo que Mina suspirara más fuerte.
-Vine a disculparme Mina... me porté como un idiota hoy. -Dijo el joven mientras miraba la espalda de su amiga.
Mina no respondió, siguió manejando la interfaz de la computadora como si no lo hubiese escuchado.
Pasaron algunos minutos en silencio escuchando cantar a Basara. Parecía que ninguno de los dos quería seguir la conversación, tal vez temiendo lo que siguiera a continuación. Finalmente fué Mina quien reunió el valor para romper el silencio. De un empujón se separó del escritorio y giró sobre la silla para quedarse enfrentada a Matt quien se sobresaltó de inmediato.
-Matt escuchame, ya se que Will cruzó la raya esta vez, pero no tienes porque preocuparte. Amanda lo tiene cubierto.
Matt levantó la vista y miró a Mina a los ojos. -No es de Will de lo que vine a hablar Mina.
-Ah.... ¿No? -Atino a articular sorprendida.
-Quería ser sincero con vos, solo eso.
El rostro de Mina se fué poniendo colorado. Realmente Matt no iba a corresponder sus sentimientos ¿No? Al menos no hasta que ella se lo dijera primero ¡Que locura!
-¡Pero Matt! -Dijo con un tono nervioso mientras miraba para otro lado. -¿De que estas hablando? Vos siempre fuistes sincero conmigo!.-Realmente el corazón le estaba latiendo con fuerza.
Matt pareció inhalar profundamente un segundo.
-Estamos construyendo un Queadluun para salir al espacio.... hace tiempo que Will y yo guardamos este secreto de ustedes y... Mina.. ¿Estas bien.?
Mina se había echado hacia atrás en la silla dejando caer los brazos a los costados. Se hubiese caído hacia atrás completamente pero recordó que no llevaba ropa interior debajo de la remera, por lo que se puso erguida enseguida. Tenía ganas de tirarle algo por la cabeza a Matt pero sabía que era inútil... al final iba a tener que ser ella la que se le confesara... ¡Qué incordio!
-¡Te lo iba a decir, en serio! -Matt se había puesto colorado. -Es que realmente quería salir al campo, al menos una vez.
-Matt pedazo de... -Mina trató de tranquilizarse respirando profundamente. -Ya se lo tu maldito robot en el Astillero cuatro... Manuel y Akemi también lo saben.
El joven abrió los ojos como platos ante la revelación de su amiga.
-No pongas esa cara tonto. -Dijo la muchacha. -Solo nuestro grupo lo sabe (Y Ralph quiso agregar, pero mejor mantener eso en secreto). -Cuando ayer insinuaste que querías meterte de polizonte en uno de los transportes para salir al campo yo ya sabía que estabas probandonos para ver qué opinábamos..
-Entonces...
-Sigue siendo una estupidez Matt. -Dijo tajantemente Mina. -Vas a poner en riesgo tu vida ¿Y todo para que? ¿Para imitar a Basara? -Señaló con el dedo índice hacia una de las paredes, pero Matt sabía que en realidad apuntaba hacia afuera, al Campo. -En el Campo no hay nadie a quien le puedas cantar Matt... ¡nadie! Solo chatarra y cadáveres momificados. Estaba molesta y se dió cuenta que estaba siendo muy dura con él, que sólo había venido a disculparse... pero no podia dejarlo ir sin dejarle ver su equivocación.
-Mina... yo no..
-Matt, escuchame. -Mina se levantó de la silla y se sentó en la cama junto al jóven. -Tu música es hermosa, no necesitas ponerte en peligro para probar nada. -Sin pensarlo tomó las manos de Matt y las apretó con fuerza. -Por favor Matt, no quiero que te pase nada.
Ambos guardaron silencio en lo que pareció una eternidad, simplemente siguieron tomados de la mano sin decir nada hasta que de pronto un tema de Sharon Apple comenzó a sonar quebrando el momento de inmovilidad. Parecieron darse cuenta simultáneamente y se soltaron las manos de forma avergonzada.
-Yo... -Comenzó a decir Matt con las mejillas sonrosadas. -Lo que quiero decir es que no quiero ponerme en peligro por nada Mina. Lo que estoy buscando es una respuesta que no puedo hallar aquí, entre las paredes de la Colonia.
Mina todavía no se había repuesto y respiraba agitadamente. Miró a Matt intrigada. -¿Que estás buscando entonces..? -Dijo finalmente.
-No se Mina... pero.. -De pronto guardó silencio y bajó la cabeza.
-Matt... viniste a ser sincero conmigo. ¿No?
El joven levantó la cabeza y miró a su amiga a los ojos. -Es cierto, a eso vine.
-Entonces confía en mi. -Dijo mientras ponía una mano sobre su hombro. -Yo voy a estar siempre al lado tuyo, puedes contarme todo.
Matt pareció de pronto más aliviado, como si hubiese tomado una resolución y estuviera en paz con ello. -No se muy bien lo que estoy buscando Mina pero... hoy cuando vi a esa Joven extranjera...Cinthya... es como que el corazón me empezó a latir mas fuerte y supe que habia algo mas allá de la Colonia que tenía que experimentar... algo como... no se como expresarlo.
Mina permaneció unos segundos sin saber que decir, solo apretó un poco mas el hombro de Matt y bajó la mirada.
Ella si sabía lo que Matt no podía expresar.
17 por Gerli
No exageraban cuando afirmaron que la Rainbow era grande.
Cinthya llevaba bastante tiempo caminando por un largo pasillo en donde no se veía el techo... tal vez no lo tuviera en absoluto, solo podía ver las placas metálicas del piso con unas pequeñas luces anaranjadas puestas a intervalos regulares. A ambos lados había puertas de todos los tamaños y formas, algunas eran como las de su camarote y otras eran pequeñas compuertas de acceso a pasillos o conductos de ventilación, pero eran las enormes compuertas de veinte o treinta metros de altura las que la intimidaban; cuando pasaba cerca de una de ellas sentía la necesidad de correr como temiendo que se abriera y la atrapara dentro.
Salvo esas extrañas puertas, el resto del escenario no le causaba ninguna sensación en particular. Sabía que estaba buscando algo y que eso, sea lo que fuese estaba al final del pasillo, pero no tenía prisa por llegar. Se pasó los primeros momentos probando de abrir algunas de las puertas más pequeñas, pero desistió a la vigésima quinta o sexta... deberian estar todas cerradas, incluso las grandes.
Mientras le echaba una mirada a una extraña escotilla circular similar a esas que aparecían en las fotos de los antiguos submarinos captó un ligero y fugaz movimiento al final del pasillo. Al levantar la vista creyó ver por un momento a una persona con cabello rojizo.
-¿Matt? -Se preguntó Cinthya en voz alta... si, ese era el nombre de ese joven, Matt, lo recordaba bien ¿Que estaba haciendo allí?
Aparentemente el pasillo hacia una curva más adelante porque el joven desapareció de pronto hacia la derecha. Cinthya sintió el impulso de correr pero se contuvo y siguió caminando al mismo ritmo de antes. Al llegar al lugar donde había visto desaparecer al joven comprobó que las luces del pasillo se apagaban en ese punto y lo que de lejos parecía una pared era el pasillo envuelto en tinieblas. Sobre la pared derecha había una compuerta de tamaño normal que estaba entreabierta. La joven no lo pensó dos veces y entró por ella.
Se encontró en medio de una habitación bien iluminada de medianas proporciones. El suelo estaba lleno de juguetes que se encontraban esparcidos sobre una alfombra de color rosa. Una ventana dominaba la pared del fondo mientras que una pequeña cama de madera, un placard empotrado en una pared y varias estanterías llenas de libros y más juguetes completaban el mobiliario. Naturalmente Cinthya conocía esa habitación y se encaminó hasta la ventana esquivando cuidadosamente las muñecas y demas juguetes que no reconocía. Con algo de esfuerzo consiguió levantar la hoja de la ventana y una ráfaga de viento agitó su cabello y las cortinas, obligándola a retroceder un poco.
Era exactamente la vista que recordaba, los mismos edificios, las ventanas de departamentos que se elevaban en la distancia de Ciudad Macross, el paisaje que se le había grabado en la memoria de tanto tiempo que pasaba en su habitación. El cielo estrellado estaba salpicado de puntos intermitentes que denotaban la presencia de grandes cruceros de batalla y las continuas estrellas fugaces, que volaban en formaciones de tres Valkyrias mientras realizaban el reingreso atmosférico. ¿Cuántas veces siendo una niña había pedido deseos a esas patrullas de cazas antes que su padre le explicara lo que eran en realidad?
Pero había algo diferente en el paisaje que Cinthya observaba. Al principio fué un ligero sonido que fue amplificandose hasta convertirse en un rugido que hacía que los cristales de los apartamentos cercanos vibrasen con alarmante intensidad. Entonces la vió: por sobre los edificios que ocultaban la vista de la ciudad comenzó a asomarse una gigantesca nave en pleno ascenso. Cinthya se tapó los oídos con las manos para protegerlos del estruendo mientras observaba fascinada como la enorme nave pasaba sobre su vecindario, toda envuelta en luces y dejando tras sí una estela de mariposas azules. ¿Mariposas? Estaba segura que eran mariposas azules, lo había visto en un video en una de sus clases de historia. Esa nave era la primera nave de colonización humana en abandonar el Planeta Tierra, la Megaroad 01.
La nave era tan grande que pasaron varios minutos hasta que el cielo volvió a estar despejado. Ahora volvían a aparecer las falsas estrellas y las estelas brillantes en la debilitada atmósfera del planeta. Cinthya suspiró y cerró la ventana, también corrió las cortinas mientras se decía a sí misma que eso formaba parte de una historia en la que ella no tenía protagonismo. Se dió vuelta y contempló la habitación con curiosidad, como buscando algo. Al examinar la cama vio que sentado en el borde del colchón se encontraba un pequeño muñeco de acción, de esos que les gusta tanto a los chicos de 8 o 10 años. Este muñeco vestía un traje amarillo con grandes rayas verticales negras, pero lo que más le llamaba la atención era el copioso pelo rojo que adornaba su cabeza.
Dió unos pasos hacia la cama y se propuso tomar el muñeco, mas cuando su mano estaba a punto de apresarlo este dió un salto y se plantó desafiante en medio de la cama.
Cinthya se sorprendió y retiró de inmediato la mano. El muñeco de acción estaba haciendo poses de combate, como si fuera uno de esos héroes que luchan contra monstruos gigantes en escenarios de miniatura.
La joven contempló maravillada como el muñeco de Matt saltaba y arrojaba patadas voladoras contra lo que parecían enemigos invisibles. Al dar una vuelta carnero hacia atrás se quedó de pronto haciendo equilibrio sobre una pierna justo al borde de la cama.
-¡Cuidado! -Exclamó Cinthya y se arrojó hacia adelante con las manos extendidas para intentar atrapar al muñeco que estaba a punto de caer.
El muñeco se elevó por los aires mientras Cinthya pasaba por debajo de él y caía al lado de la cama con un gran estruendo.
La joven se incorporó pesadamente apoyándose en el borde de la cama, al levantar la vista vio al muñeco levitando sobre la cama a escasos centímetros de su rostro. No estaba flotando realmente, en realidad parecía sujeto por finos hilos negros que envolvían sus brazos y piernas, como una marioneta.
Cinthya se puso de pie y retrocedió asustada mientras el muñeco volvió a hacer las poses de lucha ahora en el aire.
Atemorizada levantó la vista hacia el techo y contempló con horror una visión de pesadilla.
No había techo, nunca lo había habido. Allá arriba, en las alturas envueltas en niebla y penumbras un gigante, un Zentradi la contemplaba como si ella fuera una muñeca en una casa de juguete. De sus manos gigantes asomaban los hilos que sujetaban los brazos y piernas de Matt que ahora estaba bailando una extraña danza.
Cinthya gritó con todas sus fuerzas y las paredes de la casa de muñecas en la que estaba se abrieron hacia afuera. La oscuridad la rodeaba, estaba sola en un rectángulo de luz que era el piso alfombrado de su habitación. Retrocedió unos pasos y sintió que su pié aplastaba algo que con un crujido resonó en la oscura inmensidad.
Asustada levantó su pie izquierdo y vió que había aplastado un avión de juguete. El modelo le resultaba conocido, era azul y tenía una forma triangular, pero ahora yacía partido en tres pedazos, la cabina se había reventado por el peso de ella y el pequeño piloto de juguete estaba a un lado con la cabeza separada del cuerpo. Cinthya se agachó apresuradamente y tomó los pedazos del muñeco tratando con desesperación de encastrar la cabeza nuevamente al cuerpo, pero para su pesar solo conseguía que más pedazos se desprendieran del mismo. Al caérsele el casco pudo ver como los ojos violetas del piloto de juguete la miraban con terror.

Se despertó gritando. La ropa interior con la que dormía estaba empapada de sudor pero sentia un frio mortal que la hizo tiritar al abandonar apresuradamente la cama. Tropezando con el mobiliario corrió hasta el baño donde la luz se encendió automáticamente al instante de entrar. Vomitar la hizo sentir un poco mejor, pero se quedó en cuclillas frente al inodoro mientras trataba de normalizar su respiración. Nunca había tenido una pesadilla así, definitivamente la cerveza que había tomado no era para nada suave como pensaba.
Se puso de pie con dificultad y logró sostenerse en el lavamanos. El agua fria empapando su cara borró los últimos rastros de la pesadilla, no obstante la sensación de una presencia gigante que la acechaba desde lo alto persistía, pero al menos ahora si habia un techo sobre su cabeza.
La habitación (Porque llamarlo camarote no hacía honor a lo que era realmente) que la gente de la Rainbow le habían cedido estaba bastante bien equipado. Además de tener su propio baño con ducha disponia de una pequeña cocina y una salita de estar. Su Pad descansaba sobre una mesita auxiliar al lado de la cama y proyectaba una pequeña holografía indicando la hora de la Colonia (Se había sincronizado automáticamente al acceder a la base de datos de la misma) Faltaban algunos minutos para las cinco de la mañana, por lo que daba igual si se quedaba despierta, así que apagó la alarma agitando la mano sobre el aparato.
Permaneció sentada en la cama en medio de la oscuridad. La habitación no tenia ventanas y solo un pequeño resplandor anaranjado se colaba bajo la puerta. Le pareció escuchar unos pequeños golpes en la misma, prestó atención y volvieron a sonar, en efecto alguien golpeaba despacio la puerta de metal.
-Luz. -Dijo y la habitación se iluminó uniformemente. Quien estuviese afuera tambien notó la repentina luz y dejó de golpear.
-¿Cinthya? ¿Está usted bien?. -Era la voz de Jim.
-Estoy bien, deme un momento. -Alcanzo a decir mientras se ponía de pie lentamente. El mareo había remitido pero sentia la cabeza pesada. En el respaldo de la cama había unos joggins que tenia pensado usar por la tarde, se los puso rápidamente al igual que una remera que extrajo del bolso de viaje. Ahora estaba un poco más presentable.
Abrió la puerta y asomó la cabeza fuera. Jim estaba apoyado contra una de las paredes del pasillo y la miraba con curiosidad. Tenía puesto su traje de piloto y un pequeño bolso descansaba en el suelo.
-¿Todo bien? -Volvió a preguntar. -Se la ve muy pálida.
La joven asintió con la cabeza pero siguió asomada detrás de la puerta. No quería salir al pasillo descalza ni tampoco tenias ganas de que el piloto entrase a su habitación. Con respecto a su palidez... si, lo habia notado, no tenia nada en el estomago y no creía poder ingerir nada más hasta que se sintiese un poco mejor.
Jim se acarició la barbilla y suspiró profundamente. -¿Quiere que la acompañe a la enfermería? -Pregunto con resignación.
-Si pero antes dígame una cosa ¿Hace cuanto que esta ahi afuera?
-Media hora más o menos. -Contestó el piloto con sinceridad. -Yo estoy en servicio y me levanté a las 0400. Pensé en esperarla aquí a ver si se despertaba a tiempo a pesar de lo de anoche en el b... -Vió interrumpida su frase por el portazo que Cinthya dió repentinamente.

Veinte minutos más tarde Cinthya salía de su habitación enfundada en su propio traje de piloto. Por suerte había muchas mujeres piloto en la NUNS y había abundancia de talles en trajes de vuelo, por lo que pudo elegir uno que le quedaba perfecto. Como tenían que pasar casi toda la mañana y parte de la tarde encerrados en la cabina del avión trató de llevar la menor cantidad de cosas posibles, casi todas ellas acomodadas prolijamente en los numerosos bolsillos del traje de vuelo. No se había olvidado el casco, por supuesto, que estaba firmemente enganchado en su espalda. La lección había sido muy bien aprendida.
-Estoy lista. -Dijo fríamente sin dirigir la mirada al piloto. -Vamos
-Copy. -Dijo Jim al tiempo que volvía a suspirar y recogía su bolso del suelo. Al parecer iba a ser una jornada bastante complicada.
Alcanzó a Cinthya justo en el momento en el que se abría la puerta del elevador. Ambos entraron en silencio y cuando la joven iba a presionar el botón -12 Jim se adelantó y presionó el botón que estaba inmediatamente arriba.
-La enfermería está en el -11. -Dijo con una sonrisa.
-Gracias. -Dijo en forma cortante, luego miró a su compañero y agregó: -Parece que tuvo una buena guia turistica ayer ¿Verdad?
Jim no respondió pero al menos ya no sonreía. Cinthya también pensó que la jornada iba a ponerse complicada.
El ascensor se detuvo suavemente. Cinthya salió primero e inmediatamente vio las indicaciones para llegar a la clínica de la colonia. Sin esperar a Jim caminó con determinación por la cubierta hasta una puerta doble vidriada al final de la misma. No la sorprendió que no hubiese nadie, era demasiado temprano. Entró a la clínica y se encontró en una sala de espera con varias filas de asientos y una pequeña oficina de recepción junto a una puerta. Un par de plantas y una pantalla apagada en una de las paredes completaban el mobiliario. Caminó hasta la recepción y miró a través del vidrio sin ver a nadie.
-¿Hola? -Llamó a través del agujero circular del cristal de la oficina.
Pasaron uno instantes y el sonido de una puerta se escuchó en algún lugar al fondo de la oficina. Una persona joven de tez morena con un guardapolvo verde se asomó por la puerta abierta de la oficina. Al ver a Cinthya se quedó perplejo uno segundos sin decir nada, pero su expresión cambió de repente y el rostro se le iluminó
-Ah, usted debe ser la Inspectora Ambiental. Un segundo. -Dijo mientras desaparecia. Inmediatamente la puerta contigua a la recepción se abrió y el médico se acercó a la Joven.
-Soy David. -Dijo mientras extendía la mano a Cinthya. Soy el médico de guardia esta noche, encantado de conocerla. Cinthya estrechó la mano del médico y se presentó a su vez. -Soy Cinthya Ross, mucho gusto.
-Perdon por hacerla esperar. -Dijo mientras se ponía las manos en los bolsillos. -La guardia estaba muy tranquila y le dije a Jenny que fuera al salón de descanso a dormir un poco. -Señaló la oficina de recepción. -Siempre hay un doctor y una enfermera de guardia, pero generalmente yo me encargo de todo y.... -Se detuvo a mitad de la frase mientras miraba hacia afuera a través de las puertas vidriadas. -¿Su compañero la va a esperar afuera?
Cinthya se volvió y vio a Jim apoyado en la baranda que delimitaba la cubierta, justo enfrente a la entrada de la clínica.
-Si. -Dijo restándole importancia al asunto. -Soy yo la que tenía que venir a consultar algo.
El médico la observó bien y se llevó la mano a la barbilla. -Resaca ¿No?
Cinthya se puso colorada y asintió levemente con la cabeza. El médico ahora sonreía.
-No se preocupe. -Dijo. -Le voy a dar algo para que se sienta mejor. La cerveza de la Rainbow es algo traicionera con los de afuera.
Sin decir nada más David abrió la puerta e invitó a Cinthya a pasar por ella. Esta comunicaba a un pasillo que daba acceso a media docena de consultorios, una de las últimas puertas estaba entreabierta y es allí adonde se dirigieron.
El consultorio estaba bien equipado y ordenado. Los equipos e instrumental médico eran modernos y la limpieza era excelente. De todas formas Cinthya deberia haber venido el ultimo dia de su inspección a ver las instalaciones médicas, pero era una buena oportunidad de ver como todo funcionaba cotidianamente, algo así como una inspección sorpresa.
Se sentó en la camilla y al intentar recostarse contra la pared hizo que el casco golpeara fuertemente con la misma.
-Huy, lo siento. -Dijo poniéndose nuevamente colorada. -No me acostumbro a llevar esto puesto.
El médico asintió y se colocó un par de guantes de latex. -Es usted civil ¿Verdad?
-Asi es, soy subcontratada por la NUNS.
-Ya veo. -Dijo. -Es mi tercer año de prácticas en la Rainbow, pero me dijeron que siempre habían venido militares a hacer estas inspecciones.
-¿Es usted un Médico Residente? -Preguntó interesada Cinthya.
-Así es, un año más y podré trabajar en mi propio consultorio.
-¿Aquí en la Rainbow?
-¿En la Colonia? No, es demasiado pequeña, yo solo vine aqui por las prácticas y la experiencia. Me gustaria mudarme a alguna flota importante, por ejemplo la Frontier o la Galaxy, son las candidatas ideales. El médico abrió un pequeño gabinete y miró los fármacos buscando algo. -¿Quiere tomar una pastilla o que le de algo inyectable?
-Necesito un arreglo rápido doc. -Dijo Cinthya
-Entonces le daré una inyección. -Extrajo una cajita amarilla y cerró la puerta del mueble. -¿Quiere tomarse la presión?
Cinthya asintió, pero luego se miró las manos enfundadas en los guantes del traje de piloto y meneó la cabeza. -Aunque voy a tardar un rato en quitarme esto. -Dijo.
-No hace falta Señorita Ross. -Dijo señalando el cuello de la joven.
-Llameme Cinthya.
-Muy bien Cinthya, no hagamos esperar mucho al soldado o tendremos problemas. -Dijo divertido. -Extrajo un pad de uno de sus bolsillos y con un leve tirón desenrosco un fino cable verde de un compartimento lateral del aparato. Luego tomó de una de las repisas algo parecido a un apósito adhesivo y quitó el film protector.
-Ponte este sensor en el cuello. -Dijo mientras le alcanzaba la punta del cable adherida al sensor autoadhesivo.
Cinthya tomó el sensor y se lo colocó tal cual le había indicado el médico. Al cabo de unos segundos unos pitidos sonaron desde el Pad de David.
-Tienes la presión un poco baja. -Dijo consultando el pad. -Tu temperatura y ritmo cardiaco son normales. Todo bien Cinthya, ya puedes quitarte el sensor.
La joven despegó lentamente el sensor y se lo pasó al médico. Este despego el cable y arrojó el apósito a un recipiente de desperdicios patologicos. Luego enrolló el resto del cable en el Pad y se lo guardó en el bolsillo.
-Esperaba encontrar al Doctor Evans aqui. -Dijo Cinthya.
-Evans casi siempre trabaja de dia. Si bien somos tres los médicos en la Rainbow, la mayoría de las veces yo tomo las guardias nocturnas.
El joven médico tomó una pequeña pistola inyectora e inserto la ampolla del fármaco en la punta de la misma.
-El Doctor Evans es también cirujano y la Doctora Yuki es Pediatra. Las demás especialidades como Oftalmología u Odontología requieren la visita de especialistas del exterior.
Cinthya recostó la cabeza en su hombro para dejar espacio libre a David, la unión del traje con el casco era un anillo que no dejaba mucho del cuello a la vista. Por suerte la pistola era pequeña y la ampolla que hacía de boquilla descartable llegaba perfectamente. Una leve presión y la dosis fue administrada.
-Listo. Deberías sentirte mejor en unos minutos. -Dijo el médico.
-Gracias Doc.
David desprendió la ampolla usada de la pistola y la arrojó al mismo tacho de residuos patológicos. -Lo que si, come algo apenas te sientas mejor, preferentemente algo dulce.
-Tengo una barrita de cereal con chocolate en uno de mis bolsillos. -Dijo la joven mientras se palpaba uno de los bolsillos delanteros.
-Perfecto. -Dijo el médico quitándose los guantes. -Cualquier cosa me avisas por e-mail.
Sincronizaron sus Pads para intercambiar direcciones de correo electrónico y luego se encaminaron hacia la recepción, se despidieron con un apretón de manos y Cinthya salió a la cubierta donde Jim la esperaba con dos vasos grandes de café caliente.
A lo mejor no va a ser tan mal día, pensó Cinthya.
18 por Gerli
¡Cuidado Ralph!
El grito lo hizo reaccionar pero ya era tarde, la rueda de acero de casi dos metros de diámetro rebasó el tope del riel haciendo que el carro se inclinase. Ralph se movió violentamente hacia adelante y contuvo el avance del mismo, mientras la rueda golpeaba su hombro derecho con un enorme estampido.
La gravedad estaba algo por debajo de medio G, pero aun asi la inercia que el carro desarrolló mientras se deslizaba por el riel sumado al enorme peso de las estructuras de soporte hicieron retroceder unos cuantos metros al gigante.
-L-Lo Tengo. -tartamudeó Ralph mientras trataba de distribuir el peso de la carga sobre sus brazos. -Dense prisa! -Agregó inmediatamente a los gritos.
La enorme cadena metálica que corría por debajo de la plataforma comenzó a tirar del carro y Ralph sintió como el peso remitia. Cuando la rueda descarrilada pasó por encima del riel la puso en su sitio de un puñetazo y levantó de un golpe la palanca que bloqueaba al carro en su lugar.
-¿Pero que mierda paso ahi arriba Ralph? -La voz de Hal sonó nerviosa por el intercomunicador. -Creia que estabas sujetando el carro con ambas manos.
-Ya está Hal, bájalo. -Dijo Ralph dando por finalizado el tema.
Como única respuesta obtuvo un gruñido y el sonido de la grúa principal que comenzaba a bajar la estructura de recolección. Si bien la Rainbow contaba con dos grandes hangares frontales para recibir y despachar naves de gran tamaño, el enorme gasto de energía necesario para operar en ellos no justificaba su uso. Se usaban las bahías de atraque de menor capacidad de estribor, ubicadas convenientemente al mismo nivel que el acceso al depósito y al pilar del elevador central de la Nave. Eran algo estrechas para trabajar con la enorme estructura en cruz que hacía de base temporal a los recolectores del Campo, pero a esas alturas nadie se quejaba.
-Campamento en posición. -Dijo Hal.
-Es tuyo Andy. -Respondió Ralph.
Una enorme grúa que parecía un enorme brazo robot cobró vida y se deslizó por un riel del techo hasta situarse encima del enorme armazón que contenia los carros amarrados. El brazo se desplegó y se acopló con el centro de la estructura con un estruendoso CLACK.
-Lo tengo Ralph. -Se escuchó por el canal general del intercomunicador.
-Sácalo afuera. -Dijo el gigante mientras encendía las luces de su casco. -Torre de Control aqui Recolectores. Campamento listo para salir.
-Torre de Control a Recolectores. Recibido. -Le pareció a Ralph que la voz de Tass sonaba algo cansada. -Despresurización en cinco minutos. -para confirmar sus palabras, las luces se tornaron rojas y una baliza comenzó a girar cerca de la enorme compuerta de salida. La grúa elevó un poco la pesada estructura y lentamente comenzó a deslizarse por el techo del hangar hacia la salida.
Ralph permaneció en el lugar mientras observaba el movimiento de las enormes máquinas. Se había distraído un segundo pensando en la charla que había tenido con Evans la noche anterior y casi provoca un desastre. Sin pensarlo se acarició el hombro derecho aunque no le dolia para nada... de hecho, hace varios años que no experimentaba dolor alguno, salvo que esforzara al máximo su cuerpo, saltando desde muy alto o tratando de levantar pesos que ni algunas grúas podían levantar en la gravedad normal de la Colonia. Los cuerpos gigantes tienen muchas ventajas, su extrema resistencia a los daños era una de ellas. Quemaduras, radiación, golpes e incluso la falta de aire; su cuerpo gigante tenía una tolerancia muy superior a la humana. Cierto que había algunas diferencias orgánicas notables, como que sus costillas eran mucho más anchas y no le permitian girar el torso tanto como un humano (Lo que hacía de rascarse la espalda algo completamente imposible) o que por ejemplo ni su cabello ni sus uñas habían vuelto a crecer.
Otros cambios eran más sutiles.
Estos eran los que preocuparon más a Ralph durante el año de aclimatación que soportó en una colonia de Zentradis antes de volver a la Rainbow convertido en gigante; Al principio pensó que era alguna especie de experiencia traumática post-agigantamiento, pero luego comprendió que su cuerpo no era lo unico que se habia adaptado a la biologia alienígena, su mente tambien había sido modificada a la peculiar forma de vida de esas armas vivientes. Las primeras noches permanecía en completo estado de alerta, su cuerpo reaccionando ante cualquier ruido o movimiento repentino a su alrededor. Sentía peligro (aunque no miedo) frente a personas desconocidas y sus musculos estaban contraídos todo el tiempo, listos para hacerlo saltar ante cualquier amenza real o imaginaria. Los psiquiatras le explicaron que su cuerpo estaba programado para la lucha y debido a la fuerza genética que esta habilidad de lucha dominaba la sociedad Zentradi, debería “domarla” antes de reinsertarse en una sociedad civil.
Fué lo más difícil de todo.
Debió conquistar su cuerpo. Debió luchar contra las oleadas de excitación e ira cuando interactuaba con otros gigantes. Un simple apretón de manos con un extraño desencadenaba fuertes temblores en Ralph y lo obligaban a apretar los dientes y buscar apoyo en una pared cercana.
Los demás sentimientos humanos tampoco se llevaban bien con su nuevo cuerpo.
La ira, la frustración, el desasosiego, incluso necesidades básicas como el hambre o ir al baño desataban reflejos de combate si alguien o algo se interponía en su camino. Ralph soportó todo el proceso usando hasta la última gota de su fuerza de voluntad y vió con sus propios ojos como otros pacientes se venían abajo o simplemente se volvían locos debido a la transición... los cuerpos de ambas razas podian ser iguales en más de un 99,99%, pero esa sutil diferencia podía volver loco a un hombre y convertirlo en una bestia asesina. Los trajes de fuerza modificados que vestían 24 horas al dia estaban ahi por una razón más que justificada.
Ralph lo soportó todo estoicamente. Pero entonces apareció la música.
Se han escrito miles de páginas con respecto al shock cultural que la música produjo en la raza Zentradi. Cientos de hipótesis fueron planteadas y refutadas por eminentes ExoAntropólogos, debates encendidos dividieron a estudiosos de todas las ciencias derivadas del estudio de la Cultura y aun asi, nunca se llegó a una respuesta o teoría unificada. Para muchos Antropólogos la música en La Tierra fué el verdadero motor de la Cultura y no un mero producto de la misma, por eso se creyó al principio que el Shock Cultural era producido por la exposición a la forma más “pura“ de Cultura Humana y por ende la exagerada reacción que sufrieron los primeros alienígenas al escucharla.
Pero volviendo a Ralph, la clase de “Shock” que el hombre sufrió no tuvo nada que ver con la disminución de sus capacidades motoras o las palpitaciones que transformaron a veteranos pilotos de combate Zentradis en manojos de nervios al escuchar una simple canción de una “Idol” terrestre.
Ralph era hipersensible a la música.
Ciertas canciones lo hacian llorar descontroladamente, otras lo ponían en un estado de relajación parecido al trance. Ciertas melodías podían hundirlo en un estado de depresión angustiante y, curiosamente, el Rock lo hacía dormir como un bebé.
El lo soporto todo. Volvió a tomar el control de su cuerpo y dejó que los psiquiatras lo ayudaran a entender su mente y a limitarla. Debió recrear todos y cada uno de sus habitos (Buenos y Malos) y adaptarlos a su nueva mente. Todo fué revisado y reacondicionado.
Salvo el sexo. La vida sexual de los Zentradis no formó parte de su adiestramiento. Ni un comentario, ni siquiera una carilla en las miles de hojas de informes que debió leer para comprender como funcionaba ahora su cuerpo. Nada.
Sacudió la cabeza dentro del casco como tratado de sacarse de encima cualquier preocupación y comenzó a caminar en pos de la enorme cruz que avanzaba ya a mitad de camino a la salida.
“Tensión Sexual” -Pensó.
-Ridiculo. -Dijo en voz baja, pero no lo suficientemente bajo para que sus compañeros no lo oyeran por el intercomunicador.
La gravedad comenzó a descender y cada paso que daba lo hacía saltar un poco más alto cada vez. Al llegar a la escotilla se dejó flotar libremente en pos de la estructura.
Un sonido siseante se sintió en todo en hangar mientras el aire era succionado a través de respiraderos en techo y paredes. Al cabo de un minuto no había diferencia entre interior y exterior por lo que la compuerta comenzó a abrirse lentamente, la primera puerta en forma vertical y la segunda en forma horizontal. La grúa comenzó a desplegarse desde dentro del hangar de modo que la enorme estructura salió al exterior a medida que el brazo mecánico se extendía telescopicamente.
-A trabajar. -Dijo Ralph.
19 por Gerli
Las tenues luces anaranjadas de la cabina parpadearon y dejaron paso a la luz blanca que indicaba el fin del salto. Los pilotos tardaron un par de segundos más en despertarse, un salto FOLD de tan largo alcance siempre entumece los músculos del cuerpo. Luego de una breve sesión de estiramiento de brazos y piernas, ambos pilotos inclinaron sus asientos hacia delante y se pusieron a revisar los sistemas de la nave. Fué Gray el primero en romper el silencio.
-Vamos a comunicarnos con la Rainbow apenas terminemos de chequear nuestras coordenadas.
-Ok, enviando pulso en 3,2,1... ya. -Mike activó el micro-enlace FOLD mientras miraba el monitor que media la zona alrededor de la nave en busca de anomalías en el espacio subdimensional que pudieran obstaculizar la transmisión. -Pulso enviado, el canal está despejado. -Dijo mientras retiraba las manos de la consola. -Todavía no me explicaste el porqué de la prisa que tenemos por saltar al Campo
Gray no contestó, parecía estar ocupado consultando una base de datos personal en la pantalla frente a su asiento.
-¿Es por eso, no? -Insistió Mike señalando hacia el fondo de la cabina, donde una gran caja metálica de casi un metro y medio de alto estaba firmemente atada con cintas de carga a la pared.
El viejo piloto giró la cabeza suspirando y miró a Mike a través del cristal del casco. -Te dije Mike que te olvidaras de esa cosa.
Mike miró a Gray y luego se volteó a mirar la extraña carga. -Cap, usted lleva 30 años comerciando entre las colonias, es casi una leyenda en el gremio ¿Es necesario que empiece a contrabandear a estas alturas?
-¿Y quien dijo que eso es contrabando muchacho?
-No está declarado en el manifiesto.
-No recuerdo que este obligado a registrar mis calzoncillos en el puto manifiesto Mike..
-Ni teniendo las pelotas de un Zentradi usarias calzoncillos tan grandes.
Gray murmuró algo parecido a un gruñido o un insulto (o ambas cosas) y se puso a extraer un Pad de uno de los compartimientos laterales de su asiento. Mike abrió la boca para decir algo pero lo pensó mejor y usando la pequeña interfaz táctil adherida a la muñeca del brazo izquierdo de su traje puso en funcionamiento un reproductor de música que solo se escuchaba dentro de su casco.
La siguiente hora pasó lentamente mientras Gray leia un libro en su Pad y Mike dormitaba dentro de su traje. Era una de las rutinas mas tediosas del viaje, pero era parte importante de la seguridad de las naves que ingresaban al campo. La anomalia que se extendia desde el centro del campo presentaba un comportamiento inestable; Podía rotar en cualquier eje y expandirse o contraerse según las fluctuaciones del subespacio dimensional, que es el medio que las naves que utilizan la tecnología de salto FOLD utilizan para cruzar la galaxia.
Por eso emerger de un FOLD en el campo sin saber donde estaba la anomalía podría ser extremadamente peligroso. La anomalía podía destrozar el casco de una nave, pero era la corona de proyección que se extendía mucho más allá del núcleo lo que provocaba dolores de cabeza a las naves espaciales. Durante los procesos de expansión de la anomalía, la superficie de fallas que forma la corona podía abarcar varios años luz de distancia. Como la expansión de la corona se produce en el espacio subdimensional a la vez que en el espacio normal, las leyes relativistas no se aplican a la misma. La corona puede cubrir instantáneamente un área de espacio que a la luz le tomaría años abarcar.
Una nave atrapada en una superficie de falla sufre una disminución de la velocidad de desplazamiento y si la falla es lo suficientemente grande, podría incluso romper la burbuja WARP que rodea la nave y forzar un DEFOLD involuntario.
La solución mas simple fué establecer que toda nave que llegara al campo emergiese a una distancia de seguridad, lo suficientemente alejada del campo para no sufrir los efectos de la anomalia, pero lo suficientemente cerca para establecer una comunicación con la Colonia y pedir las coordenadas para un DEFOLD seguro.
Mike sintió unos golpes retumbar en el casco y abrió los ojos. Gray le estaba golpeando el Pad en el visor mientras señalaba la consola.
-Ya voy ya voy... -Dijo mientras se inclinaba hacia delante y operaba la consola. -Tengo nuestra posición Cap.
-Era hora. -Dijo gray mientras guardaba el Pad en su lugar. -Vamos a ver que dice la Rainbow.
Mike no esperó la orden. Con el toque de un par de teclas ya habia abierto el enlace hacia la Colonia antes de que Gray dijera algo.
-Aqui el Carguero Rio Grande, me recibe Rainbow? -Preguntó Mike por el enlace.
Pasaron unos segundos de silencio y luego una voz femenina sonó por los auriculares de ambos pilotos. -Aqui la Colonia Rainbow, los escuchamos bien Rio Grande.
-Hola Rebecca. -Dijo de improviso Gray. -¿Como está mi Morenasa preciosa?
El enlace quedó en silencio unos segundos tras lo cual la voz de Rebecca se volvió a escuchar.
-Rio Grande, por favor indique su plan de vuelo.
-Rebbie no me trates asi, me rompes el corazon.
-Capitán de la Rio Grande, por favor informe plan de vuelo.
-Queres aparentar que sos un témpano pero sos la mujer más apasionada que conozco Rebbi, de solo oir tu voz me estoy derritiendo dentro de este traje.
Esta vez el silencio fue más prolongado, al parecer Rebecca parecía estar luchando por mantener el autocontrol, cosa que finalmente no pudo lograr.
-Pedazo de idiota ¿No podes hablar en serio una sola vez?
-¡Esa es la Rebbie que conozco! -Exclamó Gray con alegría. ¡La conejita de puente más famosa de toda esta parte de la vía láctea!
-¡Conej....! -La voz de la controladora de la Rainbow denotaba una indignación sorpresiva. -¿Quien te crees que sos? Idiota! Viejo Verde! Degenerado!
Las carcajadas de Mike fueron tan fuertes que saturaron el enlace. De repente otra voz femenina, mucho más calma, se escuchó en la cabina.
-Rebecca, tienes autorización para hacerlos salir del FOLD en nuestro campo de desarme de explosivos.
-¿Y perder toda esta carga extra que traigo para ti Amanda? -Dijo Gray a las carcajadas.
-Mas te vale que la carga esté bien o juro que vas a ir a visitar a Will al calabozo, viejo.
Ahora fue el turno de Mike de reírse nuevamente. -¿Will? ¿Otra vez en el calabozo? ¿Que hizo ahora?
-Nada que te importe, pero dejame advertirte sobre hacer alguna estupidez cuando te acerques a la Colonia; Hay personal de la NUNS abordo.
Gray se quedó callado, miró a Mike que también había dejado de reír repentinamente y sus miradas se cruzaron.
-No me gustó ese silencio caballeros. -La voz de Amanda se escuchó claramente por el enlace. -Mas les vale que sea un delay del enlace.
-¿Hay soldados en la Rainbow? -Preguntó Mike
-Una inspección sanitaria programada. -Explicó Rebecca. -Un Teniente y una Civil, se irán pasado mañana si terminan todo a tiempo.
Gray tenía ganas de rascarse la cabeza, era un reflejo que ni con sus miles de horas de vuelo enfundado dentro del traje de vuelo se le había quitado. Así que lo único que hizo fue acariciar el casco a la altura de la nuca. -No pasa nada Amanda, pero si era algo programado no hubiese estado mal que me avisaras con anticipación.
-Gray, tu limitate a traerme las verduras frescas que de las decisiones de la Colonia me encargo yo.
-De acuerdo, de acuerdo. -Dijo gray levantando las manos en forma de rendición. -Tu ganas, no nos meteremos contigo ni con tu horrible pila de basura que llamas “Colonia”.
-Sos un amor. -Dijo Rebecca
-¿Entonces vamos a comer juntos cuando termine de descargar Rebbie?
-Ni muerta.
-Ese es el espíritu de mi Morena preferida. -Dijo Gray ignorando completamente los insultos de la Controladora que llegaban claramente a través de los auriculares de su casco. -Te traje un par de Ananás enormes, estoy seguro que se te ocurrirá algo delicioso para prepararlas.
-Cierra el culo y enviame las coordenadas de tu posición de una puta vez.
-Ahi las está enviando el novato, pero hey Amanda, tengo una cosa mas que decirte.
-¿Que pasa Gray?
-Vimos algo inusual en la Barrow.
-Soy toda oídos.
-¿Alguna vez oistes hablar de una PMC que usara pilotos Meltrandi Micronizadas? -El pequeño silencio que su pregunta produjo en Amanda le indicó a Gray que la pregunta habia tomado por sorpresa a la Capitán de la Rainbow.
-No en esta parte de la Galaxia Gray, pero no me sorprende, las Meltrandi son las mejores pilotos en la raza Zentradi.-Dijo Amanda con calma. -¿Viste una en la Base Barrow?
-Vimos un VF-19 anclado al llegar, tenia esquema civil pero por el número de serie era obvio que pertenecía a una PMC.
-¿Y eso te pareció raro?
-No, lo que me pareció raro es el FOLD Pod que llevaba equipado, era de clase militar, de los que usan ahora los VF-171, de última generación, si entiendes lo que quiero decir.
-Los 171 ya llevan varios años en servicio, no sería raro que el Gobierno Unificado ya halla comenzado a transferir tecnología a los contratistas civiles.
-Bueno, en todo caso con ese FOLD Pod es muy probable que llegue a la Rainbow antes que nosotros.
-¿Dices que puede venir hacia aquí? ¿En qué te basás para afirmar eso?
-Vamos Amanda, la Barrow es el destino más inverosímil para una nave Civil y si esa nave seguía viaje como nos dijeron, apuesto mi licencia de comerciante a que va para tu montaña de chatarra. Sos el único destino posible en este olvidado rincón de la galaxia.
-Culo de la Galaxia. -Corrigió Mike.
-No tenemos ningún plan de vuelo registrado Gray, salvo el tuyo. -Dijo Rebecca. -Que por cierto ya esta aprobado, te estoy enviando las coordenadas de DEFOLD y el reporte del Campo... tendrás que atravesar la Falla perpendicularmente me temo
-¡La Puta que lo pario! .-Exclamó Mike mientras se agarraba el casco con las dos manos.
-Menuda suerte por cierto. -Replicó Gray
-La corona está en expansión desde anoche, lo siento chicos. -Explicó Rebecca apiadandose de los dos pilotos. -Armense de paciencia, el salto va a ser largo y algo agitado.
-Gracias Rebbie. -Dijo Mike suspirando. -Trataremos de llegar lo antes posible.
-Rainbow fuera, que tengan un salto seguro muchachos.
El enlace se cerró y ambos pilotos se quedaron en silencio viendo el campo de estrellas a través del cristal frente a ellos.
-Y bueno, no hay nada que hacer. -Dijo gray finalmente. -No demoremos más esto.
-Aye aye Capitán! -Dijo resignado el joven copiloto mientras introducía la información en la computadora de navegación y salto.

A unos 10 años luz de ahí, en el puente de mando de la Rainbow, una desconcertada Amanda veía con sorpresa como la controladora de vuelo Rebecca, mujer de duras convicciones y un humor de esos que no convenía poner a prueba, había abierto una pequeña ventana del buscador de la Red Galaxy para buscar recetas de lo que parecía ser una ensalada de Piña.
20 por Gerli
El vehículo se detuvo justo frente al ascensor, como la mayoría de los transportes personales que se usaban en la colonia, era de propulsión eléctrica y no emitía polución ni hacia sonido alguno. El aire era un recurso bastante limitado en el espacio exterior y la purificación de este demandaba gran parte del consumo energético destinado a soporte vital.
El conductor se apeó del vehículo y se acercó a la pareja que esperaba desde hacía unos momentos.
-Buenos días. -Dijo el hombre, de aproximadamente unos 40 años de edad y tupida barba negra mientras se quitaba el casco de seguridad a la vez que les tendía la mano. -Me encomendaron que los lleve hasta el hangar para las operaciones del día, me llamo Dan.
-Soy Cinthya, encantada de conocerlo.
-Teniente Primero Jim Glenn, creo que nos vimos anteayer ¿Verdad?
-Asi es, yo manejaba el segundo vehículo ese día. -El hombre volvió a colocarse el casco mientras con un gesto de la mano indicaba a la pareja que abordaran el transporte. -Estábamos un poco nerviosos, no sabíamos que tan grave había sido el accidente en el Campo.
Jim cargó los dos pequeños bolsos en la parte trasera del vehículo y se acomodó en el asiento trasero. Cinthya ocupó el delantero junto a Dan e inmediatamente se dió vuelta para preguntar a Jim. -¿Cómo está el avión? ¿Resultó muy dañado?
-Un par de abolladuras, nada grave. Revisé todos los sistemas y superficies con mucho cuidado, no te preocupes por ella, está en excelentes condiciones.
La joven sonrió y volvió la vista hacia delante. No era la primera vez que escuchaba a Jim referirse al avion caza como “ella”, supuso que era algo normal en los pilotos de combate, después de todo pasaban más tiempo en esas pequeñas cabinas que interactuando con otros seres vivos.
En ese momento Dan ponía en marcha el vehículo e ingresaron por uno de los dos túneles que convergen en la base del sector residencial de la Colonia. La calzada era lo bastante ancha para que pasaran dos vehículos a la vez y estaba bien iluminada. Al cabo de unos minutos comenzaron a descender por una rampa en espiral que rodeaba un pilar de tuberías y grandes columnas de acero.
-¿No usamos el elevador? -Preguntó Cinthya
-Esta en uso. -Dijo Dan mientras indicaba una pantalla en el tablero, donde un mapa mostraba varias vías de acceso y rutas marcadas en diferentes colores. El punto que indicaba el conductor con el dedo presentaba una barra roja que cruzaba el lugar donde se encontraba la entrada del elevador de vehículos. -Si vamos por la rampa espiral llegaremos antes que los que estan bajando por el ascensor.
-¿Tienen toda la operación tan coordinada?. -Preguntó Jim cambiando de posición las piernas.
-Amanda es una especie de Deidad de la Logística. Realmente hace un trabajo excelente organizando las operaciones de los diferentes equipos de trabajo.
Las paredes que rodeaban a la rampa en espiral desaparecieron repentinamente y fueron reemplazadas por un armazón metálico que permitía ver la oscuridad del hangar principal de la nave.
-Ponte el casco. -Dijo Jim palmeando el hombro a Cinthya.
La joven asintió y procedió a colocarse el casco (Que previamente había acomodado en su regazo) Al terminar de ajustar el cierre hermético del traje, los sensores infrarrojos entraron en funcionamiento desvelando un paisaje imponente a una boquiabierta Cinthya.
-Impresionante, ¿No?
La joven miraba a su alrededor completamente sorprendida. nunca habia estado en una estructura cerrada de tan colosales dimensiones.
-Es... increible
Dan miró a Cinthya y pudo ver el asombro en los ojos de la joven a través del visor del casco. -Cuando hacemos simulacros de evacuación prendemos ocasionalmente todas las luces del hangar principal, uno queda sin habla cuando ve la boca de la Rainbow en todo su esplendor.
-¿Boca? -Preguntó Cinthya mientras se quitaba el casco, ya que le parecía descortés hablar con el conductor a través de un altavoz.
-Al Hangar Principal lo llamamos “La Boca”. -Empezó a explicar Dan. -Todo lo que entra es “masticado” por nuestro equipo.
-¿Y aquellos son los dientes? -Preguntó Jim mientras señalaba unas enormes grúas que colgaban de los soportes del techo.
-Eh, soy el unico aqui que no tiene visión nocturna Teniente. -Dijo Dan mientras señalaba la negrura que se extendía más allá de las barreras de protección de la rampa. -Pero si se refiere a las grúas si, son 6 en total y pueden levantar una fragata completamente cargada sin mosquearse.
El vehículo llegó a la base de la rampa en espiral y comenzó a seguir una calzada señalizada con una línea blanca, como la que habían recorrido al llegar a la Colonia. Luego de recorrer unos 100 metros llegaron a una de las paredes desde donde se accedia al elevador de vehículos. Tal y como Dan había previsto, las luces rojas de la entrada a la plataforma se tornaron en balizas amarillas mientras el enorme elevador frenaba los últimos metros y se detenía a nivel del suelo. Las barreras se abrieron y dos transportes llenos de operarios salieron de la plataforma. Dan frenó el vehículo y espero a que pasaran mientras hacía gestos con la mano derecha.
-¿Estos operarios van a salir al Campo? -Preguntó Cinthya mientras imitaba al conductor y saludaba a la comitiva. Los operarios repararon en la joven y contestaron los saludos mas algun que otro piropo subido de tono.
-No. -Dijo Dan. Las operaciones en el Campo las hace un reducido grupo de personas, contando a Ralph, no más de 3 personas salen todos los días.
Los transportes desaparecieron en la penumbra del hangar y se convirtieron en unas pequeñas luces rojas que zigzagueaban entre los equipos y containers. Pronto doblaron en algún recodo y se perdieron de vista.
-Sigamos. -Dijo Dan arrancando el vehículo. Siguieron por la misma senda marcada pero se desviaron hacia la izquierda al llegar a la primera bifurcación.
Pronto tuvieron a la vista el VF-17, estaba iluminado tal cual Jim lo recordaba del día anterior, aunque esta vez no había nadie husmeando debajo del fuselaje. Suspiró lentamente recordando el comportamiento atontado de Tass.
-¿Decías Jim? -Preguntó Cinthya.
-Nada, nada. -Se disculpó el piloto moviendo la cabeza.
Se detuvieron junto a la aeronave y ambos jóvenes bajaron de un salto. Jim comenzó a bajar los bolsos mientras Cinthya se acercó al avión y comenzó a pasar su mano por el abollado fuselaje junto a la cabina.
-Pobre. -Dijo. -Yo pensé que era la única golpeada pero la pobre nave la pasó bastante feo ahi afuera.
Jim se quitó el casco y se acercó a la joven con una sonrisa en los labios. -Me parece que podrías ser una buena piloto Cinthya.
-Paso Jim. -Dijo la joven mientras extraía la escalerilla retractable de una compuerta y la desplegaba hasta el suelo. -No sería capaz de dispararle a una mosca, menos volar una de estas máquinas de guerra.
Mientras Jim y Cinthya trabajaban, Dan se recostó en el asiento delantero mientras se ponía un par de auriculares. Al parecer tenía órdenes de quedarse junto a los visitantes hasta que despegaran.
Cinthya ocupó el asiento trasero y sacando su Pad de trabajo comenzó a cargar el programa que usaría para sus mediciones en el campo. Jim, mientras tanto, abrió manualmente una de las compuertas de armamento ubicadas a ambos lados de las turbinas, lo que en modo Battroid o Gerwalk serian las “piernas”. Lo que desmontó no era un misil, sino una vaina de aproximadamente 1 metro y medio de largo y 30 centímetros de ancho con un par de alerones estabilizadores, pero en vez de tener una cabeza de guerra tenía un domo de vidrio donde se asomaban varios instrumentos.
La vaina de medición debia pesar sus buenos 40 kilogramos, por suerte Jim no era un debilucho y en medio de resoplidos pudo acoplar el instrumento a una de las bahías de armamento del ala derecha.
-Uf! -Resopló aliviado. -El sensor está colocado Cinthya.
-Gracias Jim. -Dijo Cinthya sin quitar la vista de su Pad que ahora estaba conectado por medio de un cable al panel de instrumentos de su puesto de copiloto. -Necesito que inicies los sistemas de la cabina, no tengo conexión con la Vaina.
-A la orden Capitán. -Dijo Jim haciendo un saludo militar, pero Cinthya seguía viendo su Pad y no se percató de la burla. Jim suspiró y se dirigió a la escalerilla. -Voy a tener que arrancar el APU(1) primero, esta va a tardar un rato.
Dan levantó el casco que se había bajado para proteger de la poderosa luz que alumbraba al caza y miró al piloto. -Teniente, si quiere puede usar las baterías del transporte. -Dijo señalando la parte trasera del vehículo. -Siempre los usamos para poner en marcha las naves en el hangar.
-Genial, gracias Dan.
-A sus órdenes Teniente. -Dijo el operario quitándose los audífonos de un tirón y poniendo en marcha el vehículo. Inmediatamente maniobró en un círculo y colocó la parte trasera del mismo casi debajo de la cabina.
Jim abrió la compuerta donde estaba el motor del transporte y encontró dos grandes cables con enormes conectores en cada punta. Junto a Dan desenrollaron los cables y los conectaron a la entrada de energía externa a un lado de la cabina.
-Es bueno que estas cosas sean universales. -Dijo Jim, no creo que a Amanda le guste si la llamo para pedirle un adaptador.
-Ah, veo que ya te cae bien Amanda. -Dijo Dan con una carcajada. -Esa máscara de bruja le dura poco, al final le cae bien a todo el mundo.
-No lo demostró cuando saqué a colación el tema Zentradi
El rostro de Dan se puso serio a la vez que el ceño se le fruncia. -Teniente, le pido por favor que no hable de ese tema en la Colonia. -Dijo retrocediendo un paso.
-Esta es la Flota Pura. -Dijo Jim mirando fijamente al hombre. -¿Verdad?
-No se atreva a decir ese nombre en voz alta, se lo ruego. -Dan miró nerviosamente hacia la cabina del caza, donde Cinthya estaba absorta en su trabajo y la conversación de los dos hombres le había pasado inadvertida. -Mire Teniente, no se que clase de personas crea usted que somos, pero eso de la “Flota Pura” quedó atrás hace muchos años, somos una Colonia de Recicladores, nada más.
Jim se acercó a la cabina y desde abajo golpeó el fuselaje para llamar la atención de la joven. -Cinthya, necesito que actives la alimentación externa, es la palanca que está en el panel superior derecho, en el cuadrante a la izquierda del panel de luces, la última palanquita de la fila.
-Ok.
Se escuchó un pequeño chasquido y las luces de la cabina se encendieron.
-Esperá 5 minutos a que la computadora de abordo termine la revisión de pre-encendido y después podés empezar con el checkeo de la Vaina.
-Ok -Repitió la Joven.
El piloto se alejó de la cabina y se apoyó en la parte trasera del vehículo, de donde salían los cables que ahora alimentaban los sistemas del caza.
-¿Que significa “quedó atrás”?
Dan sacó un pañuelo de uno de los bolsillos de su traje de mecánico y se lo pasó por la frente, por alguna razón estaba transpirando. -Toda esa gente, me refiero a los que empezaron con este asunto de la segregación... ya no estan aqui, se fueron de la Colonia durante los primeros años de llegar al Campo. Solo quedamos nosotros, gente trabajadora que no tiene nada que ver con sectas ni segregación ni nada que se le parezca.
-Pero no hay Zentradis aquí. Y eso pareció molestar a Amanda cuando se lo plantee.
-¿Y porque habria de haber Zentradis aquí? Estamos en el mismo culo de la galaxia. Nadie salvo nosotros habita esta zona... -Dan se guardó el pañuelo y volvió a ponerse el casco de seguridad. -teniente, le aseguro que nadie en esta nave tiene nada en contra de ningún Zentradi, simplemente nunca vino uno antes, tal vez por la injustificada fama que tuvimos. -Dijo agachando la cabeza como sintiéndose culpable.
Jim miró al hombre y sintió cierto remordimiento. -Lo siento Dan, no quería interrogarte ni nada por el estilo. -Dijo mientras ponía la mano sobre el hombro del Colono. -Soy hijo de mestizos y cuando supe un poco de la historia de este lugar me sentí bastante indignado. Siento mucho haberlos juzgado sin conocerlos.
Dan levantó la vista y vio en los ojos violeta del piloto que las palabras que decía eran sinceras. Levantó el brazo y correspondió el gesto de amistad poniendo su propia mano en el hombro del piloto. -Gracias por comprendernos Teniente.
-Puedes llamarme Jim.
-Entonces déjame darte la bienvenida a la Rainbow Jim, ahora no solo como visitante, sino como amigo. Ambos hombres se estrecharon las manos mientras Cinthya miraba la escena con cara de no entender qué cuernos estaba pasando.
-Hombres. -Dijo y encendió el enlace a la vaina de medición, cuyos instrumentos comenzaron a brillar a medida que los programas de diagnóstico iniciaban el escaneo en busca de desperfectos.



(1) APU (Auxiliar Power Unit) Unidad Auxiliar de Potencia -Un sistema que suministra energía para arrancar los motores de un avion o proporcionar energía en caso de fallas del sistema principal.
21 por Gerli
Año 1869 (Calendario Terrestre)

La nave de reconocimiento salió del salto FOLD acelerando, era una excelente forma de iniciar un asalto a máxima velocidad. Las compuertas laterales de la nave se abrieron y un escuadrón de Raus, liderados por uno de color rojo, emergió a toda potencia. Inmediatamente la nave cambió de rumbo y se alejó en la dirección contraria a las guerreras.
A unos Doce Mil kilómetros de distancia se encontraba una patrulla de Nousjadeul-Ger, dos escuadrones completos, unos veinte combatientes aproximadamente.
Las siete armaduras adoptaron una formación de estrella y aceleraron al máximo en dirección a los contactos que al parecer ya habían detectado el DEFOLD y se dirigian a toda prisa a interceptar a los recién llegados.
Virya era la líder del escuadrón y quien llevaba su armadura pintada de rojo sangre. Una Meltran curtida por las batallas, una verdadera as entre ases. De hecho se la consideraba la mejor guerrera de la flota Dortrad-Jen, una de las más grandes flotas Zentradis en ese sector de la Galaxia.
Con más de Setecientas salidas a combate y una cuenta de derribos que sobrepasaba un par de miles de víctimas, su supremacía en el campo de combate era total y brutal.
Vivía para el combate. Combatía para vivir. Más de treinta ciclos de batallas habían creado toda una leyenda a su alrededor y su escuadrón tenía un estatus especial en la flota.
Virya era su propia comandante. Ella elegía cuando salir y que sectores patrullar. Su habilidad en combate y su talento para rastrear y localizar enemigos eran tan brutalmente efectiva que tenia carta libre en la flota. Nadie las dirigía, el escuadrón de Virya era totalmente independiente de toda la cadena de mando y el propio Dortrad-Jen lo permitía.
Nada de esto hubiese sucedido si otra flota Zentradi no hubiese aparecido en las inmediaciones del cúmulo estelar local.
Y fué lo mejor que le pudo pasar a Virya.
Que dos flotas Zentradi colisionaran era un evento extremadamente raro. El avasallador tamaño de la Galaxia prevenía estos violentos encuentros, pero la razón por la que dos flotas se acercasen tanto una a la otra no tenían nada que ver con el azar.
El Ejército de Supervisión también estaba en la vecindad del mismo cúmulo estelar y estaba siendo acorralado por ambas flotas.
Los Zentradis eran formas de vida creadas para la batalla. Fueron diseñados para proteger el primer imperio que se adueñó de la Galaxia; la PROTOCULTURA.
Un millón de años atrás, la Protocultura surgió en algún rincón de la Galaxia y rápidamente se consolidó como la primera civilización que dominó el viaje interestelar y la creación y manipulación de la misma esencia de la vida.
Los Zentradis fueron creados para proteger este enorme imperio y, por razones que Virya desconocía completamente al igual que la casi totalidad de los Zentradis, ahora eran sus enemigos mortales.
Localizar y Destruir al Ejército de Supervisión era la prioridad única de todo Zentradi. Esa directiva estaba implantada profundamente en los genes de los guerreros tanto masculinos como femeninos. Encontrar y Destruir, sin tregua, sin descanso.
Pero con dos flotas gigantes buscando en un sector tan pequeño como un grupo estelar de unos pocos centenares de miles de estrellas, los encuentros son inevitables. Y mientras el Ejército de Supervisión permanecía oculto, las escaramuzas entre las don enormes flotas se habían vuelto la norma en los últimos 25 ciclos.
Cuatro Mil kilómetros.
No había habido una batalla total entre ambas flotas en los 25 ciclos que llevaban buscando en el sector. Ambos grupos se mantenían alejados y solo los exploradores o grupos de avanzada solían intercambiar disparos cuando se detectaban mutuamente. Esto era así todo el tiempo; buscar, encontrar, luchar, aprovisionarse, buscar y volver a luchar.
Para Virya esto era su vida y para sus enemigos, era la muerte.
Quinientos Kilómetros.
Las armaduras posicionaron los enormes cañones láser que llevaban plegados en su espalda y se prepararon para disparar. A estas velocidades el combate se regía por el ataque a distancia. Deberían cruzarse una y otra vez a medida que desaceleraban hasta poder entrar en combate cuerpo a cuerpo.
A cincuenta kilómetros de distancia estaban a apenas dos segundos de encontrarse, los láser se dispararon y por un momento el espacio se llenó de un entramado de líneas brillantes azules y verdes. Virya sabía que habían abatido a tres enemigos, pero la velocidad que llevaban era tan alta que las ondas de choque de las explosiones ni siquiera se habían expandido fuera de las armaduras derribadas y las guerreras habían pasado rápidamente entre ellas.
Ahora debían virar y prepararse para el segundo choque, esta vez a menor velocidad. El viraje les tomó un enorme arco de unos 200 kilómetros, volvieron a ponerse en rumbo de choque con el escuadrón enemigo y cargaron contra ellos.
Ahora fueron media docena las explosiones las que iluminaron brevemente el campo de combate. Esta vez Virya sintió una pequeña ola de choque golpear su lado izquierdo pero sabia que no había sido ninguna explosión enemiga. Solo le dedico una fracción de segundo a mirar lo que había pasado a su lado.
El Rau que estaba ubicado en el flanco izquierdo de la formación había sido alcanzado por un disparo en la cabina. El haz de luz atravesó limpiamente la armadura y salió por el otro lado como si el Queadluun fuera un espejismo. La chica estaba muerta antes de que supiera lo que había pasado, pero fue curioso ver como la armadura siguió recibiendo impulsos del cuerpo muerto incluso antes que la explosión desintegrara el mecha. Probablemente esos impulsos que provocaban que los propulsores se encendieran y apagaran no eran del cerebro, ya desintegrado por el láser, sino por la energía que bajaba por el sistema nervioso del cadáver, más rápida que la expansión del plasma que acabaría por destruir todo el Rau.
Pero todo esto no distrajo más que unos segundos de la atención de Virya; tenía una pasada más por hacer. Esta vez el giro se hizo en unos pocos kilómetros y la formación en estrella cambió para adaptarse a la falta del combatiente caido; ahora era una formación escalonada de seis armaduras. Ambos contendientes volvieron a chocar entre una urdimbre de fuego láser y explosiones.
Había llegado la hora del combate cuerpo a cuerpo.
Quedaban una docena de naves enemigas, así que la formación se desarmó y cada chica escogió un par de blancos. Los cañones se plegaron y las armas de proyectiles entraron en acción, así como los enjambres de misiles que transformaron el campo de batalla en una maraña de estelas verdes y azules, aqui y alla interrumpidas violentamente por las explosiones de los misiles al ser detonados, ya sea por un disparo defensivo o al haber alcanzado su blanco.
El combate duró solo 15 minutos
Como siempre, el último en morir fue el as del escuadrón enemigo. El pobre piloto dió una buena pelea, pero poco podía hacer contra 6 guerreras Meltrandi. Así que las chicas jugaron con él, volando las extremidades a su armadura una a una hasta que solo quedó un montón de metal retorcido alrededor del piloto. Rika tuvo el honor de rematarlo, insertando el puño de su armadura por el torso y soltando una descarga de balas que convirtieron a la masa metálica en una masa sanguinolenta.
-Alto el fuego chicas. -La voz de la líder de Escuadrón sonó en las armaduras de las 5 Meltrandis. -¿Estatus?
-Operativa. -Dijo Melia
-Operativa. -Dijo Fanra
-Poca Munición. -Dijo Rika
-Operativa. -Dijo Kiria
-Operativa. -Dijo Tyna
-Solo la Novata muerta. -Comentó sin darle importancia. -¿Cuantas salidas aguantó? ¿12?
-11. -Dijo Fanra.
El Queadluun-Rau rojo hizo un gesto circular con el brazo derecho y las demás armaduras se acercaron a su líder formando un círculo.
-Volvamos a la flota, no tenemos nada más que hacer en este sector.
Se escuchó un “Si!” al unísono en el canal de radio y las 6 armaduras se pusieron en camino. Dejaron atrás el campo de batalla, ahora lleno de restos de armaduras Zentradi y avanzaron a máxima velocidad hasta la pequeña nave de reconocimiento que esperaba silenciosa el regreso de las guerreras. La enorme compuerta lateral se abrió hacia afuera y los 6 Queadluun ingresaron al hangar.
-Todas adentro.
La compuerta se cerró e inmediatamente las luces del interior de la nave pasaron de un blanco pálido a un rojo furioso, indicando que la nave se preparaba para un salto FOLD.
Virya fué la primera en salir de su armadura. La cabina se abrió hacia arriba y los hombros se retrajeron hacia atrás, liberando el cuerpo de la guerrera quien flotó hacia el techo y comenzó a hacer unos simples ejercicios de estiramiento.
Las demas chicas tambien habian abierto sus armaduras pero permanecieron dentro en silencio.
La vibración de la nave al entrar en FOLD se hizo notar de inmediato. La luz se distorsiona y se creaba un efecto óptico típico que hacía que los objetos se duplicasen en formas fantasmales, era un efecto muy familiar para todos los viajeros interestelares de la Galaxia.
Virya flotó hasta la cabina de la nave, donde dos Zentradis se mantenían alerta a los controles, aunque durante un salto FOLD no hacía falta supervisión alguna. Virya no les habló, no los consideraba parte de su equipo, eran soldados regulares de logística de la flota. Simplemente cumplian sus ordenes de Despliegue y Repliegue, no eran más que herramientas y no merecian más atención.
El espectáculo que se apreciaba por los cristales de la nave era impresionante. El espacio Dimensional curvaba la luz de millones de estrellas y creaba una cascada de colores por la que la nave transitaba envuelta en una burbuja de energía. Claro que a Virya no le interesaba esto, muchas cosas de las que veia no tenian ni siquiera un nombre para describirlas. Contempló en silencio la escena hasta que se aburrió. Dió media vuelta y flotó hasta el hangar donde sus subordinadas estaban recargando las armas de sus Raus.
-Esta vez probemos con alguna de la nave de Higlet. -Dijo Melia al ver que su líder se acercaba.
Virya se quitó el casco. No había transpirado ni un poco durante el combate, al contrario de Rika, cuyo cabello azul estaba empapado.
-Yo voy a decidir de donde va a venir la nueva recluta Melia. -Dijo cortante.
-Si Capitan! -Exclamó la joven.
El séptimo integrante del escuadrón se había convertido en una carga para Virya. Ninguna de las chicas que habían ocupado ese puesto en los últimos 6 ciclos habían sobrevivido a más de una docena de batallas. Era inconcebible que no existiera una guerrera en una flota de más de dos millones de Zentradis que estuviese a la altura de su escuadrón.
Virya escupió al suelo con desdén y se puso a revisar su propia armadura. Las demás chicas la dejaron tranquila, perder una armadura era un motivo de vergüenza para Virya y estaría de mal humor por un largo tiempo.
Al cabo de un par de horas, la intensidad del fenómeno FOLD comenzó a menguar y las combatientes supieron que estaban por llegar a la flota. Ocuparon sus armaduras de inmediato y se prepararon para salir.
El DEFOLD se produjo veinte minutos más tarde, las compuertas comenzaron a abrirse y Virya dió un paso hacia la salida cuando una llamada desde la cabina captó su atención. Uno de los pilotos le hacia señas con el brazo de que se acercara. Las demás chicas mantuvieron sus posiciones prontas a salir de la nave mientras Virya salía de su armadura y se dirigía flotando nuevamente hacia la cabina.
La enorme pantalla holográfica estaba encendida ocupando gran parte del cristal de la cabina. El Zentradi que estaba en la pantalla de cuerpo entero no podia ser otro que Kreegan, el Comandante de la 5ta. Flota a la cual estaba asignado su escuadrón de Queadluuns. Hace varios ciclos que no recibía una comunicación suya, pero no olvidó el protocolo. Se puso firme y se llevó el puño al pecho en señal de saludo.
-Saludos Comandante Kreegan
-Virya. -La irritación del oficial Zentradi era evidente. -Presentate en mi nave inmediatamente.
-Entendido. -Respondió ella.
¿Una orden? ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Se avecinaba una gran batalla? Virya no esperó a que la imagen se apagara y de un enérgico empujón con los pies salió disparada hacia su armadura. Solo le tomó 10 segundos entrar al Rau y prepararse para salir. Hizo una señal con el brazo y las seis armaduras abandonaron la nave simultáneamente.
El punto asignado para los DEFOLD de las naves de exploración se encontraba por encima de la Flota Dortrad-Jen, de modo que cuando el escuadrón salió al espacio se zambulleron en picada entre decenas de miles de naves, una acumulación tan grande de cruceros, transportes y naves de batalla tan enorme que asemejaba a una nube verde azulada a la distancia.
A pesar de la avasallante cantidad de naves, cada escuadra de batalla tenía su posición perfectamente definida en la Flota. Los enormes cruceros de batalla que servían de naves insignias a cada ala de combate se encontraban en el mismo centro, todos protegiendo el verdadero corazón de la Flota.
La Fortaleza de Dortrad-Jen era imponente. Una nave de dimensiones colosales, casi un planetoide en si misma. Era el centro neurálgico de la Flota y el arma más formidable del arsenal Zentradi.
-¿Era Kreegan ese? -Preguntó Rika acercándose un poco al Rau rojo que abría la formación
-Tenemos que ir a verlo, esas son las órdenes. -Contestó secamente Virya.
Un murmullo de asombro se escuchó en el canal de comunicaciones del escuadrón, pero ninguna de las chicas dijo nada. Al cabo de unos momentos Tyna rompió el silencio;
-¿Vamos a presentarnos con un elemento menos?
Las demás guerreras aguardaban en silencio. Tyna era la miembro más antigua del escuadrón y era quien solía hacer las preguntas más incómodas a la irascible Virya.
-No, tengo una idea. Siganme.
Para el desconcierto de las demás guerreras, Virya se desvió del curso hacia el centro de la flota y se dirigió hacia uno de las fragatas que cerraban el flanco. Las fragatas de clase Quitra Queleual eran las principales naves de asalto de vanguardia. Llevaban armamento ofensivo y varios escuadrones de armaduras (Queadluuns o Nousjadeul-Ger, dependiendo si la nave era Zentran o Meltran) y conformaban los centros de entrenamiento de todos los guerreros Zentradis que pilotaban armaduras de combate. Hacia una de estas naves se dirigió Virya a toda velocidad seguida de sus cada vez más intrigadas compañeras.
A unos 200 metros de la enorme nave se encontraba un escuadrón de Queadluuns-Nona ejercitando maniobras de formación. Un Rau encabezaba la formación mientras volaba alrededor de una serie de balizas luminosas que formaban un circuito de práctica. El resto de los Nonas, unas 8 máquinas, luchaba por seguir el ritmo de la instructora mientras mantenían su posición y velocidad relativas. Era uno de los ejercicios más básicos del vuelo espacial, ese grupo de soldados deberían ser novatos recién asignados, sin ninguna clase de experiencia en batalla.
-¿Virya que te pasa? -Tyna se adelantó y cerró el paso de su líder, algo también inédito que dejó paralizadas a las demas chicas. -Esas son cadetes que están aprendiendo a volar!
-Apártate o te arrancaré la cabeza Tyna.
La armadura de Tyna se hizo a un lado, Virya era muy capaz de cumplir su amenaza cuando estaba de ese humor.
El Rau rojo se acercó a una de las balizas que marcaban el circuito de practica y espero al grupo de cadetes, quienes estaban finalizando la vuelta. Fué el Rau de la instructora quien vio primero a Virya, el Rau rojo era inconfundible, no había otro igual en toda la flota. Se detuvo en seco usando los impulsores delanteros de emergencia, el temor que esa armadura despertaba en los demás rayaba lo supersticioso. Unas decenas de metros más atrás el grupo de cadetes también se detuvo, ignorando lo que pasaba.
El cañón de Virya rotó sobre su hombro y se puso en posición de disparo.
Tyna y las demás chicas ahogaron un grito pero ninguna reaccionó cuando el cañón de Virya abrió fuego al máximo poder, de forma que toda la energía del arma fue usada en un único disparo de área, que abarcó por completo al grupo de anonadados cadetes.
Las armaduras se desintegraron por completo, las chicas que estaban adentro también lo hicieron unas milésimas de segundo más tarde. Fue todo tan repentino que ni un solo grito se escuchó en las comunicaciones compartidas. En cuanto la energía se disipó, el cañón parcialmente derretido de Virya se desprendió de su armadura y quedó flotando al rojo vivo.
-Que... ¿Que hicistes? -Balbuceó Melia sin creer lo que sus ojos veían.
El Rau rojo contempló los restos carbonizados de la instructora y los cadetes e inmediatamente se dió vuelta hacia su escuadrón, que contemplaba la misma escena con la boca abierta. -Ya encontré una candidata que me gusta. -Dijo Virya a la vez que su armadura señalaba hacia arriba. Todas las chicas miraron y vieron como veinte metros por encima de la nube de desperdicios un solitario Nona había escapado del ataque acelerando al máximo verticalmente. Los extremos de las piernas de la armadura habían sido consumidos por el rayo y todavía estaban incandescentes, pero el Queadluun y su piloto había esquivado el ataque a una distancia imposible.
Virya sonrió satisfecha.
22 por Gerli
La cabina se cerró silenciosamente y el interior del caza fue presurizado de inmediato. Jim levantó la mano cerrada con el pulgar en alto y a través del cristal le indico a Dan que estaba listo para despegar. El hombre contestó imitando un saludo militar y se alejó de la aeronave mientras los motores comenzaban a calentarse.
-Ambar Uno a Control Rainbow ¿Me reciben? -Preguntó Cinthya por la radio.
-Control de tráfico de la Rainbow, los recibo perfectamente Ambar Uno. Plan de vuelo aprobado, apenas estén listos salgan por la compuerta del hangar 4 y mantengan un patrón de espera alrededor de la Colonia hasta que el equipo de Ralph se contacte con ustedes.
-Entendido Rainbow, Salida por Compuerta 4 e iniciamos Espera hasta nuevo aviso.
-Que tenga un buen dia en el Campo Ambar Uno. -Saludó Rebecca
Jim movió un poco el control de la potencia y el caza comenzó a elevarse gracias a los propulsores auxiliares ubicados en la parte inferior del fuselaje. En cuanto alcanzó una altura de diez metros, cambió la forma del caza a modalidad Gerwalk, desplegando las piernas y pasando a vuelo estacionario usando solo los motores principales. La cabina aumentaba la poca luz disponible y la suplementaba con partes de visión infrarroja y térmica, de modo que al mirar hacia afuera vieron el hangar perfectamente, destacándose por la firma de calor que emitia el pequeño vehículo de Dan, que se alejaba por el fondo del mismo.
Como se ha dicho anteriormente, las naves de la clase Three Star poseen dos entradas exclusivas para recibir y despachar naves de transportes que continuamente van y vienen por toda la flota. En los días de la Flota 37, la Rainbow podía recibir un tráfico incesante de naves pequeñas y grandes sin tener que preocuparse por atascos en los docks de atraques. En la actualidad esas entradas estaban clausuradas y toda nave que llegara a la Rainbow debía entrar por una compuerta ubicada cerca de la enorme superestructura que albergaba el puente de mando.
El VF-17S2 comenzó a girar sobre si mismo hasta estar alineado con la gran esclusa. Al acercarse a menos de 10 metros una serie de balizas se accionaron, indicando que la enorme puerta de acero pintada con grandes rayas negras y amarillas (Aunque ya bastante descoloridas y resquebrajadas por el uso y la falta de mantenimiento) había comenzado a abrirse. Como la mayoría de las enormes compuertas de la nave, esta era doble, de casi medio metro de acero sólido, ofreciendo protección extra en caso de fuego o explosiones dentro del hangar.
El caza pasó por la compuerta y se detuvo algunos metros más adelante al llegar a la última puerta de la esclusa. Como estaban a punto de pasar a gravedad cero, Jim aterrizó la aeronave de modo que descansara sobre sus piernas.
-¿De que estaban hablando ustedes dos ahí abajo? -Preguntó Cinthya
Jim miró a Cinthya por los espejos y movió la cabeza. -Parece que en la Colonia las cosas son muy diferentes a lo que nos imaginábamos al principio.
-¿Por lo del Segregacionismo? -Preguntó la Joven. -Yo también lo noté, la gente de la Colonia no parece ser parte de ninguna secta o grupo de esos que se aíslan para permanecer alejados de lo que no toleran.
-El contacto con el exterior tampoco está limitado. Se puede acceder libremente a toda la Red Galaxy y a la MBS.
La compuerta de atrás se cerró con un fuerte estampido y las luces de la esclusa pasaron del blanco al rojo para indicar que el proceso de despresurización había comenzado. El aire comenzó a ser succionado y la gravedad comenzó a descender. Todo el proceso demoró unos cinco minutos. Las luces adquirieron un tono amarillento y la baliza de la puerta que tenian al frente comenzó a girar. Las primeras estrellas se asomaron por el espacio entre las compuertas a medida que estas empezaron a abrirse.
-En marcha. -Dijo Jim
El VF-17 se impulsó hacia delante y mientras salía de la enorme esclusa cambió a modalidad caza. Jim mantuvo una velocidad relativamente baja mientras se alejaba de la salida antes de comenzar un patrón de espera alrededor de la Colonia. Al cabo de unos momentos giró hacia la izquierda y Cinthya pudo por fin ver la enorme nave en todo su esplendor.
Jim comenzó a volar a unos escasos 500 metros de la nave, para que la boquiabierta joven pudiera apreciar el tamaño colosal de la Colonia.
-Es enorme. -Dijo atónita.
-Te lo dije. Es una de las naves más grandes construidas por el Consorcio Macross.
El gigantesco reactor dominaba toda la masa de la nave, pero a su alrededor se encontraban agrupados los enormes módulos que conformaban la verdadera maquinaria que daba vida a toda la flota. O al menos, que había dado.
Solo unos cuantos sectores estaban iluminados, todas las estructuras, enormes tanques de materias primas, gases, combustible y minerales estaban sumidos en una total oscuridad Solo aquí y allá alguna baliza o una luz intermitente, un destello que delataba algun equipo de soldadura trabajando fuera de la nave, daban alguna señal de vida en la silenciosa mole. Cada sector de la enorme fábrica se especializaba en la fabricación o la manipulación de una clase específica de material, respetando el espíritu de diseño modular, las enormes estructuras brotaban como hongos alrededor del reactor, sin tener en cuenta el menor respeto a las leyes de simetría o estética.
-¿Qué es esa enorme rueda? -Preguntó Cinthya señalando una estructura con forma de arco que se elevaba por sobre los demás módulos, varios centenares de metros a un lado del reactor.
-Creo que es un acelerador de partículas. -Dijo Jim. -Algunos materiales se fabrican mediante la manipulación de energía cuántica a altas velocidades.
-Control Rainbow para Ambar Uno ¿Me reciben?
Cinthya desvió la mirada de la enorme nave y se centró en sus instrumentos y en responder la comunicación entrante. -Aqui Ambar Uno, los recibo perfectamente.
-Les paso el reporte meteorológico del Campo chicos.
-¿Meteorológico? -Pregunto confundida la joven. -¿Tiene un sistema meteorológico el Campo?
-Algo similar, es un sistema dinámico que suele fluctuar en respuesta a actividad del espacio normal y del sub-espacio dimensional. Nosotros lo tratamos como si fuera un reporte climatológico. -Explicó pacientemente Rebecca
-Entendido Rainbow. ¿Cual es el estado del Campo?
-La Superficie de Falla se encuentra en expansión, debería llegar a su pico máximo entre las 1300 y 1400 horas. Tengan en cuenta que las comunicaciones irán empeorando a medida que avance la mañana.
-¿No podemos usar la radio estándar? -Preguntó Jim.
-Solo entre tu y tu equipo, la radiación electromagnética de la anomalía no permite que ninguna onda de radio se proyecte más allá de unos centenares de metros.
-¿Y si pasamos todas las comunicaciones del Campo a través del enlace FOLD de mi nave? El transmisor del VF-17S2 puede amplificar la señal y atravesar la falla.
Se escuchó un suspiro por la comunicación. -Eso son cosas que solo puede hacer Tass chico, yo con suerte se como se maneja esta radio y poco más.
-Entendido Rainbow. -Dijo Cinthya. -Nos arreglaremos como podamos.
-Perfecto... ah, esperen un segundo que la Capitan quiere decirles algo.
Pasaron unos segundos de silencio y la voz de Amanda se escuchó por los sistemas de comunicación de la cabina. -Teniente, solo queria decirle que confíe plenamente en mi equipo. El Campo tiene sus reglas y no conocerlas puede ser fatal en muchas situaciones. Manténganse cerca de Ralph y obedezcan sus instrucciones. Eso es todo.
-Gracias Capitana. -Dijo Jim. -Intentaremos molestar lo menos posible a su equipo.
-Buena suerte. Rainbow fuera. -Dijo Amanda cerrando la comunicación.
Cinthya se movió inquieta en su asiento. Hasta el momento del “incidente” con Will no había pensado en que su misión la pusiera en riesgo de muerte. El viaje espacial tenia sus muchos peligros, pero hacia casi 100 años que el hombre había aprendido a sobrevivir en el espacio y la tecnología actual lo facilitaba aún más.
-Que amable. -Rió sarcásticamente Jim.
-¿En Serio es tan peligroso el Campo? -Preguntó tímidamente la joven.
-Bueno... para el vuelo espacial al menos, lo es. La cantidad de desperdicios hacen que volar a altas velocidades sea muy peligroso, además de que siempre suelen haber misiles o minas desperdigados por todos lados. El otro problema es usar un radar, es casi imposible discernir qué es cada cosa... generalmente uno tiene que confiar mas en sus ojos que en los instrumentos y finalmente. -Dijo suspirando. -La maldita anomalía esa.
En esos momentos la nave terminó de pasar por el costado de la Rainbow y pudieron ver la enorme cola que se extendía desde la parte posterior de la misma.
-Mire Cinthya ¿Se acuerda lo que le conté sobre la cola?
-¿Qué es eso? -Preguntó asombrada la joven.
Por encima de los dos enormes propulsores que la Rainbow tenia en su parte posterior se extendia una enorme estructura alargada que se iba afinando a medida que se extendia lejos de la gigantesca nave.
-Esa es la cola de las Three Star aunque... esto es nuevo. -Dijo Jim intrigado.
-¿Que cosa?
-La cola no es más que un gigantesco disipador de calor, como la temperatura del espacio interestelar es de -270 grados aproximadamente, es mucho más eficiente para eliminar el calor residual y enfriar ciertos fluidos hacerlos circular por esta estructura... pero es la primera vez que veo una cola como esta.
-¿Qué es lo diferente Jim? -Dijo Cinthya tratando de ver por la cabina hacia donde señalaba Jim.
-Parece haber sido modificada con algún tipo de blindaje exterior... en varias Three Star que he visto el disipador de calor no tiene más que unos metros de anchura en la base que lo conecta a la nave y se va estrechando hasta ser de algunos centímetros en la punta.
Lo que ambos veían era la enorme estructura completamente recubierta de placas metálicas con forma exagonal, de forma que lo que debería ser una especie de “ala” aparecia a la vista de los pilotos como una enorme lanza, de mas de un kilómetro y medio de largo y varias decenas de metros de anchura.
-¿Porque habran hecho semejante modificación? -Preguntó Cinthya
-Ni idea, pero a lo mejor es para ocultar las emisiones infrarrojas.. estas cosas brillan como un lanzallamas cuando se las mira con visión térmica.
El caza pasó sobre la estructura y rodeó a la Colonia por el otro lado. Jim parecía pensativo y no volvió a abrir la boca hasta que una nueva comunicación llegó por la radio.
-Recolector a Ámbar Uno ¿Me Reciben?
-Aqui Ambar Uno, los escuchamos fuerte y claro ¿Es usted Señor Savann? -Respondió Cinthya
-Llameme Ralph, por favor. -Dijo el gigante entre carcajadas. -Estamos saliendo desde la cubierta ocho, por debajo de ustedes.
Cinthya miró hacia abajo y pudo ver unas pequeñas luces de navegación rojas y verdes que parpadeaban varios cientos de metros bajo ellos. Realmente era increíble poder ver en cualquier dirección como si la cabina fuera transparente, cuando en realidad estaban rodeados de un blindaje de varios centímetros de espesor.
-Los vemos, Recolectores. -Dijo Jim accionando la palanca de mando, lo que hizo que el caza se sambulliese en picada. Cuando estuvieron a unos pocos metros el caza desplegó las piernas y se detuvo casi de inmediato junto a Ralph, enfundado en un enorme traje espacial con lo que parecían grandes herramientas adheridas a su espalda.
A su lado se encontraba una enorme estructura con forma de cruz donde un transporte habia sido anclado en el centro de la misma.
-Disculpen la demora. -Dijo Ralph inclinando un poco la cabeza. -Ya estamos listos para salir. Hagamos un checkeo final. Recolector uno Listo.
-Recolector dos, listo.
-Recolector tres, listo.
Cinthya miró al transporte y vió como dos pilotos la saludaban a través del cristal de la cabina. Ella contestó amigablemente agitando la mano.
-Ambar Uno listo. -Dijo la joven por la radio.
-Ah! -Dijo Ralph de improviso. -Una cosa más Teniente. ¿Tienen cargados los códigos IFF para el Campo? No queremos que pase otro ehh... accidente.
-Tass los cargó desde su terminal durante la revisión de ayer. -Dijo Jim por la radio. -¿Son códigos Zentradi?
-De hecho son códigos de dos flotas diferentes. La batalla que se dió en este lugar debió haber durado días enteros.
-¿Se enfrentaron dos flotas Zentradi en este lugar? -Preguntó intrigada Cinthya.
-Tres.
-¿Tres? -Ahora era Jim el interesado. -¿Cual era la tercera flota?
-El Ejército de Supervisión. -Dijo Ralph mientras activaba los propulsores de su traje y se dirigía flotando lentamente hacia la plataforma, donde se ubicó en una especie de asiento hecho de caños y placas soldadas. Al parecer su traje tenía alguna clase de encastre magnético que lo atrajo rápidamente cuando flotó sobre el asiento.
-Salgamos entonces, Ambar uno no se quede atras ¿Eh? -Dijo cruzando los brazos sobre su estómago.
-Entendido!. -Dijo Jim mientras se ubicaba unos veinte metros por detrás de la enorme plataforma.
La Rainbow estaba anclada a unos cuantos miles de kilómetros de distancia del Campo. Si bien “Anclada” no era la palabra exacta, la enorme nave se encontraba en órbita estacionaria alrededor del enorme cementerio de naves, de modo que siempre mantenía la misma posición con respecto a los ejes del centro de la anomalía. También había otra razón aún más importante; ocasionalmente el Campo solía expulsar lo que en la jerga de la Colonia se conocía como “escupitajos” de escombros. Esto se debía a que la anomalía barría el campo como si de una inmensa cuchara se tratara, revolviendo continuamente los enormes restos de naves, haciendo que estos colisionasen y se fragmentaran en trozos más pequeños. Ocasionalmente, cuando la anomalía se expandía paralelamente al disco de material, la enorme fuerza hacía que los escombros acelerarán y escaparan de la atracción gravitacional del cuerpo oscuro que se encontraba en el centro, creando “disparos” de material en cualquier dirección. La Red EWR de la Rainbow estaba especialmente preparada para detectar estos peligros y advertir a la tripulación sobre trayectorias y posibles colisiones.
Todo esto iba leyendo Cinthya en su Pad mientras las dos “Naves” volaban en dirección al Campo. La nave utilitaria que propulsaba la estructura tubular aceleraba constantemente para poder mover toda la pesada estructura, pero aun así tardaron casi treinta minutos en alcanzar una velocidad “crucero”. Jim había activado el piloto automático para que mantuviera la posición y velocidad relativas a la nave de Ralph y mientras la computadora se encargaba de volar la nave, se relajó en el asiento delantero.
Cinthya dejó de lado su Pad y se concentró en la enorme pantalla que dominaba la mayor parte de su panel de instrumentos. Cada armamento o equipo montado en el VF-17 tenía su propia interfaz, en este caso lo que aparecia desplegado frente a sus ojos era un resumen de la vaina de medición y recolección de datos que ahora colgaba de una de las alas del caza. Cinthya ya había ejecutado las revisiones previas al despegue y los sensores ya estaban calibrados y listos para recoger datos. La joven deslizó sus dedos sobre la pantalla y activó las instrucciones necesarias para iniciar el estudio. Una pequeña ventana de video se abrió en la esquina inferior derecha mostrando en vivo la vaina en el anclaje de armamento del ala derecha. Una serie de pitidos y varias luces verdes indicaron el inicio de actividad en los sistemas. A través del video Cinthya comprobó como unos pequeños paneles se desplegaron a lo largo de la vaina, listos para comenzar la captura de datos.
-Vaina de medición activa. -Informó Cinthya.
La interfase comenzó a arrojar información en forma de gráficos y tablas a medida que los datos eran recolectados. Cantidad y tipo de radiación, Rayos cósmicos, temperatura externa.
La joven abrió un log personal y comenzó a describir un breve resumen de las operaciones y preparativos que se llevaron a cabo al salir de la Colonia.
-Jim. -Preguntó levantando la cabeza. -¿Qué es el Ejército de Supervisión?
El piloto se puso derecho en su asiento. -¿No lo sabes? La Macross era originalmente una nave del Ejército de Supervisión que cayó a La Tierra mientras escapaba de la flota de Boddole Zer.
-Creía que la Macross era de la Protocultura.
-Es un error común eso. -Dijo Jim. -Mucha de la información todavía sigue siendo clasificada y no es de público conocimiento. En realidad el Ejército de Supervisión y la Protocultura son algo así como la misma cosa.
-¿La misma cosa?
-El Ejército de Supervisión está formado por elementos que antiguamente formaron parte de la Protocultura. No se mas detalles que esos, solo soy un soldado. -Dijo el piloto encogiéndose de hombros.
Cinthya se quedó pensativa unos segundos, luego se inclinó sobre la pantalla y minimizó la interfaz de datos, abrió una ventana nueva e ingreso a la base de datos de su propio Pad. Tenía guardados una serie de videos documentales bajados de la Red Galaxy sobre los acontecimientos de la Primera Guerra Espacial. La ASS-1 (1) se estrelló en La Tierra en el año 1999. El ingreso a la atmósfera de la nave alienígena (Y la enorme ola de destrucción que se produjo durante su trayectoria descendente) había sido captado por numerosas cámaras alrededor del mundo. Cinthya contempló las imágenes y videos con fascinación.
-Hey Jim.
-Hmmm?
-¿Porqué los Zentradi están en guerra con el Ejército de Supervisión?
-Porque están programados para ello. -Se escuchó la voz de Ralph de pronto. -Lo siento, no quería meterme en su conversación y el enlace había quedado abierto de todas formas, pero parece que el Gobierno Unificado no quiere que los civiles sepan la historia completa
-¿Programados? -Preguntó Cinthya.
Ambos pilotos miraron hacia adelante, en dirección al gigante que viajaba sentado sobre la estructura de metal y les pareció que inclinaba la cabeza.
-Hmmm... tal vez “Condicionados” sea una palabra mas adecuada.
Varios resplandores intermitentes indicaron que los propulsores delanteros habían comenzado a frenar las naves. El viaje estaba llegando a su fin pero de todas formas tardarian un largo rato en desacelerar hasta detenerse por completo.
-Es extraño. -Dijo Jim. -Yo no me siento “Condicionado” a matar a nadie de ese Ejército.
-Eso es porque ha nacido y crecido expuesto a la cultura, Teniente. -Respondió Ralph.
-¿Tienen algo que ver con el instinto? -Preguntó la joven.
-No lo creo, una de las cosas que recibí “de regalo” con este cuerpo gigante fué un gusto desquiciado por la violencia y no, ninguna canción de Minmay pudo quitarmelo.

Continuaron el viaje en silencio mientras el radar del caza comenzaba a detectar los primeros escombros metálicos e informaba al piloto sobre el peligro de acercarse a la zona. Jim ignoró los avisos y dejó que el piloto automático aumentara en 50 metros más la distancia de separación con la plataforma de los Recolectores.
-Estamos llegando. -Dijo uno de los pilotos del transporte.
Cinthya cerró la interfaz de la vaina y abrió una ventana de video que mostraba la visión frontal del caza, de modo que pudo ver todo el frente sin que el asiento de Jim le obstruyera la vista. Había una enorme nube de material a unos 400 metros de donde estaban, pedazos de metal y grandes piezas de lo que parecían ser trozos de naves gigantes, todos girando lentamente en diferentes direcciones, aunque permaneciendo completamente inmóviles con respecto a la nave.
Las luces de la plataforma se encendieron, indicando que el campamento estaba por ser descargado.
-Aqui Recolectores a Rainbow. -La voz de Ralph se escuchó en la cabina. -Arribo a las coordenadas confirmado. Iniciamos despliegue del campamento.
-Aqui Rainbow. -Las comunicaciones mostraban una marcada degradación de la calidad de audio, apenas audible por sobre la interferencia. -Recibido Recolectores. Buena caza ahi afuera.
La computadora del VF-17 indicó que el objetivo se había detenido por completo y Jim tomó el control de la nave, comenzando a orbitar alrededor del campamento a poca velocidad.
Mientras tanto, el transporte se separaba lentamente de la plataforma a la vez que Ralph se incorporaba y flotaba en dirección al mismo.
-¿Estamos en la periferia del disco exterior? -Preguntó Cinthya.
-Así es, aquí el material es mucho más “fino” y se puede trabajar con relativa seguridad. El disco mide un centenar de metros de altura asi que hay espacio de sobra para movernos cuando estemos dentro. -Explicó Ralph.
-¿Nunca se aventuran más allá de la periferia?
-Eso sería muy peligroso Teniente. Aquí hay material de sobra para recolectar. -Dijo uno de los pilotos de la nave de transporte.
Finalmente el gigante llegó al transporte y se sujetó firmemente al casco mediante poderosos agarres magnéticos.
-Vamos. -Dijo.
Jim pasó a modo Gerwalk para poder maniobrar mejor entre los escombros, pero la ruta que el piloto del transporte seguía estaba completamente despejada y avanzaron con relativa facilidad durante varios centenares de metros dentro de la nube de material y escombros. Ralph observaba los escombros en busca de algo interesante que rescatar, de pronto golpeó repetidamente el casco de la nave con su puño y esta se detuvo inmediatamente.
-Allá. -Dijo señalando una particular pila de restos. -Empecemos ahi.
Resultó ser una armadura Meltrandi, uno de los cientos de miles de Queadluun que había desparramados por todo el campo. Mientras Ralph revisaba el robot, Jim permaneció a unos diez metros observando la operación.
-¿Que rescatan de esos robots? -Preguntó Cinthya.
-Principalmente las aleaciones del reactor y los sistemas de control de las articulaciones. Son materiales que cuestan mucho dinero producir de cero y aquí están flotando en cantidades inagotables... hmmm.. no, este no sirve. -Dijo Ralph separándose de los restos. -Tiene el reactor fundido, busquemos otro.
Repentinamente un grito se escuchó en la transmisión y todos se sobresaltaron.
-¡Cinthya! ¿Que paso estas bien? -Exclamó Jim tratando de darse vuelta para ver a su copiloto.
-¿Que sucedió Teniente? -Gritó Ralph por la radio.
-A- Ahí, a la derecha. -Se escuchó la voz temblorosa de Cinthya.
Jim giró la nave rápidamente y se encontró de frente con el enorme cadáver momificado de un soldado Zentradi. El cuerpo estaba acribillado y despedazado, pero la ropa había mantenido los pedazos más o menos unidos y el casco estaba roto, exponiendo el horripilante rostro gigante congelado en una eterna mueca grotesca.
-Un cadáver. -Dijo Jim. -Falsa alarma.
Se escucharon varios suspiros de alivio por la comunicación de radio.
-¿Estas bien Cinthya? -Preguntó Ralph acercándose a la nave. -Lo siento, debí haberte advertido sobre esto, el campo esta sembrado de cadáveres.
Cinthya respiraba agitadamente y se había llevado la mano al pecho. Pasaron varios minutos antes que su respiración se normalizara y pudiese hablar nuevamente.
-Estoy bien Ralph, disculpa. -Dijo algo más tranquila.
-Debería alejarse un poco más Teniente. -Dijo el gigante mientras se impulsaba hacia el transporte.
Jim no habló, se había quedado pensativo en cuanto vió al enorme soldado flotando frente a la nave.
El trabajo continuó toda la mañana sin ninguna novedad. Encontrar armaduras intactas era bastante difícil, ya que los impactos solían ser en su mayoría en la zona del reactor o en la cabina del piloto. A pesar de todo consiguieron dos armaduras en bastante buen estado que trasladaron al transporte.
Alrededor del mediodía perdieron por completo las comunicaciones con la Colonia y la vaina de medición de datos registró picos enormes de interferencia FOLD y radiación de neutrones. La enorme cantidad de escombros detenía la mayor parte de los neutrones como si de un escudo se tratase, por lo que las emisiones en el espacio normal quedaban contenidas casi por completo dentro del mismo Campo. El medio subdimensional era otro tema, aquí la falla se expandía con total libertad a través del espacio, sin ningún obstáculo que lo obstruyera.
Hicieron una pausa para comer algunas raciones mientras charlaban sobre lo que habían visto en el Campo. Cinthya estaba mucho más calmada y si bien Jim había estado alerta para no acercarse a nada que asustara a su copiloto, no se habían cruzado con ninguna otra dificultad.
“Acamparon” tras un enorme pedazo de casco de algun crucero Zentradi, la enorme pieza de metal media unos 150 metros de largo por 80 de alto, por lo que Ralph y el Caza de Jim entraron cómodamente. Si bien tanto el traje de Ralph como las naves del resto del grupo poseian protecciones para el tipo de radiación que emanaba el Campo, nunca estaba de mas algo de protección extra en caso de una emisión extrema de energía.
-Estas muy callado estas últimas horas Jim. -Dijo Cinthya quitándose el casco para poder comer un bocadillo.
-¿Eh? Ah no... no pasa nada Cinthya. -Respondió el piloto imitando a su compañera quitándose también el casco. -Simplemente estaba pensando en que traté de sacar el rifle cuando te asustó lo del cadáver y me di cuenta que no lo tengo cargado.
-Jim miró su pantalla frontal y comprobó que las comunicaciones estaban configuradas localmente, ni Ralph ni el resto de los Recolectores (Que estaban conversando animadamente en el otro extremo de las ruinas de la nave Zentradi) podían escucharlos. -No me siento seguro volando por este cementerio si no tengo un arma encima.
Cinthya comenzó a beber de un pequeño envase de jugo a través de un sorbete, mientras contemplaba los innumerables trozos de metal que giraban por todas partes, algunos mas rápidamente que otros, denotando que habían sido perturbados hace poco tiempo, ya sea por algún movimiento de la falla o por el impacto con alguna de las naves de los Recolectores.
-Dime Jim. -Comenzó a hablar tímidamente la joven. -¿Porque te dieron esta misión de escolta a ti? No pareces ser alguien que haga esta clase de trabajos.
-La verdad es que no, nuestro trabajo es dar soporte a escuadrones de ataque o intervención rápida.
-¿Entonces por qué te tocó a ti y no a otro?
Jim dejó de masticar la barra de cereal que estaba comiendo en ese momento y giró la cabeza lo suficiente para ver por encima de su hombro. -¿Queres que te cuente por qué? Es algo larga la historia.
Cinthya se cruzó de brazos a la vez que se acurrucaba en el asiento. -Soy toda oídos Teniente.
-Jim suspiró y empezó a contar su historia.
23 por Gerli
Nací en una flota de colonización de la UNS en el año 2029. No era una flota de exploración sinó una caravana de colonos de La Tierra que viajaban para asentarse en las nuevas colonias de las minas de Barnard. Mis padres se conocieron a bordo de uno de esos transportes y yo nací al llegar al cinturón de asteroides que rodeaba al planeta que sería mi hogar durante toda mi infancia.
Fué una época muy difícil para ser un niño en una colonia minera. Las rebeliones comenzaron a propagarse por todo el planeta a medida que el descontento con las autoridades del gobierno unificado aumentaba año a año... fue por aquella época que la UNSpacy se reorganizó en la NUNS y concedió los estatutos democráticos a las colonias recién formadas... claro que para entonces los focos rebeldes se expandian casi tan rápido como las naves de colonización a lo largo de la galaxia.
En fin, como te decia mi infancia no fué de las mejores... en el modulo habitacional que conformaba el campamento minero del sector que nos habia sido asignado, conviviamos doscientas personas en condiciones bastante deplorables. La mayoría de los colonos eran gente sin recursos que aceptaron trabajar por 5 años en las nuevas minas de Barnard para obtener los créditos necesarios para mudarse a los mundos desarrollados o a una flota de colonización con mejor calidad de vida.
Los primeros años fueron de una monotonía completa. Cuando cumplí los 5 años y ya estaba en la escuela primaria estalló la primera gran rebelión en Barnard: una demora en la logística del reparto de las raciones alimenticias fueron el detonante, pero el conflicto se venía gestando hacía mucho tiempo ya.
El primer complejo que se rebeló eran en su mayoría Zentradis micronizados de la Colonia XXII. Yo siempre creí que debió haber sido muy duro para esa primera generación de Zentradis que, encandilados con las maravillas de la Cultura, descubrieron el peor lado de la civilización humana, realmente no los culpo. Al principio solo fue una huelga que duró varios días, con pequeños actos de sabotaje en las líneas de transporte y los vehículos terrestres que llevaban maquinaria al interior de las minas. La cosa no debería haber pasado a mayores, pero el destacamento de militares que el Gobierno Unificado había emplazado en el planeta manejó desastrosamente el asunto.... cosa que no me extraña, Barnard fué, durante muchos años, un destino de castigo para “enfriar” las cabezas de los pilotos demasiado “salvajes”. No se podía esperar mucho de semejante grupo de soldados tan obsesionados con apretar el gatillo.
En definitiva, al principio cortaron la comunicación con las redes espaciales y las noticias de la huelga apenas lograron salir del planeta. Para cuando algunos medios de comunicación llegaron a la órbita de Barnard se les negó el permiso para aterrizar y las noticias cesaron por completo. Los diferentes enclaves coloniales comenzaron uno tras otro a reconocer la gravedad de la situación y enviaron representantes a las autoridades. La situación se estancó durante varios meses, durante los cuales se intentó negociar una salida pacifica a la crisis que habia paralizado por completo la explotación minera del planeta.
Al final, el peor escenario tuvo lugar en Barnard; las fuerzas militares irrumpieron en el complejo tomado a sangre y fuego para sofocar la rebelión de un solo golpe. Lo que no sabían es que su bloqueo no había sido del todo efectivo y las cámaras de seguridad transmitieron en vivo a todo el planeta la masacre llevada a cabo por las tropas de la UNSpacy. Lo que el comandante de la guarnición había previsto como una operación relámpago, de apenas unas horas de duración, se convirtió en una guerra de guerrillas que abarcó todo el planeta, casi medio millar de colonos furiosos y cansados de los abusos de las autoridades.
Llegados a este punto del conflicto, era claro que la crisis no podía resolverse con las autoridades del planeta.
El principal problema fue que toda comunicación con el exterior estaba bloqueada tras un cortafuegos a escala planetaria. Incluso ante semejante mordaza digital, fue remarcable la inventiva y resolución por parte de los ingenieros y programadores que habían quedado confinados en las colonias, quienes lentamente comenzaron a transmitir información a través de los canales controlados del Gobierno Unificado. Byte a byte los videos de la masacre de la Colonia XXII fueron filtrándose camuflados en correos electrónicos, archivos de texto y cualquier otra transmisión digital que era exhaustivamente revisada por la censura militar.
Fue así como a más de un año del levantamiento de la primer colonia minera, el público se enteró de las atrocidades cometidas en el planeta y todo salió a la luz.
No sirvió de nada.
El tiempo pasaba y la situación seguía estancada. Era como si toda la humanidad le hubiese dado la espalda al planeta Barnard y lo que pasaba en el. La expectativa que siguió a las noticias de que las imágenes del ataque a la Colonia XXII habían sido divulgadas al público fué reemplazada por un sentimiento de desesperación y, en algunas colonias, de resignación.
Nosotros no sabíamos lo que estaba pasando fuera del planeta, ya que el bloqueo funcionaba en ambos sentidos. Incluso los militares de Barnard estaban parcialmente ciegos cuando los eventos de la primavera del año 2036 nos estallaron en la cara, literalmente.

Desde el año 2030 las nuevas flotas de colonización basadas en las New Macross Class comenzaron a salir ininterrumpidamente de La Tierra en busca de planetas habitables. Una de esas flotas fué la comisionada con el nombre de Macross 6, que partió del planeta Tierra en Agosto del año 2035.
La Flota 6 comenzó su recorrido exploratorio como sus antecesoras, siguiendo el Brazo de Orión en dirección al centro de la Vía Láctea. Una vez abandonado el cúmulo estelar vecino al Sol, cada flota abarcaba una ruta de exploración con un arco de separación de 20 grados con respecto a la flota predecesora, en esta etapa la Macross 6 realizó un procedimiento FOLD de rango extenso y saltó hacia un lejano cúmulo de estrellas, cuyas firmas espectograficas prometían un buen porcentaje de planetas en la zona habitable.
Emergieron, en cambio, muy cerca de una pequeña flota Zentradi, probablemente remanentes de alguna flota dispersa años atrás en alguna batalla por el control del territorio.
La nueva Battle 6 era, en su momento, la nave más poderosa de la flota del Gobierno Unido, incluso siendo sobrepasada numéricamente por 10 a 1 podia dar batalla a los cruceros Zentradi gracias a su cañon de energia.
Lamentablemente tan extraordinaria nave solo había estado en el espacio por medio año, mientras que la flota Zentradi estaba compuesta por guerreros curtidos en innumerables batallas.
Tras 12 horas de combate, que solo pueden ser calificados como una carnicería, la Colonia Macross 6 abandonó a su suerte a su dañada contraparte Battle 6 y realizó un FOLD de emergencia para salvar a los Colonos de las tropas Zentradi que se habían abierto paso a través del domo blindado, colisionando un crucero contra el escudo y usandolo como cabeza de puente para invadir la ciudad.
Ese FOLD terminó con la enorme nave civil emergiendo casi dentro de débil atmósfera de Barnard.
El estupor en las caras de las autoridades militares del planeta debió haber sido legendario. De pronto una enorme nave emerge e inicia un ingreso atmosférico descontrolado en medio de una conflagración de gas y restos de naves que habían salido del FOLD junto a la recién llegada. Al principio nadie sabía lo que estaba viendo, solo cuando el plasma y los escombros se dispersaron pudieron ver con horror la reconocible forma de almeja de una colonia Clase Nuevo Macross, con el inquietante agregado de un crucero Thuverl Salan incrustado en medio del escudo cerrado.
Antes que pudiesen reaccionar, las alarmas orbitales comenzaron a enloquecer y media docena de cruceros Zentradis, no registrados en el Armisticio Humano-Zentradi, emergieron alrededor del planeta.
La estructura por así llamarla “jerárquica” de las tropas Zentradi es en extremo simple y verticalista: Cada escuadrón de ataque tiene asignado un oficial que selecciona objetivos y se encarga de transmitir la estrategia desarrollada por los almirantes de la flota. No existen los “ascensos” en la armada Zentradi. Si un Oficial muere en batalla, sus subordinados continuarán siguiendo las mismas órdenes hasta morir o ganar la batalla. Dio la casualidad que la Flota 6 se cruzó con una flota alienígena sin ninguna clase de cadena de mando o estructura organizativa; en cuanto detectaron naves hostiles, todo los Zentradi atacaron al unísono y persiguieron a la Colonia hasta el Barnard sin ningún tipo de consideración táctica o estratégica. Ese mismo impulso fué el que hizo que, al salir del FOLD cerca del planeta, atacaran las primeras naves que tuvieron a tiro, justamente las fragatas que formaban parte del bloqueo logístico y de comunicaciones.
La nave insignia del destacamento permanente de Defensa de Barnard fue la primera en explotar al recibir los disparos de artillería de los cruceros Zentraedi. Esto fue desastroso para las fuerzas de la NUNS que perdieron en un abrir y cerrar de ojos de toda capacidad táctica. Los cruceros y fragatas restantes organizaron una defensa apresurada y contraatacaron a los recién llegados sin saber a que se enfrentaban exactamente. La batalla en la órbita de Barnard se convirtió en un enfrentamiento total nave a nave, sin lugar a estrategias ni táctica alguna.
Diez horas más tarde, sólo quedaba en órbita una seriamente dañada Fragata Northampton rodeada de chatarra espacial. El Capitán de dicha nave asumió el rol de Comandante de las fuerzas de la NUNS sobrevivientes y evaluó la situación con los pocos oficiales que habian podido salir de las otras naves en pods de escape. La Colonia 6 habia tocado tierra hace algunas horas y pedía desesperadamente ayuda. Las tropas Zentradi habían reducido la poca resistencia de la Colonia civil y estaban masacrando sistemáticamente a los habitantes.
El improvisado nuevo Comandante debió entonces tomar una difícil decisión; realizar un FOLD hasta la base más cercana y solicitar refuerzos o intentar el rescate de la Colonia.
Casi el 75% del escuadrón de ataque de la Fragata estaba destruido o seriamente dañado y atacar desde la atmósfera no era una opción viable. La posición de la nave Zentradi sobresaliendo del escudo de la Ciudad 6 era un blanco peligroso, si explotaba, la reacción en cadena destruiría a la Colonia en su totalidad. La unica estrategia posible era un asalto de infiltración con tropas desde tierra, las armas de energía estaban completamente descartadas.
Cada enclave minero de Barnard estaba siendo custodiado por un pequeño destacamento de soldados. Dos VF-11 y un peloton de infanteria en cada uno de los asentamientos sumaban una veintena de Cazas y un par de centenares de hombres. Sin conocer la cantidad de Zentradis que estaban dentro de la Colonia o si disponian de Armaduras de Combate hacían imposible calcular las probabilidades de éxito de la misión, pero al menos, ahora era evidente que no se podía postergar la operación. La vida de los civiles dependia de la rapidez del ataque.
En un abrir y cerrar de ojos el bloqueo estaba levantado. Los trabajadores de los enclaves mineros vieron con asombro cómo se utilizaban los canales públicos para organizar el rescate a la nave caída.
Veinte minutos más tarde, todos los escuadrones asignados a la custodia de las colonias mineras se habían reunido en lo profundo de un cañón escarpado, a diez kilómetros del sitio de impacto, listos para iniciar la ofensiva contra las últimas fuerzas Zentradi que quedaban en Barnard.
Y no estaban solos.
Casi trescientos civiles de las Colonias mineras, algunos pilotando los robots que utilizaban en las minas y otros portando taladros y armas improvisadas, se habían unido a la misión de rescate.
No hubo arengas o mensajes de conciliación. De pronto todos supieron lo que era correcto hacer y lo hicieron.
La solitaria fragata, ahora convertida en nave insignia de la NUNS, inició la entrada atmosférica y se dirigió en curso directo hacia el sitio donde la Colonia 6 yacía, levemente escorada, sobre el polvo de Barnard. Inmediatamente los cañones de artillería del sector del casco de la Thuverl Salan que sobresalia del escudo de la Colonia comenzaron a escupir fuego sobre la nave atacante. Al mismo tiempo, las fuerzas de tierra se pusieron en movimiento usando los accidentes en el terreno para ocultarse lo mejor posible del devastador fuego de los cañones Zentradi. Hombres y robots por igual se arrastraron por el terreno hasta quedar ocultos bajo la sombra del escudo de la enorme nave Colonial.
En ese momento los VF-11, que se habían arrastrado en modo robot por los surcos del terreno, salieron disparados desde sus escondrijos y atacaron la artillería Zentradi con todo lo que tenían.
Se perdieron un par de cazas, pero los cañones quedaron inutilizados y permitieron que los trabajadores y sus lentos robots mineros pudieran acercarse hasta la Colonia sin sufrir bajas.
Con lágrimas en los ojos presenciaron la caída de la Fragata Northampton, completamente envuelta en llamas, sin nadie que la gobernase. El puente de mando había sido impactado y la tripulación había perecido instantáneamente. Aun así la nave continuó su descenso sin desviarse, tal cual como su Capitán lo había previsto, pasando por encima de la Colonia 6, mantuvo su trayectoria firme hasta estrellarse en una cadena montañosa cercana, dejando tras sí una oscura estela de humo, único recordatorio del sacrificio de un gran hombre y su tripulación.
Los hombres permanecieron en silencio hasta que la nave desapareció tras las montañas, entonces al unísono, sin que nadie diera la orden, comenzó el ataque a la Colonia 6.
El resto de mi infancia en Barnard lo pase oyendo hablar de esa batalla. Con apenas 7 años yo no entendía mucho de lo que estaba pasando, solo recuerdo las estrellas fugaces que cayeron durante una semana entera, debido a la chatarra que quedó en la órbita baja del planeta. No obstante recordar el relato de esos hombres me llenaba de orgullo.
La batalla fue sangrienta, literalmente. Se peleó cuerpo a cuerpo ya que los Zentradis no tenían casi munición y usaban los rifles como garrotes. Varios VF-11 fueron aplastados por la enorme fuerza de los gigantes. Incluso superados ampliamente en número y de haber estado luchando por casi dos días enteros, pelearon como demonios salidos de un cuento de horror.
Cuando los Valkyrias se quedaron también sin munición, las cosas se pusieron muy feas, pero recordemos que los pilotos que estaban en Barnard eran prácticamente salvajes sin disciplina. Creo que eso también jugó en nuestro favor ya que al final todo se resolvió con puñaladas y golpes. Incluso los pesados robots de la minas, armados con láseres de abrasión y enormes taladros, no podían competir con la fuerza de los Zentradis y muchos operarios murieron aplastados dentro de sus cabinas producto de un puñetazo o fueron literalmente arrancados de sus máquinas y aplastados como moscas.
Fue una victoria, amarga por cierto, la cantidad de vidas perdidas fue enorme, pero se rescató con vida a casi un millar de personas.
Fué el fin de la rebelión en Barnard y el comienzo de una cooperación civil y militar que trajo paz al planeta.
¿Y porqué cuento esto? bueno... ese fué el punto de inflexión en mi vida. Desde ese momento dejé de ver a los militares como asesinos y fué donde me propuse seriamente entrar en la milicia. Mis padres se opusieron por supuesto, pero no era el único: la mayoría de los niños de mi edad pedimos la entrada a la Academia Militar a los 12 años, como la humanidad estaba en alerta permanente luego del holocausto de la Primera Guerra Espacial, las academias aceptaban a cualquiera que tuviese esa edad, independientemente de lo que padres o tutores opinaran.
Fue duro abandonar a mis padres, pero estaba completamente resuelto en evitar que el horror de un ataque Zentradi ocurriese nuevamente.

Desde ese momento y hasta que cumplí los 15 años, estuve a bordo de una nave de instrucción militar, una más de las muchas que llegaron a Barnard luego del ataque para formar un destacamento permanente, mucho más fortificado que la antigua guarnición que fuera aniquilada por los Zentradi. Allí continué mi educación básica y cuando cumplí los 15 años fui trasladado directamente a un instituto de educación militar en Eden.
Fueron los años en donde la exploración y colonización del espacio sufrieron un gran impulso, donde las enormes flotas se construían tan rápidamente que casi no había seres humanos que se embarcasen en ellas, por lo que muchas dejaban La Tierra con más efectivos militares que civiles a bordo.
También fué la época donde cambió el paradigma de operaciones de la recién formada NUNS. Se modificaron las formaciones de ataque y la cadena de mando. Se comenzaron a eliminar los escuadrones “de Elite” a favor de un patrón de combate más similar al Zentradi, donde los escuadrones eran mucho más numerosos en elementos de ataque y funcionaban como “oleadas” más que como unidades trabajando conjuntamente.
Yo me crié escuchando las historias sobre los míticos escuadrones de ases de la Primer Guerra Espacial, de como el Escuadrón Bermellón, de solo 3 valkyrias podía enfrentarse a cientos de Zentradis y salir victoriosos. Heroes del calibre de Maximilian Jenius, Roy Focker o Hikaru Ichijyo fueron las leyendas que formaron en mi el deseo de ser piloto de cazas variables, por eso cuando el Alto Mando comenzó a modificar la estructura de las fuerzas de cazas a lo largo de la galaxia fue un durísimo golpe para los jóvenes que, como yo, soñaban con llegar a ser líderes de un escuadrón legendario.
Aún así no me desanimé, las fuerzas especiales seguían existiendo y eran el destino ideal para alguien que buscara sobresalir entre el resto. Estudié duro, practiqué todo el tiempo. Practicamente volaba hasta mientras dormía. Sabía que la única forma de evitar que me asignaran a un simple escuadrón, obligado a patrullar cualquier olvidado agujero de la galaxia, era sobresalir en todo, en tener el mejor promedio, en ser el mejor cadete de mi clase.
Y lo hice. Me gradué del Liceo Militar con las notas más altas de entre mis compañeros. Era el mejor piloto que se habia graduado ese año y tenia un record inigualable en simulación de combate y horas de vuelo acumuladas que sobrepasaban por mucho el recomendado para un cadete de mi edad. Me sentía en el cielo y, literalmente, me estrellé contra una montaña o, más precisamente, con la burocracia de la “Nueva” U.N.Spacy.
Verás, no había lugar para mi en ningun lado.
Mis notas me calificaban como un piloto recomendado para un escuadrón de operaciones especiales, pero no había ninguno que necesitase un reemplazo. Además la NUNS aun mantenía su antigua política de “cuidar” a los ases, asi que simplemente me dejaron “en reserva” y me enviaron a la superficie de Edén de “franco” por tiempo indeterminado, hasta que hubiese un lugar a donde enviarme.
De pronto mi vida se convirtió en un tedio. Estaba confinado en tierra, sin poder volar por ser “demasiado bueno” para los escuadrones regulares.
Al principio lo tomé como un desafío. Segui entrenando en los simuladores, me mantenia física y mentalmente preparado para salir disparado a la órbita de Edén al recibir la llamada de mi nueva asignación, llamada que, finalmente, tardaría tres años en llegar.
En el año 2051 y con 22 años de edad entre al Escuadrón de Enlace Situacional de la Base Orbital New Dallas, en Edén. Uno de los pilotos fue ascendido de rango y dejó su lugar en el escuadrón Ámbar para ocuparse de entrenar pilotos en una de la bases de la superficie del planeta.
Para aquel entonces yo ya había perdido la inocencia de mis años de instituto y francamente sentia impotencia al ver en lo que se había convertido los cuerpos “de elite” de la NUNS; los niveles de operatividad eran bajísimos, había más pilotos que aviones disponibles y encima no disponiamos de aeronaves de última generación, solo VF-11 standard y ni siquiera teníamos acceso a Fast-Packs actualizados. Al cabo de un tiempo comenzaron a dar de baja a muchos de los escuadrones de elite a bordo de las diferentes flotas Macross y recibimos los aviones “que sobraron”, fundamentalmente los VF-17.
Se podria decir que hasta ese momento había tenido suerte. El Escuadrón de Enlace Situacional es un caso especial en la flota. A medio camino entre los escuadrones de reconocimiento y los de Operaciones Especiales nuestra posición era “útil” debido a que todavía no se encontró ninguna solución a las interferencias que provocan las irregularidades en el tejido FOLD, se necesita de alguna unidad especial que cubra los puntos “ciegos” cuando un frente de batalla se despliega en una zona de actividad FOLD anómala.
Esa utilidad irremplazable nos permitió sobrevivir a los cambios de toda la estructura militar a lo largo de la Galaxia, incluso nuestros VF-17 fueron actualizados a la versión S2 luego de su reparación de media vida.
No obstante nos ganamos la hostilidad de una buena parte de la plana mayor de las fuerzas. Piezas de repuesto, munición y a veces hasta los víveres nos eran retaceados de nuestro presupuesto anual. A medida que pasaban los años el escuadrón iba perdiendo cada vez más elementos, tanto humanos como mecánicos. Muchos pilotos se cansaron de la situación y pidieron ser trasladados a escuadrones comunes, yo no los culpo la verdad, el maltrato al que nos sometian rozaba la humillación.
Lo peor comenzó el año pasado, cuando nos quitaron la fragata que siempre nos cobijaba y nos permitia desplegarnos en forma autónoma a un pequeño hangar en la Base New Dallas, la estación espacial que conociste cuando llegastes a Edén.
Últimamente la operatividad del escuadrón era tan baja que comenzaron a “usarnos” para suplir otros roles. Escoltas, testeo de equipos, hasta hacer de “Taxi” a idiotas del alto mando. Muchos de mis compañeros estuvieron al borde de la insubordinación al ser convocados para servir de “blancos” a los cadetes que practicaban con misiles de salva.
Pero lo aguantamos todo, los que quedamos estamos orgullosos de lo que hacemos y no vamos a rendirnos ante la sucia presión del Alto Mando… pero bueno, algunas de las cosas que sucedieron últimamente en la base rayan la desidia, no es la primera vez que al salir a una misión descubrimos que los “muchachos” del hangar pusieron el equipo equivocado o no cargaron munición viva en las armas, ni siquiera tenemos nuestro propio equipo de técnicos o mecánicos, ahora dependemos de la burocracia y como ves, casi nos cuesta la cabeza.
Cinthya permaneció callada luego de que Jim hubiese terminado de hablar. Estaba agradecida de que su compañero hubiese compartido algo tan personal con ella y no sabía que decir. Por suerte una llamada en la radio cortó el silencio. Ralph y su equipo habían terminado el descanso y era hora de volver al trabajo.
24 por Gerli
Matt pegó un salto hacia atrás cuando Akemi tiró del cable del auricular y gritó su nombre al oído. La joven había estado tratando de llamar la atención de su amigo mediante gritos pero Matt estaba sumido en un estado de autismo mucho más profundo que lo usual.
-Matt ¿Que te pasa? -Preguntó Akemi sentándose en el pupitre. -Hoy estas mas raro que de costumbre.
Matt volvió a su posición original, osea recostado sobre el pupitre con la cara entre los brazos pero no se volvió a poner el auricular en el oído. -Dejame en paz Akemi, no dormí bien anoche.
Akemi dirigió su mirada hacia la lunchera que sobresalia de debajo del pupitre de Matt, con un rápido movimiento la tomó y examinó su contenido; unos pocos granos de arroz blanco y restos de langostinos fritos y verduras.
-¿Mina no te preparó hoy la vianda? -Preguntó interesada la joven. -¿Pasó algo algo ayer después de la escuela entre ustedes dos?
Matt contestó con una especie de gruñido por lo que Akemi le dió un golpe en la cabeza con la lunchera y se alejó en busca de Mina, ignorando los insultos del joven pelirrojo.
Resultó que su amiga no estaba en la escuela, al parecer había acompañado a la profesora Silvia para ayudarla en alguna tarea administrativa y como tampoco se lo veía a Manuel por ningún lado, decidió aprovechar la tarde en su entrenamiento.
Se cambió de ropa en los vestidores y salió de la escuela vestida con su ropa deportiva, unos pantalones cortos, remera blanca y zapatillas deportivas. Se encaminó a la plaza pensando en los acontecimientos de los últimos días y de cómo la llegada de la Inspectora había cambiado tanto las cosas entre su grupo de amigos.
Al llegar debajo de uno de los árboles comenzó a realizar una rutina de calentamiento, moviendo sus piernas lentamente y estirando cada uno de sus músculos. Esto le llevó otros 5 minutos que la ayudaron a despejar su mente y alejar cualquier preocupación.
La escuela de la Colonia no tenia pista de atletismo y en realidad tampoco la necesitaba ya que salvo Akemi, no había gente con aptitudes atléticas en la Rainbow. Los alumnos si tenian actividad fisica en la escuela como clases obligatorias y el parque con sus senderos y espacios abiertos eran un lugar bastante apto para correr y realizar actividad física.
Akemi comenzó a trotar siguiendo el contorno del parque. A esa hora solía haber gente pero todos conocían la rutina de la joven y le dejaban la “pista” libre mientras ella daba sus vueltas. En ese momento no había más de 8 o 10 personas en todo el lugar, la mayoría jubilados sentados en los bancos y conversando y una madre con sus dos pequeños hijos. Todos saludaron a Akemi cuando pasaba trotando junto a ellos.
Al correr su mente estaba en paz, pero hoy no era paz lo que buscaba la joven sino que buscaba analizar los acontecimientos de los últimos días y poniendo su cuerpo en movimiento podía concentrarse en otros asuntos. Mina había salido temprano de su habitación esta mañana, cosa que nunca hacía ya que era Akemi la que siempre iba a golpear la puerta para ir juntas. No había preparado el almuerzo a Matt y esto también era extraño, sumado al comportamiento de su amigo… Matt había huido de la Inspectora Sanitaria el dia anterior y ella no lo había vuelto a ver pero… ¿Acaso había ido a visitar a Mina por la noche? No, eso no podía ser cierto, pero que esos dos hayan tenido una charla explicaba el porqué Mina había estado callada durante clases y no había tocado el tema de la Inspectora en toda la mañana.
-Mierda. -Murmuró entre dientes.
Eso abría un abanico de posibilidades, si Matt y Mina estuvieron reunidos anoche. ¿En la habitación de Matt o en la de Mina? Debió ser en el camarote de Mina o afuera en el pasillo, su amiga no era la clase de chica que visitara de noche el camarote de un chico ademas, conociendo a su amigo, era lógico que se fuera a disculpar por su forma de comportarse pero… Mina está enamorada de Matt y eso lo sabe casi toda la Colonia menos Matt que es un cabeza hueca. ¿Hablaron solamente de Cinthya? ¿No habrán hablado sobre otra cosa? ¿Y si Mina se animó a…? -No! -Dijo Akemi sacudiendo violentamente la cabeza. -Eso es mas increible todavia. -Se dijo.
Conocía los pensamientos de su amiga asi como ella conocía los propios. Mina esperaría hasta la graduación para confesarle su amor a Matt, no antes y eso se debía a que dependiendo de la respuesta de Matt, Mina decidirá si abandona o no la Colonia Rainbow.
La educación primaria y secundaria en la Colonia, al igual que en muchas otras Colonias o planetas es gratuita, no así las carreras terciarias o universitarias. La Rainbow, no obstante, proporcionaba una beca a un estudiante de cada promoción para que complete sus estudios en la universidad que elija, ya sea en La Tierra, Eden, o alguna de las diferentes flotas con Campus Universitarios que recorren la Galaxia.
Mina fué la candidata ideal para esa beca desde hace mucho tiempo. Con notas sobresalientes y un comportamiento intachable, sus aptitudes la hacían merecedora indiscutible de semejante honor. En el caso de Akemi, su aspiración es convertirse en una profesora de educación física y llenar un vacío que siempre existió en la Rainbow, ya que nunca tuvieron un profesional dedicado enteramente a esa especialidad. La profesora Silvia era quien impartía clases a los chicos, pero no tenía una verdadera formación profesional.
Akemi podía estudiar mediante la Red Galaxy y, en todo caso, se podia permitir el viajar a alguna academia a rendir exámenes y recibirse, pero no podría de ninguna manera pagar los gastos que demandarian estudiar todos esos años fuera de la Colonia.
Mina, sin embargo, estaría dispuesta a rechazar la beca por quedarse junto a Matt. Eso la entristecía y sentía pena por su amiga, pero respetaría su decisión. Amaba a su amiga como la hermana que nunca tuvo.
Se detuvo frente a las escaleras que daban acceso a los terrenos de la escuela, sin darse cuenta se encontró respirando agitada y casi sin aliento, sus cabellos estaban empapados de sudor.
-¿Veintitrés vueltas? -Dijo una voz a su derecha. -¿Estas entrenando para una maratón o algo?
Akemi giró la cabeza y vio a Manuel sentado en las escaleras mirándola con curiosidad.
-¿Vein-ti que? -Preguntó la joven casi sin aliento acercándose a las escaleras.
-Veintitrés, llegué apenas empezaste a correr y estuve sentado esperando a que terminaras, pero cada vez que pasabas me ignorabas completamente, a decir verdad no te quería interrumpir, nunca te había visto correr tanto. -Dijo lanzando una toalla en dirección a su amiga.
Akemi atrapó la toalla y se secó el rostro empapado. Veintitrés vueltas... ¿Como se había distraído tanto? Ella solía dar unas quince, con razón estaba agotada.
-Estoy mejorando mi resistencia Manu, nada más. -Dijo mientras levantaba los brazos y se restregaba los cabellos con la toalla.
-Ahh… -exclamó Manuel mirándola atentamente
-¿Que- que estas mirando? -Preguntó intrigada la joven.
-Que hoy estás usando rosa.
Akemi miró a su amigo confundida y luego bajó la vista. Su remera estaba empapada de sudor y el sostén rosa se transparentaba por debajo de la tela mojada. Su rostro se puso completamente rojo y solo atinó a arrojar la toalla a la cara de su amigo.
-Idiota! -Exclamó cubriéndose con sus brazos mientras corría hacia la escuela.
Treinta minutos más tarde y luego de darse una ducha y cambiarse de ropa, Akemi salió de la escuela. Pasó por la máquina expendedora de bebidas y compró una botella de jugo de manzana. Al retirar la bebida se acordó del “incidente” con Cinthya y eso la hizo sonreír. Al bajar las escaleras del parque se encontró nuevamente con Manuel, que estaba leyendo atentamente su Pad y no la vió llegar.
-¿Todavía holgazaneando Manu? -Pregunto Akemi mientras le pasaba la botella a su amigo.
-Ah gracias. -Dijo el joven. -Hay novedades. -Dijo mientras desenroscaba la tapa del envase y le daba un trago rápido.
-¿Que pasa?
-Mañana llega la Rio. -Dijo el joven devolviendo la botella. -Lo acaba de confirmar la Torre de Control por comunicado general.
Akemi apoyó su bolso deportivo en uno de los escalones y se sentó junto a Manuel mientras miraba la pantalla. -¿Mañana? ¿Me parece a mi o llegan con retraso?
-De un día. Al parecer El Campo está más-turbado que de costumb - ¡Auch! -Exclamó al ser golpeado por Akemi.
-¿Comprastes algo? -Preguntó la joven.
-Nada, estoy seco este mes ¿Y tu?
-Un par de zapatillas. -Dijo señalando su calzado, que al parecer había tenido días mejores y estaba remendado en varios lugares.
-¿Zapatillas? Fiuuu! -Exclamó Manuel. -Ni ahorrando dos meses me alcanzaría.
La vida en las colonias del espacio profundo era costosa. Casi todos los bienes de consumo se traían desde los mundos o complejos industriales mediante naves de carga o correos de transporte de largo alcance. En el caso de la Rainbow, su situación era mucho más complicada. Su ubicación sumada a la pequeña población, hacían que fuera un destino poco deseado para los comerciantes que recorrían la galaxia y los bienes que la gente de la Colonia consumía llegaban a intervalos regulares en la Río Grande, una nave de transporte que enlazaba los pocos asentamientos humanos en este sector de la galaxia.
Por supuesto, los precios eran excesivos. Cada objeto que llegaba a la Rainbow valía entre 6 y 8 veces más que en el lugar de donde provenían. Esto convertía a la pequeña Colonia en uno de los sitios más caros de la Galaxia.
-¿Quien compró esto? -Preguntó Manuel resaltando un item en la pantalla. -¿Una Docena de huevos? ¿Que caraj…?
-¿Huevos? -Preguntó intrigada Akemi.
Al cumplir los quince años, cada estudiante recibe de la administración colonial una cuenta de fondos para uso personal y una asignación mensual de algunos cientos de créditos, aunque la mayoría de los estudiantes sumaban algo de credito extra realizando algunas labores en su tiempo libre. Akemi, por ejemplo, organizaba reuniones los domingos por la mañana para trotar por el parque y realizar actividad física en forma grupal. La administración recompensaba estas actividades con bonus en la mensualidad de la joven así como a cualquiera que colaboraba activamente con el bienestar o desarrollo de la Colonia. Estas pequeñas entradas extra de créditos le permitía a los estudiantes hacer alguna que otra compra a través del portal de importación de la Rainbow, que servía de intermediario a las mercancías que llegaban del resto de la galaxia a través de la Río Grande, aproximadamente una vez cada 15 dias. Gracias a esto la colonia podía disponer de productos variados y frescos con regularidad.
En el caso de las cuentas estudiantiles, compartían una misma casilla de correos, por lo que al revisar el portal de compras para confirmar el envío de las mercancías se podía ver un listado de todo lo que llegaba, aunque no quien había pedido cada cosa.
-Debe de haber sido Mina. -Dijo Akemi. -Ella es la experta cocinera, aunque por qué compró huevos como envío estudiantil y no directamente en el dispensario de comestibles es muy raro. ¿No?
-Ajá. -Dijo su amigo sin retirar la vista de la pantalla. -Además el precio es casi tres veces más caro… en fin, son unos putos huevos al fin y al cabo.
Akemi asintió y miró pensativa el parque. La pantalla atmosférica había empezado a cambiar el tinte de luz y de a poco las tonalidades rosadas comenzaron a teñir los senderos y bancos. Quedaba muy poca gente ya, un par de ancianos que terminaba una partida de ajedrez y dos chicos pateando una pelota contra una de las paredes de metal. Estiró sus piernas y comenzó a masajear los músculos alternadamente. Al enfriarse luego de tan intenso y prolongado esfuerzo físico habían comenzado a doler levemente.
-¿Estas bien? -Preguntó Manuel apagando el Pad.
-Si… aunque no me gustaria tener una contractura mañana por la mañana. -Dijo mientras flexionaba la rodilla de una y otra pierna.
-Si queres te puedo acompañar a la enfermería a ver si hay alguna pomada desinflamatoria.
-¿Y dejar que me pases vos la crema por mis piernas? Ni loca Manu. -Dijo Akemi entre carcajadas.
Manuel levantó las manos en un gesto de inocencia e inmediatamente se puso de pie. -¿Segura? -Dijo.
-Estoy bien Manu, solo necesito llegar a casa y tirarme a dormir un rato.
-¿Y la prueba de pasado mañana?
-¿Que prueba.. ? ¡Mierda! -Exclamó Akemi tomándose la cabeza. -¡Inglés! ¡Me había olvidado!
Manuel tendió la mano a la joven y la ayudó a ponerse de pie. -Ayer tuvimos el repaso, pero como estabas con la inspectora te perdiste la práctica, si queres te envio el resumen por mail.
-Gracias Manu, te debo una.
-Me debes como veinte ya. -Dijo el joven tomando su mochila del piso. -¿Segura que no queres que te lleve en andas?
Como respuesta solo consiguió un empujón de su amiga, por lo que bajó de un salto los escalones restantes gracias al impulso extra y caminó hacia la salida del parque mientras agitaba la mano en señal de despedida.
Akemi permaneció un rato apoyada en la barandilla de la escalera flexionando las piernas. luego tomó su bolso y bajó las escaleras, pero no siguió el mismo camino que su amigo había tomado minutos antes. Dió la vuelta por detrás del parque y se encaminó hacia los grandes ventanales.
Al acercarse al salón de actos escucho el sonido del piano y supo que Matt estaba tocando. Se preguntó si el Doctor Evans estaría también con Matt, usando su música como ingrediente para vaya a saber qué experimentos desquiciados, pero lo que se escuchaba era una canción de Fire Bomber y Evans no permitía que Matt las interpretara mientras duraban los experimentos. Permaneció unos minutos en la puerta escuchando el sonido del piano pero sin atreverse a entrar, finalmente dió la vuelta al edificio y se acercó a una de las ventanas cercanas al fondo de la pared.
Las paredes metálicas que envolvían el sector habitable de la Colonia no eran lisas, sino que se componían de grandes segmentos modulares donde cañerías y soportes se entrelazaban formando una verdadera pared de metal que dividía cada zona de la enorme nave. Akemi se encaramó a uno de los grandes tubos que recorrian la pared en forma horizontal y que le permitió asomarse a la última ventana del edificio, que siempre estaba entreabierta. Ahora Matt interpretaba un canción conocida, de eso estaba segura. ¿Cual? Hizo memoria y recordó el nombre: Angel Voice, también recordaba el estribillo:

Voz Angelical, te encontré
Brillando más allá del horizonte
Tu rostro no fue un sueño
Fluye y sigue fluyendo
Volvamos a encontrarnos
Cuando cierre mis ojos
estarás siempre en mi corazón
Voz Angelical

Permaneció encaramada a la ventana escuchando en silencio. Las versiones de piano que Matt ejecutaba eran maravillosas y la hacían sentir muy bien, cosa que no sucedía con las canciones que él había compuesto por su cuenta. Muchas veces se juntaban los cuatro amigos a escuchar y si bien Matt tocaba de maravilla sus composiciones sólo transmitían sensaciones de un profundo sentimiento de soledad, más cercano a la melancolía que a la alegría y vitalidad que los “covers” de Fire Bomber irradiaban desde el piano. ¿Era consciente Matt de los sentimientos que su música producía? ¿No era feliz en la Colonia? Todas esas preguntas pasaban por su mente cuando un ligero pellizco en el muslo casi la hace gritar. Se dio vuelta rápidamente y vio a Mina que había trepado por los caños y estaba junto a ella con un dedo en los labios rogando que no haga ruido.
Ambas chicas se sentaron en las tuberías de cara a la ventana dispuestas a escuchar la práctica de su amigo.
-¿Hace mucho que llegaste Akemi? -pregunto Mina.
-Ni hace diez minutos. -Dijo la joven. -A decir verdad vine con la esperanza de encontrarte acá.
-Silvia me estuvo paseando casi toda la tarde. -Mina se estiro de brazos y piernas mientras contemplaba el parque desde la altura. -Tuvimos que hacer dos viajes a La Torre.
“La Torre” era como se conocía comúnmente a las oficinas administrativas de la Colonia. La mayoría de los trámites y asuntos civiles y judiciales, se trataban en lo más alto del sector habitable, unos pisos por debajo de la oficina de Amanda.
-Anoche Matt vino a mi camarote. -Continuó hablando Mina. -Dijo que estaba avergonzado por cómo se comportó frente a la inspectora y queria disculparse… tambien me confesó lo del robot que está armando con Will.
Akemi miró a su amiga con cara de sorpresa -¿Te lo dijo? -Preguntó atónita.
La joven asintió con la cabeza y señaló hacia la ventana. -No estoy segura, pero creo que estaban muy cerca de empezar a hacer pruebas con él, tal vez hasta quisiera salir al espacio de una.
-Imposible. -Dijo categóricamente Akemi. -Matt no sabe nada sobre pilotar robots, ni siquiera se anima a manejar los transportes electricos y siempre me deja conducir a mi o a Manu.
-Puede ser, el caso es que le conté que tu y Manu también están al tanto de su plan, no hace falta que sigas disimulando.
Permanecieron unos minutos en silencio al percibir que Matt había dejado de tocar, al cabo de unos momentos los acordes de Light the Light comenzaron a sonar y ambas retomaron su conversación.
-¿Solo de eso hablaron? -Pregunto Akemi.
Mina miró primero a su amiga y luego desvió su mirada hacia los árboles, ya oscurecidos por la declinante luz que las pantallas proyectaban sobre el desierto parque colonial. Las sombras se estaban alargando y troncos y columnas de metal se confundian en una especie de bosque uniforme de tonos tierra y ocres.
Sin decir una palabra, bajaron lentamente de las tuberías para no hacer ruido y echaron a andar por el parque tomadas de la mano.
Matt dejó de tocar el piano en cuanto dejó de sentir la presencia de sus amigas.
Como había adquirido esa “habilidad” el no lo sabia. Simplemente la realización de que podía hacerlo se asentó en su mente en algún momento y nunca se lo cuestionó, eso si, sabia al menos que esa extraña habilidad estaba relacionado con su música.
Cuando Matt tocaba el piano sentía que la música fluía en forma de una corriente que se expandía a través del espacio, no como las ondas sonoras que reaccionan a la acústica del salón y que él conocía perfectamente. Este nuevo comportamiento de la música (o tal vez era como Evans la llamaba “Energia Musical”) era de una índole completamente diferente. Matt sentía que la música se proyectaba más allá de las paredes del salón y, por si fuera poco, interactuaba no con la materia, sino con las personas. Mientras tocaba el piano, creía imaginar como las ondas de su música rodeaban a una persona, así como una roca interrumpe la corriente de un arroyo creando un remolino alrededor de la misma, sumando con su presencia una nota más al conjunto de las notas de la corriente. Esta pequeña perturbación en las ondas le hacían saber si alguien estaba escuchando su musica y como reaccionaba, si intentaba seguir la corriente o si por el contrario se resistía a ella y creaba un remolino aún más notorio.
Las canciones de Fire Bomber eran corrientes imperturbables y rápidas y le parecía a Matt que llegaban lejos, más allá incluso de las paredes de la Rainbow.
Sus propias composiciones eran por el contrario un arroyo pedregoso, lleno de remolinos y bancos de arena. ¿Era acaso imposible para el crear su propio torrente de música? Conocía a la perfección las ondas que se formaban alrededor de sus amigos, así como uno llega a conocer el ritmo de sus pasos o la forma en que alguien mueve sus manos. Will, Akemi, Manuel y Mina… las personas que el deseaba envolver en su música y darles felicidad, entonces había visto a esa joven, Cinthya y vió (O más bien sintió) un vacío en su alrededor y supo, con certeza, que ese vacío debía ser llenado con su música.
Quería que Cinthya escuchara su canción, ahora estaba seguro.
Cerró la tapa del piano y se levantó del taburete. Permaneció unos instantes de pie frente al piano contemplando su reflejo en las pulidas láminas de plástico que simulaban una superficie de madera lustrada. Se dió vuelta y tomando su mochila de uno de los asientos destinados al público se encaminó hacia la salida mientras apagaba las luces del salón.
Afuera, las sombras cubrían por completo el parque y los enorme ventanales parpadearon brevemente antes de adquirir una completa transparencia. Las estrellas se asomaron por encima de los árboles.
Matt empezó a caminar lentamente debajo de los árboles
Pensando en Cinthya.
25 por Gerli
No era la primera vez que Virya entraba en la nave de Kreegan, al menos no en forma oficial y los recuerdos de esa experiencia aún la mortificaban. Mientras atravesaba la enorme puerta del hangar se preguntaba si volveria a salir de allí alguna vez. El mensaje no especificaba si debía ir sola o con el resto de su escuadrón, asi que le dió igual que el resto de sus compañeras la siguieran hasta el hangar de la enorme nave.
Una vez fuera de sus armaduras, fueron recibidas por un pelotón de soldados quienes las escoltaron por los pasillos de la nave. Si acaso esos Zentradis dieron muestra de asombro al ver que una de las pilotos estaba siendo llevaba a la rastra entre dos compañeras y al parecer estaba desmayada, no lo demostraron.
La recién reclutada piloto había experimentado una aceleración demasiado intensa y estaba momentáneamente fuera de combate, Virya estaba sorprendida de que la chica estuviese viva al sacarla de entre los despojos de su armadura, con semejante aceleración, pensaba encontrar los sesos de la joven entre sus piernas, pero al parecer la chica era resistente, un buen comienzo..
Las siete Meltran caminaron un largo trecho dentro de las entrañas de la nave hasta llegar un elevador. Los soldados que las acompañaban formaron a cada lado de la entrada y les indicaron que subieran solas. Una vez que todas estuvieron dentro la puerta de cristal se cerró y comenzaron a subir.
El puente de mando de la nave insignia de Kreegan estaba suspendido en una superestructura que dominaba la parte central de la nave. No había ninguna ventana al exterior, todas las órdenes, navegación y decisiones tácticas se hacían mediante pantallas y hologramas que danzaban frente al puesto del comandante suspendidas en el vacío.
Virya fue la primera en salir del elevador y caminó unos pasos dentro del puente de mando. Delante de ella estaba el mismo Kreegan, reclinado mientras miraba cierta información en las pantallas que Virya no comprendía.

-Capitán Virya-712 y escuadrón presentándose!. -Exclamó a viva voz mientras realizaba un saludo militar.
Kreegan se irguió y dio la vuelta. Virya nunca había visto a los comandantes Zentradis en persona, solamente conocía su aspecto por verlos en las pantallas y sabia un par de cosas sobre ellos, pero uno de esos rumores afirmaban que los Zentradis de la Clase Comandante eran grandes, mucho más grandes que los soldados rasos. Los individuos como Kreegan estaban creados de forma diferente, eran mas fuertes, mas resistentes, mas mortiferos. No solo sabían como luchar, sino que sabían cómo dirigir la poderosa maquinaria de guerra Zentradi como si de un instrumento de precisión se tratara.
-Tú! -Exclamó el Zentradi cerrando los puños. En tres zancadas se puso frente a la Capitana, le sacaba fácilmente dos cabezas de altura. Virya permaneció quieta a pesar de la amenazante figura que tenía delante. El Comandante la miraba fijamente a través de los implantes que reemplazaban sus ojos, por entre los diferentes encastres metálicos que formaban su cráneo se veía a la piel latir y estirarse con violencia.
-Tú! -Repitió y ante el asombro del resto de las Meltrandis tomó a Virya del cuello y la levantó por encima de su cabeza, como si estuviese hecha de aire.
Virya no se resistió, ni siquiera emitió un quejido al sentir la poderosa mano que aplastaba su garganta. Kreegan era el Comandante, tenía el poder de decidir quién vivia y quien moría en la flota ¿Qué podía hacer una simple Capitana salvo permanecer firme y morir en manos de su Comandante sin decir una palabra? Al fin y al cabo ese sería su final, todos morían eventualmente aunque… y esta pausa en su pensamiento sorprendió a la propia Virya… ¡No poder morir en combate! ¡Eso si que le gustaría! Morir acribillada por un piloto que fuera mejor que ella, sentir que había sido finalmente superada por alguien.. ¿Porqué sentía esa extraña sensación…? No conocía las palabras para definirla pero de alguna manera estaban relacionadas con la decepción ¿Decepción? ¿De quien? ¿De ella misma? La mano se cerraba con una fuerza terrible y finalmente el aire comenzó a faltarle, aparecieron unas manchas en sus ojos y sintió que algo húmedo le caía por la mejilla… sangre, si, seguro era sangre ¿Pero por que brotaria sangre de sus ojos…?
-Mi análisis indica que el castigo corporal ha sido suficiente, Comandante. -Dijo una voz de pronto y la presión cedió, un poco.
Virya tomó una bocanada de aire y respiró como nunca había respirado antes, entonces giró un poco la cabeza y vió al Zentradi que habia hablado.
Era un Zentradi, no cabia duda, pero era extrañamente pequeño, casi la mitad de altura de un soldado Zentradi y su cabeza extrañamente deformada, era mucho mas grande de lo normal y tenia varias protuberancias surcadas por venas superficiales. Virya nunca habia visto algo asi.
-Archivista Exsedol -Exclamó Kreegan sin soltar a su subordinada.
El recién llegado había salido desde un abertura circular en el piso del puente del mando, estaba montado en una especie de plataforma circular dotada de una barandilla que se plegó sobre si misma apenas el personaje salió del “elevador”. Vestia una extraña túnica negra que cubria todo su cuerpo, ocultando brazos y pies incluso. Virya no pudo observar más porque de pronto se vio arrojada contra una de las paredes del puente de mando. El golpe en su hombro derecho fue fuerte, pero no perdió el sentido y comenzó a tratar de ponerse de pie lentamente.
Kreegan le dió la espalda y miró al recién llegado.
-No admitiré su opinión en cuanto a cómo tratar a mis propios soldados. -Dijo tajantemente.
-Por supuesto que no Comandante. -Habló el Consejero inclinando levemente la cabeza. -Pero sería una pena perder a un elemento tan valioso como lo es la Capitana Virya. ¿No le parece?
Melia y Fanra habían dejado su puesto y corrieron para ayudar a su Capitana, pero Virya les hizo un gesto para que se detuvieran y volvieran al fondo del puente.
Estaba aturdida por el golpe y su garganta ardía como fuego, pero lo primero que hizo fue pasar su mano por el rostro y contempló con asombro que no era sangre lo que corría por sus mejillas, era agua.
-¿Que…? -Se preguntó sorprendida. -¿Qué es esto?
-Lágrimas. -Dijo el Consejero. -Una reacción de sobre-secreción del lagrimal disparado por un resabio de estímulos ancestrales. -Dijo de corrido. -No es nada de lo que debe preocuparse Capitana Virya.
-Ese elemento Valioso acaba de destruir un escuadrón completo de reclutas hace unos momentos. -Gritó el Comandante señalando a Virya, quien se había puesto finalmente de pie y mantenía su posición firme. -Y no solo eso. -Continuó. -También acabó con una instructora de combate, un recurso valioso de los que no estamos en condiciones de prescindir.
-Estoy al tanto de ello Comandante. -Dijo el Archivista. -Pero las órdenes son del propio Dortrad-Jen y sobre esto creo que la elección depende de mi.
Kreegan cerró los puños. Sin decir una palabra caminó hacia los controles y accionó una serie de instrumentos. Luego contempló los datos que se proyectaron en pantalla.
-Proceda, Consejero. -Dijo sin volver la cabeza.
-Gracias Comandante.
El Archivista caminó hacia el grupo de Meltrandis y las observó detenidamente en silencio. Caminó alrededor del grupo y se detuvo frente a Rika y Tyna, quienes sostenían a la inconsciente recluta.
De entre sus ropas salieron una serie de pálidos apéndices, como lianas entrelazadas que se proyectaron desde aberturas disimuladas entre los pliegues de la extraña vestimenta, hasta tocar delicadamente la cabeza y cuello de la piloto. Un tenue brillo iluminó el extremo de cada uno de las delicadas extremidades a medida que iban examinando las funciones vitales. Al cabo de unos momentos se retrajeron y volvieron a ocultarse bajo el manto del extraño personaje.
-Tú -Dijo volviéndose hacia Kiria. -Golpéala fuertemente en el estómago.
La piloto estaba acostumbrada a seguir órdenes y no vaciló un instante. Dió un paso al frente y descargó un fuerte gancho derecho al estómago de la desvanecida piloto. El efecto fue inmediato; la joven abrió los ojos y cayó hacia atrás debido a la fuerza del golpe. El grupo observó con atención como la recluta quedó de rodillas sujetándose el vientre mientras jadeaba fuertemente tratando de tomar aire.
-Bien, ahora que solucionamos eso, vamos a hablar de esta misión, siganme. -Dijo el Archivista caminando hacia el elevador.
Kiria tomó a la recluta por el cuello del traje espacial y la puso de pié de un tirón. -De pié. -Dijo. -La aturdida joven se tambaleó pero se mantuvo de pie en cuanto la soltaron. -Eso es chica. -Dijo Rika. -Siguenos y mantén la boca cerrada. Para sorpresa de ambas, la joven no dio muestras de desconcierto, frunció el ceño y movió la cabeza afirmativamente.
Virya ya estaba dentro del elevador y con gesto indicó que se apresuraran. Inmediatamente las siete guerreras estuvieron descendiendo junto con el Archivista.
-Creo que fué usted afortunada. -Dijo de pronto Exsedol. -Si hubiese llegado unos momentos más tarde su escuadrón hubiese vuelto a tener solo 6 elementos.
Virya se mantuvo en silencio, pero apretó los puños y este gesto no pasó desapercibido para los demás.
-Al contrario que nuestro Comandante, yo no la culpo por lo que hizo Capitán. -Continuó el Archivista. -Lo que siento es curiosidad por lo que hizo, verá… actos tan… espontáneos como el que usted realizó ahi afuera no son algo muy… corriente entre los pilotos de combate.
El elevador se detuvo y el grupo comenzó a caminar por un largo pasillo en dirección al hangar principal de la nave. Dicho hangar ocupaba casi un tercio de popa de la nave y la actividad era frenetica. Las armaduras de combate se ordenaban en interminables líneas, cruzadas aquí y allá por unas estaciones de reabastecimiento suspendidas al techo por enormes estructuras que incorporaban cintas transportadoras. La munición era enviada por líneas de distribución a lo largo del hangar y cargada en las máquinas de combate con increíble rapidez. Había más de quinientas armaduras Nousjadeul-Ger y unos trescientos Regult en ese momento, pero Virya sabía que un número igual estaba en esos momentos patrullando o realizando adiestramiento en ese momento.
Los seis Queadlunns del escuadrón de Virya estaban estacionados a un costado, al parecer ignorados por los cientos de tripulantes que recorrían el hangar de un lado a otro preparando sus propias máquinas de guerra.
Exsedol se detuvo y señaló las armaduras. -Primero tendremos que ocuparnos de darle a su nueva recluta una armadura nueva. -Se dió vuelta y miró a Virya a los ojos. -Reúna a su equipo y aborden sus armaduras, cuando estén listas salgan al espacio y esperen mi transporte, yo llevaré a esta recluta conmigo.
Virya se llevó el puño al pecho y con un gesto indicó que la siguieran. El Archivista y la joven recluta observaron en silencio como el grupo abordaba sus armaduras.
-Bueno. -Dijo Exsedol. -Vamos a nuestro transporte.
-Entendido. -Dijo la joven.
Caminaron por entre pertrechos de guerra y maquinaria. Muchas de las maquinas, gruas y plataformas yacian dañadas a un costado del hangar, dando testimonio de los incontables ciclos que la nave había estado en servicio. A un costado vieron también los restos del Queadlunn Nona de la recluta, la cabina había sido arrancada a la fuerza y yacía ahora como un cadáver descuartizado a la espera de unos carroñeros que jamás llegarían. Era seguro que allí se quedaría hasta el fin de la vida útil de la nave nodriza.
Al cabo de un rato llegaron a una zona de aterrizaje, donde un transporte los esperaba con las escotillas abiertas.

-Maldición!. -Exclamó Virya descargando su puño contra uno de los soportes que mantenian su Queadlunn rojo sujeto a la pared. El resto del equipo quedó momentáneamente petrificado al sentir el golpe.
-¿Capitan?. -Tyna estaba con medio cuerpo fuera de la armadura y la miraba desconcertada.
Virya cerró con fuerza el puño y se dió vuelta en dirección a la piloto. -Ni una palabra Tyna. -Dijo señalandola con el dedo. -Y eso va para todas. -Continuó mientras apuntaba a cada una de las integrantes del escuadrón. -Sea lo que sea que ese Medio-Zentradi nos haga hacer ahi afuera no quiero que NADIE abra la boca! ¿Fui clara?. -Dijo levantando la voz.
-¡Si Capitán! Exclamaron las chicas al unísono llevándose los puños al pecho.
-Ahora aborden.
Virya se puso el casco y de un salto se encaramó a su Queadlunn. Sujetándose de una agarradera en la parte superior de la cabina se balanceó grácilmente y entró en la armadura como si fuera una parte más de su propio cuerpo. En realidad el interior del Queadlunn estaba perfectamente amoldado a la forma del cuerpo de su piloto. Toda la interfaz de las armaduras Meltran estaba basada en la interacción del propio sistema nervioso de la piloto con las articulaciones y propulsores del robot, de modo que cada impulso nervioso que llegaba a los músculos de Virya era registrado, amplificado y reproducido por los componentes mitad biológicos y mitad mecánicos de la armadura.
La cabina se cerró con un chasquido y el interior del Queadlunn quedó momentáneamente a oscuras. Virya se sentía a gusto en esa oscuridad, creía recordar algo, una especie de reminiscencia lejana, pero pronto las luces rojas se encendian y el “ojo” de la armadura se iluminaba con información de vuelo y estado de las armas. El recuerdo borroso desaparecia y su espíritu guerrero cobraba vida al igual que su armadura. El robot sufrió una ligera sacudida y abandonó el soporte de la pared, caminando lentamente por el piso del hangar mientras las demás Meltrandis la seguían en fila. Muchos de los Zentradis que se encontraban en los alrededores giraron la cabeza al ver los Queadlunns marchando por el hangar. Era un acontecimiento extraño ver armaduras Meltrandis en una nave Zentran. El Queadlunn rojo llegó al borde de la zona de prohibición de vuelo, marcada sobre la cubierta por una desgastada doble linea roja y despegó de un salto, como si se zambullese en la negrura del espacio. Inmediatamente los cinco aparatos restantes la siguieron y pronto fueron una serie de puntos luminosos vistos a través de la abertura del hangar.

Mientras tanto, Exsedol y la recluta habían subido al transporte por una de las compuertas laterales. Era una nave de transporte de tropas con capacidad para un escuadron de infanteria, una treintena de soldados, pero ahora estaba por completo a su disposición. La Meltran se sentó en uno de los bancos y se colocó los arneses de seguridad. El Archivista, sin embargo, permaneció de pie en medio de la cabina.
La compuerta lateral se cerró de golpe y el interior fue iluminado con unas tenues luces naranjas. El compartimento de la cabina estaba separado de donde los soldados eran transportados, por lo que de pronto estuvieron completamente solos.
Una leve vibración indicó que la nave había despegado, momentos más tarde dejaron el entorno de gravedad artificial de la nave de Kreegan y la joven sintió en su cuerpo los efectos de la ingravidez. Exsedol permanecía en la misma posición y parecía estar anclado al suelo de la nave, la mirada inquisitiva de la joven Meltran pronto captó la atención del Zentradi.
-Mi cuerpo no está hecho para plegarse, si eso es lo que está pensando.
La joven no dijo nada y siguió en silencio.
-Maya Lagrexia 732. -Dijo el Archivista mirando a la joven a los ojos (Ahora que la piloto estaba sentada, estaban prácticamente a la misma altura) Cadete de las Fuerzas de Ataque del Regimiento 51 de Queadlunns con base en la nave clase Quitra Queleual denominación 214Q ¿Es correcto?
-Es correcto…. Señor. -Dijo la joven dudando el rango del extraño Zentradi
-Archivista, aunque mi rango oficial sería el de Comodoro, tengo capacidad de mando para dirigir en caso de interrupciones en la cadena de mando.
-Maya asintió con la cabeza. El segundo al mando de la flota de Kreegan. ¿Que estaba pasando? No hacía una hora estaba en un aburrido ejercicio de rutina y de pronto se había desatado el infierno. ¿Estaban todas sus compañeras muertas? Cuando vió el Queadlunn rojo por la pantalla de su visor había sufrido un estremecimiento. Esa armadura roja pertenecía a la mejor piloto de la flota y cuando vió que el cañón rotaba en posición de disparo… casi no podía creer que hubiese reaccionado así ¿Que fué lo que la impulsó a estirar las piernas y acelerar al máximo? Fué como si por una centésima de segundo hubiese visto el futuro y sabía que si no hacía algo moriría. Sintió un tremenda presión en el cuello y el pecho y de pronto no escuchó ni sintió nada.
-Capitán Virya ¿Me recibe? -Preguntó de improviso el Archivista.
-Lo recibo. -Se escuchó la voz de la guerrera.
Maya vió entonces que lo que parecía un broche que sujetaba la extraña capa del Zentradi era en realidad un dispositivo holográfico. Levantó un poco la vista y vió que el aparato estaba proyectando un mapa táctico donde su nave aparecía al centro, rodeada por unos puntos azules que mantenían una formación en forma de diamante. El holograma era tan grande que ocupaba todo el espacio vacío del transporte.
-Los pilotos tienen orden de seguirla Capitán. -Continuó transmitiendo por radio Exsedol. -Llévenos a la nave Quitra Queleual más cercana, necesitamos un Rau para su nueva piloto.
-Entendido.
El enorme mapa holográfico tembló y fue absorbido dentro del proyector que hacia de broche a la vestimenta de su superior. Ahora la tenue luz anaranjada había vuelto a envolverlos. Maya respiró profundamente y pensó en sus compañeras, en el poco tiempo que habian pasado juntas.
-Verdaderamente notable. -Exclamó Exsedol mirándola nuevamente. -A tus registros de entrenamiento me refiero. Hace medio cíclo que has entrado en servicio y ya estas por encima de la media. Hasta creo que podría aprobar el comportamiento de la Capitán Virya en cuanto a tu “ascenso”.
Exsedol se voltió y proyecto una pantalla de datos en una de las paredes del transporte. -Actos como los que realizó esa Meltran son extraños, irregulares es la palabra indicada. Incluso en mi base de datos sobre nuestra raza no he encontrado un equivalente a dicho comportamiento. La vista de Maya estaba obstruida por la espalda del Archivista, pero podia ver una porción del holograma y vió que lo que Exsedol estaba proyectando era un esquema de un Queadlunn rojo.
-La capacidad de combate de Virya es sobresaliente, muy por encima de la capacidad de una Meltran de su categoría. Me pregunto si no estamos en presencia de… -Exsedol se detuvo y apagó la pantalla, dándose la vuelta inmediatamente. -El castigo por el comportamiento de la Capitán Virya es la ejecución, naturalmente. Pero las circunstancias han aplazado la pena hasta que asuntos más importantes hayan sido resueltos.

Mientras tanto el Comandante Kreegan observaba la pantalla que transmitía en vivo imágenes de la popa de su nave insignia. Los puntos parpadeantes de color verde y azul se perdieron entre las miles de naves que lo rodeaban. Todavia tenia los puños apretados por efecto de la rabia que lo embargaba. Virya… como le gustaría matar a esa Meltran, si no fuera porque ella y su escuadrón valian mas que todos los escuadrones de dos cruceros de batalla juntos. ¿Que rayos estaba pensando Dortrad-Jen al despojarlo de su Archivista y de su mejor escuadrón en un momento como este? Hizo un gesto con la mano y la pantalla se cerró, dejando a la vista el enorme disco de cobertura y vigilancia de su flota combinada. Las tres flotas que componían la Armada Zentradi de Dortrad-Jen eran una visión sorprendente y sin embargo… Kreegan desplegó una pantalla más pequeña, era un analisis espectografico de una serie de nubes de gas en uno de los extremos más alejados del cúmulo estelar donde se encontraban. Era uno de esos sectores donde el polvo estelar, gases y material producido por la explosión de antiguas estrellas se concentraba en grandes nubes oscuras, expandiéndose y creando nuevas estrellas. Una verdadera región de caos y creación. Entonces, una supernova gigantesca había detonado detrás de la nube de gas, una estrella roja, posiblemente una grande por la enorme cantidad de energía que había expulsado a través de la impenetrable nube. Esa misma emisión de energía había servido como un foco de luz, iluminando desde atrás lo que había oculto dentro de la nube. Una enorme flota del Ejército de Supervisión.
Tres veces más grande que la flota de Dortrad-Jen.
Si Kreegan hubiese tenido las glándulas adecuadas, no cabía la menor duda de que estaría sudando en ese preciso momento.

La nave de transporte entró al hangar del crucero Quitra Queleual designación 391Q. Las meltran que trabajaban en el hangar despejaron rápidamente el atestado espacio para que la nave, mucho más grande de las que habitualmente recibía ese hangar, pudiese aterrizar con seguridad.
El Queadlunn rojo entró al hangar siguiendo a la nave. El resto del escuadrón permaneció en el espacio asumiendo una formación de guardia. Las enormes puertas se abrieron y la joven recluta bajó de la nave sin mirar hacia atras. Virya pudo ver fugazmente al Archivista de pié en el medio del compartimento mientras su armadura aterrizaba suavemente sobre la superficie metálica.
La joven caminó decididamente hasta estar frente a la armadura de Virya y realizó un saludo llevándose el puño al pecho. -Cadete Maya Lagrexia 732 presentándose, lista para asumir mi puesto.
El frente de la armadura se abrió hacia arriba al igual que los hombros. La Capitán Virya miró a la recluta sin salir de la armadura y sin articular palabra. Ambas permanecieron en silencio mirándose una a la otra. El sonido de la puerta del transporte al cerrarse las trajo a la realidad.
-Queda ascendida al rango de Teniente. -Dijo sin inmutarse Virya. -Suba a su armadura y reunase con el resto del escuadrón, su posición es la número siete.
La joven Meltran inclinó la cabeza y dando media vuelta se dirigió hacia las armaduras color verde que estaban alineadas en filas y listas para salir.
-No, no en un Nona. -Dijo Virya. -En un Rau.
Al fondo del hangar, en un lugar visiblemente diferenciado del resto yacía un Queadlunn color violeta, apoyado en la estructura que servía para transportarlo de un lugar a otro. Maya nunca había visto uno nuevo. La superficie brillaba con las poderosas luces blancas del hangar y los cañones dobles ubicados en el pecho se erguian amenazadores apuntando hacia donde estaba ella. La enorme joroba que albergaba un doble reactor de fusión se abría en dos compartimentos de misiles, que apuntaban a cada lado de la armadura.
Maya deseó manejar ese poder. Supo sin ninguna duda que era lo que más quería. A pesar de tener puesto los guantes de su traje de vuelo tocó la pulida superficie de aleación de una de las piernas, lo sintió cálido.
Virya sonrió. Le gustaba esa recluta.
26 por Gerli
El equipo de “Recolectores” quedó brevemente paralizado al contemplar el panorama que se había descubierto ante ellos.
-¿Habias visto algo así antes Ralph? -Preguntó Cinthya
-¿A esta escala? No, realmente estoy sorprendido.
-Parece que dos naves colisionaron con una tercera, aparentemente desde direcciones distintas… como si de un ataque suicida se tratase. -Murmuró Jim por la radio, lo suficientemente alto como para que todos lo escucharan. -Nunca vi nada parecido en el Liceo Militar.
Lo que el pequeño grupo de trabajadores contemplaba atónito era una escena de destrucción de magnitudes colosales. Tres enormes naves, probablemente fragatas, yacian entrelazadas en un abrazo macabro de hierros retorcidos y paneles agujereados por los disparos. Era imposible adivinar qué parte pertenecia a cual nave, parecían haberse incrustado una dentro de la otra como si hubieran sido atrapadas por la mano de un gigante y fueran aplastadas por su poderoso puño.
-Son.. son naves Zentradi, aquella y aquella. -Dijo Jim saliendo del mutismo. -Pero esa sección central parece Meltran ¿No?.
Para señalarlo, desplegó el tren de aterrizaje y usando el poderoso reflector del tren delantero iluminó la zona del gigantesco amasijo de naves.
-Es una Fragata del Ejército de Supervisión. -Aseguró con confianza Hal por la radio. -Son muy parecidas a las naves Meltran, pero tienen un color diferente.
Jim movió el reflector a lo largo de las estructuras retorcidas de las antiguas naves de batalla. El casco de lo que parecía ser la nave del Ejército de Supervisión estaba prácticamente aplastado entre las otras dos naves, grandes paneles de metal se abrían hacia el espacio como pétalos de una horripilante flor, nacida de las explosiones internas producidas dentro de la nave. Cuando el poderoso reflector iluminó una de las naves Zentradi, Hal dió un grito.
-¡La sección del hangar de la fragata está intacta! -Gritó por la radio saturando en enlace. ¡Puede haber vetas adentro!
-¿Vetas? -Preguntó intrigada Cinthya
-”Veta” es nuestra jerga para hablar de múltiples armaduras. -Explicó Ralph. -Generalmente cuando una fragata explota al comenzar la batalla y no logra desplegar todas sus armaduras, a veces encontramos “racimos” de 3 o 4 robots juntos, y muy rara vez encontramos restos de un hangar con armaduras agrupadas contra las paredes, empujadas ahi por la explosión que destruyó la nave que las albergaba, eso es una “veta”
-Y ese hangar parece intacto. -Dijo Hal con marcado entusiasmo. -Puede estar llena de cientos de Nousjadeul-Ger o Regults.
Ralph permaneció en silencio mirando la enorme pila de desechos.
-¿Pasa algo? -Preguntó Jim por la radio.
-Si Ralph tarda tanto en decidirlo, debe ser algo muy importante. -Dijo el copiloto del transporte. -El problema es que las naves del Ejercito de Supervisión son “Tabú” para nosotros.
-¿Tabú? -Preguntó Cinthya
-No podemos acercarnos siquiera. -Explicó Hal restregandose las manos. -Pero nada dice de una de esas hecha sandwich entre dos naves que si podemos examinar.
El grupo permaneció en silencio y expectante mientras Ralph examinaba la gigantesca masa de metal retorcido, pareció que pasaba una eternidad aunque solo habían sido unos minutos cuando el gigante habló por la radio. -Vamos a mandar un Drone ahi adentro. -Dijo. -Quiero ver mas en detalle a que nos enfrentamos.
-Ok jefe!. -Exclamó prontamente Hal mientras soltaba el cinturón de seguridad de su asiento y flotaba hacia atrás con un leve impulso. -Medio minuto.
Jim movió la nave unos cuantos metros hacia la derecha para dejar el camino despejado. Ubicó el caza por encima del transporte mientras no dejaba de iluminar las ruinas con su reflector.
Mientras tanto Hal se había asegurado mediante un arnés a un puesto de control que estaba ubicado en la parte posterior de la cabina, era una especie de silla con mandos que sobresalian de cada uno de sus lados, cuando Hal se sentó en ella, los paneles giraron hasta situarse frente a él y una pantalla semitransparente se desplegó desde el techo y se posicionó frente a sus ojos.
-Desplegando la Comadreja. -Avisó el Copiloto, ahora con el control total del transporte. una pequeña compuerta lateral se abrió y un robot de unos cincuenta centímetros de diámetro, con una forma que recordaba vagamente a una maceta con dos aletas que sobresalian en la parte más ancha, salió de la nave y se dirigió velozmente hacia la pila de desechos.
Ralph observó cómo el robot pasaba junto a él y lo señaló con el dedo mientras volvía a abrir la comunicación de radio. -Mandenme la señal de video a mi casco.
-Trabajando en eso. -Confirmaron desde el Transporte.
-Me gustaria ver a mi también. -Dijo Cinthya.
Ralph hizo un gesto afirmativo con la cabeza y el Copiloto levantó el pulgar como respuesta.
Jim consultó brevemente el panel derecho de instrumentos y activó la consola que administraba los Datalinks de comunicaciones espaciales.
Todas las naves de la NUNS usaban enlaces de datos encriptados, más comunmentes llamados “Datalinks”. Cada nave, crucero de batalla o soldado a pié en el campo de batalla tenía acceso a por lo menos uno de ellos, eran vínculos vitales a la hora de mantener contacto en medio del caos de una batalla donde miles de naves se movían en forma coordinada siguiendo un plan de ataque planificado al milímetro.
La nave de Jim era de una clase especializada en lo que comúnmente se denomina “Guerra Electrónica”, con la mayoría de sus sistemas dedicados al procesamiento y envío de datos a los diferentes elementos de la flota. El VF-17S2 no solo tenía los Datalinks estándar de los cazas de la NUNS, sinó que poseía un centenar de ellos, de modo que podía sincronizar datos con cada una de las naves y componentes de la flota estelar, desde un escuadrón de “marines” en la superficie de un planetoide hasta la más grande de las naves insignia.
Claro que cada uno de los enlaces estaba fuertemente encriptado con los más seguros algoritmos matemáticos que la criptografía había podido crear en los últimos tiempos. Jim no necesitaba esos, activó uno de los enlaces destinados a las comunicaciones civiles, usando el interfaz estándar de comunicaciones de datos.
-Clave H7GF94YD7193SAFR496KVR49TLDJA34. -deletreó lentamente el Copiloto
Jim sonrió pero no dijo nada, la computadora de abordo ya había captado la señal del transporte y, automáticamente, desencriptado el password de la misma en solo unos segundos.
-Recibido, estableciendo enlace… ahora.
La imagen de video captada por la pequeña sonda ocupó simultáneamente las pantallas frente a los dos pilotos del caza. La señal de video era buena y las cámaras eran de excelente resolución.
-Tenemos señal de video 10/10. -Comunicó Jim.
-Hal. -Ralph se acercó al transporte y se mantuvo a unos escasos metros de la cabina del mismo. -Quiero que veas si puedes meterlo directamente por la entrada principal del hangar, no quiero dar vueltas.
-Recibido jefe. -Respondió el operario mientras maniobraba el pequeño Drone entre placas de metal y hierros que flotaban alrededor de las tres naves siniestradas. Al acercarse a la entrada del hangar principal, ubicada bajo la popa de la nave, observaron abatidos como el enorme acceso, de unos ochenta metros de ancho por treinta de alto, había sido aplastado por la colisión, bloqueando el acceso al hangar como si una monstruosa boca cerrada les estuviese mostrando una mueca grotesca. Para completar lo que parecía una cruel broma, enormes paneles metálicos sobresalian aquí y allá, simulando unos dientes rotos y retorcidos. Hal examinó atentamente todos los recovecos y finalmente descubrió una tubería que había quedado atravesada entre la enorme junta de metal retorcido.
-¿Lo meto ahi dentro Jefe?
-Adelante Hal. -Ordenó el gigante.
El tubo estaba aplastado y deformado en varios puntos, pero creaba un pasaje relativamente despejado entre la destrucción que bloqueaba lo que antes había sido la entrada del hangar principal. El pequeño robot avanzó lentamente por el interior del tubo mientras las imágenes que transmitía por su cámara frontal eran seguidas atentamente por el grupo que esperaba en el exterior.
-Intensidad de la señal de retorno disminuyendo. -informó el copiloto desde los mandos del transporte. -Ralph, no podemos meterlo mas adentro, podemos perder la señal y correr el riesgo de perderlo.
-Entendido. -Dijo Ralph. -Hal, es tu decisión.
-Déjeme seguir un poco mas jefe. Creo que… si! Ahí hay un agujero.
En efecto, por las pantallas pudieron ver como las luces del robot iluminaban una rasgadura en el tubo, como si hubiese sido desgarrado por una zarpa.
-¿Pasa? -Preguntó Jim
-Pasa. -Aseguró Hal. -Tiene que pasar.
El robot se acercó a la abertura lentamente y asomó la cámara por entre el acero retorcido.
-Ahí. -Dijo Ralph. -Dame toda la luz que puedas.
La intensidad de las luces de la imagen aumentaron un poco y todos pudieron ver lo que parecía ser un sector del hangar, con el techo parcialmente colapsado y repleto de desechos, vigas estructurales y paneles desgarrados flotando por todas partes, pero todo inmóvil, como congelado en medio de la destrucción reinante.
-¡Una veta! -Exclamó el copiloto
-¡Mierda! -Exclamó Ralph. -Hay todo un escuadrón de armaduras vacías apiladas ahi… deben ser treinta o cuarenta
El grupo permaneció en silencio contemplando las imágenes en pantalla. Cinthya se dió cuenta que los colonos estaban planteandose seriamente lo del “Tabú” con respecto a esas extrañas naves. Se preguntó si el sentido común se sobrepondría a la codicia de esos hombres.
-Volemos el hangar. -Dijo Ralph
-¿Lo que? -Repitieron ambos tripulantes del transporte.
-No podemos meternos ahí adentro. -Dijo resueltamente el gigante. -Propongo poner cargas en el casco inferior y que todo el hangar se separe de esta mierda gigante. -Dijo señalando la enorme ruina de naves que cubría todo el paisaje.
-Es demasiado arriesgado. -Dijo Hal. -A lo mejor Will podria hacerlo. -Agregó apartando brevemente la vista de la pantalla que tenia frente a si y mirando al caza de Jim. -Solo el conoce a la perfección los explosivos y la resistencia del material del cual están hechas esas cosas. -Dijo mientras señalaba los restos.
-Necesitamos más datos. -Dijo el copiloto. -Examinamos todo el hangar para buscar puntos estructurales que podamos volar para separar todo el bloque.
-Y si todo sale bien podremos enganchar un cable al transporte y remolcar toda ese precioso bloque de desechos hasta la base. -Dijo Ralph.
Hal no esperó la orden y volvió a tomar los controles del Drone de reconocimiento. Hizo que el robot girara sobre su eje unos pocos grados y avanzó hacia la abertura. Para decepción de todos, rebotó contra los rebordes de metal de la grieta.
-Mierda! -Exclamó Hal
-No pasa.
-Hay que plegar las antenas. -Dijo Ralph.
Por el silencio repentino que se hizo en el enlace, Jim comprendió de inmediato que tan mala era esa idea.
El copiloto tomó la palabra finalmente. -Jefe, si plegamos las antenas para pasar corremos el riesgo de perder la señal del Drone y no volver a recuperarla.
-Hay que arriesgarse entonces. -Contestó el gigante. -Haganlo.
-Sólo tenemos un intento. -Dijo Hal. -Voy a retroceder y a plegar las antenas cuando empiece a moverme. Si todo sale bien la inercia nos hará pasar por el agujero y podremos reiniciar el enlace del otro lado.
El pequeño robot se alineó con cuidado en el sector más ancho de la grieta y comenzó a retroceder lentamente. El tubo tenía en ese tramo algo más de dos metros de diámetro, probablemente era una línea principal para el transporte de algo importante.
Hal detuvo al drone a escasos centímetros de la pared metálica, no quería arriesgarse a que una pequeña colisión desalineara la trayectoria.
-¿Listos?
Ralph levantó el pulgar.
-Alla vamos.
Hal aplicó un breve impulso al propulsor principal e inmediatamente apretó el interruptor de cierre. El Drone plegó las dos antenas traseras y se apagó por completo, la imagen de video se cortó cuando se encontraba a unos treinta centímetros de la grieta. Todos contuvieron la respiración esperando el resultado. Pasaron diez segundos que duraron una eternidad.
-Encendelo. -Dijo Ralph.
Hal encendió el interruptor principal y observó atentamente la pantalla.
Nada sucedió.
-Ops.
-La p…. -Ralph se interrumpió al acordarse de la presencia de la Inspectora en el caza cercano. -¡Maldición! -Exclamó en cambio.
-Era arriesgado jefe. -Dijo el copiloto.
-¿Y ahora? -Dijo Hal.
Ralph miró con atención las ruinas mientras apretaba los enormes puños. -Hay que recuperar ese Drone o Amanda nos mata.
-Lo suponía.
-Tenemos que actuar rápido o ese maldito robot puede seguir rebotando ahi adentro y alejarse cada vez más. -Dijo Ralph señalando el transporte. -¿Podemos amplificar la señal del enlace?
-Podemos acercarnos un poco más y apuntar la antena directamente al tubo ese. -Dijo el copiloto.
-No, tenemos que hacerlo desde acá, si perturbamos los escombros metiendo el transporte ahi corremos el riesgo de quedarnos atascados ahi.
-Hay otra opción. -Dijo Jim
El grupo de Ralph se sorprendió al oír la voz del piloto, casi se habían olvidado que estaba ahi.
-¿Cual? -Preguntó Ralph de mal humor.
-Ustedes tienen prohibido acercarse a esa nave, pero nosotros no.
Cinthya abrió los ojos como platos. No le gustaba el rumbo que estaba tomando la cosa.
-No. -Dijo Ralph
-No, dijeron al unísono ambos ocupantes del transporte. -Ustedes no pueden interferir en esto, son sólo observadores. -Agregó Hal.
-Soy un oficial de la NUNS y único representante del Gobierno Unificado en este sector. -Jim hablaba con seguridad. -No estoy atado a ninguna regla de ninguna compañía privada. Mis acciones y decisiones son cosa mía.
-Teniente… -Ralph se cruzó de brazos y miró al caza que se había acercado al transporte. -Si va a entrar ahí no lo pienso detener, pero quiero que quede claro que estoy en total desacuerdo y que no me responsabilizo por lo que sus acciones causen a su nave o al civil a su cargo.
-Estoy de acuerdo.
-Una cosa mas Teniente: Apague por completo sus transmisiones de datos, incluso la señal IFF, tiene que perturbar lo menos posible el interior de esas naves.
-¿Lo dice el tipo que quiere volar un pedazo de nave?
-Confíe en mi Teniente, conozco mi negocio. -Dijo Ralph tajante.
-Bien. No perdamos más tiempo. -Jim replegó el tren de aterrizaje y se dirigió a las ruinas mientras esquivaba fragmentos y chatarra en su camino.
El caza se acercó a la entrada del hangar y cambió a modalidad robot. Jim comenzó a examinar los paneles que cerraban la entrada en busca de algún espacio que pudiese despejar con los brazos de su robot. Lamentablemente no habia tal cosa y la entrada principal quedó descartada. El VF-17S2 descendió y comenzó a explorar la base inferior del enorme casco de placas de un color que había pasado del verde Zentradi a una especie de marrón musgoso, cubierto de manchas de explosiones e impactos de metralla. Como no hay puntos de referencia en el espacio, pronto se acostumbraron a “caminar” por el casco de la nave, de modo que lo que antes era techo era ahora el piso por donde el robot caminaba en busca de alguna entrada. La encontraron unos veinte metros más adelante, un agujero producido por la explosión de algún proyectil, lo suficientemente grande para que el caza pudiese deslizarse con comodidad.
-¿Lista? -Dijo Jim
-Lista. -Aseguró Cinthya levantando el pulgar.
El robot descendió lentamente por el agujero ayudado por los propulsores auxiliares. Ingresaron a un pasillo de circulación de medianas proporciones ,probablemente una vía de conexión entre cubiertas. La explosión que había abierto el hueco también había atravesado el pasillo, de modo que estaban en una especie de puente que se interrumpía entre dos cubiertas. Jim reorientó el robot de modo que ahora estaban en el verdadero “piso” de la nave y podían navegar con facilidad. Según el esquema que se había creado en la cabeza, el hangar debería estar hacia atrás y hacia arriba. Jim comenzó a deslizarse con poco impulso por el pasillo, sintiéndose completamente indefenso al no poseer su arma reglamentaria.
-¿Que pasa Jim? -Preguntó Cinthya al sentir el nerviosismo del piloto.
-Hice muchos ejercicios de CQC (1) en mis dias en la academia y estoy acostumbrado a este tipo de escenario… a esta clase de pasillo de las naves Zentradi y la ingravidez pero… hacerlo sin un arma es algo completamente diferente.
Cinthya tragó saliva y miró a ambos lados del pasillo. -No… no estás insinuando que…
-Claro que no Cinthya. -Dijo Jim. -Solo estoy rememorando mi entrenamiento, no creo que encontremos nada vivo aquí dentro.
Nada vivo podía residir en las ruinas, pero pronto descubrieron a los muertos que moraban los rincones de la enorme nave. Soldados Zentradis yacian despedazados por todo el pasillo, flotando inmóviles en la retorcida tumba en que se había convertido su nave. Sólo distinguían a los gigantes por el color de sus uniformes, lo que quedaba dentro de los trajes era apenas una calavera reseca, tejido consumido por la radiación y preservada por la falta de organismos que descompusieran la carne.
Cinthya bajó la vista hacia el piso de la cabina, pero las pantallas a sus pies también mostraba pedazos de cuerpos a medida que el robot pasaba flotando entre ellas, perturbando la inmovilidad de acaso siglos. El pasillo a sus espaldas quedaba lleno de extremidades girando lentamente, como si el pequeño empujón dado por el caza de Jim pudiese servir para que las partes separadas pudiesen volver a unirse nuevamente.
Cinthya cerró los ojos. Ya habia tenido suficiente por el día. Cadaveres momificados era una cosa, pedazos de cadaveres formando nubes alrededor de ella era algo que estaba mas allá de su tolerancia.
-¿Cin? -Preguntó Jim
-Estoy bien, no pasa nada. -Dijo abriendo los ojos. Vió que habían llegado al final del pasillo, ahora estaban en una sector desde donde partian varias rampas hacia las cubiertas superiores. Al parecer iban por buen camino. Jim subió por una que ascendía con una ligera curva hacia la izquierda y al cabo de unos minutos salieron a otra cubierta, mucho más grande que las anteriores, pero con signos de haber sufrido bastante daño por las explosiones internas. Grandes vigas metalicas habian salido disparadas desde el techo y yacian incrustadas en las paredes, incluso las paredes estaban deformadas y dobladas hacia adentro, como si hubiesen tenido la resistencia justa para contener las explosiones sin abrirse como una flor.
-¿Vamos bien? -Preguntó Cinthya tratando de disimular su nerviosismo.
-Creo que si, mira. -Respondió el piloto. -¿Ves aquello? -Agregó señalando con el brazo del robot.
Cinthya dirigió la vista hacia el punto del techo donde señalaba Jim y vió un tubo que corría junto a una de las paredes.
-¿Ese es el mismo tubo por donde entró el Drone?
-Parece que estamos cerca.
No estaban cerca, pero al menos el descubrimiento del tubo los llevó a un nuevo pasillo donde varias líneas similares corrían en la dirección adecuada. Debieron arrancar una puerta metálica que se había doblado hacia adentro, lo que les facilitó el acceso a la zona de las tuberías. Jim señaló que ese pasillo era una de las rarezas de la tecnología Zentradi; toda su sociedad estaba compuesta por guerreros, no existían los técnicos o mecánicos de ningún tipo por lo que pasillos de mantenimiento como estos eran reliquias del diseño heredades tras miles de años sin cambios en la ingeniería de sus armas. Las naves se fabricaban en enormes satélites-fábricas y se usaban hasta que el daño era tan severo que merecía la pena el reemplazo por una nueva.
El hecho de que el pasillo nunca se hubiese usado para nada les facilitaba el avance, sin escombros ni cadáveres amontonados por todas partes, Jim pudo transformar el caza en avión y avanzar relativamente rápido.
El pasillo se interrumpió violentamente cuando llegaron a una zona donde una enorme explosión había atravesado varios niveles de cubierta dejando a la vista gran parte de la estructura interna de la enorme nave. Las lineas de tuberia descendían en este punto, más la enorme explosión las había hecho estallar como pajitas de refresco. Jim descendió con cuidado y entró a lo que al parecer, era el sector más profundo del hangar principal, cercano al eje central del casco de la nave.
-Probablemente el Drone está ahí abajo. -Dijo Jim deteniendo el avión. -Busquemos el tubo con el agujero de entrada.
Lo encontraron tras un par de minutos de búsqueda, pero no había señales del pequeño robot. Revisaron las posibles trayectorias que el rebote del Drone pudo haber realizado tras salir del tubo y chocar contra los diferentes obstáculos que flotaban alrededor, descubrieron varios escombros cuya inmovilidad había sido perturbada, siguieron el rastro hasta una de las salidas interiores del hangar que comunicaba a un enorme pasillo, probablemente una vía de comunicación principal a otros sectores de la nave.
-Voy a rastrear movimiento. -Dijo Jim y activó uno de los sensores pasivos del caza. La cabina dejó de mostrar los alrededores en el tono verdoso que caracterizaba a la visión nocturna y pasó a un tono azulado, destacando los escombros y basura en movimiento por una serie de estelas amarillo-anaranjado, según la velocidad a la que giraban.
-Allá! -Dijo Cinthya señalando el fondo del pasillo.
-Lo veo.
A unos ciento cincuenta metros, el pequeño Drone flotaba dando tumbos contra las paredes. Pronto la computadora lo fijó como un blanco y adaptó la velocidad y actitud de vuelo para darle alcance. Jim aceleró solo un poco y maniobrando cuidadosamente entre los varios desechos logró alcanzarlo al cabo de varios minutos. Al estar a unos pocos metros, el VF-17S2 pasó a modo robot y extendió el brazo hacia el pequeño objeto.
-¿No hay peligro que lo aplastes? -Preguntó Cinthya
-Definitivamente. Solo trataré de contenerlo dentro del puño, pero creo que voy tener que salir del caza para poder asegurarlo. -Dijo el piloto ante la evidente preocupación de Cinthya.
La enorme mano pasó por debajo del drone con la “palma” hacia arriba y en el preciso momento en que estaba justo en el centro de la misma Jim cerró rápidamente los dedos, con cuidado de no aplastar el objeto.
-Lo tengo! -Exclamó.
El robot se detuvo en el sitio con un par de impulsos. Jim comenzó a quitarse el arnés de seguridad que lo ataba a su asiento mientras Cinthya lo miraba angustiada.
-Voy a salir un momento a recuperarlo Cin, no te asustes cuando abra la cabina porque afuera va a estar completamente oscuro. -Dijo mientras plegaba el puño del robot hasta acercarlo a unos pocos metros de la cabina.
La joven asintió con la cabeza y esperó a que su compañero terminara los preparativos.
-¿Lista?
-Lista
Las luces de la cabina se apagaron repentinamente y la oscuridad rodeó a Cinthya. La joven jamás había experimentado una sensación semejante, no era solamente la falta de luz, era el conocimiento de estar flotando en las entrañas de una nave en ruinas girando en un cementerio enorme, rodeados de toneladas y toneladas de metal retorcido, completamente olvidados del resto de la galaxia.
Jim salió del caza con un pequeño empujón de sus piernas, su traje estaba equipado con pequeños propulsores de gas, pero no fue necesario usarlos, el puño estaba cerca de la cabina y pudo sujetarse de uno de los dedos mientras introducía el brazo por entre las hendiduras de la mano.
Mientras tanto, Cinthya estaba tratando de mantener la calma. La oscuridad cerrada la atemorizaba y deseaba que Jim volviese pronto para poder encender las luces de la cabina. Recordó de pronto que su casco tenía una función de visión nocturna y se sintió un poco estúpida por no haberlo recordado antes. Los controles estaban en una pequeña consola en su muñeca izquierda. Comenzó a tantear el brazo izquierdo para poder activar la pantalla táctil.
Entonces lo escuchó.
Cinthya quedó petrificada, estaba segura de que había escuchado algo. Miró hacia ambos lados, pero la oscuridad era total, salvo el asiento y el piso que sentía bajo sus pies, no tenía otra referencia con la que orientarse.
Volvió a escuchar el sonido, pero no supo distinguir desde donde provenía. ¿Izquierda? ¿Derecha? ¿Al frente? Se concentró y empezó a oír con claridad los acelerados latidos de su propio corazón. Le pareció que sus sentidos se agudizaron al estar privados de cualquier clase de estímulo externo. Volvió a escuchar el sonido. ¿Un piano? Definitivamente era un piano, era música. ¿Pero de dónde venía? No había propagación de sonido en el espacio, debía ser algo que estaba siendo generado en los canales de comunicación interna de la nave…. y sin embargo se sorprendió al darse cuenta que no estaba escuchando los auriculares ubicados a los lados de su casco.
La música parecía surgir del centro de su pecho.
Se preguntó si Jim también lo estaba escuchando, ya estaba bastante preocupada por los pedazos de Zentradi que había flotando alrededor en la completa oscuridad ¿Se estaría volviendo loca? No, lo que sentía en el pecho era una sensación de tranquilidad, no estaba asustada en lo más mínimo.
Colocó sus dos manos sobre el pecho y se concentró en la música. Le parecía que llegaba desde muy lejos, como las ondas de una piedra arrojada desde el otro lado del mar, la melodía llegaba débil pero intacta, reconocible.
-¿Matt? -Se preguntó la joven en voz baja. Giró la cabeza y miró la oscuridad en un punto determinado, le pareció que podía distinguir de donde llegaba la música, sin importar los cientos de metros de paredes de metal que los rodeaban. La música emanaba de aquel lugar, lo sentía. Cinthya estiró la mano como queriendo alcanzar ese punto.
Las luces naranjas de la cabina se encendieron de pronto y Cinthya abrió los ojos. Jim estaba sentado en su puesto con el pequeño robot en brazos.
-Lo tengo. -Dijo, más se quedó sorprendido al ver a Cinthya con el brazo extendido. -¿Que estas haciendo?
Cinthya se puso colorada (Por suerte el cristal amarillo del casco evitó que Jim lo notara) y retiró el brazo mientras se acomodaba en el asiento. -Nada Jim. -Dijo y permaneció en silencio. Jim la observó con curiosidad y le pasó el Drone por encima del asiento. -Llevalo vos Cin.
La joven tomó el robot y lo abrazó en su regazo. -Jim. -Dijo mientras su compañero volvia a ajustarse el cinturón. -¿Escuchastes algo ahí afuera?
-¿Escuchar? No Cin, para nada ¿Vos escuchastes algo?
-Me pareció pero… no, debí habérmelo imaginado. ¿Volvemos?
-Todavía nos falta una hacer una cosa Cin.
-¿Que cosa?
-Necesitamos encontrar un arma.


(1)CQC Close Quarter Combat: Combate cuerpo a cuerpo generalmente llevada a cabo en lugares cerrados, con armamento de mano y a corto alcance
27 por Gerli
Amanda sorbió lentamente de su taza de café mientras no dejaba de mirar el pad apoyado en la mesa del bar. En cualquier momento recibiría la llamada de Annie y su breve descanso terminaría.
Silvia también advirtió su preocupación, pero se limitó a tomar la gorra de oficial que la Capitana había dejado sobre la mesa y la arrojó sobre el Pad en un movimiento casual.
-Ooops. -Dijo la joven maestra.
Amanda la miró por encima de su taza de café pero no dijo nada, solo se limitó a suspirar y a vaciar el resto del café de un solo trago. El ambiente a su alrededor estaba muy tranquilo, apenas había dos o tres clientes en el establecimiento y dió la casualidad que la profesora Silvia era uno de ellos. Amanda apreciaba la compañía de la docente, era una de las pocas personas con las que se sentía a gusto de compartir una pausa.
-Annie es muy capaz de arreglarse sola. -Dijo Silvia mientras se reclinaba contra el respaldo del banco. -No te llamará a menos que sea algo realmente importante y… seamos sinceras, es todo rutina allá afuera.
-Salvo que ahora tenemos un Militar y una Civil a los que hacer de niñeras.
-El piloto parece un buen chico. La inspectora… no parece ser alguien demasiado acostumbrada a la vida en el espacio profundo, pero es simpática y a los chicos les cayó muy bien.
Amanda apoyó la taza sobre el plato y miró a su compañera sin decir una palabra. Luego giró la cabeza y contempló una de las paredes a un lado del establecimiento, donde varias fotografías de la antigua Flota 37 se asomaban entre la penumbra. Silvia sabia que fotografia en especial era la que estaba mirando su amiga.
-Este año va a ser muy especial para nosotros. -Dijo
Amanda asintió sin retirar la vista de las fotografías. -Ya pasaron casi 15 años. -Dijo. -Es increíble como vuela el tiempo.
Silvia retiró la vista de la pared y sacó un Pad del bolso que tenía apoyado a un costado del banco donde estaba sentada. Luego de consultarlo brevemente, activó la pantalla holográfica y lo apoyó sobre la mesa, de modo que la imagen quedase frente a Amanda al proyectarse por encima de la pantalla.
-Deberías dejar de mirar el pasado Amanda, lo que importa ahora está frente tuyo y si parpadeas, lo vas a dejar pasar.
La Capitán miró la pantalla que tenía frente a ella y vió a los estudiantes de la escuela, reunidos para una fotografía en grupo, pero lo que le llamó la atención era la última fila, donde los alumnos del último año estaban sonrientes junto a la Inspectora de Seguridad Ambiental, como si fueran compañeros de toda la vida.
-¿Esta foto es de ayer? -preguntó Amanda levantando la vista.
-Te dije que Cin le había caído bien a los chicos. -Dijo la profesora.
Amanda contempló la imagen y puso su dedo sobre el cristal del Pad. Con un rápido movimiento del dedo deslizado a través de la pantalla “arrastró” una copia de la foto en dirección a su propio Pad. Una leve vibración del sombrero que lo cubría seguido de un flash de luz testificaron que la fotografía había sido copiada con éxito.
-Hace mucho que no tengo una foto de Mina sonriendo. -Dijo poniéndose de pie. -Ya es hora de volver al puente.
Silvia miró en silencio como Amanda recogió la gorra y se la ponía con un movimiento mecánico, ajustando la visera con un pequeño tirón hacia abajo.
-Va a ser un año importante también para Mina. -Dijo la profesora. -Seria bueno que dejes de ser Capitán por un rato y cumplas tu papel de madre ¿No?
-Sigo siendo las dos cosas. -Dijo Amanda mientras se dirigía hacia la salida.

La operación del día en el Campo ya debería haber terminado, aunque no era extraño que Ralph prolongara la salida un par de horas más por si algo había captado su interés. Las salidas eran costosas. Mover tanto equipo y exponer a los operarios a los peligros del campo requería una inversión enorme, al igual que lo eran sus salarios. No era extraño que hubiese gente que eligiese trabajar en este rincón de la Galaxia, la vida era costosa si, pero los sueldos eran muy altos, lo que justificaba el soportar las terribles condiciones del Campo y la soledad de la Colonia.
Amanda caminó por la pasarela en dirección al elevador. La tarde ya habia pasado y los turnos de trabajo hace rato que habían terminado, aun asi todavia no se veia muchos colonos en la cubierta.
Se detuvo frente al ascensor y lo llamó mientras silbaba una canción de Fire Bomber. Cuando las puertas se abrieron, entró y marcó el último piso.
La ascensión duró medio minuto y cuando las puertas se abrieron se adentró en el pasillo que llevaba a su oficina, sin embargo vaciló al llegar a la puerta. No tenía mucho que hacer allí, solo cerrar el registro del día y eso podía hacerlo remotamente desde el puente, así que continuó caminando por el pasillo hasta llegar a una pequeña escalera.
Los escalones terminaban en un tunel de no más de tres metros de ancho por tres de alto. Era una vía de acceso exclusiva de los operarios del puente de la Rainbow. Un pequeño vehículo eléctrico con capacidad para dos personas la esperaba al pie de la escalera. Amanda lo abordó y condujo por el túnel apenas iluminado por las luces de seguridad que a intervalos regulares disipaban la oscuridad. El recorrido de cuatrocientos metros no le llevó más que un par de minutos, generalmente hacia ese trayecto caminando, como una forma de ejercicio diario, pero estaba cansada y ya había recorrido ese mismo camino dos veces en el dia. Suficiente caminata por hoy.
Al final del túnel, una pequeña cubierta se abría en forma de media luna rodeando la superestructura de la torre que hacía de “Proa” de la Three Star.
Esta torre penetraba por el techo de la cubierta y ascendía casi trescientos metros por encima del casco principal de la nave. Un elevador la llevó rápidamente hasta lo alto, donde un pequeño hall comunicaba con el centro de mando de la Rainbow.
La puerta de metal se descorrió sin hacer ruido y dió paso Amanda, quien con una pequeña inclinación de la cabeza pasó por la misma (Un gesto automático que había adquirido a costa de varios golpes en la cabeza debido a la poca altura del acceso) y echó una ojeada alrededor.
-¿Annie?
Una joven de alrededor de veinte años de cabello castaño claro se puso de pie inmediatamente en una de los puestos de monitoreo que rodeaban el sillón del Capitán. -Capitán, no esperaba verla de vuelta. -Dijo mientras se quitaba un par de auriculares.
Amanda caminó hasta su silla y se ocupó su puesto. Annie era una de las pocas personas que la llamaban por su rango y no por su nombre.
-¿Reporte?
-Enseguida. -Dijo la joven tomando asiento nuevamente frente a su pantalla.
La Capitana Kyle miró el holograma que representaba la esfera azulada que tenía frente a ella. De casi tres metros de diámetro (Aunque podía hacerse más pequeña o grande según fuera necesario) representaba el espacio de la red de satélites de vigilancia de la Rainbow, abarcando un radio de algo más de 15.000 kilómetros. La red EWR estaba compuesta por cientos de pequeños satélites en órbita alrededor de la Colonia, muchos de ellos camuflados entre pequeños cúmulos de chatarra que flotaban en el espacio provenientes del Campo. Amanda desplegó un teclado de uno de los brazos del sillón y aumentó el área de vigilancia a su máxima capacidad, cubriendo una zona de más de 40.000km. Si bien los satelites no tenían tanta cobertura de radar, utilizaban sensores pasivos para detectar objetos que se acercaran desde fuera del radio de localización activa.
La esfera estaba totalmente vacía, sólo el Campo y su habitual interferencia aparecían dentro del campo azul de cobertura.
-El nivel de emisiones se ha reducido bastante en las últimas tres horas. Activé algunos de los satélites periféricos del Campo y he estado recibiendo Pings de los Recolectores en forma periódica. Ralph envió un mensaje hace una hora aproximadamente.
-¿Que dijo? -Se interesó Amanda.
-Encontraron una veta, dijo que volverían en cuanto desatasquen a la Comadreja de adentro de un tubo.
-Maldito Hal. -Dijo la Capitana consultaba la información de una ventana auxiliar. -Le dije mil veces que tenga cuidado con los drones, ya destruyó dos en lo que va del año. ¿Hay alguna novedad de la nave de los visitantes?
-Nada, ese avión no emite señales, es completamente furtivo tal y como dijo Tass.
La enorme esfera volvió a su tamaño habitual, pero pasó del azul a un tono naranja, indicando que Amanda había colocado a la EWR en funcionamiento activo, encendiendo la totalidad de los satélites en la zona de cobertura.
Annie se giró en su silla y miró a Amanda con curiosidad. -¿Estas buscando algo?
-La Rio Grande debería estar a punto de llegar. -Contestó la mujer mientras operaba el teclado. -Pensé que podría estar aquí en el momento que salieran del FOLD. ¿Están preparados los containers en el hangar?
-Dos containers vacíos, la última vez que me fije estaban ya cargados en la grúa del hangar cuatro. ¿Están trayendo algo enorme en la Rio? -Preguntó con curiosidad Annie.
-El contenedor extra trae un nuevo módulo para el taller de soldadura. Es condenadamente grande y tuvieron que enviarlo separado de la carga de siempre.
Una serie de pitidos hizo que ambas mujeres se concentraran en sus pantallas. Varios pequeños anillos se resaltaron en un lugar del Campo y Amanda acerco el zoom, abriendo simultáneamente una pequeña ventana con información de registro. -Son Ralph y el transporte, están bastante adentro de la zona de captura ¿Que habrán encontrado? -Se preguntó la Capitana.
-Les envío una petición para que informen de su situación?
-No es necesario Annie. Deben estar concentrados tratando de recupe-. Una señal sonora se escuchó en el puente y el holograma de la esfera se retrajo automáticamente para indicar un contacto en un punto cercano al límite de la zona controlada..
-DEFOLD detectado. -Exclamó Annie. -Recibiendo identificación…
-Es Gray. -Dijo Amanda al mismo tiempo que el contacto en la esfera pasaba del amarillo al azul, codificando a la recién llegada como una nave registrada en la base de datos.
Amanda se quitó la gorra y la dejó a un costado del sillón, tomó un auricular que estaba colgado de uno de los tableros y se lo colocó mientras se ponía de pie.
El entramado de estrellas era perfectamente visible desde el asiento del Capitán pero Amanda se acercó al cristal de todos modos. Quería darle la bienvenida a Gray y conmemorar de algún modo un hito importante en la historia de la Colonia. Abrió la boca para dirigir un saludo a la nave en curso de aproximación pero ningún sonido salió de su boca.
Amanda Kyle se quedó muda de asombro al ver que el espacio ya no era negro, era de un rojo incandescente insoportable a la vista. Las estrellas desaparecieron y por un momento todo fue rojo.
28 por Gerli
El sonido de la alarma interrumpió el silencio que reinaba en la torre de control de la estación de observación remota Nro. 4, más comúnmente conocida como Estación Barrow, nombre elegido en memoria de algún militar del siglo pasado de vaya a saber que país… no importaba realmente, la Barrow pasaba desapercibida para todo el mundo, incluso para los propios militares.
Leonardo Viccenzo estiró el brazo y con la punta de los dedos apagó el botón de interrupción manual de la alarma. Luego, tomándose con la mano del borde de la mesa donde estaba apoyado el horno de microondas, jalo un poco más fuerte y su cuerpo flotó hasta tener la puerta al alcance de la mano. Leo no solía comer en el puesto de mando, pero hoy su estómago le estaba reclamando cuidados especiales, una lata de sopa para calentar en cuanto tuviera hambre sería más que suficiente.
Abrió la puerta del horno y retiró con cuidado el envase de sopa. Seguidamente extrajo un pequeño recipiente plástico dotado de una tapa con bombilla y metió la lata caliente dentro. Ajustó la tapa con un movimiento circular y sorbió su primera comida del dia. No tenia mucha hambre, pero necesitaba esos nutrientes, especialmente a su edad.
Con el impulso de una pequeña patada se dirigió flotando hasta su puesto de control, que no era más que un sillón con el respaldo ya desgastado de tantas horas de uso. Leo se sentó en el y se abrochó el cinturón de seguridad. Luego accionó un botón en la punta del apoyabrazo del asiento y dos consolas se ubicaron delante, desplegando a su vez dos pantallas más, una a cada lado, dejando el centro despejado para que Leo tuviera una visión clara de lo que se veía a través de los cristales del puente de mando.
Osea nada.
Leo suspiró y se preparó para empezar otro turno de trabajo. Colocó sus manos sobre las consolas y ejecutó los mismos comandos que llevaba años repitiendo: Balance de la estación, nivel de vibración estructural, posición relativa con respecto a diez cuerpos celestes cercanos. Luego consultó el cuadrante asignado del dia, introdujo las coordenadas y seleccionó un grupo de veinte detectores para que se enfocaran en la zona designada. Como era de esperarse, debió elegir entre los que aún funcionaban. La operatividad de la estación estaba en su punto más bajo desde que fuera ensamblada hacia 20 años atrás, apenas un 45% de los detectores de la Barrow funcionaban a pleno, un 21% poseía solo instrumental de detección operativo y el resto estaba literalmente “muerto”, sin posibilidad incluso de ser movido de las plataformas en donde descansaban plegados hacia dentro.
Tendría que escribir otro informe solicitando reparaciones urgentes. Eso no le molestaba, al menos lo sacaria de la rutina diaria, lo que le molestaba era la futilidad de su acción; había elevado más de treinta informes explicando la precariedad del estado de los instrumentos y la urgente necesidad de cambiar varios de ellos para garantizar la operatividad adecuada, pero ni siquiera planteando los escenarios más apocalípticos había logrado una respuesta de la NUNS… bueno, si habían respondido el año pasado enviando a un técnico subcontratado para que efectuara reparaciones menores (Leo estaba demasiado viejo para las caminatas espaciales de reparación), pero el joven que llegó a la Barrow junto con Gray en la Río Grande era apenas un egresado de la Escuela Técnica de alguna Flota Colonial cercana. No sabía nada de los espejos detectores que formaban la “corona” de “pétalos” de la Barrow. El chico ni siquiera quiso salir al exterior para revisar los paneles. Solo se limitó a arreglar una cafetera del salón de descanso y dió por terminado su trabajo.
Por cierto la Cafetera se había vuelto a romper desde entonces.
Con el pulsar de un boton dio por iniciado el programa de configuración automática. Ahora deberia esperar casi media hora a que los cientos de servomotores acomodaran los espejos elegidos a lo largo de la estructura y los situaran en la dirección requerida por el estudio. Casi siempre fallaba alguno, pero como cada espejo tenia 5 motores individuales, podían moverse en gravedad cero incluso con uno solo.
Las barras de progreso comenzaron lentamente a llenarse, algunas mas rapido que otras debido a su mejor estado de conservación. Leo reclinó un poco el asiento y extrajo una consola de videojuegos portátil de uno de sus bolsillos, era uno de los pocos vicios que tenia, ademas de la música claro. Como uno de los pocos humanos privilegiados por el destino, le debía su vida a la música y especialmente a la música de una mujer a quien tuvo el maravilloso placer de conocer en persona.
Lynn Minmay.
Leonardo pertenecía a un selecto grupo de personas que habían sido testigos presenciales del milagro que desencadenó el fin de la Primer Guerra Espacial y la salvación de la raza humana. Leo fue uno de los miles de civiles rescatados de entre los restos de la desaparecida Isla Macross, convertida ahora en un pequeño campo de asteroides de roca y hielo cercano a los límites exteriores del sistema solar.
El hombre no necesitaba ver la pantalla de su antigua consola portátil, llevaba jugando ese videojuego más años de los que recordaba, por lo que los primeros veinte niveles podía pasarlos solo con escuchar los sonidos que producían las naves enemigas al pasar por la parte superior de la pantalla. Leo aprovechaba esos momentos para perderse en su memoria, en recordar cómo su vida había cambiado desde el día en que, camino a la escuela en un pequeño pueblo del norte de su Italia natal, había visto como las nubes que cubrían los lejanos picos de los Alpes se abrían como una enorme cortina al paso de una incandescente bola de fuego, que transformó el pálido amanecer en un mediodía de pleno verano. La enorme bola de fuego cruzó el cielo dejando tras si una enorme estela de humo y cuando minutos más tarde, la gigantesca ola de choque llegó a donde el pequeño Leonardo y sus vecinos contemplaban boquiabiertos el suceso, los arrojó contra las paredes como si fueran hojas secas sacudidas por un vendaval.
Aturdido, casi sordo y cubierto de rasguños y trozos de cristales de las ventanas que habian explotado por la enorme ola de choque, Leonardo quedó tendido en medio de la calle con su cabeza pegada al piso. Las sirenas tapaban los gritos de los heridos y moribundos que yacian bajo los escombros de las casas derrumbadas. No recordaba cuanto tiempo pasó alli tendido, pudo bien haber sido unos pocos minutos u horas enteras, simplemente permaneció quieto viendo como los pequeños cristales rotos reflejaban la luz del día, que finalmente comenzaba a asomar por detrás de las montañas. Alguien lo levantó en andas y llevó hasta un camión del ejército, donde lo acostaron en una camilla y lo trasladaron a un campamento en las afueras del pueblo, donde estaban comenzando las tareas de evacuación y rescate de los heridos.
La mañana dió paso a la tarde y su madre no aparecia por ningun lado, estaba solo sentado bajo una tienda de campaña verde oliva mientras contemplaba a los helicópteros que sobrevolaban los valles y trasladaban heridos y rescatistas. Había columnas de humo en muchos de los pueblos, una voz gritaba algo por un altoparlante. La gente alrededor caminaba con la cabeza baja y miraba hacia el norte, donde aún podía verse el rastro de nubes grises que la bola de fuego habia dejado atras. Escuchó hablar de catástrofe, de millones de muertos, del fin del mundo. Un joven Carabinieri se acercó y le ofreció una botella de agua, luego pasaron unas jóvenes con guardapolvos blancos y cascos amarillos y le preguntaron su nombre y apellido. Después se fueron y volvió a quedar solo.
La tarde comenzó a avanzar y los valles comenzaron a quedar envueltos en las sombras. No había nubes en el cielo, solo aquella enorme línea al norte que trazaba una curva de este a oeste, se habia ensanchado y ahora parecia como un sólido muro gris tras las montañas. Leo se recostó contra unas cajas de metal y se quedó dormido.
Lo despertaron unas sacudidas. Sintió el rostro mojado y abrió los ojos. Era su padre quien lo estaba abrazando mientras lloraba sin parar.
-¿Mama? ¿La Nonna? -Preguntó sin despegar el rostro del pecho de su padre.
Su padre lo abrazó aún más fuerte. Tras ellos, una montaña de bolsas negras había estado creciendo durante todo el dia, arrojando una sombra sobre ambos.
Ya caída la noche, padre e hijo abandonaron el campamento a bordo de un helicóptero UH-1. El padre de Leonardo, Enzo era su nombre, era técnico aeronáutico en una de las bases aéreas Norteamericanas que quedaban en Italia luego de la Segunda Guerra Mundial. Volaron en medio de la noche mientras miraban la destrucción causada por el cataclismo. A medida que avanzaban en dirección sur el daño fue cada vez menor y cuando llegaron a la Base de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos no observaron ni siquiera vidrios rotos. La actividad en la base era frenética. Se veían aviones rodando por todos lados, helicópteros de combate y de carga aterrizaban y despegaban en extensas líneas a cada lado de la base. Soldados agrupados en escuadrones abordaban el primer transporte que estuviera disponible, todo en la base estaba en movimiento.
Enzo llevó a su hijo hasta una barraca situada junto a unos enormes hangares, ahora vacíos. Lo acostó en la cama y lo cubrió con las pesadas mantas del ejército.
-Descansa hijo. -Dijo besándole la frente
-¿Dónde está Mamá? -Preguntó el niño con voz débil.
Su padre le acarició el cabello y permaneció junto a Leonardo hasta que se quedó profundamente dormido. Cuando la respiración del niño se hizo más pausada el hombre se puso de pié y se encaminó hacia la puerta, pero se detuvo y miró hacia atrás, hacia su hijo que descansaba.
-Se fuerte Leo. -Dijo y cerró la puerta.
Y Leonardo fué fuerte, porque tuvo que crecer en medio de la guerra más sangrienta de la historia de la humanidad.
El bólido que arrasó gran parte del viejo continente, cruzando el Atlántico y América del Norte para estrellarse finalmente contra una remota isla del sur de Japón, resultó ser una nave espacial de origen alienígena.
Pero antes de siquiera saberlo, la humanidad debió luchar contra el cataclismo que dicho evento habia causado. Docenas de ciudades habían sido arrasadas por las ondas de choques que barrieron la tierra a medida que el bólido descendía por la atmósfera. Desde el Tibet hasta Canadá, los daños causados habían producido la muerte de más de treinta y tres millones de personas en tres continentes. Tsunamis en el Océano Atlántico arrasaron ciudades costeras desde el Golfo de México hasta el norte de Brasil y gran parte de la costa Africana. El impacto en el Océano Pacífico creó olas de más de 80 metros de altura, que arrasaron desde La Costa Oeste de Estados Unidos hasta el norte de Chile, mientras que los tsunamis arrasaron las ciudades y pueblos costeros de Rusia, Japón y China. En solo treinta minutos el hemisferio norte del planeta Tierra había quedado completamente devastado.
El año 2000 llegó y encontró a la humanidad envuelta en la reconstrucción de los daños sufridos. Nadie festejó el cambio de siglo. El hambre, las epidemias y el malestar general crearon focos de insurrección a lo largo del planeta. Los grandes países productores no daban abasto con la provisión de alimentos y el hambre se instauró incluso en los denominados “Graneros del Mundo”, quienes cargaron con la responsabilidad de alimentar los brazos de aquellos que reconstruian lo perdido.
El planeta se militarizó, al principio como una forma de respuesta natural ante la catástrofe y la necesidad de garantizar el reparto de víveres y el mantenimiento del orden, pero ya entrados en la segunda mitad del año 2000 el despliegue de tropas a lo largo de las antiguas fronteras que formaron el bloque occidental europeo resultaron obvias para todos. Los antiguos temores se revivieron, las fronteras se cerraron y el mundo contuvo la respiración. Nadie sabía que la chispa que encendería la mecha de la tercera guerra mundial estaba siendo gestada en una pequeña isla volcánica al sur de Japón.
El secreto no pudo ser guardado por más tiempo.
La ONU fue la encargada de hacer el anuncio. Lo que había caído a La Tierra no era un asteroide tal y como se había informado al principio. Se trataba de una nave espacial de origen Alienígena.
Leonardo recordaba ese momento, como se había acercado al comedor de la base al escuchar el griterío de los soldados y observó por la pequeña televisión a colores como los restos de una gigantesca nave espacial asomaban entre las rocas y lava solidificada.
-Holy Shit. -Escuchó murmurar a un joven soldado que miraba atónito la pantalla. Pronto los murmullos se transformaron en gritos y los capitanes tuvieron que calmar a la tropa. La reacción de los civiles que vivían en la base, la mayoría familiares de los uniformados destacados en la base, no fué muy diferente.
La tensión que rodeaba a las tropas apostadas de la OTAN por un lado y China y la Unión Soviética por el otro, en los alrededores de la pequeña Isla de Ataria del Sur se hizo insostenible. La colaboración internacional en la investigación de la nave, ahora denominada Alien Star Ship 1 o ASS-1 para abreviar, había llegado a un alto. Para alarma de los investigadores, resultó evidente que se encontraban ante una nave de guerra, equipada con armamento de una potencia jamás imaginada hasta entonces. Pero lo más preocupante eran los signos que se evidenciaron tras el informe final. La nave había estado en combate y presentaba impactos en varios puntos de la popa. No solo habia entrado en combate, había huido de sus atacantes.
De pronto los líderes mundiales se enfrentaron a la amenaza real de una guerra interplanetaria. Sea quien sea que había atacado a esa nave también la había perseguido. Y si la ASS-1 había llegado a La Tierra, no cabía ninguna duda de que otras podrían seguir su camino. Se tomó entonces la decisión de reconstruir la nave para hacer frente a un eventual ataque alienígena, no obstante los esfuerzos de reconstrucción, la crisis humanitaria sumados al estado general de rebelión de muchos de los estados eran un obstáculo mayor para semejante emprendimiento, que requeriría los recursos de todo el planeta y ante el estado de caos que envolvía a toda la humanidad, se requirió de la creación de un gobierno central que pudiese coordinar dicha operación.
La creación del Gobierno Unificado de La Tierra fué una decisión que todavía hoy genera polémicas entre los historiadores, todos concuerdan en lo autoritario de la medida, pero dado el poco tiempo transcurrido entre el comienzo de la restauración de la ASS-1 y el inicio del primer ataque Alienígena, la medida fue catalogada de necesaria.
La ONU fué disuelta y los equipos internacionales de investigación fueron expulsados de la Isla Ataria del Sur.
Las hostilidades comenzaron primero en Medio Oriente, en cuanto los estados que componían la Liga Árabe perdieron el apoyo de sus antiguos aliados y clientes petroleros. La tecnología extraída de los restos de la nave produjo la creación de una fuente de energía que hizo obsoleto el uso del petróleo en apenas un año. Sin apoyo financiero, los antiguos principados fueron arrasados por las milicias y los jeques reemplazados por líderes religiosos. El flujo de petróleo se cortó definitivamente y los países que no disponían de la nueva tecnología de reactores sufrió una profunda crisis energética.
Mientras tanto, Leo continuó viviendo en la base junto con su padre. Aprendió Inglés y comenzó a estudiar junto a otros niños que estaban en su misma situación. La base comenzó a expandirse, su estratégica posición en el Mediterráneo que servía como una cabeza de puente para las operaciones en los Balcanes hizo de la base la principal concentración de tropas en la península itálica. Leonardo comenzó a aprender el oficio de su padre, con apenas 15 años ya sabía soldar, desarmar y limpiar piezas de motores y se convirtió en el miembro más jóven del equipo de mecánicos que servía a la flota de alas rotativas de la base.
Entonces una noche, comenzó la guerra.
Todo estaba silencioso en la base, las patrullas estaban en el aire hace horas. Las luces permanecian apagadas y los hangares estaban cerrados. El grupo de mecánicos estaba reunido junto a una pequeña estación de radio escuchando el parloteo de la torre de control, entonces las Baterías Patriot de la base empezaron a disparar.
Leo trepo por entre las cajas de municiones y se asomó a una pequeña ventana para mirar hacia afuera, vio el cielo como nunca lo habia visto antes.
Miles de misiles cruzaban el cielo nocturno de un lado a otro. Las baterías antiaéreas disparaban a todo lo que se movía en el cielo y dada la enorme cantidad de misiles que avanzaban desde el este, no tenían problema en abatir algo cada vez que abrían fuego. No era un ataque táctico, era un bombardeo con misiles de saturación completo, las explosiones en el cielo eran tan numerosas que iluminaban la tierra como si de una tormenta eléctrica de dimensiones titánicas se tratase. Aquí y allá, en las faldas de las montañas o en los valles o incluso en el medio de los pequeños pueblos se veian las rafagas de los cañones o los misiles de una batería subiendo hacia el cielo en forma ininterrumpida, pronto las líneas de humo verticales que ascendían desde la tierra se unieron con las que surcaban los cielos y el paisaje adquirió un aspecto irreal. Entonces las defensas ya no pudieron contener las oleadas de misiles y muchos alcanzaron su blanco.
Los mecánicos abandonaron el hangar y corrieron hacia un refugio cercano. Los misiles caían por todos lados, destruyendo hangares y depósitos por igual, estaban rodeados por las llamas pero se arreglaron para entrar en un refugio excavado en una ladera. Dentro el silencio era completo. Esperaron y esperaron hasta que la intensidad del ataque cesó, al salir, vieron a la luz del pálido amanecer los restos de la enorme base, reducida a un montón de escombros.
La Guerra de unificación había comenzado rápida y brutalmente. En solo 12 horas todo el frente europeo, desde el Mediterráneo hasta Finlandia estaba envuelto en llamas.
Leo caminó entre las ruinas de lo que el dia anterior habia sido su hogar, esquivando munición sin explotar y trozos de lo que horas antes habían sido seres humanos. Entonces escuchó un rugido y vió aviones sobre su cabeza. Las patrullas, o mejor dicho lo que quedaba de ellas, estaba volviendo a la base. En ese momento Leonardo comprendió que ya no era un joven aprendiz. El también era parte de la guerra.
Los cazas comenzaron a aterrizar en la pista, esquivando los agujeros que los misiles habían causado a lo largo de ellas. El equipo de ingenieros pronto despejó las calles de rodaje y los aviones pudieron aterrizar como podían, muchos se estrellaban y ardían, pero sin municiones y casi vacíos de combustible, eran retirados de la pista con palas mecánicas apenas quedaban parados.
Muchos cazas estaban dañados más allá de todo arreglo, el equipo de técnicos comenzó a desarmar lo irrecuperable para poder arreglar aquellas aeronaves con daños ligeros. Material proveniente de depósitos ubicados fuera de la base comenzó a llegar y en solo un par de horas nuevas patrullas pudieron salir de la base.
Esto se convirtió en prácticamente una rutina para los combatientes del nuevo Gobierno Unificado. De día debían reconstruir lo que de noche era bombardeado por una lluvia incesante de misiles crucero mientras el personal se ocultaba en los refugios.
Esto duró meses y solo cuando el frente se hizo irregular y las bases de misiles de uno y otro bando fueron neutralizadas, el bombardeo constante finalizó. Era el momento del ataque móvil, donde la superioridad aérea y las tropas de tierra debían recuperar o defender territorio. Las bases principales del viejo continente quedaron fuera del alcance de los misiles y las operaciones se reanudaron las 24hs del dia.
Así pasó el tiempo y una tarde, mientras Leo ajustaba tres misiles Hellfire a una de las estaciones de armas de un Helicóptero Apache, vió con asombro como un enorme Chinook llegaba a la base transportando algo que nunca había visto. Era un robot gigante, de casi 10 metros de altura, pintado con colores del teatro de operaciones de Europa. Todos los técnicos levantaron la vista y quedaron boquiabiertos al ver otro helicóptero tras el primero y detrás otro más… había toda una línea de naves en el horizonte, cada una de ellas transportando un robot colgado de cables de acero.
Fué el primer contacto de Leo con la tecnología desarrollada para combatir a los gigantes alienígenas.
Pronto los enormes robots comenzaron a operar desde la base y los hombres se acostumbraron a ellos. Eran al fin y al cabo máquinas de guerra, no muy diferentes a un tanque o a un helicóptero.
La guerra continuó y los años pasaron, a fines del año 2005 Leonardo era ya jefe de su propia unidad de técnicos y fue relocalizado. Con lágrimas en los ojos se despidió de su padre y le juró que cuando terminase la guerra volvería a su Italia natal para vivir junto a él.
Leo nunca volvió a Italia y jamás volvió a ver a su padre.
Fué transferido a Estados Unidos y desde allí, hacia el pacífico, a los restos de una isla que alguna vez había sido un volcán inactivo pero que ahora se había convertido en el pedazo de tierra más importante para la humanidad. Leonardo vió la isla Ataria del Sur, ahora rebautizada como isla Macross, desde la pequeña ventana del avión C-130 que lo transportaba. Entonces posó sus ojos en la nave que había visto en la televisión casi 5 años atrás, ahora cubierta por estructuras de soporte y equipos de soldadura en plena tarea de reconstrucción de la misma. Esa imagen jamás se borró de su memoria.
Una base había sido construida a los pies de la gigantesca nave y en esa base fue destacado Leo. Cuando entró al hangar y vio la clase de aviones que debía mantener casi se desmayó de la impresión.
La guerra duró casi 8 años. Cuando las hostilidades cesaron en el año 2008 Leonardo era ya considerado uno de los mejores técnicos de mantenimiento de las nuevas aeronaves variables del Ejército de Unificación. No era de extrañarse, habiendo estado bajo las órdenes directas del legendario Raizou Nakajima.
Llegó el año 2009 y la enorme nave estuvo por fin terminada. Para entonces casi toda la isla había sido transformada en una vibrante metrópolis donde las mejores mentes científicas de occidente se habían reunido para poder desentrañar los misterios de la tecnología alienígena. Junto a ellos, una enorme población civil había crecido alrededor de la nave, la mayoría proveniente de familiares de los técnicos que trabajaron en la titánica obra de reconstrucción.
Leonardo recordaba como una tarde, estando de franco con varios de los muchachos del equipo, habían ido a comer comida china a uno de los numerosos restaurantes que servían a los soldados en sus días libres. Una jovencita de no más de 15 años le había servido un enorme plato de fideos de arroz con vegetales, el tazón era tan grande que la joven se movía con dificultad por entre las mesas. Leo se levantó y ayudó a la joven a servir la mesa, recibiendo las gracias con una inclinación de cabeza a la manera oriental que hizo que el joven técnico se sonrojada. Al percibir la mirada de pocos amigos del dueño del restaurant Leonardo se sentó rápidamente y se puso a comer sus fideos sin levantar la vista del plato.
Leo volvería a ver a esa joven oriental tiempo después, esta vez desde la pantalla de televisión de la MBS.
El día del despegue inaugural de la nave, ahora denominada SDF-1 y conocida más comúnmente como Macross, fué la vuelta de la pesadilla de la guerra a la vida de Leo.
La Primera Guerra Espacial comenzó con el rugido que sacudió a la isla Macross, cuando el cañón principal de la nave entró en funcionamiento, abatiendo dos naves de reconocimiento alienígenas que estaban entrando en la órbita del planeta Tierra. Inmediatamente un bombardeo desde el espacio produjo graves daños a la ciudad, forzando a los ciudadanos, incluido Leo, a buscar refugio en los cientos de bunkers, remanentes de la Guerra de Unificación, distribuidos a lo largo de la isla.
La Macross despegó en medio de una batalla que Leo no pudo presenciar, pero no pasó mucho tiempo hasta que el destino lo volviese a unir con la gigantesca nave.
Durante un fallido procedimiento FOLD, uno de los primeros que se hacían bajo condiciones de combate, la SDF-1 al mando del Capitán Global efectuó un salto hacia la órbita lunar, tratando de escapar de la trampa en la que se había convertido la isla. No obstante emergieron en algún punto del borde exterior del sistema solar, junto con la totalidad de la Isla Macross y parte del océano Pacífico que los rodeaba.
Fueron rescatados por los tripulantes de la SDF-1 y desde ese momento Leonardo se convirtió en uno de los pocos humanos afortunados que viajaron en la nave que años más tarde fue considerada como el arca de Noé del siglo XXI.
Leo puso el juego en pausa. Había llegado al nivel veintitrés sin perder una sola vida. Frente a él, las pantallas solicitaban su atención.
Realmente no necesitaba este trabajo. Tenía 7 hijos, 12 nietos y tres bisnietos. Podía vivir en paz en cualquier lugar de la galaxia que quisiera, sin preocuparse por el dinero. Lo que hacía, lo hacía por una especie de obligación moral, quería evitar que su familia pasase por lo mismo que él había pasado. Por eso vigilaba el espacio, buscando signos de flotas Zentradis no identificadas, tratando de prevenir una nueva guerra de aniquilación.
Desde su posición en el lejano brazo de Perseo, toda la Vía Láctea se desplegaba ante sus ojos. En algún lugar entre esas millones de estrellas estaba su familia y más allá, hacia el centro de la galaxia estaba… un pitido llamó su atención. Leo abrió una pequeña ventana y examinó los datos… curioso, había una lectura de una perturbación en el espacio FOLD, pero no había sido detectada por los sensores que en ese momento escaneaban un sector opuesto de la Galaxia. Agrandó la ventana y examinó los datos. Eran terrorificamente claros, había habido una descarga de energía dimensional, con seguridad producida por un cañon de energia. Leo resaltó la firma de la lectura y solicitó a la computadora que la compararse con la base de datos, el resultado lo dejó boquiabierto.
-ASS-1. -Repitió asombrado.
Cerró los ojos y los volvió a abrir, pero lo que estaba en la pantalla no había cambiado. Entonces otros detectores de la Barrow devolvieron la misma lectura. No había error en los datos, una nave similar a la que había caído a La Tierra había disparado su arma principal en las cercanías, Leo consultó la posición aproximada y el corazón se le detuvo por un segundo: 22 años luz de distancia, sólo había una cosa a esa distancia de la Barrow.
-La Rainbow. -Murmuró Leonardo.
29 por Gerli
Maya encontró su lugar inmediatamente en la formación de diamante escalonado que el grupo de Meltrans había formado alrededor y por delante de la nave que llevaba al consejero Exsedol. Ninguna de sus nuevas compañeras había dicho nada, simplemente ocupó el lugar en la formación que le pareció que le correspondía y al parecer su decisión había estado acertada. En cuanto ocupó el lugar todo el grupo comenzó a moverse al unísono.
Era la primera vez que pilotaba una de aquellas armaduras destinadas sólo a las mejores pilotos de toda la flota. Los Rau eran máquinas de guerra que llevaban al límite las capacidades de combate de las armaduras femeninas, literalmente hablando. Maya no necesitó preguntarle nada a Virya (A decir verdad, tampoco se hubiese atrevido) sobre cómo debería pilotar el Rau, saltaba a la vista el porqué en cuanto la armadura se adaptó a su cuerpo.
Los Queadlunn-Rau carecían de los sistemas de protección que limitaban las versiones inferiores. La piloto tenía el total control de cada sistema y podría llevarlo hasta los límites y sobrepasarlos incluso. La máquina no pondría ninguna restricción al uso del piloto, y eso era lo más peligroso.
Le costó al principio. Solo tenía una docena de horas de práctica en los Nona y siempre bajo los parámetros de entrenamiento; era la primera vez que pilotaba una maquina asi, parecia como si fuera un ser salvaje, que no entendía las señales y órdenes del piloto.
El gel biométrico que se encontraba en el interior de los Queadlunn cuando llegaban de las factorías ya se había solidificado alrededor del cuerpo de Maya. Ahora formaba una especie de acolchada segunda piel y, por lo que ella sabía, era esta “piel” lo que transfería sus movimientos a cada uno de los miembros de la armadura. Nadie mas podria usar su Rau, solo aceptaria los comandos de su propio cuerpo.
Por suerte el escuadrón había estado volando en línea recta a través de la flota, no quería que un cambio repentino de curso la hiciera reaccionar demasiado lento y rompiera la formación. Por lo poco que había visto de su Capitán, definitivamente no toleraba las equivocaciones.

El grupo volaba en silencio absoluto. Virya se encontraba por encima de la formación que rodeaba la nave y miraba atentamente la armadura de Maya. Que alguien con cero horas de vuelo en un Queadlunn-Rau hubiese dominado una de esas máquinas hablaban maravillas de la novata. No obstante su ojo captaba muchas cosas que mostraban la inexperiencia de la piloto; cambios constantes del escape de la turbina evidenciaba un pie nervioso controlando la potencia, además la postura de la armadura no era la correcta, se notaba a años luz de distancia que la joven pilotaba el Rau como si se tratase de un simple Queadlunn-Nona. Ojala no entraran en combate demasiado pronto, pensaba Virya mientras echaba una ojeada a la nave del Archivista, si esa chica no dominaba los controles básicos de su armadura en poco tiempo se convertiría en un pedazo de carne muerta al comenzar la batalla.
Al mirar nuevamente a Maya se sorprendió al ver que la joven había corregido su postura, estaba imitando a su compañera más cercana, Rika.
Estuvo tentada de ordenar un cambio de dirección a ver si la novata se adaptaba al movimiento, pero era la nave que escoltaban la que decidía el rumbo. Nada que hacer entonces.
-Aprende rápido. ¿No?
Era la voz del Archivista a través de la frecuencia abierta. Virya apretó los dientes; no le gustaba hablar de su escuadrón mientras sus subordinadas escuchaban. Decidió terminar de una vez por todas con el formalismo. No aguantaba más a ese tipo.
-No creo que un Zentran pueda conocer algo sobre nuestra forma de volar. -Dijo Virya con el tono más neutro que pudo articular.
-Ah, pero es que justamente yo conozco todo. -Dijo el consejero. -Mi deber es conocer y dar ese conocimiento a mi superiores.
-¿Incluso cosas que nunca ha hecho? -Preguntó desinteresadamente Virya
-No necesito pilotar una armadura Meltran para saber de lo que hablo, Capitán. -Dijo Exsedol. -El conocimiento de nuestra raza y su forma de combatir se encuentra almacenada en mi propia existencia.
-Los combates no se ganan con recuerdos.
Dentro de la nave que transportaba al consejero, la oscuridad era casi absoluta. Solo un par de tenues luces rojas alcanzaba para definir el perfil de Exsedol contra la oscuridad del pequeño espacio. El Zentran se mantenía erguido en el centro del compartimiento de transporte con los ojos cerrados, pero los abrió al escuchar la respuesta de Virya.
-¿Recuerdos? -Preguntó -Esa es una palabra que debería haber sido extinguida hace tiempo. Lo que gana batallas es la experiencia y el conocimiento que sobrepase las habilidades y conocimiento del enemigo que se quiere derrotar. Los recuerdos no sirven en una guerrera como usted Capitán.
-¿Las palabras se extinguen?
Ahora tanto Virya como el Consejero quedaron en silencio. Quien había hablado era la nueva recluta.
-Silencio de radio! -Grito la Capitán.
-No. -El tono de voz de Exsedol había cambiado. -No hay silencio de radio. Es una orden.
Virya apretó aún más los dientes, que crujieron con un sonido audible. El consejero tenía autoridad total sobre ella, estaba completamente a su merced.
-Es… una pregunta que nunca esperaría escuchar de un soldado. -Continuó imperturbable Exsedol. -Realmente encontró una recluta interesante Capitan. Ante el silencio de la Meltran, el Zentran siguió hablando. -Fui creado con el solo motivo de aconsejar a mis superiores y dispensar información sobre nuestra raza, es normal que ante una pregunta este más que dispuesto a responder… aunque reconozco que no es algo normal que ofrezca información a un simple piloto de combate, pero…. al fin y al cabo esta no es una misión normal tampoco.
Maya sentía el corazón acelerado, casi se había mordido la lengua al terminar su pregunta ¿Como se había atrevido a dirigir la palabra a alguien de rango tan alto como el Archivista Exsedol? y sin embargo ese Zentran se había mostrado tan receptivo con ella… era extraño.
-Las palabras son una de las tantas cosas que heredamos de nuestros creadores. -Habló el Consejero por la radio. -Nosotros los Zentradis fuimos creados hace medio millón de ciclos con un objetivo claro; destruir a nuestros enemigos.
El grupo había penetrado en el mismo centro de la flota. Ahora se encontraban entrando al perímetro defensivo de la Nave-Fortaleza de Dortrad-Jen. Un espacio libre de casi 500 kilómetros alrededor de la titánica nave donde estaba absolutamente prohibido que ningún Zentradi entrase, so pena de ser abatido en el acto, sin previo aviso.
Ni siquiera Virya había estado alguna vez cerca de esa nave. Solo los oficiales de más alto rango de la flota combinada podían reunirse en persona con Dortrad-Jen y solo en ocasiones excepcionales.
-Cada Zentran y Meltrán ha sido creado para cumplir una función específica en la maquinaria de guerra denominada Zentraedi. -Continuó hablando Exsedol. -Algunos son creados para el mando, otros, como yo, para asistir a los comandantes en sus decisiones tácticas. La mayoría, como ustedes, son creadas para combatir con sus propias manos a nuestros enemigos.
-¿Pero porqué se pierden las palabras? -Preguntó Virya.
-Porque el lenguaje es peligroso. -Afirmó el Zentran. -Y ciertas palabras es mejor que solo sean conocidas por unos pocos individuos.
-¿Peligroso?
-Es suficiente información por ahora, Capitana Virya. -Dijo el Archivista dando por cerrado el asunto. -Ciertos datos no deben ser conocidos por un simple guerrero.
-Entendido.
La nave-Fortaleza de Dortrad-Jen se erguía sobre ellos. La gigantesca nave de más de 600 kilómetros de envergadura representaba el mayor poder de fuego concentrado de todas las flotas combinadas bajo su mando. Su enorme cañon de energia podía vaporizar planetoides o diezmar la atmósfera de un planeta de un solo disparo, aunque su función estaba reservada para la destrucción de naves de su mismo tipo. Nadie en toda la flota, ni siquiera el propio Exsedol habían presenciado a tal monstruosa arma en acción.
El pequeño grupo pasó por debajo del enorme “ojo” que formaba la proa de la fortaleza y a la vez era la boca del cañón principal. Virya observó con curiosidad que el frente de la nave estaba plagado de cráteres.
-Esta nave es muy vieja. -Dijo Tyna
-Esos no son impactos de asteroides. -Observó Virya. -Son impactos de armas de energía.
En efecto, la mayoría de los cráteres tenía el mismo diámetro, lo que sólo podía ser el resultado de un bombardeo sistemático de un solo tipo de arma.
-Esta fortaleza tiene más de 200.000 ciclos en servicio activo. -Dijo el Archivista. -Dortrad-Jen es uno de los Almirantes más antiguos de la armada Zentradi.

Ahora que estaban más cerca podían apreciar verdaderamente las cicatrices de la antigua nave. Cada cráter media más de medio kilómetro de diámetro y muchos se superponian uno sobre otros. Las guerreras observaban el paisaje en silencio. Un cañon de energia era un clase de arma que destruye de un disparo cualquier cosa que alcanzara… para que solo dejase un cráter en el casco de esa cosa…era verdaderamente increíble.
Comenzaron a ver desperdicios y otros restos flotando alrededor de la fortaleza. También sintieron el evidente tirón gravitacional que la gigantesca nave ejercía sobre ellos.
-Tiene más masa de lo que aparenta. -Informó Melia. -Genera una atracción gravitatoria de un planetoide del doble de tamaño.
El escuadrón corrigió levemente el curso y entró en órbita alrededor de la fortaleza, pronto observaron una línea de luces que se extendía varios kilómetros por debajo de una de las “alas” de la fortaleza. Se dirigieron hacia allí, un verdadero puerto de atraque para los cruceros de batalla Clase Nupetiet-Vergnitzs, las naves insignia de los comandantes de la flota Dortrad-Jen y las naves más grandes de la armada Zentradi..
Entraron silenciosamente en el puerto de atraque y las enormes compuertas de casi un kilómetro de altura se cerraron tras ellos. La oscuridad era absoluta y solo se veia el resplandor de las turbinas de las naves. Pronto una fluorescencia verdosa comenzó a iluminar el espacio que transitaban. Observaron con asombro que no se trataba de luces, sinó que eran las mismas paredes que emitían el tenue resplandor, como si de una bioluminiscencia se tratase. El escenario que se les revelaba a su alrededor era intimidante: No parecía un hangar en absoluto, sino una especie de caverna. Las paredes estaban formadas por protuberancias y troncos ramificados y, ocasionalmente, paneles remachados cubiertos por gigantescas ramificaciones de la estructura biológica que cubría el interior y exterior de la nave. La mezcla de arquitectura y estructuras biológicas no mantenía ninguna clase de orden. Parecía que la nave intentara cubrir su estructura interna con elementos que crecían de todas partes.

Habían dejado atrás el gigantesco hangar y ahora transitaban por una vía de circulación de naves de aprovisionamiento de casi doscientos metros de ancho. Pronto las paredes a ambos lados de la ruta desaparecieron, reemplazadas por una enorme armazón de vigas que formaban el esqueleto de un túnel y se encontraron circulando por un pasillo suspendido entre un enorme espacio vacío, con vías similares que cruzaban el mismo espacio en todas direcciones, tanto arriba como debajo de ellos. A lo lejos, vislumbraron una enorme estructura roja que se erguía en el mismo centro de la nave, formada por dos enormes columnas que surgían desde el techo y piso de la nave, ensanchándose a medida que se unian, creando una gigantesca plataforma.
Parecía increíble que la fortaleza contuviese un espacio vacío tan enorme en su interior.
Abandonaron el túnel y se dirigieron directo hacia el corazón de la fortaleza. El lugar de residencia del mismo Dortrad-Jen.
El transporte se detuvo en una especie de muelle, aunque por la forma del mismo parecia mas una excreción de la estructura principal que de un objeto hecho por la tecnología Zentradi.
Exsedol descendió de la nave e inmediatamente indicó a las guerreras que aterricen. Virya dió la orden con un movimiento del brazo y en unos segundos todo el grupo había tomado tierra formando un círculo alrededor del Archivista.
-Debemos dejar las armaduras aquí. -Dijo Exsedol. -No se permite armamento en la cámara de Dortrad-Jen.
Virya abrió su armadura y saltó ágilmente. La gravedad era la normal en una nave Zentradi, pero se dejó el casco puesto. Las demás Meltrans la imitaron, siendo Maya la última en salir de su armadura.
Descubrieron que no eran los únicos invitados. Del otro lado de la columna que sostenia la plataforma había dos transportes similares al que habían escoltado. Dos escuadrones de armaduras vacías se encontraban agrupadas a cada lado de los transportes. Virya frunció el ceño al reconocer a quién pertenecía el grupo de Nousjadeul-Ger. También reconoció los Raus del otro grupo.
-¿Qué significa esto? -Preguntó Virya.
-Una operación conjunta. -Respondió el Archivista mientras subía a una pequeña plataforma circular que se acercó flotando cuando Exsedol bajó de la nave. En cuanto estuvo sobre ella, unas barandillas se desplegaron y rodearon al Zentran hasta la altura de la cintura. -Vamos. -Dijo.
Descendieron de la plataforma de atraque por una pequeña rampa en espiral, adentrándose aún más en el corazón de la fortaleza. El Archivista avanzaba flotando lentamente en su “transporte” personal mientras era seguido por Virya y el resto del escuadrón. Maya cerraba la marcha, mirando con curiosidad todo a su alrededor.
Tras una curva, llegaron a la cámara gigante en donde se encontraba el Almirante de la Flota Zentradi.
Dortrad-Jen no solo era el único residente de la fortaleza, era la fortaleza misma. Su cuerpo se elevaba casi a cien metros por sobre sus cabezas, aunque “cuerpo” era algo bastante genérico para describir el conjunto de estructuras, tanto mecánicas como biológicas, que emergian de las profundidades envueltas en tinieblas y se elevaban hasta encontrarse con la cabeza de Dortrad-Jen, suspendida del techo por enormes cables, tubos y apéndices robóticos.

Dos grupos de Zentradis aguardaban sobre una pequeña plataforma por debajo de la cabeza del Supremo Almirante. Eran dos escuadrones Meltran. Cada uno de ellos pertenecientes a las dos flotas restantes que, junto a la comandada por Kreegan, conformaban la Flota Combinada Dortrad-Jen.
Más de dos millones de naves en total y un ejército de soldados de infantería y pilotos que sobrepasaba los 5 millones de individuos listos para el combate.
El grupo penetró en la enorme caverna. Inmediatamente la enorme cabeza del Almirante se inclinó levemente para contemplarlos.
-Archivista Exsedol. -Dijo con una profunda voz que resonó en toda la cámara. -Estamos listos.
Exsedol se detuvo e inclinó la cabeza. En ese momento Virya y las demás guerreras advirtieron la presencia de otros dos “Archivistas”, cada uno a la cabeza de un grupo de guerreros. Debían ser Archivistas, o al menos eran bastante parecidos, aunque eran algo más grandes que Exsedol, las protuberancias en sus cabezas eran similares, solamente que de un color verde algo más intensos. Al parecer Exsedol era el más antiguo de los tres.

Exsedol dió unos pasos al frente y vieron como una serie de resplandores iluminaban parte del enorme cuerpo de Dortrad-Jen, de entre las protuberancias y tubos que formaban su cuerpo se extendió un tentáculo formado por una multitud de fibras, tendones y músculos que en un instante y en forma zigzagueante, recorrió la distancia que lo separaba de Exsedol. La extremidad se conectó de alguna forma con el broche de la capa del Archivista y una enorme pantalla holografica de casi trescientos metros de alto se proyectó en lo alto de la cámara.
-Observen. -Dijo el Almirante a la vez que todos los presentes levantaron las cabezas y miraban hacia la pantalla.
El corazón de Virya se aceleró de pronto.
30 por Gerli
Cinthya abrazaba al pequeño robot mientras miraba nerviosamente a cada lado de la cabina. No había vuelto a escuchar la misteriosa música, pero la empecinación de Jim por seguir adentrándose más en la tétrica nave estaba empezando a mellar sus nervios.
Habían continuado recorriendo el pasillo en donde habían encontrado el Drone. Cinthya carecía de los conocimientos de Jim en cuanto al tamaño y forma de esas naves, asi que ignoraba por completo en que parte se encontraban ni que tan cerca estarian de una escotilla que saliese al espacio.
Jim había mantenido su caza en forma robot y se detenía a intervalos regulares para examinar los diferentes pasillos que se desviaban de la vía principal.
Finalmente Cinthya no pudo aguantar más el silencio.
-¿Que estamos buscando exactamente, Jim? -Preguntó
-Ya te lo dije, un arma… o específicamente un Rifle.
-¿Y porqué simplemente no tomás uno de esos? -Dijo la joven señalando uno de las miles de armas que habían visto flotando alrededor de los cadáveres. Muchas de ellas todavia llevaban el puño de su antiguo dueño cerrado alrededor de su empuñadura.
Jim no respondió, pero Cinthya vió como en el cristal de la cabina un pequeño cuadrado apareció y enmarcó una de las armas que flotaban frente al caza, de pronto el robot extendió el brazo y tomó el arma, colocandose automáticamente en posición de disparo. Jim apretó el gatillo y Cinthya se tapó los oídos. (Y al golpearse el casco con las manos se sintió mas idiota todavía)
Nada sucedió, solo se escuchaba el chasquido del gatillo que presionaba repetidamente Jim.
-¿Ves? -Dijo. -Estas no sirven.
-Pero… -Dijo la joven -¿No me habías dicho que el armamento Zentradi podía usarse sin importar el tiempo que pasase?
-Los misiles son una cosa, las armas de energía son muy susceptibles de la radiación de Neutrones.
-¿Eh?
Jim suspiró e hizo que el robot dejase la inútil arma, que se alejó flotando por el pasillo por donde habían venido. -Las armas de la infanteria Zentradi son de energia. Usan una especie de batería como fuente de poder y munición.
-Entiendo.
-Esa bateria, como casi todos los aparatos electrónicos, pierden efectividad si son sujetas a un bombardeo de radiación de neutrones por tiempo prolongado. En realidad casi todos los materiales son susceptibles, hasta el metal se desintegra con el tiempo. Pero el efecto en los aparatos es mucho más acelerado.
Cinthya no necesitaba más explicaciones. Se había pasado toda la mañana y parte de la tarde registrando lecturas enormes de radiación de neutrinos provenientes del centro de la anomalía. Eran condiciones extremas donde las protecciones y blindajes de las naves y trajes espaciales apenas garantizaban una mínima barrera a las peligrosas radiaciones.
-¿Entonces? -Pregunto.
-Estoy buscando un rifle Zentradi, uno que usa la infantería contra las armaduras de combate. Es mucho más grande que los rifles tradicionales y usa alimentación externa.
-¿Alimentación externa? -Preguntó confundida la joven. -¿Osea que lo tenes que enchufar en algun lado?
Jim se rió con ganas. -Algo por el estilo. -Dijo poniendose serio nuevamente. -El problema es que debemos encontrar un depósito de armas en algún lugar profundo de esta nave, de modo que haya estado aislado lo más posible de las radiaciones del exterior.
-Comprendo. -Dijo la joven. -Conoces mucho sobre estas cosas Jim.
-Ni que lo digas. ¿Conoces el juego de las Escondidas?
-¿Eh? -La joven dudó un momento pensando en que clase de pregunta era esa. -¿Las Escondidas? Si claro que conozco ese juego. ¿Porque lo preguntas?

El pasillo se interrumpió delante de ellos, había colapsado sobre si mismo, probablemente aplastado por alguna otra sección de la nave durante el colosal choque. Jim retrocedió un poco y probó una de las compuertas laterales, varias estaban deformadas por el impacto, pero una de ellas parecía estar intacta. Jim usó la interfaz de rastreo de su casco y designó a la puerta como objetivo, dejando que la computadora colocase a la nave en la mejor posición para abrir la puerta. La base de datos del caza reconoció inmediatamente la puerta y el sistema manual para abrirla, por lo que se plantó firmemente en el piso del pasillo usando los anclajes magnéticos de las toberas, de modo que pudiera realizar el pesado esfuerzo en gravedad cero. El robot abrió la escotilla con facilidad y Jim recobró el control, entrando lentamente a la habitación.

-Hay una prueba que todo piloto de combate debe superar para poder ingresar a los cuerpos especiales. -Dijo Jim mientras hacía avanzar el robot por entre los diferentes obstáculos que flotaban en el camarote. lo que parecían ser camas, armarios o su equivalente Zentradi, tambien habia recipientes sellados y trajes, la mayoría muy degradados por la radiación. -En la jerga militar se la conoce como la prueba de la “Escondida”.
-Nunca escuche hablar de semejante cosa. -Dijo Cinthya.
-Es una prueba de supervivencia muy dura, solo unos pocos pasan la prueba cada año, incluso hay años donde nadie la pasa. Creo que el porcentaje de éxito ronda apenas el 6 o 7 por ciento. -Explicó el Teniente mientras agachaba el robot para pasar por debajo de unas vigas dobladas. Del otro lado observaron perplejos el lugar donde debería haber estado la pared del fondo del camarote. Un enorme espacio vacío se abría ante ellos, revelando más destrucción y restos de otra nave ingresando en el casco de la nave en la que se encontraban.

-Mierda. -Dijo Jim. -Esto no tiene ni pies ni cabeza, ya ni sé en qué nave estamos.
Descendieron lentamente por el agujero, pasando a través de diferentes cubiertas como si una parte de la nave hubiese sido cortada con un cuchillo caliente. Aterrizaron en un pasillo que había perdido parte del techo y continuaron en lo que Jim estimaba que era la dirección que los alejaba del hangar y los acercaría a la zona de infantería, donde almacenaban el equipo de asalto y armas especiales.
-Pero tu la pasaste. La prueba digo.
-Si, y era en algo parecido a esto, pero a menor escala.
-¿Parecido? -Preguntó Cinthya.
-La prueba consiste en un reconocimiento de un campo de batalla Zentradi abandonado. mucho mas pequeño que este claro. Lo que al principio parece una misión de rutina se vuelve muy pronto una pesadilla. -Dijo Jim mientras se detenia frente a un panel desgarrado de una de las paredes para echar un vistazo a lo que había del otro lado. -El director de la misión ha programado el armamento equipado en tu nave para que falle al entrar a la zona y de pronto te das cuenta que estas completamente indefenso.
Cinthya escuchaba con atención el relato del piloto y mantenía abrazado al pequeño Drone con fuerza.
-Entonces de pronto se corta toda comunicación con el mando de la misión y quedas solo en medio de los desechos.
-¿Y entonces?
-Entonces, de la nada, aparecen tres “Ghosts”
-¿Fantasmas? -Preguntó incrédula Cinthya traduciendo la palabra del Inglés.
-Los Ghosts son drones de combate, como el que estas abrazando ahora, pero más grandes y armados con lásers y misiles. Máquinas de combate autónomas. IA’s de guerra.
La nave de Jim siguió avanzando pero ahora el pasillo ascendia levemente y la cantidad de desperdicios y cadáveres había aumentado considerablemente. Prácticamente avanzaban entre los restos como un niño en uno de esas piscinas llenas de pelotas de colores, empujando y avanzando con dificultad, tratando de esquivar los escombros más grandes.
Cinthya esperó pacientemente a que el piloto continuara la historia. Jim piloteaba con total concentración y parecía haberse olvidado que estaba contandola.
-El asunto es que, en teoría, uno no está preparado para eso. -Dijo de pronto reanudando el relato. -Los Ghosts se despliegan por toda la zona y empiezan a “cazar” al cadete, sin advertencias, nada. En un instante te localizan y los tres atacan al unísono. Rapido y brutal.
-Algo me dice que no estabas desprevenido cuando llevastes a cabo esa misión ¿O me equivoco?

Jim sonrió mientras rodeaba un enorme contenedor de municiones. Habían llegado al fin del pasillo y ahora entraban en un gran depósito. Al parecer estaban en la santabárbara de la nave, las paredes estaban reforzadas con paneles mucho más gruesos que otros camarotes y enormes cajas de metal y contenedores yacian desparramados por todo el lugar. Algunos estaban aún sujetos contra las paredes y muchos de ellos estaban intactos y sellados.
-Bingo. -Exclamó Jim mientras se acercaba a las cajas de armamento.
Cinthya observó como la visualización de la cabina cambiaba y adquiria un color más “normal”. Varios indicadores de blancos aparecieron en varias cajas por delante de ellos y la computadora de abordo comenzó a cotejar la información que las cámaras captaban para identificar los contenedores y su contenido.
-La “Escondida” es una misión secreta. Está diseñada para probar a los cadetes que solicitan el ingreso al curso de Operaciones Especiales… algo así como un examen sorpresa.
-Y vos ya sabías de antemano de que se trataba.
-Si, un piloto de combate que conocí en la Colonia Barnard me lo contó una vez. Luego fué cuestión de investigar un poco. Si me hubiesen descubierto en la Academia mientras revisaba la información clasificada era cantado que me expulsarian. Por suerte utilisé canales de información poco “ortodoxos” para recabar la información.
-¿Poco ortodoxos?
-Foros de discusión en La Red… no, no de los públicos. -Aclaró apresuradamente Jim. -Me refiero a sitios ocultos a la vista del público general.
-Frikis de lo militar y todo eso ¿No?
-Si, esa clase de lugares. -Reconoció el joven piloto. -La mayoría de las leyendas urbanas que circulan en torno al Gobierno Unificado y sus milicias son exageraciones, pero de vez en cuando algunas “puntas” de información son verídicas. Fue solo cuestión de atar cabos.
El robot se detuvo frente a una estructura tubular que mantenía media docena de contenedores metálicos bien sujetos a una de las paredes. Jim decidió probar primero con estos ya que abrir los que estaban flotando en gravedad cero suponía una dificultad extra para la nave.
-Empecemos por estos. -Dijo.
El VF-17 plantó sus pies en el piso y quedó sujeto magnéticamente para poder ejercer presión en las cajas. El robot extendió los brazos y mientras sujetaba la caja contra la pared, con la otra mano accionó el mecanismo de apertura. Una serie de partículas brillantes flotó alrededor de la caja mientras Jim la abría y examinaba su contenido.
-Nop. -Dijo. -Siguiente.

Revisaron una a una las cajas de ese lado del depósito. En todas encontraron munición y rifles de infantería Zentradi, pero no había señales del rifle que estaba buscando Jim.
-Probemos del otro lado. -Dijo Cinthya.
Avanzaron por entre la chatarra hasta el lado opuesto del hangar. En este sector las paredes estaban combadas hacia adentro, pero habían resistido la explosión y como consecuencia de ello,muchos de los estantes que sostenian las cajas en su lugar habían caído contra el piso, no obstante algunos contenedores aún permanecían fijos entre los tubos retorcidos. Jim comenzó a examinar esos primero.
-¿Como pasastes la misión? -Preguntó Cinthya.
-Había dos posibles soluciones al problema. -Dijo Jim. -O evitaba a los Ghosts y escapaba del Campo de batalla o intentaba destruirlos uno a uno.
-Me imagino que no huistes. ¿No?
-Era la peor solución. -Dijo el piloto mientras observaba el interior de una caja y meneaba la cabeza. -Los Ghosts tienen dos ventajas enormes con respecto a los VF-11 que usabamos en la Academia. Son mucho más veloces y maniobrables, así que ni siquiera usando “Boosts” o “Fast Packs” puede uno escapar de ellos.
-Entonces optaste por destruirlos.
Jim asintió con la cabeza. -Era la solución con mejores probabilidades de éxito, pero para eso tuve que burlar a la IA.. ¡Mira! ¡Ahi hay uno! -Exclamó con alegría.
La caja que habían abierto en ese momento contenía un rifle de gran tamaño, era casi el doble de grande que la mayoría de las armas que flotaban junto a los cadáveres por toda la nave y por eso parecía estar almacenado en dos partes separadas.
-¿Qué es eso? -Preguntó la joven.
-Es un rifle pesado. Lo usan las tropas de infantería Zentradis cuando se enfrentan contra armaduras de combate.
El arma era extraña, parecía más una nave espacial en miniatura que un arma de infantería. Tenía una extraña forma cónica, que se iba segmentando en pequeñas aletas a medida que se ensanchaba hasta llegar a la empuñadura. El robot de Jim sacó el rifle de la caja e inmediatamente procedió a conectar las partes, que se encastraron a la perfección.
-Parece estar en excelente condición. -Dijo el Teniente. -Vamos a conectarlo.
El VF-17 se puso en posición de disparo y Cinthya vió con asombro como un pequeño panel se abría en el brazo derecho del robot y un cable grueso con un extraño conector en un extremo se extendía como si de una serpiente se tratase. El cable se conectó con la parte posterior del arma y vieron como una serie de pequeñas luces rojas se encendieron a lo largo del cañón y al costado del rifle.
-Excelente. Dijo Jim, ahora veamos la munición.
La munición se encontraba almacenada debajo de donde encontraron el rifle. Jim extrajo unos cinco cargadores y los examinó con cuidado. Al cabo de unos momentos descartó cuatro e insertó uno de ellos en la base del arma. Las luces rojas a los costados del cañón cambiaron a verde.
-No tenemos lugar en el VF-17 para llevar este tipo de cargadores. -Dijo el piloto. -Pero con uno de estos tenemos diez disparos asegurados.
-Espero qe no tengas que usarlos. -Dijo Cinthya mirando nerviosamente alrededor.
Jim avanzó por el hangar hacia la salida mientras el robot cambiaba de postura y colocaba el rifle recién adquirido en una posición de descanso, apuntando hacia arriba apoyado contra el “pecho” del mismo.
Salieron del depósito de municiones y avanzaron por el pasillo, tarea algo más difícil ahora que los escombros y desechos habían sido perturbados por el paso de la nave. Todo el pasillo frente a ellos mostraba objetos moviéndose, colisionando entre ellos o rebotando contra las paredes.
-¿Como engañastes a la IA, Jim? -Pregunto Cinthya mirando hacia su compañero para evitar ver todo el caos de se desarrollaba a su alrededor.
-Investigando en la red descubrí que las IA’s habían sido desprovistas de muchos de los circuitos de razonamiento y conciencia que se habían implementado en el Consorcio Macross hasta el año 2040. Las IA’s que se utilizan en la actualidad usan un principio de “razonamiento” basado en la identificación y comparación con una enorme base de datos. En base a categorización y “Etiquetado” de objetos y situaciones se establece la acción a realizar, pero todo está basado en entradas predeterminadas, no existe un razonamiento en tiempo real, si existe la predicción de acciones, pero ante lo desconocido, la IA solo elige las opciones más similares dentro de una serie finita de opciones.
-Entonces… -Dijo pensativa Cinthya. -Presentastes situaciones inesperadas a la IA para que tomara decisiones equivocadas.
-Si. -Dijo Jim mientras llegaban al sector del pasillo donde el techo había sido barrido por la colisión entre la otra nave Zentradi. -Algo así
Flotaron hacia arriba siguiendo el mismo camino que habían tomado al principio, pero Jim pasó de largo la cubierta por la que habían pasado la primera vez y se encaminó en cambio siguiendo el espacio abierto más cercano en el punto donde los cascos de las diferentes naves habían quedado incrustados uno dentro del otro.
-Busquemos la salida más directa al espacio.
Avanzaron con cuidado por entre las enormes vigas estructurales y paneles del casco. Querían encontrar alguna abertura que los llevara al campo sin tener que volver a recorrer todo el camino nuevamente.
-¿Y como creastes esas situaciones inesperadas? -Preguntó la joven.
-Me camuflé… o mejor dicho, adopté formas que los VF-11 nunca podrían adoptar.
-¿Como? -Preguntó intrigada Cinthya
-Las IA’s conocen la forma del VF-11, también conocen los patrones de transformación, las emisiones que sus motores emiten y su forma de volar. Simplemente apagar los motores y quedarse quieto flotando no servía para camuflarse; en cuanto un Ghost reconociera el perfil del VF, dispararia de inmediato. -Explicó el piloto.
El robot avanzaba ahora por un estrecho pasaje formado por vigas que habían sido dobladas como pajitas de refresco por el tremendo impacto. Jim incluso tuvo que transformarse a modo caza para pasar por una estrecha abertura, pasando primero el rifle por la misma y luego recuperandolo en modo robot del otro lado.
Ambos pilotos tenían los visores configurados en visión nocturna, por eso no notaron que la nave en donde se encontraban ya no poseía el distintivo tono verde de las naves Zentradi, sino que era de un tono azulado.
-¿Te disfrazaste? -preguntó divertida la joven.
-Jajaja si… fué una de las cosas que teorizé que podían funcionar. Adopté la forma de bolita en modo robot, tambien use la cabina de un Regult como sombrero. -Dijo mientras se reía recordando el episodio. -En fin. -Dijo sofocando la risa. -Fueron las cinco horas más intensas de mi vida. Esperé pacientemente a que los tres Drones se dispersaran por el campo para para abarcar mas terreno, entonces atraje al primer Ghost hacia los restos de una nave similar a esta y me escondí dentro de un pedazo de armadura de Q-Rau. Cuando el Ghost se acercó a investigar la chatarra que había puesto en movimiento lo atravesé con la bayoneta de mi rifle. Luego permanecí oculto mientras los dos Drones restantes peinaban la zona buscándome. Pasé un par de horas flotando hasta que se le alejaron y permanecí quieto esperando que algun arma Zentradi pasara flotando cerca mio, al cabo de un rato un rifle Zentradi estuvo al alcance de mi mano, lo tomé y pude posicionarme entre los restos en forma más ventajosa. Derribe al segundo Ghost en cuanto pasó a cincuenta metros del escondite y escapé por los pelos a una rafaga de misiles sin carga que me lanzó el que quedaba. El final fue mucho menos emocionante, esperé al sobreviviente entre la chatarra a que pasara cerca y le descargué una rafaga del rifle a quemarropa. Fin.
Esa noche al volver a la base vi en la computadora del Campus que en la tabla de posiciones donde se calificaba el rendimiento de los pilotos en entrenamiento había doblado en cantidad de puntos al puntaje del compañero que me precedía. Tenía un lugar asegurado en un escuadrón de operaciones Especiales… o eso creía entonces. -Dijo Jim encogiéndose de hombros. Mirá, llegamos. -Dijo de pronto.
Estaban entre dos enormes estructuras rectangulares, algo inclinadas hacia adentro y podían ver algunas estrellas entre todos los fragmentos que flotaban a su alrededor. Finalmente habían salido de los restos.
-¿Alguna idea de hacia que dirección estan Ralph y los demás? -Preguntó Cinthya mirando de un lado a otro.
-En un segundo me ocupo de eso, primero dejame probar algo.
para el asombro de Cinthya, el robot extendió el rifle y se puso en posición de disparo.
-Jim…. -Articuló lentamente Cinthya. -Ralph dijo que….
-Necesito saber si este trasto anda Cin, es solo un disparo de prueba.
No hubo ningún sonido en la cabina, salvo el “click” del gatillo del mando de Jim. Un intenso rayo verde salió del cañón del arma y se perdió entre los desechos del campo.
-Excelente. -Dijo Jim mirando el cañon del arma, que había adquirido un tono rojizo por el tremendo calor generado por el disparo.
-Jim…
Algo en el tono de la voz de Cinthya hizo sentir escalofríos a Jim, instintivamente dió vuelta la nave y apuntó el arma hacia la dirección en la que habían venido. Lo que vió le heló aun más la sangre.
Las enormes paredes a ambos lados estaban brillando con un intenso color naranja, descargas de energía formaban rayos a lo largo de toda la estructura y empezaban a concentrarse en el centro, el mismo espacio parecía temblar como si una enorme lente tratara de hacer foco sobre ellos.
-¡Mierda! ¡Mierda! ¡MIERDA! -Gritó Jim mientras soltaba el rifle y pasaba a modalidad caza un una fracción de segundo, a la vez que aceleraba al máximo sus motores.
31 por Gerli
-Una hora y media.
Hal acababa de abandonar el puesto de control del Drone y había vuelto a su silla frente a los controles de mando del transporte.
-Hay que llamar a Amanda. -Dijo el copiloto.
Ralph no respondió, permanecia quieto y en silencio contemplando las gigantescas ruinas en donde habían desaparecido el militar y la inspectora.
Había estado así por más de media hora.
-Yo lo dije, era una mala idea….
-Cállate Nix, ya sabíamos que era una mala idea desde el principio. -Exclamó Hal cruzándose de brazos. -Maldita sea la puta suerte que tenemos.
Permanecieron en silencio observando las ruinas sin otra mas que hacer. Unos pequeños zumbidos en el equipo de comunicación quebraron la atmósfera de silencio absoluto.
-¿Que pasa? -Dijo Ralph saliendo de su mutismo.
-Son “Pings” de la Rainbow, Amanda ya debe estar nerviosa por la demora.
-No la culpo. -Dijo Nix. -Va a tener motivos para ponerse aún más nerviosa en cuanto se entere el por qué nos demoramos.
-Las comunicaciones están a un 75% -Dijo Hal. -Podrían llamarnos en cualquier momento.
Los pilotos comenzaron a revisar los sistemas para matar el tiempo. La espera estaba poniendo bastante nerviosos a los miembros del equipo. Ralph sabía que la decisión final recaeria en él, pero no quería enfrentar las consecuencias de un fracaso, no a costa de la vida de dos personas que estaban a su cargo, por mucha responsabilidad que se atribuyese ese soldado.
Además… y tal vez esa era la razón más importante, había vuelto a escuchar el piano de Matt.

Cómo y cuándo había comenzado, Ralph no lo recordaba. Al principio pensó que podían ser juegos de su mente, espejismos del espacio o simplemente stress, pero con el correr del tiempo había comenzado a comprender la relación entre la música de Matt y los sucesos extraordinarios que ocurrian en la Colonia.
Sobre la música y su increíble papel en la supervivencia de la raza humana, no había duda al respecto. Era parte de la leyenda misma de Minmay y los héroes de la primera gran aventura espacial de la humanidad. Pero lo que Evans estaba investigando junto a Matt era de una índole completamente diferente a lo que Ralph conocía como el “poder” de la música.

Escuchar música de piano en medio del espacio, sin la ayuda de ningún tipo de sistema de comunicación y estando el pianista a más de mil kilómetros de distancia era algo que Ralph no estaba dispuesto a traer a discusión con sus “Jefes” de la Rainbow.
Ya bastante mala fama tenian los humanos sometidos al proceso de agigantamiento con respecto a las enfermedades mentales y los ataques de violencia como para andar causando preocupación entre sus amigos y vecinos.

En todo caso, había convivido con ese secreto varios años ya ¿Escucharian los demás lo mismo? ¿Estarían también los demás fingiendo no escuchar la música para no despertar sospechas entre ellos? ¿Sería una retorcida prueba de Amanda para controlarlo bajo presión? Ralph trató varias veces de averiguar en forma indirecta si era el único de la Colonia con esa “habilidad especial” pero hasta el momento no había escuchado de nadie en la Colonia que sufriera el mismo “problema”.

Entonces Evans había hablado con el resto de la Colonia sobre la investigación con Matt y Ralph respiró aliviado. Si realmente existía una conexión entre el plano dimensional FOLD y la transmisión de energía del canto o la música, al menos el misterio estaba resuelto. Sus modificados genes humanos manipulados con la OverTechnolgy Zentradi podian ser mas receptivos a la música y todo se aclararia.
Pero la música de Matt no solo tenía la capacidad de ignorar las barreras del espacio Newtoniano y trascender la propia dimensión. Había un efecto real y medible.
Evans lo habia mencionado como una curiosidad, pero fue el propio Ralph quien por accidente observó como las canciones de Fire Bomber, interpretadas en el piano por Matt, afectaban el crecimiento de las plantas de su cubierta privada.
Ralph era el trabajador mejor pagado de toda la Rainbow, lo que era lógico teniendo en cuenta lo que costaba alimentar y vestir a un gigante de más de diez metros de altura. A lo largo de toda la expansión de la colonización humana la mano de obra Zentradi era muy apreciada por los contratistas humanos. Fuertes, incansables, resistentes… un Zentradi provisto de una pala acorde a su tamaño podía allanar por si solo una pequeña colina en una sola tarde. Incluso, a pesar de su tamaño, comían aproximadamente la mitad de la comida que necesitaría un cuerpo humano de semejante tamaño.
Si bien la vida en la Rainbow era muy costosa, Ralph podía darse unos cuantos lujos. Uno de ellos era el de alquilar a la Fundación Unity (Quienes explotaban el yacimiento del Campo y administraban la Colonia Rainbow) una cubierta completa ubicada unos bloques más allá de la zona colonial. La Three Star estaba llena de cubiertas vacías, talleres, depósitos y enormes almacenes que en la actualidad estaban en desuso y sellados para el resto de los colonos. Ralph adaptó su cubierta de forma que pudiese disponer de un espacio adaptado a su tamaño.
Y lo había llenado de todo tipo de plantas.
El descubrimiento de las propiedades de la música de Matt lo alentaron a llenar su pequeño paraíso verde de cientos de plantas, arbustos, helechos, hasta algunos árboles frutales. Cada vez que Matt practicaba en el salón de actos, la música era registrada por un pequeño micrófono que Will había instalado sobre el piano y era transmitida a lo largo de varios parlantes alrededor del “jardín” de Ralph.
Las plantas reaccionaban a la música, crecian el doble de rápido y comenzaron a florecer incluso fuera de las temporadas estacionales a las que estaba condicionada la Rainbow.
El éxito motivó la inventiva de Ralph y el segundo paso fué su proyecto más ambicioso: Cultivar su propia cebada para hacer cerveza.
Ralph amaba la cerveza y lamentaba que su enorme cuerpo no tolerara demasiada bebida (Los estomagos Zentradis eran relativamente pequeños) además del exorbitante precio que debía pagar para que la Rio Grande trajera barriles de casi quinientos litros de Cerveza que Ralph vaciaba de dos tragos.
Con ayuda de sus compañeros de trabajo y de varios amantes de la cerveza de la Colonia, Ralph convirtió un par de enormes tanques de acero de más de tres mil litros en cultivadores hidropónicos de gravedad cero. Para su asombro y satisfacción, pronto advirtió que las canciones de Matt también afectaban el crecimiento y la reproducción de los fermentos de levadura, acelerando la fermentación de la cebada a la vez que multiplicaba la producción del dorado líquido, lo que despertó la admiración y gratitud de toda la Colonia (Y un suculento bonus en la asignación mensual que Amanda le daba a los chicos mayores).

A Ralph no le gustaba para nada depender tanto del muchacho, a fin de cuentas todo ese asunto de las plantas y su hobby había sido un descubrimiento accidental. Lo que lo ponía nervioso era el otro aspecto de la habilidad de Matt, la que él pensaba que interactuaba con su mente.
Porque cada vez que escuchaba el piano de Matt, sin importar que tan alejado estaba de la Colonia, sentía que cambiaba algo en su interior.
Si ese cambio era para mejor o para peor, Ralph lo ignoraba. Simplemente había aprendido a convivir con él, con la esperanza de que tal vez fuera parte de algo mayor, de un cambio significativo en su vida. ¿Podía la música cambiar el universo? ¿Poner fin de una buena vez a toda guerra y conflicto y unificar a todos los hijos de la Protocultura en un tiempo de Paz y prosperidad? Romanticismo barato, eso era lo que seguramente era…. y sin embargo el cambio se habia llevado a cabo, lenta pero inexorablemente.

Ralph se concentró. ¿Que había notado de diferente en la música de Matt hace unos momentos? La preocupación por Cinthya y su compañero lo habían distraido en ese momento, pero ahora volvía a recordarlo con intensidad. Había algo diferente en esa experiencia. Cerró los ojos y trató de rememorar la música de experiencias anteriores. ¿Que era lo diferente? Su cuerpo resonando con la música, creando una especie de eco que se fusionaba con la melodía…. eso era lo diferente. Ralph abrió los ojos de pronto. Habia notado que la música lo atravesaba, como si él no existiera.
La música estaba dirigida a otro sitio.
-Mierda. -Dijo Nix por la radio.
-¿Que pasa? -Preguntó Ralph volviendo a la realidad.
-La Rainbow acaba de encender toda la red de satélites de rastreo en modo activo.
-Amanda está buscando algo. -Dijo Hal mientras enviaba la señal del radar al casco de Ralph para compartir los datos. -¿Sabrá algo de esos dos ahí adentro?
-No lo creo. -Dijo Ralph girando su cabeza en dirección a la Rainbow. La Colonia no era visible desde ahi, pero todos sabían donde estaba instintivamente. -Creo que es algo que no tiene nada que ver con nosotros.
-Puede ser la Río Grande. -Hal dió una patada a la parte inferior de la consola y su asiento comenzó a girar mientras el operario pasaba los brazos por detrás del casco y se recostaba un poco. -Esta mañana Tass avisó que iban a llegar en algún momento por la tarde.
-Es posible. -Dijo Nix. -Con la actividad del Campo en estas últimas horas, no me sorprenderia que hayan salido en cualquier parte menos en la zona de DEFOLD de siempre.

Una pequeña pantalla ubicada sobre el panel de control del transporte mostraba un reloj digital con la hora de la Colonia. En el mismo instante en que el reloj daba las 19 horas, Ralph tomó su decisión.
-Voy a entrar a buscarlos. -Dijo
Nadie del transporte dijo nada. Ralph era el líder de la expedición al fin y al cabo, pero todos sabían las implicancias de romper una de las principales reglas del trabajo en el Campo.
El gigante comenzó a quitarse la enorme mochila que cargaba y la dejó sujeta magnéticamente a un costado del transporte. Solamente llevó una enorme pinza por si debiera cortar o doblar alguna viga o panel en caso de emergencia.
-¿Que vas a hacer? -Preguntó nervioso Nix.
-Solo voy a golpear el casco cerca del hangar con esto. -Dijo levantando la enorme herramienta. -Si contestan a los golpes sabré si estan bien, si no contestan….
-¡Mira!
-Ralph se dió vuelta lo más rápido que pudo al escuchar el grito de Hal. Por sobre las ruinas de las naves entrechocadas, un haz de luz verde se elevó durante un centenar de metros y se desvaneció entre los restos y escombros.
-¿Pero que mierda…?
-¿Eso fué un disparo? -Dijo atónito Nix.
El equipo de Recolectores quedó paralizado en el lugar, Ralph fué el primero en reaccionar.
-Llamen a Amanda, declaren situación de emerg-
No pudo terminar la frase, en ese instante quedaron momentáneamente cegados por una luz naranja incandescente. Los visores en los cascos se desplegaron automáticamente para proteger a los operarios del tremendo resplandor, pero durante unos segundos estuvieron prácticamente ciegos.
-Ralph, qué mierda está pasando! -Grito Nix mientras colocaba sus manos sobre los controles de la nave y encendía los motores
-¡Salgan! ¡Rapido! -Gritó el gigante mientras aceleraba al máximo los propulsores de su traje y de un manotazo se sujetaba del fuselaje del transporte.
Había rayos de energía y descargas que serpenteaban por todo el amasijo de ruinas. Los rayos naranjas saltaban por entre los pedazos metálicos como si de una enorme telaraña se tratase. Por una fracción de segundo se hizo el silencio total y pareció que todo se extinguía, pero de pronto las ruinas de las tres naves se abrieron como una monstruosa flor de chatarra y de entre los “pétalos” retorcidos un enorme rayo de luz rojiza se extendió hacia el exterior del campo, vaporizando al instante todo lo que había a su paso.

La enorme ola de choque aplastó a Ralph contra la nave. Dejando una tremenda abolladura en el casco de la misma. Ambos, nave y gigante, fueron arrastrado entre millones de fragmentos hacia el exterior del campo. Lo que siguió fueron minutos de confusión y espanto. Estaban en medio de una lluvia de fragmentos que chocaban entre sí sin cesar. Ralph vió que se estaban acercando a un enorme pedazo de casco, tal vez era el mismo en que habían almorzado unas horas antes. Con toda la fuerza que le quedaba logró abrazar la nave y girarla con la fuerza de sus propulsores vectoriales a la vez que activaba el anclaje magnético de su espalda, justo a tiempo. El cuerpo de Ralph amortiguó la colisión entre la nave y el enorme muro de metal. El golpe fue tremendo para el gigante que aulló de dolor, pero no perdió el sentido.
-¡Ralph! ¡Ralph! -gritaban impotentes desde el transporte.
-Estoy bien. -Jadeó el gigante levantando el puño.
La enorme pared de hierro había empezado a girar lentamente a causa del golpe, pero por suerte los estaba protegiendo de la incesante lluvia de fragmentos que amenazaba con perforarlos como los perdigones de una escopeta.
-¡Rainbow, aqui Recolectores, EMERGENCIA! ¡EMERGENCIA! -Gritaba Hal por la radio inútilmente.
-Dios mio que carajo pas-
Un tremendo golpe sacudió la nave y Ralph gimió de dolor.
-¿Y AHORA QUÉ? -Gritó Hal fuera de si enfocando la pantalla trasera del transporte para examinar que los había golpeado. Descubrió con horror que algo tapaba la lente de la cámara.
-¡Ralph! ¿Estas bien? -Gritó Nix pegandose contra el vidrio de la cabina lo mejor que le permitía el casco espacial.
Ambos pilotos quedaron paralizados al escuchar al gigante ¡Se estaba riendo!
-Ralph que mierd….
-Hola. -Se escuchó una voz femenina con mucha interferencia por los parlantes del transporte.
Se sintió un sacudón y los azorados tripulantes vieron como un enorme robot azul oscuro pasaba por encima de ellos luego de rebotar contra la popa de la nave. Ralph estiró el brazo que tenía libre y agarró una de las piernas del VF de Jim.
-Te tengo. -Dijo el gigante forzando una sonrisa.
Cinthya y Jim se dejaron caer exhaustos sobre sus asientos. Respiraban agitadamente y temblaban de miedo.
La nave de transporte, el VF de Jim y el gigante Ralph permanecieron enredados y aplastados contra el enorme pedazo de nave en ruinas girando en medio de un pandemonio de basura. Estaban demasiado cansados y aterrados para decir palabra.
La alarma del canal de emergencia de la Rainbow fué la que quebró el silencio.
-¡Recolectores aquí Control Rainbow, respondan! ¡Recolectores!
Era la voz de Amanda que llamaba a los gritos. Hal y Nix respiraron aliviados, el disparo no había alcanzado a la Colonia.
-Estamos bien. -Dijo Ralph ya un poco recuperado del golpe. -Todos.
El silencio de la comunicación les indicó que Amanda había contenido la respiración por demasiado tiempo y que ahora estaba expulsando el aire aliviada.
-¿Me pueden explicar que mierda pasó ahí afuera?
El grupo permaneció en silencio pero era evidente que Hal, Nix y Ralph estaban echando ojeadas al robot cabeza abajo de Jim.
-Ok, no importa. -Dijo Amanda más calmada. -Retornen inmed-
Un grito interrumpió la comunicación de Amanda. Hal tenía los ojos abiertos y señalaba con el dedo un punto a través del cristal de la cabina.
-!A-Ahí! -Exclamó en medio de tartamudeos. -U-un irregular!
Lo que señalaba con el dedo tembloroso era una armadura Meltrandi que flotaba a unas pocas decenas de metros de ellos.
Un Queadlunn color rojo sangre.
32 por Gerli
-¿Que mierda es esa alarma? -Preguntó Mike
Gray miró preocupado la pantalla. El radar dimensional le informaba que se había detectado algo anormal en el campo de espacio dimensional FOLD cercano. No podía ser la anomalía, los pronósticos de Rebbie eran infalibles. Tenía que ser otra cosa.
El espacio Dimensional tenía sus propias reglas. Primero y principal, no seguía las del espacio Newtoniano ni obedecía a las leyes relativistas. Las líneas de tiempo y espacio quedaban completamente desfasadas con el espacio tradicional.
Eso quedó en evidencia muy pronto, ya que la luz provocada por el cañón de energía tardó unos 4 segundos más en llegar hasta los tripulantes de la Rio Grande, tales eran las propiedades de los eventos relacionados con el Espacio Dimensional, la información podía viajar más rápido que la luz.
-Virgen Santísima. -Exclamó Gray mientras veía ascender la línea de luz anaranjada a través del espacio. Por un momento la luz hizo visible una parte del Campo, creando una lluvia de rayos que se fragmentaron por los escombros en miles de haces.
-Pero que mierda… -empezó a Articular Mike
Gray activó inmediatamente el enlace de comunicaciones, tan fuerte que el golpe en su casco resonó en toda la cabina. -Rainbow aqui Río Grande. ¿Me reciben? ¡Rainbow contesten!
Les respondió el sonido de la estática. Ahora estaban recibiendo toda una lluvia de señales de interferencia producidas por billones de fragmentos metálicos que producían pequeñas señales al colisionar unos con otros. Era imposible distinguir algo entre los ruidos de fondo.
-Mierda, no puede ser. -Exclamó Gray mientras tomaba los controles y aceleraba los motores a máxima potencia.
-Tranquilo Cap, vamos a perder los motores si los fuerza así.
Gray ignoró los comentarios de su copiloto y agudizó la vista buscando la familiar silueta de la Colonia. La luz del arma ya se habia extinguido y salvo las estrellas, no se veía absolutamente nada.
Una serie de pitidos llamaron su atención de inmediato.
-La red de satélites de rastreo de la Rainbow está encendida. -Dijo Mike. ¿Estarán bajo ataque?
-No, ese disparo vino del Campo. -Respondió el hombre volviendo su vista hacia el frente. -Pasó Algo con Ralph y los demás creo.
-Mierda. -Volvió a exclamar el copiloto
La nave aún estaba lejos de la Colonia. Incluso con los motores a pleno tardaron casi una hora en entrar a la zona de exclusión de vuelo controlada por la Rainbow. Gray activó los motores delanteros y la nave comenzó a perder impulso. Ahora estaban bajo el control del SILS que los guiaba a una aproximación automática a la Colonia.
-Allá está. -Dijo señalando un pequeño puntito luminoso en medio de la negrura del espacio. -Parece que están bien.
La Colonia tenía muy poca iluminación externa. Solamente las luces de navegación y posición reglamentarias. En realidad teniendo en cuenta que la gigantesca nave estaba anclada y con sus motores apagados, no estaba obligada a tener las luces de navegación encendidas.
-¿Cual es la hora local en la Colonia? -Preguntó Mike mientras miraba nervioso el radar Cyclops.
-Algo más de las ocho y media de la noche. -Gray deslizó su asiento hacia atrás y lo giró noventa grados, obteniendo así acceso al panel de ingeniería de la nave. -No creo que haga falta, pero voy a dejar cargado el motor FOLD, por si tenemos que salir pitando.
-Me parece una buena idea. -Un pequeño pitido captó la atención del copiloto. -Tengo un contacto que viene hacia nosotros… no espera, va en dirección a la Rainbow.
El viejo piloto volvió a acomodar su asiento en la posición de vuelo y echó una ojeada a la pantalla de radar. -Viene del Campo. -Dijo. -Espero que sea Ralph y su equipo.
El sonido de una llamada entrante los sobresaltó, pero respiraron aliviados al escuchar la distorsionada y casi inaudible voz de Amanda.
-Rio nde …..ciben? Aquí Co...a Rainbow. ...ndan. ...mbio.
Gray activó el modo de alta ganancia de la antena de comunicaciones para tratar de mejorar la calidad de la señal. -Aquí la Río Grande. ¿Están ustedes bien? ¿Qué pasó?
-Tuvimos un ….idente con ...a nave en el ...mpo. -Se escuchó por el comunicador. -El ...ipo esta bien, no hay heri… tunadamente.
-Repita por favor Rainbow. La comunicación está a 20% -Casi gritó Gray por el micrófono.
-Están todos bien. No hubo heridos.
Ambos pilotos respiraron aliviados. Ahora que ya estaban cerca de la Colonia la comunicación se había vuelto mejor.
-¿Eso fué un cañón de energía dimensional Amanda?
-Al parecer se activó el armamento de uno de los cruceros del Ejército de Supervisión.
-Mierda, como lo que nos contó el profesor de historia. -Dijo Mike, -La trampa Cazabobos que empezó la Primer Guerra Espacial ¿No?
-Eso parece. -Dijo Amanda suspirando.

Recorrieron en silencio los últimos kilómetros que los separaban de la Colonia. Enseguida pudieron distinguir las luces de navegación de las naves que venían en dirección contraria, osea desde el Campo.
El sistema SILS asignó automáticamente la prioridad de aterrizaje al equipo de Ralph, ya que estaban con una situación de emergencia declarada. La Río Grande se colocó en un patrón de espera circular orbitando la Rainbow a unos 300 metros de distancia mientras los “Recolectores” entraban directamente al hangar principal.
-Mire Cap. -Dijo Mike señalando las naves, ahora visibles al ser iluminadas por los reflectores de la esclusa de entrada del hangar principal. -Eso es un VF-17!
-Mierda, mira en que estado esta.
El avión caza volaba un poco por detrás del transporte, ahora que estaban más cerca pudieron apreciar con detalle los daños producidos por estar en las cercanías de tan terrible arma de destrucción. Todo el fuselaje superior del caza mostraba daños en sus paneles. Los estabilizadores verticales estaban intactos pero los bordes traseros estaban curvados, como si el calor los hubiera ablandado y deformado. Sobre el fuselaje había un soporte para equipo extra, pero sea lo que sea que hubiese estado montado ahí arriba, había sido arrancado durante el incidente. Se podían ver aún los cables sueltos que arrojaban pequeñas chispas en donde el soporte se conectaba a la estructura del avión.
-Estuvieron demasiado cerca. -Dijo Gray moviendo la cabeza. -Demasiado.
El transporte tampoco había salido indemne. Estaba abollado en varias partes y giraba lentamente sobre sí mismo, al parecer uno de los propulsores vectoriales no funcionaba del todo bien y desbalanceaba la nave obligando al piloto a corregir la actitud de vuelo constantemente.
Sobre el transporte estaba Ralph, sujeto de una manija por detrás de la cabina. Su traje de trabajo también mostraba golpes y abolladuras, pero se lo veía intacto.

Gray activó la frecuencia general que se usaba para comunicarse con el tráfico espacial que había en los alrededores. -¿Estas bien Ralph? ¡Tenes un aspecto horrible!
El gigante giró la cabeza y levantó el puño en dirección a la nave de carga, extendiendo el dedo del medio hacia arriba en un reconocible gesto internacional.
-Es un amor. -Dijo Gray a Mike mientras hacía destellar las luces exteriores contestando al “saludo” de su amigo.
Los Recolectores desaparecieron dentro de la Colonia y la Río Grande describió otra vuelta alrededor de la gigantesca nave.
-Un VF-17… murmuró para si Gray
-Era una versión que yo no conozco. -Dijo Mike reclinándose en su asiento. ¿Alguna vez había visto un VF-17 con cabina en tándem?
-Se que hace unos años modificaron algunos, pero no se qué versión sean. En todo caso no era la versión 171 que se usa ahora.
-Los VF-171 son el “airframe” del 17 remotorizados y con las cabinas nuevas. Aviónica de Nueva generación y todo eso. Ese parecía tener solo la cabina modificada. Además ese esquema azul oscuro… Parecía de Operaciones Especiales ¿No?
-Ya nos enteraremos chico…
Completaron el circuito de espera y la computadora los colocó en ruta de atraque. Las enormes luces del hangar le dieron la bienvenida mientras el carguero pasaba cómodamente por la enorme esclusa de metal. Unos cuantos metros más adelante los esperaba una bahía de atraque preparada especialmente para recibir cargas. La Rio Grande entró en la estructura esquelética y quedó firmemente sujeta por anclajes magnéticos que la mantuvieron en su sitio mientras una enorme grúa se ponía en funcionamiento. En diez minutos los tres containers fueron separados del carguero e ingresaron al sistema de transporte logístico de la Rainbow, desplazándose por una serie de rieles a lo largo de elevadores en la pared, desapareciendo rápidamente entre las vigas y soportes del techo.
-Descarga lista.
-Mercaderia entregada. -Dijo Gray por radio.
-Recibido Rio Grande, proceda al hangar principal. -Contestó una voz joven.
-¿Annie? -Preguntó Mike.
-Amanda acaba de salir corriendo hacia el hangar. -Dijo la joven con evidente tensión en la voz. -Parece que esta todo bien pero por las dudas enviamos un equipo de emergencia a recibir al equipo.
-Entiendo Annie. -Dijo Gray. -Gracias por todo, cambio y fuera.
-Bienvenido Gray, tú también Mike. -Dijo la joven mientras cortaba la transmisión.
Con una sacudida el carguero abandonó el anclaje y se movió lentamente hacia delante. La última compuerta estaba justo delante de ellos, por lo que Gray activó los motores de gravedad locales, usando el campo gravitatorio local de la Rainbow para maniobrar por la zona de atraque.
Entraron lentamente al hangar principal y lo encontraron completamente iluminado, algo que Gray no había visto desde hace mucho tiempo (Y Mike nunca en sus 5 años de servicio en la Río grande)
-Fiuuu! -silbó sorprendido el copiloto. -Esta cosa es ENORME.
Gray no dijo nada y desconectó el sistema SILS, tomando el control completo de la nave. A unos cien metros por delante podían ver al equipo de trabajo recién llegados del Campo. Los rodeaba una comitiva de vehículos de transporte y uno de ellos era una ambulancia. Distinguió rápidamente a Ralph, que se encontraba sentado y con la espalda apoyada contra una enorme plataforma móvil cargada con enormes placas de metal.
-Parece que están todos bien. -Dijo Mike
El viejo piloto distinguió también los dos únicos uniformes de vuelo que desentonaban con los del gentío. -Esos son los pilotos del VF-17. -Dijo señalando a través del cristal de la cabina.
-Ah pero… ¡Aquella es una mujer! -Dijo emocionado Mike.
Gray no lo dejó ver mucho más, porque giró la nave ciento ochenta grados y la comenzó a descender en el lugar destinado especialmente para el estacionamiento de la Río Grande. Un enorme rectángulo amarillo cubierto con rayas diagonales marcaban el lugar en el piso metálico. Sin titubear, Gray descendió suavemente en la marca, con la experiencia de haberlo hecho cientos de veces. La enorme nave se posó sobre el tren de aterrizaje con una imperceptible sacudida.
-Motores apagados.
-Listo. -Dijo mike mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad.
-Andá bajando chico. -Dijo Gray mientras comenzaba a quitarse su cinturón. -Voy a llenar el reporte de vuelo y te alcanzo.
Mike ya había empezado a abrir la compuerta y saltó con alegría el medio metro de altura que lo separaba del suelo. Se estiró un poco y realizó unas pequeñas flexiones, después de todo hacía casi cinco días que no experimentaba la gravedad en su cuerpo. Luego echó a correr torpemente en dirección al gentío que rodeaba a Ralph mientras se quitaba el casco de vuelo. Estaba ansioso por saber qué había pasado.

Gray esperó a que su compañero saliera y se levantó pesadamente del sillón. Tomó una varilla metálica que estaba enganchada en una de los laterales y caminó hasta el centro de la cabina de mando, luego se agachó en un punto donde se unían varias placas de metal. Una pequeña muesca marcaba un dispositivo oculto que una vez activado abrió una compuerta disimulada en el piso de la cabina. Gray miró a través del agujero y pudo ver el piso de metal del hangar de la Rainbow. Activando las luces de su casco iluminó la placa metálica y descubrió un agujero del tamaño de un perno mediano. Hacía mucho tiempo que no usaba ese escondrijo. Por suerte no había signos de corrosión y la placa se levantó fácilmente cuando Gray metió la varilla en el agujero y levantó la placa a través de la escotilla.
Levantándose trabajosamente, caminó hasta el fondo de la cabina y quitó los seguros a la enorme valija metálica que tanto había despertado la curiosidad de Mike. Por suerte estaba equipada con cuatro pequeñas ruedas, por lo que empujarla hasta la escotilla no le demandó mucho esfuerzo. Bajarla a través del agujero fué mucho más difícil, la cosa pasaba ajustadamente por la abertura, pero disponía de tiempo por lo que al cabo de unos minutos terminó la tarea y cerró ambas aberturas.
-Espero que sepas lo que estás haciendo Matt. -Dijo el piloto mirando con desconfianza la escotilla.
33 por Gerli
Leonardo golpeó furioso la consola. Era inconcebible que el equipo de comunicaciones fallara en ese preciso instante. Dejando su asiento se impulsó brevemente con una pierna hasta uno de los paneles del fondo, donde se monitorizaban diferentes sectores de la estación. Eligió una de las cámaras de vigilancia externas y trató de moverla para enfocar la antena de transmisión FOLD. Al tercer intento la cámara se movió y confirmó las sospechas del viejo técnico; la antena ni siquiera se había desplegado.
-Figlio di puttana -Exclamó en su italiano natal mientras apagaba la pantalla. Alguien iba a tener que hacer un EVA (1) para arreglar esa cosa. La antena de comunicación FOLD era el único vínculo con el resto de la raza humana.
Estaba preocupado por lo que pudiese haber sucedido con Gray y la Colonia. Leonardo había sido “vecino” de la Rainbow desde que esos extraños colonos habían llegado desde la lejana Flota 37... ¿Hace 14 o 15 años? Mierda, había pasado tanto tiempo que ya no lo recordaba.

Eran los únicos seres humanos que habitaban esa parte de la Galaxia, salvando la flota de reconocimiento que ocasionalmente pasaba por la zona, esos 22 años luz de distancia eran nada comparados con la distancia a la que estaba La Tierra o Eden, por poner un ejemplo. En argot astronómico, la Rainbow y la Barrow compartían prácticamente el mismo vecindario.

Al principio Leonardo tuvo muchas dudas sobre esa gente ¿Que habían venido a hacer desde tan lejos? ¿Porqué habían elegido ese extraño lugar para radicarse? El sector EFF-04776 era un lugar peligrosísimo para los humanos; Una poderosa anomalía que podía desgarrar por completo el casco a la nave mejor preparada y por si fuera poco un cementerio de naves Zentradi de vaya a saber que batalla acaecida hace cientos de años… y sin embargo una Nave Factoría había llegado hasta allí, escoltada por una escuadra completa de naves de la U.N.Spacy.

En solo unos días toda la flota se había retirado en un FOLD masivo, dejando a la gigantesca nave “anclada” a solo unos cuantos miles de kilómetros del Campo.
Sola.
Leo recordaba esa época, como los rumores habían corrido entre el personal de la Barrow. Sobre cómo era posible que un grupo de exiliados de Ciudad 7, con un historial de odio racial hacia los Zentradis hubiesen logrado la independencia y el privilegio de usar semejante nave.
¿Eran realmente Colonos? ¿No se trataría de un experimento militar o un campamento de prisioneros disfrazado? Las teorías conspirativas eran variadas y casi no se hablaba de otra cosa en la estación.
Al principio el contacto era casi nulo. Los investigadores de la Barrow perdieron muy pronto interés en esos colonos que, según la opinión popular, estaban chiflados. Probablemente seguirían en ese lugar durante varias décadas hasta que se aburrieran o alguna tragedia humanitaria los obligara a abandonar su colonia.
Pero nada de eso había pasado en los años subsiguientes y todos se acostumbraron a esa presencia invisible, más allá de las estrellas cercanas.

Fué Gray y su nave de transporte, la “Río Grande” quien, poco a poco, fue creando un vínculo entre ambos asentamientos.
La primera vez que escuchó la voz de Amanda fué casi tres años después de la “fundación” de la Colonia Rainbow. La Rio, como la llamaban todos cariñosamente, había sufrido un desperfecto grave en uno de sus motores y debió permanecer casi una semana en la Estación Barrow, hasta que una pequeña nave de correo llegó desde una colonia “cercana” a más de 5 días de Salto FOLD de distancia con los repuestos necesarios.
En esa época los turnos de observación se hacían con tres operarios en la Torre de Control. Los militares mantenían una dotación completa de investigadores que realizaban una gran variedad de monitoreos y observaciones usando los “pétalos” de la Barrow, equipados con toda clase de aparatos científicos de medición.
Grande fué la sorpresa de Leo cuando recibió la comunicación y comprobó de donde venía. El silencio se hizo en La Torre mientras Leonardo desviaba la llamada a través de los parlantes de la habitación y la voz de una mujer se escuchó con claridad por la comunicación dimensional del espacio FOLD..

-Aquí Colonia Rainbow ¿Me reciben Estación Barrow?

Leonardo tomó el comunicador y vaciló unos instantes. Toda la torre de control lo estaba observando. -Aqui Estación de Investigación Remota 4. Los recibimos bien Rainbow. Cambio. -La mente de Leonardo trabajaba deprisa recordando todos los rumores que había escuchado sobre la extraña Colonia. Recordaba algo sobre una administración mixta, de un acuerdo de explotación comercial entre una empresa u organización privada y la U.N.S, quienes habían designado un administrador civil.
-Soy La Capitán Amanda. Amanda Kyle de la nave factoría Rainbow y La Colonia de civiles que la habitan.
Una pequeña chispa se encendió en algún lugar del cerebro de Leonardo. ¿Kyle? Ese apellido le sonaba de algo...
-Le habla el Director de Investigaciones Leonardo Viccenzo. ¿En qué puedo ayudarla Capitán?
Siguieron unos segundos de silencio. Luego la voz que se escuchó por el altavoz sonó mucho más distendida. -¿Es usted por casualidad “el” Viccenzo que trabajó junto a los técnicos del portaviones Prometheus?
Leo suspiró. Incluso en ese alejado rincón de la galaxia todavia habia gente que recordaba sus días en la primera guerra espacial. -El mismo. -Dijo echando una mirada de reojo a sus compañeros, que estaban demasiado perplejos para decir nada. -Y supongo que usted estará emparentada con cierto Jhonatan Kyle que comandaba una unidad de Destroids a bordo del mismo portaviones ¿O me equivoco?
-Mi padre me habló mucho de usted. -Dijo Amanda. -Me sorprende saber que se encuentra aquí en la periferia de la galaxia.
-Es una larga historia Capitán, pero me parece que está usted más interesada en la Río Grande que en las historias de un viejo jefe de mantenimiento ¿O no?
-¿Sucedió algo con la nave de correos? -Preguntó preocupada la voz femenina.
Leonardo se acercó al cristal de la ventana de la torre de control y miró hacia los amarres de la estructura del pilar central, donde la Rio Grande estaba anclada rodeada de un andamiaje temporal que el equipo de mantenimiento había montado para colocar el nuevo generador de campo WARP. Las luces de los soldadores de plasma brillaban sobre la parte superior del casco y Leo sabía que en ese preciso instante los operarios estaban sellando el compartimento del dispositivo FOLD.
-Deberían estar saliendo en unas 5 o 6 horas más. -Dijo el viejo técnico mientras se apartaba del ventanal. -El Capitán Gray tuvo suerte de poder salir del FOLD justo antes que su burbuja de campo WARP reventara.
-¿Una Falla de Superficie? -Preguntó Amanda
- Dice Gray que se generó justo delante de ellos, no tuvo oportunidad de hacer un escape. -Leo tenía la convicción que solo un milagro había salvado la vida de su viejo amigo. Con una burbuja WARP desestabilizada, las probabilidades de salir de un FOLD de una sola pieza eran ínfimas. No dudaba de la pericia del Capitán Gray, pero algunas cosas estaban más allá de la habilidad.

Se escuchó un suspiro de alivio del otro lado de la comunicación. -Gracias por la información, Señor Director. -Dijo la Capitán Kyle. -Los esperamos con ansias.
-Fué un placer Capitán, no dude en comunicarse nuevamente por cualquier cosa.
-Ha sido un placer hablar con usted.
La comunicación se cortó y Leonardo respiró aliviado. Dándose media vuelta miró a sus colegas que mantenían los ojos fijos en su persona.
-¿Tengo algo en la cara? -Preguntó con una mueca. -¡A trabajar señores!

Eso había sido hace tantos años que Leo no recordaba cuantos. Después del incidente con la Río, el contacto con Amanda Kyle había sido frecuente y la amistad fue creciendo entre ambos. La Barrow se convirtió en una parada obligada para todos los que llegaban a la Colonia, que si bien no eran muchos, de vez en cuando ofrecían algo de variedad a las rutinarias investigaciones que se hacían a bordo de la estación.
Cuando la U.N.Spacy se reorganizó en la N.U.N.S y el presupuesto de investigación y mantenimiento comenzó a reducirse, la Colonia Rainbow se convirtió de pronto en la opción más conveniente cuando se necesitaba de un médico o algún componente de repuesto. Comparado con los 5 o 6 dias que se demoraba en hacer un FOLD hasta la base militar más cercana, las 10 horas que se tardaba en llegar a la Colonia eran una salvación para los investigadores.
Los años pasaron y la tripulación de la estación fue mermando. Los puestos vacantes no se renovaron y pronto los pasillos y módulos de la barrow se vieron envueltos en un silencio total.
A pesar de todo, Leonarda amaba a la vieja estación. El papel que desempeñara en el pasado había sido vital para la expansión humana a través de la galaxia, detectando planetas habitables, pequeñas flotas Zentradis que vagaban de forma errática en busca de combate y los restos diseminados de la Protocultura, ya sean civilizaciones aisladas o los restos de su avanzada tecnología.
Pero el final estaba cerca, Leo y el resto del minúsculo personal de la estación lo sabían. En cualquier momento la Barrow sería declarada irrecuperable y se transformaría en otro blanco para que los militares probaran sus cañones de energía. ¿Y que haria despues? ¿Volver a La Tierra? Ya no quedaba nada en ese devastado planeta que lo atrajera a pasar sus últimos días. Ni siquiera podría visitar la tumba de sus padres. ¿Y asentarse en la Rainbow? La idea había sido de Amanda por supuesto. Durante una de las incontables charlas que mantuvieron sobre la ineptitud de los militares y el destino de la Barrow, Amanda le había sugerido que se radicara con ellos en forma permanente, cosa que a Leonardo no le pareció mala idea.
-¡Robert! -Gritó por el micrófono que llevaba adherido a sus auriculares.
Era seguro que su compañero estaba durmiendo a esa hora, pero desplegar esa antena y emitir el pedido de ayuda era prioritario. Quien sabe cuanto tiempo tardarian esos estúpidos militares en reaccionar cuando detectaran el disparo del Campo… era menester actuar de la forma más rápidamente posible. -¡Robert despertá, catzo!
-Estoy despierto, estoy despierto. -Se escuchó la voz del hombre. -¿Que te pasa?
-La antena de comunicaciones FOLD no se despliega, hay que ir a abrirla manualmente.
-¿Que? -Se escuchó en un grito. -¡La revisé la semana pasada Leo!
-Y la vas a revisar y arreglar de nuevo ahora mismo.
Por los sonidos que se escucharon a través del auricular, era evidente que Robert había arrojado su equipo de comunicaciones contra la pared o algo asi. En todo caso Leonardo cortó la comunicación y se dirigió al depósito de trajes para operaciones externas.

Veinte minutos más tarde, un malhumorado Robert llegaba flotando desde los camarotes del personal echando miradas hostiles a su jefe. Leo sonrió inocentemente mientras abría la compuerta para que su amigo entrara en el traje, que se encontraba sujeto a un marco especial que facilitaba la tarea de ponerlo o quitarlo a la tripulación de la nave.
-Me vas a dar una jornada completa de descanso por hacer esto. -Dijo el compañero de Leo al entrar en el traje.
-Va fangulo. -Exclamó suspirando el viejo técnico mientras accionaba el dispositivo de despliegue. El enorme marco de metal con el traje de mantenimiento comenzó a moverse por un riel en el techo hasta la compuerta de salida. Las luces de aviso se encendieron al abrirse la puerta y el traje con Robert dentro entró en la esclusa.

Leonardo salió del compartimento y usando una de las cintas móviles que surcaban las paredes, se dejó llevar por el anillo de interconexión de la torre hasta la sala de control. Si las cámaras externas funcionaban, podría monitorear la tarea de Robert y ayudarlo por si tenia alguna dificultad. Se sentó en el asiento del operador de la consola de observación y se ajustó el cinturón de seguridad para evitar salir flotando al menor movimiento.
Tal y como esperaba, solo una de las cámaras externas funcionaba, Leo pudo entonces ver a través del monitor como Robert, sujeto por un arnés a uno de los cables tensores que unían la torre con el casco externo, se deslizaba rápidamente.
-Cuidado Rob, vas muy deprisa.
Robert contestó con un gruñido y detuvo su impulso con ambas piernas en el momento de colisionar contra la plataforma metalica.
-No soy tan viejo como vos, Leo. -Dijo con una mueca. -Voy a salir.
-Te recibo bien, andá con cuidado.
Todas las plataformas que formaban el entramado de “pétalos” de la Estación Barrow estaban separadas entre si por espacios que oscilaban entre unos escasos centímetros a varios metros de ancho. Robert pasó cómodamente entre las dos plataformas que tenía delante y salió al exterior de la estación.
El majestuoso espectáculo de millones de estrellas desplegándose ante sí no impresionó al viejo Robert, quien llevaba realizando caminatas espaciales desde que había llegado a la Barrow 15 años atrás. Era uno de los miembros más viejos de la estación, aunque no tanto como el Director Viccenzo y la persona en que Leo más confiaba.
Como la enorme estación espacial era casi hueca, prácticamente no generaba un campo gravitatorio que se pudiera sentir, por lo que Robert tuvo que volar al ras de los detectores usando los propulsores de su traje de vuelo. Luego de recorrer un centenar de metros y rodear la base de la estación, la cápsula que contenía la antena de transmisión FOLD quedó visible. -Hija de puta. -Pensó Robert mientras se acercaba lentamente y utilizaba los propulsores para frenar justo al alcance de las manijas de sujeción en la base de la antena. El dispositivo constaba de tres paneles de transmisión ubicados en forma de array, de modo que podían crearse microFOLDS en cualquiera de los tres ejes de dirección y enviar paquetes de datos con una elevada tasa de transferencia a través del espacio dimensional. El conjunto de arrays estaba sellado por un escudo cilíndrico que se desplegaba hacia afuera al momento de transmitir datos y era ese escudo el que Leo había estado tratando de desplegar sin éxito desde la torre de control.
-Ya estoy en la base. -Informó Robert por la radio. -Probá desplegar la antena a ver que puede ser desde acá abajo.
Dentro de la torre de control, Leonardo volvió a iniciar el procedimiento de despliegue de la antena. Las barras de progreso volvieron a llenarse a medida que la computadora ejecutaba los comandos necesarios para iniciar el despliegue y puesta en funcionamiento de la antena. mirando una pequeña ventana de video en vivo, Leo comprobó que nada se movia en el armazón del instrumento.
-Rob, revisá la terminal autónoma de la base.
-Ya estoy en eso.
El técnico abrió un pequeño compartimento en la base de la estructura de la antena y una pantalla se desplegó frente a sus ojos.
-Accediendo a los registros de comandos. -Dijo mientras tecleaba la contraseña que solo conocían los técnicos para realizar el mantenimiento. Una larga lista de datos se desplegó en la pantalla, listando todos los comandos enviados desde la torre y un resumen de la cantidad de datos transmitidos durante cada sesión.
-No figura ningún comando de apertura de la antena en el registro.
-¿Cómo que no? -Preguntó intrigado Leonardo.
-El último registro de apertura y transmisión es de hace tres horas aproximadamente.
-No puede ser. Hace dos horas no había nadie en la torre de control.
-Te envío una copia del re- Un estallido de estática saturó la comunicación y la frase de Roberto quedó cortada en el aire.
-¡Roberto! ¿Me escuchas? -Gritó Leonardo inútilmente por el transmisor. -¡Mierda!
El veterano técnico giró en la silla con la intención de ir hacia la consola principal, donde podria cambiar los canales de comunicación por una línea más confiable, más cuando hubo completado el giro, sus ojos se toparon con una aparición inexplicable.
Leonardo Viccenzo no se consideraba un verdadero creyente. Había sido bautizado cristiano durante sus primeros años en su Italia natal y conocía la pequeña iglesia de su pueblo y las figuras pintadas en el pequeño altar donde se daban misa todos los domingos, por eso cuando vió el rostro de esa mujer proyectado en el enorme espacio que generalmente ocupaba el holograma del radar de rastreo, exactamente en el centro del puente de mando, lo primero en lo que pensó fué en la Virgen María.
-Santa Madonna! -Exclamó Leonardo haciendo la señal de la cruz.
La mujer tenía la mirada fija en Leonardo, pero su rostro emanaba una serenidad absoluta. Parecía estar flotando en el aire como si perteneciera indudablemente a ese lugar. Las luces que proyectaban la imagen desde los lentes ubicados en el piso de la cubierta creaban un efecto de halo azulado alrededor de la imagen, que permanecía quieta y en silencio.
Lo que el asustado hombre había tomado al principio como la túnica de una imagen santa eran en realidad los cabellos oscuros de la mujer, que se agitaban como bajo los efectos de una brisa inexistente, o tal vez eran productos de las ondulaciones de una corriente marina.
Las luces de la torre de control se habían apagado, de modo que Leonardo estaba iluminado solo por el resplandor azulado de la misteriosa mujer. Lentamente, como si estuviera dentro de un sueño, el hombre soltó la hebilla que lo sujetaba a la silla y flotó en cámara lenta hacia la imagen. El rostro lo fascinaba y no podía pensar en otra cosa, ni en la antena, ni en Robert, ni siquiera en el destino de la Colonia Rainbow. Solo pensaba en esos ojos amarillos que lo invitaban a acercarse cada vez más… cada vez más cerca.
Leonardo Viccenzo extendió su mano y acarició la mejilla de la mujer, sintiendo su calidez y un perfume misterioso. La aparición se rió como si fuera una niña y desapareció.

El resplandor que entró por los cristales de la torre de control cegó momentáneamente a Leonardo, quien se despertó de inmediato en lo que él creía había sido un sueño maravilloso. Las luces del exterior estaban encendidas en su totalidad, pero no fué esto lo que alarmó al hombre. Colocando su mano sobre la frente para proteger sus ojos de tan intensa luz, apenas vislumbró la silueta que flotaba por fuera del cristal, a unos escasos metros de la torre. Leo pestaño y trató de enfocar mejor la imagen, parecía llevar una especie de tubo en las manos, además la figura no estaba realmente cerca del cristal, parecía que estaba cerca pero lo que en realidad sucedía era que se trataba de alguien o algo gigante, mucho más grande que un ser humano.

Leonardo comprendió que era un Zentradi y lo que en ese momento estaba poniéndose en el hombro no era un tubo, era el lanzador de un misil.
Cuando la carga de demolición entró por el cristal de la torre de control, la mente de Leonardo ya no estaba en el mismo sitio. Por un fugaz instante había vuelto a ser un niño camino a la escuela en una brillante mañana de Julio de un pequeño pueblo del norte de Italia, quien veía fascinado como una enorme bola de fuego cubría todo el horizonte y se agrandaba mas, cada vez más cerca, tan cerca que incluso pudo extender la mano para tocarla.

1) EVA. Extra Vehicular Activity
34 por Gerli
Era sorprendente como las cabezas de los Archivistas Zentran se convulsionaba al ritmo de la información que iban asimilando con el rostro desencajado en una mueca de asombro… o al menos le parecía eso a Maya. Las protuberancias y venas que coronaban la cabeza de los extraños personajes latian y se revolvian violentamente, a medida que las imágenes eran proyectadas en el fondo oscuro que servía de escenario a una perturbadora revelación.
Habían encontrado una de las últimas flotas principales del Ejército de Supervisión.

Maya dejó de prestar atención a los espasmos de asombro de los dos Archivistas y se concentró en tratar de descifrar las imágenes. Era una gran concentración de naves ¿Cuantas? Millones aparentemente, parecían estar en desorden, como arrastradas por un viento cósmico que las hubiera amontonado en ese lugar alejado y distante de la galaxia, más a medida que los datos de diferentes sensores comenzaron a superponer la información como capas una encima de la otra, una imagen más ordenada fue surgiendo del caos.
Había tres grandes concentraciones de naves, las cuales formaban un cúmulo alrededor de formas masivas que, al principio, habían pasado como clusters más pequeños de naves pero ahora aparecian definidas con mucho más detalle, como grandes naves fortalezas… tres de ellas. En un espacio que no abarcaba ni siquiera una fracción de un ciclo luz de diámetro.

Exsedol era el único de los tres Archivistas que permanecía impasible a las imágenes proyectadas. Incluso los dos grupos de soldados que habían llegado antes que ellas echaban miradas de desconcierto a sus respectivos superiores. Era evidente que las noticias no le eran nuevas, pero si algo tan importante era conocido ¿Por qué se lo guardaba en secreto? Maya era una aprendiz, nunca había combatido en su vida, pero el pensar en una batalla de esa envergadura… sentía su corazón acelerarse y una impaciencia comenzaba a dominar su cuerpo. Captó un fugaz movimiento y vió que Virya la miraba con gesto de reprobación. ¿Es que su Capitán también podía leerle la mente? Maya respiró profundamente y trató de relajarse. Esto pareció contentar a la su superiora, quien volvió la vista hacia la pantalla.
-Esto es…. -Uno de los Archivistas, el de más altura y con la piel de un verde ligeramente más intenso y brillante que el resto, lo que demostraba su “juventud”, habló con inseguridad.
-Silencio. -La voz del Almirante retumbó en la espaciosa caverna. -Archivista Exsedol, informe los detalles.
Exsedol inclinó la cabeza y se adelantó solo un par de pasos y se dió media vuelta, de modo que ahora estaba en el centro mismo del grupo de Zentradis que contemplaba la proyección holográfica. Todo el grupo centró su atención en el Archivista.
-La información que tienen delante es una representación de las observaciones que mi Comandante ha obtenido durante las últimas 72 horas.
Como respuesta a sus palabras, varios signos en lenguaje Zentradi aparecieron sobre las capas de datos informando la fecha y hora estelar.
-Hace 26 horas detectamos esto. -Dijo sin dejar de mirar a los presentes.
Todas las miradas se dirigieron a la pantalla mientras una serie de destellos naranjas y rojos aparecian en la periferia de la concentración de naves enemigas.
-DEFOLDS masivos. -Dijo el Archivista más bajo. -Los números de contactos aumentan.
-Se están agrupando. -Asintió Dortrad-Jen desde las alturas. -Sus números se han incrementado sin pausa desde que estos datos fueron recogidos. ¿Cual es su estimación?
-Aproximadamente entre ocho y diez millones de naves y 3 superfortalezas. -Dijo Exsedol sin pestañear.
-Es inaudito. -Exclamó el Archivista más alto sin quitar los ojos de la proyección. -No se tienen registros de una concentración similar de enemigos desde…
-Desde que la Directiva Primaria fué anulada.
El silencio que siguió a las palabras del Almirante fué prolongado.
No hace falta decir que toda esta charla resultaba completamente inentendible para Virya y su escuadrón. Las guerreras poseían un cierto conocimiento de estructura “social” de la maquinaria bélica Zentradi, pero salvo el conocimiento intrínseco de saber quienes eran sus enemigos, nada sabían sobre la guerra ni como había empezado todo. ¿Y era realmente importante saberlo?
Los dichos del Archivista resonaron en la cabeza de Virya “Ciertas palabras es mejor que solo sean conocidas por unos pocos individuos.” ¿Que era esa “Directiva Primaria”? ¿Que tenía que ver con sus enemigos?
Fue el Archivista alto quien rompió el silencio.
-Los datos sugieren que llevan bastante tiempo agrupandose. -Hizo una pausa mientras las venas de su cabeza latían con vigor. -Esta clase de comportamiento no se había observado antes.
-Porque el Ejército de Supervisión carecía de organización centralizada. -Exsedol movió la cabeza como descartando un pensamiento. -Hasta ahora.
-Deculture! -Exclamaron ambos oficiales. -¿Sugiere que estamos ante una operación organizada? -Exclamó el Zentradi más bajo con incredulidad.
Un sonido profundo se escuchó por encima del grupo y todos levantaron la vista hacia el enorme cuerpo de Dortrad-Jen, muchos de los cables y apéndices que conectaban la nave con el Almirante se movían y temblaban con violencia. Era innegable que la revelación del Archivista lo habían puesto nervioso.
-Solo estoy ofreciendo una interpretación lógica a los datos a los que he tenido acceso. -Dijo Exsedol bajando la vista hacia sus colegas.
Los dos archivistas se miraron con desconcierto.
-Necesitamos más datos. -Dijeron casi al unísono. -Esta situación inesperada requiere de un análisis más profundo y….
-Se van a escapar.
Ahora si que se había producido un verdadero silencio en la estancia. No solamente todos los presentes habían enmudecido de inmediato, también se habían acallado los murmullos de la maquinaria biológica que alimentaba el cuerpo del Almirante. Quien había hablado era una de las guerreras del grupo de Virya.
-Maya! -Exclamó Virya dándose la vuelta, pero quedó paralizada al ver la tranquilidad con la que su subordinada permanecía firme mientras observaba directamente a Dortrad-Jen
Los archivistas había abierto los ojos, que parecían a punto de salirse de sus órbitas, los cráneos estaban latiendo en forma violenta, mientras murmuraban palabras ininteligibles.
-Adhiero a ese…..análisis. -Dijo Exsedol ignorando a sus estupefactos colegas y mirando directamente al Almirante. -Se están preparando para un FOLD masivo. Si vamos a atacarlos, debemos de hacerlo de inmediato.
-Maya Lagrexia 732… -La voz de Dortrad-Jen pareció sonar distante. -Discutiremos los asuntos que atañen a estas Meltran luego. -Dijo inclinando el enorme cuerpo sobre los soportes que lo sostenían. -Debemos atacar al Ejército de Supervisión en cualquier lugar del universo en donde se los encuentre. No hay cambios en nuestra misión.
-Entonces nuestra destrucción es inevitable. -Dijo el Archivista bajo con un ligero temblor en su cabeza. -Las probabilidades de supervivencia de nuestra flota a un ataque a gran escala son…
-Lo suficientemente escasas como para que no tenga sentido perder tiempo en calcularlas. -Dijo el Almirante. -Este escenario de combate amerita una serie de medidas acordes a lo inusual de la situación.
La imagen proyectada se disolvió en el aire y todos los presentes quedaron contemplando el negro vacío.
-¿A qué clase de medidas inusuales se refiere, Almirante? -Preguntó el Zentradi más alto.
-A una operación conjunta.
La voz era desconocida y provenía del pasillo por donde el grupo había llegado un rato antes. Un Zentradi avanzaba solitario en uno de esos transportes personales que flotaban a escasos metros del suelo.
-Ah, Archivista Exsedol, lo esperábamos.
Virya miró con asombro al Zentradi que avanzaba lentamente ¿Se llamaba igual que el consejero de Kreegan? El recién llegado penetró en la cámara del Almirante y se detuvo a cierta distancia.
-Perdon por la demora, tuve que realizar varios FOLDS para garantizar que nadie me siguiera. -Dijo mientras descendía del aparato.
Si el Archivista de Kreegan le había parecido viejo a Virya, palidecía ante el recién llegado. Era un verdadero veterano que superaba los cien mil ciclos de servicio.
-Esta disculpado. Continue.
-Soy Exsedol Folmo, Archivista de la flota del Comandante Britai, bajo el mando del Almirante Boddole Zer.
El nombre de la flota Zentradi resonó en los oídos de Virya. Era la flota con la que había mantenido escaramuzas los últimos treinta ciclos. ¿Que estaba pasando?
-Si combinamos las dos flotas, nuestras posibilidades de victoria aumentarán considerablemente. -Dijo el Archivista más bajo. -¿De cuantas naves dispone la flota de Boddole Zer?
-Más de cuatro millones de naves de batalla listas para el combate.
-Seguimos teniendo una desventaja numérica considerable. -Dijo el “Exsedol” de Kreegan. -Pero por otro lado, tenemos la iniciativa de poder comenzar nosotros el ataque.
-Exacto. -Dijo Dortrad-Jen.
Virya se sorprendió de darse cuenta que estaba ideando tácticas y posibles escenarios de lo que podría ser esa batalla ¿Desde cuando le importaban esas cosas? Liderar su escuadrón y explotar al máximo las capacidades de sus guerreras para atacar y destruir con eficacia al enemigo, eso era lo importante para ella y su única motivación ¿Por qué estaba pensando en cruceros de batalla y naves de asalto? Eso era trabajo de Kreegan y su Archivista.
Y sin embargo se sentia extraña. Como si no aceptara del todo la idea de que otros decidieran su estrategia de combate.
-Un ataque a tal escala requiere que seamos nosotros quienes escojamos el lugar donde se lleve a cabo ¿Qué sabemos del lugar de concentración de la flota enemiga? -Inquirió el Archivista recién llegado.
-No mucho. -Dortrad-Jen volvió a proyectar la pantalla, que ahora mostraba a la flota enemiga desde lo alto. -Pero sabemos hacia dónde se dirigen.
Ahora se veía claramente la formación de las naves, a medida que las horas pasaban, los grupos habían cambiado de posición y ahora el conjunto tomaba lentamente la forma de una punta de flecha. Dortrad-Jen insertó una línea central y la proyectó hacia la dirección en la que el grupo enemigo apuntaba. La línea roja cruzó los brazos de la espiral galáctica y se adentró hacia el centro de la misma.
-El centro de la Galaxia -Exclamó sorprendido el archivista alto. -¿Por qué se dirigen en grupo hacia allí?
-No lo sabemos, pero no dejaremos que lleguen a destino. -Afirmó el Almirante. -Forzaremos a que entren en FOLD con un ataque preventivo. Cuando están en tránsito por el espacio dimensional crearemos una disrupción en medio de su ruta y forzaremos un DEFOLD de sus fortalezas, el plan es destruirlas antes que el grueso de sus naves puedan contraatacar.
-Entonces el plan depende de dos factores fundamentales. -El “Exsedol” de la flota de Boddole-Zer miró la pantalla mientras hacía temblar su protuberante cabeza. -Forzarlos a entrar en FOLD e interceptar las tres Superfortalezas. ¿Cómo llevaremos a cabo esas dos tareas?
El Archivista de Kreegan dió un paso al frente. -Si atacamos en la retaguardia de su posición actual tendremos la ventaja de evitar el fuego de sus fortalezas. Su tamaño y masa las hace casi imposibles de maniobrar rápidamente para apuntar su cañon principal. Estarán obligados a entrar en FOLD y usar sus naves de batalla más rápidas para rechazar el ataque de la retaguardia y evitar la persecución pero… -Dijo bajando la cabeza mientras hacia una pausa. -El asalto debe ser total, no deben sospechar que es una fuerza menor la que los ataca. No hay retirada posible.
-Una misión suicida. -Dijo el archivista bajo abriendo los ojos de par en par.
-Kreegan estará a cargo de ese ataque.
Virya se sobresaltó al oir la voz de Dortrad-Jen. ¿Acaso había escuchado bien? ¿Su Almirante estaba a punto de enviar a su mejor comandante a la muerte?
-Con gusto acompañaré al Comandante Kreegan hasta el final. -Dijo Exsedol inclinando la cabeza.
-No. -La negativa resonó como un trueno en la estancia. -Usted es el Archivista más experimentado de mi flota, tengo otra misión acorde a sus capacidades.
Por primera vez Virya veía a Exsedol sorprendido. El Zentradi había quedado paralizado mientras las venas de su cabeza latian con violencia. Finalmente, al cabo de unos segundos pareció dominarse.
-Como usted diga Almirante.
El archivista alto se adelantó unos pasos. -¿Como forzaremos el DEFOLD de las fortalezas?
-Con una burbuja WARP en colapso. -Explicó el Almirante. -Enviaremos varios cruceros Nupetiet-Vergnitzs a que las intercepten dentro del espacio FOLD, deben impactar la burbuja WARP de las fortalezas con sus propias burbujas en proceso de colapso. La reacción en cadena producirá que toda la fortaleza entre en degeneración WARP crítica y sea expulsada al espacio, donde nuestras flotas combinadas las destruirán una por una.
-¿Cuantos cruceros se necesitan para crear la degeneración WARP de una Superfortaleza? -Preguntó el Exsedol de Kreegan.
-Uno solo que haga contacto con la burbuja de la nave enemiga será suficiente. -Dortrad-Jen emitió un sonido burbujeante de desagrado. -Pero debemos aumentar las probabilidades de éxito. Que sean Tres los cruceros que ataquen a cada fortaleza.
Los Archivistas asintieron al unísono.
-Más sacrificios. -Dijo el archivista alto. -Esta batalla será muy costosa para ambas flotas.
¿Costosa? -Pensó Virya -Iban a destruir por completo la flota en el ataque ¿Acaso no había otra forma? ¿Otra estrategia? La expectativa de pelear en una batalla de proporciones gigantescas hacía que su corazón latiera con fuerzas pero… Kreegan ¿Por qué elegir al mejor comandante para una misión donde su muerte estaba asegurada? y lo que más le preocupaba ¿Por qué estaba pensando en el oficial que había intentado matarla solo un par de horas antes? No es que lo encontrara objetable, los Comandantes tenían autoridad total sobre sus subordinados e incluso, hasta la propia Virya, reconocia que matarla con sus propias manos habría sido una medida ejemplar en vistas de lo que había hecho con ese escuadrón de novatas y su instructora.
El escuadrón de Virya era parte de la flota de Kreegan ¿Ellas también iban a sacrificarse por la misión?
Giró un poco la cabeza y miró a cada una de las chicas de su escuadrón. Estaba completamente orgullosa de cada una de ellas. Eran una maquinaria de matar extremedamente eficiente, que reaccionaban a sus órdenes como si fueran extensiones de su propio cuerpo.
Saber que su última batalla se acercaba la hacía sentir extraña, pero lo más extraño era no poder definir lo que estaba sintiendo ¿Acaso había una palabra para expresar lo que sentía? ¿La sabria alguno de los Exsedol…?
Y luego estaba la novata… Maya. Tenía un potencial enorme, pero sin entrenamiento era solo una molestia en el campo de batalla. Todos los planes que Virya había imaginado para moldear e incrementar su capacidad de lucha se habían ido por el excusado al momento de conocer el destino de la flota de Kreegan.
-¿Donde será el punto de intersección?. -La voz de uno de los Archivistas trajo la mente de Virya de vuelta al presente.
-Aqui. -Dijo el Almirante indicando un punto en la línea roja que se extendía a través de la galaxia. -Que la flota de Boddole Zer se ponga en camino inmediatamente para preparar la emboscada.
-Transmitiré los detalles de la operación inmediatamente. -El Archivista de la flota Boddole Zer inclinó la cabeza en dirección al Almirante Dortrad-Jen- Destruiremos de un solo golpe a todos nuestros enemigos.
Un apéndice filamentoso descendió zigzagueante desde el cuerpo del Almirante hasta llegar a la altura del Archivista, de entre las ropas de este último surgió un apéndice más pequeño que se conectó por medio de pequeños filamentos como si de un cable se tratase. Los detalles del plan y la información recogida por Kreegan pasaron a formar parte de la memoria del Archivista.
-Será un combate glorioso. -Dijo mientras subía al pequeño transporte personal y se ponia en marcha.
Todos los presentes inclinaron la cabeza mientras el Archivista pasaba delante de ellos y cuando el pequeño vehículo pasó por delante de Virya, se detuvo por un momento y levantó su gran cabeza para mirar a la guerrera.
-Curioso. -Dijo el Zentradi mirando desde abajo a la piloto. -Luego, sin decir más, volvió a ponerse en marcha y desapareció por el mismo túnel que había llegado.

Pasaron unos momentos de silencio, fué Dortrad-Jen quien habló primero.
-Desde los tiempos de la República Estelar no se han realizado operaciones conjuntas entre flotas Zentradi. -Dijo mientras alzaba su cuerpo por sobre la enorme cámara. -Pero es vital que destruyamos a nuestros enemigos donde sea que los encontremos.
-Así se hará, Almirante. -Dijo el Exsedol más bajo.
-Solo nos queda la interrogante del motivo de este inusual despliegue de tropas. -El Exsedol más alto hablaba mientras miraba la oscuridad de la caverna, como tratando de ver más allá de las paredes de la fortaleza. -¿Por qué se dirigen hacia el centro de la galaxia? ¿Que esperan encontrar allí?
-Si sobrevivimos a la batalla, lo averiguaremos. -Afirmó el Almirante. -Aunque es muy probable que esta sea nuestra última.

Los presentes guardaron silencio mientras una serie de máquinas se ponian en marcha en las paredes de la cámara de Dortrad-Jen. El cuerpo del Almirante intercambió algunas conexiones de tubos aquí y allá mientras varias protuberancias se inflaban o desinflaban cumpliendo alguna misteriosa función biológica o de control de la enorme fortaleza.
Virya cayó en la cuenta que el propio Dortrad-Jen participaria tambien en la batalla. Así como los Rau eran a su vez arma y cuerpo de las Meltran, toda esta fortaleza era la armadura y arma del Almirante. ¿Como se sentiria el tener tanto poder bajo el control de un solo ser? La guerrera apretó la mandíbula con fuerza. Otra vez la incapacidad de encontrar las palabras necesarias para poner en orden sus pensamientos. ¿Como es que durante todos sus ciclos de combate jamás había tenido tanta necesidad de palabras? Era extraño y a la vez fascinante…. ¿Pero peligroso? Maldita sea la suerte que la llevó a encontrarse con un Exsedol. Pensó mientras echaba una mirada fulminante al Archivista.

-Es hora. -Dijo finalmente el gigantesco Almirante mientras volvía a adquirir la expresión de antes. -Debemos comenzar inmediatamente.
-Transmitiremos las órdenes a nuestros Comandantes inmediatamente. -Dijo el Exsedol Alto mientras llamaba a su vehículo personal.
-Aún no. -Exclamó Dortrad-Jen. -Falta un asunto más antes de iniciar la batalla.
-¿Asunto? -Preguntó intrigado el Exsedol de Kreegan. -¿Que asunto?
-Una misión especial. -Dijo el Almirante. -Una misión que solo la mejor guerrera Meltran de mi flota puede llevar a cabo.
Las Meltran levantaron las cabezas al unísono. Virya frunció el entrecejo. No le gustó nada lo que estaba escuchando.
-Veo tres escuadrones de Meltran aquí. -Dijo el Exsedol Alto. -Y son las mejores guerreras de cada una de las escuadras que componen nuestra flota. ¿Como vamos a elegir al mejor de ellos?
-Con un combate. -Dijo Dortrad-Jen. -Que la mejor guerrera sea la que sobreviva.
35 por Gerli
-Y por eso estamos metidas en este lío. -Exclamó entre suspiros la piloto Meltran.
Incluso estando Micronizada era una piloto excepcionalmente alta para la media de las guerreras Zentradi, eso le había traído algún que otro malentendido con ciertos fans de una banda de rock, quienes veían en la joven guerrera un parecido extraordinario con cierta baterista de renombre universal. En todo caso era normal que ciertas Meltran se parecieran a otras. El proceso de fabricación con el que habían sido creadas en las flotas Zentradi previo contacto con la humanidad no creaba demasiadas variantes a la hora de definir los rasgos físicos y las similitudes eran algo común.
Claro que Lagis tenía el pelo de un color rojizo, al contrario de la famosa baterista y lo llevaba largo y suelto, en clara oposición a la época en la que luchaba junto a sus camaradas Zentradi. El cabello de las meltran no crecía, solo al someterse al proceso de micronización los procesos de crecimiento de cabello y uñas se activaban en las guerreras ¿Porqué? Vaya uno a saber, los genes eran algo que no le interesaban en lo más mínimo, pero amaba su cabello largo.

El transporte que pilotaba en esos momentos era un modelo bastante más pequeño que los transportes que se usaban en el espacio profundo, en las rutas interestelares que enlazaban los pequeños asentamientos humanos o las grandes flotas de inmigración. En realidad se trataba de una nave que había sido diseñada para mover bienes y personas entre diferentes naves de una flota o entre estaciones espaciales de órbita baja y asentamientos superficiales. El enorme equipo FOLD que coronaba la parte superior de la nave y la torreta de dos cañones que sobresalia de la parte trasera denotaba un uso y un propósito totalmente diferente al que originalmente había sido concebida.
-Eso no aclara el porqué estamos aquí. -Dijo con tono ofendido su compañera, mientras flotaba boca abajo en la parte trasera de la cabina. Habían removido la separación entre cabina y espacio de carga, por lo que se podía observar el interior completo de la nave desde el asiento del piloto.
-Ya te dije, la Directora cambió las órdenes originales. Se nos avisó que eso podía ocurrir si se producían alteraciones en el plan original.
-Pero…..
-Pero nada. -Dijo enfatizando la última palabra. -Estamos en espera y eso es todo lo que necesitas saber.
La meltran que estaba cabeza abajo sacó la lengua en un gesto burlón movió su cuerpo violentamente y se enderezó de un solo movimiento, deteniendo su rotación con una de sus manos contra el techo de la cabina. Luego se alejó flotando hacia el compartimento de carga, que se encontraba totalmente vacío.
La joven era más baja que su compañera, de cabello violeta y atado en una trenza, un color común en las guerreras, pero con la piel mucho más oscura, a diferencia del tono pálido que las Meltran poseían al estar confinadas en las naves de combate. Estas pequeñas diferencias denotaban el origen mestizo de la joven.

Como habíamos dicho, el interior de la nave estaba completamente vacío y apenas iluminado por unas tenues luces rojas de posición. La cabina estaba mejor iluminada, pero las luces blanquecinas no llegaban hasta el fondo de la bodega, donde una serie de camastros adosados a la pared metálica conformaban el único mobiliario de la nave.
Hacia la cama superior se dirigió flotando la joven quien, de un solo movimiento con uno de sus brazos, se balanceó sobre la pequeña baranda de la cama al tiempo que pasaba sus piernas por un pequeño anillo de goma, de modo que al acostarse sobre el colchón quedó firmemente adherida al mismo, sin peligro de salir flotando o rebotar descontroladamente al más mínimo movimiento del cuerpo.
Unas pequeñas luces se encendieron por sobre la cama al detectar la presencia de la joven, quien sacó del bolsillo frontal de su traje de vuelo un pequeño pad y lo conectó a un minúsculo adaptador que sobresalia del costado de la cama. Inmediatamente una pantalla holográfica se desplegó delante de ella y un brazo mecánico con un teclado incorporado se desprendió de la pared colocándose debajo de la pantalla.
La guerrera se dispuso a escribir una nueva entrada de su diario personal.

-Nina… -La voz de la piloto se escuchó a través del pequeño altavoz adherido al traje de vuelo de la joven. -Estamos en espera, pero seguimos alertas. ¿Recuerdas…?
Con una palmada sobre el control en su voluminoso pecho izquierdo, Nina apagó el intercomunicador y siguió escribiendo como si nada.
30 metros más adelante, Lagis suspiró y se dió por vencida. Nina era una compañera estupenda y se llevaban muy bien durante las largas misiones de soporte en el espacio profundo, pero indudablemente seguía siendo una chiquilla de 17 años.
Volvió a colocar su asiento en la posición de pilotaje. No es que hubiese nada interesante que ver a través del vidrio de la cabina, pero el tener una visión general de hacia dónde se dirigía la nave la hacia sentir mas segura.
El tema es que la nave no iba a ningún lado.

La última comunicación con sus superiores había sido hacía más de 28 horas. Le habían asignado un nuevo punto de DEFOLD y que se mantuviese en espera hasta establecer contacto con Verde Dos o recibir instrucciones del Control de Misión. Ni uno ni el otro habían dado señales de vida y la espera se hacía demasiado monótona para Lagis.

Así que la nave flotaba silenciosamente en medio del espacio estelar, con sus luces externas apagadas y manteniendo un rígido silencio radial.
Lagis volvió a revisar el radar dimensional, lo hacía en intervalos de 20 minutos para matar el aburrimiento. Era el único instrumento pasivo que tenía permitido usar en la misión, ya que podía monitorear los alrededores de su nave sin emitir ninguna clase de señal o radiación que alertara de su presencia.
Todo seguía igual. Había habido un extraño pulso de energía hace unas horas, pero no había vuelto a manifestarse y además parecía ser bastante lejos ¿20 o 30 años luz? Ojalá Layla estuviera con ella, ella era la experta en estas cosas y podía distinguir una abeja de un abejorro a 10 años luz de distancia solo por la sutil diferencia en la vibración del movimiento de las alas.
Trazó una línea con el dedo en la pantalla de la consola de mando y desplegó el historial de contactos del radar dimensional. Seleccionó el pequeño punto naranja y una serie de gráficos se desplegó en pantalla. Supuestamente mostraban información sobre qué cosa había perturbado el Espacio Dimensional y que clase de perturbación era ¿Un DEFOLD? ¿Una Anomalía? ¿Una Falla? Lagis solo veía rayas y algo que parecía ser un gráficos de ondas… ¿Longitud de ondas? Si, esa era la palabra. Las matemáticas no eran su fuerte, la historia en cambio, la fascinaba.
La mayoría de los Zentradis que se habían integrado a la forma de vida de los humanos pronto descubrieron que, a pesar de su enorme adelanto tecnológico, eran prácticamente niños en cuanto a educación básica.
No era de extrañar, los guerreros no necesitaban educación para hacer su trabajo. Eran creados con los conocimientos necesarios para hacer de ellos una eficiente máquina de guerra al servicio de la Armada Zentradi.
Abrazar la cultura humana había sido una experiencia única y, en cierta forma, devastadora para los Zentradis. Muchos no habían sido capaces de soportar el cambio y habían rechazado por completo a la humanidad, incluso con violencia. Lagis sentía asco por esa clase de Zentradi. ¿Rechazar la cultura? ¿Cómo podría alguien rechazar una parte de si? Porque solo a través de la cultura un Zentradi podía verse a si mismo como un individuo independiente del resto, como un ser único e irrepetible, aún habiendo sido “fabricado” en masa por la armada Zentradi.

Quienes experimentaban el shock cultural y decidían transformarse al nuevo orden, debían de pasar una serie de pruebas y adaptaciones que modificaban no solo su mente, sino también sus cuerpos. La micronización les permitía a los gigantes vivir junto a los humanos y experimentar al máximo la cultura de la sociedad. Era una de las formas en la que un Zentran o meltran se sentían “completos”.
La otra era el sexo.
Pero Lagis no pensaba en el sexo en ese momento. Pensaba en su educación, en como había absorbido el conocimiento humano y como disfrutaba de la historia de los “micronianos” como aun acostumbraba llamarlos, a pesar de haber adoptado su tamaño hacía varias décadas atrás…
Le fascinaba como, en tan poco tiempo, esas criaturas habían pasado de saltar de arbol en arbol a realizar saltos FOLD a través de la galaxia.

Claro que la respuesta era muy sencilla; las formas de vida del planeta que ellos llamaban “Tierra” habían sido intervenidas por la Protocultura. Una especie de simio fue quien mejor hizo uso de los genes insertados por el enviado de la antigua República Estelar y había evolucionado rápidamente en los humanos modernos. A partir de allí, esos simios genéticamente modificados habían comenzado a dominar su ambiente, creando herramientas, explorando su entorno y, finalmente, abandonando su planeta en busca del conocimiento que existía más allá de su estrella local ¿Había la Protocultura inculcado en esas formas de vida el deseo de explorar la galaxia? Muy probablemente, pero lo que más fascinaba a Lagis era la increíble cantidad de coincidencias que habían hecho posible la supervivencia de la raza humana.
Había miles de civilizaciones “creadas” por la Protocultura diseminadas por toda la galaxia conocida. La gran mayoría de ellas sólo alcanzaban un grado de desarrollo bastante mediocre, “tribal” sería la palabra más adecuada. Al tener acceso a mucho de la información que sólo los altos mandos de la flota Zentradi tenian y que ahora eran parte de la información académica que los humanos libremente podian consultar, Lagis descubrió que era algo normal para la armada Zentradi exterminar a estas civilizaciones, ya que eran consideradas “propiedad” de la Protocultura y, por ende, blancos legítimos de ataque.
¿Como habían sobrevivido los humanos? La cultura había sido, en definitiva, el “arma” que detuvo a la maquinaria de guerra Zentradi y evitó la extinción de la raza humana, pero la cultura sola no podía, de ningún modo, afectar de la forma en que lo hizo a la armada de Boddole Zer, quienes ya habían exterminado a varias otras civilizaciones de la Protocultura en ocasiones anteriores al contacto humano.

La clave había sido, por supuesto, una nave del Ejército de Supervisión.
En solo 10 años los humanos habían reparado y aprendido algunos de los secretos de la nave que había caído en ese lejano planeta en el año 1999 del calendario terrícola.
Eso ya de por si era un evento altamente improbable, más teniendo en cuenta que toda la tripulación de la nave había perecido durante el combate con las tropas de Boddole Zer y fue el sistema de navegación automático quien intentó aterrizar la nave en el cuerpo celeste más cercano.
Lo que escapaba a toda comprensión era la sorprendente coincidencia de que dicho evento sucediese en el tiempo exacto en el que la humanidad había desarrollado el suficiente nivel tecnológico para poder entender el funcionamiento de dicha nave.
En 1999 la humanidad estaba empezando a descubrir los secretos de la física cuántica que domina el comportamiento del universo. La existencia de universos paralelos era apenas algo más que teorías exóticas de algunos científicos que trataban de explicar los misterios del universo. Las computadoras eran conocidas hacia varias decadas atras, pero su velocidad y rendimiento solo habían comenzado a crecer exponencialmente en la última década.
Si esa nave hubiera caído solo 10 años antes, la humanidad nunca hubiese podido descubrir sus secretos a tiempo y los Zentradis los habían arrasado en minutos.

Lagis sonrió, no había “Si’s” en la historia. Eso lo habia leido en algún lado, una cita de una famosa antropóloga que había comenzado a entender el verdadero origen de los seres humanos y el papel de la Protocultura en todo ello. ¿Como era su nombre? En fin, ya lo buscaría luego en la Enciclopedia Galáctica de la Red Estelar.

Diez ciclos, pensó Lagis. Era un tiempo irrisoriamente corto en el universo. ¿Tanta suerte habían tenido los humanos? Trató de recordar algo de esa época, de cuando era una simple soldado raso en una de las naves de la escuadra Meltran de Moruk Lap Lamiz. No recordaba absolutamente nada de sus actividades antes del contacto con la humanidad. ¿Había cumplido misiones contra el Ejército de Supervisión? Y si hubiese sido así ¿Porque no lo recordaba? Lo que si recordaba era haber luchado contra los humanos, de haber destruido varios de esas extrañas naves que de pronto se transformaban en robots… pero casi todo lo que había pasado antes del shock cultural estaba envuelto en una niebla confusa.
El “Shock” cultural había sido diferente para Zentrans y Meltrans. Mientras la música de Minmay había afectado mayormente a los Zentran, el descubrimiento de que los Micronianos Hombres y Mujeres conviven juntos, fue lo que más afectó a las Meltrans de la flota.
La propia Lagis fue una de las primeras en descubrirlo, cuando durante una de las misiones de supresión de las comunicaciones de la nave Microniana se encontró con una escena que la perturbó profundamente y fué el desencadenante de su propio Shock Cultural.

El Comandante Breetai Kridanik había establecido un estrecho cerco a la nave Microniana luego de perseguirla hasta los confines del sistema solar, donde inútilmente habían intentado escapar de las fuerzas Zentradi mediante un salto FOLD ejecutado de forma temeraria en la atmósfera del planeta Tierra.
Los humanos intentaron retornar a su planeta, pero las fuerzas de Breetai los localizaron e iniciaron una serie de ataques de hostigamiento para dominar a los Micronianos ¿Porque había hecho eso el Comandante Breetai? Lagis, aficionada como era a la historia, se había hecho la misma pregunta cientos de veces y nunca había encontrado una respuesta que la satisficiera. Britai debería haber destruido a la nave y a los humanos en el mismo momento de descubrirlos ¿Porque había vacilado? Y luego del FOLD de la nave, en vez de arrasar el planeta y luego cazar a los fugitivos, había ignorado completamente los procedimientos de la armada Zentradi. ¿Había sido Breetai el primer Zentradi afectado por la cultura humana? Su obsesión con esa nave parecía confirmar la sospecha.
En todo caso, gracias a esa obsesión los humanos habían sobrevivido. Mantener a esa nave y los humanos que la habitaban con vida había sido la clave para que el Shock Cultural se extendiera por toda la flota Zentradi.
Como habíamos dicho, Breetai había establecido un apretado cerco en torno a la nave de los humanos y los mantenía aislados de las demás fuerzas terricolas que, en su mayoria, habian quedado posicionadas para la defensa de su pequeño planeta. Los micronianos intentaron en varias oportunidades romper el cerco de Breetai, enviando naves de exploración o intentando establecer comunicaciones de larga distancia con su planeta de origen.
Lagis era miembro de un escuadrón de Meltrans que patrullaban el perímetro alrededor de la nave enemiga cuando se toparon con un escuadrón de cazas, quienes escoltaban algún tipo de nave de comunicaciones.
La líder del escuadrón de Queadluun y el resto del escuadrón atacaron a los cazas de escolta mientras Laris se encargó de la indefensa nave de comunicaciones.
Los pobres diablos no tuvieron oportunidad, en un instante el Queadluun de Laris había arrancado con varios disparos el enorme plato de radar que estaba montado sobre el avión de combate, que se transformó de inmediato en esos robots parecidos a Zentradis y contraatacó inútilmente con su rifle de asalto.
La guerrera esquivó las balas con indiferencias y entró en lucha cuerpo a cuerpo con su enemigo, con solo dos movimientos arrancó uno de los brazos del robot aplastó su cabeza con el puño de su armadura. Para su sorpresa recibió una violenta patada en la parte baja de su armadura y, atónita, observó como su enemigo se transformaba nuevamente en caza para escapar. ¿No acababa de aplastar su cabeza? Rápidamente extendió el brazo de su armadura y capturó una de las piernas del robot, evitando que huyera. Con un violento tirón atrajo a su enemigo hacia ella. Tuvo una fugaz vista de una pequeña figura a través del cristal de lo que parecía ser una cabina en miniatura, pero una sección de blindaje la cubrió casi de forma inmediata. Laris no lo pensó demasiado, con la mano libre tomó la parte del caza donde había visto la cabina y comenzó a tirar con todas sus fuerzas.
Toda la parte frontal del caza se desprendió y Laris arrojó con fuerza el cuerpo inerte a un lado, que explotó solo segundos después.
Lo que vió la paralizó por completo.
Había dos pequeños soldados enemigos, micronianos evidentemente, en lo que parecía una cabina doble. El del asiento superior había perdido el casco y unos largos cabellos marrón oscuro flotaban alrededor de su cabeza, ocultando parcialmente su rostro. Evidentemente estaba muerto, pero algo en las formas que se dibujaban a través del traje de vuelo ajustado llamaron la atención de Laris, era una Meltran micronizada.
El piloto del asiento inferior estaba todavía vivo y se movía con dificultad en su asiento. Al parecer sus piernas estaban aplastadas. Era un Zentran.
¿Zentran y Meltran volando juntos? ¿Combatiendo juntos? ¿Que estaba pasando?
-De… Deculture! -Exclamó Laris retrocediendo mientras su cuerpo dentro de la armadura temblaba violentamente. Había olvidado donde estaba o que estaba haciendo y absolutamente todo lo demás. No podía apartar los ojos de la pareja de micronianos que acababa de derrotar con sus propias manos.
No recordaba cuanto tiempo habia pasado asi, mirando la escena completamente paralizada, podían haber sido minutos u horas, sólo cuando las alertas de la cabina le advirtieron que varios misiles se acercaban hacia ella es que pudo salir del trance.
Los refuerzos humanos habían llegado. Tres… no, cuatro escuadrones de aviones enemigos habían entrado en rango de ataque, lanzando varias rafagas de misiles contra el grupo de Laris. Ya habían abatido a varios Queadluuns cuando Laris vio con terror como uno de los cazas enemigos, pintado con franjas negras y amarillas se enzarzaba en combate con su líder y la acribillaba a disparos con facilidad, pasando rápidamente al siguiente blanco, con una fluidez que nunca había visto en piloto Zentradi alguno.
Un escuadrón de tres cazas se había separado del grupo y venía directo hacia ella, disparando sus misiles.
Laris huyó, algo que nunca hubiese ni siquiera imaginado hacer como soldado Meltrandi, pero su cuerpo reaccionaba solo. Había un impulso irresistible que la urgía a escapar de esos enemigos y, especialmente, de ese caza con las marcas amarillas y negras.

-¿Laris? -Preguntó una voz a su lado.
La Meltran abrió los ojos. No recordaba cuando los había cerrado.
-¿Estas bien?
Nina estaba flotando cabeza abajo a su lado y la miraba con curiosidad.
¿Cuánto tiempo había estado enfrascada en sus pensamientos? Miró el pequeño reloj de la consola y se asombró al ver que había pasado casi hora y media desde que revisara las lecturas del radar dimensional.
-Si Nina, estaba pensando, nada más.
-¿Pensando?
-Pensando. Solo pensando ¿Esta bien? -Dijo molesta mirando a su compañera.
La joven se llevó el dedo índice a la frente y miró con interés renovado a su compañera. -Pensando…pensando… -Repetía sin cesar. -¿Nunca se te ocurrió poner esos pensamientos en forma escrita?
Laris suspiró. -No Nina, no soy buena escribiendo.
-Yo podría escribirlas por ti…
-¿Tu? Ja! -Exclamó Laris con una carcajada. -primero terminá con tus estudios. Ni siquiera tienen buenas calificaciones en literatura ¿Y quieres ayudarme a mi a escribir?
-Me gusta escribir. -Dijo Nina molesta, inflando las mejillas.
-Esas historias tontas..
-Fanfics
-Esas… no se como te gusta perder tiempo con esos cuentos de la Red…
-Me gusta contar historias. -Dijo la joven ofendida mientras giraba sobre sí misma. -Vos nunca las entenderias.
-Si que las entiendo, todo ese romanticismo entre hermanos y primos… ¿En Serio te gusta todo….eso? -Dijo Laris sacudiendo la mano.
La cara de Nina estaba roja como un tomate. -Tengo lectores!- Exclamó. -Hay gente que aprecia lo que hago!
-¿Cuantos?
La joven guardó silencio y bajó la cabeza… -Ocho. -Dijo en un susurro
-¿Cuantos? -Volvió a preguntar divertida Laris.
-¡Ocho!.... bueno, siete. Un review es mío… -Dijo mientras evitaba mirar a su compañera. -Pero voy mejorando!
-No lo dudo no lo dudo. -Dijo Laris con una carcajada. -Pero no quiero que- Un sonido estridente ahogó sus palabras. Una alarma de proximidad se había disparado en el radar dimensional.
Algo estaba haciendo DEFOLD cerca de la nave.
Muy cerca.
36 por Gerli
La vuelta a la colonia se hubiese desarrollado en total silencio de no ser por los prolongados y recurrentes avisos de advertencia que la computadora de a bordo del VF-17S2 gritaba por los altavoces de la cabina. Jim se pasó casi todo el viaje golpeando repetidamente el botón con la leyenda ALARMA MAESTRA hasta que, luego de un par de golpes especialmente violentos, dejó de sonar y la tranquilidad volvió a reinar en la cabina.
Cinthya se mantuvo en silencio y completamente inmóvil en su asiento, apretando contra su pecho al diminuto Drone de reconocimiento, como si de un niño pequeño se tratase.
El silencio también se sentía entre las radios del grupo de Recolectores. Ni Ralph ni los dos pilotos del transporte habían abierto la boca desde el momento en que habían dejado el improvisado refugio, no sin antes haber marcado el sitio con una pequeña sonda de posicionamiento.
Jim se debatía entre los sentimientos de culpa por haber estropeado la misión y la curiosidad que sentía al ver la reacción de los colonos al encontrar el Queadluun-Rau rojo. ¿Que tenía de especial esa armadura? Amanda se había quedado muda al escuchar el reporte de sus trabajadores y había ordenada la inmediata marcación del hallazgo ¿Tan importante era? El piloto utilizó el control de su mando para acceder al registro de la computadora. Había sacado un par de fotografías mientras el resto del grupo escuchaba las órdenes de Amanda de retornar inmediatamente.
Proyecto dichas fotografías en su casco; no había razón alguna para hacerlo en la consola principal y alarmar aún más a Cinthya.
Los Queadluun-Rau eran armaduras de combates que sólo la Elite de las fuerzas de combate Meltran utilizaban. Estaban mucho mejor armadas que sus contrapartes básicos, los Queadluun-Nona y poseían dos reactores en vez de uno, lo que les proporcionaba una velocidad y movilidad incomparables.
Eran, sin lugar a dudas el mecha más veloz de la armada Zentradi.
Dicha velocidad venía, sin embargo, acompañada de un blindaje mucho más débil que el otros robots. Su instrucción sobre el combate contra estas armas le dictaba que debía usar los cañones como arma principal, ya que incluso hasta los mejores misiles del arsenal de la NUNS, los HMMM’s de alta maniobrabilidad, eran incapaces de seguir los movimientos y giros de esas armaduras.
Una ráfaga del Gunpod estándar podía destrozar fácilmente la armadura de un Queadluun-Rau.
El tema era acercarse lo suficiente para disparar sin que lo hicieran pedazos a uno.

Jim recordaba las incontables horas en los simuladores de la academia. Los Queadluun-Rau eran considerados HARD MODE entre los cadetes. Generalmente los instructores insertaban uno de ellos durante las simulaciones de combate para bajarle los humos a algún estudiante cuyo ego se hubiese inflamado demasiado.
Lo mejor que Jim pudo hacer contra un Queadluun-Rau fué un impacto indirecto en el talón de uno ellos, lo que le valió una interesante cantidad de puntos extra en el recuento final al culminar la misión.
Claro que también había sido acribillado a disparos por esa misma armadura y todos sus puntos fueron descontados por no sobrevivir.
Sus compañeros lo llamaron «Aquiles» desde entonces.

Jim se concentró en la imagen de la armadura que tenía delante; estaba bastante deteriorada por la radiación de neutrones y la pintura roja se había transformado en un rosa pálido del lado más expuesto al centro de la anomalía.
El rojo era un color extremadamente inusual en las flotas Zentradis. Solo los ases entre ases podían tener una maquina asi. Jim recordó las escenas de combate de la película «Do You Remember, Love?» Donde Milia Fallyna pilotaba una de un color similar ¿Estaba ante los restos de una piloto del mismo calibre que la legendaria As Meltran?
Si era así, se trataba de un descubrimiento extraordinario realmente. ¿Era por eso el interés de Amanda? ¿O había otras razones?
Se concentró en los detalles; la armadura tenía varias marcas de disparos, la mayoría indirectos (Lo que significaba que el proyectil no había impactado contra el metal en forma frontal, sino que había sido un impacto lateral u oblicuo) Quien hubiese pilotado esa armadura, sabía cómo minimizar los daños ante la inevitabilidad de un impacto.
No obstante uno de los brazos había sido arrancado por una explosión, al igual que la parte inferior de una de las piernas.
La cabina parecía estar abierta.
Jim acercó al máximo la imagen; había sido tomada en condiciones de luz y radiación extremas, por lo que la calidad de la fotografía era muy mala, no obstante encontró con facilidad lo que sospechaba; la cabina estaba vacía.
Esto era el acertijo más grande de todos ¿Una armadura vacía? ¿Quien había rescatado a esa piloto? ¿O la había abandonado por si sola? Esto se contradecía completamente con sus conocimientos sobre la forma de luchar de los Zentradis; lo hacían hasta el final, no abandonaban nunca sus máquinas de combate.
Un traqueteo interrumpió sus cavilaciones ¿Ahora que demonios era lo que estaba haciendo ruido en la nave? Apagó la visualización del casco y comenzó a buscar el origen del ruido en la cabina.
Eran los dientes de Cinthya.
La joven había estado recogiendose en su asiento hasta casi haber adoptado una posición fetal y su cuerpo temblaba visiblemente. Solo el arnés de seguridad impedía que su compañera se llevase las rodillas al pecho.
—Cinthya... —Murmuró despacio Jim sin saber que decir
—Dejala Jim —escuchó por los auriculares— La pobre esta en estado de shock.
Era Ralph quien hablaba por la frecuencia abierta. Había olvidado otra vez el cerrarla y el cristal de la cabina estaba con su máximo nivel de transparencia, por lo que eran completamente visibles para el gigante y sus compañeros.
Jim miró a Cinthya a través de los espejos laterales. La joven se había comportado valientemente durante su escape, pero era sabido que se tarde o temprano pensaría en lo que había sucedido y la realidad acabaría por derrumbar sus nervios. Al fin y al cabo era una civil, no estaba preparada para afrontar la muerte de una forma tan horrible.
Apagó la frecuencia abierta y encendió un enlace privado con Ralph a través de su casco.
—Yo.. —comenzó lentamente— La he cagado. ¿No?
—La has cagado amigo —asintió Ralph y Jim pudo ver como el gigante acompañaba sus palabras con un gesto de la cabeza. —Pero estamos vivos y eso es lo importante ahora… eso y llegar a la Rainbow de una pieza por supuesto.

Jim se llevó la mano al casco e hizo un saludo al gigante, que contestó con un gesto similar aunque, por una fracción de segundo, Jim creyó ver una mueca de dolor en el rostro de Ralph tras el cristal del casco. ¿Estaría malherido?
El viaje de vuelta les llevó el doble de lo esperado. Ambas naves habían recibido un castigo extremo durante el accidente, con impactos de escombros en casi todo el casco exterior, era un verdadero milagro que todavía pudiesen volar.

A unos quinientos kilómetros de la Colonia, Jim se percató que Cinthya se había calmado notoriamente. La pequeña ventana que había abierto a un lado de la consola de monitoreo le informaba que los latidos del corazón de la joven había alcanzado valores normales, además, sus ondas cerebrales mostraban un patrón mucho más tranquilo y uniforme (En realidad eran patrones de referencia los que informaba la computadora, Jim no tenía idea de lo que significaban esas lecturas)
De pronto se sintió culpable de estar mirando esos datos, aunque solo fueran una serie de gráficos y números, eran algo privado de Cinthya.
Jim cerró la pequeña ventana y miró a su copiloto a través de los espejos. La joven se había enderezado en el asiento y mantenía la cabeza baja, mirando en silencio el suelo de la cabina.

—Cin… Ya estamos llegando a la Colonia ¿Estas bien?
Para su alivio, vio como la joven asentía con la cabeza. Al cabo de unos momentos levantó la vista y miró hacia el frente, hacia el respaldo del asiento de Jim.
—Tuve mucho miedo. —dijo simplemente.
—Lo sé —contestó el piloto—. Yo también.
Cinthya cerró los ojos e hizo un gesto de negación con la cabeza. —No —dijo. —Nos sacastes de ahí esquivando toda esa chatarra que estaba a nuestro alrededor. No sabia que podias volar de esa forma, moviendote de un lado a otro, girando y saltando por sobre esos escombros… nunca había visto pilotar a alguien asi, fue sorprendente.

Jim escuchó en silencio a su compañera y se sorprendió al darse cuenta que estaba apretando los controles de su avión con fuerza. Es cierto que había hecho algo para lo que jamás había sido entrenado ¿Escapar de la zona de muerte de un arma de energía en medio de un campo de escombros y desechos? Ni en la mente más retorcida del mas hijo de puta de los instructores de la academia podría haber surgido un escenario similar.
Y sin embargo habían escapado. ¿Suerte? Sin duda, especialmente teniendo en consideración lo cerca que habían estado de la boca del cañón. Jim recordaba con aterradora claridad la particularidad de estas armas monstruosas; no sólo desintegraban en el acto cualquier clase de material en la zona directa del ataque, sino que la onda gravitacional que la energía dimensional liberaba alrededor del haz principal era tan poderosa que podía destruir con igual facilidad a cualquier nave que estuviese lo suficientemente cerca.
Habían escapado volando sobre la misma onda mortal que arrastró escombros y naves como hojas secas en un tifón otoñal.
—Tuvimos…. suerte— fué todo lo que Jim pudo contestar a la joven.

Pero no estaba siendo sincero con Cinthya. Jim había sentido algo extraordinario y único allí dentro en la zona de escombros. Aunque no podía describir con exactitud la experiencia, sabia que habia sido lo más cercano a un estado de felicidad de una pureza extraordinaria. ¿Había experimentado un estado de éxtasis al escapar de una muerte segura?
Sus genes Zentradi… esa era la explicación más lógica ¿Como explicar ese desprecio por la muerte y el éxtasis que lo embargaba durante la lucha sino por la presencia de su herencia alienígena?
Y de pronto Jim tuvo miedo. No era el temor propio del soldado que evalúa su supervivencia en el campo de batalla, de pie frente al enemigo.
Tenía miedo de sus propios genes, de los cambios que eran capaces de producir en su persona, sin importar cuantos años hubiesen pasado desde que sus ancestros lucharon unos contra otros. ¿Qué otros secretos se guardaban dentro de su ADN? ¿Que tan hondo había cavado la Protocultura dentro los genes Zentradi?

Una señal sonora sobresaltó a ambos pilotos; algo había aparecido en el radar y la computadora de abordo requería la atención de su piloto. Jim se inclinó sobre la pantalla principal y trató de activar la visualización del radar, para su sorpresa, la pantalla aparecía completamente oscura.
—Mierda —dijo.
—Ya lo tengo —confirmó Cinthya desde el asiento trasero. —Nave con identificación civil, parece un carguero.
Jim sonrió y miró hacia el transporte que volaba cerca de ellos, con el gigante colgado sobre el mismo. Ralph y el resto de los Recolectores aún no habían detectado a la recién llegada, lo que era lógico ya que sus sensores no tenían comparación con el equipo del caza de Jim.

El Teniente Jim activó el canal abierto desde el control del casco. —Hal, Nix ¿Me reciben? Cambio.
—Fuerte y claro —se escuchó la voz de Nix, aunque algo distorsionada por la estática proveniente del Campo. —¿Pasa algo?
Ralph escuchó el llamado y giró la cabeza en dirección al caza con evidente interés.
—Tengo una nave de identificación civil con rumbo a la Colonia, posible carguero o transporte liviano ¿Esperaban visitas?
—La Rio Grande! —exclamó Hal con entusiasmo. —Llegan con demora.

Recorrieron los últimos kilómetros hasta la enorme nave fábrica y enfilaron directamente hacia el hangar, como estaban en emergencia declarada, tenían permiso para efectuar el acercamiento directo.
La Rio Grande llegó momentos más tarde, iniciando la maniobra de aproximación a la Colonia mediante un circuito circular.
—Gray debe estar comiéndose las uñas —dijo Hal señalando al carguero.
—Ni se debe imaginar lo que pasó en el campo. —exclamó Nix.
La Rio hizo destellar sus luces de aproximación y desapareció tras las enormes torres de la Colonia. El equipo de recolectores entró al hangar y se detuvo torpemente en la bahía de transición, esperando para pasar al hangar principal
Una llamada desde la Torre de Control interrumpió la espera. —Aquí Control de Tráfico de la Colonia Rainbow, me reciben Recolectores?
—Eh Annie— exclamó Ralph —No pensé que era tan tarde.
—Recien empiezo el turno —dijo con voz animada. —¿Estan bien o mando la grúa?
—Estamos bien, podemos aterrizar normalmente.
—Copiado Recolectores, tienen luz verde para entrar. Bienvenidos a casa.

Las balizas de precaución se apagaron y la enorme compuerta comenzó a abrirse. Los recien llegados quedaron cegados momentaneamente por la luz que de pronto se derramó sobre ellos.
—Wow… Amanda encendió todas las luces.
Ralph se había bajado del transporte al sentir que la gravedad aumentaba. Entró al hangar caminando lentamente mientras la nave y el caza de Jim lo seguían volando erráticamente a baja altura.
Una pequeña multitud los esperaba, cinco vehículos, una ambulancia y un camión de mantenimiento, todos apostados alrededor de la zona de aterrizaje.

El transporte manejado por Hal se dejó caer sobre su tren de aterrizaje con un crujido que hizo apretar los dientes a más de uno en la comitiva de recepción. Jim desplegó el tren de su caza y luego de comprobar que todo funcionaba bien, aterrizó suavemente en el mismo lugar de donde saliera esa misma mañana.
—Iniciando secuencia de apagado— dijo Jim a su copiloto
Cinthya comenzó a apagar su consola siguiendo las instrucciones que había memorizado en su breve pero intenso entrenamiento. Cada puesto de la cabina tenía sus propios sistemas independientes, por lo que Jim y Cinthya debían hacer exactamente los mismos pasos. Solo Jim tenia control sobre los motores, los cuales tenían que apagarse en último lugar.
Solo cuando las dos enormes turbinas se apagaron y quedaron en silencio, Jim abrió la cabina y miró alrededor.

Ralph había avanzado sólo unos metros pero inmediatamente se recostó con un gran gesto de dolor contra una plataforma repleta de placas de metal. Se habia quitado el casco de su traje y su cara, perlada de sudor, evidenciaba el mal momento por el que estaba pasando.
—Mierda —masculló Jim y saltó ágilmente de la nave. Cinthya lo siguió unos momentos más tarde, desplegando la pequeña escalerilla del fuselaje ayudada por Jim.
—Espero que Ralph está bien —dijo Cinthya cuando Jim la tomó por la cintura y la depositó suavemente en el suelo junto a él.
El piloto no contestó y se quitó el casco, indicando a su copiloto que hiciese lo mismo, luego de fijarlos en sus soportes en la espalda, caminaron lentamente hacia el grupo de personas que rodeaban los transportes alineados frente al lugar donde el gigante yacía recostado.
La multitud se apartó de ellos a medida que se acercaban y pronto pudieron distinguir a Amanda hablando y gesticulando nerviosamente.
Permanecieron apartados, a un lado de uno de los vehículos, tratando de escuchar lo que la Capitana decía cuando un estruendo a sus espaldas hizo que mirasen nerviosos la compuerta principal. Una nave estaba entrando al hangar y Jim observó con curiosidad como el piloto maniobraba en forma manual la última etapa del aterrizaje (Era muy evidente la forma en que una computadora volaba una nave al contrario de un piloto humano)
El transporte aterrizó suavemente en un área designada y apagó inmediatamente los motores. Al parecer ya había depositado su carga en una de las bahías de atraque que se encontraban en la esclusa de transición.
Cuando volvieron su atención a Amanda, vieron a Nix y a Hal, quienes se habían reunido con su capitana y miraban en su dirección. La propia Amanda los miró y meneó la cabeza en signo de frustración.
—No me gusta nada esto Jim—. dijo Cinthya en un murmullo
Jim asintió pero guardó silencio. En ese preciso instante Amanda y los dos operarios venían hacia ellos.

La Capitán de la Rainbow se detuvo frente a los pilotos y se cruzó de brazos. Tenía la gorra puesta y sus ojos tenían un brillo feroz. Jim y Cinthya no se voltearon, pero por el repentino silencio que se hizo a sus espaldas, comprendieron que los curiosos habían retrocedido lentamente, temerosos de presenciar la ira de tan terrible mujer.
No obstante Amanda no dijo nada, parecía furiosa pero a la vez reticente a abrir la boca. Simplemente examinaba a Jim y a Cinthya con una mezcla de incredulidad e incertidumbre, como dudando por donde empezar a descargar su furia.
Hal y Nix permanecían en silencio por detrás y a cada lado de su Capitán, echando miradas nerviosas a su alrededor como queriendo huir hacia cualquier parte al primer indicio de problemas.
Jim permanecía en posición de firma a la vez que mantenía una calma fría, mientras que por el otro lado Cinthya temblaba por dentro del traje. Estaba tan nerviosa por el silencio que reinaba en el hangar que decidió hacer lo que sea con tal de romper el silencio.
—Esto… esto es suyo—. dijo extendiendo el pequeño Drone de reconocimiento que aún llevaba sujeto en brazos.
Amanda se levantó la gorra y miró con los ojos abiertos de incredulidad el gesto de la joven. Sin decir una palabra extendió los brazos y tomó el pequeño robot.
—Gracias—. dijo mientras se colocaba el Drone bajo el brazo.
Cinthya puso su mejor sonrisa y cruzó las manos por delante. No era militar así que no tenia porque hacer la misma pose que Jim.

Amanda miró al Drone que tenía bajo el brazo y luego miró a Cinthya, luego, girando la cabeza miró a Hal mientras éste se encogía de hombros. Finalmente miró a Ralph, quien ahora respiraba con mayor tranquilidad, pero tenía los ojos fijos en su Capitán.
Al final suspiró. Suspiró tan profundamente que por un momento Hal temió que se quedara sin aliento. Luego pareció tomar aire y se dio vuelta hacia los dos pilotos.
—Gracias por el Drone inspectora—. dijo mientras le daba unos golpecitos con el puño al robot.— Aprecio su preocupación, no obstante en esta operación valoramos más a nuestros recursos humanos que a las herramientas de trabajo.
Jim observó que Nix entornaba los ojos en un gesto más que obvio, pero un codazo de Hal lo puso nuevamente en posición de firme.
—¿Están ustedes dos bien?—. preguntó finalmente.
—Estamos bien Capitán—. contestó Cinthya lentamente.
—No sufrimos heridas por suerte— dijo Jim —No obstante nuestra nave sufrió graves daños durante el accidente...
—Incidente— corrigió Amanda.
—De acuerdo, incidente— concedió Jim sin cambiar de tono de voz. —Hemos perdido la vaina FOLD y varios de los instrumentos críticos para el desarrollo de la misión.
—Osea que estan varados aquí.
—En cuanto realice una evaluación de los daños y un reporte detallado de lo acontecido durante la misión solicitaré al Mando Central que envíe una unidad de recuperación para que se hagan cargo de la nave.
Amanda abrió la boca para decir algo pero fue interrumpida por el sonido de maquinaria poniéndose en funcionamiento. El vehículo que Jim y Cinthya habían identificado como una ambulancia se puso en marcha y maniobró lentamente en un círculo, de tal forma que quedó enfrentado al gigante, a tan solo unos metros de uno de las enormes botas de metal.
El techo de la parte trasera de la carrocería se abrió hacia ambos lado del vehículo dejando al descubierto un enorme brazo mecánico que comenzó a extenderse hacia arriba en cuanto la compuerta estuvo completamente abierta.
A cinthya le recordó inmediatamente a uno de esos vehículos-grúa que se usaban para reemplazar o reparar las luces y farolas de las calles, pero se quedó confundida al ver que el operario que se encontraba en una pequeña plataforma en el extremo del brazo mecánico llevaba un guardapolvo blanco y no un uniforme de trabajo.
—Es el Doctor Evans— dijo Jim señalando con la mano.
El médico maniobró con soltura los mandos, dejando en evidencia una familiaridad completa con la extraña maquinaria. Sólo cuando hubo extendido la totalidad del brazo de forma que había alcanzado la altura del pecho de Ralph, Evans soltó los mandos y se concentró en una pequeña consola que sobresalia de la plataforma de control.
—¿Qué está haciendo?— preguntó Cinthya
Amanda se llevó el indice a los labios solicitando silencio y continuó observando la maniobra del médico. Un enorme panel rectangular se separó del brazo mecánico y se ubicó frente al gigante. Inmediatamente comenzó a desplegarse como si de un antiguo mapa se tratase, revelando un panel de casi cuatro metros de envergadura.
Al parecer Evans le había dicho algo a Ralph, ya que este asintió con la cabeza e inmediatamente respiró profundamente, haciendo una mueca de dolor cuando su enorme pecho subió y bajó dentro del traje espacial.
Amanda activó el comunicador que tenía en la solapa del uniforme y habló en voz alta. —¿Cómo está Doctor?
Pasaron unos segundos y la voz de Evans fue claramente audible a través del comunicador abierto de la Capitán. —Una costilla fisurada y algunos moretones bastante feos, no veo hemorragias internas o colapso pulmonar como temía.
—Ya se lo dije Capitán, estoy bien — exclamó Ralph llevándose una mano al pecho.
Amanda suspiró aliviada. Luego levantó la vista y miró a los pilotos con severidad. —Ustedes dos. Mi Oficina. Inmediatamente.
Jim reprimió el impulso de hacer un saludo militar. Cuando una mujer como esa daba una orden, desobedecer era lo último que podías hacer en tu vida.
37 por Gerli
Las luces de la plataforma donde el grupo de Virya y Exsedol se encontraba, ahora completamente solos, se habían ido atenuando hasta sumirlos en una penumbra brumosa. Los dos grupos de Meltrans habían abandonado el lugar por diferentes puertas pero Virya parecía estar demasiado enfrascada en sus pensamientos como para haberlo advertido. El propio Dortrad-Jen había dado por terminado el asunto y sin nada mas que agregar, volvió a elevarse en toda su altura y ahora parecía estar ocupado en otra cosa. Poderosos estampidos y relámpagos de luz se vislumbraban desde abajo, más el gigantesco Almirante pareció haberse olvidado de ellos.
Dortrad-Jen quería enfrentar a los tres mejores escuadrones de Meltrans en una batalla a muerte. No tenía ningún sentido. Estaban a punto de liberar el combate más grandioso en toda la historia de la flota y el Almirante decidia enfrentar… no, desperdiciar, esa era la palabra correcta. Desperdiciar a sus mejores guerreros en un inútil combate entre sí. ¿Era eso Estrategia? No, eso era locura, definitivamente.
—¿Por qué? —se dijo en voz baja mientras apretaba el puño, aunque en realidad ya sabía la respuesta: Eran ordenes.
Exsedol permanecia inmovil, con la vista clavada en algún punto de la enorme caverna, soltando de vez en cuando una especie de murmullo suave. Que estaba haciendo, ninguna de las guerreras podia adivinarlo.
Pasaron varios minutos antes que Virya respirara profundamente y se diese vuelta para mirar al Archivista a los ojos. —¿Cuales son las órdenes?— preguntó.
El aludido abrió lentamente los ojos y levantando la cabeza ligeramente miró a la guerrera como si ella no estuviese ahí. —Prepararse, eso es lo que deben hacer ahora— dijo con total desinterés.
—Capitan, estamos listas.—Dijo Tyna dando un paso al frente.
Virya sonrió y levantó el brazo con el puño cerrado. —Vamos —dijo.

Se pusieron en marcha inmediatamente, Virya al frente y el resto de las guerreras formado una fila compacta. La novata y el Archivista cerraban la fila en silencio. Habían salido de la plataforma por la misma abertura por la que habían llegado, más el camino que estaban recorriendo parecía ser completamente diferente. Luego de dar vueltas y vueltas sobre si mismo, la pasarela que cruzaba el enorme abismo negro comenzó a ascender en dirección a una plataforma que se extendía por sobre sus cabezas.
—Todo esto no estaba aquí cuando llegamos ¿No? —preguntó Rika.
—La fortaleza está cambiando . —La voz de Exsedol retumbaba con ecos en invisibles paredes de oscuridad absoluta. —Dortrad-Jen se prepara para combatir.
Una serie de enormes vainas de más de trescientos metros de largo comenzaron a descender lentamente desde las tinieblas sobre ellos. Estaban suspendidas por cables o lo que parecían ser filamentos de algún tipo de tejido biológico, cada uno moviéndose en una dirección diferente, pero manipulando el pesado objeto con una precisión milimétrica. Virya reconoció los objetos; eran cañones de energía, centenares de ellos colgando y balanceándose en la enorme caverna que conformaba las entrañas de la fortaleza.
Las enormes armas fueron colocadas en posición perpendicularmente a las paredes, momento en el cual una abertura surgió en el mismo material vivo de la estructura cavernosa, que engulló por completo el arma, dejando solo una serie de apéndices y filamentos conectados a una maraña aún más gruesa que se perdía en las alturas.
—Todo el casco externo debe estar recubiertos de cañones de energía. —balbuceó Melia con los ojos desmesuradamente abiertos.
Mientras el grupo de Virya avanzaba lentamente por el interior de la fortaleza, el exterior de la misma se había erizado completamente con las enormes armas, cada una de ellas fija en su posición pero tan numerosas y dispuestas de tal forma que ni un solo pedazo de espacio quedaba fuera de alcance del poder de fuego de Dortrad-Jen.

El grupo terminó de ascender por la pasarela y se encontró en la plataforma en la que habían dejado sus armaduras de combate. Del transporte que había traído al Archivista no había rastro alguno.
—Alto. —dijo Virya de pronto mientras levantaba el puño y lo movía en forma circular. El gesto fue interpretado en el acto por las guerreras que formaron un círculo alrededor de la Capitana y se pusieron de cuclillas con una rodilla apoyada en el piso. Maya reaccionó un poco más tarde e imitó a sus compañeras ocupando el lugar libre entre Melia y Rika
Exsedol permaneció afuera del círculo sin decir una palabra y abrió los ojos con asombro cuando vio que Virya le hacía señas con la mano para que se acercarse.
—¿Que sig….?—preguntó entre indignado y sorprendido por el gesto de la Meltran
—¿Usted es ahora mi Consejero, verdad? —preguntó la guerrera mientras clavaba su vista en el sorprendido Archivista.
—Eso no es… es… —El confundido Zentran miro a cada lado tratando de encontrar una respuesta a la pregunta, más la oscuridad que los rodeaba no le dio ninguna respuesta. —Creo que… eso parece. —Reconoció cerrando los ojos.
Virya se apartó un poco y el resto del círculo dejó lugar al nuevo miembro del equipo. Exsedol ocupó el lugar a la izquierda de Virya y miró sorprendido a las guerreras; en esa posición tenían todos la misma altura.
—Si usted ha sido creado para aconsejar, aconsejeme.— dijo Virya mirándolo a los ojos.—¿Que sabe de este combate y que trama el Almirante con esto?
La cabeza del Archivista latió con violencia y un destello de ira relampagueó en sus oscuros ojos oscuros. —No se nada mas de lo que usted sabe, «excelencia»— el sarcasmo que impregnó su voz al decir la última palabra fue como un golpe para Virya, pero el Archivista tenía razón, no podía exigir su colaboración. Abrió la boca para disculparse pero Exsedol continuó como si nada. —Los motivos que tenga nuestro Almirante para hacer lo que hace no son problema nuestro y con respecto a vuestro «consejo»… ¿Me equivoco al pensar que usted no lo necesita en lo más mínimo..?
Virya asintió en silencio. El resto del escuadrón guardaba un silencio sepulcral.
—Lo sabía— dijo Exsedol subiendo la cabeza mientras miraba los lejanos relámpagos verdes que refulgian allá arriba a lo lejos. —La mejor guerrera de toda la flota combinada, la única con la suficiente capacidad de mando para mantener un escuadrón completamente independiente de la cadena de mando, la única capaz de cargar con la responsabilidad de la vida y la muerte, no solo de sus subordinadas, sino de cualquier otro soldado amigo o enemigo… no— dijo sacudiendo la cabeza. —Capitán Virya, usted no necesita mi consejo ni los datos que tengo almacenados en mi cabeza.
—¿A que se refiere?— preguntó la guerrera apretando los puños.
—Usted sabe exactamente lo que debe hacer ¿O me equivoco?
Virya permaneció callada unos momentos sopesando las palabras del Zentran, luego se puso de pie y señaló las armaduras vacías.
—Se aliarán contra nosotros. ¿Verdad?
Exsedol cerró los ojos y asintió con la cabeza. —Asi es, la famosa guerrera Virya y su escuadrón serán el primer objetivo de los dos escuadrones rivales.
—Una alianza momentánea —Virya dio un par de pasos y se detuvo. —Nos atacaran primero y cuando nos hayan eliminado tratarán de matarse entre ellas. Es lo que cualquier estratega haría.
—Pero usted no es una estratega, Capitán Virya— exclamó Exsedol mirando hacia el centro del círculo. —¿Donde aprendió a pensar como tal?
—Nunca he pensado diferente— afirmó la guerrera volviendo a ocupar el lugar junto al Archivista. —Sé lo que sé porque fui creada con ese conocimiento.
Exsedol abrió un ojo y miró a la meltran con curiosidad, pero no dijo nada. Fué Tyna quien tomó la palabra.
—¿Eso significa que tendremos a dos atacantes por cada una de nosotras? —una pequeña sonrisa asomó en sus labios —No será la primera vez que nos superan numéricamente Capitán.
Virya asintió lentamente a la vez que miraba atentamente a cada una de sus guerreras. Llevaba tanto tiempo junto a ellas, las conocía a la perfección, tanto si estaban descansando de sus salidas o dentro de sus armaduras de combate. Eran parte de su cuerpo, una extensión natural de sus brazos y piernas que reaccionaban con la misma rapidez que su armadura lo hacía cuando ella la pilotaba. Meltrans como las que tenía enfrente en ese momento eran lo mejor de lo mejor de la raza Zentradi.
Y saber que casi con seguridad morirían ese mismo día la llenaban de terror.
Pero por un momento alejó ese pensamiento de su mente; las palabras de Exsedol la habían vuelto a turbar «¿Donde aprendió a pensar como tal?» había preguntado el Archivista y sin saberlo había desencadenado una serie de recuerdos en la mente de la guerrera, recuerdos que había borrado inconscientemente y ahora volvían como un torrente de preguntas sin respuestas.
No siempre había sido así y sabía exactamente desde qué momento había cambiado.

—¿Entonces cada una de nosotras se ocupará de sus atacantes por su cuenta? —preguntó Rika mientras se pasaba la mano por el cabello naranja.
—No hay estrategia en esto Capitán —Melia sacudió la cabeza de un lado a otro. —Destruiremos a ambos escuadrones y volveremos a tiempo para la verdadera batalla.
Exsedol abrió los ojos y una serie de latidos rítmicos de su cabeza pareció indicarle a Virya que algo importante estaba pasando por la cabeza del Archivista ¿Acaso algún detalle escapaba a su comprensión?

—Solo nos queda un detalle que discutir— dijo de pronto Fanra
—¿La novata? —preguntó Tyna
—La novata— la forma en que Melia pronunció esa palabra no dejaba dudas de lo que pensaba la Meltran de su nueva compañera. —No está lista. —dijo finalmente.
Maya no contestó, seguía mirando el suelo y pareció no haber escuchado a Melia, pero Virya notó como los músculos de la joven se tensaban.
—La mataran primero y entonces dos de nosotras tendrán que ocuparse de tres atacantes en vez de dos. — dijo Fanra suspirando.
—O tal vez cometa algún error de principiante y ese error nos cueste la vida a nosotras..
—¡Silencio!
El grupo se quedó en completo silencio. Virya apretó los puños y se puso de pie, mirando a cada una de sus guerreras mientras mostraba los dientes. —Si alguna de ustedes muere va a ser a causa de su propia incompetencia y eso va tambien para ti Maya. —la recién aludida levantó la vista y miró a Virya con los ojos abiertos. —Te he elegido para mi escuadrón y no cambiaré de decisión a las puertas de la batalla.
Maya asintió en silencio y relajó un poco su cuerpo. No entendía del todo lo que estaba pasando, pero no desperdiciaria un consejo de la mejor piloto de toda la flota.
—Sabes cómo luchar… no se como estoy tan segura de ello pero tienes… algo, no se como expresarlo..
—Instinto.— dijo Exsedol.
—¿Que?
—La palabra que busca es «instinto» Capitana. El comportamiento heredado que se manifiesta en todo combatiente Zentradi. —El Archivista hablaba pausadamente, a la vez que mantenía su vista clavada en la oscuridad que los rodeaba.
—Lo que sea —dijo Virya sin retirar la vista de Maya. —Haz lo que tengas que hacer, usa tu instinto o lo que creas conveniente.
—Lo haré Capitán —dijo la joven Meltran.
Un fuerte sonido sacudió la plataforma. Un transporte pesado para el despliegue de armaduras se había acercado a la enorme cubierta y comenzaba a maniobrar para el aterrizaje. Las guerreras se pusieron de pie y observaron en silencio como la gran nave se posaba ruidosamente sobre la plataforma y abría las enormes compuertas laterales.
Virya levantó la mano e hizo la señal para que abordaran las armaduras.
—Es hora —dijo.

Las meltran corrieron hacia los Queadlunns y comenzaron a prepararse para la batalla. Virya iba a hacer lo mismo pero Exsedol la detuvo.
—Un momento —dijo. —Me gustaría preguntarle algo Capitán
—Hágalo.
—¿Qué otros cambios hubo luego de su micronización?
Virya respiro hondo y miró al Archivista directo a los ojos. Se había quedado sin habla. ¿Como… como lo sabe? —atinó a preguntar con dificultad.
—Soy el Archivista de la flota, Capitán. —El Zentran dió unos pasos al frente y contempló a las guerreras mientras saltaban a sus armaduras y se colocaban los cascos. —Todo lo que pase dentro de la flota esta guardado en mi memoria.
—No hubo ningún cambio, Archivista. —dijo suspirando. —Cumplí la misión que me fue asignada y fui procesada nuevamente a mi tamaño normal, no hubo ningún cambio en mi.
—Sus registros dicen lo contrario… —Exsedol se volteó y miró a la Meltran con seriedad. —Su capacidad de combate y liderazgo se vieron enormemente aumentadas luego de esa misión y semejante suceso…. eso solo tiene una explicación.
—No se de que habla.
—El proceso de Micronización suele… —Exsedol no pudo terminar la frase, de pronto se quedó callado y una serie de temblores sacudieron su enorme cabeza. —Todo está listo —dijo de pronto. —Debemos salir ahora mismo, Dortrad-Jen ha dado la orden.
El Archivista dió la vuelta y comenzó a caminar hacia el transporte. El resto del escuadrón ya estaba dentro de sus armaduras y esperaba a cada lado de la rampa de acceso.
Virya permaneció en su sitio apretando los puños.
—«Exsedol lo sabe» —pensó.
38 por Gerli
Sea lo que sea, había hecho DEFOLD a solo unos pocos kilómetros de distancia, en algún lugar por debajo de la nave.
Demasiado cercano para ser una coincidencia.
Lagis aseguró su cinturón y apagó las luces de la cabina. La pantalla principal mostraba los sensores pasivos que registraban los alrededores de la nave, el objeto que había aparecido repentinamente se estaba enfriando lentamente, pero lo alarmante eran tres firmas de calor que se habían desprendido del mismo y avanzaban a toda velocidad hacia su transporte.
—Mierda…. mierda, mierda— Repitió Lagis como si fuera un mantra.
Nina no había permanecido ociosa, en cuanto los sensores detectaron el DEFOLD cercano se impulsó lo más rápidamente que le permitieron sus piernas hacia el fondo de la nave.
No cabía ninguna duda, habían, de alguna forma, detectado el DEFOLD del transporte ¿Pero quien? Al menos no tardaría mucho en averiguarlo.
Dejó los controles quietos y examinó los contactos mediante las diferentes cámaras a bordo, eran tres armaduras, probablemente Zentradi por la forma y disposición de las fuentes de calor que emanaban de los propulsores. Al acercarse a menos de un kilómetro pudo distinguir claramente las formas en el monitor.
—Nousjaedul-Ger— Murmuró entre dientes Lagis
Esas cosas eran malas noticias. Eran las armaduras Zentran más poderosas en la armada Zentradi. Si bien eran algo más lentas y menos maniobrables que los Queadluuns, su grueso blindaje los hacia enemigos formidables en todos los campos de batalla. Para peor, la máquina que avanzaba a la cabeza de la formación era una versión mejorada del Nousjaedul-Ger normal, con blindaje y armamento extra. Una verdadera «Power Armor».
Las armaduras se separaron y sobrevolaron el transporte en una pasada rápida, girando cada uno en una dirección diferente para realizar un giro amplio en torno a la nave de Lagis. Estaban inspeccionandola, no cabía dudas de ello y seguramente ya habían notado la torreta de la parte trasera del casco.
Como respondiendo al pensamiento de Lagis, las tres armaduras se acercaron desde el frente, evitando quedar expuestas al arco de fuego de las armas de la torreta trasera. Se detuvieron a unos diez metros del transporte y esperaron en silencio.
La Meltran frunció el ceño aún más. Las armaduras no tenian ninguna clase de marca o insignia reconocible y estaban pintadas de negro, un color completamente desconocido en la armada Zentradi, de hecho era un color que solo se utilizaba en algunas de las fuerzas especiales de la NUNS o….
—Piratas— murmuró Lagis.

La piratería era un flagelo que azotaba gran parte de las rutas comerciales de la esfera de expansión humana a través de la Vía Láctea. Desaparecida casi en su totalidad en el siglo XX, dicha actividad criminal había vuelto a florecer en la galaxia, aprovechándose de las enormes extensiones de espacio que quedaban libres del control militar de la NUNS.
La mayoría de ellas eran pequeñas bandas de pilotos desertores de las milicias planetarias o Zentradis que habiendo rechazado el nuevo orden civil, se habían congregado en grupos para subsistir del asalto y saqueo de naves comerciales a lo largo de las rutas de enlace a los diferentes planetas y flotas repartidas por todo el espacio conocido.
No obstante (Y esto era lo que más molestaba a Lagis) la zona en la que estaban operando debería estar relativamente libre del accionar de piratas. No había rutas comerciales de importancia en el sector, salvo claro está, la de la Rainbow, pero la nave de suministros no seguía una ruta establecida y cambiaba los puntos de FOLD en cada viaje realizado. Eso le permitía eludir cualquier clase de emboscada planificada de antemano.
Había algo más en todo esto y Lagis apostaría su sueldo a que los cambios en los planes originales que se habían sucedido en las últimas setenta y seis horas respondian a ello.

El panel de comunicaciones alertó sobre una comunicación entrante en el canal general de radio. Lagis movió la mano sobre el control y dudó un segundo antes de presionar el botón correspondiente. Al fin y al cabo era inútil ignorar la llamada, debía representar su papel hasta el final.
—Aqui Transporte de personal 699TP-U— dijo calmadamente a través del micrófono de su casco. —¿En qué puedo ayudarlos?
Una serie de risas se escucharon por la radio, al parecer los tres individuos compartían el mismo enlace radial.
—Vaya sorpresa encontrar a una agradable piloto por estas regiones de la Periferia— La voz era tosca y desagradable, pero reconocible como la de un guerrero Zentran. —¿Necesita ayuda acaso?
—Gracias por su preocupación caballero— contestó Lagis con el mismo tono de voz. —No hay ningún problema con mi nave, estoy a la espera de instrucciones de navegación para mi próximo FOLD.
Más risas se escucharon por el enlace. Laris movió su pulgar unos milímetros sobre el mando de inclinación del control de vuelo, tan solo un poco para que el propelente que escapaba de los propulsores no fuera visible para los piratas, pero lo suficiente para comenzar una leve rotación de la nave, que casi imperceptiblemente comenzó a bajar la nariz.
—Esta es una zona muy peligrosa «Madame»— exclamó el líder con sorna. —¿No sabía acaso que toda esta región esta infestada de Piratas?
—Creía que los piratas atacaban rutas comerciales importantes y no asentamientos aislados en la periferia— Una pequeña luz en el tablero captó la atención de la piloto. Nina estaba en su puesto.
—Son malos tiempos señora— se escuchó una segunda voz por el enlace.
—Cállate imbécil— Exclamó el líder dando un violento golpe de puño contra la cabeza de la armadura que tenía inmediatamente a su izquierda.
El impacto lanzó al robot varias decenas de metros hacia atrás y unas maldiciones se escucharon por la radio.
—Y bien. —dijo el líder. —Creo que va a ser mejor que la escoltemos a usted y su nave a un sitio más seguro ¿Me comprende?
—Señora.
—¿Eh? —exclamó intrigado el piloto de la armadura líder
—Me ha llamado «Señora»— repitió Laris mientras apretaba los dientes —¡ESE HIJO DE MIL PUTA ME HA LLAMADO SEÑORA! —gritó de pronto mientras empujaba el control de vuelo violentamente hacia delante y con la otra mano aceleraba al máximo los motores.
El grupo de piratas quedó momentáneamente paralizado, no tanto por el brusco movimiento de la nave, sinó por el extraño «apéndice» que de pronto le había crecido a la parte trasera del carguero, como si de la cola de un escorpión se tratase.

Nina disparó con calma los dos enormes cañones de la torreta en dirección a la armadura que se encontraba a la derecha del líder. El impacto dió de lleno en el pecho del robot y abrió un enorme agujero de metal derretido, lo que momentáneamente dejó a la vista por un segundo los restos del piloto, seguido de una enorme explosión que lanzó a los dos restantes robots en direcciones opuestas.

Laris maniobró el transporte haciendo un arco, manteniendo a los dos enemigos dentro del radio de tiro de Nina. Estaban en total desventaja contra dos oponentes que las superaban en maniobrabilidad, velocidad y poder de fuego.
Habían perdido el factor sorpresa, pero incluso Nina no hubiese podido destruir a dos enemigos de esa clase de un solo disparo, ahora solo dependian de sus habilidades para sobrevivir.
Ambos piratas se recuperaron de la sorpresa y se separaron en direcciones opuestas. Laris no lo pensó dos veces; debería esquivar a la armadura líder y tratar todo lo posible de mantener a Nina en posición para que destruyera a la otra armadura rápidamente o estarian muertas en los próximos cinco minutos.
Horrorizada comprobó como la armadura líder cambiaba rápidamente su trayectoria y disparaba no contra ella, sino contra la torreta donde Nina disparaba frenéticamente a su otro enemigo, sin darse cuenta de las ráfagas que iban inexorablemente hacia ella.
Laris hundió con todas sus fuerzas los mandos e hizo rotar la nave lo más rápido que pudo, tratando que los disparos impactase contra el casco externo de la popa, donde un tubo anillado, como una serpiente de metal negro, unia la torreta con el transporte.

La explosión sacudió toda la nave y una lluvia de fragmentos envolvió al carguero mientras el humo y el fuego los ocultó momentáneamente de sus enemigos.

—¡Nina!— exclamó Laris.
El corazón se le paralizó al ver uno de los monitores donde una cámara le permitía ver la parte trasera de la nave; la torreta había desaparecido.
—NINAAAAAAAAAAAAAAAAA!!! —gritó desesperada, mientras las lágrimas inundaban el pequeño espacio entre su rostro y el casco.
No sintió rabia ni temor, nunca había congeniado con esos sentimientos humanos. Sabia que había fallado a la corporación Unity y a Nina, pero principalmente que le había fallado a «ella»
Permaneció quieta en su asiento, observando impasible como la enorme armadura se sujetaba de la trompa del transporte y apoyaba contra el cristal de la cabina el enorme cañon que sobresalia de su brazo. El otro robot se posicionó un poco por detrás, con sus armas apuntando también al transporte.
—Vas a pagar por lo que hicistes, puta. —exclamó la voz rabiosa por el enlace de comunicaciones.
Laris no respondió y se limitó a cerrar los ojos.
—Voy a llevarte viva a la base, pero voy a violarte, así….. sin macronizarte— dijo mientras su armadura hacía un gesto obsceno—Eso seguro que te va a gustar ¿No, puta?
—Eso no suena confortable— dijo una voz extraña.
La armadura del jefe levantó la cabeza y miró hacia el compañero que flotaba a su lado, una enorme hoja de metal plateado sobresalia del torso de la armadura mientras que una serie de fluidos rojos y negros se filtraban por los lados del objeto extraño.
—¿Que mierd-?
—Además el sexo entre micrones y Zentradis sin micronizar esta prohibido y es considerado una práctica altamente riesgosa.
El pecho de la armadura explotó a medida que los proyectiles del GunPod la atravesaban e impactaron en la cabeza del jefe del escuadrón pirata, quien murió sin saber qué había sucedido.

El VF-19 extrajo su GunPod de los restos ensangrentados de metal retorcido y retrajo la hoja de la bayoneta a su posición plegada.
—Perdón por llegar tarde Laris ¿Estas bien? —preguntó la joven piloto del Valkyrie recien llegado.
—Lala! —Laris abrió los ojos y contempló al enorme robot que flotaba entre los restos de los piratas— Nina! Nina está…!
—Ah, ya la veo… enseguida la alcanzo— dijo Lala y transformó su nave en caza, pasando rápidamente por sobre el transporte de la confundida Laris, quien aliviada, vió por el monitor trasero como la nube de humo y restos que había quedado tras ellos se había disipado lo suficiente para permitir ver a la torreta, ahora separada violentamente del transporte, girando descontroladamente en el vacío del espacio.

El VF-19 voló cerca de la destrozada torreta y transformándose en robot, la sujetó con fuerza mientras echaba una ojeada al interior con las luces de búsqueda que se desplegaron desde la cabeza.
—Veo a Nina, está bien aunque algo mareada por la forma en que se mueve— dijo Lala por el enlace.
Laris suspiró profundamente. —Entendido Lala, traela mientras abro la compuerta del transporte.
—Ah, dame un segundo— dijo la joven piloto.
Un instante más tarde un misil salió disparado desde una de las piernas del robot. Laris siguió el recorrido del proyectil por uno de los monitores hasta que una explosión iluminó el espacio a unos kilómetros de distancia.
—Listo.
—¿Acabastes con el «trineo»?
—Si. —dijo Lala. —Sean quienes sean esos tipos no quiero que vuelvan a seguirnos.
El VF-19 se acercó lentamente al transporte mientras las enormes compuertas superiores se abrían de par en par, dejando al descubierto el enorme espacio de carga del transporte. Laris conectó un cable a uno de los soportes del piso y usando los propulsores de su traje, flotó hasta la torreta que sostenía Lala.
Rescatar a la desorientada Nina llevó un rato, al final la compuerta que sellaba la torreta saltó y pudieron sacar a la joven sana y salva.
—No puedo creer de la que te salvastes Nina— dijo Laris mientras abrazaba a su amiga y flotaban juntas hacia el transporte.
Nina sonrió y movió el pulgar hacia arriba.
Mientras tanto, Lala arrojó la inservible torreta a un lado y colocó al robot en posición perpendicular al transporte, de modo que al descender hacia la bodega, parecia que lo hacía hacia una caja gigante.
O hacia un ataúd, como solía bromear Lala.

Las enormes puertas se cerraron sobre el robot en cuanto sus anclajes magnéticos lo dejaron fijado al interior del transporte. El espacio era increíblemente estrecho y solo había unos pocos centímetros entre el VF-19 y el casco de la nave. Las dos Meltran micronizadas entraron por la escotilla que se encontraba debajo de la cabina y permanecieron casi sin aliento flotando dentro de los confines del pequeño espacio del sector delantero de la nave.
—Maldición— balbuceó Nina moviendo la cabeza. —Se me había ocurrido una escena buenisima para mi historia mientras disparaba a esos hijos de puta..
Laris sonrió y limpió el hollín que cubría parte del vidrio del casco de su compañera. —Al menos estas viva para poder escribirlo— dijo.
Nina se rió y señaló la escotilla que comunicaba con la bodega de la nave, ahora completamente bloqueada por la enorme cabeza del VF-19 transformado en robot. —Los golpes me hicieron olvidar todo, además con esa cosa ya no podré escribir más hasta que volvamos a la base.
—Si claro, ahora es mi culpa— se escuchó la voz ofendida de Lala, claramente audible por el sistema de comunicación interno— Además la más perjudicada soy yo, tengo que quedarme aquí dentro hasta que volvamos.

Las tres mujeres se rieron con ganas, liberando de golpe toda la tensión acumulada tras la pequeña batalla, al fin y al cabo eran Meltrans y el combate formaba parte de sus vidas.
—Gracias Lala— dijo Nina. —Nos salvastes.
—No fue nada chicas… aunque la verdad, no tenía ni la más remota idea de que corrían peligro en esta zona… de haberlo sabido hubiese salido de la Barrow mucho antes de lo planeado.
Laris flotó hasta el asiento y se sujetó fuertemente con el cinturón de seguridad al mismo. —Eso es lo mas raro de todo— dijo. —Lo que pasó es inexplicable, no se supone que un grupo patético de piratas pueda localizarnos con tanta precisión en medio de la nada…
Nina se impulso lentamente (Todavía estaba un poco mareada) para acercarse a su amiga. —No emitimos ninguna señal mientras estábamos a oscuras— dijo. —Yo misma desconecte las antenas de la computadora tal cual especificaban las directivas de la misión.
—Debieron de localizarnos de alguna otra forma— dijo Laris. —Pero a menos que dispongan de una red gigantesca de satélites de búsqueda… no, es virtualmente imposible— dijo moviendo la cabeza.
—Ojalá Quinn estuviese con nosotras— dijo Lala suspirando.
—Yo pensé exactamente eso hace un rato.

Las dos meltran trabajaron sobre la consola y pronto el reactor de la nave se encendió, iniciando la carga de energía al motor de salto FOLD. Laris introdujo las coordenadas de salto y dejó que la computadora resolviera los complicados cálculos orbitales para garantizar un DEFOLD seguro al llegar a destino.
—Lala…
—Dime Nina.
—¿Desde cuando los GU-15 llevan una bayoneta retraible?
La Meltran estaba acostada en la cabina de su caza y abrió los ojos lentamente. —¿Te gusta? —preguntó entusiasmada. —La modificó El Viejo a pedido mio.
—Ese Viejo pervertido— dijo Laris suspirando. —Te instalaria un cañon de energia en el rifle con tal que le sacudas un poco las tetas delante de su cara.
Nina estalló a carcajadas pero Lala replicó con tono ofendido. —No seas mal pensada Laris— dijo. —Es un genio en lo que hace.
—Si, realmente es el pervertido mas grande que ha producido la galaxia en los últimos cien años. —dijo la Meltran riendo. —Pero yo no estoy preocupada por ti, sinó por Nina. —Dijo dándose la vuelta al mismo tiempo que apoyaba el dedo índice sobre el generoso busto de Nina.
—Mantente alejado de ese Viejo Degenerado, jovencita.
39 por Gerli
La puerta se cerró con un estruendo tras ellos. Amanda había sido la última en entrar a la oficina y cerrado de forma tan violenta la puerta que hizo temblar peligrosamente las pilas de papeles más cercanas.
Todo el grupo de recolectores (Salvo Ralph, por obvias razones) estaba presente en el despacho de Amanda manteniendo un silencio sepulcral y respirando lo más silenciosamente posible. Evans también estaba presente, pero se mantenía apartado a un costado, apoyado contra una de las paredes con revestimiento de madera.
Amanda caminó lentamente por la habitación y pasó por detrás de su escritorio, manipulando una serie de controles en la superficie misma del mueble. La pantalla de su computadora cobró vida y ante un gesto de la mano de la Capitán, se desplegó contra una de las paredes de la oficina, creciendo en tamaño hasta ocupar casi todo el espacio libre hasta el techo. Un rostro familiar ocupó el centro de la misma; el de Ralph, con los ojos cerrados y al parecer recostado en alguna especie de camarote de tamaño gigante.
—¿Ralph? —preguntó Amanda —¿Como te sientes?
El gigante abrió un ojo y miró hacia la cámara haciendo una mueca que bien podría haberse interpretado como una sonrisa forzada —Estoy bien, algo dolorido pero nada grave.
—Entonces estamos todos— Amanda se sentó en la silla tras el escritorio y cruzó sus manos sobre la superficie. —¿Y bien?
Los presentes guardaron un incómodo silencio mientras se miraban unos a otros sin decidir quién iba a empezar a hablar primero. Finalmente Jim se armó de valor y dando un paso al frente tomó valientemente la palabra:
—Estoy listo para dar un informe preliminar de lo sucedido durante la misión de escolta— dijo muy seguro de sí mismo. —Asumiré la responsabilidad total sobre mis acciones durante la misma.
Amanda miró al piloto sin expresar ninguna clase de emoción en el rostro. —No me refiero a ustedes dos— dijo. —Quiero saber todo lo concerniente a la armadura irregular que encontraron ahí afuera.
Hal y Nix se pusieron tensos mientras la pantalla mostraba a un dolorido Ralph suspirando profundamente.
—Pero… —balbuceó Jim mirando la pantalla
—Resolveremos eso más tarde— dijo Amanda señalando con el dedo al piloto y a su acompañante— Primero quiero ocuparme exclusivamente de esto, si nos lo permite claro...
Jim retrocedió confundido hasta llegar al lado de Cinthya y guardo silencio mientras echaba miradas rencorosas a la mujer del escritorio.
La Capitán suspiró y señaló la pantalla— ¿Que viste ahí afuera, Ralph?
—Un Irregular, Capitán— dijo Ralph respirando lentamente. —Un Queadlunn bastante dañado y vacio… color rojo.
Amanda guardó silencio mientras digería la información lentamente.
—¿Virya? —preguntó Nix mirando a su compañero.
La Capitán frunció el ceño ante la mención de ese nombre. Al parecer no le habia gustado apra nada que uno de sus hombres lo mencionara frente a los visitantes.
—Es posible. —Ralph se revolvió inquieto en su camastro. —Por el estado de la armadura, no me caben dudas de que se trata de un Rau que participó en la última batalla…. pero..
—¿Pero? —preguntó la Capitana mirando la pantalla.
—La armadura estaba vacía ¿No se supone que Virya murió en esa batalla?
Evans se removió inquieto en el rincón, pero no dijo nada.
—Eso no lo sabemos —dijo Amanda golpeando el escritorio con su dedo índice. —Veamos el video.
Hal extrajo un Pad de uno de los bolsillos de su traje y digitó una serie de instrucciones mientras una pequeña ventana se abría en la parte inferior de la enorme pantalla proyectada en la pared. Amanda se levantó de la silla y caminó hasta estar frente a la proyección.
—¿Que mierda es esto? —dijo acercándose hasta tocar con la nariz las imágenes.
Hal y Nix se encogieron de hombros. —Con toda la interferencia estática y de radiación que había, por suerte pudimos filmar algo— dijo Hal.
La Capitán puso un dedo en cada una de las puntas de la fotografía y las apartó rápidamente, haciendo que la imagen creciera en tamaño hasta ocupar la mitad de la pantalla. La imagen de video de Ralph se adaptó prontamente al espacio libre, de forma que seguía siendo visible para todos.
—Esto es….. —dijo Amanda suspirando.
La imagen era de una calidad deplorable. Apenas un conjunto de manchas que daban una cierta reminiscencia de forma antropomórfica. Para los ojos expertos de los trabajadores, la forma del Rau era evidente, no así para Cinthya, quien sólo veía manchas de color rojo en un fondo oscuro perlado de ruido blanco.

Jim en cambio sonreía enigmáticamente. Las imágenes que había obtenido de la armadura a través de los sensores de su caza eran mil veces mejores que eso. Sintió el impulso de ofrecerle la información a la vieja bruja, pero algo le decía que era mejor esperar. Después de todo, era algo que podía interesar a sus superiores… tal vez hasta podría evitar el castigo por haber dañado tan seriamente su nave.
—Teniente Jim— dijo Amanda dándose la vuelta. —¿Por casualidad pudo usted registrar alguna imagen de este objeto con sus sistemas de reconocimiento?
—«Bingo» —pensó Jim poniéndose en posición de firme y llevándose las manos a la espalda. —Es posible. —dijo. —Todavía no he revisado los registros de la misión, pero le enviaré un reporte si aparece algo.
—Le estaría muy agradecida si encuentra algo.
Jim asintió con un ligero movimiento de cabeza y Amanda volvió su atención a la pantalla.
—¿Han dejado una baliza en el lugar, verdad?
—Si —dijo Hal un poco más relajado. —Aunque con el revuelo que el disparo provocó dudo mucho que nos podamos acercar por algún tiempo…
—Y ni hablar de cómo quedó el transporte— agregó Nix.
Amanda volvió al escritorio y cambió la imagen de la pantalla; ahora se podía ver el hangar, donde un grupo de operarios había rodeado la nave de transporte para comenzar las tareas de reparación. Uno de los técnicos se había subido a la parte superior del casco y pudieron ver como un enorme aparejo bajaba desde el techo del hangar. Momentos más tarde el operario conectaba la enorme pieza a un encastre del casco y al tensarse los cables, la nave se elevó algo más de un metro sobre el piso del hangar.
—Esta en bastante mal estado— dijo Nix moviendo la cabeza negativamente. —Tendremos que reemplazar todo el casco exterior y quién sabe si el armazón interno también está dañado.
—¿Cuanto? —preguntó Amanda
—Dos semanas.
La Capitán apretó con fuerza los puños que en ese momento tenía apoyados sobre el escritorio. Su furia era evidente para todos.
—Necesito recuperar esa armadura lo más pronto posible, antes que quede enterrada entre los desechos o una eyección la arroje al espacio exterior.
Ralph se removió en su camastro nervioso. —Amanda—dijo. —Ese Rau estaba metido dentro de un pedazo de casco de más de ciento cincuenta metros de diámetro, no podrá ir muy lejos.
—Eso no lo sabemos Ralph —dijo la mujer mientras se quitaba la gorra y la depositaba sobre la mesa. —Tu mas que nadie sabe de cómo se comporta el Campo.
Ralph se encogió de hombros y volvió a recostarse soltando un gemido de dolor.
Amanda cerró la ventana con la fotografía de la armadura y la reemplazó por una vista del campo de desechos. Luego extrajo un Pad de su bolsillo y lo apuntó a la imagen; un pequeño punto rojo se dibujó sobre la fotografía del Campo, en uno de los sectores exteriores.
—¿Es aquí, verdad?
Hal y Nix asintieron lentamente.
—Se internaron demasiado profundamente— Amanda suspiró y bajó el Pad que luego apoyó sobre el escritorio junto a su gorra. —No debieron acercarse tanto al centro.
—La presa era buena, se lo aseguro— dijo Ralph con los ojos cerrados.

Cinthya observó como la Capitán se llevaba la mano al rostro en un gesto, tal vez de cansancio o resignación, pero que la mantuvo en un silencio demasiado incómodo para el resto de los presentes. —No seas imbecil Ralph— dijo finalmente mirando la pantalla con el ceño fruncido. —Sabes bien que nada ahí dentro vale más que la vida de ustedes.
Entonces de improviso, como si de pronto hubiese despertado a la realidad, miro a la pareja de pilotos como si fuera la primera vez que los via.
—¿Y ustedes? —preguntó secamente. —¿Que demonios hicieron ahí afuera?
Jim abrió la boca para responder, pero Cinthya fue mucho mas rapida.
—Lo sentimos —dijo mientras inclinaba la cabeza. —No fue nuestra intención poner en riesgo nuestra vida ni las de su equipo de trabajadores.
—Hey Cin… —protesto Jim, pero la joven puso su mano en el hombro del piloto y lo interrumpió.
—El Teniente Jim está asignado como mi escolta, la responsabilidad de lo ocurrido es solamente mía y como representante de mi empresa yo….
Amanda levantó la palma de la mano en dirección a Cinthya. —No es necesario joven— dijo moviendo la cabeza.
—Pero…
—Basta! —El golpe de puño sobre el escritorio retumbó en la habitación. Incluso algunas hojas cayeron desde las pilas cercanas.
La mujer dio la vuelta al mueble y se acercó a los pilotos, pero finalmente se enfrentó a Jim cara a cara.
—Teniente. —Dijo señalando la insignia de su rango en el traje de piloto. —No me sorprende de una civil, pero usted… usted debería saber muy bien lo peligrosa que es la tecnología de las naves del Ejército de Supervisión ¿Acaso ha olvidado lo que pasó en La Tierra?
—No lo he olvidado— dijo Jim sin mostrar ningún gesto en el rostro. —La trampa «cazabobos» del SDF-1 fué el detonante de la Primera Guerra Espacial
—Y sabiendo eso se internó en una nave exactamente igual…
—Me interné en un crucero Thurvel-Salan Zentradi, no podía saber que terminaría dentro del arma de energía de una nave del Ejército de Supervisión.
—¿Y por qué diablos recogió y uso armamento Zentradi ahí dentro? —preguntó la mujer cruzándose de brazos.
Jim miró fijamente a Amanda. —Porque la próxima vez que reciba una andanada de misiles quiero tener algo con que defenderme.
Ralph suspiró profundamente mientras Hal y Nix miraban hacia otro lado.
—Conque es eso— dijo Amanda dándole la espalda a Jim mientras caminaba de regreso a su escritorio. —Ya veo— dijo a continuación.
Cinthya miró con preocupación a Jim mientras Amanda se sentaba y cruzaba sus manos bajo su barbilla.
—Teniente— dijo Evans hablando por primera vez. —El episodio de los misiles fue un accidente, por favor no nos guarde mas rencor por eso. Nosotros— de pronto se vio interrumpido por un gesto de Amanda.
—¿Desea llegar a un acuerdo entonces? —preguntó la mujer mirando fijamente al piloto.
—¿Un acuerdo?
—De confidencialidad… con respecto al incidente de los misiles y de su comportamiento en el Campo…
Jim se cruzó de brazos y cerró los ojos mientras movía la cabeza de lado a lado —No— dijo finalmente abriendo los ojos. —No soy esa clase de persona. No pienso ocultar lo sucedido allá afuera y si cometí un error, seré juzgado por ello ante mis superiores.
Cinthya abrió la boca asombrada ante lo dicho por su compañero. ¿Realmente iba a rechazar la oferta de Amanda de «olvidar» ambos incidentes?
Un pequeño zumbido se escuchó proveniente de la terminal de Amanda. La mujer consultó su Pad e inmediatamente lo guardó en su bolsillo.
—Disculpen— dijo. —Es el informe del Campo que estaba esperando.
Ralph levantó la vista hacia la cámara. —¿Sucedió algo? —pregunto.
—El Campo está tranquilo, la fuerza de marea de la anomalía no sufrió alteraciones por la descarga de energía, o al menos eso es lo que piensa Tass.
Al oír el nombre de la joven Jim levantó la cabeza, el movimiento no pasó desapercibido para Amanda, quien suspiró profundamente.
—Bien —dijo señalando a Jim y a Cinthya. —No esperaba fueran a ceder a un chantaje barato como ese. Si van a informar acerca de lo ocurrido, yo también haré lo mismo.
—Es lo justo— dijo Jim e inmediatamente agregó; —de todas formas jamas podria justificar los daños que sufrió mi nave.
Amanda sonrió y el ambiente pareció relajarse un poco. —Me alegra que todavia queden soldados honestos en las fuerzas del Gobierno Unificado— dijo apoyando una mano en el escritorio.
—De acuerdo entonces— dijo la mujer. —Será mejor que vayan a descansar por esta noche, es tarde y mañana tendremos el dia libre en la Rainbow.
—¿Día libre? —preguntó intrigada Cinthya.
—El carguero con provisiones llegó junto con ustedes, mañana habrá una especie de «feria» en la Colonia para que la gente haga compras o reciba su correspondencia. —explicó Evans.
—Y como ustedes están varados aquí por el momento… —dijo Nix. —Tendrán que tomarse el día libre al fin y al cabo.
Jim se rascó la cabeza y miró dubitativo a Cinthya, quien devolvió la mirada acompañada con un gesto de encogimiento de hombros. —Puede ser divertido —dijo.
40 por Gerli
Año 1837 (Calendario Terrestre)

—Escuadron Veinticuatro… ¡Avancen!
Las siete armaduras Queadlunn Nona se movieron casi al unísono, alejándose de las estaciones de carga y ocupando el espacio central del hangar en una fila doble con su líder a la cabeza. Permanecieron a la espera mientras un grupo similar avanzaba por delante de ellos en dirección a la enorme compuerta de salida.
La máquina que lideraba el grupo era también un simple Nona, pero su color azul la diferenciaba del resto. Al fin y al cabo se trataba de simples tropas de choque regulares, una más de las miles de unidades de combate iguales que combatían bajo el mando de Dortrad-Jen.
Una serie de luces fijadas al techo pasaron del rojo a verde y el escuadrón de Nonas comenzó a avanzar a paso vivo por el hangar.
Al llegar a unos cincuenta metros de la compuerta, una marca en el desgastado piso les indicaba el final de la zona de anclaje gravitacional. Con un pequeño salto, las máquinas de combate abandonaron el hangar y se sumergieron en la negrura del espacio.
Lo primero que Virya echó de menos fué la abrumadora cantidad de naves que siempre la rodeaban al salir de su nave durante los ejercicios de maniobras. Ya no estaban en la flota principal, su fragata había hecho DEFOLD cerca del campo de batalla en algún lugar lejano.

Su primera batalla.

—¡Número Siete, atenta! —bramó su líder por la radio.
Virya vió como se había retrasado varios metros con respecto a su compañera de adelante. Con un movimiento de cabeza despejó su mente y corrigió su posición lo mejor que pudo. El escuadrón de combate número Veinticuatro rodeó la fragata Quitra Queleual por estribor y se dirigió al campo de batalla a toda velocidad.
Todo el campo de visión de Virya se llenó de luz. Las explosiones se sucedían una tras otra a través de una enorme extensión de espacio. Aquí y allá enormes naves de combate giraban unas alrededor de las otras intercambiando fuego a discreción en medio de enormes explosiones y nubes de humo.
Llegaban tarde a la batalla, era evidente por el caos que predominaba en el combate. Lo que al principio habían sido dos flotas en pulcras formaciones de combate intercambiando fuego en forma continua, se había vuelto una batalla donde grupos de armaduras y naves capitales luchaban en medio de una maraña de destrucción y muerte. Alrededor del campo de batalla, las explosiones de luz provenientes de las tropas de refuerza haciendo DEFOLD añandian aún más caos al paisaje.
¿Quien estaba ganando? Virya no podía saberlo… sólo veía naves explotando y naves a punto de explotar al recibir tremendas descargas de fuego concentrado de otras naves de batalla… Con una precisión mortífera, cada diez segundos se sucedían las descargas de los cañones principales, que creaban largas lineas de luz a través del campo de batalla, seguidas inmediatamente de cientos de pequeñas y grandes explosiones de las naves que habían tenido la desgracia de estar en el camino de tan terribles armas.
El corazón de Virya comenzó a latir mas fuerte. habia escuchado a las Meltran veteranas hablar sobre la exitación de la batalla, por fin ella iba a sentir lo mismo.
—¡Atención! —gritó su líder.
Virya se concentró, debía seguir las órdenes al pie de la letra si quería sobrevivir en el campo de batalla.
—Desplegarse!
Al escuchar la orden las siete armaduras se desplegaron hacia los lados; los números pares a la derecha, los impares a la izquierda. Ahora avanzaban formando un enorme arco de ciento cincuenta metros de largo. La idea era que si un disparo de las enormes naves capitales alcanzaba al escuadrón, la separación permitiría que solo unas pocas máquinas fueran destruidas.
Fue una fracción de segundo, pero la joven piloto pudo ver los cinco puntos de luz antes que las enormes descargas de artillería pasaran alrededor de las siete armaduras. Antes que Virya pudiese siquiera parpadear, el escuadrón había perdido dos elementos.
—Formación! —gritó la armadura azul y los cinco Nonas recompusieron la formación en forma de arco, ahora de un centenar de metros de largo.
Virya no se preocupó por las descargas, al fin y al cabo no estaban dirigidas hacia ellas. Lo que el enemigo quería era destruir las naves con refuerzos antes que pudiesen desplegar todos los escuadrones de combate. Miro un segundo el monitor que mostraba las seis de su Nona. Una explosión sacudió la negrura del espacio varios centenares de kilómetros más atrás. Su fragata había sido destruida por los disparos. ¿Habrían salido ya los escuadrones que faltaban? Virya no lo creia, habia sesenta escuadrones a bordo de la nave, con suerte habrían podido salir diez más antes de que todas las guerreras murieran en medio de la explosión.

Ya estaban lo suficientemente cerca del combate para ver los incontables haces de luz que creaban un tejido por todo el campo de lucha. Era como una pared de líneas que se movía y latía como un ser vivo, pero Virya no podía describir lo que veía, simplemente no conocía las palabras adecuadas para hacerlo. Cada haz de luz era un disparo y el color indicaba si quien lo había hecho era amigo o enemigo.
Otro relámpago de luz pasó en medio de la formación, pero por esta vez no escuchó los gritos de su líder pidiendo que se organizaran, en ese momento estaba demasiado ocupada muriendo en medio de la explosión junto con la número dos del escuadrón.
Su primera batalla y ya estaba sola en medio del combate… bueno, quedaban dos compañeras mas ¿Quien de ellas tomaría el mando? Definitivamente no la número tres, ese agujero en el pecho no le permitiría ir muy lejos y ya estaba empezando a explotar el reactor ¿Debería seguir a la número cinco entonces?
En ese momento un enjambre de misiles interrumpió sus razonamientos, por lo que el asunto de la cadena de mando debería esperar un poco mas… disparó hacia los misiles mientras retrocedia con toda la potencia que el reactor le entregaba, eso le daría unos segundos extras para destruirlos.
Los misiles de práctica eran más fáciles de abatir, además los misiles verdaderos tenían la fea costumbre de enviar fragmentos en todas direcciones al momento de explotar. El último misil explotó a unos diez metros de la cabina de Virya y la lluvia de metralla golpeó violentamente la armadura, penetrando el blindaje en la zona del torso y las piernas.
La terrible sacudida hizo que Virya quedase aturdida por unos segundos. Estaba oculta en medio de una nube de humo, por lo que esos segundos que permaneció quieta no significaron su muerte inmediata.
En cuanto su cabeza se despejó lo suficiente consultó de un rápido vistazo el estado de su armadura: había sufrido penetración en su blindaje, pero no había daños en los sistemas de movimiento. Movió sus piernas para comprobar que reaccionaban bien y sintió un dolor punzante en la izquierda… probablemente un fragmento de metralla la había herido.
Virya suspiró, ningún problema entonces, su cuerpo soportaría el dolor, solo esperaba que la espuma del traje hubiese contenido la hemorragia lo suficiente para no perder el conocimiento durante el combate.
La nube de humo se estaba dispersando y ya podía ver la lluvia de lasers que la rodeaba. Mejor moverse pronto y buscar a la número cinco antes de que sea tarde.

La cosa iba mal, había empezado a ir mal desde el principio. Su visor se llenó de marcas rojas y Virya disparó todos sus misiles sin preocuparse a que le estaba disparando. Era parte de su entrenamiento y lo que estaba condicionada a hacer durante batallas a gran escala. Algún misil engancharía un blanco y con algo de suerte destruiría o dañaria seriamente al pobre diablo. En cuanto sus compartimentos de misiles quedaron vacíos, aceleró a máxima potencia y se dirigió hacia el blanco más cercano.
—Maldito Ejercito de Supervisión —masculló mientras disparaba sus cañones contra la armadura gris que tenía delante.
La enorme armadura recibió los disparos por la espalda, pero la inexperiencia de Virya le había jugado en contra: los disparos dieron en puntos varios de la armadura, pero no logró destruir el reactor. Su enemigo, aunque dañado y expulsando fluidos por algunos agujeros, se dió la vuelta y apuntó con sus cañones a la joven guerrera que avanzaba a toda velocidad.
—Débura! (1)—gritó Virya, al menos impactaría contra el y destruiría al menos a uno.
—«Uno» —pensó.—«Solo voy a llevarme Uno»
Empujó el pedal derecho con todas sus fuerzas, la armadura viró lentamente a pesar de la enorme velocidad que había adquirido y el disparo del robot derritió una de las placas de su hombro izquierdo.
No se dió vuelta para ver a su enemigo, dejaría que algún otro se encargara de rematarlo. Vio dos armaduras más adelante que perseguían a un solitario Nona y se lanzó a su persecución, pero se detuvo a mitad de camino cuando un rayo de energía abatió ambos, perseguidores y perseguido, así como a varias docenas de armaduras más que combatían más adelante. Virya sabía que no debía permanecer quieta en ningún momento durante la batalla, por lo que cambió rápidamente de dirección y se dirigió hacia un sector donde le pareció que surgían muchos disparos láser de color verde. Había amigos allí.
Un escuadrón de Nonas protegía el flanco de una fragata Quitra Queleual mientras los cañones de energía a cada lado del casco barrían el campo de batalla en descargas. Al acercarse al grupo vio a su líder, quien pilotaba un Rau de color azul claro. El robot levantó la cabeza y miró en la dirección de Virya.
—Tu! —se escuchó a través de la radio. —Ve a la proa y derriba los misiles que puedas!
Virya se detuvo momentáneamente y luego de hacer un saludo se dirigió hacia donde señalaba su nueva capitana, en dirección a la proa de la fragata. Otro Nona estaba allí, disparando sin cesar a las decenas de misiles que se acercaban a la nave en grupos de cinco o seis. Virya se ubicó al lado de su nueva compañera y comenzó a disparar en ráfagas, tratando de sincronizar sus disparos de forma que ambas pudieran mantener un fuego continuo sin que sus cañones se derritieran por la cantidad de disparos que hacían.
Así que ahora formaba parte de un escuadrón de defensa antimisiles. Bueno, no había nada que hacer al respecto.
Se concentró en su tarea. Los misiles anti nave eran enormes, de casi el triple del tamaño de su armadura, lo que los hacían un blanco fácil para sus disparos. El único problema era que debían concentrar bien el fuego en la cabeza del misil para poder penetrar su coraza y detonarlos lo suficientemente lejos de la nave.
Su compañera la golpeó en el hombro y señaló hacia el casco de la fragata: debian anclarse al casco o la nave giraria de pronto y ellas quedarian fuera de posición. Las dos armaduras descendieron y sus pies quedaron magneticamente fijos al casco.
Continuaron disparando ininterrumpidamente durante a lo que Virya le parecieron horas, mientras la batalla se revolvía alrededor de ellas. Casi se habia olvidado del resto de la batalla cuando una voz que al principio no reconoció se oyó por sobre la cacofonia de alarmas de su cabina.
—¡Retirada! ¡Reagrupense!
Su compañera dejó de disparar y salió volando hacia arriba. Virya apenas pudo reaccionar lo suficientemente rápido para seguirla, segundos más tarde la fragata estallaba en medio de una bola de fuego luego se haber sido alcanzada por varias descargas de armas de energía.
Volaron en zig-zag entre medio de los disparos hasta reunirse con las cinco armaduras que ya estaban volando en formación más adelante.
—Vamos a defender una Nupetiet-Vergnitzs —se escuchó por la radio, Virya no formaba parte del escuadrón de defensa, por lo que solo escuchaba la comunicación del Rau líder —Si, es la nave de Kreegan— escuchó que la Capitán parecía contestar a una pregunta de una de las guerreras.
El nuevo escuadrón de Virya salió a toda velocidad en medio de las explosiones y descargas láser del campo de batalla, adoptando una formación en «V» invertida bastante cerrada. Virya se sorprendió al ver las diferentes tácticas que ese escuadrón empleaba, ya que no volaba en línea recta como su anterior escuadrón de ataque, sino que se movía en Zig-Zag a través de la batalla siguiendo el ritmo del Rau que los encabezaba. Era evidentemente un escuadrón que evitaba el combate, su función era la defensa antimisiles y sus movimientos se adecuaban a ello. Si solo su anterior líder hubiera usado esa simple táctica…
Una poderosa descarga rasgó la negrura del espacio frente a ellos. El poderoso disparo de una nave capital era algo aterrador, incluso a cientos de kilómetros como parecía estar el origen del disparo.
—Objetivo a la vista! Desplieguense a babor en tres grupos, defenderemos la proa a toda costa!— gritó su líder.
Las naves clase Nupetiet-Vergnitzs eran enormes, de casi cuatro kilómetros de largo, toda la nave era un gigantesco cañon de energia que podria arrasar el campo de batalla con su poderosísimo disparo. Tambien servian de puesto de mando a los comandantes Zentradi, quienes supervisaban la batalla desde el mismo frente si era necesario. Ese tal Kreegan era uno de los tres comandantes bajo las órdenes del Almirante Dortrad-Jen.
La nave contaba con su propia artillería para destruir los misiles que se acercaban, pero estaban siendo víctimas de tantos disparos del enemigo que simplemente no daban abasto a interceptar todo el fuego. Otros grupos de defensa se encontraban a lo largo y por encima de la nave capital tratando de interceptar todo lo que el Ejército de Supervisión arrojaba contra dicha nave. Mientras tanto, el cañón principal no dejaba de disparar en intervalos regulares, escupiendo rafaga tras rafaga de destrucción hacia la masa de naves enemigas que avanzaban en un amplio frente de ataque.
.
Llegaron al perímetro defensivo esquivando disparos y misiles que llovían en todas direcciones, descubrieron entonces que la nave generaba su propio campo gravitacional, por lo que no fue necesario que se anclaran al casco. Simplemente dieron la espalda a la nave y comenzaron a disparar a todo lo que se acercaba.

Que era casi todo el ejercito enemigo.

(1). Insulto en lenguaje Zentradi
41 por Gerli
—¿Que parte de “Echar un Vistazo” no entendiste Tass....?
La muchacha no contestó y se acurrucó aún más en el asiento como si quisiera desaparecer dentro.
Amanda suspiró profundamente. —Okey, de acuerdo... no vale la pena discutir sobre eso... ¿Que averiguaste?
Tass no respondió. Mientras tanto no dejó de operar la consola que tenía frente a ella. Las pantallas se sucedian en cascadas informando los procesos de verificación de los diferentes sistemas que se ponían en marcha. Amanda esperó pacientemente pero finalmente su genio se impuso.
—Tass, no estoy enojada contigo, solamente me preocupa los rumores que van a correr por la Colonia.
El sonido que los dedos de la muchacha hacían sobre el teclado de su consola se silenció mientras que giraba la cabeza para mirar a la mujer sentada por encima de ella. —¿Y?
—¿Cómo «y»? —Respondió perpleja Amanda mientras se enderezaba en el sillón del Capitán.
—Me importa un rábano lo que la gente de la Colonia diga.
—A vos no, pero a mi si me importa.
—¿Desde cuando tengo que llamarte «Mamá» Amanda..?
—Soy el Capitán de esta nave jovencita. —La mirada de Amanda era tan fria y penetrante que hizo estremecer a Tass en su asiento. —Que no se te olvide.
Tass abrió la boca para responder pero un zumbido acompañado de un mensaje parpadeante en la pantalla atrajo su atención.
—¿Que pasa?
—Es un mensaje automático seguridad, nada grave. —Dijo Tass cerrando la ventana y volviéndose nuevamente para confrontar a Amanda. —No sos la Capitana durante mis horas libres.
—Si lo soy, y tambien lo soy mientras duermo, asi que mas te vale que lo entiendas de una vez.
—Pero Amanda, es ridículo que me increpen por eso, no estoy saliendo con Jim, solamente lo acompañe por la Colonia para mostrarle el lugar ¿Que tiene eso de malo?
—Primero y principal, el es un Teniente de la NUNS y cuando estás en tu puesto no lo vas a llamar por su nombre y segundo.... ¿Otra vez?
El mismo zumbido y la misma alerta visual habían vuelto a aparecer en la pantalla de Tass. La joven se dió vuelta pero esta vez no cerró la ventana de aviso, sinó que abrió una ventana donde se desplegó un registro de datos en forma vertical.
—¿Que pasa Tass?
—Es un pequeño sistema de seguridad mío, no me acordaba que seguía activo, lo uso solamente cuando navego por ciertos lugares de la Red Galaxy.
Amanda levantó una ceja y miró con curiosidad la pantalla de Tazz. —¿Te molesta explicarme eso?
Tass suspiro como le pasaba siempre que tenía que explicarle algo a su jefa, no le gustaba hablar de su «personalización» del sistema informático de la Rainbow. —Es un programa de virtualización de redes, lo que hace es crear una pequeña red virtual falsa cuando ciertos programas intentan averiguar la localización del equipo que navega la Red Galaxy
—¿Y para qué necesitas hacer eso?
—Y... a veces es mejor no atraer ciertas miradas sobre la Colonia cuando se consulta «información delicada» en la Red.
Amanda se puso derecha en el asiento. Su posición privilegiada por encima de los demás puestos de control le permitian ver todo el puente y gran parte de la vista del Campo a través de los gruesos cristales que las separaban del espacio exterior.
El puente de mando de la Rainbow era una torre que se elevaba exactamente en la proa de la gigantesca nave. Dado que las naves como la Rainbow se construían en forma modular sobre la marcha, esa sección junto con el reactor eran las más antiguas de la nave. No obstante se notaba un excelente mantenimiento y una cuidada atención al aseo.
—Nadie duda de tu talento pero… —dijo haciendo una pausa. —Las medidas extremas de seguridad también pueden traer miradas indiscretas sobre nosotros.
Tass movió la cabeza sin quitar los ojos de la pantalla —Ya lo se, es por eso que este programa está destinado a desviar a los curiosos, no atraerlos.
—¿Desviarlos?
—En estos momentos los avanzados rastreadores de la NUNS están revisando la bases de datos de una nave de carga a cientos de años luz de distancia de nosotros.

Amanda sonrió y centró la mirada en la pantalla frente a ella; con todo lo que había sucedido en las últimas veinticuatro horas casi no había tenido tiempo para llevar a cabo las importantes tareas que le correspondian.
Al fin y al cabo no culpaba a la joven y hasta coincidia un poco (Solo un poco) con la opinión de Silvia, pero algo en su interior se revelaba contra la idea de que una persona extraña a la Colonia pudiera causar un efecto tan devastador en la confianza de su equipo.
Tass era una joven brillante y su habilidad con los sistemas informáticos era indiscutida. Había sido un golpe de suerte el que uno de los jóvenes que crecieron en la Colonia desarrollara tal habilidad y sacrificase un brillante futuro en cualquier otra flota o planeta de la galaxia para ejercer en la Rainbow.
Tass, Will, Mina… cada uno de esos niños había crecido en uno de los ambientes más difíciles de la esfera de expansión de la colonización humana, rodeados de más máquinas que de seres humanos y no obstante se habían convertido en un grupo de adolescentes y jóvenes maravillosos.
Sin pensar extrajo el pad de su bolsillo y examinó la foto que Silvia le había pasado el día anterior; hacía mucho tiempo que no tenia fotos recientes de la gente que quería. Con el dedo toco suavemente la superficie de la pantalla y la imagen se centró en el rostro de Mina, ocupando toda la pantalla. ¿Cuando se habia convertido su preciada hija en una joven mujer? ¿Cuando había dejado de ser una niña? Hacerse esas preguntas era doloroso para Amanda, porque comprendía que surgían del reconocimiento de su propio fracaso como madre. ¿Pero era su culpa realmente?
Amanda no había fracasado nunca, desde que la fundación Unity la había cobijado bajo su manto protector había obrado milagros para mantener a la Rainbow, no solo como un emprendimiento sustentable, sino como una verdadera comunidad de seres humanos al borde mismo de la galaxia.

Jóvenes como Matt, Akemi, o Mina, eran resultado de sus esfuerzos directos para crear un ambiente donde pudiesen desarrollar sus talentos y formarse como personas. Si en pos de esa meta había dejado momentáneamente de lado su rol de madre…. bueno, era un sacrificio menor ¿Entederia eso Mina? ¿Lo llegaría a comprender alguna vez?
Apagó la pantalla y miró al frente, hacia el manto de estrellas que cubría todo el ventanal que rodeaba la torre de control. No podía darse el lujo de dudar en ese momento crucial de la historia de la Colonia. Las piezas se habían puesto en marcha hacia muchisimo tiempo y sus problemas personales no formaban parte del plan.
El plan.
El momento que durante su juventud parecía tan lejano había llegado finalmente. En solo unos días más la burocracia de la NUNS finalmente quedaría en el pasado y un nuevo comienzo para la Rainbow sería posible. Solo que….
—Tass
—¿Si Capitan?
Que Tass la llamara por su cargo en vez de por su nombre denotaba que todavía se hallaba molesta por sus comentarios. Amanda suspiró profundamente pero no se dejó amedrentar por la actitud de la joven.
—¿Quien activó tu «Protección Especial»
Tass dejó de teclear en su consola y giró la cabeza en dirección a Amanda. —¿Que?
—Me gustaria saber quien fue la persona que accedió a esa «Información Delicada» y que motivó que tu programa de distracción se activara.
Tass volvió a mirar su terminal de datos y pareció dudar un momento. —Se supone que lo que los Colonos hacen con su acceso a la Red es algo del ámbito privado, Capitana.— dijo sin volverse.
—Supones bien.
—Entonces….
—Es una orden.
Tass sufrió un escalofrío. Solo recordaba una ocasión en la que Amanda le había impartido una orden con ese mismo tono de voz y no había sido agradable.
—Entendido— dijo con un hilo de voz mientras sentía la mirada gélida de su superior en la nuca. Sus dedos bailaron rápidamente sobre el teclado y varias ventanas aparecieron simultáneamente en la pantalla. Miró una de ellas y sintió que el corazón le daba un vuelco. —Capitán… Amanda— dijo de pronto. —Es una consulta originada en dos registros médicos de pacientes de la clínica del Doctor Evans. No podemos violar el secreto de..
—Prosigue.
Tass tragó saliva y movió lentamente su dedo sobre el botón de confirmación. Las fichas de dos ciudadanos se abrieron en pantalla.
El silencio se hizo algo tangible en la Torre de Control mientras Amanda se enderezaba en su asiento y miraba con asombro las dos fichas médicas que ocupaban la pantalla frente a ella. Habían sido creadas recientemente y ostentaban la clasificación de VISITANTES que generalmente se le daba a la gente que llegaba a la Rainbow por negocios o trabajo y permanecía por poco tiempo. Las fotografías de dichos visitantes quedaron suspendidas en el aire mientras ambas mujeres las contemplaban en silencio.
—¿Que rayos necesita Evans averiguar sobre Cinthya y Jim? —exclamó Tass con los ojos abiertos.
—Eso mismo me pregunto yo— respondió Amanda con el ceño fruncido.
42 por Gerli
—«Debura!» —exclamó Virya al recibir de lleno la lluvia de metralla del misil que había conseguido destruir a solo un centenar de metros de distancia. Aun asi la onda de choque fue tan poderosa que envió su armadura hacia atrás de forma tan abrupta que no pudo evitar chocar contra el casco de la nave de Kreegan.
—¿Esta operativa, número Siete?
La guerrera sacudió la cabeza y movió las piernas para despegarse de la cubierta. increiblemente su armadura respondió a sus comandos y se irguió sobre la superficie metálica.
—Siete operativa —informó a su Capitana provisoria. —Daños menores en la armadura, reactor sobrecalentado a un 70%
Virya no esperó las órdenes siguientes, de todas formas ya sabía lo que debía hacer. Se impulsó hacia delante y retomó su lugar al lado de las otras dos chicas, quienes habían podido mantenerse en su posición a pesar de haber recibido ellas también buena parte de la onda de choque de la explosión.
El combate arreciaba ahora, era evidente que todas las fuerzas de ambos ejércitos estaban desplegadas a lo largo y ancho del campo de batalla. Había decenas y decenas de miles de naves por todos lados, cada una embarcada en la tarea de destruir lo primero que tuviese por delante. Parecía que en medio de aquel caótico paisaje el escuadrón de defensa antimisiles de Virya era el único grupo combatientes que mantenía una formación y un objetivo concreto.
La nave de Kreegan había dejado de disparar su cañón principal, su reactor hacía rato que debía haber alcanzado su punto crítico y solo se limitaba a escupir fuego de artillería a lo largo de su enorme estructura.
Era tal la furia del combate que frente a Virya el espacio aparecía completamente iluminado por las descargas de energía de las armas amigas y enemigas. Las explosiones se sucedían con tal asiduidad que el Queadluun se sacudía ininterrumpidamente al recibir las continuas olas de choque de los miles de guerreros y guerreras que morían en medio de enormes detonaciones.

La pierna había comenzado a molestar otra vez, probablemente el golpe había empeorado la herida. La joven ignoró el dolor y concentró su mirada en el monitor, había tantos blancos que era difícil distinguir cual de todos los atacantes que se arrojaban sobre ellos tenían prioridad para ser abatidos. El pequeño intervalo de tiempo que había estado sin disparar había servido para que el calor de sus cañones se disipara un poco y ya no estaban al rojo vivo como hace unos momentos. Con un rápido vistazo comprobó el estado del reactor; todos los indicadores sobrepasaban los valores de operación normales y algunos se habían detenido perpetuamente en marcas críticas. El Nona, básicamente, conservaba su forma porque la piloto que estaba dentro se mantenía de una pieza.
Varias descargas de energía pasaron sobre su cabeza pero la siguiente ráfaga impactó de lleno en el casco unos cincuenta metros por debajo de ellas, dejando un enorme cráter en el metal del casco. Virya esperó por la explosión inminente pero no sucedió tal cosa. La nave soportó el impacto.
Vieron como el campo de batalla se movía alrededor de ellos. La enorme nave había comenzado a girar sobre si misma y junto con ella arrastraba en su campo gravitacional a los defensores y enemigos que luchaban a su alrededor. Fue un momento fugaz, casi un destello en el límite de su campo visual, pero reaccionó instintivamente y giró con violencia hacia la derecha. Una armadura enemiga levantó un enorme cañón de energía en dirección al grupo de Queadluuns que le daba la espalda. La rafaga de Virya dió de lleno en el arma en el momento exacto en el que su enemigo apretaba el gatillo, la explosión de las celdas de energía aplastaron al miserable contra el casco de la nave en medio de una lluvia de fragmentos y trozos del piloto. En cuanto la nube de desperdicio se disipó Virya observó al Nona azul de su líder, con el brazo aún levantado y en posición de disparo.
—Buen trabajo Siete— dijo bajando el cañón. —Haz sido rápida!
Rápida si, por supuesto que lo había sido. Virya se dió cuenta que a pesar de la fatiga que comenzaba a sentir en sus miembros, sus reflejos eran más rápidos, su puntería más precisa. Sonrió y la sonrisa permaneció en su rostro a medida que abatía cualquier cosa que se acercaba en el arco de efectividad de sus armas.

La batalla continuaba y la nave que defendían soportaba ataque tras ataque sin tregua. Muchos de los cañones de artillería que sobresalían del casco de la gigantesca nave estaban silenciosos y al rojo vivo. La nave comenzó un nuevo giro sobre si misma para renovar la descarga de fuego con los cañones de la banda contraria; babor y estribor, disparando sin cesar hacia la masa de enemigos que atacaba sin piedad, pero ahora el campo de batalla había cambiado su forma, lenta pero inevitablemente las tropas Zentradi habían rodeado al núcleo de las fuerzas enemigas y por primera vez desde que la batalla se había vuelto un caos, el fuego venía de una dirección concreta.
Pronto el nuevo escuadrón de Virya comenzó a sufrir bajas. Dos guerreras sucumbieron al recibir de lleno el impacto de una descarga de energía en la zona central de la nave. Virya fué enviada a ese sector y perdió de vista a sus compañeras.
No podrían soportar semejante ataque por mucho más tiempo. Ahora solo podía disparar una pequeña ráfaga cada segundo y confiar en su puntería. Ojala tuviese algo mejor que un simple Queadluun Nona para luchar.
Por entre la cacofonía de alarmas que sonaban dentro de su casco distinguió un grito de alarma, lo que la hizo desviar su mirada por un instante.
Un enorme crucero de batalla se dirigía a toda velocidad contra la Nupetiet-Vergnitzs de Kreegan. La nave enemiga estaba literalmente llena de agujeros y sin lugar a dudas condenada a explotar en cualquier momento, pero ese último impulso la había puesto en curso de colisión directa.
—«Debura!»— gritó por centésima vez durante esa batalla y apuntó sus armas al bólido que se acercaba. ¿Que podrían hacer su pequeño par de cañones contra un crucero de batalla? Sin dejar de sonreír disparó una rafaga completa. No importó que sus armas se pusieron blancas por el calor y estallaron frente a ella. Nada importaba ya.

Los brazos de la armadura y los suyos propios colgaban inertes a los costados. Virya se rindió ante la inevitabilidad de su muerte y contempló fascinada los momentos finales de su primera y última batalla y al enorme enemigo que se abalanzaba hacia ella.

Lo extraño que es que ahora eran dos los cruceros que se arrojaban en un ataque suicida.

Virya tardó solo un segundo en darse cuenta que lo que experimentaba era un espejismo, una imagen doble producida por la distorsión del campo dimensional alrededor de la luz visible.
—¡FOLD! —exclamó viendo como su campo visual se llenaba de un resplandor multicolor y su cuerpo temblaba violentamente. Se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos para evitar el resplandor.
Luego fue todo silencio.

Cuando recobró el sentido no supo cuánto tiempo había pasado. Lo primero que vió fue el resplandor que producían varias naves al hacer DEFOLD en las inmediaciones de la nave de Kreegan.
Había demasiado silencio. Como el que sentía dentro de las cápsulas de sueño en la fragata donde había estado asignada antes. Quiso girar la armadura para ver a su alrededor y descubrió que el silencio se debía a que su armadura no era más que un peso muerto atrapado en el campo gravitatorio de la Nupetiet-Vergnitzs.
Probablemente su reactor se había fundido al momento de disparar a toda potencia durante el ataque final.
Retirando los brazos de los controles de cada extremidad de la armadura sujetó con fuerza la palanca de apertura de la cabina. Forcejeó durante varios minutos hasta que la enorme compuerta se abrió de golpe y salió despedida hacia el espacio. Con dificultad se apoyó en el borde de la cabina y haciendo fuerza con los brazos lentamente extrajo parte de su cuerpo de la parte inferior de la armadura.
Lo primero que examinó fue su pierna izquierda. Allí donde había sentido dolor durante la batalla vio una masa de color blanco que formaba un bulto alrededor de su pierna, por encima del tobillo. Al perforarse el traje un fluido aislante se había solidificado inmediatamente alrededor de la herida para evitar que la descompresión formase una hemorragia incontrolable en el vacío del espacio.
Virya movió la pierna y comprobó que solo estaba entumecida, lo que la hizo suspirar aliviada; podría volver a luchar nuevamente.

La guerrera se recostó contra el borde de la cabina y miró alrededor, no sabiendo qué hacer a continuación. Al igual que su armadura, ahora convertida en un trasto inútil, miles de pedazos y fragmentos de naves y robots giraban por todas partes formando una pequeña nube alrededor de ella. Aquí y alla aún podía distinguir las formas de las armaduras de uno u otro bando, algunas lo suficientemente enteras como para poder ver los restos del piloto que asomaban por entre los hierros retorcidos. Una innumerable cantidad de cadáveres y partes de ellos flotaban también a su alrededor. Virya no les prestó más atención que al resto de la chatarra circundante.

La Nupetiet-Vergnitzs que había estado defendiendo durante las incontables horas de batalla había salido bastante bien parada. Salvo algunos impactos laterales, donde partes del armazón metálico se vislumbraba a través de las placas de metal hundidas por la fuerza de la explosión, parecía no haber sufrido graves daños. Recordó de pronto que no habia estado sola durante el ataque y buscó con la mirada a sus compañeras, allí donde la proa de la enorme nave de perdia entre los restos flotantes.
Distinguió cuatro armaduras reunidas junto al casco, completamente inmóviles, como si esperacen alguna orden que no llegaba nunca. No se sorprendió al notar la falta del Nona azul en el grupo, su Capitan temporaria no había logrado sobrevivir a la batalla.
Sopesó las posibilidades que tenía de llegar hasta ellas con un impulso, pero descartó la idea inmediatamente. Estaba a casi ochocientos metros de distancia y la cantidad de escombros que se interponía en su camino detendrán su impulso o casi con seguridad la desviarian hacia otro lado, debía intentar llamar la atención del grupo para ser rescatada.
Miró a su alrededor buscando algo que pudiera servir y no tardó en descubrir la mitad de un soldado que aún sostenía un rifle en su mano. No estaba demasiado lejos, por lo que solo bastó un pequeño impulso de su pierna sana para acercarse lo suficiente al cadáver y poder tomar el arma.
Era, o mejor dicho habia sido, un soldado enemigo. Virya sostuvo el brazo muerto con una mano mientras con la otra tiraba con fuerza del arma. Era curiosa la tenacidad con la que sujetaba dicho objeto. Finalmente liberó el arma y alejó los restos con un empujón de su mano libre.
El laser azul trazó una fina línea que iluminó fantasmagoricamente los alrededores. Los Queadluuns reaccionaron inmediatamente y se acercaron a gran velocidad, al fin y al cabo Virya había disparado un arma enemiga.
Las cuatro armaduras la rodearon inmediatamente. Virya no tenia forma directa de comunicarse con ellas, por lo que señalo con su dedo los restos de su armadura que flotaba abierta y vacia varios metros por debajo de ellos. Uno de los Nonas hizo un gesto con la mano y las restantes armaduras se alejaron.
Quien aparentemente había tomado el mando del escuadrón hizo un gesto con el brazo señalando el hombro izquierdo de su armadura. Virya comprendió el gesto y tomándose de la mano que su salvadora había extendido, pudo encaramarse al Nona sin problemas.
Juntas iniciaron el regreso, pero al pasar por la zona central de la Nupetiet-Vergnitzs se detuvieron. La guerrera al mando del Queadluun señaló un punto particular del casco y Virya miró sorprendida.
Un enorme misil había penetrado una decena de metros en el interior de la nave y permanecía clavado en el casco como una torre silenciosa. ¿Cómo y porqué no había explotado? La enorme cabeza explosiva tenía la capacidad de partir la nave del Almirante en dos, especialmente debido al lugar donde se había incrustado. Esa nave estaba condenada.
Se alejaron de la nave de Kreegan y pusieron rumbo hacia una fragata Quitra Queleual cercana, donde el resto superviviente del escuadron de defensa tenia su base.
Fueron las ultimas en entrar antes que la enorme compuerta del hangar se cerrara. Los tres Nonas ya estaban aparcados en sus respectivas estaciones de repostaje, pero las pilotos aún permanecían dentro de sus armaduras con la cabina abierta.
Virya y su compañera aterrizaron sobre la cubierta metálica y caminaron los metros restantes hasta reunirse con los demás.
Las luces del hangar habian pasado del naranja al blanco, indicando que las compuertas estaban cerradas y el hangar presurizado. Virya ya no podia aguantar mas el silencio, por lo que se quito y casco a la vez que saltaba al suelo. Un relámpago de dolor hizo que se arrodillara en el suelo, su pierna izquierda le estaba recordando impetuosamente que no estaba en condiciones de soportar su peso en gravedad artificial.
Una sombra cruzó por su semblante. ¿Era su herida más grave de lo que pensaba? Virya sacudió la cabeza con disgusto. Lo que quería era volver a luchar, de seguro podrían curar su pierna de alguna forma.
—¿Cual es tu nombre, soldado? —preguntó una voz desconocida a su lado. Virya levantó la vista y su mirada se cruzó con la de otra Meltran de cabello violeta, que la contemplaba aún con el casco en la mano. El resto del escuadrón también estaba junto a ella.
—Soy Virya 712— dijo. —Escuadrón de ataque número Veinticuatro.
La guerrera la observó en silencio y de pronto le extendió la mano. —Soy Yuwe 214, segunda al mando del Escuadrón de Defensa Treinta —De un tirón levantó a Virya del suelo y la sostuvo por la cadera— ¿Estas herida?
—Un fragmento de metralla perforó mi pierna, no creo que sea nada grave— de pronto las palabras de la guerrera cobraron sentido en su mente. —¿Segunda al mando? ¿Tu Capitán sobrevivió?
Un pesado silencio se hizo en el hangar. Virya supo inmediatamente que algo no marchaba bien.
Nada bien.
43 por Gerli
—¿Estás absolutamente segura de eso Tass?
La joven no respondió, solo se quitó los lentes y lentamente se masajeó los cansados ojos. —Si Amanda— respondió luego de una breve pausa. —Ambas peticiones de información dispararon los protocolos de rastreo de la agencia de investigación gubernamental.
Amanda se inclinó en su asiento mientras miraba seriamente la pantalla. —No me sorprende en el caso del Teniente— afirmó con un gesto de la mano. —¿Pero porqué con Cinthya? Se supone que es solo una civil.

El Doctor Evans había solicitado un informe completo a la base de datos gubernamental sobre los historiales de salud de Jim y Cinthya. Si bien ambos habían sido aprobados y remitidos, el correspondiente al Teniente Jim solo presentaba información básica, estando el resto con acceso clasificado debido a la posición del piloto en las fuerzas armadas.
—Cinthya está trabajando para el Gobierno Unificado— comentó Tass mientras estudiaba el historial del navegador. —Aunque sea subcontratada deberia estar también bajo la esfera de protección de la información militar ¿No?
Como única respuesta recibió el silencio y la mirada pensativa de su capitana. Si, realmente no tenía mucho sentido, especialmente porque quien manejaba todo el papeleo humanitario de la NUNS era una oficina gubernamental común y corriente.

Jim había compartido con Tass la particular situación por la que atravesaba su escuadrón de Élite en medio del desastre organizativo que azotaba a los altos mandos de la NUNS. Esto no era algo nuevo para la joven por cierto, ya que Amanda también solía afirmar que el Gobierno Unificado se estaba volviendo un saco de mierda demasiado abultado que corría el riesgo de colapsar bajo su propio peso.
Muy probablemente el asunto con la información personal de Cinthya tenía otro significado y su curiosidad la impulsaba a descubrir que. Por suerte sus reservas en cuanto a la validez ética de su investigación habían sido borradas por la orden de Amanda, eso la dejaba libre de culpas para centrar toda su atención en el asunto.

Evans había requerido una serie de informes adicionales sobre ambos visitantes. En el caso de Jim habían sido denegados de forma automática, pero con Cinthya habían sido aprobados sin inconveniente alguno. Revisando detalladamente cada uno de los formularios, Tass centró su búsqueda en detectar cual de todos ellos habían sido los disparadores del rastreo automatizado del Gobierno.
Tras una breve exploración de los archivos localizó lo que buscaba.
—Sangre tipo Alfa Bombay— leyó extrañada.
—¿Eh?— Preguntó Amanda enderezando su silla. —¿De que estas hablando?
—Es la búsqueda de Evans que disparó el rastreador— dijo. —¿Te suena de algo?
—Hay un Fenotipo de sangre que se llama Bombay— Amanda se quitó su gorra y la colocó sobre su regazo. —Pero eso de Alfa es nuevo para mi.
—¿Quieres que…? —preguntó la joven mientras abria una ventana con un buscador de la red galáctica.
—No— exclamó Amanda de forma tajante. —No quiero que vuelvas a atraer la mirada de la NUNS sobre esta Colonia con el mismo tema.
Tass se cruzó de brazos y asintió con la cabeza. —Tienes razón— dijo. —¿Pero qué podemos hacer? No creo que quieras preguntarle a Evans sobre eso…. ¿Y qué tal si le preguntamos a David?
La Capitana sacudió la cabeza en forma negativa —No Tass, no creo que sea una buena idea tampoco. Mientras hablaba se había puesto a acariciar la gorra como si de una pequeña mascota se tratase.
Ambas mujeres permanecieron en silencio mientras desarrollaban sus tareas diarias.
La llegada de la nave de suministros era considerado un dia de asueto para la gente de la Colonia, que solía dejar de lado su rutina para poder hacer compras y recibir alimentos frescos desde los lejanos planetas y flotas productores.
Si bien la actividad laboral de la Colonia cesaba, el trabajo para las chicas de la torre no variaba en lo más mínimo y a pesar del descanso, el monitoreo de los sistemas y control del espacio perimetral de la Colonia eran actividades que se desarrollaban veinticuatro horas al día, los siete días de la semana, ininterrumpidamente.
—A fin de cuentas— comenzó a decir Tass de forma distraída. —A lo mejor nos estamos preocupando por nada.
—¿Porque lo piensas?
—Bueno… probablemente sea una causa de preocupación para Evans que Cinthya tenga ese tipo de sangre rara, a lo mejor está preocupado por lo que pueda pasar en caso de que resulte herida y necesite un tratamiento especial…
—¿La inspectora tiene ese tipo de sangre?
Tass volvió a colocar la ficha médica de Cinthya en pantalla y utilizó su puntero para resaltar el texto.—Si, aquí lo dice… no espera, solo dice Bombay… ¿No es lo mismo?
—Aparentemente no— suspiró Amanda.
El razonamiento de Tass tenía sentido, lógicamente y más aún luego de los incidentes ocurridos en las últimas setenta y dos horas. ¡Esos dos habían hecho peligrar sus vidas no una sinó DOS veces! Era obvio pensar que el médico querria informarse ante una eventual tercera situación de riesgo.
Pensó en su charla con Will, de cómo sus sospechas de que el piloto había actuado de forma tan confiada con una amenaza contra su nave se habían confirmado. Sentía que algo se le estaba escapando de entre las manos, pero no estaba segura que.
—No dudo de las buenas intenciones de Evans… solo que no me gusta esa actitud de servirse de la gente como cobayos.
—¡Tass!— exclamó Amanda sorprendida. —¿Qué estás diciendo?
La joven apoyó el mentón sobre su mano y miró distraídamente la pantalla del radar.—Deberia ser mas transparente con sus investigaciones. ¿No crees?
Amanda miró a la joven con seriedad—El que no haya publicado aún ningún «Paper» no quiere decir que no esté siguiendo un estricto protocolo en sus investigaciones.
Tass sopló molesta y volvió su atención a la pantalla.
—Tal vez…. —dijo la Capitana mientras desplegaba un teclado sobre sus rodillas. —Tal vez si haya alguien a quien podamos consultar.
—¿Si? ¿Quien?— preguntó la joven interesada de pronto.

Media hora más tarde Tass abandonaba el puente de mando y, bostezando, se instalaba en el pequeño transporte de personal. Tendría que tomar una dosis extra de café si quería mantenerse despierta lo suficiente.
El vehículo la dejó junto a la oficina de Amanda y si bien tenía permiso de usar la cafetera que estaba ahí, mirando la hora en su reloj decidió ir a la cafetería directamente. No solo el café era mucho mejor, además había una pequeña chance de encontrar a quien buscaba.
Extrajo su Pad y consultó la información que disponía. Amanda le había prohibido que accediese a la Red Galaxy, pero aún disponía de la información en caché que había quedado en la Red Rainbow luego que Evans la consultara. Era, a decir verdad, información bastante escasa, una entrada de enciclopedia con información de un nivel extremadamente básico. No le extrañaba que el médico haya intentado averiguar algo más.
Espero al ascensor mientras meditaba en silencio lo sucedido. La NUNS era muy celosa de cierta información a la que se podía tener acceso en la red galáctica. Explosivos, armas biológicas, armamento de reacción… las cosas que siempre están en la mira del gobierno para mantener vigilado al público en busca de señales de terrorismo o insurrecciones.
Pero que un tipo de sangre disparara ese tipo de alerta… Amanda estaba en lo cierto en sospechar que podía haber algo más detrás de todo eso. ¿Porque había hecho Evans una búsqueda en la Red Galáctica de un Fenotipo de sangre que no era exactamente igual al de la inspectora? ¿Era solamente por curiosidad académica?
El ascensor llegó hasta el piso de la oficina de Amanda y las puertas se abrieron frente a la joven, quien entró al mismo mirando la pantalla de su Pad, aún con varias preguntas sin respuesta dando vueltas por su cabeza.
—¿Baja?
Tass estaba tan absorta en sus pensamientos que solo reparó en Jim cuando su nariz estuvo a pocos centímetros del pecho del piloto.
—¿Jim? —pregunto sorprendida mientras se restregaba los ojos cansados —¿Que estas haciendo en La Torre?
—A decir verdad nada— dijo el piloto cruzado de brazos mientras miraba con curiosidad a Tass. —Voy para el acceso del hangar en el nivel inferior, supongo que me arrastró el ascensor hasta aquí. ¿Terminó tu turno?
La muchacha permaneció callada sin saber que decir. Aún sostenía el pad fuertemente contra su pecho, como si el contacto con el aparato fuera su única conexión con el mundo real. Entonces la puerta se cerró tras ella y el hechizo se rompió.
—Si si… recien termino— dijo agitadamente mientras se daba la vuelta y tanteaba el panel de pisos en busca del botón adecuado. En su nerviosismo marcó tres pisos diferentes, ante la divertida mirada del piloto. —Voy a la cafetería a desayunar algo.
Ambos guardaron silencio un momento mientras el elevador comenzaba a descender desde lo alto de la Torre.
—Supongo que Amanda te contó lo que pasó en el Campo ¿No? —preguntó Jim distraídamente.
Tass asintió y se dio la vuelta. —Tenía mucho miedo por ustedes dos— dijo. En cuanto se disparó la señal de emergencia salí corriendo a la torre de control para ver qué había pasado.
Jim no respondió y siguió mirando algún punto indefinido del techo del ascensor.
—¿Tuviste miedo ahí afuera?— preguntó la joven.
—¿Eh? —preguntó el piloto con cara de genuino asombro. —¿Miedo? ¿Yo?— Ante la incrédula mirada de Tass, Jim rompió en una carcajada.—No Tass, no… no tuve miedo.
Como la joven permanecía en silencio, Jim volvió a ponerse serio.— No fué una buena experiencia, te lo aseguro. Pero estar tan cerca de la muerte me hizo sentir… diferente, no se si me explico.
—¿Diferente? —preguntó Tass. —¿En qué forma?
Jim se llevó la mano al rostro y se acarició la barbilla en forma pensativa— No se como explicarlo con palabras adecuadas—dijo. —Tal vez haya sido mi sangre Zentradi la que reaccionó de esa forma.
Al oír la palabra «sangre» Tass sintió un escalofrío.
—En fin, lo importante es que no lo pienso volver a hacer— dijo de forma tranquilizadora— Al menos no durante el tiempo que quede de la inspección.
—¿Cinthya va a continuar con la inspección?
El piloto asintió con la cabeza. —Los datos del Campo se recogieron sin problemas en la computadora de mi avión y ya no teníamos planificada otra salida, supongo que terminará con lo que tenga que hacer aquí en la Colonia y dará por terminado su trabajo.
Tass suspiró profundamente. Por primera vez desde que había conocido a Jim se daba cuenta del poco tiempo que había tenido para estar con el. No es que no lo supiese desde un principio, pero en ese momento la perspectiva de no volverlo a ver se había vuelto demasiado tangible.
El elevador se detuvo silenciosamente y la puerta a su espalda se abrió con un pequeño timbre.
—Tass
La joven se dió vuelta y levantó la mano para saludar pero vió interrumpido su gesto cuando Jim, en un rápido y fugaz movimiento, se inclinó y la besó en los labios.
Tass quedó paralizada en su sitio, con la mano derecha a medio levantar y sujetando el Pad contra su pecho con la izquierda.
Su primer beso.
Había soñado toda su vida con ese momento, lo había imaginado de mil formas diferentes, en mil situaciones y lugares de la galaxia, pero allí, dentro del ascensor, con sus ojos completamente abiertos mientras miraba fijamente los ojos violetas de Jim, supo con seguridad que fue el momento elegido para ella por el destino.
Y nunca hubiese podido imaginar un beso tan perfecto como ese.
Tass cerró los ojos y soltando el Pad abrazó fuertemente al piloto, olvidándose momentáneamente de la Colonia, Amanda y la puta Galaxia incluso.
Permanecieron abrazados, inmóviles como dos estatuas que se hubiesen fundido en una sola pieza por efectos de un calor intenso. Cuando Tass finalmente separó sus labios de Jim, tomó una bocanada de aire y se llevó una mano al pecho, casi había perdido el aliento durante el largo beso.
—Es tu piso— dijo Jim alcanzando el pad que había caído al suelo entre ambos. La joven tomó el aparato de manos de Jim y permaneció con la boca abierta sin poder articular palabra.
—Si no cierras esa boca voy a tener que cerrarla yo devuelta con otro beso— dijo el joven sonriendo mientras apoyaba uno de sus dedos sobre los labios de Tass. —Te veo por la tarde ¿Ok?
Tass asintió y retrocedió unos pasos, saliendo del elevador casi como en sueños. Jim la saludó con la mano y la puerta se cerró con un leve chasquido.
Tardó lo que le pareció una verdadera eternidad en salir del estado de parálisis en el que había quedado tras salir del ascensor. Cuando por fin reaccionó, dió un grito de alegría y pegó un saltito de felicidad, luchando contra el deseo de salir corriendo por la cubierta como si fuese una niña pequeña.
En ese momento se dió cuenta que estaba tres pisos por encima de la cubierta de la cafetería, pero nada más importaba en la mente de Tass, quien se dirigió a las escaleras como si aún viviese dentro de un sueño maravilloso.
44 por Gerli
—¿Está viva? —pregunto Virya asombrada
Habían conducido a la joven hasta uno de los puestos de rearme de los Queadlunn, ahora vacío al igual que muchos de las otras estaciones que llenaban el enorme hangar. Las pérdidas habían sido cuantiosas en ambos bandos.
La Meltran que se había dado a conocer como Yuwe asintió. —Así parece, su armadura todavía está operativa y transmitiendo en nuestro canal de escuadrón.
Virya no necesitó ninguna otra confirmación, las armaduras solo funcionaban mientras quien las pilotase se mantuviese con vida. No había nada que objetar sobre ese punto.
La actividad en el hangar era frenética. Había decenas de chicas heridas que no podían abandonar sus armaduras por sus propios medios. Un grupo de Meltrans, encargadas del aprovisionamiento de municiones, se ocupaban momentáneamente de ayudar a las heridas, trasladando en andas a las pilotos hasta los tanques de reacondicionamiento. Mientras tanto un Nona trabajaba con sus enormes brazos doblando el metal y arrancando partes para poder rescatar a las guerreras atrapadas. Una enorme pila de desperdicios crecía lentamente contra el fondo del hangar a medida que el equipo examinaba las armaduras y descartaba aquellas que presentaban daños serios en su estructura. Virya no se sorprendió al ver que en la misma pila estaban arrojando varios cadáveres de pilotos, fallecidas mientras esperaban ser rescatadas de los despojos en los que se habían transformado sus armaduras. La joven Meltran movió la cabeza con un gesto de negación; Pensándolo bien, era mejor morir en medio de la batalla que terminar entre la chatarra ¿Verdad?
—No veo su armadura— dijo Virya mirando a su alrededor.
—La Capitana Vaal aún está fuera— dijo una de las chicas. —No pudimos recuperar su armadura
Virya miró a la joven con una expresión de sorpresa —¿Afuera? —Iba a preguntar si había escuchado bien, pero de pronto todo el escuadrón se puso firme en su sitio al mismo tiempo que se llevaban el puño al pecho izquierdo en señal de saludo. Una oficial Meltran se estaba acercando al grupo escoltada por dos guerreras armadas. Virya intentó ponerse de pie pero la pierna no le respondió y volvió a caer de rodillas.
—Esta bien soldado, no se levante. —dijo la oficial mirando a la joven caida. —Descansen.
El escuadrón dejó la posición de firme y ayudaron a Virya a sentarse en el soporte de la armadura.
—Soy Dulmei 172, la Capitán de esta nave, sean bienvenidas a bordo. ¿Ustedes son del grupo de defensa que custodió la nave de Kreegan?
Yuwe asintió.—Soy la segunda al mando del Escuadrón de Defensa 30, Teniente Yuwe 214. Gracias por permitir reagruparnos en su nave.
Ante una señal de la Capitán Dulmei, la pareja de escolta se retiró por donde habían llegado dejando solo al grupo. —¿Desde que nave opera su escuadrón, teniente?
—Desde la Quitra Queleual al mando de la Capitan Yillx. —respondió la guerrera —Fué destruida en combate durante los primeros intercambios de fuego.
La enorme oficial asintió y miró atentamente a cada una de las guerreras, dejando para el final a Virya a quien observó durante un tiempo prolongado. —Entiendo. —dijo finalmente. —Sean bienvenidas a mi nave como parte de su escuadrón defensivo.
Las guerreras se llevaron el puño al pecho izquierdo al unísono a la vez que se ponían en posición de firmes. —Gracias. —Dijo Yuwe inclinando la cabeza. —Será un honor combatir junto a usted.
Un grupo de Meltran pasó corriendo junto al grupo. Llevaban a una guerrera en andas a quien habían extraído de uno de los últimos Nonas en llegar del campo de batalla. A juzgar por el reguero de sangre que iban dejando a su paso, las heridas del piloto eran lo suficientemente graves para justificar la prisa.
La Capitán Dulmei observó impasible las manchas de sangre en el suelo, como si estuviese pensando en otra cosa. —Tuvimos muchas bajas en esta batalla— dijo finalmente. —Perdí casi el cuarenta y tres por ciento de mis escuadrones de Queadluun y mis dos escuadrones de elite.
—Fue una gran batalla— dijo Yuwe con orgullo. —Destruimos por completo a esos insectos (1).
—A un costo demasiado elevado. —Respondió la oficial. —Veo que solo uno de sus elementos esta herido.— comentó mirando directamente a Virya.
—Perdimos tres elementos en total y nuestra Cap— se vió interrumpida de pronto ante una seña de Dulmei. Una oficial Meltran se acercaba desde el otro extremo del hangar y llevaba mucha prisa al juzgar por su acelerado andar. Se detuvo a un lado de la Capitana, ignorando por completo al escuadrón de Yuwe. —El transporte está listo, Capitan —dijo.
Dulmei asintió y se dirigió a las guerreras. —Debo reunirme con urgencia en la nave del Comandante Kreegan, será mejor que posterguemos esta reunión para más tarde. —habló mientras se daba vuelta en dirección a la recién llegada —Lleven a la herida a la cubierta de recuperación de inmediato, no sabemos cuando pueda volver a atacar el enemigo.
El escuadrón saludó mientras ambas oficiales se alejaban en dirección a una pequeña nave de transporte. Minutos más tarde salían del hangar en dirección a la enorme nave del Comandante Kreegan, que se encontraba estacionaria a unos pocos kilómetros de distancia.

El grupo permaneció en silencio mientras la actividad alrededor decaia a medida que el hangar era despejado del material dañado y nuevas armaduras ocupaban los lugares vacíos. Pronto comenzarian a llegar nuevas reclutas para reemplazar a las pérdidas en la batalla.
La maquinaria de guerra Zentradi era extremadamente eficiente en ese sentido.
Virya comprendía muy bien lo que estaba pasando. Con su Capitán aún viva en alguna parte, la Teniente Yuwe estaba en una posición realmente complicada. Podía asumir el mando temporalmente, pero nunca tendría la autoridad absoluta del escuadrón. ¿Dejarian a la Capitana morir o intentarian un rescate?
Como respondiendo a sus pensamientos, Yuwe pareció tomar una decisión en ese momento. —Primero lo primero— Dijo. —Lleven a Virya a la cubierta de tratamiento. Cuatro y Cinco, ustedes están a cargo— añadió señalando a dos de las guerreras.
Ambas pilotos asintieron y tomaron a Virya de los hombros. Pronto las tres Meltran se encontraron saliendo del hangar en dirección a las cubiertas superiores.

La flota Zentradi está compuesta por una enorme variedad de naves, desde los pequeños interceptores y naves de reconocimiento hasta la gigantesca nave de Kreegan. No obstante todas ellas son réplicas exactas del mismo modelo, hasta el mínimo detalle.
Por ello no les resultó difícil a Virya y sus compañeras encontrar la cubierta donde se realizaban los procedimientos de curación; al conocer el interior de una Quitra Queleual se conocía el interior de cualquiera de las cientos de miles de naves similares en toda la flota.
Si la actividad del hangar se había reducido al mínimo, en la cubierta médica era lo completamente opuesto. Cientos de guerreras se encontraban por todas partes a la espera de poder ser ingresadas en las cámaras de recuperación. El espectáculo era impactante, incluso para guerreros preparados para el combate desde su creación como lo eran los Zentradis, la vista de centenares de heridos, algunos con uno o varios miembros arrancados de cuajo y la abundante sangre que manchaba pisos y paredes eran algo que no se podía ignorar, pero más perturbadora aún era la pila de cadáveres que iba creciendo en una de las paredes del fondo de la cubierta.
—Es aún peor de lo que pensaba.— exclamó una de las Meltran que sostenía a Virya.
Una guerrera que estaba justo delante de ellas colapso de pronto y cayó con gran estrépito al suelo. Dos soldados se acercaron rápidamente y comprobaron los signos vitales de la Meltran.
—Muerta— dijo simplemente mientras levantaba el cadáver con la ayuda de su compañera y lo arrastraban hasta la pila más cercana.

Esperaron casi media hora hasta que otro soldado se acercó a ellas y preguntó por la herida de Virya. Cuando le explicaron de que se trataba, la Meltran miró el tobillo y movió la cabeza en forma negativa. —Estamos dando prioridad a las heridas sangrantes o miembros amputados— dijo. —Ponganla en una cápsula de sueño y que venga más tarde cuando se desocupen las demás cámaras.
Las compañeras de Virya asintieron y salieron de la cubierta en dirección a las barracas donde las tropas descansaban.
—Supongo que es lo único que podemos hacer— dijo la otra guerrera.
—Gracias— respondió Virya sintiendo que las fuerzas la abandonaban— Espero que puedan rescatar a la Capitán Vaal pronto. —se expresó casi con un hilo de voz.
—Yuwe hará todo lo posible, no te preocupes y descansa.— respondió la otra Meltran.
Llegaron a una de las cubiertas destinadas a las barracas de la tropa y buscaron la primera cápsula de sueño abierta que funcionase. Inmediatamente colocaron a la casi inconsciente joven en su interior y cerraron la escotilla con un golpe seco.

En cuanto la oscuridad la rodeó, Virya suspiró aliviada. Había forzado su cuerpo al máximo y el dolor la abrazaba como lo hacía el familiar recubrimiento acolchado de la cápsula de sueño. Pronto una pequeña niebla inundó el pequeño espacio de la cámara y Virya entró en la inconsciencia del sueño inducido.

Lo siguiente que supo es que no estaba más dentro de la cápsula de sueño, o en las barracas, o incluso de la fragata Quitra Queleual.
Se encontraba flotando en el espacio, en el centro mismo de la flota Zentradi, rodeada de millones de naves en todas direcciones.
Virya no sintió temor alguno, simplemente aceptó su nueva situación como inevitable. Miró su cuerpo y notó que estaba sin su traje de vuelo, completamente desnuda.
Extendió sus brazos a los lados, para flotar de forma más estable y vió con asombro que sus extremidades no se movían.
La flota Zentradi se movia.
Como si de sus brazos se tratase, todo el flanco izquierdo y derecho de la flota se elevó como respondiendo al movimiento de los brazos de Virya, adoptando la forma de dos enormes… ¿Que? No conocía la palabra que describia la forma que adoptaban las incontables naves de combate.
Movió sus pies y toda la armada Zentradi se movió con ella. Eran parte de su cuerpo, como si cada nave estuviese conectada por un hilo invisible a su voluntad.
Extendió el brazo en dirección a una estrella particularmente brillante y trató de asirla, acercando su mano en un intento de alcanzar su brillo.
Toda la flota entró en un salto FOLD y en cuestión de segundos tuvo la estrella al alcance de su mano. Virya cerró su puño alrededor del astro y toda la flota disparó sus armas de energía simultáneamente, transformado la oscuridad del espacio en un resplandor enceguecedor.

—¡Despierta Virya!
La joven Meltran abrió los ojos y se encontró mirando el rostro de Yuwe. Parpadeó varias veces hasta que pudo tolerar el brillo de las luces del techo.
—Creía que estaba flotando en el espacio. —Balbuceó casi entre susurros.
—¿Eh? —Preguntó desconcertada la guerrera, tomando a Virya de la mano mientras tiraba con fuerza para sacarla de la cápsula —¿De que estas hablando? ¿Te golpeaste la cabeza?
El violento despertar la dejó momentáneamente desorientada, todavía con los recuerdos de una experiencia que no sabía cómo había llegado a su cabeza.
—¿Nos atacan? —preguntó mientras intentaba bajar de la plataforma.
—Nada de eso. —Contesto la ahora líder del escuadrón de defensa mientras pasaba un brazo alrededor del cuerpo de la desorientada Meltran. —La Capitán Dulmei ha vuelto de ver a Kreegan y nos han convocado a una reunión urgente.
Virya estaba aún demasiado aturdida para contestar algo, pero notó con alivio que su tobillo soportaba bastante bien el peso de su cuerpo y, a pesar del relámpago de dolor que subió repentinamente por su pierna, parecía que podía caminar por su cuenta.
—Creo que puedo caminar por mi misma— dijo con dificultad mientras apartaba el brazo de Yuwe. —Mi pierna esta bastante mejor.
Su compañera se colocó a un lado y observó con atención como Virya daba unos inseguros pasos hacia la puerta de la barraca. A pesar del dolor la pierna respondía bien y pronto se encontró caminando (aunque con una ligera cojera) al lado de Yuwe por los pasillos de la nave que sería su nuevo hogar y base de operaciones.

Llegaron a una cubierta desde donde partían varias rampas de acceso y un elevador que comunicaba con el puente de mando. Entraron al mismo e inmediatamente fueron transportadas varios pisos hasta que llegaron al mismo centro de comando de la fragata Quitra Queleual.
El resto del escuadrón ya estaba reunido allí, así como la Capitán Dulmei y dos de sus oficiales. Había una cierta tensión en el ambiente, como si el puente de mando estuviese envuelto en algo que presagiaba peligro.
—Excelente, ya estamos todos— dijo Dulmei mientras caminaba hasta el centro del puente y señalaba las pantallas que los rodeaban. —Comencemos.
Las pantallas mostraron imágenes de una nave que todas las presentes conocían ya demasiado bien, el crucero principal de batalla clase Nupetiet-Vergnitzs de Kreegan, la nave que habían estado defendiendo con sus vidas hacia solo unas cuantas horas atrás.
—Teniente Primero, informe los detalles.— Ordenó Dulmei mientras señalaba las pantallas.
Una de las oficiales dió un paso al frente —Durante la última ofensiva del enemigo y en un intento desesperado por destruir una de nuestras naves insignias, uno de sus misiles anti nave de mayor poder destructivo impactó contra la banda de estribor de la nave del Comandante Kreegan, exactamente por sobre la sección de descarga del sistema de dispersión del reactor principal. —La pantalla central cambió para mostrar una imagen del enorme misil incrustado al costado de la nave. —De alguna forma que no podemos entender, dicho misil no estalló al hacer impacto justo antes que Kreegan hiciera un FOLD de evasión y, en estos momentos, toda la nave se encuentra declarada en emergencia y bajo orden de evacuación.
Yuwe asintió con la cabeza pero guardó silencio.
—Bien, eso resume la situación— comentó la Capitán despidiendo con una señal de la mano a la oficial que había hablado. —A causa de este problema fui llamada a una reunión en la nave de Kreegan para evaluar las alternativas posibles, que a decir verdad, son muy pocas. Las pérdidas sufridas por nuestra flota tras el combate han sido más que importantes, por lo que preservar esa nave es de importancia vital para nuestra campaña en pos de exterminar al Ejército de Supervisión de todo rincón de la Galaxia.
Todos se mantuvieron en silencio a la espera de la otra alternativa posible.
—Abandonar la nave y detonar el misil sería la solución más sencilla y la que el propio Dortrad-Jen ha evaluado y aprobado. No obstante el Comandante Kreegan y su Consejero Exedore desean investigar soluciones alternativas a ello. ¿Preguntas?
—¿Porque no ha estallado el misil? —Pregunto la segunda oficial al mando.
—Eso podría responderlo la jefa del escuadrón de defensa que se encontraba presente durante el ataque.—afirmó Dulmei mirando a Yuwe a los ojos.
La aludida dió un paso al frente a la vez que se llevaba el puño al pecho izquierdo. —Fue nuestra Capitán quien se interpuso entre el misil y la nave a último momento, segundos antes de realizar el FOLD
—¿Cómo…? —Preguntó una de las oficiales pero se interrumpió ante un gesto de Dulmei. —Continúa— dijo.
—Yo misma vi como La Capitán Vaal se arrojó fuera de la burbuja FOLD para detonar el misil con su propia armadura. Justo en el instante de producirse la colisión la burbuja se expandió y entramos al FOLD, no volví a ver a nuestra Capitan desde entonces.

Se produjo un silencio profundo en el puente de mando. Virya no sabía nada de eso y miró sorprendida a Yuwe. Las dos oficiales intercambiaron a su vez las miradas, sin poder creer lo que escuchaban.
—Hable de esto con el Consejero Exedore y su respuesta tampoco sirvió de mucho— Aseguró la Capitán Dulmei mientras se cruzaba de brazos. —Dijo que la estructura del misil bien pudo haber sufrido cambios moleculares al penetrar la burbuja WARP en formación, conservando energía exterior al momento del FOLD y volverse momentáneamente inestable en el espacio dimensional cerrado que ya había sido consolidado por la nave de Kreegan y quienes se encontraban alrededor.
—¿Eso significa que no estallará? —preguntó una de las integrantes del escuadrón.
—Eso significa que nos estamos quedando sin tiempo— contestó Dulmei con seriedad— Exedore cree que en cuanto el misil pierda toda la energía conservada antes del FOLD y toda su integridad presente se sincronice con el salto dimensional, estallará como si nada hubiese pasado.
—Entonces la Capitana Vaal… —Virya habló casi sin darse cuenta.
—Esta viva y es posible que sea la clave para salvar la nave de Kreegan. —Afirmó Dulmei. —Pero debemos apresurarnos y evaluar su estado. Si en efecto su armadura sigue activa, es posible que pueda sernos útil.
—¿Como? —preguntó Yuwe ¿Como podemos hacerlo? ¿Cómo haremos para llegar hasta Vaal con esa cosa ahí incrustada?
—Exedore tiene un plan para ello. —Respondió la Capitán con una sonrisa enigmática en los labios. —Y no creo que les guste saber cual es.


(1)La palabra “insecto” no existe en el vocabulario Zentradi, posiblemente sea un resabio del lenguaje de la protocultura ya que los insectos “normales” serían prácticamente invisibles para los gigantes Zentradis.
45 por Gerli
—Puente de mando…. ah Matt eres tu ¿En que puedo ayudarte?
Matt vaciló unos instantes mientras sostenía el Pad con ambas manos. Esperaba escuchar la voz de Tass y no la de Rebecca. —Buenos días— dijo finalmente resignandose. —¿Esta Amanda...?
La mujer del otro lado de la comunicación pareció suspirar profundamente. —La acabas de perder por menos de un minuto— contestó. —Me dijo que volvía en quince. ¿Quieres que le deje algún mensaje?
El muchacho no contestó enseguida y se limitó a caminar en silencio por el pasillo que conectaba dos de las cubiertas habitacionales de la Colonia. Había muy poca actividad a tan temprana hora de la mañana y al ser un día de asueto, la mayoría aprovechaba para dormir una o dos horas más antes de subir a la plaza.
—¿Matt? ¿Estas ahi? —preguntó la mujer con voz algo preocupada.
—Quería ir a visitar a Will al calabozo— respondió el joven volviendo en si. —Amanda dijo que hoy podría darme el permiso.
Rebecca suspiró aún más profundamente que antes —Ese muchacho— exclamó resignada. —Lleva acumulados más días de confinamiento que yo de vacaciones este año…
El joven se detuvo sobre una pequeña pasarela y apoyó los brazos sobre la barandilla. Desde ese lugar podía ver los ventanales y el pálido amanecer que comenzaba a colorear lentamente las pantallas de alta definición.
—Matt… no hace falta que esperes a Amanda— dijo la voz a través de los parlantes del aparato tratando de parecer reconfortante. —Puedo darte el acceso desde aquí yo misma.
—Gracias Rebecca —contestó el joven.
—No es nada chico, solo prometeme que vas a hacer lo posible para meterle un poco de sensatez a ese cabeza hueca ¿Quieres?
Matt sonrió, era la primera vez que lo hacía en varios días. Apagó su pad y mientras guardaba el aparato en uno de los bolsillos de su chaqueta escuchó el tono indicador de actualización de seguridad. Ahora podría entrar a La Torre sin problemas y bajar hasta el calabozo.

Pero no era el momento para ir, no todavía. Se había levantado bien temprano, pero no por voluntad propia. La verdad es que había pasado una noche bastante mala. Una sensación de ahogo lo había estado inquietando desde que se acostara y mantenido en vela casi hasta las tres de la mañana, solo entonces logró caer en un sueño intranquilo, despertando a menudo bajo una acuciante sensación de estar siendo observado.
Cuando finalmente su cuerpo se rindió al cansancio, el sueño llegó como un viento huracanado.
Matt no recordaba con claridad lo que había soñado, se despertó sobresaltado, sudando copiosamente y con el corazón latiendo apresuradamente. Se llevó la mano al pecho temiendo sufrir un ataque de alguna clase, pero al reconocer su habitación y los objetos cotidianos que lo rodeaban, se tranquilizó inmediatamente.
Entonces recordó, sus manos estaban cubiertas de sangre. —¡Luz! —casi gritó arrojando las cobijas que lo cubrían. Las luces sobre la cama se encendieron de inmediato ante la orden del joven.
Matt quedó arrodillado sobre su cama, temblando violentamente mientras examinaba sus manos a la luz blanquecina que bajaba desde el techo.
No había sangre en ellas, pero estaba seguro que no habia sido asi. Esa sensación, la sensación de matar a alguien… seguía allí, rodeandolo como un aura de suciedad imposible de eliminar.
Con un violento movimiento se arrojó hacia delante y enterró la cara en su almohada, gritando con todas sus fuerzas, como nunca lo había hecho antes.
Sólo al cabo de unos minutos se calmó lo suficiente para levantar el rostro y restregarse los ojos. Los últimos restos de la pesadilla fueron eliminados por los chorros de agua fría de una rápida ducha.
—¿Que mierda me esta pasando? —preguntó a la silenciosa imagen que se reflejaba en el espejo. —¿Porqué a mi? —insistió.
Pero el espejo solo le devolvía su propio reflejo, el de un joven con los ojos irritados, de tez muy blanca y con el pelo rojo alborotado.

Salió del cuarto de baño y caminó desnudo alrededor de la habitación. Mientras más pensaba en la situación, más confundido estaba. La Rio Grande había llegado la tarde anterior y no dudaba que Gray había cumplido su promesa. ¿Pero qué pasaría si Will era extraditado de la Colonia? Jamas podria llevar a cabo su plan si lo postergaba más tiempo, Amanda realizaría un inventario del astillero número cuatro eventualmente y descubriria la armadura. No podían ocultarla por siempre.
—Mierda, mierda, mierda —repitió como si de un mantra se tratase. —Mierda! —Grito tomándose de los cabellos mientras se sentaba violentamente en el suelo.

Permaneció allí sentado, tomándose la cabeza varios minutos hasta que finalmente bajó las manos y se dejó caer sobre el piso alfombrado, mirando de forma distraída el techo de la habitación.
Sin saber como, se encontró pensando en Cinthya.

Un vehículo de transporte de carga pasó por debajo de la pasarela, iba lleno de cajas y paquetes varios, el sonido trajo de vuelta a la realidad al joven, quien reconoció al conductor del vehículo como el copiloto de la Río Grande.
Matt se incorporó lentamente y caminó hasta el final de la cubierta, donde las escaleras llevaban a los pisos superiores e inferiores.
«Todavía no me he disculpado con ella» —pensaba mientras bajaba los primeros escalones cuando sintió que alguien lo chocaba por detrás
—Oh lo siento Matt, no te habia visto
—¿Tass..? ¿Que…?
La joven pasó al lado de Matt y le revolvió los cabellos con una de las manos —Lo siento, te veo mas tarde ¿No es un día maravilloso hoy?
El joven se detuvo atónito sin saber que contestar, de todas formas Tass ya había bajado el tramo de escaleras y dobló el recodo antes de que Matt pudiera articular una sola palabra.
¿Había bajado Tass los veinte pisos desde la oficina de Amanda por la escalera? Suspiró profundamente y siguió descendiendo los escalones al mismo lento ritmo de antes. Pronto llegó a la cubierta que buscaba y caminó decidido hacia la cafetería. Necesitaba desayunar algo antes de empezar el dia.
El local no estaba vacío a pesar de la hora. Muchos Colonos preferían desayunar en la cafetería a hacerlo en sus casas y el delicioso olor a café que escapa de las puertas confirmaba que era una elección bien fundada.
Vio a varios conocido en las mesas cercanas al ventanal que daba a la cubierta y los saludó con un pequeño movimiento de la mano. Casi al fondo de todo, cerca de los cubículos que ofrecian algo más de privacidad localizó la rubia cabellera de Tass, se había sentado junto a alguien mas, pero no distinguía quién era su compañía. ¿Sería el piloto del otro día? ¿Era cierto el rumor que le había contado Manuel…?
—Eh Matt, buenos días! —exclamó una voz familiar
El hombre tras la barra levantó la mano en gesto de saludo. Era una persona delgada de cabellos oscuros y cortos, bien peinados hacia atrás, lo que parecía darle una apariencia de estar peinados con fijador. Una gorra y un delantal oscuros completaban su atuendo. El barman no parecía tener más de cuarenta y tantos años.
—Buen dia Brad —respondió el joven caminando hacia la barra. El mostrador estaba vacío y se sentó en una de las banquetas frente al hombre de bigotes negros. —¿Todo bien?
—Todo lo bien que se puede estar en estos tiempos. ¿Escuchaste lo de la emergencia de ayer?
—¿Emergencia? —preguntó intrigado Matt —No me enteré de nada ¿Qué pasó?
El hombre dejó de limpiar la taza con el paño enganchado en su delantal y miró con atención al joven —No desayunaste todavía ¿No?
Sin esperar respuesta, Brad se dirigió al molinillo de café y colocó una pequeña cantidad de granos en la tolva, luego de una molida rápida, extrajo el polvo resultante en un recipiente que previamente había extraído de la enorme máquina de café que ocupaba gran parte de la barra.
Matt no era el único de la Colonia que admiraba el trabajo y la dedicación de Brad. Era sabido que casi todos consideraban al hombre un verdadero Barista del café, a pesar de que el jamás usó ese título para si mismo.
La forma en que se movía entre las tazas, la presión que ejercía para acomodar el polvo de café en los instrumentos y la delicadeza con la que encastraba todas las piezas de la máquina, eran parte de una armonía que Matt percibía en el trabajo del hombre. Ningún sonido producido por los instrumentos estaba en disonancia con los demás, era una verdadera sinfonía donde la percusión de las tazas y el sonido del vapor creaban una composición armónica en el pequeño espacio donde se movía el profesional.
—Me conformo con un Cappuccino Brad —dijo Matt casi hipnotizado por los movimientos del hombre.
—¿Cappuccino? Ni hablar! Tenes cara de necesitar algo más fuerte que eso.
El joven no respondió, pero al ver su imagen reflejada en el espejo que decoraba las estanterias llenas de botellas detrás de Brad, comprendió el porqué del comentario.
—¿Mala noche? —Preguntó mientras colocaba una taza vacía sobre la rejilla de la máquina.
—Ni me lo recuerdes.
Brad presionó un botón y un fino chorro de líquido oscuro comenzó a caer hacia la blanca taza de porcelana.
—Dicen que ayer por la tarde, casi noche, activaron el protocolo de emergencia desde La Torre— Brad se reclinó sobre la barra mirando a Matt. —Algo grave pasó en el Campo durante las operaciones de ayer.
Matt tragó saliva y miró hacia la pantalla que estaba ubicada en una de las columnas del salón, donde en esos momentos se proyectaba un paisaje con bosques y un lago. —¿No hicieron ningún comunicado oficial…? —preguntó.
—Nada de nada y es de lo único que hablan los Colonos hoy por la mañana.
El joven se removió en la silla y miró el vapor que salía de la máquina. —Creo… creo que si hubiese pasado algo realmente grave ya nos habríamos enterado— dijo.
—Las malas noticias corren rápido ¿No? —Afirmó Brad mientras se incorporaba y volvía a la máquina a retirar la taza. —En otras circunstancias estaría de acuerdo contigo Matt, pero al estar involucrada la NUNS en esto… no estoy tan seguro.
—¿Crees que algo le pasó al equipo de inspección…?
Brad no contestó y puso la taza de café frente a Matt, junto con unos sobres de azúcar y una cucharilla. —Espresso Largo. —dijo en cambio mientras secaba sus manos con el paño blanco.
Matt aspiró el aroma que subía desde la taza en pequeñas nubes y se sintió inmediatamente mucho mejor. Brad era un verdadero maestro del arte del café.
—Voy a buscarte un croissant (1) —agregó el barman mientras volvía a colocar el paño en su cinturón.
—¿Crees que Cinthya este bien? —preguntó Matt levantando la vista de la taza, la cual todavia no habia tocado.
Brad se había alejado unos metros mientras retiraba un par de croissant de una bandeja cubierta por una campana de cristal. —¿Cinthya? ¿Te refieres a la inspectora Ambiental, no?
Matt asintió con la cabeza y levantó la taza de café, dando un pequeño sorbo. El amargor del caliente líquido le recordó que había olvidado de poner azúcar en la bebida.
—¿La conoces en persona? —preguntó Brad mientras colocaba delante del joven un platito con las dos confituras.
—La conoci el otro dia en la escuela— dijo Matt mientras vaciaba el pequeño sobre dentro de la taza. —Es una persona muy agradable.
Revolvió lentamente el oscuro líquido con la cucharilla mientras admiraba dibujo que la espuma hacia en los bordes de la taza.
El barman se cruzó de brazos y miró atentamente al joven. —Es raro verte interesado en una chica— dijo.
Matt se sonrojó y bajó la cabeza aún más, casi como queriendo meterse dentro de la taza. —Ah! Bingo! —Exclamó Brad inclinándose hacia el joven. —¿Así que te gustan las mujeres más grandes que vos?
Como el rostro de Matt corría peligro de ponerse más rojo que el color de sus cabellos Brad desistió de seguir incomodando a su amigo, así que le dió una fuerte palmada en el hombro y se dirigió a la otra punta de la barra, donde un parroquiano se había sentado hace unos momentos.
—Buen dia Dan. ¿Lo de siempre?
El hombre asintió con la cabeza y señaló al joven pelirrojo mientras preguntaba en voz baja —¿Le pasa algo a Matt?
Brad suspiró y movió la cabeza con resignación. —Envidio a ese chico… tan joven y persiguiendo un romance imposible cuando tiene a una chica hermosa bajo sus narices.
Ahora fue el turno de suspirar del operario. —Toda la maldita Colonia sabe que Mina esta enamorada de él…. ¿Como es que todavía no se dió cuenta…?
Ambos hombres miraron a Matt y suspiraron resignados simultáneamente.

Veinte minutos más tarde, Matt salia de la cafetería y caminaba en dirección al elevador principal. El café lo había despejado por completo y hasta parecía haber aumentado su resolución.
Se detuvo frente a la puerta del ascensor y presionó el botón para bajar, unos segundos más tarde la puerta se abría y el joven ingresaba al mismo mientras sacaba el Pad del bolsillo de la chaqueta. Marcó el piso que ocupaba el sector de seguridad de la Colonia y un aviso sonoro le indicó que debía acreditar la autorización necesaria. Matt acercó su Pad al panel de seguridad e inmediatamente su acceso quedó aprobado.

El elevador se detuvo un minuto más tarde en uno de los niveles más bajos de la Rainbow. A Matt siempre le resultaba bastante cómico todo el estereotipo con el que se manejaba la Colonia… La Torre con la Reina Amanda en la cima y los calabozos en los subterráneos bajo tierra.
Las puertas se abrieron en silencio y Matt penetró en el sector de seguridad. No había nadie a la vista, por lo que caminó por el hall de entrada y se acercó a la ventanilla para llamar la atención del guardia de turno. Al no recibir respuesta ni ver a nadie, simplemente entró por la puerta lateral y accedió al pasillo donde estaban las celdas.
Todas estaban desocupadas y con las puertas abiertas salvo una, lógicamente. Matt conocía el lugar por haber visitado a su amigo muchas veces y además a Will siempre lo metian en la misma celda.
—Eh Will ¿Estás ahí? —preguntó más por cortesía que por otra cosa.
—Matt! Pasá, pasá, esta abierto— contestó la voz de su amigo desde el interior de la celda.
En realidad no es que la puerta de la celda estuviese abierta, se requería poner la mano y que el sistema reconociera la identidad del visitante, pero dado que era el nivel de seguridad más bajo, cualquier habitante de la Colonia (Salvo Will) podían abrir esa puerta.
El joven apoyó la palma de la mano sobre el panel ubicado a un costado de la puerta y la base de datos de la Colonia abrió la puerta frente a él.
Will estaba acostado sobre la cama mientras leía su Pad, como siempre, la limpieza y orden de la celda sorprendieron a Matt, era verdaderamente el segundo hogar de su amigo. En cuanto dió un paso dentro de la celda, la puerta se cerró tras él y las luces del techo se encendieron automáticamente.
—Espero que me traigas buenas noticias. —Dijo Will sentándose al borde de la cama mientras extendía la mano abierta hacia Matt
El joven pelirrojo estrechó la mano de su amigo y respondió con una sonrisa.
—Llegaron los huevos.
La cara de Will se iluminó de pronto. —Flor de Omelette vamos a hacer tu y yo en esta Colonia— dijo.


1) Medialuna
46 por Gerli
Virya observó con curiosidad la extraña nave a la que se dirigian. Era una de las tantas naves de soporte que acompañaban la flota en su eterna guerra espacial, una más entre miles y miles de naves similares.
Y sin embargo algo la diferenciaba del resto; era increíblemente vieja.
La mayoría de las naves de la flota Zentradi solían soportar cientos de ciclos de uso, eventualmente los daños sufridos en batalla obligaban a reemplazar constantemente el material de guerra y, en todo momento, un caudal de nuevas naves llegaban desde los enormes satélites-fábricas escondidos en varias partes de la galaxia.
Pero las naves de soporte o aprovisionamiento jamás entraban en combate directo y solían permanecer en el centro mismo de la flota, defendidas por el grueso de la armada Zentradi. Por esta razón solían prestar servicio durante enormes períodos de tiempo y decaian lenta e inevitablemente hasta que eran descartadas o simplemente la flota hacia un FOLD sin ellas.

Las luces que pendían sobre el hangar lateral se encendieron y segundos más tarde la enorme compuerta se abría lentamente, dando paso a la pequeña nave de transporte y la pareja de armaduras que la escoltaba al interior de la misma.
—Tal como pensaba —dijo de pronto Dulmei, que se encontraba sentada frente a la joven piloto. —La nave está desierta.
Virya miró a su compañera con asombro —¿Desierta?
A través de las ventanas del transporte ambas Meltran observaron el interior del hangar iluminado tenuemente por las luces de posición de la nave. Todo estaba en silencio y varios de los docks de repostaje estaban ocupados por naves dañadas y abandonadas. Nadie se había molestado en quitarlas de enmedio y simplemente yacian en los lugares donde habían dejado de funcionar.
El transporte se posó lentamente en una de las plataformas despejadas, rompiendo el silencio de la enorme estancia con el estruendoso sonido de la puerta lateral de desembarco al caer sobre la cubierta metálica. Las dos armaduras Meltran que los escoltaban descendieron a unos veinte metros de distancia y permanecieron inmóviles en sus puestos.
Solo tres Zentradis descendieron de la nave: La Capitán Dulmei, Virya y un soldado Zentran de escolta.
—No hay nadie en esta nave, se la pilotea en forma remota. —Dijo la oficial mirando de reojo a Virya.
La joven guerrera asintió y miró a su alrededor. El estado de la nave era de abandono, pero los sistemas de apoyo vital y eléctricos parecían funcionar. Una lluvia de partículas se levantó del suelo en cuanto el grupo comenzó a caminar por un pasillo que serpenteaba entre las diferentes plataformas de atraque. Imposible calcular el número de ciclos que habían pasado desde que otro Zentradi hubiese caminado por ese mismo lugar.
Caminaron en silencio los últimos metros y penetraron por un pasillo al final del hangar, el cual ascendía a través de varias cubiertas de lo que parecian ser enormes cámaras de acondicionamiento y descanso, alineadas en grandes filas a cada lado del pasillo.
Al final del mismo encontraron un elevador que por suerte aún funcionaba. Luego de marcar uno de los últimos niveles, ascendieron lentamente hasta lo más alto de la nave.

Al abrirse las puertas del elevador el grupo se encontró contemplando lo que parecía ser una de las típicas bahías de recuperación y tratamientos de heridos que poseían todas las grandes naves de combate de la armada Zentradi. Una cubierta repleta de filas de vainas recostadas contra las paredes.
Pero las vainas eran muy diferentes a las que Virya conocía.
Eran mucho más grandes, como las que usarian los enormes oficiales Zentrans, no los soldados comunes, además al pie de las mismas había una versión pequeña de las mismas, como si de una reproducción en miniatura de las mismas se tratase.
—Estas cosas… —Comenzó a decir Virya, pero guardó silencio ante un gesto de la mano de Dulmei.
—Son vainas de micronización— dijo la oficial mirando los complejos aparatos con atención. —Es la primera vez que yo veo una.
Les llevó un buen rato encontrar una que funcionase. La mayoría de las vainas estaba con los cristales rotos o con la compuerta desencajada del marco. Casi al final de la última hilera distinguieron dos pequeñas luces verdes que delataban un panel de monitoreo aún en funcionamiento. Tuvieron que quitar varias vigas metálicas que habian caído sobre la misma pero por suerte el daño no había sido importante.
—Es la ultima que queda— dijo Dulmei mientras pasaba la mano por el cristal, apartando el polvo depositado por el paso del tiempo para poder echar una mirada al interior de la vaina. —Espero que funcione.
El corazón de Virya comenzó a latir con fuerza pero la joven reprimió cualquier gesto que delatara lo que sentía. Mientras observaba el interior de la oscura vaina Dulmei llamó al soldado Zentran y le indicó que preparada la vaina. El soldado asintió llevándose el puño al pecho y comenzó a manipular la terminal de control ubicada a un costado del enorme aparato.
Una luz rosada iluminó el interior de la vaina y los rostros de los tres Zentradis, mientras una serie de susurros y chasquidos inundaban el ambiente otrora silencioso y desierto que los rodeaba.
—Todos los indicadores están normales— dijo el soldado mientras los destellos de luz verdes y blancos salpicaban el visor del casco— Cuando la puerta se abra podremos iniciar el procedimiento.
La oficial Meltran asintió y dandose la vuelta se dirigió con gravedad a la joven piloto. —Lo que estamos por hacer aqui no se ha hecho en centenares de ciclos o, al menos, eso es lo que parece por el estado de estas cosas— agregó haciendo un gesto con la mano hacia la montaña de desechos que los rodeaban. —No hace falta que te advierta sobre el riesgo que corres.
No, realmente no hacía falta mencionar los riesgos, Virya los tenía a simple vista, especialmente porque dentro de algunas vainas destruidas pudo vislumbrar restos de Zentradis en diferentes grados de momificación.
Pero tuvo que aceptar, no sólo porque en el fondo sabía que era lo correcto, sino porque era la decisión más acertada para todos.


—Tu no puedes ir Yuwe— dijo Dulmei categóricamente señalando a la guerrera. —El escuadrón necesita de tu liderazgo y las probabilidades de éxito de esta operación son lo bastante bajas como para arriesgar material de guerra valioso. No puedes ir.
Yuwe apretó con tanta fuerza los dientes que un pequeño hilo de sangre fue visible entre sus labios. La reunión que había tenido lugar para discutir la estrategia a seguir había llegado al punto culminante. Se necesitaba un voluntario para intentar comunicarse con la Capitana Vaal y establecer si era posible remover el misil o abandonar la nave y detonarlo a distancia.
—¿Quien de ustedes se ofrece de voluntaria para esta misión? —Volvió a preguntar Dulmei recorriendo con su mirada al grupo de guerreras.
Para su satisfacción, todas las Meltran dieron un paso al frente, incluida Virya.
—Por supuesto que todas se ofrecen— dijo exhibiendo una sonrisa. —Pero tú— agregó volviéndose hacia Virya. —¿Porque te ofreces tú?
La joven se puso firme en su puesto y llevándose el puño al seno izquierdo exclamó —Soy Virya 712, piloto de Q.Nona miembro del Escuadrón de Defensa Número Treinta...
—Y la menos experimentada del mismo...— La interrumpió Dulmei moviendo la cabeza. —Yuwe me ha contado de tu desempeño en la batalla y como fuiste elegida por Vaal en persona. Aún así eres la miembro más nueva del escuadrón y un elemento del que pueden prescindir para esta misión.
Las chicas se miraron entre sí sin articular palabra alguna. Era evidente que habían adoptado a Virya como una de ellas y se sentían incómodas ante semejante desprecio dirigido hacia quien había demostrado tanta habilidad y pericia en la batalla…
Yuwe apretó los puños con fuerza y dió un paso al frente. —Capitán, Virya es un elemento valioso de nuestro escuadrón y tiene el potencial para convertirse en—.
—¡Silencio! —Exclamó de pronto la Capitán Dulmei girando violentamente la cabeza en dirección a Yuwe. —Soy yo quien decidirá como administrar mis recursos en esta crisis.
Recursos. La palabra resonó en la mente de Virya con un sonido seco. Al fin y al cabo eso eran todos, pequeñas piezas en la gigantesca maquinaria de guerra Zentradi.
—Virya 712— Dulmei se acercó a la joven que había mantenido la posición de firme durante todo ese tiempo. —¿Lo harás?
—Lo haré— respondió sin dudar la joven. —Por mi honor como Zentradi, lo haré.

Ahora que estaba frente a la vaina esas mismas palabras resonaban en su mente. Lo haría, claro que si ¿Pero valdría la pena? Y ademas… ¿Que podria hacer ella con el cuerpo de un Microniano?
El resplandor del interior de la vaina aumentó en intensidad y la puerta se abrió hacia un lado, despidiendo una nube de vapor blanquecino que rápidamente se disipó en la seca atmósfera de la cubierta.
—El dispositivo esta listo. —Exclamó el soldado mientras retrocedia unos cuantos pasos y miraba a las Meltran con incertidumbre.
Dulmei ignoró las palabras del Zentran mientras caminaba hacia la vaina y examinaba el interior. —Todo parece estar en orden— dijo. —Adelante, terminemos con esto.
Virya asintió y caminó unos pasos hasta quedar frente a la vaina. Lentamente giró uno de los controles ubicados en la muñeca izquierda y el traje de piloto pareció aflojarse con un soplido neumático. Con cuidado se quitó el traje, procurando no poner demasiada presión en su pierna izquierda al momento de quitarla de entre los restos blanquecinos de la espuma que había sellado su herida. El agujero se había cerrado con una costra rojiza pero permanecía algo inflamado.
—Durante el proceso de micronización tu cuerpo será reconstruido, por lo que tu herida quedará sanada al instante— dijo Dulmei mirando el cuerpo desnudo de Virya.
La joven Meltran se recostó dentro de la vaina con los brazos a los costados, tal y como hacía durante los momentos de sueño en las cámaras para dicho fin.
—Una vez que finalice el proceso yo misma te llevaré hasta la nave de Kreegan— La voz de Dulmei denotaba nerviosismo, si eso era posible en una oficial de su categoría. —Buena suerte piloto.
La puerta se cerró con un golpe seco y el cristal se tornó opaco casi de inmediato. Lo último que vió fue a Dulmei haciendo el saludo de guerra Meltran.

El silencio la envolvió a medida que la luz inundaba el pequeño compartimiento. Al principio trató de mantener los ojos abiertos, pero el resplandor rosado no permitía ver casi nada del exterior, apenas una serie de contornos oscuros que bien podría ser la silueta de Dulmei o simples manchas en el cristal. Finalmente cerró los ojos y esperó pacientemente a que la máquina hiciese su trabajo.
Pasaron varios minutos de silencio en los cuales la idea de que la máquina no funcionaba correctamente comenzó a impacientar a la joven guerrera. Intento abrir y cerrar la mano para distenderse un poco y notó con perplejidad que su cuerpo no la obedecía. Tampoco podía girar la cabeza ni abrir los ojos. Su cuerpo estaba completamente paralizado y solo el roce de su espalda con el respaldo del interior de la vaina la mantenía en contacto con la realidad.
Pronto una nueva sensación comenzó a subir desde sus piernas, lentamente, como si de un cambio de temperatura se tratase ¿Se estaba llenando la vaina de alguna clase de líquido? La sensación trepó por sus caderas y pronto llegó a su pecho. Virya trató de tomar una bocanada de aire pero sus pulmones y boca tampoco la obedecían. El líquido, sea lo que fuese, la cubrió por completo y entró por su boca y nariz

Su cuerpo se sacudió en una serie de arcadas, pero pronto el poco aire que quedaba en sus pulmones fue absorbido por el líquido y, de alguna forma incomprensible, Virya comenzó a respirar con normalidad. Ahora estaba suspendida dentro de la vaina y ninguna parte de su cuerpo hacia contacto con el interior del cilindro. Absolutamente todos sus sentidos se encontraban anulados y lo unico que sentia era el incesante latido de su corazón. Pero eso tampoco duró mucho tiempo.
Justo en el momento que su corazón dejaba de latir se sintió empujada hacia atrás ¿O era hacia delante? Sin ninguna clase de referencia a la que sujetarse, sintió como que se proyectaba más allá de su cuerpo o de la vaina misma.
Recordó la sensación, era muy similar a esas imagenes que habia experimentado durante su breve estancia en la cápsula de sueño. La sensación de no poseer cuerpo y, al mismo tiempo, de abarcar una cantidad de espacio gigantesco, como si nada estuviese lejos de su alcance.
Pero a diferencia de su experiencia anterior, ahora no estaba en medio de la flota Zentradi, estaba en el espacio si, pero lo que la rodeaban no eran estrellas o planetas o naves espaciales. Eran unas extrañas luces de tonos azules que giraban y se movían alrededor de ella en complicadas figuras y órbitas sin sentido. Recordaba haber visto algo similar. Era como se veia el espacio en medio de un salto FOLD.
Las palabras de Dulmei sonaron dentro de su cabeza «Tu cuerpo será reconstruido» ¿Acaso su cuerpo se había disuelto dentro de esa máquina? ¿Podría volver a el alguna vez? ¿Y si su cuerpo nuevo nunca era creado? ¿Quedaría flotando en ese extraño espacio por siempre?
No tuvo demasiado tiempo para pensar las respuestas a dichas preguntas porque en ese preciso instante se repitió la misma sensación de empuje que había experimentado antes. Solo que esta vez fue mucho más violenta, como si algo se resistiese a dejar pasar su voluntad.

La puerta de la pequeña cápsula al pie de la vaina se abrió de golpe y una Meltran micronizada cayó de rodillas en medio de una cascada de líquido rosado y nubes de vapor. Enseguida una serie de arcadas hicieron que vomitase el resto de líquido que aun conservaba en su interior.
—¿Virya?
La micrón dejó de toser y permaneció agachada en medio del charco de líquido rosado. Virya. Conocía ese nombre. Era «su» nombre. Ella era Virya 712.
La joven abrió los ojos mientras se ponia de pie. El mundo que se le reveló a los ojos era completamente diferente del que habia esperado. ¿Estaba realmente en el mismo lugar? ¿En la misma nave? Distinguió unas enormes formas frente a ella, algo que le recordaba a las botas de su traje, pero no eran tan grandes como las que veia delante de sus ojos.
—Virya 712 ¿Cómo se siente?
La voz era estruendosa, resonaba enorme y poderosa en el gigantesco recinto. Virya levantó la cabeza y vió con sus ojos de Micrón a la gigantesca Capitán Dulmei, de más de doce metros de altura. A su lado, un perplejo soldado Zentran la miraba atónito a través del cristal de su casco, sin dejar de apuntarle con su rifle de asalto.
Dulmei colocó su mano sobre el cañón del arma y obligó al soldado a bajarla. —Esta bien— dijo. —Solo esta desorientada.
Lentamente los recuerdos parecieron fluir dentro de la cabeza de Virya. Se miró las manos y las movió incrédula mientras recordaba la sensación de parálisis que había experimentado. Definitivamente era su cuerpo. Recorrió lentamente con la mirada sus brazos y recordó la herida de su pierna. Al levantar la izquierda descubrió que no había ninguna huella de la herida, ni siquiera una marca. Parecia como si ese cuerpo jamas hubiese sido herido.
Recorrió lentamente sus caderas, disfrutando la sensación del tacto en su piel. Acarició su estómago y al subir las manos palpó sus pechos. Había algo diferente en ellos.
—¿Sucede algo Virya? —Preguntó Dulmei mientras se agachaba para ver mejor a la joven Micrón.
—Mis pechos… —Virya se sorprendió al escuchar su propia voz. —Son más… pequeños.
La enorme Meltran acercó su rostro a la desconcertada Virya y examinó los pechos detenidamente. —Yo los veo normales— dijo. —Pero el Archivista me advirtió que podían suceder ciertos cambios durante el proceso de Micronización.
Virya soltó sus pechos y giró sobre si misma, todo parecía estar en orden. Movió las piernas y brazos, se agachó y volvió a levantarse. Era casi como su viejo cuerpo.
Casi. Algo había cambiado y no eran solo sus pechos.
Un sonido a su espalda atrajo su atención. Un compartimento se había abierto al lado de la pequeña cámara de micronización. La joven caminó lentamente y descubrió que se trataba de un compartimento donde se guardaban trajes de tamaño Micron. Eran en verdad los mismos trajes que usaban los soldados de infantería pero a la medida de su cuerpo actual. Tambien habia cascos, pero no vió ninguna clase de arma.
Mientras se vestía recordó la expresión del soldado y el gesto de apuntarla con el arma ¿A que se había debido esa reacción? Como si una Meltran diez veces más pequeña que un Zentran representase alguna clase de peligro.
Finalmente se colocó el casco y ajustó los cierres herméticos. —¿Pueden escucharme? —Preguntó.
—Perfectamente— respondió Dulmei. —Con ese tamaño que tienes es imposible escucharte sin algo que amplifique tu voz.
Virya permaneció en silencio mientras era alzada en el aire por la gigantesca mano de la Meltran y la depositaba en uno de los bolsillos superiores del uniforme de Capitán.
—Vamos, es hora— dijo mientras se ponían en camino.
47 por Gerli
Mina cerró la puerta de su departamento y comprobó la hora en su Pad. Llegaria algo temprano a su encuentro, pero como no tenía nada que hacer en toda la mañana, mejor terminar con sus obligaciones lo más pronto posible.
Con delicadeza deslizó sus dedos por el panel ubicado a un lado de la puerta e introdujo el código de seguridad deseado, de modo que el panel avisaría a cualquiera que fuese a visitarla que no se encontraba en casa.
Había elegido una vestimenta simple y cómoda para encarar el día feriado y todo lo que ella y sus amigos harían por la tarde. Una blusa ligera de mangas cortas color beige y una falda no demasiado larga color oscuro. Incluso con lo paranoica que era Amanda con los reglamentos y disposiciones de limpieza en el Hangar Principal, Mina no iria nunca allí con algo que se ensuciase fácilmente.
Dando la espalda a la puerta, colocó su bolso al hombro y caminó lentamente por el pasillo de la cubierta habitacional donde residía. Unas puertas más adelante pasó frente al camarote de Akemi, pero conociendo a su amiga, era seguro que en ese momento estuviese durmiendo con medio cuerpo fuera de la cama.

La tarde anterior habían estado juntas hasta bien entrada la noche. Akemi era una verdadera amiga y alguien en quien Mina podía confiar absolutamente todo. Ojalá su madre pudiese ser así también. Sacó su pad del bolso y envió un mensaje a su amiga, usando la opción de entrega silenciosa para no despertarla. Probablemente Akemi no se levantaría hasta las diez, así que cuando leyera el mensaje Mina ya habría terminado con su obligación de esa mañana.
O al menos esperaba hacerlo.
Respetaba muchísimo al Doctor Evans por como ayudaba a la Colonia más allá de sus simples deberes de médico. Era una de las voces más respetadas de la Rainbow y su opinión tenía casi el mismo peso que la de Amanda… aunque su falta de carácter a veces hacía que sus opiniones perdiesen un poco de peso ante el poder de mando que ejercía la Capitán.
En el fondo ella misma había elegido su vocación tratando de emular los logros de esa persona que tanto admiraba, por eso había sido un poco decepcionante descubrir que a medida que su opinión sobre la situación de la Galaxia y el papel de las diferentes razas que la poblaban se formaba lentamente, también aumentaban los puntos en los que disentían con ciertas ideas de Evans.

Según entendía ella, estas diferencias eran más que nadas generacionales. La carrera de Evans como médico y científico en la NUNS se había desarrollado en medio de los ecos todavía resonantes tras el fin de la Primera Guerra Espacial. Era comprensible su posición ante ciertas cuestiones que él mismo vivió en carne propia y las que Mina solo había presenciado mediante videos y artículos en la Enciclopedia Galáctica.

La joven llegó hasta el ascensor y presionó el botón de llamada. Era muy probable que las diferencias entre su opinión y la de Evans nunca se reconciliarian del todo, pero no por ello podía negarse ante el pedido de ayuda de quien fuera su mentor durante tantos años. Muy probablemente se desarrollase una sana rivalidad entre ellos en el futuro, o al menos era algo que ella consideraba como la opción menos conflictiva. Al fin y al cabo ella también pensaba seguir una carrera centrada en la investigación.
Mina entró al elevador y marcó una de las últimas plantas, resignada a que, casi con seguridad, volvería a tener un cruce de opiniones con Evans de la que ambos no sacarian absolutamente ningún beneficio mutuo.
Utilizó el espejo del elevador para darle un último vistazo a su aspecto. Mina no era de usar maquillaje, aunque Akemi siempre le había asegurado que su rostro se veria muchisimo mejor con un mínimo de trabajo. La joven suspiró y se acomodó un poco el cabello sobre la frente.

Unos segundos más tarde la puerta se abría y Mina salió a la cubierta donde se encontraba la cafetería. Tal como esperaba, había muy poca gente a esa hora de la mañana.
Se dirigió al local olisqueando el aroma a café en el aire. Había sido una buena idea no desayunar antes de salir.
Las puertas de cristal se abrieron ante ella y penetró en la cafetería. Algunos parroquianos sentados en las mesas cerca de las puertas la saludaron amigablemente, Mina respondió el saludo y echó una mirada alrededor del establecimiento.
No había más de una docena de personas desayunando. La barra solo estaba ocupada por un obrero bebiendo algo y charlando con Brad.
Mina saludo con la mano y tanto el barman como el obrero respondieron al mismo al unísono, aunque la joven creyó verlos suspirar profundamente ¿Que le pasaba a esos dos?

Buscó una mesa cerca a de la puerta y se sentó mirando hacia la salida, esperando la llegada de Evans.

—Hola Mina, buenos días! —saludó con entusiasmo una voz juvenil.
—Buenos dias Mía— contestó la joven volviendo la cabeza —¿Como estas?
La joven apoyó la bandeja de acero en el delantal y se inclinó hacia Mina —¿Escuchaste los rumores?
—Ru… ¿Rumores? —Preguntó confundida— No, no escuché nada.
Los ojos de la joven parecieron brillar de entusiasmo. Inmediatamente corrió una de las sillas frente a Mina y se sentó entusiasmada. —¿En serio no sabes? ¡Anoche pasó algo en El Campo!
Los ojos de Mina se abrieron como platos —¿En El Campo?
La joven asintió con la cabeza mientras cerraba los ojos. —Parece ser que anoche hubo un accidente o una emergencia cuando el equipo de Ralph volvía del Campo, desde La Torre activaron el protocolo de emergencia para la zona del hangar.

Una sombra de preocupación se marcó en el rostro de Mina y no pasó desapercibida por la joven mesera. —No te preocupes Mina, Brad dice que no debió haber sido nada demasiado grave porque vieron pasar el transporte ambulancia vacío de vuelta a la Clínica. Al menos parece que no hubo heridos.
Mina suspiró aliviada mientras se llevaba una mano al pecho. —Es un alivio saberlo— dijo. —¿Crees que la Inspectora Ambiental y su piloto estuvieron involucrados?
La joven se cruzó de brazos y negó con la cabeza. —Tendríamos enormes problemas si hubiese pasado así, ademas esta lo del incidente pasado. ¿Escuchaste lo que hizo Will el otro dia…?
Mina asintió resignada. —En una buena se metió ese tonto ahora.
Las dos jóvenes suspiraron al unísono. —Como sea— explicó la joven mesera— Todos estos sucesos ocurriendo en la Rainbow en tan poco tiempo no deben de parecerle nada gracioso a Amanda ¿No crees?
Mina se había puesto rígida y se mantuvo en silencio mientras miraba fijamente a su amiga.
—Hey Mina! Al menos decime que opina tu madre sob— La voz se le quebró como si la mano que en ese momento se apoyaba en su hombro hubiese lanzado una descarga de hielo por todo su cuerpo.
—Mía… ¿Acaso te pago para que charles con los clientes…?
La mesera se dió vuelta lentamente y el color de su rostro desapareció por completo de su rostro al ver la mirada de hielo de Brad, que la contemplaba impasible de pie a un lado de la mesa.
Con un chillido ahogado Mía se levantó como un relámpago de la silla y se inclinó exageradamente frente al barman. —Le ruego me perdone Jefe! Enseguida tomo la orden a la cliente!
—Eso está mejor— exclamó el hombre manteniendo la vista fija en la aterrorizada joven. Acto seguido dió media vuelta y se dirigió a la barra mientras se frotaba las manos con el trapo que llevaba enganchado en el cinturón.
—Estuvo cerca— exclamó Mina con una sonrisa mientras miraba con piedad a Mía, quien seguía inclinada en la misma posición mientras su jefe se alejaba. —Ya se fué Mía.
La Mesera se incorporó de golpe mientras respiraba profundamente. —Caray!— dijo. —Otra vez me toca limpiar el piso parece.
Ambas jóvenes se rieron con nerviosismo mientras desviaban sus miradas de la barra.
—¿Chocolate, Mina?
—Por favor. —contestó la joven. —Creo que tengo para veinte minutos o más de espera.
Mía anotó la orden en su Pad y volvió a guardarlo dentro del bolsillo delantero de su delantal. —¿Esperas a alguien?
—Voy a ayudar al Doctor Evans con las provisiones de la Rio.
La joven asintió con la cabeza y se colocó la fuente bajo el hombro. —Enseguida traigo tu orden— dijo y luego de hacer una pequeña reverencia se dirigió a la barra, tratando de no cruzar su mirada con la de Brad, quien la observaba con hostilidad tras la máquina de café.

Mina se acomodó en la silla mientras extraía el pad de su bolso. Lo primero que hizo fue consultar el informativo de la Rainbow, pero como se lo imaginaba, no decía absolutamente nada. Probablemente Amanda ni siquiera había hablado con alguien fuera de La Torre todavía.
Cerró la página y entró al foro de discusión que utilizaba casi todo el mundo.
La noticia había corrido ya por toda la Colonia, pero no eran más que rumores y comentarios de gente que no había estado en el Hangar Principal en el momento de la emergencia, después de todo, los operarios del turno noche no se despertarian hasta el mediodía.
Uno de los rumores decían que Ralph estaba herido, algo sobre una explosión. Eso la preocupó un poco, aunque en el fondo sabía que era muy difícil que algo le hiciese daño a Ralph, su cuerpo tamaño Zentradi lo hacía extremadamente resistente a casi todos los peligros del campo, hasta podía sobrevivir (por un tiempo al menos) en el espacio si su traje se rompía!
Minimizó la ventana de su navegador y vió el fondo de la pantalla que había puesto el dia anterior. Era la foto que habían sacado en la escuela durante la visita de Cinthya.
El pensar en la Inspectora la hizo sentir incómoda. Esperaba que estuviese bien por supuesto, pero por otro lado sentía que nada de lo que estaba pasando hubiese sucedido si esa mujer no hubiese llegado nunca a la Rainbow.
Sacudió la cabeza con violencia e intentó apartar ese pensamiento de su mente. Estaba siendo injusta con Cinthya, ella no tenía nada que ver con las cosas que pasaban, era todo una simple coincidencia. incluso el cambio de comportamiento de Matt…
Matt.
Mina abrió los ojos. Las acciones de Matt en las últimas veinticuatro horas habian sido una fuente de preocupación constante para Mina. ¿Porque Matt se había sentido atraído hacia esa mujer? Ese chico nunca se había mostrado interesado por nada ¿Porqué ahora? ¿Porque ella?
Se sorprendió al ver caer una solitaria lágrima sobre el mantel naranja de la mesa. Con un movimiento cansado se pasó la mano por la cara, secando con ese gesto las que estaban por salir de sus ojos.
Sería fuerte, no derramaría lágrimas, aún no. No podía abandonar a Matt.
—¿Estas bien Mina?
La joven levantó la vista y se encontró con el rostro preocupado del Doctor Evans, quien la miraba con atención.
—Si si, estoy bien— respondió Mina sacudiendo lentamente la cabeza. —Estoy algo dormida todavía.
El hombre observó en silencio a la joven y sacudió la cabeza. —No deberias haber venido si pasaste una mala noche Mina, no estoy tan loco como para obligarte a trabajar estando cansada.
Mina sonrió y extendió la mano al facultativo. —Estoy bien Doc, y por cierto buenos días.
Evans contesto el saludo y la preocupación se borró de su rostro. —Tu sonrisa me hace sentir más tranquilo— dijo. —A decir verdad yo tampoco pasé una buena noche y asumo que algún rumor habrás escuchado..
Mina asintió y miró al doctor a los ojos. —¿Están todos bien?
—Si, por suerte no hubo ningún herido de gravedad. Ralph tuvo un par de golpes pero… ya sabes como es él— dijo suspirando.
—¿Un par de golpes? —preguntó la joven con incredulidad.
Evans se llevó la mano a la cabeza y se rascó la calva distraidamente. —A ti no se te puede engañar.. ¿Eh? Dijo resignado. Le hice una placa en el hangar y tiene una costilla fisurada, pero no hubo heridas internas, además no es la primera vez que se las rompe.
—¿Que pasó en El Campo Doc?
Evans se llevó una mano a la barbilla y contempló en silencio a la joven. —No lo se con seguridad— dijo. —En todo caso no quiero hablar antes de que lo haga Amanda… ya sabes como se pone con estas cosas delicadas.
Mina asintió con la cabeza mientras miraba por la ventana. Sabía perfectamente como su madre trataba los asuntos delicados de la Colonia.
48 por Gerli
—¿En verdad te suena?
Tass se había quedado con la boca abierta. Por supuesto que no dudaba de la brillantez de Silvia, pero que hubiese recordado de inmediato algo tan específico que incluso la misma Amanda desconocía… verdaderamente increíble.
—No me mires con esa cara Tass— dijo la maestra haciendo un gesto con la mano. —Se algunas cosas sobre el tema, pero a quién deberías preguntar sobre eso es a Evans, no a mi.
La joven suspiró y se dejó caer en el banco, sin saber que contestar a su amiga. Tras unos segundos de intensa deliberación, aspiro hondo y decidió contarle todo a Silvia.

La mujer escuchó atentamente todo el relato de Tass, sin interrumpir en ningún momento a la joven, mientras describia la delicada situación que Amanda quería resolver de la manera más discreta posible.
Hasta ese momento la charla había sido bastante casual y entre porciones de torta y tazas de té, las dos amigas habían desayunado en paz sin que nadie, salvo Mía la joven camarera, las interrumpiesen durante su conversación.
—Entiendo. —dijo finalmente— Es comprensible la preocupación de la Capitán en estos temas, puedes estar segura en que yo también coincido con su idea de no atraer demasiado la atención del resto de la galaxia en nosotros.
—¿Entonces? —preguntó intrigada Tass.
—Como te dije, no soy experta en el tema, solo tengo un par de nociones muy básicas sobre una o dos cosas, pero creo saber que está buscando exactamente Evans.
Silvia bebió un sorbo de té y depositó la taza vacía en el plato, mientras cerraba los ojos tratando de concentrarse en sus recuerdos.

—Es una pregunta retórica, porque estoy segura que yo misma te di clases sobre ello, pero me gustaria ver que tan bien funciona tu memoria Tass… ¿Que sabes acerca de la intervención de la Protocultura en la evolución humana?
Tass mordió un pedazo de tarta de manzana y deposito el resto en un pequeño plato, algo sorprendida por la pregunta. —¿La versión resumida o tengo que darte la lección completa?
—Vas a engordar si sigues comiendo asi Tass…
La joven hizo una mueca y bebió el resto del chocolate caliente que quedaba en su taza, acto seguido respiró hondo, como si estuviese a punto de dar una lección de la que apenas hubiese estudiado. —Durante la Guerra de Unificación se descubrieron en una región del Pacífico restos de una nave alienígena que coincidian con las características tecnológicas de la ASS-1, llegada a La Tierra en el año 1999. Se la llamó AFOS o algo asi.
—Continua.
—Las dataciones del material encontrado señalaban una posible fecha de llegada entre Diez Mil y Doce Mil años antes. Las fechas coincidian con ciertos momentos claves en la evolución de los seres humanos y pronto se comenzó a investigar si dichos sucesos estaban relacionados entre sí.
—¿Recuerdas algún nombre de quienes fueron pioneros en dicha investigación?
Tass movió la cabeza y se reclinó en el asiento. —Pasaron cuatro años desde que estudié eso Silvia Sempai, no esperes que me acuerde de tooodos esos nombres.
La profesora Silvia sonrió mientras cruzaba los brazos sobre la mesa. —El Doctor William Hasford fué el primero en desarrollar una hipótesis que describe la intervención de la Protocultura en el desarrollo de la Humanidad.
Tass asintió y de pronto recordó las viejas lecciones. —Ahora me acuerdo, aunque había otro miembro más de su equipo… una mujer tal vez?
—La Doctora Aries Turner, en efecto. Se considera a ambos los autores de la hipótesis original. Pero hay un tercer nombre que es aún más importante. ¿Recuerdas cual?
—Ni idea.
—Doctora Mao Nome. ¿Te suena?
Tass volvió a mover la cabeza. —¿Nome, como Sheryl Nome?
—No sería extraño que estuviesen emparentadas. —agregó Silvia mientras se limpiaba los labios delicadamente con la servilleta de hilo blanco.
—No me suena para nada, pero supongo que ella fué la tercera miembro del equipo.
—No exactamente Tass, La Doctora Nome fué quien recopiló las investigaciones de Hasford y Turner y publicó el primer Paper con la hipótesis, casi diez años después de culminada la Guerra de Unificación.
La joven guardó silencio mientras Silvia repasaba la historia como si volviese al aula de la escuela y volviese a ser una colegiala más.
—Hasford y Turner murieron durante la guerra de Unificación y jamás pudieron publicar sus hallazgos, fue la Doctora Nome quien rescató los archivos y organizó el material, incorporando luego todo lo que se descubrió tras el armisticio con los Zentradis y el acceso al conocimiento sobre la Protocultura que el Archivista de Breetai suministró a los investigadores.
—Entiendo.
—No quiero extenderme demasiado Tass, pero es necesario que repasemos un poco el contexto histórico. Ahora que ya sabes quien es la Doctora Nome, puedo explicarte bien la relación entre esa vieja historia y la sangre extraña que Evans está investigando.
Tass se acurrucó en el banco y se preparó para escuchar la historia. Por suerte el chocolate y los dulces la habían puesto de un excelente humor y podía aguantar horas y horas escuchando a Silvia sin problemas.

—Hace unos cinco años fuí como espectadora a un congreso de genética auspiciado por el Ministerio de Cultura de la NUNS. El congreso se hizo a bordo de la Flota de Colonización 11 y contó con la presencia de muchos investigadores a lo largo y ancho de la Colonización Humana. Durante una de las presentaciones, se reprodujo una disertación protagonizada por la directora de la Flota de Investigación 117, la Doctora mao Nome.
—¿Reprodujo? ¿Como un Video?
—Trágicamente, desde el año 2048 se perdió todo contacto con La Flota de Investigación 117 y no se conoce la suerte que corrieron esos investigadores y sus familias.
Tass asintió en silencio.
—La disertación fué muy técnica, pero creo que puedo darte un resumen más o menos claro sin necesidad de revisar mis apuntes sobre eso, supongo que Amanda no quiere que acceda a mis archivos en la Red Galaxy para recuperar esas notas sobre un tema tan delicado… en fin. La Doctora Nome describió el proceso de intervención del AFOS, conocido más comúnmente como Hombre Pájaro, llamado así por la civilización local de la Isla Mayan en donde se encontraron los restos. Dicha intervención se basó en la modificación de los genes humanos para acelerar ciertos procesos evolutivos en el área de la capacidad cognitiva y el desarrollo de funciones cerebrales complejas.
Al principio se teorizó que dicha manipulación se trataba de un virus de propagación rápida, pero estudios de ADN de huesos humanos recuperados en la zona del pacífico demostraron que el agente trasmisor no era biológico, sino Dimensional.
—¿Eh? —Tass se incorporó sorprendida. —No entiendo.
—Veras, la isla Mayan y todas las demás islas que forman los archipiélagos de esa zona del Océano Pacífico están prácticamente aisladas del resto del mundo. Es cierto que a lo largo de miles de años la migración humana por medio de canoas y pequeños botes se desplazó desde Asia hasta Australia, lo que en teoría facilitaria la propagación de un virus. El problema es que ese proceso de diseminación viral demoraría cientos de años y el cambio genético introducido por la Protocultura se dió casi simultáneamente alrededor del mundo. Un virus, por más agresivo o contagioso que fuese JAMÁS podría haber alterado a toda la humanidad en tan poco tiempo. Había otra causa.
—¿Cual?
—Las antiguas leyendas Mayan hablan de cómo el misterioso Hombre Pájaro otorgó a la humanidad piernas y brazos, de modo que abandonaran el mar y viviesen en la tierra. En definitiva el hombre dejó de ser nómade y se transformó en agricultor, usando sus manos para cultivar su propia comida, pero esa es solo una de las consecuencias del aumento de la capacidad cerebral. Hubo algo más.
Aquellos que tuvieron contacto directo con esta entidad de la Protocultura, este ser llamado Hombre Pájaro, obtuvieron una habilidad, alguna clase de percepción de las energías dimensionales que nosotros sólo podemos percibir a través de nuestra tecnología y aparatos. Los Mayan podían sentir estas energías o perturbaciones subdimensionales y, acaso, también manipularlas.
—Recuerdo haber leído una vez como ciertos nativos de nueva Guinea podían ver la luz de las estrellas en pleno dia, como si percibieran el mundo visible de forma diferente al resto de la gente.— dijo Tass pensativa.
—Exacto, habilidades como esas son las que se le atribuyeron a ese ente alienígena, pero volviendo a la isla Mayan, una de las habilidades más poderosas que recibieron los nativos, especialmente las mujeres, fué el poder del canto. Mediante el canto, se canalizaban las energías provenientes de los planos dimensionales y se lograba ejercer ciertos cambios en nuestro plano, por ejemplo sanar heridas, modificar el clima, revitalizar cultivos, etc. Un poder tan importante no podia mas que ser reverenciado por todos los habitantes, por lo que quienes lo ejercian pronto se convirtieron en Sacerdotisas.
Silvia hizo una pausa y bebió un poco de agua antes de continuar.
—Estas sacerdotisas formaban parte de una casta especial dentro de la sociedad Maya y por eso sus líneas parentales estaban estrictamente controladas.
—¿Controladas?
—Si, pero centrémonos en el canto, más tarde volveremos sobre las lineas sanguineas.—Explicó Silvia jugueteando con la cucharita del té. —El canto de las Sacerdotisas fué la clave para el misterio de la intervención de la Protocultura y fué la Doctora Nome quien logró probar la relación entre ambas cosas. Descubrió que el canto no solo servía para canalizar la energía dimensional hacia el mundo, sinó que se traban de una sincronización a nivel especie y no sólo una acción individual.
—¿A nivel especie? —Preguntó asombrada Tass
—Las sacerdotisas actuaban como un Proxy, un nexo entre la humanidad y la energía dimensional. No solo se curaban enfermedades o se pronosticaba el clima, en esos momentos en los que la Sacerdotisa entonaba su Canto, toda la humanidad se sincronizaba a través del poder de esas mujeres y por medio de ese canal fue que, en un periodo muy corto, probablemente un centenar de años, toda la especie humana fue modificada genéticamente.
—¿Quieres decir que la alteración genética fue realizada a escala planetaria mediante un vínculo dimensional?
—Esa es la teoria que mas fuerza tiene hasta ahora— dijo Silvia mirando hacia el frente de la cafetería. —La transmisión de datos por el espacio dimensional… el espacio FOLD mejor dicho es algo probado y utilizado masivamente hoy en dia. Lo único de lo que no se poseen pruebas, al menos todavía, es si un organismo vivo puede intercambiar información genética con otro de su misma especie sin recurrir a medios tecnológicos.
—Increíble, pero no entiendo todavía la relación con lo que buscaba Evans.
—Ya llegamos a eso— afirmó Silvia levantando el dedo índice. —Como te expliqué antes, las Sacerdotisas eran reverenciadas como deidades, pero seguían siendo humanas. Pronto los nativos descubrieron que no todos las hijas descendientes de estas mujeres poseían el poder del viento, como denominaban a las capacidades sobrenaturales. Por lo que comenzaron lentamente a controlar los matrimonios y las líneas sanguíneas. Pronto descubrieron que sólo nacían niñas con el don del viento, además de saludables, si se emparentaban familias de Sacerdotisas provenientes de otras islas y así es como surgió el culto a la sangre pura, que a lo largo de miles de años fue mutando en una especie de Tabú que los Mayans tenían con cualquier tipo de sangre, temiendo los poderes que residían en ella.
—Y esa sangre especial… era la Alfa Bombay, ¿No?
—Exacto. Si miramos un mapa de la antigua Tierra, donde están marcados los diferentes Fenotipos de sangre vas a ver que el Fenotipo Bombay, como su nombre lo sugiere, es casi exclusivo de la zona de India, extendiéndose hacia el sur y el este, hacia Malasia y las islas del pacífico. La mayoría de los fenotipos conocidos de sangre ya existían al momento de la intervención de la Protocultura, esto lo sabemos con exactitud gracias a los análisis forenses de ADN de restos óseos alrededor del mundo. Solamente el Alfa Bombay fué creado exclusivamente a partir del tipo de sangre nativo, siendo exclusivo de las Sacerdotisas del Viento. Nunca se encontró rastro de esa sangre en ningún lugar del mundo previo al descubrimiento del AFOS.
El Fenotipo Bombay que hoy en día existe es una mutación de esa sangre, carente de sus cualidades “mágicas” por así decirlo.
—Y Cinthya tiene esa sangre— exclamó Tass sorprendida. —¿Cómo es posible?
—Probablemente ella sea descendiente de gente que vivía en esa zona del planeta Tierra antes de la aniquilación, o tal vez sea una mutación, quien sabe. Recuerdo que la Doctora Nome había explicado en el video que muchos nativos de la isla Mayan, especialmente mujeres y niños, habían buscado refugio en las naves y barcos de las fuerzas de la UN y por eso sobrevivieron al cataclismo, ya que muchos de ellos se enrolaron en el ejército y sobrevivieron en el espacio o estaban en la isla Macross cuando hicieron el famoso salto FOLD para escapar de los Zentradis.
Tass guardó silencio mientras ponía en orden sus pensamientos. ¿Sabría Cinthya el poder que encerraba su sangre?
—Como verás Tass, es un tema muy delicado. Incluso mucha de esa información es clasificada, sólo un puñado de investigadores en toda la galaxia conoce todo acerca de ello y casi seguro que Evans es uno de ellos. Solamente en los últimos años el Gobierno de la NUNS comenzó a desclasificar documentos de esa época y es como sabemos algunas cosas… pero no todo.
Ambas mujeres guardaron silencio mientras pensaban en Cinthya y en la extraordinaria coincidencia que su presencia significaba.
—¿Porqué la información es tan delicada? —Preguntó Tass
—No lo se Tass— Silvia suspiró desconsolada. —Todo lo que tenga que ver con los genes de la humanidad es un asunto delicado y que no debe ser manejado por cualquiera. Desconozco qué clase de investigación podría llevar a cabo Evans con esa información, pero si lo hace, de seguro atraerá algo más que una mirada sobre la Rainbow.
—Gracias Silvia— dijo Tass levantándose de la mesa— Tenía razón Amanda en consultar este asunto contigo.
—Decile que me debe una comida entonces— exclamó la maestra con una sonrisa. —Y si cocina Mina mucho mejor.
49 por Gerli
Lo más desconcertante eran los olores.
Virya había experimentado pocos olores en su corta vida. Uno de ellos era el omnipresente aire reciclado y reozonificado en toda nave Zentradi, sea de Meltrans o Zentran, todas las naves olían igual. El otro aroma particular era el de las cámaras de sueño, donde el aire se mezclaba con vaya a saber que para inducir el descanso en los siempre alertas guerreros. Luego estaba la comida, esas tabletas de material nutritivo que olían todas iguales, siempre con el mismo gusto.
El otro aroma (y que había descubierto hace relativamente poco en el hangar de la nave de Dulmei) era el de la sangre.
Pero ahora su nariz estaba siendo literalmente bombardeada con cientos de olores que no había experimentado antes. Parecía que cada objeto que la rodeaba tenía un aroma característico, único y desconocido.
El bolsillo del uniforme de Dulmei no era demasiado profundo y Virya podía mantenerse de pie mientras asomaba su cabeza por la abertura. El mundo era muy diferente a como lo recordaba. No sólo los aromas, todo parecía estar hecho de diferentes cosas, desde la trama de finas hebras que formaban la tela del uniforme de Dulmei hasta los remaches de los paneles de metal que formaban los pasillos de la antigua nave. Detalles que nunca pudo observar antes ahora desfilaban ante sus ojos, más nítidos, más cercanos.
La confundida piloto levantó el visor de su casco y escuchó los sonidos de aquel extraño mundo, el roce de la tela, el crujido de las botas y el retumbar de cada pisada de los dos gigantes que la conducían a vaya a saber qué destino.
—No lo entiendo— dijo casi sin pensar en voz alta.
Dulmei aminoró un poco la marcha y miró con curiosidad el bolsillo de su uniforme, donde la soldado micronizada se asomaba entre la tela. —¿Sucede algo, piloto?
—No entiendo el porqué tenemos esas cosas en la flota, esas vainas. ¿Para que sirve hacernos tan pequeños?
La Capitán no respondió y siguió avanzando en dirección al elevador. Una vez dentro esperó que el soldado Zentran accionase los controles.
—No lo sé con seguridad— dijo mientras el elevador comenzaba a descender hacia el hangar de la nave. —Creo saber que originalmente nuestros creadores eran de tamaño micrón y solían usar esas vainas para tratar con nosotros.
—¿Nuestros creadores? —Preguntó la joven piloto sorprendida.
—Eso es lo único que sé piloto. —respondió Dulmei sin dejar de mirar al frente.
Descendieron en silencio hasta el pasillo del hangar, donde se dirigieron rápidamente hacia la nave y las dos escoltas que los esperaban pacientemente. Virya bajó el visor de su casco y contempló las gigantes armaduras, inmóviles y expectantes una a cada lado del transporte.
A una señal de Dulmei, ambas máquinas dieron la vuelta y despegaron en dirección a la compuerta de salida. El rugido de sus motores retumbó en el hangar, iluminando fugazmente los fantasmales restos de maquinaria Zentradi desparramados sin orden ni sentido por todo el lugar.

El soldado Zentran abordó el transporte mientras colgaba el rifle a su espalda. El hecho de que el Zentran hubiese estado con su arma preparada durante todo el recorrido hasta al hangar no se le pasó por alto a Virya.
—Vamos —exclamó Dulmei mientras entraba a la nave con una ligera inclinación de la cabeza. La puerta se cerró tras ella y una tenue luz anaranjada iluminó el interior.
Pronto la vibración de los enormes motores se sintió en toda la nave, aunque Virya se sobresaltó al principio, solamente un cuerpo como el que tenía ahora podía notar tantas cosas que antes pasaba por alto.
Dulmei se sentó en la parte delantera del compartimiento de tropas, mientras que el soldado ocupó el último asiento de la parte posterior.
La nave despegó levantando una lluvia de partículas metálicas que Virya observó con curiosidad asomada desde el bolsillo del uniforme de su Capitana a través de una gran ventana redonda (Aunque tan sólo una pequeña abertura para un Zentradi promedio)
A través del sucio cristal pudo observar como lentamente abandonaban la antigua nave y salían al espacio exterior en medio de la gigantesca flota Zentradi.
Con sus nuevos ojos Micrón Virya pudo ver muchas cosas. La flota que conocía de memoria desde que había salido por primera vez al espacio en su Nona de entrenamiento se revelaba muy diferente a sus ojos. Las formas eran las mismas, los colores eran exactamente iguales, pero su cerebro parecía descubrir algo nuevo con cada mirada. Era un descubrir permanente de cosas que creía conocer de memoria.
—Virya ¿Que cree que esta haciendo?
La joven se sobresaltó y miró alrededor. Sin darse cuenta que la gravedad artificial de la nave que acababan de abandonar había dejado paso a la ingravidez del espacio, Virya había flotado libremente fuera del bolsillo de Dulmei y se había pegado al cristal de la ventana, fascinada con la vista de la enorme flota.
—Yo… lo siento Capitán! —Balbuceó sin saber qué decir, mientras se impulsaba hacia la gigante de mirada hostil que la observaba con atención. Para su sorpresa Dulmei interpuso una mano entre ella y el bolsillo del uniforme y le indicó que se subiera a ella. Virya obedeció sin chistar, sujetándose de los enormes dedos recubiertos por el guante blanco del uniforme.
Una vez que la joven hubiese detenido su impulso la Meltran cerró el puño con cuidado de no aplastar a la Microniana y lo acercó a su rostro para verlo más de cerca.
—Virya 712 —exclamó en voz baja clavando sus ojos en la pequeña guerrera. —Lo que voy a decirle ahora es confidencial ¿Comprende?
Virya asintió con la cabeza.
—Bien, porque usted no es la única que está arriesgando el cuello en esta misión, yo tambien me expongo a ser ejecutada por lo que estoy a punto de revelarle.
La joven puso los ojos como platos y abrió la boca, pero ninguna palabra salió de la misma.
—Esta misión es extremadamente peligrosa y no sólo porque usted va a meterse a explorar una cabeza de misil viva, ya ha superado uno de los procesos que más riesgo suscitaban y es necesario que explique el porqué. —por un leve instante le pareció a Virya que Dulmei tensaba el puño, pero fué solo un momento fugaz.
—El Archivista Exedore aprobó el plan con una sola condición: que usted fuera ejecutada si algo salía mal durante el proceso de Micronización.
Ante el silencio de la guerrera, la Capitán prosiguió hablando. —Fui advertida que el proceso de Micronización podía tener consecuencias inesperadas en la estructura genética de los Zentradis, por lo que en caso de una anomalía, la esterilización del sujeto era la única opción posible para preservar la integridad de flota.
—¿A.. Anomalías? —articuló con dificultad Virya.
—Alteraciones genéticas… deformaciones, cambios de color en cabellos y/o ojos, proporciones anormales del cuerpo… todo eso.
La micrón sufrió un ligero temblor mientras se llevaba una mano al pecho.
—¿Eso? —observó Dulmei echando una mirada al pecho de Virya. —No se preocupe, no creo que sea importante, al fin y al cabo todas las Meltran tenemos esas cosas más o menos del mismo tamaño. —Con un rápido movimiento giró la cabeza en dirección al soldado Zentran sentado en la parte trasera, pero respiró aliviada al ver que permanecía ajeno a la conversación.
—No, no creo que ese Zentran lo haya notado, es un simple soldado seguro que nunca había visto a una de nosotras sin ropas… no Virya, no creo que deba usted preocuparse por ello, aunque mi decisión podría costarme la vida y la de toda esta misma flota… ¿Está usted realmente bien? ¿Puedo confiar en que su cuerpo le responderá a la perfección?
Virya asintió— Sí Capitán, le aseguro que nunca me he sentido mejor en mi vida.
Dulmei acercó el enorme rostro a la Meltran micronizada y sostuvo la mirada con intensidad por varios segundos. Finalmente suspiró y depositó a Virya en el bolsillo de su uniforme.
—Le creo piloto. —Dijo. —Y estoy segura que podrá llevar a cabo esta misión y volver sana y salva a mi nave.

Permanecieron en silencio el resto del viaje, mientras el transporte y sus dos escoltas maniobraban a través de la flota, atravesando por completo las formaciones de naves siempre en dirección hacia la retaguardia.

Allí, alejadas a unos diez mil kilómetros de distancia de las últimas naves de la retaguardia se encontraba la nave de Kreegan y el Crucero de Dulmei. Ambas naves habían sido completamente evacuadas del personal combatiente y aguardaban el resultado de la misión.
El transporte viró entre las dos enormes naves y se dirigió al hangar de estribor de la nave de Dulmei, donde el Escuadrón de Defensa Antimisiles Número Treinta aguardaba con impaciencia la llegada de su último miembro.

El silencio en el hangar era total. No solo por la completa ausencia del personal, quien habia sido evacuado unas pocas horas antes, sinó por el ambiente de expectación que se respiraba en el reducido grupo de Meltrans reunidas al pie de sus armaduras, mirando atentamente como la nave de Dulmei maniobraba sobre la plataforma designada y se posaba con un golpe seco sobre el piso metálico.
Los dos Nonas de escolta no entraron al hangar, dieron la vuelta y emprendieron el regreso hacia la flota principal, uniéndose al convoy de naves con los heridos y soldados recién evacuados de ambas naves.
La puerta del transporte se abrió repentinamente y la Capitán Dulmei bajó lentamente la rampa hacia el hangar de su nave mientras todo el grupo de Meltrans del Escuadrón de Defensa 30 se ponía en posición de firmes y hacían el saludo de batalla.

—En descanso— dijo Dulmei devolviendo el saludo.
Las guerreras bajaron los brazos y se colocaron en posición de descanso mientras Yuwe se adelantaba al grupo. —¿Esta bien Virya, Capitán?
La oficial pasó por alto la insolencia de la pregunta porque sabía que la preocupación de la guerrera era un signo inequívoco del gran vínculo que el escuadrón había forjado con la recluta en un tiempo tan corto. Esa clase de vínculos de confianza y apoyo eran elementos valiosisimos entre los combatientes y Dulmei sabía reconocerlos y utilizarlos.
—El procedimiento fue exitoso— dijo casi sin darle importancia, pero mientras tanto metió su mano en el bolsillo superior de su uniforme y sacando algo del mismo lo mostró al grupo de asombradas guerreras.

Jamás habían visto a un microniano, ni siquiera podían imaginar que algo así podía ser usado en el cuerpo de una soldado Meltran y obtener semejante resultado. Yuwe extendió la mano con temor reverente y Virya saltó con agilidad desde la mano de Dulmei hacia la palma de la sorprendida guerrera.
—Virya 712, Reportandose para el combate— Exclamó la pequeña guerrera mientras se llevaba el puño al pecho izquierdo y sus palabras se escuchaban en los cascos de todas las guerreras presentes.
—Bi… bienvenida Virya— exclamó sorprendida Yuwe mientras luchaba por mantener el brazo quieto.
Dulmei sonrió mientras se cruzaba de brazos. —Queda usted a cargo de la piloto Virya 712, Teniente Yuwe— dijo mirando fijamente a la guerrera. —Ahora todo está en manos del Escuadrón de Defensa 30.
El traje de piloto de las guerreras de Queadluun no tenía bolsillos, por lo que Virya se sentó en el hombro izquierdo de Yuwe para dejarle libre el brazo. Yuwe saludó a su Capitán con vigor. —Le aseguro que la misión será todo un exito Capitán Dulmei. —Exclamó la guerrera.
—Lo se. Estoy seguro de ello. —Respondió la oficial. —Seguiré el progreso de la misión desde el puente de mando de mi nave —agregó mientras comenzaba a caminar hacia la salida del hangar.
—¿No va a evacuar la nave, Capitán? —preguntó sorprendida Yuwe
Dulmei se detuvo y giró la cabeza en dirección a la guerrera. —Por supuesto que no ¿No acaba usted de garantizar el éxito de esta misión? ¿Por qué habría de evacuar mi propia nave? —Respondió con calma mientras reanudaba su camino.
Como respondiendo a las palabras de la Capitán, el transporte despegó de pronto y salió a toda velocidad del hangar, dejando al escuadrón de guerreras Meltran completamente solo en medio de la gigantesca instalación de andamiajes, robots y armas de todo tipo.

—Parece que nos tiene mucha confianza— exclamó Virya rompiendo el silencio.
Las palabras de Virya no sólo quebraron la quietud que los envolvía, fueron de alguna forma una chispa que encendió los ánimos de las chicas, quienes de pronto rodearon a Yuwe en medio de gritos y aclamaciones a la valentía de la nueva recluta, quien no sabia que responder ante semejante muestras de respeto y coraje.
Le llevó un rato a Yuwe controlar a su escuadrón. Cuando finalmente el grupo de pilotos estuvo correctamente formado (A excepción de Virya que permanecía sentada en sus hombros) llegó el momento de comenzar la misión.
50 por Gerli
Le tomó unos segundos a Cinthya reconocer el techo de la habitación en donde se encontraba. Había dormido profundamente y eso la sorprendió un poco. Desde que había empezado los preparativos para el trabajo en la Rainbow había dormido poco y mal, especialmente debido a la fatiga post FOLD que era común durante los saltos a grandes distancias realizados en forma consecutiva.
Una buena noche de sueño, casi lo único reconfortante que había experimentado en estas dos semanas. Cinthya suspiró y se cubrió con las mantas tratando de olvidar sus recientes experiencias en el Campo.
El recuerdo de haber estado tan cerca de la muerte borró los últimos rastros de sueño de la cabeza de la joven y ahora estaba bien despierta, pero por alguna razón no quería abandonar su improvisado refugio bajo las mantas...se estaba tan cómodo y seguro allí.
De mala gana asomó la cabeza por sobre la almohada y miró hacia la pequeña mesa de noche donde descansaba su pad. Los números que se proyectaban holográficamente desde la pantalla y flotaban a unos pocos centímetros de altura indicaban que eran pasadas las diez de la mañana.
Por supuesto que tenía todo el derecho de seguir en la cama ese dia, al fin y al cabo era una jornada libre, un asueto de la Colonia y nadie podía decirle nada… aunque estaba segura que Jim la regañaria por haberse levantado tan tarde.
El pensar así en el joven piloto la hizo sentirse un poco culpable… en definitiva le había salvado la vida ahi afuera, no solo una sino dos veces.
Suspirando con resignación se levantó y permaneció sentada en la cama, balanceando sus piernas apenas rozando la suave alfombra color melocotón de su camarote.
—Luz —exclamó mientras estiraba sus brazos por encima de la cabeza.
La habitación se iluminó por completo, emulando la luz que podría entrar por una ventana a esa hora del dia. Por supuesto no había ventanas en el camarote y de haberlas, solo mostrarian un depresivo cielo de placas y columnas de metal, definitivamente era mejor así.
Una voz de mujer sonó por el pequeño parlante ubicado en el techo de la habitación, al parecer era una especie de mensaje automático que se activaba al despertar el ocupante del cuarto.
—Buenos dias residentes, les recordamos que el día de hoy las actividades generales han sido suspendidas y sólo se brindarán los servicios básicos a la comunidad.
Cinthya creyó reconocer la voz de una de las operadores de la torre de control del dia anterior. ¿Como era su nombre? Probablemente habia olvidado preguntárselo.
Sin nada más que hacer se puso de pie y dió unos pasos por la habitación. La noche anterior había estado tan cansada que se arrojó sobre la cama a medio desvestir y todavia tenia puesta la camisa blanca que usaba debajo de su uniforme de vuelo, el cual había quedado tirado en un rincón tras un pequeño sillón.

Lentamente se desabrochó la camisa y la arrojó sobre la cama, mientras lo hacia, su estómago le recordó de mala gana que se había saltado la cena. Cinthya suspiró y tomó el Pad de la mesita de luz, luego entró al cuarto de baño en ropa interior, evaluando detenidamente sus opciones para el dia; definitivamente no pensaba pasarse el resto del dia encerrada entre esas cuatro paredes. ¿Como pasarian los colonos el dia libre? ¿Qué opciones de esparcimiento había en la Rainbow? Miró inquisitivamente a su imagen reflejada en el espejo del botiquín, pero el reflejo no le devolvió la respuestas que buscaba…. es mas, se encontró de repente viendo una imagen bastante diferente a la que estaba acostumbrada.
—Haz crecido ¿Verdad?
La imagen no respondió, pero Cinthya observó los sutiles cambios en su figura: había perdido algo de peso por cierto, probablemente debido a que en las últimas semanas sólo había comido raciones para pilotos de combate y poco más, alimentos diseñados para otros requerimientos energéticos y otros estilos de vida. Cinthya odiaba esos paquetitos metalizados con esas tabletas que sabían todas iguales.
Con un ligero movimiento de la mano apartó los mechones de pelo que cubrían su frente. El moretón se había desvanecido casi por completo, solo una pequeña marca algo más oscura denotaba la presencia del hematoma en su piel, unos días más de aplicar la crema para contusiones y desaparecería por completo.

Abrió el botiquín y tomó su cepillo de dientes electrico asi como un tubito de pasta dental. Mientras se cepillaba contempló la información que cruzaba la pantalla del Pad que previamente había colocado contra el espejo, preguntándose si Amanda mantendria los sucesos del Campo en secreto o informaría a la población del desastre que habían causado en medio de su fuente de recursos.
Temperatura, humedad y nivel de radioactividad, el servicio automatizado de noticias repetía la misma información en pantalla una y otra vez, intercalando consejos de salud para la tercera edad y recordando a los residentes que debían ahorrar en el consumo de agua. Cinthya giró la cabeza en dirección a la ducha y descubrió un pequeño indicador que había pasado por alto el día anterior. Era una pequeña pantalla de no más de cinco centímetros que indicaba el consumo de agua de la ducha. Al parecer Cinthya habia gastado mas de la mitad de su reserva asignada de agua y ahora solo quedaban algo más de dos minutos del preciado líquido para poder ducharse.
—Adios a mis planes de una ducha relajante— se dijo resignada.
Volvió a guardar el cepillo y la pasta dentrífica en el botiquín y lentamente se desabrochó el sostén, luego se quitó los pantys y los dejó dentro de un pequeño cesto de plástico destinado a la ropa sucia. Ya le preguntaría a alguien más tarde donde poder lavar su ropa.
La imagen de su cuerpo desnudo en el espejo la hicieron reflexionar un momento. Todavia seguia siendo joven y con todo el futuro por delante. ¿Pero hasta cuando? Su carrera profesional había tomado buena parte de sus Veinte y ya se acercaba a los Treinta. ¿Durante cuánto tiempo más continuaría con esa vida?
La joven sacudió la cabeza y entró a la ducha. Trataría de lavarse en menos de dos minutos o moriría en el intento.

Como lo sospechaba apenas le alcanzó el tiempo para lavarse el cuerpo. Su cabello debería esperar a otra oportunidad para un lavado más minucioso. Aun con lo corto de la ducha, Cinthya salió del baño envuelta en una toalla con la cabeza despejada y sin dudas; no se preocuparía por nada mas ese dia, sea lo que sea que deparara el futuro, no tenía nada que ver con la Rainbow ni con ese maldito campo de desechos.
De su bolso extrajo una muda de ropa interior limpia y una blusa verde claro. Completó su vestimenta con unos jeans negros y zapatillas deportivas. Quería estar lo mas cómoda posible ese dia.
Se tomó un par de minutos para ordenar la habitación. Recogió el traje de vuelo y lo acomodó lo mejor que pudo en la percha que colgaba en el pequeño guardarropa. También reunió la ropa sucia del dia anterior y la colocó en el mismo cesto que encontró en el baño.

Satisfecha con el trabajo realizado se sentó en uno de los sillones de la salita de estar y se relajó un momento, mas el descanso fue de unos pocos segundos ya que su Pad comenzó a sonar con la canción de una llamada entrante. Cinthya tomó el aparato y se sorprendió de ver que no era Jim quien llamaba, sinó Akemi
—¿Hola?
—¡Cinthya! —La exclamación de alivio en la voz de Akemi era más que evidente. —¡Que suerte que atendiste! ¿Estas bien?
Aparentemente las noticias habían corrido por toda la colonia sin necesidad que Amanda hiciera nada.
—Estoy bien Akemi, perdón por haberlos hecho preocupar.
—Ni que lo digas… esta mañana no podía creer los rumores que se corrían sobre ustedes dos ¿Esta bien tu compañero piloto?
—Mejor que yo sin lugar a dudas —contestó riendo Cinthya. —Pero creo que Amanda no quiere que contemos exactamente lo sucedido ayer… me temo que tendrás que esperar para que te lo cuente todo.
Akemi chasqueó la lengua al escuchar el nombre de Amanda, al parecer ya se esperaba semejante medida por parte de la omnipresente mujer. —No te preocupes por eso Cin, por cierto ¿Vas a hacer algo en tu dia libre?
Cinthya pensó unos momentos mientras miraba el cuadro que tenía frente a la pared, representaba un paisaje dentro de una nave colonial, una Clase New Macross con seguridad ¿Ciudad 7?
—Primero tengo que llevar algo de ropa a lavar y luego desayunar… si es posible
Por el auricular del Pad llegaron con claridad las risas de Akemi —¿Asi que tu también dormiste hasta tarde? Creo que no soy la única entonces, ja ja ja!
El estómago de Cinthya volvió a manifestar su mal humor y el sonido pareció llegar hasta el teléfono de Akemi. —Ve a comer algo a la cafetería Cin y por la ropa no te preocupes, solo deja el canasto en el pasillo frente a tu puerta y un empleado pasará a buscarlo, recuerda marcar el código 061 en el panel de la puerta y el pedido de servicio quedará registrado.
—Gracias Akemi, lo haré
—A otra cosa… con Mina y los demás vamos a tener una comida en el parque, un Picnic. ¿Quieres venir?
—Me encantaria!
—¡Genial! —exclamó entusiasmada la joven. —Te espero a las 13hs, es algo tarde para almorzar pero Mina y Manuel hoy tenían compromisos que atender y van a llegar tarde, nos encontramos frente a la escuela.
—Ahí estaré Akemi.
La joven cortó la comunicación y Cinthya suspiró aliviada. La perspectiva de pasar el dia fuera de esa habitación le mejoró el humor de inmediato. Pero primero lo primero.
Unos minutos más tarde Cinthya salia de su habitación dejando, tal como le había explicado Akemi, el cesto con ropa sucia frente a su puerta. Marcó la clave indicada en el panel de su puerta y una confirmación visual junto con un horario estimado de recolección apareció en el visor. Cinthya confirmó la operación y cerró la puerta.
—Ahora ¡A comer! —exclamó.
Los pasillos y cubiertas de la Rainbow ya empezaban a resultarle familiares, aunque las miradas que los habitantes le dirigian al pasar había pasado de la simple indiferencia a un total interés. Si, los rumores habían corrido de veras..
Consultó la hora en el Pad y vio que faltaban solo unos minutos para las 11, horario algo tardío para desayunar, pero no pensaba saltearselo por nada del mundo.
La cafetería la recibió con su delicioso aroma a café y su cálida atmósfera. Cinthya se sintió inmediatamente a su gusto en el lugar, cosa que ya le había pasado la otra noche cuando llegó invitada por Silvia y tomó demasiado a la ligera la cerveza de la Colonia. Se preguntó si hasta ese rumor estaría corriendo también entre los colonos en ese instante.
Caminó directamente a la barra resistiendo a la tentación de refugiarse en alguno de los cubículos privados del fondo del salón. Al fin y al cabo no quería aislarse de todos.
El Barman la vió aproximarse e hizo un saludo amistoso con la mano.
—¡Buenos días! ¿Desayuno tardío o almuerzo adelantado?
—Estoy tan hambrienta que me comería ambos, uno tras otro— dijo sonriendo. —Soy Cinthya Ross, mucho gusto.
—El placer es mío señorita Ross. —Exclamó el hombre con una ligera reverencia.— Puede llamarme Brad, como todos.
—Entonces llameme Cinthya— Contestó la joven sentándose en una de las banquetas. —Perdón por llegar a esta hora pero realmente estoy hambrienta.
Brad la miró inquisitivamente, como evaluando a la persona que tenía delante. —¿Qué le parece un tostado de jamón y queso y una taza de café con leche? Eso debería apaciguar su estómago hasta la hora del almuerzo.
Cinthya asintió con entusiasmo y el barman se puso manos a la obra. Pronto el aroma del pan tostado transformó la boca de la joven en una verdadera cascada. No podía creer lo hambrienta que estaba.
—Dia complicado ayer ¿Verdad?
La joven estaba tan concentrada en seguir los preparativos de Brad que la pregunta la tomó por sorpresa. —Algo accidentado— dijo encogiéndose de hombros. —Pero ya me habían advertido antes que El Campo era peligroso, no pensé descubrirlo por mi misma tan pronto.
Brad colocó una taza bajo la máquina y un fino chorro de oscuro café comenzó a caer dentro de la misma, mientras tanto tomó una jarra de metal de uno de los estantes y lentamente comenzó a llenarla con la leche de una pequeña botella blanca.
—El Campo se ha cobrado algunas vidas en el pasado. —dijo el hombre seriamente. —Desde que Ralph llegó y se hizo cargo de las operaciones más arriesgadas, la seguridad de toda la operación aumentó muchísimo— Dijo haciendo una pequeña pausa. —¿Ralph esta bien?
—Tenía unos cuantos golpes, pero al parecer Evans dijo que estaba bien y que no tenía heridas de gravedad.
El barman asintió y continuó con su tarea. Colocó la jarra con la leche debajo de un pequeño tubo metálico y un chorro de vapor comenzó a calentar el recipiente a medida que realizaba un movimiento circular con la misma. Una vez calentada la leche la vertió inmediatamente en la taza con el café.
—No es la primera vez que Ralph sufre accidentes ahí afuera, por cierto esos cuerpos gigantes son increíblemente resistentes y adaptados a la vida en el espacio.
Cinthya asintió con la cabeza, todavía tenía fresca en la memoria la imagen de Ralph aplastado entre el transporte y el pedazo de casco de nave y especialmente su gesto de dolor. Por un momento había creído que el gigante había sido aplastado como un sapo.
Brad colocó la taza de café con leche delante de Cinthya y le alcanzó unos sobres con azúcar y una cucharilla.
—Gracias Brad. —Dijo la joven colocando azúcar en la bebida humeante. —Espero no haber causado demasiados problemas a la Colonia.
—No te preocupes, de todo el papeleo burocrático se encarga Amanda— bromeó el hombre mientras retiraba el sandwich del grill y lo llevaba hasta la barra. —Un tostado de jamón y queso, buen provecho Cinthya.
La joven devoró la comida con una avidez que sorprendió hasta al mismo Brad, quien en silencio retiró el plato vacío donde ni las migas habían quedado.
—Guarde algo de lugar para el almuerzo— dijo una voz conocida. Cinthya se dió la vuelta y vió a Manuel quien la saludaba con la mano mientras arrastraba un carrito lleno de cajas y paquetes. —Buenos días Cinthya— exclamó al llegar junto a la joven. Manuel vestía un overol gris y guantes protectores. Una gorra azul y botas amarillas completaban su atuendo.
—Buenos días Manuel, Akemi ya me había comentado que hoy tenias compromisos, pero no sabia que trabajabas los días feriados.
El joven se quitó la gorra y se abanicó indiferente con ella. —Solamente trabajo los feriados… justamente mi trabajo consiste en distribuir la mercancía que llega en la Río Grande a los diferentes establecimientos de la Colonia.
—¿Tu solo?
—En realidad somos tres, nos repartimos todo el trabajo para poder terminar más rápido. ¿Ya has visto a los demás?
—Solo hable por teléfono con Akemi, no he visto a Mina ni a Matt.
El joven asintió y de uno de sus bolsillos sacó su Pad en cual consultó brevemente. —Me recibes ahora Brad o dejo todo esto en el medio del salón? —Como sola respuesta un trapo salió volando desde el mostrador hasta estrellarse en su rostro.
—Ni se te ocurra —exclamó Brad abriendo la puerta lateral de la barra. —¿Esta todo?
Manuel levantó el pad con la pantalla hacia el barman, quien hizo lo mismo con su propio aparato y una copia del remito de las mercancías se transfirió instantáneamente entre ambos.
—Hmmmm, perfecto. —dijo examinando la pantalla. —Ayudame a entrar las cajas.
Los paquetes no eran más grandes que una caja de zapatos, pero había al menos una veintena de ellos. Cinthya observó que no solo el café venía desde sitios distantes como Eden o La Tierra, sino también azucar, edulcorantes, tazas y utensilios varios.
—¿No fabrican ninguna de estas cosas aquí en la Rainbow? —preguntó asombrada la joven. —Pensaba que en estas naves factorías se hacía de todo….
Brad se encogió de hombros mientras tomaba los paquetes de manos de Manuel. —En teoria si, pero esto es alguna especie de acuerdo comercial con los militares… no tenemos total independencia económica…no todavía.
—¿Todavía?
Manuel y Brad se miraron un momento mientras suspiraban. —Será mejor que no te preocupes demasiado por la política de la Colonia Cin. —Dijo Manuel moviendo la cabeza.
—Vivimos unos tiempos bastante agitados en lo que respecta a la situación de la Colonia con el Gobierno Unificado —Explicó Brad. —No son cosas que sean de mucho interés para los visitantes temporarios, pero probablemente encuentres una explicación general en los boletines de noticias de la Red Rainbow.
Cinthya asintió y dejó la taza vacía sobre el platillo de porcelana. —¿Están en proceso de dejar de ser una Flota libre a ser una Colonia independiente?
—Algo por el estilo. —Respondió Brad llevando las cajas hacia la parte trasera de la barra.

La joven meditó profundamente sobre el significado de esas palabras. Un movimiento independentista en una Flota Libre no era un asunto a la ligera y menos que menos teniendo en cuenta la política de tolerancia cero que solía mostrar la NUNS para con los movimientos demasiado “entusiastas”.
Las cosas estaban cambiando por cierto, los tiempos en los que los militares controlaban a la población civil habían pasado y los gobiernos populares y democráticos tenían cada vez más peso en las decisiones de los altos mandos. Era consenso general la idea que no estaba lejana una época donde los líderes de la humanidad dejasen de ser una cúpula militar y se convirtiera en una democracia, como en los viejos tiempos anteriores a la Primera Guerra Espacial.

Un ringtone interrumpió sus cavilaciones. Cinthya consultó su Pad y vió un mensaje de Mina en la bandeja de entrada. A juzgar por el gesto simultáneo de Manuel al mirar su propio aparato, el mensaje de la joven había sido enviado a todo el grupo de amigos.
“Salgo a las 12:30, los espero en el Parque para almorzar todos juntos” —decía el mensaje junto a un emoticon sonriente.
—Eso significa que Mina no va a cocinar— exclamó decepcionado el joven mientras se sentaba junto a Cinthya. —No tengo nada en contra de la comida de Akemi, pero comparada con la de Mina son el día y la noche.
—Si Akemi te escucha hablar asi seguro te golpearia con algo. —Respondió Cinthya con un reproche. —El otro dia vi su lunchera y esa comida japonesa se veía deliciosa.
Manuel se ajustó la gorra con una sonrisa. —Eso es porque nunca has probado los platillos de Mina— aseguró. —Matt tiene una suerte enorme en que ella le cocine su almuerzo todos los días.
—¿Ella le prepara la comida todos los días…?
—Desde que eran niños. —Respondió Brad sumándose a la conversación. —Esos dos son inseparables.
Cinthya se inclinó sobre la barra apoyando sus brazos sobre la madera lustrada. —Que envidia—Dijo. —Ojala yo hubiese tenido alguien a quien cocinar en mis días de instituto…
Manuel se quedó callado sin saber que decir por lo que Brad intentó cambiar el tema de conversación. Mientras retiraba la vajilla de la barra echó una rápida mirada al Pad de Cinthya —¿Así que van a almorzar juntos? —Preguntó mientras pasaba distraídamente el paño por la superficie de madera.
—Falta la confirmación de Matt y Silvia —Dijo Manuel incorporándose. —No los ví en toda la mañana.
—Matt estuvo desayunando temprano, me dijo que iba a ver a Will al calabozo. A Silvia la vi un poco más tarde, ella y Tass estuvieron hablando y devorando pasteles hasta tarde.
—Muchas gracias por la comida Brad, estuvo deliciosa. —dijo Cinthya de improviso mientras se ponía de pie. —Voy a hacer algo de tiempo hasta la hora del almuerzo.
Brad tomó su propio Pad y envió la cuenta de la consumición al aparato de Cinthya, quien colocando su dedo en la pantalla confirmó el recibo.
—Nos vemos mas tarde Manuel —Saludó mientras caminaba hacia la salida del salón.
—Hasta luego Cinthya, ha sido un placer conocerte. —Respondió Brad mientras le guiñaba un ojo a Manuel.
—¿Que? —preguntó el joven intrigado cuando Cinthya hubo salido y las puertas de cristal se cerraron tras ella.
—¿No te diste cuenta, no?
—¿De que?
Brad movió la cabeza decepcionado. —Eso es porque todavia sos un pendejo. —Esa chica tiene el corazón roto o yo no se hacer ni un café instantáneo en saquito.
51 por Gerli
La oscuridad se hizo alrededor de Virya en cuanto el frente de la armadura se cerró por completo. Esta vez sin embargo la sensación de confort y seguridad no acompañó a la falta de luz, sino todo lo contrario. Virya se sentía una intrusa en la cabina de Yuwe, casi como un parásito.
Las luces de la cabina se encendieron al sincronizarse piloto y armadura, la pantalla principal frente al rostro de la guerrera se iluminó con los numerosos indicadores de cada uno de los sistemas, listos para el combate.
Virya se había colocado en el único lugar libre de la cabina en donde su presencia no pudiera entorpecer los movimientos de su superiora, es decir entre los pechos de Yuwe. Algo aplastada por la enorme presión de los enormes senos, desde esa posición podía ver claramente la pantalla principal buena parte de los sistemas de monitoreo secundarios, algo completamente inútil pero que su instinto la impulsaba a hacer sin darse cuenta. Pronto ambas pilotos parecían estar sincronizadas a la perfección, ya que las rutinas de observación de los diferentes sistemas eran iguales entre todos los pilotos. En el momento en el que Yuwe impulsó sus piernas para salir del hangar, Virya hizo lo mismo, solo para darse cuenta que sus piernas no estaban donde deberían
—Estese quieta Virya —Exclamó Yuwe al sentir las patadas de la pequeña Meltran entre sus pechos.

La armadura cruzó el solitario hangar volando a unos pocos metros sobre el piso metálico mientras el resto del escuadrón contemplaba en silencio la partida de ambas guerreras. Los rostros de las Meltran no ocultaban la preocupación que sentían.
Yuwe escrutó esos mismos rostros a través del monitor frente a ella y se sintió reconfortada. Pasase lo que pasase en esta misión suicida, el escuadrón de defensa número Treinta continuará dando sus vidas para proteger la flota Zentradi.
Una pequeña aceleración y la cubierta terminó repentinamente delante suyo. La oscuridad del espacio las envolvió con su manto de estrellas.

Era raro también para Yuwe el compartir su armadura con otra guerrera, pero en el pequeño espacio de la cabina y la continua sensación de contacto de la pasajera eran extrañamente agradables.
—¿Todo bien, Virya? —Preguntó
—Si Capitán.
La armadura viró ciento ochenta grados y sobrevoló la fragata Quitra Queleual cerca de la proa, iluminando brevemente con sus propulsores el casco de la nave. Todo era silencioso allá afuera y pronto la nave quedó atrás, completamente a oscuras. Ahora la enorme mole de la nave capital de Kreegan se perfilaba delante de ellas, silenciosa y amenazante, una de las máquinas de guerra más poderosas de la flota Zentradi, la enorme Nupetiet-Vergnitzs esperaba expectante a las dos Meltran que se acercaban lentamente por estribor.
Virya contempló el enorme casco y las huellas de impactos a lo largo del mismo. Le pareció que los ojos de su nuevo cuerpo le permitian distinguir detalles que antes había pasado de largo ¿Como podía ser que ojos tan pequeños como los suyos pudieran registrar tantos detalles que antes pasaran por completo desapercibidos? ¿O acaso no eran sus ojos, sino su cerebro el que había cambiado? Recordó las sensaciones extrañas que había sentido al dar sus primeros pasos fuera de la vaina de micronización, era casi lo mismo, pero ahora que estaba en la cabina de una armadura, que era el ambiente para el que había sido creada para luchar, todo se le revelaba diferente, aumentado, más… real.
Se movió inquieta en su precaria posición y Yuwe notó la intranquilidad de la piloto.
—Estamos cerca, será mejor que se prepare.
Virya asintió y respiró profundamente. Sea lo que sea lo que habia cambiado alla atras, no dejaria que interfiriera con la misión.
Yuwe activó las enormes luces del frente de la armadura y ambas contemplaron en silencio su objetivo.
La enorme estructura del misil sobresalia del casco como una excreción antinatural, desafiando con su presencia las esbeltas líneas de la Nupetiet-Vergnitzs. Las enormes luces mostraban como a lo largo del enorme misil las placas de metal se habían deformado de modo tal que el cilindro parecía estar arrugado y deformado sobre sí mismo, levemente escorado hacia abajo como si luego de impactar brutalmente aún hubiera poseído una fuerza viva que lo impulsaba a salir del agujero mortal que había hecho en el casco de su víctima.
Pero el impacto no solo había abierto una brecha en el casco, una gran sección del mismo se habia hundido hacia adentro, creando una concavidad parecida a un valle en cuyo centro se erguía la siniestra torre de destrucción y muerte.
Virya tragó saliva, si esa cosa era gigante para los soldados y sus armaduras, para su cuerpo Micrón se trataba de una verdadera pesadilla de dimensiones colosales.
—Capitán… yo
—¿Que sucede Virya?
—No tiene sentido… esa cosa es gigante, no se que pueda hacer yo con este cuerpo!
Como única respuesta Yuwe detuvo su armadura a unos pocos metros del peligroso objeto. Ahora se encontraban flotando a merced del leve campo gravitacional de la nave de Kreegan mientras las luces hacian que el misil proyectase una enorme sombra negra sobre el casco de la Nupetiet-Vergnitzs, casi como si la estuviese cortando al medio solo con la oscuridad.
—Si, por supuesto que no tiene sentido…. ¿Eso es todo, piloto Virya? ¿Algo mas que agregar como reporte de situación?
—No sea tan dura con la recluta, carece de la experiencia en combate que usted posee, Yuwe 214.
La voz que sonó por los parlantes de la cabina era extraña, sonaba a un Zentran pero con un tono que ninguna de las dos féminas había escuchado antes.
—A partir de este momento yo me haré cargo de la dirección de la misión. —Continuó hablando la voz sin esperar respuesta.
—Si señor! —Exclamaron Yuwe y Virya al unísono.
La pantalla frente a las pilotos cambió de pronto y una imagen ocupó la totalidad del espacio frente a ellas. Ahora podian ver que el que había hablado era un Zentran de pequeñas dimensiones con la cabeza extremadamente agrandada y deformada, cruzada aqui y alla por protuberancias y venas latentes que daban al conjunto una apariencia extraña y antinatural.
—Archivista Exedore! —Exclamó sorprendida Yuwe. —¿Está usted dentro de la nave?
—Por supuesto— respondió serenamente el personaje. —Ahora cierre la boca y proceda con la misión, debe apagar todos los sistemas de rastreo de su armadura, pasivos o activos, quiero que se acerque a la base de ese misil sin emitir una sola particula de energia.
Yuwe asintió y abrió la cabina frente a ella. Con los sistemas de monitoreos apagados no podía ver nada frente a ella si no lo hacía, la enorme parte frontal se elevó por sobre sus hombros y dejó a las dos Meltran contemplando en silencio la enorme mole del arma.
—Ahora avance lentamente.
El Queadluun floto en silencio con un pequeño impulso de las piernas de Yuwe, descendiendo alrededor del misil a unos pocos metros del mismo. Cuando estaban cerca de la base Yuwe reoriento la armadura de forma que quedara cabeza abajo, acercando la cabina lo más posible al casco destrozado de la nave de Kreegan.
—En posición— dijo Yuwe casi en un susurro.
—Bien, hasta ahora no detecto perturbaciones en el campo alrededor de la nave, buena señal. ¿Me recibe teniente Virya?
—Fuerte y claro— respondió la joven.
—Abandone la cabina y proceda a la zona de impacto, busque una entrada y solo informe si es necesario hacerlo, no vuelva a comunicarse conmigo hasta llegar a la cabeza de guerra del misil.
—Entendido.
La comunicación se cortó y el silencio las envolvió como antes. Virya no solo notaba los latidos de su propio corazón, sino los poderosos golpes del corazón de su compañera, que retumbaban a través de todo su cuerpo.
—¿Lista Virya?
La joven asintió y fue asida por la enorme mano de Yuwe, quien lentamente y con el mayor cuidado posible extrajo a la micrón de entre sus pechos y extendiendo el brazo hacia el exterior le dió un pequeño impulso con la palma de la mano
—Buena suerte, salva a la Capitán Vaal en mi lugar Virya!
La joven se dio vuelta mientras flotaba y contempló impasible a su compañera mientras permanecía en la cabina del Queadluun haciendo el saludo Meltran.

Lo que habia parecido una distancia corta desde la cabina del Queadluun le llevó varios minutos recorrer en gravedad zero. Virya apenas podía comprender las enormes diferencias de escala que su cerebro experimentaba con ese nuevo cuerpo. No había nada familiar que le sirviera de referencia para establecer una sola distancia, simplemente todo era demasiado grande o los objetos de su tamaño que veía, acaso por primera vez en su corta vida, no tenían nombre para ella. Las placas de metal que componian el casco de la nave no eran lisas y parejas como siempre había pensado, ahora notaba las juntas y las protuberancias de miles y miles de pequeños… ¿Que? No conocía el nombre de esos objetos que recorrían las uniones de cada placa y acaso cumplian la funcion de sostener las mismas contra el armazón de la nave. Con una sacudida de la cabeza descartó las ideas y dudas que tenia y fijó la vista delante, se acercaba a base del misil.
Lentamente flotó hacia el casco, donde las placas y el metal retorcido formaba un laberinto alrededor del fuselaje del misil, aquí y allá flotaban fragmentos pequeños de metal, atrapados en el leve campo gravitacional y girando lentamente, cada uno en una dirección ligeramente diferente. Virya extendió el brazo con precaución y se asió de una pieza de acero, tratando de hacer la menor presión posible sobre la estructura. Ahora que había detenido su avance, pudo reorientarse de modo que avanzaba hacia arriba, trepando entre los desechos hacia la oscuridad del agujero que había dejado el impacto en la nave. Había lugar de sobra para tres o cuatro Viryas micronizadas, pero eso no la hizo sentir más tranquila.
La oscuridad era completa, de una consistencia casi sólida que ninguna luz del fondo de estrellas del exterior podía disipar jamás. Sin dudar un segundo, Virya penetró en ella, completamente decidida a cumplir su misión o morir en el intento.

El tirón la tomó por sorpresa, no había tenido en cuenta que en el interior de la nave de Kreegan había gravedad artificial y en cuanto su cuerpo penetró por la abertura, todo su peso se materializó de pronto, lanzandola contra el piso que, desde su perspectiva, era ahora el techo. El golpe le arrancó un aullido de dolor, había caído desde una distancia ridícula para un Zentradi, pero que para su actual cuerpo era de varios metros de altura. Por suerte la aceleración no había sido instantánea y no golpeó el ¿techo? a velocidad terminal, pero fue un golpe fuerte y su nuevo cuerpo se resintió.
Virya quedó tendida sin poder moverse. Estaba experimentando un dolor terrible en el hombro izquierdo, en absoluto comparable a lo que había sentido en ocasiones anteriores, cuando durante los intensos entrenamientos lastimaba su cuerpo al extremo. Este cuerpo, su nuevo cuerpo era frágil, increíblemente frágil ¿Que estaba pensando el Archivista Exedore al usarla en ese plan?
Permaneció inmóvil, sujetandose el hombro herido, paralizada por el dolor y las dudas. Era la primera vez que perdía el control de su cuerpo y la idea la enfadaba. Apretó los dientes y obligó a su cuerpo a moverse.
Se dió vuelta, posando la vista en el agujero varios metros allá arriba en donde algunas estrellas asomaban en la negrura. El dolor remitia lentamente, pero seguía teniendo el costado entumecido. ¿Cuánto tiempo había permanecido ahí tirada sin moverse? Lentamente se arrastró hacia una de las paredes y apoyó su espalda contra el metal.
La misión, debía continuar con la misión.
Se puso de pie con dificultad, siempre apoyándose en la pared, que en la oscuridad de la cubierta le servía como punto de referencia para no sentirse por completo perdida. Con lentitud levantó la mano derecha hacia el casco y accionó la luz del mismo. Las tinieblas retrocedieron a su alrededor y pudo contemplar con asombro el espectáculo de ruinas donde se encontraba.
había caído en una pequeña plataforma que colgaba precariamente de solo un trozo de pared, unos cuantos metros más y hubiese caído a través de toda la cubierta interna de la nave y vaya a saber cuando hubiese golpeado contra el fondo.
La fuerza del impacto había creado una onda de choque que había aplastado varias cubiertas sobre si mismas, nada tenía sentido en ese caos de hierros y metales retorcidos, aquí y allá había pasarelas o pasillos partidos al medio o retorciéndose sobre si mismos, era incomprensible.
Solo el misil conservaba una identidad propia y, como un enorme pilar ahora un poco más estrecho, continuaba a través de la ruina, siempre hacia la misma dirección.
Ahora que por fin tenía una verdadera referencia, Virya ya no dudaba. Con lentitud y paso a paso comenzó a descender de la plataforma donde se encontraba, usando las vigas de metal que cruzaban el espacio en diferentes direcciones como precarios puentes sobre el negro abismo. No tenía entrenamiento de ningún tipo para afrontar esa situación, pero su resolución le daba fuerzas y si erraba de camino o llegaba a un punto muerto, volvía sobre sus pasos y probaba descolgarse por otro sitio, cruzando con lentitud pero decidida esa jungla de acero y desechos, siempre en dirección del gigantesco misil.

Aquí y allá, a veces trepando, otras veces balanceándose entre vigas tan estrechas que serían invisibles para un Zentradi, unas pocas veces dando un salto traicionero sobre placas que se movían incluso con su pequeño peso, Virya caminó por lo que le parecieron horas, siempre descendiendo alrededor de lo que ya había dejado de ser un misil para convertirse en una especie de edificio o estructura interna de la nave de Kreegan. A medida que descendía, el daño era cada vez mayor y los escombros estaban cada vez más apilados y juntos entre si, dificultando el avance.
Finalmente no pudo continuar, frente a ella se erguía una pared de metal doblado en varias capas, sin ninguna abertura o acceso por donde pudiese entrar. Desanimada y casi sin aliento se recostó contra la pared sin saber que hacer.
El hombro ya casi no le dolia pero se sentía cansada, mas cansada de lo que jamas habia estado antes. Su cuerpo no solo era frágil, sinó que se agotaba deprisa, era una verdadera carga para la mente. ¿Por qué habría de existir seres con cuerpos tan imperfectos? La sola idea de haberse convertido en un microniano inútil la hizo tener náuseas…. ¿Náuseas? Comprendió de pronto que lo que sentía era algo nuevo, algo que nunca habia experimentado antes, pero de alguna forma sabía la palabra para ello. Su estómago dolía, a pesar de no haberse golpeado con nada durante su trayecto, algo estaba sucediendo con su cuerpo.
Virya se sujetó el vientre con ambas manos y se inclinó hacia delante. No era justo, no iba a dejar que su cuerpo se interpusiera entre ella y la misión.
Abrió los ojos y contempló a su enemigo, la enorme torre de metal retorcido que parecía mirarla desafiante, haciendo muecas con cada una de las grietas y fisuras alrededor de su estructura. Virya se soltó el vientre. Grietas y fisuras en el misil… ¿Acaso..?

Se arrastró lentamente entre los desechos, cada vez más cerca del enorme objeto. Ahora podía ver claramente a la luz que proyectaba su casco, las paredes del misil estaban desgarradas y agujereadas por los impactos de los proyectiles del escuadrón de defensa, muchos de esos impactos eran de proyectiles más grandes que el cuerpo de Virya, sin pensarlo dos veces se encaramó a uno de ellos y miró hacia dentro.
Habia un espacio, una pequeña separación entre el blindaje externo y la carga explosiva del arma, estrecha, pero lo suficiente para permitir a su pequeño cuerpo arrastrarse a través del mismo. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas logró pasar por una de las aberturas que la metralla habia hecho y arrastrandose con el vientre pegado al interior del misil, descendió dificultosamente los últimos metros.
Jadeando, con el sudor cayéndole frente a sus ojos, se arrastró en un esfuerzo final, pasando su cuerpo por una fisura apenas más grande que su cintura y con un alarido se arrojó del otro lado y cayó un par de metros, completamente agotada y rendida, casi sin poder ver lo que habia a su alrededor.
Una Meltran de cabellos verdes la contemplaba desde las alturas, era una visión extraña pero a la vez familiar, como si no pudiese ser de otra forma. Virya giró la cabeza y vió que estaba en un lugar conocido, familiar. Era la cabina de un Queadluun y ella estaba acostada sobre el regazo de la piloto, quien la observaba impasiva, como si en realidad no la estuviese viendo.

—¿Ca- Capitán Vaal? —logró susurrar Virya, extendiendo la mano hacia lo alto, juzgando mal las proporciones de la Meltran y las de su propio cuerpo.
La guerrera pareció reaccionar ante el sonido de su propio nombre. Sus ojos, hasta ese momento casi velados por la alienación parecieron recuperar algo de brillo.
Ni la Meltran ni la Micrón se movieron durante un rato, parecían estar paralizadas en medio de un cruce de miradas infinito; Virya muy débil y dolorida para hablar y la Capitan Vaal, acaso herida o moribunda, sin dar apenas señales de vida.
De pronto virya recordó a Exedore, era hora de llamarlo, lentamente elevó su mano derecha hasta el casco y con dificultad accionó el enlace de comunicaciones.
—A- Aqui Vi-Virya —la garganta le dolía y las palabras salían con dificultad. —Es… estoy con Vaal.
52 por Gerli
La pesada pieza de armadura cayó al suelo con un golpe seco. Jim suspiró resignado y miró el trozo de metal con desagrado. Quitando todas las partes del fuselaje que habían sido dañadas por el cañon de energia le permitirían a su avión transformarse nuevamente, pero al ver la cantidad de piezas acumuladas debajo de su nave comenzó a replantearse la idea seriamente. Muchas partes críticas del VF-17S2 habían quedado expuestas al quitar las capas de blindaje, lo que no presagiaba nada bueno.
Las buenas noticias eran que solo uno de los sistemas de respaldo del caza se había freído irremediablemente y aún disponía de los dos restantes, lo que según el manual de vuelo lo autorizaba a operar el avión en emergencias, siempre y cuando el daño no implicase peligro de vida para el piloto.
Jim desconectó su pad del puerto de diagnóstico que estaba por detrás de la cabina y continuó con su tarea. Usando una llave manual purgó los restos del acople para la vaina FOLD, ahora perdida y destrozada flotando allá, en algún lugar del campo. Arrojó la pieza a la pila de chatarra y se enderezó cansadamente, no estaba acostumbrado a esa labor de mantenimiento.
Con agilidad saltó desde el caza hacia la cubierta metálica y volvió a recorrer la periferia del mismo en busca de detalles que hubiese pasado por alto. Había recorrido cada uno de los recovecos de su nave, pero aún así volvió a examinar detenidamente las partes que habían perdido su blindaje externo, poniendo especial cuidado en los enormes motores de reacción que, milagrosamente, aún funcionaban.

Extrajo nuevamente su pad y lo conectó a una pequeña abertura del motor izquierdo. Inmediatamente la pantalla del aparato mostró la información y condición del mecanismo, indicando que estaba listo para realizar un diagnóstico.
Jim repitió la operación con el motor derecho y obtuvo los mismos resultados. Todo parecía estar a punto para una prueba de arranque, solo faltaba una cosa.
—Aquí el Teniente Primero Jim Glenn ¿Me recibe Torre?
Por un fugaz momento fantaseo con escuchar la voz de Tass por el auricular del casco, pero era imposible, la chica debería estar durmiendo a esa hora y no la vería hasta la tarde… Tass, todavía no podía creer que la hubiese robado un beso en el ascensor ¿Como se había dejado llevar asi de impulsivamente por su deseo? Ojala que Tass no lo viera como un DonJuan descarado y que hacia eso con cada chica en un puerto diferente… a decir verdad ese había sido su primer beso.
—Aqui Torre ¿En que puedo asistirlo Teniente…?
La voz de Rebecca hizo volver en si a Jim, quien dejó caer el pad al por la sorpresa pero pudo atajarlo en un rápido movimiento antes que golpease el piso.
—¿...Teniente?
—Ah… solo queria informar que voy a hacer una prueba de motor en el hangar.
Por supuesto el pedido era una simple formalidad, pero Jim había decidido apegarse por completo al manual y no desoír ninguna advertencia a futuro, bastante cerca del desastre había estado el día anterior…
—¿Quiere que le envíe al equipo de apoyo, Teniente?
Rebbeca se refería al transporte con el generador, equipo que se usaba exclusivamente para poner en marcha las enormes plantas de poder de las naves que llegaban al hangar, mas no todas las naves requerían de alimentación externa para encenderse. Jim declinó el ofrecimiento amablemente.
—No es necesario….
—Llameme Rebecca, Teniente— contestó la mujer. —Ya hemos intercambiado suficiente charla como para ameritar que nos presentemos.
Jim meditó unos segundos las palabras de la controladora. Pensó en el control de vuelo de su base y de cómo a pesar de haber seguido las instrucciones de ese equipo de hombres y mujeres durante varios años, no conocía ni un solo nombre, ni siquiera un simple apodo. Definitivamente la vida en la Periferia era mucho más simple.
—No hace falta Rebecca, voy a usar las baterías auxiliares de mi nave, de paso las someto a prueba a ver que tanto sufrieron durante la explosión.

A varios cientos de metros por encima de Jim, dentro de la torre de control de la Rainbow , Rebecca suspiraba disimuladamente. La pantalla frente a la que estaba sentada mostraba una de las cámaras del hangar principal, donde podía verse en primer plano a la Río Grande y más atrás, enmarcado en el resplandor de luz que despedía un proyector solitario, el avión de Jim.
—Por cierto— agregó Jim por el comunicador— Será mejor que le avises a los del carguero que voy a hacer un poco de ruido. ¿Como son los estándares de polución acústica en la Rainbow?
—Eso tendrian que saberlo tú y Cintia, para eso vinieron ¿No? —Comentó entre risas la mujer.—La Rio Grande está terminando de descargar las últimas provisiones, no deberían tardar demasiado, pero les avisaré de tus intenciones.
—Gracias Rebecca.
—No hay de qué guapo, por cierto, el Capitán de la Rio es un ex piloto de la NUNS, tal vez quieras hablar con él o compartir un trago en el bar.
Jim levantó la vista en dirección al carguero, apenas separado por medio centenar de metros de oscuridad. La mayoría de los técnicos que se movían alrededor de la nave ya se habían retirado y solo quedaba un reducido grupo de trabajadores y un par de vehículos de transporte. Sobre la escalerilla que daba acceso a la cabina Jim vió a un hombre de pie junto a la puerta que miraba en su dirección.
El Teniente levantó la mano en señal de saludo y el hombre respondió con el mismo gesto. No estaba seguro de como pero de alguna forma sabía que aquel hombre era el Capitán de la Rio. Tal vez por su postura o por su presencia, o tal vez un mero presentimiento, pero lo sabía.

—Así que también eres rápido para hacer amigos.— Jim reconoció de inmediato la nueva voz.
—Y usted para observarme por lo que veo, Capitán— respondió con seriedad el piloto.
Amanda no pestañeó siquiera ante la respuesta. —No se preocupe Teniente, no usamos las cámaras de seguridad del hangar para espiar en su avión aunque… —La mujer hizo una pausa y miró con atención la pantalla. —A su aeronave se la ve en bastante mal estado ¿Está usted seguro que no explotará dentro del hangar?
Jim miró en dirección a la oscuridad, preguntándose donde estaria la cámara. —La inspección preliminar no muestra daño crítico— dijo. —Voy a evaluar el estado de los motores y los sistemas de navegación.
—Tiene autorización para ello Teniente— contestó la Capitán volviendo a acomodarse en el sillón— y no dude en solicitar la ayuda de mi equipo para todo lo que necesite.
Y a decir verdad era algo que Jim apreciaria. Había visto trabajar al equipo de Amanda en el transporte que había vuelto del campo junto con ellos y se sorprendió de la velocidad y eficiencia con la que los operarios desmontaron la nave y se la llevaron a los talleres de reparación. Ni una sola tuerca había quedado en el lugar donde se había posado la nave en tan malas condiciones.
A comparación, el trabajo de los técnicos de su base le parecía lenta y desganada, como si mantener en condiciones la otrora prestigiosa fuerza de cazas de la NUNS fuese una tarea mundana ¿Que estaba pasando? ¿En que se había convertido el ejército que tanto admiraba de niño?
—Gracias Capitán, pero creo que no hará falta, ya he removido todos los componentes sueltos… eso sí, le solicitaria por favor que no limpien o toquen nada, la junta de investigación querrá examinar los restos seguramente.
Unos segundos de silencio en la comunicación bastaron para darle una idea a Jim de lo importante que era la pregunta que a continuación realizó Amanda.
—Con respecto a eso ¿Ya se ha comunicado con sus superiores, Teniente?
—No. —respondió Jim. —Todavía no me he comunicado.
Por supuesto, Jim daba por descontado que si hubiese enviado alguna transmisión desde su nave, incluso con el máximo protocolo de encriptación, Amanda lo sabría. No tenía caso que intentase negarlo o hacerse la desentendida.
—El daño que sufrió su aeronave es demasiado severo, realmente me sorprende que no haya informado sobre lo sucedido.—comentó casi al descuido la Capitán.
Jim suspiró y se apoyó en una de las alas, observando el movimiento de las personas que trabajaban alrededor de la Río Grande. —Lo se— dijo. —Pero conociendo los protocolos de la NUNS es casi seguro que no moverán un dedo hasta que les informe detalladamente el estado de la nave y les de un motivo lo suficientemente justificado para que se dignen a enviar a alguien para que nos saque de aquí.
—Usted no es el único que desprecia la burocracia del gobierno, Teniente.
Jim se sorprendió ante la sorpresiva muestra de sinceridad por parte de Amanda. Burocracia… si, era una forma políticamente correcta de referirse a la inoperancia de ciertos sectores de la plana mayor de las fuerzas armadas.

Un pequeño pitido de su reloj le recordó lo tarde que era. Si queria empezar con la prueba de motor debería ponerse manos a la obra de inmediato.
—Voy a comenzar con las pruebas de motor ahora mismo— dijo.
—Copiado Teniente, puede comenzar cuando guste, la Rio Grande ya ha sido informada— contestó Rebecca.
Como confirmación de las palabras de la controladora, Jim comprobó que se había formado un pequeño grupo de curiosos que lo observaban detenidamente desde donde estaba aterrizado el carguero. Suspiró con resignación y trepó a la cabina de su caza con la misma agilidad de siempre.
Poner en marcha un avión que está apagado en plataforma se denomina inicio “Oscuro & Frío” (1) ya que el piloto debe seguir una serie de pasos para activar cada uno de los diferentes sistemas de la aeronave, desde el panel de instrumentos hasta los dos enormes motores de reacción. Por supuesto, Jim conocía todo el procedimiento de memoria y hasta podía hacerlo con los ojos cerrados (De hecho, era un requerimiento OBLIGATORIO de los pilotos de las fuerzas especiales poder hacer un inicio Oscuro & Frío con los ojos vendados y en un tiempo cronometrado) pero para una prueba de motor no necesitaba hacer el procedimiento completo.
Comenzó por conectar las baterías auxiliares, que brindarian la energía suficiente para hacer funcionar el generador auxiliar de la nave, más conocido como APU.
Una vez que las baterías estuvieron conectadas y el flujo de energía era estable, Jim encendió el APU por medio de una llave en el panel lateral izquierdo. Una vibración casi imperceptible sacudió al avión al encenderse el generador. Jim mantuvo los ojos fijos en el pequeño indicador de revoluciones, atento a cualquier anomalía en el mismo.
Al alcanzar un ritmo estable desconectó las baterías auxiliares y dirigió la energía del APU hacia el panel principal de instrumentos, que se iluminó por completo al comenzar las rutinas de carga y chequeo del software de navegación y combate.
El panel de alarmas se iluminó como un árbol de navidad, pero Jim ya estaba preparado y silenció el dispositivo manualmente. Una de las computadoras de abordo estaba completamente muerta por lo que las dos restantes se estaban haciendo cargo de los sistemas y de la revisión de los mismos, Jim notó la marcada lentitud del proceso ahora que el caza había perdido un tercio de su poder de procesamiento, las barras de comprobación se llenaban más lentamente y algunos de las pantallas ni se habían encendido todavía.
Espero pacientemente a que los sistemas automáticos le devolviese el control de la nave, cosa que demoró unos cinco eternos minutos más.

Seleccionó el motor izquierdo y, cruzando los dedos con una mano, con la otra activó la secuencia de encendido automática. El APU se aceleró repentinamente para enviar todo el poder al motor seleccionado y ahora sí, un fuerte temblor recorrió la maltrecha nave. Lentamente los alaves de la turbina comenzaron a girar cada vez más rápidamente a medida que Jim observaba los indicadores del panel de instrumentos. Veinte Mil, treinta mill… las RPM subian normalmente, pero Jim notaba que la vibración era mayor de la normal. Evidentemente la célula de la nave estaba dañada ¿Podrian repararla? ¿O su aeronave estaría condenada a ser piezas de repuesto para los pocos VF-17S2 que quedaban activos en la base?
El motor izquierdo se estabilizó finalmente y Jim suspiró aliviado. Ahora el derecho.
Repitió los mismos pasos, vigilando constantemente los indicadores para asegurarse que el motor ganaba velocidad de forma continua. La vibración del fuselaje también había aumentado y una nueva luz apareció en el panel de alarma, pero era un aviso ajeno a los propulsores. Jim tragó saliva y empujó la palanca de potencia unos pocos milímetros hacia delante.
Los motores respondieron al unísono y el caza se sacudió en el lugar, impedido de rodar por la cubierta al dejar Jim los frenos puestos.
Desde la Río Grande se elevó un coro de gritos y aplausos.
Jim sonrió satisfecho, con los motores funcionado ya tenía una preocupación menos. Empujó uno de los pedales y las toberas vectoriales del caza respondieron inmediatamente, subiendo y bajando primero y luego moviéndose hacia los lados.
Volvió su atención hacia los indicadores de presión de los fluidos hidráulicos, la verdadera sangre del caza y al responsable de que todas las partes móviles del mismo respondieran a la perfección. Cualquier disminución de la presión podría indicar una fuga del preciado líquido y ante esa situación, definitivamente tendría que quedarse en tierra.
Con alivio comprobó que la presión en el sistema primario y secundario era normal, por lo que se dedicó al último paso de la inspección de sistemas; las computadoras de abordo.
El VF-17S2 cuenta con tres computadoras ubicadas en diferentes partes de del fuselaje. Si bien cada una de ellas cumple un rol diferente, pueden intercambiar o compartir funciones o ayudarse mutuamente en caso que las tareas a realizar requieran de una mayor cantidad de cálculo. Ahora que una de ellas, la ubicada en la popa de la nave había quedado inutilizada, las dos restantes se habían repartido la carga de operaciones para mantener a la aeronave y sus sistemas operativos.
Incluso con solo el 66% de su poder de procesamiento, el VF-17S2 seguia teniendo uno de los mejores sistemas de guerra electrónica de la flota, pero asi y todo Jim no necesitaba de esa capacidad en su situación actual.
Revisó los diferentes sistemas y comenzó a desactivar manualmente aquellos que no eran necesarios. Encriptación y desencriptación de datos en tiempo real, Escaneo de bandas subdimensionales, Interferencias electrónicas avanzadas, Jim desactivó los sistemas uno a uno mientras observaba como la temperatura y actividad de las computadoras se iba reduciendo al tener menos trabajo asignado.
Algo en la lista captó su atención.
Era un detalle insignificante, pero lo suficiente para despertar la curiosidad de Jim.
Los sistemas de contramedidas estaban activos y funcionando, pero una pequeña línea doble ocupaba el lugar del recuadro que indicaba la actividad del mismo. Esa pequeña doble linea significaba que estaban activas opciones personalizadas y no las que venían programadas por defecto en los sistemas. Jim jamás había cambiado esas opciones, de hecho el manual prohibía expresamente el cambio de las mismas.
Presionó la opción de detalles y todos los sistemas de contramedidas se desplegaron en la pantalla. Tal y como esperaba todos estaban activos, desde los dispensadores de bengalas hasta los de señuelos y las interferencias electrónicas y la base de datos de señales IFF para engañar misiles enemigos. Nada parecía fuera de lugar.
—¿Seria un bug? —murmuró desconcertado. Las computadoras parecian funcionar bien y Jim podía comprobarlo hasta cierto punto ¿Pero el Software? Ya era un campo completamente ajeno a su preparación.
Pensó en Tass y en lo que la chica le había contado esa mañana en la que se habían conocido en aquel mismo lugar, bajo las mismas luces del hangar que ahora lo iluminaban. La joven era ingeniera en sistemas o algo asi, tal vez… Jim movió la cabeza como tratando de quitarse la idea de la cabeza. Tass era una civil y por más buena que sea en su campo no podría hacer nada con la avanzada arquitectura de las computadoras de su nave, seguramente hasta el lenguaje del software sería una cosa secreta y ajena a los conocimientos de los civiles.

Decidió repasar el mismo la lista de contramedidas una por una en busca de alguna pista, pero se dió cuenta que los parámetros que podía modificar era muy técnicos y pronto se perdió entre diferentes tipos de frecuencias y ondas y lenguajes lógicos. Solo cuando consultó los detalles de la vaina lanzadora de contramedidas encontró algo de información que podía entender.
La computadora detectaba cada amenaza al caza y asignaba un tipo de contramedida adecuado para cada peligro en particular. Los misiles por ejemplo podían ser combatidos de dos formas diferentes: Evasión o intercepción.
La evasión no hacía falta explicarla, pero la intercepción tenía, a su vez, dos formas diferentes de actuar; Softkill y Hardkill.
Softkill se denomina a todo tipo de interferencia o ataque electrónico hacia la amenaza en cierne. Enviar un IFF específico o crear señales de retorno de radar diferentes o incluso interceptar las emisiones de la amenaza y devolverlas cambiadas para engañar, todo estaba permitido en el campo de batalla.
Hardkill por el otro lado se centraba en destruir la amenaza por medios directos, ya sea usando las armas del caza o incluso hackeando los sensores del mismo para intentar una desactivación remota.
Los señuelos que el VF-17S2 portaban eran una combinación de bengalas y señuelos que, usados en conjunto con ciertas maniobras evasivas, se consideraban medidas Softkill de gran eficacia.
La computadora de abordo se encargaba de dispensar dichos señuelos en base a patrones programados de forma automática que evitaban al piloto el trabajo de hacerlo en forma manual y por consiguiente permitian que toda la concentración del mismo se vuelque en el vuelo y ataque de los objetivos. Había más de cincuenta patrones diferentes cargados solamente para las bengalas, que abarcaban diferentes tipos de amenazas, desde pequeños misiles guiados por calor hasta grandes misiles antinave.
Todos estaban activos y en funcionamiento, pero Jim notó algo que se repetia en forma uniforme, por lo que seleccionó uno de los patrones y examinó los detalles de ejecución. Lo que vió no tenía ningún sentido.
Uno de los valores asignaba el tiempo en centésimas de segundo de lanzamiento de bengalas a partir de la confirmación de amenaza de los sensores, pero el número era anormalmente alto. Jim trató de hacer un cálculo mental y finalmente activó el Pad con la aplicación de conversión de medidas. Lo que vió le puso la piel de gallina.
El sistema de contramedidas estaba programado para lanzar bengalas con tres horas de retraso.
53 por Gerli
—No me gusta nada— repitió Amanda por cuarta o quinta vez esa mañana.
Rebecca miró con interés a su Capitana; si Amanda estaba preocupada por algo era mejor prestarle atención y si además lo decía abiertamente era que la cosa se había puesto seria.
—¿No crees que es demasiado pronto para sacar conclusiones…?
La mujer sacudió la cabeza y se acomodó la gorra hasta casi tapar su rostro por completo.
—Pasó demasiado tiempo ya y casi todos los escenarios quedaron descartados— Amanda extrajo su Pad y tecleó una serie de comandos que pronto se reprodujeron en la enorme pantalla holográfica en el centro de la cubierta. —Incluso si no detectaron la ola primaria directamente, deberían haber detectado la resonancia posterior.
La oficial de comunicaciones sorbió un pequeño trago de su taza de café y volvió a colocarlo sobre el platillo de porcelana mientras observaba la pantalla.
—La Barrow se esta callendo a pedazos literalmente, Amanda.
—Lo se Rebbie, pero no conoces lo suficiente a Leonardo— dijo con una sonrisa. —Es la clase de hombre que hace que las cosas funcionen.

La animación que se mostraba en la pantalla reproducía una simulación de la fuerza de marea de la descarga de energia dimensional que había sido disparada en El Campo. Si bien el vector de la misma se alejaba en una dirección bien definida hacia los límites exteriores de la galaxia, la onda expansiva emitida desde el campo se extendía como los anillos en la superficie una charca en la que un niño travieso hubiese arrojado una piedra. El mapa mostraba que muchas de estas ondas habían alcanzado la posición estimada de la Barrow hacia más de trece horas.
—¿Porque no han dado señales de alarma? —volvió a inquirir Amanda. —¿Haz revisado los canales militares?
—Como cinco veces— respondió la mujer morena. —Ninguna comunicación subdimensional ha pasado por esta región del espacio en las últimas doce horas.

Amanda se reclinó hacia delante mientras apoyaba el mentón en sus manos entrelazadas. La falta de comunicaciones en el espacio que los rodeaba no era algo extraño en si, esa clase de “Blackouts” solía suceder cada cierto tiempo, principalmente por el modo en que la NUNS manejaba las comunicaciones en el espacio dimensional.

Luego de la Primera Guerra Espacial, las noticias de que la flota de Boddole-Zer no era la única armada Zentradi que viajaba por la galaxia en busca de indicios de Protocultura para borrarla de la existencia causaron no poca alarma entre los mandos de la UNSpacy.
Para empeorar aún más la situación de la debilitada humanidad, era evidente que se trataba de una cuestión de tiempo hasta que alguna de las transmisiones de radio originadas en La Tierra en los últimos 100 años revelase la posición de la humanidad a una de las tantas flotas que acechaban ahí fuera y dado que la cantidad estimada de estas últimas rondaban en los miles, las probabilidades de una intercepción y triangulación exitosa de una de ellas comenzaron a ser lo bastante alarmantes para justificar el pánico del Alto Mando.
Para el año 2009, las primeras señales de radio habían recorrido “apenas” un centenar de años luz desde su origen, por lo que era necesario hacer algo y pronto.

La solución llegó en forma de un complejo y exhaustivo control de las comunicaciones mediante la expansión planificada de la red de comunicaciones dimensional, más comúnmente llamada Red Galaxy, de forma que todo tipo de señal producida por la humanidad debía ser contenida y aislada del resto de la Galaxia.
Fue uno de los logros más importantes de los primeros gobernantes de la humanidad de la posguerra, casi tan importante como el inicio de la colonización e inmigración a través de toda la galaxia.
La clave, por supuesto, fue la tecnología FOLD.
Disponer de la capacidad de viajar más rápido que la luz hizo posible “adelantarse” a la burbuja en expansión de las ondas de radio originadas en La Tierra. Mediante la colocación de una red de interceptores a lo largo del camino de dichas ondas, se logró interferir y enmascarar las emisiones originales, creando ecos y distorsiones que ocultaran el origen de las mismas y engañaran a cualquier oyente que las interceptarse.
El plan demoró casi diez años en llevarse a cabo y demandó la instalación de miles de satélites a lo largo de centenares de años luz en una especie de “burbuja” alrededor del camino de las ondas, pero cuando finalmente se completó, la humanidad pudo respirar tranquila. Ni una sola onda de radio escaparia al cerco de interferencia galactico.
O al menos eso era lo que se pensaba.
El siguiente paso fue la instalación de la Red Galaxy, de forma que la humanidad pudiera estar en contacto a medida que se adentraba cada vez más en la Galaxia inexplorada.
Cientos de miles de satélites FOLD de comunicaciones fueron desplegados a lo largo, ancho y alto de la Galaxia, creando una telaraña de comunicaciones dimensionales que enlazaba todos los planetas, flotas y asentamientos humanos en una gigantesca red controlada exclusivamente por los militares.
Durante treinta años la Red creció y se expandió por todo el territorio, acortando los tiempos de respuesta a la vez que aumentaba la cantidad de datos transmitidos, lenta pero inexorablemente la Red cubrió la galaxia.

Pero el temor a los Zentradi no había desaparecido, no del todo.
Seguían allí, miles de flotas, luchando y aniquilando todo lo que encontraban a su paso, pero siempre lejos, siempre en dirección al centro de la Galaxia.
Bases de observación remota como la Barrow habían sido creadas por toda la periferia, para buscar y localizar estas flotas y advertir al Alto Mando a tiempo. La humanidad debía estar en guardia para evitar la aniquilación total, no volverían a tener tanta suerte una segunda vez.

Pero a medida que pasaban los años no se descubrieron nuevas flotas. Alrededor de unas veinte flotas clase V (Aproximadamente del tamaño de la flota de Boddole-Zer) habian sido identificadas y monitoreadas a lo largo de los años, pero estaban demasiado lejos de las zonas de exploración y control humanas.
Para el año 2049 se llegó a la conclusión de que ninguna flota Zentradi ponia en riesgo la supervivencia de la Humanidad, de modo que todos los esfuerzos debian dedicarse a la inmigración de la gente y no en la supervivencia.
La humanidad estaba, oficialmente, a salvo.
—Son los hombres como Leonardo Viccenzo los que nos protegen hoy en día— dijo Amanda levantándose del sillón. —La NUNS puede perder todo el tiempo que quiera mirándose el ombligo, pero son las manos de Leo las que mantienen en funcionamiento los ojos y oídos que podrían evitar un segundo Holocausto de la raza humana.

Rebbeca no respondió, pero siguió con la mirada preocupada los movimientos de su Capitana. Amanda caminó hasta la pequeña cocina que había instalada en la Torre de Control, donde una pequeña cafetera mantenía un café oscuro y aromático, siempre a punto para aliviar las necesidades de las Conejitas del puente.
—Si este apagón de comunicaciones es obra de la NUNS, peor momento no podian haber elegido para llevarlo a cabo.—lentamente llenó su taza favorita con el oscuro líquido— ¿Cuando recibimos el último paquete de datos?
—A las veintidós horas y cuarenta y dos minutos del día de ayer.
—¿Origen?
—Un “Ping” de sincronización de HGFS-37997, a treinta y cuatro AL de distancia.
La Capitana bebió un sorbo de café y comenzó a caminar alrededor de la gran proyección holográfica en forma de globo que mostraba los alrededores de la Colonia.
—Eso es casi cuatro horas más tarde del “incidente” de Ralph y los demás ¿Correcto?
—Un poco más de tres horas si ¿No crees que esté relacionado, verdad?
La luz azulada del radar iluminó el rostro de la mujer y acentuó las arrugas de preocupación en su rostro. ¿Podía todo estar relacionado? No, era imposible, la cantidad de variables que podían influir en los acontecimiento largamente planificados….
—No Rebbie, no lo creo, pero aun asi sigue sin gustarme nada. ¿Haz revisado nuestro enlace de datos a la Red Galaxy?
—Nuestro Sistema de Comunicaciones esta operativo y transmitiendo, al menos nuestros paquetes de datos están entrando al espacio dimensional sin ningún problema, pero sin feedback de los satélites no sabria decirte si están llegando a destino o se pierden por el camino.
Un pequeño aviso sonoro interrumpió el silencio de la torre de control, Amanda sintió un escalofrío al reconocerlo.
—¿Qué es eso? —preguntó Rebecca girando su silla —¿Viene de la terminal de Tass?
Amanda dejó la taza sobre una de las consolas y caminó hacia el puesto de control que usaba Tass para monitorear los sistemas lógicos de la Rainbow.
La pantalla, usualmente bloqueada con alguna fotografía de aviones o naves que le gustaban tanto a la joven, mostraba un pequeño aviso de alerta, uno que Amanda ya había visto antes.
—Es un programa de Tass de monitoreo de la Red Rainbow— explicó Amanda mientras tomaba asiento frente a la terminal.
Extrajo su Pad y activó uno de los comandos de seguridad principales del sistema de acceso universal de la nave, la llave maestra por decirlo de algún modo, pero su mano se detuvo indecisa sobre el cristal del aparato. Nunca había entrado a la terminal de Tass sin su permiso, aunque como Capitán tenía todo el derecho de hacerlo, su conciencia le indicaba que no debía hacerlo.
Respiró hondo y activó la terminal. La fotografía de un gigantesco VB-6 König Monster desapareció de la pantalla y dió lugar a la interfaz que había creado Tass para monitorear a la Colonia. Amanda no sabía ni remotamente como se manejaba esa especie de telaraña de números y palabras que se deslizaban por la pantalla en una cascada continua de datos que apenas podía seguir con la vista, mas no le importaba eso. Tocó con el dedo la ventana con la alerta de seguridad y la misma se amplió mostrando un resumen de lo detectado.

Una palabra, tan solo bastó leer una palabra para que el semblante de Amanda cambiase de color, lo que sumado a la tenue luz azul del radar, le daba a su rostro un aspecto fantasmagórico. Pero eso no era todo, en cuanto leyó el origen de la alerta, supo que las cosas habían empezado a salir de su control.

La palabra era “Virya”, el origen: la computadora de a bordo del VF-17S2 que estaba aparcado en el hangar principal.
54 por Gerli
«Deme un reporte de la situación» Había dicho el Archivista y Virya trató de describir la escena lo mejor que pudo.
—Hay sangre— dijo calmadamente. —Mucha.
Había sangre por toda la cabina de la armadura, cosa que particularmente no había llamado la atención de la joven recluta quien ya había experimentado en carne propia lo que una pequeña hemorragia podía causar en gravedad cero; la sangre se unia en bolas gelatinosas a medio coagular que flotaban por todo el espacio libre y se adherían a cualquier superficie de la cabina.
—La piloto esta en estado de shock, veo movimiento ocular y respiración lenta pero continua, numerosos traumas en la zona del tórax y miembros superiores. —La joven retrocedió hasta que su espalda tocó una de las pantallas del instrumental mientras utilizaba la luz de su casco para iluminar la parte inferior de la cabina. —Severo trauma en miembros inferiores, aplastamiento con rotura de hueso expuesta y amputación parcial. Hemorragia aparentemente contenida.
Virya terminó de hablar y guardó silencio a la espera de órdenes. Nunca había visto heridas como esas, ni siquiera durante su breve visita a la bahía médica de la fragata de Dulmei. Habia visto morir a Meltrans con heridas más pequeñas que esas.

Varios kilómetros más allá de la cabina, Exedore frunció el ceño al terminar de escuchar el reporte de Virya. —No se que suceda primero— dijo en voz alta sabiendo que solo Dulmei o la recluta podrían oír sus palabras— Si muere la piloto o explota el misil…. en todo caso debemos apresurarnos. Teniente Virya….
Si Vaal moría, la armadura moriría con ella.
—Sí señor— contestó la joven.
—Intente establecer contacto verbal con la Capitan Vaal
Virya asintió y comenzó a trepar por entre los restos del traje y las enormes formas amarillentas de espuma sólida que se habían formado para tapar las numerosas hemorragias que habia sufrido el cuerpo de la piloto. Cuando llegó a la altura del pecho se encontró frente a la terminal de monitoreo, un dispositivo circular con una pantalla que mostraba información vital del piloto, pero el cristal se había partido y las letras en Zentradi temblaban y brillaban tenuemente en un verde fantasmal.
—Pulso débil, temperatura corporal baja, falla de órganos detectada… —no pudo leer nada más, la parte inferior de la pantalla era un amasijo de caracteres ilegibles.
—¿Puede aplicar los primeros auxilios?
Virya dudó un instante, era obvio que con su tamaño no podía hacer nada por la guerrera moribunda, pero de pronto recordó su entrenamiento y supo que Exedore se estaba refiriendo al sistema de soporte vital del traje de vuelo.
—Entendido. —confirmó mientras se sujetaba de los pliegues de tela y se movía hacia un costado para alcanzar el dispositivo adecuado.
Todos los trajes contaban con un sistema que suministraba una serie de químicos diseñados para ayudar a un piloto herido a mantener el conocimiento y seguir combatiendo. Al contrario que la espuma del traje que sellaba las hemorragias, no era algo automático y el piloto era el que decidía si valía la pena utilizarlo.
El botón estaba diseñado para que hasta un herido grave pudiese accionarlo, pero incluso asi Virya tuvo que usar toda la fuerza que su pequeño cuerpo tenia para empujar el enorme cilindro rojo.
Se escuchó un sonido apagado, como si en algún lugar bajo ella se liberara una presión de aire y de pronto el pecho de Vaal se infló de repente, lanzando a Virya hacia atrás, estrellandola violentamente contra la pantalla principal.
La joven ahogó un grito y cayó sobre el regazo de la Meltran, incapaz de hacer otra cosa más que protegerse durante la caída.
Vaal temblaba violentamente y parecía que los músculos de su cuerpo se movían de forma descontrolada, a través del cristal astillado del casco se escuchó como la piloto tomó una enorme bocanada de aire y de pronto el silencio se hizo en la cabina.
Virya sentía que la cabeza le daba vueltas, no sentía su cuerpo o, mejor dicho, solo sentía el dolor como si no hubiese otra cosa más debajo de su cuello, era una sensación extraña, como si flotara.
No estaba flotando.
Abrió solo un ojo, el otro estaba tapado por la sangre que había manado de su cabeza al golpear la pantalla. Ante sí estaba el rostro de Vaal, visible a través de un enorme agujero en el cristal del casco. La Meltran había levantado a la pequeña micrón con el brazo sano y la sostenía ante si sin decidirse a hacer algo más que mirar fijamente.
Ambas mujeres se observaron en silencio, ambas heridas y confundidas, ninguna con la suficiente resolución para hacer otra cosa. Fué Vaal la primera en romper el silencio.
—¿Quien eres? —preguntó con dificultad, apenas en un susurro para otro Zentradi pero que Virya escuchó como el retumbar de una explosión.
—Soy Virya 712, piloto de Q.Nona miembro del Escuadrón de Defensa Número Treinta.
Vaal abrió la boca pero no dijo nada, de pronto la comprensión iluminó su rostro —¿Siete? —preguntó.
De haber podido, Virya se hubiera llevado el puño al pecho, pero en ese momento estaba fuertemente aprisionada por la mano de Vaal y apenas podía moverse. —Soy la piloto número Siete— asintió.
La enorme Meltran suspiró y al hacerlo un espasmo recorrió su cuerpo haciendo que una mueca de dolor se reflejara en el rostro ensangrentado.
—Capitana ¿Está..? —comenzó Virya pero la Meltran movió la cabeza de un lado a otro.
—¿Esta la nave de Kreegan a salvo? —preguntó.
Virya asintió en silencio y Vaal pareció relajarse al ver su gesto. —Por un momento pensé que estaba en medio de una ruina o un pedazo de nave flotando en medio del espacio… ¿El resto del escuadrón Treinta esta operativo…?
—Yuwe tomó el mando provisoriamente hasta que podamos rescatarla, Capitana Vaal— contestó Virya con dificultad.
—¿Bajas?
—Tres— respondió la joven recordando lo que había informado Yuwe a la Capitán Dulmei. —El resto pudo volver sin problemas.
Vaal cerró los ojos y por un momento Virya temió que la guerrera hubiese perdido el conocimiento. Al cabo de unos segundos volvió a hablar en susurros.
—Hemos triunfado entonces
—Ha sido una victoria completa.
La guerrera asintió y volvió la vista al frente. —¿Pudieron evacuar la nave de Kreegan a tiempo? La pérdida de una nave insignia es un duro golpe para la flota, pero la vida del Almirante y su tripulación es aún más importante.
Virya se mordió el labio. —Kreegan todavía está a bordo de la nave, Capitán.
— ¿A bord…? —un gesto de incredulidad se dibujó en el rostro de Vaal.
—Al igual que nosotras.
La guerrera miró a Virya desconcertada un momento, solo un momento, luego comprendió.
—Aún estamos DENTRO de la nave de Kreegan.
Virya asintió con la cabeza.
Vaal quedó en silencio mientras trataba de dar sentido a la situación. Al cabo de unos momentos abrió lentamente la mano y depositó suavemente a Virya sobre su regazo. Una vez que tuvo el brazo libre intentó accionar un control de uno de los paneles laterales de la cabina, a pesar del dolor y las heridas que dificultaban la tarea, finalmente pudo rozar con un dedo el botón que activaba las luces externas.
Un resplandor blanquecino iluminó el interior de la cabina, así como el enorme agujero al frente de la misma por donde había caído Virya.
—De-debura! —exclamó Vaal en una mueca de dolor.
La cabeza de guerra del enorme misil estaba frente a ellas, silencioso y amenazante, cerrando la salida como si de un enorme tapón se tratase.
—No puede ser...— exclamó la guerrera herida— todavía no ha estallado.
Pero podía hacerlo de un momento a otro, Virya estaba segura. Por un instante temió que incluso algo tan simple como las luces pudieran perturbar el sueño del arma y hacerlos volar en mil pedazos.
—¿Yuwe se volvió loca? Deben evacuar la nave y dejarme detonar esta cosa!
—Eso no es posible— respondió la joven de pie entre los restos del traje de Vaal.
La enorme Meltran pareció no comprender las palabras de Virya —¿No es posible? —dijo enfadada. —Esta situación en la que estamos… ¿Como se le ha ocurrido iniciar un plan de rescate cuando…? —de pronto guardó silencio y contempló el gigantesco misil. —Entiendo— dijo simplemente.
Virya tambien lo sabia, pero no había querido decirlo abiertamente.
Su misión no era rescatar a Vaal, su misión era remover el peligro de la nave de Kreegan a cualquier costo.
La guerrera cerró los ojos y respiró profundamente. —¿Quien esta a cargo de la operación entonces?
—El Archivista Exedore— respondió Virya.
—El Archivista… —el sonido del nombre pareció disgustar a la Meltran— Comprendo— dijo.
Virya abrió el canal de comunicaciones y compartió la frecuencia con su camarada.
—Aquí Vaal, esperando órdenes— se limitó a susurrar por el canal de radio.
—Soy el Archivista del Comandante Kreegan y estoy a cargo de esta misión ¿Cual es su situación Capitan?
—Sigo viva
—Algo es algo— contestó la voz por la radio. —¿Como se encuentra su armadura?
—El reactor parece funcionar normalmente, pero sin los monitores no puedo saber exactamente el estado de todos los sistemas. —dijo mientras miraba el agujero que ahora ocupaba el lugar de las pantallas de monitoreo y navegación.
Virya escuchaba la conversación por su propio canal de audio mientras miraba con atención a su compañera.
—¿Puede moverse?
—Creo que si ¿Cual es el plan?
—Vamos a desconectar la gravedad artificial de toda la nave y usted deberá empujar el misil hacia fuera lo más rápido y lejos posible.
Ambas meltrans se miraron desconcertadas.
—¿Ese es el plan?
—¿Tiene usted uno mejor? —contestó Exedore mecánicamente. —Si no es así entonces cumpla sus órdenes.
—Entendido. —respondió Vaal. —Estoy lista cuando….— de pronto el rostro de la guerrera se congeló a mitad de la frase. Virya comprendió que algo muy malo estaba pasando.
—¿Capitán Vaal..? ¿Qué sucede?
La guerrera suspiró y cerró los ojos. De pronto, de forma tan repentina que hizo saltar a Virya hacia atrás dió un fuerte golpe contra uno de los lados de la cabina.
—¡Debura! —exclamó golpeando una y otra vez el metal con su puño. —Debura! Debura!
La pequeña Meltran sólo pudo observar en silencio mientras Vaal descargaba su furia contra la maltrecha cabina. Al cabo de unos minutos que parecieron horas, la guerrera se detuvo fatigada. La sangre manaba abundante del puño herido y el pecho subía y bajaba exageradamente cuando intentaba respirar con dificultad.
—Vaal…
La Meltran abrió un ojo y miró a su compañera. —Se acabó— dijo en un suspiro. —No puedo mover mis piernas Virya.
La joven guerrera cayó de rodillas con la mirada en blanco. No había nada más que hacer. La misión había fracasado. Permanecieron en silencio mientras el universo giraba en torno a ellas, incapaces de hacer algo más que respirar. Un Zentradi que no puede luchar no servia para nada.
—Estoy segura que Yuwe será una excelente Capitana— dijo de pronto Vaal con la voz aún más débil que antes— deberías salir ahora que puedes y regresar al Escuadrón Treinta Virya…
—Me niego a fracasar en mi misión— contestó la joven obstinadamente con la cabeza baja.
Vaal suspiró profundamente. —Yo estoy acabada, pero tu eres una guerrera con un potencial increíble. Desde que te vi en el campo de batalla lo supe. ¿Y sabes que? —La Meltran extendió la mano lo más delicadamente que pudo y con la punta del dedo índice obligó a Virya a levantar la cabeza para mirarla a los ojos— Creo, Virya, que tu muerte sería un golpe más duro para esta flota que la pérdida de esta nave…
—Capitán… yo..
Vaal sonrió complacida. —Vete, es una orden.
La joven guerrera se puso de pie de inmediato. Era una reacción automática que su cuerpo ejecutaba al recibir una orden. Virya temblaba, no sabía porqué, pero su cuerpo y su cabeza parecían dos entidades separadas. Casi sin darse cuenta comenzó a escalar las paredes deformadas de la cabina en dirección al enorme agujero por donde había caído. Salir iba a ser mucho más difícil que entrar, especialmente con las heridas que su débil cuerpo había recibido. Jadeando, casi sin aliento logró encaramarse a un reborde de metal doblado y de pronto estuvo fuera de la cabina. Las luces de la armadura iluminaban la cubierta donde estaban atrapados, pero Virya veía perfectamente varios pasillos que comunicaban las diferentes cubiertas de la nave. Si pudiera seguir uno de ellos hasta alcanzar el hangar o una esclusa de emergencia…
Sintió un ligero estremecimiento y su cuerpo comenzó a sentirse más ligero. A su alrededor pequeñas esquirlas de metal y vainas de munición comenzaron a elevarse lentamente.
—La gravedad artificial— exclamó asombrada Virya.
Se dio vuelta y contempló la maltrecha cabina del Queadluun. Vaal se veía tan pequeña desde ahí arriba, tan vulnerable....casi parecía tan micrón como ella.
De pronto algo cambió en su cabeza.
Virya lo sintió o, mejor dicho, dejó de sentirlo. Había algo que dirigia su vida, su lucha, su misma existencia.
Eso ya no estaba.
Por primera vez en su vida, Virya estaba segura de ser la dueña de todo su cuerpo. Estiró un brazo y se sujetó de una viga transversal, entonces se inclinó hacia abajo y dió un pequeño impulso con sus pies en dirección a la cabina.
En dirección a Vaal.
La veterana guerrera abrió los ojos sorprendida al distinguir la pequeña silueta que flotaba hacia ella resaltando nítidamente en el fondo iluminado por los reflectores de la armadura
—Virya regrese ¡Es una orden!
—No
La palabra dejó boquiabierta a Vaal. «No», nunca habia escuchado esa palabra en boca de una subordinada.
—Tu… tu no puedes negarte a recibir una orden… Virya ¿Que sucede? —El rostro de la guerrera estaba pálido, había duda en los ojos verdes y los labios le temblaban visiblemente.
Sin decir una palabra, Virya se agarró de los restos del traje de Vaal y se colocó sobre los enormes bloques de espuma aislante.
—Aqui Virya— gritó por radio ¿Me reciben?
Del otro lado de la transmisión se hizo un silencio. De pronto la voz de Exedore resonó por los parlantes. —¿Qué sucede? ¿Aún no han comenzado a moverse?
—Las piernas de la Capitán Vaal están paralizadas, yo voy a pilotar la armadura en su lugar— respondió Virya con un extraño tono de voz.
55 por Gerli
La pantalla se apagó y la tenue luz anaranjada volvió a iluminar la celda (o mejor dicho la habitación) de Will. Matt se había recostado en la cama de su amigo con la espalda apoyada contra la pared mientras miraba la proyección de su Pad en el espacio libre que hacía de pantalla y lugar de proyección en el pequeño espacio.
—Un cañon de Energia Dimensional...—exclamó Will con un silbido. —ofrecería uno de mis riñones por la oportunidad de presenciar una descarga de una de esas cosas.
El joven caminaba por la celda describiendo la capacidad destructiva de la terrible arma con grandes gestos de sus brazos, luego se sentó al lado de Matt y tomando el Pad de su amigo buscó un video en los archivos.
—Mira— dijo señalando la pared.
El aparato proyectó la imagen hacia la zona libre de la pared y el video en Alta Resolución llenó todo el espacio. Matt conocía la enorme mole gris que ocupaba casi toda la pantalla y no se sorprendió cuando la imagen mostró como todo el frente de la nave se separaba en dos y un enorme rayo de color naranja arrasaba con todo el frente de la isla, montañas y playas incluidas, para acertar de lleno a un par de naves exploradoras Zentradi que acababan de entrar en órbita del Planeta Tierra.
—Es el mismo tipo de arma Matt, el cañon de energia de un Gunship (1) del Ejército de Supervisión— explicó su amigo entusiasmado.
Matt por su parte ya conocía el video de memoria, era parte de la iconografía popular, como el incendio del Hindenburg o las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Retazos de la historia cada vez más lejana. Miró a su amigo y suspiró profundamente; Tass no debía de haberle enviado esa grabación de video de una de las cámaras de vigilancia del Campo, lo que menos necesitaba su amigo ahora era obsesionarse con otra clase de armas, mucho más peligrosas y letales que los misiles.
¿Entonces? —preguntó tratando de cambiar de tema
Will bajó los brazos y miró con calma las fotografías de la pared. —Que sea lo que tenga que ser, Matt— dijo volviéndose con una sonrisa en los labios.
El joven pelirrojo lo miró atónito. —Amanda no va a dejar que te extraditen Will.
—¿Estás seguro? —Contestó su amigo mientras daba unos pasos por el centro de la celda. —Amanda no es lo todopoderosa que creíamos cuando éramos niños Matt… si tiene que arrodillarse ante los militares para que dejen en paz a su Colonia, lo va a hacer, no te quepa ninguna duda.
—Sos un Colono, sos parte de lo que ella juró proteger.
—¿Proteger?— Will miró fijamente a su amigo —¿Este montón de chatarra? No me hagas reir Matt… el único peligro que corremos es que algun dia Gray se jubile y nos quedemos sin nadie que nos traiga verduras frescas todos los meses.
Matt le devolvió una mirada fulminante. —No— dijo. —Es cierto. Tal vez no nos amenace nada ahora mismo, pero al menos Amanda hace lo posible para protegerte de ti mismo.
El asombro de Will dio paso a un gesto ofendido. —¿Desde cuando estás de lado de Amanda? —dijo con sorna.
—Vos sabes perfectamente de que lado estoy Will. —No quiero que ninguno de mis amigos se haga daño.
—Jamás quise poner en riesgo la vida de nadie.
—Y sin embargo lo hicistes.. Cinthya…
—¡Ah! —Exclamó Will señalando al joven pelirrojo con el dedo —¡La inspectora Cinthya! ¿Esa era toda tu preocupación, Matt?
El joven se sonrojó, pero no supo si era por efecto de la vergüenza o la furia.
—Casi matas a ambos ahi afuera. A Cinthya y al piloto que la transportaba —dijo apretando los dientes.
—No. —La negativa de Will sonó con un tono grave. —Fueron ellos los que se arrojaron sobre el peligro, fueron ellos los que actuaron de manera suicida.
—¿”Ellos”? —Matt se puso de pie de un salto. —Cinthya no pilotaba esa nave Will, ella es inocente.
Will se acercó a Matt, le sacaba casi una cabeza de altura por lo que al hablar lo miraba desde arriba.—Entonces no me recrimines a mi, ve a gritarle a ese piloto de pacotilla que se arrojó de cabeza a un enjambre de misiles.
Matt cerró los puños con fuerza —No es posible!
—¿Que no? —Will se cruzó de brazos. —Lo vi todo por el radar EWR de la plataforma, el piloto aceleró hacia los misiles en el momento en que los enganchó.
—«Lo… viste?» —la voz que sonó por los intercomunicadores hizo sobresaltar a los dos amigos
—¿Tass? —Preguntó Will mirando hacia el techo —¿Desde cuando estás escuchando…?
—¡Will! —Exclamó la voz de la joven —!Me dijiste que no habías detectado al VF-17 en el EWR en el momento de lanzar los misiles! ¡Lo juraste!
El joven retrocedió asustado, como si temiese a la voz que provenía desde el techo
—Yo..
Ahora Matt podía ver claramente cómo el sudor perlaba la frente de su amigo ¿Qué demonios estaba pasando?
—Tass no, no fue así..
—Will idiota! ¡Eso lo cambia todo! Si disparaste adrede los misiles contra una nave de la NUNS en el radar no tienes ninguna excusa posible! ¡Había una civil a bordo, van a condenarte por terrorismo!
—¡No! —gritó el joven. —¡No soy un terrorista Tass, yo no sabia que habia una civil a bordo de esa nave! El joven se agachó y quedó de cuclillas mientras se tomaba la cabeza con ambas manos. Matt jamás había visto a su amigo así.
El silencio envolvió la celda como un pesado manto, solo roto por los sollozos del joven acurrucado en un rincón. Matt estaba paralizado y miraba con ojos abiertos la escena sin saber que hacer. Solo el zumbido de su pad pudo sacarlo del trance en que se encontraba.
—Matt, contesta de una puta vez! —se oyó imperiosa la voz de Tass por el parlante.
Matt levantó el aparato y se lo llevó mecánicamente al oído.
—Tass… ¿Que sucede? ¿Porque…?
—Pueden fusilar a Will si lo encuentran culpable del cargo de terrorismo Matt, eso es lo que sucede.
El rostro de Matt se puso tan pálido que parecía de un color grisáceo.
Todos los recuerdos de su infancia, las incontables salidas con su grupo de amigos, las travesuras compartidas. Todos los momentos vividos hasta entonces desfilaron frente a sus ojos.
—Tienes que ayudarlo— dijo con un hilo de voz —¡Tenemos que hacer algo Tass!
—Maldición… ¡Maldición! ¡Maldición! —repetía la joven.
—¿No puedes eliminar los registros, Tass?
Se oyó un golpe sordo, como si Tass hubiese golpeado algo que tuviese cerca. —No soy Hacker Matt, si es a lo que te refieres… apenas soy una simple Emuladora...no, los datos de la red EWR están fuera de mi alcance… solo puedo revisarlos, no puedo modificarlos ni borrarlos… ¡Maldición Will, no puedo creerlo!
Se volvió a escuchar el golpe sordo y el silencio volvió a reinar en la habitación.
—Hay que sacar a Will de la Colonia— dijo finalmente Tass
El joven pelirrojo dejó que el Pad se deslice fuera de su oído. ¿Esa era la solución? ¿Convertir a Will en un fugitivo?
—Tiene que haber otra manera— dijo en voz baja
En ese momento Will pareció reaccionar a la voz de Matt y levantó la cabeza. Tenía los ojos rojos y llenos de lágrimas.
Matt se agachó y puso una de sus manos en el hombro de su amigo. —Vamos a ayudarte, no se como pero no vamos a dejar que esos militares te maten Will.
—No quiero morir Matt, yo no sabia… enserio.
—No te vamos a abandonar viejo, nunca.
Will abrió los ojos y miró incrédulo el rostro de su amigo, entonces se largó a llorar. Matt nunca lo había visto llorar a lágrima viva como lo hacía en ese momento.
—Will….
El joven apartó la mano de su amigo de un golpe —¡No me lo merezco! —gritó de pronto —Soy un traidor Matt, no merezco que me sigan llamando amigo!
—Will…que estas..?
Pero el joven no lo escuchaba. Víctima de un ataque de nervios se había recostado en el piso mientras se abrazaba fuertemente.
—Will…. —Matt estaba destruido. El ver a su amigo reducido a semejante estado era como una lanza clavada en su pecho. Sentia que debia hacer algo pero su cabeza se negaba a obedecerlo. Solo podía estar ahí, parado frente a su amigo, con los puños cerrados y las uñas clavándose en las palmas de sus manos. Completamente impotente de cambiar el destino de sus seres queridos.
La llamada imperiosa de Tass lo trajo devuelta. Se agachó como en sueños y recogió el Pad que había caído minutos antes al piso de la celda.
—¿Matt? ¿Estas ahi?
—Tenemos que hacer algo Tass…. lo que sea, tenemos que salvarlo!
Tass acomodó el auricular en la otra oreja y respiró hondo. —Escucha Matt, lo primero es controlar la situación, hagamos lo que hagamos no ganaremos nada perdiendo la cabeza ¿Me sigues?
—Te sigo.
—Bien, lo primero es analizar la situación con la cabeza fría, evaluar nuestras opciones y elegir lo mejor para Will. ¿Como se encuentra?
Matt miró a su amigo, acurrucado en un rincón había adoptado una posición fetal. Hipaba y sollozaba a intervalos regulares.
—Está teniendo una especie de crisis Tass.
—Me lo imagino. Trata de ver en la oficina del guardia si hay alguna caja o gabinete de primeros auxilios, debería haber algún calmante o algo.
Matt salió de la celda y se dirigió a la pequeña oficina desierta, apenas amueblada con un escritorio, una silla y varios monitores de seguridad. Sobre una de las paredes colgaba un pequeño botiquín blanco al lado de un extintor y un panel de control de vigilancia.
—¿Que debo buscar? —preguntó el joven mientras abría el botiquín y contemplaba las hileras de pequeños frascos y cajas.
—No creo que haya un calmante ahí adentro, pero busca alguna pastilla o gotas para dormir. Tass le pasó a Matt algunos cuantos nombres genéricos de medicamentos hasta que el joven localizó unas gotas que coincidian con lo que estaba buscando.
—Dale diez gotas de eso diluidas en agua Matt— explicó la joven que al parecer había estado consultando la información en alguna base de datos. —Deberían bastar para tranquilizarlo.
—¿Quieres dormirlo? —Preguntó el joven confundido
—Quiero ganar tiempo. Al parecer las comunicaciones de la Red Galaxy estan caidas y estoy segura que Jim no informó de lo sucedido a sus superiores.
—¿No puedes convencer al piloto para que no reporte a Will?
A través del auricular escuchó el suspiro profundo de la muchacha. —Tal vez Matt.. no lo sé… Jim es una buena persona pero tiene un gran sentido del deber. Voy a hablar con él pero creo no es Jim el problema…
—Es Amanda —dijo el joven mientras entraba a la celda. —Si ella se entera de esto…
—No nos apresuremos Matt, resolvamos un problema a la vez.
Will seguía en el mismo sitio asi que Matt se acercó a la mesita auxiliar cerca de la cama y tomó la jarra de agua que se encontraba junto a un vaso de metal. Llenó con cuidado el recipiente y colocó las gotas tal como Tass le había indicado.
—Bébete esto Will —rogó a su amigo mientras lo sostenía firmemente con un brazo alrededor de la cintura.
El joven parecía carecer de toda voluntad, apenas el vaso tocó sus labios bebió el líquido a medida que Matt lo inclinaba para ayudarlo. —Eso es viejo, vas a estar mejor, te lo prometo.
Will sollozó un poco y se recostó nuevamente. Matt suspiró y haciendo uso de todas sus fuerzas levantó a su amigo con dificultad arrastrándolo hasta la cama.
Matt acomodó la almohada bajo la cabeza del joven. Will abrió un poco los ojos y miró a Matt con gratitud. —Harmony está lista, ve y úsala —dijo y se quedó dormido.
Matt se quedó unos momentos viendo como la respiración de su amigo se hacía más pausada y regular. Finalmente salió de la celda cerrando con suavidad la puerta corrediza
—¿Listo? —Preguntó Tass
—Está durmiendo.
—Bien, será mejor dejarlo solo por el momento. Tu ve a almorzar que yo lo vigilaré por el sistema de monitoreo.
—Gracias Tass— dijo el muchacho mientras caminaba por el pasillo que comunicaba los calabozos con la oficina de seguridad. —No sabía.. te juro que no sabia que hacer...
—Confía en tus amigos Matt, eso es todo lo que debes hacer— dijo la joven y cortó la comunicación.

El joven pelirrojo caminó hasta el elevador mientras meditaba en las últimas palabras de Will antes de quedarse dormido; “Harmony estaba lista” se repetía en su mente ¿Pero acaso tendría el valor de usarla? Will era quien debía acompañarlo durante su primera experiencia pero ahora… ¿Podría usar a Harmony para sacar a su amigo de la Colonia?
Las puertas se abrieron frente al joven y este entró inmediatamente, colocando el Pad cerca del sensor para activar su autorización de uso.
Al hacerlo el panel de botones se iluminó en verde y Matt permaneció unos segundos mirando los pequeños rectángulos de plástico con números y letras que formaban el teclado del elevador ¿A donde ir? Tocó un botón cualquiera y dejó que el aparato lo llevara adonde quisiera.
Las puertas se cerraron con un leve chasquido y Matt comenzó a ascender por el interior de la gigantesca nave.
Su Pad comenzó a vibrar indicando que había una llamada entrante.
Matt bajó la vista y observó la fotografía de Akemi junto a su número de identificación y nombre del contacto. Hizo un gesto cortante con la palma de su mano libre y el aparato colgó la llamada. tarde o temprano tendría que comunicarle las malas noticias a Akemi y los demás… pero no hoy, no ahora. Tass tenía razón en algo, no era prudente apresurarse. Si iban a hacer algo por Will, mejor hacerlo juntos y en común acuerdo.
«Traidor» Las palabras de Will acudieron a su mente ¿Por Qué había dicho eso Will? ¿Que podía significar?
El había hecho lo que siempre hacía, disparar salvas de misiles lejos de la Colonia, en la periferia del campo. Era una estupidez y había sido castigado docenas de veces, pero nunca habia en puesto en riesgo su propia vida ni la de los demás, era algo que Will siempre se tomaba muy en serio.
Y sin embargo… algo en la cabeza de Matt sonaba con un ruido desagradable, como una máquina mal ensamblada cuyas piezas no encastraban del todo. Will siempre había tenido planes descabellados en mente, pero eran parte de su juego. Incluso la idea del Proyecto Harmony había parecido una locura en cuanto lo discutieron hacía casi dos años atrás y fue necesaria toda la ayuda de Tass y el mismo para llenar los huecos que el plan de Will tenía desde el principio.
¿Era este un plan de Will que había intentado realizar sin ayuda de sus amigos? ¿Acaso lo había hecho todo a propósito sin prever las consecuencias que implicaba involucrar a los militares? ¿Con qué fin? Incluso si como decía Will, si los misiles no hubieran presentado un peligro real para el piloto… su amigo estaba convencido sobre su destino en cuanto las noticias de lo sucedido hubiesen alcanzado a los superiores del piloto. La extradición para su interrogatorio sería era el siguiente paso…. entonces..
—Hijo de puta.
Matt golpeó con fuerza la pared del fondo del elevador. Fué una reacción de pura furia que hizo estallar el espejo que cubría la parte superior de la pared. Los pedazos de cristal saltaron en todas direcciones mientras el muchacho mantenía el puño aplastado contra los restos de espejo y sangre que caían hacia el suelo.
—Maldito seas Will… ¡Maldición!
Las puertas se abrieron y Matt salió tambaleándose del elevador. Tenía la mano derecha sangrante y con varios pedazos de cristal aún clavadas en la carne, pero el joven no daba muestras de sentirlos.
Ahora lo comprendía todo. Era demasiado claro.
Will había intentado irse de la Colonia de la única forma en la que no hubiese tenido que dar explicaciones. Por la fuerza.
—Idiota.. Idiota! idiota! —repetía Matt mientras caminaba por el largo pasillo apoyado en una de las paredes de metal
Su amigo no tenía el dinero suficiente para pagar un pasaje fuera de la Rainbow. Tenía un empleo y un buen sueldo claro, pero así y todo hubiera necesitado varios años de duro trabajo para juntar el dinero necesario para costearse un viaje fuera de la Colonia… ¿Y con qué fin? Había sido un plan extremadamente estúpido, digno de Will por supuesto ¿Porque no lo había sospechado antes? Eran demasiadas casualidades, demasiadas.
Y sin embargo no lo habían visto, no hasta que fue demasiado tarde. Ahora la vida de Will dependia de factores completamente imprevisibles ¿Que haría Amanda? ¿Y el piloto? ¿Y Cinthya?
El pensar en ella lo hizo detenerse. Ahora la mano le dolía mucho y la sangre goteaba sobre las placas metálicas del piso de forma que había estado formando un pequeño rastro desde que saliera del elevador. Miro hacia ambos lados, sin recordar como había llegado ahí ni donde estaba. Al final del pasillo vislumbró una luz blanquecina, por lo que decidió seguir avanzando por el mismo camino.
Para su sorpresa salió al hangar principal de la Rainbow.
Reconoció inmediatamente el enorme recinto, lleno de cables y materiales de construcción formando altos montículos ordenados a cada lado de las calles de acceso de los vehículos de transporte de personal.
Las luces estaban apagadas, salvo por una serie de reflectores blancos que iluminaban un sector del hangar unos cien metros más adelante. Matt suspiró y fue hacia allí.

Al dar la vuelta a un enorme rollo de cable de alto voltaje se topó de frente con una aeronave extraña. Era de un azul oscuro casi negro, aunque por las manchas desiguales del fuselaje era evidente que la pintura quemada hacía parecer a la nave mucho más oscura de lo que era en realidad.
Matt no era un experto en hardware militar como Will o Tass, pero no dudó ni por un segundo que esa aeronave no fuera el caza donde Cinthya había llegado a la colonia.
Incluso para el poco entrenado ojo de Matt el mal estado de la aeronave era evidente. Le faltaban varios paneles y el triángulo que formaban las alas estaba bastante torcido en los bordes.
Se acercó lentamente, sintiendo un temor reverencial hacia esa extraña máquina de destrucción, que incluso en reposo y sin nadie a bordo parecía irradiar un aura de peligro inminente.
La cabina estaba cerrada y las esperanzas de Matt de poder hablar con el piloto se desvanecieron en el aire. Después de todo ¿Qué podía hacer? ¿Pedirle por favor que no denunciara a su amigo? Extendió la mano izquierda y acarició el borde del ala. Sentia el frio del metal y la textura irregular cruzada de marcas y rayones, como si de una piel imperfecta se tratase.
—¿Matt?
La voz lo sorprendió e hizo que retrocediera de inmediato. Había alguien del otro lado del caza, al parecer recostado contra el tren de aterrizaje y envuelto en las sombras que proyectaba el fuselaje.
La sombra se incorporó y agachándose pasó por debajo del avión, saliendo de pronto a la luz frente al confundido muchacho.
—¿Cinthya? —Atinó a preguntar Matt con apenas un hilo de voz.

El mundo parecía haberse detenido para ambos.
56 por Gerli
—¿Cómo dijo?
Mina no había escuchado mal, simplemente no podía creer las palabras del Doctor Evans.
—Al mismo tiempo— respondió el hombre mientras deslizaba un dedo sobre su Pad.
La joven volvió a inclinarse sobre el microscopio. Lo que veía era una estructura cristalina color violácea, similar al cristal de Cuarzo aunque no reconocía a que clase de ordenamiento pertenecía. No habia ejes de simetría, los componentes del cristal parecían emerger de puntos al azar en su estructura en vez de formar los hexágonos característicos.
—El color no es causado por ningún mineral— dijo ajustando el haz de luz del microscopio para enfocar mejor el objeto. —No parece absorber ningún patrón de luz tampoco ¿Infrarrojos o Ultravioletas?
—Esta clase de mineral no absorbe la luz— explicó el hombre más interesado en el contenido de la pantalla que en la curiosidad de la joven.
Mina levantó la vista una vez más dejando que sus ojos se acostumbraran a la luz difusa del laboratorio. —Me parece algo increíble— dijo. —Un material asi no deberia ni siquiera existir… viola toda clase de leyes físicas conocidas… ¿Como es posible?
—Si lo supiera ahora mismo tendría un premio Nobel en este escritorio— exclamó el hombre con una carcajada. —Así de misterioso es el Cuarzo Fold.
—Un material que existe en dos dimensiones al mismo tiempo —La simple idea le parecía ridícula. —La cantidad de energía necesaria para transportar materia entre dimensiones hace imposible que un objeto pueda mantener una forma estable si dicha energía es interrumpida durante la transición… ¡Y esto ni siquiera está formado por elementos estables!
Sin esperar respuesta extrajo el portaobjetos de cristal y observó el pequeño punto violeta que se destacaba en el centro.
—¿De qué estará hecho? —se preguntó a si misma mientras giraba la cabeza en dirección a uno de los aparatos que ocupaba uno de los anaqueles de la pared opuesta. Evans captó la mirada y el gesto de la muchacha de inmediato.
—Ni se te ocurra.
Mina apartó la vista del espectrómetro láser con la decepción pintada en el rostro, pero comprendía perfectamente el porqué de la advertencia de Evans; la muestra era muy pequeña y si la vaporizaban para analizar su composición se quedarían sin nada.
—Es tan pequeño… —exclamó con un suspiro.
—Así y todo demoraron CINCO años completos en aprobar el envío de una mísera muestra… y creo que al final lo hicieron porque se han cansado de no conseguir resultados en todo este tiempo. —Evans señaló el Espectrómetro con el Pad— no te preocupes por la composición, está hecho de materiales relativamente conocidos, puedes encontrar esos componentes en cualquier enana negra.
—¿Osea que esta hecho de estrellas muertas?
—No suena muy poético ¿Eh? —dijo el hombre mientras se levantaba tras el escritorio. —En todo caso el misterio con esta cosa no es su composición… es como está construido y por qué.
Mina colocó el portaobjeto en el cofre de muestras con mucho cuidado. —¿Fabricado? —preguntó intrigada. —¿Es artificial?
—Al menos esta muestra lo es —dijo Evans señalando la pantalla de la pared —Mira.
Usando el Pad proyectó una serie de imágenes que había estado seleccionando previamente. La geografía resultó sumamente conocida para Mina.
—La Isla Mayan —exclamó sorprendida ¿Que tiene que ver…?
—Por el momento, todo. Esta cosa viene de ahí.
La joven caminó unos pasos hasta que su nariz estuvo a pocos centímetros de la imagen. —¿Es tecnología de la Protocultura entonces?
—Eso parece— explicó el hombre. —Hace relativamente poco que nosotros los investigadores independientes tenemos acceso a la documentación y evidencias de los sitios arqueológicos Pre-ASS-1, por lo que muchas piezas del rompecabezas todavía no estaban ni siquiera frente a nuestros ojos. Ahora que el Gobierno Unificado ha empezado a desclasificar informes de esa época tenemos algo más de material con el que trabajar.
—Estos cristales… ¿Que hacía la Protocultura con ellos? —preguntó la joven.
—No sabemos— dijo Evans encogiéndose de hombros. —La tecnología del AFOS era similar a la encontrada en la ASS-1, al menos eso es lo que se desprende de los análisis forenses del espécimen que estuvo en poder de los militares antes de la finalización de la Guerra de Unificación
—¿Estuvo? —preguntó la joven confundida —¿Fue destruido?
—Tampoco se aclara en los documentos, pero teniendo en cuenta las enormes bajas sufridas por la Task Force de la UN, no sería extraño. Lei que solo sobrevivió el Portaaviones Asuka II al ataque de las fuerzas AntiUN
La joven asintió en silencio. —¿Y los cristales…?
—No había de esos cristales en la ASS-1, ni nada remotamente parecido a ello. La mayoría de los investigadores creen que es una tecnología exclusiva de la misión que realizaba el AFOS y no tenía aplicación militar en sus naves de combate.
La imagen de la pantalla mostraba ahora un emplazamiento submarino. varios sumergibles y sondas de exploración iluminaban un profundo nicho en la roca rodeado por varias estructuras coralinas de extraño aspecto.
—Este es el “nido” donde estuvo oculto el AFOS hasta la batalla de la isla Mayan, de aquí provienen las muestras de los cristales.
—¿No se tratará de un subproducto de desecho? —preguntó la joven acercando y alejando la imagen con los movimientos de su mano
Evans se rió con ganas —¿Excrementos? No lo creo… ojala la Protocultura cagase estos cristales, solo tendríamos que buscar sus baños por toda la galaxia y entonces obtendriamos mas muestras para estudios... pero no — dijo al observar el gesto de desagrado de Mina. —Lamentablemente no es así y solo podemos teorizar con las pocas muestras que tenemos.
Mina se alejó de la pantalla pensativa mientras Evans la observaba con atención. —Sabía que te iba a interesar —dijo el hombre. —Es la pista más importante que tenemos sobre la intervención de la Protocultura en los planetas con desarrollo de vida inteligente… claro que no es justamente eso lo que interesa a los militares.
Mina asintió con la cabeza. —Ni hablar… de seguro encontrarian una forma de convertir esto en un arma dimensional.
—Cosa que dudo mucho que logren a estas alturas… después de todo la Protocultura es la raza más avanzada de la Galaxia y nosotros apenas hemos arañado un poco en su historia y copiado algunas de sus obras más importantes, pero estos cristales… estos cristales son algo diferente— dijo el hombre señalando el contenedor blindado donde descansaba la preciada muestra. —Mira esto.
Evans tomó la muestra de dentro de la caja y la llevó hasta una de las mesas de estudio. Luego de colocarla cuidadosamente en el centro de la misma estiró un brazo y desplegó un instrumento que estaba adherido al techo, una especie de campana metálica que cubrió casi la totalidad de la mesa.
Luego de cerciorarse que la muestra estaba justo en el centro del aparato caminó hasta el escritorio y se sentó frente a la pantalla haciendo un gesto con la mano para que Mina se acercara.
La joven se puso tras el investigador y observó la pantalla frente a ellos.
Evans introdujo una serie de comandos con el teclado y la intensidad de la luz del laboratorio bajó aún más, ahora solo los rodeaba una penumbra azulada producto de las numerosas pantallas holográficas desparramadas por la habitación.
Una melodía comenzó a sonar en el laboratorio.
Mina reconoció inmediatamente de que se trataba al escuchar las primeras notas del piano pero no estaba en absoluto sorprendida; Evans usaba al pobre de Matt para sus investigaciones desde que el chico había puesto sus manos en un piano. Lo que verdaderamente la sorprendió fue la reacción del cristal a la música
—Esta emitiendo luz— exclamó asombrada viendo la imagen del cristal agrandada e iluminada por una cámara montada en la campana que descansaba sobre la mesa.
El cristal brillaba levemente al principio pero comenzó a aumentar la intensidad a medida que el piano de Matt aumentaba la intensidad de las notas, perfectamente sincronizado con la melodía.
—¿Sound Energy? —preguntó Mina aunque era demasiado obvio. —¿Está resonando con la música?
—Esta absorbiendo la música, Mina
La joven miró la pantalla y luego miró al hombre —¿Absorbiendo?
—En este momento la música de Matt está entrando al espacio dimensional a través del Cristal Fold.
Mina sacudió la cabeza. —Creía que la Sound Energy se propagaba al mismo tiempo por ambos espacios ¿Como es posible que sea absorbida de esta dimensión?
—Velo por ti misma.
Un holograma se proyectó sobre la mesa donde descansaba la muestra. Era una grilla de finas líneas verdes que formaba un campo de observación cuyo centro era la muestra de Cristal FOLD.
—Ahora observa la Sound Energy interactuar con el campo— dijo el hombre mientras presionaba una tecla.
De pronto la grilla se llenó de un patrón de olas sobre la superficie de líneas, como olas en un mar de jade agitado por un viento fuerte. Tal como había dicho Evans, en el centro del campo se había formado un remolino donde la energía era atrapada y absorbida como si un agujero negro en miniatura se tratase.
—Es increíble — exclamó la joven —¿Y que produce esa luz tan intensa?
Evans se cruzó de brazos mientras miraba la pantalla con la cabeza ladeada —Eso es lo más extraño— dijo. —La Sound Energy no lleva Fotones, estos aparecen de la nada en el exacto momento en que la energía es consumida.
—Los fotones no tienen masa— dijo Mina recordando sus lecciones de física— pero si llevan energía ¿Acaso extrae esa energía de la que cae dentro del cristal?
—No dan las cuentas, la Sound Energy lleva mucha más energía que la que se emite de vuelta. Algo “se pierde” en el cristal y lo que vuelve no logra equilibrar el gasto.
Permanecieron en silencio observando la imagen de video mientras la canción de Matt seguía sonando, ahora mucho más suavemente hasta que finalmente terminó con las últimas notas de la composición que el cristal acompañaba con su brillo cada vez más tenue. Una vez que el cristal volvió a su estado de reposo Mina se atrevió a hablar nuevamente.
—¿Como usaria esto la Protocultura?
—Nadie lo sabe, pero yo tengo una pista— dijo poniéndose de pie.
Mina siguió al hombre con la mirada mientras se dirigía a un gabinete de refrigeración especial donde se guardaban varias muestras de tejidos. Luego de buscar unos minutos extrajo un pequeño recipiente alargado con un poco de material rojizo en el fondo.
Evans agitó el recipiente y lo examinó atentamente. —Hace años que no la usaba— dijo mientras cerraba la puerta y una nube de escarcha se expandía por el piso.
Caminó hasta el banquito frente al microscopio y colocó el material en un portamuestras con cuidado, luego de una última inspección lo colocó bajo la lente y ajustó la magnificación para obtener una imagen nítida.
—Ponlo en la pantalla así podemos verlo los dos juntos— dijo.
La joven asintió y sentándose frente a la computadora de Evans introdujo las instrucciones apropiadas. Al instante pudo ver el material proyectado en el monitor y en la pantalla grande del otro lado de la habitación.
—¿Sangre? —Preguntó dubitativa Mina. —¿Sangre Humana? —Las células eran fácilmente reconocibles, glóbulos rojos, plaquetas y algunos glóbulos blancos…muertos y congelados en su sitio desde hacía tiempo ¿Años quizás? Todo normal hasta cierto punto.
—Ahora pon la canción de Matt dijo.
Mina asintió y trajo al frente el reproductor de música que había quedado oculto tras las pantallas de video. Apretó Play y dejó que comenzase la música.
Ambos observaron detenidamente la pantalla mientras la canción de Matt comenzaba a sonar despacio al principio, pero ganando intensidad a cada momento.
Las células muertas comenzaron a revivir lentamente, acompañando la música como si despertaran de un largo sueño.
Mina ya estaba prevenida, conocía el maravilloso efecto de la Sound Energy pero nunca lo había visto en sangre humana. Plantas y animales habían sido objeto de estudio habitual pero ¿Tejido humano? Era fascinante, pero era algo ya conocido.
—Ahora pon el filtro número tres. —Indicó Evans
Mina apoyó suavemente el dedo en la pantalla, justo sobre una pequeña pestaña en la parte superior de la ventana y un tipo de visualización diferente se aplicó a toda la imagen de video.
Las células, ahora perfectamente activas, brillaban levemente.
Con tonos violáceos.
—Dios mío exclamó la joven… —¿Es el mismo tipo de…?
—Si, la misma radiación de Fotones que en el Cristal FOLD
Volvieron a permanecer en silencio observando los pequeños puntos de luz que aparecían aquí y allá en las células… no había ningún patrón aparente, simplemente la luz surgía en un punto para apagarse inmediatamente.
Esperaron a que terminara la música y las células recuperaron su apariencia normal.
—¿Cualquier tipo de sangre reacciona de la misma manera? —Quiso saber Mina
—Oh no, solamente este tipo— dijo Evans retirando la muestra del microscopio… —A decir verdad no sabía que podía ocurrir esto, ahora lo acabo de confirmar.
—¿No lo sabía? —Mina estaba confundida
—Me había olvidado de esta muestra— contestó Evans mientras colocaba la sangre en el tubo y la sellaba con cuidado. —La tengo hace más de diez años y solo la recordé anoche, antes que la Rio Grande llegara con el Cuarzo FOLD.
Mina guardó silencio mientras Evans guardaba la muestra en el refrigerador y volvía a cerrar la puerta del mismo.
—¿De quién es esa sangre? —Preguntó
Evans estaba apoyado en el refrigerador mientras miraba pensativo una de las pizarras que colgaban de las paredes. La voz de la joven pareció hacerlo volver en sí. —¿De quien…? Pues de un habitante de la isla Mayan por supuesto.
Mina tenia cientos de preguntas para hacer pero en ese momento una alarma sonó en el bolsillo del guardapolvo que se había puesto al entrar al laboratorio.
Extrajo el aparato y comprobó rápidamente el mensaje que había llegado —Casi se me olvida! —exclamó de pronto. —No sabia que era tan tarde!
—¿Sucede algo? —Preguntó Evans
Mina guardó el Pad en su bolso y se quitó el delantal lo más aprisa que pudo. —Los chicos me están esperando para comer— dijo mientras colgaba la prenda en un perchero cerca de la puerta. —Me encantaría quedarme y acribillarlo a preguntas pero me están esperando hace media hora.
El hombre asintió con la cabeza. —no te preocupes Mina, ya has visto lo que quería que vieras. Hablaremos de los detalles más tarde.
La joven saludó rápidamente con la mano y salió a toda velocidad por la puerta del laboratorio.
Quería ver a Matt, era lo único que importaba en ese momento.
57 por Gerli
—No lo soportará.
Virya comprendió inmediatamente que las palabras del Archivistas no representaban una opinión, sinó una certeza.
—Lo soportará, tiene que hacerlo— repitió la guerrera con total determinación. —De todas formas moriremos.
—Eso no sirve— respondió el Zentran. —Un plan de esas características… ni siquiera yo tengo registros que pueda usar para analizar las posibilidades de éxito.
La joven levantó la vista y observó el rostro de su Capitán, iluminado tenuemente por el resplandor que emanaba del misil ahora que las luces se habían apagado. Virya había visto varios cadáveres en el campo de batalla y por un momento le pareció que el rostro de su Capitana se parecía a uno de ellos. ¿Acaso estaba viendo el futuro en el rostro de Vaal? ¿Morirían juntas en ese lugar? Sentía que algo en su interior se revelaba ante la inevitabilidad del desastre y era por eso que había decidido llevar a cabo su ¿Plan?
Virya pestaño varias veces como para asegurarse que estaba despierta ¿Ella había concebido un plan? ¿Cómo…? La idea había llegado a su mente sola, como un pensamiento oculto que de pronto se manifestaba ante un estímulo adecuado. ¿Y cuál había sido ese estímulo? ¿La proximidad de la muerte? Virya colocó una mano sobre el vientre de Vaal mientras sentía el movimiento de la respiración cada vez más débil de su camarada. Se estaba quedando sin tiempo.
Era hacer algo ya mismo o morir.

A casi un kilómetro de ese lugar, del otro lado de la enorme nave, Kreegan miró con impaciencia a su Archivista.
—¿Es posible? —preguntó.
Exsedol bajó la cabeza y pareció meditar en silencio. Las protuberancias de su cabeza se sacudían a un ritmo frenético, dando cuenta de la enorme actividad neuronal que en esos momentos sucedía dentro del irregular cráneo del Archivista.
—¿Es posible? volvió a preguntar el enorme Zentradi inclinándose sobre su subordinado.
—Las probabilidades no son cero, Comandante— respondió mientras levantaba la cabeza con gesto agotado. —Pero las variables… es imposible analizar todo.
—¿Cual es la clave?
—La constitución de la Capitana Vaal— Exsedol sacudió la cabeza de lado a lado— No resistirá un trauma tan grande y si su actividad neuronal se detiene…
Kreegan se dio la vuelta y caminó hasta quedar frente a la enorme cúpula de vidrio donde los datos de la enorme nave se desplegaban como una inmensa pared de información.—¿Aconseja la evacuación? —Dijo sin dejar de mirar los indicadores.
—Por supuesto— respondió Exsedol. —No tenemos ninguna garantía sobre el éxito de la operación… además…
—¿Además?
—Esa Meltran… la recluta que micronizamos.— El Archivista parecía confuso— Su comportamiento no se ajusta realmente a lo esperado.
Kreegan se dio vuelta y observó con atención a su subordinado. —¿Comportamiento? ¿Se refiere a…?
Exsedol asintió con la cabeza.
Kreegan gruño por lo bajo disgustado ante la sola mención del problema.—El procedimiento de Micronización es peligroso. No debemos dejar que la flota sea contaminada por lo que pueda haber pasado en una de esas cámaras. ¿El informe de Dulmei era claro con respecto a eso?
El Archivista volvió a asentir con la cabeza. —Los defectos genéticos se manifiestan principalmente en el aspecto físico y la Capitán Dulmei afirmó haber examinado a la recluta detenidamente sin haber hallado signos de alteraciones.
El Comandante se cruzó de brazos y miró la pantalla de datos, donde una ventana de video proyectaba la imagen del exterior donde el misil era perfectamente visible clavado firmemente en el casco de la nave.
Defectos Genéticos —pensó mientras observaba el tenue brillar del arma. El asunto era mucho más importante que la condición mental o física de una simple soldado Meltran. La aparición de soldados adultos con defectos genéticos en la flota era un indicativo demasiado preocupante como para ser tomado a la ligera y era un asunto del que solo estaban al tanto el Almirante y sus Comandantes.
Kreegan era uno de los Zentradis que más conocía sobre su gente, sin contar a los Archivistas claro. Pero incluso él desconocía por completo el papel que los genes jugaban en la incesante lucha de los Zentradis contra sus enemigos ¿Eran realmente tan importantes como había insinuado el Almirante Dortrad-Jen? ¿Entonces porqué había ordenado la aniquilación del soldado Micronizado a la más mínima presencia de defectos físicos? ¿Acaso los malos genes se podían propagar por la flota como una epidemia…? No tenia sentido, ni física ni biológicamente hablando.
—Comandante…
—Proceda. —exclamó Kreegan sin volver la cabeza. —Ya no hay vuelta atrás.
El Archivista asintió y dio unos pasos hacia las pantallas de observación. —¿Me recibe Virya?
—Perfectamente— contestó la pequeña Meltran.
—Tenemos autorización del Comandante para ejecutar su… hmmm… “Plan”

Virya respiró profundamente. Ya estaba completamente decidida, pero necesitaba ayuda, toda la ayuda que pudiese conseguir. —Estoy lista.
—Bien, le transmitiré toda la información que necesite sobre lo que va a encontrarse ahí dentro pero recuerde que va a depender de sus propias decisiones. Nadie va a decirle qué hacer.
Las palabras sorprendieron a Virya ¿Nadie iba a darle órdenes? No, mas bien ella iba a dar sus propias órdenes, eso tenía sentido.
—Capitán Vaal…
La guerrera pareció volver momentáneamente en si y miró hacia su regaso, donde Virya permanecida sujeta a uno de los montones de espuma aislante pegados a su traje de vuelo. —¿Lo… lo harás? —preguntó incrédula
—Lo haré.
La Meltran cerró los ojos y suspiró profundamente. —Sea— dijo y de pronto su voz se tornó otra vez fuerte y clara y el rostro recuperó algo de su color original.—Terminemos la misión Virya.
Sin esperar la respuesta de la pequeña micrón, Vaal extendió su brazo izquierdo e introdujo la mano violentamente entre los restos de las pantallas de la cabina, sujetando firmemente un manojo de cables que flotaban entre el metal doblado. Con un gruñido tiró hacia atrás y arrancó toda la maraña hacia la cabina.
—Creo que servirá— dijo mientras separaba el más largo y descartaba el resto.
Lentamente y con cuidado pasó uno de los extremos del cable por debajo de su pierna derecha, justo por debajo del muslo mientras Virya sujetaba la otra punta y lo pasaba hacia arriba.
Vaal tomó ambas puntas y las cruzó sobre pierna, colocando un trozo de metal alargado sobre ambos cables y envolviendo el mismo con varias vueltas.
—¿Lista? —pregunto Virya
La meltran respiró profundamente mientras sujetaba el trozo de metal con ambas manos. —lista— dijo a la vez que comenzaba a girar el improvisado torniquete.
El cable se tenso a la segunda vuelta y se clavó fuertemente en la pierna de Vaal, pero la guerrera no pareció notarlo. Continuó girando la pieza hasta que el cable se había hundido varios metros en la carne, entonces el rostro de Vaal comenzó a perlarse de sudor.
—Ahora! —Grito Virya mientras se apartaba del regazo de su compañera, debía dejarle espacio libre para que pudiese hacer aquello lo más rápido posible.
La Meltran tenía los dientes fuertemente apretados cuando trabó el torniquete en su lugar y extendiendo los brazos rodeó con ambas manos la masa de espuma que se había formado alrededor de su pierna aplastada.
Sin decir una palabra tiró con todas sus fuerzas.
Los músculos de sus brazos se tensaron y temblaron por el esfuerzo mientras las venas se marcaban en el rostro blanquecino de la guerrera, pero ni un solo quejido de dolor salió de su boca.
La espuma crujió pero resistió firmemente en su lugar. No estaba diseñada para ser arrancada por medio de la fuerza bruta, su propósito era sellar las heridas y luego ser disuelta en medio de los fluidos reconstituyentes de las cámaras de recuperación.
Virya observaba la escena en silencio, incapaz de poder ayudar a su compañera que en esos momentos debía de estar sintiendo un dolor monstruoso, si solo fuese un poco más grande..
La espuma se resquebrajó y cedió en medio de una lluvia de partículas blanquecinas y gotas de sangre. Virya se quedó sin aliento al contemplar lo que había debajo.
Vaal había arrancado todo el bloque de espuma junto con los restos de su traje, piel, carne y músculos.
—Débura.. —exclamó la joven recluta ahogando un grito
La rodilla había desaparecido por completo, solo unas cuantas astillas y los restos del liquido articular evidenciaban donde había estado. Dos huesos enormes y muy blancos asomaban por entre los restos del traje de vuelo y restos de carne y músculo que habían cedido ante la tremenda fuerza de Vaal.
Virya descendió lentamente entre un torbellino de gotas de sangre y restos oseos que habian salido disparados en todas direcciones y rebotaban descontroladamente por toda la cabina. Encendió las luces de su casco y observó las ruinas que alguna vez habian sido la pierna derecha de su Compañera.
—Estoy dentro. —logró susurrar por las comunicaciones mientras se preguntaba si estaba realmente dentro o fuera de su Capitán.
La voz de Exsedol se escuchó nítidamente por el intercomunicador.
—¿Hay hemorragia?
Virya giró la cabeza hacia arriba iluminando con sus luces el muslo de Vaal. La sangre manaba del muñón donde antes había estado su pierna, pero era una cantidad pequeña (al menos para alguien de tamaño Zentradi) gracias al torniquete, aunque para Virya era un enorme torrente que salía a intervalos regulares siguiendo el ritmo de los latidos del corazón de la guerrera, aunque cada vez más espaciados y débiles.
—Su corazón se debilita— dijo rápidamente.
—Entonces dese prisa, informe lo que ve.
Virya volvió a concentrarse en la parte inferior de la pierna. —Hay todavía músculos y nervios conectados a la pierna— dijo suspirando.
Habían tenido suerte, si la pierna hubiese sido arrancada por completo del sistema nervioso de Vaal, no podrían hacer lo que estaban a punto de intentar.
—Bien, ahora debe encontrar los músculos adecuados— explicó el Archivista. —Debe encontrar dos músculos pequeños, ubicados en la parte frontal de la pierna.
—Hay al menos una docena de ellos— exclamó la guerrera mientras introducía las manos en la masa palpitante de carne y nervios seccionados. —¿Cómo podré reconocer cual es el correcto?
Exsedol ignoró la desesperación de la guerrera y continuó describiendo cada uno de los músculos, tratando de utilizar palabras simples que la guerrera comprendiese.
—Los nombres de cada músculo no le dirán nada— continuó— los que busca se llaman Tensores, hay uno para los 4 dedos pequeños y uno que controla exclusivamente el dedo Pulgar. Son músculos más pequeños, finos, deberán estar ubicados al frente de toda la estructura muscular de la pierna. Tendrá manipularlos al mismo tiempo si quiere que respondan como planea hacerlo.
Virya apartó el tejido muscular separándolo del hueso, buscando con desesperación alguno que se ajustase a la descripción del Archivista. Era tan pequeña que apenas podía manipular los enormes pedazos de carne que amenazaban con sepultarla. De no haber estado en un entorno de ingravidez jamas podria haber manejado tanto peso.
Cada tanto lanzaba rápidas miradas sobre su hombro en dirección a Vaal, apenas visible entre los coágulos de sangre y restos de piel que flotaban alrededor. La guerrera se había recostado y respiraba con dificultad.
—Está casi al límite— exclamó. Entonces de pronto encontró lo que buscaba: dos músculos del grosor de su propio brazo, uno de ellos un poco más grueso que el otro.
—Los encontré! —gritó triunfante
Sin esperar respuesta, clavó sus talones en la masa de carne sanguinolenta para afirmarse en el lugar mientras sujetaba los músculos con ambas manos.
Entonces tiró con todas sus fuerzas.
Notó como sus propios músculos se tensaban y el dolor la invadía por completo. A pesar de lo extremo de la situación y el peligro inminente que corría, Virya se sorprendió al descubrir que estaba riendo. ¿Acaso podía ser de otro modo? Una Micrón tratando de mover los pies de una Meltrán desde dentro de su mismo cuerpo.. era ridículo, no podía ser real y sin embargo era lo que estaba sucediendo frente a sus propios ojos.
Sus brazos dolían como nunca y un hormigueo comenzó a recorrerlos. No, no era una sensación de los extenuados miembros de Virya, algo estaba pasando.
Los dedos del pie derecho de Vaal se habían movido y con ellos, el maltrecho Rau había vuelto a la vida.
—Ahora! —gritó Virya y tiró de los músculos con todas sus fuerzas, ignorando el dolor y todo lo demás.


Era ella quien debía haber bajado ahí, no la novata.
Yuwe había esperado pacientemente a un kilómetro de la nave de kreegan, tal y como le habían ordenado que hiciera ¿Que otra cosa podía hacer? Era como si todos se hubiesen olvidado de ella de pronto y, a decir verdad, poco le importaba realmente. En ese momento no eran solo sus propios pensamientos los que inexorablemente trataban de atravesar la enorme mole de metal que se interponía entre ella y su Capitana, también los de sus compañeras y camaradas que habían quedado en la nave de Dulmei, incapaces de hacer otra cosa que esperar en silencio y aguardar órdenes.
¿Cuánto tiempo había pasado ya desde que Virya había entrado por ese agujero? Volvió a observar la pantalla, había activado una de las miras para disparos de larga distancia, lo que le permitia magnificar la pequeña silueta de la nave y distinguir perfectamente la protuberancia del misil que sobresalía por un costado.
Ahí estaba el misil y por supuesto todavía no había estallado ¿Cuanto tiempo les quedaba? ¿Horas? ¿Minutos? La Meltran apretó los dientes con fuerza y oyó cómo crujían, pero no se atrevía a acercarse.
Conocía perfectamente la capacidad destructiva de esas cosas… incluso había perdido la cuenta de toda la enorme cantidad de misiles iguales a ese que había destruido a esa misma distancia. Eran armas terribles, con potencia suficiente para partir al medio naves el doble de grandes que la de Kreegan, pero incluso así no era extraño que los del Ejército de Supervisión los disparasen indiscriminadamente contra cualquier cosa que se pusiera en su camino, incluso contra naves más pequeñas que el propio misil.
Observó detenidamente la imagen y suspiró. No había habido ningún cambio en todo ese tiempo. Ni siquiera ese tenue resplandor que rodeaba al misil y que según le había informado Virya era una especie de carga de energía residual del FOLD que los llevara hasta ahí. Si no había entendido mal esa energía era lo que mantenía al misil sin explotar ¿Pero cuánto duraría? El resplandor era ya apenas perceptible, se estaban quedando sin tiempo.
Los minutos pasaban lentamente, más lento de lo que la guerrera podía soportar. Volvió a apretar con fuerza los controles y por centésima vez deseó haber sido ella quien entrara ahí.
«¿Y convertirse en un Micrón?»—pareció susurrarle una voz en su cabeza —¿Yuwe convertida en una frágil Meltran Micronizada? —No, pensó. Eso no podría pasar nunca, ella…. ¿Ella que? Si su Comandante diese la orden ella lo haría, no había discusión posible. Lo haría y punto.
—«¿Y qué harias?» —preguntó la voz
—Lo que me ordenen. —dijo en voz baja poniendo fin a la discusión consigo misma.
En ese preciso momento un brillo fugaz hizo que su mente se cerrase por completo y todos sus sentidos se centrasen en el monitor. Algo estaba sucediendo.
Había una lluvia de partículas brillantes alrededor del misil que no estaban ahí antes. Eran pequeños fragmentos que estaban siendo expulsados de la nave hacia el espacio exterior a través de las aberturas en el casco.
Yuwe contuvo el aliento.
La base del misil se iluminó de un color verde esmeralda y comenzó a moverse, lentamente al principio pero con una velocidad cada vez mayor al escapar por el agujero.
—¡Vaal! —gritó Yuwe y activó los propulsores de su armadura ignorando los gritos de Dulmei que le ordenaban detenerse a través de la radio.

El enorme misil salió disparado al espacio como si la nave de Kreegan lo hubiese escupido en forma de un gigantesco huracán de chatarra. En medio del vendaval estaba el maltrecho Rau con sus toberas al máximo, desplegando una enorme estela de fuego verde mientras aceleraba alejándose de la gigantesca Nupetiet-Vergnitzs.
A través de la estática de las comunicaciones Yuwe logró reconocer los gritos de su Capitán y ya no tuvo dudas; aceleró al máximo y se zambulló detrás del Rau.
No podía negarse a una orden.
En cuanto su Nona estuvo a una decena de metros del Rau pudo ver el desastre con sus propios ojos y comprendió de inmediato la situación. La cabina había sido destrozada y el cuerpo de Vaal colgaba precariamente de la estructura, aferrada a los mandos del robot como si no existiese otra cosa. Los brazos de la armadura estaban clavados en la cabeza aplastada del misil, transmitiendo toda la fuerza de los propulsores apenas soportando la enorme presión.
En ese momento algo ocurrió en ambos, misil y armadura.
Un resplandor multicolor comenzó a recorrer toda la estructura de la enorme arma y Yuwe reconoció inmediatamente lo que era; el residuo de energía que se desvanecía de las naves tras salir del salto FOLD.
—Yuwe! —gritó Vaal y su grito fue tan terrible que el cristal de su casco estalló en mil pedazos. —Atrápala!
La Meltran moribunda soltó los mandos del robot y lanzó hacia Yuwe un objeto redondo que apenas se distinguía de los restos que giraban alrededor.
La orden sacó a Yuwe de su asombro y como si de un impulso automático de su sistema nervioso se tratase, el Nona giró ciento ochenta grados y a pesar de la terrible fuerza G que la aplastó contra el asiento cambió el rumbo y se dirigió velozmente hacia el pequeño objeto que se alejaba rápidamente de ellas.
En unos cuantos segundos dió alcance a lo que parecía una especie de racimo de cables, pero pronto distinguió la sangre y los pedazos de tejido que flotaban alrededor y comprendió que estaba ante los restos de algo que había formado parte del cuerpo de su Capitán.
Con cuidado rodeo los restos con la mano de su robot y en el preciso instante que cerraba los dedos sobre la masa de músculo y hueso sintió la explosión del misil.
Instintivamente se inclinó hacia delante, protegiendo con su cuerpo la última voluntad de Vaal, la líder del Escuadrón de Defensa de Misiles Número 30.
Entonces la onda expansiva la alcanzó.
58 por Gerli
Error #404: No encontrado.
Jim volvió a escribir el nombre usando otras letras, a lo mejor se trataba de un error en cómo había escrito el nombre “Virya”. Tras varios intentos infructuosos suspiró y se dió por vencido.
Estaba seguro que el nombre Virya era de origen Meltrán, al menos ese dato le daba una serie de pistas de donde ampliar su búsqueda. Resolvió cambiar su aproximación al asunto y tecleó “Queadlunn Rau Rojo” en el campo de búsqueda.
Como se lo imaginaba, la famosa armadura que pilotara la As Milia Fallyna apareció en pantalla en una sucesión de fotografías y notas de la más variada índole y temática posible. Al fin y al cabo era la más reconocida de todas. Jim resaltó el nombre de la conocida piloto y lo asignó como elemento a filtrar por el motor de búsqueda.
Al cabo de unos momentos aparecieron nuevos resultados, esta vez obviando toda relación con la famosa Meltran. La decepción de Jim era evidente, apenas una docena de artículos habían aparecido y el nombre de Virya no se mencionaba en ninguno de ellos.
Había varios Rau de color rojo de los que se conocía su ubicación en la actualidad, algunos de ellos en posesión de coleccionistas y otros en museos o exhibiciones permanentes. Uno de ellos estaba asignado a una conocida PMC con asiento en la flota Frontier. Jim sintió curiosidad y seleccionó la noticia, haciendo que una fotografía de la armadura junto con su piloto apareciera resaltada. Ni el rostro de la joven piloto de cabello azul ni su nombre le decían nada, además esa armadura era un Rhea, no un Rau, seguramente el autor de la nota los había confundido por su gran similitud. Jim cerró la nota y continuó su búsqueda en los otros artículos.
Nada.
Había chocado contra un callejón sin salida ¿Estaría equivocada su corazonada? Tal vez se trataba de alguna historia de la Colonia completamente desconocida en el exterior y sin importancia para el Mando de la NUNS pero… algo hacía ruido en la cabeza de Jim y el se tomaba muy en serio esas cosas.
Apagó la consola y desactivó los últimos sistemas antes de bajar de un salto hacia el piso del hangar. La cabina del caza se cerró unos momentos más tarde.
Jim contempló en silencio el VF-17, recordando todas las situaciones en las que se había involucrado con su caza en las últimas cuarenta y ocho horas. Dio unos pasos alrededor del ala izquierda, recorriendo el perfil con los dedos como si comprobara el filo de una antigua espada. Al llegar a un punto intermedio se inclinó por debajo de la misma y examinó uno de los lanzadores de señuelos del caza, sellado tras una compuerta rebatible que lo protegía de las inclemencias del espacio exterior. No le había quedado más remedio que configurar los lanzadores en modo manual, ya que el protocolo de vuelo le impedía modificar los valores establecidos por el control de misión, pero eso es lo que menos le preocupaba. ¿Cómo habían podido cometer un error tan grave? Rodarian un par de cabezas en la división de planificación, de eso estaba absolutamente seguro.

Sin nada más que hacer dio la espalda a su aeronave y se dirigió hacia uno de los transportes que los operarios que trabajaban alrededor de la Rio Grande habían dejado libre hacia algo más de una hora. Colocó su casco en el asiento del acompañante y realizó unos pocos ejercicios de estiramiento. Trabajar debajo del VF-17 hacía que uno esforzara su espalda al máximo.
Se tomó unos instantes para examinar la Rio Grande, un carguero de clase II era uno de los más comunes en toda la Galaxia. Fabricados en masa durante los comienzos de la expansión humana, la mayoría de los que estaban en manos civiles habían pertenecido en algún momento a una de las múltiples flotas que salían de La Tierra a la conquista del espacio. Esta nave sin embargo se revelaba muy diferente a las que Jim conocía, estaba en un estado de conservación casi perfecto, sin abolladuras o deformaciones del metal tan comunes en las enormes naves de carga que se amontonaban en cada uno de los puertos de las Colonias o Flotas del ejército. Definitivamente el Capitán sabía cómo cuidar su nave y Jim ya se había dado una fugaz idea al ver la extraordinaria pericia con la que había aterrizado en ese mismo lugar en forma completamente manual.
Realmente quería conocer a ese hombre.
Subió al vehículo de transporte y comprobó aliviado que el personal de mantenimiento había dejado programado una especie de GPS en la pantalla principal del panel de instrumentos. Aún no estaba familiarizado por completo con la enorme nave y no quería perder tiempo dando vueltas por callejones sin salida.
Aceleró y salió raudamente en dirección a las marcas centrales que se internaban en la oscuridad. Inmediatamente encendió las luces delanteras y navegó el laberinto de piezas y materiales de construcción que se elevaban a cada lado de la ruta principal. Pronto comenzaron las vueltas alrededor de las secciones más atestadas de maquinaria y Jim se alegró de tener el GPS bien configurado.
Pronto encontró la entrada al elevador y estaciono el vehículo en el espacio que se liberó al bajar las barreras de seguridad. Una vez que el transporte estuvo bien anclado en su sitio comenzó a elevarse lentamente hacia las partes habitables de la Colonia.
Le tomó diez minutos llegar a la cubierta superior y a la vía principal de comunicación que usaban los habitantes de la Rainbow para ir de un lugar a otro. Jim se sorprendió al ver a tanta gente en las calles a esa hora del día, al parecer la llegada del carguero era un acontecimiento social muy esperado por todos los colonos.
Jim dejó su vehículo estacionado junto a los demás y se bajó a investigar el colorido mercado. La gente giraba la cabeza al verlo pasar vestido con su uniforme de piloto pero nadie lo molestó ni le dirigió ninguna mirada hostil. Algunos niños lo señalaban con curiosidad pero eso fue todo. Al parecer la noticia de que Ralph y el resto de los Recolectores estaban bien había corrido ya por toda la Colonia. Dejaron tranquilo a Jim y él se dedicó a recorrer el lugar.
La cubierta central desde donde partían las enormes escaleras que llevaban al parque se habían transformado en un pequeño bazar donde la gente iba a recoger las entregas frescas de frutas, verduras y carne que llegaban vaya uno a saber de qué punto de la galaxia.
Con asombro vio que la gente tomaba lo que quería de los cajones donde los productos se exhibian, simplemente llenaban sus canastos y pasaban al siguiente puesto, no había ninguna clase de transacción comercial.
Había toda clase de frutas conocidas y desconocidas por Jim; pirámides de naranjas y mangos, mandarinas y pomelos resaltaban entre las demás por sus colores brillantes pero también había manzanas, bananas, kiwis, sandías, cerezas, ananás, ciruelas, fresas, frutillas, arándanos, uvas y limones.
En otro sector encontró frutos secos de todas clases y colores. Almendras y nueces de diferentes lugares, maní y ciruelas pasas, dátiles y semillas de todo tipo; hojuelas de maíz y diferentes cereales como la avena, la cebada, trigo y arroz, este último en grandes bolsas cerradas que muchos colonos cargaban en carritos especiales para llevar mercancía. El resto de la gente recogía pequeñas cantidades de cereales con unas cucharas para volcarlas en bolsitas individuales o mezclandolas para dejarlas listas para el desayuno.

Solo los alimentos refrigerados parecían estar sometidos a cierto control por parte de una pareja de muchachas que usaban un Pad para cotejar las entregas de carnes y lácteos a quienes se acercaban a solicitar esos productos.
Jim tomó una uva blanca de una pila enorme y se la llevó a la boca mientras miraba a su alrededor. Nadie parecía prestarle atención.
El sabor dulce le recordó que ya era hora de comer algo asi que dirigió sus pasos hacia el elevador donde un pequeño grupo de gente esperaba para subir. Como descubriría momentos más tarde, la mayoría de la gente también se dirigía hacia la cafetería, donde ya una multitud ocupaba casi todas las mesas y bancos del frente del establecimiento.
Jim dudó unos instantes antes de entrar, si bien no había detectado ninguna hostilidad por parte de los locales una cosa era pasear por las zonas públicas y otra muy diferente comer junto a ellos, más teniendo en cuenta que no veía lugares libres donde sentarse ¿Podría pedir algo para llevar e ir a la plaza allá arriba? Mientras pensaba estas cosas notó una algarabía general en una de las paredes del local. Allí donde antes había visto una pared llena de cuadros y posters se revelaba ahora una gran pantalla donde se estaba transmitiendo cierto evento deportivo. Jim no tardó en reconocer de qué se trataba.
Las carreras Vanquish también eran populares en la Colonia Rainbow.
Jim se animó con este descubrimiento. Como gran fan de los aviones que era, tener la oportunidad de presenciar un evento de semejante magnitud lo fascinaba de sobremanera.
Entró al local y caminó entre la gente mientras no perdía de vista la pantalla, esperando encontrar un lugar con buena visibilidad para no perderse nada.
Tan concentrado estaba en la pantalla que no vio al hombre de cabellos grises hasta que casi se tropieza con el.
—Tráfico a las doce en punto, cuidado piloto! —exclamó el hombre mientras hacía algo similar a una pirueta para esquivar al fornido joven y evitar que sus jarras de cerveza salieran despedidas por el aire.
Jim se detuvo en el acto mientras adelantaba los brazos temiendo por la estabilidad del hombre, pero suspiró aliviado cuando vió que no había pasado nada. —Lo siento mucho— dijo. —Estaba distraído.
—Ah… ¿Usted también está interesado en la Rosa Carmesí?—exclamó el hombre mientras señalaba toscamente con su jarra la pantalla, donde una hermosa joven de cabellos rojizos posaba para las cámaras reclinada seductoramente en un, aun mas rojo, SV-51. —No es el único, Teniente.
El hecho que el hombre hubiera reconocido su rango ya no dejaba dudas sobre su identidad. Jim sonrió.
—¿Es usted el Capitán de la Rio Grande, verdad?
—Feliz encuentro Teniente— exclamó el hombre con una inclinación de la cabeza. —La verdad es que lo estábamos esperando ¿Quiere compartir mi mesa? Tengo un excelente lugar para ver la carrera Vanquish…
Jim no se dejó rogar y acompañó al hombre hasta una cubículo situado casi enfrente de la pantalla. Era realmente un buen lugar, incluso lo bastante aislado del resto de las mesas para tener un poco de privacidad, algo que parecía casi imposible con la cantidad de gente que llenaba el local.
Todo el mundo saludaba al viejo piloto al pasar, dedicandole un saludo, una frase o una sonrisa, el hombre parecía conocer absolutamente todos los nombres de los presentes para consternación de Jim.
Se ubicaron en los lugares libres y luego de que el hombre dejara las jarras en la mesa extendió la mano a Jim presentándose.—Soy el Capitán Gray Simons, para servirle Teniente.
—Teniente Primero Jim Glenn, Escuadrón Ámbar de Enlace Situacional de la Base Orbital New Dallas— respondió el joven contestando el saludo. —Hermosa nave tiene usted Capitán.
Gray no necesitaba disimular el orgullo que sentía por su nave frente a un igual. —Gracias Teniente, esa nave es mi niña mimada, aunque en realidad yo solo tuve hijos varones— contestó riendo.
—Por favor, llameme Jim.
—Como quieras Jim, por cierto me alegra ver que su nave aun funcione luego de eh...— Gray movió la mano en un gesto vago —Lo que sea que haya pasado ahí fuera.
Jim apoyó su casco en el asiento junto al suyo y sacudió la cabeza —Supongo que la noticia ya corrió por toda la Colonia ¿No?
—Ni que lo digas, pero ¡Un momento! Estoy siendo descortés con mi invitado— dijo mientras empujaba una de las jarras de cerveza hacia el joven. —Por favor beba algo, no quería acribillarlo a preguntas con la garganta seca.
Jim rió y sacudió la mano disculpándose. —Estoy en servicio, no puedo tomar nada alcohol.
Gray se llevó la palma de la mano a la frente en gesto de reprobación. —¡Por supuesto! —exclamó. —Pero al menos déjeme invitarle el almuerzo… ¡Mia!
Hubo un revuelo en un punto entre la multitud y con gran esfuerzo la joven camarera pudo moverse entre el gentío para llegar a la mesa. —Hola Capitan! Ya tomo su orden, estamos desbordados de tanto trabajo. —Al ver al piloto su expresión cambió completamente mostrando una sorpresa inusitada.
—Este es Jim, uno de los miembros del equipo de Inspección y como veras, tiene hambre ¿Que hay en el menú del día, Mia?
La joven se inclinó respetuosamente mientras Jim hacia un pequeño saludo con la mano. —Bienvenido a la Rainbow entonces. Hoy tenemos mercadería fresca así que nuestro menú es más extenso de lo normal— exclamó la joven mientras extraía del bolsillo delantero de su delantal una hoja de plástico transparente que hacía las veces de menú interactivo. Al colocarla sobre la mesa una serie de fotografías de diferentes platillos aparecieron en la superficie.
Jim miró asombrado las imágenes, pensando en cuando había sido la última vez que comiera en un verdadero restaurante y no en los comedores de la NUNS.
—Todo se ve delicioso— dijo inseguro. —No sabria que pedir, la verdad es que solo queria un emparedado…
Gray tomó el menú y usando su dedo índice desplazó las fotografías hasta encontrar lo que buscaba. —Aquí —dijo. —Le recomiendo esto, tráeme una a mi tambien Mia.
Jim se encogió de hombros y asintió con la cabeza en dirección a la mesera.
—Dos hamburguesas de cordero especiales. —anotó la joven en su pad.
—Y traenos un gran fuenton de esas papas fritas con panceta tan ricas que hacen— agregó el viejo piloto.
—¿Y para beber?
Gray señaló las dos jarras de cerveza y luego señaló a Jim.
—Jugo de naranja— contestó el joven piloto.
—Entendido, enseguida traigo sus órdenes— respondió la joven mientras volvía a guardarse el Pad en su delantal. Inmediatamente se dio la vuelta y volvió a escurrirse por entre la gente.
En ese momento un clamor de asombro se elevó entre el gentío que miraba la carrera y ambos pilotos giraron sus cabezas para ver de que se trataba. En la pantalla se sucedía una intensa carrera entre un SV-51 y un VF-19, cuyos pilotos ponian al límite las capacidades de sus máquinas en cada una de las curvas del circuito.
—Es raro ver a un SV-51 en condición de vuelo en estos días— dijo Gray tomando un sorbo de cerveza. —¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿50 años?
—SV-52— corrigió Jim. —El fuselaje es idéntico a un SV-51, pero sus motores y aviónica pertenecen a la versión posterior.
Una nueva ovación sacudió el local. El SV-52 habia entrado a una curva a una velocidad extremadamente alta pero a último momento había pasado a modo Gerwalk, usando su mano izquierda para asirse de uno de los postes y lograr un giro rapidísimo, dejando atrás rápidamente a su contrincante.
—La Rosa Carmesí sabe aprovechar los puntos fuertes de su nave— dijo Gray. —En modo Gerwalk los SV-52 son casi tan rápidos como los Queadlunn, o eso dicen. Al menos en los sectores de la pista donde se permita usar ese modo.
Jim asintió mientras la repetición mostraba la maniobra desde tres o cuatro puntos de vista diferentes. —No obstante el VF-19 tiene la ventaja— agregó.—Es más liviano y más rápido, ciertamente… además esa piloto Scarlet, tiene talento.
—La mayoría de los “talentos” se han ido a las milicias privadas— dijo el veterano Capitán mientras bebía un gran trago. —Por ejemplo el S.M.S parece una agencia de modelos más que una PMC.
La forma en que Gray pronunció esas últimas palabras pusieron en guardia a Jim
—Así que a usted tampoco le agrada ese tipo de compañías..
Gray apoyó la jarra en la mesa y se pasó el dorso de la mano para eliminar el rastro de espuma de su boca. —La guerra no es algo Corporativo chico… Estaba bien cuando las PMC eran apenas unos cuantos grupos de soldados de fortuna ¿Pero ahora? ¿Haz visto los Clase Quartier? ¡Tienen su propia versión de los putos cañones de energía!
Jim asintió en silencio.
—Es demasiado poder… demasiada potencia de fuego en manos Corporativas y a los idiotas de la NUNS parece no importarles… con perdón de usted por supuesto.
El piloto sonrió abiertamente, a decir verdad compartía un poco el punto de vista del viejo camarada. En solo diez años la cantidad de corporaciones con permiso para mantener y explotar flotas de combate había aumentado exponencialmente.
—Al menos eso explica el porqué usted trabaja de forma independiente y no bajo el manto de una de las enormes empresas de transporte— comentó el joven piloto. —No obstante… parece que la Fundación Unity se lleva muy bien con usted.
Gray levantó la mirada y la fijó en los ojos violeta de su camarada.
—Porque Unity también administra su propia división PMC ¿Verdad?
El Capitán no respondió inmediatamente, en ese momento Mia se acercaba a la mesa con enormes bandejas llenas de comida balanceándose peligrosamente mientras caminaba entre la multitud pidiendo permiso.
Al llegar a la mesa comenzó a colocar los platillos frente a los comensales sin percatarse de la helada atmósfera que había aparecido de pronto entre ambos pilotos.
—Buen provecho chicos— exclamó la joven mientras retiraba la jarra vacía de Gray y se alejaba de la mesa nuevamente.
Gray suspiró y tomó una patata frita con lentitud, remojandola en abundante salsa de queso y panceta antes de llevarla a la boca.
—Sabes —dijo luego de saborear el bocado. —Llevo mas de veinte años haciendo esta ruta y jamas vi ninguna nave de guerra o caza cerca de la Rainbow. Si Unity tiene una división de combatientes entonces nunca me los he cruzado.
Jim tomó la enorme hamburguesa y luego de examinarla por unos segundos le dió un enorme mordisco. Los jugos corrieron por su barbilla mientras masticaba con deleite el exquisito bocado.
—¡Esto esta buenisimo! —exclamó luego de haber tragado con entusiasmo.
Gray sonrió y esperó a que el ávido soldado terminase su hamburguesa, cosa que hizo en menos de cinco minutos.
—¡Fiuuuu! —bufó Jim satisfecho. —Si no estuviera de servicio me comeria otra ahora mismo.
Sin embargo no ordenó nada más y se limitó a beber el jugo de naranja mientras Gray comía la suya mucho más lentamente.
—¿Entonces usted no tiene nada que ver con Unity? —preguntó Jim en cuanto su compañero hubo terminado,
—Soy un completo “Freelancer” chico —respondió Gray mientras se limpiaba con una servilleta. —Solo que hace tanto tiempo que trabajo en esta ruta que sería muy tonto cambiarla, la Rainbow es mi mejor cliente y da la casualidad que Unity es la administradora de esta Colonia, lo que me hace una especie de subcontratado sin contrato ¿Entiendes?
Jim asintió en silencio. —Entiendo— dijo. —No es usted el primer piloto retirado que esté cansado de la guerra.
—Hay que ser un loco para amar la guerra… o uno de esos Zentradi “Salvaje”
La forma en que Gray pronunció la palabra hizo que Jim levantara la cabeza.
—¿Salvaje? —preguntó dejando la copa a un lado
—Sin culturizar… ya sabe, esos que todavía rondan por la Galaxia y se arrojan sobre cualquier nave que se cruce en su camino.
—Casi ya no quedan en nuestra parte de la Galaxia —exclamó Jim tomando una papa de la fuente. —La mayoría de los grupos que rastreamos se dirigen siempre hacia el centro de la Galaxia, lejos de La Tierra y de las Colonias…
Gray partió un trozo de pan de una pequeña canasta de mimbre y repasó concienzudamente los restos de salsa que habían quedado en la bandeja. —Estoy seguro que algo importante está pasando ahí en medio— dijo el hombre mientras saboreaba el último bocado. —Siempre me pregunté el porqué la NUNS nunca mas envió misiones de exploración tras los pasos de la Megaroad 01 cuando desapareció camino al Centro de la Galaxia.
Jim se encogió de hombros y bebió el resto de su jugo sin responder. Mientras tanto en la pantalla se desarrollaba la ultima vuelta del circuito, donde ambos pilotos hacían el esfuerzo final para llegar a la meta.
—Espero que hayas dejado lugar para la cena. —exclamó de pronto una voz a sus espalda.
Ambos pilotos se dieron vuelta casi al unísono y se encontraron con una mujer de unos cuarenta años de tez morena. Al contrario de toda la gente que Jim había visto esa mañana, la mujer vestía un uniforme muy elegante. Recordó de pronto que era la misma clase de uniforme que llevaba Tass y rápidamente ató cabos.
—Rebecca ¿No?
—Encantada de conocerlo en persona —dijo la mujer alargando la mano para estrecharla al joven piloto. —Veo que siguió mi consejo de compartir una copa con el vejestorio que comanda la Rio Grande…
Gray irrumpió en una carcajada mientras empezaba la segunda jarra de cerveza. —Fría como el hielo en público, apasionada como un volcán cuando estamos solos… no me lo niegues Rebbie.
La mirada fulminante de la mujer casi echa a perder el sabor de la cerveza que Gray tenía en la boca. No obstante hizo un ademán y se inclinó debajo de la mesa buscando algo entre los bultos que tenía guardados.
—Aquí la tengo… un segundo.
Al incorporarse, el viejo piloto levantó una enorme ananá de casi medio metro de alto y unos treinta centímetros de circunferencia. Rebecca y Jim contemplaron atónitos la enorme fruta sin decir una palabra.
—Hermosa ¿Verdad?
Rebecca adoptó una pose pensativa y miró la ananá inquisitivamente —Es… grande. —atinó a decir.
—¿Qué piensas hacer con ella? ¿Lo has pensado?
La mujer pasó un dedo por la superficie irregular del fruto sin saber que responder. —Había pensado en hacer una ensalada para nosotros pero… aquí hay fruta para media Colonia.
—Haz un pastel —dijo Gray bebiendo un trago largo.
—O mermelada— agregó Jim.
Rebecca suspiro y se cruzó de brazos. —Hay para hacer todo eso y mucho mas… en fin, voy a tener que buscar un carrito para llevarla a mi casa…. esa cosa debe pesar más de diez kilos.
Una fuerte ovación se escuchó en ese momento. El VF-19 “Caliburn” había adelantado al SV-51 en una intrépida maniobra y se había alzado con la victoria.
59 por Gerli
—¿Matt?
Cinthia se incorporó al salir debajo del fuselaje y por un breve instante quedó deslumbrada por la intensa luz.
El joven retrocedió unos pasos aturdido y tropezó con la ordenada pila de metal retorcido que Jim había colocado a un lado luego de su inspección matutina. Las piezas de metal hicieron un ruido ensordecedor mientras el joven pelirrojo caía en medio de la chatarra.
—¡Cuidado! —exclamó la joven corriendo hacia Matt, quien había quedado sentado en medio del desastre.
El joven sacudió la cabeza y miró a su alrededor desorientado, como si no supiera donde se encontraba.
Cinthya extendió la mano con una sonrisa —¿Estas bien?
Sin decir una palabra Matt extendió la suya y se incorporó con la ayuda de la joven inspectora.
—Gra-gracias. —tartamudeó mientras retiraba la mano rápidamente.
La joven retrocedió unos pasos y contempló a Matt con curiosidad. —Siento haberte asustado— dijo. —No te escuché llegar.
Matt no contestó, el breve contacto con la inspectora lo había dejado en una especie de shock y permaneció unos segundos con la cabeza gacha mirando al suelo, sin saber que decir o hacer.
Cinthya lo observó confundida y entonces notó que tenía algo pegajoso en su mano derecha. Al examinarla contempló con asombro la sangre en la palma de su mano.
—¡Matt! —exclamó sobresaltada ¿Estás herido?
Ahora lo veía claramente, la mano derecha del joven estaba goteando sangre.
El grito de la inspectora trajo a la realidad al joven, quien de inmediato se cubrió la mano lastimada con la izquierda. —N- no es nada Señorita Ross, es una herida que me hice hace un rato, no es grave— respondió apresuradamente.
—Y un cuerno, déjame ver eso —exclamó la joven dando un paso al frente.
La repentina acción de la joven dejó paralizado a Matt, quien docilmente extendió la mano hacia la inspectora. Cinthya examinó la herida detenidamente a la luz del poderoso reflector que colgaba sobre ellos.
—Es un golpe muy feo Matt, tienes los nudillos machacados… —El rostro de la joven denostaba una honda preocupación— Debes ir a la Clínica de inmediato.
Matt retiró la mano herida y retrocedió un paso ante la mirada confundida de Cinthya. —Mina me dijo que tocás el piano… y las manos son lo mas preciado de un pianista… —de pronto el rostro de la joven se iluminó.—Ya lo tengo —exclamó.
Cinthya dió la vuelta y se dirigió rápidamente hacia el frente de la aeronave. Al llegar justo debajo de la cabina extendió el brazo y deslizó su mano por un sector de los paneles. En ese instante un pequeño pitido se escuchó y un dispositivo oculto reconoció las huellas digitales de la inspectora abriendo la cabina al instante.
Mientras una pequeña escalerilla se desplegaba del fuselaje la inspectora volvió la cabeza hacia atrás en dirección a Matt —Voy a darte los primeros auxilios con el botiquín del avión, luego iremos a ver a quien esté de guardia en la clínica.
—Probablemente Jim está recibiendo en este instante el aviso que estoy entrando a su avión… pero no te preocupes, estoy segura que no le molestara en absoluto.
Cinthya trepó rápidamente, agradeciendo internamente esa minúscula reducción de la gravedad de la Colonia que le permitía un poco más de agilidad a su cuerpo acostumbrado a trabajo de escritorio más que a escalar naves espaciales.
Ocupó su lugar en el asiento del RIO y localizó el botiquín de primeros auxilios debajo del panel de mandos.
—Ya lo tengo. —exclamó levantando la caja por sobre su cabeza.
El descenso fue mucho más fácil. Apenas sus pies tocaron el suelo de metal la cabina del caza volvió a cerrarse y las luces del interior se apagaron de inmediato devolviendo a la nave a su silencioso descanso.
Cinthya caminó hasta una de las piezas que formaban el blindaje de las piernas del caza y se sentó mientras hacía señas a Matt de que se acercara. El joven dudó unos momentos pero finalmente se acercó a la joven mientras mantenía su mano derecha apretada contra el estómago.
—Siéntate aquí Matt. —dijo la joven mientras daba unas palmadas a la pieza de metal.—Voy a abrir esto primero.
El botiquín estaba bien provisto. Desde los materiales de curación más básicos hasta lo que parecían ser bisturíes láser y torniquetes autoajustables, de esos que podían detener la hemorragia de un miembro amputado en un instante. Cinthya ignoró los instrumentos más especializados y solo tomó un par de frascos para heridas y contusiones más simples.
—Déjame ver esa mano— pidió la joven y Matt extendió la mano herida casi con vergüenza.
—Tienes restos de vidrios en la herida— dijo con preocupación sin sacar los ojos de encima de la herida. —Pero primero lo primero.
Cinthya acercó un pequeño frasco de vidrio que contenía un líquido violeta y al presionar un botón en la tapa roció la herida con un chorro de espuma blanca. La sensación de frío que recorrió la mano de Matt era inversamente proporcional a la sensación de calidad que el contacto con la mano de la joven le producía al mismo tiempo.
—¿Arde? —preguntó Cinthya mirando a los ojos de Matt. El joven negó con la cabeza.
Mientras sostenía la mano lastimada hurgó dentro del botiquín hasta dar con una pequeña pinza de metal. —Voy a sacar los fragmentos de cristal antes de vendar la herida Matt, solo será un segundo.
La espuma ya se estaba disipando, había sido absorbida rápidamente por la piel mientras desinfectaba la herida a la vez que producía una leve sensación anestesiante en la mano del joven.
Bajo la brillante luz del reflector Cinthya se armó de paciencia y extrajo cuidadosamente los pequeños y brillantes fragmentos de espejo que aún se encontraban entre la piel magullada de Matt. Por suerte la herida no era muy profunda y la mayoría de las esquirlas habían quedado clavadas en la superficie.
El joven guardaba silencio mientras Cinthya trabajaba con gran concentración sobre la herida. Creyó percibir como el mundo alrededor de ellos desaparecia y pronto quedaba reducido a la extraña forma luminosa que creaba el fuselaje del avión con las sombras de los alrededores. Era un lugar completamente desconectado del universo real, una cápsula aislada del espacio-tiempo habitada por ellos dos solos en perfecto silencio.
Matt cerró los ojos y entonó una melodía, casi un susurro que en medio del silencio que los rodeaba parecía de una nitidez extraordinaria.
—Conozco esa canción— dijo la joven sin dejar de trabajar —¿Es de Minmay, no?
El joven asintió y abrió los ojos. —Mi madre siempre me la cantaba cuando me lastimaba y se ponía a curarme, es… uno de los pocos recuerdos que me quedaron de ella.
La joven apartó el instrumento y miró a Matt con melancolía. —Debe haber sido una persona maravillosa— dijo. —Yo… bueno, no llegué a conocer en persona a mi madre, solo la recuerdo a través de un par de videos y fotografías que guardó mi padre— relató mientras ponía un pequeñísimo fragmento de cristal que había extraído con la pinza en un pedazo de algodón embebido en alcohol.
—Yo… lo siento. —respondió el joven.
Cinthya sacudió la cabeza y volvió al trabajo —Somos bastantes parecidos tu y yo Matt. —susurró la joven. —Me alegro de haberte conocido. —dijo sin notar como el rostro del joven se sonrojó de inmediato.
Al terminar una segunda revisión Cinthya sonrió satisfecha y volvió a rociar la herida con la espuma desinfectante.
—Sos muy buena con esto— dijo tímidamente Matt mientras miraba hacia las sombras que envolvían las maquinarias del techo.
La joven sonrió y extrajo una pequeña venda autoajustable de la caja. —Es parte del entrenamiento— dijo sin darle mucha importancia. —Solo tengo unos pocos cursillos de primeros auxilios y reanimación, no es la gran cosa.
Inmediatamente aplicó el vendaje sobre la herida de Matt y dió un par de vueltas alrededor de la mano. El material del vendaje reaccionaba ante la presencia de los glóbulos rojos y plaquetas y formó casi de inmediato una capa acolchada sobre la zona lastimada, dejando el resto de la mano libre de presión de modo que el joven podía abrir y cerrarla sin dificultad.
—¿Como la sientes? —preguntó la joven dando un paso hacia atrás
Matt fraccionó los dedos lentamente, midiendo con cautela la fuerza que aplicaba sobre cada nudillo.
—Casi no duele— dijo mirando con asombro su mano.
—Me alegro Matt, pero deberias ir a la Clínica a que revisen la herida por si quedó algún fragmento dentro.
El joven no contestó pero se puso de pie y realizó una pequeña reverencia a la joven de la forma tradicional japonesa.
—Muchas gracias por su ayuda Señorita Ross.
—Dime Cinthya como todos Matt… después de todo yo siempre te he llamado por tu nombre ¿No?
El joven sonrió y movió la cabeza afirmativamente.—Gracias Cinthya… yo… bueno. —Las palabras parecían haberse atorado en la garganta. —Yo no…. no merezco que me trates asi. —La sonrisa se borró del rostro de Matt y otra vez la preocupación apareció reflejada en sus facciones.
—¿Porque dice eso? —Preguntó asombrada la joven.
—Te… te grité… y dije cosas que no eran ciertas.
Cinthya dejó escapar una risita e hizo un gesto de negación con la cabeza. —No me has ofendido ni herido Matt— dijo en tono tranquilizador. —Todo esto por lo que estás pasando… por lo que tu amigo Will está pasando… se lo importante que son los amigos y el verte reaccionar asi solo me demuestra lo mucho que lo aprecias.
La mención del nombre de su amigo hizo que Matt sintiese un escalofrío. Todo lo que había sucedido en las últimas tres horas pasó como un relámpago por su cabeza.
—Todo va a salir bien Matt, confía en tus amigos.
Era exactamente lo mismo que había dicho Tass y por un momento la esperanza floreció en el corazón del joven.
—¿Tu crees?
—Por supuesto! —exclamó la joven. —Al menos te prometo que testificaré a favor de Will si es necesario. —dijo mientras se ponía de pie.
Sin decir nada más comenzaron a limpiar un poco alrededor del avión. Colocaron las gasas y envases usados dentro de una bolsita para descartar material patológico y acomodaron el botiquín lo mejor que pudieron.
—Por cierto Matt— dijo Cinthya mientras movía con el pie uno de los pedazos de armadura hacia la pila que Jim había ordenado —¿Por qué viniste hasta el hangar?
El muchacho pareció dudar un momento. —No lo se… queria estar un poco solo… pensar algunas cosas.
—¿Vienes seguido al hangar principal?
Matt asintió en silencio, luego señaló las alturas donde las sombras ocultaban las enormes grúas y soportes de metal. —Aquí es donde se escucha mejor a la Rainbow
Cinthya miró hacia la dirección que señalaba Matt y luego volvió a mirar la cara del joven con desconcierto. —¿A la Rainbow? ¿Te refieres a la nave?
El muchacho volvió a asentir con la cabeza. —¿Tu no la escuchas?
Durante un tiempo permanecieron escuchando el silencio del hangar recostados contra el fuselaje del VF-17S2, dejando que el tiempo fluyera lentamente. A pesar del escepticismo natural de la joven tuvo que reconocer pronto que algo de cierto había en la afirmación de Matt. La Rainbow si tenía un sonido propio, un murmullo que no se le podía atribuir a los ruidos que uno esperaría escuchar en un ambiente industrial. Una especie de murmullo, como si el mismo aire vibrase en armonía con el rumor que los rodeaba.
Matt colocó la mano sobre una de las alas del caza y recorrió lentamente el borde de ataque, cubierto de rayones y abolladuras tras el espectacular escape.
—Aquí también se siente— dijo mirando a la joven. —La nave también está en resonancia con la Rainbow… todos lo estamos en realidad.
Cinthya apoyó su mano sobre el metal esperando sentir algo, pero solo sintió el frío metal bajo sus dedos.
—Me gustaría poder sentir lo mismo que tu Matt— dijo cerrando los ojos. —Pero en realidad esta oscuridad lo único que hace es hacerme sentir temor e inquietud.
El joven asintió y volvió su mirada hacia las pequeñas luces de guía que indicaban la circulación de vehículos en el piso del hangar. —Al principio yo tambien le tenia miedo a esta nave, a los espacios abiertos y silenciosos, a la oscuridad y a los dientes de metal que colgaban del techo y las paredes— comenzó a decir Matt en voz baja. —Se puede encender una luz y entonces la oscuridad desaparece… bueno no es que desaparezca, sigue estando allí pero la luz la envuelve, la cubre.
Cinthya asintió en silencio.
—Pero la luz no es algo permanente, al contrario de la oscuridad, es algo que fluye continuamente, que tiene un origen y un final… no se puede tener siempre la luz encendida, no para siempre.
En algún lugar por encima de ellos se escuchó un golpe apagado, como si en alguna parte de la Colonia alguien hubiese cerrado una escotilla o golpeado algo con un martillo. Matt continuó hablando como si Cinthya no estuviese a su lado.
—Cuando me di cuenta que la oscuridad era lo único duradero, la única cosa verdadera eterna del universo, eso me deprimió mucho y me hizo sentir aún más insignificante de lo que era. Solamente tenía diez años, pero ya había perdido a mi madre y a mi padre lo que me hacia sentir mas solitario todavía. Esa sensación duró mucho tiempo, semanas completas donde permanecía encerrado en mi cuarto a oscuras y en silencio, tratando de fundirme con esa soledad y encontrar acaso un significado oculto.
Un dia se organizó una serie de simulacros de evacuación en la Colonia y tuvimos que practicar el protocolo de emergencia para escapar de la Rainbow. Tuvimos que salir de la escuela y entrar a uno de los refugios designados que rodean a cada uno de los módulos habitacionales de la Colonia. Durante el procedimiento me separé del grupo y termine entrando solo a una de las cápsulas de escape a las que no debía entrar, ya que iban a ser lanzadas al espacio desocupadas para que el personal de rescate las recogiera y simulase todo el procedimiento de recuperación.
En cuanto me di cuenta del error la aceleración de de la cápsula al salir expulsada de la Rainbow me aplastó contra una de las paredes y me hizo perder el sentido durante varias horas. Al despertar no sabía dónde estaba pero algo inmediatamente me llamó la atención.
El silencio.
Yo habia creido conocer el silencio en la Rainbow, en el hangar principal o dentro de los gigantescos tanques de oxigeno de popa, incluso en mi propio cuarto, debajo de las mantas con los oídos tapados y los ojos cerrados…. pero eso no era nada con el silencio del espacio.
Había estado muy equivocado al considerar a la oscuridad como la verdadera esencia del cosmos, como la entidad que realmente le daba forma. Era el silencio el verdadero lienzo en el cual todo, incluida la luz y la oscuridad estaban contenidos.
Estando allí acurrucado, ingrávido y envuelto por el silencio, fue cuando comencé a escuchar la verdadera esencia de las cosas.
Al principio fueron los sonidos de mi propio cuerpo, mi corazón y respiración se convirtieron en los únicos sonidos tangibles en medio de la oscuridad. Pero al cabo de un tiempo se fueron apagando, como si mi mente los asimilara y neutralizara automáticamente frente a los otros sonidos, más débiles e imperceptibles pero que indudablemente venían de afuera. Solo unos centímetros de metal me separaban del vacío del espacio, pero incluso así pude percibir, lejanos, los sonidos familiares de la Colonia Rainbow.
Claro que en mi cabeza sabía perfectamente que eso era imposible, que el sonido no se propaga por el espacio. Lo que estaba oyendo no podía originarse en la Colonia, debía ser otra cosa y sin embargo algo en mi interior me gritaba que no estaba equivocado, que lo que estaba oyendo era real.
Saqué el Pad de mi bolsillo y lo encendí, ahí fue cuando me di cuenta que había estado todo el tiempo con los ojos cerrados, sin distinguir entre la oscuridad real y la que mis párpados producían. Abrí los ojos y a la luz de la pantalla busque los controles de emergencia. Como la cápsula había sido lanzada desde el puente de mando no se había activado desde el interior. Las luces rojas se encendieron y los filtros de aire comenzaron a purificar el enrarecido aire. Probablemente en ese momento fue que alguien percibió la actividad de la cápsula y envió inmediatamente a una de las naves de rescate a recogerme…. en todo caso todavía tuvo que pasar algo así como una hora antes que Ralph atrapara mi improvisada nave espacial y me llevase de vuelta a casa.
Durante esa hora de angustiosa espera fue cuando percibí por primera vez un sonido extraño, diferente, pero que en ese momento me era imposible de discernir entre los varios miles de otros sonidos que llenaban mi interior.
Más tarde esa noche, me enteraría por los chicos que mi cápsula estuvo a unos pocos kilómetros de entrar a la zona de radiación peligrosa que rodea al Campo… si no hubiese activado el módulo y las balizas direccionales era seguro que hubiese muerto por las emisiones.
Pero en ese momento de revelación no tuve miedo, no a pesar de lo cercano que había estado de la muerte, porque finalmente había descubierto de donde provenía aquel sonido.

Cinthya había permanecido en total silencio durante el relato del joven, absorbiendo cada palabra, maravillada por la experiencia del chico a tan temprana edad.

—Desde entonces mi intención siempre ha sido volver al Campo y tratar de descubrir el origen de ese sonido— dijo Matt mientras recogía el botiquín del piso. —Pero no hay chances de que Amanda me permita acercarme a ese lugar.
La joven tomó la caja de manos de Matt y asintió sin saber qué decir ¿Acaso había experimentado algo similar durante su desastrosa experiencia en el Campo? Pero lo que ella había escuchado era algo conocido, identificable y que definitivamente no provenía del cementerio de naves.
—¿Y desde entonces comenzaste a tocar el piano? —preguntó en cambio
—Si— respondió el joven. —Descubrí que los sonidos son la única forma de atravesar el infinito campo del silencio, como hilos que discurren sobre un telar vacío, creando formas y patrones donde no hay nada. La música es algo más que el sonido, es un lenguaje que no sólo sigue una dirección, también transporta la esencia misma de uno, llevándola más allá de lo material.
Con mi música he intentado alcanzar lo que con mi cuerpo me ha resultado imposible.

Cinthya no entendía del todo lo que Matt estaba diciendo, pero algo en la convicción de la voz del muchacho la empujaba a creerle. Que la música tenga ese poder…
Activó el interruptor de la cabina y espero a que esta se abriese por completo antes de iniciar el ascenso. Algo fuera de lo normal captó su atención inmediatamente. La pantalla frente a su asiento se había apagado en cuanto ella ingresó a la cabina ¿Acaso había quedado encendida de antes? Trato de recordar si había sucedido lo mismo la primera vez que había entrado pero realmente no se acordaba. Suspirando colocó el botiquín en su sitio y descendió del caza.
Matt estaba parado al lado del ala con la mano izquierda apoyada en el metal oscuro. En cuanto la cabina se cerró con un pequeño ruido el joven miró atentamente a Cinthya.
—¿Sucede algo? —preguntó la joven.
Matt abrió la boca como para decir algo pero pareció cambiar de opinión en ese momento. Retiró la mano del ala y sacudió la cabeza. —No es nada— dijo.
Sin decir nada más Cinthya se agachó para pasar por debajo del fuselaje hasta el pequeño bolso que había dejado apoyado en una de las ruedas del tren de aterrizaje. Al levantarlo dejó caer el Pad que había dejado en cuanto Matt había llegado inesperadamente.
—¡Casi me olvido! —exclamó preocupada.
Matt se puso de cuclillas desde el otro lado del caza y miró con curiosidad a la joven —¿Está todo bien? —preguntó.
Cinthya salió de debajo del caza mientras levantaba el aparato con la pantalla vuelta hacia Matt. —Le prometí a Akemi que comeríamos todos juntos hoy. ¿Vienes? —preguntó.
Matt pareció sorprendido por la invitación, como si no supiera qué responder.
—Todavía falta algo más de media hora… te acompañaré hasta la clínica y luego vamos al parque ¿De acuerdo?
—Cla-claro. —respondió sin pensarlo.
—¡Excelente! —exclamó la joven mientras se ponía el bolso al hombro y tendía la mano a Matt —¿Vamos?
—Vamos — respondió el joven mientras tomaba la mano de Cinthya con delicadeza.
Era tan cálida...
60 por Gerli
Las tres armaduras cayeron con estrépito sobre la cubierta del hangar principal de la Quitra Queleual de la Capitán Dulmei. De inmediato el grupo de combatientes del Escuadrón de Defensa Antimisiles Número 30 corrió hacia los restos de armadura que sobresalian entre la pareja de Raus que lo habían arrastrado dentro de la nave.
—¡Yuwe! —gritaban mientras usaban sus manos para doblar el retorcido metal en busca de un acceso a la cabina.
La fuerza combinada de la media docena de chicas logró abrir una abertura lo suficientemente grande para que una de ellas asomara su cabeza y alumbrara el interior del maltrecho aparato.
En ese preciso momento llegó Dulmei a toda carrera escoltada por sus oficiales.
—Apártense todas de ahí! —gritó mientras señalaba el Rau y la orden fue obedecida de inmediato. El grupo de guerreras se apartó al unísono dejando sitio para que Dulmei se acercara a la abertura.
La masa de metales retorcidos cobró forma ante el ojo experto de la Capitana. De inmediato comprendió lo que había sucedido con la armadura y el porqué del daño recibido sobre la cabina. Sin perder un solo segundo la oficial se asomó al agujero y exploró el interior en busca de su ocupante.
Yuwe estaba aprisionada contra el fondo de la cabina, casi aplastada por el puño de su propia armadura pero viva, aunque por el gesto de dolor que se vislumbraba a través del visor quebrado de su casco no le quedaba mucho tiempo
—¿Capitán Yuwe? ¿Me escucha?
La Meltrán movió un poco la cabeza ante la voz de su superiora. Buena señal.
—Vamos a sacarla de ahí inmediatamente.
La joven pareció hacer un enorme esfuerzo y de pronto la armadura tembló de forma violenta.
—¿Que…? ¡Yuwe no se mueva!
Pero al parecer la Meltran no escuchó la orden o por increíble que parezca decidió no obedecerla. Los temblores en la armadura continuaron y Dulmei retrocedió en cuanto el puño de la armadura comenzó a retroceder lentamente mientras las destrozadas articulaciones se movían en medio de chirridos y salpicaduras de fluidos internos.
En ese momento el resto del grupo se dió cuenta de lo que había sucedido. Parecía que Yuwe había metido el puño de su armadura violenta y directamente dentro de la cabina, como si su robot se hubiese dado un golpe a si mismo con toda la fuerza posible.
—Pero… ¿Que..? —comenzó a preguntar una de las guerreras pero fue interrumpida por un gesto de Dulmei.
Yuwe estaba intentado manipular los controles con las pocas fuerzas que le quedaban a su maltrecho cuerpo y la Capitán comprendió que era algo que solo ella podia hacer. Era una batalla que la guerrera debia luchar sola.
Durante segundos interminables, en medio de lo que parecia una terrible agonia el puño de la armadura se abrió al mismo tiempo que la guerrera lanzaba un grito desgarrador.
De entre el metal retorcido que apenas recordaba al puño del Queadluun una masa sanguinolenta cayó sobre el gastado piso de metal. Todo el grupo de Meltran guardó silencio, roto solo por los crujidos de la armadura y el jadeo continuo de Yuwe.
Dulmei dió un paso al frente y se inclinó sobre los restos examinandolos cuidadosamente. Al cabo de unos segundos adelantó la mano y extrajo un objeto pequeño.
Las demás guerreros ahogaron un grito de asombro.
—Virya— La Capitán pronunció el nombre como si no creyera lo que tenía entre las manos.
En ese momento la guerrera de la armadura destrozada colapsó con un gemido.
—¡Ayuden a Yuwe! —gritó Dulmei mientras se ponía de pie. El grupo reaccionó con rapidez y en unos minutos habían rescatado el cuerpo de la joven de entre los restos retorcido. Increíblemente aún respiraba.
—Llevenla de inmediato a la bahía médica— dijo señalando a sus escoltas— Ayudenla.
Yuwe estaba muy mal herida pero viva, tenía las piernas aplastadas y torcidas de una forma antinatural y un hilo de sangre salía por su boca entreabierta… cada segundo era vital para su supervivencia.
El grupo corrió a través del hangar llevando a la Meltran en andas mientras Dulmei y las dos pilotos de QRau quedaban solas en el enorme espacio. Una de las guerreras dió un paso al frente y miró con incertidumbre a la Capitán. —Virya…. esta?
La oficial levantó la mano y abrió el puño para que las jóvenes pudieran ver mejor. —Viva— dijo solamente.
Viva, era increíble pero estaba viva. Dulmei no podía apartar la mirada de la pequeña guerrera que sostenía inconsciente en la palma de su mano. Cuando vió toda la sangre y pedazos de carne sobre el cuerpo de la Micrón temió que hubiese sido aplastada por la armadura de Yuwe, pero no era así, esa sangre no era de Virya. Su traje estaba intacto, estaba simplemente desmayada.
Una de las guerreras extendió la mano para tomar a Virya pero Dulmei apartó a la joven de sus compañeras. —Aún no ha terminado su misión— dijo.
—¿Su misión? —respondieron consternadas las guerreras.
—Debemos regresarla a su condición normal— Dulmei extendió la mano libre hacia delante, hacia una de las piloto— Trae algo de agua.
La joven salió corriendo en dirección a su armadura y volvió al cabo de un minuto con un recipiente lleno de agua. Dulmei puso con delicadeza a la inconsciente Virya en el piso del hangar y la roció con el contenido de la cantimplora para limpiar un poco la sangre y los restos de tejido.
Las tres Meltran miraban a Virya sin decidirse a hacer algo, finalmente la oficial extendió un dedo y comenzó a masajear el pecho de la pequeña micrón a intervalos regulares.
Al cabo de unos minutos de repetir el improvisado tratamiento Virya reaccionó y comenzó a moverse. Las tres Meltran suspiraron aliviadas.
—¿La llevamos a una vaina de tratamiento? —preguntó la guerrera que habia traido el agua.
Dulmei sacudió la cabeza. —Es demasiado pequeña para una vaina de recuperación. Espero que sus heridas no sean de gravedad y soporte el proceso de regresarla a la normalidad. Es la unica chance que tiene de recuperarse.
Mientras decía esto tomó con cuidado el diminuto cuerpo de la guerrera y lo depositó con la mayor delicadeza posible en el bolsillo de su uniforme. —Debemos ir al debriefing de la misión en el puente del mando. Kreegan espera.

El grupo de Meltrans abandonó el hangar y se dirigió hacia el pasillo que conducia a la cubierta de circulación general de la Quitra Queleual. La nave habia sido evacuada y solo el mínimo de personal estaba apostado en sus puestos de guardia. Al llegar al elevador principal encontraron a las dos oficiales que habían acompañado a Yuwe a las instalaciones médicas.
—En descanso— dijo Dulmei mientras hacía un gesto con la mano—¿Como está la Capitán Yuwe?
—Respiraba cuando entró a la vaina— contestó una de ellas llevándose el puño al pecho. —La recuperación completa demandará doce horas.
—Bien. ¿Algo más que reportar?
—La nave de Kreegan se posicionó a estribor hace treinta minutos. También recibimos autorización del comando central para regresar a la flota en cuanto estemos listos.
Dulmei se preguntó si todo lo que había pasado sería de interés para el Almirante Dortrad-Jen y si había seguido la operación. En todo caso lo peor había pasado, solo restaba recuperar a su nueva piloto a su estado original.
—Haremos el debriefing ahora— dijo mientras se daba la vuelta en dirección a las pilotos que la habían escoltado. —Buen trabajo soldados, se han desempeñado de forma extraordinaria.
Las dos Meltran se llevaron el puño al pecho. —Gracias Capitán! —contestaron al unísono.
—Vuelvan con sus compañeras y descansen mientras puedan.
Las chicas dieron media vuelta y se alejaron por el pasillo en dirección a las barracas mientras Dulmei y sus oficiales (Y la desvanecida Virya) entraban al ascensor principal que las llevó inmediatamente el puente de mando de la fragata.

La mayoría de la tripulación que quedaba en la nave estaba ahora en el puente de mando, supervisando las operaciones previas al salto FOLD parar volver a la flota principal.
Dulmei salió del elevador seguida de sus oficiales y se dirigió hacia el centro del puente, de forma tal que las enormes pantallas holográficas cubrieran toda su visión.
—Comuniquenme con Kreegan— ordenó.
La pantalla tembló casi imperceptiblemente y la imagen del enorme Zentradi ocupó la totalidad del espacio.
—Capitán Dulmei 172 reportandose. —exclamó mientras realizaba el saludo Zentradi.
Kreegan hizo un gesto y la imagen retrocedió un poco de forma que Exedore y el quedaron dentro de la imagen. —Buen trabajo Capitán— respondió el Comandante contestando el saludo. —Ha realizado usted una labor extraordinaria.
—Gracias Comandante. —el rostro de Dulmei no mostraba ningún tipo de emoción.
—Yo mismo le informaré al Almirante sobre el desempeño de sus combatientes en esta misión, será condecorada por ello.
Ahora si que Dulmei tuvo que hacer un pequeño esfuerzo para no dejar escapar una exclamación de orgullo.
—¿Qué hay de la Meltran Virya? —preguntó Exedore. —¿Sobrevivió?
Dulmei colocó ambos brazos a los costados. —Así es señor, fue rescatada por la Capitán Yuwe y ambas resultaron heridas durante la detonación.
—Lamentamos la pérdida de la Capitán Vaal— contesto Kreegan. —Su sacrificio ha traído una gran victoria a nuestra flota. Mi Archivista garantizará que su nombre no será olvidado.
Exedore asintió y miró atentamente a la pantalla. —Las acciones de este dia han sido más que extraordinarias— respondió. —¿Han sufrido graves heridas sus dos combatientes?
—La Capitán Yuwe está en la vaina de recuperación— dijo Dulmei sin cambiar de postura. —La Teniente Virya está aquí conmigo.
Kreegan y Exedore cruzaron las miradas en silencio.
—Dejeme verla— ordenó Kreegan.
Dulmei extrajo con cuidado a la joven Micrón del bolsillo delantero de su uniforme y la colocó en la palma de su mano de forma que quedara a la vista de la enorme pantalla.
Los dos Zentran observaron a Virya en silencio mientras la imagen se acercaba y mostraba a la joven en un primerísimo plano. La pequeña Micrón no se movia pero se podia ver el movimiento de su pecho al respirar.
—¿Cual es su diagnóstico? —preguntó el Comandante
—Contusiones y shock debido a la onda de choque— respondió Dulmei. —Puede haber hemorragia interna pero el traje Micrón no tiene indicadores de estado.
—Es demasiado pequeña para la vaina de recuperación estándar. —comentó Exedore sin quitar la vista de la imagen. —Revertir el proceso de Micronización podría salvarla pero…
Kreegan miró a su Archivista con el ceño fruncido.
—¿Pero...?
Exedore parecía indeciso. Su cabeza temblaba de forma exagerada —No sabemos si volverá a la normalidad
Dulmei se puso alerta y una arruga de preocupación cruzó su rostro. Por supuesto que había visto cambios físicos en Virya, pero había juzgado prudente no informar de ello a sus superiores por el bien de la misión ¿Valía la pena seguir ocultando la verdad? Virya había arriesgado mucho más que su vida en esa misión.
—Leimos su informe— dijo Kreegan volviendo la mirada hacia la Capitán— La teniente Virya no resultó con alteraciones físicas durante su micronización, no obstante mi Archivista ha juzgado que hubo alteraciones en el comportamiento y se trata de un tema en el que debemos tener mucho cuidado.
La Capitán Dulmei tragó saliva. Una palabra de más y Virya estaría condenada. —La Teniente Virya ha cumplido con su tarea de forma exitosa— dijo. —No hay ninguna alteración en su comportamiento. Todas las Meltran estamos hechas para triunfar en la batalla, no importa que tan imposible sea la tarea.
Siguió un momento de silencio mientras Kreegan gruñia y su Archivista continuaba mirando fijamente a la Meltran micronizada. —Hay una posible explicación— dijo Exedore de pronto— Ciertos cambios de comportamiento suelen producirse luego de vivir situaciones de combate extremas ¿Virya es la única superviviente de su escuadrón de Nonas, verdad?
—Así es.
—Ridículo— contestó el Comandante con desagrado. —La mente de un Zentradi no puede romperse tras una batalla.
—Ciertamente— confirmó el Archivista. —Pero no sabemos con exactitud si eso se aplica a los Micrones.
Kreegan miró a su subordinado fijamente. —¿Cual es su análisis?
Las protuberancias de la cabeza de Exedore temblaron violentamente mientras el Zentran trataba de examinar las pocas conclusiones sobre el caso. —La Teniente Virya es un caso extraordinario para analizar. Como Archivista me interesa pero también estoy al tanto de la necesidad de proteger la flota. En estos momentos Virya no presenta un peligro para nosotros, pero debemos determinar qué hacer con ella antes de volver a la flota principal.
—¿No podemos simplemente matarla? —dijo Kreegan casi sin importancia.
Dulmei se estremeció levemente. Sabía que si el Comandante o su Archivista lo ordenaban simplemente bastaría con cerrar el puño con un poco de fuerza y Virya se convertiría en un pedazo de carne aplastada. Era muy fácil.
Solo una palabra.
Pero aquellos dos Zentran no daban la orden ¿Acaso algo les impedía tomar la decisión?
Exedore dio un paso al frente y señaló con el dedo huesudo una representación de la flota de apoyo que en esos momentos se encontraba en la retaguardia de la flota principal. —Propongo revertir el proceso de Micronización lejos de la flota y evaluar nuevamente a la Meltran. Si vuelve a la normalidad sin secuelas entonces le devolveremos a su combatiente— dijo el Archivista ahora convencido. —Si, creo que es la mejor opción para todos.
Dulmei suspiró aliviada.
—Bien, dejaré esta situación en sus manos Archivista Exedore —contestó el Comandante. —Si piensa que la información obtenida puede ser valiosa para el futuro de la flota entonces no me opondré.
—Así se hará Comandante— respondió Exedore inclinando la cabeza.
—Entonces es hora de regresar. Capitán Dulmei.
—Si señor! —respondió la meltran mientras se ponía en posición de firme.
El enorme Comandante la miró fijamente. —Ocúpese de la recuperación de la Teniente Virya, es un valioso elemento de su personal de combate.
—A la orden Comandante.
La imagen se desvaneció de inmediato sumiendo al puente de mando en un silencio profundo. Dulmei volvió a suspirar, esta vez más profundamente.
—Activen la baliza de la nave DBN-712 y establezcan un punto de salto tras la flota principal, separación de un millón de kilómetros.
El puente de mando recobró su habitual actividad mientras la tripulación de oficiales alistaba la nave según las órdenes recibidas.
Mientras tanto, a unos tres años luz de distancia, en algún punto entre el enjambre de naves de soporte que conformaban la retaguardia de la flota principal Dortrad-Jen, en el deshabitado puente de mando de una pequeña nave de soporte se iniciaba una serie de comandos automáticos que alteraron el curso de vuelo y pusieron a la nave en la dirección opuesta a la flota. Algunos chispazos iluminaron brevemente las resquebrajadas pantallas y en algun lugar una alarma comenzó a sonar, pero no había nadie que pudiera escucharla.

—Punto de reunión en treinta minutos— informó una de las Meltran que operaba un puesto de navegación. —iniciando preparativos para FOLD de corto alcance.
Dulmei asintió satisfecha. —Inicien procedimiento FOLD en cuanto estén listos. Estaré en el hangar principal— dijo mientras se dirigía al elevador. Una vez que estuvo dentro y las puertas se cerraron tras ellas echó una mirada a la pequeña Micrón que todavía llevaba en la mano.
Para su sorpresa descubrió que Virya estaba despierta y la miraba con atención.
—¡Tu! —Exclamó la Capitán sorprendida —¿Cuando…?
—Desde hace rato— respondió con lentitud.
Dulmei abrió la boca para decir algo pero ninguna palabra salió de entre sus labios. Finalmente suspiró y metió con cuidado a Virya en el bolsillo delantero.
—Parece que se ha salvado de nuevo Teniente.
Virya no respondió, tenía demasiadas cosas en la cabeza, demasiado que pensar.
Descendieron en silencio mientras la atmósfera comenzaba a vibrar por efecto de la energía dimensional que envolvía la nave momentos previos al salto FOLD.
Cuando las puertas del elevador se abrieron la nave se encontraba viajando por el éter interdimensional en dirección a la retaguardia de la gigantesca flota de Dortrad-Jen.
—Quiero que sepa— Dulmei hablaba sin quitar la vista del pasillo por donde caminaba. —Quiero que sepa Teniente que si el Comandante hubiese dado la orden de matarla lo hubiese hecho sin dudarlo un solo segundo.
—Lo sé— respondió Virya asomada fuera del bolsillo. El juego fantasmal de luces e imagenes del procedimiento FOLD hacían que el enorme rostro de Dulmei pareciera algo irreal y distante. —¿Por qué habría de hacer algo diferente?
—Exacto —contestó simplemente la Capitán.
El aire tembló una última vez y la distorsión visual menguó por completo. La nave había salido al espacio tradicional cerca de su destino.
Dulmei y Virya entraron al hangar principal.
61 por Gerli
Tass deslizó la palma de su mano sobre la proyección de la pantalla holográfica y esta se retrajo hasta convertirse en una minúscula esfera de luz flotando sobre el teclado.
La habitación estaba en penumbras, apenas iluminada por el resplandor de un par de pantallas que daban a la estancia un tinte azulado, como si del fondo del mar se tratase.
El color también hacía juego con el estado de ánimo de la joven.
Se había desvestido a medias, conservando la ropa interior y una sola de sus medias que colgaba indecisa del inquieto pie que golpeaba una y otra vez el borde del escritorio donde la joven se hallaba recostada.
La Río Grande era la única opción, lo había sido desde el principio cuando Tass se dió cuenta que debían sacar a Will de la Colonia y alejarlo lo más pronto posible fuera del alcance de Amanda.
La joven suspiró y se reclinó en la silla mirando el techo a través del cristal de sus anteojos. Una serie de reflejos borrosos se deslizaban por la superficie como lentos habitantes del mar de información digital.
¿Como meter a Will en la nave de Gray? El viejo piloto le debía algunos favores a Tass, pero algo como lo que estaba planeando… no, Gray jamas aceptaria hacer algo como eso, jamas traicionaria la autoridad de Amanda.
La otra opción que quedaba era la de tratar de meter al pobre Will como polizonte de uno de los containers de la Rainbow, lamentablemente esos contenedores no poseían soporte vital autónomo. Si Will se metia dentro de uno no llegaría vivo al puerto espacial más cercano. Tass comprobó por segunda vez el inventario de contenedores de la Colonia para cerciorarse que ninguno contaba con equipo de soporte vital instalado…. nada. Todos eran simples cajas de metal para transportar mercancías.
Tenía que haber otra forma, se lo había prometido a Matt.
Desplegó el inventario y comenzó a buscar por clase. Con la Red Galaxy caída no tenia acceso a la búsqueda universal de los fabricantes de contenedores, asi que debía registrar cada uno de los ítems dentro de la Colonia con el mejor criterio de búsqueda que pudiera implementar.
Nada. Simplemente no había ningún contenedor con esas características en la base de datos.
Otro suspiro. Tass estaba empezando a sentirse frustrada.
Barajó diferentes posibilidades, una más descabellada que la otra. Cuando estaba seriamente considerando ver si podía meter a Will en una cápsula de criogenización para enviarlo dentro de uno de los contenedores normales algo llamó su atención.
Sin darse cuenta había estado pasando a través de todas las cámaras de seguridad del hangar principal para enfocar a la Río Grande desde todos los ángulos posibles para tratar de inspirarse con algo. Una de las cámaras mostraba el amarre donde los containers vacíos se “devolvian” a la salida de la Colonia y eran acoplados automáticamente a la nave de correos que entonces podía salir por la esclusa principal.
Había dos contenedores vacíos en el muelle a la espera de ser recogidos por la Río Grande cuando partiera al dia siguiente. Algo en esas dos piezas de equipo llamó la atención de la joven, quien se acomodó en el asiento y accedió a las grabaciones de seguridad.
La imagen de la nave atracando en el muelle apareció inmediatamente y Tass comprendió el porqué de su inquietud; La Río había llegado a la Colonia con tres containers, dos con mercancías para la colonia y uno vacío proveniente de la Estación Barrow, pero al parecer se iba con solo dos, lo que significaba que uno de ellos permaneceria en la Colonia. Eso era raro.
La nave de Gray solía visitar la Colonia con un solo contenedor de mercancías para el consumo de los habitantes aunque no era extraño que ciertos equipos y componentes importantes llegaran a veces desde alguna manufactoria lejana para cumplir con las estrictas regulaciones comerciales que imponia el Gobierno Unificado.
La joven volvió a inspeccionar el video, estaba segura de haberse pasado por alto algún detalle importante.
Usando los controles de video mejoró el contraste de la imagen y usó un filtro para eliminar la iluminación rojiza de la bahía de atraque, entonces pudo ver con detalle la pintura del último contenedor. Tenía una franja azul que recorría todo el perímetro del casco.
Tass hizo un gesto violento con la mano y la pantalla se apagó frente a ella.
—Mierda —dijo en voz alta.
Era un container con soporte vital y había llegado a la Colonia en la Río Grande el día anterior, la casualidad era… no, no podía ser simple casualidad ¿o si?
Necesitaba investigar esa pieza de equipo, pero hacerlo desde su terminal sólo atraería la atención de Amanda de inmediato y lo que necesitaba era tiempo, tiempo para sacar a Will y esperar que su jefa descubriese la fuga solo cuando el chico estuviera fuera alcance.

Tendría que usar su «Gorrito de Aluminio»
Se puso de pie de un salto y se dirigió hacia la cocina. Al llegar frente a la pileta se agachó y abrió la puerta deslizante del compartimento donde guardaba los productos de limpieza. Al fondo, cerca de donde el caño de desague penetraba en la pared metálica del camarote habia un pequeño cable colgando.
Tass tiro suavemente del cable y lo estiró hasta salir lentamente de la cocina, tratando de ejercer la menor fuerza posible en el mismo. El cable se desenrrolló hasta el dormitorio de la joven y Tass dejó la pequeña ficha del extremo colgada del respaldo de la cama.
Hacia mucho tiempo que no usaba esa computadora.
En la jerga de los expertos en seguridad o personajes algo mas oscuros se las llamaba «Gorritos de Aluminio» en referencia a la paranoia de ciertas personas sobre la vigilancia que los gobiernos ejercen con sus ciudadanos.
Un «Gorrito de Aluminio» es una computadora construida a partir de partes que no poseen identificadores comerciales que permitan rastrear su procedencia, por ejemplo placas base creadas mediante impresiones 3D o chips comprados a fabricantes ilegales o entusiastas fuera del mercado regulado de hardware.
Eran computadoras diseñadas para usarse solo una vez, especialmente si se usaban para acceder a la Red Galaxy, donde su presencia sería revelada tarde o temprano frente a la continua búsqueda e investigación de los diferentes nodos de seguridad que recibían y enviaban los datos a cada terminal que conformaba la gigantesca red.
El «Gorrito de Aluminio» de Tass nunca había sido conectado a la Red, la chica había usado la computadora en entornos simulados para probar la fuerza de sus medidas de seguridad. Pero esta vez era diferente. Esta vez era ella la que no quería ser vista mientras manipulaba las bases de datos de la Colonia.
El cable era la clave y el tesoro mas preciado de Tass.
Se trataba de una conexión física al núcleo computacional de la Rainbow. No se trataba de uno de los cientos de enlaces inalámbricos que existían por la Colonia y que eran vulnerables a ser interceptados u «olfateados» por cualquier dispositivo electrónico. Ese cable era un acceso directo e indetectable que había demandado un esfuerzo enorme por parte de sus amigos para mantenerlo oculto a la mirada de su Capitán.
Tass sostuvo la pequeña ficha frente a sus ojos. Aquel cable se escurría dentro de la nave por casi kilómetro y medio. Habían tardado un año entero en descubrir una ruta segura lejos de los sensores y cámaras de Amanda que monitoreaban las vías de acceso de datos, tuberías y desagües que creaban las vías circulatorias de la enorme nave.
Will había provisto uno de los drones de Hal y lo había modificado para que pudiese llevar un dispensador de cable montado en su parte trasera. Con paciencia y mucho sigilo habían ido tendiendo aquella línea secreta a lo largo del «interior», el enorme laberinto de túneles, pasarelas y cañerías que formaban la red de servicio de ingeniería de la Rainbow.
Había sido una tarea monumental que solo ahora le parecía a Tass concebida para una situación como a la que se enfrentaba.
Volvió a dejar el cable y abrió una de las puertas de un gran mueble detrás de la cama. Al fondo de uno de los cajones encontró la caja donde guardaba su computadora especial.
La mayoría de los componentes los había rescatado de los depósitos de reciclaje que quedaron abandonados por la antigua tripulación de la nave. Borrar la firma digital de los componentes básicos fue fácil, el resto, los componentes más «delicados» los había importado desde diferentes partes de la galaxia, siempre utilizando los canales «especiales» de los entusiastas como ella.
El resultado era una computadora portátil básica, sin grandes capacidades de desencriptación o ataques de fuerza bruta, pero perfecta para navegar bases de datos en forma silenciosa y sin dejar rastros.
Buscar e investigar de forma silenciosa era lo que Tass necesitaba en ese momento. Se acostó en la cama boca abajo y desplegó la pantalla de su preciada herramienta. Una vez que confirmó el funcionamiento óptimo y que el software estaba listo para entrar en acción, solo entonces conectó el cable a uno de los puertos a un lado del teclado.

Tass se concentró en la pequeña pantalla. Debia ser rápida y certera con su búsqueda de lo contrario…
El Ringtone de su Pad sonó como una alarma en la habitación. La chica dió un salto y quedó de pie sobre la cama tratando de cubrir un golpe invisible. Ese Ringtone era inconfundible, Amanda la estaba llamando
—No puede ser —murmuró mirando la pantalla de su computadora —¿Tan rápido me ha encontrado? ¿Como…?
La llamada seguía sonando incesantemente. Tenía que contestar
La joven se bajó de la cama y alcanzó el aparato que había quedado sobre el escritorio. Casi con miedo extendió la mano y tocó brevemente la pantalla. La llamada se conectó de inmediato.
—Tass! ¿Que pasa? ¿Por qué no contestas? —pareció rugir el altavoz mientras acercaba la pantalla a su rostro.
—Disculpa Amanda, estaba por acostarme.
La cámara estaba conectada y Amanda estaba viendo que llevaba solo la ropa interior puesta… bien, al menos no la atraparia mintiendo con eso.
—Lo siento Tass… cierto que es tu dia libre, no debería haberte gritado. —la voz de la mujer sonaba realmente dolida. —Te pido que me disculpes
—No pasa nada —respondió la joven. —¿Sucede algo?
—Tu dimelo…. esperaba al menos un mensaje sobre lo que hablaste con Silvia..
—¡Mierda!
Lo había olvidado por supuesto, su entrevista con Silvia esa mañana. Debía de haber escrito un informe para Amanda pero todo lo que había pasado con Matt y Will la había hecho olvidar por completo.
—Yo….
El suspiro fue audible para Tass, parece que Amanda ya no sentía tanta culpa. —Solo dame un resumen general.
Tass se relajó y se sentó en la cama levantando las piernas. Era solo una casualidad, si, eso era. Su computadora seguía conectada al cable pero al cerrar la pantalla toda actividad habia cesado de inmediato.
—Silvia me dijo que el tipo de sangre es relativamente conocida en el ámbito de estudio de Evans, pero que se trata de un material que está muy controlado por el Gobierno.
Amanda hizo una breve pausa antes de preguntar —¿Que tan confidencial es?
Tass se rascó distraídamente la cabeza —Digamos que llamarlo «sensible» es quedarse cortos.
—Es… ¿Algo peligroso?
Tass negó con la cabeza. —No, para nada. Silvia dijo que hay un vínculo bastante importante entre el tipo de sangre y la herencia de manipulación genética de la Protocultura en los primeros humanos.
—Ya veo— murmuró la mujer desde el puente. —¿Algo más?
Tass trató de recordar los detalles más importantes. —Mencionó sobre la investigación de los militares… una flota de investigación que desapareció misteriosamente o algo asi… en fin, insinuó que no sería nada bueno para la privacidad de la Colonia que Evans investigue abiertamente en la red sobre el tema.
—Comprendo, supongo que será mejor hablar con él sobre el tema. —contestó la Capitana. —Probablemente se enfade conmigo por invadir la privacidad de su investigación pero…
—Estoy segura que entenderá las razones— exclamó Tass inclinándose hacia adelante. —¿Eso es todo Amanda? Me gustaría dormir un rato…
La mujer guardó silencio como pensando profundamente. —Por supuesto— dijo finalmente. —Que descanses bien Tass.
—Te veo mañana— saludó la joven mientras sacudía la mano sobre la pantalla, que se apagó de inmediato.
Fiuuu! —exclamó. Eso había estado demasiado cerca.
Arrojó su Pad sobre las mantas y volvió a recostarse boca abajo con los pies en la almohada mientras abría nuevamente la pantalla de su equipo «especial»
Dejó que los programas de diagnóstico se ejecutaran y colocó las protecciones necesarias. Ahora debería planear muy cuidadosamente sus movimientos.
Tarde o temprano Amanda descubrirá la huida de Will y Tass sería señalada inmediatamente como la responsable. Ella asumirá el castigo por supuesto pero debía darle a su amigo todo el tiempo extra que pudiese para que se alejara lo suficiente de la Colonia.
Si accedía a la base de datos de la Rainbow directamente haría saltar las sospechas de la Capitana casi de inmediato, despues de todo estaría registrando una petición de datos desde un dispositivo desconocido. Debía utilizar un camino indirecto, uno que desviase la atención lo más posible y dificultase el seguimiento de cualquier rastro digital que quedase registrado.
Tenía varias opciones, pero se decidió por la más simple.
Todos los componentes de la Rainbow estaban conectados al sistema informático central que manejaba desde el inventario hasta las tareas de mantención y reparación de todos los equipos que trabajaban diariamente para mantener en marcha la operación de recupero y reciclaje del Campo. Todo, desde las grúas del hangar principal hasta los pequeños robots de limpieza que se arrastraban por los pasillos estaban de una u otra forma conectados entre sí y se retroalimentaban de datos y órdenes con el centro de cómputos de la nave.
Eso incluía por supuesto al muelle de atraque del Hangar Principal.
El proceso de acople de naves, la carga y descarga de los contenedores eran parte de un gigantesco sistema de logística que recorría las entrañas de la Rainbow formando una red de incontables vías, caminos y tuberías que conectaban a cada módulo de la Proa a la Popa. Grúas, cintas transportadoras, vagones de carga, elevadores y acopiadores, miles de diferentes máquinas estaban conectadas entre sí para distribuir rápida y eficientemente cualquier cosa, desde unos cuantos tornillos a módulos enteros que se agregaban o quitaban de la superestructura de la nave según eran o no necesarios.
Todas y cada una de ellas enviaba miles de peticiones a la base de datos central como parte de su rutina básica de seguimiento de cada proceso.
Esa era la clase de laberinto que Tass usaría para enmascarar su investigación.
Accedió a la red de Logística y registró un acceso de bajo nivel con el muelle de atraque del hangar cuatro, a partir de ese momento toda petición de datos pasaría a formar parte de la red de máquinas y la mantendría oculta a miradas indiscretas, al menos por el momento.
El registro de atraques fue lo primero que examinó, como lo esperaba los tres contenedores de la Rio Grande figuraban casi a lo último de la lista junto con los dos últimos containers vacíos que Rebbie o Annie habían dispuesto en la cola de espera para ser cargados en la nave en cuanto Gray zarpe por la mañana.
—GMC/SV38534, te tengo. —exclamó la joven.
La denominación «SV» o SoporteVital, indica la presencia de equipamiento para transportar animales o personas en el espacio de carga de forma protegida a las peligrosas condiciones del Espacio Exterior.
La joven usó los datos que disponía en la lista para entrar directamente al hardware de registro del contenedor. Estos se desplegaron antes sus ojos casi de inmediato.
—Así que vienes de la Barrow— dijo la joven. —No se que rayos estabas haciendo ahí pero te aseguro que pienso averiguarlo.
El contenedor era bastante viejo, en su registro figuraban más de setenta puertos diferentes desde que fuera comisionado en el año 2047. La lista de cargas incluia animales de todo tipo, desde gallinas hasta varios ejemplares de dinosaurios de Edén para un zoológico galáctico itinerante…. ojalá que estuviese limpio o Will la iba a pasar muy mal ahí adentro.
Figuraba registrado a nombre de una pequeña compañía de transportes de la Flota 31 aunque los últimos diez clientes que habían utilizado el contenedor eran todos diferentes, cosa que era lógica, después de todo había millones de contenedores repartidos por toda la Galaxia. Era muy posible que la compañía que lo había mandado a construir ya no existiera salvo en la memoria física de la base de datos del equipo.
El registro de fechas llamó la atención de Tass… GMC/SV38534 había llegado a la Barrow casi cinco años atrás ¿Había estado atracado en la vieja estación de investigación todo ese tiempo? Aparentemente había sido llevado por error de otra nave de carga y luego olvidado en el muelle de la Barrow hasta ahora.
Entonces de alguna forma la Río Grande lo había recogido junto a la carga mensual para la Rainbow.
Tass sabía perfectamente cómo funcionaba el sistema de logística de la Rainbow, generalmente los contenedores se instalaban en los rieles de transporte y a medida que se desplazaban por la Colonia se colocaban en fila unos tras otros hasta que al final, tarde o temprano volvían a ser recogidos por las grúas y devueltos al muelle de atraque. Había un centenar o más de contenedores en toda la Rainbow, muchos de ellos aparcados en vías desactivadas fuera del circuito primario, casi siempre eran los mismos diez o veinte contenedores que se paseaban por las vías y volvían a ser cargados.
GMC/SV38534 no estaba en el circuito primario y eso despertó la alarma de Tass. ¿Donde rayos estaba? Lo encontró rápidamente, había sido apartado del resto y descansaba en una vía secundaria cerca del taller de soldadura, acoplado a otro contenedor vacío.
La joven suspiró aliviada. Ambos contenedores figuraban como abiertos y descargados. Menos mal, era imposible para ella descargar un contenedor entero sin llamar la atención del personal dedicado a ello.
En fin, ya tenía a su presa. Ahora debía prepararla para llevar a cabo su plan.
Primero debía encontrar el modo de sacar los dos containers que ya estaban estacionados en el muelle de atraque. Eso era fácil, simplemente necesitaba activar un proceso de «Purga» de la estación de carga. Había varias rutinas de diagnóstico de ejecución rutinaria cuyo requerimiento era disponer de la plataforma de carga libre de containers. Tass ejecutó una de ellas y el sistema comenzó inmediatamente a quitar los contenedores.
A casi medio kilómetro de la habitación, una enorme sección de la bahía de atraque comenzó a desprenderse de la estructura principal. Lentamente la sección se elevó por los rieles adosados a la pared y comenzó a rotar lentamente. Casi a cincuenta metros por encima de ella una compuerta se abrió y dos rieles se extendieron desde la abertura, listos para recibir los contenedores que estaban siendo cargados desde el muelle.
Todo el proceso demoraria más de veinte minutos. Tass necesitaba ocuparse de otra cosa mientras el muelle se liberaba.
Centró su atención en el contenedor. Los indicadores de estado mostraban que los sistemas estaban en condiciones y listos para funcionar, solo había un detalle; el sistema de soporte vital solo se pondría en funcionamiento cuando el contenedor estuviera cerrado y despachado. Eso requeria de una llave de seguridad y una carga de Manifiesto.
La joven suspiró y desvió la vista de la pantalla un momento. Al fin y al cabo tendría que hacer aquello que más odiaba.
Tass no era un Hacker. Si bien la línea que separaba a un experto en seguridad de un hacker era demasiado difusa, Tass pertenecía a un grupo de entusiastas de la informática que se diferenciaba radicalmente de aquellos que explotaban las vulnerabilidades del software.
Tass era una «Emulator», una experta en lo que se conoce como «Emulación» de los sistemas informáticos. Un Emulador no hackeaba sistemas; los simulaba. Desde simples consolas de videojuegos a enormes redes industriales o vehículos, la tarea de un Emulador era recrear el comportamiento de un aparato o sistema dentro de un entorno lo más parecido a su contraparte real.
No era algo tan simple como ejecutar el código de un programa en otro hardware distinto al que originalmente se había planeado. Un Emulador profesional podía recrear todas las características del Hardware deseado de tal forma que su comportamiento no se diferenciase del original. Esto incluia simular la temperatura generada por el hardware emulado, las vibraciones de sus piezas, incluso la radiación y campos electromagnéticos que sus partes móviles generaban.
Tass sacudió la cabeza decidida; no habia vuelta atras.
Usó un programa especial para extraer el código de la llave de GMC/SV38534 mientras creaba una copia virtual de la cerradura. Tass no tendria que Hackear ningún código, despues de todo ella quería cerrar el contenedor, no abrirlo. Lo que necesitaba era crear una cerradura realista, de modo que pudiera ser cargada en el sistema y enviada fuera de la Colonia sin que saltase ninguna alarma de los diferentes sistemas automáticos de monitoreo.
Para eso necesitaba que el contenedor GMC/SV38534 figure en el manifiesto de la nave que iba a sacarlo de la Colonia. El problema era que el Manifiesto se cargaba primero en la nave y luego se transfería a cada cerradura electrónica de los Contenedores que formaban la carga
Tass volvió a suspirar y contempló la pequeña ventana de video que mostraba la nave de carga en el silencioso hangar principal.
—Café. —dijo en voz alta y en la cocina la pequeña cafetera Espresso comenzó a calentar el agua. —Doble. —Agregó sabiendo que tendría que trabajar a contrarreloj durante el resto del día.
Al fin y al cabo iba a Emular a la toda «Rio Grande».
62 por Gerli
—Manu! —gritó Akemi con la suficiente fuerza para que su amigo soltara de inmediato el emparedado que había tomado del plato.
—Tengo hambre! —se justificó el joven haciendo una mueca —¿Cuanto más se supone que vamos a esperar?
La joven no respondió, pero apartó el plato con los emparedados lejos del alcance de las manos de Manuel, quien hizo una especie de gruñido y sacó su Pad para matar el tiempo.
No había mucha gente en el parque, la mayoría permanecía en la plaza de la cubierta inferior y solo algunas parejas recorrian los senderos o se sentaban a conversar en los bancos de metal cerca de las barandillas. El mantel a cuadros donde Manuel y Akemi esperaban sentados a que llegaran los demás era el único Picnic de todo el parque.
—No deberían tardar mucho más Manu. —dijo la joven mientras colocaba servilletas al lado de cada platillo. Luego se sentó apoyando la espalda contra el tronco del árbol a la sombra del cual había extendido el mantel a la espera de sus amigos. Una ligera brisa producto de los acondicionadores y filtros de aire soplaba en ese momento, agitando levemente las pequeñas hojas pardas que aún no habían caído al suelo de esa especie de otoño simulado en la Colonia Rainbow.
Una pareja de niños perseguía una pelota entre los senderos. Sus gritos de entusiasmo era en verdad los únicos sonidos que llenaban la atmósfera del parque aunque todavía se escuchaba algún que otro murmullo proveniente de los colonos que se habían quedado hasta último momento en el mercado de frutos.
—Ah por cierto. —dijo Manuel levantando la vista de su Pad. —Tengo tu paquete.
El joven estiró el brazo y tomó una abultada mochila que había permanecido a un costado. Luego de revolver un poco sacó de su interior una caja envuelta en una bolsa sellada.
—Tus zapatillas nuevas supongo— dijo Manuel mientras le ofrecía el paquete.
—Gracias Manu. —respondió entusiasmada la joven tomando la caja con ambas manos. —Las estaba esperando.
Akemi rompió el precinto y abrió la caja ante la mirada curiosa de Manuel.
—¿Son de Running profesional? —preguntó
La joven asintió y comenzó a desabrocharse los cordones de sus viejas zapatillas. —Me las voy a probar ahora mismo. —agregó.
Ambos jóvenes estaban tan entusiasmados con el calzado que no vieron llegar a Mina, quien se detuvo a observarlos desde atrás con gesto divertido.
—Y yo preocupada por si estaban aburridos por mi demora— dijo.
Akemi había terminado de atarse las nuevas zapatillas y de un salto se puso de pie para darle un abrazo a su amiga. —¡Llegaron mis zapatillas! —exclamó mientras se apartaba y levantaba el pie derecho para mostrar el calzado.
—Estan geniales Akemi— contestó la joven mientras dejaba la cartera junto a la mochila de Manuel. —Perdona por haberte dejado sola organizando todo esto. —dijo
Akemi hizo un gesto con la mano restándole importancia al asunto. —No pasa nada, además Manu me ayudo un poco.
El joven levantó la vista de un catálogo que había venido incluido con las zapatillas. —¿Un poco? —dijo con un suspiro. —Tuve que subir toda la comida yo solo.
—Si, fue un milagro que no te cayeras por las escaleras. —respondió Akemi. —¿Que tal estuvo la mañana Mina?
La joven se sentó sobre el mantel y estiró sus brazos en un gesto cansado. —Interesante al menos— dijo pensativa. —Evans tiene algo nuevo para sus investigaciones sobre la herencia genética de la Protocultura.
Akemi se puso en cuclillas y usando sus dedos presiono con delicadeza un pequeño dispositivo sobre el empeine de cada una de sus zapatillas. Se oyó un leve silbido y el calzado pareció inflarse, cambiando su forma alrededor del pie de la joven.
—Wow. —exclamó Mina. —Parece que estuviesen vivas
—Es un material inteligente, se adapta automáticamente a la forma del pie y responde a los requerimientos de cada actividad. —explicó entusiasmada la joven.—Ahora que estoy en reposo adopta una forma más confortable. ¿Que decias de Evans?
—Que probablemente deje a Matt tranquilo por una temporada. —contestó.
Manuel dejó el catálogo dentro de la caja y se sentó derecho. —Evans está presionando demasiado a Matt con sus experimentos— dijo. —Antes acostumbraba a supervisar los ensayos una vez por mes o cada quince días… pero ahora cada vez que entro al salón de actos veo las pantallas de monitoreo encendidas o los paneles desplegados.
Mina asintió en silencio.
—Es cierto Mina. —opinó Akemi. —Deberías hablar con él sobre eso… o que interceda tu madre..
—Evans no tiene malas intenciones con Matt— respondió su amiga. —Es solo que se siente más cerca de lograr algo con sus investigaciones pero… —La joven bajó la vista hacia el mantel a cuadros. —No, tienes razón. —dijo finalmente. —Hablaré con el Doctor sobre eso, no creo que sea necesario recurrir a mi madre.
Manuel y Akemi se miraron un momento mientras Mina guardaba silencio pensativa.
Una nota musical quebró el silencio del parque, inmediatamente la voz de una mujer se escuchó desde lo alto, proveniente de altavoces disimulados entre las tuberías y conductos del techo.
—Se informa al público que el Mercado se encuentra ahora cerrado. —Culminó la voz seguida de otro tono musical.
—¿Ya son las dos de la tarde? —preguntó Mina mientras miraba su Pad.
—Espero que Cinthya no se haya perdido. —Dijo Akemi con preocupación. —Le dije que la esperábamos a la una.
—Tampoco hay señales de Matt. —Mina miró las pantallas donde se proyectaba el falso cielo. —Dijo que iba a visitar a Will al calabozo ¿No?
Manuel asintió. —Deben estar conspirando sobre ese Robot del astillero cuatro ¿Enserio no has podido disuadirlo todavia Mina?
—No. —contestó. —Pero después de lo que hizo Will el otro dia… no se atreverían a hacerlo, Will ha sobrepasado el limite esta vez.
—Crees… —Akemi tragó saliva. —¿Crees que los militares lo encarcelen?
La joven negó con la cabeza. —No— dijo. —No se que tan grave fue el incidente pero si hay algo que mi madre no quiere es justamente problemas con la NUNS. Estoy segura que encontrará la forma de solucionar el asunto dentro de la jurisdicción de la Colonia.
—¿Aunque eso implique dejar a Will varios años encerrado? —preguntó Manuel apoyando el Pad en el mantel.
—Probablemente… aunque me inclino más a pensar que podrían revocarle su licencia para desactivar y manipular explosivos.
Akemi y Manuel miraron a Mina con incredulidad. —Eso sería un duro golpe para Will. —comentó el joven. —Es un Otaku del armamento Zentradi.
—Sigue siendo mejor alternativa que terminar en una celda en vaya a saber qué planeta o colonia prisión usen los militares— dijo Mina encogiéndose de hombros.
Akemi asintió mientras sacaba su propio Pad de entre sus cosas. —Voy a llamar a Cinthya a ver si le ha sucedido algo.
Puso el dedo sobre la pantalla del aparato pero no llegó a seleccionar el contacto adecuado, en ese momento vió con alegría como Cinthya llegaba corriendo trayendo de la mano a Matt.
—¡Perdón por la demora! —exclamó la inspectora entre jadeos mientras prácticamente caía de rodillas en la hierba. —Vinimos corriendo desde la cubierta 11.
Matt también estaba sin aliento pero permaneció de pie junto al árbol. —Hola. —dijo saludando al grupo agitando la mano derecha.
La aparición de Matt había tomado a Mina por sorpresa, pero eso no fue nada a la sensación que le provocó el ver como Cinthya traía a su amigo agarrado de la mano.
—¿Donde rayos estaban ustedes dos? —preguntó Manuel soltando una carcajada. —¡Nos estamos muriendo de hambre!
—¿Y esa venda? —preguntó Mina mientras se ponía de pie. —¿Qué te pasó, Matt?
Akemi y Manuel miraron primero a la mano vendada de Matt y luego a Cinthya, quien había empezado a respirar con normalidad.
Matt se sonrojó y ocultó la mano detrás de la espalda mientras tomaba asiento sobre el mantel. —No es nada— dijo. —Es solo un cortecito.
Cinthya suspiró profundamente. —Me lo encontré vagando solo por el hangar con la mano sangrando… tuve que aplicarle primeros auxilios y llevarlo a la enfermería de la Colonia.
Manuel entornó los ojos como adivinando parte de la historia. —Eso de vagar por el hangar principal es totalmente algo que Matt haría— dijo señalando a su amigo. —Pero la parte de andar dejando un reguero de sangre por el piso es algo nuevo ¿Qué cuernos se te pasó por la cabeza?
Ante el silencio del joven Cinthya se puso de pie y volvió a tomar la palabra. —El Doctor David me aseguró que la herida no es grave, solamente está algo inflamada pero debería curarse pronto si no la mueve demasiado.
Mina había permanecido de pie y en silencio todo ese tiempo mirando inquisitivamente a Matt, algo indecisa sobre qué hacer con su amigo, finalmente se dió por vencida y volvió a sentarse en su sitio.
—Bueno bueno. —Dijo de improviso Akemi tratando de cambiar el tenso ambiente. —Yo me estoy muriendo de hambre ¿Y si empezamos a comer?
Los demás aplaudieron la idea y Cinthya se sentó en el mantel al lado de Manuel.
La joven había dispuesto casi una docena de platos diferentes en el enorme mantel a cuadros. Cinthya observó con deleite todos los platillos sin saber que saborear primero. Había bollos rellenos, langostinos fritos con su arroz blanco y rollitos de huevo ideales para comer con palillos pero también había manjares más tradicionales como emparedados y bocadillos, croquetas rellenas de queso y muchos snacks para elegir, aceitunas y pickles e incluso un pequeño calentador donde una ollita mantenía una Fondue a la temperatura ideal para sumergir los bocadillos y cubrirlos con dorado queso fundido.
Los cinco amigos se lanzaron a comer con avidez, intercambiando de vez en cuando algún comentario o carcajada sin dejar de probar uno u otro plato ante el deleite de Akemi.
—Trabajé toda la noche en esto— dijo con la boca llena. —Mas les vale comerlo todo.
Todos asintieron sin dejar de masticar y Manuel aplaudió entusiasmado. El chico realmente apreciaba la comida.
Matt permaneció en silencio durante la abundante comida y no porque tuviera la boca ocupada en masticar todo el tiempo. Cada tanto levantaba la cabeza y miraba a la inspectora con intención de decir algo pero desviaba la mirada si Cinthya lo miraba directamente.
Mina contemplaba a Matt mientras sostenía con fuerza su vaso de jugo y se sobresaltó cuando Manuel le pidió que le alcancen el frasco de mayonesa. Cada vez que Matt miraba a la inspectora la joven sentía una punzada de dolor en el pecho.
Akemi fue la primera en terminar de comer, dejó su plato en el mantel y se masajeó el estómago mientras suspiraba satisfecha —Estoy llenisima! —exclamó.
—Todo estuvo delicioso Akemi. —dijo Cinthya limpiándose los labios con una servilleta. —Eres una magnifica cocinera.
—Tuve una buena maestra. —contestó la joven mientras daba una palmada en la espalda de Mina, quien devolvió la sonrisa. —Creo que has aprendido más de Brad que de mi Akemi— dijo.
Manuel terminó su emparedado de un bocado y luego bebió un trago de jugo. —Ahhhh! —exclamó. —Valió la pena esperar todo ese tiempo. Oye Matt ¿Estas bien? Casi no has comido nada.
El joven pelirrojo pareció salir de un trance cuando escuchó su nombre. Miró a su amigo y esbozó una tenue sonrisa.
—¿Qué les parece si hacemos un brindis? —dijo Akemi de repente. —Traje algo especial para la ocasión.
Ante la sorpresa de todos (Y más de Cinthya) la joven extrajo una botella de vidrio de su mochila
—Tada! —exclamó sonriente
—Eso es… ¿Alcohol? —preguntó Cinthya alarmada.
—Sidra —dijo Akemi señalando la etiqueta. —¿Qué les parece?
Mina, Matt y Manuel se miraron. —Yo diria que si. —dijo Manuel con seguridad.
Akemi quitó el envoltorio metálico del corcho y comenzó a forcejear con el dispositivo de apertura mientras la joven inspectora miraba nerviosa a ambos lados del camino —Chicos no se si esto sea una buena idea… —dijo nerviosa. —Los menores de edad no deberían beber alcohol.
Como única respuesta recibió el “Plop” del corcho al salir disparado de la botella, perdiéndose entre las ramas del árbol.
—¿Quien quiere proponer un brindis? —exclamó Mina poniéndose de pie.
—¿Por mis zapatillas nuevas? —Bromeó Akemi mientras servía la bebida en los vasos de metal.
—¿Por la independencia de la Rainbow? —Propuso Manuel
—¿Que tal por nuestra visitante?
Los amigos miraron con asombro a Matt, que había estado muy callado durante la comida y ahora había hablado de repente.
—Claro que si— dijo Mina. —Brindemos por Cinthya.
—Por Cinthya! —exclamaron los cuatro amigos mientras la joven inspectora se ponía colorada de vergüenza. No obstante alzó su vaso y brindaron por esa y varias razones más que Manuel y Akemi empezaron a proponer a medida que bebían su sidra.
Estaban tan concentrados en la celebración que Manuel no se dió cuenta de la presencia de la pareja hasta que alguien tomó con fuerza la botella de sidra y se la quitó de las manos con una fuerza irresistible.
—Vaya vaya vaya. —repitió una voz con sorna. —¿Que tenemos aqui?
El grupo entero dirigió la mirada a los recién llegados con sorpresa. —¡Rebecca! ¡Gray! —exclamó Mina de pronto poniéndose de pie. —¿Que sorpresa!
La mujer morena saludó con la mano a todos los presentes. —Hola chicos. —¿Interrumpimos…?
Manuel fue el siguiente en ponerse de pie mientras echaba una mirada de odio al hombre —Viejo devolveme esa botella
El viejo piloto soltó una carcajada. —¡Por La inspectora! —exclamó y se llevó la botella a los labios tan repentinamente que sobresaltó a Cinthya.
—¡Hey! —Protestó el joven pero el hombre ya había bajado todo el contenido de la botella de un solo trago.
Rebecca suspiró profundamente. —Oye Gray, ya basta de alcohol, mañana tienes que pilotar tu nave.
—Bah! —exclamó el aludido limpiándose la barba con la manga del uniforme de vuelo. —Esta porqueria es muy suave… les estaba haciendo un favor, además de paso borraba evidencia. —agregó mientras hacía un guiño a la joven inspectora.
La mujer morena volvió a suspirar dándose por vencida. —En fin— dijo. —Es un gusto conocerte en persona Cinthya.
—El gusto es mío. Siento profundamente haberles causados tantos problemas a los de la Torre de Control.
Gray estalló en carcajadas al oír a la inspectora y abrazó fuertemente a Rebecca. —¿Así que tu y ese piloto hicieron transpirar a mi chica? Mal mal… ella ya no es tan joven como para… ¡Auch!
El pisotón que la mujer propinó al veterano piloto fue audible para todos, quienes rompieron a reir de inmediato.
—Sigo siendo lo suficientemente joven como para tirarte por la cubierta, viejo maleducado. —contestó Rebeca mientras se liberaba del brazo de Gray.
—¿Ven? Eso es lo que obtengo por preocuparme por su trabajo! —exclamó el hombre suspirando. —Pero bueno… ahora hablando en serio señorita Cinthya… —y mientras decia esto miraba con seriedad a la inspectora. —Ha tenido usted una suerte enorme en tener al Teniente Glenn como su piloto.
Cinthya se sorprendió al escuchar el nombre de Jim y devolvió una mirada de curiosidad al piloto. —¿Suerte? —preguntó.
—Y mucha… pilotos natos como Jim se cuentan con los dedos de una mano. Te lo dice un veterano de la NUNS.
Manuel dejó escapar un silbido de asombro mientras volvía a sentarse en el suelo —¿En serio? ¿Tan bueno es?
El hombre devolvió la botella vacía al sorprendido Manuel e hizo un gesto de asentimiento. —No se que rayos hace un piloto como el Teniente Glenn sirviendo como chofer de una Inspectora civil, pero por los siete infiernos, me alegro que haya sido así… otro piloto no habría salido vivo de aquel infierno.
Matt miró con incredulidad al piloto. —¿Se refiere al Campo?
Gray observó con atención al joven pelirrojo y pareció que iba a decir algo pero se contuvo. El gesto no pasó desapercibido para Mina, quien supo de inmediato que el viejo piloto se estaba guardando algo que solo le concernia a Matt y a sí mismo.
—Si, El Campo— dijo el hombre con voz grave. —Si hubieran visto cómo quedó el avión… si, por suerte era Jim el que pilotaba y no uno de esos cabezas huecas que vuelan solo bajo la dirección de su computadora.
Fue el turno de Cinthya en asentir. —Jim también se la pasa hablando de eso… bueno, cuando habla, quiero decir. —dijo sonrojandose. —Parece que los pilotos ya no vuelan sus aviones si no es a través de la asistencia de una computadora.
—¿Lo ven? —exclamó Gray cruzándose de brazos. —Ya no hay pilotos como antes, ahora son apenas “Intermediarios” entre el avión y la computadora.
—Podría ser peor Gray— dijo Rebecca con una sonrisa. —Podrían reemplazar a todos los pilotos por computadoras si quisieran.
—¿Y perder la oportunidad de echar la culpa al piloto si algo sale mal? —contestó riendo. —No Rebbie… ya lo intentaron hacer una vez y cuando se vió que las responsabilidades por las malas decisiones de una computadora caían directamente entre los oficiales tras los escritorios, inmediatamente cambiaron de idea. Los pilotos somos necesarios, hasta como Chivos Expiatorios!!! —exclamó a carcajadas.
—Además. —agregó Rebecca. —El universo no podría soportar la pérdida de estas insufribles criaturas
—Por supuesto que no! —Dijo Gray mientras pasaba un brazo por la cintura de la mujer morena. —¿El universo despojado del Sex-Appeal de los pilotos de combate? ¡Inaudito! Incluso apuesto a que Cinthya ya está loca de amor por nuestro Teniente Glenn!
Los rostros de todos se giraron en dirección a la inspectora que enseguida se puso roja como un tomate.
—¿Que? ¿Y-yo? —exclamó aturdida.
—¿Enserio te gusta Jim? —preguntó Akemi entusiasmadisima.
Cinthya se había quedado sin palabras. Mina le dirigió una mirada a Matt y constató que el joven tenía los ojos desmesuradamente abiertos.
—Yo… nosotros solo somos colegas… —balbuceó la joven inspectora mientras movía nerviosamente las manos.
—No me extrañaría— dijo Manuel sumándose a la chanza. —pasar tanto tiempo adentro de esa cabina tan chiquita… los dos solos… seguro que hasta sorprendiste a Jim con una muñequita de Minmay en el bolsillo!
De los presentes, sólo Gray y su pareja parecieron entender la broma. Rebecca puso cara de escandalizada y le echo a Manuel una mirada fulminante.
—Manuel! —exclamó. —No seas grosero!
Gray por otro lado soltó la cintura de la mujer morena y como quien no quiere la cosa sujeto al joven por cuello del traje de mantenimiento y lo levantó sin esfuerzo hasta que sus pies quedaron sacudiéndose en el aire.
—Eso fue inapropiado jovencito. —dijo acercando su rostro al confundido jóven. —Discúlpate ahora.
—Pero tu..
—¡Ahora!
Si había habido algún rastro de borrachera en la voz de Gray, esta había desaparecido por completo. El rostro de Manuel se puso blanco al mirar los ojos del piloto. Estaba hablando en serio.
—Yo…. lo… lo siento— dijo apenas con un hilo de voz.
—!Más fuerte! —exclamó el hombre levantando al joven diez centímetros más
—¡Lo siento! —grito Manuel —¡Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento! —repitió cada vez con la voz mas chillona.
Gray bajó el brazo de golpe pero no arrojó al joven, lo depositó gentilmente sobre sus pies y lo sostuvo mientras las piernas dejaban de temblar.
—Eso está mucho mejor. —dijo sin sacarle los ojos de encima. —Estoy seguro que ese comentario fue un efecto de la fuerte sidra que estuvieron bebiendo y que no tuviste verdadera intención de decirlo —agregó. —Procura no volver a decir esas cosas. ¿Entendido?
—S-sí señor— dijo tembloroso el joven mientras caía de rodillas sobre el mantel.
Todo el grupo se había quedado callado, incluso el parque había perdido sus característicos sonidos y una atmósfera algo fría se había instalado en el solitario prado.
—Bueno… será mejor que olvidemos este mal momento. —dijo Gray rascándose la cabeza. —Además tengo hambre y mi chica me prometió algo delicioso para esta noche.
El suspiro de Rebecca fue audible para todos. —Después de todo lo que comiste y bebiste aun te queda sitio… ¿Acaso tienes un agujero negro ahí adentro? —preguntó señalando el estómago del hombre.
Gray soltó una carcajada y volvió a pasar el brazo por la cintura de su pareja —Adios amigos, salgo temprano por la mañana así que no nos veremos por un tiempo me temo… ¡Vigilen que Manuel tenga la boca cerrada cuando estén cerca de Jim!
Dicho esto último levantó la mano libre a modo de saludo (Mientras su compañera hacía lo mismo) y ambos se fueron caminando hacia la escalera principal que descendía a la cubierta base.
Los cinco amigos observaron en silencio como la pareja se retiraba y desaparecía por la escalera. Entonces Akemi se levantó de pronto y tomó a Manuel de la misma forma que Gray había hecho unos minutos antes, aunque sin levantarlo del sitio.
—¿Que rayos fue eso que dijiste!!! —exclamó a los gritos mientras sacudía a su amigo hacia delante y hacia atrás violentamente,
Matt y Cinthya se habían recuperado del shock y miraban a Manuel con curiosidad.
—Fue un comentario racista— dijo Mina de pronto y sus palabras sorprendieron al resto. Había vuelto el silencio y todas las miradas se habían dirigido a la joven.
—¿Ra-Racista? —preguntó Cinthya insegura.
—¿Cómo es eso? —exclamó Akemi mirando a Mina y luego a Matt, quien seguía con los ojos bien abiertos.
Mina se pasó la mano por el cabello y se acomodó en su sitio. —Manuel debe haber creído que se trataba de un comentario… picante. —dijo mirando el rostro pálido de su amigo. —Pero en realidad se trata de una expresión despectiva sobre la… bueno. —dijo algo incómoda mientras trataba de encontrar las palabras adecuada. —Sobre la sexualidad de los Zentradis….

Matt, Akemi y Cinthya miraron a Manuel, quien ahora había perdido la palidez del rostro y estaba aún más avergonzado de lo que había estado la joven inspectora unos minutos antes.
—¿De donde sacaste eso? —preguntó Matt intrigado.
—De la Red. —respondió nervioso el joven. —Creí que era una simple broma sobre cuando se te pa…
—Si si, ya captamos la idea— dijo Akemi soltando la ropa de su amigo para alejarlo.
—Jim es mestizo ¿Verdad? —preguntó Mina dirigiéndose a Cinthya.
La inspectora asintió con la cabeza. —Yo también creo que lo de Manuel fue un malentendido. Un error lo puede cometer cualquiera….
—Gray solo quería evitar que metieras la pata con el compañero de Cinthya. —dijo Akemi mientras se sentaba en su lugar. —Pero un comentario de ese estilo… no lo puedo creer.
Matt suspiró profundamente. —Comentarios como esos dichos en el lugar y ante la persona equivocados pueden ser peligrosos.
—Lo dices por lo de los orígenes de la Colonia ¿Verdad? —preguntó Cinthya.
Manuel se había recuperado un poco y ahora respiraba con normalidad. —Todo eso de la segregación es historia antigua Cin. Prometo cerrar la boca si estoy frente a ese Jim del que tanto hablan…
—Mas te vale. —dijo Akemi cruzándose de brazos. —Lo único que nos falta es que tu comentario figure en los reportes de un militar.
—Amanda nos mataría. —exclamó Manuel sentándose derecho. —Pero no entiendo ¿Qué clase de insulto es ese?
Ahora todos miraban a Mina buscando explicaciones. La joven se sonrojó y volvió la vista al techo del enorme hábitat. —Es… algo difícil de explicar ¡Me da vergüenza! —dijo sonrojandose.
—Si quieres puedo buscarlo en la red. —dijo Matt sacando su Pad pero Akemi lo detuvo. —Ni se te ocurra Matt. —dijo con seriedad. —No queremos que Amanda se entere de esto.
Cinthya abrió los ojos en un gesto de sorpresa. —¿La Capitán Amanda controla lo que los Colonos hacen en la red? —preguntó asombrada.
—Oficialmente no. —dijo Manuel. —Pero dada la rapidez con la que suele enterarse de muchas cosas, nosotros lo sospechamos.
Ante la sorpresa de todos Mina se puso de pie de pronto. —¡Mi madre nunca haría eso! —exclamó indignada. —Esos rumores de que espía a los Colonos son malintencionados y falsos!
El grupo se quedó en silencio mientras Mina mantenía los puños cerrados y miraba fijamente a Cinthya, entonces Akemi se puso de pie y abrazó a su amiga con fuerza. —¡Lo siento Mina, realmente no quise decir eso! —exclamó dolida. —Perdón.
La joven devolvió el abrazo a su amiga y permanecieron en silencio un rato largo mientras Matt, Manuel y Cinthya guardaban respetuoso silencio. Finalmente las dos amigas se se separaron y volvieron a sentarse juntas sobre el mantel.
Matt extendió la mano y la apoyó en el hombro de Mina. —¿Estas bien? —preguntó consternado. La joven asintió con la cabeza y respiró profundamente. —Estoy bien, no pasó nada chicos. —dijo mientras miraba uno por uno los rostros de sus amigos. —Será mejor que les cuente lo de la muñequita de Minmay o Manuel no nos dejará en paz hasta que lo sepa de uno u otro modo…. además hay muchas versiones de la historia creadas por una u otra facción de quienes odian a los Zentradis. La que les voy a contar es parte de una investigación oficial de la Universidad de la La Tierra.

Mina comenzó a contar la historia ante su atónito público.
63 por Gerli
La Primera Guerra Espacial comenzó oficialmente el 7 de Febrero del año 2009 a las 11:47 AM Horario del Pacífico, cuando el armamento principal de la SDF-1 se activó en forma autónoma destruyendo dos naves de la flota Zentradi que en esos momentos hacían una maniobra de inserción de órbita hacia nuestro planeta.
Sin advertencias, sin ni siquiera un intento de diálogo o esfuerzos diplomáticos por las partes beligerantes, la humanidad y los Zentradi comenzaron una guerra de aniquilación total que se extendió más de un año a partir de ese momento.
Durante toda la guerra no hubo comunicación formal entre los bandos, sin embargo durante el apogeo del conflicto armado, una serie de incidentes entre la tripulación del SDF-1 y ciertos componentes de la flota del Comandante Britai Kridanik dieron inicio a un intercambio de información y propiciaron el comienzo de un efecto que más tarde se convertiría en el “Shock Cultural” que cambiaría el curso de la guerra.
Luego del comienzo de las hostilidades la SDF-1 y gran parte de los habitantes civiles de la Isla de Ataria del Sur fueron transportados a los límites del Sistema Solar por medio de un procedimiento FOLD de emergencia.
Varados a millones de kilómetros de La Tierra, sin poseer el sistema FOLD necesario para volver a casa la nave, su tripulación y casi Setenta Mil civiles comenzaron el lento regreso a casa desde la lejana órbita de Plutón.
Pronto la flota de Britai descubriría el rastro de la nave humana y comienza una dura etapa de combates de acoso y desgaste, que se prolongará por los meses venideros hasta que la nave llega por fín sana y salva a la órbita del Planeta Tierra.
Durante los meses que la SDF-1 pasó viajando por el espacio se produjeron numerosos combates con las fuerzas Zentradi, durante los cuales ocurrieron los primeros contactos “accidentales” entre las dos civilizaciones.
La naturaleza de estos contactos fue meramente casual, debido a que los habitantes de la Isla de Ataria del Sur, quienes a pesar de su situación de refugiados de guerra, intentaron por todos los medios posibles de seguir con sus vidas cotidianas. Es así como algunas semanas más tarde de llegar a la órbita de Plutón y de iniciar el regreso a casa, las transmisiones de radio y televisión de la isla se reanudan en forma precaria dentro de la ciudad que se estaba reconstruyendo en las entrañas de la enorme nave,
Si bien los militares colaboraron con los recursos técnicos necesarios, no se controló el contenido ni la propagación de las señales generadas por los habitantes. Es así como estos pequeños fragmentos de cultura humana comenzaron lentamente a llegar a la flota Zentradi.

Ahora bien, muchos investigadores no se ponen del todo de acuerdo en cómo fue exactamente el mecanismo de propagación de la cultura entre los Zentradi de la flota de Britai, especialmente cuando dichos investigadores tuvieron acceso a las bases de datos de su Archivista Exsedol y la historia de la flota de Bodole-Zel quedó documentada.
La enorme flota Zentradi llevaba incontables años de batalla en esta parte de la Galaxia. De entre los innumerables registros de batalla se encontraron numerosos ejemplos de conflictos con civilizaciones originadas por la Protocultura, la localización de sus sistemas planetarios y un simple comentario de lo acontecido. Absolutamente en todos los casos documentados, la flota de Bodole-Zer exterminó sistemáticamente a toda civilización con la que tuvieron contacto.
¿Cómo es posible que la Humanidad no haya sufrido el mismo destino? Esta interrogante motivó debates extensos entre los académicos de todo tipo, desde sociólogos, antropólogos y psicólogos hasta biólogos y químicos, todos intentando resolver el misterio de los Zentradi y su guerra de exterminio a lo largo de toda la galaxia.
Las respuestas tardaron varios años en llegar, pero una vez que la humanidad abandonó el Sistema Solar y se adentró en las profundidades de la Vía Láctea, los restos de la campaña de aniquilación de los Zentradi empezaron a salir a la luz.

Las primeras ruinas de una civilización con signos de intervención de la Protocultura aparecieron en un sistema solar a casi treinta años luz de La Tierra. Se trataba de una sociedad tribal, de unos dos a tres millones de años de presencia en su planeta, de aproximadamente dos veces la masa del Planeta Tierra a la que los investigadores nombraron Shoá.
Nada se sabe de esta civilización, ningún resto de los habitantes fue descubierto a pesar de los esfuerzos de los arqueólogos que exploraron las ruinas del lugar, solo algunos masivos monumentos tallados en las faldas de las montañas lograron resistir las enormes ondas de choque del ataque Zentradi.
El planeta había sido bombardeado desde órbita de manera similar a lo acontecido al planeta de los humanos. Por supuesto el escaso desarrollo tecnológico de la sociedad primitiva impidió que refugios u otros asentamientos en órbita pudiesen evitar la extinción de la especie.
Solamente los restos de una vaina de intervención de la Protocultura quedaba como testigo mudo del holocausto.
El siguiente descubrimiento fue más revelador.
Se descubrieron señales de radio provenientes de una estrella a unos cuarenta años luz de la Tierra y una expedición partió rápidamente al encuentro de lo que se pensaba sería el primer contacto con una civilización “hermana” de la humanidad, más al llegar a la estrella en cuestión otra masacre fue revelada a los investigadores.
La civilización en cuestión había desarrollado un programa de expansión mucho más avanzado que la terrestre, colonizando tres de los doce planetas que orbitan la estrella amarilla, ligeramente más pequeña que nuestro Sol.
Los Dobahrin fueron una sociedad que alcanzó un desarrollo técnico y cultural muy elevado, aunque no se encontraron pruebas concretas, se cree que pudieron haber desarrollado el viaje interestelar a velocidades inferiores a la de la luz, pero hasta el dia de hoy ninguna de sus naves fue hallada en ninguna parte de la Galaxia.
Sea como sea, fueron exterminados por la flota de Bodole-Zer de la misma manera que los anónimos habitantes del planeta Shoá. Si bien se recuperaron algunos cuerpos momificados en refugios que soportaron el ataque alienígena, el daño recibido en los planetas tras los bombardeos fue lo suficientemente severo como para condenar a los pocos sobrevivientes a una extinción lenta e inevitable.
Gracias a sus satélites y algunas bóvedas supervivientes, los humanos pudimos conocer algo de esta cultura, sus costumbres, su música y su arte.
Pero la pregunta aún persistía ¿Porque los humanos habíamos sobrevivido donde culturas más avanzadas habían perecido? Los Dobahrin habían luchado contra los Zentradi, pero la falta de armas de energía dimensional sumados a lo poco numeroso de sus fuerzas habían resultado ser fatal para la supervivencia de la raza.
Más perturbador aún, se encontraron evidencias de música en la cultura Dobahrin ¿Acaso no había sido efectiva contra los Zentradi? ¿O no lograron descubrir sus propiedades a tiempo? Todos estos descubrimientos no hicieron más que arrojar nuevas dudas e interrogantes sobre la guerra.

La respuesta, como bien supusieron los investigadores, estaba en la SDF-1.
Se analizaron miles y miles de grabaciones y registros generados durante la guerra así como testimonios de cada uno de los supervivientes y soldados que estuvieron en contacto con los invasores.
Poco a poco el rompecabezas se fue ensamblando y una hipótesis comenzó a formarse lentamente, algo que al principio, cuando la idea del Shock Cultural como única arma de la victoria ya se había instalado en el imaginario popular, se consideraba irrefutable.
Había algo más, un factor que había pasado desapercibido a los investigadores y sin embargo había estado presente desde el principio, actuando a un nivel más profundo que el de la música de Minmay o cualquier otra manifestación cultural.

Todo cobró sentido cuando los investigadores revisaron los archivos de Britai y encontraron registros de una operación que habían pasado por alto en un primer momento por ser una misión completamente rutinaria.
La unidad 099 del 8avo. Batallón de Reconocimiento Zentradi fue desplegado para interceptar y registrar transmisiones de la nave enemiga que habian comenzado a alcanzar a la flota de Britai a las pocas semanas de reiniciarse los ataques. La pequeña nave de reconocimiento llevaba tres tripulantes: un piloto, un artillero y un oficial de comunicaciones. Al examinar con detenimiento la transcripción de los diálogos que estos tres soldados mantuvieron durante el transcurso de la misión los investigadores tuvieron la primera pista sobre el misterioso factor disparador.
Al comparar las transmisiones de la MBS a bordo de la Macross con los registros de la misión del Batallón 8avo. se descubrió que lo que los soldados grabaron y presenciaron fué el concurso Miss Macross que se desarrollaba entre la población civil de la ciudad.
Esto tiraba por la borda la teoría inicial de que fueron las canciones de Minmay la primera experiencia “Cultural” de los Zentradis con la raza humana. Copias del concurso fueron restauradas y examinadas minuciosamente en busca de pistas sobre posibles mensajes ocultos que pudieran evidenciar un cambio de actitud en los tres soldados que miraban el programa.
En cuanto el programa quedó sobreimpreso a la transcripción de los diálogos de los pilotos todo quedó en evidencia.

-Artillero: —No se como ponerlo en palabras… siento algo parecido a la excitación del combate
-Piloto: —Si, yo tambien siento algo similar… pero duele.
-Oficial de Comunicaciones: —¿Como cuando te hieren en batalla?
-Artillero: —Es un impacto, definitivamente se siente como un impacto.
-Oficial de Comunicaciones: —¡Ataque Enemigo!
-Piloto:—¿Un nuevo enemigo?
-Oficial de Comunicaciones:—¡Es el mismo de antes!

En ese momento una nave de exploración de la UNSpacy hace contacto con los Zentradi y se inicia una pequeña escaramuza. Pero ya los investigadores no tenían dudas de lo que había pasado: La nave había sido interceptada momentos antes de iniciado la transmisión, lo que originó algún intercambio de disparos que obligó a los Zentran a retirarse momentáneamente. Una vez despejada la zona reanudaron la grabación de señales, presenciando en directo la ceremonia de Miss Macross y a Minmay en traje de baño. Finalmente son nuevamente interceptados y su nave sufre el suficiente daño como para justificar su abandono, pero ya los tres Zentran habían estado expuestos a las imágenes provocativas.

—¿Que….? —comenzó a preguntar Manuel pero cerró la boca ante la mirada seria de Mina.

Como decía, los investigadores comprendieron que los tres Zentran habían estado viendo imágenes de una joven exhibiendo su cuerpo con muy poca ropa y en actitud sensual y esa visión había comenzado a perturbarlos de alguna manera. Por el diálogo mantenido se infiere que dos de ellos habían sufrido una experiencia desconocida, mientras que el Oficial de Comunicaciones no parecía demasiado afectado. ¿A qué se debía esto? Registros sobre Soldados Zentradi expuestos a la música indicaban una reacción de un 100% a sus efectos, pero en este caso los tres soldados demostraron grados diferentes de reacción.
Los investigadores no necesitaban ver los datos para llegar a la misma conclusión: lo que estaba actuando en esos tres soldados era la líbido… o para decirlo de una forma que Manuel lo entienda— dijo Mina mirando al joven. —Estaban despertando sexualmente.
—Se…. Ellos… digo ¿Se excitaron? —Preguntó Cinthya sorprendida
—Así parece. —Contestó la joven.
—Pero no entiendo.. ¿Por qué el otro no? ¿Era… Gay? —preguntó Akemi.
Manuel movió la cabeza mientras se cruzaba de brazos. —No Akemi, nadie vive toda su vida entre compañeros encerrados en una nave y nunca sale del armario… para mi que Minmay no era de su tipo… ustedes vieron las fotos ¿No? Le faltaba un poco de delantera. —Dijo mientras hacía un gesto en su pecho con las manos abiertas.
—Manuel tiene razón en eso— respondió Mina suspirando. —Al menos es lo que pensaron los investigadores…. pero bueno, dejen que siga con la historia.

En fin, la nave de reconocimiento Zentradi fue destruida y con ello las grabaciones que hicieron del concurso Miss Macross, lo único que pudieron llevar de vuelta a su flota fueron las grabaciones de cabina y, por supuesto, sus relatos de la experiencia.
Esto se cree que fué lo más extraordinario de todo, porque de haber sido Britai o el propio Bodole-Zer quienes hubiesen examinado los videos de las féminas en traje de baño, tal vez hubiesen previsto el peligro y por consiguiente, simplemente se limitaran a matar a los Zentran “Infectados” por las imágenes provocativas.
La falta de imágenes hizo que los Zentran relataran la experiencia vivida con un muy limitado conocimiento de las palabras necesarias para ello, lo que en definitiva les salvó la vida. El Alto mando de los Zentradi juzgó la experiencia de los soldados relativamente inofensiva y los dejó reintegrarse a sus funciones normales.

—Y entonces el rumor de su experiencia se esparció por toda la nave— dijo Matt.
—Exacto. —respondió Mina. —Pronto todos los soldados de la nave de Britai habían, en una u otra medida, oído hablar sobre las féminas micronianas y las extrañas sensaciones que producía el verlas con unos raros trajes que dejaban al descubierto buena parte de su piel.
Akemi y Manuel se miraron asombrados. —¿No se supone que la flota de Breetai era mixta? —preguntó la joven. —¿Cómo es que nunca en todos esos años no ocurriera que un Zentran y una Meltran se atrajeran mutuamente?
—Porque si bien Zentran y Meltran operaban en conjunto, cada género usaba armas y naves diferentes. Nunca se mezclaban dentro de los sectores habitables de las naves que los albergaban. —contestó Mina
Cinthya asintió en silencio tratando de imaginarse la vida en una de esas flotas, pero Manuel simplemente no podía concebirlo —¿Pero cómo es posible que nunca un Zentran haya visto a una meltran desnuda? —preguntó.
—Tal vez porque no fue el solo hecho de ver a alguien del sexo opuesto sin ropa lo que provocó una manifestación de la líbido en los Zentran, sinó la combinación de los movimientos sensuales, la música, tal vez incluso de los primeros planos de las partes más sensuales que hacían los camarógrafos de la MBS. —explicó la joven.
—Tiene sentido. —dijo Matt inclinando la cabeza. —¿Entonces más que un “Shock Cultural” lo que sucedió fué un “Shock Erótico”?
Mina contuvo la risa, tratando de mantener la seriedad al responder la pregunta. —No Matt, el Shock Cultural es algo que realmente sucedió y tuvo el efecto que ya todos conocemos y estudiamos en la escuela. Los investigadores habían demostrado que otras culturas habían estado en contacto con los Zentradi, pero solo la Raza Humana logró provocar un impacto lo suficientemente importante como para desencadenar el efecto de Shock Cultural. ¿Como había sido posible que la Cultura Humana sorteara las barreras defensivas del férreo condicionamiento Zentradi? El Sexo parecía ser la respuesta indicada.
—¿Como pudo el despertar sexual imponerse a la educación Zentradi? —preguntó Akemi.
—Por los genes— respondió Mina. —O mejor dicho por una combinación de reacciones químicas que alteraron su programación genética en el momento y lugar adecuados.
Akemi, Cinthya, Matt y Manuel se miraron confundidos.

Mina suspiró. —Ok, empecemos por lo básico: ¿Para que fueron creados los Zentradi?
—Esa es fácil, para luchar. —dijo Akemi.
—Correcto. ¿Y qué atributos recibieron de sus creadores para ayudarlos a ese fin?
—¿Hacerlos condenadamente grandes? —preguntó inseguro Manuel.
—Y también fuertes, resistentes y completamente leales al mando— agregó Matt.
Mina asintió. —En efecto, no obstante la Protocultura debió crear a los Zentradi usando sus propios cuerpos como base de esos cambios ¿Verdad?
—Claro, por eso cuando se micronizan son iguales a nosotros. —Respondió Cinthya.
—Así que tenemos, básicamente, un cuerpo humano sometido a un proceso de modificación genética que aumenta las capacidades de lucha a niveles extremos. Matt mencionó recién que los Zentradi son completamente leales y no se cuestionan nada. Para lograr eso se requiere de mentes simples, de personalidades sumisas que no piensen demasiado en lo que les ordenan hacer ¿No?
—¿Zombies? —preguntó Manuel
—No, pero entiendo tu razonamiento— dijo Mina. —El tema es que un soldado con capacidades cognitivas limitadas no es un guerrero eficiente en el campo de batalla. Lo que la Protocultura quería era conservar la inteligencia, la capacidad de reaccionar y adaptarse a los cambios de batalla pero al mismo tiempo mantener un férreo control de la voluntad de cada soldado. Al final optaron por una solución simple, algo que el mismo cuerpo humano ha venido haciendo durante millones de años.
—¿Que cosa? —preguntó Cinthya intrigada
—Hormonas. —contestó la joven.
—¿Hormonas? —preguntaron los amigos a coro
—Las hormonas son la forma en que los seres vivos hacen que sus cuerpos responden a ciertos estímulos o falta de ellos y trabajen más eficientemente.
Manuel se rascó la ca